—Una caja de Esse, por favor.
El empleado del mostrador le entregó la cajetilla de cigarrillos. Después de confirmar la marca del tabaco e insertar la tarjeta en el lector, el teléfono le vibró de inmediato. Pensando que era un aviso de pago, miró la pantalla sin mucho interés, pero apareció una dirección.
"Para la entrada del callejón 27-52, piso 4."
¿Qué era esto?
Era un número desconocido. ¿Se habían equivocado de número? Justo cuando iba a guardar el teléfono, volvió a vibrar.
"Llega puntual a las 8 pm."
Al ver el siguiente mensaje, la cara de Seung-hyeok le vino a la mente. Pensándolo bien, le había parecido extraño que no hubiera tenido ningún contacto desde el día que fue a pedirle el dinero.
En lugar de responder preguntando quién era, Lee-hyun salió de la tienda y se llevó un cigarrillo a los labios al llegar al callejón. Sus ojos, que habían estado clavados en el mensaje, seguían tan tranquilos como siempre.
—...
¿Estaría pensando en empezar de verdad ese trabajo del que había hablado? Probablemente lo llamaba para discutir los detalles. No tenía idea de qué le diría, pero tenía la vaga sensación de que no sería nada legal.
¿Qué significaría eso de tener que sacar información? ¿Podría hacer lo que fuera que Gu Seung-hyeok le ordenara? No, aunque fuera algo que no pudiera hacer, tendría que lograrlo de todos modos.
Aunque sabía que ya no tenía sentido preocuparse a esas alturas, la mente se le llenó de pensamientos pesados. Lee-hyun soltó una larga bocanada de humo, casi como un suspiro, y escribió la dirección en el teléfono.
El destino marcado con el punto rojo quedaba bastante lejos de donde estaba. En lugar de salir a último momento y arriesgarse a llegar tarde, pensó que era mejor salir temprano, aunque terminara esperando un rato.
Lee-hyun tiró la colilla al suelo, la aplastó con el pie y caminó con pasos pesados hacia la parada de autobús.
Cuando Lee-hyun bajó del autobús, se encontró con una calle llena de discotecas y bares. Siguiendo el mapa, dobló una esquina y se metió en un callejón oscuro, muy distinto del ambiente ruidoso de la avenida principal.
Al final de la calle, atascada de autos mal estacionados, había un edificio comercial de cinco pisos sin un solo cartel. Era el destino de la dirección que le había dado Seung-hyeok.
Un ambiente sombrío envolvía el lugar, tal vez por la falta de gente o por el aspecto abandonado de los edificios vecinos. Lee-hyun miró hacia el piso de arriba, donde había luz, y empezó a subir las escaleras despacio.
¿Había dicho que la oficina estaba en el cuarto piso?
Era un edificio viejo, sin ascensor. El segundo y el tercer piso parecían llevar mucho tiempo vacíos. Había volantes de arriendo arrugados tirados sin cuidado sobre el cemento pelado del suelo.
Al llegar al cuarto piso, el pecho le subía y bajaba con fuerza. Lee-hyun recuperó el aliento y tocó la puerta de fierro, bien cerrada. Aunque tocó suave, un golpe metálico resonó por toda la escalera. El ruido tan fuerte lo hizo fruncir el ceño.
—¿Hay alguien?
Como no hubo respuesta, dudó en volver a tocar, pero justo en ese momento la puerta se abrió de golpe. Detrás de la lámina pintada de gris y cubierta de stickers publicitarios, había varios hombres sentados que lo miraron con desconfianza.
—¿Qué quieres?
El hombre que abrió la puerta frunció el ceño al ver a Lee-hyun. De inmediato revisó el resto de la escalera para ver si venía alguien más con él.
Después de confirmar que estaba solo, lo miró de nuevo. Esta vez, la desconfianza se convirtió en desconcierto. Se rascó la frente y levantó una ceja.
—Oye, ¿no te habrás equivocado de camino?
Por el hueco al lado del hombre, Lee-hyun alcanzó a ver el interior. Varios hombres estaban sentados en un enorme sofá de cuero en el centro; sobre la mesa había cartas de un juego de apuestas desparramadas. Algunos, todavía con las cartas en la mano, lo miraban con curiosidad.
Todos se veían intimidantes, pero Lee-hyun ya estaba más que acostumbrado a tratar con gente así por su trabajo en el club. Igual que en la sede de Taeseong, estaba claro que Seung-hyeok no les había avisado de su llegada. Pensó que sería más rápido buscar a Seung-hyeok directamente que tratar de explicarse con esos hombres.
Lee-hyun entró, pasando junto al hombre de la puerta. Al verlo, los hombres corpulentos del sofá soltaron las cartas y fruncieron el ceño.
—Joven, te pregunté qué haces aquí. Este no es un lugar donde cualquiera puede entrar y salir.
Su forma de bloquearle el paso era bastante amenazante. Lee-hyun suspiró, y justo cuando iba a decir que buscaba a Gu Seung-hyeok, una voz intervino desde un costado.
—Es mi invitado. No se metan y sigan en lo suyo.
Al girar la cabeza, vio a Gu Seung-hyeok apoyado en la puerta de una oficina privada. Los hombres se miraron entre ellos y comentaron en broma que no sabían que era el invitado del jefe.
—No te quedes ahí parado como tonto, entra.
Ante las palabras de Seung-hyeok, Lee-hyun apretó la mandíbula un momento antes de avanzar. Sintió las miradas clavadas en la espalda. Cuando llegó hasta él, Seung-hyeok abrió un poco más la puerta. Lee-hyun tragó saliva y cruzó el umbral hacia la oficina privada.
El espacio, decorado como una gran sala de reuniones, tenía al fondo una zona más pequeña que parecía un despacho. Detrás de ellos se oyó el clic de la puerta al cerrarse.
—Sígueme.
Al estar juntos en ese espacio cerrado, Lee-hyun se dio más cuenta del cuerpo de Seung-hyeok. Sin querer pensó si habría crecido más alto, pero enseguida se mordió el labio para sacarse la idea de la cabeza. Sacudió un poco la cabeza para despejarse y caminó un paso detrás de él hacia dentro.
—Siéntate.
Seung-hyeok señaló el sofá con el mentón y se sentó frente a él. Cruzó las piernas, se recostó hacia atrás y clavó sus ojos oscuros en Lee-hyun.
—Pensé que te ibas a acobardar y no venir. Sin ni siquiera saber qué te iba a pedir.
—No creo que me hubieras dejado escapar de todos modos.
Ante esa respuesta indiferente, Seung-hyeok soltó una risa corta y burlona.
—Ja, ja, exacto. No estamos aquí para regalar dinero.
A diferencia de Seung-hyeok, que estaba relajado, Lee-hyun se sentó con la espalda recta y las piernas juntas. Al notar que Lee-hyun evitaba mirarlo y tenía la vista fija en la mesa, Seung-hyeok frunció el ceño. Torció la expresión con sarcasmo y soltó un comentario cortante.
—¿Hasta dónde estás dispuesto a llegar?
—...
—Dijiste que no vendías tu cuerpo. ¿Vendes alguna otra cosa?
—...
—Supongo que al menos sabes usar la boca o las manos.
La voz burlona hizo que Lee-hyun levantara la cabeza. Aunque sabía que solo era para provocarlo, no pudo evitar apretar los puños.
—Si dijera que sé usarlas.
—...
—¿Piensas ponerme a prueba aquí mismo?
Mientras decía esas palabras mirando fijo a los ojos de Seung-hyeok, este levantó una ceja. Sostuvo la mirada sin retroceder, pero al final giró la cabeza con una risa incrédula.
—Claro. Así debería ser Kwon Lee-hyun.
Seung-hyeok se levantó de golpe y fue hacia el escritorio. Volvió con una carpeta amarilla y la dejó caer con un golpe seco frente a Lee-hyun.
—...
La tapa estaba en blanco. Entendiendo que el silencio era una invitación a mirar, Lee-hyun abrió la carpeta. En la parte de arriba de la primera hoja vio la foto de un hombre que le resultaba familiar.
—Se llama Gu Jin-hyeok, treinta y dos años. Es el CEO del Grupo Taeseong.
—...
—Por si no lo sabías, es mi... hyung.
Al oír la palabra "hyung", Seung-hyeok se detuvo un momento. La mano de Lee-hyun también se detuvo un instante.
¿Hyung? ¿Seung-hyeok tenía un hermano mayor?
De repente, viejos recuerdos parecieron inundarle la mente, haciendo que su rostro, hasta entonces sin expresión, temblara un poco. Lee-hyun sacudió la cabeza para sacarse esos pensamientos y volvió a fijar la vista en los documentos.
El hombre, que usaba lentes de marco plateado y tenía una mirada fría, era alguien que había visto un par de veces antes. Era el que había ido a la oficina del gerente a buscar a Gu Seung-hyeok y el que lo había ayudado en la sede la última vez.
Siempre había pensado que tenía rasgos afilados y atractivos, pero después de saber que era el hyung de Gu Seung-hyeok, su mirada le pareció extrañamente helada.
Lee-hyun se humedeció los labios con la lengua y pasó la página despacio. Varias hojas detallaban con mucho cuidado desde sus gustos y sus rechazos hasta los restaurantes que frecuentaba y su rutina diaria. Parecía un documento hecho durante mucho tiempo por alguien que lo había observado de cerca.
—Estoy buscando algo. En dos semanas hay una fiesta de apertura para clientes VIP, y necesito la clave, que va a estar en poder de Gu Jin-hyeok.
—...
—Tu trabajo es estar a su lado como su acompañante el día de la fiesta y conseguir ese código de seis dígitos.
Lee-hyun, que estaba revisando las últimas páginas, levantó la cabeza despacio y miró a Seung-hyeok. Su cara no mostraba ninguna emoción. Seung-hyeok, por su parte, observaba a Lee-hyun mientras apretaba y aflojaba los puños.
Le parecía increíble e irritante que Lee-hyun hubiera ido tan tranquilo a pedirle un préstamo, y que esa propuesta hubiera sido un impulso nacido de su propia rabia.
Verlo ahí sentado, con esa cara sin expresión, como si no supiera en qué lío se estaba metiendo, le revolvía el estómago a Seung-hyeok. Hizo una mueca y crujió los nudillos.
Lo que buscaba era una droga nueva que debía haber entrado al país el mes pasado desde Sudamérica, escondida dentro de muñecas de niño. La cantidad pesaba apenas como un niño pequeño, pero en el mercado valía más de treinta mil millones de wones, y había desaparecido misteriosamente en su viaje por Hawái.
El presidente Gu creía que era obra de la banda Seungri, pero Seung-hyeok pensaba distinto. Un movimiento tan sucio y preciso solo podía ser obra de Gu Jin-hyeok.
Como para confirmar esa sospecha, la oferta de esa droga en el mercado iba bajando. Parecía que Gu Jin-hyeok planeaba guardarla hasta heredar el control de la empresa, para después soltarla al precio más alto justo cuando la demanda se pusiera desesperada.
Había un solo lugar donde se sospechaba que la tenía escondida: el edificio del salón de recepciones cuya construcción estaba por terminar.
A través de los arquitectos había salido a la luz que se había construido una bodega adicional que no aparecía en los planos. Al parecer, estaba diseñada para abrirse solo con un código OTP que cambiaba cada día.
Aunque mandara a alguien a conseguir la llave, no serviría de nada si no podía entrar a esa sala ese mismo día. Por eso la fiesta VIP era la única oportunidad.
Todavía no estaba seguro de si era correcto meter a Kwon Lee-hyun en algo tan importante, pero la suerte ya estaba echada.
—...
Lee-hyun se mordió el labio inferior. El pedido de Seung-hyeok le parecía absurdo. Si era una contraseña tan importante, nadie la iba a revelar así como así. ¿Cómo se suponía que la iba a conseguir?
Y más allá de eso, él y Gu Jin-hyeok apenas se habían cruzado por casualidad; no tenían ninguna conexión.
—...No creo que alguien como yo pueda acercarse a una persona así.
—No tienes que preocuparte por eso. Él va a ser el que se acerque primero, aunque tú no hagas nada.
—¿De qué estás hablando?
—Es del tipo de hombre que siente la necesidad de quedarse con todo lo que tengo, ya sean objetos o personas.
Seung-hyeok ladeó la cabeza y soltó una risa corta.
—A Gu Jin-hyeok no le importa si son mujeres u hombres. Pero parece que los tipos con tu aspecto son su tipo. Pálido, delgado, pero con una mirada decidida.
—...
—Su pasatiempo es jugar con ellos y después botarlos cuando se aburre. No hay manera de que te deje tranquilo si estás cerca de mí.
Seung-hyeok sacó un cigarrillo y lo prendió con un clic del encendedor. Con el cigarrillo entre los labios y la mirada baja, siguió hablando con la voz un poco apagada.
—Sedúcelo con tu cuerpo o con tu cara, usa lo que mejor sabes hacer y cautívalo.
—...
—Si consigues esa contraseña, voy a considerar tu deuda pagada.
Dudó un momento, pensando que la tarea estaba fuera de sus capacidades, pero la promesa de cancelar la deuda lo hizo levantar la mirada. Seung-hyeok lo observaba con los brazos cruzados, como analizándolo. Lee-hyun sostuvo la mirada sin parpadear.
El Gu Jin-hyeok que había visto en la oficina del gerente y en la sede parecía un empresario impecable, alguien incapaz de cometer un solo error. No se parecía en nada a Seung-hyeok, con su ropa llamativa y sus modales de matón.
No sabía por qué necesitaba robar esa contraseña, pero estaba claro que esta era una gran oportunidad para él. Lee-hyun miró fijo la carpeta que tenía delante y la apretó con fuerza.
—...¿Qué tengo que hacer?
—Ya conseguí una pasantía temporal en la oficina de secretaría de Gu Jin-hyeok. Les voy a dar los detalles a mis hombres para que te los pasen, así que empiezas a trabajar ahí la próxima semana.
La noticia hizo que Lee-hyun frunciera el ceño. Había gastado todos sus ahorros para juntar el dinero, así que su situación financiera actual era preocupante, y ahora encima tendría que dejar su trabajo en el restaurante de sopa de morcilla.
"Voy a tener que buscar un trabajo de noche. Quizás pueda preguntar si hay vacantes en el bar donde trabajaba antes."
Lee-hyun tragó saliva y asintió. Por alguna razón, parecía que iba a estar más ocupado que nunca. Al notar el silencio, Lee-hyun levantó la vista y se encontró con la mirada fija de Seung-hyeok. Seung-hyeok estaba recostado en el sofá, con la cara sin expresión, moviendo el pie dentro de un zapato de cuero.
¿Tenía algo más que decir, o había otro significado detrás de eso?
No entendía por qué lo miraba con tanta intensidad. Mientras sostenía su mirada, un golpe en la puerta rompió el silencio. Aunque Seung-hyeok no respondió, alguien asomó la cabeza por la puerta entreabierta.
—Jefe, llegó la comida.
El hombre miró rápido a Lee-hyun, cerró la puerta y se fue, dejando que el silencio volviera a la sala. Seung-hyeok bajó las piernas y se puso de pie primero.
—No necesito decirte que te quedes a almorzar.
—...
—No somos del tipo que se sienta a la mesa uno frente al otro.
Una sonrisa de autodesprecio le cruzó la cara bien parecida. Lee-hyun lo miró con frialdad y también se puso de pie.
—Mejor así. Yo tampoco pensaba hacerlo.
—...
—No olvides que la deuda se paga si tengo éxito.
Alguien en el cargo de CEO de una empresa como Taeseong no sería un oponente fácil. Le inquietaba un poco que no se hubiera mencionado nada sobre qué pasaría si fallaba, pero de todos modos, para Lee-hyun era un trato ventajoso.
Lee-hyun miró fijo a Seung-hyeok y, con expresión impasible, le extendió la mano. La sonrisa burlona en los labios de Seung-hyeok se fue borrando despacio, y poco después su mano grande envolvió la de Lee-hyun.
Sintió una calidez extraña que salía de esa palma firme. Pero más extraño todavía fue el brillo en los ojos de Seung-hyeok. Lee-hyun retiró la mano rápido. Al darse vuelta para irse, sintió como si una mirada penetrante se le clavara en la espalda.
Volver a ese lugar por voluntad propia era algo que Lee-hyun nunca había imaginado.
Parado frente al rascacielos con su fachada de vidrio brillante, apretó los puños con fuerza. El monumento con el nombre de Taeseong grabado en la entrada le pareció mucho más imponente que la vez pasada. Aunque sabía que todo era una farsa preparada, era la primera vez que visitaba una empresa tan prestigiosa como un empleado más. Bajo su aire tranquilo, ocultaba una mezcla de nervios y preocupación por tener que engañar a todos.
Al notar que Lee-hyun se había quedado paralizado frente al edificio, varias personas vestidas con trajes impecables lo miraron de reojo al pasar. Al darse cuenta de esas miradas, Lee-hyun reaccionó y apuró el paso.
Al entrar al lobby y mostrar su identificación en el mostrador, el empleado le regaló una leve sonrisa. Esta vez parecía que habían recibido instrucciones previas, porque la puerta de seguridad se abrió de inmediato, a diferencia de su visita anterior.
Mientras subía en el ascensor con otros empleados y se paraba frente a la oficina de secretaría, los nervios finalmente empezaron a ganarle. Solo entonces se dio cuenta por completo de que necesitaba mantenerse cerca de Gu Jin-hyeok por menos de dos semanas para ganarse su confianza. Después de soltar un suspiro profundo, tocó suavemente la puerta.
Cuando la puerta se abrió con un clic, cuatro empleados sentados en sus escritorios lo miraron con curiosidad. Lee-hyun hizo una reverencia para evitar esas miradas curiosas, y en ese momento una mujer se levantó de un escritorio a la derecha.
—¿Es usted el señor Kwon Lee-hyun?
—Sí.
—Un gusto. Soy Yoon Ji-yeon, la secretaria jefa. Saluden a todos, por favor. Él es el señor Kwon Lee-hyun, que va a trabajar con nosotros como pasante por un mes.
—Hola, mucho gusto.
Lee-hyun hizo otra reverencia, y se escuchó un breve aplauso. Ji-yeon lo llevó hasta un escritorio en un rincón.
—Puede quedarse en este lugar. Como va a estar aquí solo un mes, espero que entienda si se siente un poco incómodo. No es un lugar donde normalmente ponemos un escritorio.
Tal como había dicho, la mesa estaba bastante desordenada; era claramente un espacio para útiles de oficina y cosas sueltas. Lee-hyun se sentó frente a un computador portátil que parecía haber sido puesto ahí a la rápida. En la pantalla apagada, su cara se veía más cansada y miserable de lo normal.
—Ah, y una cosa más...
Lee-hyun levantó la vista al notar que ella había dejado la frase a medias. La secretaria jefa lo miraba con una expresión apurada. Se frotó las cejas antes de hablar.
—Tenemos un código de vestimenta.
—¿Perdón?
—Las reglas de la empresa son bastante estrictas y, especialmente en los puestos de secretaría, la imagen es fundamental.
Ante esas palabras, Lee-hyun se miró la ropa. Llevaba un traje casual que a veces usaba para trabajar en el club. Al observar disimuladamente a un empleado sentado cerca, notó que el hombre llevaba un traje formal completo, con corbata y chaleco. Recordó que la mayoría de la gente con la que se había cruzado al entrar vestía de forma parecida.
—Ah...
Era entendible que hubiera llamado la atención entre gente vestida de manera tan conservadora. Sintió que la cara le ardía de vergüenza, y cuando puso cara de confusión, la secretaria jefa le sonrió con amabilidad.
—Hoy es su primer día, así que se entiende. Por favor, téngalo presente a partir de mañana.
—Sí, entendido.
Aunque respondió con determinación, Lee-hyun no tenía un traje tan formal como los que veía ahí. Tendría que ir a una tienda por departamentos apenas terminara su turno. Su mente empezó a calcular gastos como loca, y no pudo evitar soltar un suspiro por dentro.
—Y tome esto.
Mientras Lee-hyun se mordía el labio, la mujer le entregó un libro grueso, de tapa dura. Lo miró de reojo, y ella, después de revisar su reloj, le señaló el libro con los ojos.
—Es un manual con las reglas básicas que debe conocer. Léalo hasta que sea hora de ir a presentarse ante el CEO.
—Sí, muchas gracias.
Al abrir la primera página del pesado manual, apareció un índice con más de diez capítulos. Explicaba con detalle todo, desde la actitud y los modales de un secretario hasta cómo hacer reservas de restaurante y la etiqueta correcta en una conversación. Mientras lo leía, Lee-hyun se dio cuenta otra vez de lo poco que encajaba ahí.
La secretaria jefa volvió a su escritorio y se puso a trabajar con dedicación. Sus compañeros también estaban ocupados haciendo llamadas o tecleando en sus computadores. Sentado entre gente capaz de manejar un manual tan denso y hacer bien su trabajo, Lee-hyun se sintió ridículo por estar ahí con un propósito tan dudoso. Ahogó una risa amarga y bajó la vista hacia el libro.
Después de un rato, alguien golpeó su escritorio.
—Señor Lee-hyun, vamos a entrar un momento para que se presente ante el CEO. Por favor, párese.
—Ah... sí.
Al llegar a la puerta de la oficina principal, sintió que se le secaba la boca. Se preguntó si el hombre lo recordaría de aquel encuentro casual y, si era así, si le parecería extraño que estuviera ahí.
Toc, toc. Con un golpe suave, la puerta se abrió, mostrando un interior decorado en tonos oscuros. El ambiente era radicalmente distinto de la oficina desolada de Gu Seung-hyeok. Mientras su mirada se detenía un momento en unos palos de golf apoyados en un rincón, la secretaria habló primero.
—Director, él es el señor Kwon Lee-hyun, que empieza hoy como pasante. Señor Lee-hyun, preséntese, por favor.
Lee-hyun reaccionó y giró la cabeza. Vio al hombre sentado detrás del escritorio levantar la vista. Mordiéndose el labio inferior, Lee-hyun bajó la cabeza rápido.
—Hola, soy Kwon Lee-hyun. Voy a dar lo mejor de mí.
Al levantarse, sus ojos se encontraron con los del hombre. Su cara mostraba una expresión ambivalente, entre una sonrisa y la indiferencia.
—Kwon Lee-hyun, Kwon Lee-hyun...
Pronunció su nombre como saboreándolo, y después curvó los labios con diversión. Dejó los documentos sobre la mesa y se recostó en la silla.
—Señor Lee-hyun.
—Sí.
—La oficina del director Gu está abajo. ¿Está seguro de que vino al lugar correcto?
—...Sí, así es.
"Me recuerda a él", pensó Lee-hyun.
La mirada escrutadora de Jin-hyeok recorrió con atención la cara de Lee-hyun. Cuando sus ojos bajaron lento hasta el traje que Lee-hyun solía usar en el club, soltó una risa corta.
—Qué interesante.
—...
Jin-hyeok volvió la atención a los papeles. A Lee-hyun le inquietaba que alguien que claramente sabía de su conexión con Gu Seung-hyeok simplemente dijera que era "interesante".
Lee-hyun lo miró con preocupación, pero Jin-hyeok no volvió a mirarlo.
—Bien, puede retirarse. Secretaria Yoon, entre con los archivos de aprobación que faltan.
—Sí, director.
Siguiendo a la secretaria jefa, hizo una reverencia, y solo cuando se dio vuelta pudo soltar el aire que había estado conteniendo. Tal como había sentido la primera vez, este era un hombre que no parecía dejar ver ni una sola grieta. Se preguntó si de verdad podría acercarse a él, y menos aún robarle una contraseña. Se le escapó un suspiro preocupado.
Al volver a su escritorio, no tenía nada que hacer. Sus compañeros estaban metidos en su trabajo, así que Lee-hyun se quedó mirando el pesado manual.
Pasó todo el día sintiéndose fuera de lugar, moviéndose con cuidado entre la gente ocupada, hasta que por fin llegó la hora de salir. Justo cuando el ambiente en la oficina se estaba relajando, la puerta se abrió y apareció Gu Jin-hyeok.
—Terminen de ordenar y váyanse a casa. Yo salgo primero.
Pareció mirar a Lee-hyun un momento antes de salir rápido de la sala, entre las despedidas de sus secretarios. Apenas se cerró la puerta, todos soltaron un suspiro de alivio.
—Señorita Yeong-eun, ¿qué le parece si vamos a comer algo cuando terminemos hoy?
—¡Claro! ¿Cómo estuvo ese izakaya la última vez? La comida estaba bastante buena.
Mientras escuchaba esos planes, Lee-hyun empezó a juntar sus cosas. Aunque no había hecho nada en todo el día, se sentía agotado. Aprovechando la distracción, tomó su bolso y se puso de pie.
—Yo también me retiro...
En ese momento, los que estaban conversando animados giraron la cabeza. Como si acabaran de acordarse, uno de ellos frunció el ceño.
—Ah, señor Lee-hyun. Disculpe, pero antes de irse, ¿podría llevar esto al equipo de soporte?
—...¿Al equipo de soporte?
—Es en el piso 17. Se lo dejo encargado.
—Sí, está bien.
Le entregaron una caja de cartón bastante grande, llena de carpetas y pilas de papeles. Pesaba más de lo que esperaba y era tan alta que le tapaba la vista. Mientras Lee-hyun acomodaba la caja, los demás secretarios juntaron sus cosas y se fueron primero. Solo en la oficina, Lee-hyun soltó un pequeño suspiro y levantó la carga.
El edificio estaba lleno de gente saliendo de sus oficinas al final del día. Cada vez que se abría un ascensor, estaba tan lleno que era imposible entrar. Sin otra opción, Lee-hyun empujó con el cuerpo la puerta de la escalera.
—Uf...
Sujetando la caja con las dos manos, logró bajar hasta el piso del equipo de soporte, con gotas de sudor formándose en su frente a pesar del aire frío. Justo cuando salió al pasillo después de abrir la puerta de la escalera, alguien chocó bruscamente con su hombro.
—¡Ah, ah...!
El hombre con el que chocó frunció el ceño y lo miró feo, pero Lee-hyun solo tenía ojos para la caja que se le resbalaba de las manos. Con un estrépito, las hojas blancas se desparramaron por el suelo.
—¡Maldición! ¡Fíjate por dónde caminas!
Entre las hojas blancas tamaño carta, Lee-hyun vio varios pares de zapatos negros de cuero. Se arrodilló e, inclinándose bajo, siguió disculpándose con la gente a su alrededor.
—...Lo siento mucho.
—Jefe, disculpe. Vámonos.
Trató de juntar rápido los papeles esparcidos entre los zapatos negros, pero los nervios se lo impidieron. Si no hubiera habido nadie ahí, se habría sentido menos humillado, pero por alguna razón esas personas no se movían. Lee-hyun se mordió el labio inferior y trató de alcanzar una hoja que estaba bajo el pie de alguien.
—Por favor, su pie...
No esperaba una disculpa, pero en cambio recibió un largo suspiro. Justo cuando iba a levantar la cabeza para ver quién era, alguien lo tomó del brazo y lo obligó a levantarse.
—Ah...
Al ver quién era, solo pudo soltar una exclamación de asombro.
Gu Seung-hyeok estaba parado frente a él.
Entre todos esos hombres de traje negro, era el único que llevaba una camisa llamativa con un estampado de cadena dorada.
Cuando su mirada se cruzó con la de Lee-hyun, Seung-hyeok frunció el ceño. Le soltó el brazo de golpe y se metió las manos en los bolsillos.
—Te dije que llamaras la atención de Gu Jin-hyeok, no que te pusieras a trabajar de verdad.
—...
—¿Qué demonios estás haciendo?
Inclinándose un poco hacia adelante, lo miró de arriba abajo. Como se había agachado, el bajo del pantalón se le había subido y la chaqueta le había quedado toda arrugada.
Ante esa crítica tan directa, Lee-hyun no supo qué responder. Ignorándolo, trató de agacharse de nuevo para juntar los papeles, pero Seung-hyeok volvió a tomarlo del brazo y lo enderezó.
—¿Qué hacen ahí parados mirando? ¿Por qué no los recogen?
Ante la orden de Seung-hyeok, los hombres corpulentos se agacharon todos juntos. Ver a hombres tan grandes recogiendo papeles del suelo era una escena rara y llamativa. Sin embargo, Seung-hyeok los miró con indiferencia antes de girarse hacia Lee-hyun.
—¿Adónde hay que llevar esto?
—...Al equipo de soporte.
—Tae-sik, ya lo oíste. Terminen de limpiar esto, lleven a los muchachos a comer, y vuelvan. Yo tengo que salir un momento.
—Sí, jefe.
—Tú y tú, síganme.
Después de asentir con el mentón a los dos subalternos que esperaban en la esquina, la situación se resolvió rápido. Justo cuando Lee-hyun dudaba si darle las gracias, Seung-hyeok le hizo una seña.
—Kwon Lee-hyun, tú también vienes.
Se preguntó qué pasaría ahora, pero no estaba en posición de cuestionar las órdenes de Seung-hyeok. Tragándose un suspiro, lo siguió obediente.
Llegaron al estacionamiento subterráneo. Los subalternos se acercaron a un sedán negro y abrieron la puerta trasera, esperando a que subieran los dos. Cuando Lee-hyun dudó, Seung-hyeok habló con indiferencia.
—Sube.
—¿Adónde vamos?
—Lo sabrás cuando lleguemos.
El auto se detuvo frente a una tienda por departamentos. Los árboles y los edificios estaban decorados con luces que daban un ambiente intenso de Año Nuevo. Sin prestarle atención a la decoración, Seung-hyeok caminó rápido mientras Lee-hyun trataba de seguirle el paso.
—¿Por qué vinimos aquí?
Al oír la pregunta, Seung-hyeok levantó una ceja con arrogancia. Miró a Lee-hyun de arriba abajo y respondió con fastidio.
—Quédate cerca y sígueme, nomás.
Su tono frío hizo que Lee-hyun frunciera el ceño, pero no pudo responder. Lo siguió en silencio.
Seung-hyeok abrió camino con su llamativa camisa de matón, seguido por dos hombres corpulentos. Con sus caras toscas y su ropa negra, parecían delincuentes de pies a cabeza, y Lee-hyun podía sentir las miradas de la gente sobre ellos.
Ajeno a esas miradas, Seung-hyeok entró como si nada a una tienda de ropa de hombre. Mientras miraba distraído la ropa en los estantes, Lee-hyun se quedó parado, incómodo, en la entrada junto a los otros hombres. No entendía por qué lo habían arrastrado hasta ahí. "Bueno, ya que estoy aquí, podría aprovechar de buscar algo de ropa para mí", pensó Lee-hyun, suspirando mientras miraba a su alrededor.
Después de recorrer la tienda, Seung-hyeok no pareció encontrar nada que le gustara. Al volver hacia la entrada, ladeó la cabeza hacia Lee-hyun.
—Hay un tipo a la vuelta de la esquina que Gu Jin-hyeok puso a vigilar.
—¿Eso?
—Te dije que si estás cerca de mí, él va a ser el primero en mostrar interés.
Lee-hyun giró rápido la cabeza hacia donde apuntaba Seung-hyeok y alcanzó a ver a alguien apurándose a doblar la esquina. Al ver los ojos bien abiertos de Lee-hyun, Seung-hyeok se estiró el cuello.
—Así que al menos finge cooperar.
Lee-hyun se mordió el labio y siguió a Seung-hyeok hasta la tienda de al lado, un lugar lleno de maniquíes vestidos con elegantes trajes de tres piezas. Al entrar, un vendedor joven, de aspecto algo inocente, se acercó a saludarlos.
Después de oír que uno de los subalternos de Gu Jin-hyeok los estaba vigilando, Lee-hyun no podía quedarse ahí parado como un tonto. Fingió mirar la ropa, siguiendo a Seung-hyeok mientras pasaba entre las perchas, aunque todos los sacos le parecían iguales.
Mientras jugueteaba con el borde de una prenda, Lee-hyun alcanzó a ver la etiqueta de precio. Un cero, dos, tres, cuatro... Se le abrieron los ojos ante ese número, que lo dejó sin aliento.
—A Gu Jin-hyeok no le gusta ese estilo. Ven, pruébate este.
En ese momento oyó la voz de Seung-hyeok. Con las manos en los bolsillos y una postura de lado, apuntaba a un maniquí con el mentón. Lee-hyun miró alternadamente el traje a cuadros grises y a Seung-hyeok antes de hablar.
—¿Quién, yo?
—¿Quién más está aquí aparte de ti?
Solo entonces Lee-hyun se dio cuenta de que Seung-hyeok había venido por él. Al darse cuenta, frunció el ceño. Era cierto que necesitaba trajes para el trabajo, pero no tenía ninguna intención de comprarlos en un lugar así.
—Vamos a otro lado. Hay mucha ropa buena en los outlets.
—Trae uno de tu talla. Ah, y ese también.
Seung-hyeok ignoró por completo las palabras de Lee-hyun y señaló el maniquí de al lado. El vendedor, que había traído la ropa con torpeza, miraba alternadamente a los dos, tratando de entender qué pasaba.
—¿Por qué me lo voy a probar? No tengo tanto dinero.
—No te pedí que pagaras.
—¿Y por qué me lo vas a comprar tú? No quiero.
Si tan solo obedeciera, todo sería más fácil. Seung-hyeok frunció el ceño, irritado.
—Lee-hyun. ¿Crees que te traje aquí solo para jugar tranquilamente al comprador?
—...
—Si te digo que te lo pongas, póntelo nomás.
Al ver la repentina ferocidad de Seung-hyeok, el vendedor se puso nervioso. Lee-hyun, al ver al pobre empleado atrapado en medio de la tensión, suspiró. Era imposible razonar con Seung-hyeok.
—...Por favor dígame dónde está el probador.
El vendedor no parecía llevar mucho tiempo trabajando ahí; sus emociones se le notaban claramente en la cara. Al principio pareció asustado por la actitud de Seung-hyeok, pero se le iluminó la cara al oír la respuesta de Lee-hyun, y lo guio rápido hacia los probadores.
—Creo que la camisa le va a quedar en su talla... pero el chaleco quizás le quede un poco grande, eh... ¡Ah, sí! Pruébese este primero y yo busco la talla correcta. Un momento.
Lee-hyun asintió mientras veía al empleado moverse de un lado a otro. Quiso decirle que no se preocupara y se tomara con calma, pero pensó que no iba a servir de nada y se quedó callado.
Poco después, al entrar al probador y ponerse la camisa, sintió que la textura contra su piel era excesivamente suave. Como esperaba, el precio era astronómico. No tenía ninguna razón para aceptar ropa así de Gu Seung-hyeok, ni tampoco quería.
Lee-hyun se sacó rápido la prenda y se puso su propia ropa. Si solo una camisa costaba tanto, no valía la pena probarse nada más.
Al abrir con cuidado la puerta del probador, se encontró con la mirada de Seung-hyeok, que lo miraba con expresión agria. Justo cuando iba a decirle que era demasiado caro, el vendedor llegó corriendo con una pila de chaquetas, zapatos y cinturones.
—Señor, también traje unos zapatos que creo le van a quedar bien, y otras cosas...
—¡Ah, ah...!
El problema ocurrió cuando el vendedor, tratando de esquivar un estante lleno de ropa, golpeó fuerte a un maniquí con el codo. Dos maniquíes de tamaño real empezaron a inclinarse despacio hasta que cayeron sobre el empleado con un golpe metálico.
¡Clang!
Hasta la gente que pasaba giró la cabeza al oír al vendedor gemir de dolor, sujetándose la mano. Alarmado, Lee-hyun se acercó rápido.
—¿Está bien?
—Lo siento mucho, señor. Recién empecé a trabajar... perdón.
—Déjeme ver su mano.
Al tomar la mano del joven, vio un rasguño largo y profundo. Al ver que empezaba a salir sangre, Lee-hyun frunció un poco el ceño.
—¿No tienen un botiquín en la tienda?
—Hay uno en el mostrador, pero...
—Espere aquí.
Lee-hyun buscó el botiquín donde le había indicado el empleado y volvió con desinfectante y vendas. Aplicó el antiséptico en la herida y esparció la pomada con cuidado.
—¡Cielos! ¿Qué pasó aquí?
Mientras estaba arrodillado atendiendo la mano del joven, oyó detrás de él la voz alarmada de una mujer. Al darse vuelta, vio a una mujer con una credencial de gerente haciendo reverencias repetidas.
—Señor, ¿está bien? Lo siento mucho. Parece que un empleado en formación cometió un error. Mis más sinceras disculpas.
Gu Seung-hyeok estaba parado frente a la mujer, con las manos en los bolsillos y apoyado en una pierna. Ni siquiera miró a la gerente; solo estaba observando la escena de Lee-hyun.
A Lee-hyun le molestó que se quedara ahí mirando con una expresión tan fría mientras alguien estaba herido. Apartó la mirada y se puso de pie.
—Estamos bien. Creo que él es el que se lastimó; deberían llevarlo a que lo atiendan bien.
El vendedor, ahora parado al lado de la gerente, seguía haciendo reverencias. Se tocó el brazo vendado y sacudió la cabeza.
—No, no es nada, no fue una herida grave... Gracias por ayudarme, señor. Muchas gracias.
—Qué patético.
El comentario helado llegó desde un costado. Gu Seung-hyeok miró con desprecio a Lee-hyun y al vendedor antes de empezar a caminar. Lee-hyun hizo una breve reverencia a la gerente y al joven, y siguió los pasos de Seung-hyeok.
Parado frente al ascensor, la cara de Seung-hyeok, mirando hacia arriba, tenía un frío inusual. Lee-hyun sabía que no había hecho nada malo, pero no quería provocarlo más. Se quedó en silencio a su lado.
Oyó su voz helada cuando el ascensor todavía estaba en los pisos de arriba.
—Sigues siendo igual de entrometido.
—...
—Me haces sentir tonto por haberme conmovido en el pasado con tu barata amabilidad hacia cualquiera.
No sabía por qué de repente estaba tan irritado, pero ya estaba harto de reaccionar a sus comentarios sarcásticos. La cara de Lee-hyun también se endureció, y solo se quedó mirando los números del ascensor.
—¡Espera, espera un momento...!
Un grito desesperado se oyó justo cuando el ascensor estaba por llegar. Al darse vuelta, vio al vendedor de la tienda corriendo hacia ellos. Se paró frente a Lee-hyun, jadeando, y le entregó algo.
—Uf, uf... Esto no es mucho... pero es por ayudarme... gracias... uf...
Era una caja con una corbata de diseño discreto. Lee-hyun, desconcertado, trató de rechazarla diciendo que no era necesario, pero el joven le puso la caja en las manos con fuerza.
—La próxima vez que venga a la tienda, lo atenderé como se merece. Perdón de nuevo. Y gracias, en serio.
Después de una reverencia rápida hacia el asombrado Lee-hyun, el joven salió corriendo de vuelta por donde había venido. Fue como si un remolino hubiera pasado por ahí. Cuando reaccionó, Lee-hyun solo tenía la pequeña caja de regalo en las manos.
Sin darse cuenta, dejó escapar una leve sonrisa. Esa torpeza y esos errores le recordaban a él mismo cuando tenía veinte años.
—Ah... qué humor tan repugnante.
Seung-hyeok, que lo estaba observando, murmuró entre dientes mientras giraba la cabeza. Antes de que Lee-hyun pudiera preguntarle qué había dicho, las puertas del ascensor se abrieron y Seung-hyeok entró.
—Sube.
Su tono autoritario le provocó una reacción negativa, pero Lee-hyun se mordió el labio y se paró a su lado. Justo cuando las puertas estaban por cerrarse, la mano de Seung-hyeok se estiró de repente hacia él.
—¡...!
Seung-hyeok le arrebató la pequeña caja de las manos y la tiró por el hueco de las puertas del ascensor que se cerraban, como si fuera basura.
Lee-hyun lo miró con una mezcla de sorpresa e indignación, pero él mantuvo la vista fija al frente, sin expresión. Ante esa actitud cínica, la cara de Lee-hyun tembló.
—¿Qué demonios crees que estás haciendo?
—Te voy a mandar la ropa, así que úsala para el trabajo. Si vienes con la excusa de que es cara o de que te sientes culpable por usarla, la voy a tirar a la basura justo delante de ti, tal como hice recién, así que ni se te ocurra decir alguna estupidez.
Apenas se abrieron las puertas del ascensor, Seung-hyeok salió primero. Lee-hyun se mordió el labio inferior mientras miraba con odio la nuca del hombre.
Tal como había dicho, unos hombres de aspecto tosco golpearon con fuerza su puerta al amanecer. Con los brazos tatuados, revisaron en silencio el pequeño cuarto de Lee-hyun, ordenaron su ropa y se fueron sin decir nada. Lee-hyun se quedó mirando el clóset lleno de trajes lujosos que nunca había usado y soltó un largo suspiro.
Prendió el teléfono y abrió el chat con el nombre de Gu Seung-hyeok. Escribió: "Recibí la ropa. Gracias...", pero después sacudió la cabeza y apretó el botón de inicio. Sabía que aunque mandara el mensaje, no iba a recibir ninguna respuesta amable.
"...Mejor voy a trabajar."
Por el estrés de la visita inesperada, había perdido todo el sueño. Después de mirar el reloj sobre la mesita de noche, Lee-hyun pasó las yemas de los dedos por el traje colgado al fondo del clóset. La textura era tan suave que, sin darse cuenta, apretó el puño con fuerza.
Llegó a la empresa incluso más temprano que de costumbre, con la idea de quizás cruzarse con Gu Jin-hyeok, pero las luces de la oficina de secretaría ya estaban encendidas.
—Buenos días.
La secretaria jefa, que ya estaba tecleando en su computador, respondió solo con una mirada breve. Lee-hyun, sintiendo esa mirada, caminó hacia su rincón.
A medida que se acercaba la hora oficial de entrada, los empleados fueron llegando uno tras otro. Pasaban por al lado de Lee-hyun, que seguía sentado mirando el manual, y ocupaban sus lugares, ignorando su presencia.
—Voy a comprar el café del CEO, ¿alguien quiere?
—Su-jin, pídeme también un americano, por favor.
—¡Ah, yo también! ¡Con hielo!
Estar ahí sentado sin hacer nada mientras todos los demás trabajaban con tanta energía lo hizo sentir fuera de lugar. Por eso Lee-hyun de repente levantó la cabeza y soltó las palabras casi sin pensarlo.
—Yo voy.
Su-jin, que era la encargada de llevarle el café a Jin-hyeok todas las mañanas, se alegró de que la liberaran de una tarea tan molesta. Le entregó la tarjeta de la empresa a Lee-hyun, y él se fue hacia la cafetería del edificio, en el piso de abajo.
Cuando volvió a la oficina con las manos llenas de café, todos estaban metidos de lleno en sus preparativos de trabajo. Lee-hyun dejó un café en cada escritorio y, justo cuando Su-jin estaba por levantarse, volvió a hablar.
—¿Podría llevárselo al CEO?
Dos semanas era un tiempo absurdamente corto para acercarse a alguien. Sobre todo en una situación como esta, donde necesitaba sacarle algo a esa persona. Si no forzaba esos puntos de contacto, era probable que el plazo se pasara sin que hubiera visto a Jin-hyeok más de un par de veces.
—Sí, bueno, está bien.
Como si hubiera estado esperando esa respuesta, Lee-hyun tomó el vaso de americano y se paró frente a la oficina principal. No era gran cosa, pero se sentía extrañamente nervioso; se humedeció los labios con la lengua y abrió la puerta con un clic.
—...
Aunque ya había estado ahí una vez, era un lugar al que no se acostumbraba. El interior, decorado en un estilo imponente con tonos negros y madera, transmitía una sensación de autoridad que lo abrumaba.
Al fondo de la oficina, vio a Jin-hyeok concentrado en su trabajo. Lee-hyun dudó un momento antes de acercarse al escritorio.
—Director, aquí está su café...
La cabeza de Jin-hyeok, que ni siquiera se había movido cuando se abrió la puerta, se levantó al oír la voz de Lee-hyun. Miró fijo la cara del muchacho y, después de soltar una risita, habló.
—La corbata. Está torcida.
—Ah.
Lee-hyun bajó rápido la cabeza y vio que su corbata estaba chueca. Mientras se acomodaba la ropa con torpeza, sintió con claridad la mirada de Jin-hyeok recorriéndolo de arriba abajo.
—El traje está bueno.
—...Gracias.
—Es de la nueva temporada, el precio debió ser bastante alto para un principiante. ¿La familia de Lee-hyun tiene dinero?
—...¿Perdón?
—O quizás alguien se lo compró.
Esas palabras dieron justo en el blanco y le secaron la boca. Seguramente sabía que había estado recorriendo la tienda por departamentos con Gu Seung-hyeok el día anterior. Lee-hyun tragó saliva y apretó los puños por la tensión, pero Jin-hyeok bajó la vista hacia su taza de café como si no esperara una respuesta.
—Gracias por el café. Lo voy a disfrutar.
Lee-hyun se mordió el labio y asintió un poco.
—Entonces me retiro. Si necesita algo, avíseme por favor.
—¿Vas a hacer todo lo que te pida?
La voz monótona detuvo a Lee-hyun justo cuando estaba por salir de la oficina. Jin-hyeok lo miraba fijo, con los ojos entrecerrados.
—¿Eso?
No sabía bien a qué se refería, pero ¿era solo él o había sonado bastante peligroso?
—Pregunto si vas a hacer todo lo que te ordene.
Lee-hyun se quedó en silencio y lo miró; entonces Jin-hyeok soltó una risita y relajó la cara.
—No lo dije para ponerte tenso.
—...
—Cenemos juntos esta noche para celebrar tu ingreso. Por favor, reserva algo de tiempo para esto.
—Ah...
—Cuando salgas, dile a la secretaria Yoon que entre.
Después de esas palabras, Jin-hyeok apartó la mirada. Era una forma unilateral de indicar que la conversación había terminado. Lee-hyun quiso decir algo, pero finalmente cerró la boca e hizo una reverencia.
Tanto aquí como allá, su opinión nunca parecía importar.
—Señor Lee-hyun, ¿ya se va? Parece que tiene apuro.
Alguien le habló a Lee-hyun mientras empezaba a juntar sus cosas poco antes de la hora de salida. Lee-hyun, preguntándose si había hecho mucho ruido al prepararse para irse, respondió con cautela.
—El director me pidió que cenáramos juntos.
—¡Cielos! ¿El director?
Los ojos de la mujer se abrieron de par en par ante la respuesta de Lee-hyun, visiblemente sorprendida.
—Él no es del tipo que se queda con gente por temas personales después del trabajo.
Aunque Lee-hyun no sabía la razón de esa cena repentina, la vio como una oportunidad de oro para acercarse a Jin-hyeok. Sus dedos, mientras se acomodaba la ropa, delataban una mezcla de nervios y preocupación.
Poco después, Jin-hyeok salió de su oficina y le hizo una seña. Lee-hyun se despidió del personal de secretaría con un "Hasta mañana" y siguió a Jin-hyeok.
El lugar al que lo llevó era un restaurante coreano tradicional, en una casa antigua y lujosa, con salas privadas. Parecía ser cliente habitual, porque el personal lo reconoció en la entrada y de inmediato lo llevó a un pabellón separado dentro del local.
Sentado a una mesa frente a Gu Jin-hyeok, Lee-hyun sintió que se le secaba la boca. A diferencia de él, que tomaba agua todo el rato para disimular la tensión, Jin-hyeok se veía completamente tranquilo.
Incluso después de que se abrieran las puertas corredizas y empezaran a servir los platos uno tras otro, no hubo conversación entre ellos. Mientras pensaba en qué tema sacar para romper el hielo, Lee-hyun notó una cicatriz en el dorso de la mano de Jin-hyeok.
—Tiene una... cicatriz en la mano.
La marca, justo en el centro del dorso de su mano izquierda, era oscura y se veía antigua. Cuando le comentó que parecía la huella de una herida importante, Jin-hyeok se miró la propia mano con indiferencia.
—Ah. Me mordió un perro cuando era niño. Recibí un perro de pelea de raza pura como regalo de cumpleaños y me mordió mientras lo estaba entrenando. La marca todavía está ahí.
¿Un perro de pelea como regalo de cumpleaños? Al imaginarse la escena de un perro atacando con violencia a una persona, Lee-hyun frunció el ceño sin querer.
—He oído que... esos perros, una vez que prueban sangre, pueden seguir haciéndolo. Dicen que hay que tener cuidado.
—Así es. Lo normal es sacrificarlo. No hay garantía de que un perro que ya mordió a su dueño no lo vuelva a hacer.
—...
—Pero era un ejemplar demasiado valioso como para hacer eso. Lo mantuve conmigo y, cuando murió tiempo después, le di un entierro digno.
Lee-hyun había sacado el tema pensando que era un simple accidente, pero la historia lo dejó sin palabras. Al ver su silencio incómodo, Jin-hyeok soltó una risa corta.
—Parece que el señor Lee-hyun también tiene una herida en la mano.
Al parecer había notado la cicatriz en la palma de la mano derecha de Lee-hyun. Lee-hyun apretó el puño instintivamente antes de hablar.
—Me lastimé en el trabajo cuando era joven. La herida fue bastante profunda.
—Oh.
—...Parece que los dos tenemos cicatrices en las manos.
Cuando mencionó la única similitud que pudo encontrar, el hombre soltó una risita. Eran personas que no tenían nada más de qué hablar; prueba de que vivían en mundos completamente distintos.
El hombre comía con movimientos impecables. Justo cuando Lee-hyun empezaba a manejar los palillos con torpeza en medio de ese silencio mortal, Jin-hyeok habló de repente.
—Sobre Seung-hyeok.
—...
—Fueron al mismo colegio, ¿no?
La mano que sostenía los palillos tembló un poco. Aunque el hecho de que hubiera ido al mismo colegio que Gu Seung-hyeok estaba en su currículum, sintió un escalofrío recorrerle la espalda, como si lo hubieran pillado en falta.
—Si fue antes de que él dejara el colegio, el señor Lee-hyun debió estar en tercer año.
—...¿Dejar?
—¿No lo sabías? Entró a un centro de reforma en su segundo año, salió un año después, y dejó el colegio de inmediato. Ese tipo solo tiene el título de secundaria básica. Es ridículo que alguien que no es más que un desertor escolar ande mostrando una tarjeta de presentación frente a empleados competentes.
El pulso de Lee-hyun se aceleró al oír esa noticia sobre el pasado de Gu Seung-hyeok, que desconocía. Sobre todo porque, después de cambiarse a un colegio lejano en tercer año de secundaria, había evitado a propósito cualquier información sobre él.
Al ver la expresión seria de Lee-hyun, Jin-hyeok dejó los palillos y cruzó los brazos. Con una sonrisa cínica que le levantaba solo una comisura de los labios, lo observó como si lo estuviera analizando.
—Esto es solo curiosidad personal. ¿Qué trato hiciste con Gu Seung-hyeok?
—...¿Perdón?
—No parecen ser amigos, y tampoco parecen ser amantes, porque Gu Seung-hyeok es demasiado puritano en ese sentido.
—...
—¿No queda entonces más que un trato de negocios?
Lee-hyun no pudo controlar su expresión por un instante. Sintió que el corazón se le desplomaba, como cuando se cae desde lo más alto de una montaña rusa. Balbuceó tratando de responder, hasta que por fin logró fingir calma.
—...No sé de qué está hablando.
—¿Qué pasa? ¿Te pidió que robaras información confidencial de algún proyecto en marcha?
Jin-hyeok solo se rio ante la reacción de Lee-hyun.
—Si de la nada aparece un puesto de pasantía innecesario y alguien entra ahí como si lo hubiera estado esperando, habría que ser tonto para no darse cuenta.
La certeza de que Gu Jin-hyeok ya había investigado sus antecedentes le cruzó la mente a Lee-hyun. Había pensado que quizás sospecharía algo al enterarse de que lo estaban vigilando, pero no esperaba que fuera tan directo. Lee-hyun luchó por mantener la compostura para no revelar su desconcierto.
—Es una lástima, pero los documentos importantes se envían directo sin pasar por la secretaría, así que no va a haber ninguna información que puedas llevarte. ¿Sigue estando bien contigo así?
Lo afortunado era que Jin-hyeok pensaba que el objetivo de Seung-hyeok y el suyo era la información del proyecto.
"Mientras no sepas que el objetivo eres tú, Gu Jin-hyeok, todo está bien." Lee-hyun bajó la mirada y respondió en voz baja.
—No se trata de eso. Solo quiero aprender bien hasta que termine mi contrato.
—Eres diligente en cosas innecesarias.
Jin-hyeok asintió y siguió comiendo, pero Lee-hyun se quedó inmóvil. No tenía ganas de comer, así que jugueteó con los palillos hasta que oyó un golpe en la puerta corrediza y esta se abrió de par en par.
—Vaya, qué sorpresa encontrarlos aquí.
Gu Seung-hyeok apareció de repente, vestido con un traje azul apagado. A su lado, un empleado del restaurante en hanbok se veía visiblemente nervioso. Los ojos de Lee-hyun se abrieron de sorpresa, mientras Jin-hyeok tomaba una servilleta con toda calma.
—¿Dónde aprendiste que es de buena educación meterte así, como si nada, en la cena de otra persona?
—Este no es cualquiera, es mi hermano el que está aquí. Como su hermano menor, lo mínimo que puedo hacer es venir a dar la cara.
Ante las palabras heladas de Jin-hyeok, Seung-hyeok respondió con actitud burlona.
—Además, no soy de los que mandan a un amigo al matadero y hacen como si nada.
Era un comentario que dejaba claro que sabía que Gu Jin-hyeok ya había descubierto la relación entre ellos.
—¿Así que sabes que el lugar al que lo mandaste es un matadero?
—No seas así. Lo elegí con cuidado según tus gustos. No seas muy rudo con él.
A pesar del sarcasmo, la expresión de Jin-hyeok no cambió. Miró a Lee-hyun con indiferencia y soltó una risa lenta.
—Es verdad, no está mal.
—...
—Es hermoso.
Al oírlos hablar de él como si fuera un objeto, aunque estaba ahí mismo, Lee-hyun soltó una risa amarga. Se sintió como el premio en una mesa de póker donde los dos ya conocían las cartas del otro.
Al ver a Lee-hyun sentado en silencio, sin siquiera mirarlo, Seung-hyeok pasó la lengua por el interior de la mejilla. Verlo ahí, pálido y sereno, hizo que su calma empezara a agitarse con resentimiento. Con las cejas levantadas por la irritación, Seung-hyeok soltó una risa burlona.
—¿No te da asco llamar "bonito" a un tipo que tiene lo mismo entre las piernas que tú?
—No sé. Más que eso, me está irritando tu actitud de no saber cuándo meterte y cuándo no.
Lee-hyun podía sentir las miradas curiosas de la gente que pasaba por la puerta abierta. Los empleados también empezaron a tratar de calmar a Seung-hyeok con voces suaves. Después de mirar alrededor, Seung-hyeok murmuró un suave "maldición".
—Gu Seung-hyeok, ¿te vas a quedar ahí? ¿O nos levantamos?
Jin-hyeok, acomodándose los lentes y mirando hacia arriba, observó a Seung-hyeok con frialdad. Seung-hyeok les echó una última mirada a los dos y se giró para salir.
Fue como si hubiera pasado un huracán. Su espalda desapareció detrás de la puerta corrediza mientras esta se cerraba.
—Ahora que lo veo, parece más que te está chantajeando con algo que un trato.
—...
—Si necesitas ayuda, dime.
No era chantaje, sino el pago de una deuda, pero si Gu Jin-hyeok lo veía así, las cosas podían ser más fáciles. Sería más simple acercarse a él apelando a su compasión que tratando de seducirlo. Lee-hyun se humedeció los labios secos y asintió un poco.
Bzzz.
En ese momento, sintió una breve vibración en el bolsillo. Después de mirar a Jin-hyeok con disimulo, revisó el teléfono bajo la mesa.
"Lee-hyun, ¿ya cenaste? No es nada importante, solo quería saber si habías pensado en lo que hablamos la última vez."
Era un mensaje de su madre. Sintió que la sangre se le iba del rostro y su expresión se endureció. Al mirar de reojo, se encontró con la mirada de Jin-hyeok.
—¿Es Gu Seung-hyeok?
—Ah, no. Es mi madre... mi padre está en el hospital ahora... me estaba preguntando cuándo voy a ir...
Incluso después de recibir el dinero de Gu Seung-hyeok, no se lo había mandado a su madre porque no estaba seguro. No confiaba en que todo fuera a estar bien al enfrentarse a su padre. Obligado a confrontar de nuevo lo que había estado evitando por falta de valor, su mente se quedó en blanco. Nervioso, empezó a tartamudear, sin poder distinguir qué debía o no decir, mientras Jin-hyeok levantaba tranquilo su copa.
—Mañana es viernes, tómate el día libre y ve. Yo le aviso a la oficina.
—Ah...
—De todos modos, no viniste aquí a trabajar de verdad, así que no importa.
Lee-hyun sintió emociones encontradas ante la amabilidad del hombre. Había gratitud y también resentimiento por sentirse obligado a enfrentar lo que quería evitar. Sin embargo, como al final era un gesto de consideración de su parte, se mordió el labio y asintió.
¿Tratarlo como espía mientras al mismo tiempo se preocupaba por él era una prueba de su superioridad, o era algún tipo de interés en él?
—Si ya terminó, vámonos.
Lee-hyun hizo una reverencia a Jin-hyeok después de que pagara la cuenta y lo siguió. Mientras caminaban hacia el auto y veían al hombre abrir la puerta del lado del conductor, Lee-hyun habló.
—Director, muchas gracias por la cena de esta noche. Mañana, ah. Nos vemos la próxima semana en la oficina.
—Sube. Te llevo.
—Ah, no. Está bien, puedo tomar un taxi.
—Hay un auto saliendo detrás de nosotros.
Tal como había dicho Jin-hyeok, otro vehículo estaba saliendo del estacionamiento. Como no podía seguir bloqueando el paso, no tuvo más opción que sentarse en el asiento del acompañante. Jin-hyeok asintió hacia el costado.
—Pon la dirección en el GPS.
Después de girar la llave con suavidad, volvió el silencio. Dentro del auto, sin radio ni música, el sonido de la direccional se oía inusualmente fuerte.
Al cruzar el centro de Seúl y entrar a su barrio conocido, por fin empezó a sentir alivio. Pidió que lo dejara en la entrada del callejón, pero Jin-hyeok insistió en detener el auto justo frente a su casa. Miró hacia el antiguo edificio de departamentos y habló.
—¿Vives con tus padres?
—No. Vivo solo hace mucho tiempo.
—El edificio se ve viejo. Sería un problema si pasara un accidente.
Para algunos, podía parecer un barrio miserable, pero para Lee-hyun, que había estado viviendo en cuartos de azotea desde que se graduó, era su primer hogar de verdad. Lee-hyun hizo una reverencia al hombre, que examinaba con atención los alrededores del edificio.
—Gracias por traerme.
Jin-hyeok observó en silencio el espacio entre los edificios donde se acumulaba basura, antes de apartar la mirada y dirigirse a Lee-hyun con una leve sonrisa.
—Si pasa algo, avísame. Mi promesa de ayudarte no fue solo una frase vacía.
Se preguntó si ser tan amable con alguien a quien apenas conocía hacía unos días era parte de su seguridad como figura poderosa o simplemente su personalidad. De cualquier forma, para alguien que se suponía debía engañarlo, era un detalle que no podía ignorar.
"No, no pienses en eso. Él es solo el objetivo del que necesito sacar información."
Lee-hyun fingió calma, asintió, abrió la puerta del auto y bajó. Se quedó parado en la entrada mirando cómo se alejaba el auto antes de subir.
Bzzz, bzzz.
Justo cuando se dio vuelta para entrar después de que las luces del auto desaparecieran, apareció una notificación de mensaje en su teléfono. Al prender la pantalla, vio el nombre de Su-bin.
"Lee-hyun. Estoy en el AK de Wooseong-dong. Estoy en una sala privada con unos amigos de mi hermano, después de mucho tiempo. Tengo algo que decirte, así que ven un momento."
Al recibir un mensaje de alguien inesperado, sus pasos se detuvieron.
Pensaba que el vínculo se había cortado después de aquel último contacto, así que la invitación repentina al club lo dejó desconcertado. Trató de llamarlo por si acaso, pero la otra persona no contestó. Lee-hyun se humedeció los labios mientras miraba el teléfono.
¿Qué debería hacer?
Lo más razonable habría sido no ir, pero era cierto que, como decía, todavía quedaban cosas por hablar. Lee-hyun se sintió culpable por haber dejado Nexus sin siquiera disculparse por lo que pasó ese día. Después de dudar un momento, en lugar de subir a su departamento, abrió la aplicación de taxis.
Bajó de nuevo por el callejón donde Jin-hyeok se había tomado la molestia de dejarlo y subió al taxi, apoyando la frente contra la ventana. Como no tenía que trabajar mañana, pensó en pasar un rato, hablar, y después irse. Solo de pensar en explicarle a Su-bin lo que había pasado ese día, sentía el pecho pesado.
El taxi se movió con fluidez y lo dejó en una calle llena de bares y discotecas. A pesar de ser una noche de semana, había fila afuera del club. Esta vez, entre toda esa gente vestida con su mejor ropa, él era el único que llamaba la atención con su traje formal y rígido. Lee-hyun llamó a Su-bin cerca de la entrada.
Tuu, tuu, tuu...
Sonaba el tono de llamada, pero nadie contestaba. No tuvo más opción que abrir la aplicación de mensajería.
"Hyung, estoy en la entrada. Llámame."
Lee-hyun cruzó los brazos y se encorvó todo lo que pudo mientras esperaba una respuesta. Solo llevaba puesto el saco del traje, y el frío parecía calarle aún más. Decidió esperar cinco minutos más, y si no sabía nada, se iría. Estaba mirando el suelo cuando oyó una voz.
—¿Eres Kwon Lee-hyun?
Al levantar la vista, vio a un hombre con el pelo peinado hacia atrás y aire algo rebelde mirándolo. Al confirmar que era él, el desconocido sonrió como si se hubiera encontrado con un viejo amigo.
—Vaya, eres idéntico a tu foto. Estás esperando a Su-bin hyung, ¿verdad? Está un poco borracho ahora, así que salí en su lugar.
Lee-hyun frunció el ceño. Había venido a hablar con Su-bin, pero si estaba tan borracho que ni siquiera podía salir, la situación cambiaba.
—Entra rápido, hace frío afuera.
Aunque tenía un mal presentimiento, el frío se estaba volviendo insoportable. Lee-hyun apretó los labios y, sin otra opción, siguió al hombre.
Después de pasar entre la gente en la fila y los que bailaban, llegaron a un pasillo donde la música fuerte bajaba un poco. El hombre abrió una puerta pesada e insonorizada y gritó con una sonrisa.
—¡Hyung, Su-bin hyung! ¡Aquí está el Lee-hyun que estabas buscando!
Apenas entró a la sala privada, Lee-hyun arrugó la nariz. El lugar estaba mal ventilado, y el humo de tabaco era tan espeso que parecía una cueva. Los que estaban sentados ahí ya se veían bastante borrachos. Entre ellos vio a Su-bin, recostado en un sofá.
—Ah, ¿ya llegó? ¡Oye, Yoon Su-bin! Llegó el Lee-hyun del que hablabas. Despierta, idiota.
Uno de los hombres, que parecía ser amigo suyo, sacudió el hombro de Su-bin y le dio unas palmaditas juguetonas en la mejilla. Su-bin sacudió la cabeza para despejarse y, al ver a Lee-hyun, soltó una risita.
—Oh, de verdad viniste.
—Je, je, maldición. "De verdad viniste", dice el idiota. Lee-hyun, siéntate aquí.
El hombre que lo había guiado desde la entrada lo sentó al lado de Su-bin, y él mismo ocupó el otro asiento. Los demás, ya envalentonados por el alcohol, estaban encantados con la llegada de Lee-hyun y empezaron a llenar sus vasos.
Le pusieron un vaso nuevo delante, con hielo y licor. Observó la escena en silencio y suspiró. Si hubiera sabido que Su-bin estaría en ese estado inconsciente, no habría venido. Lee-hyun quería disculparse por lo que había hecho Gu Seung-hyeok, pero parecía que Su-bin solo lo había llamado para ir de fiesta.
Decidió seguirles la corriente un rato y después fingir que iba al baño para irse. Se tomó el vaso de un trago, lo que provocó una reacción exagerada de risas y vítores entre los presentes.
—Lee-hyun... nuestro lindo Lee-hyun vino porque lo llamé. No, idiota...! Si yo lo llamo, tiene que venir, ¿no? ¿Tienes idea de todo lo que he hecho por ti, maldición?
En el momento en que dejó el vaso en la mesa, un brazo pesado le rodeó los hombros. Era Su-bin, que se había puesto de pie tambaleándose. Apestaba a alcohol. Lee-hyun le frunció el ceño. Las pupilas de Su-bin estaban extrañamente dilatadas y oscuras.
—...hyung, ¿por qué has estado tomando tanto?
—¿Crees que no tengo razones para beber? ¡Maldición...! Después de eso, corrió el rumor por todo el club de que yo era un "maricón", carajo...
Remarcaba cada frase arrastrada con un insulto. Por lo que pudo entender, los rumores lo habían obligado a dejar su trabajo por la presión de los demás. Lee-hyun sintió que la culpa volvía a subirle y bajó la mirada, mordiéndose el labio. Su-bin lo miró con los ojos vacíos y le acarició con brusquedad la nuca.
—Pero mira, Lee-hyun terminó liándose con ese pandillero, ¿eh...?
Parecía que Su-bin recordaba la situación aterradora de aquel día como un simple enredo romántico. Lee-hyun sintió pena por él, pero eso no significaba que tuviera que aguantar su grosería de borracho.
Cuando Lee-hyun trató de apartar el brazo de Su-bin con un suspiro, Su-bin frunció profundamente el ceño. "Quédate quieto", dijo, agarrándolo de la nuca e inclinándole la cara con fuerza hacia él.
—¡No hagas eso...!
Trató de zafarse girando la cabeza, pero la fuerza con la que lo sujetaban era demasiada. Mientras forcejeaba, el hombre sentado al otro lado intervino con tono burlón.
—Oye, hyung. ¿Por qué obligas a alguien que no quiere? Deberías tomarte otro trago.
Llenó con calma el vaso vacío e hizo espacio entre Su-bin y Lee-hyun. Lee-hyun cerró las piernas al sentir el roce de sus muslos, lo que hizo sonreír al hombre.
La fiesta siguió así. Cada vez que Su-bin trataba de decirle algo a Lee-hyun, el hombre de mirada afilada intervenía para mediar. Y cada vez que Lee-hyun trataba de levantarse para irse, era ese mismo hombre el que le agarraba la muñeca.
Al final, no pudo hablar con Su-bin ni volver a casa; solo estaba perdiendo el tiempo. Para entonces, la mayoría ya se había quedado dormida por el alcohol.
—...Yo me retiro primero.
Pensando que ya era suficiente, fue a tomar su teléfono de la mesa, pero alguien se le adelantó y se lo arrebató. Era el hombre que había estado sentado a su lado todo el rato.
—¿Qué se cree que está haciendo?
—Ah, por fin todos están tranquilos. Estaba bastante ruidoso, ¿no? Estos "hyungs" se ponen así apenas beben.
A Lee-hyun no le interesaba saber cómo eran los amigos de Su-bin. Solo quería llevar su cuerpo pesado de vuelta a casa, pero el hombre no parecía tener ninguna intención de devolverle el teléfono. "Ah... qué molesto."
—Dame el teléfono.
—Vaya, tienes pestañas muy largas. Su-bin hyung me mostró unas fotos, pero te ves incluso mejor en persona. Por cierto, ¿Cuántos años tienes?
El hombre hablaba sin escuchar nada de lo que decía Lee-hyun. Cuando Lee-hyun se llevó la mano a la cabeza, que le dolía, y frunció el ceño, el otro se rio de nuevo como si estuviera viendo un show gracioso.
—Vaya, cuando pones esa cara te ves aún más excitante.
"¿Pero qué le pasa?"
De repente, el hombre se apretó contra él, sus piernas tocándose. El contacto firme le resultó desagradable, y trató de alejarse, pero el hombre lo agarró del otro hombro y lo jaló hacia sí con fuerza.
—Lee-hyun, dicen que solo te acuestas con hombres.
—...
—Dicen que una vez que te acostumbras a que te lo hagan por detrás, ya no hay vuelta atrás. ¿Es cierto?
—...Uf.
A veces se cruzaba con gente así. Tipos que no eran gay pero sentían curiosidad por el sexo entre hombres. Este parecía ser uno de esos, pero Lee-hyun no tenía ningún deseo de ser su juguete.
—Suéltame.
Lee-hyun trató de zafar el brazo, pero el hombre jaló tan fuerte que su cuerpo se tambaleó. Aprovechando que la mano de Lee-hyun había quedado apoyada en su propio muslo, el hombre la guio hacia su entrepierna.
—Hyung. Ah, eres hyung, ¿verdad? Yo tengo veinticuatro, así que debes serlo. Bueno, hyung. ¿Quieres intentarlo conmigo? Lo voy a hacer mejor que Su-bin hyung.
Sintió el bulto con claridad bajo la mano. Se apartó de golpe, tomó el vaso de agua que tenía delante y se lo bebió con desesperación para despejarse la cabeza y salir de ahí.
—¿Eh? ¡Hyung, no debiste tomarte eso tan rápido!
Lee-hyun lo miró confundido. El hombre parecía estar pasándolo muy bien.
—Preparamos eso antes para jugar un poco más tarde. Bueno, lo puse ahí para que lo tomaras, pero ni siquiera sé tu edad todavía, vaya...
Al oír eso, la cara de Lee-hyun se contorsionó de rabia. No podía creer que, incluso después de notar un sabor raro, hubiera sido tan ingenuo como para terminarse el vaso. Lo agarró de las solapas.
—...¿Qué es? ¿Qué le pusiste al agua?
—No es nada peligroso, no te preocupes. El efecto va a llegar pronto, ¿no tienes calor?
Apenas el hombre terminó de hablar, una sed profunda y un calor que se le extendía por las venas empezaron a subirle desde el fondo de la garganta.
—...Ah, ¿Qué me hiciste?
Su respiración se aceleró, y sintió que la fuerza se le escapaba, dejándolo lánguido. Su cuerpo, que había estado rígido sosteniendo al hombre, se desmoronó. El hombre le quitó las manos de encima y le pasó el brazo por la cintura.
Sintió el contacto en las mejillas, en las orejas, y en la nuca como insectos arrastrándose sobre él, pero el calor seguía subiendo. Cuando empezó a jadear, el hombre soltó una risita. Le desabrochó un par de botones de la camisa blanca a Lee-hyun y hundió los labios en su cuello descubierto.
—S-suéltame...
Trató de empujarlo, pero incluso levantar los brazos le resultaba increíblemente difícil. Odiaba profundamente la sensación de esas manos recorriéndole el cuerpo. Se mordió el labio inferior con fuerza para recuperar la compostura y empujó el pecho del hombre con las dos manos.
—¡Dije... suéltame!
¡Clang!
El hombre, que no esperaba que Lee-hyun pudiera resistirse con tanta fuerza en ese estado, perdió el equilibrio y cayó sobre la mesa. Lee-hyun no dejó pasar la oportunidad y salió tambaleándose de la sala.
Los golpes de la música que retumbaban en las paredes y el suelo parecían atravesarle el cuerpo. Su visión daba vueltas; se apoyó en la pared para avanzar mientras las miradas indiferentes de la gente caían sobre él. Justo cuando estaba por llegar a la salida...
—Vaya, vaya. Traté de ser amable, pero...
Una voz sombría lo interceptó, y una mano le agarró el hombro, girándolo. Al levantar la vista, vio al mismo hombre de antes, con la cara contorsionada por la rabia y el alcohol. Le jaló el brazo con violencia, tratando de arrastrarlo a alguna parte.
—Hyung, ¿por qué te haces el difícil? Su-bin hyung me dijo que tú no eres de ese tipo. ¿Eh?
—Suéltame, hijo de puta...
La música ensordecedora, las luces estroboscópicas y la multitud le provocaban mareos y náuseas. Así que, cuando volvió a soltarse de la mano del hombre, tardó un segundo en darse cuenta de que su cuerpo perdía el equilibrio. Trató de apoyarse en una mesa cercana para no caer, pero al hacerlo tumbó los vasos y otros objetos, provocando un estruendo. La gente empezó a murmurar, y todas las miradas se posaron en él.
—Ay, perdón, perdón. Mi amigo está un poco borracho.
—¡Dije que me sueltes!
El hombre sonrió incómodo mientras sostenía a Lee-hyun, pero alguien en la mesa intervino, frunciendo el ceño. Lee-hyun no pudo levantar la cabeza para ver quién era, pero estaba claro que el hombre estaba furioso por el escándalo.
La tensión escaló rápido mientras el hombre y el desconocido intercambiaban palabras acaloradas, y Lee-hyun luchaba por soltarse. Sin embargo, la situación se calmó apenas aparecieron varios hombres de traje negro.
—Ay, no, fue un error. Mi amigo bebió de más.
—No me importa un carajo si fue un error, no molesten en mi local. Vayan a la comisaría a arreglarlo.
Con voz fría, los sacaron a rastras del edificio por una puerta lateral. Una patrulla los esperaba afuera, como si la hubieran llamado con anticipación. Ver al policía acercarse con calma y apartar al hombre de él le trajo a Lee-hyun una sensación de alivio. Se dejó meter dócilmente en la patrulla.
—Oye, despierta un poco.
—...Sí.
—Está completamente ido.
La voz del oficial que hablaba a su lado sonaba como un zumbido lejano. Mientras tanto, el amigo de Su-bin seguía gritando indignado, exigiendo saber por qué se lo llevaban. Después de mirar de reojo al hombre que armaba un escándalo para no subir al auto, Lee-hyun juntó la poca fuerza que le quedaba para mantenerse despierto y agarró la muñeca del policía a su lado. Entonces, apenas moviendo los labios, susurró:
—Por favor revisen sus pertenencias... Ese desgraciado puso algo en mi agua...
—¿Qué dice?
—Él... me dio... una droga...
Fue un esfuerzo enorme pronunciar esas palabras, pero no hubo respuesta. Cuando levantó la vista hacia el oficial, confundido, se encontró con una cara de puro desprecio. El policía, sin molestarse en ocultar su desdén, soltó una risita burlona.
—Sí, sí. Entiendo, así que duérmete hasta que lleguemos y se te pase la borrachera.
Sintió una punzada de traición al ver que incluso la policía, en la que confiaba, ignoraba por completo sus palabras; pero ese sentimiento pronto se transformó en una risa vana y desolada. Después de todo, un hombre tratando de drogar a otro para aprovecharse de él... debía sonarles como un chiste. Lee-hyun borró de su cara hasta el más leve rastro de amargura y cerró los ojos. Solo deseaba que, así, todo desapareciera.
Cuando abrió los ojos de repente, su cuerpo se sentía tan adolorido y magullado como si lo hubieran golpeado. Se sentó despacio y miró a su alrededor; vio a varias personas con uniformes que decían "Policía" moviéndose de un lado a otro. Lee-hyun se levantó con pesadez de la banca de la comisaría donde había estado tendido.
No tenía ningún recuerdo de nada después de salir del club, como si un rollo de película hubiera sido cortado. Todo era borroso. Mientras estaba sentado tratando de calmar las náuseas, un policía que pasaba le habló.
—¿Ya se te pasó el alcohol? Si estás despierto, ve para allá a firmar, recoge tu teléfono, y vete a casa.
Solo después de oír esas palabras, la última escena grabada en su mente le pasó por delante de los ojos. El hombre manoseando su cuerpo drogado y tratando de arrastrarlo a alguna parte. Y el oficial burlándose de él, sin creerle.
Una ola tardía de humillación y vergüenza le nubló la vista. El corazón le latía tan fuerte que podía sentir el pulso golpeándole la nuca. Quizás por los efectos que aún le quedaban de la droga, Lee-hyun sintió que todo el cuerpo le temblaba, pero al final logró ponerse de pie.
—Aquí tiene, su teléfono. Se le acabó la batería, así que no pudimos contactar a nadie... En fin, la próxima vez tome con moderación, ¿entendido?
Lee-hyun hizo una breve reverencia al oficial que lo miraba con juicio mientras le entregaba el aparato, y salió del edificio con paso rápido. Todavía estaba oscuro, así que la calle estaba casi desierta. Apenas quedó fuera de la vista de la comisaría, dobló una esquina y desapareció en el hueco entre unos edificios comerciales con las luces apagadas. Ahí sacó un cigarrillo y lo encendió.
La brasa ardió rápido en el viento helado. Sin embargo, fumar con el estómago vacío y restos de droga en el cuerpo resultó ser una mala idea; una náusea violenta lo golpeó de repente. Tiró el cigarrillo al suelo y, bajando la cabeza, tuvo arcadas.
Pero solo salió saliva y jugos gástricos claros. Tenía sentido; no había comido nada. Aun así, sentía la nariz congestionada y la garganta irritada, lo que le hacía arder los ojos. Lee-hyun se apoyó contra la pared y cerró los ojos, con la cabeza gacha.
No entendía por qué le seguían pasando esas cosas. A estas alturas, empezaba a pensar que quizás el problema era él. Pensando que su interminable racha de mala suerte era culpa propia, una risa vana se le escapó de los labios húmedos.
Se quedó apoyado contra la pared hasta que el viento le heló las yemas de los dedos. El entorno empezaba a aclararse con la llegada del amanecer. Lee-hyun se limpió los labios con el dorso de la mano y apoyó la espalda contra la pared fría.
Tener que ir a ver a su padre justo hoy, y en ese estado... El sentimiento de derrota le pesaba en el pecho. Quería al menos parecer digno frente a sus padres, pero así no podía.
"No quiero ir."
Mientras repetía ese pensamiento inútil, un escalofrío le subió por la espalda. Lee-hyun se cubrió la cara con las manos heladas y apretó los párpados para contener las lágrimas que amenazaban con salir.
El sonido de sus pasos resonó por un buen rato a lo largo del pasillo. A medida que subían los números de las salas, el intervalo entre cada paso se hacía más lento.
Desde que había abierto los ojos esa mañana y tomado el taxi hasta ahí, había dudado docenas de veces. "¿No bastaría con solo mandar el dinero? ¿De verdad tengo que venir?"
Sin embargo, sus pies se detuvieron frente al nombre escrito ahí: "Kwon Seok-myeong". Frente a la puerta corrediza con el vidrio opaco a la altura de los ojos, Lee-hyun se quedó inmóvil.
Después de dudar un momento, apretó con fuerza el picaporte. Sintió el metal frío contra la palma, pero no pudo empujar. Se quedó mirando el suelo, mordiéndose el labio.
Los pacientes de cáncer de hígado que había investigado en internet se veían trágicos, pero Lee-hyun no podía proyectar esa imagen en su padre. Era un hombre tan fuerte que nunca imaginó que su reencuentro, después de ocho años, sería en un hospital.
Su padre estaba detrás de esa puerta delgada. Solo de pensarlo le costaba respirar. No sabía si al abrirla se encontraría con una cara helada o con algo que le lanzaran en un ataque de rabia.
"¿Y si me doy vuelta ahora mismo? Ya estoy cumpliendo con mi deber de hijo con solo mandar el dinero."
—Disculpe... ¿usted es Lee-hyun...?
De repente, una voz cautelosa llegó desde atrás. Al reconocer ese tono familiar, sintió un nudo en el estómago. Tragó saliva y se dio vuelta despacio.
—Cielos, eres mi Lee-hyun. Ay, Dios, qué alegría, hijo.
La mujer parada ahí, con los ojos bien abiertos y la mano tapándose la boca, era su madre. Salvo por unas cuantas arrugas más en la cara, no había cambiado mucho desde la última vez que la había visto. Sin embargo, para Lee-hyun se sentía más extraña que un completo desconocido.
—¿Cómo pudiste estar tanto tiempo sin dar señales de vida? ¿Pensabas venir solo cuando te enteraras de que tus padres habían muerto? ¿Eh? ¿Cómo es que recién vienes ahora?
Al confirmar su identidad, la madre de Lee-hyun se acercó rápido y abrió los brazos para abrazarlo. Lo atrajo hacia sí y le dio palmaditas reprobatorias en la espalda; Lee-hyun, incómodo, se quedó paralizado, con la espalda un poco encorvada, como una estatua de hielo.
—No. Hiciste bien en venir, Lee-hyun. Gracias por hacer el viaje. Sé que debes estar ocupado, gracias por venir...
Ella, de naturaleza suave y dócil, se secó los párpados, que amenazaban con desbordarse de lágrimas, con el dorso de la mano. Cuando se apartó de él para examinarlo de arriba abajo, tenía los ojos rojos. Lee-hyun, sin poder sostenerle la mirada, asintió con torpeza, mirando el suelo.
Después de preguntarle varias cosas sobre si estaba bien y si había comido, por fin se calmó un poco y le acarició el hombro. Entonces, como si de repente hubiera recordado algo, habló.
—Vaya, qué distraída soy. No nos quedemos aquí, entremos a hablar. ¿Cuándo llegaste? ¿Ya viste a tu padre?
—No. Recién llegué.
—El pasillo está frío. Entremos.
Lee-hyun no respondió; se humedeció el interior de la boca con la lengua y levantó la mano despacio. Apretó el puño con fuerza frente a la puerta y tocó suavemente.
Toc, toc... toc.
—Está bien, no es necesario. Solo entra.
Chirrrr.
Antes de poder prepararse mentalmente, la puerta se abrió, mostrando el interior de una habitación de hospital bastante amplia. Vio a alguien sentado, apoyado contra la cama frente a la ventana, que ofrecía una vista clara del exterior. Tenía la cabeza gacha, como si estuviera leyendo un libro, y no se movía ni un centímetro.
Ante esa imagen, Lee-hyun se detuvo, pero su madre entró primero y se acercó a la cama. Le tocó suavemente el hombro al paciente y manipuló sin más los paneles de la pared.
—Cariño, Lee-hyun llegó. Lee-hyun, no te quedes ahí parado, ven a sentarte.
El padre de Lee-hyun no se movió. Lee-hyun se mordió los labios resecos y dio unos pasos lentos. Se detuvo a unos tres pasos de la cama e inclinó la cabeza hacia el perfil de su padre, que seguía con la vista fija en el libro.
—...Hola.
Sabía que era un saludo demasiado formal para un padre, pero no se le ocurría nada más. Después de terminar la frase corta, se quedó mirando el barandal de la cama, pero no hubo respuesta.
—...
Fue la madre, no el padre, quien rompió el pesado silencio. Le dio a Lee-hyun una sonrisa forzada y se dirigió a su esposo en tono de súplica.
—Cariño, deja la Biblia un momento. Les diré a los diáconos y a los demás que vengan a visitarte un poco más tarde, ¿sí? Lee-hyun está aquí, conversen un poco.
Su voz sonaba casi desesperada, pero el padre de Lee-hyun seguía sin responder. Su madre se mordió el labio, mirando a su esposo con reproche, y después se volvió hacia Lee-hyun.
—Lee-hyun, no te quedes ahí parado, ven a sentarte.
—No hace falta que se siente.
—¡Cariño...!
La voz autoritaria del padre cortó el tono suplicante de la madre. La mirada de Lee-hyun, que había estado rondando la cama para evitar el contacto directo, se levantó despacio. Sus ojos se encontraron.
—Dije que no hace falta que se siente.
Sus párpados estaban hundidos por la enfermedad, pero su mirada era tan intensa como en sus recuerdos. No, quizás incluso más afilada que entonces.
En ese breve instante en que sus miradas se cruzaron, un sentimiento de derrota y arrepentimiento por haber venido inundó la mente de Lee-hyun. Solo después de ver esa mirada helada entendió, con dolor, que aunque estuviera mortalmente herido, su padre no lo iba a recibir con los brazos abiertos.
—Cariño, no seas así. Lee-hyun no viene hace mucho tiempo. Mira a tu hijo a la cara.
—No tengo un hijo así. No lo necesito, dile que se largue.
—Lee-hyun, ignóralo y siéntate. Tu padre solo está diciendo eso, ¿sí?
Su madre trató de mediar con una sonrisa forzada, pero eso no logró aliviar la tensión. Lee-hyun, parado como clavado en el suelo, bajó la vista hacia sus pies y apenas logró soltar una frase.
—¿Se siente... un poco mejor?
Era una pregunta que terminó con un tono incierto, pero lo único que siguió fue silencio. El padre de Lee-hyun pasó una página de la Biblia como si no hubiera oído nada. El tubo del suero, que asomaba bajo su bata de hospital, se meció con el movimiento de la página.
No esperaba ser bien recibido, pero que lo trataran como si no existiera le dejó un sabor amargo en la boca. Si le preguntaran qué reacción había esperado, no sabría qué decir, pero al menos esta no era la situación por la que había pedido dinero prestado a Gu Seung-hyeok.
"¿En qué estaba pensando, pidiendo dinero prestado para venir aquí? ¿Trataba de hacer de buen hijo a estas alturas?"
Lee-hyun bajó la cabeza y jugueteó con los dedos. Mientras continuaba el silencio incómodo, su madre habló para tratar de aliviar la situación.
—Ha mejorado mucho después de la quimioterapia. El doctor dijo que si seguimos así, podría recuperarse por completo.
—...
—Es una bendición que Dios te haya traído de vuelta a la familia, Lee-hyun. Es tan maravilloso verte después de tanto tiempo, ¿no crees?
Le acarició de nuevo la muñeca y la palma de la mano a Lee-hyun. Sin embargo, esa mano arrugada y suave le resultaba extraña; cerró el puño y retiró el brazo con disimulo. Ella le dio una mirada herida por un segundo, pero rápido volvió a tocarle el hombro.
—Lee-hyun, sentémonos. ¿Quieres algo de tomar? ¿Te pelo algo de fruta?
—¿A qué viniste? ¿Tenías curiosidad de saber cómo está tu padre ahora que te enteraste de que tiene una enfermedad terminal?
—¡Cariño!
El crujido de una hoja delgada de papel precedió a las palabras del padre. Su mirada seguía fija en la Biblia sobre sus rodillas. Lee-hyun levantó la cabeza y estudió en silencio el perfil de su padre.
—Te pregunté por qué viniste si solo te vas a quedar ahí parado con la boca cerrada.
—Lee-hyun, ve a sentarte al lado de tu padre, ¿sí?
Le dio un suave empujoncito en la espalda delgada mientras hablaba, pero él no se movió. No era por otra razón; su cuerpo simplemente se negaba a acercarse a su padre.
Cuando Lee-hyun intentó mantener la distancia, la mirada de su padre se afiló aún más. Lee-hyun bajó la cabeza para evitar esos ojos penetrantes y ahogó un suspiro.
"Definitivamente no debí haber venido."
—Vine un momento porque mi madre me pidió un favor. Eso es todo.
—...
—Ahora que lo vi, me voy.
Si hubiera podido sentir aunque fuera un poco de culpa por no haberlo visitado hasta llegar a este punto, ¿se habría sentido menos incómodo? Le parecía extraño sentirse tan indiferente incluso viendo a su padre consumido por la enfermedad.
Lee-hyun parpadeó despacio y, después de mantener los ojos en las ruedas de la cama, le hizo una reverencia.
—Espero que el tratamiento vaya bien y que recupere su salud...
—Tú. ¿Todavía sigues saliendo con hombres?
Su cabeza, que había estado ladeada a medias, se detuvo y volvió despacio a su posición original. Su madre también pareció sorprendida por la pregunta repentina. En medio de ese ambiente tan tenso como una capa fina de hielo, Lee-hyun levantó la mirada despacio.
Su padre, que por fin había levantado la vista de la Biblia, miraba fijo y con frialdad el cuello de Lee-hyun. Fue entonces cuando Lee-hyun recordó la marca que aquel desconocido le había dejado la noche anterior.
Se subió rápido el cuello del suéter, pero la cara de su padre ya se había contorsionado en una mueca de asco. Aunque trató de convencerse de que no estaba haciendo nada malo, el corazón empezó a latirle con fuerza, como si alguien lo hubiera asustado con un grito.
—Si a Dios le importara yo, no me habría dado un hijo como tú.
—...
—Lárgate. Ni siquiera quiero verte la cara.
Sintió un hormigueo que le subía desde las puntas de los dedos hasta la nuca. Lee-hyun apretó los puños y dio un paso atrás.
Su madre se acercó, preocupada, para examinarle la cara, pero su rostro claro y pálido seguía sin expresión, como el de una muñeca. Solo sus labios apretados estaban blancos.
—Espero que el tratamiento... vaya bien... y que recupere su salud...
Trató de repetir la frase que no había podido terminar, pero el nudo en la garganta le impedía que las palabras fluyeran. No es que fuera tan frágil como para venirse abajo por algo así, pero el golpe emocional lo había dejado sin aliento. Lee-hyun apretó los dientes y bajó la cabeza, dejando que ese gesto reemplazara el final de su despedida.
Sin dudarlo, se giró hacia la salida, pero las voces que resonaban en el pasillo se acercaban cada vez más. Justo cuando su mano tocó el picaporte, se oyó un golpecito suave y la puerta se abrió con un crujido leve.
—Pastor, ya llegamos, oh...
Una mujer de mediana edad, que había entrado sonriendo, retrocedió sorprendida al encontrarse cara a cara con Lee-hyun. Él bajó la cabeza disculpándose y trató de salir de inmediato, pero el grupo que bloqueaba la entrada no parecía muy dispuesto a moverse.
—Ah... ¿llegó la diaconisa Kim...?
—Ay, no sabía que tenían visitas. ¿Quizás sería mejor que volviéramos más tarde?
Su tono era algo exagerado, pero dado el silencio de los padres de Lee-hyun, el ambiente se volvió incómodo. Solo cuando la incomodidad se hizo evidente en la cara de la mujer, la madre de Lee-hyun por fin respondió.
—Ah, no, no es eso. Es Lee-hyun, nuestro hijo menor. Lee-hyun, saluda. Son miembros de la iglesia de tu padre.
Lee-hyun solo quería salir corriendo, pero de repente se vio obligado a enfrentar a los feligreses y saludarlos. Estaba tan desconcertado e incómodo que ni siquiera podía controlar su expresión.
—Ah, yo...
Sin embargo, al levantar la vista, notó que las caras frente a él estaban aún más rígidas y desconcertadas que la suya. Los vio intercambiar miradas cómplices.
"Ah, todos lo saben."
Pensándolo bien, el hecho de que el hijo del pastor fuera gay no era un secreto que tardara mucho en correrse como chisme.
Miradas cargadas de curiosidad, lástima y desprecio lo atravesaron como cuchillos. No había hecho nada malo, pero la cabeza se le caía una y otra vez hacia el suelo.
Un murmullo pareció alzarse desde el fondo del grupo hasta que alguien, tratando de romper el hielo con naturalidad, habló. La persona que lideraba el grupo le dio una palmadita suave en el hombro a Lee-hyun, con los ojos entrecerrados en una sonrisa.
—Bueno, como era de esperar del hijo del pastor Kwon, es muy guapo. Tiene mejor porte que mi propia hija.
—Es verdad. ¿Cómo puede un hombre tener pestañas tan largas? La señora debe estar encantada.
Mientras ellos conversaban entre sí, riéndose delante de él, Lee-hyun se mordió el labio inferior con fuerza. Se sentía tan pesado de cansancio que apenas podía mantenerse de pie. Solo cuando soltó un suspiro contenido sintió que podía respirar de nuevo.
—...Me voy primero, madre. Ya mandé lo que me pediste, por favor revísalo.
Finalmente, con los puños apretados, Lee-hyun se abrió paso entre la multitud y apuró el paso como si estuviera huyendo de algo. Su único objetivo era alejarse lo más posible de la habitación de su padre.
—Lee-hyun, espera...! Espera un momento...!
Mientras salía del ala del hospital, alguien lo tomó del brazo. Se dio vuelta sobresaltado y vio a su madre jadeando por el esfuerzo.
—Uf... Fiu... ¿Tienes las piernas largas o qué...? ¿Por qué caminas tan rápido? Fiu...
No pudo soltarse del agarre de su madre, que le sujetaba con suavidad ambas muñecas. Lee-hyun estaba dividido entre las ganas de huir y los sentimientos complicados que tenía hacia ella; finalmente, relajó el cuerpo y dio un paso atrás. Sintió un ardor en el estómago y en la boca del estómago, así que cerró los ojos para recuperar el aliento.
—Lee-hyun, sé que es difícil para ti, pero gracias por venir hasta acá y ayudar con los gastos del hospital... No fue mucho esfuerzo, ¿verdad? ¿Estás bien?
Estar ahí era más agotador que ir a buscar a Gu Seung-hyeok. No hubo gritos ni golpes, pero se sentía como si le hubieran desgarrado el cuerpo a cuchillazos. ¿No estaría saliendo sangre invisible de sus brazos, sus piernas, su torso, empapando el suelo? ¿Podría de verdad decir que estaba "bien"?
—Me voy a hacer a un lado primero. Solo confirma que el dinero llegó bien a la cuenta.
—Lee-hyun, ya que estás aquí, comamos juntos. ¿Sí? Tu hermana también está cerca, dice que va a venir pronto.
—Lo siento. Tengo otros compromisos después...
No tenía planes hasta la noche. De hecho, le sobraba tiempo antes del bus, y tendría que buscar dónde sentarse. Pero ver a su madre le recordaba a su padre, y lo que había pasado ocho años atrás; sintió un calor subiéndole por la garganta. No quería que ella viera cómo ese calor se convertía en lágrimas.
Sin poder mantener la compostura, Lee-hyun bajó la cabeza e hizo un gesto de despedida torpe. Cuando trató de esquivarla e irse, su madre le agarró el brazo rápido con las dos manos.
—Lee-hyun, espera un momento. Mamá quiere hacer una oración por ti.
No lo sujetaba con fuerza, pero se sintió como si estuviera encadenado por completo. Sintió una presión tan asfixiante en la boca del estómago que no pudo pedirle que lo soltara; solo pudo mover los labios sin emitir sonido.
La madre de Lee-hyun bajó los brazos y tomó las manos de su hijo entre las suyas. Cerró los ojos, hundidos, y una voz pequeña pero firme escapó de sus labios entreabiertos.
—Padre Celestial... gracias por traer de vuelta a nuestro precioso hijo Lee-hyun a su familia.
El padre de verdad, el que lo había engendrado, acababa de negar su existencia. No sabía qué tan grande era este "Padre Celestial", pero no creía que fuera capaz de acoger al hijo que otro había rechazado.
—Te ruego que no dejes que tu hijo siga cayendo en las tentaciones de Satanás; guíalo por el camino correcto para que encuentre paz en tus brazos. Protege a nuestro Lee-hyun de caer en las trampas astutas de los demonios.
"Hasta el final..."
Ante esa letanía de oración, Lee-hyun soltó una risa vana y resignada. Al final, ni su padre ni su madre aceptaban quién era. Un hijo "Satanás" de un pastor y una cristiana devota. Qué ironía.
Al oír el "Amén" susurrado, levantó la vista hacia el cielo azul helado.
Después de lograr separarse de su madre, que parecía decidida a seguir orando indefinidamente, Lee-hyun buscó la zona de fumadores en un rincón del hospital. Pensó que ahí le sería más fácil respirar que dentro del edificio, así que se sentó en una banca dura y encendió un cigarrillo.
Al recostarse e inclinar la cabeza hacia atrás, el sol lo encandiló. En su visión teñida de blanco, seguían apareciendo el estampado de la bata de hospital de su padre y las arrugas de las manos de su madre. Lee-hyun cerró los ojos y se concentró solo en exhalar el humo para vaciar la mente de todo lo demás. Pensaba que ya había pasado la etapa de que estas cosas le dolieran, pero sintió una punzada en el pecho. Si esa presión en la boca del estómago desaparecía, sentía que algo iba a desbordarse, así que trató de vaciar la mente.
—Sí, sí. Mamá de Yeong-ji. ¿Ya llegaste?
Cuando las colillas ya se le acumulaban a los pies y sentía los zapatos rígidos del frío, alguien se sentó a su lado hablando por teléfono. La voz de una mujer de mediana edad se detuvo cerca de él, y se oyó el clic de un encendedor.
—¿En serio? ¿Eso pasó? Vaya, ¿Cómo terminó así...? El cielo es indiferente.
La voz murmurada, con el cigarrillo colgando de la boca, le llegó a los oídos. Pensó que ya era hora de levantarse e irse a otro lado. Al abrir los ojos y mirar el cielo, el vacío azul se extendía frente a él.
—Cielos... El pastor Kwon siempre hablaba de su hija, así que ni sabía que tenía un hijo. Pero bueno, oyendo lo que dicen, se entiende. Que a un hombre le gusten los hombres es tal escándalo, ¿Cómo se lo iba a contar a alguien? ¿Dicen que trataron de mandarlo a un hospital psiquiátrico? Dicen que hoy en día hay hospitales que curan eso.
La mujer a su lado ni siquiera miró a Lee-hyun, absorta en su conversación.
—Es Satanás, que se instala en el corazón de la gente para contradecir la Biblia. El pastor debe haber sufrido mucho, qué horror... ¿Ocho años? Dios mío, Padre Celestial...
Lee-hyun parpadeó despacio, mirando cómo se movían las nubes. Por casualidad o por destino, la forma de una nube que se acercaba se parecía a una cruz.
—La homosexualidad es el pecado que Dios más odia de todos. Tienen que caer en las llamas del infierno para entrar en razón. Solo de pensar que este linaje maldito por Satanás se mezcla con gente normal...
La mujer siguió escupiendo veneno, sin saber que el "Satanás" del que hablaba estaba sentado justo a su lado. Lee-hyun soltó una risa seca y se puso de pie despacio. Miró el cielo una última vez y exhaló una larga bocanada de humo.
Pensando en su cuenta bancaria, que quedaría vacía sin ningún ingreso inmediato, debería buscar un trabajo de fin de semana, pero no tenía ganas de hacer nada. Si ya estaba seduciendo hombres en plena luz del día, ¿qué más daba si era de noche?
Quizás por haber estado tanto rato al aire frío, empezó a temblar. Si le daban ganas de beber, seguramente era porque hacía demasiado frío como para estar sobrio.
Lee-hyun tiró la colilla corta al suelo y la aplastó con el pie. Si tanto les molestaba que se mezclara con "gente normal", lo mejor sería desaparecer, tal como decían.
Ya fuera por casualidad o por destino, se acordó de un bar que solía frecuentar cuando tenía poco más de veinte años, y no quedaba lejos de ahí. Hacía mucho que no volvía, pero el hecho de que se le hubiera venido a la mente de repente era quizás, como decía la gente, porque Satanás lo estaba tentando. Lee-hyun soltó una risa amarga y empezó a caminar con pasos dudosos.
La entrada del bar, en el subterráneo, no había cambiado mucho. Las puertas de vidrio se abrieron sin problema, disipando cualquier temor de que, dado lo temprano que era, el lugar estuviera cerrado.
Sin mirar alrededor, Lee-hyun fue directo a la barra y se sentó en un rincón. Mientras cruzaba el salón poco iluminado, sintió varias miradas curiosas sobre él. Se quedó inmóvil, estudiando la veta de la madera de la mesa, hasta que el barman le entregó un posavasos y el menú. Sin siquiera abrirlo, Lee-hyun pidió el nombre de un whisky.
—¿Se lo sirvo con hielo?
—Solo, por favor.
No había comido nada en todo el día por las náuseas, pero en ese momento le era imposible mantenerse sobrio. Con la intención de olvidarlo todo y emborracharse, se tomó el vaso pequeño de un trago; sintió como si una llama le bajara por la garganta.
—Otro igual, por favor.
Lee-hyun levantó de nuevo el pequeño vaso del líquido dorado. Cerró los ojos con fuerza y se tragó el whisky sin siquiera probarlo; solo entonces el ardor que sentía en los ojos pareció bajarle hasta el pecho. Puso el vaso sobre la mesa, apoyó los brazos en ella y hundió la cabeza entre ellos.
—...
Mientras seguía así, bebiendo su trago, el alcohol pronto se le subió a la cabeza. Deseó que fuera solo el calor en el estómago, pero la punta de la nariz volvió a arderle.
El barman, que lo había estado observando con preocupación, le ofreció un platito de queso y fruta. Lee-hyun asintió un poco y hundió la frente contra la mesa de madera. Se quedó así, parpadeando con pesadez.
Al mirar de cerca la veta de la madera, que se mezclaba de manera mareante, los ojos se le llenaron de lágrimas otra vez. ¿Qué había hecho tan mal para merecer este trato? Una vez que empezó a darle vueltas, la tristeza lo abrumó. Le temblaron los hombros mientras trataba de contener las lágrimas. Fue entonces cuando sintió que alguien se sentaba en el taburete de al lado.
Lee-hyun cerró los ojos con fuerza, contuvo la respiración y giró la cabeza hacia un costado. Como experto en fingir que no pasaba nada, su cara, bajo la luz amarillenta, apenas mostraba sus ojos un poco enrojecidos.
—Vaya, mira a quién tenemos aquí. A estas alturas, ¿no crees que esto es el destino?
—...
—Te dejé mi tarjeta en el bolsillo para que me llamaras. ¿No la viste?
El hombre que acercó su silla para sentarse a su lado era el mismo que le había dado agua drogada y lo había acosado el día anterior. Encontrarse con ese sujeto despreciable en una situación tan desagradable le provocó más asombro que rabia. Parecía que la vida, hasta el final, no estaba de su lado.
Ignorando al hombre, Lee-hyun llamó al barman y pidió otra ronda.
—Señor, ya ha bebido bastante, ¿está seguro?
—...Estoy bien. Solo tráigame otro.
Al oír su pronunciación clara, sin tropiezos, el barman pareció relajarse. Lee-hyun sabía lo molesto que era lidiar con borrachos insoportables, así que no pensaba llegar a ese punto; solo quería beber lo suficiente para olvidar la angustia que le pesaba en el pecho. Se tomó el vaso de un trago.
—Vaya, aguantas bien el trago. Toma un poco de agua y ve más despacio. No parece que hayas notado que te he estado observando un rato.
—No bebo nada que venga de ti.
—Ay, no seas así. Lo que pasó ayer fue un error, yo también estaba un poco borracho. ¿Llegaste bien a casa? No esperaba que llamaras a la policía así de la nada.
Como disculpándose, el hombre empezó a acariciarle despacio el dorso de la mano a Lee-hyun. A Lee-hyun le pareció repugnante, pero no lo apartó; se quedó inmóvil. Pensó que, después de todo, siendo un "maricón" asqueroso, no le iba a molestar que lo tocaran.
—¿No te parece raro querer estar con hombres sin ser gay?
—Para nada. Al final, cuando se trata de sexo, lo único que importa es el hoyo donde lo metes. ¿Qué importa si eres gay o no?
—...
—Entonces digamos que soy gay. O bueno, ¿en estos casos se dice bisexual o algo así?
El hombre se acercó más y le susurró con voz insinuante:
—Lamento lo de ayer, fui poco considerado, hyung. Para compensarte, vayamos juntos hoy.
Lee-hyun sintió tanto fascinación como envidia hacia este hombre que aceptaba tan fácilmente algo que sus propios padres, después de veinte años de convivencia, no podían comprender. Al girar la cabeza, se encontró con la mirada lujuriosa del hombre. Superpuesta a esa imagen apareció la mirada helada de su padre.
De repente, sintió como si insectos le recorrieran la piel y, sin darse cuenta, empezó a rascarse la ropa con las uñas.
Mientras ignoraba al hombre que seguía susurrándole al oído, vio a un gerente de traje salir apurado desde el fondo del bar. Cerca de adonde se dirigía el gerente, alguien recibía una reverencia de noventa grados. Lee-hyun, con la vista nublada por el alcohol, miró fijo al hombre que acababa de llegar.
—...
Como si hubiera notado su presencia, el hombre giró la cabeza hacia Lee-hyun. Reconoció de inmediato esa expresión impasible y esos ojos fríos.
En el momento en que sus miradas se cruzaron, un sentimiento de derrota lo invadió. Lee-hyun se mordió el labio inferior sin darse cuenta; vio cómo las cejas bien definidas del otro temblaban antes de que sus labios se curvaran en una mueca torcida.
—Cada vez que te veo, cambias de compañero.
—...
—¿Es esto una característica de los "maricones", o es que eres solo un poco patético?
Gu Seung-hyeok, vestido con un blazer negro, parecía alguien que solo pasaba por ahí a divertirse. Después de la tensión inicial de este encuentro inesperado, Lee-hyun soltó una risita ante la reacción predecible y consistente de Seung-hyeok. Al menos no fingía frente a él, ni sacaba esos discursos gastados sobre la homosexualidad y el pecado.
Pero aparte de eso...
—¿No es asunto tuyo?
—...
—¿Qué haces aquí? ¿Me estás vigilando?
Por el alcohol, las palabras le salieron lentas, saltándose la razón. Seung-hyeok soltó una risa incrédula ante sus palabras.
—Vaya forma de emborracharte.
Después de mirar con desdén a Lee-hyun y al hombre sentado a su lado, Seung-hyeok se giró hacia el empleado de la barra.
—¿Qué pasó con lo que te di la última vez?
—Sí, ya lo distribuimos todo, señor.
Se oyó al empleado susurrarle a Seung-hyeok, que se veía visiblemente tenso. Seung-hyeok sacó del bolsillo interior de su chaqueta un papel que parecía un pequeño sticker y se lo entregó.
—Cuando mandes el correo, asegúrate de verificar bien al destinatario. No compliques las cosas innecesariamente como la última vez.
—Sí, entendido.
Lee-hyun había visto escenas parecidas cuando trabajaba en Nexus. Aunque nunca se lo explicaron en detalle, podía adivinar que ese papel delgado era algún tipo de sustancia. Ah... había venido por negocios.
Después de terminar su asunto, Seung-hyeok volvió a encontrarse con la mirada de Lee-hyun, que seguía observándolo, y habló con una sonrisa lánguida.
—Lee-hyun, solo vigilas a alguien cuando ese alguien vale la pena.
—...
—Sé perfectamente que te acuestas con cualquiera, ¿por qué me molestaría en vigilarte?
Era el mismo desprecio de siempre, pero hoy sintió que esas palabras le desgarraban el pecho. Cuando Lee-hyun bajó la mirada con una sonrisa vacía, Seung-hyeok levantó una ceja, notando algo raro.
Los insectos que sentía en la piel empezaron a moverse con más fuerza. Después de beberse en silencio el vaso que tenía delante, Lee-hyun se rascó con violencia la muñeca izquierda. El hombre a su lado, sin poder seguir mirando, le agarró la mano.
—¿Por qué te rascas tanto...?
El hombre no pudo terminar la frase. Su muñeca izquierda, ahora al descubierto, era un desastre. Bajo la piel enrojecida por el rascado reciente, se veían cicatrices viejas, blanquecinas y lineales.
Tac.
En un instante, le arrebataron el brazo a Lee-hyun. Antes de que el hombre pudiera reaccionar, Seung-hyeok le agarró la muñeca y examinó la zona con el ceño fruncido. Eran cicatrices que no estaban ahí la última vez que lo había visto. Seung-hyeok clavó una mirada feroz en Lee-hyun.
—¿Tú mismo te hiciste esto?
Le pareció cómico que un tipo que probablemente había visto cosas peores se alterara tanto por unas simples cicatrices. Además, ¿a él qué le importaba?
Lee-hyun soltó una sonrisa amarga y retiró el brazo.
—Si viniste por negocios, termina lo que tengas que hacer y vete.
—...
—No pierdas el tiempo preocupándote por las muñecas de un maricón.
Repitiendo las mismas palabras que solía usar Seung-hyeok, Lee-hyun se bajó la manga del suéter y le dio la espalda. Levantó el vaso y se lo tomó de un trago, haciendo que su nuez se moviera de forma notoria.
Seung-hyeok lo miró fijo, apretando la mandíbula con tanta fuerza que se le marcaron los músculos, antes de girarse hacia la salida.
El gerente le dio una palmadita en el hombro al barman, que había estado observando la escena con cautela, y volvió adentro. Todo volvió a como había estado diez minutos antes. Lee-hyun hundió otra vez la frente en la mesa, tratando de aguantar el mareo que le hacía dar vueltas todo.
...Qué vida tan asquerosa.
Desde que había aceptado que era distinto a todos los demás, nunca había habido un día en que la vida le resultara fácil, pero nunca se había sentido tan especialmente miserable como en ese momento. Pensaba que ya se había acostumbrado al desprecio que recibía de todos lados, pero hoy le costaba más de lo normal simplemente ignorarlo.
¿Era por sus padres, que negaban la existencia de su hijo incluso cuando la muerte acechaba al padre? ¿O por ese desgraciado del bar, que después de intentar violarlo usando drogas se atrevía a aparecer frente a él con total descaro? ¿O quizás era por Gu Seung-hyeok, que no ocultaba su asco cada vez que se encontraban?
No, quizás simplemente estaba siendo castigado por haber observado, como alguien de afuera, todas esas críticas y burlas despiadadas que le caían encima.
"Ah... ya no aguanto más."
Lee-hyun se puso de pie de golpe. Perdiendo el equilibrio y tambaleándose, el hombre a su lado estiró la mano para sujetarlo. Lo empujó y, con paso vacilante, se dirigió hacia el baño.
Se apoyó en el lavamanos y dejó correr el agua, salpicándose la cara varias veces. La angustia que se le había ido acumulando en el estómago le subió al pecho, le pasó por la garganta, y estalló en lágrimas.
—Padre...
Trató de esconder la cara bajo el agua fría, pero no pudo contener la oleada de emociones que se desbordaba. Mientras estaba ahí, con las manos apoyadas en el lavamanos y las lágrimas cayéndole por la cara, oyó que alguien entraba al baño.
Se apuró a secarse la cara para salir, pero antes de que pudiera hacerlo, alguien lo agarró de los dos brazos y del cuello de la camisa, empujándole la espalda contra la pared.
—...Ah.
La cara que lo miraba no le era desconocida. Era el hombre que había estado sentado a su lado hacía un momento.
—Ah, maldición... ¿Pasa algo hoy? No pensé que llegaría a esto, pero verte llorar así me excita mucho.
El hombre, sujetando los brazos de Lee-hyun con una fuerza dolorosa, bajó la cabeza y hundió la cara en su nuca. La sensación de la lengua húmeda recorriéndole la piel le llegaba lejana, como a través de una capa de entumecimiento.
Aun así, Lee-hyun levantó la cabeza tratando de contener las lágrimas y forcejeó débilmente con los brazos, pero el hombre le apretó las extremidades con más fuerza contra la pared.
Sus labios se movieron desde la nuca hacia abajo. Como si el suéter suelto estorbara, lo levantó y empezó a chuparle el pecho descubierto.
—Seguías diciendo que no, y ahora estás muy dócil.
—...Ya es suficiente.
—¿Qué es suficiente? Ja, carajo... siento que mi pene va a explotar.
Estar en esa posición en un baño lo hacía sentir como basura, pero murmurar débilmente "no" mientras se retorcía era todo lo que podía hacer para resistirse. Después de todo, su vida ya era basura. No importaba si se retorcía aquí o en una cama.
A pesar de eso, Lee-hyun siguió moviéndose y girando la cabeza. El hombre, como quien mira el juego de un niño, soltó una risita y siguió acariciándole todo el cuerpo.
Clic, clic.
El picaporte del baño, que estaba cerrado, se movió justo cuando el hombre presionaba su entrepierna contra la de Lee-hyun, frotándose. Lee-hyun, que casi se había rendido, abrió los ojos despacio.
A pesar de los intentos constantes de abrir la puerta con llave, el hombre siguió abusando de él sin inmutarse.
"Al final, esto va a pasar."
Nunca imaginó que terminaría revolcándose con un hombre al que solo había visto dos veces, en el baño de un bar. Justo cuando una sonrisa de autodesprecio le cruzaba los labios delgados, la puerta del baño se abrió de golpe y alguien entró. Era la última persona que esperaba.
—Maldición, ¿quién es?
Una mirada helada recorrió el torso casi desnudo de Lee-hyun, las marcas de mordidas rojizas, y la mano que había tratado de empujar, hasta detenerse en sus pezones pálidos. "Este 'maricón' hasta tiene los pezones rosados." Al encontrarse con sus ojos enrojecidos, Seung-hyeok esbozó una sonrisa cínica y helada.
—Vaya, sigues dándome razones para fijarme en ti.
Lee-hyun sintió ganas de suspirar al darse cuenta de que, entre toda la gente, tenía que ser precisamente Gu Seung-hyeok quien lo mirara así. Solo de pensar que iba a empezar de nuevo con sus insultos de "gay" y "maricón", le dolía la cabeza. Cuando Lee-hyun bajó la mirada, resignado, Seung-hyeok avanzó a grandes pasos, agarró al hombre por el hombro y lo giró.
¡Puf!
Antes de que el hombre pudiera recuperar el equilibrio, un puñetazo le golpeó la mejilla. Cayó al suelo con un golpe seco y, sujetándose la cara, miró a Seung-hyeok con expresión aterrada.
—¡¿Q-qué te pasa?!
—No me importa que los gays se acuesten entre ellos...
¡Puf!
—Pero hacerlo en mi local es un problema.
¡Puf!
Con cada golpe que le daba Seung-hyeok, el terror en los ojos del hombre crecía más. El primer golpe le partió el labio; el siguiente le hizo sangrar la nariz. Desconcertado por la violencia repentina, el hombre quedó tendido en el suelo, pataleando con desesperación.
Seung-hyeok lo agarró con violencia de las solapas para levantarlo. No podía controlar la furia inexplicable que le hervía por dentro. Justo cuando levantaba el puño de nuevo para estrellarlo contra la cara del tipo, sintió una fuerza débil que lo jalaba hacia atrás.
Al girar la cabeza, vio a un Lee-hyun pálido tirando débilmente del borde de la camisa de Seung-hyeok, sin atreverse a tocarle el brazo. Su reacción parecía excesiva para alguien que solo estaba presenciando una pelea.
—...Ya es suficiente.
Ante esa voz pequeña y temblorosa, el movimiento de Seung-hyeok se detuvo de golpe. La tensión se fue de su puño apretado. Aprovechando el momento, el hombre se soltó del agarre de Seung-hyeok y se arrastró por el suelo.
Seung-hyeok ignoró al tipo y bajó la vista hacia la mano que sujetaba su ropa. Esa manito estaba blanca por la tensión.
—...No lo hagas.
El hombre, viendo su oportunidad, huyó del baño. Sin prestarle atención al que se escapaba, Seung-hyeok observó a Lee-hyun.
Con la ropa desarreglada, los ojos enrojecidos y un leve sonrojo en la nuca causado por el alcohol, Lee-hyun le provocó a Seung-hyeok una sensación aguda en el estómago.
—¿También le hablaste así a ese idiota?
—...
—¿No te das cuenta de que hablando así solo estás pidiendo que te violen?
No sabía exactamente por qué estaba tan furioso, pero ver a Lee-hyun tan abatido y asustado le hacía hervir la sangre. Mientras Seung-hyeok lo miraba con los dientes apretados, Lee-hyun soltó un suspiro débil.
Cuando ese hombre, el responsable de su mañana de pesadilla, se había sentado a su lado con tanto descaro, quizás Lee-hyun ya presentía este final. Tal vez dejó que el hombre le hablara con tanta familiaridad porque quería demostrarse a sí mismo que, aunque no mereciera ser amado, al menos era alguien con quien pasar la noche.
—Por eso lo hice.
—...¿Eso?
Porque si alguien sentía deseo por él, significaba que, aunque no pudiera ser amado por quien era, al menos servía para una noche.
—Gu Seung-hyeok, ¿tú también quieres acostarte conmigo?
Al oír esas palabras dichas con los ojos bajos y sin fuerza, la cara de Seung-hyeok se desencajó de inmediato. Lee-hyun murmuró, preparándose para dar el golpe final:
—Dicen que a todos les gusta.
La cara impasible que antes había mostrado desconcierto se volvió feroz. Seung-hyeok lo miró con ojos asesinos y dijo entre dientes:
—¿Te volviste loco?
Esperando esa reacción, Lee-hyun soltó una risa amarga. Dejó caer la camisa que sostenía, se acomodó la ropa con torpeza mientras se tambaleaba, y bajó la cabeza, con la vista fija en un punto del suelo.
—¿Tú también piensas eso?
A Seung-hyeok no le gustó esa actitud extrañamente dócil, tan distinta de su forma habitual de responder. Apretando la mandíbula, habló en voz baja:
—Si estás borracho, vete a casa a dormir.
Lee-hyun volvió a esbozar esa sonrisa irritante y se secó los ojos secos con la mano. Después, pasó junto a Seung-hyeok y salió del baño con paso vacilante.
Observando su figura inestable a través del espejo, Seung-hyeok apretó los puños con fuerza.
Tuvo la extraña sensación de que si lo tocaba, Lee-hyun podría desaparecer en cualquier momento. En ese instante, lo único que pudo hacer Seung-hyeok fue quedarse ahí parado, viendo cómo la puerta se cerraba detrás de él.
Continúa en el volumen 2
