Park Jonghoon bajó del taxi. El conductor hizo lo mismo, abrió el maletero y sacó su equipaje de mano.
Arrastrando la maleta, caminó con lentitud hacia la entrada del edificio. Su cuerpo estaba exhausto y sus piernas se sentían tan pesadas como el acero.
Mientras pasaba junto a la entrada, mirando distraído el pavimento, se detuvo en seco al percatarse de una silueta oscura que le bloqueaba el paso. Su maleta también se detuvo a su lado.
Park Jonghoon alzó la vista y se encogió. De pie frente a él, con el rostro inexpresivo, se encontraba Hyun Woojin.
No existían pruebas concretas, tan solo sospechas, y aun así todos los que lo conocían estaban convencidos de que aquello era obra de Woojin.
Si alguien era capaz de semejantes actos, ese era Hyun Woojin.
Tildar aquello de mera coincidencia resultaba absurdo si se tomaba en cuenta la cantidad de fallecidos y desdichas que lo rodeaban. El semblante inexpresivo de Woojin contemplaba a Park Jonghoon con una mirada fría y autoritaria.
—¿Qué... ocurre?
—Me enteré de que fue mi profesor en la secundaria.
—...
Park Jonghoon tragó saliva de manera involuntaria. Solo después de hacerlo notó cómo su nuez se movía de forma evidente, pero ya era tarde; Woojin ya se había percatado.
—¿Qué ha dicho?
Inquirió Woojin.
Park Jonghoon, sin comprender por qué Woojin aparecía de la nada sin acusaciones concretas y limitándose a exigir respuestas, parpadeó aterrorizado.
Tras más de doce horas de vuelo, se encontraba completamente agotado y sin haber dormido bien; su condición era un desastre.
Park Jonghoon devolvió la pregunta con el rostro reflejando su desconcierto.
—¿A qué... se refiere?
—¿Qué cosa le contó a Haewon?
—...
—Él se reunió con usted e profesor Park Jonghoon la noche antes de marcharse a Europa, ¿verdad?
Su tono era acusatorio, y sostenerle la mirada equivalía a recibir un golpe físico.
Park Jonghoon rememoró la profesión de Woojin. Su trabajo consistía en extraer la verdad a base de interrogatorios, cimentados sobre un trasfondo de sospecha.
Tomando aire con profundidad, Park Jonghoon habló despacio.
—No entiendo a qué se refiere. Me reuní con Haewon porque quería que participara en el próximo concierto; por eso le pedí vernos. Como sabe, debía marcharme a un seminario y necesitaba asegurar a los intérpretes de antemano...
Era un músico y un profesor, no alguien versado en la guerra psicológica ni en el arte de mentir. Woojin, en cambio, lidiaba a diario con personas que le mentían de frente.
Era capaz de distinguir la verdad de la mentira con solo observar el movimiento de los ojos. A eso se sumaba su aguda capacidad de observación, que imprimía aún más presión a sus interrogatorios.
—No soy tan ingenuo como para creer eso, y usted lo sabe.
Evitando sostenerle la mirada, Park Jonghoon balbuceó:
—...No comprendo por qué hace esto. Ahora me marcho.
—¿Qué le dijo a Haewon?
Intentando escabullirse, Park Jonghoon giró para irse, pero Woojin le cortó el paso de nuevo. Esta vez sus ojos destellaban una amenaza evidente, sin intención de dejarlo marchar con facilidad. Las profundas sombras proyectadas sobre el rostro de Woojin hicieron que Park Jonghoon se mordiera la mejilla en señal de angustia.
A través de rumores y encuentros fugaces, Woojin había sido un alumno de posturas firmes y aparentaba una gran madurez durante sus años escolares.
Sin embargo, en su adolescencia no lograba disimular su verdadera naturaleza tan bien como ahora. A veces la revelaba con demasiada prisa. Aquel Woojin adolescente, incapaz de ocultar su hostilidad y su ferocidad, se mostraba ahora sin tapujos.
Park Jonghoon lo miró desconcertado.
—¿Qué está pasando?
—Debería saberlo mejor que nadie.
—Se lo pregunto porque no lo sé ¿Le ocurre algo a Haewon?
—No sienta curiosidad por eso; limítese a contarme qué dijo aquel día. No disponemos de mucho tiempo.
Woojin consultó su reloj. No había rastro de urgencia aparente, y aun así Park Jonghoon sintió una profunda prisa. No obstante, no era tan tonto como para revelar la verdad.
—Ya se lo he dicho. Me reuní con Haewon para proponerle tocar en el concierto. Si no podía, pensaba reclutar a mi alumno en París durante el viaje. Por eso tuve que verle la noche previa a mi partida. Si eso le pareció desagradable... le pido disculpas.
—Profesor Park Jonghoon.
—Sí.
—¿Qué le dijo a Haewon?
—...Le pregunté por su disposición para actuar, de verdad...
—¿Qué dijo? ¿Qué era tan importante como para tener que ver a Moon Haewon a altas horas de la noche?
—Es la verdad. No dije nada más...
Se sentía acorralado, obligado a declarar. Park Jonghoon notó cómo el pecho se le oprimía. Padecía un trastorno de pánico. Con solo pensar en su estado, la sensación de asfixia comenzó a envolverlo.
—¿Que no dijo nada más? ¿A qué clase de «nada más» se refiere?
—...
—Estudié en el mismo instituto, así que debe de haber oído hablar mucho de mí.
—...Está malinterpretando las cosas. Por favor, apártese.
—No agrave las cosas. Deshacerme de usted no me supondría gran problema.
—¿Por qué hace esto? ¡Agh!
Al intentar zafarse, giró el cuerpo con brusquedad, pero una fuerza descomunal lo empujó de repente. Su espalda impactó contra la pared. Woojin lo acorraló, presionando su pecho con el codo y cortándole el suministro de aire.
El codo firme ejercía tanta presión sobre sus costillas que temió que se fracturaran. La otra mano de Woojin empujaba el codo hacia abajo, intensificando la fuerza. Park Jonghoon boqueaba en busca de oxígeno.
—Ugh, hah... Por favor, sufro de trastorno de pánico, ugh...
—¿Qué fue lo que dijo?
—¿Eh?... ugh.
—¿Qué fue lo que dijo?
Su rostro emergió de las sombras. La mente de Park Jonghoon se nubló. El oxígeno escaseaba, dificultando la respiración. Respiraba desesperado. El semblante de Woojin, ahora ensombrecido, semejaba el de un ángel de la parca venido a cobrar su alma.
—¿Acaso comentó que maté a alguien?
—No, no, ugh, sollozo...
—Entonces ¿dijo que alguien murió por mi culpa?
—...¡Sí! ¡Ugh, sí, ugh...!
Woojin apartó de golpe el codo con el que había estado machacando el pecho de Park Jonghoon.
Se enderezó y sacudió su chaqueta desaliñada. Park Jonghoon, encorvado, se apoyaba en las rodillas mientras jadeaba y se frotaba el pecho, sintiendo cada hueso y cada músculo dolorido. Su rostro estaba pálido, empapado en sudor frío, y las secuelas del pánico le impedían sostenerse en pie. Se derrumbó en el suelo, temblando de forma incontrolable.
Woojin lo miró desde arriba con una expresión que parecía exhalar olor a hierro.
—Bueno, en aquella época sucedieron bastantes incidentes siniestros a mi alrededor. La gente de verdad moría.
—¡Ugh... ugh, una... una ambulancia, por favor...!
Park Jonghoon, sufriendo posiblemente un infarto, se desplomó de costado contra la oscuridad. Su rostro golpeó el suelo. Con la mejilla apoyada en la fría piedra, alzó los ojos hacia Woojin. Sorprendentemente, el rostro de Woojin no reflejaba emoción alguna, casi como si reprimiera algo a la fuerza.
Woojin se arrodilló, colocó la mano sobre el pecho de Park Jonghoon y percibió sus espasmos. Lo estiró boca arriba, acomodó su cabeza debidamente y sacó el teléfono para pedir una ambulancia.
—Alguien se ha desplomado. Parece un infarto. Envíen una ambulancia enseguida. La ubicación es...
Informó los datos con absoluta calma y colgó. A continuación, dio golpecitos en el pecho de Park Jonghoon con los dedos, imitando la velocidad y el ritmo de la reanimación cardiopulmonar.
—¿Por qué murieron esos chicos?
—Ugh... ugh...
—Murieron porque, al igual que usted, no conocían su lugar y se pasaron de la raya ¿Entiende?
De haber llegado un minuto tarde, Park Jonghoon habría fallecido a causa de una crisis en el frío suelo de cemento. Pero los tiempos habían cambiado; ahora todo era más veloz. Las ambulancias acudían rápido, al igual que las respuestas. Woojin observó cómo el vehículo sanitario se alejaba con Park Jonghoon rumbo a urgencias del hospital más cercano antes de caminar hacia su coche.
Haewon no habría reaccionado ante comentarios tan banales.
Woojin conocía bien la personalidad de Haewon. Se habría burlado de ello. Tal vez hasta le habría parecido divertido. De ser así, se habría colgado de su cuello y preguntado con una sonrisa radiante:
—«Hyung, ¿alguna vez has matado a alguien?»
Haewon era demasiado honesto y poseía una inocencia que le impedía sospechar de los demás. No se habría aliado con los chismes de alguien a quien apenas conocía. Una nimiedad semejante jamás lograría tambalearlo.
Una nimiedad así no lo conseguiría.
Woojin condujo a toda velocidad hacia el aeropuerto de Incheon. La charla con Park Jonghoon se había prolongado más de lo previsto, lo que probablemente le harían perder la hora de salida de Seo Okhwa. Aceleró de forma temeraria para alcanzar la puerta de embarque. Mostró su identificación para acceder a la sala VIP de primera clase donde aguardaba Seo Okhwa.
Un vuelo procedente de Incheon estaba cargando equipaje con destino al aeropuerto JFK de Nueva York para la tarde siguiente. Woojin enseñó su carné al personal argumentando que se trataba de un asunto oficial.
Entró en el salón sin mayores inconvenientes. Seo Okhwa estaba allí, con gafas de sol, sentada con calma y las piernas cruzadas mientras leía un libro. Al escuchar pasos, levantó la vista.
—Vaya ¿Woojin? Creí que no llegarías.
—Claro que tenía que venir a despedirla.
—Si de todos modos regresarás en poco tiempo, no hacía falta. Con lo ocupado que estás. Siéntate aquí. Gerente Kang, tráigale algo de beber al señor Hyun.
—No, gracias.
Ante la negativa de Woojin, el gerente Kang, que permanecía sentado a cierta distancia, hizo el amago de levantarse, pero Seo Okhwa le indicó con un gesto que volviera a sentarse. El gerente Kang, secretario personal de Seo Okhwa, saludó a Woojin con una inclinación de cabeza.
—¿Cómo lograste entrar a la sala?
—Existen prerrogativas oficiales para ocasiones así.
El comentario de Woojin, a medio camino entre la broma y la seriedad, arrancó una carcajada a Seo Okhwa.
—La próxima vez trae a Soyoung. Anda un poco descentrada. Ver a su padre en prisión preventiva debe ser durísimo para ella.
—Sí...
—El avión despegará en unos diez minutos.
Seo Okhwa recogió el libro que tenía sobre el regazo. Woojin se volvió hacia ella.
—Disculpe, señora.
—¿Sí?
—¿Conoce usted... a Moon Haewon?
—A Haewon, ¿por qué lo preguntas?
—Bueno, quería traerlo conmigo, pero surgieron imprevistos. Haewon me pidió que le deseara un buen viaje de su parte.
Woojin examinó fijamente a Seo Okhwa.
—Últimamente anda extraño. ¿O acaso siempre lo ha sido? ¡Si hace nada vino a nuestra casa a despedirse, y ahora pretendía venir a despedirte conmigo!
—...¿Lo viste en casa? Tenía entendido que se habían visto en Jeju.
—Vino a nuestra casa en Hannam-dong. Almorzamos juntos y charlamos de varias cosas.
—...
—Es muy extraño... Cuando veo a Haewon, me acuerdo de nuestra Hayoung. Aunque su físico y su forma de hablar sean distintos. Todos los demás se empeñan en guardar formalidades conmigo, pero él me habla con naturalidad, lo que me hace sentir cómoda. Es un muchacho encantador. Y muy mono también.
Seo Okhwa hablaba sin reparar en los sentimientos de Woojin. Este exhaló un suspiro tenue, pasando los dedos por su cabello para luego aferrarse de la nuca.
—¿Puedo preguntarle... qué le habrá dicho a Haewon?
—Ah... ¿te lo contó Haewon?
Reaccionó de inmediato ante la pregunta vaga. Woojin, conteniendo su impaciencia, inquirió:
—¿De qué... clase de charla hablaron?
—Sobre Soyoung y el señor Hyun. Le dije que fingiría no saber nada hasta que tú lo sacaras a relucir. ¿Acaso fue a verte para averiguarlo? ¿Dije algo que pareciera darle luz verde?
—...Ah.
Woojin agachó la cabeza, cubriéndose la frente con la mano mientras se deslizaba por su rostro.
—Señora, es hora de embarcar.
El gerente Kang se acercó recogiendo el bolso y el libro de Seo Okhwa. Woojin y ella se pusieron en pie.
La acompañó hasta la entrada del salón. El gerente Kang caminaba al frente y Seo Okhwa se giró para mirar a Woojin mientras avanzaban.
—No pienses más en Hayoung... Ya no cargues con ese peso. Prácticamente eres de la familia. Siempre te lo agradezco. Conoces mis sentimientos, ¿verdad?
—...Gracias.
—Me voy. Cuídate mientras no esté. Vigila también a mi esposo.
—No se preocupe.
Woojin se inclinó ante ella. Al enderezarse, la silueta de Seo Okhwa ya se distinguía a lo lejos. Se cubrió el rostro con ambas manos y se frotó con rudeza.
—Mierda... maldita bruja.
Una voz desprovista de alma masculló insultos en voz baja.
Todo aquello que creía férreamente reprimido, cimentado para soportar cualquier embate físico, se desmoronaba de forma patética. Los impulsos viscerales que tanto tiempo llevaba sofocando estallaban con violencia en su interior. Woojin se tiró del cabello como si quisiera arrancárselo, lo soltó y comenzó a marchar a zancadas.
Desde Seongbuk-gu hasta Incheon, y de Incheon a Yangpyeong, su coche voló sobre el asfalto ignorando semáforos y límites de velocidad. Al llegar a Yangpyeong, aparcó de golpe y apagó el motor. En cuanto cesó el ruido mecánico, el entorno quedó envuelto en un silencio sepulcral, como si el oxígeno hubiera sido succionado.
Abrió la guantera, extrajo una cajita, deshizo el lazo impecable y la abrió. Dos alianzas reposaban sobre el terciopelo.
—...
Contempló los anillos durante un buen rato y luego, dejando la tapa abierta, arrojó la caja de nuevo a la guantera y salió del coche. Las escaleras que conducían al búnker estaban oscuras, acentuando la atmósfera tétrica.
Abrió la puerta provista de férreos cerrojos y descendió varios niveles bajo tierra. En una estancia amueblada como una suite de hotel, el secretario Choi, que refunfuñaba, giró la cabeza de golpe ante el ruido de pasos, bajando la mirada de inmediato al advertir la presencia de Woojin.
Un hombre, atado de muñecas y tobillos con bridas de plástico, colgaba de un poste con la cabeza gacha. Woojin se quitó la chaqueta, la arrojó a cualquier rincón del sofá y se aproximó al sujeto.
—Te han descubierto, ¿verdad?
—Ugh... no, de verdad que no.
—La empleada doméstica asegura que llegó a casa sobre las dos de la tarde, así que ¿cómo pretendes hacerme creer que Moon Haewon estaba en la orquesta a esa hora?
—Yo... de verdad creí que estaba allí, pensé...
—¿No sería mejor admitir que te han pillado?
—...
—¿Qué clase de trabajo es este? ¿Qué significa Moon Haewon para ti, qué es?
—Lo siento. Fiscal, lo siento.
—Él es solo... solo un violinista, nada más. ¿Cómo se supone que un profesional como tú le pierde la pista? ¿No te parece aún más extraño?
Woojin era incapaz de entenderlo. Se esforzaba al máximo por comprenderlo, pero esa incomprensión lo empujaba al borde de la locura. Con un gesto frenético y demencial, se pasó las manos por el cabello.
—Lo siento. Perdóneme, por favor. Ugh...
El secretario Choi, exboxeador aficionado, ya se había encargado de golpearlo lo suficiente como para que el más mínimo movimiento le provocara un dolor atroz. El rostro del hombre se contrajo en una mueca de agonía.
Saliva mezclada con sangre goteaba y salpicaba el suelo. El secretario Choi acercó una manguera y limpió los rastros de sangre, dejando pulcra la zona del desagüe.
Woojin se aflojó la corbata y desabrochó los botones que le ahogaban el cuello de la camisa. Su respiración se aceleró y los impulsos que intentaba reprimir afloraron con fuerza. Sintió la necesidad de destrozar algo para aplacar aquella angustia y zozobra, pero al saber que aquello era irracional, intentó pensar con lucidez. Habló con voz calmada.
—Dime la verdad. Estoy uniendo las piezas, así que procura que tenga sentido.
—...—
—Solo así podré entender por qué Moon Haewon se esfumó frente a mí.
Con mano firme y descontrolada, Woojin agarró al hombre por los cabellos mojados, tirando de su cabeza hacia atrás hasta hacer crujir su cuello. El desprecio y una fría flama azul destellaban en sus ojos al observarlo desde arriba.
—Te han descubierto ¿no? ¿Moon Haewon lo sabe todo?
—No, no, en serio que no. Creí que estaba en la orquesta. No comprobarlo... fue mi error. Por favor, créame.
El hombre tenía la barbilla alzada y sus movimientos eran rígidos mientras intentaba negar con la cabeza, pero lo sostenían del pelo con tanta fuerza que apenas podía moverse.
—¿Acaso no me conoces? Aquí no pienso dejarte marchar fácilmente. Este lugar está rodeado de montes donde se puede enterrar cualquier cosa sin que nadie se entere ¿De verdad crees que te dejaré ir solo porque dices que no?
—¡Fiscal...! ¡Por favor, créame!
—Quiero creerte, pero no puedo. Las cuentas no salen. Así que haz que resulte creíble. Moon Haewon no es de los que acuden a Seo Okhwa por un par de comentarios del tal Park Jonghoon. Tuvo que haber algo antes. Y ese algo eres tú. Te han descubierto ¿A que sí?
Cada inflexión en la voz de Woojin imprimía más fuerza a su agarre en los cabellos del hombre, tensando su nuca al límite. Su rostro enrojeció como si lo estrangularan. El lamento agónico de alguien resonó por las paredes del búnker.
Woojin soltó el cabello del sujeto y dio un paso atrás, haciendo una seña al secretario Choi, que aguardaba con la manguera en la mano.
Sin adoptar postura alguna, el secretario Choi se adelantó y le propinó una ráfaga de puñetazos en el abdomen y el tórax. ¡Sordo, sordo!, al ruido de los golpes secos y contundentes le seguían gemidos que sonaban como si le exprimieran la vida.
Sabiendo que aquello formaba parte de un guion preestablecido, el hombre apretó los dientes. Si confesaba haber sido descubierto, sabía mejor que nadie que acabaría enterrado en aquellas colinas colindantes. Su lucha por sobrevivir se transformó en quejidos ahogados entre dientes.
—Sunbae, ¿qué te pasa? No respondes a las llamadas. ¿Tienes idea de cuánto te ha estado buscando el fiscal jefe?
Al divisar a Jung Homyung corriendo hacia él, Woojin lo apartó de un empujón, abrió la puerta del despacho con violencia y se la cerró en las narices de un portazo.
Sacó el teléfono para llamar al comisario, pero se quedó contemplando la pantalla sin marcar, clavando en ella una mirada amenazante.
El jefe de departamento Hwang dijo algo, pero Woojin ni lo miró ni pareció oírlo; se metió en su despacho privado y echó el cierre.
Woojin se desplomó en la silla frente al escritorio.
—...Haah.
Su mente se quedó en blanco, incapaz de recordar cómo respirar o caminar, como si todos los cimientos que había construido con tanto esmero en su interior se desgastaron y consumieron por completo.
Aquel día, Woojin había visitado una joyería famosa en busca de alianzas de compromiso.
Había medido en secreto el tamaño del dedo de Haewon mientras este dormía. Siguiendo las recomendaciones del dependiente de la tienda, compró un juego de anillos de pareja costoso que dejaría a Haewon sin palabras.
Aunque sabía que un anillo así no poseía un poder vinculante real, Woojin de todos modos deseaba colocárselo en el dedo a Haewon.
No tenía efectos legales, no servía como prueba de propiedad y podía quitarse en cualquier momento, pero aun así quería que el anillo que él mismo pusiera en los dedos ejecutores de Haewon brillara de un modo distinto cada vez que este interpretara una pieza.
Deseaba hacer suyo a Moon Haewon, consumar su posesión. Aquellos actos sin sentido le resultaban placenteros y divertidos. Jugueteando con el estuche del anillo, Woojin se sentía excitado ante la anticipación del momento.
Lleno de expectativas, regresó temprano a casa.
El ama de llaves filipina ya se había marchado por el día. Llegaba cuando Woojin salía a trabajar y por lo general se retiraba antes de que Haewon volviera a casa, alrededor de las 5 p. m.
Le había advertido que no se cruzara con Haewon ni escuchara sus interpretaciones, por lo que su horario se había vuelto tan preciso como un reloj.
Mientras aguardaba a Haewon, que no aparecía, Woojin revisó los mensajes del hombre. El informe decía que Haewon había dejado la orquesta para ir a jugar al tenis. Por lo general, tras las clases de tenis, sobre las 7 p. m., Haewon solía regresar a casa.
Pasadas las 8 p. m., aún no había vuelto. Woojin llamó a Haewon.
El número estaba fuera de servicio.
Pensó que tal vez se había equivocado al marcar. Era sin duda el número de Haewon, pero aun tras llamar dos, tres veces, seguía fuera de servicio. Se puso en contacto con el hombre. Este titubeó y esquivó la respuesta. Woojin presintió que algo andaba mal.
Llamó al ama de llaves. Ella le dijo que Haewon se veía muy desmejorado. Había llegado a casa sobre las 2 p. m. y no se había movido de su habitación.
Woojin revisó el circuito cerrado de televisión. Tal como el ama de llaves había mencionado, había regresado hacia las 2 p. m. Poco después de que ella se marchara, Haewon salió del ático con el violín al hombro. No sacó su coche del aparcamiento.
Desapareció de las cámaras al caminar por la vía principal frente al edificio de uso mixto. Y eso fue todo.
Había transcurrido más de una semana desde la desaparición de Haewon.
Por mucho que lo torturaran, el hombre insistía en que no sabía nada. Parecía comprender que decir la verdad lo llevaría a ser enterrado en algún paraje cercano.
El número de teléfono de Haewon estaba desconectado desde el último lugar donde fue visto.
—...
No había regresado a la casa de su familia ni a su estudio.
No había rastro de Haewon en ninguna parte. Por mucho que Woojin lo buscaba, era imposible dar con él. A Woojin, quien siempre se había considerado un hombre paciente, la ausencia de Haewon le ponía la paciencia a prueba hasta límites insospechados cada día que pasaba.
Sentía el impulso de eliminar a todos aquellos que lo habían llevado a perder el control en torno a Haewon —la madre descuidada, la atolondrada Soyoung, la inoportuna Seo Okhwa—; si hubiera sido posible, los habría borrado a todos de la existencia.
Tras escuchar de boca de Seo Okhwa, quien regresaba a Nueva York, hasta qué punto se había enterado Haewon, Woojin tuvo que presenciar cómo todo lo que había construido con tanto recelo se derrumbaba en un solo día.
Cuando Hayoung se suicidó, sus planes se alteraron, pero se limitó a reajustar su estrategia sin sufrir daños significativos. Su muerte no le provocó sensación de derrota porque no había de por medio un objetivo específico. Moon Haewon no servía para nada, solo entorpecía sus planes, le impedía trabajar, lo incitaba a volver antes a casa, lo obligaba a ver dramas extraños, a beber un vino que no le gustaba e incluso le cohibía de mantener relaciones sexuales rudas a su gusto.
Woojin había tenido que soportar con paciencia superior aquellos días en los que deseaba empotrar su miembro en lo hondo de la pequeña boca de Haewon hasta arrancarle suspiros de ahogo. Había aguantado demasiado cuando no era necesario. Había sido demasiado considerado.
Ahora, mantener una relación amistosa resultaba ventajoso, y Woojin estaba contemplando deshacerse de Lee Seokjung, uno de sus activos más valiosos dentro de su red, simplemente por haber prestado demasiada atención a Haewon.
Woojin estaba recrudeciendo la situación. Aún no sabía quién estaba detrás de todo aquello, pero pronto descubriría quién se atrevía a sacudir a K1. Estaba cometiendo un acto innecesario, incluso peligroso, por culpa de Haewon. Por eso mismo.
Haewon no era un objetivo, y poseerlo no le reportaba ningún beneficio. Y sin embargo, de repente, se había esfumado.
Woojin trataba de racionalizar su pánico ideando diversas hipótesis y adosando toda clase de justificaciones.
No había otro motivo. Simplemente, alguien que ni siquiera figuraba como objetivo había desaparecido de pronto, dejándolo sin planes alternativos.
Haewon se había mostrado implacable con el asunto de Soyoung. Incluso habría considerado la ruptura. No, habría dado la ruptura por sentada. Aquello no era algo que se pudiera tolerar.
Las habladurías de Park Jonghoon, el marcaje a través del hombre y Seo Okhwa —quien ni siquiera conocía la verdad— debieron de avivar el fuego con el problema de Soyoung.
Woojin sabía que lo habían abandonado. Comprendía de forma intelectual que aquella era la manera que tenía Haewon de despedirse y notificarle el final, pero tanto su mente como su cuerpo se negaban a aceptar tal separación.
Woojin iba comprendiendo que incluso la fuerza de voluntad podía desgastarse, del mismo modo en que Haewon había desaparecido.
Toc, toc. Ante el sonido de los nudillos contra la madera, levantó la cabeza que llevaba gacha. La persona que abrió la puerta con cautela fue el jefe de departamento Hwang.
—...Fiscal, ¿está ocupado?
Se le veía profundamente agotado.
—¿Qué ocurre?
—El fiscal jefe lo reclama en su despacho... lleva un buen rato exigiendo que vaya de inmediato.
—...
—Fiscal.
Era el tono que uno emplearía para engatusar a un niño desobediente. Woojin se puso en pie. Cuando se disponía a marchar, el jefe de departamento Hwang lo agarró rápidamente del brazo.
—¿Por qué?
—Cámbiese de ropa antes de ir. Tiene camisas de repuesto, ¿verdad? Y póngase corbata.
—...
Woojin se miró entonces a sí mismo. Al parecer, se había dejado la chaqueta en Yangpyeong y ni rastro de la corbata. Llevaba la camisa desabrochada varios botones por debajo de las clavículas, lo que le confería un aspecto desaliñado.
Se cambió por una camisa de repuesto que guardaba en el despacho. No se había afeitado esa mañana, y su mano rozó la barba de pocos días al pasarse por la cara. Con la mirada del jefe de departamento Hwang fija en él cual perro detector de explosivos, Woojin cogió la maquinilla de afeitar que reservaba para las noches largas y se encaminó al baño.
Se afeitó con esmero. Ataviado con la corbata y la chaqueta prestadas por el jefe de departamento Hwang, llamó a la puerta del despacho del fiscal jefe. La secretaria se levantó al verlo.
—¿Está el fiscal jefe?
—Lo está esperando.
Woojin cruzó ante el escritorio de la secretaria y golpeó la puerta del despacho. Escuchó la orden de pasar. Al entrar, vio al jefe de Gabinete sentado en el sofá de la zona de visitas, lo que le hizo arquear una ceja. Apartó la vista de inmediato, fingiendo ignorancia, y dirigió la mirada al fiscal jefe.
La taza de té sobre la mesa estaba completamente seca, sin rastro de humedad, lo que indicaba que llevaban esperando un buen rato.
—Me dijeron que me buscaba.
—¿Dónde has metido el teléfono, Hyun? ¿Por qué no respondías?
—Mis disculpas. Tuve asuntos urgentes que atender y no pude contestar.
—¿Más urgentes que yo?
—...En ciertos casos, sí, hay cosas más apremiantes que eso.
—Ja, miren a este. Siéntese. Salude al jefe de Gabinete. Lo habrá visto en televisión, ¿no?
Woojin saludó al jefe de Gabinete.
Había aguantado demasiado. Al parecer, la paciencia del jefe de Gabinete se había agotado exactamente igual que la de Woojin. La única persona capaz de mantener a raya a Woojin, a su juicio, era al parecer el fiscal jefe.
Woojin suspiró por dentro, incrédulo. Al cruzarse sus miradas, el jefe de Gabinete frunció el ceño. Su expresión contenía una queja silenciosa, recriminándole por qué no obtenía lo que quería a pesar de haber hecho todo lo que le pidieron.
—Hola, soy Hyun Woojin, de la Tercera Unidad de Investigación Especial.
—Así que usted es el famoso fiscal Hyun Woojin. He oído hablar mucho de usted.
¿Qué tenía aquello de famoso? Hoy, la palabra «famoso» repetida desde todos los frentes le estaba poniendo los nervios de punta.
Sin mostrar emoción alguna, inclinó la cabeza a modo de saludo y el jefe de Gabinete se puso de pie para estrecharle la mano. Woojin la aceptó con gesto inexpresivo.
Exhausto hasta el hastío, aquellas apariciones repentinas y molestias no solo le resultaban irritantes o agotadoras; le daban ganas de aplastarlo todo. Se tragó sus emociones para evitar incurrir en actos irracionales.
—¿Nuestro fiscal Hyun goza de fama incluso en los círculos de ustedes?
—¿Acaso Yeouido está loco? ¿Iban a fichar a un fiscal que les ha cortado el cuello? No son masoquistas.
Él, que pronto daría el salto a Yeouido, descartó la idea como algo impensable. El fiscal jefe esbozó una sonrisa sardónica, satisfecho con la respuesta.
—El jefe de Gabinete tiene algo que pedirle al fiscal Hyun.
—¿El qué?
Woojin los miró con expresión torcida, dudando de sus propios oídos. El fiscal jefe parpadeó, extrañado ante la reacción tan poco disimulada de Woojin.
—El jefe de Gabinete ha venido en persona porque parece que el fiscal Hyun está demasiado ocupado para acudir a su llamada.
—¿Qué clase de desplante es ese de ignorar las llamadas de la Casa Azul? ¿Tan ocupado estás? ¿Hasta qué punto se puede estar ocupado?
—...
Pensando que el motivo por el cual la Casa Azul requería su presencia giraba en torno a la negociación de la condena del director ejecutivo Kim Jeonggeun, el fiscal jefe reprendió a Woojin con gesto torcido.
—En fin, si ya han terminado de hablar, señor jefe de Gabinete, por favor continúen la charla en mi despacho.
—Gracias por el té. Me retiro.
El jefe de Gabinete se puso en pie, dedicó un saludo leve al fiscal jefe y abandonó el despacho el primero. Woojin también hizo una reverencia en silencio y dio media vuelta.
Mientras el jefe de Gabinete atravesaba el pasillo de la Fiscalía del Distrito Central, fiscales y empleados públicos lo miraban de reojo.
—Vámonos. Ya no está aquí.
—Me enteré de que estabas en la cuerda floja por culpa del director ejecutivo Kim Jeonggeun. Y era verdad. ¿Qué sentido tenía actuar de ese modo?
—Recuerdo haberle dicho que estaba cumpliendo con mi trabajo. Si tanto le molesta, almorcemos luego. Se lo traeré, ya sea el original o una copia, aunque desconozco qué relevancia pueda tener.
—Acuérdese de que aquí abunda la gente dispuesta a cortarle la cabeza. Estaré esperando su llamada.
El jefe de Gabinete hizo una seña a su ayudante, que aguardaba cerca. Subieron al ascensor del pasillo y desaparecieron. Woojin permaneció plantado como si tuviera raíces en el suelo durante un buen rato antes de darse la vuelta.
—En el vídeo prometió una rentabilidad mínima del 30%, ¿verdad? Un acto así constituye un engaño.
—Mis conocidos duplicaron con creces su inversión. Es un hecho, ¿por qué insisten en llamarlo fraude?
El conocido profesor estrella de bienes raíces, especializado en inversiones al alza, hablaba con tono de agraviado.
Los inversores que no habían podido recuperar su dinero lo habían demandado. El jefe de departamento Hwang entró y entregó a Woojin unas copias de los contratos dobles. Woojin extendió los contratos secundarios sobre el escritorio, apoyando el mentón en la mano, y se puso a leer con aire fatigado.
El trabajo no calaba en su mente. Sabía que debía trabajar, pero todo le resultaba odioso y extenuante. Alzó los ojos hacia el timador de poca monta.
—Esto no es algo que se pueda negar a base de insistir. Aquí hay un contrato secundario clarísimo ¿y aún pretende negarlo?
—Pero si ganan dinero, deja de ser fraude, ¿no?
—¿Y cuándo se quedan sin fondos traen a nuevos inversores con rentabilidad garantizada? ¿Qué pasa cuando el esquema Ponzi colapsa?
—Pues nos tocará captar más inversores. Seguir reclutando gente, usar ese dinero para aparentar beneficios y seguir captando.
—...
Haciendo caso omiso a sus balbuceos, Woojin se masajearía las sienes. Llamó al jefe de departamento Hwang.
—Lléveselo, tómeme declaración y evalúe si caben cargos adicionales para ampliar la investigación.
—¿Qué? No ¿Cómo que más investigación? Todavía no he terminado de declarar.
—Él lo escuchará. Vayan afuera a hablar.
Como le daba pereza, Woojin empujó todos los documentos de su mesa hacia el jefe de departamento Hwang, quien cogió el expediente que le tendía y condujo al desconcertado sospechoso fuera del despacho.
Dejándose caer hacia atrás en el sillón, Woojin dejó colgar la cabeza. Una mueca de burla se dibujó en sus labios mientras contemplaba el exterior a través de la ventana en silencio.
—...
Eso significa que quiere romper.
Ya no quiere verme, quiere evitar coincidir conmigo.
Está diciendo que pretende desaparecer de mi vista porque no me soporta.
Moon Haewon me ha abandonado. Moon Haewon me ha dejado. Haewon se ha deshecho de mí.
Fue una humillación equivalente a ser desnudado en medio de una multitud. Haewon lo había malinterpretado basándose únicamente en las palabras de Park Jonghoon.
Tal como afirmaban, Woojin no era un anórmal, ni los había matado. Su única culpa consistía en haber permitido que tales sucesos ocurrieran. Las polillas, buscando su propia muerte al precipitarse hacia ella, tomaban siempre su propia elección. Woojin no cargaba con responsabilidad alguna. No tenía nada que ver con él.
Y, sin embargo, Haewon pudo haber dado crédito a las palabras de Park Jonghoon. Pudo haber pensado que Woojin era «extraño» debido a que Park Jonghoon rememoraba sucesos del pasado con tanta viveza como si hubieran ocurrido ayer mismo.
Ahí radicaba el epicentro de su desconcierto. Temía que Haewon lo viese como un ser anormal, que lo juzgara de esa manera, que lo considerara un lunático.
Quizá Haewon no se marchó, porque no soportara ver a Woojin, sino porque estaba aterrorizado y huyó...
No se equivocaba. No era un ser anormal. Pero el solo pensamiento de que Haewon lo considerara así lo hacía hervir en una cólera tan impotente como inútil.
Tomó la resolución de no volver a obsesionarse con Haewon. Para él constituía una fortuna que un ser tan inútil se hubiera marchado. Malo había sido desde el principio pretender poseer algo que no le reportaría ganancia alguna.
Ahora todo había terminado.
Se acabó.
Asumiendo la ruptura con más facilidad de la que preveía, cerró los ojos, apartando de su mente el rostro que acudía de manera impertinente a su memoria.
∞ ∞ ∞
La cena con su madre era como una reunión habitual.
Al llegar a la casa de su familia, Woojin salió del coche y miró la casa unifamiliar iluminada. Quería decir que estaba cansado y volver a casa, pero si se saltaba la cena, su madre lo encontraría extraño y lo miraría con recelo.
Caminó pesadamente por el jardín y entró en la casa.
La mesa estaba puesta con todas las comidas favoritas de Woojin. Su padre, como si fuera una señal, estaba ausente los días que venía a cenar.
Quizás su padre sabía más de él que su madre. Su madre no podía renunciar a la humanidad de Woojin porque era su madre, mientras que su padre, habiendo comprendido la verdadera naturaleza de Woojin, sabía que era una amenaza y optó por ignorarlo.
Salvo en ocasiones especiales familiares, no tenía oportunidad de ver a su padre. En los días conmemorativos o festivos de sus abuelos, Woojin no asistía alegando su apretada agenda. Excepto por un breve encuentro en la boda de su hermano hace unos años, Woojin no había visto a su padre en mucho tiempo.
Tras el incidente que Park Jonghoon le contó a Haewon, su padre lo trató como a un demonio nacido del pecado. Él odiaba a su padre por tratarlo como a un monstruo, y su padre le devolvía el odio. Padre e hijo se detestaban mutuamente, pero el odio era mucho más intenso de parte del padre. Era una hermosa familia.
"Tu padre tiene una cita hoy."
"Qué original. ¿Cuándo estuvo él en casa?"
"..."
Su madre volvió a poner excusas por la ausencia de su padre.
Woojin se sentó a la mesa sin siquiera resoplar.
Ya no le importaba su padre. Aunque Woojin era superior a sus hermanos, no sentía la necesidad de alardear de sus logros ante un hombre que no los reconocería. Era un acto sin sentido.
Lo único era que sentía de nuevo la frialdad de esa familia, a la que creía haberse acostumbrado, a la que pensaba haber llegado a tolerar.
Al recordar el disgusto que le mostraron sus familiares, los cálidos recuerdos de estar rodeado de Haewon volvieron a su mente.
La mirada amorosa con la que miraba a Woojin, el rostro que había llorado en su abrazo, los ojos llenos de lágrimas, la sonrisa que esbozó mientras escuchaba la voz de Woojin a través de los auriculares como si fuera música, la sinceridad que decía que lo amaba más que a cien estrellas... todo eso abrumó a Woojin.
Pensando en Haewon, el malestar que siempre sentía al ir a la casa de sus padres se volvió totalmente evidente.
Woojin era amado por Haewon. Más de cien estrellas.
Tal vez incluso más que eso.
Admitió que llevaba mucho tiempo siendo adicto a ese sentimiento. Aunque en ese momentono hacía ese un clima frío, le dolían todas las articulaciones. Era como los efectos secundarios y los síntomas de abstinencia por el frío.
—Comeré bien.
Lo dijo sin sinceridad y tomó sus palillos.
—No estoy segura de si te gustará. Preparé algunos platos más, así que llévatelos después. Cómelos con Haewon. ¿Dijiste que contrataste a un ayudante todos los días para la casa?
—Haewon ya no está.
—¿Ah?
Mientras comía, respondió con indiferencia, sintiendo la mirada de su madre en su rostro. Cuando los ojos de ella parecieron taladrarle el ceño, Woojin añadió:
—Terminamos.
—...¿Qué? ¿Por qué?
Preguntó Choi Hyun-Mi sorprendida.
Había conocido a Haewon hacía poco tiempo. Haewon había defendido a Woojin, hablando de lo bien que se llevaban, de cuánto se amaban y de lo buen hombre que era Woojin frente a su madre.
Cada vez que hablaba de Woojin, sus palabras eran tan dulces que ella incluso pensó que le gustaría tenerlo como nuera a pesar de ser hombre. Era increíblemente encantador.
Aunque las relaciones hoy en día parecían tan casuales, la ruptura repentina de una pareja que se veía tan feliz era difícil de creer.
—Simplemente arreglamos las cosas.
—¿Qué? ¿Por qué? ¿Te cansaste de él? ¿Te aburriste?
Le cuestionó con incredulidad.
—Es muy difícil de tratar. No se comunica bien, no escucha a los demás y es caprichoso.
Respondió Woojin sin vacilar. Antes de que Choi Hyun-Mi pudiera añadir
«¿Terminaron por algo tan trivial?»
Él continuó:
—Es molesto. Exige mucho. Hagamos esto, hagamos aquello, vayamos allá, hagamos algo... Ja.
—...
Con un suspiro, Woojin miró a su madre con una mirada que parecía preguntar si podía imaginar lo agotador que era eso.
—Lo más importante es que no tengo tiempo debido al trabajo. Ni siquiera sabe cocinar, así que solo come cualquier cosa. Tengo que alimentarlo, cuidarlo, despertarlo para que vaya a la orquesta, y no son una ni dos cosas de las que debo preocuparme.
Había contratado a alguien para que se encargara de esas cosas porque no podía estar allí para vigilarlo las veinticuatro horas del día, los siete días de la semana. Era solo pedir ayuda prestada.
La ruptura con Haewon fue un golpe de suerte. Woojin hizo todo lo posible por minimizar a Haewon buscando cada defecto.
Por eso terminaron. No porque lo hubieran abandonado o dejado, sino porque él tenía la intención de terminar.
Así, calmó su corazón agitado.
—Solo le dije que debíamos terminar por esas razones.
Aunque él mismo no parecía darse cuenta, Woojin claramente no tenía la intención de terminar con Haewon. Debía haber algún tipo de disputa. Choi Hyunmi intentó consolar a Woojin con delicadeza.
—Todo el mundo pasa por eso. Te vas adaptando sobre la marcha ¿Pelearon?
—Haewon es seis años menor que yo. ¿Pelear? Solo recibiría mis regaños, no estamos en posición de discutir.
—Haewon es un adulto. ¿Por qué tratarlo como a un niño?
—Esencialmente, es ignorante.
—¿Qué?
—Todo lo que sabe hacer es tocar el violín y bañarse.
Cuanto más lo pensaba, más llegaba a la conclusión de que habían terminado para bien. Lo único que valía la pena mirar era su rostro. Su temperamento fuerte podía considerarse encantador, pero era agotador.
No carecía de encanto. Al principio parecía muy frío, pero una vez que se abría, mostraba todo lo que llevaba dentro.
Y no se podía decir que sus manos no fueran hermosas. Al ser tan limpias, era natural que olieran bien. Tocar a Haewon hacía que Woojin se sintiera bien. Abrazarlo le ayudaba a dormir mejor.
Antes, veía el sexo simplemente como una liberación, algo que debía manejarse adecuadamente, pero estar con Haewon lo obligó a reevaluar sus creencias sobre el sexo y la psicología evolutiva. Su relación con Haewon no se trataba de preservar la especie, y era demasiado frecuente como para ser solo para aliviar necesidades fisiológicas. Woojin se había apegado excesivamente a eso.
Incluso cuando él tenía el control, Haewon lograba remover las emociones de Woojin, que por lo demás eran casi inexistentes.
—¿Por qué pelearon? ¿Debería llamarlo?
—Por favor, no. Ya se acabó.
Woojin cortó la conversación fríamente, como diciendo que no había más discusión.
A Choi Hyunmi le dio lástima. Pensó que por fin había llegado una conexión maravillosa para hacer a Woojin más humano.
Para Woojin, podría haber sido la primera, quizás incluso la última...
Al menos, Haewon tenía esa influencia sobre Woojin. Si Woojin consideraba vivir con él, aunque dijera lo contrario, significaba que le gustaba mucho.
Con ganas de preguntar más, Choi Hyunmi se detuvo. Una ola de gran decepción la invadió.
—Así que así es. Estaba pensando en llamarlo después de verlo en la tele, pero no lo hice porque pensé que podría ser demasiado entrometido. Menos mal que no lo hice. Casi toco una herida abierta. Rompieron bien, ¿verdad? ¿Sin una gran pelea? ¿Y Haewon estuvo de acuerdo? —
Preguntó, creyendo a Woojin cuando dijo que habían arreglado las cosas.
—¿Qué?
—Terminaron en buenos términos, ¿verdad? ¿Nadie salió lastimado?
—Espera, ¿qué acabas de decir? ¿Estaba en la tele?
—¿Eh? Estaba en la tele la última vez ¿No lo sabías?
—¿Cuándo?
La mano de Woojin, que había estado comiendo, se detuvo en el aire.
—¿El viernes pasado, creo? Era algún programa cultural, salió él. Tocó y dio una entrevista con la presentadora. Se veía un poco decaído, así que pensé que algo podría haber pasado, pero no sabía que ustedes dos habían roto.
Recientemente, se había topado con la cara de Haewon por casualidad mientras cambiaba los canales de televisión. Choi Hyunmi recordaba haber dejado lo que estaba haciendo para ver el programa hasta el final con deleite.
Se veía sin energía, y su rostro lucía diferente a cuando lo vio por última vez, frío y distante, lo que la hizo preguntarse si algo andaba mal.
Parecía que poco después de terminar con Woojin, apareció en la transmisión, y su estado de ánimo turbado era evidente en su expresión.
—¿Cómo se llamaba el programa?
—¿Cómo era...? ¿Cebolla Clásica? No, Clásico alguna verdura, no, era un fruto seco. ¡Bellota Clásica! Debe haber sido eso.
Tratando de armar el título del programa que recordaba vagamente, Choi Hyunmi dijo:
«Ah».
—...¿Bellota Clásica?
—Así se llama el programa.
Al ver a Woojin pronunciar «bellota» con tanto desagrado, Choi Hyunmi no pudo evitar reírse un momento, suprimiéndolo rápidamente al ver que Woojin no se estaba dando cuenta en absoluto.
—...Sí, era Bellota.
—¿Él salió en eso?
—Salió bastante tiempo. Se veía bien ante la cámara. Podría ser un animador exitoso.
Pensar que terminó las cosas con alguien así, dejarlo por ser molesto, a Choi Hyunmi le dio lástima la elección de su hijo, a pesar de ser su hijo.
—¿No han estado en contacto desde la ruptura? Parecía que a Haewon realmente le gustabas. Debe estar pasando por mucho... ¿No puedes ser un poco más clemente?
—Ya se acabó. Ya no estaremos en contacto.
Con los ojos muy abiertos, habiendo preguntado primero, Woojin ahora dijo que dejaran de hablar de Haewon, mostrando su disgusto.
Choi Hyunmi suspiró por dentro. Aunque Haewon era un hombre, estaba agradecida y encantada de que Woojin pareciera estar en una relación normal gracias a él.
En lugar de esperar a que aparezca otra persona así, parecía más rápido que Haewon le pidiera disculpas a Woojin por lo que hubiera hecho mal. No fue por aburrimiento o hartazgo; Woojin dijo que fue porque Haewon era molesto, así que parecía haber cierta esperanza de reconciliación.
Woojin dejó su cuchara medio llena sobre la mesa.
—¿No vas a comer más?
—Tengo algo urgente que hacer, así que me voy ahora.
—Deberías terminar de comer antes de irte.
—Lo siento. Olvidé que tenía que terminar algo hoy.
Woojin se levantó apresuradamente, caminó a una velocidad que no mostraba consideración por su madre que seguía ahí, se subió a su auto y se fue sin siquiera decir adiós.
Al llegar a casa, Woojin buscó inmediatamente el control remoto. Había instalado el televisor y el sistema de audio de la más alta calidad para Haewon, a quien le encantaba escuchar grabaciones en vivo.
Desde que Haewon se fue, no había nadie que lo usara, así que Woojin buscó el control remoto bajo cada cojín del sofá, encontrándolo finalmente de manera ordenada en el cajón de la mesa de centro, y encendió el televisor con el ceño fruncido.
—Bellota...
Woojin buscó la transmisión anterior.
Buscando «bellota», apareció el programa cultural «Bellota Clásica» que su madre mencionó. Habían pasado dos semanas desde que Haewon lo dejó, y la emisión había sido hace cuatro días.
Averiguar dónde era no sería un problema si quería, pero Woojin no lo hizo. No quería parecer que estaba persiguiendo a Haewon. La iniciativa debía estar siempre con él.
Incluso si Haewon se había desconectado, porque estaba herido por algo que hizo Woojin, Haewon, que lo amaba, tenía muy poca paciencia para aguantar cosas. Era impulsivo y emocional. Woojin estaba esperando el momento adecuado, esperando que Haewon volviera llorando, y él haría que eso pasara.
Aun así, Haewon había aparecido en la transmisión como para fastidiarlo. Esto era algo que Woojin le había pedido que no hiciera.
No quería que nadie más viera a Haewon. El dolor en su pecho cuando vio a Haewon en la pantalla grande de la cafetería de la oficina del fiscal, cuando su corazón se detuvo de repente, haciéndolo ignorar todo lo demás a su alrededor excepto a Haewon, ese sentimiento, no quería que nadie más lo experimentara. Algo así era inaceptable.
Si había algo verdaderamente detestable en este mundo, no poder monopolizar a Haewon estaría en la cima de esa lista. Woojin le había dicho a Haewon que no apareciera en este tipo de transmisiones por esa razón.
Claramente, Haewon no había escuchado a los demás, ni antes ni después de la ruptura.
Aun así, Woojin pensó que era lo mejor.
De esta manera, con Haewon siendo tan desobediente, haciendo lo que quería, siendo arrogante e ignorante, con nada que admirar excepto su rostro, era mejor que se hubiera ido. Woojin ahora se sentía aliviado, pensando que realmente podía concentrarse en el trabajo, y comenzó a reproducir la transmisión.
Aparte de su trabajo principal, tenía que administrar la oficina estratégica del grupo y poner a Kim, el director ejecutivo, en marcha para que el grupo siguiera funcionando sin problemas, lo cual era un asunto urgente.
Eso no era todo. También tenía que derribar al Grupo K1 en la clasificación empresarial. No era la persona ociosa que Haewon podría haber pensado.
Si Haewon creía que Woojin lo encontraría de alguna manera y le pediría disculpas, ese sería el mayor error entre los equívocos humanos.
Algo así era imposible. Woojin nunca había desperdiciado energía en nada inútil.
Subió el volumen con el control remoto en la mano. La transmisión comenzó con una presentadora de aspecto vibrante sentada en un taburete al lado de una pantalla de televisión que mostraba una escena del Festival Internacional de Viento de Jeju en un estudio pequeño parecido a una cafetería.
Como era de esperarse, comenzó a sonar el concierto para violín de la Orquesta Sinfónica de Hankyung, que era uno de los programas del festival. Esta era una pieza que nunca había oído tocar a Haewon antes. Era una pieza nueva para él.
Con el rostro intensamente concentrado, Woojin miró la pantalla sin siquiera parpadear.
Haewon estaba vestido sencillamente con una camisa blanca y pantalones negros que mostraban sus tobillos, pero con sus largas extremidades y su pequeña cara, se veía elegante.
Mientras los timbales despertaban majestuosamente los alrededores y los instrumentos de viento comenzaban a sonar, Haewon, con el violín metido entre su hombro y su barbilla, cerró los ojos y pasó el arco por las cuerdas.
La orquesta contuvo la respiración, saboreando el solo de Haewon. Crearon un concierto dinámico y majestuoso en respuesta a la actuación de Haewon.
Olvidándose incluso de respirar, Woojin estaba absorto en la pantalla.
Mientras Haewon tocaba dos notas a la vez con pasión y agresión, la cámara se desvaneció hacia la presentadora.
Cuando Haewon desapareció de la pantalla, Woojin finalmente exhaló. Su pecho se sentía apretado, y se frotó cerca del corazón con el puño cerrado.
—Hola, les habla Lee Hyunju de Bellota Clásica. Si eres fan de la música clásica, probablemente hayas oído hablar del Festival Internacional de Viento de Jeju, que se celebra cada dos años. Pero lo más destacado de este año no fue el concurso, sino la actuación de apertura de la Orquesta Sinfónica de Hankyung. Especialmente, hubo un gran interés por el violinista Moon Haewon, quien interpretó el Concierto para violín n.º 1 en sol menor, op. 26 de Bruch. Su excepcional actuación y su apuesto aspecto hicieron que internet estallara, y muchos espectadores preguntaron por él. Hoy tenemos a la estrella del espectáculo con nosotros.
Haewon estaba allí, en el taburete al lado de la presentadora, luciendo un poco nervioso. No había vergüenza en su rostro mientras escuchaba sus elogios. Inclinó la cabeza ligeramente de una manera linda y miró a la presentadora que le aplaudía.
—Hola, Moon Haewon. Muchas gracias por venir a nuestro estudio. Realmente nos costó mucho trabajo traerte aquí.
—Hola, soy el violinista Moon Haewon. Gracias por invitarme.
Haewon saludó inusualmente formal y educadamente. La presentadora, con una sonrisa amable, le hizo gestos para que saludara a los espectadores en su lugar. Haewon miró a su alrededor antes de fijar su mirada.
Sus ojos se encontraron, los de Woojin y los de Haewon.
—...
El agarre de Woojin en el control remoto se tensó, los nudillos se pusieron blancos.
Sin saber de la transmisión, Haewon realmente miró fijamente a la cámara, como si estuviera mirando a alguien. No, como si le mostrara su rostro a alguien.
—Nuestra escritora más joven llamó a Moon Haewon tantas veces, pero no respondiste a ninguna ¿Es eso verdad?
En respuesta a la pregunta de la presentadora, Haewon se volvió para mirarla desde donde estaba mirando a la cámara.
—No suelo responder números desconocidos.
—¿Esperabas este tipo de atención? En realidad, el Festival Internacional de Viento de Jeju es famoso por su concurso, no normalmente por su actuación de apertura. Tu papel fue bastante significativo ¿Cómo te sientes al aparecer en la televisión?
—Bueno, es lo que hago a diario... No le di mucha importancia. Pero sí recibí muchas llamadas y mensajes de personas que no habían estado en contacto.
A pesar de los continuos elogios de la presentadora, Haewon respondió con indiferencia, como si no fuera nada sorprendente ni digno de mención. Sus acciones eran tranquilas y su tono era bajo.
—Escuchamos una historia interesante mientras preparábamos este segmento sobre Moon Haewon. Escuchamos que se suponía que habría un solista diferente para el concierto de apertura en el Festival de Viento de Jeju, pero se lesionó y Haewon intervino como reemplazo de emergencia ¿Es eso verdad?
Haewon asintió tranquilamente a la pregunta de la presentadora. Parecía haber perdido un poco de peso, su rostro se veía más pequeño que antes. Sus marcados rasgos apenas lograron esbozar una sonrisa que parpadeó en sus labios antes de desvanecerse.
Cada vez que Haewon miraba a la cámara, sus ojos se encontraban. El corazón de Woojin latía más rápido.
—Originalmente, se suponía que el concertino de nuestra sinfónica debía actuar, pero se lesionó el dedo antes de la actuación, así que yo, que me sabía la pieza de memoria, intervine.
—Ah, me di cuenta una vez más de la verdad de que las oportunidades solo llegan a los que están preparados. Probablemente no esperabas convertirte en un tema de conversación así, ¿verdad?
—Bueno, cambiar de solistas pasa ocasionalmente, dependiendo de la condición del intérprete.
—¿No es esa una coincidencia sorprendentemente coincidente? Entre todos los violinistas del Festival de Viento de Jeju, fuiste el único que se sabía esa pieza de memoria.
—No, en realidad, ese no es el caso.
Haewon seguía diciendo que no, y la presentadora se veía un poco desconcertada.
—Alguien en un puesto alto me obligó a hacerlo.
—Ah... si ese es el caso, no preguntaré más.
La cámara se acercó al rostro preocupado de la presentadora. Con algo de música de fondo cómica, pasaron a la siguiente pregunta.
Woojin oyó una melodía de violín desconocida resonando en el estudio. La presentadora adoptó una expresión exagerada, como si disfrutara la música con los ojos cerrados. Cuando el intenso acompañamiento se desvaneció poco a poco, abrió los ojos.
—¿No han escuchado esta melodía en alguna parte antes? Sí, así es. Es el tema del drama de fin de semana del año pasado, «El hombre sin nombre». Y el violinista de esta pieza es Moon Haewon. ¿Lo sabían? Es una pieza muy famosa. ¿De verdad interpretaste este OST?
—Sí, he hecho bastantes trabajos de sesión además de este.
—En realidad, nosotros éramos los que no lo sabíamos, pero Moon Haewon ya era bastante famoso. Todos.
El programa no trataba de introducir la música clásica, sino de profundizar en la vida personal de Haewon. La presentadora bombardeó a Haewon con preguntas como en un cuestionario rápido, mientras Haewon respondía con palabras cortas y precisas.
Su edad, estatura, compositores favoritos, piezas favoritas, comidas favoritas, comidas que no le gustaban, celebridades femeninas favoritas, si tenía novia o no... a las preguntas que no tenían que ver con la música, Haewon respondió de manera concisa. Ante las preguntas sensibles o difíciles, contestaba: «No sé».
Al contrario de lo que Woojin esperaba, Haewon lucía sorprendentemente indiferente. Ahí estaba, ampliando su vida al aparecer en transmisiones, viviendo con normalidad, sin encerrarse a llorar por Woojin en algún rincón, sino riendo y charlando con la presentadora, continuando la charla con una sonrisa aparentemente pintada.
La expresión de Woojin se endureció y la ira creció en su interior.
Según el plan, el anillo que Woojin había preparado debería haber estado en ese dedo, pero la presentadora jugueteaba con sus dedos largos y blancos, que no llevaban nada, mostrándoselos a la cámara. Las uñas limpias y los dedos largos llenaban la pantalla. Esas eran las manos que alguna vez habían apretado y frotado su hombría.
Dado que no se mencionó la carrera ni las actividades de Haewon, parecía que habían omitido deliberadamente su falta de experiencia en competencias, enfatizando únicamente que era un miembro apuesto de la sinfónica.
—Escuché que preparaste una pieza para hoy. ¿Cuál es?
—Preparé la Partita para violín n.º 2 en re menor, Caconne, de Bach.
Las cejas de Woojin se contrajeron.
—Esta es una de mis piezas favoritas ¿Hay alguna razón especial por la que la preparaste?
—Es una de las pocas piezas que me sé de memoria.
—Ah, ya veo.
La presentadora volvió a quedarse desconcertada por su respuesta tan directa.
Aunque aparecía con una sonrisa inocente, era una burla calculada y meticulosa dirigida a Woojin.
El escenario cambió. Haewon estaba de pie en medio de un almacén vacío. Con el violín sobre el hombro, cerró los ojos y deslizó el arco con fuerza sobre las cuerdas.
Era la interpretación que Woojin había visto en la villa de Yangpyeong, la misma que sintió la necesidad de poseer, la que se había grabado en su psique.
—¿Estás bien?
—...Estoy bien.
Al terminar la presentación, Haewon se dejó caer en una silla como si todas sus fuerzas se hubieran esfumado. Kim Jaemin, quien había dado la señal de corte, preguntó con preocupación. Afortunadamente el maquillaje lo ocultaba, pero las gotas de sudor eran visibles en su frente. Lucía sumamente cansado y agotado.
—¿No pudiste elegir algo más fácil? ¿Por qué esta pieza tan larga?
—Tenía que ser esta.
—Podrías haber tocado el tema de «El hombre sin nombre». De todos modos, le va muy bien en las listas de popularidad inversas.
Kim Jaemin hizo un comentario divertido, pero Haewon no respondió. Apartó la mano que sostenía su hombro, se puso de pie, tomó su violín y pasó de largo junto a la cámara.
El director del programa se acercó a Kim Jaemin, quien observaba la figura de Haewon alejarse mientras guardaba su instrumento. Tenía una sonrisa de satisfacción en el rostro.
—¿De verdad es un desconocido? Esta pieza es buena, pero la de Bach es tan conocida que las comparaciones son inevitables. Aun así, se nota lo bien que toca. En lo personal, me gustó el segundo movimiento interpretado por Pinchas Zukerman, pero ahora prefiero el de Haewon. Es romántico y dramático; me hizo sentir como si estuviera enamorado. Su rostro limpio sin duda atraerá algo de popularidad. No es inocente, sino encantador.
Con los brazos cruzados, el director habló luciendo tan complacido con Haewon como Kim Jaemin.
—¿Podemos terminar la filmación aquí? No se ve bien.
—Sí. Luce cansado; dejémoslo aquí. Es una lástima que la pieza sea demasiado larga, así que tendremos que editarla para la transmisión principal. Publicaremos el video completo en internet.
El director le dio una palmada en el hombro a Kim Jaemin y se acercó a Haewon para ofrecerle un apretón de manos. Haewon, que estaba cerrando la cremallera de su estuche de violín, lo miró, asintió a modo de saludo y luego apartó la mirada, rechazando el gesto de forma evidente. El director, sintiéndose incómodo, se rascó la nuca y se dio la vuelta.
Kim Jaemin caminó rápidamente hacia Haewon. Intentó ayudarlo con el estuche, pero Haewon se negó, diciendo que estaba bien.
—¿Vamos a descansar ahora?
—Sí. Quiero parar ya.
Haewon, que lo había dado todo en la interpretación como si le hubieran drenado la energía, parecía una muñeca a la que se le habían acabado las pilas.
Kim Jaemin saludó al equipo en nombre de Haewon y lo guio fuera del set. Tan pronto como Haewon subió al auto estacionado, cerró los ojos.
Kim Jaemin, sentado en el asiento del conductor, se volvió para mirarlo. Se estiró para pasar el cinturón de seguridad sobre el pecho de Haewon y lo abrochó con un clic.
Haewon se quedó quieto, inmóvil, mientras Jaemin sentía una inquieta sensación de crisis al observarlo.
—...
Tras mirar un rato a Haewon, que parecía haberse dormido, Jaemin encendió el motor y arrancó.
¿Había sido hace un mes?
Después de ver a Haewon en la transmisión, Jaemin olvidó cómo lo había despreciado y lo contactó de inmediato. No lo hizo porque quisiera intentar algo con él, sino por la urgencia de asegurar un contrato, sintiendo que no podía perder a Haewon. Un día, Haewon lo llamó de la nada.
Fue una llamada pidiéndole que fuera a buscarlo sin ninguna explicación. Jaemin se apresuró a ir, literalmente. Haewon estaba sentado en la calle, con el aspecto de alguien que podría desmayarse en cualquier momento.
Jaemin llevó a Haewon al hotel donde se hospedaba. No se veía bien. Al principio, Jaemin pensó que Haewon estaba de luto por la muerte de un padre y no preguntó nada por consideración.
Haewon, a quien nunca antes se le había visto llorar, se pasó días enteros llorando sin poder recuperar el sentido. Se retorcía de dolor como si intentara desprenderse de algo.
Cuando pensó que Haewon moriría de deshidratación debido a su llanto incesante, Haewon se detuvo y se limitó a dormir.
Lo despertó para obligarlo a comer. Haewon, que había estado allí tumbado como un cadáver apenas sosteniendo su vida, se incorporó días después con el rostro hinchado.
Con los ojos enrojecidos e hinchados, Haewon miró a Kim Jaemin y finalmente habló. Jaemin fue cauteloso, temiendo que Haewon pudiera romperse. Le ofreció una bebida con electrolitos, pero Haewon no la probó. Sus labios estaban secos y agrietados.
Las primeras palabras que Haewon pronunció después de llorar y dormir sin dar explicaciones fueron:
[Por favor, hazme famoso.]
[...¿De qué estás hablando de repente?]
[Necesito hacerme famoso.]
[¿Por qué?]
[Para que él no pueda tocarme. Necesito hacerme famoso... para que esa persona no pueda tocarme. Si desaparezco o muero, la gente lo sabrá de inmediato. Por favor, hazme famoso.]
Jaemin no hizo más preguntas y le mostró el video de la actuación de Haewon en el Festival Internacional de Viento de Jeju a un productor que conocía de un programa de música clásica. Ya sabía de Haewon. Organizar un horario de transmisión fue algo sencillo.
—¿Quieres comer algo antes de irnos?
—Vámonos directo.
—...De acuerdo.
Jaemin no insistió y se limitó a conducir. Aunque estaba ansioso por compartir las piezas que había compuesto y empezar a trabajar en el álbum, el estado de Haewon apenas parecía capaz de soportar ni una sola pieza al día, así que prefirió no hablar de más.
—Conduce con cuidado. Siento que voy a vomitar.
—Oh, lo siento.
Sin darse cuenta, Jaemin levantó el pie del acelerador y disminuyó la velocidad. Aunque trataba a Haewon como a un mánager de gira, no pudo evitar sonreír. Era la primera vez que Haewon dependía de él de esa manera.
Había pensado que el incidente en el que Haewon lo rechazó en su propia cara era el fin de su relación. Dejando de lado sus sentimientos por Haewon, esa sensación de ser un protector no era desagradable. Mientras cuidaba de él, se dio cuenta de que este tipo de responsabilidad voluntaria podría conducir eventualmente al matrimonio.
—...Eso de allí.
—¿Mhm?
Jaemin, que había estado perdido en sus pensamientos por un momento, miró de reojo a Haewon. Este seguía sentado con la cabeza apoyada en el reposacabezas y los ojos cerrados, como si estuviera dormido.
—Mi estudio, cuando lo destrozaron... no fuiste tú, ¿verdad?
—¿De qué estás hablando?
—Mi estudio... cuando no estaba, ¿alguna vez lo pusiste patas arriba?
—Ah, ahora que lo dices, antes me preguntaste si había destrozado tu lugar ¿Por qué haría algo así en el espacio de Haewon? No toqué tus cosas.
A Jaemin le molestaba que Haewon lo creyera capaz de un comportamiento tan grosero y poco caballeroso. Después de que destrozaran el estudio de Haewon, él había tenido la audacia de ir a buscarlo, y Haewon lo había mirado con asco y desprecio, lo cual lo había desgastado.
Mientras Jaemin respondía recordando aquel incidente, Haewon no se disculpó por el malentendido, sino que murmuró para sí mismo:
—...Debió ser ese cabrón.
—¿Qué cabrón?
—Tuvo que ser él.
—No te reúnas con cualquiera ¿Sabes cuántos lunáticos hay por ahí?
—Ese cabrón estaba intentando encontrarlo... se acercó a mí por eso. Estaba planeado desde el principio.
Haewon, que había estado sentado en silencio, se estremeció y abrió los ojos. Sus ojos, que creía secos, ahora estaban llenos de lágrimas. Mordiéndose los labios, Haewon tragó saliva con dificultad para reprimir su angustia, mientras apretaba los puños y temblaba.
—...¿Estás bien?
—Lo tiré a la basura. Yo... lo hice.
Abrumado por la culpa, Haewon se cubrió el rostro con ambas manos.
Cuando Taeshin le envió aquello originalmente, debió haber una razón. Antes de acabar con su vida, Taeshin intentó transmitirle un último mensaje que Haewon nunca recibió. Así como su vida, incluso su muerte fue tratada como algo sórdido y desechado.
Antes de saltar, Taeshin había llamado varias veces —algo que a Haewon le había parecido molesto— y le había enviado un diario y fotos para cargar su conciencia con culpa sobre su muerte, los cuales Haewon arrojó a la basura sin pensarlo dos veces.
No era solo el dolor de la separación de alguien a quien amaba; también estaba la traición que sentía hacia quien le había dado todo, la decepción y el remordimiento por haber traicionado emocionalmente a Taeshin al enamorarse de Woojin —o al creer que amaba a Woojin—, mezclados con dolor y rabia. Cada vez que pensaba en Taeshin, sentía que lo arrojaban a las llamas del tormento. Al recordar ese incidente y pensar en Woojin, sentía que todo su cuerpo ardía de dolor.
Quería matar a Woojin. Quería infligirle más dolor del que él mismo estaba sintiendo; sus manos y pies temblaban con ese deseo.
Haewon apenas contuvo las lágrimas, secándolas con el dorso de la mano.
—¿Dónde se está produciendo el álbum? ¿Firmaste algún contrato?
—Sigo buscando una compañía de producción. Necesitamos tener un demo, pero aún no estás listo... Una vez que lo estés, lo haremos circular.
Dijo Jaemin, observando el estado inestable de Haewon, que oscilaba entre el llanto y la frialdad.
—Investiga al Grupo K1. Puedes contactar a esta persona.
Haewon se dio la vuelta, sacó una tarjeta de presentación del bolsillo delantero de su estuche de violín en el asiento trasero y se la entregó a Jaemin. Conduciendo con una sola mano, Jaemin tomó la tarjeta con la otra y la miró de reojo sin quitar los ojos de la carretera.
En la tarjeta se leía: «Lee Seokjung, director ejecutivo de K1 Construction».
—...¿Es una compañía de construcción?
—Dile que produzca el álbum.
—¿A una constructora?
—Si le mencionas que soy primo de Hyun Woojin, lo entenderá.
—...
Jaemin había oído que el Grupo K1 tenía una filial que era una agencia de entretenimiento, pero invertía en películas o dramas, no en la producción de álbumes musicales.
Asintió diciendo que entendía y guardó la tarjeta en el bolsillo de su camisa.
Woojin, que se había quedado dormido en el sofá, se despertó de golpe con el sonido estridente del teléfono sonando. Se incorporó bruscamente. Al mirar su reloj, vio que pasaba de las nueve de la mañana. Cuando iba a levantarse del sofá, se detuvo y se quedó mirando la enorme pantalla que ocupaba media pared.
La interpretación del Concierto para violín de Bruch por parte de Haewon se había estado reproduciendo en bucle toda la noche. Woojin lo contempló en silencio, luego silenció el sonido con el control remoto y tomó su teléfono. Pasándose una mano por el cabello desordenado, contestó la llamada.
—Sí.
—¿Por qué no has dado señales de vida? ¿Cuánto tiempo esperas que espere?
—...¿No es sábado hoy? ¿No se supone que se debe descansar los fines de semana?
La voz al borde de la explosión pertenecía al jefe de gabinete.
—Trae el libro mayor de inmediato. Te esperaré en el lugar que vimos la última vez.
—Entendido.
Parecía que el anuncio del personal de la Casa Azul era inminente. La voz afilada del jefe de gabinete, decidido a entrar en Yeouido, presionaba con fuerza a Woojin.
Woojin colgó y arrojó el teléfono a un lado.
Se recostó de nuevo en el sofá, tal como estaba antes de levantarse, y volvió a activar el sonido. La interpretación de Haewon resonó con claridad en la habitación de techo alto, repitiéndose como en la villa de Yangpyeong.
Woojin parpadeó lentamente, apoyando la cabeza en las manos mientras miraba a Haewon. Se bajó la cremallera del pantalón, que ya estaba desabrochada, y metió la mano dentro. Comenzó a acariciar lentamente su miembro erecto, con la mirada fija en Haewon, sin vacilar.
Ahí estaba Haewon, a quien ya no podía ver ni tocar, justo frente a él.
Cuando Haewon estaba en sus brazos, cuando embestía en lo más profundo de él como si lo atravesara con barras de hierro, el éxtasis de la eyaculación, la forma en que el interior de Haewon se contraía cuando lo apretaba y frotaba con fuerza, la imagen de Haewon temblando de placer por todo su cuerpo; todas esas imágenes se superponían con la de la pantalla, dominando su visión.
Su mano se movió más rápido, su respiración se volvió agitada. Woojin jadeó, con la parte baja del cuerpo temblando. Sus caderas se elevaron. Al estimular su miembro duro hasta el punto del dolor, liberó el aliento que había estado reteniendo.
Un líquido espeso manchó su mano y su pantalón. Acariciando lentamente la carne que ahora comenzaba a ablandarse, liberó las últimas gotas de semen, suspiró levemente y se incorporó.
Woojin dejó la pantalla encendida y fue al baño.
Aun después de salir, la interpretación de Haewon continuaba repitiéndose. Se cambió de ropa y entró al estudio, luciendo tan pulcro como cualquier otro día. La música de Haewon no se detuvo ni siquiera cuando Woojin se movía por la casa.
Sacó el grueso manual de práctica de la fiscalía del fondo de la estantería, donde guardaba los documentos importantes. Estaba ahuecado por dentro para facilitar su almacenamiento.
El rostro de Woojin se endureció al abrir el libro.
—...
El libro mayor de las finanzas privadas de Kim Jeonggeun, obtenido del registro de su casa, había desaparecido.
Mirando el libro vacío, sacó y hojeó uno por uno todos los libros de la estantería. Buscó hasta que el suelo del estudio quedó cubierto de libros, pero no apareció nada.
Con una mano apoyada en la estantería, Woojin se quedó sumido en sus pensamientos, preguntándose si había cometido un error.
Woojin no era alguien olvidadizo. Generalmente seguía patrones aprendidos desde la infancia y no cambiaba sus hábitos ni rutinas a menos que algo ocurriera.
Esto le había dado buenos resultados con el tiempo, y guardar documentos importantes en el manual de práctica de la fiscalía era su patrón habitual.
Era como si un terremoto hubiera azotado el lugar; todos los libros del estante yacían ahora esparcidos por el suelo.
Woojin permaneció inexpresivo en medio del caos. De repente, los rabillos de sus ojos comenzaron a temblar.
—...
Sin molestarse en limpiar el estudio, Woojin salió de inmediato. Tomó su chaqueta y las llaves del auto y abandonó la casa.
—Pido disculpas. Me pondré en contacto con usted por separado.
—Escucha, fiscal Hyun ¿Estás jugando conmigo?
—¿Jugando? Por favor, elige mejor tus palabras. ¿Necesito jugar contigo? Una vez que entres a Yeouido, serás una fuerza para mí, ¿verdad? No me ignorarás, ¿o sí? Me aseguraré de que no haya ningún problema con tu ingreso a Yeouido.
—Cuanto más haces esto, más problemas nos buscas a ambos.
—Y si algo así pasa, me encargaré de ello.
Ante el tono serio de Woojin, la respiración del jefe de gabinete se alivió y sus quejas amainaron. Tras un largo silencio, sugirió verse más tarde y colgó.
Woojin no podía admitir que había perdido el libro mayor, así que tras colgar, se pasó los dedos con brusquedad por el cabello.
Woojin esperó frente al estudio de Haewon, tal como Haewon lo había esperado a él antes.
Podía averiguar el código de la cerradura con una sola llamada, pero no entró. No quería hacerlo.
Haewon debió haber robado su documento importante para obligarlo a venir allí. Aunque había desaparecido y lo había dejado, seguía actuando de forma tan dependiente. Woojin exhaló con incredulidad.
Todavía le gustaba. Incluso después de irse alegando que Woojin la engañaba con Soyoung, el orgullo frágil e insignificante de Haewon no podía dejar ir a Woojin.
Eso era todo. Woojin sabía cuánto le gustaba a Haewon. Había grabado su voz, le había tomado fotos en secreto y las miraba cada vez que tenía tiempo. Incluso había puesto el rostro de Haewon como fondo de pantalla en su teléfono y computadora portátil.
Las acciones de Haewon al atraerlo allí eran tan ridículas que ni gracia le hacían. Era desesperación a su manera.
Al final, todo se reducía a esto...
Haewon no podía dejar a Woojin. No podía abandonarlo.
Después de que Haewon apareció en la televisión, rastrearlo fue más fácil que levantar un dedo para Woojin.
Contrario a sus expectativas, Haewon había regresado a su estudio original. Woojin lo había vaciado por completo, por lo que no quedaba ninguna de sus pertenencias.
Incluso la cama donde Haewon dormía plácidamente estaba en poder de Woojin. Él quería terminar con esta agotadora guerra psicológica. Si Haewon venía a suplicar perdón, estaba dispuesto a fingir ceder, y tampoco le importaba demasiado disculparse por el incidente con Soyoung.
Cuando la espera se hizo tediosa, Woojin se giró al oír el sonido del ascensor. Las puertas se abrieron como si se partieran en dos, revelando a Haewon. Woojin se enderezó del lugar donde estaba recostado contra la pared.
Haewon, con la cabeza gacha, salió del ascensor mirando todavía el suelo, con el rostro sombrío y demacrado. Y alguien más salió detrás de él.
El hombre tenía una complexión similar a la del olvidado estudiante de música con el que Woojin una vez pensó que Haewon salía.
Caminaban juntos. El hombre que seguía a Haewon notó a Woojin y dejó escapar un «oh». Haewon levantó la vista.
Sus ojos se encontraron.
Woojin apretó el puño dentro de su bolsillo. A pesar de haber desaparecido sin decir una palabra, Haewon, ahora sin miedo, caminaba hacia él con una actitud audacia y arrogante.
La distancia entre ellos se redujo. Cuando Woojin estaba a punto de sacar la mano del bolsillo para decirle algo, Haewon simplemente pasó de largo junto a él.
La mirada de asombro de Woojin siguió la espalda de Haewon. El hombre miró a Woojin con preocupación.
—Moon Haewon.
Pronunció el nombre que ni siquiera quería decir. Solo después de llamarlo, Woojin se dio cuenta de que la persona parada frente a él era, de verdad, Moon Haewon.
Haewon se había ido sin decir una palabra, lo había abandonado, había dejado a Woojin solo. Había pasado casi un mes. Un mes sin ver ni tocar a Haewon.
Moon Haewon era el ser más radiante, cálido y valioso en el búnker que había construido meticulosamente y, al mismo tiempo, el más inútil.
Haewon se detuvo y se giró para mirar a Woojin.
—...
Sus ojos carecían de emoción, como si mirara a un objeto inanimado. Era la misma mirada que le había dirigido la primera vez que se conocieron. Unos ojos sin curiosidad ni interés por los demás, que solo se detenían porque había una persona allí, una mirada sosa e inexpresiva.
El hombre le preguntó con cautela a Haewon:
—...¿Quién es? ¿Conoces a esta persona?
—Sí, lo conozco.
Lo conozco...
Era solo alguien a quien conocía.
Para Haewon, Woojin era meramente alguien a quien conocía.
Woojin hizo una mueca de desagrado. El hombre miró alternativamente a Woojin y a Haewon, evaluando la situación. Haewon llevaba su estuche de violín. No confiaba su instrumento a cualquiera fácilmente. Cuando estaban juntos, Woojin solía cargarlo por él. El estuche era pesado por sí solo, y aún más con las partituras dentro. Inconscientemente, Woojin sintió alivio al ver que Haewon no le había permitido al hombre cargarlo.
—Haewon, ¿estás bien?
—Estoy bien. De verdad lo conozco.
—Entonces ¿puedo retirarme?
—Claro.
—Me pondré en contacto contigo para programar la próxima sesión el martes o miércoles. Avísame si no te sientes bien.
—De acuerdo.
El hombre asintió a modo de saludo, miró de reojo a Woojin y caminó de regreso hacia el ascensor, desapareciendo.
Mirando a Woojin como si fuera un completo extraño, la expresión de Haewon parecía decir: «Si tienes algo que decir, dilo rápido y vete».
Involucrar a otra persona en este lío era muy propio de Moon Haewon.
La boca de Woojin se torció grotescamente de un lado mientras se burlaba de Haewon.
—¿Quién es él?
—Mi mánager.
—¿Mánager?
El mánager de Haewon era Woojin. Él frunció el ceño.
—Ahora salgo en la televisión ¿sabes? ¿Lo viste?
—No tengo tiempo para eso.
—La gente me persigue por autógrafos porque soy famoso. Todo el mundo me reconoce ahora.
No era el tipo de persona que disfrutaba de la atención de los demás. La mirada cambiante, la actitud y hasta sus pensamientos; todo en Haewon le resultaba irritante. Sentía como si alguien hubiera arruinado el jardín que él había cultivado con tanto cuidado.
—Devuélveme el documento.
—¿Qué documento?
—Lo tomaste. Nadie más lo tocaría excepto tú.
—¿Por qué no registraste adentro? Eres un experto en meterte en las casas ajenas, ¿no?
—...
Sus ojos, ligeramente arrugados, se contrajeron con mayor notoriedad. Tenía mucho que decirle a Haewon, quien lo había abandonado, pero de repente, no tenía ganas de decir nada.
—Como puedes entrar a la fuerza si cambio el código, ni me molesté en cambiar el número de la cerradura ¿Por qué no entraste como un ladrón a registrar?
—¿Un ladrón?
—Sí, un ladrón.
—...
Su mandíbula se apretó, temblando de rabia.
—Necesitabas el diario que Taeshin me envió, ¿verdad?
—...
—Debes haber estado cabreado cuando no lo encontraste después de buscar tanto. Lo siento, pero lo tiré ¿No tienes curiosidad por saber qué estaba escrito allí?
—...
Con un brillo de curiosidad en los ojos, no dijo nada, limitándose a observar a Haewon continuar.
—Estaba escrito con gran detalle. Qué clase de persona eres.
—¿De verdad? ¿Qué clase de persona soy?
Dio un paso más hacia Haewon. La mirada que lo miraba desde abajo se volvió más desafiante. Haewon no se movió de su sitio, pero apretó con fuerza la correa de su estuche de violín.
—¿Qué clase de persona decía que soy?
Preguntó Woojin con voz baja y curiosa.
—Lo usaste y luego lo tiraste ¿verdad?
—¿Eso decía? ¿Escribió Lee Taeshin que lo usé y lo tiré?
—Mataste a ese muchacho ¿verdad, Hyun Woojin?
—¿Por qué crees que lo hice? Dijiste que estaba escrito ahí, así que ¿para qué preguntas? Si lo leíste, deberías saberlo.
Woojin quería preguntar a cambio. No había empujado a Taeshin desde el techo del edificio, ni lo había instado a morir. No lo había lastimado con palabras duras o violencia, diciéndole que su vida no tenía sentido y que no lo amaba ni lo quería.
Aun así, seguían diciendo que él era la razón por la cual morían.
Lo llamaban serpiente. Un asesino de almas humanas.
Ambos habían tenido vidas breves en la realidad. Sus afirmaciones parecían creíbles porque habían apostado la vida en ellas.
Ahora estaba harto de eso. Sus almas, que alguna vez fueron normales, se habían agotado junto al ser anormal de Woojin y, al final, tanto Lee Taeshin como Kim Hayoung, así como Haewon —quien ahora afirmaba que Woojin había matado a Taeshin—, hablaban de cómo habían sido consumidos por él como si fueran carne humana.
Sintiendo auténticas náuseas.
Porque no sentía nada; no conocía el dolor, la tristeza ni la angustia.
Lo señalaban diciendo que si alguien fuera capaz de hacer cosas tan horribles, ese sería Woojin, afirmando que era razonable sospechar de él. Lo trataban como a un demonio nacido del pecado.
Tú lo mataste.
Tenías que ser tú quien lo matara.
—¿Por qué crees que es por mi culpa?
—...
—¿Por qué crees que lo hice? ¿Qué hice yo?
—...
La respiración de Woojin se detuvo.
—No lo entiendo. Lo abracé porque dijo que le gustaba, pasé tiempo cuidándole. Dijo que le gustaba, entonces ¿por qué actuó por su cuenta, falleciendo por su cuenta y me echó la culpa?
Porque era esa clase de persona, Taeshin le había dicho fervientemente a Haewon que huyera, que no lo conociera, que dejara a Woojin.
La mano de Woojin ya se había cerrado en un puño. Al igual que aquellos que no podían soportar enfrentar cierta verdad o un gran secreto y se quitaban la vida para revelarla, intentaban decirle al mundo a través de sus muertes que Woojin no era humano, sino un monstruo.
Irónicamente, aquellos que decían quererlo, aquellos que decían amarlo.
Ambos lo amaban, ambos se suicidaron. Incluso murieron a la misma edad. Y ahora Haewon se sumaba a eso. Había decidido que Woojin era un monstruo.
Al ver a Haewon mirándolo con sospecha, Woojin escuchó el sonido de algún cerrojo que tenía bien asegurado dentro de sí mismo y que comenzaba a desabrocharse. Era la naturaleza que había reprimido, afirmando que no era diferente de la gente corriente.
A causa de Haewon, sus planes seguían interrumpiéndose, decía cosas que no esperaba, algo se estaba agitando en su interior. Era una sensación desagradable.
El asco que sintió al ver a Haewon llorando y acurrucado, la extraña incomodidad al ver a Haewon en la pantalla grande, volvían a empujarlo hacia un estado incontrolable.
Woojin decidió seguir su patrón.
Solo tenía que seguir el patrón. Nada saldría mal, nada se vería extraño. El autocontrol no consistía en forzar la paciencia, sino que se construía a partir de la resistencia habituada, y Woojin llevaba mucho tiempo entrenando en la paciencia.
—Deja esta tontería y devuélveme el documento. No tengo tiempo.
Su mirada hacia abajo era tan fría como un lago congelado. Haewon lo fulminó con todas sus fuerzas. Su mandíbula fuertemente apretada temblaba junto con su mirada feroz.
—Viniste a mí porque tenías miedo de que descubriera que mataste a Taeshin.
—Habla con sentido. Fuiste tú quien se comunicó conmigo después de cegar a alguien ¿Ya lo has olvidado?
Había sido Haewon quien primero buscó la ayuda de Woojin, a pesar de que no se conocían bien.
Woojin había mirado a Haewon como un creador que observa el mundo desde lo alto.
Diga lo que diga Haewon, ni siquiera lograría dejarle un rasguño. La sensación de ser una criatura débil que no podía hacerle daño a Woojin hervía en el interior de este último. Cuando pensaba en Woojin, todo su cuerpo sentía como si ardiera de dolor, pero enfrentar y lidiar con el Woojin frente a él era igual de doloroso.
—Tú lo mataste.
—Te dije que no dijeras "tú".
—Tú lo mataste.
—No. Como sabes, Lee Taeshin saltó por voluntad propia. Ni siquiera sabía que estaba muerto.
Woojin era sincero. Al verlo así, los ojos de Haewon se torcieron de dolor.
Sacudió la cabeza. No quería sentir ninguna emoción hacia él. Con una expresión endurecida, Haewon miró a Woojin con desprecio, como si estuviera viendo basura irrecuperable.
—Lo empujaste al suicidio. Eso es tan bueno como matarlo.
—¿Empujarlo al suicidio?... Ja, todo lo que dices está lleno de errores. Cualquier elección que se tomara fue suya propia.
—¿Su propia elección?
—Sí. Fue su propia elección.
Al recordar a Taeshin, Haewon cerró los ojos. Los abrió de golpe. Woojin seguía de pie frente a él.
—Dame el documento. Detén este acto ridículo y termínalo ya que te has ido. Y no hagas esas preguntas. Ya has decidido que soy esa clase de persona.
Haewon trataba su officetel como un hotel, yendo solo cuando le apetecía, y si querían hacer algo juntos, Haewon tenía que armar un berrinche y aferrarse a él para lograrlo. Cuando Haewon se molestaba, Woojin lo calmaba con palabras dulces, muy parecido a cómo lo describían como alguien a quien le gustaría abrirle las piernas. Si ni siquiera eso funcionaba, lo manipulaba con la amenaza de terminar la relación.
Los recuerdos de haber sido jugueteado abrumaron caóticamente la mente de Haewon. Su garganta se contrajo. A pesar de haber hecho todo eso y dejarlo en un estado donde su alma no podía recuperarse, Woojin hablaba con tanta ligereza.
—¿Terminarlo ya que me he ido?
—Sí. ¿Qué clase de acto vulgar es este?
—¿Vulgar? ¿Yo?
Haewon estalló en risas. Era tan absurdo que la risa brotó de forma natural.
—¿Fue divertido jugar conmigo? ¿Pensaste que abriría las piernas cuando quisieras porque tú lo decías, y eso te excitaba? ¿Es por eso que me llevaste a la casa que preparaste para tu matrimonio? ¿Dormir conmigo fue tan bueno que tuviste que hacer todas estas cosas? Dormir conmigo... te gustó, ¿verdad?
—Deja esta tontería y devuélveme el documento.
Dijo Woojin con brusquedad, evitando la mirada directa de Haewon.
—Nunca viniste a mis conciertos, fingiendo que lo hacías, viéndome a través de otra persona, haciendo imposible que hiciera nada después de decir que debíamos terminar... Hiciste todo tipo de cosas porque querías acostarte Conmigo ¿No tienes ninguna confianza en ti mismo como para necesitar hacer esas cosas para sentirte seguro?
Haewon seguía tocando una fibra sensible. Al escuchar el sarcasmo de Haewon de esa manera, Woojin sintió que podría hacer algo irracional.
—No me hagas reír ¿Quién querría hacer esas cosas por alguien como tú?
—Eres tan ingenuo ¿Pensaste que haciendo todo eso te amaría para siempre? ¿Cómo alguien como tú, un fiscal, puede ser tan ingenuo?
—Moon Haewon.
—Ah, ahora lo entiendo.
Aunque lo habían atrapado en todos sus actos, Woojin seguía confiado. Afirmaba que no había hecho nada malo. Si no había empujado directamente a nadie, Woojin creía que no había matado a nadie ni había hecho nada malo.
Haewon se burló de su actitud confiada y arrogante.
—Tú no lo entiendes ¿verdad?
—Te dije que no dijeras "tú".
—No lo sabes. Hyun Woojin... tú no lo sabes.
—...Ja. Solo entrégame el documento. No seas fastidioso.
Dijo Woojin con el ceño fruncido, demostrando que había terminado con esa conversación. Estaba inquieto.
—No tienes emociones.
—...
Haewon ahora se daba cuenta de qué palabras podían herir a Woojin. Y dieron en el blanco. La mirada de Woojin, una que Haewon nunca antes había visto, golpeó su rostro con pesadez.
—Hyun Woojin, tú no sabes qué son las emociones.
—...Detén esta tontería y entrégame rápido el documento.
—Solo eres un psicópata. ¿Sabes lo que eso significa?
—...
—Eres anormal.
—...
¿Por qué era?
Incluso sin el menor atisbo de cambio en su expresión, Haewon de repente pensó que Woojin podría llorar.
No por ira o negándose con una burla, sino con ese rostro vacío e inexpresivo, esos ojos mirando a Haewon, hundiéndose silenciosamente como un abismo tan profundo que parecía no tener fondo.
—Así que no puedes entenderlo. Por qué se suicidó Taeshin, lo feliz que estaba Kim Hayoung mientras decoraba ese ático. Incluso al traerme a esa casa, no sentiste culpa, ¿verdad? Porque para ti, eso es normal.
No estaba tratando de asumir la responsabilidad de que ella quedara parcialmente paralizada debido a un accidente automovilístico. Incluso eso era simplemente un subproducto de sus objetivos.
—¿No lo pillas, ni siquiera diciéndotelo así? Incluso con tu mente inteligente y aguda ¿aún no entiendes lo que estoy diciendo?
Haewon estaba aprendiendo qué palabras podían golpear a Woojin. Cada palabra que pronunciaba parecía profundizar el abismo. Un viento vacío soplaba desde ese vacío, bramando dentro de los ojos de Woojin.
—¿Entiendes lo que digo? ¿No lo comprendes en absoluto?
Insistió Haewon, golpeándose la sien con un dedo. Los ojos de Woojin no se movieron. Estaban fijos en Haewon, que tenía la intención de burlarse, insultarlo y lastimarlo.
—¿Sabes cómo me siento ahora mismo, cuánto deseo matarte? Nunca lo entenderás. Porque Hyun Woojin, tú eres anormal.
—...
—Por eso te haré entender. Te... te mostraré lo que se siente querer morir. Sítelo tú también. Haré que desees morir.
Haewon se acercó al silencioso Woojin, le agarró de los hombros y le levantó la barbilla. Besó suavemente los rígidos labios de Woojin, como una pareja amorosa.
Lamió los labios congelados de Woojin con su lengua. La lengua de Haewon se deslizó juguetona dentro de la boca insensible de Woojin. Fue un beso largo, de un dulzor casi derretido, como si fuera la primera vez, besándolo con todas sus fuerzas.
Haewon se apartó.
—Ja, ja...
Su respiración se dispersó. El calor se elevó como un espejismo. Podía oler el intenso aroma almizclado de Woojin.
Frotó sus labios contra la mejilla de Woojin, su oreja, su sien. Inhaló sus aromas, lo suficientemente familiares y suaves como para hacer brotar lágrimas, lo bastante prolongados como para hacerle cosquillas en la columna. Susurró al oído de Woojin.
—Cuando quieras morir, piénsalo bien. Si ese sentimiento es una elección que hiciste o no, y luego dímelo.
—...
—Si fue tu propia elección o no.
Se alejó de Woojin, quien estaba tan rígido que parecía a punto de quebrarse.
Haewon entró en el officetel, marcando el código de la cerradura que ambos conocían.
∞ ∞ ∞
—¿Qué acabas de decir?
—...No lo tengo conmigo ahora mismo.
—¿Qué significa eso? ¡¿Que lo perdiste afuera?!
—No. Lo recuperaré pronto. Es como si estuviera en mi poder.
—¿Qué? ¡¿Estás usando eso como excusa ahora?!
Algo fue arrojado. Golpeó la frente de Woojin con un ruido sordo y cayó; era una taza de cerámica. La pesada cerámica produjo un sonido sólido al golpear la mesa.
Woojin miró con incredulidad la taza que lo había golpeado en la frente. Miró hacia arriba, hacia el jefe de gabinete, después de contemplar la taza.
Incapaz de controlar su rabia momentánea, el jefe de gabinete había arrojado lo que tenía en la mano. Observó con una mueca despectiva cómo la sangre brotaba del corte en la frente de Woojin, pareciendo no estar satisfecho ni siquiera después de causarle tal lesión.
La sangre brotó del corte, fluyendo sobre su ceja, bajando por su mejilla y acumulándose en sus ojos. Woojin se secó la mejilla con el dorso de la mano, se puso de pie y sacó un pañuelo de su bolsillo trasero para presionárselo contra la frente.
—No sabía que no podías soportar ni este nivel de estrés y aun así aspirabas a la política. Me disculpo.
—¡Hyun Woojin!
Unos ojos inyectados en sangre se volvieron hacia él. El jefe de gabinete, que se había puesto de pie como para agarrarlo, volvió a sentarse torpemente ante el aspecto espeluznante de Woojin.
—¿Sabes lo que pasa cuando alguien toca fondo?
—¿Qué?
—¿Crees que esa expresión solo se aplica cuando alguien está borracho? ¿Quieres experimentar lo que significa "arruinado por completo"?
—¡Oye!
—Piensa antes de hablar o actuar.
Se marchó de inmediato. Tras salir del auto, tomó el ascensor directamente hacia el officetel de Haewon. Woojin miró su reflejo en la pared de acero del ascensor como si fuera un espejo. El sangrado se había detenido, pero una costra de sangre se había pegado a su frente. Se la frotó rudamente con el pañuelo y salió del ascensor.
Cuatro investigadores lo esperaban frente al officetel. Hicieron una reverencia a modo de saludo al ver a Woojin.
Woojin se paró frente a la cerradura de la puerta. Los investigadores observaron su espalda, esperando a que se abriera.
—...
Dijo que el código era el mismo. No lo había cambiado porque no tenía sentido hacerlo.
Le había dicho que entrara como un ladrón y buscara. Dijo que eso era algo en lo que Woojin era bueno.
—¿Fiscal?
—...
Justo antes de colocar su dedo sobre la cerradura, Woojin miró fijamente el teclado numérico con una intensidad aterrorizadora, pero no presionó ningún número.
—¿No se sabe el código?
—...No.
La voz de Haewon, que se había burlado de él llamándolo anormal y psicópata, no se apartaba de su mente.
Tras un momento de vacilación, procedió según lo planeado. Desbloqueó la puerta y entró.
Con pocas pertenencias, el officetel tenía una atmósfera fría y vacía. Haewon no estaba allí.
—Recojan cada papel con números escritos en él.
Los investigadores irrumpieron, aún con los zapatos puestos.
Al igual que la primera vez que registraron el officetel de Haewon, revolvieron a fondo el escaso mobiliario. Woojin se sumó a la búsqueda. Empezaron por los cajones de la cocina, revisando incluso el interior del refrigerador, moviéndolo para inspeccionar debajo.
No había mucho que registrar debido a las pocas pertenencias, y tampoco había muchos papeles con números. Woojin caminó sobre la ropa esparcida de Haewon, quitando la ropa de cama de la cama de aspecto temporal para rajar el colchón con un cuchillo. Algunos investigadores ayudaron a revisar el interior del colchón, pero no encontraron nada.
Woojin se mostró más entusiasta que los investigadores. Parecía que su propósito era más destruir que buscar, ya que pisoteaba la ropa, esparcía y rasgaba las preciadas partituras. Abrió el ropero, sacando deliberadamente toda la ropa para tirarla al suelo. Los investigadores interrumpieron su búsqueda, mirándose con incertidumbre.
Woojin, que había estado arrodillado buscando en los cajones del ropero, volvió la cabeza.
Haewon estaba de pie en la entrada, con la puerta entreabierta, mirando hacia el interior sin ninguna sorpresa, como si se lo hubiera esperado.
Los investigadores intercambiaron miradas incómodas y miraron a Woojin en busca de instrucciones. Woojin, sin dejar de mirar a Haewon, devolvió la vista al ropero y dijo:
—Continúen. No le hagan caso.
A pesar de que Haewon observaba, Woojin registró con aún más violencia. Una taza de vidrio en la mesa auxiliar cayó al suelo rompiéndose con estrépito, pero él no miró atrás.
—Parece que no está aquí.
—¿Revisaron por todas partes? ¿Miraron en el cuarto de servicio?
—Revisamos.
—...
Woojin también detuvo la búsqueda.
No había nada. Definitivamente no estaba allí. Se puso de pie, sacudiéndose las rodillas sucias, y caminó hacia Haewon, quien seguía sosteniendo la puerta entreabierta y mirando hacia adentro sin decir palabra.
Woojin deliberadamente no prestó atención a Haewon, empujando rudamente su hombro a un lado para salir. Los investigadores, conscientes de la mirada de Haewon, siguieron a Woojin fuera del officetel.
Haewon, que había tambaleado unos pasos hacia atrás por el empujón de Woojin, lo vio alejarse sin ninguna explicación ni disculpa hacia el ascensor.
Woojin sacó su teléfono e hizo una llamada.
—Muévanse a la residencia de Mun Wusik.
—No está ahí.
Tanto los investigadores que seguían a Woojin como los pasos de este se detuvieron al unísono. Woojin se dio la vuelta hacia Haewon, quien seguía de pie sosteniendo la puerta.
—¿Qué no está ahí?
—Lo que estás buscando.
La expresión y el tono de Woojin, rebosantes de hostilidad, mostraban su asco por tener que hablar siquiera con Haewon. Su antiguo yo que una vez deseó poseer a Haewon, que lo llamaba anormal, hacía que Woojin se estremeciera de repugnancia. Aquel que una vez afirmó amarlo tanto lo había convertido ahora en algo detestable.
Todo se pudre y decae. La decadencia de Haewon era algo que él había anticipado. De todos modos, no confiaba en nadie.
—¿Qué estoy buscando?
—¿Lo quieres?
Haewon se burló de él con frialdad. La respiración de Woojin se volvió agitada.
Woojin no hizo esas cosas porque quisiera acostarse con Haewon. Solo quería controlar a Haewon con mayor facilidad. Definitivamente no era porque le faltara confianza en sí mismo y necesitara hacer tales cosas para sentirse seguro.
Pero Haewon lo veía así. Lo veía como alguien a quien le faltaba algo importante. Como su padre, como su madre, como sus hermanos que lo habían rechazado por ser un ser incompleto.
Esto estaba clavándose en el miedo de Woojin a ser quizás anormal, tal como ellos afirmaban. Era solo una pequeña aguja que sostenía, pero se había clavado profundamente en su carne.
Cada palabra que decía Haewon, cada expresión que ponía, cada destello en sus ojos al mirar a Woojin, le hacían sentir como si una aguja con forma de serpiente se retorciera y apuñalara a través de su cuerpo.
—Esta es la última advertencia. Entrégame el documento.
—¿Lo quieres?
—Váyanse primero.
Dijo con frialdad, despidiendo a los investigadores que esperaban sus órdenes.
Solo quedaron Woojin y Haewon en el pasillo. Se miraron fijamente sin fin.
—No voy a querer morir solo porque me robaste ese libro mayor.
—¿Lo quieres?
—Ja... Moon Haewon.
Pasó su mano grande por su cabello, mirando a Haewon con ojos cansados.
—De acuerdo, digamos que lo maté.
Aunque jamás podría admitirlo, Woojin dijo aquello para seguirles la corriente.
—Insistes en que lo maté, así que digamos que lo hice.
—...
—Digamos que lo maté. Si eso es lo que quieres, hagamos eso.
Incluso insultó la muerte de Taeshin diciendo que, si Haewon quería escuchar esa confesión con tantas ganas, podían dejarlo así para acabar con lo tedioso del asunto.
Ya estaba tan decepcionado que no había nada más de qué decepcionarse. Habiendo tocado fondo, sin sentir nada, Haewon tuvo que experimentar otro nivel de decepción en él, como si su cuerpo se estuviera derrumbando.
—No anduve con dos a la vez con Soyoung. Enviarla a América fue el final de eso. No la he vuelto a ver ni me he comunicado con ella desde entonces.
—¿Quieres explicar todo uno por uno? ¿No es demasiado? No tengo tiempo para eso.
—...
—Si quieres dar excusas patéticas, dáselas a la pared tú solo.
Cuando Haewon intentó entrar de nuevo, Woojin lo agarró de la muñeca. Ambos se pusieron rígidos ante el contacto de su piel. Fue solo un contacto de piel, pero ninguno pudo permanecer indiferente. Habían compartido tanta historia, tanta intimidad. Las manos de Haewon eran tan cálidas que, cuando Woojin entrelazaba sus dedos, Haewon sentía consuelo.
Haewon miró la mano que sujetaba su muñeca. Antaño, esa mano era todo para él, una mano a la que quería entregarlo todo. Negó la oleada de emociones agudas. Haewon lo fulminó con ojos helados.
—Suelta mi mano.
—Eso fue realmente el final de todo.
—La señorita incluso planeaba casarlos a ustedes dos.
—No tengo tales planes.
—No es que no tengas planes, es que no los necesitas. Ya te has adueñado de Hankyung sin Kim Soyoung, así que ya no necesitas aplacar a la familia como un perro, y tampoco necesitas a Kim Soyoung. Si tuviera alguna utilidad, no te habrías deshecho de ella. Así eres tú.
—No me provoques más. Podría hacerte algo.
—Qué advertencia tan patética. Lo has hecho todo a tu manera hasta ahora.
Apretó aún más su agarre cuando Haewon intentó zafarse el brazo.
—Vuelve arrastrándote cuando te sostenga así.
—¿Qué?
—Esta es la última vez para mí. Lo dejaré pasar una vez.
—¿Estás realmente loco, Hyun Woojin?
—Lo dejaré pasar esta vez.
Woojin ofreció clemencia, diciendo que ignoraría todo lo que Haewon había dicho ayer en su intento por aplastarlo.
—Dejaré pasar esto una vez.
Simplemente quería mantener a Haewon a su vista, a su lado. Eso era todo. No había segundas intenciones. Como no había motivos ni un objetivo significativo, Woojin no encontraba otra forma de lidiar con el asunto cuando se trataba de Haewon. Esa era la única causa de esta confusión.
Hace solo unos momentos se maldijo a sí mismo por haber deseado alguna vez a Haewon, pero al sostener su muñeca y sentir su piel, de repente quiso perdonarlo. Quiso seguir sosteniendo esta mano. El deseo de abrazarlo hizo que su respiración se volviera urgente. Lo único que quería era terminar esta pelea y volver a como eran las cosas antes.
—¿Lo dejarás pasar? Yo no lo dejaré pasar.
—Haewon.
—¿De verdad es tan importante ese documento? Quizás hasta te haga arrodillar.
—...
—¿Lo quieres?
No estaba claro qué estaba preguntando.
Si estaba hablando de Moon Haewon o del libro mayor...
—¿Lo quieres tanto?
—Lo quiero.
Respondió.
Lo quería. Quería al Haewon que lo llamaba monstruo. Si podía tenerlo, lo quería. Todo se estabilizaría si Haewon regresaba ahora.
Woojin no estaba acostumbrado a esto. No era que tuviera miedo de no tener el control de lo que deseaba, sino que estaba ansioso por perder el control que creía tener sobre sí mismo, por perder todo lo que había construido a lo largo del tiempo.
Temía que el monstruo que su padre afirmaba y su madre temía realmente existiera dentro de él y pudiera revelarse de repente.
Más allá de la ansiedad y la zozobra, una sombra ominosa se asomaba, parpadeando entre las llamas. La fuerza que lo hacía humano, que lo impulsaba hacia adelante, que lo mantenía con vida, ahora estaba huyendo. Intentaba abandonarlo.
Desapareciendo de repente sin darle tiempo a prepararse, dejando a Woojin solo para enfrentar la desgracia. En el bosque negro que lo rodeaba, a Woojin le resultaba cada vez más difícil respirar. El oxígeno comenzaba a escasear.
—Lo quiero.
Apretó aún más la muñeca.
—¿Puedes hacer cualquier cosa? Entonces te lo daré.
—Dime.
—Entonces arrástrate. Arrástrate y ladra como un perro.
—...¿Qué?
Haewon, que había estado luchando por liberar su brazo, de repente se acercó más a Woojin. Woojin se encogió y retrocedió. Al igual que ayer, desarmado, Haewon acercó su rostro, con los labios justo frente a los de Woojin.
—¿No me escuchaste?
—...
—Arrástrate a cuatro patas y ladra como un perro. Entonces te daré lo que quieres.
—...Estás fuera de ti.
La naturaleza de Woojin, que creía ser tan firme como el acero, no era tan fuerte. Su resistencia era débil. Haewon siempre podía tocarla. Cada vez, al enfrentar los ojos de Woojin quebrándose como vidrio roto, Haewon sentía una emoción que le crispaba la columna.
—¿No puedes hacerlo?
—...
—Ruega como un perro, arrástrate. Haz que me den ganas de dártelo con todas mis fuerzas.
Woojin apartó la mirada, negándose deliberadamente a mirar a Haewon, aunque no soltó la muñeca que tenía apresada. Se mantuvo obstinadamente ante Haewon, que blandía su lengua roja como un cuchillo, deseando destrozarlo.
—Parece que no lo quieres tanto después de todo. Esperaba algo cuando me dijiste que hablara.
Se sacudió el brazo retenido, diciéndole que no fanfarroneara si no podía hacerlo. Haewon intentó quitarse de encima a Woojin como si fuera un acosador, intentando apartarlo. Mientras sacudía ferozmente el brazo para hacerlo soltar, la otra mano de Woojin agarró de repente el cabello de Haewon.
Antes de que Haewon pudiera reaccionar, fue empujado contra la pared. Woojin lo empujó hacia una esquina, su espalda golpeando con un ruido sordo.
De la nada, Woojin mordió los labios de Haewon. Le abrió los labios a la fuerza y metió la lengua dentro. Lo besó implacablemente a pesar de las protestas. La masa caliente dentro de él agitó a Haewon, succionándolo, sin dejarlo recobrar el sentido.
Abrumado por las sensaciones implacables y ardientes, todo el cuerpo de Haewon tembló. Tan pronto como Woojin soltó su muñeca, Haewon golpeó y empujó sus hombros. Gemidos dolorosos escaparon de sus cuerpos enredados y forcejeando.
—¡Ugh... Mmph! ¡Ah!
El grito para que lo soltara no salió como sonido, sino ahogado en su garganta. Woojin, agarrando su cabello con fuerza, tirando dolorosamente del cuero cabelludo, soltó de repente sus labios.
Respiraciones agitadas estallaron caóticamente. La sangre goteaba de los labios de Woojin, tiñendo de rojo la parte delantera de su camisa. Los dientes de Haewon, que habían mordido los labios de Woojin, también estaban manchados de sangre.
—Ja, ja, ja...
Sin soltar el cabello de Haewon, Woojin se secó los labios con la otra mano. Sangre fresca se manchó en el dorso de su mano con el dolor cálido.
—¿Me... me lastimarás a mí también?
—...
—Me lastimarás, ¿verdad? Si me vuelvo inútil o estorbo, me matarás, ¿verdad?
—...
—¿Me matarás?
—Nunca he matado a nadie.
—¿Nunca has matado a nadie? ¿De verdad crees eso?
La mano de Woojin, que sostenía el cabello de Haewon con tanta fuerza que parecía que su cuero cabelludo se desgarraría, volvió a aferrarse con una fuerza feroz.
—¡Suéltame! ¡Suéltame!
La mano que sostenía su cabello se sentía como una roca. Como si se hubiera vertido cemento sobre ella, no se aflojaba por mucho que Haewon golpeara y forcejeara.
De repente, empujó la cabeza de Haewon contra la pared.
Con un golpe sordo, la cabeza de Haewon chocó contra la pared, mareándolo. Woojin estrelló repetidamente la cabeza de Haewon, que tenía agarrada, contra la pared.
Golpe, golpe, golpe...
Aunque no era la fuerza suficiente para dejarlo inconsciente, era violencia suficiente para infundir un miedo que Haewon nunca antes había experimentado.
Secándose la sangre de los labios con el dorso de la mano, habló Woojin.
—Me dijiste que actuara como un perro, ¿verdad? ¿Mh?
Golpe, cada vez que la cabeza de Haewon golpeaba la fría pared de cemento, sus ojos se torcían de dolor. Haewon ahora estaba luchando para liberarse del agarre del hombre en su cabello.
Aunque era solo una pequeña aguja, la que Haewon sostenía se había desplazado a través de las venas de Woojin hasta un lugar donde podía causar un daño letal. Eso sugerían los ojos de Haewon, llenos de miedo. Sin embargo, Woojin no se detuvo.
Con su físico amenazante plantado justo frente a él, Woojin puso una mueca que nunca antes le había mostrado a Haewon. Sus ojos, vacíos y desprovistos de toda emoción, bloquearon la visión de Haewon.
—Estoy actuando como un perro. Guau, guau, guau.
—...
Guau, guau, guau. Mientras Woojin murmuraba esos sonidos de perros en un barítono bajo y seco, la cabeza de Haewon seguía golpeando la pared con cada «golpe, golpe, golpe». Haewon estaba rígido, incapaz de moverse, tambaleándose bajo su agarre.
Solo lo había adivinado. Pensaba que Woojin no era humano por dentro. Haewon nunca se había enfrentado al interior crudo y magullado del alma de Woojin. El vasto y oscuro bosque parecía cerrar todas las rutas de escape a su alrededor.
En ese lugar, ni los animales podían respirar, ni las plantas podían echar raíces. Su desolado ser interior estaba cubierto de un negro tan oscuro que no podía ser discernido por ojos humanos, como un bosque carbonizado. A pesar de creer que lo conocía un poco, Haewon observó indefenso a este hombre totalmente desconocido que le agarraba el cabello.
—Me dijiste que actuara como un perro. Guau.
—...
Golpe, su cabeza volvió a golpear la pared. La mano que presionaba el cráneo de Haewon como si fuera a aplastarlo se soltó de repente. Incluso apoyado contra la pared, Haewon se tambaleó, incapaz de encontrar el equilibrio.
—Envíalo a mi oficina para mañana. Si quieres ver lo que haré después, sigue actuando así.
Su voz era helada, desprovista de emoción, como un cuchillo directo al corazón. Al enfrentar la mirada glacial de Woojin, Haewon sintió una oleada de emociones.
—...Lárgate.
—Haewon.
—Lárgate.
Habiendo sido utilizado no como humano sino como medio para satisfacer deseos, Haewon había urdido una rebelión con un resentimiento hirviente. Pero ahora, frente a Woojin, que lo trataba de forma tan desapasionada, Haewon se vio repentinamente abrumado tanto por el dolor como por la rabia.
Las lágrimas que apenas había retenido a causa de Woojin llenaron ahora sus ojos. La figura de Woojin se volvió borrosa.
—Envíalo a mi oficina para mañana. La próxima vez no terminará así.
—...
Lágrimas calientes rodaron por sus mejillas. La fría mirada se apartó.
—¿Ha venido alguien con algo para mí?
Woojin repitió la pregunta que había hecho treinta minutos antes. El jefe de departamento Hwang y el oficial negaron con la cabeza, indicando que no había llegado nada.
—Fiscal, ¿Cómo debemos manejar los casos con plazos próximos?
Preguntó el jefe de departamento Hwang con cautela a Woojin por la tarde.
Últimamente se estaba comportando de manera extraña. A los fiscales se les dan tres meses para la investigación, y si pasa de eso, se refleja mal en su desempeño.
Demorar las investigaciones sin una razón especial afecta negativamente las evaluaciones de desempeño, y Woojin nunca había presentado un formulario de excusa porque siempre era meticuloso.
Nunca se apresuraba en el trabajo solo por urgencia. Incluso si tenía que trabajar toda la noche o no ir a casa durante días, revisaba y manejaba a fondo los casos de los que era responsable.
Pero recientemente parecía distraído, como si hubiera otro asunto importante con el que estuviera lidiando.
Se sabía que estaba involucrado en varios casos e investigaciones no oficiales, pero esta era la primera vez que parecía que esos asuntos no oficiales no eran la prioridad.
Estaba inusualmente disperso, desorganizado y descuidado. Su escritorio estaba desordenado, y su apariencia aún más. Llevaba días sin usar corbata.
—Pásale algunos al fiscal Jung.
Respondió sin mucho entusiasmo, comprobando constantemente su reloj.
—Pero él también está muy ocupado. Con los cambios de personal que se avecinan...
Las estadísticas de manejo de casos reflejan la competencia de un fiscal, especialmente crucial justo antes de los cambios de personal.
—Tráeme solo los urgentes.
—Estos son todos los casos que deben entregarse este mes.
El jefe de departamento Hwang señaló la pila de expedientes en el escritorio de Woojin, señalando que todavía había algunos con margen que no se habían incluido. Era suficiente para llenar varios archivadores.
—Déjalos ahí. Los revisaré y manejaré.
—Entonces, ¿Cuándo debemos programar la investigación que pospusimos la última vez? ¿Empezamos con los testigos?
—...
Su mente estaba demasiado ocupada para absorber cualquier información. El jefe de departamento Hwang seguía haciendo preguntas, volviendo aún más confusa la ya caótica mente de Woojin. Volvió a llamar a Woojin, quien se encontraba mirando al vacío.
—¿Me está escuchando, fiscal?
—Contacte a los testigos. Pídales que vengan hoy si es posible.
—Entendido.
Al entrar en su oficina privada, Woojin se sentó en su escritorio y abrió su ordenador portátil. Su correo electrónico contenía informes del secretario Choi que resumían el horario, las tareas y los puntos notables del director ejecutivo Kim.
Solo tenía que seguir el patrón. Necesitaba establecer prioridades. No podía olvidarse de Take Six. Tenía que filtrar la corrupción del jefe de gabinete a los medios. No, no podía ser una corrupción mundana y corriente. Tenía que ser algo que no solo lo apartara de su puesto, sino que también esparciera cenizas sobre su incipiente carrera política, marcándolo con una mancha indeleble que se aferraría a él cada vez que intentara ascender de nuevo, llevándolo a su eventual autodestrucción por puro agotamiento. Una vez en un estado de desesperación donde no pudiera hacer nada, ya no habría necesidad de prestarle más atención.
Woojin levantó el teléfono.
—"Soy yo. Secretario Park, tráigame todos los materiales que limpiamos el año pasado. No omita nada, ni siquiera los detalles más insignificantes. Sí."
Si encontraba algo, planeaba contactar a la reportera Eun para reservar la portada. La citación llegaría después. O tal vez, no sería necesaria. Sería oportuno publicar la noticia cuando empezaran a aparecer artículos sobre el reclutamiento del partido gobernante. No podía pasar por alto la irracionalidad del hombre que lo había golpeado la frente cuando las cosas no salieron como él quería, y lo más importante, ahora era un inútil.
Abrió el correo electrónico recibido e intentó leerlo mecánicamente. Sus ojos recorrieron el texto mientras su mente divagaba hacia lugares completamente distintos.
Esos ojos, llenos de miedo y terror, lo miraban fijamente.
Mientras miraba el monitor, inclinó la cabeza, cubriéndose el rostro con las manos, y respiró hondo.
¿Cómo hemos llegado a esta situación?
Esta sensación de que todo era un desastre era algo nuevo para él.
"..."
¿Lo maté? ¿Lo maté?
Era ridículo, una tontería.
Woojin no había matado a nadie.
No he matado a Kim Hayoung ni a Lee Taeshin.
Aunque había deseado matar a Haewon más de una vez, solo había sido un pensamiento; jamás lo intentó.
Ni siquiera albergaba intenciones homicidas hacia ellos.
Aun así, Haewon insistía, sin lógica ni pruebas, en que Woojin los había matado.
Si existía una probabilidad entre diez mil de que Haewon tuviera razón, si en verdad los había matado...
Era incomprensible e inaceptable, pero si los hubiera matado...
Porque no lo sabía. Woojin no comprendía sus emociones, sus sentimientos ni sus corazones, así que tal vez, como afirmaba Haewon, pudo haberlos empujado al borde de la muerte.
¿Significa eso que los maté?
Jamás había dudado de su propia inocencia. Había vivido para corregir tales malentendidos, para demostrar su inocencia. Había hecho todo aquello para enmendar las injusticias.
Tal vez soy un monstruo...
Quizás, como decía su padre, él era un monstruo.
Matar a Hayoung, matar a Taeshin...
Tal vez todos aquellos incidentes durante la secundaria y los que murieron entonces también habían sido culpa suya.
Perdido en profundos pensamientos, Woojin despejó su visión borrosa. Sacudió la cabeza y se concentró en el correo electrónico de la pantalla de su laptop.
El contenido trataba sobre cómo el director ejecutivo Kim estaba retrasando la adquisición de la empresa de soluciones de pago móvil, DayPay, que K1 había intentado comprar pero a la que había renunciado por falta de fondos.
Kim, quien acababa de salir de prisión y aún no comprendía la crudeza de la supervivencia del más apto, no entendería los esfuerzos que Woojin había realizado tras bambalinas para concretar este acuerdo.
Fue un error. El mundo cambiaba a diario. No debió haber puesto a alguien que había perdido por completo el sentido de los negocios en ese puesto.
Nada salía bien. Woojin cambió sus prioridades. No podía permitir que K1 dominara el mercado de pagos en línea. No podía perseguir cada detalle personalmente. Comenzó a redactar un correo electrónico para el líder de equipo Song.
Haewon no lo escuchaba.
Le había dicho que enviara los documentos hoy, pero Haewon no estaba cumpliendo. Haewon nunca había fingido escuchar a los demás desde el principio. Hoy no había correo en la oficina.
Woojin necesitaba ese documento. Sin él, no tendría ninguna influencia ni control sobre ellos. Había hecho sacrificios para obtenerlo. Era tan importante como garantizar que Kim Jeonggeun recibiera su castigo. El libro mayor debía ser la máxima prioridad, sin importar qué.
Sus prioridades seguían cambiando. Ni siquiera podía escribir dos líneas del correo electrónico.
Haewon estaba aterrorizado. Empapado de miedo, sus ojos estaban tensos y rígidos, mirando a Woojin como si fuera un monstruo, resistiéndose con todo su cuerpo a no ser tocado.
Estremeciéndose como si incluso tocar algo sucio...
Apretó los dientes, negando ferozmente la existencia de Woojin para evitar sentir ira o tristeza.
El cabello entre sus dedos era suave, perfumado con un buen champú. Se llevó la mano a la nariz. A pesar de que no había ningún aroma, Woojin inhaló profundamente, con el pecho hinchado mientras buscaba el aroma ahora ausente.
—Fiscal, dicen que pueden venir esta tarde, ¿les digo que vengan entonces?
—Esta noche no es un buen momento. Diles que vengan mañana por la mañana.
—Entonces lo programaré para mañana por la mañana.
El jefe de departamento Hwang retiró la cabeza, que había metido hasta la mitad en la oficina, y desapareció.
La mano de Woojin disminuyó significativamente la velocidad mientras escribía el correo electrónico. El cursor parpadeaba en la pantalla.
Mirando fijamente ese único movimiento, Woojin intentó reevaluar sus prioridades y revisar la situación. Mientras organizaba sus pensamientos como si ordenara objetos, Haewon irrumpió caóticamente en su mente. Sus ojos, empapados de miedo, temblaban, atravesando los pensamientos de Woojin.
Haewon le tenía miedo.
«...»
Preguntó con miedo si Woojin también lo mataría, como lo había hecho con ellos.
Haewon era diferente a los demás. No le temía ni le resultaba difícil a Woojin. Al principio, Haewon simplemente lo veía como otra persona respirando allí.
Y después de reconocer sus sentimientos hacia Woojin, todo cambió. Se abrió por completo a Woojin. Era encantador y adorable. Le tenía tanto cariño que no sabía qué hacer.
Pero ese Haewon... esa persona lo miraba con ojos tan fríos, temblando de asco.
A través de una profunda reflexión, Woojin admitió que su relación con Haewon era un acto irracional sin beneficios. Había jurado no repetir el mismo error, pero seguía recordando y añorando aquel tiempo.
El rostro que le sonreía como la luz del sol, el temblor que sacudía todo su cuerpo al ser abrazado, el cálido contacto de las piernas desnudas contra sus pies por la mañana, la temperatura corporal... todo eso seguía viniendo a su mente.
Porque ahora no los tenía. Los extrañaba porque ya no estaban. Es una ley inalterable que lo que no se tiene parece más grande y mejor.
Cerrando la ventana del correo electrónico, abrió un motor de búsqueda.
Haewon se estaba volviendo famoso tal como había dicho. Muchas personas habían subido sus videos de presentaciones a internet. Escribir el nombre de Haewon en cualquier sitio de búsqueda arrojaría como primer resultado el video que Woojin había visto toda la noche.
Hizo clic en el video. Vio el video silencioso hasta que terminó la presentación de Haewon. Incluso sin sonido, Woojin recordaba la melodía al ver dónde el arco golpeaba las cuerdas. Podía escuchar el Concierto para violín de Bruch tan claramente como si estuviera sonando justo al lado de su oído.
El sonido áspero del violín cuando las cuerdas se tocaban con tanta fuerza que parecían estar a punto de romperse, las cuerdas de acero golpeando contra el oído.
Las expresiones cambiantes a medida que encontraba las notas correctas mientras presionaba el diapasón, a veces llenas de tristeza, a veces con silenciosa desesperación, y a veces tan absorto en la interpretación que se olvidaba de sí mismo.
Woojin miró, deteniendo todo lo que estaba haciendo.
Se llevó la mano a la nariz de nuevo.
Se tocó la mejilla con su dedo sin aroma, moviéndolo como si fuera el cabello de Haewon.
Las tareas que normalmente le habrían tomado una hora le tomaron todo el día, y Woojin subió a su auto tarde.
El camino a Yangpyeong ya estaba oscuro. Al salir de la ciudad, el auto se dirigió hacia los suburbios, adentrándose en el bosque cada vez más escaso y oscuro.
Con la ventanilla bajada, sintiendo el viento, apoyó el brazo en el marco, cubriéndose la frente con la mano. Conduciendo descuidadamente, Woojin pensó en los documentos que no habían llegado hoy.
Ahora tenía una razón para registrar el estudio de Haewon mañana de nuevo. No le molestaba demasiado que Haewon no hubiera enviado los documentos hoy.
Tenía la suficiente conciencia como para darse cuenta de que estaba de mal humor. Su mente era un desastre. Esperaba que el viento se llevara sus pensamientos, pero nada se aliviaba.
¿Y si los maté...?
Woojin quería convocar a los que habían muerto y preguntarles.
¿Los maté? ¿Murieron por mi culpa...?
¿Por qué alguien querría terminar con su vida, qué razón tendrían, estaban mintiendo para alejar a Haewon de mí, lo hicieron por malicia, intencionalmente?
Si pudiera traerlos de vuelta, quería sentarlos para un interrogatorio. Quería refutar lógicamente sus afirmaciones de que era por su culpa, demostrar que no era su culpa, que ellos habían tomado su decisión por sí mismos, y mostrarle esto a Haewon.
Yo no...
No maté a nadie.
La empatía era lo que a Woojin más le costaba. Todos los demás entendían, pero él solo no, y la sensación de ser incapaz siquiera de adivinar lo hacía sentirse aislado y encerrado. Siempre sentía esta resistencia sucia por parte de su padre y sus hermanos.
Ahora, tenía que sentirla de parte de Moon Haewon, quien una vez afirmó amarlo más que a nadie en el mundo. Esa sensación de pérdida era mucho mayor que la que sentía por sus familiares. Era inigualable.
Woojin nunca confió en él desde el principio. Sabiendo muy bien las limitaciones de la naturaleza humana, no salió herido. Ni siquiera tenía el concepto de confiar en alguien, lo cual era útil en momentos como este.
Moon Haewon, al final, era solo otro mentiroso.
Solo un humano común sujeto al cambio y la descomposición.
Woojin miró el tablero. Adentro todavía estaba el anillo que quería poner en el dedo de Haewon. Apartó la mirada, ignorando su presencia. El bosque negro se abría ante él.
Al salir del auto, buscó el vehículo de Lee Seokjung. Inesperadamente, su auto había llegado primero. Aunque debía estar ocupado con asuntos de la empresa, todavía tenía energía para esto. Debía considerar esto como un simple resfriado pasajero.
A Woojin le gustaba cuando la gente era tan descuidada; significaba que había muchas oportunidades para entrometerse y causar disturbios.
Antes de entrar al búnker, encendió un cigarrillo, mirando hacia el cielo oscuro. Después de fumar un cigarrillo, apagó minuciosamente la colilla.
Bajó las escaleras. Cuando abrió la puerta, una música tenue se filtró.
El búnker estaba listo para proporcionarles placer hoy también.
—¡Vaya, el fiscal Hyun está aquí!
—¿Vino Woojin? ¿Por qué tan tarde?
Tan pronto como entró, hubo abucheos y vítores que no quería escuchar. Afirmaban que lo habían estado esperando todo este tiempo. Mientras se desabrochaba la chaqueta, Woojin se detuvo en seco.
En el sofá donde la cámara capturaría el mejor ángulo, estaba sentado Lee Seokjung, y a su lado se encontraba Moon Haewon.
«...»
—Tu primo ha estado esperando aquí durante una hora. ¿Qué hacemos ahora que acabas de llegar?
Después de revisar minuciosamente la situación y reconocer a través de múltiples cálculos que Haewon no servía para nada en su vida, Woojin se quedó allí parado, mirando fijamente a Haewon como si le hubieran disparado.
—¿Por qué tardas tanto? Te hemos estado esperando.
Habló la voz que solía quejarse por esperar en la puerta del estudio, abrazando la cintura de Woojin por llegar tarde.
Lee Seokjung colocó su mano sobre el hombro de Haewon, medio abrazándolo. Woojin sintió como si lo hubieran rociado con agua helada, poniéndose pálido de pies a cabeza.
—Hyosang y yo estuvimos de acuerdo. Podríamos aceptar a tu primo como miembro.
—¿De verdad? ¿Me van a hacer miembro aquí?
Preguntó Haewon inocentemente. Lee Seokjung se volvió hacia él, sonriendo ampliamente. Haewon tenía el tipo de apariencia que hacía sonreír a los hombres, y cuando sonreía con los labios, era como lanzar un hechizo que ponía una soga alrededor de sus cuellos. Lee Seokjung ya parecía tener una alrededor del suyo.
—Por supuesto, si Haewon lo quiere, deberíamos hacerlo. ¿Quieres?
—Quiero. Pero no sé si el hermano Woojin lo permitirá.
—Es tu primo, así que debería estar de acuerdo. Estarás de acuerdo, ¿verdad? Si estás de acuerdo, es unánime.
Hyosang, sabiendo muy bien que Haewon no era su primo, le dio un toque en el hombro rígido a Woojin y dijo:
Solo entonces se movió Woojin. Se quitó la chaqueta, la arrojó sobre el sofá y se sentó.
«...»
El lugar donde se sentaban Haewon y Lee Seokjung estaba directamente frente a la lente de la cámara.
Lee Seokjung no quitó la mano del hombro de Haewon. Seguía acercándolo más, tratando de mantener el contacto. Si lo estaba haciendo para provocar a Woojin, sabiendo que él era quien sacudía al Grupo K1 tras bambalinas, o simplemente porque quería tocar a Haewon, Woojin no podía saberlo.
Woojin sirvió alcohol en un vaso vacío y se lo tragó de golpe. El calor de este bajando por su garganta, esófago y estómago era vívido. Incluso después de tragarse diez vasos, no se emborracharía, y tenía que vigilar a Haewon con la mente clara. Nunca antes había sentido tanto asco por su incapacidad para emborracharse.
No estaban considerando a Haewon como miembro. Los ojos de Woojin miraron el poste. Conocía el procedimiento. Una vez borracho y drogado, Haewon sería atado a él. Eso era lo que hacían en este búnker.
Vertió más alcohol en el vaso, que ya estaba medio lleno. Woojin se tragó silenciosamente dos tragos más.
—Nuestra empresa decidió producir un álbum, y Haewon va a ser el violinista. Oye, fiscal Hyun, ¿sabías que tu primo es violinista? Es realmente bueno.
La mano que estaba en el hombro de Haewon se deslizó entre sus piernas. Lee Seokjung habló mientras acariciaba la parte interna del muslo de Haewon.
Woojin, con el vaso en los labios, observó con la mirada baja el lugar donde la mano de Lee Seokjung estaba tocando a Haewon.
Aunque nunca se había emborrachado, el calor se elevó desde su estómago. Era demasiado caliente para soportarlo. Terminó su trago, se aflojó la corbata y se desabrochó la camisa. Respirar era difícil.
—¿No puedes tocar algo para nosotros?
—No traje mi violín.
—Ah, ¿por qué no lo trajiste? Tráelo la próxima vez. Quiero ver tocar a Haewon. Me excita.
—Odio cuando la gente escucha mi interpretación con otra cosa que no sean sus orejas.
Sin saber qué había en la bebida, Haewon seguía bebiendo. Woojin no miró directamente a Haewon, que estaba sentado lejos. Simplemente percibió los movimientos de Haewon en su visión periférica. Su corazón latía con fuerza.
—¿Pero ustedes solo pasan el rato aquí? Esto es un poco aburrido.
Cuando Haewon habló, los miembros del búnker estallaron en fuertes risas. Woojin se sorprendió de lo vil que sonaba la risa. Todo era evidente en esa risa estridente: desprecio, burla, emoción, lujuria... y paciencia agotada.
Mecánicamente vertió y bebió más alcohol. Su estómago estaba tan caliente que agarró hielo de la hielera y lo trituró con los dientes.
Hyosang, secándose las lágrimas de tanto reír, dijo:
—Nosotros no solo pasamos el rato así.
—¿Entonces qué hacen para divertirse?
—Tenemos juegos más emocionantes.
—¿Emocionantes?
Hyosang abrió una caja sobre la mesa. Adentro había marihuana, alucinógenos y drogas. También estaba a la vista de la cámara. Sin darse cuenta de que su rostro estaba siendo grabado, Hyosang, con una sonrisa nauseabunda, sacó cocaína.
Haewon se volvió para mirar a Woojin con una expresión de incredulidad.
Haewon había creído firmemente que era un servidor público virtuoso y moral.
Al mirar la mesa, Woojin sabía que Haewon lo estaba mirando fijamente, pero no giró la mirada. Su agarre en el vaso era tan fuerte que sus nudillos se pusieron blancos, como si el vaso fuera a romperse con un poco más de presión. Bebió con el rostro frío.
—Haewon, ¿alguna vez has probado esto?
—No.
—¿Cómo has vivido sin hacer estas cosas?
Hyosang, después de inhalar cocaína, hurgó en la caja y sacó un pequeño frasco. Tambaleándose, se acercó a Haewon y le forzó el frasco a los labios. Haewon, apartándose como si fuera de un olor fétido, lo miró fulminándolo con la mirada.
—¿Qué estás haciendo?
—Esto es caro, ¿sabes? ¿No lo quieres?
—No me drogo. Odio estar desalineado por las drogas.
—Oh, pero tienes que hacerlo... Será difícil si no tomas esto.
El rostro normalmente compuesto de Hyosang, con sus conexiones familiares con los ancianos de la Corte Suprema, se torció asimétricamente.
Lee Seokjung agarró el hombro de Haewon. A la señal, Hyosang agarró la barbilla de Haewon mientras este negaba con la cabeza. Sosteniendo las mejillas de Haewon, le metió el frasco a la fuerza en la boca y lo inclinó. Haewon tragó el líquido bajo coacción, apartando la mano de Hyosang de un golpe. Tuvo arcadas como si hubiera tragado una serpiente de agua, temblando. Lee Seokjung le palmeó la espalda como para calmarlo.
—¿No sabe bien, eh? Está bien. Hará efecto pronto. Te sentirás bien.
—Tos, tos...
Temblando, Haewon empujó a Lee Seokjung cuando este intentó abrazarlo. Lee Seokjung soltó una risita, burlándose de Haewon.
Woojin quería agarrar algo y arrojarlo, pero no había nada al alcance. Recordó haber tomado algo así antes. Después de separarse de Woojin, había seguido a un extraño a un motel por una repentina desesperación. El sabor y la desagradable sensación de tragar eran similares.
—Tienes que tomar esto para que Haewon pueda sentirse bien, yo pueda sentirme bien y todos podamos sentirnos bien. Estoy cansado de que digas que no todo el tiempo.
Hyosang susurró al oído de Haewon. El cuerpo de Haewon se estremeció como si tuviera frío. Lee Seokjung apartó el cabello de Haewon, exponiendo su rostro.
—Cuando te vi por primera vez, pensé ¿Cómo debería decirlo? No te ves barato.
—¿Cómo va a ser un cumplido no verse barato? Tu vocabulario es de otro nivel. Bastardo ignorante. Tsk, tsk.
Haewon lo empujó con ambas manos, pero el pecho del hombre no se movió ni un centímetro. En su lugar, pareció volverse más duro como una roca. La fuerza se drenó de las yemas de los dedos de Haewon.
Me trajo aquí...
Haewon finalmente entendió lo que Woojin le había hecho a Taeshin. No era porque la droga estuviera haciendo efecto, sino porque la revelación por sí sola estaba derrumbando su mente.
No lo podía creer. Era increíble. Cuanto más aprendía sobre la verdadera naturaleza del hombre que había amado, más deseaba morir. Quería borrar el hecho de que había amado a Woojin. Si eso era imposible, quería desgarrarse a sí mismo. Un grito brotó desde su interior.
—¡No lo hagas! ¡Suéltame...! ¡Suéltame!
—¿No parece que chuparía muy bien la verga?
—A eso te referías con no verse barato.
—No, es diferente. Parecer que te volverías loco por una verga y parecer que harías que alguien se corra con solo forzar tus labios en ella, son diferentes. ¿No notas la diferencia?
—¿Ni siquiera sabes lo que estás diciendo mientras lo dices?
Lee Seokjung y Hyosang intercambiaron palabras con Haewon en medio de ellos. Algo frío fue vertido sobre él. Alguien había derramado alcohol sobre Haewon. Su camisa se pegó a su piel, completamente empapada.
—Mierda, mira sus pezones poniéndose duros por la droga. Yo chuparé este lado, tú chupa el otro.
—¿No lo vas a atar?
—Chupemos primero. Escuchemos qué sonidos hace.
—¡No lo hagas...! ¡Ah, no... no lo hagas! Bastardos... malditos bastardos.
Mientras se resistía con todo su cuerpo, sus muñecas se doblaban en vano. Sus extremidades temblaban. Haewon se mordió el labio para mantenerse consciente. Labios sucios rozaron sus mejillas y cuello. Sacudió la cabeza. El mareo lo golpeó al sacudir la cabeza, haciendo tambalear su cuerpo que apenas se sostenía en pie.
Lee Seokjung frotó la camisa mojada de Haewon con su mano. Inclinó la cabeza para tomar el pezón sobresaliente en su boca junto con la camisa, chupando y mordiendo.
Haewon gritó. Golpeó el hombro de Lee Seokjung, pero este no se movió. El otro lado también fue presionado. Un peso enorme de ambos lados aplastó a Haewon. No había nada que pudiera mover. Esto era por lo que Taeshin había pasado.
—¡Ah... ah, no, no...!
La voz se quebró. Fue cuando alguien intentó bajarle los pantalones a Haewon. Con un olor extraño, una alarma aguda sonó. Lee Seokjung, que había estado chupando el pecho de Haewon con frenesí, levantó la vista. De repente, el agua brotó de los rociadores contra incendios.
—¡Mierda, es un incendio! ¡Hay un incendio, maldito!
Lee Seokjung, que había estado mordiendo y chupando el pecho de Haewon con frenesí, apartó a Lim Hyosang y se levantó apresuradamente. Recogió su chaqueta y sus pertenencias y salió corriendo como si escapara a través de las escaleras del refugio antiaéreo. Estaban en el tercer nivel del sótano. Si no escapaban ahora, podrían quedar atrapados aquí para siempre. El resto de los miembros, incluido Lim Hyosang, se levantaron a toda prisa y corrieron escaleras arriba. Cayeron, se golpearon entre sí para salir primero y huyeron.
—Ja, ja...
Haewon yacía allí, aturdido, mientras el agua caía sobre él como un aguacero. No tenía fuerzas para mover ni un dedo.
Un humo ácido se elevó en el aire. El color del humo, que presagiaba claramente la muerte, era un gris ceniciento profundo como nubes oscuras. Con los ojos borrosos, Haewon miró el humo negro que se remolinaba y el gas tóxico que se filtraba en cada poro de su cuerpo.
Taeshin estaba... aquí.
Haewon cerró los ojos. Ya no quería vivir.
Alguien lo levantó. Woojin, cargando a Haewon en su espalda, cubrió su boca con una camisa mojada y corrió escaleras arriba. Abrió de una patada la puerta del tercer piso, rodó por la tierra con Haewon todavía en su espalda. Las llamas desde abajo venían hacia ellos en las escaleras.
Con ambas manos en el suelo, Woojin jadeaba mientras miraba las llamas que brotaban de las escaleras del sótano, luego se levantó rápidamente y cerró la puerta. Sin oxígeno, y con los rociadores funcionando, el fuego se apagaría. Cuando vertió whisky sobre la ropa de cama encendida, una llama amenazante surgió, quemando la mano de Woojin. Su mano escocía.
—¡Moon Haewon, Haewon! ¡Despierta!
Woojin sostuvo a Haewon, que yacía en el suelo. Dándole bofetadas en las mejillas, Haewon abrió los ojos tenuemente. Sus ojos, mirando hacia arriba sin enfocar, pronto se torcieron de dolor. Haewon lo empujó. Woojin cayó hacia atrás al suelo.
Haewon gateó por el suelo. Palpando con las manos, encontró algo. Gruñendo, levantó una piedra de aspecto pesado con ambas manos.
—¿Estás bien? ¿Te duele algo en alguna parte?
Cuando Woojin se acercó, Haewon levantó la piedra por encima de su cabeza. Su cuerpo tambaleaba, incapaz de mantener el equilibrio.
Haewon bajó la piedra de golpe hacia la cabeza de Woojin. Woojin la esquivó por los pelos. Haewon golpeó el suelo con la fuerza suficiente para cavar en la tierra, luego volvió a levantar la piedra. Luchando con su peso, sus manos blancas, no acostumbradas a tanta rudeza, fallaron su objetivo nuevamente, golpeando el hombro de Woojin en lugar de su cabeza.
—¡Ay...!
Con un ruido sordo, el hombro de Woojin colapsó. No pudo esquivarlo. No, no pudo. Haewon estaba intentando matarlo. Humo negro se elevaba desde detrás de Haewon, extendiéndose ominosamente como un bosque oscuro.
El dolor se extendió desde su hombro por todo su cuerpo. La sangre pronto empapó su hombro. Se sentía como si un lado de su hombro estuviera cediendo.
Después de golpear el hombro de Woojin con la piedra, Haewon la levantó de nuevo, solo para caer hacia atrás bajo su peso.
Se sentía como si su carne se estuviera quemando. Woojin alternaba su mirada entre su hombro sangrante y Haewon caído en el suelo. Haewon yacía allí, semiinconsciente, gimiendo.
Woojin sacó su teléfono y se comunicó con el secretario Choi. Apretó los dientes.
—Ay, soy yo. Hay un incendio en el sótano de la villa de Yangpyeong. Recupera todos los documentos que hay dentro. Eh, por favor ven aquí ahora.
Llamó para evitar complicaciones y se puso de pie, con las piernas tambaleantes. La sangre de su hombro corría por su brazo, empapando su manga y goteando de sus dedos.
El cuerpo de Haewon estaba caliente. La droga que había tomado esta vez era diferente de la porquería barata que había tenido antes. Funcionaba más rápido y era mucho más efectiva.
Primero, Woojin revisó las manos de Haewon. Buscó cualquier lesión por sujetar la piedra, cualquier quemadura, sacudiendo la suciedad para comprobar.
Sus dedos estaban intactos. Haewon era violinista. Si lastimaba sus manos, serían inútiles, y él valoraba sus manos. Si se lesionaban, Haewon podría estar triste.
—¡Uf...!
Agarró la muñeca de Haewon, cargando su peso sobre su espalda. Poner a Haewon en su espalda provocó otra ola de dolor ardiente.
Corrió hacia el auto. Como un perro con la cola ardiendo, todos habían huido, dejando solo los autos de Woojin y Haewon en el estacionamiento.
Rápidamente llevó a Haewon a su auto y lo sentó en el asiento del pasajero. Rebuscó en el tablero una botella de agua y toallitas húmedas.
Woojin recogió las toallitas húmedas del suelo. Limpió frenéticamente las manos de Haewon, comprobando de nuevo si había alguna lesión donde la piedra había fallado en su cabeza y golpeado su hombro.
Uno de los hombros de Woojin estaba empapado de sangre de color rojo brillante hasta su brazo y manga. Confundiendo su propia sangre con la de Haewon, Woojin siguió limpiando la sangre que seguía goteando sobre el cuerpo de Haewon.
A medida que la limpiaba, aparecía más, y Woojin, como un loco, siguió limpiando y limpiando hasta que se dio cuenta, mucho más tarde, de que las gotas provenían de sus propias heridas.
Se quitó la camisa. El hombro que Haewon había golpeado con la piedra estaba destrozado, ya hematizado alrededor de la lesión. Rasgó la manga larga de su camisa para envolver la herida. Aunque su rostro se torcía con cada atadura apretada, Woojin no era sensible al dolor. Simplemente hizo una mueca mientras envolvía la herida firmemente alrededor de su axila y hombro sin siquiera un gemido.
Limpió la sangre de su cuerpo con la camisa ahora sin mangas, arrancó el motor. El fuego no se estaba extendiendo más, pero existía la posibilidad de que la policía o los camiones de bomberos llegaran después de ver el humo desde lejos. No podía permitir que nadie lo viera así.
Woojin dio marcha atrás rápidamente con el auto. Condujo hacia un bosque desierto, lejos de la carretera. Condujo profundamente en el área donde el humo de la villa de Yangpyeong era tenuemente visible, luego se detuvo en la oscuridad. Con su hombro y brazo empapados de sangre, Woojin apoyó la frente en el volante.
«...»
Cuando le habían dado la droga a Haewon, pensó que él era el que se estaba volviendo loco, no Haewon. Quería transferir la llama a sus cuerpos. Quería quemarlos con el fuego rojo y llameante. Quería verter alcohol fuerte sobre sus cabezas e incendiarlos, haciendo que su carne y huesos ardieran.
Woojin rara vez había sentido un impulso tal que barriera su racionalidad, especialmente un impulso con la clara intención de matar a alguien, y ambas veces había sido por culpa de Moon Haewon. Como no había experimentado esto a menudo, casi perdió el control.
Calmó la intención homicida que corría por su columna vertebral mientras presionaba su frente contra el volante. Recordó la emocionante sensación que quedó en sus manos. El sentimiento prohibido de prender fuego a algo y quemarlo era vívido. Su cabeza se sentía mareada como si hubiera tomado drogas.
—Uf... uf.
Ante el gemido, Woojin levantó la cabeza. Haewon, medio recostado en el asiento reclinado, estaba retorciendo su cuerpo y gimiendo de dolor.
Woojin limpió el rostro de Haewon con toallitas húmedas. Limpió el sudor de su frente y la humedad de sus ojos.
—Uf...
Incluso en su estado de inconsciencia, Haewon rompió a llorar. Como si tuviera una pesadilla, las lágrimas fluían de sus ojos cerrados. De repente, la tristeza abrumó a Woojin. La imagen de Haewon llorando con la espalda encorvada por su culpa se superpuso con el presente, provocando un dolor en su pecho.
Tal vez todo sea por mi culpa...
Que Lee Taeshin haya muerto, que Hayoung haya muerto...
Que Haewon esté llorando así, todo podría ser por mi culpa.
Olvidando que Haewon había intentado matarlo con una piedra, Woojin frunció el ceño. La aguja clavada en su carne parecía crecer en tamaño y agudeza.
Sus mejillas, calientes por la droga, se pusieron rojas. Haewon comenzó a jadear, posiblemente bajo la influencia de la sustancia. Al ver a Haewon retorcerse de agonía, Woojin empujó el asiento hacia atrás aún más.
Se subió encima de Haewon y le bajó los pantalones. Al quitar los pantalones, también bajó la ropa interior. Allí, patéticamente erecto debido a las drogas, había un trozo de carne tembloroso.
Abriendo sus piernas, se arrodilló entre ellas. Sin dudarlo, enterró su rostro en la entrepierna de Haewon. Abrió los labios y tomó la carne temblorosa en su boca. Acarició los muslos de Haewon, tocó su abdomen y acarició la piel que se pegaba viscosamente a su palma.
—¡Ja... uh, ah...!
Todo el trozo de carne en su boca se derritió sobre su lengua. La respiración de Haewon se volvió áspera. Su bajo abdomen temblaba con cada jadeo. Woojin chupó diligentemente la parte sensible, tragando todo el veneno que goteaba de allí. No dejó escapar ni una sola gota, tragándoselo todo por la garganta. Cada vez que tragaba a Haewon, su manzana de Adán se movía.
—¡Ah, uh! ¡Ah, uh...
Envolvió sus brazos alrededor de los muslos temblorosos, asegurándolos sobre sus hombros. Su hombro lesionado fue presionado, causando un dolor agudo como si su carne estuviera siendo cortada. Su rostro se puso caliente, y los muslos internos que presionaban contra sus mejillas también se calentaron. La cintura de Haewon se arqueó bruscamente.
—¡Uh, ah..., ah! ¡Ha...!
Algo caliente estalló en su boca. Incluso mientras resoplaba por la nariz, no retiró el miembro de Haewon de su boca. Mordió firmemente, lo frotó con toda su lengua y lamió cada parte para hacer que liberara todo. Y tragó todo lo que Haewon liberó. Su estómago se sentía lleno de consumir a Haewon.
Cuando Haewon alcanzó el clímax, las convulsiones en todo su cuerpo disminuyeron gradualmente. Los movimientos de contracción finalmente se detuvieron. A pesar de esto, Woojin no levantó su rostro de la parte baja del cuerpo de Haewon.
Frotó su nariz contra el vello púbico, oliendo el aroma mientras lamía la carne que se ablandaba.
Solo después de que la respiración de Haewon se hubo calmado, levantó la cabeza. Los ojos de Haewon, yacían lánguidamente como si se hubieran desplomado hacia un lado, brillaban con humedad.
Woojin, aún de rodillas, se apoyó en el abdomen de Haewon, presionando su mejilla y oreja allí en un abrazo. Se sentía como si este fuera su último refugio, el único lugar donde podía soltar la tensión y descansar. No quería escapar de este reconfortante aroma de carne. Woojin frotó su mejilla contra la piel de Haewon.
