Con un dolor punzante en la cabeza fue que recuperó la conciencia. Haewon abrió los ojos. El techo del hospital llenaba su visión borrosa. Se incorporó de golpe, con el cuerpo temblando como si sufriera un ataque.
Fuera de la ventana, el sol del mediodía brillaba a través de las cortinas.
Recordaba haber escapado del sótano de la villa donde las llamas parpadeaban ferozmente, cargado en la espalda de Woojin, y las escaleras ennegrecidas por el hollín. Lo único en lo que podía pensar era en matarlo mientras rodaban por el suelo de tierra.
Recordaba lo que le había hecho a Woojin la noche anterior.
Haewon miró sus propias manos.
Curiosamente, las manos que habían sostenido el arma homicida estaban limpias, sin una sola mota de polvo o hollín.
Sus manos temblaban violentamente. Había intentado matarlo, pero la piedra era demasiado pesada. Apuntar a la cabeza no era fácil. En su lugar, se había arreglado para infligirle una herida grave en el hombro, pero no había alegría en ese logro.
Haewon recordaba lo que Woojin le había hecho a él y lo que le había hecho a Taeshin.
Había estado celoso de Taeshin cuando oyó que Woojin lo presentó a sus amigos. Pensó que a Woojin le podría gustar Taeshin más que él, envidiando a alguien que ya estaba muerto. Pero no eran solo esos sentimientos viles.
Recordando cómo había ignorado las llamadas de Taeshin, Haewon quería destrozar sus inútiles manos —las que no habían logrado matar a Woojin— con un martillo en ese mismo momento. Quería aplastarse los dedos.
Con los ojos ansiosos buscando algo para golpear, la puerta de la habitación del hospital se abrió y alguien entró. Haewon, sensible a todas las sensaciones como un adicto, giró la cabeza con sorpresa.
Era Choi Hyunmi.
—Haewon, estás despierto. ¿Te sientes mejor?
—...
—Recibí una llamada de Woojin. Te han lavado el estómago y vas por tu segunda bolsa de suero, así que estarás bien pronto.
Choi Hyunmi, con su bata blanca, se acercó. Revisó el suero en el brazo de Haewon y la cantidad de líquido restante. Haewon, con el rostro pálido, miró hacia abajo.
Parecía que Woojin, que no era de los que guardan secretos, no le había contado a su madre sobre el intento de asesinato de Haewon. Choi Hyunmi seguía siendo amable con Haewon, quien había intentado matar a su hijo.
Como Haewon solo pensaba en destruir sus dedos, Choi Hyunmi lo observó con calma antes de hablar en voz baja.
—Ustedes dos rompieron, ¿verdad?
—...
—Woojin puede hablar con dureza, pero tiene sentimientos especiales por ti. Lo sé porque soy su madre. Todo lo que dijo sobre terminar porque te interponías en su trabajo, todo eso fue una mentira. Woojin todavía te quiere. Solo mira cómo se comunicó conmigo en el momento en que te pusiste enfermo... no confía en ningún otro médico.
Sorprendentemente, Woojin, ese hombre de corazón frío, era honesto con su madre sobre todo. El hecho de que hubiera alguien en esta tierra a quien no le mentía seguía siendo impactante para Haewon, incluso en esta situación.
Quizás incluso una persona así necesita a alguien con quien ser honesto. Qué compañero de conversación tan seguro es quien te dio a luz. El único en este mundo que podía cubrir todas sus faltas y pecados era su madre.
Se preguntó si ella sabía lo que Woojin le había hecho a Taeshin y a él. Tenía curiosidad por saber si su madre realmente conocía la verdadera naturaleza de su hijo, quien le contaba todo tan francamente.
Habiendo descubierto otra faceta de la verdadera naturaleza de Woojin la noche anterior, algo tan esperado que ya no era sorprendente, Haewon solo escuchó el murmullo de Choi Hyunmi sobre que Woojin aún lo quería. Esa sola declaración golpeó su corazón. Sabiendo lo que Taeshin había sufrido, Haewon solo pudo concentrarse en eso.
La fea dualidad de esperar diferentes sentimientos de Woojin y la culpa hacia Taeshin lo inundaron como lodo inmundo.
No era solo un mal hombre. No era solo eso. Él era el peor. Era basura. Ya fuera que Woojin participara o simplemente observara como la noche anterior, era un hecho innegable que le había entregado a Taeshin a ellos.
Había hecho preguntas bajo la apariencia de investigar el sospechoso suicidio de Taeshin. Quería saber si Taeshin le había contado a Haewon lo que pasó en la villa de Yangpyeong. Todo fue intencional desde el principio.
Ahora, no quedaba nada para sorprenderlo o decepcionarlo, pero las lágrimas caían de sus ojos impacientes sobre su bata de hospital.
—Haewon. Lo siento. Me disculparé en su nombre.
—...
—Si Woojin hizo algo mal... ¿eh? ¿No puedes perdonarlo?
—...
—¿No pueden volver a estar juntos? Hablaré con Woojin. Dice que terminó primero, pero ¿acaso no lo conozco? Si fuera solo ese tipo de relación, no me lo habría dicho. Woojin ni siquiera puede imaginarse viviendo con alguien.
—...
—Por favor, recapacítalo. Por fin se está volviendo humano, gracias a ti, está cambiando... No sé qué pasó, pero me disculparé. Esa no es su verdadera intención.
Claramente, Choi Hyunmi solo sabía que su hijo carecía de emociones; no sabía en qué andaba metido. Por mucho que amara a su hijo, no podía ser tan compasiva si conociera su verdadera naturaleza. Ni siquiera una madre, si fuera humana, podría hacer eso.
Choi Hyunmi ahora sostenía la otra mano de Haewon, la que no tenía vía, suplicando.
—Haewon.
—Nosotros nos encargaremos de esto.
Cuando Haewon respondió con frialdad, Choi Hyunmi suspiró, claramente decepcionada.
—...Está bien, hazlo.
—...
—Te daré el alta cuando termine el suero y salgan los resultados de los análisis de sangre si estás bien. ¿Quieres algunas vitaminas?
—...
Choi Hyunmi, con una mirada compasiva hacia Haewon, quien ni siquiera la miraba a los ojos y miraba fríamente hacia abajo, le dio una palmada en la mano antes de darse la vuelta.
Tendido lánguidamente en la cama, mirando por la ventana, Haewon estiró la mano hacia su teléfono cuando vibró en la mesa de noche. El número no estaba guardado, pero reconoció los últimos dígitos como los de Lee Seokjung.
Woojin no hace nada sin motivo. Se mantuvo en contacto con ellos y se reunió regularmente para usarlos más tarde para sus propios propósitos. Eso era lo que estaba haciendo allí. Tanto Lee Seokjung como Hyun Woojin le resultaban repugnantes. Rechazó la llamada. No quería atender la llamada de nadie. Apagó el teléfono.
—...
Tal como él quería saltar por la ventana del hospital ahora, Taeshin debió sentirse igual.
Si no tuviera sentimientos por Woojin, podría habérselo tomado a la ligera, como pisar una mierda de perro. Pero era más difícil porque a Taeshin le gustaba, lo amaba, tal como él lo hacía.
No quería empatizar con la muerte de otra persona, pero sentía un abrumador sentido de empatía e identificación.
Aplastar el hombro de Woojin no era suficiente para terminar con esto. Haewon se acurrucó como si entrara en un capullo, encogiendo su cuerpo. Su corazón se encogió junto con él, desesperado e inestable.
Mientras yacía acurrucado, escuchó que la puerta se abría. Rápidamente cerró los ojos, fingiendo dormir. De repente, se arrepintió de no haber escapado antes de que salieran los resultados de los análisis de sangre. Ya no quería ver a la amable Choi Hyunmi ni a nada que le recordara a Woojin.
La persona que entró fue silenciosa.
Los pasos se acercaron a la cama. Los pasos pesados no eran los de Choi Hyunmi. Haewon, sin darse cuenta, se puso tenso y encogió aún más la espalda.
La figura se quedó allí, mirándolo en silencio durante un rato antes de extender suavemente la mano para tocar su cabello. Asomándose a través de los ojos ligeramente abiertos, vio la mano de Woojin en su visión borrosa.
Haewon exhaló lentamente.
—...
Una mano extremadamente cautelosa rozó el cabello de Haewon. Su mano exploró cuidadosamente a Haewon. No era una mano impulsada por el deseo. Era una mano que tocaba algo precioso, como si temiera que pudiera romperse.
Haewon quería apartar su mano, levantarse de un salto y decirle que no lo tocara. Quería regañarlo por tocarlo con la mano que casi lo mata, por tocarlo como si lo extrañara.
La mano que tocaba su hombro y su brazo tomó la mano de Haewon, que estaba oculta en su cuerpo acurrucado. Tocó la mano de Haewon con la precisión de quien evalúa un artículo, comprobando una y otra vez si tenía defectos.
Aun sabiendo que Haewon no estaba dormido, Woojin se sentó a su lado durante mucho rato. Sosteniendo la mano de Haewon, se quedó sentado en silencio con la cabeza gacha por un rato.
Haewon, con los ojos cerrados, mantuvo los labios firmemente sellados mientras Woojin le sostenía la mano. Tras un tiempo lo suficientemente largo como para olvidar que siquiera se tomaban de las manos, Woojin se puso de pie. Sus pasos eran torpes debido a su hombro lesionado. Su cuerpo, recordando el dolor con cada movimiento, vaciló antes de abrir la puerta y salir.
Haewon abrió los ojos. Las lágrimas cayeron por su nariz y cayeron sobre la funda de la almohada. Rápidamente se cambió de ropa y escapó del hospital como si huyera.
∞ ∞ ∞
En el estudio de grabación de Cheongdam-dong, donde conseguir una reserva ya era de por sí difícil, Jae-min y Seok-jung, el encargado de la producción y la inversión del álbum, esperaban a Haewon.
—¿Por qué no hay forma de comunicarse contigo? Dijiste que odiabas responder llamadas, así que te conseguí un mánager. ¿Por qué no trata a la gente como persona?
Apenas apareció Haewon en el estudio, Jae-min le gritó con cara de enojo.
Haewon lo quedó mirando fijamente, en blanco. No era el tipo de persona que se enojaba con facilidad. Tampoco era de los que dicen groserías solo por llegar tarde.
Parecía que era consciente de la presencia de Lee Seok-jung y, antes de que pudiera reclamarle a Haewon, se había adelantado para ponerse el papel de villano.
Haewon dejó el estuche del violín sobre el sofá. Seok-jung, que llevaba más de una hora esperando, miró a Haewon con los brazos cruzados.
—Inhalé un poco de gas tóxico y no me sentía bien.
Haewon se excusó ante Jae-min mientras miraba a Seok-jung. Este alzó una ceja y pareció encogerse de hombros al mismo tiempo.
—¿Gas tóxico? ¿Estás bien, Haewon? ¿No deberías descansar? Oye, director Kim. Creo que Haewon necesita descansar. El gas tóxico de hoy en día no es cualquier tontería. Si inhalas esa porquería sin darte cuenta, se te fríe la cabeza. Hasta se te pueden quedar los dedos todos torcidos así.
Seok-jung agarró los dedos de Haewon y se los tocó jugando. Haewon le dio un manotazo para quitárselo de encima.
—¿De verdad? ¿De repente gas tóxico? ¿Te has hecho daño en alguna parte?
—Es verdad. Hasta estuve hospitalizado.
—¿Con que por eso no contestabas las llamadas? ¿Para dejar al mánager como un idiota? Ese tipo va a quedarse sin empleo un mes después de haber empezado por tu culpa.
El tono de Jae-min se fue volviendo cada vez más áspero al hablar de lo mucho que se había preocupado, temiendo que le hubiera pasado algo a Haewon al ver que no contestaba y que había dejado tirado al mánager.
Haewon, quien ya venía negándose a comer, llorando, durmiendo a ratos y mostrando una actitud de ansiedad que rozaba la crisis, había provocado que la imaginación de Jae-min volara solo hacia escenarios terribles al no poder comunicarse con él.
Ver que Haewon estaba ileso le dio un alivio momentáneo antes de que la rabia de Jae-min brotara de verdad.
—¿Eh? ¿De verdad? ¿Así que por eso tampoco respondías a mis llamadas? Esto no puede ser. Haewon, de verdad necesitas descansar. Te llevo yo. Vamos a cancelar la grabación de hoy. Mañana, no, pasado mañana seguimos.
Seok-jung apartó a empujones a Jae-min, que no le quitaba los ojos de encima a Haewon para revisar su estado, y agarró al mismo tiempo el brazo de Haewon y el violín que estaba en el sofá. Haewon le arrebató el violín de las manos.
—No toques mi violín.
—Intento ser considerado porque no te encuentras bien. Te compro diez de estos. No, veinte. ¿Vale?
—Presidente Lee.
Jae-min intentó detenerlo, pidiéndole que no bromeara.
—No fuerces las cosas si el intérprete no está en buenas condiciones. Entiendo el entusiasmo, pero ¿se puede trabajar solo con ganas? Descanse usted también, director. Nos vemos mañana.
Seok-jung se llevó a Haewon arrastras, agarrándolo del hombro. Se escuchó la voz de Jae-min llamando alternativamente a Haewon y a Seok-jung mientras los seguía, hasta que se cortó.
Seok-jung metió a Haewon en su coche. Haewon abrazó el violín que por poco se le cae al suelo.
Sentado al volante, miró hacia atrás a Haewon, que sostenía el estuche del violín con tanto mimo, y sonrió.
—¿Inhalaste mucho gas tóxico? ¿Te pasa algo hoy que se te ve un poco tonto?
—Unos hijos de puta hicieron eso y desaparecieron, así que tragué un poco.
—Me pregunto qué hijos de puta habrán sido.
—Por eso estoy pensando en matar a esos hijos de puta. Aunque la verdad no sé cómo se llaman.
—Ah, ¿no sabes los nombres? ¿Y si te di una tarjeta de presentación?
—¿Cuáles son los nombres?
—Mm...
No respondió y sacó el coche del aparcamiento. El vehículo se incorporó con suavidad a la carretera.
En la avenida de ocho carriles del centro al caer la tarde, los coches encendían las luces uno a uno y avanzaban en una sola dirección como una ola serpenteante.
—Pregunté cuáles son los nombres.
—Es un secreto.
—Seguro que puedo buscarlo en internet. Hoy en día buscas cualquier cosa y sale todo.
—Pues gracias a eso alguien hasta buscó mi nombre en internet.
Soltó una risita y se rio. Haewon miró hacia atrás, viendo cómo el paisaje se alejaba rápido por la ventanilla, y preguntó.
—¿A dónde vamos?
—Es la hora de cenar. Vamos a comer algo.
—No quiero comer contigo.
—No te pongas así. Morir quemado en un incendio en un sitio así tiene su punto dramático, ¿no crees?
Seok-jung había sido el primero en escapar de la mansión de Yangpyeong. Como si lamentara el acto que había tenido que interrumpir a la fuerza en aquel entonces, miraba a Haewon con un brillo pegajoso y viscoso en los ojos.
—Por eso voy a quemar vivos a esos hijos de puta.
—Ah, ¿por qué dices cosas tan aterradoras? Yo también soy una persona con posición social y reputación, ya sabes; si me buscas en internet, mi foto y mi nombre saltan directo en el buscador de personas. Si llega a saberse que morí quemado en un incendio mientras tenía una orgía con hombres en un sitio así, ¿qué cara se me quedaría?
—¿Qué cara? Una de patético. Eres un imbécil patético.
—...
—Para el coche.
Ante el tono frío de Haewon, él, que había estado conduciendo mirando al frente, apretó los labios con fuerza. Su expresión parecía la de alguien que se aguanta la risa y también la rabia. Su rostro, en el que no se sabía muy bien qué estaba conteniendo, se contraía y se alisaba una y otra vez.
—¿Así que por eso Woojin está tan loco?
Murmuró como para sí mismo. Haewon reaccionó con dureza al escuchar el nombre de Woojin, que el otro soltó con arrogancia.
Inclinando la cabeza, Seok-jung volvió a murmurar:
—Sí que sabes cómo tocarle las narices a la gente.
—¿Quieres que te las toque más, imbécil?
—Moon Haewon.
—Dije que pares el coche. Si tengo que ver tu cara mientras como, creo que voy a vomitar hasta las hamburguesas que me comí hace diez años.
—¿Qué relación tenéis?
—...
Sin hacerle caso al punto principal de lo que decía, le preguntó. Haewon abrió los ojos con fastidio, a pesar de que el otro no se había referido a nadie en específico.
—¿Qué relación tienes con Woojin?
—Ninguna.
—¿Ninguna, y ese hijo de puta con cara de reptil prendió fuego al sitio por ti? Ese loco de Hyun Woojin intentó quemarme vivo, ¿crees que me voy a quedar de brazos cruzados? ¿Ese maldito fiscal se atrevió a hacerme eso a mí?
—...
Una mirada despectiva, del tipo "¿Cómo se atreve escoria como tú a hacerme algo así?", se clavó en Haewon como si aplastara un bicho.
—¿Habéis peleado?
—Para el coche.
—¿Te dejó Woojin, Haewon? ¿Es por eso que tienes tantas ganas de provocarme? Cuando me llamaste para pedirme que te hiciera un álbum, seguro que había algún motivo, Moon Haewon.
—...
—Me contactaste porque querías vengarte de tu amante, ¿verdad?
—Lárgate.
—Me pareces tierno.
—Dije que te largues.
—Eres tierno y, además, parece que Hyun Woojin está obsesionado contigo ahora mismo. No está en su sano juicio. Bueno, la verdad es que nunca ha estado en su sano juicio.
Sostuvo el volante con una sola mano y con la otra se hizo un gesto circular cerca de la sien.
—Y me enteré de algo muy interesante. Por supuesto, un violinista no tiene por qué entender los enredos de negocios tan complicados que manejamos los adultos. Me enteré de que Hankyung está intentando colarse en un sector comercial en el que nuestro grupo lleva tiempo invirtiendo fuerte. ¿Sabes quién está a cargo de eso ahora? Kim Jeong-geun se fue a la cárcel, ¿no?
—...
De manera extraoficial, Woojin estaba a cargo de la oficina de estrategia del grupo. Las luces traseras que brillaban en la carretera eran todas rojas. Un rojo intenso llenaba todo su campo de visión.
—¿Quieres joder a ese cabrón conmigo? De paso nos divertimos un poco.
—...
Haewon, que había estado lanzando miradas afiladas hacia Seok-jung, suavizó la expresión.
Era una buena idea. Una idea decente. Las ganas de pisotearlo eran las mismas para Haewon.
—...Entonces invitemos también al hyung Woojin. El hyung también debería cenar.
—¿Por qué no?
Ante las palabras de Haewon, este soltó una sonrisa burlona y replicó:
—La gente debería trabajar mientras come.
Mirando por la ventanilla del coche, Haewon murmuró en silencio. Sus ojos, abiertos sin expresión, captaban el paisaje nocturno de la ciudad sin filtros.
El chófer de Lee Seok-jung estaba de pie frente al reservado del restaurante del hotel. Al reconocer a Woojin, inclinó la cabeza a modo de saludo.
—¿Está dentro?
—Sí, lo está esperando.
Toc, toc. El chófer llamó a la puerta y la abrió. Woojin entró. Lee Seok-jung le había preguntado de sopetón sobre la situación reciente del presidente Kim Jeong-geun. Era una pista de que sabía algo. Woojin no había rechazado la propuesta de cenar; necesitaba tantear hasta qué punto estaba informado Seok-jung.
El río Han se veía de un vistazo a través del amplio ventanal. Era un lugar con unas vistas hermosas. La comida ya estaba servida sobre la mesa.
No para dos, sino para tres.
Cuando Woojin entró y se detuvo, el chófer de Lee Seok-jung cerró la puerta a sus espaldas. A su espalda, la puerta se cerró con un clic silencioso. Se alcanzaba a oír el eco tenue de una melodía de piano que llegaba desde fuera.
Seok-jung ya había empezado a comer, y sentado en su regazo estaba Haewon.
Con Haewon acomodado en sus muslos, Seok-jung cortaba la carne con esmero y se la ponía en la boca. Haewon, que había estado mirando con la mirada perdida el exterior del ventanal que reflejaba los deseos de la ciudad, desvió los ojos hacia Woojin.
—Llegas tarde. Come primero y luego trabajamos.
—Sí, hay que comer antes de trabajar. Siéntate, Woojin.
—...
—El hyung Seok-jung dijo que iba a invitar a algo rico, así que pensé que estaría bien que comierais juntos y propuse llamarte. No pasa nada, ¿verdad?
—¿Acaso soy tu hyung? ¿Sabías mi nombre?
—Me lo dijiste tú.
—Ah, ¿lo hice? Últimamente estoy muy olvidadizo. Debe de ser la edad.
Cuando Haewon se proponía sacar de quicio a alguien, se le daba de maravilla. En las ocasiones en que Woojin se quedaba al borde de no poder trabajar por culpa de Haewon, a él también le venían esos pensamientos. Una vez que decidía aguantar, su compostura solía venirse abajo.
Woojin se había impuesto sus propias normas para tratar con Haewon y evitar que este lo manejara a su antojo. Pero la escena que se desarrollaba ante sus ojos superaba lo que había previsto. No había patrones que seguir ni prioridades que valieran.
Haewon miraba con interés a Woojin, que se había quedado tan rígido que parecía que iba a quebrarse si lo tocaban. Seok-jung cortó un trozo de cerdo ibérico, carne española cocinada al vacío, lo pinchó con un tenedor y se lo acercó a la boca a Haewon. Sin apartar la mirada fija en Woojin, Haewon aceptó la carne y se la comió. El sabor de la grasa al estallar junto con el jugo de la carne se esparció con aroma por su boca.
—Siéntate. Come.
—...
Le dijo Haewon a Woojin, que seguía de pie y en silencio. Su expresión no delataba nada por descuido. Dio unos pasos pausados.
Incluso al sentarse en la silla dispuesta para él, su porte era impecable y correcto como de costumbre.
Por pura costumbre, sirvió agua y bebió primero, luego cogió el tenedor y el cuchillo. Toda la secuencia de movimientos fue natural y sin esfuerzo. No le quitó los ojos de encima a Haewon. Cortó la carne con el cuchillo. La hoja se movía a un ritmo constante. Se metió en la boca el cuello de cerdo cortado en trozos uniformes. Su mandíbula se movía despacio mientras cerraba los labios para masticar.
Seok-jung también cortaba carne para dársela a Haewon en la boca. Cruzando miradas con Woojin, Haewon abrió los labios. La carne roja se deslizó en su interior. Cuando un poco de jugo manchó la comisura de sus labios, Seok-jung se la limpió con el pulgar.
—Qué desastre al comer. Te vas a tragar hasta mi dedo. ¿Quieres chuparme el dedo?
—Ah.
Haewon abrió la boca. Sacó la lengua y chupó con sensualidad los dos dedos que Seok-jung le había metido dentro.
—Qué cosquillas. Chupas bien. Seguro que chupas otras cosas igual de bien.
Seok-jung sacó los dedos de la boca de Haewon y se los llevó a la suya, chupándolos con avidez y haciendo ruidos húmedos.
—Tu saliva también es dulce. Ah, se me puso dura. Debería comer rápido.
Seok-jung cortó la carne con total naturalidad.
—¿Fuiste tú quien prendió fuego al chalé de Yangpyeong?
Preguntó Haewon. Tenía la misma expresión y el mismo tono que cuando hablaba mientras se retorcía en su regazo. Seok-jung, con un brazo rodeando la cintura de Haewon, tiró con fuerza de su inestable mitad inferior para acercarla más.
—Woojin, ¿crees que habría prendido fuego allí sin saber cuánto valorábamos ese sitio? Era genial porque no iba nadie, estaba bien escondido y no teníamos que preocuparnos por las miradas ajenas. Gracias a que el presidente Kim Jeong-geun lo abandonó tras la muerte de su hija, lo hemos estado aprovechando bien hasta ahora.
—...
—Esa chica con la que estabas comprometido...
—...
—Nuestro Woojin debe de tener un poco de mala suerte. Todo el mundo con el que se junta se muere. ¿Eres acaso un icono de la desgracia y la maldición? Necesitas un ritual de exorcismo. ¿Quieres que te presente a un chamán que conozco bien?
Woojin no dijo nada. Daba la impresión de que las palabras de Seok-jung ni siquiera le llegaban a los oídos. Solo miraba fijamente a Haewon. Su mirada era como puntas de flecha. Cada vez que sus ojos atravesaban la nuca y los brazos descubiertos de Haewon, esas zonas se le ponían insoportablemente sensibles.
Haewon le estaba haciendo daño. La emoción de querer provocarle una herida aún mayor que la que él mismo había recibido hacía que su parte baja temblara con violencia.
—Conozco a otra persona que está muerta.
—¿Eh?
Como si hubiera descubierto una coincidencia asombrosa, Haewon soltó un «ah» y luego habló con alegría:
—Mi amigo.
—¿Quién?
Seok-jung dejó de comer y preguntó con curiosidad aparente.
—Taeshin.
—Taeshin... ¿quién?, ah, ¿ese tipo? También era mono.
Asintió a modo de reconocimiento. Haewon sintió náuseas. Un asco con ganas de vomitar le subió por la garganta. Se lo tragó a la fuerza, como si se tragara un puño entero.
Woojin cortaba la carne con lentitud, se la metía en la boca y masticaba. Seok-jung cortaba más carne para dársela a Haewon y luego se ocupaba de cortar para él mismo y metérsela en la boca. Solo se oían los ruidos húmedos del cuchillo al cortar y la comida al masticar. Era un sonido repugnante. Un acto carnívoro asqueroso.
—Dile al hyung Woojin que se vaya ya.
—¿Eh? ¿Aún no hemos terminado de comer? Yo también tengo cosas de qué hablar.
—Dile que se largue rápido.
—¿Por qué?
—Quiero hacerlo.
—Ah... Woojin, ya puedes irte. Hay rumores de que Hankyung es el culpable de que la Comisión de Servicios Financieros haya rechazado la revisión de nuestra filial de valores; luego nos vemos a solas para hablar de eso con calma. Si ya has terminado de comer, levántate pronto.
Los labios de Seok-jung dibujaron una curva suave. Con un gesto de la mano en el aire, lo espantó. Woojin estaba inexpresivo como una máquina. Sus ojos, que habían estado observando a Haewon, se levantaron del asiento.
De un solo movimiento de su brazo barrió los platos de la mesa, levantó a Haewon, que estaba sentado en su regazo, y lo sentó sobre la tabla.
Agarrando las mejillas de Haewon con fuerza, giró brusco su cabeza cuando este intentaba mirar hacia atrás para ver a Woojin marcharse. La mirada de Haewon chocó con la de Seok-jung, cuyos ojos ardían en un rojo furioso.
—¿Dijiste que quieres hacerlo? Desde hace rato se nota que te tiembla la parte baja.
—...
Sujetando cada rodilla con las manos, abrió las piernas con brusquedad. Haewon cerró los ojos al oír a Woojin marcharse. Justo cuando algo húmedo estaba a punto de rozarle los labios, se escuchó el sonido de algo rompiéndose.
Abrió los ojos de par en par. Probablemente el hombro aún no se le había curado del todo, pero Woojin agarró a Seok-jung por la nuca y lo estrelló contra el suelo. Al caer rodando, una silla volcó y un jarrón lleno de adornos y flores frescas se hizo añicos con estrépito.
Antes de que Seok-jung pudiera siquiera revolverse, Woojin cogió la silla de madera maciza que se había caído y la estrelló de inmediato contra la ventana de cristal. El primer golpe provocó una grieta; el segundo hizo que la raja se expandiera como una tela de araña con destellos. Un último golpe y el cristal estalló por completo.
Como si levantara una bolsa de basura tirada en la calle, Woojin agarró a Seok-jung por la nuca y lo levantó en peso. El viento fuerte que soplaba desde el rascacielos se coló de golpe como un viento del norte por el boquete roto.
La ropa de Seok-jung y Woojin flameaba con violencia por la corriente salvaje. Empujó la cabeza de Seok-jung hacia afuera por la ventana rota y presionó con el brazo hacia abajo.
—¡Agh, joder! ¿¡Quieres morir!? Hijo de puta. ¡Cómo te atreves, maldito fiscal!
Su nuez rozaba contra los afilados fragmentos de vidrio roto.
Seok-jung se aferró con desesperación al marco de la ventana con ambas manos y tiró con fuerza para resistir. La presión de Woojin hacia abajo y la fuerza de resistencia chocaron, haciendo que sus cuerpos temblaran con violencia.
Woojin, que había estado empujando a Seok-jung sin cambiar de expresión, abrió los labios.
—Llevaba mucho tiempo con ganas de hacerte esto.
—T-tú, ugh... cabrón... ugh.
Un poco más de presión y los cristales parecían a punto de perforarle el hueso occipital. Hizo fuerza con todas sus energías para aguantar. La cara de Seok-jung se puso roja como un tomate y el sudor perlaba húmedo su frente y su nuca descubiertas.
—¡Presidente!
Asustado por el ruido, el chófer que abrió la puerta y entró vio a Seok-jung en peligro de muerte y a Woojin con ansias de matarlo, así que corrió hacia ellos.
Intentó apartar a Woojin, pero fue en vano. Entonces el chófer le dio un golpe en el hombro a Woojin. Sus rodillas cedieron al instante.
—¡Kkhak! Ugh, ugh, joder, ¡ah, joder!
Seok-jung, que tenía el cuello sacado por la ventana como en una guillotina, cayó hacia atrás al verse libre de la presión. Soltó el aire con fuerza, como si se le fuera a reventar el corazón.
—¿¡Qué está haciendo!? ¡Presidente, está bien?!
—Joder, ese cabrón, atrápenlo. ¡Ese maldito intentó matarme... ugh, intentó matarme!
—Solo par de tontos jugando a empujarse, qué... Si quiere denunciar, pues denuncie.
Woojin le dio unas palmaditas en el brazo al pálido chófer y habló. Se arregló la ropa descolocada y agarró de la muñeca a Haewon, que seguía de pie y con cara de atónito. Tirando de él con firmeza, salió de allí.
—...Suéltame.
—...
—¡Suéltame!
Gritó Haewon mientras forcejeaba para zafarse de su mano, pero esta ni se inmutó. Algo duro y frío como el hielo se expandía desde toda la palma que le apretaba la muñeca.
No lo soltó ni al subir al ascensor, ni cuando metió a empujones a Haewon en su coche. Su mano le empujó la cabeza hacia abajo al introducirlo en el vehículo.
—¿Dónde está el violín?
—...En el... en el coche de ese imbécil.
—...
Woojin escudriñó el aparcamiento buscando el coche de Seok-jung. Había un auto llamativo aparcado en una esquina. Caminó hacia él. Abrió de un tirón donde estaba el extintor contra incendios de la pared del edificio de estacionamiento, lo sacó y lo blandió. Sin pensarlo dos veces, Woojin destrozó la ventanilla del coche. La alarma sonó a todo volumen. Rompió los restos de cristal del parabrisas con el extintor y sacó el violín de Haewon que estaba dentro. Volviendo a su propio auto, dejó el violín en el asiento trasero y se puso al volante.
La alarma que asaltaba los tímpanos se calmó un poco en cuanto se cerró la puerta del coche. Woojin pisó el acelerador. Su vehículo salió pitando del aparcamiento.
La carretera estaba extrañamente silenciosa; costaba creer el caos que acababa de ocurrir antes. El interior del coche permanecía igual. La respiración de Woojin seguía inalterada. Un sonido de advertencia sonó suavemente, recordando que debían abrocharse el cinturón porque no lo llevaban puesto.
Woojin y Haewon tiraron de los cinturones y se los abrocharon al unísono. El coche volvió a sumirse en el silencio. Solo se oía la respiración inestable de Haewon, como un temblor después de llorar a mares.
Woojin, que tenía los labios prietos y miraba al frente con expresión aterradora, ya no mostraba esa frialdad exterior en la que no se sentía temperatura alguna al tocarlo. La rabia, dando muestras de estallar, hervía como lava.
Mientras conducía, cogió una botella de agua del salpicadero y se la tendió. Como Haewon no la aceptaba y se limitaba a mirarla, se la tiró al regazo.
—Lávate la boca. Haz gárgaras y escupe.
—¿Por qué?
—¿Aún no lo sabes? Date prisa.
—Quién te crees que eres para decirme lo que tengo que hacer. No eres nadie.
—Enjuágate rápido.
Soltó el volante, cogió la botella de agua, abrió el tapón y se la ofreció. Como Haewon no la cogía, se la empujó contra el pecho como si se la lanzara. Haewon lo miró fulminante, cogió la botella, se la llevó a la boca y luego se encogió, sobresaltado. Se había acostumbrado tanto a él que estaba siguiendo sus órdenes sin pensar. Haewon había hecho lo que Woojin decía porque lo quería muchísimo. Se había comportado como Woojin deseaba.
Vertió el agua de la botella sobre su propia ropa. La parte superior del cuerpo de Woojin, desde la cabeza hasta el brazo, quedó completamente empapada, con el agua chorreando.
—Enjuágate tú.
—...
La humedad le nubló la vista. Woojin se limpió la cara con la mano.
—Ni se te ocurra volver a relacionarte con esos tipos que viste antes. Aquel es un idiota, así que tal vez las cosas salieron como querías, pero los demás no. Podrías salir lastimado de verdad.
—Los volveré a ver. Ya quedamos en vernos. ¿Qué va a hacer un tío al que le gusta abrirse de piernas? Hará lo que le dé la gana. Yo haré lo que me dé la gana. Uno por uno, se los voy a chupar a todos. A ti también te gustaba metérmelo en la boca, ¿no?
—...
—Para el coche. Me da asco hasta respirar el mismo aire que tú.
—Te dije que no me hables de tú.
—¿Entonces cómo debo llamarte? ¿Te llamo hyung? Oye, señor Hyun Woojin, tú y yo ya terminamos ¿Que es eso de que te dije que no me hablaras de tú? ¿Te confundes y crees que seguimos saliendo?
La voz que se esforzaba por sonar sarcástica temblaba de forma patética. En ella se mezclaban toda clase de emociones: dolor, rabia, rencor, tristeza y la sensación de que a uno se le derrumba la columna vertebral al pensar en Taeshin.
—Si vuelve a pasar algo así la próxima vez, lo dejaré pasar y me iré.
Dijo Woojin. Seguía mirando al frente, con su gesto endurecido sin aflojarse ni un ápice.
Como si hubiera cometido esa violencia imprudente por el bien de Haewon, estaba justificando sus propias acciones.
—Déjalo pasar. Como lo que le pasó a Taeshin, yo también lo aguantaré, lo que sea. Si no puedo soportarlo, huiré. Si no puedo soportar...
Se burlaba de sus propias palabras y luego se quedó helado. Volvió la cabeza para mirarlo. La luz de un vehículo que venía de frente iluminó su rostro, haciendo más profundas las sombras. Mirando desconcertado ese perfil afilado que se revelaba ante él, Haewon murmuró como para sí mismo.
—...¿Fue Taeshin?
—...
—Aquel bosque... estar atrapado tres días, perder el camino y vagar... ¿Pudo haber sido Taeshin?
—...
Con los labios sellados herméticamente, no dio respuesta alguna. El pecho de Haewon latía con una rapidez desbocada. Haewon se agitó.
No, no. No puede ser. No.
¡No. No!
—¿Estás loco? ¿Estás loco de verdad? ¿Y dices que no sabes por qué murió? ¡¿De verdad no lo sabes?!
—...Ha... Haewon.
—No digas mi nombre. Da asco, no quiero escucharlo. ¡No vuelvas a decir mi nombre nunca más! ¡Maldito imbécil!
Le pegó con el puño. Solo le dio en el hombro. Solo le pegó en la zona que había intentado destrozar con una piedra. Cada golpe hacía que el rostro de Woojin se contrajera, pero no frenó a Haewon en absoluto.
Una sangre de tono más oscuro comenzó a brotar del hombro enfundado en su chaqueta gris oscuro, empapando la tela. A pesar de ver cómo su hombro se volvía de un rojo negruzco, no dejó de golpear.
De repente, el coche dio un volantazo. El auto de Woojin, manteniéndose apenas en el carril, terminó por detenerse en el arcén.
El hilo de sangre que bajaba por su hombro goteó sobre el dorso de su mano y cayó con un sonido sordo sobre la palanca de cambios.
—¿Por qué lo hiciste? ¡¿Por qué le hiciste eso a Taeshin?! ¡¿Por qué lo hiciste?!
—...
—¡Por qué demonios lo hiciste! ¡Él solo te quería, por qué demonios!
Por mucho que golpeara y golpeara, nada se resolvía. Sentía la garganta como si le quemara.
Woojin, el causante de este dolor, y también el difunto Taeshin... Ahora de verdad lo odiaba todo.
Quería poner fin a su vida de golpe. La respiración de Haewon, que arremetía a golpes contra él sin control, le llegaba hasta la barbilla. La fuerza en su mano, que golpeaba con furia, también fue menguando, hasta que al final se quedó solo dando golpecitos débiles.
—¿Eres humano? Tú... Hyun Woojin, ¿eres humano?
Agarrando y retorciendo el dobladillo de la ropa del hombre al que tanto había querido —y al que aún amaba hasta rozar la locura—, volvió a preguntar una y otra vez. Borroso por las lágrimas, ya no veía bien.
Woojin, que había estado aguantando en silencio la violenta descarga de Haewon, abrió los labios.
—No soy humano.
—¡Por qué demonios lo hiciste! ¡¿Por qué demonios?!
—Pensé que podía usarlo. Era necesario para mi trabajo. Eso es todo.
No lo había tratado con descuido. Le había dedicado tiempo y esfuerzo. Woojin no creía haberle hecho daño a Taeshin. Pero el ataque de Haewon señalaba que Woojin era culpable.
Se limitaba a mirar a Haewon, que descargaba su violencia sobre él con unos ojos inexpresivos, parecidos a los de una piedra, desde una postura desconcertada.
—¿Crees que eso es una excusa?
—Yo... soy anormal.
—...¿Qué?
—¡Sigo sin saber qué tiene eso de malo!
Historias que eran meramente abstractas y carecían de base material: se sentía interrogado sobre asuntos que Woojin se había esforzado por entender a lo largo de toda su vida.
Por mucho que buscaba, no venía ninguna respuesta. Por mucho que intentara resolverlo, aquello no se resolvía. Sintiéndose ahogado hasta morir, con la sensación de volverse loco, Woojin gritó.
Woojin miraba a propósito solo hacia adelante, sin apartar ni una brizna de su mirada hacia Haewon. Si atrapaba a Haewon con los ojos, sentía que sería capaz de cualquier cosa. Tenía miedo de perder el autocontrol.
Tras cortar de manera tajante y fría su interés y su mirada hacia Haewon, se aplicó un pañuelo de papel en el dorso de la mano que seguía sangrando. El pañuelo blanco se tiñó de rojo al instante. Arrojando al suelo el papel empapado en sangre, Woojin se puso otro nuevo en la mano.
La respiración agitada de Haewon seguía rozándole la cara.
Woojin de verdad no lo entendía. Seguía cuestionándose si él había dado un motivo lo suficientemente imperativo como para llevar a Taeshin y Hayoung a tomar una decisión tan extrema.
—¿Acaso ese incidente es tan importante como para hacer que alguien muera tan fácilmente? Eso es solo... solo era un acto sucio.
Incapaz de comprenderlo en absoluto, Woojin murmuró como para sí mismo.
Entonces, un chasquido —con un sonido seco, la cabeza de Woojin se hizo a un lado de golpe—. Una marca de mano vívida quedó grabada en su mejilla. La mano de Haewon, que le había golpeado la cara, temblaba con violencia en el aire.
—Lo que hiciste conmigo... ¿también era un acto sucio?
—"..."
Le ardía la mejilla. El dolor de la bofetada de Haewon era más intenso que el de su hombro, donde la carne estaba desgarrada.
—¿Aún no lo entiendes? Es porque eres así.
«...»
Él solo decía palabras que jamás comprendería en su vida. Jamás entendería sus sentimientos, ni aunque viviera una eternidad.
Woojin quería entender por qué Haewon estaba tan enfadado, por qué lo miraba con tanta desesperación. Quería entenderlo para poder disculparse si tenía la culpa. Si se podía solucionar con una disculpa, quería que terminara así.
Y entonces quiso volver a tomar la mano de Haewon. Quiso acariciarle la cara y besarlo. Quiso volver a vivir juntos, dormir y despertar en la misma cama. Quiso recuperar esa sencilla vida cotidiana.
—Porque la persona a la que tanto amaba es así...
—"..."
—¡Amar a alguien como tú s demasiado doloroso, tan doloroso que no podían soportarlo, no por lo que les pasó, sino porque te amaban tanto que no podían resistirlo!
Porque soy así, porque amarte duele, porque amaron demasiado...
Pensó vagamente eso. El impulso incontrolable que lo abrumaba al ver a Haewon sentado en las piernas de Seokjung tal vez fuera algo similar a esa emoción extrema que lo llevaría a uno a quitarse la vida.
Quizá... tal vez fuera algo así.
—¿Murieron porque me amaban demasiado?
«...»
—¿Por qué no te has muerto entonces?
Preguntó Woojin mientras miraba a Haewon, con lágrimas resbalando por sus mejillas. Sus dientes blancos mordían sus labios con tanta fuerza que parecía que iban a desgarrar la carne. Apretó la mandíbula con dureza, sin permitir que ninguna de sus emociones se desbordara.
—¿Acaso no me amabas?
La pregunta desatinada de Woojin, que demostraba que era incapaz de leer el contexto, y su mirada persistente y fruncida le preguntaban a Haewon si lo amaba, si lo amaba tanto como para morir también.
Haewon se secó los ojos empañados con el dorso de la mano. Habló con voz apagada.
—Planeaba suicidarme después de matarte. Destruiré tu vida y luego moriré. Tan solo observa cómo se desmorona tu vida con tus propios ojos.
Woojin se quedó en silencio. Tenía la mano sangrando, mirando fijamente a Haewon mientras se perdía en sus propios pensamientos. Tras observar a Haewon un rato, Woojin abrió lentamente la boca.
—...Entonces, ¿es amor?
—...
—Me amas, ¿verdad?
—...
—Porque soy anormal, porque soy un monstruo ¿ya no puedes amarme?
La persona que hacía apenas unos momentos casi había matado a alguien, había destrozado su coche y antes había intentado prender fuego a todo, ahora se aferraba a un asunto insignificante que a nadie le importaba, haciendo preguntas.
Por un momento, los ojos de Woojin parecieron los de un niño abandonado por su madre.
—Me amas... ¿verdad?
—¿Sabes siquiera qué es el amor?
Preguntó Haewon. Woojin no respondió.
—¿Siquiera sabes qué es el amor?
—No lo sé.
No podía saberlo. Jamás podría saberlo. Haewon estaba preguntando por algo que Woojin no alcanzaba a comprender, interrogándolo sobre cosas que no podía responder.
—¿Para qué preguntas si ni siquiera sabes qué es? ¿Qué importa?
Su coche, que se había detenido en el arcén, volvió a ponerse en marcha. Haewon no preguntó a dónde se dirigían.
Tras un largo viaje, terminaron llegando a la casa de la familia de Haewon.
Woojin llevó a Haewon a la casa de su padre en lugar de al officetel, lo cual se sintió como una indirecta para que no volviera allí.
Haewon bajó del coche sin mirar atrás.
Woojin, que lo había seguido bajando, le entregó el violín del asiento trasero. Haewon casi se lo arrancó de las manos. Abrazando el violín como si alguien fuera a robárselo, Haewon tocó el timbre mientras Woojin lo observaba en silencio.
—No estoy en mi sano juicio ahora mismo.
—Nunca has estado en tu sano juicio.
—Ahora menos que nunca.
Haewon dejó de presionar el timbre y lo miró. Una profunda sombra a espaldas de Woojin hacía que pareciera un fantasma de pie, en absoluto silencio dentro de la oscuridad.
—Especialmente cuando se trata de ti, no estoy en mi sano juicio, así que no hagas nada para involucrarte con esos tipos. Ya estoy sufriendo bastante.
—¿Sufriendo? ¿De qué sufres? ¿Sufres porque ya no puedes usarme?
—...
—Te encantaría que siguiera cayendo en tus mentiras como un tonto, ¿verdad? Eres un maldito egoísta. Jamás entenderás cómo me siento. Ahora mismo... siento que podría volverme loco queriéndote matar, Hyun Woojin. ¿Lo entiendes?
Al encontrarse con los ojos de Haewon llenos de hostilidad e ira, Woojin siguió mirando esos ojos fijos en él con una sensación de hundimiento en el pecho.
—Pensaré con calma en lo que hice mal. Todavía no lo entiendo bien.
—¿Qué?
—No lo sé. A partir de ahora, no te mentiré. No sabía que odiabas tanto las mentiras.
—No me conviertas en basura como hiciste con Taeshin... ninguna cantidad de disculpas será suficiente.
—Disculparme con Lee Taeshin es algo que debo hacerle a Lee Taeshin ¿Acaso eres él?
—...¿Qué?
—¿Por qué estás tan enojado si ni siquiera eres la persona involucrada?
A Haewon le parecía que iba a volverse loco porque Woojin estaba hablando con total sinceridad.
—Era mi amigo.
—...¿Amigo?
—"..."
Woojin lució desconcertado. Parecía que la definición de «amigo» en su mente no coincidía con lo que Haewon le demostraba a Taeshin.
—¿Así que tiraste su diario sin leerlo? ¿Qué estaba escrito ahí?
Estaba provocando la culpa que Haewon sentía hacia Taeshin, casi como si le dijera que Haewon también era un cómplice. Tal vez esa era su manera de castigarse.
Woojin sufría sin saber qué había hecho mal, y Haewon sufría por saber demasiado bien lo que la persona que amaba había cometido. Ese era el castigo por amar a Woojin y tomarse a la ligera la muerte de Taeshin.
—Lee Taeshin sabía que nos encontraríamos así.
—"..."
—Sabía que me acercaría a ti de alguna manera. Por eso te envió eso. Ni siquiera lo miraste, solo lo dejaste allí.
—"..."
—Escribió que yo vendería incluso a mis padres por mis objetivos. Que no puedo amar a nadie, que no amo porque no tengo emociones, como una serpiente. Dijo que por eso murió mi prometida. Y que por eso él también moriría.
—"..."
—Viendo lo mucho que me aborreces, parece que la evaluación que Lee Taeshin hizo de mí era correcta.
Fiel a su promesa de ser honesto a partir de entonces, Woojin habló sin reservas. Sabiendo que Haewon no podía soportar esa verdad, continuó.
—Te dijo que huyeras de mí, que no me amaras. Esa fue la última voluntad de Lee Taeshin para ti. Y yo destruí eso en cuanto lo vi. Me preocupaba que realmente pudieras huir porque esas palabras estúpidas eran ciertas.
—No mientas.
Murmuró Haewon, aturdido.
—Considera ambas muertes como culpa mía. Si un asunto así es tan importante. No me importa.
—...
—Ahora que lo sabes...
—...
—Haz lo que Lee Taeshin te indicó. Huye de mí.
Con esa última declaración, Woojin se dio la vuelta. Haewon, que había estado fingiendo tocar el timbre pero en realidad se apoyaba contra la pared, se derrumbó lentamente hasta el suelo.
∞ ∞ ∞
Cuando Woojin entró en la oficina, el empleado que lo esperaba se puso de pie. El jefe Hwang también se levantó, lo saludó e hizo un gesto hacia alguien.
Era el abogado Choi, quien previamente le había ofrecido a Woojin un cambio de puesto. Vistiendo un traje limpio y elegante hecho a medida, se levantó de la silla de espera y saludó a Woojin con calidez.
—Hola, fiscal. Ha pasado un tiempo.
—Sí, hola. Jefe, hagamos la entrevista al testigo que pospusimos anteayer esta misma mañana si es posible. Escuché que la persona vino a Seúl, debería estar por aquí cerca.
Woojin le dio un saludo superficial al abogado Choi y se dirigió al jefe Hwang. El jefe Hwang, acercándose desde el otro lado del escritorio, agarró suavemente el brazo de Woojin y lo hizo a un lado, hablándole en voz baja para que el abogado no pudiera oír.
—Fiscal...
—¿Se puede hacer hoy?
—Fiscal, lo han acusado formalmente.
—Empezaremos la entrevista al testigo, así que llámalos para que vengan lo antes posible.
Ignorando el sombrío anuncio del jefe Hwang, Woojin le dio unas palmaditas en el brazo para apresurar el contacto y se dirigió hacia su despacho privado. Luego le habló al abogado Choi.
—Pase.
Mientras el abogado Choi entraba a la oficina e intentaba cerrar la puerta, Woojin le indicó con un gesto que la dejara abierta. El abogado dejó la puerta entreabierta y se acercó a Woojin, sacando documentos de su maletín.
—Usted se reunió con el representante Lee Seok-jung en el Hotel J anoche, ¿cierto?
—Nos conocemos.
—Eso lo hace aún mejor. Agresiones con lesiones, daños a la propiedad y demás. El representante Lee Seok-jung, de Keo Won Construction, ha designado a nuestro bufete como su representante legal y ha presentado una denuncia en su contra. Aquí están la denuncia y los documentos de prueba.
—Déjalos ahí.
Woojin le indicó que los pusiera sobre el escritorio y luego tomó el teléfono, sosteniéndolo entre su hombro y su rostro. Marcó un número interno.
—¿No está el fiscal Jung en su escritorio? Habla Hyun Woojin. No responde al teléfono. Por favor, comuníquese conmigo tan pronto como llegue. Sí.
Cada vez que el abogado Choi abría la boca, deseoso de decir algo con aire triunfante, Woojin le dedicaba una mirada pidiéndole que esperara mientras terminaba sus propios asuntos.
Woojin colgó el teléfono y abrió los documentos de la denuncia sobre el escritorio. Preguntó con tono desinteresado.
—¿En qué hospital está ingresado el representante Lee Seok-jung?
—En el Hospital General Mingin.
—¿Qué lesiones tiene?
—Está bastante lesionado. Hemos adjuntado fotografías del interior del restaurante del hotel. También hemos asegurado testimonios. La escena era espantosa.
El abogado Choi respondió con voz rebosante de confianza, con los ojos brillando por la experiencia.
Mientras ojeaba casualmente los documentos, Woojin le habló al jefe Hwang, que estaba escuchando a escondidas desde la puerta abierta.
—Jefe, envíe a alguien al hospital ahora mismo para asegurar todas las imágenes de circuito cerrado de televisión del aparcamiento, el ascensor, el pasillo, la sala de exploración y la habitación desde el momento en que Lee Seok-jung ingresó al hospital anoche. Informe al hospital que, si emiten un certificado médico falso, la vida del médico quedará arruinada. ¿Dijo que era el Mingin?
—¿Eh? Sí.
El abogado respondió sin darse cuenta, y Woojin marcó a alguien en su teléfono.
—Soy yo, madre. Parece que el representante Lee Seok-jung, de Keo Won Construction, ingresó a su hospital anoche. Averigüe qué médico emitió el certificado médico y evite que se vaya a ninguna parte. Alguien de la fiscalía irá para allá. También debe proporcionar las imágenes del circuito cerrado de televisión. Ha ocurrido un incidente. No le diga al director, no, no le diga a mi padre. No es nada grave. Sí.
Colgó el teléfono. Woojin se quitó la chaqueta, la colgó en un perchero largo y se dio la vuelta.
—No quiero armar un escándalo ya que mi padre es el director de ese hospital.
—...Ah, sí.
El abogado Choi respondió sin encontrarse con la penetrante mirada de Woojin.
—Intenté no escalar esto, pero ya que se han tomado la molestia de presentar una denuncia, no tengo opción. Yo también presentaré una.
Cuando Woojin comenzó a aflojarse la corbata y a desabotonarse la camisa, el abogado dio un paso atrás. El jefe Hwang, afuera, dijo que regresaría e hizo ademán de irse a toda prisa. El sonido de alguien marchándose apresuradamente hizo fruncir el ceño al abogado.
Woojin se quitó la camisa, dejando al descubierto un hombro amoratado de color negro y azul con claros coágulos de sangre.
El empleado que traía el café soltó un grito al ver el hombro de Woojin y dejó caer el café al suelo, impregnando el ambiente con el aroma del espresso.
El abogado Choi, pálido, miró en estado de shock la espantosa lesión en el hombro de Woojin.
—Ni siquiera pensé en presentar una denuncia porque estaba muy ocupado, a pesar de estar en este estado. Necesito conseguir un certificado médico y redactar una denuncia, así que arreglemos ambas posturas y volvamos a presentarla mañana. Me encargaré de ello con rapidez.
—Primero hablaré de nuevo con el representante, y luego...
—Eso depende de usted. Y usted sabe que Lee Seok-jung sobornó al fiscal general Lee Dae-young, de la Fiscalía del Tribunal Superior de Seúl, para archivar el caso de comercio ilegal de Keo Won Securities Holdings, ¿verdad? ¿Era de la 23.ª promoción de la academia de capacitación? Pedir el archivo de un caso por valor de billones a cambio de unos cuantos cientos de millones... ¿no es demasiado mezquino? No entiendo por qué su capacidad es tan limitada.
—Ya me voy retirando.
—Ocúpese de eso también. Me da náuseas tan solo mirar a los abogados, y no quiero repetir la misma historia a mucha gente.
—Le pido disculpas. Me he excedido.
Recogiendo los documentos del estante como si se los arrebatara, el abogado Choi salió a toda prisa.
Woojin se volvió a poner la camisa. El empleado, que había traído un trapeador, limpió el líquido marrón del suelo mientras decía:
—Fiscal, ¿usted también puede hacer actuaciones como esa?
—Tu grito fue lo mejor.
—Grité bastante bien. Menos mal que el jefe me avisó con anticipación.
—Iba a seguir adelante con la investigación de todos modos. Prometí destruir a cualquiera que lo tocara.
—¿Qué?
—No es nada. Terminemos todas las investigaciones para esta mañana.
Tocar a los miembros del refugio en ese momento era un movimiento irracional, especialmente involucrando al Fiscal General.
Era un plan en el que llevaba mucho tiempo trabajando. Incluso sabiendo que Haewon estaba haciendo que se torciera, no podía detenerlo. Que cualquier otra persona tocara a Haewon, incluso si eso significaba que sus planes futuros se arruinaran, era algo que no podía tolerar. Era absolutamente inaceptable.
∞ ∞ ∞
Para evitar el aluvión de preguntas de su padre y su madrastra sobre lo que estaba pasando, Haewon se mantuvo recluido en su casa familiar durante varios días.
Pensando en Taeshin, recordando el testamento que dejó y recordando el rostro sereno de Woojin mientras se lo transmitía, Haewon yacía en la cama, inmóvil, como si hubiera caído en un abismo sin fondo.
Me dijo que huyera.
Incluso justo antes de saltar, Taeshin había llamado.
Le había dicho que no lo encontrara, que no lo amara, que huyera.
¿Había algo más apropiado?
Woojin era el tipo de persona que vendería a sus padres por sus objetivos. No, era alguien que incluso se vendería a sí mismo.
Era un hombre incapaz de amar a nadie, y si uno se enamoraba de él, capturaba tu cuerpo y tu alma, despojándote eventualmente de tu propósito en la vida.
Se describió a sí mismo como una serpiente que come carne humana. Su rostro no mostraba autocrítica ni autocompasión, sino hostilidad y frialdad.
Ya fuera una actuación o manipulación, había sido muy amable con él.
Le tocaba el violín, le preparaba café, le servía el desayuno y le daba masajes en el cuello y los hombros cuando sentía dolor. Sobre todo, sabía lo que odiaba y no lo hacía descuidadamente. Aunque a veces lo lastimaba, intentaba reprimir sus deseos crecientes. La forma en que lo tocaba con tanta ternura volvía a su mente, haciéndole perder el aliento.
No, no puede ser. Él no es esa clase de persona.
Haewon cambiaba su definición de Woojin una docena de veces al día. No era realmente esa persona, pero era exactamente esa clase de hombre.
Lo odiaba y aborrecía, y sin embargo, una resistencia más fuerte que ese odio se dirigía hacia Woojin. Haewon deseaba verlo desesperadamente, abrazarlo, matarlo.
Obligado a comer debido a los constantes regaños de su madrastra, Haewon logró comer una comida.
Haejung, que había visto a Haewon en la televisión, declaró que ella también quería convertirse en violinista, sacando el polvoriento violín de un cuarto de tamaño que Haewon usaba cuando era niño y emitiendo sonidos desagradables. Gracias a eso, Haewon pudo olvidarse de Woojin y de Taeshin por un momento.
Tras pasar el tiempo de esa manera, para escapar de las persistentes preguntas de su madrastra y su padre sobre lo que le pasaba, Haewon regresó a su officetel.
El officetel había vuelto al estado en el que se encontraba antes de que Woojin le preparara el penthouse.
Todo había sido restaurado. La cama que le gustaba a Haewon, el sistema de audio, el sofá, la insonorización, incluso las partituras, todo había vuelto.
Haewon no pudo dormir en esa cama. Era la cama que había compartido con Woojin. Extendió un colchón en el suelo y durmió allí.
Y durante varios días, tuvo el mismo sueño. Era el sueño de Taeshin, huyendo de Woojin a través de un bosque oscuro, con los pies ampollados y el cuerpo herido.
En el sueño, Haewon era Taeshin, deambulando entre la niebla. Las ramas desnudas que pinchaban su carne se volvían como cuchillos, cortando no solo la piel y los huesos, sino también su corazón.
Al despertar del sueño, Haewon no podía moverse durante un rato, tendido aturdido y escrurriéndole lágrimas.
En las mañanas posteriores a sueños tan terribles, podía perdonar aún menos a Woojin, y las razones para el perdón desaparecían.
El incómodo colchón, que parecía no ofrecer un descanso real, estimulaba el insomnio con su dolor distintivo en los huesos y músculos, pero Haewon no se acostaba en la cama. Esa cama todavía olía a Woojin. Evitaba todo lo que aún conservara el aroma de Woojin.
No hubo llamadas de Woojin, pero Jaemin y su mánager llamaban con insistencia. Haewon no respondió a ninguna llamada. Permaneció desplomado en el colchón junto a la ventana hasta que Jaemin usó equipo para abrir la puerta del officetel.
Al verlo en ese estado, Jaemin comenzó a ir al officetel de Haewon para hacer oficina allí, cuidándolo directamente. Solo entonces Haewon comenzó a moverse de nuevo, aunque de mala gana.
Jaemin, que normalmente ni siquiera miraba las noticias, suspiró profundamente mientras leía un artículo y luego arrojó el periódico sobre la mesa.
—¿Qué pasa?
Preguntó Haewon mientras hojeaba sus partituras.
—Tendremos que producir el álbum en otro lado. Ese tipo fue arrestado.
—¿Quién?
—El director ejecutivo de Keo Won Construction. Lo conoces, ¿verdad?
—¿Arrestado?
—Parece que lo atraparon sobornando a un fiscal para suspender cargos mientras intentaba convertir una empresa de valores. ¿No era el director ejecutivo de una empresa constructora? ¿Qué tiene que ver con una firma de valores?
Jaemin, que tampoco entendía de esos asuntos, comenzó a explicar, pero luego se rindió.
—¿Cuesta mucho producir un álbum? Hablaré con mi padre sobre eso.
Haewon había insistido en que el representante Lee Seok-jung, de Keo Won Construction, se encargara de la producción. Como ya había rechazado a los inversores con los que se había puesto en contacto, encontrar una nueva inversión no era fácil. Además, Kim Jaemin era compositor y productor musical, no un hombre de negocios.
—Hay una compañía discográfica que mostró interés antes, así que me pondré en contacto con ellos poco a poco. No te preocupes por eso.
—Entonces no me preocuparé.
—Bien.
Su tono pretendía no ser una carga para Haewon. Haewon dejó todos los problemas que no podía resolver en manos de Jaemin y volvió a centrar su atención en las partituras. Estaba practicando a medias, tocando sin demasiado entusiasmo.
Jaemin, sentado en el sofá con las manos detrás de la cabeza y observando a Haewon, habló con cautela.
—¿El hombre que me llamó es el que vi frente a este officetel antes? ¿Con el que mentiste diciendo que te ibas a mudar?
—¿Por qué él? ¿Te llamó, director?
Haewon lo miró, sobresaltado.
—Has ignorado llamadas antes, pero no puedo simplemente forzar la puerta para abrirla solo porque no respondes. De hecho, un tipo me llamó. Creo que era él. Me pidió que comprobara si estabas bien. Pero, ¿cómo consiguió mi número?
«...»
El rostro de Haewon se endureció y bajó la mirada. Había una razón por la cual Woojin lo había dejado en su casa familiar en lugar del officetel aquel día. Era para decirle que no estuviera solo si era posible.
Incluso sin Woojin, Haewon podía sentir su mirada vigilándolo. Como Haewon no se movía para nada en el officetel, Woojin había llamado a Jaemin. Sabiendo lo que Jaemin significaba para él, Woojin llamó a pesar de no soportar que nadie tocara o siquiera mirara a Haewon. Recordó a Woojin, incluso en ese estado, instándole a enjuagarse la boca después de chupar los dedos de Seok-jung.
Él preguntó persistentemente si amarlo era lo correcto.
Preguntó si ser un monstruo significaba que ya no podía ser amado.
En ese momento, Woojin tenía los ojos de un niño herido.
Después de cometer tales actos contra Taeshin, después de dejarle semejantes heridas, seguía siendo amable con Haewon. La bondad de un hombre al que comparaban con una serpiente era como una maldición sobre la vida. Era como medicina aplicada después de la tortura y los golpes.
¿Cómo reaccionaría Woojin si se ahorcara allí mismo?
Haewon no dejaba de imaginar a Woojin sosteniendo su cadáver y llorando. Tal vez por eso ellos también eligieron la muerte. Quizá para lastimar a Woojin, para hacerlo arrepentirse.
Era un juicio insensato.
Woojin no era del tipo que lloraría por él ni por ellos. Se encargaría con calma de los trámites tras la muerte, vistiendo el cuerpo pulcramente y sin derramar una sola lágrima mientras se ocupaba de todo lo relacionado con su funeral.
Haewon sacudió la cabeza.
—De todos modos, se trata de él, ¿verdad?
—Hemos roto.
—No parecía ser así por su parte.
—Se acabó. Por eso estás aquí, director. Si no fuera así, tal vez habría destruido todo tu linaje.
—¿Qué significa eso?
—Eso es lo que siempre dice. Que destruirá todo tu linaje.
—¿Destruir todo tu linaje? ¿Qué significa eso?
Como estadounidense de cabello oscuro, no lograba comprender ni la mitad de lo que decía Haewon.
Haewon renunció a explicarle. El arresto de Seokjung también se debía probablemente a la misma razón. Por haber tocado a Haewon. Woojin había dicho que no dejaría impune a nadie que lo tocara.
Haewon recordó a la gente de la villa de Yangpyeong de la que Woojin le había advertido que no debía acercarse. Nadie se inclinaba ante Lee Seokjung, un chaebol de tercera generación, ni intentaba complacerlo. No había una jerarquía establecida.
Debían de ser personas tan importantes como un chaebol de tercera generación, o muy similares. Con riqueza y poder, se reunían en el sótano para entregarse al libertinaje.
Se había opuesto abiertamente a Lee Seokjung. Además, Woojin había intentado prender fuego a ese lugar. Había puesto sus vidas en peligro. Dado que Lee Seokjung lo sabía, significaba que los demás también.
Por muy capaz que fuera Woojin, lidiar con un chaebol de tercera generación y al mismo tiempo enfrentarse a personas con un poder y una riqueza similares no sería tan fácil como sonaba. Podía notar que la posición de Woojin se había vuelto bastante precaria.
Se habían deleitado exponiendo su propia vergüenza y deshonra con drogas y alcohol, por lo que debían de haber acumulado mucho material en su contra. Sin duda, Woojin estaba recopilando sus puntos débiles, manteniéndolos cerca para observarlos.
Y cuando le apetecía, llevaba a alguien allí para jugar.
—...
Cada vez que recordaba lo que Taeshin había sufrido allí, le dolía el corazón. Sentía que le temblaban las manos con el impulso de ir tras Woojin y clavarle un cuchillo en el pecho. La idea de Woojin en medio de una orgía le resultaba asfixiante. Ni siquiera quería imaginárselo. Con esas manos sucias, con un cuerpo tan inmundo, lo había tocado. Mientras hacía cosas tan asquerosas, tenía el descaro de decirle que se desnudara solo frente a él. Y, mientras tanto, le suplicaba preguntando si amarlo era lo correcto.
No podía quedarse quieto debido a la ira creciente. Haewon entró al baño, se desnudó y se lavó el cuerpo frenéticamente. No soportaba que lo trataran como a uno de ellos. Quería escupirle en la cara a Woojin.
Después de estregarse hasta que la piel se le puso roja, quitarse el jabón y salir como un loco, le faltaba la voluntad para ensayar o hacer cualquier otra cosa con su cuerpo agotado. Envuelto en una bata de baño, Haewon se derrumbó sobre el colchón.
—¿Por qué duermes en el suelo en lugar de en la cama?
Preguntó Jaemin mientras ordenaba las cosas que Haewon había dejado desparramadas.
—Porque es asqueroso, porque está sucio.
—Entonces cambia las sábanas.
—Siento que voy a enloquecer por la suciedad.
Murmuró con una voz tan baja que era casi inaudible para Jaemin, quien estaba clasificando la ropa de cama.
—¿Llamo a alguien para que limpie?
—...Solo déjalo.
Haewon le indicó que no tocara nada y cerró los ojos. Su cuerpo temblaba por el frío que sentía.
Sintiendo que Woojin podría estar vigilándolo como antes, Haewon tomó un taxi, se bajó a las pocas cuadras, cambió rápidamente a otro taxi, viajó en él un rato antes de volver a bajarse y subirse a un autobús. De ese modo, evadió hábilmente cualquier persecución, dando rodeos deliberadamente para asegurarse de que nadie pudiera seguirlo.
Haewon dudó un momento frente a la prisión. Solo había oído que había una prisión en alguna parte de ese país; nunca había visto una, y mucho menos había visitado una. Era un lugar con el que creía que jamás tendría relación alguna en su vida.
Solicitó una visita. Mientras esperaba su turno en la sala de espera, miró a su alrededor a las personas que habían acudido a encontrarse con los criminales. Esas personas estaban allí para visitar a delincuentes convictos, pero en sus rostros no había rastro de vergüenza ni incomodidad. En su lugar, solo mostraban compasión y añoranza.
¿Llegaría a ver a Woojin de esa manera? ¿Habría alguna vez un momento en que Woojin fuera perdonado?
Cuando estaba con él, Woojin decía que no podía controlar su deseo sexual. Había llevado a Haewon al hogar conyugal que su difunta prometida había preparado. Haewon solo estaba allí para calentar su cama, ni más ni menos. Desde el principio, Woojin lo había convertido en alguien dispuesto a abrirse de piernas para los hombres, cumpliendo ese rol.
No había nada tan doloroso como recordar su aventura en la isla de Jeju. Sin siquiera pensar en Taeshin, Haewon sentía que su odio hacia Woojin y su desprecio por sí mismo se acumulaban hora tras hora. Cada vez que se quedaba quieto, su mente se llenaba por completo de pensamientos sobre aquel hombre, atormentándolo.
A medida que disminuía el número de personas en espera y se acercaba su turno de visita, Haewon siguió al personal hasta un pequeño cubículo, donde una mampara de vidrio dividía el espacio, con dos sillas a cada lado.
Tras sentarse y esperar un poco, Seungcheol Choi, vestido con el uniforme gris claro de un detenido en prisión preventiva, hizo su aparición. Titubeó al ver a Haewon, pero se acercó y se sentó sin mostrar mucha sorpresa ni alegría.
—Ha pasado un tiempo.
—Sí.
—¿Cómo has estado?
—Eso no es algo que debas preguntarme.
—Ah... ¿es así?
Se pasó torpemente una mano por el cabello, ahora más corto, y sonrió. Parecía que la vida en prisión no era tan dura como se rumoreaba. Decían que la ley favorecía los derechos del acusado por encima de las víctimas, y parecía que las condiciones de los reclusos habían mejorado con los tiempos.
Tenía el pelo más corto, pero su aspecto y su físico eran casi los mismos. Su piel incluso se veía más limpia que antes, y su expresión era apacible.
—Te vi en la televisión. Felicidades.
—¿Por qué?
—Mmh... ¿por haber salido en la televisión? ¿Por haber ascendido a primer violín? ¿Por dejar el puesto de concertino para tocar como solista? Lo hiciste bien.
—¿Sabes por qué estás en la cárcel, sunbae?
—...
Parecía desconcertado, reconociendo perfectamente su propia situación como un delincuente que había aceptado sobornos.
—¿No tienes curiosidad por saber quién te metió en esto?
—Fue mi propia codicia, al exceder mis capacidades, lo que me trajo aquí. Vivir cuesta más de lo que pensaba.
Seungcheol habló con excusas filosóficas dirigidas a Haewon, quien no iba a apreciarlas en ese momento, dejando sus palabras en el aire.
—Fue el fiscal Hyun Woojin quien hizo esto.
Haewon no estaba allí para una charla trivial; mencionó abruptamente el nombre de Woojin. Seungcheol parpadeó, desconcertado por ese nombre inesperado.
—Fue el fiscal Hyun Woojin quien hizo esto. Él es quien te investigó en secreto, te arrestó y te metió en la cárcel.
—...¿El Hyun Woojin que estaba comprometido con la hija del Grupo Hankyung? ¿El fiscal del distrito central?
—Sí, él.
—No recuerdo haber hablado nunca con él... ¿por qué haría algo así?
—Te acostaste conmigo, sunbae.
—...
Con una mirada de irritación ante semejantes afirmaciones sin sentido, Seungcheol se acomodó en el asiento. Sus ojos apacibles, que habían estado reflexionando sobre sus fechorías, parpadearon con inquietud.
—A Hyun Woojin le gusto.
—...
—Sabiendo que te acostaste conmigo, hizo esto a propósito. Ese hombre odia que alguien toque lo que es suyo.
—¿Qué?
Seungcheol se levantó de la silla incrédulo, tratando de confrontar a Haewon, pero volvió a sentarse al percatarse del guardia detrás de él. Sus puños estaban fuertemente apretados.
—¿Hyun Woojin hizo esto?
Preguntó Seungcheol con voz apenas contenida, preguntándose si lo que decía Haewon era una tontería o si realmente había algo entre él y Woojin.
—Me dijo directamente que te había metido aquí. Dijo que aceptaste sobornos de los padres y preguntó por qué me abría de piernas por un hombre tan insignificante.
Seungcheol, tragándose su humillación, intentó controlar sus emociones; su rostro se contorsionó antes de recuperar la compostura, aunque sus puños seguían temblando.
—¿Puedo preguntar cuál es tu intención ahora al decir esto?
Preguntó educadamente, manteniendo la calma.
—Yo... amo a Hyun Woojin. No, lo amaba.
—...
—Así que quiero arruinarlo.
—...
—Y como no sé cómo hacerlo, vine a ti.
Haewon sacó unos documentos de su bolso, los abrió en una página aleatoria y los presionó contra la mampara de vidrio. Seungcheol acercó su silla para leer a través del cristal. Era un libro de contabilidad que detallaba minuciosamente quién le pagaba a quién, aunque no estaba seguro de qué era exactamente.
—Es un registro de sobornos ¿De dónde sacaste esto?
—Woojin, o mejor dicho, ese bastardo lo tenía. Siempre que hacía algo en el estudio, sacaba libros sin relación, pero los colocaba en lugares específicos. Me pareció extraño, así que lo revisé y dentro estaba esto.
—...¿Vivían juntos?
—No tenemos tiempo para eso ahora. Lo importante es que esto parece legítimo, pero no sé cómo usarlo.
—¿Puedes pasar otra página?
Seungcheol había intentado acercarse a los que ostentaban el poder. Sabía mucho sobre sus chismes. Él había sido el primero en hablar mal de Woojin.
Haewon pasó la página y la sostuvo en alto para que Seungcheol pudiera verla mejor.
—...¿Kang Seyong? ¿Se refiere al actual jefe de Gabinete de la Casa Azul? Eso es enorme.
Tras confirmar los nombres y las cifras del registro, le pidió que pasara otra página. Habiendo echado un vistazo a las cantidades notables, Seungcheol se recostó, apartando el rostro del cristal. Haewon bajó los documentos.
—Parece un registro de personas sobornadas por el Grupo Hankyung. Probablemente algo que tenía Kim Jeonggeun.
—...
—Por muy genio que sea Woojin, no hay forma de que Kim Jeonggeun le hubiera confiado esto al fiscal Woojin. Tenía suficiente tiempo antes de ser arrestado para usarlo o deshacerse de él. No era un caso cualquiera; fue manejado por un fiscal especial, así que no hay manera de que hubiera dejado al jefe de Gabinete en paz sin presionarlo. Me pareció extraño que Kim Jeonggeun obtuviera siete años. Si Woojin estaba detrás de esto, tiene sentido.
—...¿Estás diciendo que Woojin metió a Kim Jeonggeun en la cárcel?
—Sí, Woojin lo hizo.
A pesar del sarcasmo de Seungcheol, Haewon no tenía tiempo para importarle.
—Me encontré por casualidad con Seo Ok-hwa, y ella dijo que los derechos de voto de Kim Jeonggeun pasaron a Woojin. Dijo que Woojin, o más bien ese bastardo, está dirigiendo la oficina de estrategia.
—No es un tipo cualquiera; aguantó cinco años tras la muerte de su prometida, adulando al grupo. No solo se apoderó de Hankyung, sino que también se hizo con este libro secreto de contabilidad.
Haewon sabía que Woojin no era alguien que dependiera del azar; era alguien que elegía cuidadosamente sus sacrificios y esperaba el momento perfecto para atacar, oculto durante cinco años entre la maleza.
Woojin se había llevado a Haewon a Bangkok en ese entonces. Cuando Kim Jeonggeun fue citado por la fiscalía, con el rostro cegado por los destellos de las cámaras, Haewon lo estaba viendo por televisión y Woojin le había ordenado con severidad que dejara de prestar atención.
Incluso cuando estaban juntos en la cama, la mente de Woojin estaba ocupada por la caída total de alguien y sus viles planes. Nunca había sido sincero ni por un solo momento.
—No sé cómo usar esto.
—...Mmh.
Seungcheol se tocó la barbilla, ahora con barba, perdido en sus pensamientos.
—Visitar a Kim Jeonggeun bajo detención sería difícil para ti, y tampoco puedes reunirte con el jefe de Gabinete... Esto es complicado.
—Recuerda que el fiscal Hyun Woojin está detrás de todo esto, sunbae.
—Bueno, yo no estoy aquí por haberme acostado contigo; estoy aquí por mi propia culpa, así que no estoy lo suficientemente indignado como para querer matar a Hyun Woojin.
—...
—Ustedes dos se acostaron ¿eh?
Sus ojos se entrecerraron ligeramente, como si imaginaran algo, mientras miraban el rostro de Haewon.
—Deja de hablar de eso y piensa en una forma de joderlo.
—Dáselo a Seo Okhwa.
—...
—Mostrárselo a Seo Okhwa será la manera más rápida.
Existía un método así. Haewon asintió con la cabeza, de acuerdo. A medida que su ira disminuía, sus ojos también perdían intensidad. Seungcheol miró fijamente a Haewon a través de la mampara de vidrio.
—Se te acaba el tiempo de visita.
El guardia indicó que la visita había terminado.
—¿Puedes volver la próxima semana? Solo puedes venir cuatro veces al mes.
A pesar de llevar la humilde indumentaria de un recluso, no podía ocultar su tono ansioso mientras mantenía su aspecto pulcro.
—Puede que no pueda venir porque Hyun Woojin podría estar vigilándome.
—Ten cuidado. No sé por qué, pero ese registro es extremadamente importante para Hyun Woojin. No lo dejará contigo. Muéstraselo a Seo Okhwa y cuéntale qué está tramando el fiscal Hyun Woojin. Esa es la vía más rápida.
—Lo haré.
—La visita ha terminado.
Seungcheol se levantó con expresión de pesar y se dio la vuelta bajo la guía del guardia. Justo antes de irse, miró hacia atrás, pero el guardia tiró de su brazo.
Una vez que Seungcheol desapareció tras la puerta, Haewon se quedó solo, mirando fijamente el espacio ahora vacío al otro lado del cristal.
∞ ∞ ∞
La compañía de producción del álbum fue elegida nuevamente y la grabación prosiguió. La agencia de representación presentada por Jaemin era una empresa especializada en arte y cultura, a la que estaban afiliados muchos músicos, incluidos pianistas, violinistas, intérpretes famosos ganadores de varios concursos, compositores y músicos emergentes como Haewon.
No exigían un horario irrazonable y, en su mayor parte, dejaban las decisiones en manos de Haewon, lo que le facilitaba trabajar con ellos.
Tal como se lo había propuesto, la gente empezó a reconocerlo no como una celebridad incomprendida, sino como el verdadero violinista Moon Haewon.
Mientras esperaba el regreso de Seo Okhwa, Haewon participó activamente en programas de radio y televisión. Se aseguró de dejarse ver para que, si algo le pasaba, el mundo se enterara.
Participó en conciertos de gala, concedió entrevistas e incluso posó para la edición especial de una revista de música clásica. Deliberadamente, eligió hacer cosas que a Woojin le disgustarían. También programó un concierto como solista con seiscientos asientos.
Actuaba alegre a propósito. Conoció a mucha gente, siempre cenaba fuera, bebía alcohol y reía exageradamente con personas con las que no era cercano.
Aunque Woojin no estaba allí, Haewon podía sentir su mirada sobre él en cada fibra de su ser.
—Felicidades. Las entradas para el concierto se agotaron en cuanto salieron a la venta. Es un récord sin precedentes para un recital de violín solo.
—Son solo seiscientos asientos. Y ni siquiera es una sala de conciertos, sino una sala de recitales.
—¿Seiscientos asientos no es «solo»? Nunca antes se había dado el caso de que un concierto de violín solo agotara las entradas allí.
—Supongo que nunca se había dado el caso de que un violinista inexperto como yo agotara las entradas.
Haewon rechazó la oferta de su mánager de cargar el violín, se lo colgó al hombro y respondió. El mánager, intentando tantear el estado de ánimo de Haewon pero al ver solo indiferencia, esbozó una sonrisa a medias.
Al salir del ascensor y caminar hacia la puerta del officetel, los pasos de Haewon se ralentizaron. El mánager se dio la vuelta para mirarlo. Haewon estaba viendo a Woojin de pie frente a la puerta.
—¿No dijiste que lo conocías?
—...Puedes irte ahora. Mañana tengo clases en la escuela.
—Entonces, ¿cuándo empezarás a ensayar para el concierto? Mencionaste que necesitabas coordinarte con un pianista.
—Programalo para este viernes. Descansaré durante el fin de semana.
—Se lo haré saber al director. Entra. Llámame si necesitas algo.
El mánager hizo una leve reverencia y se marchó. Haewon caminó hacia la puerta del officetel.
—Si no quieres verme, entrégame el registro.
—No lo tengo.
—Fuiste a ver a Choi Seungcheol, ¿verdad?
Tan pronto como el nombre de Seungcheol salió de los labios de Woojin, Haewon esbozó una sonrisa sarcástica. Lo miró con ojos llenos de desdén, como diciendo: «Ya lo sabía».
Efectivamente, estaba siendo vigilado. La sensación en la sala de conciertos no provenía de la mirada del público, sino de este hombre, que parecía cortarle la piel como una cuchilla de afeitar.
—¿No te cansas de seguirme las veinticuatro horas? ¿No tienes nada mejor que hacer?
A pesar del sarcasmo de Haewon, Woojin no mostró ninguna expresión, como si le dijera: «Ni sueñes con algo así».
—Su abogado se puso en contacto conmigo. Dijo que tenía algo muy importante que decir. Yo no tengo tiempo para andar persiguiéndote a ti también.
—...
Woojin estaba apoyado contra la pared con los brazos cruzados. Haewon resistió su mirada condescendiente.
—Dijo que tú tienes el registro y que me lo entregará si consigo un indulto especial para él. Está decidido a conseguirlo.
—...
Haewon se mordió el labio.
Ese idiota...
Una maldición profana se le escapó de forma involuntaria. No debería haber confiado en él; después de todo aquello, ir arrastrándose ante Hyun Woojin como un perro... el anormal no era Woojin, sino Seungcheol.
Mirando hacia abajo a Haewon, que estaba allí mordiéndose los labios de ira, Woojin continuó.
—Puede que yo sea anormal, así que no sé si mi juicio es correcto, pero ese idiota realmente me da asco. Es bastante absurdo que te hayas sentado con un hombre así para tramar mi caída. Por supuesto, hace tiempo que sé que tus estándares no son tan altos. El hábito de abrirte de piernas por cualquiera que te compre pan no se te ha quitado, ¿verdad?
—...
—Hagas lo que hagas, no puedes hacerme daño. Ni siquiera me haces cosquillas.
—El sunbae me dijo que se lo llevara a Seo Okhwa, pero no te mencionó eso ¿verdad?
Haewon no soportaba sentirse tan insignificante frente a Woojin. Pensó que tal vez necesitaba ocultar un cuchillo en la manga. Necesitaba tomar a Woojin por sorpresa y causarle algún daño. Sin eso, no había manera. Por mucho que se retorciera, ni siquiera podía hacerle cosquillas a Woojin.
Incluso al mencionar el nombre de Seo Okhwa, la expresión impasible de Woojin no cambió. No era que estuviera ocultando deliberadamente sus emociones; parecía no tener ninguna emoción para empezar.
Sin saberlo, Haewon había pensado que Woojin solo estaba calmado. Le gustaba su personalidad porque era muy diferente a la suya, con estados de ánimo que cambiaban de la mañana a la noche.
—Mostrárselo a ella no servirá de nada. Seo Okhwa no sabe nada excepto música, al igual que tú. Y se pondrá en contacto conmigo en cuanto lo vea, diciendo que no sabe qué es.
—¿Qué hay de Park Seyong? También conozco a algunos abogados. Con un par de conexiones, todos se conocen, ¿no? Si le pido a cualquier abogado que lo investigue, reunirme con Park Seyong no será un problema. Si le muestras tan solo una página de eso a un periodista, ¿no vendría Park Seyong a mí?
—...
Haewon no era un tonto. Se enderezó de estar apoyado contra la pared. Su movimiento, al cambiar de peso, parecía el de un animal salvaje preparándose para cazar en la noche.
—Dicen que es muy importante. Muy, muy... importante.
Aferrando con fuerza la correa de su estuche de violín, Haewon susurró:
—Deja de perder el tiempo y entrégamelo. No quiero seguir viniendo a verte.
—Si tanto lo quieres, haz un esfuerzo.
—...
—Suplica como un perro o mátate.
—...
—Muérete.
—...
—Muérete, y te lo daré.
Haewon hablaba en serio. Woojin no respondió como un ser humano. Estaba claro que encontraba desagradables las palabras de Haewon. Habló con calma.
—Normalmente, la gente se enojaría al escuchar cosas así.
—¿Estás enojado? Dijiste que no tienes emociones, que no sientes nada. Eres un psicópata.
—No no siento nada.
—Entonces, ¿estás enojado? ¿Enojado por mi culpa?
Preguntó Haewon, deseando infligirle hasta la más mínima herida con sus palabras. Woojin sonrió levemente, observando a Haewon, que estaba desesperado por lastimarlo.
—¿Por qué enfadarse por un asunto tan trivial? Como soy anormal, en lugar de enojarme cuando dices esas cosas, lo que quiero es acostarme contigo. Ya te lo dije antes. Cuando estoy contigo, me cuesta controlar mi deseo sexual.
—Vete a rodar por los suelos a Yangpyeong. No me coquetees. Das asco.
Estaban hablando de cosas asquerosas. Abrumado por la repugnancia, Haewon abrió la cerradura de la puerta de su officetel.
En el momento en que intentaba entrar, Woojin agarró a Haewon por la muñeca. Sus manos se tocaron, el calor de sus cuerpos se encontró. Haewon retrocedió con un sobresalto, empujándolo. Cuanto más lo empujaba, más apretado se volvía el agarre de Woojin.
—No me toques ¡Suéltame!
—Haré que esta asquerosa cara desaparezca. Si me das los documentos, no volveré a aparecer frente a ti.
—¿Por qué habría de dártelos si ni siquiera lo estás intentando?
—¿Cuál es tu plan? Incluso si los tienes, no puedes amenazarme. No necesito mover un dedo por alguien como tú ¿entiendes?
—Puede que no sea una amenaza, pero puedo molestarte. Estás aquí porque te incomoda ¿Por qué alguien especializado en indagar en la vida de los demás esperaría afuera con total normalidad, haciéndote sentir intranquilo? Tan solo chasquea los dedos y deshazte de esto. O mátame...
Él no soltaba la muñeca de Haewon. Cada vez que se ponía tan terco, los ojos de Woojin reflejaban que quería acostarse con él, que quería hacerle algo. El brillo animal en su mirada era tan intenso que con solo mirarlo a Haewon se le secaba la garganta, como si fuera a desmoronarse en cenizas al más mínimo roce.
Haewon golpeó el brazo de Woojin con el puño. Él no se inmutó. Con desesperación, Haewon alzó la vista hacia él.
—Tú también quieres verme.
—...¿Qué?
—No me lo devuelves porque quieres verme.
—¿Qué clase de tontería es esa? No digas locuras. Eres un maldito loco.
Haewon forcejeó para librarse de la gran mano que aferraba su muñeca, haciendo una mueca como si mirara algo repugnante. Su rostro se puso rojo y su corazón latía con fuerza, como si lo hubieran emboscado.
—Sabes que seguiré viniendo ¿entonces por qué no me lo devuelves? Si no hubieras querido verme, no lo habrías tomado en primer lugar.
—No me hagas reír. Yo... lo usaré para hacerte sufrir. Se lo daré a Park Se-yong. Llamaré a un periodista y se lo filtraré.
Tanto Haewon, que intentaba liberarse, como Woojin, que lo retenía, respiraban con dificultad.
—Mi nombre no está ahí. Incluso si un periodista lo expone, los que saldrán heridos serán Kim Jeong-geun y las personas de la lista, no yo. Solo lo necesito para el trabajo; me da igual si está ahí o no.
—Si te da igual, ¿por qué estás aquí? Si no te importa si lo quemo o lo tiro, deberías irte de una vez.
—...
—Sigues apareciendo en las transmisiones, haciendo que me fije en ti ¿Cómo no va a importarme cuando estás justo frente a mí?
—...
—¿Cómo no me va a importar cuando no dejas de aparecer?
—Hemos terminado.
Si Woojin tuviera un ápice de orgullo, esto habría sido un golpe devastador para él. Haewon le habló, al hombre que lo miraba sin responder, con el mismo tono burlón que usaba cuando lo llamaba anormal.
—De verdad hemos terminado ¿Aún no lo entiendes?
—...
—¿No lo comprendes? Si no es así, ¡al menos finge que lo haces!
Por un momento, los ojos de Woojin temblaron. Se suponía que no tenía emociones, que era incapaz de sentir o empatizar, y sin embargo sus ojos se veían tristes. Su respiración se volvió errática, incapaz de gestionar o soportar la abrumadora tristeza.
La mano que aferraba a Haewon estaba caliente. Woojin sacudió el brazo de Haewon para obligarlo a mirarlo y le dijo:
—Digamos que los maté a ambos. Dime cómo hacerlo. Me disculparé ante la tumba. Si me dices que me suicide y pida perdón, lo haré.
—¡Deja de decir tonterías! ¡No finjas que reflexionas cuando ni siquiera sabes de qué estás pidiendo perdón! ¿A eso lo llamas reflexionar, a limitarte a hablar?
—Entonces ¿Cómo es la reflexión? Si me dices cómo reflexionar, lo haré. Te seguiré al pie de la letra.
—¿Acaso esto se puede solucionar con reflexión?
Woojin sentía que iba a volverse loco. De principio a fin, solo estaba diciendo tonterías. Necesitaba que Haewon se lo explicara de una manera que él pudiera entender y aceptar para poder hacer algo, pero Haewon solo decía que no, que no había manera, ni posibilidad de recuperación. Eso lo estaba volviendo cada vez más loco.
—Si la reflexión y las disculpas no bastan para terminar con esto ¿Qué esperas que haga? ¿De verdad tengo que morir para ser perdonado?
—¿Cómo voy a saberlo? Averígualo tú. Muérete o no, da igual.
Con lo último que le quedaba de fuerza, Haewon lo empujó. La mano de Woojin soltó el agarre. La muñeca que había estado sosteniendo ahora estaba roja.
Haewon abrió la puerta que se había vuelto a cerrar. Al abrirla y dar un paso hacia el interior, la voz baja de Woojin lo detuvo.
—No puedo dormir.
—...
Haewon se giró para mirarlo. Su rostro, que no mostraba ni reflexión ni tristeza, estaba marcado por una fatiga abrumadora.
—No puedo dormir porque tú no estás aquí.
Su mirada, que había estado clavada en el suelo, se posó en Haewon.
—No puedo hacer nada.
—Qué bien. Sigue sin dormir hasta que te mueras un día de estos.
—...
—Entonces, muérete bien.
Haewon entró y cerró la puerta tras de sí.
∞ ∞ ∞
Woojin vio cómo el número de Lee Seungmin aparecía en su pantalla, pero no respondió a la llamada. El barman, al notar que el teléfono vibraba sin cesar, se apartó en silencio tras ver que Woojin ignoraba deliberadamente la llamada.
Todo en sí mismo le disgustaba, pero lo que más le molestaba no era ser un monstruo carente de emociones, sino el hecho de no poder embriagarse ni siquiera después de beber. Si los días seguían así, tendría que tomar pastillas para dormir a la fuerza.
Woojin no podía conciliar el sueño en absoluto.
Pasó la noche escuchando las interpretaciones de Haewon en bucle cientos, miles de veces, viendo cómo la luz azul del amanecer se filtraba a través de la ventana.
Incluso si lograba quedarse dormido durante cinco o diez minutos, soñaba con Hayoung. Solía soñar con ella cuando estaba cansado, pero después de que Kim Jeong-geun fuera a la cárcel, había dejado de hacerlo. Pensaba que el sentimiento de culpa hacia ella se había desvanecido ya que todo había salido según lo planeado.
Y, sin embargo, Woojin vio a Hayoung en sus sueños. Hayoung colgaba de un ciruelo negro, meciéndose con los pétalos, y Lee Taeshin yacía desparramado en el suelo con los sesos volados. Y en un rincón, Haewon era violado en grupo por los miembros del refugio oculto
Despertaba de tales sueños sintiéndose destrozado, sentado aturdido durante un buen rato. Su psique siempre había estado devastada, pero nunca hecha un lío semejante. Parpadeó como si tuviera arena en los ojos.
Frotándose los ojos con el dorso de la mano, se tragó el trago de golpe. A pesar de que el alcohol de alta graduación le quemaba el esófago vívidamente, no lograba perder los sentidos. Por primera vez, anhelaba emborracharse tanto como para desmayarse, olvidar algo aunque fuera por un instante. No quería pensar en Haewon ni por cinco minutos.
Estaba confundido. No sabía si esta agonía provenía de que Haewon declarara que habían terminado de verdad, o de perder el control absoluto y el dominio sobre él.
Nunca se había esforzado tanto por algo, y sin embargo todo lo que creía perfecto había resultado ser una ilusión.
No existía tal cosa como el control más allá de la perfección desde el principio.
Los momentos en los que creía tener a Haewon en la palma de su mano no se debían a sus esfuerzos, sino a que Haewon lo amaba.
Pero Woojin creyó que era control.
Haewon lo amaba, lo vigilaba y lo soportaba, pero él no lo sabía y seguía su camino, haciendo lo que le plazca, siguiendo sus propios planes.
La consumación de la propiedad sobre Haewon... se había vuelto perfecta.
El teléfono seguía vibrando. Woojin respondió a la llamada. Una voz tranquila, difícil de creer que perteneciera a alguien que estaba bebiendo media botella de whisky sin hielo, habló:
—Por favor, deja de llamar. Si no respondo, significa que no quiero hablar, pero estás siendo muy persistente.
—¿Dónde estás?
—Hace mucho que pasaron mis horas de trabajo.
Lee Seungmin soltó un suspiro de irritación.
—Lee Seok-jung hace lo que le da la gana y nos deja a nosotros lidiar con ello. ¿No entiendes que ni siquiera tú puedes hacer nada si presionan desde arriba?
Se lamentaba él, que ya no quería verse envuelto en grandes incidentes. Woojin frunció el ceño.
—Con la grabación de él admitiendo haber aceptado sobornos y los extractos bancarios... ¿qué más quieres? ¿Quieres que le ponga un cuchillo en la garganta para que confiese? Si no te gusta, ponme en el equipo de investigación. Si no puedes hacer eso, déjame manejarlo a mi manera. Ya sea que conduzca al éxito o al desastre.
—¿Eso es lo que debería decir alguien que ha causado problemas? Deberías saber cómo mantener las cosas bajo control. ¡Hankyung y Keo Won, de acuerdo, pero por qué al fiscal jefe Lee Dae-young! ¿Cómo se supone que le explique esto al fiscal general? ¡Parece que estás decidido a joder a tus colegas fiscales!
—Lee Seok-jung tocó lo que es mío. Que el fiscal jefe Lee Dae-young caiga o no, no me concierne en absoluto.
Cuando Woojin recordaba el rostro desafiante de Haewon, mirándolo mientras estaba sentado en el regazo de Lee Seok-jung, sintió que su cabeza iba a estallar. Era como recibir un golpe en la nuca con un objeto contundente.
Sus cejas se arrugaron con fiereza.
—¡Entonces deberías haber usado otra cosa para enredarlo! ¿Por qué tenía que ser el fiscal jefe Lee Dae-young? ¿Acaso no basta con Park Hyeong-su? ¿Estás loco por querer cortarles la cabeza a todos los fiscales? ¡Debes manejar las cosas sutilmente, de forma sutil! ¿No entiendes lo que significa «controlar el ritmo de la investigación»?
—La decisión de procesar es mi prerrogativa. Ya sea el que da o el que recibe, serán castigados conforme a la ley.
—¡Hyun Woojin!
La voz llena de ira pronunció su nombre de forma amenazante, pero Woojin colgó el teléfono. Sin embargo, no lo apagó. Observó con indiferencia cómo la vibración se detenía un par de veces más mientras bebía su licor.
Lo que lo volvía loco no era Haewon, que no lo escuchaba, ni Lee Seungmin, que decía que la organización está por encima de todo incluso al quebrantar la ley, sino su propio cerebro, que se negaba a emborracharse por mucho que bebiera.
Ahora admitía a medias que tal vez no había sido normal desde el principio, que era un monstruo.
Woojin era un monstruo.
Un demonio nacido del pecado, como había dicho su padre.
Pero nada de eso importaba.
Monstruo, demonio, anormal, basura humana, lo que fuera...
Incluso cuando Lee Taeshin y Kim Hayoung sugirieron hacer parecer que él los había matado a todos, Haewon se estremeció. Se apartó con recelo, como si un reptil repugnante le hubiera agarrado la muñeca.
—Qué demonios quieres que haga...
Haewon lo odiaba. Le disgustaba.
Quien una vez lo había abrazado con tanta ternura, ahora lo alejaba con una resistencia inmensa. Decir que debía morir parecía no ser una broma, sino una declaración seria. No eran solo palabras dichas en un arrebato de ira.
Quería volver a los tiempos en los que abría la puerta para escuchar a Haewon tocar el violín, ver sus cosas esparcidas por ahí, oler su aroma y recibir su saludo con un «¿Has vuelto?».
Pero para volver a esos tiempos, para recuperar esos recuerdos, Woojin tendría que morir.
No había cometido un pecado tan grave como para pagarlo con la muerte.
Todavía no entendía por qué Haewon armaba tanto alboroto cuando ni siquiera estaba directamente involucrado. Todos los demás lo sabían, pero solo Woojin se había quedado a oscuras.
Ojalá alguien se lo explicara, le mostrara el camino...
Llegado a este punto, su fatiga hacia Haewon llegó al límite. Debería detener este acto irracional, absurdo y agotador, y sin embargo no podía soltar su patética obsesión por él.
Y cuando le dijo que le entregaría el libro de contabilidad al secretario, eso le dio ganas de estrangularlo.
Woojin terminó el último trago de güisqui y se puso de pie.
Fuera del bar, se subió a un taxi que esperaba.
—Vaya, qué olor a alcohol... tan fuerte. ¿A dónde?
Tan pronto como Woojin subió, el conductor se pinchó la nariz debido al fuerte olor a alcohol.
—¿Huele tan mal?
—Creo que me voy a emborrachar con esto.
—¿Parezco muy borracho?
—Con este olor tan fuerte, sí, pareces borracho. Entonces, ¿a dónde?
—Por favor, lléveme a la Torre Terra de S-dong.
Woojin se recostó en su asiento, mirando por la ventana.
A pesar del olor a alcohol, su mente se volvía cada vez más clara y aguda.
Pronto, el taxi se detuvo frente al officetel de Haewon.
Woojin pagó y bajó.
El aire de la noche ahora se sentía fresco en su cuello. La atmósfera era sutilmente gélida.
Era otoño.
Se puso la chaqueta que llevaba en la mano y caminó hasta una tienda de conveniencia cercana.
Compró una botella de soju. Se bebió la mitad como si fuera agua, y el resto se le derramó en la ropa. Frotó su mano empapada de soju en la chaqueta y se la aplicó como perfume alrededor del cuello. Olía tan mal que le escocía la nariz.
Al verse reflejado en el escaparate de la tienda de conveniencia, se aflojó la corbata a medias, se desabotonó la camisa y se revolvió el cabello, que llevaba peinado con pulcritud.
Un hombre borracho se puso de pie ante el espejo. Pasó junto al empleado de medio tiempo, que lo miró con extrañeza, y salió de la tienda.
Woojin subió al officetel de Haewon.
Conocía el código de la puerta, pero no lo usó; en su lugar, se puso a golpear con los nudillos.
Recordando la advertencia de Haewon de que no dijera su nombre, empezó a llamarlo.
—Haewon. ¡Haewon! Abre la puerta. Haewon. ¡Moon Haewon!
Golpeando la puerta y llamando su nombre una y otra vez, Woojin sintió un calor inexplicable elevarse en su interior. Esto no era más que actuación, y sin embargo se sentía como si estuviera genuinamente triste y angustiado.
Extrañaba a Haewon tanto que le resultaba insoportable.
Cuando golpeó con tanta furia que le dolía la mano, la cerradura hizo clic y la puerta se abrió de par en par. Él agarró la puerta entreabierta y la tiró hacia sí.
Se encontró de frente con Haewon, con los ojos llenos de hostilidad primero, y luego de miedo al ver a Woojin apestando a alcohol.
—Yo... los maté. Digamos que fue así. ¿Era eso lo que querías oír?
—Lárgate antes de que llame a la policía.
—Haewon.
—No digas mi nombre.
—Haewon... Haewon. Haewon. Moon Haewon.
—¡No digas mi nombre! ¡Sigue haciendo esto si quieres que la policía vea a un fiscal en desgracia!
Haewon intentó cerrar la puerta, pero Woojin, casi por reflejo, la agarró con fuerza y se abrió paso a empujones.
Haewon retrocedió. Woojin entró al officetel con los zapatos puestos. Detrás de él, la puerta se cerró de golpe con un ruido seco.
—Lárgate.
—...Haewon.
—¡Lárgate!
Ignorando los gritos para que se fuera, avanzó tambaleándose de borracho. Tropezó y luego se derrumbó sobre la cama. Apoyó los codos en las rodillas y hundió el rostro en las manos, frotándose la piel áspera hasta que le dolió.
Aunque en realidad no estaba borracho, fingir estarlo le mareaba genuinamente la cabeza.
Haewon agarró a Woojin por el cuello de la camisa y lo levantó. Empujó a Woojin diciéndole que no se sentara en la cama. Cuando Haewon intentó alzarlo tirando de sus ropas inmóviles, la mano de Woojin atrapó la mano de Haewon, que aferraba su camisa.
Antes de que Haewon pudiera apartarlo, Woojin entrelazó sus dedos. Haewon quedó atrapado indefenso por él. Woojin, con el cabello desgreñado, bajó la vista hacia la mano de Haewon.
—No estás herido, ¿verdad?
—Suéltame.
—No puedes salir lastimado.
—¡Te he dicho que me sueltes!
—Quiero acostarme contigo.
—...
—Quiero salir contigo.
—...
—Quiero ponerme serio.
Haewon se quedó allí, con la mano sostenida por Woojin.
Miró hacia abajo a Woojin, con el pelo revuelto y la ropa desordenada, escuchando sus palabras.
—Suéltame.
—¿A dónde vas?
—Solo... solo suéltame un segundo.
—No vayas a ninguna parte. Quédate aquí. ¿Nos acostamos juntos?
—Solo un momento. Suéltame. ¿Por favor?
Haewon habló en voz baja. El gélido Haewon había vuelto a ser su apacible versión de antes. Abrumado, Woojin soltó su mano.
Haewon caminó hacia la cocina, abrió un cajón, sacó algo y regresó a donde él estaba sentado en la cama.
Sostenía un cuchillo. Haewon le apuntó a la barbilla de Woojin con el arma blanca.
—Si quieres acostarte conmigo, trágate esto.
—...
El que sostenía el cuchillo era Haewon, pero en los ojos de Woojin, visibles a través de su cabello negro desordenado, se reflejó el destello de la hoja lista para apuñalar.
La mano de Haewon que sostenía el cuchillo se puso pálida. Woojin miró desde la punta de la hoja hasta la mano que la empuñaba, y luego al rostro de Haewon.
—¿No es eso demasiado grande para tragárselo? Dame algo que sí pueda tragar.
—Si vuelves a agarrarme la mano, te juro que te voy a apuñalar.
Tan pronto como se pronunció esa advertencia, Woojin atrapó la mano que sostenía el cuchillo.
Todo el cuerpo de Haewon se encogió. Ya fuera que Woojin estuviera verdaderamente borracho o solo fingiendo, sus ojos estaban tan claros y afilados como el hielo.
Apretó el agarre, tirando de la mano de Haewon hacia él. La hoja se movió. La afilada punta tocó la manzana de Adán de Woojin. Haewon titubeó, resistiéndose a ser atraído más cerca.
—¿Nos damos un beso por cada puñalada?
—...
La mano de Haewon tembló de sorpresa, y Woojin empujó con más fuerza hacia sí mismo.
La punta de la hoja comenzó a perforar la carne humana.
Una sensación helada recorrió su columna vertebral. Aterrorizado, Haewon arrojó el cuchillo lejos. Con un tintineo, el borde afilado dispersó destellos de luz al chocar contra el suelo.
La sangre brotó por el cuello de Woojin.
—Bésame.
—Estás loco.
—Un beso por cada puñalada.
—Voy a llamar a la policía. Vete, rápido... rápido.
Haewon buscó su teléfono sobre la mesa. Marcó mientras miraba a Woojin, cuyo cuello sangraba, con ojos temblorosos.
Woojin permaneció en la cama sin moverse, sin importarle si se había hecho la llamada o no.
Haewon, incapaz de completar la llamada, le arrojó el teléfono. El dispositivo falló y cayó en otro lugar.
—Lárgate. No vuelvas a aparecer ante mí.
—¿Puedes dejarme dormir? No he podido dormir... Ni siquiera sé cuántos días han pasado.
Se frotó el rostro, que parecía abrumado por el agotamiento. Ya fuera por beber o por no dormir, o por ambas cosas, su cabeza sentía que iba a estallar. La sangre manchó la mano con la que se había estado limpiando la cara y el cuello.
Cada vez que se encontraba con Haewon, la sangre parecía brotar de su cuerpo. Las gotas de sangre florecían como flores. Woojin albergaba cierta expectación ante aquella floración de sangre.
—Vete antes de ponerte en ridículo. ¿Quieres que te arrastre la policía?
—Llámalos. Si lo haces, me iré. ¿No sabes que se me da bien mentir?
—¿Por qué vives así? Deberías morir en lugar de seguir viviendo.
—Tienes razón. No sé por qué sigo viviendo. Por qué sigo adelante incluso cuando todos a mi alrededor mueren...
Murmurando como si hablara consigo mismo, Woojin usó la ropa de cama para limpiarse el cuello. Para entonces, la hemorragia se había reducido y no quedó mucha sangre en las sábanas blancas.
Podía oler a Haewon. Woojin acercó la ropa de cama a su nariz e inhaló su aroma. Mientras Haewon lo miraba con miedo, Woojin aspiró el olor de Haewon como una bestia que rastrea a su presa.
No iba a devolver la cama.
Al menos debería haberse quedado con la ropa de cama. Nunca pensó que de verdad sería el fin. Esperaba vagamente que, con suficiente insistencia, gritos, excusas, mentiras y pacificación, Haewon regresaría incapaz de resistirse.
No se le daba bien controlar las cosas ni manipular situaciones a su voluntad. Era anormal y carecía de talento especial. Todos los logros que creía haber alcanzado eran torres construidas sobre mentiras y amenazas, frágiles y sin valor, que se desmoronaban al más mínimo roce y apestaban a un hedor horrible.
—Por mucho que beba, no consigo emborracharme.
—...
—Me bebí una botella entera de Whisky y media de soju antes de venir aquí, y todavía no estoy borracho. ¿Sabes qué es lo que realmente me vuelve loco?
—...
—Aunque mis padres dicen que estoy loco... Siento que no es así. Por mucho que intente perder la cabeza, no se va. Todo es tan claro y vívido que no puedo aceptar que me llamen loco.
—...
—Ojalá estuviera loco. Si mi mente hubiera desaparecido y no pudiera ver nada, sería mejor. No quiero esforzarme tanto para demostrar que no soy basura humana.
—...
—Yo... no he matado a nadie.
Murmuró en voz baja, sin dirigirse a nadie en particular.
Su cuerpo, que antes se tambaleaba, se enderezó por completo, exhalando un frío gélido como si nada hubiera pasado.
Woojin se acercó a Haewon. Haewon tuvo que levantar la cabeza para mirar el rostro de Woojin. Justo el otro día, estaba abrazando la cintura de Woojin, acurrucándose en su pecho, disfrutando del calor, pero ahora se encontraban como entidades separadas en un estado irreversible. Entre Haewon y Woojin había una pared de cristal, idéntica a la que había visto al visitar a Seungcheol en la prisión.
—Si me muero ¿me besarás entonces?
—No.
—Eres cruel.
La mano de Woojin se extendió como para tocarle la mejilla. Haewon giró la cabeza para evitar el contacto. Aquella mano, que ahora colgaba en el aire, se cerró en un puño.
—En realidad no me gustabas.
—...
—Yo... en realidad no te amaba.
La voz que antes habría querido grabar y reproducir cuando quisiera estaba ahora teñida de arrepentimiento, pero no parecía considerar el acto en sí como un error.
Las respiraciones antes ásperas y jadeantes se volvieron silenciosas.
Tras observar un rato a Haewon, que seguía de espaldas, abandonó el officetel.
Los ojos de Haewon se detuvieron con confusión en las sábanas deshechas, la mancha roja dejada en ellas y el cuchillo tirado en el suelo.
—Haewon, aquí tienes tu sándwich.
—...Ah, sí.
Aceptando el sándwich de manos del mánager, Haewon lo desenvolvió y le dio un bocado. No podía saborearlo ni olerlo; no tenía textura.
Dejó el sándwich a medias. Al ver que solo había comido la mitad, el mánager, que ya había terminado el suyo, le preguntó:
—Necesitas comer algo para aguantar durante la actuación. ¿Te traigo otra cosa?
—Tráeme café. Un latte helado.
—Puede que esté frío, así que tómate algo caliente. El tiempo se ha vuelto bastante fresco.
—Latte helado.
—De acuerdo.
El mánager suspiró suavemente ante la terquedad de Haewon y se puso de pie.
Un empleado de la agencia que le había hecho un maquillaje rápido entró sosteniendo ropa envuelta en vinilo transparente. Era una camisa negra de buena elasticidad y unos pantalones de traje negros. También traía zapatos negros lustrados.
—Esto es patrocinado ¿Sabes cuánto cuesta? Pasa de los veinte millones de wones.
—Ah, sí.
—Dijiste que no te gustan los relojes porque te estorban, así que, por favor, asegúrate de ponerte estos gemelos y este pisacorbatas.
—Sí.
—Felicitaciones por tu concierto debut con las entradas agotadas. ¿Viste la corona de flores que envió el director ejecutivo?
—Sí.
A pesar del esfuerzo del empleado por mostrarse amable, las respuestas breves y desentendidas de Haewon hicieron que este esbozara una sonrisa forzada antes de callarse.
El camerino quedó en silencio.
Haewon, que había estado limpiando el polvo de la resina de debajo del puente y puliendo la superficie con un paño de microfibra, dejó su violín y luego aplicó resina al arco.
En la pared colgaba un cartel del recital en solitario. Debajo de la foto de Haewon sosteniendo un violín había una breve biografía.
Se graduó de aquí, actuó allí, tocó esta pieza en aquel álbum, hizo tal concierto... Su trayectoria no era lo suficientemente ilustre como para agotar las entradas de un recital así.
Miraba fijamente su propio rostro, que le parecía el de un extraño.
El arco que usaba para las actuaciones en solitario tenía las cerdas recién cambiadas. Aplicó la resina y la frotó entre sus dedos. Luego tocó cada cuerda en legato para comprobar la afinación del violín que ya había preparado.
La agencia había elegido las piezas teniendo en cuenta la popularidad de Haewon. Escogieron la Sonata para violín en la mayor, M. 8 de C. Franck, recomendada por la agencia, y la Sonata para violín n.º 1 en sol menor, BWV 1001 de Bach, elegida por el propio Haewon.
El programa comenzaba con la sonata para violín solo de Bach, seguida de dos piezas breves, luego un intermedio y, a continuación, la sonata de Franck.
La sonata sin acompañamiento de Bach era una obra que Haewon solía tocar, por lo que la eligió deliberadamente. No estaba de humor para practicar en exceso, pero incluso si lo hacía, eso no garantizaba una interpretación perfecta.
Había logrado preparar la sonata de Franck con la ayuda de su profesor. Intentar una pieza desconocida sin duda lo conduciría a cometer errores. Haewon estaba ausente, incapaz de lidiar con nada a menos que ya estuviera programado.
Si tan solo se hubieran vendido la mitad de las entradas, tal vez habría sugerido irresponsablemente cancelar pagando la multa. Pero con el concierto lleno, huir ya no era una opción.
Cuando el ajetreado empleado salió, Haewon respiró hondo para provocarse algo de tensión, recordándose constantemente que hoy, en una hora, daría comienzo la actuación.
De repente, las lágrimas rodaron por sus mejillas.
Esto le había estado ocurriendo con frecuencia últimamente. Deseaba que Woojin o él mismo murieran pronto para poner fin a aquella espantosa sensación.
Envidiaba a Taeshin. Rogaba por un accidente infortunado e inesperado que se llevara su precariedad de vida.
Haewon se secó las lágrimas con el dorso de la mano como si se quitara los mocos, mirando el espejo para comprobar si se le había corrido el maquillaje. Se frotó las mejillas para borrar las marcas del llanto.
Toc, toc. Hubo unos nudillos en la puerta y les indicó que pasaran. Pensó que era el mánager que regresaba con el café, pero lo que entró fue un ramo de flores increíblemente grande.
La expresión de Haewon se volvió fría. El arreglo floral era tan voluminoso que podía ocultar a un hombre adulto, llenando todo el espacio libre del camerino.
Tras entregar las flores, el personal se marchó. El dulce y abrumador aroma floral inundó el pequeño espacio. Lee Jinyeong también debió de haber perdido la cabeza. A pesar de casi quedarse ciego, se había presentado allí y ahora montaba semejante numerito. Los ojos de Haewon se abrieron de par en par al leer la tarjeta clavada en el enorme ramo.
—...
No era Lee Jinyeong. Era Woojin.
[Felicitaciones por el primer recital en solitario del violinista Moon Haewon.]
El nombre no estaba firmado, pero era la caligrafía de Woojin.
Haewon arrugó la tarjeta y la tiró al suelo. Comenzó a arrancar las hermosas e inocentes flores del ramo para arrojarlas contra el suelo. Mientras estrujaba y pisoteaba las flores en un ataque de furia:
—¡Haewon! ¡Haewon, qué te pasa?!
Alguien agarró a Haewon, intentando detener su arrebato. Su rostro estaba enrojecido mientras destrozaba el ramo sin sentido. Jadeando, Haewon miró al mánager.
—¿Estás loco? ¿Qué te pasa de repente?
—¡Ja, ja, quita esto, sácalo de aquí rápido! ¡Por favor, sácalo!
—De acuerdo, lo sacaré. Calma la respiración. La función está a punto de empezar, tranquilízate.
Las flores despiadadamente arrancadas yacían esparcidas a los pies de Haewon. Respirando con dificultad, Haewon se apresuró a secarse las lágrimas que caían sobre sus mejillas.
—Tendremos que arreglar el maquillaje otra vez... Dios mío, vaya desastre.
El mánager suspiró y llamó a un empleado para que retirara el ramo. Uno a uno, los arreglos fueron sacados, y las hermosas flores caídas al suelo terminaron barridas hacia un recogedor. Todo acabó dentro del cubo de la basura, boca abajo.
Haewon quería llorar sobre el hombro de alguien, pero se quedó allí sollozando en silencio, ahogando sus gritos.
—Esto me va a volver loco, de verdad. ¿Aún no ha llegado el director Kim Jaemin?
—El director dijo que llegaría a tiempo. Voy a llamarlo.
El mánager y el personal de la agencia estaban alterados, sin saber qué hacer.
Woojin debía de haber decidido hacer semejantes cosas para asfixiarlo hasta la muerte. Solo pensarlo podía volverlo loco, haciéndole desear saltar al vacío desde algún lugar para terminar con su vida, y aun así Woojin hacía de todo para empujarlo a la locura.
—¡Haewon!
Jaemin, que se había apresurado a llegar al recibir la llamada, irrumpió en el camerino con la respiración agitada. Haewon hundió su rostro manchado de lágrimas en el hombro de Jaemin, desahogando los sollozos que había estado reprimiendo.
La culpa hacia Taeshin, la burla dirigida hacia sí mismo y la mezcla de odio y lástima que sentía por Woojin abrumaban a Haewon, aplastándolo con el mismo peso, quebrándolo con idéntico impacto cada vez.
El concierto se retrasó quince minutos.
Haewon se lavó la cara en el lavabo instalado en el camerino. Le retocaron el maquillaje. Todos andaban con pies de plomo para no provocar a Haewon, quien derramaba lágrimas por reflejo si alguien le tocaba la espalda.
Jaemin, palmeando suavemente el hombro de Haewon, le preguntó:
—Lo hemos retrasado quince minutos. ¿Podrás hacerlo?
—...
Haewon asintió sin decir palabra. Tras calmarlo, Jaemin le preguntó en voz baja al mánager:
—¿Ha entrado el público?
—Ya deberían haberlo hecho. El horario de acceso terminó.
—Algo no cuadra...
Jaemin ladeó la cabeza con confusión, luego volvió a centrar su atención en Haewon, quien estaba demasiado ocupado como para notarlo.
Al ver los ojos hinchados de Haewon, Jaemin soltó una carcajada en un momento inapropiado.
—Te ves tierno con los ojos tan hinchados.
—No estoy para bromas.
—Ya sé que no estás para eso. ¿Cambiamos el orden? No vas a llorar durante la actuación, ¿verdad?
—Eso no pasará.
—Si eso no va a pasar, entonces cosas así no debieron haber ocurrido antes.
—...
Pensar en el ramo de flores que Woojin había enviado hizo que a Haewon le dieran ganas de llorar de nuevo. Como la respiración de Haewon se aceleraba con la intensidad de los temblores posteriores al llanto, Jaemin detuvo las lágrimas con presteza.
—¡No llores! No sé qué pasa, pero llora cuando termine. ¿Entendido?
—Entendido.
Haewon contuvo las lágrimas a duras penas.
Woojin probablemente estaba sufriendo tanto como lo hacía sufrir a él. A Haewon le parecía patético calcular cuántas noches sin dormir había soportado Woojin cuando este había hablado de no poder dormir.
Todo pudo haber sido una mentira, pero al menos aquello no. Era Woojin, no Haewon, quien rodaba por el fango, hundiéndose en el dolor de sus propias acciones. Woojin era el que sangraba, el que no podía dormir.
Aun así, Haewon se sentía más desdichado. Woojin, desprovisto de emociones, no sufriría tanto como él. Si hubiera tenido emociones normales, ya se habría muerto una docena de veces para entonces.
Haewon, cambiado y preparado, recogió su violín. También sacó un pañuelo para la mentonera.
Salió del camerino para pararse detrás del escenario. El personal intercambiaba miradas de desconcierto.
—¿Qué pasa?
Sintiendo una atmósfera extraña, Haewon preguntó, y el mánager, que esperaba una señal de los empleados, giró la cabeza.
—Ah... no lo sé muy bien. En fin...
—¿De qué se trata?
—Sr. Moon Haewon, por favor suba al escenario.
El brillante foco del escenario proyectaba su luz hacia atrás. Un miembro del personal se acercó y señaló las escaleras a Haewon. Sin saber qué estaba ocurriendo, Haewon, con una expresión de ansiedad, subió los escalones y caminó hacia el escenario.
Al llegar al centro, donde se encontraba el atril y el piano, miró al frente. La luz era demasiado intensa como para ver más allá de ella.
Algo iba mal.
¿No se suponía que las entradas se habían agotado?
Más allá de las luces brillantes, las butacas del público estaban ocupadas de forma dispersa; los asistentes se podían contar con los dedos de una mano.
Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho, nueve... dos más arriba, y otro más allá...
Aunque no podía ver el segundo piso, la planta baja estaba casi vacía.
Haewon hizo una reverencia lenta en reconocimiento a los aplausos, que provenían de unas pocas personas. Los aplausos cesaron.
Un silencio incómodo llenó la sala, de un frío bochornoso. Alguien se aclaró la garganta y el sonido resonó inusualmente fuerte.
¿Qué está pasando?
¿Qué es esto?
Ni siquiera tenía el lujo de pensar en ello. Fuera uno o fueran dos, había alguien allí. Colocó el pañuelo en la mentonera y acomodó el violín entre su barbilla y su hombro. Independientemente de lo que sintiera, de si los aplausos eran fuertes o débiles, de si había diez o seiscientos espectadores en el auditorio, la razón por la que Haewon seguía vivo hoy era para tocar.
Haewon cerró los ojos y estabilizó la respiración. Una vez que su respiración se calmó y estuvo listo para emitir sonido, levantó alto el brazo que sostenía el arco. Presionó las cuerdas y deslizó el arco. Haewon comenzó a tocar con el violín acunado entre su hombro y su barbilla.
La Sonata para violín n.º 1 en sol menor, BWV 1001 de Bach.
El primer movimiento, Adagio, resonó solemnemente, agitando las emociones del público.
Las obras solistas sin acompañamiento de Bach exigen la total concentración del violinista, o de lo contrario la atención del público también se disipa. Haewon estuvo sumamente atento para evitar cualquier pensamiento disperso.
Esta pieza, aunque no es exigente a nivel técnico, se desmorona sin una pasión fría; por ello, los músicos la consideran más desafiante.
La melodía lenta, triste y hermosa consumió una energía considerable para interpretarse correctamente, nota por nota. Haewon tuvo cuidado de no hundirse en la tristeza ni producir sonidos lúgubres mientras deslizaba el arco.
Tras terminar el primer movimiento, que sirvió como introducción, respiró hondo, inflando el pecho, y pasó directamente al segundo movimiento. El segundo movimiento, Fuga Allegro, fue un rico interludio de acordes.
Haewon aplicó presión en las yemas de los dedos para lograr una digitación precisa. Tiró del arco hacia abajo con tanta fuerza que su torso se encorvó involuntariamente hacia adelante para crear sonidos apasionados.
Los temas parecían responderse mutuamente de una manera que costaba creer que proviniera de un solo violín, volviéndose cada vez más complejos y deslumbrantes a medida que alcanzaban la coda.
Cada vez que pasaba el arco con fuerza por las cuerdas, los ojos bien cerrados de Haewon se fruncían. la transición al tercer movimiento, que era algo más relajado, Siciliana, tocó con un ritmo deliberado que nunca arrastró las notas.
Después de terminar el tercer movimiento, Haewon bajó el violín por un momento. Inhaló y exhaló lentamente. El cuarto movimiento, Presto, requería una atmósfera completamente diferente.
Se recompuso y colocó el violín sobre su hombro. Con los ojos cerrados, movió el arco con rapidez y agilidad. Presionó el diapasón sin pausa, deslizando el arco con una precisión casi virtuosa entre golpes completos y medios.
Al terminar la deslumbrante interpretación, Haewon apartó el arco de las cuerdas y exhaló el aire que había retenido durante tanto tiempo.
—Uf...
Con la actuación terminada, el escaso número de asistentes aplaudió. No se escuchó ni siquiera la habitual tos entre movimientos.
Debido al intenso movimiento y al calor de los focos cenitales, el sudor perlaba la frente de Haewon. Entrecerró los ojos para mirar al público. A medida que sus pudo acostumbrar a la luz brillante, logró distinguir mejor a la reducida audiencia.
Independientemente de su número, todos miraban a Haewon con ojos brillantes y llenos de afecto.
Como era de esperar, debió de haber cierta confusión con respecto a las entradas agotadas. Antes de empezar las piezas breves, Haewon escaneó al público y sus ojos se cruzaron con los de alguien.
—...
El hombre sentado a solas en el mejor asiento del centro de la primera fila era inconfundiblemente Woojin, incluso basándose únicamente en su silueta.
Su figura se veía borrosa mientras estaba sentado con una pierna cruzada sobre la otra, apoyando la barbilla en el brazo sobre el reposabrazos, pero su mirada, fija intensamente en Haewon, parecía estar iluminada y clara como el día.
Haewon debería haber tocado las piezas breves, pero se quedó allí, encontrándose con su mirada sin expresión. Woojin, que había estado apoyando la barbilla, cambió de postura. A pesar de quedarle varias piezas breves por interpretar, Haewon bajó del escenario. El mánager y Jaemin se apresuraron hacia él.
—¿Qué es esto?
Solo entonces Haewon los interrumpió para exigirles explicaciones sobre lo ocurrido.
—...Un tipo loco compró casi todas las entradas. Debió de ser él quien hizo que pareciera un lleno total. ¿Viste quién era?
—¿Tiene esto algún sentido?
—Compraron a través del sistema de venta de entradas del sitio web oficial, así que nadie lo sabía. Aun así, vinieron algunas personas que lograron conseguir boletos.
El mánager respondió con el rostro afligido.
—...No voy a tocar la siguiente pieza. Por favor, diles que se cancela.
—La política de reembolso... no es poca cosa, ¿no sería mejor simplemente actuar? El CEO también viene en camino.
El mánager casi suplicó, uniendo las manos como en señal de rezo.
—No me importa tocar en un lugar vacío o donde nadie escuche, pero no lo haré frente a ese bastardo.
Venir al recital en ese momento no cambiaría nada. No había nada que pudiera deshacer.
Incluso antes de que el eco de su interpretación se desvaneciera, todo su cuerpo se quedó helado.
Haewon regresó al camerino. Sin pensar, por poco estrella su violín contra el suelo. Se detuvo justo cuando iba a arrojarlo sobre la mesa.
—...
Con cuidado, Haewon dejó el violín y aflojó el tornillo del arco.
Woojin, en el centro de la audiencia, había acudido a la sala de conciertos por primera vez para escuchar la actuación de Haewon a solas. Pero nada cambiaría por eso.
Mientras observaba a Haewon sufrir tras su ruptura, Woojin esperó a que Haewon se rindiera y volviera arrastrándose hacia él por voluntad propia. Todo era manipulación y mentiras. Todo aquello era un complot y una conspiración.
Esto también formaba parte del plan.
Haewon, volviendo su rostro ya frío y severo aún más gélido, se tragó de golpe el latte helado que ya se había derretido.
Con un toque prudente en la puerta, el mánager y el director ejecutivo de la agencia hicieron su aparición.
—¿Qué significa todo esto? ¿Por qué se manejó así? Si alguien estaba alterando las entradas, ¡debió habérmelo dicho! ¿Quién hace algo así para poner en ridículo a los demás? —gritó Haewon en cuanto vio al director ejecutivo. El simple hecho de haber actuado frente a Woojin era insoportable; sentía que una vez más lo habían tomado por tonto.
—Ah, bueno... parecías tan sensible que no encontré el momento adecuado para decírtelo... y como se compraron legítimamente, tampoco pudimos cancelar la función. Lo siento.
El mánager hizo una reverencia a modo de disculpa.
—No voy a tocar el resto de las piezas. Como está cancelado, ocúpate de los reembolsos o devuélvelos como te parezca mejor.
Para probar sus palabras, Haewon guardó su violín en su estuche. No tocaría ni aunque lo mataran a golpes. No quería hacerlo. Nunca volvería a actuar frente a Woojin.
—Ah... Haré lo mejor que pueda para explicar la situación.
El director ejecutivo, tocándose la frente, salió de la habitación.
A solas, Haewon se mordió con fuerza el labio. Hacer esas cosas en ese punto no tenía sentido. Sin importar lo que Woojin hiciera, él no reaccionaría. Intentó estabilizar su corazón que se desmoronaba de manera constante.
El director ejecutivo regresó con una expresión más ligera, posiblemente después de habérselo explicado a los pocos espectadores presentes. Haewon le dijo:
—Quiero ir a casa. Por favor, prepara un auto.
—Sí, entendido.
El mánager salió. El director ejecutivo se sentó frente a Haewon, intentando cruzar su mirada.
—Lo siento, Haewon.
—No volveré a hacer algo así, así que tenlo presente.
—Prestaré más atención la próxima vez, así que por favor cálmate. Tómate un trago con el director Kim y vete a casa a descansar.
—Quiero descansar.
—No seas así; ya hemos reservado un lugar para la celebración posterior. El personal trabajó duro, así que deberíamos celebrarlo juntos. De todos modos, se agotaron las entradas.
—¿A eso lo llamas entradas agotadas? Hacer que actúe frente a apenas unas pocas personas, ¿de quién te burlas?
—¿Por qué solo unas pocas? Gente que no pudo conseguir entradas vino al recinto. Haewon tiene muchísimos fans, ¿cómo puedes decir eso?
Había actuado frente a Woojin. Woojin había escuchado su interpretación. A Woojin le gustaba cómo tocaba Haewon. A veces, le rogaba que tocara el violín, e incluso cuando estaba demasiado ocupado para dormir, se sentaba a mirar mientras Haewon practicaba. Sí... tal vez no le agradaba Haewon como persona, pero amaba su música. Quería que Haewon tocara solo para él, sin que nadie más lo escuchara, y aunque nadie estuviera mirando, le pedía que tocara.
Lo que Woojin quería no era solo aquel cuerpo patético. Quería que Haewon se desnudara únicamente frente a él, exigía lealtad solo hacia su persona y no toleraría ninguna otra. Había una condición más que ni siquiera hacía falta mencionar: tocar para él.
—Ven a la fiesta. Hazlo, ¿de acuerdo?
—...Está bien.
Haewon era violinista y, aunque no fuera en una sala de conciertos, no había forma de tocar para una sola persona sin mostrárselo a los demás. No quería dejar ver a Woojin cómo le afectaban sus acciones y cómo tambaleaba por su culpa. No porque el director ejecutivo lo hubiera persuadido, sino porque Haewon quería demostrarle a Woojin su compostura, decidió ir a la celebración.
—Cámbiate de ropa y sal. También deberías saludar a los fans que esperan afuera.
—No quiero ver a nadie ahora mismo. No tengo la energía para forzar una sonrisa.
—Muy bien, entonces. Baja primero al estacionamiento. Yo me encargo de los fans.
El director ejecutivo de la agencia le dio unas palmadas alentadoras en el hombro a Haewon y se puso de pie. Tras su partida, Haewon, solo en el camerino, se cambió con esfuerzo a ropa más cómoda. Se lavó la cera del cabello con agua y se lo despeinó. Sus mechones cayeron de forma natural sobre su frente.
Necesito cortarme el cabello...
Tocando su cabello ahora largo, Haewon contempló su reflejo en el espejo. En el espejo, la imagen de Woojin besando su cuello con los ojos cerrados se superpuso con su propia figura. La sensación de su mano tocando su mejilla y oreja mientras apartaba su cabello también se solapó. A Woojin le gustaba contemplar su intimidad en la ventana de cristal negro. Hacía que Haewon se sentara en su regazo, sosteniéndolo con fuerza como si estuviera observando o apreciando una obra de exposición.
Los recuerdos que Haewon deseaba borrar, incluso si eso implicaba usar a alguien más, persistían por todo su cuerpo.
Dejando su violín en el auto, Haewon entró en un bar subterráneo cercano, no muy lejos de la sala de conciertos. En un costado del bullicioso local donde sonaba música pop, se encontraban dos grandes mesas unidas, reservadas con anticipación.
Al adentrarse en la zona interior, Haewon buscó a Jaemin. Este hablaba con el director ejecutivo entre risas y se apresuró hacia él en cuanto Haewon lo llamó.
—Director, siéntese aquí.
—Qué más da dónde me siente. Deberías hacer amigos entre el personal de la compañía también.
—Aun así.
—Está bien.
A Jaemin no le importaba que Haewon se apoyara en él cuando la pasaba mal. Se sentó al lado de Haewon. El personal de la agencia, los mánagers y los miembros del equipo llegaron uno por uno, llenando los asientos vacíos. Miraron a Haewon de reojo, como si observaran a una criatura curiosa. Jaemin, al notar las miradas curiosas dirigidas a Haewon, estalló finalmente en una carcajada.
—Está bien. Tiene cara de fiero, pero no muerde.
Jaemin colocó suavemente su mano sobre el hombro de Haewon, apartándolo de su intento de refugiarse en un rincón oscuro. Haewon frunció el ceño, mostrando su desagrado. No quería encontrarse con la mirada de nadie ni hablar.
—Saluda un poco, intenta llevarte bien.
Al ver la renuencia de Haewon como simple petulancia, Jaemin hizo que este frunciera aún más el ceño, y Haewon saludó a regañadientes al personal y a los empleados.
A pesar de que el concierto había tomado un rumbo extraño que convertía la celebración en algo incómodo, Jaemin y el director ejecutivo de la agencia aligeraron el ambiente con su camaradería habitual y sus bromas juguetonas.
Haewon bebió el alcohol que le ofrecían. Woojin le había dicho una vez que, sin importar cuánto bebiera, jamás se emborrachaba. Todas aquellas veces en las que fingió estar ebrio para engañar y burlarse de Haewon habían sido pura manipulación. Sin saberlo, Haewon había sentido celos de la difunta prometida de Woojin, a quien suponía profundamente arraigada en el corazón de Woojin, preguntándole siempre que estaba borracho a quién quería más.
Solo después de que todo hubo pasado, Haewon comprendió lo crueles que habían sido las acciones de Woojin al tomarle el pelo. Necesitaba mostrarle a Woojin esa misma crueldad que le estaba desgarrando el corazón, siendo observado desde lugares invisibles.
Tras beber durante un rato, el alcohol hizo efecto. Sus ojos se sentían calientes y su pecho aleteaba levemente. Haewon se frotó los ojos.
—¿Ya estás borracho?
Después de chocar los vasos ruidosamente con el personal, Jaemin miró hacia atrás y le preguntó.
—Debe ser porque estoy cansado.
—¿Quieres ir a casa?
Haewon asintió en señal de acuerdo. Apoyó la frente contra el hombro de Jaemin, frotándose en él. Jaemin, cargando la chaqueta y el teléfono de Haewon, se disculpó por retirarse temprano, sostuvo el brazo de Haewon y ambos abandonaron el bar.
El auto de Jaemin entró en el callejón y se detuvo frente a ellos. Haewon se quedó allí de pie, aferrado a la camisa de Jaemin con la cabeza gacha.
—Sube rápido. Te llevaré a casa.
—...
Haewon asintió con energía, luciendo ebrio. Al subir al automóvil, examinó los alrededores. La mirada de Woojin, o tal vez las de los extraños que Woojin pudiera haber apostado allí, no eran visibles.
En el asiento trasero, Haewon recostó la cabeza en el hombro de Jaemin y buscó su mano para sostenerla. Jaemin, que le indicaba el destino al conductor, miró a Haewon. Ignorando su mirada, Haewon apretó fuerte la mano de Jaemin. Este se limitó a quedarse ahí, ofreciéndole su hombro sin decir una sola palabra.
Al llegar al officetel, Haewon bajó del auto y tomó el violín de las manos de Jaemin.
—Déjame cargarlo. Estás borracho.
—No estoy tan borracho.
—¿De verdad? A mí me pareces muy borracho.
Haewon intentó agarrar su mano de nuevo. Sosteniéndola, buscó con la mirada a Woojin, por si acaso estuviera observando. Necesitaba mostrarle el dolor de tener el corazón hecho trizas.
Subieron en el ascensor hasta el officetel.
—Entiendo que quieras vengarte de una forma llamativa, pero es demasiado. Ese tipo incluso me llamó por petición tuya. Siento como si estuviera robándole algo a otro, y no se siente bien.
—...
—Me resulta incómodo. Solo déjame ser tu protector por ahora. Ya veremos qué pasa después.
—...¿Me estás criticando?
—Sí, te lo diré una vez. No tengo nada que perder, pero ustedes dos todavía no han terminado, y no quiero meterme en medio. Ese tipo compró todas las entradas para tu concierto, ¿verdad? No está pensando en solucionar las cosas contigo.
—No hay nada que solucionar.
—No sé qué pasó, pero no me arrastres a tus problemas; resuélvelo entre ustedes dos.
—No es algo que se pueda resolver.
Haewon soltó la mano de Jaemin a modo de réplica. La mano de Jaemin se quedó donde estaba porque no había respondido al agarre.
—¿Qué exactamente hizo él?
—No le gustaba. Jugó conmigo mientras fingía lo contrario.
—...No me pareció que fuera así.
—¿De qué lado estás?
—No estoy de su lado, pero tampoco estoy exactamente del tuyo. Solo digo las cosas tal como las veo.
—Bien. Déjalo ya.
No era algo que pudiera resolverse con alguien cuidándote las espaldas. Esa era la tragedia.
No es que no tuviera la capacidad de atender al consejo de Jaemin; más bien, había ocurrido algo con lo que no se podía simplemente lidiar y olvidar. No podía barrer el cadáver de Taeshin en el suelo y a Hayoung, que se había ahorcado, hacia un recogedor, limpiarlo todo y enterrarlo como si nada hubiera pasado. Desde el principio, la recuperación era imposible.
—Entra. Descansa un poco.
—...
Sin responder a su amable despedida, Haewon abrió la puerta, entró y la cerró de golpe con un fuerte estruendo a propósito.
Haewon, todavía con el violín al hombro, se deslizó contra la puerta hasta sentarse en el suelo. Enterró el rostro entre sus rodillas.
Woojin había dicho que si Haewon le entregaba el libro de contabilidad, jamás volvería a aparecer, que él era quien más deseaba poner fin a todo. Ya fuera que se lo arrojara a Woojin o se lo diera a cualquiera en la lista, necesitaba zanjar este asunto. Tenía que terminarlo.
Cuanto más tiempo pasaba, más evidente se hacía que su ruptura era algo que Woojin tenía que aceptar, al menos en apariencia.
