Historia paralela: Capítulo 5 | Fanfic

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En el momento en que Evernight se alejó un poco, Anya respiraba agitado; sus mejillas estaban sonrojadas y sus ojos color avellana parecían mirarlo de manera aturdida.

El caballero lo contempló en silencio, con una mirada febril que delataba sus ganas de devorarlo. Ninguno de los dos podía pensar con claridad. Evernight volvió a inclinarse y posó sus labios sobre los suyos. La lengua del hombre se deslizó con torpeza entre sus labios entreabiertos, explorándolos. Con un jadeo desordenado, se apartó apenas para hundirse de inmediato en su cuello, succionando con fuerza, lamiendo y buscando nuevamente la orilla de su oreja, que lamió una y otra vez.

―Eres hermoso, Anya. Malditamente hermoso.

Susurró aquellas palabras, y su aliento cálido hizo que Anya temblara.

Antes de que pudiera gemir, Evernight volvió a besarlo en la boca. Tragó hasta el último de sus sonidos, besándolo ahora con más rudeza.

Al sentir que las piernas de Anya desfallecían, Evernight lo tomó de la cintura, lo levantó y lo empujó contra el tronco de un árbol seco. Sorprendido, con la boca entreabierta, Anya rodeó su cuello con los brazos de manera instintiva. Evernight sonrió apenas y le susurró con voz grave al oído.

―Sujétate bien a mi cintura.

Anya, confundido por el latir de su corazón y por aquella abrumadora sensación de calor que no comprendía, con torpeza logró aferrarse a su firme cintura con ambas piernas, pero su boca temblaba y su mirada era frágil, como la de un animalito asustado.

Evernight no le dio tiempo para hilar algún pensamiento, así que comenzó a devorarlo a besos, profundizando cada vez más. Su lengua se enredó con la del chico, sin darle escapatoria.

Anya jamás había besado a nadie. Había visto a otras personas hacerlo, pero nunca así... de una manera tan desesperada, como si un beso no bastara y se necesitara estar todavía más cerca.

―Hmh... ah...

Cada vez que Evernight giraba el rostro para besarlo con más comodidad o se apartaba apenas, el aire caliente escapaba sin control de la boca de Anya. No podía seguirle el ritmo. La saliva que le escurría, para su vergüenza, era lamida por aquel hombre que no parecía tener escrúpulo alguno a la hora de realizar actos indecorosos.

El tiempo pareció detenerse a su alrededor; lo único que resonaba eran sus jadeos entrecortados y el sonido húmedo de sus lenguas chocando.

Anya no pudo contener el calor que provenía de su vientre bajo. La tela de su ropa apretaba su miembro endurecido y sus lágrimas de vergüenza no cesaban. Era un hombre, pero estaba llorando como un niño, sin comprender bien lo que estaba pasando.

ꟷSe… señor...

Su voz temblaba tanto como su cuerpo cuando las caricias de Evernight, a través de su espalda, fueron descendiendo. Los besos le impidieron pronunciar alguna otra palabra.

El caballero ignoró sus lágrimas por un momento y continuó besándolo. Anya sentía cada vez más humedad y calor en su bajo vientre; estaba un poco asustado, pero también ansioso por el toque de Evernight.

Temía y quería escapar, pero a su vez deseaba que no se detuviera. Era una contradicción que no le permitía reaccionar, y mucho menos apartarlo.

ꟷHa… ha…

Las lenguas de ambos se entrelazaban sin control, enredándose una contra la otra, cuando Evernight deslizó sus manos por dentro de los pantalones de Anya. Acarició aquellas nalgas suaves y delicadas, provocando que el joven diera un respingo.

ꟷHa… Señ...

No lo dejó terminar, porque volvió a succionar sus labios. Los ojos de Evernight estaban por completo oscurecidos por su propia lujuria.

Quería devorarlo, besar cada parte de su cuerpo, poseerlo embistiéndolo hasta que le suplicara que se detuviera.

El caballero fue deslizando sus dedos hasta que uno se posicionó en un lugar que nadie había explorado jamás. Anya gimió al sentir aquel dedo frío y grueso oprimiendo su entrada.

Fue extraño para Anya sentirse empapado, no solo en la parte delantera. No comprendía qué pasaba con su cuerpo, pero pudo ver una pequeña sonrisa en Evernight cuando su dedo volvió a rozarlo y ambos sintieron aquella leve sensación de chapoteo.

ꟷSeñor… Ever… Evernight… Esp… espere… Ah...

Otro beso atrapó sus labios y aquel dedo insistente acarició en círculos nuevamente aquella abertura húmeda como si se estuviera preparando para deslizarlo hacia su interior. Anya, esta vez asustado, intentó alejarlo, pero no pudo moverlo ni un centímetro.

ꟷSeñor… Pare...

En el momento en que logró apartarse un poco, volvió a hablarle, esta vez de una manera diferente, con la voz temblorosa.

ꟷÉl… por favor.

Evernight pareció reaccionar al ser llamado por su nombre. Los ojos llorosos de Anya y aquel rostro hecho un desastre hicieron que su parte baja se contrajera de manera dolorosa. Estaba tan duro como Anya. Sabía bien que no era el único excitado, pero había miedo en el rostro de aquel chico. Aunque deseaba continuar, debía detenerse; por lo menos eso le decía su cabeza.

El caballero apretó con fuerza la mandíbula y finalmente alejó sus manos, al tiempo que daba un paso atrás. Anya cayó a sus pies sobre la leve capa de nieve, debido a que había perdido por completo la fuerza en su cuerpo.

Los ojos sorprendidos del chico y luego su expresión de pánico hicieron que Evernight se arrepintiera de no haberlo soltado con más cuidado.

Anya no pudo sentirse más avergonzado y, a traspiés, se levantó del suelo, casi gateando, hasta que corrió lejos de él.

Evernight estiró el brazo para detenerlo, pero pronto lo bajó y masculló un improperio entre dientes.

ꟷ¡Maldita sea!

Luego golpeó el árbol varias veces con el puño, hasta hacerse sangrar los nudillos. Necesitaba calmar su deseo, si no quería ir tras Anya y abrirle las piernas sin piedad. Aunque su mente no se calmaba, permaneció quieto, intentando controlar su respiración durante unos minutos, pero el bulto en sus pantalones no daba indicios de disminuir.

No tuvo más remedio que bajar la cremallera y sujetar su pene erecto, acariciándolo de abajo hacia arriba con destreza.

Evernight cerró los ojos y se encorvó sobre el árbol, jadeando, imaginando cómo sería enterrar su miembro en aquel agujero apretado, acariciar los pezones de Anya, apretarlos y lamerlos. Deseaba morder su piel, dejar su rastro en cada parte de su cuerpo.

ꟷHa… ha… Anya… Ha… Anya.

El joven, que apenas era un adulto, sintió al correr que su corazón se saldría del pecho. Avanzó y avanzó, y mientras descendía por una pequeña loma se repetía.

ꟷNo, no… ¿Qué acaba de pasar? Esto no puede ser.

Anya se detuvo de repente, confuso. Aún el calor no lo abandonaba; seguía sintiéndose incómodo y húmedo entre sus pantalones.

Casi podía sentir todavía el roce de los labios de Evernight, su aliento caliente sobre su cuello. El solo recuerdo provocó que una corriente eléctrica recorriera su cuerpo desde los pies hasta la cabeza.

Entonces se giró y miró en dirección al lugar del que había huido antes. No sabía qué fuerza oculta lo impulsó a volver sobre sus pasos, pero lo hizo. Claro que, al ver la figura de Evernight inmóvil a unos metros, se escondió enseguida. Se había acercado a aquel hombre como un tonto, sin saber siquiera por qué lo hacía.

Estaba pensando en marcharse de nuevo cuando escuchó un jadeo proveniente de unos metros más allá. Anya alzó la vista, un poco curioso, y entonces se quedó inmóvil.

Aquella carne gruesa y de un tamaño monstruoso era acariciada de arriba abajo mientras Evernight se inclinaba sobre el árbol. Sus ojos se abrieron con sorpresa al escucharlo pronunciar su nombre, hasta que un fluido blanquecino salpicó la madera.

Anya pareció desconcertado, sobre todo al ver que aquel movimiento de la mano no se detenía, sino que se volvía más suave mientras se corría. De manera inconsciente, juntó sus muslos mientras se escondía entre los árboles secos.

Estaba horrorizado, pero también había otra emoción; deseo, interés y algo más profundo. Intentó negarlo, así que apartó la mirada de Evernight, quien al parecer permanecería un rato más satisfaciéndose a sí mismo.

Esta vez se alejó caminando, dejando cada vez más distancia entre ambos. No volvió a mirarlo, pues aún era incapaz de asimilar lo que había sucedido entre ellos y mucho menos enfrentar los sentimientos que aquello había despertado en su interior.

***

Evernight regresó a Portmeus varias horas después. La nieve comenzaba a cubrir nuevamente el camino y el bosque había recuperado su silencio habitual. Al acercarse a las puertas de la ciudad, dos guardias le confirmaron lo que ya imaginaba.

Anya había regresado hacía bastante tiempo.

Aquello alivió una parte de la tensión que llevaba acumulada en el pecho, pero no logró tranquilizarlo por completo.

Al entrar en la casa, encontró todo en absoluto silencio. La cena estaba preparada sobre la mesa, aunque ya se había enfriado. La única señal de que Anya seguía allí provenía de la tenue luz que escapaba por debajo de la puerta de su habitación.

Evernight permaneció inmóvil unos segundos observándola. Sabía perfectamente que estaba despierto. Sin embargo, no llamó ni insistió. Después de un momento, desvió la mirada y simplemente regresó a su habitación.

A la mañana siguiente, Anya ya se había marchado antes de que él despertara.

Y aquella situación volvió a repetirse.

El desayuno aparecía servido, la casa estaba ordenada, pero Anya no estaba. Por las noches ocurría lo mismo. Evernight regresaba del trabajo y encontraba la cena preparada, aunque el joven desaparecía apenas escuchaba sus pasos acercarse.

Era evidente que lo estaba evitando.

Anya no sabía cómo mirarlo a los ojos ni cómo actuar después de lo ocurrido. Todavía podía sentir los labios de Evernight sobre su boca, el calor de sus manos y sus palabras resonando en su memoria.

«Solo te quiero a ti.»

Y luego... Todo aquello que ocurrió después.

Aún no comprendía qué sentía. Solo sabía que Evernight era un hombre, él también lo era y, aun así, cada vez que pensaba en él, sentía el rostro arder y el corazón acelerarse. No sabía qué hacer con esos sentimientos, no sabía cómo llamarlos y tampoco sabía cómo enfrentarlo.

Además, las palabras de Saverio seguían resonando en su mente.

Había sido una conversación ocurrida apenas unas semanas atrás.

Anya se encontraba ayudándolo a ordenar algunos pergaminos y frascos dentro de su pequeño taller. El anciano permanecía sentado frente a su mesa de trabajo, revisando un viejo libro encuadernado en cuero, mientras una tenue llama azul danzaba sobre su palma iluminando apenas la habitación.

De pronto, Saverio cerró el libro y levantó la vista hacia él.

—Anya.

El joven alzó la cabeza de inmediato.

—¿Sí, maestro?

El mago guardó silencio durante unos segundos, como si estuviera escogiendo con cuidado sus palabras.

—Debes tener cuidado con ese hombre.

Anya se quedó inmóvil por un instante.

—¿Se refiere al señor Evernight?

Saverio asintió lentamente.

—Es un Andarliano.

Sus ojos se desviaron hacia la ventana cubierta por la nieve.

—Esos ojos azules no son de alguien común, solo la sangre Andair posee ese color.

Anya permaneció callado.

Había escuchado historias y algunas leyendas sobre aquel rey del norte desde pequeño, pero jamás había pensado demasiado en ello. Para él, Evernight simplemente era Evernight.

El hombre que lo había salvado y lo acompañaba desde aquella nevada.

Saverio volvió a mirarlo.

—Siento que oculta algo.

El anciano apoyó ambas manos sobre la mesa.

—No digo que sea una mala persona, pero tampoco creo que debas confiar ciegamente en él.

Anya bajó un poco la mirada.

—No creo que quiera hacerme daño.

Saverio suspiró.

—Quizá no, pero incluso las personas que tienen buenas intenciones pueden terminar lastimándonos.

El anciano hizo una pequeña pausa antes de continuar.

—Además, debes ser cuidadoso por tu propio bien, hay algo en sus ojos que no termina de agradarme, su mirada es extraña cuando estás presente, Anya.

Aquellas palabras hicieron que el joven levantara ligeramente la cabeza.

—¿Es así?

Saverio asintió.

ꟷRecuerda Anya aquel hombre es un lobo, no lo olvides.

Tras unos segundos de silencio, Anya asintió suavemente.

—Seré cuidadoso, maestro.

Luego esbozó una sonrisa pequeña, aunque insegura.

—Pero no creo que el señor Evernight sea peligroso.

Saverio lo observó durante unos instantes antes de contestar con tono suave.

—Eso espero, muchacho.

El anciano volvió a abrir su libro.

—Solo quiero asegurarme de que nadie termine aprovechándose de tu bondad.

Aquellas palabras habían permanecido grabadas en la mente de Anya desde entonces. Ahora, al recordarlas, una ligera tensión recorrió su cuerpo mientras suspiraba y dirigía la mirada hacia el techo de su habitación.

Por primera vez en su vida comenzaba a comprender realmente su significado. Todo lo ocurrido con Evernight, especialmente lo sucedido en el bosque, se lo había demostrado.

El deseo, la vergüenza y la confusión se mezclaban dentro de él, convirtiéndose en un auténtico caos.

La forma en que su cuerpo había reaccionado a las caricias de Evernight, el calor que había sentido, la humedad, la sensibilidad y aquella vergonzosa respuesta que no había podido controlar terminaron por confirmar una verdad que había intentado ignorar desde que, años atrás, durante una revisión médica, descubrió que era un hombre especial.

Y ahora, ser plenamente consciente de ello lo confundía profundamente.

***

Al tercer día, Evernight finalmente decidió detenerlo. Anya intentó salir apresuradamente de la cocina, pero una mano sujetó con suavidad su muñeca. El joven se sobresaltó.

—S-señor Evernight...

Hubo un instante de silencio antes de que el caballero hablara.

—No tienes que evitarme.

Anya bajó la vista, tímido, como si lo hubieran atrapado haciendo algo mal.

—Yo...

Pero sus palabras fueron interrumpidas.

—Me dejé llevar…

Dijo finalmente Evernight con una voz más baja de lo habitual.

—Fui demasiado lejos. No deseaba asustarte y lamento haberte puesto en una situación incómoda.

Los ojos de Anya se abrieron un poco, era extraño escuchar disculparse a Evernight, más aún verlo bajar ligeramente la mirada.

—No volveré a hacer algo que no desees, te lo prometo. No volveré a tocarte si tú no quieres, tampoco volveré a besarte ni haré nada que pueda incomodarte. Así que no es necesario que sigas huyendo de mí.

Anya sintió un nudo en el pecho, porque aquello no era exactamente lo que quería. No deseaba alejarse de Evernight, solo estaba confundido. Confundido por lo ocurrido, por lo que sentía y por lo mucho que deseaba volver a estar a su lado como siempre.

—Yo no... No lo odié.

Evernight guardó silencio.

—Solo...

Las mejillas de Anya se tiñeron de rojo.

—No sé qué hacer con todo lo sucedido, por eso...

Evernight observó durante unos segundos aquel rostro avergonzado y entonces soltó una leve exhalación.

—Está bien, no es necesario que digas más. Tómate el tiempo que necesites. Esperaré.

Sin embargo, aquella noche, encerrado en su habitación, Evernight permaneció sentado junto a la ventana durante largo rato. Apretó la mandíbula.

Había cometido un error, se había apresurado y llevado las cosas demasiado lejos. Debió ser paciente, debió acercarse poco a poco y permitir que Anya entendiera sus sentimientos a su propio ritmo. Pero... ¿cuánto tiempo debía esperar? ¿Un mes? ¿Un año? ¿Dos años? ¿Todavía más? Evernight cerró los ojos. Cinco siglos habían pasado desde su muerte y dos desde que Evernight había desaparecido del mundo.

Había soportado una eternidad hasta ahora y aun así, con Anya, se sentía incapaz de esperar siquiera unos meses más.

Los días continuaron transcurriendo. Aunque Anya dejó de huir abiertamente, seguía siendo distante. Sus conversaciones se hicieron breves, las comidas silenciosas y las sonrisas desaparecieron. Evernight comenzó a sentir algo que no esperaba; Dolor. porque Anya lo rechazaba, ya no lo buscaba. Ahora cuando él se acercaba se ponía nervioso y ya no esperaba sus caricias, al contrario su cuerpo pegaba un respingo y se alejaba con disimulo. Y aunque sabía que aquello era consecuencia de sus propios actos, aun así dolía.

Hasta que una mañana tomó una decisión. Aceptó un trabajo como escolta. Un convoy comercial viajaría hacia las ciudades del sur. La paga era considerable y el recorrido duraría varias semanas.

Aquella noche, durante la cena, soltó aquella noticia.

—Me iré por un tiempo.

Anya levantó la vista de inmediato.

—¿Te irás?

Evernight, que jugueteó un poco con su comida respondió con un tono grave, monótono.

—Sí, he aceptado un trabajo. Seré escolta de unos comerciantes. Volveré cuando termine.

Hubo un silencio incómodo.

—¿Cuánto tiempo?

Evernight permaneció callado unos segundos.

—No lo sé ¿Una semanas...? Tal vez más.

Algo se contrajo dentro del pecho de Anya, porque hasta ese instante nunca había pensado en ello. Evernight podía marcharse. Podía desaparecer. Podía abandonar Portmeus y quizá jamás volver.

Quiso decir algo. Quiso pedirle que se quedara. Decirle que no estaba incómodo, que solo estaba asustado, pero las palabras nunca llegaron y al final solo pudo verlo partir. Sin detenerlo. Sin decir nada, pensando que volvería pronto.

Sin embargo, el tiempo pasó mucho más rápido de lo que imaginó. Un mes se convirtió en dos y luego en tres, mientras Evernight seguía sin regresar.

***

El caballero observó con gran frialdad a los comerciantes alejarse de su vista. Luego guardó el pequeño bolso con monedas de plata que sostenía en la mano dentro de su ropa, muy cerca de su corazón.

Tardó tres semanas en cumplir con aquella tarea de escoltar la caravana. Solo recibieron un par de ataques de bandidos durante el viaje, pero no fueron un problema para él. Cortó a sus enemigos con facilidad; los humanos eran lentos y débiles ante sus ojos.

En aquella época, los monstruos rara vez aparecían, a menos que algún mago nigromante estuviera experimentando con cadáveres o invocando alguna criatura. Se habían vuelto extremadamente raros.

La energía de Tanon se había disuelto desde hace mucho tiempo, al igual que la primera diosa había desaparecido.

Sin embargo, Anya, era la prueba viviente de que la primera diosa aun existía, Evernight aún vivía con aquel cuerpo inmortal, como recordatorio de la promesa hecha.

Por otra parte, aunque Tanon fue derrotado, la oscuridad aun existía en el mundo, jamás sería exterminada por completo, así que Evernight, durante su reinado vigiló los territorios más allá de la muralla de la noche, aun si los monstruos y aquel dios malvado desaparecieron de este mundo, siguió cumpliendo su deber.

El caballero Evernight, al final quitó las riendas amarradas al pilar de aquella posada y se subió en su caballo con agilidad, cabalgó en dirección contraria a la caravana que se alejaba.

Había algunas cosas que debía solucionar antes de volver a Portmeus, así que viajó a una ciudad ubicada en la parte más austral del Imperio Delphium.

Rosenth, una ciudad de clima cálido que gozaba de poseer un importante puerto.

Evernight cabalgó por sus calles, observando una ciudad próspera y de buena economía. Los edificios del centro eran altos y elegantes, mientras que las casas de los suburbios resultaban acogedoras y tranquilas. Mucha gente viajaba hasta aquel lugar en busca de una vida apacible.

Tal vez por eso él mismo había decidido comprar algunos terrenos allí. Y aunque ya habían pasado doscientos años, aquel territorio seguía perteneciéndole.

Finalmente, detuvo su caballo frente a las elegantes puertas que daban acceso a la propiedad, custodiadas por dos guardias.

Evernight permaneció firme sobre su corcel y bajó la mirada hacia ellos. De inmediato ambos sintieron un escalofrío recorrerles el cuerpo. Era una sensación intimidante, difícil de explicar, pero imposible de ignorar.

Uno de ellos dio un paso al frente y preguntó con gravedad.

ꟷSeñor, ¿cuál es la razón de su visita?

La respuesta llegó enseguida, fría y autoritaria.

ꟷAnuncia al mayordomo Leopold que su señor ha regresado.

Los rostros de los guardias se desencajaron y el que permanecía detrás no pudo evitar hablar, confundido.

ꟷ¿Qué?

Evernight se mantuvo en silencio, sin apartar la mirada. El soldado, como si comprendiera que aquella orden no sería repetida una segunda vez, hizo una ligera reverencia y se retiró apresuradamente.

ꟷSí, señor. Anunciaré su presencia.

Las rejas fueron abiertas y el soldado que desapareció ante la vista atenta de Evernight, luego de unos minutos volvió junto al mayordomo que no estaba del todo convencido sobre la veracidad de aquella visita de su señor. Así que más soldados venían junto a él. Hacerse pasar por un miembro de la nobleza era un delito grave que se castigaba con la muerte, pero Leopold que estuvo a punto de vociferar cuando la puerta fue abierto, quedó con la boca abierta al ver a su señor, tal cual lo recordaba.

Hasta sus orejas de elfo parecieron doblarse hacia abajo por el impacto, tardó unos segundo en reaccionar y cuando lo hizo corrió hasta su lado y se inclinó.

ꟷ¡Su majes…!

Se detuvo antes de cometer un error garrafal y rectificó, bajando aún más su cabeza.

ꟷMi lord, es un honor darle la bienvenida. Le pido perdón por mi falta de etiqueta, si me…

Sus palabras fueron detenidas sin piedad.

ꟷ¡Suficiente! Solo prepara todo lo necesario, entraré.

Leopold sintió un frío recorrer su espalda, su señor parecía de mal humor. ¿Cuánto tiempo había pasado desde que tuvo alguna noticia de su parte? ¿Un siglo, tal vez dos?

Evernight no dudó en dar un golpe a las riendas y ordenar a su caballo avanzar. El animal relinchó suavemente antes de atravesar las enormes puertas de hierro, mientras Leopold se hacía a un lado con rapidez, inclinando la cabeza al ver a su señor internarse por el largo camino de piedra que conducía a la mansión.

A ambos lados se extendían jardines perfectamente cuidados, arbustos podados con precisión y árboles centenarios que habían sido plantados hacía más de un siglo. Nada parecía haber cambiado demasiado, y aquello era precisamente lo que Evernight esperaba encontrar.

Aquella propiedad había sido adquirida mucho antes de su desaparición, mucho antes de abandonar Tildeon e incluso antes de aceptar que el descanso eterno jamás llegaría para él. Durante siglos había preparado un refugio, un lugar alejado del norte donde pudiera desaparecer del mundo si alguna vez decidía abandonar el trono. Sin embargo, aquel día nunca llegó. El Rey Inmortal siguió viviendo, y con el paso de los años continuó acumulando riquezas, adquiriendo territorios, estableciendo negocios y creando una extensa red de contactos a lo largo del continente.

Los Lobos Negros nacieron precisamente de aquella necesidad. No se trataba únicamente de una organización de información, sino de una estructura pensada para sobrevivir al paso de los siglos. Los miembros de vida corta eran reemplazados con el tiempo, mientras que otros permanecían. Elfos, enanos, semielfos e incluso razas de sangre longeva continuaron sirviendo al señor de Tildeon generación tras generación, conservando el legado de un rey que para el resto del mundo había desaparecido hacía mucho tiempo.

Leopold era uno de ellos.

Evernight lo había contratado varios siglos atrás, Leopold a veces sentía que había firmado un contrato de esclavitud, pero pronto se resignaba debido que también existían varias regalías, como vacaciones cada año, buena paga por sus servicios, educación y cualquier ayuda que necesitara su familia. Alojamiento de lujo

¿Qué son unos cientos de siglos?

Eso se repetía con un gran suspiro, el contrato mágico era estricto, la cláusula de silencio era una de las principales.

Desde entonces el elfo se había encargado de administrar las propiedades, supervisar los negocios y asegurar que cada una de las órdenes de su señor continuara cumpliéndose aun cuando este hubiera desaparecido sin dejar rastro.

Evernight desmontó con tranquilidad. Un sirviente se adelantó para recibir las riendas de su caballo mientras otro se inclinaba respetuosamente.

—Bienvenido a casa, mi lord.

El caballero no respondió. Simplemente avanzó hacia el interior de la mansión con la misma expresión fría e inescrutable de siempre.

El baño ya había sido preparado. El vapor se elevaba lentamente desde la amplia bañera de mármol, mientras pétalos aromáticos flotaban sobre el agua caliente. Varias doncellas aguardaban cerca de la entrada, esperando instrucciones.

Leopold carraspeó ligeramente.

—Mi señor, las muchachas están listas para asistirlo.

Evernight ni siquiera volvió la cabeza.

—No es necesario.

Las jóvenes intercambiaron miradas discretas, mientras el mayordomo soltaba un suspiro resignado.

Después de tantos años, seguía siendo exactamente igual.

Ni siquiera cuando fue rey permitió que alguien tocara su cuerpo. Jamás dejó que un sirviente lo ayudara a vestirse, lavara su cabello o compartiera un momento tan íntimo con él.

—Pueden retirarse.

Ordenó Leopold y las doncellas hicieron una reverencia antes de abandonar la estancia.

—Parece que algunas cosas nunca cambian.

Murmuró el elfo con una pequeña sonrisa.

Horas después, vestido con prendas oscuras y elegantes, Evernight abandonó sus aposentos. Sobre una pequeña mesa permanecía un refrigerio que apenas había probado. Luego avanzó por los amplios pasillos de la residencia hasta llegar al despacho principal.

La oficina había cambiado ligeramente con el paso de los años. Los muebles eran distintos, había nuevas estanterías, mapas recientes y una considerable cantidad de documentos acumulados. Sin embargo, el lugar conservaba la misma atmósfera solemne que recordaba.

Leopold lo esperaba de pie junto a la entrada. Apenas lo vio acercarse, inclinó profundamente la cabeza.

—Mi lord.

Evernight tomó asiento detrás del escritorio y recorrió con sus ojos azules los documentos dispersos sobre la mesa.

—Háblame de lo ocurrido durante estos últimos cien años.

El mayordomo se incorporó ligeramente.

—Como ordenó en el pasado, hemos mantenido observadores dentro de la familia real de Tildeon. También continuamos vigilando a la rama secundaria de su sangre.

Evernight permaneció en silencio, permitiéndole continuar.

—Hace aproximadamente un siglo ocurrió un conflicto sucesorio. Hubo derramamiento de sangre y varios descendientes de vuestra línea fueron eliminados durante aquella disputa.

No hubo reacción alguna en el rostro del caballero, Leopold ya esperaba aquella indiferencia. Después de todo, dos siglos eran suficientes para convertir incluso la sangre propia en algo distante.

—Actualmente gobierna Terrens Evernight…

Continuó el elfo con una voz grave.

—Su reinado ha sido estable. No existen conflictos bélicos importantes y la economía prospera. Los miembros de la rama colateral ocupan diversos cargos dentro de la nobleza y, hasta ahora, se mantienen dentro de sus funciones sin comportamientos sospechosos.

Evernight asintió apenas, permaneciendo en silencio durante unos instantes antes de formular una nueva pregunta.

—¿La Muralla de la Noche?

Leopold negó con tranquilidad.

—No se han registrado movimientos extraños. Los monstruos continúan siendo escasos, aunque sí hemos detectado un incremento en la actividad de magos negros.

Leopold acomodó algunos documentos sobre el escritorio.

—Los Lobos Negros se han encargado de eliminarlos antes de que puedan convertirse en un problema serio. De momento, la situación permanece bajo control.

Hizo una breve pausa antes de concluir.

—No ha ocurrido nada que pueda considerarse realmente importante, pero prepararé un informe detallado con todos los sucesos relevantes que debáis conocer.

Evernight apoyó uno de sus brazos sobre el reposabrazos de la silla.

—Bien.

Solo dijo una palabra, breve y concisa tan fría como siempre.

Leopold dudó unos segundos antes de hablar, no estaba seguro de si era prudente hacerlo. Finalmente tomó aire.

—Mi lord...

Evernight levantó la vista.

—¿Cuál es la razón de vuestro regreso?

El elfo tragó saliva, temió haber sobrepasado un límite, pero el caballero respondió con naturalidad.

—Pronto me mudaré aquí.

Leopold abrió ligeramente los ojos.

—¿Mudarse?

Evernight asintió con calma y luego ordenó.

—Prepara todo lo necesario.

El mayordomo inclinó la cabeza.

—Comprendo, mi señor.

Evernight tomó uno de los documentos sobre la mesa, pero de pronto una imagen atravesó sus pensamientos.

Cabello castaño, unos ojos vibrantes color avellana.

Una sonrisa inocente.

Anya.

Sin apartar la mirada del papel, habló con absoluta naturalidad.

—También prepara una habitación matrimonial.

Leopold quedó inmóvil, por un momento creyó haber escuchado mal.

—¿Disculpe?

Evernight dejó el documento sobre el escritorio.

—He encontrado a Anya.

Los labios del elfo se separaron lentamente.

—¿Lo... ha encontrado?

Su expresión se llenó de sorpresa.

—¿A la señora de Tildeon?

Evernight se acomodó contra el respaldo de la silla.

—No vuelvas a llamarlo así.

Desvió la mirada hacia la ventana.

—Después de todo, ya no soy el Rey del Norte y Anya no es mi reina.

Leopold guardó silencio, por primera vez en siglos percibió algo diferente en la expresión de su señor. No era exactamente felicidad, pero sí una calma que jamás había visto en él.

Mientras tanto, Evernight contempló el jardín exterior, Rosenth era muy diferente a Tildeon. Poseía un clima cálido, un gran puerto, mercados concurridos y una atmósfera llena de vida. Era un lugar tranquilo, acogedor, alejado de las responsabilidades que alguna vez marcaron su existencia. Y precisamente por eso pensó en Anya, estaba seguro de que aquellas tierras le agradarían.

En el pasado, Anya había soportado demasiado. Había cargado con el peso de convertirse en reina, esforzándose más de la cuenta para cumplir con sus deberes y responsabilidades, incluso cuando su verdadera naturaleza siempre fue distinta. Era curioso, inquieto, aventurero y deseaba conocer el mundo más allá de las fronteras de Tildeon.

Evernight apretó ligeramente la mandíbula, durante siglos maldijo haber sido rey, maldijo la corona, las obligaciones y el deber, porque jamás pudo ofrecerle aquello que realmente deseaba.

Viajar, conocer nuevos lugares juntos, vivir con libertad, escapar de las cadenas del reino, pero ahora sí podían hacerlo.

Podrían ir donde quisieran, vivir sin títulos, sin responsabilidades y sin un reino reclamando constantemente su presencia. Por primera vez en mucho tiempo serían libres.

Y cuando quisiera asentarse el condado de Rosenth los estaría esperando y si a Anya no le agradaba la ciudad ni el nuevo título, encontraría otro lugar. Y otro más, hasta hallar un sitio que pudiera considerar su hogar, porque después de cinco siglos de soledad, Evernight había tomado una decisión.

Gastaría toda la fortuna que había acumulado durante generaciones si era necesario. Le daría todo aquello que jamás pudo ofrecerle cuando aún era el Rey del Norte.

Después de todo, para el mundo, Evernight había desaparecido hacía siglos. Muchos suponían que finalmente había encontrado la muerte y que el Rey Inmortal no era más que una leyenda del pasado.

Y aquello estaba bien, era mejor así.

Ahora solo deseaba vivir como un hombre común y compartir el tiempo que le quedara junto a Anya.

***

Los días continuaron transcurriendo sin detenerse, al principio, Anya pensó que podría acostumbrarse a su ausencia. Evernight solo se había marchado por trabajo y le había asegurado que volvería una vez cumpliera con aquella misión. No era una despedida definitiva. Sin embargo, conforme las semanas avanzaban, comenzó a notar el vacío que había dejado su ausencia.

Ya no había alguien esperándolo al finalizar la jornada, ni compartía las comidas con nadie. Tampoco escuchaba aquella voz grave preguntándole cómo había ido su día, ni aquellas conversaciones improvisadas que surgían sobre cualquier tema.

A veces hablaban sobre la ciudad, otras, Evernight le contaba historias antiguas, algunas reales y otras claramente inventadas con una mezcla de verdad. Y en ocasiones simplemente permanecían sentados en silencio, compartiendo el mismo espacio sin necesidad de decir nada.

Ahora aquel silencio se había vuelto distinto, pesado… Vacío.

Anya sostenía una taza entre sus manos mientras observaba distraídamente el asiento frente a él. La tenue luz que entraba por la ventana iluminaba la mesa, pero aquella silla seguía permaneciendo desocupada.

Vacía, siempre vacía.

Bajó la mirada hacia el té que se había enfriado hacía varios minutos y, sin darse cuenta, dejó escapar un pequeño suspiro.

—¿Muchacho?

La voz de Saverio lo hizo reaccionar de inmediato.

Anya parpadeó varias veces antes de levantar la cabeza y dirigir la vista hacia el anciano, que lo observaba desde el otro lado de la mesa con los brazos cruzados.

—¿Eh?

Saverio arqueó ligeramente una ceja.

—Llevo llamándote tres veces.

Las mejillas de Anya adquirieron un leve tono rojizo.

—Lo siento, maestro.

El anciano acomodó su barba con parsimonia y lo observó durante unos segundos, como si intentara descubrir qué pasaba por la cabeza de su discípulo.

—¿Acaso estás pensando en aquel caballero?

Anya se tensó un poco sobre su asiento.

—¡N-no!

Saverio soltó una pequeña risa al escuchar aquella respuesta tan apresurada.

—Está bien, no es necesario que lo niegues.

Anya desvió la mirada hacia su taza y jugueteó distraídamente con el borde de esta antes de responder.

—Solo...

Guardó silencio unos instantes, buscando las palabras adecuadas.

—Es extraño.

El mago inclinó ligeramente la cabeza.

—¿Qué cosa?

Anya permaneció unos segundos observando el líquido oscuro en el interior de la taza antes de responder con sinceridad.

—La casa está demasiado silenciosa, no hablábamos demasiado, pero…

Saverio lo contempló en silencio durante unos momentos y finalmente dejó escapar una pequeña exhalación.

—Te acostumbraste a su presencia.

Anya no respondió, porque sabía que era cierto, mucho más de lo que deseaba admitir.

****

Al cumplirse un mes para distraerse, comenzó a asistir con mayor frecuencia a los entrenamientos de los soldados.

Lehan estuvo encantado con aquello.

—¡Al fin dejaste de encerrarte en la tienda!

El joven sonrió ampliamente mientras le daba una palmada amistosa en el hombro.

—Pensé que te habías convertido en un viejo ermitaño igual que tu maestro.

Anya negó ligeramente con la cabeza, aunque una pequeña sonrisa apareció en su rostro.

—No soy un ermitaño.

Lehan cruzó los brazos sobre el pecho y lo observó con evidente diversión antes de responder.

—Aún no.

La carcajada que soltó después hizo que Anya rodara apenas los ojos, sin poder evitar mantener aquella pequeña sonrisa en el rostro. Era agradable volver a compartir tiempo con su amigo.

Después de todo, ambos se conocían desde los once años. Habían crecido juntos, corrido por las calles de Portmeus, reído hasta quedarse sin aliento e incluso se habían peleado incontables veces por cosas sin importancia, solo para reconciliarse al día siguiente como si nada hubiese ocurrido.

Sin embargo, para Lehan aquellos sentimientos habían cambiado hacía bastante tiempo y era algo que jamás se había atrevido a decir.

Sus ojos descendieron de manera inconsciente hacia la espada que Anya sostenía entre sus manos. El muchacho acariciaba distraídamente la empuñadura con la yema de los dedos, como si se tratara de algo preciado, algo que guardaba un recuerdo importante.

Lehan apartó la mirada, no necesitaba preguntar de quién provenía aquella arma, lo sabía bien.

Desde que aquel caballero había aparecido, su amigo había cambiado. Tal vez otra persona no lo hubiera notado, pero él sí. Había visto a un Anya tímido, ruborizándose con su sola presencia, y lo peor era que el interés que Evernight mostraba por él era el mismo que Lehan llevaba años sintiendo por su amigo. Para él, era evidente lo que estaba ocurriendo, Anya también había comenzado a reaccionar de una manera diferente ante aquel hombre.

Y ahora que el señor Evernight no estaba, Anya solía permanecer en silencio, sonreía con menos frecuencia y constantemente parecía perderse en sus propios pensamientos, como si una parte de él permaneciera esperando el regreso de alguien.

Lehan expulsó el aire por la nariz y decidió alejar aquellas ideas de su mente. Tomó su espada con ambas manos y adoptó una postura de combate.

—Vamos.

Anya alzó la vista hacia él.

—¿Qué?

El muchacho movió ligeramente la espada frente a sí.

—Atácame.

Anya dejó escapar un suspiro.

—No quiero golpearte.

Lehan chasqueó la lengua con fingida molestia.

—¿Es en serio?

Sacudió ligeramente la cabeza antes de continuar.

—Así nunca mejorarás.

Anya inclinó apenas el rostro y lo observó durante unos segundos.

—Pero tú tampoco eres muy bueno.

Lehan abrió los ojos con exageración.

—¡Oye!

La expresión indignada del joven hizo que Anya terminara soltando una pequeña risa.

Lehan sonrió al escucharla. Hacía tiempo que no lo veía reír de verdad, y aquella sencilla expresión bastó para acelerar ligeramente su corazón.

—Eso fue cruel.

Anya alzó apenas las cejas, manteniendo todavía aquella ligera sonrisa.

—Es la verdad.

Lehan resopló, aunque la diversión seguía siendo evidente en su rostro.

—Entonces demostraré que estás equivocado.

El sonido de las espadas resonó en el campo de entrenamiento.

Aunque Evernight no estaba allí para corregir la postura o señalar los errores de los aspirantes a caballero, Saverio comenzó a ir a la prácticas algunas veces.

El anciano permanecía a un lado del terreno, apoyado sobre su bastón, observando cada movimiento con atención de los cadetes.

—Tu muñeca está demasiado rígida.

Antes de que Anya pudiera reaccionar, Saverio golpeó suavemente su brazo con el bastón.

—Ay.

El joven se llevó una mano al lugar del impacto y dirigió una mirada de reproche hacia el anciano.

—Maestro...

Saverio permaneció completamente impasible y acomodó su sombrero con tranquilidad.

—Así jamás ganarás un combate.

Anya dejó escapar un pequeño puchero como un niño mientras seguía masajeando su brazo.

El anciano lo observó unos segundos y resopló.

—No me mires así.

Hizo una breve pausa antes de añadir con total naturalidad:

—Debes corregir tus errores si deseas mejorar ¿Acaso no es por eso que has vuelto a practicar?

Aquellas palabras bastaron para apagar un poco la expresión del joven, ya que Anya había decidido practicar la espada debido a Evernight.

El caballero le prometió que practicaría con él, hasta que dominara la espada que le habían regalado, aunque ahora que Evernight se había ido en aquella misión, todo había quedado en nada.

Tal vez era un pensamiento inocente, pero Anya deseaba mejorar para cuando este regresara. Quería mostrarle sus avances, recibir una palabra de aprobación de su parte y demostrarle que él también podía volverse fuerte.

Lehan notó como el rostro de Anya se oscurecía ante las palabras del mago, pero decidió no decir nada.

***

La nieve comenzó a desaparecer poco a poco de las calles de Portmeus. Los montículos blancos que durante meses habían cubierto los caminos se transformaban en pequeños arroyos que descendían por las laderas, arrastrando tierra y hojas húmedas, mientras los primeros brotes verdes asomaban tímidamente entre las ramas desnudas de los árboles. El frío seguía presente, pero ya no mordía la piel con la misma crueldad de antes.

La primavera finalmente había llegado.

—Ha tardado este año…

Murmuró Lehan una mañana, mientras observaba el barro formarse bajo sus botas.

Anya no respondió de inmediato. Tenía la vista fija en un punto del camino, como si buscara algo entre los restos del invierno.

—Sí.

Dijo al fin, con voz baja, pero su mente estaba en otra parte, intentó adaptarse a aquel cambio de estación del mismo modo en que trataba de acostumbrarse a la ausencia de Evernight, por eso dejó de permanecer encerrado en casa.

Pasaba más tiempo en la tienda, ayudando a preparar remedios, ordenando frascos y clasificando hierbas secas junto a Saverio. El sonido del vidrio al chocar, el olor amargo de las plantas trituradas, las instrucciones secas del mago… todo eso lo mantenía ocupado.

También comenzó a ir con mayor frecuencia al bosque junto a Lehan para recolectar hierba, raíces medicinales, flores tempranas y plantas que solo crecían en aquella estación. A veces Lehan hablaba sin parar durante el camino, llenando el silencio con historias sin importancia.

—Si sigues así de fanático por las hierbas, terminaré creyendo que terminarás también siendo una planta.

Anya soltaba una pequeña risa.

—No exageres.

Pero la risa duraba poco, porque, por mucho que llenara sus días de actividades, Evernight estaba constantemente en su mente, simplemente no podía dejar de pensar en él.

Así era incluso mientras cocinaba, a veces se quedaba inmóvil frente a la olla.

—Dos raciones…

Murmuraba sin darse cuenta, entonces se detenía, la cuchara en su mano bajaba lentamente y el silencio de la cocina le respondía dejando en claro que estaba solo. Miraba el segundo plato sobre la mesa, estaba vacío.

—…Haa.

Solo entonces volvía a moverse, más despacio, comía sin prisa, con la mirada perdida en el asiento que estaba a su lado.

Lo extrañaba tanto que a veces lo podía escuchar.

—¿Qué estás haciendo?

La voz imaginaria lo sorprendía tanto que miraba de un lado a otro buscando a la persona que tanto esperaba.

Cuando cocinaba incluso podía sentir la inclinación ligera de alguien sobre su hombro, observando con curiosidad.

Anya parpadeaba, como volviendo en sí.

—Nada…

Susurraba, aunque no había nadie allí.

Incluso la daga que reposaba junto a su cama se había convertido en un recordatorio constante de su ausencia.

Algunas noches la tomaba entre sus manos sin encender la vela de inmediato. El metal captaba la poca luz que entraba por la ventana, reflejando destellos fríos.

—Cuando vuelva…

Susurraba a veces, sin terminar la frase, luego bajaba la mirada y un par de lágrimas se asomaban de sus ojos, no sabía por qué estaba tan triste, pero cuando se cumplieron los dos meses, aquel agujero en su pecho se acentuó.

Evernight le había prometido enseñarle a usar aquella daga al igual que practicar con él con la espada hasta que pudiera dominarla por completo. Pero aquella promesa, como tantas otras, había quedado suspendida en el aire.

Había ocasiones en que se detenía frente a la habitación vacía del caballero.

No entraba, solo permanecía allí, con la mano a medio levantar, dudando.

—…Evernight…

Lo llamó en voz muy baja, casi sin sonido, no había respuesta, el pasillo permanecía en silencio. Entonces bajaba la mano y continuaba con su día

Lehan, que lo conocía bien, notaba su expresión apagada y la forma en que Anya se quedaba callado de repente, como si alguien hubiera apagado su voz.

—Anya.

Pero el otro no respondió hasta varios segundos después.

—…¿sí?

Y ese retraso le dijo más que cualquier palabra, Lehan apartó la mirada y comprendió algo que llevaba tiempo temiendo.

Evernight, le gustaba a Anya.

Por eso intentó acompañarlo de otras maneras, deseaba que lo olvidara y lo mirara a él.

Lo invitaba al bosque, buscaba excusas para salir de la ciudad, le mostraba nuevos senderos, hablaba sobre cualquier tontería, incluso exageraba sus propias historias solo para sacarle una reacción.

—Si me vuelves a decir que eso fue “normal”, voy a ofenderme de verdad.

Decía dramáticamente y Anya soltaba una risa breve.

—Pues sabes bien lo que pienso.

Lehan, se llevó la mano al pecho diciendo de manera teatral.

—¡No tienes corazón!

A veces funcionaba hacerlo reír, tenía su atención, otras no y cuando no funcionaba, el silencio volvía a caer entre ambos como un manto pesada.

Anya seguía pensando en otra persona, esperando, poniendo su fe que en cualquier momento Evernight regresaría.

***

Fue entonces, al cumplirse ya tres meses desde la partida de Evernight, cuando Anya comprendió cuán profundamente aquel hombre se había arraigado en su corazón. No estaba seguro de cuándo había ocurrido, pero Evernight se había convertido en una presencia invaluable en su vida.

No porque lo protegiera, ni porque compartieran las comidas, ni siquiera porque le ofreciera compañía. Sino porque, sin darse cuenta, Evernight había comenzado a ocupar un lugar en cada pequeño momento de su vida, hasta el punto de que ahora le resultaba imposible imaginar sus días sin él.

Por eso ahora que Evernight no estaba, todo parecía incompleto.

Lo quería, lo quería mucho más de lo que había sido capaz de admitir y el dolor que sentía cada vez que pensaba en él no nacía únicamente de la distancia, sino del temor que comenzaba a crecer en su pecho.

El temor de que Evernight jamás regresara, de que aquel viaje se prolongara indefinidamente. De no volver a escuchar su voz. De no volver a verlo y de perder la oportunidad de decirle que no había odiado sus besos, que nunca quiso alejarse de él y que, en realidad…

Se había enamorado de él.

***

La primavera había terminado de asentarse sobre el norte. Los caminos ya no estaban cubiertos de nieve y, en su lugar, extensas praderas verdes comenzaban a recuperar su color. La brisa era fresca, agradable, y el aroma húmedo de la tierra recién despertada acompañaba el trote constante del caballo.

Evernight sujetó las riendas con firmeza, dejando que el viento agitara sus cabellos negros mientras avanzaba a toda velocidad por el camino que conducía a Portmeus. Había tardado demasiado, mucho más de lo que esperaba. Las tres semanas que debía durar aquel viaje terminaron convirtiéndose en casi tres meses, consumidos entre informes que leer, documentos que revisar y una cantidad abrumadora de información sobre los siglos que habían transcurrido desde su desaparición. Había sido necesario, pero aquello no evitaba la sensación de miedo que comenzaba a crecer dentro de él.

¿Qué sucedería si Anya hubiera decidido olvidarse de él y rechazarlo por completo?

Tal vez lo evitaría. Quizá incluso podría seguir sintiéndose incómodo por lo ocurrido entre ellos antes de su partida. Aun así, Evernight no pudo evitar sentir cierta impaciencia al divisar finalmente las murallas de Portmeus aparecer en el horizonte.

Sin embargo, apenas atravesó las puertas de la ciudad comprendió que algo era diferente. Las calles estaban decoradas con largas hileras de faroles de papel suspendidos entre los edificios, guirnaldas de flores adornaban ventanas y balcones, mientras músicos callejeros llenaban el ambiente con melodías alegres. Había puestos de comida, artesanos ofreciendo sus mercancías y niños corriendo de un lado a otro con pequeñas coronas de flores sobre sus cabezas.

El Festival de Primavera, había sido retrasado debido a que el invierno se había prolongado más de lo habitual.

Evernight desmontó lentamente y entregó las riendas de su caballo a un muchacho encargado de cuidar animales. Sus ojos azules recorrieron la multitud con atención. Había demasiada gente, demasiados rostros desconocidos, pero estaba seguro de que Anya estaría allí. Siempre le habían gustado aquella clase de celebraciones.

Por eso comenzó a caminar entre la multitud.

Mientras tanto, al otro lado de la plaza, Anya permanecía junto a Lehan. Sonreía cuando alguien le hablaba, asentía cuando escuchaba alguna broma y observaba distraídamente los espectáculos callejeros, pero había algo apagado en su mirada.

Lehan lo sabía, aquella sonrisa era fingida.

—¿Quieres ir a escuchar a los músicos?

Peguntó, señalando un pequeño escenario improvisado.

Anya tardó unos segundos en reaccionar.

—Ah... sí.

Pero apenas respondió, algo llamó su atención, a unos metros de distancia, entre el ir y venir de las personas.

Destacaba un hombre con cabello negro, una espalda alta y ancha. Una figura que conocía demasiado bien.

Su corazón se detuvo.

Evernight.

Lo vio doblar por una de las calles entre la multitud y, sin pensarlo siquiera, salió corriendo.

—¡Anya!

Escuchó a Lehan llamarlo a sus espaldas, pero no se detuvo. Atravesó la calle con rapidez, alejándose, con el corazón golpeándole el pecho con fuerza, esperaba encontrarlo en alguna parte. Miró hacia un lado, luego hacia el otro, buscó entre la multitud, pero no había nadie. Solo personas desconocidas caminando, parejas conversando y niños jugando entre los puestos iluminados.

Su respiración se volvió irregular y entonces la realidad lo golpeó con fuerza.

No era él.

Solo había sido otra ilusión.

Otra vez.

Otra maldita vez.

Lentamente llevó ambas manos a su rostro y cerró los ojos con fuerza. Estaba cansado. Cansado de extrañarlo. Cansado de esperarlo. Cansado de creer verlo en cada rincón de Portmeus. No quería ser así. No quería sentirse tan vulnerable, tan sensible, pero desde hacía semanas sus emociones parecían escapar completamente a su control.

Entonces una voz grave resonó detrás de él.

—Anya.

Sus ojos se abrieron de inmediato, todo su cuerpo se tensó.

Reconocería aquella voz en cualquier lugar.

Giró lentamente y entonces lo vio.

Evernight estaba a pocos pasos de distancia. La tenue luz de los faroles iluminaba parcialmente su rostro mientras una pequeña sonrisa se dibujaba sobre sus labios.

—Anya.

Esta vez su voz fue más suave y aquello bastó para que las lágrimas comenzaron a caer con más fuerza.

Evernight frunció ligeramente el ceño, incapaz de comprender qué ocurría. Algunas personas comenzaron a mirarlos con curiosidad, pero ninguno de los dos pareció notarlo.

El caballero dio un paso adelante.

—¿Qué sucede?

Preguntó preocupado.

—¿Por qué lloras? ¿Te sientes mal?

Anya negó rápidamente con la cabeza y bajó el rostro, avergonzado.

—¿Qué ocurre?

Insistió Evernight, acercándose un poco más.

Anya permaneció en silencio unos segundos, apretando los labios con fuerza mientras intentaba contener la mezcla de emociones que sentía.

—Por favor, dime qué pasa.

Entonces Anya incapaz de seguir guardándose aquello que tanto tiempo había cargado en su pecho.

—¿Por qué demoraste tanto?

Evernight quedó inmóvil, sorprendido por la pregunta.

—¿No podías mandar una carta?

Preguntó con la voz temblorosa, levantando la mirada hacia él con los ojos completamente enrojecidos.

— ¿Por qué no lo hiciste? Estaba preocupado.

El silencio se instaló entre ambos, Evernight abrió ligeramente la boca, pero ninguna respuesta salió de inmediato.

Aquello solo aumentó la frustración de Anya.

—¡Te odio!

La frase salió impulsivamente, cargada de tristeza, resentimiento y angustia acumulada durante meses.

Anya se dio media vuelta dispuesto a marcharse, pero antes de que pudiera alejarse una mano sujetó su muñeca.

—Espera.

La voz grave de Evernight lo hizo detenerse apenas un instante.

—¡Suéltame!

Anya forcejeó intentando soltarse mientras lo miraba con evidente molestia.

—¡No quiero hablar contigo!

Evernight no cedió, por el contrario, comenzó a caminar entre la multitud llevándolo consigo. A su alrededor, las luces del festival se mecían con suavidad, la música de los músicos ambulantes llenaba las calles y las conversaciones alegres de la gente contrastaban por completo con la tensión que existía entre ambos.

—¡¿A dónde me llevas?!

Anya volvió a tirar de su brazo, cada vez más frustrado.

—¡Detente!

Al ver que no obtenía respuesta, apretó los labios con molestia.

—¡Quiero irme!

Evernight ni siquiera volvió la cabeza para mirarlo.

—No.

La respuesta fue firme, serena e inamovible, pronunciada con una seguridad que hizo que Anya frunciera el ceño aún más y antes de que pudiera protestar nuevamente, Evernight lo condujo hacia un solitario callejón, alejándolo poco a poco del bullicio del festival y de las miradas curiosas, decidido a escuchar todo aquello que Anya había guardado en su corazón.

Evernight continuó avanzando unos metros más entre las sombras, ignorando las protestas de Anya, hasta detenerse finalmente en un rincón apartado. La música, las risas y el murmullo de la multitud se escuchaban a la distancia, mientras la tenue luz de algunos faroles apenas iluminaba las paredes de piedra.

—¡Suéltame!

Exclamó el joven, intentando zafarse una vez más.

—Anya...

Evernight posó su mano sobre la mejilla suave de Anya mientras lo decía

―Hablemos, escucharé todo lo que quieras decirme.

Los ojos claros del joven temblaron por un instante y Evernight, enseguida se inclinó mientras acunaba su rostro. Entonces, Anya, miró hacia el suelo, un poco tímido. Se estaba comportando de una manera infantil, pero no podía evitar resentirlo.

—¡Se fue durante tres meses!

Lo dijo, con la voz quebrándose por momentos.

—¡Tres meses sin decir nada! ¿Sabe cuántas veces pensé que algo le había pasado? ¿Cuántas veces creí que ya no volvería?

Su voz fue bajando hasta ser casi un murmullo.

―Yo… yo, creí que había arruinado todo, qu… que me equivoqué al haberlo alejado, estaba asustado de no poder verlo de nuevo.

Evernight guardó silencio. Había esperado que lo rechazara o que sintiera incomodidad, quizá vergüenza, pero jamás imaginó que lo vería llorar con tanta tristeza o que diría con su propia boca que estaba asustado de no poder verlo de nuevo.

Maldijo por lo bajo. Había sido un idiota, ni siquiera había pensado en enviar una simple carta.

Cerró los ojos durante unos segundos y soltó una pesada exhalación, como si intentara recuperar el control de sí mismo. Sin embargo, al volver a abrirlos, solo pudo ver el rostro enrojecido de Anya, sus ojos húmedos y aquella expresión herida que hacía que su pecho se sintiera extrañamente apretado.

Entonces se inclinó ligeramente y dejó un beso en su frente.

—Lo siento.

Anya se quedó inmóvil, sorprendido, y aún más cuando Evernight dejó un nuevo beso en su mejilla, luego en la otra.

—Lo siento por haberte hecho esperar… No deseaba preocuparte de esta manera.

Repitió con voz grave

Anya bajó la mirada.

Su voz sonó débil e insegura.

—Pensé... pensé que quizá no deseaba verme más.

Aquellas palabras golpearon algo dentro de Evernight.

Durante meses había intentado convencerse de que darle espacio era lo correcto, de que Anya necesitaba tiempo para ordenar sus sentimientos. Había procurado mantenerse distante, esperando que el joven decidiera por sí mismo qué deseaba. Pero escucharlo decir aquello, verlo llorar de esa manera, hizo que toda aquella paciencia desapareciera de golpe.

Maldijo nuevamente.

Porque simplemente ya no podía seguir controlándose.

Llevó una mano hasta los labios de Anya y acariciándolos con deseo le dijo con el poco autocontrol que aún tenía.

―Anya ¿Puedo besarte?

El joven abrió los ojos con sorpresa, al escuchar sus palabras y verlo inclinarse aún más, el calor subió de nuevo hacia sus mejillas. No tardó demasiado en asentir. Entonces Evernight se acercó hasta capturar sus labios en un beso suave, profundo.

Evernight se separó apenas unos centímetros.

—Maldita sea Anya, me vuelves loco.

Susurró sobre sus labios y volvió a besarlo, esta vez con más necesidad, entrelazando su lengua contra la suya. Sus brazos rodearon su cintura con firmeza y lo atrajeron hacia sí, abrazándolo como si quisiera recuperar de una sola vez el tiempo perdido.

Los besos continuaron por su cuello haciendo que el joven jadeara.

—Te extrañé…

Murmuró contra su oreja, su aliento caliente le hizo cosquillas antes de besar nuevamente sobre su cuello

—Demasiado Anya.

Al apartarse sus ojos azules permanecieron fijos en su compañero.

—Y siento haber tardado tanto.

Anya sintió que su corazón estaba a punto de explotar. Durante tres meses imaginó aquel reencuentro incontables veces, pensó en reclamarle, en rechazarlo, en alejarlo y mantener una relación de amistad, pero también imaginó el besarlo, el estar entre sus brazos. Ahora que Evernight estaba frente a él, abrazándolo de aquella manera y besándolo como si realmente hubiera anhelado volver a verlo, la respuesta se hizo clara, lo quería no como un amigo sino como algo más.

Toda la tristeza acumulada comenzó a derrumbarse.

Sus manos, que hacía apenas unos instantes intentaban apartarlo, terminaron aferrándose con fuerza a su ropa.

Lo había extrañado tanto como Evernight lo había extrañado a él. Y en ese momento, con su corazón latiendo desbocado contra su pecho, comprendió que ya no quería seguir alejándose de aquel hombre, por eso dejó de resistirse por completo, aceptó sus besos, su cercanía, sus caricias. Todo de él.

Cuando se alejaron por un momento, Anya, apoyó su mejilla en el pecho de Evernight, abrazándolo con suavidad.

El joven que se mantuvo en silencio por un instante, escuchando el sonido constante de sus latidos mientras intentaba ordenar el torbellino de emociones que todavía agitaba su interior. estaba un poco nervioso, emocionado.

Aún tenía las mejillas encendidas, los ojos algo húmedos y el corazón golpeando con fuerza contra su pecho.

―¿Señor le gusto?

Evernight acarició suavemente su espalda, manteniéndolo cerca de sí, y sonrió apenas al notar el evidente nerviosismo del joven. no tenía que pensarlo demasiado para saber lo que sentía.

―Sí, Anya, me gustas… Demasiado.

La sinceridad de sus palabras hizo que el muchacho volviera a sonrojarse hasta las orejas. Desvió la mirada unos instantes antes de reunir el valor suficiente para hablar.

—¿Aunque...sea un hombre?

Evernight lo observó en silencio durante unos segundos, como si aquella respuesta realmente le pareciera extraña. Después dejó escapar una pequeña exhalación divertida y se inclinó ligeramente para depositar un beso sobre una de sus mejillas, luego besó la otra.

—Jamás me ha importado.

Anya, tragó con fuerza y luego levantó lentamente la mirada.

Evernight sonrió con suavidad, sus dedos buscaron los suyos entrelazándose con naturalidad. Anya sintió que el calor regresaba a su rostro.

—No quiero estar con nadie más…

Continuó Evernight con total honestidad.

—No existe otra persona que me interese. Quiero estar contigo, Anya.

El joven permaneció inmóvil durante unos segundos, incapaz de ocultar la felicidad que comenzaba a reflejarse poco a poco en su expresión. Entonces se llenó de valentía y respondió sin evitar su mirada.

—También me gusta.

Hizo una pequeña pausa, sus orejas al igual que su rostro parecían un farol.

―Y quiero estar a su lado.

Evernight sonrió.

—¿Solo a mi lado?

Anya apartó la vista avergonzado.

—No se burle...

La risa grave del caballero resonó suavemente en el estrecho callejón y terminó por despeinarlo con cariño.

Durante unos segundos permanecieron así, disfrutando simplemente de la cercanía del otro, hasta que el sonido lejano de instrumentos y risas llamó nuevamente la atención de Anya.

Entonces recordó algo y levantó ligeramente la cabeza, como si una idea acabara de cruzar por su mente.

—Es verdad.

Evernight lo observó con curiosidad al notar el cambio en su expresión.

—¿Qué sucede?

Una pequeña sonrisa apareció en el rostro de Anya mientras dirigía la mirada hacia la calle principal, donde todavía se apreciaban las luces colgadas entre los edificios y se escuchaba el bullicio de la celebración.

—El festival de primavera.

Evernight inclinó ligeramente la cabeza, confundido, y Anya continuó explicándole.

—Se retrasó un poco este año porque el invierno tardó demasiado en terminar, pero finalmente pudieron hacerlo.

Volvió a mirarlo. Esta vez había entusiasmo en sus ojos.

—¿Quiere ir conmigo?

Evernight observó aquella expresión alegre que tanto había extrañado durante su ausencia y también notó cómo la timidez volvía a aparecer poco a poco en el rostro de Anya, como si recién se diera cuenta de la invitación que acababa de hacerle. Aquella reacción hizo que sonriera antes de responder.

—Claro que sí.

Anya abrió un poco más los ojos.

—¿De verdad?

La sonrisa del caballero se suavizó.

—Después de tres meses lejos de ti, no pienso rechazar ninguna invitación.

Anya soltó una pequeña risa y terminó por asentir.

—Entonces vamos.

Evernight tomó su mano antes de salir del callejón y el joven se tensó de inmediato al sentir sus dedos entrelazarse con los suyos.

—Se… Señor Evernight.

Anya no pudo evitar tartamudear al sentir su toque y el caballero se giró apenas hacia él al escucharlo.

—¿Sí?

Anya miró alrededor con evidente nerviosismo, mientras más avanzaban entre los puestos, algunas miradas se posaban en ellos, aunque la mayoría de la gente estaba distraída disfrutando del festival.

—Nos están mirando...

Evernight simplemente sujetó su mano con un poco más de fuerza, impidiendo que pudiera apartarse.

—Pues que miren.

Anya sintió que el calor volvía a subir hasta sus mejillas y replicó en voz baja casi murmurando.

—Pero...

Evernight se inclinó apenas sobre él y acercó sus labios a su oído y le susurró.

—Si todos nos ven juntos, quizá todos esos rumores sobre aquella mujer llamada Elisa desaparezcan de una vez.

Anya, sentía que su corazón se saldría de su pecho, por eso cerró sus ojos al sentir su aliento y solo asintió.

En ningún momento sus manos se soltaron y de a poco el joven se fue relajando, disfrutando de lo que había a su alrededor.

Salir del callejón fue casi como entrar en otro mundo.

La música llenaba las calles de Portmeus, mezclándose con las risas, las conversaciones y el constante ir y venir de personas que disfrutaban de la llegada de la primavera. Faroles de papel colgaban entre los edificios iluminando la noche con tonos anaranjados y dorados, mientras largas guirnaldas de flores adornaban balcones, puestos y ventanas.

El invierno finalmente había terminado.

Después de meses de nieve y días grises, la ciudad parecía haber recuperado la vida de golpe.

Anya avanzaba junto a Evernight todavía sintiendo calor en las mejillas, aunque poco a poco la vergüenza iba desapareciendo, reemplazada por una sensación de felicidad.

Evernight, por el contrario, caminaba con absoluta naturalidad sujetando su mano, sin prestar atención a las personas que de vez en cuando los observaban con curiosidad.

Su expresión permanecía tranquila, incluso parecía estar satisfecho con ello, como si realmente disfrutara tener muy cerca de él a Anya.

—¿Siempre los festivales en Portmeus son así?

Preguntó mientras observaba a unos músicos tocar instrumentos de cuerda cerca de una fuente adornada con flores.

Anya asintió con una pequeña sonrisa.

—Sí, después de todo la primavera es importante para los ciudadanos de Portmeus.

Sus ojos de color ámbar recorrían los puestos con evidente entusiasmo, deteniéndose aquí y allá, mientras hablaba.

—Aunque normalmente es un poco antes. Esta vez tuvieron que retrasarlo, porque la nieve tardó demasiado en desaparecer.

Evernight dirigió la mirada hacia los árboles cercanos, los primeros brotes verdes comenzaban a cubrir sus ramas.

Durante siglos las innumerables estaciones habían dejado de tener significado para él, pero ahora que lo tenía a su lado sentía que todo había vuelto a tener un significado profundo, para Evernight Anya era como la primavera, su única primavera.

Anya se detuvo de pronto frente a un puesto, sobre la mesa descansaban pastelillos cubiertos con miel, pequeñas tartas de frutas y dulces tradicionales preparados especialmente para la festividad.

Sus ojos brillaron apenas y Evernight lo notó enseguida.

—¿Quieres alguno?

Anya se sobresaltó ligeramente al verse descubierto.

—¿Eh?

Evernight señaló discretamente el puesto.

—Los estabas mirando desde hace rato.

Anya desvió la mirada, algo avergonzado.

—No los estaba mirando tanto...

El caballero levantó ligeramente una ceja, aquella expresión hizo que Anya terminara cediendo.

—Bueno... tal vez un poco.

A Evernight se le formó una pequeña sonrisa en los labios al ver el pequeño puchero que el joven hizo. Entonces sacó algunas monedas.

—Entonces elige.

Anya agitó suavemente la cabeza, intentando apartar la mirada del puesto de dulces, aunque el brillo en sus ojos seguía delatando su interés.

—No hace falta.

Evernight lo observó en silencio unos instantes, con su expresión habitual, serena y difícil de leer. Luego habló con calma, en su tono grave y firme de siempre, el mismo que dejaba claro que ya había tomado una decisión.

—Anya.

El joven guardó silencio, sabía perfectamente que ya no podía negarse, así que señaló uno de los pastelillos rellenos de crema y frutas.

Evernight, sin embargo, pidió varios más. Anya lo miró sorprendido.

—¿Por qué tantos?

El caballero recibió la bolsa de papel y se la extendió.

—Los probaremos juntos.

Anya sonrió divertido.

—Creí que no le gustaban las cosas dulces.

Evernight tomó uno entre sus dedos.

—No me gustan.

Luego dirigió la mirada hacia él y añadió con total naturalidad.

—Pero si tú los comes, supongo que puedo hacer un esfuerzo.

Anya terminó riendo, aquella risa suave y despreocupada hizo que Evernight lo observara unos segundos más de la cuenta.

Lo había extrañado demasiado.

Entonces Anya le dio un mordisco pequeño al pastelito, aunque fue muy rápido, ya que Evernight lo sostenía, solo por un instante dejó su pudor de lado y luego caminó unos pasos adelante.

El caballero que se detuvo debido a que no esperó algo así, también sonrió, solo Anya podía lograr eso. Así que también le dio un boca al pastelillo y luego avanzó con sus zancadas largas y lo alcanzó.

Ambos caminaron por un largo rato y Anya guardó los pastelitos en un bolsito que llevaba consigo, tal vez podrían comerlos en la mañana al desayuno. Estaba pensando en ello cuando pasaron por otro puesto donde el aroma de carne asada impregnaba el ambiente.

Las brasas crepitaban mientras el vendedor giraba brochetas recién preparadas, dejando escapar un apetitoso aroma que se mezclaba con el aire fresco de la noche.

Anya tragó saliva y Evernight se asomó desde atrás, inclinándose sobre él.

—¿También quieres una?

El joven desvió la mirada.

—No soy tan glotón.

Evernight lo miró un instante, sin prisa, con calma.

—¿No lo eres? ¿Es así?

Respondió con una ironía evidente, mientras lo observaba. Antes de que Anya pudiera protestar, Evernight ya había comprado una brocheta y se la entregó.

Anya la recibió entre sus manos, aún tibia por el calor de la carne recién asada.

—Gracias.

Evernight asintió ligeramente.

—De nada.

Durante algunos minutos caminaron simplemente disfrutando de la comida y del ambiente festivo.

Un grupo de niños corría persiguiendo pequeñas linternas de papel, varias parejas bailaban cerca de los músicos y algunos artistas realizaban espectáculos con fuego que provocaban aplausos entre la multitud.

Anya, al ver la brocheta en su mano hizo una morisqueta y luego dio un pequeño mordisco a su brocheta antes de volverse hacia Evernight.

—Abra la boca.

El caballero lo observó confundido.

—¿Qué?

Anya acercó la brocheta hacia él.

—Pruebe, no seré el único que coma.

Evernight permaneció inmóvil unos segundos, aquello era ridículamente simple y aun así sintió algo extraño apretarse dentro de su pecho.

Terminó inclinándose un poco para quedar a su altura y aceptó el bocado.

Anya observó atentamente su reacción.

—¿Y?

Evernight masticó lentamente antes de responder.

—Está bien.

Anya frunció un poco el ceño.

—¿Solo bien?

El caballero dejó escapar una pequeña exhalación y Anya hizo de nuevo una morisqueta y entonces Evernight respondió, mientras acariciaba su mejilla.

―Está delicioso

Anya lo miró por un momento y luego satisfecho volvió a sonreír y Evernight comprendió que podría admirar aquella sonrisa por siempre sin cansarse jamás.

Después de terminar las brochetas continuaron recorriendo las calles iluminadas por los faroles, Anya caminaba todavía sujetando la mano de Evernight, para esas alturas ya había dejado de preocuparse por las miradas ajenas. Después de todo, el propio Evernight parecía completamente indiferente a ellas.

Fue entonces cuando se detuvieron frente a la taberna de Thorm, donde varias jarras de cerveza espumosa descansaban sobre un gran mesón de madera. La luz de los faroles se reflejaba sobre el líquido dorado mientras el vendedor atendía a varias personas entre risas y conversaciones animadas.

El joven observó las bebidas durante unos segundos antes de girarse hacia Evernight.

—¿Quiere beber algo?

Evernight dirigió la mirada hacia las jarras y luego hacia Anya.

—Mhm… Hace mucho que no tomo una cerveza...

Anya parpadeó un par de veces, curioso.

—¿No le gusta?

Una leve sonrisa apareció en el rostro del caballero.

—Fui mercenario durante años, Anya. He pasado demasiadas noches en tabernas como para decir que no me gusta.

El joven bajó un poco la mirada pensando y Evernight desordenó su cabello, entonces se alejó de él y sacó algunas monedas dejándolas sobre el puesto.

—Bebamos juntos, Anya, si es contigo aceptaría hasta lo que no me agrada.

Anya sintió cómo sus mejillas se calentaban un poco cuando el caballero sin vergüenza le entregó la cerveza y entonces lo abrazó por la cadera con su mano libre atrayéndolo.

Poco después ambos se sentaron cerca de la plazuela. Anya bebió con cautela al principio, el sabor amargo no era tan desagradable comparado con el licor que preparaba su maestro, mientras Evernight tomaba algunos tragos con absoluta naturalidad, como alguien acostumbrado desde hacía mucho tiempo a ese tipo de bebida.

La música continuaba llenando las calles y, a cierta distancia, varios artistas se habían reunido al centro de la pequeña plaza. Algunos realizaban malabares con antorchas encendidas, otros hacían acrobacias y varios bailarines seguían el ritmo marcado por músicos que tocaban instrumentos de cuerda, tambores y flautas.

Anya observaba el espectáculo con evidente entusiasmo.

—Siempre en estas fechas vienen artistas para animar el festival de primavera.

Evernight siguió la dirección de su mirada y contempló a uno de los músicos girar sobre sí mismo mientras la gente aplaudía.

—Parece que a todos les agrada.

Anya asintió.

—Cuando era niño siempre esperaba esta época del año.

Sus labios se curvaron ligeramente.

—Me gustaba venir por los dulces, pero también por la música.

Evernight lo observó de reojo, la expresión de Anya era completamente distinta a la de hacía apenas una hora, la tristeza había desaparecido y ahora solo veía emoción, curiosidad y aquella alegría sincera que tanto había extrañado durante su ausencia. Y sin darse cuenta, terminó sonriendo también.

Después de un rato, la jarra de Anya quedó vacía. El joven la observó unos segundos y luego levantó la vista hacia Evernight con una pequeña sonrisa que delataba perfectamente sus intenciones.

—Se acabó...

Evernight desvió la mirada hacia la jarra y luego volvió a observarlo.

—Mhm...

Y Anya al ver que no le contestaba acercó un poco la jarra hacia él y preguntó con voz suave.

—¿Podemos pedir otra?

El caballero permaneció en silencio durante unos instantes, no estaba convencido de aceptar, pero después de verlo siendo tan adorable, le resultó difícil negarse.

—Solo una más.

Los ojos de Anya se iluminaron enseguida mientras decía con un tono alegre.

—¡Gracias!

Evernight negó apenas con la cabeza suspirando, entonces volvió a acercarse al mesón. El tabernero sonrió al reconocerlo y, sin necesidad de preguntar demasiado, llenó nuevamente ambas jarras.

Regresó junto al joven y le entregó una de ellas.

—Bebe despacio.

Anya recibió la jarra con ambas manos y asintió obediente.

—Lo haré.

Sin embargo, aquella promesa duró bastante poco, ya que el ambiente animado y la música hicieron que el tiempo transcurriera sin que ninguno de los dos se diera cuenta,

Las mejillas de Anya comenzaron a teñirse de un tono rojizo en la tercera jarra y, aunque seguía estando consciente, hablaba un poco más despacio arrastrando las palabras. Incluso parecía haber olvidado gran parte de la timidez que normalmente lo acompañaba, ya que Anya apoyó su rostro en el hombro del caballero y hasta se removió un poco como si necesitara ser mimado.

Evernight lo observó un segundo y acarició sus cabeza, deslizando sus dedos entre los cabellos claros antes de romper el silencio.

—Al parecer has bebido suficiente.

Anya negó lentamente con la cabeza y levantó nuevamente la jarra vacía.

—Aun puedo… una más.

El caballero arqueó apenas una ceja mientras lo contemplaba con calma, entonces le advirtió con severidad.

—Anya…

El joven sostuvo su mirada con una expresión casi suplicante.

—La última, lo prometo.

Evernight guardó silencio unos instantes. Sabía perfectamente que el alcohol comenzaba a hacer efecto y, aun así, le costaba decirle que no cuando lo veía sonreír de aquella manera tan hermosa.

Finalmente soltó una leve exhalación.

—Bien, como quieras.

Fue entonces que apareció una expresión satisfecha en el rostro de Anya.

—Sabía que aceptaría.

Evernight le dio un golpecito sobre la frente y replicó con gravedad.

—No te acostumbres.

Poco después cuando ambos terminaron su bebida, la música se había vuelto más animada y el centro de la plaza estaba ahora lleno de personas que bailaban tomadas de las manos formando una enorme ronda.

Anya se detuvo para observarlos. Sus ojos brillaban con la misma ilusión que un niño y, después de unos segundos, volvió lentamente la cabeza hacia Evernight.

—¿Tal vez podríamos bailar juntos?

El caballero ni siquiera necesitó pensarlo.

—No.

Anya hizo una pequeña morisqueta aquella noche varias veces mostró aquel lado infantil.

—Ni siquiera lo consideró un poco.

Evernight mantuvo su expresión completamente seria, como si aquella negativa fuera la única respuesta posible. Esta vez no tenía pensado caer ante sus artimañas.

—No bailo.

El joven ladeó ligeramente la cabeza, observándolo con los brillando.

—¿Nunca?

El caballero respondió sin vacilar.

—Nunca.

Anya permaneció unos segundos contemplándolo antes de acercarse un paso más, entonces se dibujó una sonrisa en sus labios.

—Vamos... solo una canción.

Evernight negó con firmeza, sin dejar espacio para dudas.

—No.

Sin darse por vencido, Anya apoyó ambas manos sobre el brazo del caballero y tiró suavemente de él, intentando hacerlo avanzar.

—Por favor.

El caballero continuaba completamente inmóvil, con la misma expresión seria de siempre, mientras Anya hacía todo lo posible por mover a un hombre que parecía una montaña.

—El...

Anya terminó inflando un poco las mejillas al ver que, una vez más, no conseguía mover ni un centímetro a Evernight.

—Es muy terco.

El caballero respondió con absoluta serenidad.

—Lo soy.

Anya parpadeó, sorprendido por la respuesta, y una expresión incrédula apareció en su rostro.

—¿Y lo admite?

El joven negó suavemente con la cabeza y, sin darle más tiempo para seguir negándose, volvió a tomarlo de la mano.

—Aun así yo lo soy más, por eso debe venir conmigo.

Evernight bajó la vista hacia sus dedos entrelazados y luego hacia el rostro de Anya. Sus mejillas seguían sonrojadas por la cerveza, era tan lindo ante sus ojos y eso era suficiente para derribar casi cualquier negativa que intentara mantener.

Soltó un suspiro resignado.

—Solo una canción.

Antes de que pudiera arrepentirse, Anya ya lo había llevado hasta el centro de la ronda. La música aumentó de intensidad y las personas comenzaron a girar al mismo tiempo siguiendo las indicaciones de los músicos.

Evernight permanecía rígido, completamente fuera de lugar, mientras Anya apenas podía contener la risa.

—Relájese un poco.

Evernight lo miró de reojo, manteniendo la misma expresión impasible de siempre.

—Estoy relajado.

Anya sonrió con diversión al escuchar aquella respuesta.

—No lo parece.

El caballero respondió con total seriedad, sin que un solo músculo de su rostro se moviera.

—Es tu imaginación.

Aquella respuesta terminó por hacer sonreír a Anya todavía más, sabía bien que Evernight, estaba haciendo algo que jamás haría por otra persona. Eso hizo que sintiera bastante afortunado.

Cuando llegó el momento de cambiar de pareja y girar siguiendo el ritmo de la música, en lugar de soltarlo tomó ambas manos de Evernight y lo hizo girar con él.

Estuvieron bailando durante varios minutos, solo los dos. Al principio Evernight se movía con evidente rigidez, siguiendo los pasos casi por obligación.

Sin embargo, luego de un tiempo aquella rigidez fue desapareciendo. Evernight comenzó a moverse con la misma elegancia natural que lo acompañaba incluso al caminar. Su porte recto, la seguridad de cada paso y la serenidad de sus movimientos hicieron que varios de los presentes terminaran observándolos de reojo. No necesitaba hacer grandes gestos; bastaba su presencia para destacar entre la multitud.

Anya lo miraba embobado y sin darse cuenta, Evernight había acortado la distancia entre ambos, guiándose únicamente por la música. Sus manos permanecían sujetas a las de su compañero y, por momentos, parecían olvidar que había decenas de personas alrededor.

Cuando la melodía cambió de ritmo, Evernight dio un paso al frente y, con un movimiento firme pero delicado, atrajo a Anya hacia sí cuando otra pareja pasó por detrás. Sus cuerpos quedaron mucho más cerca que antes, apenas separados por unos centímetros, mientras sus miradas se encontraron durante un breve instante.

Anya sintió que su corazón se aceleró con fuerza sobre su pecho,

Evernight no apartó los ojos de él, había imaginado demasiadas veces volver a tenerlo así de cerca. Aun así, se contuvo.

Había demasiados ojos alrededor y, sobre todo, no quería apresurar nada entre ellos.

En ese momento, Anya dio un paso hacia atrás para seguir el compás, pero su pie pisó el borde de la bota de otra persona y perdió el equilibrio.

Todo ocurrió en un instante.

Evernight reaccionó por puro reflejo. Rodeó su cintura con un brazo antes de que pudiera caer y lo sostuvo con firmeza contra su pecho. El impulso hizo que Anya terminara apoyando una mano sobre su hombro mientras levantaba lentamente la vista hacia él.

Durante unos segundos ninguno de los dos habló.

La música seguía sonando, la gente continuaba bailando y riendo a su alrededor, pero para ambos el mundo pareció quedarse en silencio.

Evernight aflojó apenas el abrazo, lo suficiente para que Anya recuperara el equilibrio, aunque su mano permaneció unos instantes más sobre su cintura antes de retirarla con calma.

—¿Estás bien?

Anya asintió de inmediato, todavía con las mejillas encendidas.

—S-Sí...

Evernight lo observó un momento más y, al comprobar que realmente estaba bien, volvió a tomar su mano con naturalidad.

—¿Entonces sigamos bailando?

Una sonrisa volvió a dibujarse en el rostro de Anya.

—Sí.

A unos metros de allí, Lehan había presenciado la escena casi desde el principio.

Al verlos de la mano sintió una punzada de celos, sobre todo después de ver cómo Anya miraba y reía a su lado. Cómo su sonrisa parecía completamente distinta a cualquier otra que hubiera visto antes.

Se quedó quieto un segundo más observándolos, apretando con fuerza su propia mano y entonces finalmente sonrió para sí mismo. Se dio cuenta que nunca había tenido una oportunidad.

Al principio sintió rabia, pero luego pensó que si aquel hombre era capaz de hacer tan feliz a Anya... Entonces, todo estaba bien.

Desvió la mirada y volvió junto al grupo de amigos con el que había llegado al festival.

Cuando la música terminó, Anya escapó riendo hacia el mesón de la taberna, tomo una cerveza y bebió un sorbo antes que Evernight se lo impidiera.

―Será la última.

Evernight, lo miró con seriedad y entonces dijo con voz grave.

—Esa misma frase la escuché un par de veces hace media hora.

Anya rio sin intentar defenderse y Evernight terminó negando con la cabeza mientras el tabernero llenaba nuevamente la jarra de Anya.

Ya no tenía sentido discutir, aquella noche había decidido consentirlo en lo que él quisiera. Y, lo cierto era, que estaba disfrutando hacerlo.

Después de todo nunca pudieron tener este tipo de momentos cuando ambos se casaron, era algo que siempre lamentó. No fue hasta mucho después que tuvieron a su primer hijo que pudo verlo más seguro, más libre.

Siempre, estaba pendiente a las reacciones de Evernight y estaba nervioso a su lado.

Cometió demasiado errores con Anya, por eso no deseaba lastimarlo esta vez.

Las horas transcurrieron sin que ninguno de los dos se diera cuenta, las conversaciones se hicieron más tranquilas, la música disminuyó poco a poco y varios comerciantes comenzaron a recoger sus puestos.

Fue entonces cuando una pequeña gota cayó sobre la mejilla de Anya, el joven levantó la mirada hacia el cielo.

Otra gota y luego otra más.

—Está lloviendo.

Evernight también alzó la vista. La oscuridad de la madrugada se extendía sobre Portmeus mientras una lluvia suave comenzaba a cubrir lentamente las calles. La gente empezó a marcharse poco a poco. Los últimos puestos cerraron sus cortinas y los músicos guardaron sus instrumentos.

Pero Anya no se movió, por el contrario, abrió ligeramente los brazos y dejó que el agua fresca cayera sobre su rostro.

Sonrió, era una sensación agradable.

Evernight lo observó durante unos segundos. Aquella expresión despreocupada, casi infantil, hizo que algo se removiera silenciosamente en su interior. No pudo apartar la mirada de él, por eso termino por acariciar su frente y entonces el chico lo miró.

—Será mejor que volvamos a casa.

Las gotas resbalaban por su cabello y sus mejillas seguían ligeramente sonrojadas por la cerveza.

—Sí...

Respondió con suavidad, solo hubo un pequeño silencio entre los dos cuando Anya volvió a hablar.

—Fue un día muy bonito.

Evernight asintió y deslizo su mano por su mejilla en una delicada caricia.

—Lo fue.

Anya que abrió sus ojos un poco sorprendido, esquivó la mirada algo tímido por su toque y comenzó a caminar por las calles casi vacías mientras el caballero lo seguía. La lluvia no era intensa, pero bastó para empapar poco a poco su ropa. El alcohol empezaba a hacer de las suyas y, en más de una ocasión, Anya perdió ligeramente el equilibrio.

Evernight reaccionaba cada vez de la misma manera, lo sujetaba por el brazo o por la cintura antes de que pudiera tropezar.

—Creo que bebiste más de la cuenta.

Anya soltó una pequeño puchero y rezongó.

—Solo... un poco.

El caballero al final no lo soltó en todo su camino debido a que el chico estaba demasiado mareado y perdía el equilibrio.

Cuando el reloj de la ciudad marcaba cerca de las tres y media de la madrugada, finalmente llegaron a la casa.

Al entrar, el silencio los recibió de inmediato, Evernight encendió un farol que estaba sobre la mesa, entonces lo tomó y le dijo con un tono grave.

―Es tarde, deberías ir a dormir.

Anya, que miró su espalda con interés, preguntó en un tono suave.

―¿Y usted irá a dormir?

El caballero se giró y lo miró en silencio por un instante y luego respondió.

―Aun no, tomaré un baño, el viaje ha sido largo…

Dejó esas palabras en el aire y entonces caminó hacia un pequeño cuarto de baño. Ni si quiera esperó alguna respuesta. Cuando entró para buscar un balde para sacar agua, su vista se desvió hasta la bañera que ya estaba llena, pensó que seguramente Anya había preparado todo para bañarse luego del festival, pero ahora era demasiado tarde.

Evernight, al menos ahora no tendría que rellenar la bañera de madera, llevaba cabalgando sin descanso por un día, necesitaba relajar un poco los músculos.

El caballero sacó de un bolsillo una piedra mágica y la echó a la bañera, el agua poco a poco fue tomando calor.

Anya, que abrió la puerta sin tocar, se le fue un poco el cuerpo hacia adelante, aun no estaba por completo recuperado y Evernight que por reflejo lo sostuvo, preguntó.

―¿Sucede algo?

El joven al enderezarse un poco rascó su mejilla y dijo.

―Creo que también deseo tomar un baño.

El caballero se masajeó la sien al ver aquella sonrisa entre inocente y nerviosa. Estaba seguro que Anya no estaba consciente del esfuerzo que estaba haciendo para contenerse, ni si quiera imaginaba el deseo ferviente que sentía en su interior por él.

Al final tomó una bocanada de aire y luego suspiró despacio, intentando mostrarse tranquilo.

―Anya puedes bañarte primero, después tomaré un baño.

El chico que inclinó un poco la cabeza, hizo un pequeño puchero mientras contestaba.

―¿Por qué? La bañera es grande… usted mismo insistió en comprarla… hace unos meses. Es espaciosa y así podremos hablar un poco más.

Las mejillas de Anya estaban rojas, su voz un poco pastosa, si no fuera por el alcohol jamás hubiera planteado algo así. Evernight, apretó con fuerza una de sus manos, conteniéndose murmuró.

―Parece que no tienes noción del peligro.

El joven que no lo escuchó hizo una expresión confusa y el caballero terminó diciendo con tosquedad.

―¡Bien como quieras!

Evernight al terminar de decir esas palabras se quitó la capa y fue dejando uno a uno cada parte de su armadura ligera que utilizaba mientras Anya se quedó observando cómo se desvestía.

La espalda ancha y musculosa, piernas y brazos tonificados, Anya que se miró así mismo sintió por primera vez en esa noche un poco de vergüenza, su cuerpo no se comparaba al de Evernight.

Por eso no pudo desvestirse hasta que el caballero se metió desnudo en la bañera y lo llamó con un tono áspero.

―¿Cuánto tiempo piensas estar ahí? La piedra mágica no durará por siempre.

Anya, nervioso se disculpó sin siquiera saber por qué lo hacía.

―Lo siento.

Entonces se desvistió apresurado y Evernight, no despegó sus mirada de él, sus ojos azules como el mar parecían estar más oscuros de lo normal, su expresión intimidante hizo que el chico juntara sus manos y bajara la cabeza. Avanzó con lentitud hasta entrar a las aguas cálidas.

Las largas piernas de Evernight estaban a cada costado de Anya, pareció que entrar en contacto con el agua lo despabiló un poco y se dio cuenta que tal vez no había sido una muy buena idea bañarse juntos.

El joven se sentó y abrazó sus piernas como si intentara no tocar a su compañero, pensaba que no deseaba molestarlo, ya era suficiente que por un capricho ambos estuvieran en aquel lugar reducido.

En cambio Evernight, tenía otros pensamientos por eso estiró su brazo y le sujetó una muñeca mientras decía.

―No es necesario que estés tan alejado, ven…

Anya, ni si quiera tuvo tiempo para contestar simplemente fue jalado al lado del caballero, quedando arrodillado.

―¡Siéntate!

Su voz autoritaria no dio alguna oportunidad para negarse por eso obediente se sentó dándole la espalda.

Evernight, que deslizó su mano hasta su pecho con un poco de fuerza lo obligó a apoyarse en él. Anya, abrió sus ojos de par en par y sintió que el corazón le palpitaba sin control, la calidez que provenía del roce de su espalda y la piel del caballero lo hizo sentir como si corriente pasara por su cuerpo.

Este agachó su cabeza y Evernight, que notó el color rojo de sus orejas, le susurró.

―Anya.

Su voz suave, cariñosa, hicieron que el joven girara su cuerpo y mirara al caballero, sus ojos se posaron por un segundo en el pecho de Evernight.

Notó su piel blanca como la nieve y entonces su vista viajó por su clavícula, su cuello hasta que se detuvo en sus ojos fríos. Y por un segundo pareció verlos arder con una emoción que no logró comprender, pero su cuerpo si lo hizo. Se tensó un poco y su mirada bajó hasta sus labios.

Anya, tragó con fuerza, sintiendo que el corazón se le iba a salir por el pecho, un pequeño silencio tenso se formó entre ellos. Evernight, no se movió, estaba esperando algo, una señal, cualquier cosa.

Y su espera no tardó en dar sus frutos, ya que Anya se acercó despacio y dejó un breve beso sobre sus labios y luego al alejarse, el caballero de una sola vez estiró su mano y lo sujetó de la nuca atrayéndolo de nuevo hacia él.

Evernight que estampó sus labios contra los de Anya, succionó primero el labio inferior y después chupó y lamió el labio superior. Era un beso dulce y apasionado, que pronto se volvió algo más.

Evernight, apretó el vientre del joven con su mano áspera mientras deslizaba su lengua provocando un leve gemido y el chico abrió su boca como un pajarito que espera ser alimentado.

―Mhm... Ah…

Los sonidos obscenos salieron de su boca con naturalidad, la lengua del caballero lo exploró con cuidado, lamiendo sus dientes y luego como una serpiente se entrelazó contra la suya propia.

Anya sintió poco a poco como el calor se acentuaba en su bajo vientre.

―Ah… Señor…

Evernight, no se detuvo, lo besó con como si deseara devorarlo, acariciaba la cintura delgada del chico, sin intentar ir más abajo.

Quería que Anya, poco a poco se agitara, que se diera cuenta de sus propios deseos y que fuera él quien aceptara ir más lejos.

La respiración del chico era inestable y su rostro parecía estar por completo extasiado. Demasiado aturdido para pensar.

El beso fue largo, necesitado, hasta que Evernight se alejó un poco y el chico con la boca abierta respiró de manera entrecortada, como si aun quisiera continuar.

Pero Evernight, retrocedió y fingió estar en calma, indiferente.

―Lávate, si aun quieres dormir… Es tarde.

El chico se tensó un poco y sus mejillas se tornaron rojas. Bajó la mirada y asintió mientras decía en voz baja.

―Ah, sí lo haré.

El caballero lo vio alejarse un poco y al tener un poco de espacio, levantó su mano y se echó un poco de agua en el rostro. Anya, que permaneció a unos centímetros, tomó un jarrito y se echó agua en el cabello.

El chico sentía su pecho extraño, no podía calmarse por completo. Respiraba con profundidad, pero era como si algo faltara.

Un pensamiento pasó por su cabeza;

“Aun no quiero dormir, solo un poco más quisiera estar a su lado”.

El silencio se hizo largo entre los dos… Hasta que el joven reunió un poco de valor.

—¿Q- Quiere dormir en mi cuarto esta noche?

Su voz salió temblorosa, el mismo Anya, no se giró para verlo, se quedó quieto, esperando su respuesta, pero Evernight guardó silencio por un instante, lo observó con atención, como si intentara comprender qué estaba pasando por esa linda cabecita.

― ”…”

Anya que no recibió ninguna respuesta bajó la mirada despacio, posando su atención en el reflejo del agua. No pudo evitar sentirse decaído.

Entonces por fin la voz grave del caballero lo llamó.

—Anya...

Esperó a que el chico se diera vuelta y lo mirara, y así fue ya que éste curioso lo miró con aquellos ojos avellana, que brillaban con cierta emoción y espera.

Evernight, alzó su mano en búsqueda de la del chico y Anya la aceptó, se entrelazaron con cierto cuidado hasta que el caballero le dijo.

—Me gustas.

El joven sintió que sus mejillas volvían a arder. Sus dedos se aferraron con timidez a la mano de Evernight.

—Lo sé...

Murmuró casi en un susurro.

La mirada del caballero era intensa cuando pronunció.

―No, no lo sabes, tanto, que no entiendes que tenemos dos conceptos diferentes de lo que significa dormir juntos y que me gustes.

Evernight, entonces lo jaló con fuerza provocando que el agua se desbordara y que éste quedara sentado sobre sus muslos y luego con ambas manos sostuvo suavemente su rostro, obligándolo a mirarlo una vez más, luego lo besó de nuevo, chupando y lamiendo sus labios con necesidad. Jugueteando hasta que en un momento Anya permitió que su lengua volviera a deslizarse dentro de su boca.

El caballero deslizó una de sus manos por el pecho del chico, mientras que con la otra lo sujetaba por la nuca impidiendo que se alejara.

Anya abrumado por aquel beso y el roce de sus cuerpos, sintió un dolor agudo que provenía de su vientre bajo y el calor que antes sintió, ahora era incontenible, por inercia su cadera se movió y su pene rozó el cuerpo de Evernight, lo cual lo hizo avergonzarse demasiado, estaba tan sujeto y atrapado que no pudo alejarse.

―Ah, señor…

Aquella cercanía casi asfixiante provocaba que no pudiera respirar sin hacer sonidos extraños, los alientos cálidos y agitados se mezclaban una y otra vez entre sí.

―Espere…Mhm.. Ah…

Anya, pronto pudo sentir en su trasero algo duro, caliente. Todo era demasiado caliente para él.

El caballero, que se alejó un poco al notar que este se removía como si intentara escapar, lo miró tensando la mandíbula, conteniéndose, pero simplemente no podía, por eso murmuró una palabrota.

―¡Maldita sea!

Y volvió a besarlo de manera apasionada sujetando la cabellera esta vez de manera más brusca,

Evernight, entonces deslizó su otra mano por la cadera delgada de Anya, hasta que sus caricias se detuvieron en sus nalgas, las amasó, provocando que el chico pegara respingo por la sorpresa.

El chico abrió sus ojos con pánico y Evernight mordió un poco sus labios como si le estuviera diciendo que era suyo, que no lo rechazara.

Poco después se agachó hundiéndose en el cuello de Anya, chupando y lamiendo. Dejando un camino de beso y mordiscos y le advirtió.

―Anya, no debiste jugar con fuego.

El joven temblaba sintiendo que un escalofrío recorría su cuerpo, cada vez que era acariciado y besado. La mano áspera del caballero se deslizó por el pecho suave de Anya, apretó sus botones rosados con las puntas de sus dedos, haciendo que el chico gimiera sin poder decir nada, demasiado abrumado por todas las sensaciones.

Y poco a poco aquella caricia fue bajando más y más, hasta que acarició el pene hinchado bajo el agua, Anya, se aferró al cuello de Evernight.

―Ah, pare… Ugh… Ah…

La caricia fue de arriba abajo con un movimiento constante, no se detuvo a pesar de sus súplicas.

El caballero lo sentía removerse excitado, escuchaba sus gemidos. Entonces le replicó.

―Me invitas a tu cama, Anya, pero no piensas en lo que significa… ¿Si quiera sabes que los hombres también se acuestan y hacen el amor?

Anya, soltó un jadeo y ocultó su rostro en el cuerpo de Evernight, mientras soltaba algunas palabras, aunque no lograba ordenar sus pensamiento.

― Ah… Eso… Mhm… S- Señor, yo…

El caballero apretó el trasero con fuerza del chico, restregando su propio miembro entre sus nalgas, Anya se retorció, debido a la estimulación, la caricia de Evernight por delante siguió, de arriba a abajo.

―Anya ¿Aquí, lo sientes? Mira como tu trasero se mueve solo y me pides detenerme.

El joven se retorcía de placer, su voz se escapaba en dulces gemidos. Entonces el caballero deslizó su mano por el trasero de Anya, hasta que su dedo acarició en círculos su agujero.

―Te deseo, Anya, deja que te haga el amor.

La mano de Evernight que masajeaba el miembro duro del joven se detuvo en cuanto notó que estaba a punto de correrse. Anya, que respiraba agitado sintió como su vientre bajo se resentía por el cese del placer.

Pero el dedo que el caballero frotaba con fuerza en la entrada del chico no se detuvo, siguió frotando su abertura con más intención.

―Lo haré suave… te haré sentir tanto placer que solo desearás que no me detenga.

Sus ojos color ámbar temblaron ansiosos al mirar a Evernight. Hace unos meses, Anya lo había rechazado, estaba asustado, así que el caballero se detuvo.

Y ahora aunque Evernight deseaba continuar, estaba dispuesto a parar si así lo quería Anya.

El calor seguía presente, sobre todo, con la sensación de su dedo acariciando su agujero, estaba avergonzado, pero también aquel hormigueo excitante no desaparecía.

Durante los tres meses lamentó demasiado el haberse separado de esa manera. Además, aquel momento se repitió en su cabeza una y otra vez, al grado que no pudo evitar masturbarse para calmarse.

Estaba asustado, pero también deseaba a Evernight.

Intentó no tartamudear al contestar, pero mientras más miraba los ojos azul profundo de Evernight más se le enredaban las palabras en su cabeza y aquel toque lo estaba volviendo loco, tanto que deseaba restregar su miembro en el cuerpo duro de Evernight. El rubor volvió a subir por su rostro.

― Y- yo quiero estar con usted esta noche... El, hazme el amor.

El caballero se tensó por completo al escuchar aquellas palabras atropelladas y sin decir palabra se inclinó hacia adelante y volvió a besarlo en los labios, los succionó con tanta intensidad que el cuerpo de Anya perdió fuerza

Evernight entonces deslizó su mano libre de nuevo hacia abajo y acarició el glande, rozando con su pulgar la cabeza del pene. Todo el cuerpo de Anya tembló con aquel toque, sobre todo cuando deslizó su mano hacia abajo hasta volver de nuevo a lo más alto.

También acarició su agujero rozándolo, provocándolo hasta que de repente insertó la punta de su dedo. El joven se retorció gimiendo, abrazó al caballero por el cuello y su rostro lo apoyó en hombro.

―Ah… Mhm…El.

El calor en su vientre y la forma que Evernight frotaba su dedo deslizándolo una y otra vez más profundo en su interior hizo que la mente de Anya se aturdiera, pero por el contrario sus sentidos se agudizaron con cada roce, lo hacía gemir y retorcerse.

―Aah… Ah… Ah.

El caballero que introdujo un segundo dedo, preguntó con voz ronca muy cerca de su oreja, Anya sintió su aliento caliente.

―¿Estás bien? ¿Duele?

Simplemente no pudo contestar enseguida, ya que un jadeo se escapó de su boca.

―Mhm… S- Si, estoy bien. No duele, solo es algo incómodo… Yo … Ah.

Un tercer dedo pronto fue deslizado, Anya, que levantó su rostro miró a los ojos a Evernight, buscó su boca como si intentara ser consolado.

El caballero chupó su labio inferior con intensidad y después introdujo su lengua, de manera un poco tosca, la enredó con la suya, para después alejarse y volver a introducirla, evocando la penetración, mientras que sus dedos aflojaban el agujero húmedo de Anya, palpándolo y abriéndolo cada vez más, entrando y saliendo con un ruido húmedo. Cuando no pudo tolerarlo más las lágrimas salieron por el placer, entonces llegó a su primer climax.

Ya estaba tan lubricado que el orificio tragaba con avidez sus dedos.

―"Joder...Anya"

Evernight apartó por fin sus labios de su boca, entonces al acomodarlo, lo levantó en los aires mientras, Anya, sorprendido se sujetaba de él por el cuello y sus piernas se amarraron a su cadera.

Entonces, el caballero separó las nalgas blancas y suaves, volviendo a introducir uno de sus dedos, donde ya manaba líquido transparente de un agujero que se abría y cerraba ansioso.

El rostro del chico se tornó en pánico, ya que sintió como algo escurría de su parte baja y no era solo de su miembro y Evernight, besó su mejilla calmándolo.

―Sshh… tranquilo es algo natural, está bien.

Anya, que tenía los ojos llorosos, juntó sus labios y entonces, Evernight dejó otro beso cerca de sus ojos.

―Todo está bien, bebé, no te avergüences.

Pero aquellas palabras provocaron lo contrario, hasta sus orejas se pusieron rojas y se ocultó en el cuello del caballero. Evernight, pensó que era adorable.

Fue así que abandonaron el baño y ambos fueron hasta la habitación del caballero, ahí había un cama de una plaza y media.

Evernight, cuando lo dejó por un instante en el suelo, se dirigió hasta su ropero donde sacó un par de toallas. Anya se cubrió y ambos se secaron un poco.

Ambos se miraban de reojo, el chico pudo comprobar que el caballero seguía con el miembro duro, llegaba a ser tan grande que no parecía ser parte de un humano.

Aun así, él estaba más ansioso por continuar que por el miedo. Su trasero palpitaba como si le estuviera pidiendo que fuera llenado de nuevo. Eso hacía que él mismo permaneciera excitado, aunque intentaba disimularlo tapándose con la toalla.

Pero todo fue en vano, porque Evernight que lo miraba cubrirse con torpeza, pudo notar el bulto que se formaba en la tela, de repente lo abrazo por espalda y Anya sintió como algo lo apuntaba detrás en su espalda baja.

La nariz de Evernight rozaba su piel sensible mientras lamía su cuello, arrancándole espasmos de placer insoportable. Los dedos de los pies de Anya se crispaban contra el suelo.

Pronto unas de las manos de Evernight se deslizó por el trasero del joven, su dedo áspero rozó aquella entrada por un instante hasta que lo volvió a introducir sin aviso y susurró

"Estás empapado."

Anya, estaba demasiado avergonzado que se tapó el rostro mientras replicaba.

"Ahh... n-no lo diga...!"

El hombre lamió de abajo a arriba su cuello, dejándole el aliento caliente y húmedo, haciéndolo estremecer. Finalmente, los muslos de Anya temblaron con fuerza cuando el caballero sujetó su glande con su mano libre acariciándolo con cuidado al principio y después un poco más brusco.

El chico, se estremecía con su toque y mordía sus labios para contener sus gemidos y aquello que quería salir de su parte baja, para el horror de Anya salpicó el suelo frente a él.

Había perdido la cabeza por completo ante aquellas sensaciones nuevas que le brindaba Evernight.

La vergüenza lo tiñó de rojo al darse cuenta de que había eyaculado con solo unas caricias.

―"Anya, esto recién empieza."

La voz seca de Evernight estaba empapada de deseo, tanto que Anya fue empujado hacia la cama de la habitación, las toallas quedaron tiradas en el suelo.

Su mano se deslizó de nuevo entre las piernas de Anya para frotarle aquella zona privada.

"Ugh, señor, aún... todavía... ahh."

Ni siquiera había pasado el eco de la primera eyaculación, pero al sentir el rápido movimiento de su mano, el miembro volvió a endurecerse a medias. La urgencia lo mareaba, haciéndole retorcerse, pero Evernight lo sujetaba con firmeza por la cadera.

Entonces algo inaudito pasó, el caballero se levantó un poco fue dejando un camino de besos por su espalda hasta llegar al trasero suave y lechoso.

―E- Espere señor… eso… eso está sucio.

Besó sus nalgas, y luego sin escrúpulo alguno sacó su lengua y la deslizo, lamiendo y chupando cada vez más cerca de su agujero, hasta que de repente introdujo su lengua por la hendidura, haciendo que Anya se removiera sin saber qué hacer, apretó la colchas con fuerzas, todo su cuerpo pareció ceder y su cara quedó contra la cama.

―"¿Puedes sentirlo? Tu agujero palpita sin parar, me ruega que juegue con él, que lo llene por completo."

Cada palabra era cruda, fría. Nunca dejó de tocarle la delantera a Anya, Evernight, solo se posicionó sobre el chico mientras lo masturbaba sin detenerse. Cuando estuvo lo bastante erecto, apretó con el pulgar la punta, haciéndolo estremecer. Anya, incapaz de más, eyaculó otra vez contra la cama.

―"Oh... espere, yo, Aah... yo".

Las voz temblorosa hizo que Evernight se detuviera por un instante, por eso deslizó su mano por su vientre, mientras decía con voz dulce.

―Está bien, bebé… no pienses en nada.

Hoy estaba implacable. El sonido obsceno, aquel chapoteo en su trasero no cesó a pesar que Anya por lo menos ahora podía, aunque fuera un poco respirar, por lo menos no era estimulado por delante, aunque eso no era un gran consuelo para él.

Los sonidos lascivos llenaban el cuarto, mientras la mente de Anya se disolvía en bruma. Evernight no dijo nada. De pronto, Anya sintió la ausencia de su toque atrás, pensó que al fin podría descansar, pero sus caderas fueron jaladas.

―"¡Ah...!"

―Levanta el trasero, Anya.

Aquella orden grave, lo tomó por sorpresa, no sabía lo que estaba por ocurrir, pero obedeció.

El caballero que se estiró hacia el pequeño velador al lado de la cama, abrió el cajón y de ahí sacó dos botellas, el joven que miró confuso no supo lo que eran hasta que Evernight, destapó uno de los frascos y lo vertió sobre el trasero de Anya.

El frío de aquel líquido lo hizo pegar un respingo.

―Ah… ¿Qué es eso?

El caballero que también se echó en los dedos de las manos, explicó.

―Ayudará a que no sientas dolor.

EL joven que pronto sintió los dedos deslizarse de nuevo dentro suyo, juntó sus labios con fuerza para acallar un gemido y cerró sus ojos, se sentía tan avergonzado. Jamás pensó que el sexo fuera de esa forma, tan intensa. Y aun menos pensó que lo haría con un hombre.

Por su cabeza pasaron dudas, pero sus preocupaciones se hacían papilla cada vez que aquel hombre lo tocaba. Su cuerpo sin darse cuenta se movió de manera desvergonzada, su cadera se movía como si deseara que aquellos dedos tocaran más, un poco más profundo.

Entonces sus gemidos comenzaron a escucharse de nuevo y las lágrimas se deslizaban por sus mejillas por el placer. Odiaba que su cuerpo reaccionara de una manera tan extraña sin poder controlarlo. Su caderas buscaron los dedos del caballero con insistencia, cuando se enterraban en lo más profundo todo su cuerpo se estremecía.

Anya que estaba en cuatro sintió que su cuerpo perdía fuerza, sus manos cedieron y su trasero quedó levantado, Evernight lo tomó como una señal, Evernight, aun sosteniéndolo con una mano por la cadera, tomó el segundo frasco y lo vertió en su miembro.

Con las piernas abiertas y siendo sujetado por la cintura, Anya sintió algo duro y resbaladizo presionar con peso contra su entrada.

―"Quédate quieto un momento."

Evernight, entonces sujetó su propio miembro duro y se hundió un poco en el interior del chico.

―Uuh, haa...

Anya, que sintió la sensación de su trasero cediendo y agrandándose, abrió sus ojos sorprendido, por alguna razón aquello le aterró. Era como si algo duro y grande lo estuviera partiendo, se aferró con desesperación a la cubrecama.

―”Espere…”.

Su voz apenas salió de su boca y aquello parecía seguir entrando, por eso apretó sin darse cuenta. Evernight, hizo una mueca al sentir la presión y le dijo con voz brusca.

―¡Maldita sea, Anya! ¡Relájate! ¿Acaso quieres cortarme la polla!

El chico que escuchó su tono frío, se asustó aún más, sobre todo cuando la incomodidad aumentó hasta convertirse en dolor, aunque era poco. No dejó de ser aterrador para él. Creyó que Evernight, no se detendría, por eso sollozó.

―Por favor pare… No me gusta… Ugh…Tengo miedo.

El caballero al escucharlo dejó de presionar su miembro que no podía entrar y lo sacó. Entonces le dijo con suavidad.

―Anya… Está bien, lo siento.

El joven ocultaba su rostro en la cubrecama, por eso Evernight acarició su cabeza.

―Mírame por un instante, no te ocultes.

El chico que dudó al principio, pero al final giró su rostro hacia él y el caballero, acariciando su mejilla volvió a hablarle.

―Fue mi error, estaba demasiado ansioso. Es solo que me es difícil controlarme cuando se trata de ti, aun así no quiero hacer nada que no te guste.

Anya, juntó sus labios por un momento y luego nervioso expresó.

―S- Sí me gusta… Es solo que me asusté, no podía ver nada... Yo quiero verle el rostro.

Evernight, que estaba arrodillado sobre la cama lo vio desviar la mirada con una expresión tímida.

―¿Te asustó la posición?

El chico asintió dos veces de manera tímida y al final el caballero volvió a acariciar su cabeza.

―¿Quieres intentarlo de frente?

Los ojos color avellana del joven temblaron un poco ante la pregunta, se quedó callado por unos segundos hasta que dijo casi en un murmullo.

―Sí, me gustaría.

Evernight, ofreció su mano para ayudarlo a girarse y entonces cuando estuvieron de frente, expresó con suavidad.

―Lo haremos lento, sin apresurarse, si quieres que me detenga, avísame.

Al final el caballero se acercó hasta él hasta entrelazar sus labios con los suyos, lo besó por un largo tiempo dejando que se relajara poco a poco. Evernight, acarició su pecho, jugueteó con sus pezones sonrosados, provocando que los gemidos de Anya se le escaparan. Lo rozaba, lo sujetaba con cuidado hasta que se posicionó entre sus piernas.

El joven separó sus muslos, porque el caballero metió sus manos entre ellos y los empujó abriéndolos para él, entonces volvió a sujetar el pene de Anya, y lo acarició provocando nuevas olas de placer en el cuerpo del chico. Luego se inclinó sobre este y le regalo un beso que se fue haciendo más profundo y apasionado.

Fue en ese instante que el miembro erecto de Evernight presionó la entrada de Anya y se hizo paso, mientras acariciaba de arriba a bajo el falo del joven, haciéndolo removerse, aunque la sensación fue extraña. Anya esta vez no lo detuvo, al contrario sus piernas se abrieron aun más.

―Aah…ah, Señor…

Este lo llamó Evernight lo acalló con un nuevo beso, se deslizó lento en su interior apretado y caliente. Anya se aferró a su cuello jadeando, esta vez la mitad del pene grande y grueso se deslizó sin problemas.

―Llámame por mi nombre Anya, quiero escucharte.

―Ah… Mhm… El.

Entonces el caballero lo besó de nuevo en un largo y necesitado beso, la cadera de Evernight se movió con suavidad provocando que Anya jadeara y enterrara sus uñas sobre su espalda ancha.

―Ah mierda Anya, estás tan apretado.

Gracias a los fluidos y el tiempo que lo preparó, su agujero se abrió permitiendo que aquella masa de carne se deslizara dentro de este. Se hundía y salía lento, tortuoso, arrancándole espasmos a los dedos de los pies que quedaban colgando en el aire.

El líquido transparente que resbalaba de su interior terminó mezclándose por completo con el miembro de Evernight, el calor de sus paredes, la sensación de placer por el roce provocaron que maldijera entre dientes, no podía controlarse deseaba ir profundo, romperlo y, tras restregar el glande una y otra vez, de repente lo hundió de golpe.

―"¡Aaah...!"

El cuerpo de Anya se arqueó hacia atrás. La sensación de estar completamente lleno le erizó la piel, sobre todo cuando los movimientos de la mano de Evernight sobre su miembro aumentaron.

―"Haa..."

Evernight empezó a mover la cadera con lentitud, exhalando entrecortado. Anya, temblando, escondió el rostro en su cuello.

―"Bésame. Pon tu boca en la mía, Anya."

Ugh … mhm … El grueso pilar lo penetraba sin piedad, y el sonido obsceno de la carne chocando lo ensordecía.

Ambos se besaron desesperados, Evernight chupó y mordió sus labios, mientras las embestidas se hacían profundas.

―Ah… El… Aah.

Lo llamó y el caballero acarició el cabello de Anya, no dejó de embestirlo, tampoco de besarlo. Las embestidas no eran fuertes, pero si profundas, aunque deseaba hundirse con violencia se contenía.

La primera vez que estuvo con él, era una noche que hubiera deseado borrar. Tener sexo con un chico que no sabía nada sobre ello, lo hizo sentir, su corazón pesado por mucho tiempo.

Ahora Anya estaba bajo él gimiendo, y moviendo sus caderas buscando su pene de manera instintiva, era claro por su expresión que no sabía bien lo que hacía, era demasiado adorable. Y trataba de esconderse cuando un gemido demasiado fuerte se escapaba de su boca.

Evernight, se alejó un poco, y movió su cadera buscando aquel punto que a Anya le gustaba en su vida anterior. Pensó que tal vez nada había cambiado y cuando dio la embestida chocando con sus testículos contra su trasero y su miembro se deslizó tocando cierta pared, vio al fin que el rostro se le distorsionaba sorprendido y pronto lo escuchó.

―¡Ah! ¡Aaah! … El… yo…

Siguió embistiendo aquel lugar provocando que Anya se arqueara e interesa sujetarse a la espalda de Evernight con torpeza, entonces lo penetró un poco más fuerte. El chico apretó los dedos de los pies, todo su cuerpo pareció convulsionar.

Y entonces desde su pene salió un chorro que se espació por el vientre y pecho del caballero. Anya hizo una expresión asustada y Evernight, se acercó y dejó un leve beso mientras le decía con un poco de malicia.

―Anya, eso fue jodidamente caliente, casi me corro de solo verte.

El calor subió de nuevo a su rostro y el caballero, lo siguió embistiendo esta vez lento, como si le diera tiempo para recuperarse un poco, pero no era así, seguía rozando aquel punto sensible y Anya se estaba volviendo loco.

―¿Te gusta aquí? Anya, eres tan lascivo.

―Ah, no, yo…

El caballero que se inclinó sobre su cuello y lo lamió, le dijo muy cerca de su oreja.

―Está bien, Anya, me encantas, me gustas demasiado. Quiero escucharte más.

Anya, perdido en el placer, apretó su miembro con fuerza y lo abrazó con sus piernas por la cadera como si intentara aumentar el contacto. Aquello pareció excitar más al hombre; las embestidas desde abajo se hicieron más intensas.

"Ah, aah... ¡Es demasiado... profundo!"

Evernight devoraba sus labios, ahogando cada gemido en su propia boca.

―"Ah, Aah..."

El miembro, hundiéndose sin tregua, lo volvía loco. Los testículos chocaban rítmicamente contra su trasero, sonando húmedos y pesados.

Chup, chup, chup.

Evernight lo besaba sin descanso, por la boca, nariz, mejillas, mientras seguía embistiéndolo. La pared interna lo apretaba con fuerza, estrujándolo una y otra vez. El calor de ambos cuerpos, tan pegados, era insoportable.

―"¡Mmh, ah, haa...!"

Evernight seguía azotando la cadera mientras lo invadía con la lengua. Anya, tragando como podía la saliva que le vertía dentro, acabó por estremecerse en un orgasmo.

"¡Khht...!"

Su interior se contrajo, ordeñando el miembro dentro. El clímax que llegó manera consecutiva lo dejó inmóvil, desfallecido. Pero Evernight no se detuvo; mientras Anya aún temblaba por la descarga, siguió embistiéndolo con fuerza.

―"Ah, señor...! V-voy a correrme otra vez, siento que... algo va a... salirme...!"

Pese a haber acabado hace un instante, la sensación era insoportable, como si una urgencia lo dominara. Empujó contra el pecho de Evernight, pero ya estaban demasiado unidos para separarse. El hombre lo taladraba, buscando su punto más profundo.

Aunque su miembro ya no se mantenía duro, el líquido manaba sin control.

―"¡Basta! P-por favor...!"

―"Está bien, Anya, no lo retengas."

―"¡N- No, ahh, algo raro va a salir...!"

―"Hazlo. Ya estás empapándome con todo lo que gotea de ti."

Su voz, ronca y empapada de deseo, lo envolvía. Y, tal como decía, Anya estaba chorreando por ambos lados.

―"Solo bésame, siente mi polla como te penetra, no pienses en nada más."

Aferrándose con más fuerza a su cuello, Anya volvió a besarlo. De repente, el ángulo cambió, y Evernight agarró su cadera para moverlo con brutalidad.

Anya ya no podía hacer nada, más que entregarse.

Squish, squish, squish.

Los sonidos obscenos llenaban el aire mientras cerraba los ojos, sometido a las embestidas salvajes. Aunque lo devoraba sin compasión, en sus besos desesperados en los labios, mejillas y ojos, se sentía la ansia de alguien incapaz de contenerse.

―"¡Ah...El!"

Las venas en el cuello del caballero se marcaron al tensar todo su cuerpo. Ambos alcanzaron el clímax al mismo tiempo.

Y aunque el miembro, ya no estaba erecto por completo, la oleada de placer lo apagó todo en su mente.

"Anya..."

El ardiente semen que Evernight había liberado llenó por completo el interior de Anya. Como había aguantado durante demasiado tiempo, la cantidad era considerable. Siguió frotando lentamente aquel agujero resbaladizo, mezclado con fluidos, mientras mordisqueaba el lóbulo de la oreja de su pareja.

No paró de moverse por un largo tiempo, hasta que Anya sintió como el líquido pegajoso salía a borbotones y se filtraba entre sus muslos cuando el miembro grueso abandonó su interior. Se removió con escalofríos de placer que aun llegaban de su parte inferior. Todo aquello era demasiado abrumador, pareció escapar hacia un lado de Evernight y al mirarse a sí mismo y ver aquel fluido entre sus muslos y su pene, que parecía contraerse, tapó aquella parte inferior como alguien que no sabe qué hacer ante la inminente urgencia de orinar.

—Haa, no, no quiero... esto... de nuevo algo está, sigue saliendo…

Suplicó, y su visión se nubló al mirarlo. Era por las lágrimas acumuladas.

Evernight superpuso su mano sobre la de Anya, que aún tapaba la parte inferior, y entonces con descaro frotó con fuerza de nuevo. Luego, presionó sus labios sobre la mejilla del chico, húmeda de sudor y lágrimas.

—Está bien, solo un momento... te lo volveré a meter pronto.

Anya, que lo miró sorprendido preguntó.

―¿Qué?

El pene del caballero lo apuntaba de nuevo orgulloso en el trasero.

Le sujetó el hombro atrayéndolo, e inmediatamente el glande grueso presionó su entrada. Lo abrazó por el abdomen y lo atrajo hasta que sus cuerpos quedaron por completo pegados, entrelazados.

El miembro entró de una vez con una embestida.

Cubrió con su pecho la espalda de Anya, mientras con la otra mano giró su barbilla para que sus labios se superpusieran. El joven tuvo que girar su cabeza hacia un lado.

—Ah, Mhm... Ah.

Su miembro, que se frotaba suave en un principio en el pliegue de las nalgas del chico, era caliente y duro.

El caballero que lo sacó por un instante, cuando volvió a embestirlo limpió el semen que había fluido de su ano por la parte interior de sus muslos como si intentara que todo se mantuviera dentro.

Evernight, lo abrazó con posesividad y empujó su miembro húmedo por la entrada, que aún no se había cerrado por completo y seguía abierta.

A diferencia de antes, Anya no tuvo el tiempo para asustarse que lo embistieran por atrás, ya que el beso y el calor de su cuerpo lo hizo sentir protegido, así que aceptó ansioso su miembro, que se hundía con fuerza de una sola vez, sin mayor dificultad.

Shuk…el sonido pegajoso los envolvía, Evernight enterró su pene con una intensidad impaciente. Anya, no pudo rechazarlo, aceptó sus besos apasionados, el roce de sus lenguas con la cabeza inclinada.

―Aah… El…

Un gemido profundo y pesado resonó desde atrás de Anya, no era el único que había perdido la cabeza.

―Ha… Mhm… Anya.

Ambos temblaban de placer por el rebote de la penetración que se hizo cada vez más fuerte y profunda. Anya no pudo contener más esas ganas de liberarse y volvió a eyacular esta vez sobre la pared.

El joven tembló al ver el chorro que no se detenía al igual que antes, aunque esta vez no fue espeso. En ese punto la vergüenza ya no importó.

Además, que Evernight, no se detuvo en ningún momento, al contrario pareció excitarse más al ver aquel acto.

―Ah, Anya, estás tan apretado y mojado.

Debido al semen acumulado en el interior el sonido era inusualmente pegajoso cada vez que lo penetraba.

Al final Anya en un momento fue empujado sobre la cama, quedó de espaldas ante Evernight, y este se posicionó encima suyo, penetrándolo, besándole la espalda, mordiéndolo y chupando.

Evernight había perdido la cordura y deseaba sentirlo más. Tanto que cada vez separaba menos su cuerpo cubriéndolo por completo. Y Anya, perdido por las sensaciones lo aceptó gimiendo y restregando su cuerpo, eran como dos animales en celo.

—¡Ah! … ¡Aaah!...

Anya, sentía que se estaba volviendo loco por la escalofriante sensación de ser estimulado simultáneamente por delante y por detrás, debido al roce de la cama y las embestidas, ya estaba demasiado sensible, luego de todo lo que habían hecho aquella madrugada.

Los fuertes impactos en su trasero y su vientre que se hinchaba con cada embestida continuaban, y temblaba sin poder intentar nada más, agitándose sin parar.

Él, que frotaba todo su pene dentro suyo al empujar y sacar la cadera, ya no parecía controlarse. Su cadera se movía tan rápido que, con él cubriendo toda su espalda, parecía una bestia sobre su presa mientras la devoraba. Anya gemía al borde del llanto, no era muy diferente a un animalillo.

—Haa, nh, uhh...

Evernight sujetando su rostro lo obligó a girarse, lo miró con ojos que parecían a punto de incendiarse. Cuando su aliento jadeante se desbordó sobre sus labios, Anya abrió su boca dejando que su lengua caliente lo explorara y se entrelazara con la suya.

El joven que comenzaba a sentir que algo volvería a salir, tembló mientras que las embestidas se volvieron cada vez más intensas.

Ambos estaban demasiado extasiados, gimiendo y besándose. Anya con sus manos apretó la cubrecama con fuerza, el calor se acumulaba más y más. Cuando su cuerpo tembló desde la punta de los pies hasta la cabeza, sintiendo como todo su interior se contraía en éxtasis, Evernight, soltó un gemido grave, profundo mientras se liberaba una vez más.

Anya no estaba seguro en qué momento sus ojos se cerraron, pero el sol de la mañana ya estaba en lo alto cuando perdió el conocimiento. El calor en el interior de su vientre nunca desapareció, Evernight se encargó de ello.

Sus cuerpos mezclados se mantuvieron unidos por un largo tiempo, incluso después que todo había acabado.

Anya no estaba seguro en qué momento sus ojos se cerraron, pero el sol de la mañana ya estaba en lo alto cuando perdió el conocimiento. El calor en el interior de su vientre nunca desapareció; Evernight se encargó de ello. Cuando el agotamiento terminó por vencerlos, el tiempo pareció diluirse en un silencio absoluto. Sus cuerpos mezclados se mantuvieron unidos por un largo tiempo, incluso después de que todo había acabado.


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