Extra N°6: Luna de miel

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—¡Kun, Kun! ¡Hagamos un dictado!

El niño corrió hacia Liu, que estaba en la cocina preparando un trozo de pastel y un vaso de leche. Aferrado a la pierna de Kun, sostenía en una mano un cuaderno delgado.

—¿Un dictado? De acuerdo. Siéntate en la mesa.

El niño se subió de inmediato a la silla, trepando de rodillas.

El niño, llamado Leo, era vecino de Liu y Yeehyeon. Hijo de un padre coreano chef y una madre australiana pintora, Leo había nacido en Bali y había crecido allí desde siempre. Gracias a eso, hablaba coreano, inglés e incluso balinés.

Desde que había empezado a aprender a escribir, se había obsesionado con los dictados. Comparado con antes, cuando había que jugar con él físicamente, podía decirse que ahora era más fácil cuidarlo.

Liu dejó el pastel y la leche junto al cuaderno del niño y se sentó frente a él. El pequeño alzó el lápiz y gritó:

—¡Número uno!

—Bien, número uno. A ver... mmm, "pastel".

El niño, que miraba fijamente los labios de Liu con los ojos brillantes, comenzó a mover el lápiz con una expresión segura en cuanto terminó de oír la palabra. Con el codo apoyado en la mesa y el mentón en la mano, Liu observó la pequeña coronilla reluciente del niño y sonrió en silencio.

Tras la boda, Liu y Yeehyeon se habían mudado según lo planeado a Bali, concretamente a Ubud. Ya habían pasado cinco meses desde entonces. Leo, que al principio apenas podía saludar escondido detrás de las piernas de sus padres, ahora era un gran amigo de Liu y Yeehyeon.

—¡Pa-stel!

El niño le mostró a Liu las letras torcidas que había escrito.

—¡Correcto! Leo, eres increíble. Era una palabra difícil.

—No era difícil. "Pastel" es fácil.

—Bien, como acertaste, toma un bocado de pastel.

Liu pinchó un trozo con el tenedor y se lo dio directamente en la boca. Le sorprendió un poco ver que, aun teniendo su pastel favorito delante, el niño estaba totalmente concentrado en el dictado.

—Bien, vamos con el número dos... ¿qué palabra ponemos ahora?

—¡Una difícil! ¡Pon una difícil!

Pensando en satisfacer el deseo del niño de vencer un reto sin que fuera demasiado complicado —algo que realmente pudiera acertar—, Liu miró a su alrededor, sumido en sus pensamientos.

En ese momento, se oyó una vocecita quejumbrosa rompiendo a llorar.

—¡Creo que Parang se despertó!

Quien lo dijo primero fue Leo, no Liu. Ambos se levantaron al mismo tiempo.

En medio de la sala, sobre la colchoneta y el futón, un bebé pequeño estaba boca abajo, agitando brazos y piernas mientras lloraba.

—Parang, ¿durmió bien nuestro Parang?

Al oír la voz de Liu, el llanto del bebé se atenuó. Liu se agachó para mostrarle primero su rostro. Los ojos oscuros y húmedos parpadearon mientras lo observaban.

—¿Dormiste bien y hasta te diste la vuelta tú solito?

—¿Parang quiere nadar?

Leo, que se había acercado a Liu, preguntó con los ojos llenos de curiosidad mientras observaba al bebé.

El bebé sabía darse la vuelta, pero aún no gateaba. Al verlo agitar torpemente brazos y piernas boca abajo, a Leo le pareció que estaba intentando nadar.

—No, es que quiere avanzar. Pronto va a andar gateando por todas partes. ¿Verdad, Parang?

Cuando el llanto volvió a intensificarse, Liu tomó al pequeño en brazos. Esta vez, Leo habló con voz preocupada.

—Creo que Parang se asustó porque no había nadie.

—Eso parece. Se habrá sobresaltado.

Liu lo meció con bastante habilidad. Normalmente, el bebé se habría calmado enseguida, pero por alguna razón, incluso con el suave balanceo, no dejaba de quejarse.

—Parang, ¿por qué te despertaste de mal humor? ¿Eh?

Mientras lo mecía y frotaba la punta de la nariz contra su cabecita fragante, Liu revisó primero el pañal. La estrellita amarilla del exterior se había vuelto azul, señal de que el bebé había orinado.

—Ah, era el pañal. Te lo cambio enseguida.

—¿El pañal? ¿Quieres que vaya a traer uno?

Leo preguntó con los ojos brillantes, como si hubiera estado esperando ese momento. Siempre quería hacer algo por el bebé. Aunque normalmente era un pequeño salvaje, cuando se trataba del bebé era extremadamente cuidadoso.

—¿Podrías hacerlo?

Leo fue corriendo a la bolsa de pañales que estaba cerca y trajo uno nuevo.

—Gracias, Leo.

Tras recostar de nuevo con cuidado al pequeño, Liu le puso en brazos un muñeco que estaba rodando sobre el futón. Era un conejo celeste de orejas largas, el muñeco de apego del bebé. Desde que había aprendido a darse la vuelta, intentaba girarse en cuanto lo recostaban, así que necesitaban algo que captara su atención mientras le cambiaban el pañal.

Leo se arrodilló tranquilamente junto a Liu, sin apartar la mirada del bebé.

—¿Hizo caca? ¿Parang hizo caca?

—No. Hizo pipí.

—Bah, qué aburrido.

Al ver la decepción de Leo, Liu soltó una carcajada.

—¿De verdad te gustan tanto las historias de caca, Leo?

—Son graciosas.

Liu no entendía qué tenían de gracioso exactamente, pero sí sabía que a los niños de todo el mundo les fascinaban ese tipo de cosas.

Primero colocó el pañal limpio bajo el culito del bebé y, mientras le quitaba el pañal usado, Liu lo miró a los ojos y le sonrió con cariño.

—Cuando Parang crezca tanto como Leo, ¿también le gustará hablar de caca?

—¡Claro que sí!

Leo respondió orgulloso, como si se tratara de un rito honorable. Al verlo, Liu no pudo evitar reír otra vez.

Tras quitar el pañal pesado y antes de ponerle el nuevo, Liu le dio un poco de aire al bebé con la mano para prevenir la dermatitis por humedad.

—¿Yo también puedo hacer eso? ¿Puedo hacerlo yo?

—¿Quieres intentarlo?

—¿Si lo hago yo, Parang estará bien?

Aunque le preocupaba lastimarlo, Leo claramente quería probar.

—Esto tú también puedes hacerlo. ¿Quieres?

—¡Sí!

Con sus manitas pequeñas agarrando el mango, Leo agitó el abanico con muchísimo cuidado.

—Kun, ¿y cuándo podrá hablar Parang?

—Pues... por ahora solo balbucea. Habrá que esperar un poco más.

—Quiero que crezca rápido para jugar juntos.

—¿Leo lo va a cuidar bien, verdad?

—¡Claro! Si jugamos juntos, yo le diré cuáles son los lugares divertidos y cuáles son peligrosos y no se debe ir.

—Qué confiable eres. Parang tiene mucha suerte. Tiene un hyung como Leo.

—Sí, yo soy su hyung. Así que tengo que proteger a Parang.

Liu acarició el cabello suave de Leo y lo miró con ternura.

—¡El pastel y los juguetes también, todo se lo voy a ceder a Parang!

Le sorprendía que incluso un niño tan pequeño pudiera pensar así por los demás. Las palabras sinceras del niño, dichas sin calcular ningún beneficio, conmovieron profundamente a Liu.

Liu besó con cariño la coronilla de Leo.

—Parang es el bebé con más suerte de Bali.

—¿Porque me tiene a mí?

—Sí, porque te tiene a ti.

El niño levantó la vista hacia Liu, cruzó su mirada con la suya y sonrió con una sonrisa clara y sin ningún reparo.

Cuando terminó de abanicar, Liu le puso con cuidado un pañal nuevo al bebé. Comprobó que no quedara demasiado flojo en la cintura y desplegó bien las alas para que no hubiera filtraciones. Incluso él mismo sentía que ya se había acostumbrado bastante a todo el procedimiento.

—Mamá y papá dicen que Kun siempré es "ilhui-ilbi" cuando cuida al bebé.

—¿Ilhui-ilbi?

Ante las palabras de Leo, Liu abrió los ojos y repitió.

—Sí, que cada día lo haces mejor.

—Ah...

Como todavía era pequeño y además usaba varios idiomas mezclados, Leo a veces cometía errores adorables que hacían felices a los adultos.

—Entonces, en todo caso, ¿significa que ahora cuido mejor a Parang?

—¡Sí!

—Entonces, ¿no será que lo que mamá y papá querían decir era "ilchwi-woljang"?

—¡Eso! ¡Eso es!

Ilchwi-woljang, ilchwi-woljang... Tras repetir la palabra varias veces, Leo ladeó la cabeza y miró a Liu.

—¿Entonces qué es ilhui-ilbi?

—Mmm... es una palabra un poco difícil. Ilhui-ilbi es sentirte feliz, pero también triste a la vez. También se usa cuando las cosas buenas y las malas van ocurriendo por turnos. Puede que sea un poco difícil de entender para Leo.

—Yo sí sé lo que es.

—¿Ah, sí?

—Cuando comes pastel está rico y estás feliz, pero como se va acabando poco a poco, también te pone triste.

—Exacto. Eso es ilhui-ilbi. ¿No es cierto que Leo es muy inteligente?

Al verlo sorprendido, Liu le acarició la cabeza, y Leo sonrió ampliamente, orgulloso.

Cuando llegó el momento de ponerle los pantalones después de cambiar el pañal, el bebé empezó a quejarse otra vez. Parecía que se le había agotado la paciencia. Liu lo calmó mientras aceleraba el movimiento de sus manos.

—Nuestro Parang se aburrió mucho, ¿verdad? Ya está todo, ya está todo... ¡terminamos!

Después de ponerle los pantalones, lo alzó de golpe en brazos, y el bebé pataleó riendo a carcajadas. Tras cambiarle el pañal, parecía haber recuperado completamente el buen ánimo. Liu ajustó su postura para que el bebé estuviera cómodo y se puso de pie.

El bebé apoyó con seguridad la cabeza y el cuello en el hombro izquierdo y la nuca de Liu. Rodeó el grueso bíceps de Liu con sus bracitos regordetes y se aferró con fuerza al borde de su camiseta. Liu giró la cabeza, besó la cabecita del bebé y le acarició suavemente la espalda con su gran mano.

Leo tiró del cinturón del pantalón de Liu y lo miró hacia arriba.

—Parang se ve feliz porque Kun lo está cargando.

—¿Quieres que te cargue a ti también, Leo?

—Pero yo no soy un bebé.

Aunque lo decía con cierta duda, Leo también parecía querer que lo abrazaran. Últimamente estaba muy metido en su papel de hermano mayor(Hyung), pero al fin y al cabo seguía siendo un niño de seis años. Rascándose los labios con un dedo mientras pensaba, Leo se encogió un poco de hombros y llegó a una conclusión que le pareció razonable.

—Bueno... Yeehyeon tampoco es un bebé, pero Kun lo abraza todos los días.

—......

Liu se quedó sin palabras por un instante, sorprendido.

Resultaba interesante verse reflejado a través de las palabras de un niño. Siempre le asombraba saber que incluso los actos cotidianos eran observados con atención por los niños. Liu sonrió y acarició el cabello de Leo, que estaba aferrado a su pierna.

—Yeehyeon es especial. Para siempre.

—¿Porque lo amas?

—Sí, porque lo amo.

Dicho esto, con el bebé en el brazo izquierdo, Liu se inclinó y abrió el brazo derecho hacia Leo. Leo, consciente del bebé que estaba en el otro brazo, se subió con cuidado al abrazo de Liu. Con ambos brazos llenos de niños, Liu regresó a la cocina y sentó a Leo en una silla junto a la mesa.

Parang, amor, gracias... El dictado continuó hasta diez repeticiones con palabras así, y cuando Leo estaba casi terminando de comerse el pastel, sonó el timbre de la puerta principal.

—¿Quién será?

El primero en reaccionar con alegría ante la visita fue Leo. Liu miró su reloj de pulsera y levantó un poco a Parang que llevaba en brazos.

—Parang, creo que papá ya llegó.

■ ■ ■

Aunque prometieron casarse, Liu y Yeehyeon no pudieron empezar a vivir juntos de inmediato. En la práctica, aún quedaban asuntos por resolver. Aun así, el solo hecho de haber prometido claramente el matrimonio hacía que el tiempo que debían pasar separados fuera, sin duda, menos doloroso.

Después de la promesa de boda, ambos vinieron primero a Bali y firmaron el contrato de esta casa en la que viven ahora. La propiedad, compuesta por dos edificios, les gustó apenas la vieron. El edificio que daba a la carretera era ideal para una galería, y el de atrás, para convertirse en el hogar de ambos. El pequeño almacén entre los dos edificios decidieron remodelarlo para usarlo como el atelier de Yeehyeon.

Hasta que Liu e Yeehyeon ordenaron sus vidas en Seúl y París y se mudaron a Bali, se llevó a cabo una remodelación a gran escala. En el patio interior de la casa también construyeron una piscina. Hubo algunos problemas para obtener los permisos, pero fue una decisión que, con el tiempo, resultó plenamente satisfactoria.

Entre la galería y la vivienda instalaron un portón separado para garantizar la privacidad. Siempre eran bienvenidos los intercambios con los artistas afiliados o los vecinos, y de hecho la galería se estableció como una especie de sala de recepción del barrio. Sin embargo, Liu deseaba que la vivienda fuera un espacio completamente privado, solo para Yeehyeon y para él. Durante el horario comercial cualquiera podía entrar a la galería, pero el portón que conducía a la casa no era algo que cualquiera pudiera cruzar.

Y fue precisamente en ese portón donde apareció la persona que había tocado el timbre: Seo Yeehan.

—¡Parang! ¿Saliste a recibir a papá?

Apenas vio al bebé que Liu llevaba en brazos hasta la entrada, Seo Yeehan puso una expresión emocionada.

—Papá está más moreno que en la mañana, ¿verdad, Parang?

Liu giró un poco el cuerpo para que el rostro del bebé que sostenía se viera mejor para Seo Yeehan.

—Eso mismo digo. Pensé que ya no podía ponerse más moreno, pero resultó que sí.

La piel de Seo Yeehan, vestido con una camiseta sin mangas y pantalones cortos, era tan oscura que casi parecía de un gris intenso más que marrón.

—No te quedes parado en la entrada, entra. También hay que recoger las cosas de Parang. ¿Quieres que te sirva algo de beber? ¿Un té?

—Ah... ahora mismo estoy agotado... Hyung, dame mejor un café.

La verdad es que Seo Yeehan se veía muy cansado. Había estado dando clases todo el día, así que era comprensible. Al quitarse los zapatos y entrar en la casa, miró a Leo, que estaba pegado a la pierna de Liu, y sonrió ampliamente.

—Hola, Leo.

—Hola —saludó Leo, un poco cohibido.

—¿Ayudaste mucho a cuidar de Parang?

Leo, que con Liu y Yeehyeon se mostraba cercano y los llamaba por su nombre, con Seo Yeehan se sentía un poco intimidado y se dirigía a él de manera más formal, al estilo coreano.

—Yo le estuve dando aire a Parang.

—¿Ah, sí? Muchas gracias. A partir de ahora también te encargo mucho a nuestro Parang.

Parang era el hijo que Seo Yeehan e Im Morae habían conseguido con gran dificultad.

Él era un beta masculino y ella una alfa femenina, y durante mucho tiempo habían estado prácticamente resignados a no poder tener hijos. Fueron Liu y Yeehyeon quienes les presentaron a Marcus. Pensaron que podría serles de ayuda, ya que Marcus y Ellen, un caso similar al de ellos, habían logrado tener a su hijo Jonas.

Pronto comenzaron los exámenes para comprobar si realmente podían tener un bebé, y los resultados los hacían pasar de la esperanza a la decepción.

Por suerte, Im Morae, al igual que Ellen, tenía óvulos maduros. Sin embargo, su útero no estaba muy desarrollado. El médico recomendó como primera opción extraer los óvulos de Im Morae y recurrir a una madre sustituta para el parto.

Tras una larga reflexión, ambos decidieron optar por ese método.

El enorme costo de todo el proceso de embarazo y parto, nada sencillo, fue asumido por el padre de Im Morae, el señor Im.

El mismo hombre que durante tanto tiempo se había opuesto a la relación de ambos y que los había obligado a huir hasta Bali, fue quien, por su futuro nieto, aceptó gustoso hacerse cargo de los gastos. Fue un gesto de reconciliación.

El procedimiento se llevó a cabo en Australia, donde la gestación subrogada es legal y además queda cerca de Bali. El señor Im viajó personalmente a Australia para el nacimiento y sostuvo a su nieto en brazos. Hoy en día vive como un abuelo común, satisfecho de ver crecer a su nieta, con quien convive en el Mar del Este, y a su nieto que está en Bali. Aunque sigue siendo terco y a veces deja perplejos a sus hijos.

En cualquier caso, Parang fue un bebé milagroso que llegó a la vida de ambos tras enormes dificultades.

El nombre del bebé era Parang. 波浪.

Ondas pequeñas y grandes olas. Es decir, olas del mar. Un nombre muy propio de unos padres surfistas.

Mientras se dirigían a la cocina, Parang, en brazos de Liu, observaba fijamente a Seo Yeehan. Luego, como si hubiera reconocido a alguien conocido, extendió ambos brazos hacia su papá.

—Parang, ¿reconoces a papá? ¿Quieres venir con papá?

Emocionado, Seo Yeehan recibió al bebé y lo estrechó con cuidado entre sus brazos.

—Pensé que me iba a morir de lo mucho que te extrañaba.

Al ver a Seo Yeehan besar con cuidado la cabeza del bebé, Liu sintió emociones encontradas.

—Con que desapareciera un momento de su vista se ponía a llorar. No dejaba de pedirme que lo cargara.

—¿De verdad? Debe haber sido duro para ti, hyung.

—Se pasó todo el día pegado a mí, y verlo que va directo a tus brazos me hace sentir un poco triste.

Mientras daba unas palmaditas al trasero de Parang, aún con pañal y en brazos de su padre, Liu sonrió con cierta amargura.

—Tú también puedes ser papá, hyung.

Ante las palabras de Seo Yeehan sugiriéndole tener un hijo, Liu solo esbozó una sonrisa indescifrable. Dándose la vuelta con la excusa de poner agua en la cafetera, cambió de tema.

—Siéntate, ahora te preparo el café. ¿Qué tal las clases? ¿Todo terminó bien, sin accidentes?

—Gracias a ustedes. Morae también dice que les agradezcan mucho.

Seo Yeehan e Im Morae dirigían una escuela de surf en la playa de Kuta, uno de los puntos de surf más famosos de Bali. Como contaban con otros instructores, los dos, en calidad de dueños, no programaban clases los fines de semana cuando la niñera descansaba. Pero ese fin de semana tenían una clase especial para surfistas avanzados a la que ambos debían asistir. Por eso habían dejado al bebé allí.

De Kuta a Ubud no es un trayecto corto. Incluso con buen tráfico, se tardaba alrededor de una hora y media. Aun así, cada vez que se lo pedían, Liu y Yeehyeon iban con gusto hasta Kuta para cuidar de Parang.

Que trajeran a Parang a Ubud en lugar de ir ellos a Kuta era apenas la segunda vez que ocurría.

—¿Es domingo y Yeehyeon sigue trabajando? Vi la luz encendida en el atelier.

—Ya debe estar terminando y vendrá en un rato.

Liu miró su reloj de pulsera y respondió con una sonrisa apenas perceptible en los labios.

—¿Falta como un mes para su exposición individual? Debe estar a tope.

—Siempre ha sido de trabajar con constancia todos los días. No es que se le haya acumulado el trabajo, pero como es su primera exposición desde que vino aquí, parece que quiere hacerlo aún mejor. Hoy no ha salido del atelier en todo el día.

Apoyado en la encimera, Liu miró con preocupación la ventana que daba al atelier. Exceptuando el breve momento en que volvió a casa para almorzar, Yeehyeon llevaba ya ocho horas encerrado allí.

—¿Por eso hoy trajiste a Parang a casa? Porque Yeehyeon tenía que quedarse en el atelier.

—No podía dejar a Yeehyeon solo y salir.

Seo Yeehan soltó una risita al ver a Liu hablar con total naturalidad.

—¿Yeehyeon es tu bebé o qué?

—...

Liu, algo incómodo, se limitó a sonreír mientras colocaba el filtro en el gotero.

—Qué gracioso... ¿Todavía te pones así solo con oír el nombre de Yeehyeon?

—¿"Todavía"? Estamos en plena luna de miel.

—Ah, claro, claro. ¿Quién en Bali no sabría que ustedes dos están de luna de miel?

Añadió en voz baja "si lo demuestran tanto", pero claramente para que lo oyeran.

—¡Yo también lo sé! ¡Kun y Yeehyeon son recién casados!

Leo, que estaba sentado junto a Seo Yeehan, levantó el brazo con orgullo al gritarlo, y tanto Liu como Seo Yeehan no pudieron evitar reír.

—Entonces, como Yeehyeon estuvo trabajando todo el día, ¿te tocó cuidar solo al bebé?

—Leo me ayudó.

—Aunque sea mi hijo, cuidar solo a un bebé es realmente jodido.

—¿Qué significa "jodido"?

Leo alzó la vista hacia Seo Yeehan con los ojos brillantes. Seo Yeehan, dándose cuenta de su error, le acarició la cabeza.

—Ah... no, nada. El tío se equivocó. Perdón.

Mientras Seo Yeehan sudaba frío tratando de arreglarlo con Leo, Liu preparó café de goteo con agua caliente. Cuando dejó dos tazas —incluida la suya— sobre la mesa, el celular de Liu sonó desde la sala.

—¡Yo lo traigo!

Al reconocer el sonido del teléfono de Liu, Leo bajó enseguida de la silla y corrió a la sala. Regresó en un instante con el celular en la mano, con una expresión orgullosa por haber ayudado. Liu le acarició la cabeza.

—Gracias, Leo. ¿Eh? Es tu papá.

El remitente era el padre de Leo.

—¡No quiero ir todavía! ¡No quiero volver!

Intuyendo que era una llamada para que regresara a casa, Leo se apoyó en la mesa y frotó su cara con gesto malhumorado. Liu le acarició el cabello mientras atendía la llamada. Tal como esperaba, era para decirle que volviera ya.

—Dice tu papá que dejes de jugar y vayas al restaurante.

El restaurante de comida coreana fusión que dirigía el padre de Leo estaba a tres minutos de allí, y el tercer piso del edificio era la casa de su familia.

—Ah... quería jugar más con Parang.

Como ya se había encariñado bastante con el bebé que había conocido por segunda vez ese día, Leo se acercó a Seo Yeehan y jugueteó con el pequeño pie del bebé.

—Dicen que te compraron una bicicleta. Que querías una, ¿no?

Al oír la palabra "bicicleta", su actitud cambió por completo. Sus ojos brillaron de emoción y miró de golpe a Liu.

—¿Una bicicleta? ¡Qué increíble, qué increíble!

Leo, que ya había salido corriendo a medias hacia la entrada, se detuvo de pronto y regresó. Sujetándose del borde de la mesa, miró a Seo Yeehan con una expresión bastante educada.

—Tío, ¿puedo darle un beso de despedida a Parang?

—Claro, por supuesto.

Con muchísimo cuidado, Leo besó la frente del bebé. Luego se despidió correctamente tanto de Kun como de Seo Yeehan, y volvió a salir corriendo hacia la entrada.

Mirando su espalda mientras se iba, Seo Yeehan llevó la taza a los labios y preguntó:

—Increíble... ¿de dónde aprendiste a hablar así?

—Supongo que de Yuni.

Baek Yuni también había dejado "The Hands" junto a Yeehyeon y se había mudado a Bali. Con más experiencia y aún más competente que antes, ahora se encargaba de la gestión general de la galería, junto a su pareja, Michelle.

Michelle, que había trabajado como diseñadora en París, se había unido al equipo de Liu y se ocupaba de todo el diseño de los medios visuales de la galería.

Selva, ríos, mar, arrozales, lagos... Yuni y Michelle, completamente enamoradas de la naturaleza diversa de Bali, trabajaban con pasión entre semana y disfrutaban de pequeños viajes los fines de semana, saboreando la vida allí.

—Pero en serio, debió de ser durísimo para ti cuidar solo al bebé todo el día. Gracias, de verdad.

—Dijiste que me invitarías a comer. Que sea algo caro.

—Eso haré. Comprar buenos ingredientes y cocinaré yo mismo para ti.

—Lo decía por decir. Cuidar de Parang no es tan agotador. Mira lo lindo que es, ¿qué podría ser difícil? ¿Verdad, Parang?

Cuando Liu le habló con tono cariñoso, el bebé lo miró a los ojos y soltó una risita.

—Tienes talento para la crianza, ¿eh? Hasta la forma de cargarlo es súper estable. No parece que lo cuides solo de vez en cuando.

—Nunca tuve muchas oportunidades de estar con niños. A mí también me sorprende.

—Al principio no sabías ni qué hacer cuando te lo daban en brazos.

—Era tan pequeño que tenía miedo de hacerle daño.

—Ahora, cuando sales con Parang, todos deben pensar que tú eres el papá.

—Yo tampoco pensé que sería así. Parang es precioso. ¿Será porque me sigue bien? Cuando agarra mi camisa con esas manitos, me emociono.

La mirada de Liu, observando al bebé en brazos de su padre mientras golpeaba la mesa con sus pequeñas manos, era cálida. Seo Yeehan lo miró y acarició el suave cabello del bebé.

—Si fuera tu hijo, ¿no sería aún más bonito?

—......

La voz de Seo Yeehan fue suave, pero no era un comentario al pasar. Por eso Liu no pudo tomárselo a broma. Mientras Liu bebía café en silencio, Seo Yeehan preguntó, como si ya se hubiera decidido:

—¿Tú y Yeehyeon todavía no lo han pensado?

—Yeehyeon solo tiene veintiséis años. Y ni siquiera llevamos medio año de casados.

—Puede tener veintiséis, pero tú tienes treinta y seis.

—Hoy en día, treinta y seis es apenas edad ideal para casarse. Mira a mi alrededor: la directora Han, Choi Inwoo, Shushu... todos tienen mi edad, y el único casado soy yo.

Liu habló con su habitual seguridad, mezclada con una sonrisa. Seo Yeehan pensó un poco y asintió.

—Bueno, eso es cierto.

—Ah, debería preparar ya los utensilios de Parang. Nuestro angelito hoy se comió la papilla tan bien. ¿Verdad, Parang?

Levantándose de la silla, Liu acarició las mejillas redondas del bebé. Baboseando el babero, el bebé lo miró y sonrió ampliamente, agitando brazos y piernas. Ante esa imagen, siempre era imposible no sonreír también.

Los fines de semana eran el día libre de la asistente que ayudaba con la casa de Liu e Yeehyeon. Liu tomó del escurridor los utensilios del bebé que había lavado él mismo; aún estaban un poco húmedos.

—Aun así, sabes que Yeehyeon sí quiere, ¿no?

—......

Las manos de Liu se detuvieron un instante mientras secaba los utensilios con una toalla. Sin girarse, respondió con tono tranquilo:

—Es algo que podemos pensar en uno o dos años. Todavía podemos disfrutar un poco más de nuestra luna de miel, solo los dos.

—Pensar que tener un bebé arruina el ambiente de recién casados es un prejuicio. ¿No lo ves con Morae y conmigo?

Ante la fanfarronería de Seo Yeehan, Liu soltó una risita. Era difícil rebatirlo. Criando a su hijo, Seo Yeehan e Im Morae parecían incluso más unidos que antes. No solo como compañeros de crianza, sino como pareja: se apreciaban más, y encontraban un atractivo nuevo en la consideración del otro.

Liu también estaba seguro de algo.

Aunque tuvieran un hijo, la tensión sexual entre él y Yeehyeon no desaparecería. No dejarían de verse sexys el uno al otro.

Si nacía un bebé, claro que contratarían una niñera de tiempo completo de confianza, pero eso no significaba que el cuidado de los padres no fuera necesario. Incluso agotados después de dormir por fin a un bebé que lloraba sin parar, seguiría anhelando la piel de Yeehyeon. Con los hombros manchados de saliva del bebé y una camiseta estirada en el cuello por los tirones, Yeehyeon seguiría siendo atractivo. Y cada vez que lo mirara así, sentiría un deseo intenso, impulsado por el amor.

¿No era natural? ¿Cómo no iba a ser sexy Yeehyeon, criando junto a él a su propio hijo?

Decir que postergaban tener un bebé para disfrutar más de la luna de miel no era más que una excusa.

—Morae dijo que verme dormir a Parang en brazos y besar esa cabecita diminuta era cuando me veía más sexy.

—Sí, claro. Cómo no.

Mientras guardaba los utensilios ya secos en la bolsa especial con ositos, Liu sonrió con ironía.

—Te lo aseguro: cuando veas a Yeehyeon y al bebé durmiendo juntos, podrías llorar de felicidad.

—......

Esta vez Liu no pudo decir nada. La imagen que esas palabras despertaron lo había dejado sin voz.

Yeehyeon y su hijo. Ambos durmiendo juntos.

No podía imaginar una felicidad mayor. Al menos, no dentro de lo que ahora podía concebir. Incluso sin verlo realmente, solo imaginarlo le provocó una emoción tan intensa que le dolía el pecho.

—No creo que el amor solo se complete teniendo un hijo. Yo tampoco pienso así. Pero tampoco es que no quieran tenerlo nunca, ¿verdad?

—No, eso no.

Cerrando el cierre de la bolsa con ositos, Liu regresó a la mesa con el rostro lo más sereno posible.

—Sé perfectamente lo que estás pensando.

—¿Y qué se supone que estoy pensando?

Mientras calmaba al bebé, que empezaba a quejarse moviendo los muslos, Seo Yeehan sonrió con picardía.

—Casarse a los veintiséis ya es demasiado pronto. ¿Cómo podría decirle a Yeehyeon que se embarace a los veintiséis? Todo el esfuerzo físico del embarazo y el parto recaería en Yeehyeon. Yo no podría hacerle algo así a nuestro Yeehyeon.

—¿Eso es una imitación mía?

Liu, que permanecía firme frente a la mesa del comedor con los brazos cruzados, frunció el ceño.

—Si yo lo sé tan claro, ¿crees que Yeehyeon no entiende lo que piensas?

—......

—Habla bien con Yeehyeon. Te lo digo porque temo que, incluso si Yeehyeon quiere hablar primero, tú le cambies el tema.

Había dado en el clavo.

Como el bebé seguía quejándose, Seo Yeehan se levantó.

—Tú también sabes que es lo bastante fuerte como para decidir por sí mismo qué es lo mejor para él.

Eso también era verdad.

Tal vez Liu no hacía más que empecinarse, obsesionado con la idea de "dárselo todo por Yeehyeon". Aun así, siempre le inquietaba que el matrimonio, el embarazo, el parto y la crianza terminaran obstaculizando el desarrollo personal o los logros de Yeehyeon.

El bebé, que se metía su propia mano en la boca, sonrió ampliamente hacia Liu y estiró los brazos. Sin dudarlo, Liu tomó aquella manita y besó el pequeño puño.

—Parang, parece que papá está de verdad muy feliz desde que naciste.

Seo Yeehan, con la bolsa de pañales colgada al hombro y el bebé en brazos, salió por la puerta.

—Puede que Yeehyeon esté concentrado, así que me voy sin más. Dale saludos.

—Conduce con cuidado.

A los pocos segundos de cerrarse la puerta, empezó el llanto del bebé. También se oía la voz de Seo Yeehan, arrullándolo.

—¿Se fue el tío? No pasa nada, Parang. No llores. Vamos a casa a ver a mamá. ¿Sabes cuánto te espera mamá? La próxima semana volvemos a ver al tío, ¿sí?

Al oír aquel llanto lastimero que no cesaba y se alejaba poco a poco, a Liu se le encogió el pecho. Durante un rato, con una mano apoyada en la cintura, se quedó escuchándolo aturdido. Solo cuando el llanto desapareció por completo fue al salón y empezó a ordenar los rastros del bebé.

Los artículos grandes —el futón y las mantas difíciles de cargar de un lado a otro, el cochecito— los tenían guardados, uno de cada, en la habitación de invitados de Liu y Yeehyeon.

No era más que un bebé pequeño el que se había ido, pero la casa se sentía vacía, y sus movimientos se volvieron innecesariamente ajetreados. Mientras ordenaba en el cesto del lavadero el futón, la manta y los pañuelos que el bebé había usado ese día, Liu se detuvo de pronto, sumido en sus pensamientos.

«Aunque Yeehyeon quiera hablar primero, temo que tú le cambies el tema».

La intromisión de Seo Yeehan no era una preocupación infundada.

Después de cuidar a Parang o de pasar tiempo con su familia, Yeehyeon siempre se quedaba callado un rato. Liu tampoco ignoraba aquella mirada envidiosa con la que observaba a la pareja feliz alrededor del bebé. Él mismo sentía lo mismo que Yeehyeon, así que entendía bien qué significaba esa mirada.

Y cada vez, en lugar de una conversación seria, Liu se limitaba a desviar el tema con bromas ligeras para animar a Yeehyeon.

Que aún era una etapa importante para concentrarse más en el trabajo; que Yeehyeon podía ser aún más reconocido.

¿No estaría, bajo el pretexto de "hacerlo por Yeehyeon", ignorando aquello que Yeehyeon realmente deseaba?

Hmmm... Exhalando un suspiro pesado, Liu salió del lavadero. Ya casi eran las seis. Por muy bien que avanzara el trabajo, Yeehyeon nunca trabajaba más allá de las seis. Trabajo constante y regular, sin dañar la salud ni la vida cotidiana. Esa era la forma de Yeehyeon.

Parecía que necesitaban un cambio de ánimo.

Aunque fuera fin de semana, al ser domingo por la tarde no sería difícil reservar mesa en un buen restaurante. En Ubud había bastantes restaurantes buenos llevados por amigos que había hecho tras mudarse allí. Pedir vino y, según el ambiente, sacar el tema del bebé también estaría bien.

¿Sería por pensar eso?

El corazón le latía más rápido de lo habitual.

Como no era algo común, Liu sonrió con timidez y se rascó la nuca. Pensar que solo Seo Yeehyeon podía volver blando su orgulloso pecho como el de un muchacho y hacerlo palpitar como en el momento de la proposición le arrancó una sonrisa.

Acomodó el sofá desordenado y devolvió a su sitio los rastros de juego de Leo. Lavó también las tazas que había usado para beber con Seo Ihan. Aun así, la agitación del pecho no se calmaba.

Entonces Liu se dio cuenta.

Esto era distinto a un latido ilusionado.

Era una ansiedad, como si algo estuviera a punto de ocurrir —no, como si ya estuviera ocurriendo y él no se hubiera dado cuenta— que lo inquietaba. No era emoción; era inquietud.

Liu no conseguía quedarse quieto. Deambuló por toda la casa: el salón, la cocina, el dormitorio. Al detenerse en el vestidor, agarró la manga de una camiseta de Yeehyeon, enterró en ella la nariz y la boca y aspiró hondo. Aunque estaba recién lavada y colgada, le pareció que aún conservaba su aroma.

La inquietud no cedía; al contrario, se intensificaba. Era un palpitar como nunca antes había sentido. El corazón le golpeaba hasta en las sienes.

Tenía que ir con Yeehyeon.

Tenía que confirmar con sus propios ojos que Yeehyeon estaba a salvo.

Tocar el calor de su piel y oír su voz serena; entonces se liberaría de esa ansiedad.

Quedó atrapado solo por ese pensamiento.

Salió del vestidor y cruzó el pasillo. Cuando salió por la puerta, casi estaba corriendo.

Entre la galería y la casa, el atelier de Yeehyeon tenía la luz encendida. Antes de abrir la puerta, miró dentro por la ventana.

En el instante en que vio a Yeehyeon desplomado en el suelo al otro lado del gran ventanal, a Liu se le erizó todo el cuerpo.

—¡Yeehyeon!

Pero en cuanto abrió la puerta no pudo correr hacia él. Dio medio paso atrás y tuvo que cerrar los ojos con fuerza.

El interior estaba lleno de feromona de omega, de su diamond dust. Como un invernadero cerrado con cientos de miles de lirios en plena floración, como si se hubiera roto un frasco de perfume en un espacio sellado. Un aroma intenso, penetrante, peligroso.

Liu se acercó a Yeehyeon dejando la puerta abierta. Yeehyeon, desplomado, tenía la cabeza gacha y los hombros se le sacudían como si sollozara. Al acercarse, vio que se sujetaba el cuello, con dificultad para respirar.

Para no asustarlo, Liu se arrodilló a su lado. Con cuidado, apoyó la mano en su espalda y la acarició.

—Yeehyeon, Seo Yeehyeon. Soy yo.

—¿Kun...?

Los ojos de Yeehyeon, al alzar la cabeza, no enfocaban. Con los labios entreabiertos, respiraba lenta y pesadamente. Liu lo rodeó por los hombros y lo estrechó contra su pecho; luego le acarició la mejilla y besó su frente. No ardía, pero su temperatura era más alta de lo habitual.

Expuesto a la feromona condensada del diamond dust, Liu sintió cómo la suya se escapaba sin poder resistirse. El deseo hacia el cuerpo que abrazaba hervía punzante.

—Sí, soy yo. Ya está bien, Yeehyeon.

—¿De verdad... de verdad eres Kun?

La mano temblorosa de Yeehyeon se aferró al pecho de Liu.

—Huele mi feromona. Soy yo. ¿Desde cuándo estás así, eh?

Yeehyeon hundió la nariz y la boca en la nuca de Liu.

—Huele a Kun. Eres Kun.

Y luego, como quien busca agua con una sed abrasadora, buscó desesperadamente los labios de Liu. Pero ni siquiera logró besarlo bien.

—Aquí... tócame, Kun.

Yeehyeon agarró la muñeca de Liu y la guió entre sus piernas. Era una actitud que solo se veía cuando las caricias ya estaban avanzadas y el cuerpo había sido expuesto lo suficiente a las feromonas. No, era aún más activo que eso.

Liu se sobresaltó. Incluso sobre los pantalones podía notarse que su entrepierna estaba completamente empapada.

Yeehyeon no había faltado ni un solo día al inhibidor. Liu mismo se encargaba de dárselo todos los días. Hoy también había sido así.

Entonces, ¿cómo podía estar pasando algo como esto?

—El vientre... el vientre me arde, kun.

Con los labios resecos y blanqueados por el calor, Yeehyeon se quejó con dolor. Liu lo abrazó con fuerza por los hombros.

Feromonas densas hasta el punto de ser explosivas, una temperatura corporal elevada, calor concentrado en el abdomen, lubricación que parecía derramarse sin control, un deseo sexual intenso...

Por lo que Liu sabía, esto era un celo.

■ ■ ■

Quizá porque no tenía fuerzas en las rodillas, Yeehyeon no pudo sostenerse con ambas piernas. Cuando Liu lo obligó a ponerse de pie, sus muslos temblaron violentamente, y en el lugar donde había estado sentado se había formado un charco de fluido. Al ver la mancha oscura que teñía las baldosas grises, Liu sintió que estaba a punto de perder la razón y lanzarse sobre Yeehyeon.

Apretó los dientes y sacudió la cabeza. Luego, casi cargándolo, ayudó a Yeehyeon a sentarse en el sofá.

Tenía que buscar el inhibidor y dárselo, pero Yeehyeon no quería separarse. Rodeó el cuello de Liu con los brazos y se aferró a él de manera dulce y desesperada.

—No te vayas...

—No me voy. Voy a traer la medicina. Tienes que tomarla primero, Yeehyeon.

Por si acaso, en el atelier había suficientes inhibidores y anticonceptivos preparados. En el estado actual, además del inhibidor de balance que tomaba a diario, Yeehyeon parecía necesitar uno fuerte, de tipo sharp. Sin embargo, Yeehyeon se aferró con fuerza al cuello de la ropa de Liu y negó con la cabeza.

—No te separes de mí.

—No me voy a separar.

—Siento que si lo haces, pasará algo muy malo.

No quería separarse de su alfa. Estaba en celo, después de todo.

—¿Crees que te dejaría solo estando así de mal?

—¿De verdad no irás a ningún lado?

—Aunque me empujes para que me vaya, no me iré.

Como un cachorro que se echa a llorar apenas lo sueltan, Yeehyeon estaba blando y vulnerable. Liu le acarició con ternura la cabeza mientras se aferraba a su ropa.

—Está justo ahí. En el gabinete hay medicina, ¿sí?

Aunque Liu señalara el gabinete frente a ellos y tratara de tranquilizarlo, Yeehyeon seguía negándose con terquedad.

—Tengo miedo... siento que si me separo de ti, mi cuerpo va a fallar. De verdad tengo miedo.

—No voy a dejar que te pase nada. ¿Crees que permitiría algo así?

Los ojos húmedos de Yeehyeon recorrieron el rostro de Liu. Detrás de esa mirada asustada y confusa, se agitaba un deseo negro y profundo, como un cuerpo desnudo inclinado sobre la cama que se vislumbra entre las cortinas.

Liu también se estaba volviendo cada vez más peligroso. Mantener este nivel de cordura frente a feromonas tan potentes era poco menos que un milagro. Solo una idea lo sostenía: no podía hacer que Yeehyeon, asustado por su primer celo, se sintiera aún más inseguro. Por eso se estaba conteniendo a sí mismo, incluso sin inhibidores.

Soltó la mano de Yeehyeon que se aferraba a su ropa y besó su palma y la parte interna de la muñeca. Al apoyar directamente los labios sobre su piel, el pulso dentro del cuerpo de Liu se agitó aún más.

—Toma la medicina, y después yo me encargaré de que te sientas mejor. Confía en mí, Seo Yeehyeon.

Con los ojos aún llenos de miedo, Yeehyeon asintió. Liu le mostró la sonrisa más suave que pudo. Pero incluso esa sonrisa pronto se endureció y se crispó. No sabía cuánto más podría mantener la cordura resistiendo a las feromonas.

Al ir al gabinete en un rincón del atelier, Liu buscó el inhibidor. Sus hombros robustos temblaban como los de un adicto sufriendo abstinencia. Por haber aplicado demasiada fuerza, sintió un dolor punzante en el bíceps, como si se le hubiera desgarrado. Clac, clac. Dejó caer dos veces el envase de plástico que contenía el medicamento.

Dentro de la ropa cómoda y suave que llevaba puesta, el miembro de Liu ya estaba completamente erecto. Erguido como si fuera a atravesar la tela, cambiaba incluso su silueta de perfil. Bastaba una mirada para darse cuenta de que estaba excitado, con el centro elevándose descaradamente hacia arriba.

Quería liberarse. Quería tomar a su omega, el diamond dust que tenía justo detrás, y poseerlo hasta vaciarse por completo. ¿Quería? No, este impulso era más bien una orden del instinto.

Liu creyó entender qué era aquello.

Su rut estaba a punto de estallar.

Se mordió con fuerza el labio inferior, tanto que los dientes casi se le clavaron en la carne. Aún no. Al menos, no aquí.

Ni siquiera servir un vaso de agua le resultó fácil. Mientras soltaba una maldición y enderezaba el vaso que se había caído, sintió algo cálido y pesado apoyarse en su espalda.

—......

Era la temperatura corporal y el peso de Yeehyeon.

Liu estaba tan fuera de sí que ni siquiera se dio cuenta de que alguien que apenas podía mantenerse en pie había llegado hasta allí.

Dos brazos ardientes rodearon a Liu. Manos recorrieron las curvas de sus músculos firmes y abultados, y un rostro y unos labios se frotaron contra la parte posterior de su hombro. El aliento caliente de Yeehyeon, cargado de feromonas, rozó su nuca.

Como alguien apuñalado en el abdomen cuando estaba desprevenido, Liu se inclinó hacia adelante con la boca entreabierta. El calor subió a sus ojos y parpadeó lentamente.

—Kun, rápido....

¿Aquella voz desesperada qué estaba apurando? ¿El medicamento? ¿O...?

La mano derecha de Yeehyeon, que tanteaba el pecho de Liu, descendió más abajo. Liu logró detener por poco la mano que intentaba colarse dentro de la pretina del pantalón.

—¿No te gusta verme así? ¿Te desagrada, verdad?

La voz, hundida en la autodepreciación, llegó desde su espalda. Liu se dio la vuelta para mirarlo. Yeehyeon, enrojecido hasta las orejas y el contorno de los ojos, se apoyó contra él. Estaba en un estado en el que no podía mantenerse de pie sin apoyarse en algo. Liu rodeó la cintura de Yeehyeon con un brazo y lo sostuvo.

Quien más sorprendido y confundido debía de estar por su propio comportamiento era Yeehyeon. Pero el celo con la pareja nunca era algo sucio ni vergonzoso.

—Seo Yeehyeon, no lo dices en serio, ¿verdad?

—No lo sé... siento que el estómago me arde. No es que tenga sed.

A Yeehyeon, que parecía a punto de romper en llanto, le puso tres pastillas en la mano.

—Tómate esto rápido y vámonos a casa.

Y le tendió el vaso de agua que había servido antes.

¿Que si le desagradaba verlo así?

Ni hablar. En ese mismo instante quería abrazar a Yeehyeon.

Ni siquiera tendría margen para desvestirlo o intercambiar caricias. Quería tumbar aquel cuerpo desconcertado boca abajo, bajarle apenas la ropa interior hasta debajo de las caderas y hundir de inmediato su propio miembro hasta el fondo.

El recto de Yeehyeon ya no era el de un beta masculino. La mucosa roja, carnosa y abultada, estaría empapada y húmeda de forma deliciosa. Quería lanzarse sin pensar hacia ese éxtasis en el que lo apretaría con fuerza, lo absorbería y lo estrangularía con placer.

Nunca hasta ahora había tenido ese tipo de sexo con Yeehyeon.

Pero si seguían así, parecía que lo haría. Que terminaría haciéndolo.

No podía permitir que las cosas acabaran de ese modo.

Quería que el primer celo de Yeehyeon fuera algo que se viviera en un lugar donde se sintiera completamente seguro y cómodo, con alguien en quien confiara y amara profundamente.

Liu se mordió con más fuerza el labio inferior.

Mientras sostenía a Yeehyeon, que lo pasaba mal, Liu también se tragó un inhibidor. Parecía inútil, pero aun así tomó más de la dosis recomendada. También se tragó varias pastillas más del anticonceptivo especial para alfas que se tomaba antes de una relación.

Le vino a la mente el inicio de su convivencia con Yeehyeon y dejó escapar una sonrisa amarga. En aquel entonces también se vaciaba frascos enteros de inhibidores inútiles como ahora.

Tras tragarse más de diez pastillas, Liu le dio la espalda a Yeehyeon y se inclinó.

—Súbete. Vamos a casa.

—Se me mojó el pantalón.

—No importa eso.

Al darse cuenta de que no era momento de ponerse terco, Yeehyeon rodeó el cuello de Liu con los brazos. Liu tensó los muslos y se incorporó. Por un instante se mareó por el golpe repentino de feromonas, pero sacudió la cabeza y se obligó a mantener la cordura.

Con Yeehyeon a cuestas, Liu salió del atelier y cruzó casi corriendo el jardín sombrío al anochecer. Pensó, con una risa ahogada, que su aspecto era el de un bandido de tiempos remotos huyendo tras raptar a la doncella que había marcado como suya. Todo mientras sudor frío le corría por las sienes al soportar un rut a punto de estallar.

La parte delantera y las nalgas de Yeehyeon estaban completamente empapadas. En la palma que sostenía bajo sus glúteos se sentía cómo el fluido se filtraba, chorreando. El pene de Yeehyeon, aplastado contra su espalda, también estaba erecto.

El veneno de las feromonas que se elevaban con el aliento que Yeehyeon exhalaba sobre su nuca era tan intenso que parecía que le iba a sangrar la nariz. No era una broma ni una metáfora. Su sistema nervioso simpático estaba reaccionando de forma exagerada ante la cantidad excesiva de feromonas.

Liu se mordió aún más fuerte el labio inferior. Esta vez lo hizo con tanta fuerza que el labio se rompió y el sabor metálico de la sangre se extendió, pero ni siquiera sintió dolor. En su mente solo repetía una cosa.

Hasta la cama.

Solo hasta la cama.

Hasta la cama.

Hasta la cama.

■ ■ ■

Al entrar en el recibidor, Liu se dirigió directamente al dormitorio matrimonial, al fondo del pasillo. A diferencia de la urgencia con la que irrumpió en la habitación, el movimiento con el que dejó a Yeehyeon sobre la cama, impecablemente ordenada, fue cuidadoso.

Apenas lo soltó, Yeehyeon se arrastró hacia atrás moviendo las caderas y abrazó una almohada.

—Estaba ordenando para irme a casa... y de repente, el lubricante salió de golpe....

—Ya veo. Te asustaste. Tuvo que darte miedo, ¿verdad?

Mientras se giraba hacia la puerta abierta, Liu levantó un brazo para secarse el sudor del bíceps. Podía parecer que respondía de forma distraída, pero era porque estaba concentrando toda su energía en resistir las feromonas del celo de un omega. El hecho de no haber caído aún en el rut ya era un milagro.

Liu cerró la puerta. Aunque solo estaban ellos dos en la casa, no se conformó con cerrarla: la dejó con llave.

Por fin. Al fin. El dormitorio.

—Ahora ya estamos en casa. Solo estamos tú y yo. Tranquilízate, relájate. ¿Sí?

Dijo eso con el tono más suave posible mientras caminaba hacia la ventana.

Cerró las cortinas dobles para que ni la más mínima luz se filtrara y comprobó cuánta agua quedaba en el pequeño refrigerador del dormitorio. Luego fue al baño del dormitorio principal y sacó todas las toallas del estante. Durante todo ese ir y venir, se mordía una y otra vez el labio partido con los dientes superiores, chupando la sangre que brotaba.

Al volver del baño, Liu dejó caer con un golpe sordo el pesado montón de toallas a un lado de la cama.

Con eso, la preparación para pasar el celo y el rut parecía suficiente.

—Es igualito a los síntomas que leí en los libros —murmuró Yeehyeon, aún abrazado a la almohada.

¿Libros? Ah... Gracias a todos esos tratados teóricos, libros de historia y ensayos sobre alfas y omegas que había leído con ahínco desde París, Yeehyeon tenía más conocimientos al respecto que la mayoría de los alfas u omegas que manifestaban durante la segunda pubertad.

Por fin, Yeehyeon alzó la cabeza y miró a Liu.

—Kun... esto... ¿es un celo, verdad?

—Probablemente.

—¿Por qué? Nunca me he saltado el supresor, siempre lo he tomado bien.

Murmuró Yeehyeon con un tono injustamente dolido y hundió el rostro en la almohada que abrazaba. La parte trasera de sus jeans, con las rodillas recogidas, estaba empapada de fluidos.

Al descubrir la mancha, la respiración de Liu se volvió áspera y su pecho se expandió. Mientras se chupaba el labio inferior ensangrentado, se quitó la camisa y la dejó caer sin cuidado al suelo.

Subió al colchón y, desde los pies de la cama hacia la cabecera, avanzó de rodillas en dirección a Yeehyeon. Liu frotó la mejilla contra la rodilla levantada de Yeehyeon. Parecía una fiera felina, grande y de cuerpo liso.

—No es culpa tuya.

—......

—Debe de ser por ser un diamond dust.

Le arrebató la almohada que Yeehyeon abrazaba y empujó hacia afuera sus rodillas obstinadamente cerradas. Luego se deslizó más adentro, entre ellas. Sujetó la barbilla de Yeehyeon y le levantó suavemente la cabeza.

—Seo Yeehyeon.

Liu rascó despacio la punta de su barbilla con el pulgar y forzó una sonrisa, intentando aliviar aunque fuera un poco su tensión.

—¿Estabas solo ordenando y de repente te explotó el celo?

—......

—¿De verdad?

No tenía sentido. Por muy especial que fuera la condición de Yeehyeon, si el celo había estallado atravesando incluso el efecto de los supresores tomados con regularidad, tenía que haber habido un detonante.

Yeehyeon miraba de reojo el cuerpo desnudo de Liu, pero no se atrevía a tocarlo. Era evidente que dentro de él chocaban el instinto del celo, que deseaba a su alfa, y el miedo y la sorpresa ante aquella intensidad desconocida.

Aunque soportar un rut a punto de estallar era un tormento casi mortal, Liu no pudo evitar sonreír: Yeehyeon le parecía adorable y entrañable. Incluso se rió entre dientes después, pensando que, visto así, él mismo estaba bastante grave.

Soltó la barbilla de Yeehyeon y apoyó su mejilla contra la de él. Sus labios rozaron la oreja blanda. Lamiendo con la lengua y rascando suavemente con los dientes la oreja de forma redondeada y bonita, susurró:

—Somos esposos, Yeehyeon.

—Hngh... ah...

Yeehyeon se encogió de inmediato. Las orejas eran una de sus zonas erógenas.

La punta afilada de la lengua de Liu recorrió lentamente el complejo cartílago de su oreja.

—Entre esposos hay que ser sinceros. Lo prometimos, ¿recuerdas?

—Es que... pensé un momento en lo de anoche...

Anoche.

Anoche, Liu había cocinado y Yeehyeon se había encargado de lavar los platos.

Mientras Yeehyeon hacía el prelavado antes de meterlos al lavavajillas, Liu se acercó por detrás y rodeó con los brazos su cintura cubierta por el delantal. Al principio solo lo abrazó así. Yeehyeon se quejó, intentando apartarlo, pero Liu sabía que no iba en serio.

Apoyó la barbilla en su hombro y, al girar la cabeza, encontró un cuello largo y liso. Liu depositó un beso ligero sobre esa piel. El cuello también era una de las zonas sensibles de Yeehyeon.

Al no poder concentrarse en los platos, Yeehyeon empezó a liberar feromonas sin darse cuenta, y Liu no pudo resistirse a ellas. Era imposible. Y el resultado... era el que cualquiera podía imaginar.

Tras tragarse a toda prisa una pastilla anticonceptiva del cajón de la cocina, Liu dejó a Yeehyeon de pie frente al fregadero y le bajó apresuradamente la ropa interior. Luego lo penetró profundamente por detrás.

Yeehyeon suplicó, diciendo que la sensación del glande erecto rozando el delantal era extraña. Liu metió la rodilla entre las piernas que Yeehyeon intentaba cerrar y las mantuvo abiertas, hasta que al final levantó su pierna izquierda. Los codos de Yeehyeon, apoyados en el borde del fregadero, se doblaban una y otra vez.

Queriendo ver el punto donde estaban unidos, Liu le subió la camiseta. Las largas cintas del delantal, deslizándose sobre las nalgas blancas, resultaban obscenamente eróticas.

Y pensar que, al recordar ese sexo, le había estallado el celo... mi otra mitad.

Liu se apartó un poco y miró a Yeehyeon a los ojos. A una distancia en la que sus narices casi se tocaban, inhaló las feromonas que se escapaban de los labios de Yeehyeon. Con los labios entreabiertos, Yeehyeon buscó las feromonas de Liu y besó su labio inferior roto. Debía de ser algo instintivo.

—Llorabas diciendo que no, pero en realidad no era así, ¿verdad?

—......

—Ya lo sabía.

Con los labios aún rozándose, Liu lo susurró.

Temiendo lo que podría pasar si sus lenguas se mezclaban, ninguno de los dos se atrevió a introducirla en la boca del otro.

Chup. Chup.

Tras besar los labios resecos, Liu descendió recorriendo la barbilla y la línea del cuello hasta el pecho. Los pezones, hinchados, se marcaban a través de la camiseta. Hundido casi entre las piernas empapadas de Yeehyeon, Liu buscó el pecho de su pareja y se prendió a él.

—Ahh... hng... sí.

Yeehyeon reaccionó de inmediato. Los pezones también eran una de sus zonas erógenas. Agarró el hombro desnudo de Liu y lo retorció con fuerza.

La forma del pezón, blando pero con un núcleo firme, más grande que antes de la manifestación, se sentía claramente en su boca. A propósito, Liu frotó la lengua sobre el pezón para empapar aún más la tela.

—Haa... ah... hng... mmm.

Los dedos de Yeehyeon parecían querer clavarse en el hombro de Liu. Su cintura cedía una y otra vez, y sin darse cuenta iba recostándose hacia atrás.

Por culpa del celo, los pezones estaban más grandes de lo habitual, y el volumen que llenaba su boca era distinto. Una sensación más plena. Liu no podía separarse. Presionó con la punta de la lengua y, entre los dientes, los mordisqueó con insistencia.

—¡Ah! Duele... duele.

En un instante, Yeehyeon se encogió y abrazó la cabeza de Liu.

—Por encima de la ropa... p-para... ¡Ah! Ku-Kun, ¡duele!

Al darse cuenta de que había perdido el control por completo y mordido demasiado fuerte, Liu soltó de inmediato lo que tenía entre los labios.

Aplastado bajo el peso de Liu, Yeehyeon yacía en la cama, respirando con dificultad. Juraría que antes estaba sentado... ¿en qué momento lo había empujado así?

La respiración de Liu también estaba completamente descompuesta. Sacudió la cabeza, intentando aferrarse a la razón, y miró a Yeehyeon tendido bajo él.

La camiseta de rayas frescas, azules y blancas, estaba empapada en círculos solo en la zona del pecho, pegándose a la piel. La forma abultada y el color sonrosado de los pezones se traslucían de manera provocadora bajo la tela mojada.

Sintiendo la mirada de Liu, Yeehyeon también bajó la vista hacia su pecho. Luego tiró de la camiseta para despegar la tela adherida. Ese gesto no hizo más que avivar a Liu.

La mano de Liu se coló bajo la camiseta de Yeehyeon. Deslizándose hacia arriba, empujó la prenda.

—Perdón por hacerte daño. Pero ahora mismo... no puedo contenerme.

Liu quedó completamente cautivado por el pecho que quedó al descubierto.

Como si algo lo llenara desde dentro, la areola estaba más elevada de lo habitual y el pezón central, tenso e hinchado. Todo brillaba con un lustre húmedo. Parecía un omega en las primeras etapas del embarazo. Era por el celo: el cuerpo se transformaba para optimizar la reproducción.

Dos montículos redondeados y carnosos. Si los apretara entre dos dedos, parecía que en cualquier momento salpicaría una leche blanquecina. Algo que ningún alfa podría soportar sin lanzarse a mamar.

Los pezones de Yeehyeon, deseosos de concebir, estaban más sensuales que nunca.

Con el torso erguido y la parte inferior del cuerpo superpuesta a la de Yeehyeon, Liu se quedó jadeando. La mente se le nublaba. Su parte inferior, ya dura hasta el extremo, seguía empujando entre las piernas de Yeehyeon.

—Kun...

La voz suplicante de Yeehyeon lo llamó.

—Sí.

Muy raras veces, aunque Yeehyeon lo llamara, la mirada de Liu no se fijaba en el rostro de su pareja, sino en su pecho.

En un instante, las feromonas de Yeehyeon estallaron con fuerza. Usando la palma de la mano, se acarició el pecho él mismo.

—Así... no te quedes solo mirando. Haz algo.

Yeehyeon, tumbado, retorcía la cintura y se frotaba, quejándose del dolor. Liu volvió a inclinarse. Tomó entre los labios la carne blanda y la succionó con un chuuk, aspirando solo con la fuerza de los labios, sin usar los dientes.

—Uuuh... sí... ah, ha...

Yeehyeon rodeó la cabeza de Liu con los brazos y le revolvió la nuca. Mientras tanto, Liu succionó sin reservas el pezón y empujó la camiseta hacia arriba hasta quitársela.

Ya sin la parte superior, ambos se abrazaron con fuerza y se manosearon sin control. El muslo de Yeehyeon se frotaba contra el costado de Liu, y Liu restregaba una y otra vez su miembro endurecido contra la entrepierna de Yeehyeon. Aun así, ninguno se atrevía a succionar los labios del otro.

Mientras le arañaba la espalda irregular, Yeehyeon le susurró al oído:

—Yo... yo te deseo muchísimo, Kun.

—Yo también.

—Lo deseo tanto que me da miedo y me duele el cuerpo.

—¿Dónde?

—Por fuera y por dentro... me duele todo. Tengo sed. No, el vientre... siento como si ardiera. Me pica.

Yeehyeon arqueó la espalda y frotó su vientre y su entrepierna contra el abdomen de Liu.

Era uno de los principales síntomas del celo. Cuando el calor sube en la trizona, se siente el interior del vientre caliente y a veces se confunde ese calor con picazón. Como cuando tiemblas de frío y entras en una bañera llena de agua caliente y la piel empieza a picar.

Un alfa en rut siente ese mismo calor en el pene.

Instintivamente comprende que solo insertándolo en el cuerpo de un omega y frotando como un loco puede liberarse de ese ardor. Sin que nadie se lo enseñe, igual que un recién nacido encuentra el pecho materno y succiona.

Liu abrazó a Yeehyeon con fuerza entre ambos brazos. Hundió la nariz y la boca en su nuca fragante y en el hombro desnudo. E inhaló las feromonas de su pareja: unas feromonas de celo tan poderosas que golpeaban el cerebro, lo paralizaban y lo dejaban hecho trizas.

—Si solo dices eso, no voy a saberlo. ¿Dónde te duele tanto?

—Me pica.

—Tienes que decirlo para que pueda curarte.

—¿De verdad esto se cura? ¿Se va a pasar?

Yeehyeon estaba casi a punto de llorar. Aun habiendo tomado bien los inhibidores, su primer celo había terminado estallando igual; qué aterrador debía de ser.

Liu alzó la cabeza y cruzó la mirada con Yeehyeon. Le apartó el cabello y le acarició la mejilla con el pulgar. Rozó su nariz con la suya y esbozó una sonrisa torpe.

—Para eso estoy yo. Soy tu alfa.

Bajo los párpados que parpadeaban lentamente, Yeehyeon buscó los ojos de Liu.

—No hables así... como si fueras una herramienta.

Incluso en esa situación, Yeehyeon se ponía de su lado, y eso lo hacía adorable.

Sin apartar la mirada, Liu deslizó la mano entre el bajo vientre de Yeehyeon y el suyo. Desabrochó el botón de los vaqueros de Yeehyeon y bajó la cremallera. Metió la mano por detrás, sujetó la cintura del pantalón y, junto con la ropa interior, lo bajó de un tirón. De la mitad inferior expuesta, las feromonas se dispararon con violencia.

Tal como había hecho con Parang, fue quitándole los vaqueros pierna por pierna mientras, desde su posición tumbada, Liu le dedicaba a Yeehyeon una sonrisa ladeada. Sin embargo, el sudor le chorreaba del rostro por el esfuerzo de soportar las feromonas.

—Díselo a tu marido. Dime dónde te duele más.

Una gota de sudor, acumulada en la punta de la barbilla de Liu, cayó toc sobre el bajo vientre de Yeehyeon. Yeehyeon estiró la mano hacia él. Liu se inclinó por reflejo, y Yeehyeon deslizó la mano desde el hombro de Liu hasta recorrerle por completo el brazo izquierdo.

Desnudo, desparramado y jadeando entrecortadamente, Yeehyeon en celo era una auténtica bomba de feromonas. Liu no podía resistirse.

Sujetando la muñeca de Liu, Yeehyeon llevó esa mano hacia su propio ano, húmedo y tibio. El dorso fuerte y marcado por tendones cubrió ampliamente la abertura empapada de fluidos.

En ese instante, las feromonas de Yeehyeon explotaron. Como un río que se desborda tras romperse un dique. Como un maremoto que arrasa y lo cubre todo. Liu fue arrastrado sin remedio por las feromonas de su pareja.

Mientras usaba la mano de Liu para frotarse su parte más preciada, Yeehyeon abrió más las piernas.

—Aquí. El lugar que Awi creó para un omega.

—Mmh...

De los labios de Liu escapó un gemido doloroso.

—Aquí es donde más me duele.

Liu apretó los labios con fuerza y exhaló largo por la nariz. Una sensación desconocida empezó a encenderse rápidamente en su sexo. Un calor como de fuego, un ardor parecido a la picazón. Las sienes le palpitaban. Entre los labios mordidos se filtró el sabor de la sangre.

—Seo Yeehyeon.

—Uuh... kuh, Kun.

Hasta entonces, Liu había dejado que Yeehyeon hiciera lo que quisiera, pero ahora movió su propia mano. Acarició con suavidad, y al mismo tiempo de forma obscena, la carne blanda de la zona íntima.

—Hoy, haga lo que haga o diga lo que diga, será por el rut.

—...¿Rut?

Ante Yeehyeon, que lo miraba sorprendido, Liu asintió.

—Creo que estoy en pleno rut.

—......

—Te harás responsable, ¿verdad?

Sin esperar respuesta, Liu cubrió los labios de Yeehyeon con los suyos.

■ ■ ■

■ ■ ■

Eum-hwa: Flor Sombría o Flor Yin

El ano de un omega masculino que, tras completar por completo su manifestación, ha madurado hasta poder cumplir también la función de órgano sexual. En inglés, herma; en jerga vulgar, gungari.

Para percibir placer, en la entrada de la Eum-hwa se han desarrollado los nervios periféricos, y en la pared interna ha crecido carne con una elasticidad firme.

La mitad inferior del cuerpo de Yeehyeon era ya una Eum-hwa completa. Además, al estar en celo, el perineo entre los testículos y el ano se había hinchado de forma prominente, y la carne alrededor del orificio estaba blanda y esponjosa: la señal de un cuerpo listo para concebir.

En lugar de ceder al rut y embestir de forma brutal introduciendo el glande de golpe, Liu se tomó su tiempo, frotando su miembro alrededor de la Eum-hwa de Yeehyeon.

—Mmh...

Sumido en el placer, dejó escapar un gemido pesado.

Desde la entrada palpitante de la Eum-hwa, su glande ascendió y se hundió con fuerza detrás de los testículos de Yeehyeon, presionándolos mientras cambiaba el ángulo. Luego volvió a deslizarse hacia abajo, raspando por encima del orificio antes de retirarse.

—Haaah... sí... ah... uuh... Ku, Kun. Basta. Eso... por favor...

Yeehyeon levantó el brazo derecho y se cubrió el rostro. Estaba a punto de enloquecer con esas caricias en las que apoyaban el pene sobre la cavidad que era mitad órgano sexual y lo frotaban arriba y abajo. Por el líquido lubricante que no dejaba de derramarse, la toalla gris que Liu había colocado bajo sus caderas se estaba manchando de negro.

—Por favor... kun, ¡basta! Me, me duele el vientre... duele....

—Si todavía no he hecho nada. ¿Qué es lo que duele?

—Nada... ¡no!

Justamente porque no haces nada es que duele.

En lugar de decir eso en voz alta, Yeehyeon se mordió el labio inferior. Arrugó aún más la sábana que apretaba con la mano izquierda. Su cuerpo, invadido por el celo, estaba lleno de calor, pero en algún rincón del lóbulo frontal aún quedaba la razón que reprimía el impulso.

Pero ¿cuánto más podría aguantar?

Que se lo metiera, no, que se lo clavara. Que empujara su alfa dentro de su ano convertido en una papilla y sacudiera la cintura sin piedad. Sentía que en cualquier momento diría cosas así.

—Dilo, Seo Yeehyeon. Nada... ¿qué?"

Liu, con el sudor corriéndole por las sienes y una sonrisa torcida en el rostro, le preguntó eso, y parecía perverso.

La mirada de Yeehyeon, que lo observaba con resentimiento, de pronto se volvió lánguida y se deshizo.

—Mm... sí... uuh... hng. Huu, hng.

Liu tiró con el pulgar del borde de la cavidad de Yeehyeon. Luego frotó el grueso glande, del que el preseminal goteaba a chorritos, alrededor del orificio dilatado. Era una fricción obscena.

Yeehyeon alzó el mentón y arqueó los hombros hacia atrás.

—Uuh... huu, ¡ah! No, no... ah, hng. Eso, no me gusta.

El orificio, ya empapado hasta el extremo, parecía dispuesto a tragarse de golpe solo con que le apoyaran la punta del glande. La mirada enrojecida de Liu quedó fija allí. Huu, hu. Subía y bajaba sus anchos y gruesos hombros mientras exhalaba un aliento caliente.

—Te dije que lo dijeras.

La voz reprimida seguía incitando a Yeehyeon. Abajo, repetía el gesto de presionar y soltar apenas el glande sobre el orificio blando y abierto.

—¿Por qué no puedes decirlo? ¿Sigues resistiéndote al celo? ¿Eh?"

—Y tú también....

—¿Yo qué?"

—Quieres meterlo.

En los ojos de Yeehyeon, llenos de reproche, se acumulaban las lágrimas. Liu no respondió. Solo forzó una sonrisa traviesa, fingiendo calma.

—De verdad me duele... está tan caliente....

Pidiendo que le borrara el calor del celo, Yeehyeon gimoteó mientras se rascaba el abdomen. La piel se enrojecía de inmediato donde pasaban las uñas. Liu le sujetó la muñeca para impedir que siguiera rascándose.

—De verdad duele... kun... no te burles. Ya basta, por favor....

Aunque sabía que no era dolor real, ese aspecto le destrozó el corazón. Sin darse cuenta, Liu se mordió con fuerza el labio. La sangre, que se había detenido, volvió a brotar y se filtró en su boca.

Liu empujó lentamente la cintura hacia la entrepierna de Yeehyeon. Luego, con el rostro sudoroso y fruncido, esbozó una sonrisa borrosa.

—¿Burlarme? Estoy aguantando con una paciencia milagrosa.

—Ha... uh... hng.

—Para no violarte.

Los ojos húmedos de Yeehyeon lo miraron en silencio. Luego tiró hacia sí la mano que Liu le estaba sujetando. Tras dudar un instante, Liu se inclinó torpemente y se acercó. Yeehyeon tomó el rostro de Liu entre ambas manos.

—Sé cómo es el sexo durante el rut.

—Saberlo no significa que no haga daño.

Yeehyeon lamió con la punta de la lengua el labio sangrante de Liu. Sabía por qué estaba herido. Sabía por qué este hombre se mordía los labios hasta sangrar, qué era lo que estaba soportando.

El sexo de un alfa en rut.

No un intercambio emocional, sino estar dominado por el instinto reproductivo, repitiendo solo la penetración y el anudamiento hasta vaciar por completo los sacos... un apareamiento únicamente para el embarazo.

Era la prueba de que Liu había soportado todo para no hacerle eso a Yeehyeon.

—Lo sé.

—......

—Lo que tú me hagas nunca puede ser una herida.

El sabor de la sangre de Liu en su lengua era dulce, como el amor.

Yeehyeon rodeó su cuello con los brazos y su cintura con las piernas. Abrazando de nuevo esos hombros desnudos y resbaladizos por el sudor, mordisqueó su lóbulo y, colgado de su cuello, susurró:

—Desde el atelier... ya querías hacerlo.

Raspó con los dientes la piel brillante y acarició sin pudor la espalda, los hombros y los brazos donde ondulaban músculos grandes y pequeños.

—Haz conmigo lo que querías. Puedes hacerlo. Hazlo.

Liu abrazó la espalda de Yeehyeon y la acarició. Su pareja, susurrándole de forma provocadora mientras lo mordisqueaba aquí y allá, era endemoniadamente adorable. Y al mismo tiempo, deseaba con locura dejarlo embarazado.

Apartándole el cabello que rozaba su mandíbula, Liu besó la punta de su nariz. Con las narices juntas, negó suavemente con la cabeza y dijo:

—No sé cómo soy yo durante el rut. Es la primera vez.

—Está bien.

—¿Y si te rompo?"

—No me romperé. Yo también estoy en celo.

A esa distancia tan corta que solo podían verse el uno al otro, Yeehyeon lo miró fijamente. En ese momento, Yeehyeon era aroma puro, un cúmulo de feromonas. Solo mirarlo desde tan cerca hacía que la cabeza le diera vueltas, como si hubiera recibido un golpe. Bastaba con relajarse un poco para que el rut lo arrastrara sin remedio.

Mientras acariciaba la mejilla de Liu, Yeehyeon movió la cintura de forma insinuante. Abajo, donde sus genitales se tocaban, parecía que iba a elevarse vapor ardiente.

—¿Lo olvidaste? Incluso cuando era beta, soporté tu anudamiento, Liu.

El pene de Liu ya palpitaba de forma dolorosa.

—De verdad está bien... hazlo. Ten sexo de rut conmigo.

El susurro tentador junto a su oído hizo que la parte inferior de su cuerpo se tensara a punto de estallar. La uretra palpitaba y el preseminal chorreaba sin parar. No hacía falta mirar para saberlo.

Liu presionó el pecho de Yeehyeon con su torso. Al empujar con firmeza su cintura fuerte, los muslos de Yeehyeon se abrieron aún más. Frotando, frotando. Empujándose hacia arriba como si escalara, mientras deslizaba las piernas largas hacia atrás sobre la sábana, Liu pegó su polla a la entrepierna de Yeehyeon y la frotó con fuerza.

—¿Dónde aprendiste a decir cosas así?"

—Tengo veintiséis años, estoy casado, soy un hombre casado.

—¿O sea que por ser casado estás acostumbrado al sexo?"

Extendió la mano hacia abajo, agarró la base del pene y rascó la entrepierna de Yeehyeon con el glande. El orificio abierto y maduro era fácil de encontrar. Tal como esperaba, apenas lo acercó a la entrada, esta lo succionó con desesperación.

—Uuh... sí... huu, hng. Ah.

Los párpados de Yeehyeon, que por fin tenía lo que quería, se relajaron con languidez. Sus espesas pestañas temblaron.

—¿Porque lo haces todas las noches con tu esposo?"

Aunque intentaba mostrarse tranquilo, la voz de Liu también temblaba de placer.

—Huu, ht. Mm... ku, kun. Kun.

Cuanto más profunda se volvía la penetración, más desesperados eran los gemidos que escapaban de los labios de Yeehyeon. Abrazando con fuerza la espalda de Liu, apoyó la frente en esos enormes hombros frente a él.

El placer del sexo entre alfa y omega durante el celo y el rut era de cinco a ocho veces mayor que el habitual.

Antes siquiera de introducir la mitad del pene, Liu sintió de inmediato el cambio en su cuerpo. Ya no podía resistirse al rut.

—Está tan lleno... hasta el fondo... Kun, frótame. Apresúrate y hazme el amor. Me pica y está caliente.

—De verdad estás desesperado, Seo Yeehyeon. Mira las cosas obscenas que dices.

Liu se incorporó. Desde arriba se veía claramente el orificio obsceno que, aun habiéndolo tragado todo, seguía palpitando, y el pene oscuro y enrojecido que yacía profundamente dentro de él. Tomó otra toalla y la colocó encima de la ya empapada.

Empujó las rodillas de Yeehyeon hacia afuera y giró la cintura en círculos. Chup, chup, desde la zona de unión se escapaban sonidos vergonzosos.

Luego, toc, toc, toc. Toc toc toc.

Pronto comenzó a mover la cintura hacia adelante y atrás. Aunque gruesa, su cintura firme se movía sin desperdicio alguno. La fuerza de cada embestida la descargaba directamente en el interior del vientre de Yeehyeon. Chof, chof, chof. El sonido de ingles contra ingles, piel contra piel, lubricante y preseminal rozándose, llenó la habitación.

—¡Ahh! ¡Uuh! Khh, hng. Ah, hu. Ah, sí....

Yeehyeon era embestido y sacudido sin remedio. Cada vez que el pene de Liu raspaba las paredes internas, sentía que el ardor y la picazón de su vientre se calmaban. Agarró y mordió la toalla que tuvo a mano.

Liu se la quitó y la lanzó debajo de la cama.

—Yeehyeon en celo también es bonito.

—Haah, uh... ku, kuhuun... hng. Sí.

—Si tuvieras a mi hijo... ¿cuánto más bonito serías?

—Kuh... hng... ¡ni siquiera... me lo haces...!

Liu frunció el ceño. Dudó de si había oído mal.

—¿Qué? ¿Embarazarte?

Aunque preguntó sorprendido, no disminuyó el ritmo de sus embestidas.

—Tú... no lo quieres, ¿verdad... Kun...? Uh... ngh... ah...

Yeehyeon habló con un tono cargado de reproche, pero no dejó de reaccionar al placer.

—¿De verdad no me conoces así? ¿O lo sabes y aun así haces esto?

Liu inclinó más el torso hacia delante. Empujó la ingle hasta que el vello se frotó contra la entrada de Yeehyeon, tiró de ambos costados de su cintura y comenzó a mover las caderas con fuerza.

—¡N-no lo sé! Ah... sí... ngh... kh... ah, no, no... hngh...

Como si quisiera apartarlo, Yeehyeon extendió las manos y manoteó en el aire.

—Ahora que lo pienso, desde el principio lo pediste, ¿no?

—Haah... uh... hng...

—Que te hiciera un nudo. Que te dejara embarazado.

—Ngh... emba... sí... ¡yo no dije eso...! No lo dije... uh...

Los forcejeos de Yeehyeon se intensificaron. Liu soltó su costado y atrapó la muñeca que agitaba el aire. Le inmovilizó ambas manos y, tirando de ellas hacia la zona donde estaban unidos, descargó sin piedad el movimiento de entrar y salir, sin dejarle escapar ni un ápice del placer.

—¡No! ¡No hagas eso! ¡Suéltame! No... no quiero... haah... uh... no, Kun.

—Si me corro en un nudo, hay embarazo. Y en ese entonces yo ni siquiera tomaba anticonceptivos. Aun así, le rogaste a un alfa así que te hiciera un nudo. ¿Eso no es querer quedar embarazado? ¿O no?

—No... ah... no... yo... yo era... beta...

Mientras Yeehyeon negaba con la cabeza, unos hombros anchos se inclinaron sobre él. Una gran mano le sujetó con firmeza la mandíbula. Podría haberla triturado con fuerza, pero el movimiento fue delicado, como si tratara una obra de arte.

Liu lamió la saliva que corría por la comisura de los labios de Yeehyeon y susurró con dulzura firme:

—Nunca fuiste beta.

—Haah... hng... Kun... Kuun...

—Eras un diamond dust. Desde el momento en que nos conocimos.

—Ku... kuh... mm...

La voz de Yeehyeon, que solo repetía el nombre de Liu como alguien al borde de la muerte, fue devorada por los labios de su pareja. Al recibir su lengua, Yeehyeon le rodeó el cuello con los brazos.

—Mmh... sí... mm... ah...

El peso del cuerpo de Liu cubriéndolo lo tranquilizó. Pecho contra pecho, la unión se volvió aún más profunda. El pene de Yeehyeon se frotó contra el bajo vientre de Liu. Acariciando su espalda musculosa, Yeehyeon abrió más los muslos.

Ese gran animal jadeante entre sus piernas le parecía adorable.

—Haah... mm... ngh... sí...

Deslizar, embestir, repetir. Los músculos firmes de las nalgas de Liu se contraían una y otra vez dentro de Yeehyeon, hasta que respirar se volvió difícil. Al notarlo, Liu retiró la lengua y succionó sus labios con avidez, como si quisiera derretirlos por completo. Sin lengua, solo labios, pero era un beso obscenamente erótico.

—Mm... basta... haah... siento demasiado...

Intentó apartarlo empujando su pecho, pero no se movió. Los feromonas de Liu se liberaron con intensidad; era evidente que lo hacía a propósito para impedirle resistirse.

En ese instante, Yeehyeon sintió la presión de su miembro hinchándose dentro de él. Giró la cabeza para evitar sus labios.

—Ah... ah... uh... ¡ah! Kun... eso... eso ya viene... ¡hngh!

Con los ojos muy abiertos, Yeehyeon sacudió la cabeza aterrorizado. Su mandíbula temblaba.

Pum, pum, pum.

Era como si el corazón de Liu latiera dentro de su pene, y se transmitia a Yeehyeon a través de la pared interna.

El nudo estaba llegando.

—Seo Yeehyeon... ¿puedo?

Liu empujó con todas sus fuerzas hasta lo más profundo y pegó sus vientres, preparándose para el nudo. Sus ojos estaban turbios.

—Ku... Kun... Kun...

—¿Puedo anudarme dentro de ti? ¿Sí?

—Hazlo... solo conmigo. No hagas esto con ningún otro omega, Kun.

La razón de Yeehyeon se desvanecía con cada pulso del nudo.

Aplastando sus labios contra los de él, Liu habló con voz áspera:

—Para mí, todos menos tú son betas.

Dentro de su cuerpo, en la entrada misma, la base de Liu se hinchó. Las paredes internas de Yeehyeon se contrajeron con fuerza, mientras el pene de Liu se volvía cada vez más grueso. Estaban completamente encajados, sin dejar escapar ni una gota.

—¡No! ¡No, no quiero! Tengo miedo... tengo miedo, pero me gusta... ah, Kun... por favor...

Temblando, Yeehyeon murmuraba palabras contradictorias. Liu le acarició la frente y giró las caderas, intentando penetrarlo aún más, aun estando ya al límite.

—Seo Yeehyeon, aunque lo hacemos todos los días, siempre te pones así, ¿no?

—Ahí... Kun... la entrada... siento que se va a romper. Es grande... demasiado... crece dentro de mí...

Besándole la mejilla y la oreja, Liu lo presionó más con su peso.

—No se va a romper. Eres bueno en esto, Seo Yeehyeon.

Cuando el pene alcanzó su máximo, comenzó el verdadero pulso. Vibraba como un masajeador potente, golpeando sin piedad las paredes internas.

—E-es... bueno... ¡me encanta! ¡Siento que todo se derrite! Voy a desaparecer, Kun.

—¿Y qué haría yo si desapareces?

—¡Qué hago, qué hago! ¡Kun! Ah... por favor... sálvame...

Yeehyeon se retorcía como si estuviera en llamas. Liu se dobló sobre él y lo abrazó con fuerza, lamiendo sus labios y las lágrimas que caían de sus ojos.

No podía retirarse. El pene, atrapado firmemente, era ya parte de Yeehyeon. En lugar de salir, golpeó con fuerza, sacudiendo su cuerpo una y otra vez.

Liu cubrió su rostro de besos.

—Yeehyeon... Seo Yeehyeon.

—Kun... Kuun... sí...

—Te amo. Te amo... joder, te amo, Seo Yeehyeon.

Con la voz embriagada por el placer de anudar a su pareja en celo, Liu se corrió susurrando palabras de amor, casi inconsciente.

Las paredes internas de Yeehyeon, masajeándolo rítmicamente, le derretían la mente. Quería que el nudo durara para siempre.

Cuando terminó la larga eyaculación y el eco aún más largo del nudo empezó a disiparse, permanecieron abrazados. Poco a poco recuperaron la conciencia, buscaron sus labios, entrelazaron lenguas y se frotaron, disfrutando del cosquilleo persistente.

Liu, que estaba mordisqueando el labio inferior de Yeehyeon, levantó de pronto el torso. Sacudió la cabeza y parpadeó varias veces. Yeehyeon, aún jadeante, le tocó el rostro con preocupación.

—Kun, ¿qué pasa?

—Yo... las pastillas.

—¿Las pastillas? ¿Te duele algo?

—Creo que debería tomar más anticonceptivos.

Liu parecía aturdido, parpadeando lentamente, distinto a lo habitual, como si algo lo hubiera poseído.

—Pero ya las tomaste. Más de lo normal.

—Sí... pero siento que... debería tomar más.

Aunque incorporó por completo el torso, Liu no sacó el pene del cuerpo de Yeehyeon. El nudo aún no se había desinflamado, así que de todos modos no podía salir. (Es decir, que seguia hinchado dentro*)

Tiró del costado de Yeehyeon, que yacía estirado, y lo arrastró hasta el borde de la cama. Estiró el brazo, hurgó en el cajón de la mesita y se tragó unas pastillas con agua.

Incluso mientras tomaba el medicamento, movía la cintura con lentitud. El sonido viscoso del semen que había eyaculado a chorros dentro del cuerpo de Yeehyeon le volvió a tensar dolorosamente la parte baja.

La mirada con la que Yeehyeon lo observaba era tan lánguida como aquel sonido obsceno.

—Mejor no tomes más.

Aunque sabía que ya había ingerido una cantidad enorme de anticonceptivos, y que a estas alturas no iba a quedar embarazado aunque no los tomara, Yeehyeon lo dijo con cierto pesar.

Liu negó con la cabeza y le sonrió de lado.

—De verdad no tienes remedio.

■ ■ ■

Sin sacar el pene, siguieron dos nudos más. Un fluido en el que se mezclaban lubricación y semen siguió desbordándose por el contorno del punto de unión. Por más que el nudo lo bloqueara, ya no había espacio dentro del cuerpo de Yeehyeon para recibir más.

En una postura con Yeehyeon boca abajo y Liu penetrándolo por detrás, terminaron el tercer nudo. Incluso después de eyacular, Liu permaneció largo rato frotándose contra el cuerpo de Yeehyeon. Luego besó su hombro desnudo y su mejilla, y se incorporó.

Yeehyeon, que había estado todo el tiempo debajo, temblaba de forma intermitente.

—Para... —jadeó con una voz rota y exhausta—. Estoy lleno... ya no puedo.

Le costaba incluso tragar saliva.

Mientras amasaba suavemente las nalgas de Yeehyeon, Liu fue sacando despacio el pene de la entrada.

—Ugh... sí... ah... ay... ya no... de verdad no... —gimió Yeehyeon entre sollozos.

Al sentir cómo el nudo se deshacía y el miembro, ya flojo, se retiraba, Yeehyeon volvió a estremecerse. Aunque no quería sentirlo, la sensibilidad del celo lo derritió por completo. En ese estado, hasta un beso en la mejilla le haría derramar lubricación.

Chorreo. Chorreo.

En cuanto el glande de Liu salió, una enorme cantidad de fluido brotó de la entrada. El orificio no logró cerrarse de inmediato y quedó palpitando, abierto. Cada vez que Yeehyeon respiraba agitadamente, expulsaba más de ese líquido semitransparente, mezcla de lubricación y semen. Sobre sus testículos, que asomaban aplastados contra la entrepierna al estar boca abajo, resbaló espeso aquel jugo mezclado. Era una escena obscenamente erótica.

De Liu emanaban feromonas densas.

A pesar de haber terminado tres nudos, su pene seguía caliente y rígido. Se lamió los labios; quería volver a hundirse ahí de inmediato, y el miembro dio un tirón.

Pero Liu se contuvo.

Se limpió la boca con el dorso de la mano y tiró del brazo de Yeehyeon para ayudarlo a incorporarse. Acomodó su cuerpo flácido, lo abrazó contra el pecho y le dio de beber agua.

Solo después de volver a recostarlo, bebió él también y buscó el medicamento con el rabillo del ojo.

Sentía que debía tomar más. Era absurdo, pero no podía ignorar esa corazonada, como aquella vez que había presentido el celo de Yeehyeon y había salido corriendo hacia él.

Encontró el frasco enterrado bajo la sábana. Lo sacudió, pero no sonó nada. ¿Cuándo se había acabado? Tiró el envase vacío al suelo. Toc, toc, toc...

—No queda medicamento.

Al darse la vuelta, vio a Yeehyeon arrastrándose hacia el otro lado de la cama. Liu le agarró el tobillo izquierdo y lo jaló. Chorreó. Yeehyeon intentó aferrarse a la sábana, pero no fue una resistencia real.

—¿A dónde vas?

—Me voy. Quiero parar.

—Ni siquiera puedes ponerte de pie solo.

—Estás loco. Ya no puedo... de verdad no puedo.

Liu le sujetó una nalga con toda la mano y, con el pulgar, trazó círculos sobre la entrada. El orificio húmedo se movía como si quisiera tragarse aunque fuera un dedo.

—Tú no puedes parar. Si no mantienes esto mío dentro, como antes, el vientre te va a arder y picar.

—Dijiste que me curarías. ¿Cuándo se me pasa?

Yeehyeon, acurrucado de lado tras darse la vuelta, estaba llorando. Liu le limpió las lágrimas de los ojos y las mejillas.

—Es duro, ¿verdad? Lo sé. Como es la primera vez, duele más. Pero nosotros ya hemos pasado por cosas más largas que esto.

—Pero aquella vez tú no estabas así... hasta este punto...

—¿Dices que no me comporté como una bestia?

—......

Liu miró a Yeehyeon, que no podía responder, y le dio un par de toquecitos en la mejilla húmeda.

—Traeré más medicamento... y más agua, ¿sí? Descansa un momento.

Tomó una toalla que había por ahí y se limpió por encima los fluidos brillantes del pene y la entrepierna antes de dirigirse a la puerta.

Yeehyeon le lanzó una almohada.

No tenía fuerzas para acertarle. La almohada golpeó el borde de la cama y cayó al suelo. Liu se rascó la nuca, la recogió en silencio y la dejó sobre el sofá junto a la cama.

Salió de la habitación completamente desnudo, sin siquiera cubrirse la parte baja con la toalla. A cada paso, el pene erecto se balanceaba, estorbando. También dolía. Pero estaba acostumbrado a que no se desinflamara ni siquiera después de eyacular; sabía cómo caminar sin demasiado problema.

Ploc. Ploc. Tap, tap.

Mientras avanzaba por el pasillo, sujetándose ligeramente la base, retrocedió medio paso y soltó una maldición.

—Maldita sea.

Preseminal goteaba del pene en estado de rut.

No tenía tiempo para limpiar el suelo. Esquivó el líquido y se dirigió a la cocina.

Al plantarse frente al cajón lleno de medicamentos para regular feromonas y hormonas, sintió algo tibio bajo la nariz.

Era sangre.

—De todo pasa.

Se la limpió a grandes rasgos con el dorso de la mano y fue al fregadero a lavarse, para que Yeehyeon no se asustara.

Se sentía extraño. La cabeza, como cubierta de niebla; el deseo sexual, en cambio, ardiente y nítido. Como si existiera solo para eso.

En la oscuridad, Liu soltó una risa breve.

Al fin y al cabo, siendo un alfa en rut, existir solo para eso... tampoco estaba tan mal.

Aunque apenas se habían separado dentro de la misma casa, el deseo de tener a Yeehyeon le hacía temblar los brazos. Sentía el pene arder, seco de ansias. Quería hundir a esa bestia en el útero de Yeehyeon cuanto antes.

Sin siquiera tomarse el tiempo de servir agua en un vaso, tragó tres o cuatro pastillas directamente con agua del grifo. Tomó al azar un frasco de medicamentos y regresó por el pasillo.

La cama estaba vacía.

Las sábanas revueltas, frascos de pastillas y botellas de agua tirados en el suelo, toallas esparcidas por todas partes. Y el aire, denso de feromonas. Entre las huellas evidentes de un sexo intenso, la mirada de Liu se movió con rapidez.

—Seo Yeehyeon.

Su voz era relajada, sin apuro. Rascándose detrás de la oreja, Liu recorrió la habitación con la mirada y luego se dirigió hacia el pasillo que llevaba al baño y al vestidor.

—¿Seo Yeehyeon?

Desde el fondo, las feromonas le enviaban una señal clara. Guiándose por sus sentidos agudizados, siguió ese aroma espeso. Descalzo, avanzó lentamente por el pasillo que conectaba con el vestidor, pasando frente al baño.

Resbaló.

Algo viscoso se le pegó a la planta del pie. Era el lubricante de Yeehyeon. Frotándolo con los dedos, Liu avanzó aún más hacia adentro.

El vestidor, largo y de forma rectangular, estaba rodeado de cajoneras y percheros. Entre las camisas de Liu, colgadas en perfecto orden, asomaban los pies de Yeehyeon.

Clic.

Agachado frente a él, Liu apartó a un lado las perchas.

Yeehyeon estaba temblando, abrazándose las rodillas, con el hombro apoyado contra la pared.

—¿Hansel y Gretel? —bromeó.

—Aléjate —respondió Yeehyeon sin mirarlo.

—Fuiste muy amable dejando un rastro en el camino. Feromonas.

—Ya quiero parar.

Contrario a sus palabras, el suelo bajo Yeehyeon chapoteaba de humedad. El olor de sus feromonas era embriagador. La mente de Liu se volvió borrosa, y ya ni siquiera quería resistirse.

Sujetó los hombros de Yeehyeon y lo obligó a mirarlo.

—Hace un rato decías que lo metiera rápido y me moviera. Que el nudo te encantaba.

En vez de arrastrarlo afuera, Liu se metió dentro del perchero. Tiró del brazo de Yeehyeon, cubrió con su cuerpo el torso que se sacudía negándose. Incapaz de soportar el peso, Yeehyeon cayó de espaldas, empujando las camisas de Liu, con él lanzándose entre sus piernas.

—De verdad no puedo más. Por favor, Kun...

Liu se agarró el pene y lo frotó contra la entrepierna de Yeehyeon. Aún estaba duro, húmedo de preseminal, deslizándose con facilidad. El orificio mojado de Yeehyeon, abierto y blando, palpitó y lo succionó apenas el glande lo tocó.

—Si las feromonas se vuelven locas cuando llego, no digas tonterías.

Como si volviera a su lugar natural, el pene avanzó sinuoso dentro de su ano. Yeehyeon abrió la boca y echó la cabeza hacia atrás, aferrándose a los hombros de Liu como si fuera a clavarle las uñas.

—¡Ah! Uh... hng, sí...

—¿Ves? Hasta tu voz se vuelve más dulce.

Liu enterró los labios en su cuello y lo chupó con fuerza hasta dejar marcas.

—Ahí no... No. Se va a ver.

Yeehyeon le dio un golpe en el hombro. Liu no se detuvo. El cuello, los hombros y el pecho de Yeehyeon ya estaban cubiertos de marcas; una o dos más no harían diferencia. Al contrario, Liu apretó los dientes y mordió con más fuerza.

—Que lo vean. Que todos vean cuánto te amo.

—Kun... de verdad, estoy agotado... ah, ngh...

Al empujar hasta el fondo, cuando el glande golpeó el límite interno, Yeehyeon gimió con un sonido casi líquido y retorció la cintura.

Liu pasó un brazo por detrás de las rodillas de Yeehyeon y las levantó hasta que casi tocaron sus hombros. Las caderas quedaron elevadas, las piernas abiertas de par en par, perfectas para el sexo. Montándose sobre él, Liu subía y bajaba la cintura, castigándolo desde arriba.

—Ah, ah... hng, es profundo... grande... demasiado... ah, me gusta. Me gusta esto, Kun.

—¿Te gusta, Yeehyeon?

—Sí... se siente bien, Kun...

La fuerza de las embestidas hacía temblar su voz. Con las rodillas dobladas, las pantorrillas de Yeehyeon colgaban en el aire.

En esa postura, aplastado desde arriba, Yeehyeon no podía oponer resistencia alguna. Solo podía recibir una y otra vez, mirando a Liu con los ojos llenos de lágrimas.

—¿Te gusta mi celo? ¿Te gusta, Kun?

—Me vuelve loco. Tanto que ya viene el nudo.

Yeehyeon se tapó la boca. Como siempre que eso se acercaba, abrió los ojos de par en par.

—¿Q-qué...? ¿Por qué tan rápido...? Es raro. Kun, espera. No, no... ya viene. ¿Por qué tan pronto?

Intentó huir, pero ni siquiera podía mover el cuerpo en esa posición.

Dentro de Yeehyeon, Liu se endureció aún más. Hinchó la base, llenándolo como si fuera a reventarlo, bloqueando la entrada. Era un nudo que sellaba su cuerpo desde dentro.

Satisfecho al quedar atrapado sin posibilidad de salir, Liu jadeó con una sonrisa torcida y mirada enloquecida.

—¿Entiendes, Seo Yeehyeon?

—Hng... sí... ah... Kun...

—Eso es lo que pasa cuando un omega en celo se encuentra con un alfa.

—¡Pero ese alfa ahora eres tú!

Yeehyeon le golpeó el hombro entre lágrimas. Liu le secó la mejilla con la palma, sin dejar de moverse.

—¿Soy igual que los otros?

—N-no. No eres igual.

Llorando, abrumado por el placer y el dolor, Yeehyeon negó con la cabeza.

—Yeehyeon, ¿no te gusta? ¿No te gusta un yo en rut?

—No... no me desagrada... pero... ahora ya no...

—Es duro sentir tanto, ¿verdad? Perdón.

El pene de Liu, vibrando por el nudo mientras castigaba su interior, también recibía un placer varias veces más intenso de lo habitual. Estaba a punto de vaciarse en ese agujero delicioso.

—Pero si no lo meto, te duele y te pica, ¿no?

—Duele. Duele, Kun. Haz que se pase ya. Para, por favor.

Yeehyeon estiró los brazos hacia él. Liu soltó sus rodillas y bajó el rostro. En cuanto acortaron la distancia, los besos de Yeehyeon llovieron sobre su cara.

—Eso... dame eso... Kun, dámelo.

—Ya lo tienes. Es el nudo. Estoy anudando.

No era eso. Yeehyeon negó una y otra vez con la cabeza.

—Entonces qué... ¿qué quieres? ¿Qué te doy, Yeehyeon?

—...Un bebé.

Liu apretó los dientes y chasqueó la lengua. Tensó la cintura. Solo con oír esa palabra casi se corría.

—De verdad tú...

—Yo... yo también lo sé.

—¿Qué sabes?

—Lo que la gente llama a esto que estamos haciendo.

—¿Y cómo le llaman?

—Sexo de embarazo.

A duras penas logró superar el segundo pico de la eyaculación.

Un omega en celo, y un alfa cuyo rut fue provocado por ese omega.

Un omega en celo y un alfa cuyo rut ha sido estimulado por ese omega. Si entran juntos en el periodo de celo y tienen relaciones sin tomar anticonceptivos, hay un cien por ciento de probabilidad de que el omega quede embarazado. ¿Quizás la excepción sea de apenas un 0.05%? Por eso, al sexo durante el celo se le llamaba vulgarmente "sexo de embarazo".

Liu, que había detenido un momento el movimiento de sus caderas, volvió a empujar con más fuerza la ingle.

—¿De quién escuchaste esa palabra?

—No me trates como a un niño.

—Es una mala palabra, de las que no se dicen delante de la gente. Solo puedes decirla conmigo, en la cama.

—¿Como 'Lenguaje vulgar'?

—...Sí.

A Liu, a quien ya apenas le quedaba una capa de racionalidad, Yeehyeon le besó los labios.

—No lo diré. No lo diré delante de los demás, así que...

La mano que rodeaba el cuello de Liu se deslizó hacia abajo y empezó a juguetear con el borde de su propia abertura, firmemente sellada por el nudo.

—Hagámoslo. Aquí, hazme sexo de embarazo en mi vientre, Kun.

Era el tercer punto crítico.

—¿Ahora resulta que, con la excusa de las feromonas, no hay nada que no puedas decir, eh?

Aunque hablaba como si estuviera reprendiéndolo, de Liu se escapaban feromonas a raudales. El pene anudado palpitaba con una velocidad demencial.

—Si quedas embarazado, se te agrandarán los pechos y se te saldrá la leche. ¿Qué piensas hacer entonces? Si hasta el celo te da vergüenza.

—Kun puede... chuparlos. Para que no se derrame... somos un matrimonio.

Voy a perder la cabeza. Murmurando eso, Liu rodeó la cintura de Yeehyeon con ambos brazos.

—Así de aterrador es el celo.

Sosteniendo con firmeza la espalda de Yeehyeon, Liu lo sacó del perchero y lo incorporó. Frente a frente, lo sentó sobre su rodilla y movió suavemente la cintura para estimular su punto sensible.

—Entonces llámame.

—Uuuh... q-qué... ah... ah...

—Dijiste que somos un matrimonio. Hazme saber que soy tu esposo.

De Yeehyeon brotaron feromonas de celo, embriagadoras. Sus ojos, empapados no de lágrimas sino de feromonas, se encontraron con los de Liu. Aferrándose a la cabeza de Liu, los labios de Yeehyeon se movieron.

—...Cariño.

Un escalofrío recorrió todo el cuerpo de Liu; el vello se le erizó.

Era una palabra que Yeehyeon casi nunca decía. Tenía que rogarle una y otra vez para escucharla, y aun así solo muy de vez en cuando, y entonces era feliz. Su miembro parecía derretirse dentro del vientre de Yeehyeon, tan bien se sentía que parecía que iba a deshacerse.

Esta vez, Liu no pudo aguantar la eyaculación. De abajo hacia arriba, de arriba hacia abajo, la sacudida del orgasmo recorrió su cuerpo una y otra vez.

Tengo que embarazarlo. Tengo que embarazarlo. La sangre que le recorría el cuerpo hervía solo con ese pensamiento. ¿Pensamiento? No, en ese momento no había pensamientos. Su pene era el dueño de Liu Weikun.

—¡Ah! ¡Kun! ¡Kun! V-voy... voy... Kun, Kun...

Casi al mismo tiempo, Yeehyeon también alcanzó el clímax. Mientras revolvía sin control el cabello de Liu al que abrazaba, movió las caderas sin darse cuenta.

El semen hirviente se derramó con tal fuerza que parecía dispuesto a embarazar incluso el cerebro de Yeehyeon. La eyaculación fue tan intensa que hasta las entrañas le quedaron entumecidas. Golpeó no solo la zona tri del omega, sino todos los órganos internos, como si fuera a abrirse paso por los vasos sanguíneos y extenderse por todo el cuerpo.

Ese era el rut del alfa, el rut de Liu Weikun.

Antes siquiera de que el nudo se deshiciera por completo, Yeehyeon sonrió con claridad, las mejillas manchadas de lágrimas.

—Tu primer rut, Awi, fue mío.

Era una sonrisa pura. Tanto que no parecía la de un omega en pleno celo, teniendo sexo de celo de manera frenética con su compañero.

Al ver esa sonrisa, el pecho de Liu se llenó de calor. No importaba el primer rut; quería dárselo todo. Podía dárselo todo. Cualquier cosa que Yeehyeon quisiera.

Acariciando la piel desnuda que iba de la espalda esbelta a las caderas, Liu alzó la vista hacia Yeehyeon.

—Te harás responsable, ¿verdad? De haber despertado mi rut.

—Mm...

—Aún no he terminado.

—No puede ser.

El rut era así de aterrador.

■■■

Después de que terminara otro nudo más, Yeehyeon se dejó caer, apoyando la mejilla sobre el hombro de Liu. Hasta que la base hinchada salió por completo, Liu lo sostuvo en brazos y le acarició la espalda.

—Mm...

Mientras retiraba lentamente su miembro, Yeehyeon tembló en sus brazos. Como siempre, en el instante en que se separaron, una gran cantidad de fluidos se derramó de golpe. Sin duda era más de lo habitual, ya fuera lubricación o semen de Liu.

Liu se incorporó cargando a Yeehyeon casi al hombro y caminó hacia la cama. Los brazos de Yeehyeon, flojos, colgaban y se balanceaban a ambos lados.

Tras acostarlo y darle agua, la mirada de Yeehyeon empezó a recuperar poco a poco el enfoque.

Cuando el agua se acabó, Liu fue al mini refrigerador por una botella nueva. Mientras desenroscaba la tapa de pie junto a la cama, Yeehyeon lo llamó con una voz áspera y seca.

—Kun.

—¿Sí?

—Eso...

La mirada de Yeehyeon se dirigía a la entrepierna de Liu.

—Se calmó. Es la primera vez que lo veo.

El pene de Liu nunca se marchitaba de forma natural después de eyacular. No importaba cuántas veces lo hiciera; a veces tardaba más de treinta minutos en volver a la normalidad. Y, sin embargo, ahora colgaba dócilmente hacia abajo. (Que no se le bajaba de forma natural*)

Solo después de cinco nudos había bajado la erección.

—Dijiste que era tu primer rut, ¿no?"

—Sí, era la primera vez.

—Supongo que la respuesta era el sexo de rut.

—¿La respuesta?"

—Tenía que llegar a este punto, estando en rut, para que se calmara.

Yeehyeon no podía apartar la mirada del pene de Liu. Al principio era solo curiosidad, pero pronto dejó de ser solo eso. De Yeehyeon comenzaron a brotar feromonas.

Inhalando ese aroma que no dejaba de surgir, Liu se acercó más a la cama, hasta que el colchón apilado rozó sus muslos. La mirada de Yeehyeon, que yacía exhausto, cambió.

Dándose la vuelta y quedando boca abajo, Yeehyeon se apoyó en los codos y se acercó a Liu. La distancia se redujo hasta que Liu podía sentir su aliento sobre el miembro. Incluso flácido, largo y pesado, Yeehyeon lo rodeó con los dedos. En cuanto lo tocó, el pene se estremeció y empezó a hincharse rápidamente.

Yeehyeon abrió la boca y tomó el glande.

Mm...

Liu cerró los ojos con languidez. Se acarició el pecho con amplitud y luego entrelazó los dedos en el cabello de Yeehyeon.

Mientras disfrutaba de las caricias y las feromonas de Yeehyeon, Liu notó de pronto el frasco de pastillas. Tomándolo de la cama, sujetó con suavidad el cabello de Yeehyeon y tiró hacia atrás.

—Yeehyeon.

—Mmh.

Yeehyeon, que ni siquiera había logrado tragar la mitad, apenas un tercio, y solo tenía el glande en la boca, alzó la mirada.

—Lo que tomé hoy no era un anticonceptivo.

La mirada de Yeehyeon, que estaba completamente relajada mientras chupaba el pene de Liu impregnado de feromonas, se sacudió con fuerza.

—Creo que me equivoqué de pastilla.

Yeehyeon escupió el glande que le llenaba la boca. Entre su lengua enrojecida y húmeda y el glande, el líquido preseminal se estiró en hilos. Liu lo limpió con el dorso de la mano.

Yeehyeon se incorporó y se quedó de rodillas frente a Liu.

—¿C-cómo... eso...? ¿Lo revisaste bien? No puede ser...

Yeehyeon se lanzó para arrebatarle el frasco, pero Liu lo rodeó por la cintura y lo atrajo contra su abdomen. Al perder el equilibrio, Yeehyeon cayó en sus brazos.

—¿Ves? Te sorprendiste.

—......

Yeehyeon, que lo miraba sin parpadear, frunció el ceño.

—¿Era una broma?

E intentó apartar los brazos de Liu.

—Eso demuestra que todavía no estamos listos para tener un bebé.

—No es eso, es que fue muy repentino y me asusté.

Pero Liu no lo soltó.

—Si de verdad estuvieras listo, no te habrías sorprendido así. Aunque mi anticonceptivo hubiera fallado, tú también tomaste el tuyo. ¿Era para tanto?

—No pensé en eso de inmediato, por eso.

Yeehyeon no se rindió fácilmente y siguió apretando la mano de Liu que rodeaba su cintura. Parecía realmente molesto.

Liu lo abrazó con ambos brazos, rodeándole la espalda y la cintura. Frotó los labios por su hombro desnudo, la nuca y cerca de la oreja, y con una voz cariñosa pidió perdón.

—No te enojes. No te enojes, cariño.

—...Es injusto.

Aunque su voz seguía algo áspera, Yeehyeon ya no intentó apartarse.

—Mm.

Liu apretó un poco más los brazos con los que lo abrazaba y le acarició con suavidad la parte de atrás de la cabeza. Luego sostuvo su rostro con ambas manos y besó su frente, el puente de la nariz y los labios. Con las frentes apoyadas una contra la otra, susurró:

—Nuestra luna de miel es solo para nosotros dos, y ocurre una sola vez en la vida.

—......

—No pasa nada si dura un poco más, ¿No?

■ ■ ■

Liu, que acababa de sacar a Yeehyeon de la bañera, le puso una bata y lo sentó frente al espejo del tocador.

Yeehyeon tenía un rostro somnoliento, como si fuera a quedarse dormido en cualquier momento. Con los párpados medio caídos, lo miró a través del espejo.

—Por un día podría dormirme sin secarme el cabello.

Liu, de pie detrás de él mientras preparaba el secador, respondió con firmeza:

—No. Hoy no te sientes bien y podrías resfriarte.

—Entonces me lo seco yo. Tú deberías ir primero a la galería.

—Ya envié un mensaje, está bien.

Yeehyeon intentó quitarle el secador, pero Liu estiró el brazo para que no pudiera alcanzarlo.

Al rendirse en la lucha por el secador, Yeehyeon agarró la cintura de la bata de Liu y alzó la vista hacia él.

—Está justo frente a la casa, solo mandar un mensaje se siente mal. Además, eres el director. Y mi noona seguro está preocupada.

Con el secador en la mano como si fuera un arma, Liu lo miró desde arriba. Había decidido no apartar la vista de Yeehyeon ni un segundo durante todo el día, pero sentía que su determinación flaqueaba.

Yeehyeon, recién bañado y con la bata suave y esponjosa, se aferraba a su cintura. ¿Cómo iba a desobedecerlo? Además, esa expresión tan suplicante, como si estuviera diciendo "por favor", no era algo que se viera a menudo.

Liu le acarició la mejilla con el pulgar y la pellizcó suavemente antes de decir:

—¿No se te ocurre que no solo Baek Yuni, sino también yo, me preocupo por ti?

El sexo que había comenzado ayer al anochecer continuó hasta el amanecer de hoy. Ambos quedaron completamente agotados y se quedaron dormidos tal como estaban. Era la primera vez que se dormían sin cambiar las sábanas ni trasladarse a la cama de invitados después de hacerlo. Incluso Liu, que confiaba en su resistencia, no pudo soportar el rut.

Abrió los ojos hacía poco, cuando ya había pasado con creces el mediodía.

Liu fue directo a llenar la bañera con agua caliente y, mientras se llenaba, buscó su teléfono. Había varios mensajes breves de Yuni.

[¿A qué hora calcula que llegará? Ya son las 11 y no ha venido.]

Como el horario de Liu no era fijo, era un mensaje que solían enviarle de rutina.

[Por la tarde vendrá el señor Kati. Dice que necesita cuadros nuevos para decorar el resort. ¿Estará aquí para entonces? Ya sabe que viene a ver al director. Le pedimos que venga a trabajar, ¿sí?]

El segundo mensaje, que llegó con un intervalo, sonaba bastante a amenaza. Pero no fue suficiente para separar a Liu de Yeehyeon, que acababa de pasar por su primer celo.

[Yeehyeon no se siente bien. Hoy probablemente no pueda ir a trabajar.]

Respondió solo eso y arrojó el teléfono a cualquier parte. Levantó a Yeehyeon, que estaba medio dormido y desorientado, lo metió en la bañera y, mientras tanto, cambió a toda prisa las sábanas. Después entró a la bañera y se lavaron juntos.

Hoy quería quedarse todo el día pegado a su pareja. Solo así sentía que podía estar tranquilo.

Pero Yeehyeon pensaba distinto.

—No me va a pasar nada por dejarme solo un rato.

—Ayer...

Ayer estuviste solo y casi pasa algo grave. —Liu cerró la boca antes de decirlo. Si eso se convertía en un trauma y asustaba a Yeehyeon, no sería bueno.

Al final, suspiró suavemente y declaró su rendición.

—Te seco el pelo y voy un momento.

—Kun.

—...Está bien. Toma, aquí. ¿Así está bien?

La amenaza de Baek Yuni no funcionó, pero con Yeehyeon no pudo. Al final, Liu le entregó el secador. Con cara de pocos amigos, se alejó del espejo y caminó hacia el vestidor, quitándose la bata.

—Pero come algo. Come y luego duerme, ¿sí?

—Ahora dormir es más urgente que comer. Tengo muchísimo sueño.

Liu lanzó la bata al cesto de la ropa sucia y buscó unos bóxers en el cajón. Se puso la ropa interior y los pantalones, y luego eligió una camiseta cualquiera, a lo que saliera.

—¿Ni cereal puedes comer?

—Más tarde.

—Te lo llevo a la cama.

Estiró el cuello esperando una respuesta y miró hacia el tocador. Yeehyeon, que lo estaba mirando, negó con la cabeza.

—Lo siento. No tengo nada de apetito.

Liu llevaba unos pantalones de estar en casa, finos y cómodos, de cachemira que no apretaban el cuerpo. Luego se pasó la camiseta por la cabeza. El torso entrenado, lleno de músculos marcados, quedó oculto en un instante desde los hombros al pecho y el abdomen. Aun así, al ser ropa cómoda tanto arriba como abajo, no lograba esconder del todo la silueta sensual de su cuerpo.

Al dejar el secador sobre el estante de enfrente, la mirada de Yeehyeon recorrió lentamente la alta figura de Liu. Aunque no se veía de forma directa, la ropa que seguía las líneas del cuerpo lo hacía incluso más evidente. Bajo la tela, cualquiera podía imaginar con claridad ese cuerpo musculoso y hermoso. Al menos, eso pensó Yeehyeon.

Liu volvió detrás de él, se inclinó y rodeó los hombros de su pareja.

—¿Te preparo panqueques? También puedo hacer gachas de huevo enseguida.

—Todo lo que haces me gusta, Kun, pero después de dormir. Comeré cuando me despierte.

Panqueques, gachas de huevo. Eran comidas que Liu le había preparado muchas veces desde antes.

Yeehyeon acarició el brazo que lo rodeaba y, en el espejo, cruzó la mirada con él. Liu le rozó la mejilla con los labios y dijo:

—Desde ayer al mediodía no has comido nada.

—Awi, tú tampoco.

—Yo ya voy a comer.

—Sabes que después del celo lo primero es dormir. El sueño me cae encima, no puedo hacer nada.

Era cierto. Tras terminar el celo, los omegas sienten una necesidad temporal y fuerte de dormir para recuperar energías. Los que pasan celo de tres o cuatro días a veces duermen de forma casi continua un tiempo equivalente al del celo. El apetito voraz llega después de despertar.

Sin embargo, en un celo normal no desaparecería así, en solo una noche. Ese punto no dejaba de inquietar a Liu.

—Pero...

—¿Mm?

Liu, que se había quedado pensando, volvió a mirarlo en el espejo al oír la voz de Yeehyeon.

—¿Así te vas a ir a la galería?

—Es solo un rato. Es la hora del almuerzo, no habrá clientes.

—La ropa es demasiado... ¿no es muy provocativa?

Fue tan inesperado que Liu abrió los ojos sin darse cuenta y luego estalló en una risa divertida.

—¿Qué? Creo que escuché mal, señor Seo Yeehyeon.

Era la primera vez que Yeehyeon hacía un comentario así sobre su forma de vestir. Liu había pensado que solo le estaba señalando que ir a la galería con ropa demasiado cómoda no era apropiado... pero esa interferencia, ese sentido de posesión y exclusividad, lo hicieron sentir increíblemente bien.

En cambio, Yeehyeon se sintió incómodo al darse cuenta de que había dejado ver sus sentimientos. Pero ya no podía retractarse. Aunque Liu lo molestara, no pensaba dar marcha atrás.

De verdad no podía permitir que saliera de casa vestido así. Aunque sabía, racionalmente, que no era algo de permitir o no, incluso entre esposos... lo sabía, pero aun así...

—Se te marca todo el cuerpo.

—Nunca habías dicho algo así.

—Esa ropa no va. Es demasiado delgada.

—¿Te molesta que la gente vea mi cuerpo? ¿Aunque esté vestido?

—......

Yeehyeon apretó los labios con fuerza. Observó en silencio el rostro de Liu, que sonreía ampliamente reflejado en el espejo. Incluso con el labio inferior hinchado, su compañero era excesivamente apuesto.

Dudó un momento entre decir la verdad o no, pero decidió ser honesto.

—No me gusta que a Kun, quien estuvo en su rut conmigo hasta hace unas horas, lo vean.

En el espejo, Liu puso una expresión como si fuera a derretirse. El brazo que rodeaba a Yeehyeon se apretó aún más contra su cuerpo. Su rostro parecía el de alguien que acabara de escuchar una confesión de amor romántica; estaba como soñando.

—Ah... esto de verdad me hace tan feliz.

Hundió los labios en la mejilla de Yeehyeon y lo besó haciendo un sonido claro.

—Me cambiaré.

Sin discutir, regresó al vestidor y empezó a quitarse la ropa de arriba sin miramientos. Su espalda, que había abrazado, levantado y movido sin descanso las caderas de Yeehyeon durante toda la noche, parecía más tensa que de costumbre. Los deltoides en los hombros, los trapecios alrededor de la columna y los dorsales que se extendían hasta la cintura tenían ese día una forma más marcada y voluminosa.

Aunque le daba un poco de vergüenza mostrar tan abiertamente sus sentimientos, Yeehyeon pensó que había hecho bien en decirlo. Si Liu podía poner una expresión tan feliz, tal vez no sería mala idea decir cosas así más seguido.

—¿Qué tal este? ¿Está bien?

Liu volvió enseguida, ya cambiado, y abrió los brazos como esperando aprobación. Llevaba jeans y una camiseta tipo polo. Yeehyeon asintió con la cabeza.

—Míralo bien. ¿No se me pegan demasiado los hombros o el pecho? ¿Eh?

—No te burles.

Yeehyeon sintió que se le calentaba la cara. Tomó el secador y apartó la mirada de Liu. Sonriendo, Liu se acercó, se inclinó y volvió a abrazar con fuerza los hombros de Yeehyeon.

—Sécalo bien, con cuidado. Como cuando lo hago yo.

Tras besarle el cabello mojado, Liu tomó su teléfono y salió del dormitorio. El rubor del rostro de Yeehyeon tardó un buen rato en volver a la normalidad.

■ ■ ■

La luz del sol era tan intensa que parecía punzar. Liu tuvo que detenerse un momento en los escalones frente a la puerta de entrada.

Mientras esperaba a que sus pupilas se adaptaran a la claridad, contempló de nuevo el paisaje cotidiano que veía todos los días.

El mundo era luminoso, claro y normal.

El viento formaba suaves ondulaciones en la superficie de la piscina, y las hojas del árbol de frangipani que Yeehyeon cuidaba con tanto esmero se rozaban entre sí, susurrando. Coches y motocicletas pasaban de vez en cuando por la carretera frente a la galería, y no muy lejos un grupo de niños charlaba alegremente en balinés.

Incluso cuando tuvo su primera experiencia había sido impasible, pero ahora, después de haber pasado su primer rut con Yeehyeon, el mundo se veía diferente.

Se sentía aún más cercano a él. Incluso en ese momento, separados, era como si el tacto de Yeehyeon siguiera envolviéndolo.

El primer rut había sido mucho más intenso de lo que había aprendido en teoría. Solo con recordar a Yeehyeon, que lo había deseado sin descanso hasta llorar de agotamiento, sentía cómo un calor punzante amenazaba con acumularse de nuevo en la parte baja de su cuerpo.

Ese feromona que tanto había detestado.

Ese rut que tanto había querido evitar, y que de hecho había evitado.

Pero el rut con su pareja amada no fue repugnante ni animal como Liu siempre había temido.

Incluso se sintió como si se hubieran convertido en verdaderos esposos. Como matrimonio alfa y omega, se habían mostrado, compartido y aceptado mutuamente incluso las partes más primarias, aquellas que no querían ni debían mostrar a nadie más.

Aun así, quedaban cosas que no lograba entender.

La probabilidad de que un omega que tomaba inhibidores sin faltar un solo día entrara en celo era prácticamente cero. El inhibidor que tomaba Yeehyeon no era barato. Incluso le habían dado un inhibidor sharp después de que el celo estallara, pero tampoco sirvió de nada. Lo mismo ocurrió con el inhibidor que el propio Liu había ingerido.

Y había algo más.

Nunca había oído que un rut, una vez iniciado, terminara en una sola noche.

Después de despertar, el cuerpo de Liu no era diferente al de siempre. Con Yeehyeon pasaba lo mismo. Estaban cansados por el sexo, pero los síntomas del celo y las feromonas habían desaparecido por completo.

¿Qué había sido eso? ¿Qué fue exactamente lo de anoche?

¿Podía llamarse celo y rut?

Por el momento, no tenía una respuesta clara. Tras quedarse un rato absorto contemplando el jardín pacífico, Liu se dio la vuelta y bajó rápidamente las escaleras.

En lugar de pasar por la puerta principal, cruzó frente al atelier de Yeehyeon y entró a la galería por la puerta trasera. Era la hora del almuerzo, así que la entrada principal estaba cerrada, y Yuni y Michelle estaban comiendo en el lounge de atrás.

En cuanto Yuni vio a Liu entrar en la habitación, dejó el sándwich de bagel que estaba comiendo sobre el plato y se levantó de un salto, acercándose a paso rápido.

—¿Y Yeehyeon? ¿Cómo está?

—Aún no está bien.

—¿Tan mal está? Él casi no se resfría... e... espera... ¿qué le pasó a sus labios, jefe?

El rostro de Yuni, que se había acercado a Liu, se llenó de espanto. Liu se tocó los labios con la punta de los dedos y giró el cuerpo para esquivarla.

—No es nada.

—¡¿Cómo que no es nada?! Los tiene todos deformados. ¿Se peleó con alguien? ¡Michelle, mira esto!

—Está bien. Come, Michelle. Ella se asusta porque no sabe manejar bien verme herido.

Liu le habló a Michelle en coreano. Su dominio del idioma había mejorado tanto que ese nivel de comunicación no le resultaba ningún problema.

Aun así, pese a sus intentos por tranquilizarlas, Michelle terminó levantándose también. Acercándose mientras se secaba las manos con un pañuelo, observó a Liu desde detrás de la exageradamente alarmada Yuni y añadió:

—Pero sí que llama bastante la atención.

—¿Verdad? ¿De verdad se peleó a puñetazos con alguien, jefe?

—¿Pelearme con quién? ¿Crees que soy alguien que anda usando los puños?

—Si alguien se metiera con Yeehyeon, usted perfectamente podría hacerlo.

—......

A eso no podía refutarlo. Liu alzó las cejas y se encogió de hombros, dando a entender que estaba de acuerdo. Luego se acercó al espejo colgado en la pared para mirarse.

—¿Está tan mal?

—Ahora mismo solo se ve el labio.

—Es la hinchazón lo que lo hace parecer peor. Casi no duele.

—¿Cómo te hiciste eso en el labio?

Liu miró a Yuni por encima del hombro a través del espejo y, empujando el interior de la mejilla con la lengua, respondió:

—Me mordí.

—¿Yeehyeon lo hizo?

Yuni preguntó de inmediato, como si le resultara mucho más natural pensar que había sido su pareja quien lo mordió antes que imaginar a Liu mordiéndose a sí mismo. Liu soltó una pequeña risa sin poder evitarlo. Le gustaba esa conclusión.

—No está tan lejos de la verdad. Dejémoslo así.

Girándose del espejo, Liu intentó regresar al dormitorio donde estaba Yeehyeon.

—En fin, hoy voy a descansar. No hay nada urgente, ¿no?

—¿Yeehyeon está tan enfermo?

La preocupación por Yeehyeon, que había quedado momentáneamente olvidada por culpa del labio de Liu, volvió a aflorar en Yuni.

—No es que le duela algo en específico. Pero tiene algo de fiebre y no se siente bien.

Michelle sacó una pequeña botella de jugo de mango del refrigerador y se la entregó a Liu. Mientras destapaba la botella, tuvo que escuchar otra deducción más de Yuni.

—Ni siquiera fue al atelier. Entonces sí debe estar bastante mal. Él no es de los que dejan de trabajar solo por sentirse un poco mal, y el jefe... lo sabe... muy bien...

Como antes, la voz de Yuni se fue alargando hasta apagarse. Con los ojos entrecerrados y una sonrisa indescifrable, miró a Liu y asintió.

—Ah....

—¿Y ese "ah" qué significa? Suena como si me estuvieras criticando.

—No lo critico. Solo digo que tiene sentido.

—¿Qué cosa?

—La razón por la que Yeehyeon hoy "no se siente bien".

Con una expresión de "me preocupé para nada", Yuni regresó a la mesa del almuerzo y se dejó caer en el sofá. En ese tiempo, Liu ya se había bebido la mitad del jugo de mango.

—Si Yeehyeon está tan mal como para no ir al atelier, no hay forma de que usted esté tranquilo como yo. Yo normalmente no soy así, solo tardé un poco en darme cuenta.

—A veces estaría bien tener la sutileza de dejar pasar las cosas.

—¿Por qué? Si lo hago a propósito. Porque es divertido.

Dijo Yuni con una sonrisa, retomando el bagel sándwich que había dejado en el plato.

—Mañana también voy a molestar a Seo Yeehyeon.

A Liu le pareció ver dos pequeños cuernos sobresaliendo de la cabeza de ella.

—No lo hagas.

—Es sobreprotección, ¿lo sabe?

—Si sigues burlándote así, Yeehyeon se va a cohibir más en la cama.

Tras decir eso, llevó la botella de jugo a los labios.

Yuni frunció el ceño profundamente, dejó caer de nuevo el sándwich sobre el plato y se tapó las orejas con ambas manos, negando con la cabeza.

—¡Aaah! ¡No diga esas cosas! Para mí, Seo Yeehyeon sigue siendo solo una abejita. ¡No lo manchen!

De pronto dejó de sacudir la cabeza y miró a Liu con una expresión incrédula.

—Pero, si el que está mal es Yeehyeon, ¿por qué usted también va a descansar? ¿No vio mi mensaje?

—Tengo que estar a su lado.

—Al menos quédese cuando venga el señor Carty. Si usted no está, él ni siquiera muestra interés por las pinturas.

—No hace falta venderlas a ese extremo. Las obras de nuestros artistas serán reconocidas tarde o temprano, y entonces él lamentará no haber tenido buen ojo.

—Sí, bueno. Si esa es la política de gestión del jefe... entonces yo también atenderé con dignidad.

Yuni tenía un fuerte espíritu competitivo desde nacimiento y, desde la época de Phantom en Seúl, siempre había sido muy ambiciosa con las ventas. Aun así, parecía haber cambiado bastante tras pasar por la organización sin fines de lucro "The Hands". Seguramente influyó el haber tratado durante tanto tiempo con pintores que valoraban sinceramente la obra en sí más que la fama.

Al ver a Yuni renunciar tan dócilmente a las ventas, Liu sonrió en silencio y dejó la botella de vidrio ya vacía sobre la mesa.

—Entonces, ¿ya puedo irme? Mantendré el teléfono encendido, así que llámenme si surge algo realmente urgente.

—¡Ah, jefe! Llegó la muestra de las gorras.

—¿Tan rápido? Dijeron que tardaría unos días más.

Liu, que estaba a punto de salir del lounge, se detuvo y se dio la vuelta. Michelle salió de la oficina contigua con una gorra en la mano.

Era un producto creado para regalar a los amigos que ayudaban en la galería y a los artistas afiliados, y también para usarlo como material promocional en la feria de arte de Hong Kong del mes siguiente.

—Salió mejor de lo que esperaba. Llévesela y enséñesela a Yeehyeon. Seguro tendrá curiosidad.

—Lo haré.

Cuando Michelle le entregó la gorra, esta vez fue Yuni quien se acercó con una pequeña caja de papel.

—Y esto también.

Dentro del envoltorio transparente de la tapa se veía un pastel de zanahoria de Omia.

—Compré los bagel sándwiches en Omia, y ya que estaba... A Yeehyeon le gusta, ¿no?

—Gracias. Le va a encantar.

—Aunque cuando el jefe lo dice con ese aire de "yo agradezco en nombre de mi esposo, porque somos uno solo", resulta un poco antipático.

Con la siempre torcida Baek Yuni y la ya completamente confiable Michelle formando un equipo sólido, Liu dejó la galería en sus manos y salió del lounge.

Sus pasos hacia casa se aceleraban sin querer. Le preocupaba que, mientras estuvo solo, Yeehyeon hubiera desarrollado algún otro síntoma. Parecía que el trauma no se lo había llevado Yeehyeon, sino él mismo.

Apenas entró al recibidor, se dirigió directo al dormitorio.

Yeehyeon, con el cabello ya seco y vestido con pijama, acababa de meterse bajo las mantas. Liu, de pie sujetando el picaporte, dejó escapar un suspiro de alivio sin que él lo notara.

—¿Estaba mi noona preocupada por mí?

—Dijo que si ni siquiera fuiste al atelier, entonces debiste estar bastante mal.

Frente a la cama, el lado derecho, más cerca de la ventana, era el lugar de Yeehyeon; el izquierdo, más cercano al baño y a la puerta, era el de Liu. Yeehyeon se sentó de su lado y miró a Liu con expresión preocupada.

—Kun, ¿no dijo nada sobre lo del celo o el rut, verdad?

—No. No lo dije, pero... estaba suponiendo que te sentías mal por mi culpa.

Aunque el aire acondicionado mantenía una temperatura agradable, durante el corto trayecto desde la galería hasta casa el calor se le había subido al cuerpo. Liu dejó el pastel y la gorra sobre el sofá y se quitó la camiseta tipo piqué.

—¿Por tu culpa?

—Que te enfermaste porque te estuve molestando demasiado.

—Ah....

Yeehyeon comprendió el sentido de las palabras un poco tarde, desvió la mirada con incomodidad y, jugueteando sin motivo con la manta, cambió de tema.

—Pero... ¿qué es esa gorra?

—Ah, la que mandé a hacer. Dicen que ya salió la muestra.

—¿Ya? Pensé que tardaría unos días más. ¿Puedo verla?

El rostro cansado y somnoliento de Yeehyeon se iluminó. Liu colgó la camiseta en el respaldo del sofá, tomó la gorra y se acercó a él.

—Me preocupaba que no saliera bien el color, pero quedó bonita, ¿no?

Yeehyeon sonrió mientras giraba la gorra color azul cobalto entre sus manos.

Bajo el bordado de un adorable fantasma, como cubierto por una gran sábana blanca, estaba grabado el nombre de la galería: The Phantom Bali. El nombre de la nueva galería que habían fundado allí también era Phantom. Phantom Bali.

Liu se sentó en el borde de la cama. Al ver a Yeehyeon revisar la gorra con tanto entusiasmo, su inquietud se fue disipando y una sonrisa apareció en sus labios aún hinchados. Extendió la mano y acomodó el cabello de su pareja, con una caricia más afectuosa de lo habitual.

—Te secaste bien el pelo. Qué buen chico.

—No debería tratar a su cónyuge como a un bebé.

—No es porque seas frágil, sino porque eres la persona que amo.

—.......

—Incluso cuando seamos abuelos, pienso tratarte así. Así que Seo Yeehyeon tendrá que aceptarlo.

Con una voz afectuosa, declaró algo completamente firme. Yeehyeon negó con la cabeza, como si no hubiera remedio, pero la sonrisa que se le acumulaba en el rostro era suave.

A los pocos meses de haberse mudado allí, cualquiera que frecuentara la galería ya lo sabía: que el dueño, Liu Weikun, era infinitamente débil cuando se trataba de su cónyuge, Seo Yeehyeon. Incluso Leo, que apenas tenía seis años, lo sabía.

Pero por mucho que se lo pidiera Yeehyeon, Liu no podía ceder en algo: cuidar de su pareja, preocuparse por él, ponerlo siempre como prioridad y sobreprotegerlo. Incluso si esa pareja ya era una persona lo bastante capaz y diligente como para no necesitar tales cuidados.

La mano de Liu se deslizó del cabello de Yeehyeon hasta su mejilla. Con cuidado, le preguntó:

—Supongo que ahora no podemos ir al hospital, ¿verdad?

—No puedo ni moverme. De verdad...

—¿De verdad?

—No... no es nada.

Yeehyeon negó la cabeza un par de veces, como si hubiera ido a decir algo y se hubiera detenido.

—¿Qué pasa? ¿Qué es?

—No es algo como para que pongas esa cara de preocupación.

—Si no es eso, entonces dímelo. Sabes que si no, me preocupo aún más.

—Te lo diré si prometes no hacer bromas raras.

—¿Bromas raras? Más bien te refieres a bromas subidas de tono, ¿no?

—¿Las vas a hacer?

Yeehyeon lo miró con fuerza en los ojos, casi como una amenaza. Liu levantó las manos en señal de rendición.

—No las haré. Así que dime.

Incluso después de obtener su promesa, Yeehyeon dudó un poco más. Se mordisqueó el labio inferior y luego rodeó la nuca de Liu, acercando su rostro.

—¿Es algo que requiere un susurro, cuando estamos solos?

preguntó Liu con extrañeza, pero Yeehyeon lo ignoró y lo atrajo aún más. Pegó los labios a su oreja perfumada, todavía con el aroma de la ducha reciente.

—Está tan adolorido que hasta me pregunto si así se sentirá después de dar a luz a un bebé.

«......»

Liu no pudo decir nada. Solo lo miró fijamente. Yeehyeon desvió la mirada, se encogió de hombros y volvió a tomar la gorra. Algo avergonzado, dijo sin mirarlo de frente:

—Recuerdas que prometiste no hacer bromas raras, ¿no?

—Justamente ahora me estoy arrepintiendo con todas mis fuerzas.

Al ver a Liu murmurar eso con expresión seria y ausente, Yeehyeon estalló en risa. Luego, sin pensarlo mucho, colocó la gorra sobre la cabeza de Liu. Fue un gesto casual, sin mayor intención.

Pero la mirada de Yeehyeon al observarlo cambió. La sonrisa desapareció y en sus ojos apareció una curiosidad seria. Como si estuviera examinando detenidamente a un hombre que veía por primera vez. Esa mirada puso nervioso a Liu.

—¿Qué pasa? ¿Se ve raro?

—Es que... llevamos bastante tiempo juntos, pero es la primera vez que te veo con una gorra así, Kun.

—Ni siquiera en la adolescencia solía usarlas. Este tipo de gorras.

Aunque ya estaban casados, a Liu le resultaba incómodo estar mostrándole algo nuevo de sí mismo.

Precisamente por eso, para Yeehyeon, ese aspecto le resultó fresco.

Con jeans, el torso desnudo y una gorra de béisbol, Liu se salía por completo de la imagen habitual que Yeehyeon tenía de Liu Weikun.

Su cuello largo y robusto, los deltoides redondeados al final de los hombros, el pecho ancho, el cabello sobresaliendo desordenadamente bajo la gorra, los ojos gris azulados ocultos bajo la profunda visera y el puente de la nariz alto y firme que proyectaba una sombra marcada.

Incluso en ropa casual, Liu prefería materiales de alta calidad y diseños elegantes y simples. Su entorno de crianza y su profesión habían moldeado ese gusto. A veces vestía jeans con una chaqueta de cuero, pero aun entonces no usaba gorras.

Sin embargo, así como estaba ahora, parecía un joven surfista paseando sin camiseta por la playa de Kuta, en Bali.

Yeehyeon observó atentamente a su pareja.

—De ahora en adelante, no la uses delante de otras personas.

—Es que este tipo de estilo casual no me queda muy bien.

Liu levantó la visera, dispuesto a quitarse la gorra, pero Yeehyeon lo detuvo. Se estaba equivocando por completo. Sujetándole la muñeca y bajándole la mano, Yeehyeon no pudo apartar la mirada de él con la gorra puesta.

—No lo dices en serio, ¿verdad?

—¿No me dijiste que no la usara porque no me queda bien?

—Es todo lo contrario.

—No creo que me quede bien.

—Te ves increíble. Tanto que... quisiera que solo yo pudiera verte así.

Había reunido valor para decirlo, pero Liu sonrió con incredulidad, como si pensara que solo era un halago de compromiso.

Desde niño, Liu ya atraía la atención y el afecto de los demás solo con su apariencia. Yeehyeon sabía, por lo que Marcus y Ellen le habían contado, lo popular que había sido. Y eso seguía siendo así. Bastaba con que Liu entrara en algún lugar para atraer miradas y admiración. No importaba si eran descaradas o discretas; nadie lo veía sin inmutarse.

Aun así, dudaba del cumplido de Yeehyeon.

Yeehyeon le tomó suavemente el mentón y lo obligó a mirarlo. Lo primero que llamó su atención fue el labio inferior, torcido y notablemente hinchado.

La huella de la noche anterior, cuando Liu había reprimido su propio rut para no "poseer" a Yeehyeon. Por eso esa herida era especial para él. Sabía, al menos en teoría, lo cerca de lo imposible que era resistirse a un rut ya desatado. Por eso, esos labios le parecían la prueba misma del amor de Liu.

El pulgar de Yeehyeon rozó con cuidado la piel bajo los labios.

—Incluso con los labios así de hinchados, te ves guapo.

—¿No parezco un buscapleitos?

—También se le puede llamar atractivo salvaje.

—Yuni me preguntó apenas me vio si me había peleado.

Ante un hombre tan atractivo que "guapo" era casi un simple hecho, y que aun así no aceptaba el cumplido, Yeehyeon sintió que debía asumir cierta responsabilidad.

—¿No expreso suficiente lo que siento?

—¿Expresar qué?

—Siempre lo pienso. Que de verdad conseguí a un esposo increíble.

Apoyando una mano sobre el colchón, Liu inclinó la cabeza hacia el hombro y sonrió levemente.

—Hoy estás especialmente generoso con los halagos.

—Te lo diré más seguido. Lo increíblemente guapo, atractivo y sexy que eres.

Esta vez, Liu extendió la mano y tocó la oreja de Yeehyeon.

—Tú no lo sabes.

—¿El qué?

—Lo seguido que tus ojos me lo dicen cuando me miras.

—Menos mal.

El rostro de Liu, con la gorra calada, se acercó. Inclinó la cabeza para que la visera no estorbara y atrapó el labio superior de Yeehyeon como si fuera crema, para luego soltarlo. Con su gran mano, le masajeó suavemente la nuca y susurró:

—Tienes los ojos llenos de sueño. Duerme ya.

—Tengo que trabajar...

—Trabajas con constancia todos los días. Cuando no te sientes bien, tienes que descansar.

Quitándose la gorra, Liu empujó suavemente a Yeehyeon hasta recostarlo. Le acomodó la almohada, lo cubrió con la manta y se inclinó para darle un beso. Cuando estaba a punto de alejarse de la cama, Yeehyeon lo llamó una vez más.

—Kun.

—¿Mm?

—Luego...

«......»

—Hazlo... con la gorra puesta.

Liu, que lo miraba desde arriba, se pasó la mano por la parte inferior del rostro. Al bajarla, una sonrisa lasciva se dibujaba en sus labios.

—¿Qué cosa? ¿Qué quieres que haga?

—Eso que a ti te gusta hacer.

—¿Ahora?

—Ahora no. Acabamos de pasar el celo.

Asomando solo el rostro por encima de la manta, Yeehyeon cerró los ojos.

Después de lanzar una frase capaz de despertar ese ánimo, cayó dormido en un instante. Al mirar a su irresponsable pareja, el rostro de Liu se llenó de una injusta queja... que no duró mucho. Su pareja, con quien había compartido su primer celo la noche anterior, era varias veces más adorable de lo habitual.

■ ■ ■

Tras confirmar que Yeehyeon dormía profundamente, Liu se ocupó a grandes rasgos de los rastros de la noche anterior. Recogió la enorme cantidad de toallas y la ropa tirada por el suelo y las metió en el cesto de la ropa sucia antes de salir del dormitorio.

Había cinco toallas de lavabo y ocho de ducha. Aquellas toallas y las prendas empapadas con el fluido de Yeehyeon no podían enviarse a la lavandería. De todos modos, ya había avisado a la empleada doméstica para que descansara ese día.

Al entrar en la lavandería, Liu tomó primero la camiseta de Yeehyeon que se había quitado al revés. Como había chupado la zona de los pezones, solo esa parte de la tela estaba deformada y estirada.

—Esta... ya no se puede usar.

Si Yeehyeon hubiera estado allí, se habría avergonzado y se la habría arrebatado enseguida. Con esa idea en mente, Liu esbozó una sonrisa y lanzó la camiseta dentro de la lavadora.

Una camiseta de rayas azules y blancas.

Minquière 18 de Saint James.

Yeehyeon tenía casi todos los modelos de esa marca, varios de cada color. Y últimamente usaba este modelo con más frecuencia. En especial, ese color.

La que llevaba la noche anterior, la que llevaba el día que se mudaron a Bali, la que llevaba la mañana siguiente a la boda, la que más se ponía durante los recorridos por museos... pensándolo bien, todas eran esa camiseta.

Rayas vivaces en azul y blanco. Un grosor que se mecía con gusto cuando soplaba el viento. Las mangas, siempre dobladas dos veces con amplitud para no estorbar al trabajar.

Le gustaba ver a Yeehyeon con esa camiseta y unos jeans.

Yeehyeon en el atelier, con un delantal encima, sosteniendo el pincel y la paleta; Yeehyeon cuidando los árboles del jardín descalzo sobre el césped; Yeehyeon al borde de la piscina, sacando las hojas flotantes con una larga red. Y, por supuesto, Yeehyeon desordenado en su dormitorio, como la noche anterior, con esa camiseta puesta.

Amaba a Yeehyeon en todos esos momentos.

Y agradecía poder mirarlo desde el lugar más cercano, con la condición de compañero.

Aun así, había instantes en que le resultaba increíble.

Que se hubiera casado con Yeehyeon, que vivieran juntos en la misma casa y compartieran el mismo dormitorio, que ya no tuvieran que estar separados entre París y Seúl.

En esos momentos, Liu tenía que detener las manos un instante y respirar hondo para poder asimilar esa enorme felicidad.

Mientras empujaba dentro de la lavadora los jeans de Yeehyeon, todavía húmedos con restos de su fluido, Liu pensó:

¿Había sido correcto dejar que Yeehyeon quedara embarazado tan joven como ahora?

Claro que no significaba que no respetara su voluntad. Yeehyeon era un pintor profesional ya establecido y, como compañero, un adulto digno de respeto y consideración. Tal como había dicho SeoYeehan, también era lo bastante fuerte como para decidir por sí mismo qué era lo mejor para él.

Le vino a la mente la dulce expresión y la voz de Yeehyeon pidiendo un bebé la noche anterior.

¿Habían sido palabras obscenas dichas bajo los efectos del celo, o eran su verdadero deseo?

Y aun si fuera su verdadero deseo, ¿el hecho de tener un hijo ahora, solo porque Yeehyeon lo quería, era realmente lo mejor para él?

Liu echó detergente en la entrada y seleccionó el modo de lavado. Con un zumbido suave, la lavadora empezó a funcionar. Apoyado contra la pared de enfrente, con los brazos cruzados, volvió a hundirse en sus pensamientos.

Después de llegar a Bali, tenían alrededor de un mes de margen antes de la apertura de la galería. Durante ese tiempo, disfrutaron plenamente de la luna de miel. Hubo muchos días en los que no pusieron un pie fuera de casa y se pasaron el día rodando sobre la cama. En esos días, toda la casa se llenaba del olor a feromonas.

Liberaban feromonas sin ningún reparo y aspiraban las del otro. Anudaban y hacian el "Changing" sin medida.

Cuando se mudaron a Bali, el progreso de la manifestación de Yeehyeon apenas superaba el 80 %, pero en ese mes la completó por completo. Como el propio Liu admitía, era la prueba de que habían tenido "sexo con feromonas de manera desmedida".

Tanto la tri-zone, equivalente al útero del omega, como la omega road que conducía a ella, se desarrollaron con normalidad. El Yeehyeon actual era un omega plenamente maduro. Si no se hubiera atiborrado de anticonceptivos, con el sexo del celo de la noche anterior sin duda habría quedado embarazado.

Liu se pasó la mano grande por todo el rostro, como si se lo estrujara.

El embarazo y el parto recaerían en Yeehyeon. Por eso mismo, aun cuando él lo deseara, Liu no podía aceptar de inmediato.

En cualquier caso, ese asunto quedaba para después. Ahora había algo más urgente que debía confirmar.

Liu, que miraba en silencio la ropa dando vueltas dentro del tambor, de pronto se despegó de la pared como quien ya ha tomado una decisión. Sacó el teléfono del bolsillo del jean y se dirigió a la cocina.

En horario de Bali eran las 10:30 de la mañana.

En Boston, exactamente doce horas después, serían las 10:30 de la noche. Con una cerveza en la mano, Liu se sentó frente a la mesa y realizó la llamada.

—¡Pero miren quién llama!—

respondió de inmediato Marcus con voz jovial.

—¿Ha estado bien? Lo llamo porque aún no es hora de dormir —dijo Liu—.

—No es hora de dormir. Estoy tomando algo con Ellen. ¿Qué pasa, le ocurrió algo a Yeehyeon?—

preguntó Marcus en tono burlón. Bastaba con que Liu notara el menor síntoma extraño en Yeehyeon para que llamara enseguida a Marcus. Él solía bromear diciendo que Liu parecía un padre sobreprotector que corre al pediatra por cualquier cosa.

Pero esta vez Liu ni siquiera tuvo margen para sonreír con incomodidad. Raspó la superficie de la botella con el pulgar y se mordió el labio inferior una y otra vez. De la herida aún emanaba un olor metálico a sangre.

—Ayer, Yeehyeon... tuvo un celo.

—¡Imposible!—

exclamó Marcus, casi como un lamento, y parecía haberse levantado de un salto.

—No habrá olvidado tomar los inhibidores.

—No faltó ni un solo día. Ayer tampoco.

—¿De verdad fue un celo?

—Sin duda lo fue.

—¿Cómo puedes estar tan seguro? Tal vez fue otra cosa...

—Porque estimuló mi rut.

—Ah... ya veo...—

Marcus dejó escapar un sonido parecido a un gemido y por un momento no pudo continuar. Esta vez se percibió como si se dejara caer sin fuerzas en algún lugar.

Después de escuchar de Liu la serie de síntomas, Marcus parecía aún más incrédulo.

—Un celo no puede terminar así de forma tan puntual. Tú lo sabes bien.

—Si no fue un celo, entonces ¿qué fue?—

—......

Marcus no respondió de inmediato. Solo tras un largo silencio dio su opinión con tono serio.

—Habrá sido algo propio del Diamond Dust que se activó únicamente para ti, que eres un ghost.

Liu no tuvo más remedio que pensar lo mismo.

—¿Anticoncepción?

—Tanto Yeehyeon como yo tomamos medicación. Yo aumenté la dosis habitual y, por si acaso, también se la di a él después.

—Bien, hiciste lo correcto. Con eso reaccionaron bien. ¿Y Yeehyeon? Debió ser su primer celo. Se habrá asustado mucho. Y además no fueron síntomas comunes...

Liu dio tres o cuatro sorbos a la cerveza. En realidad, quien estaba más confundido por ese celo y rut de origen desconocido no era Yeehyeon, sino él mismo. Igual que en los primeros tiempos, cuando había percibido en el beta Yeehyeon unas feromonas tan poderosas que no podía resistir.

—Al principio estaba algo confundido... pero ahora está bien. Se tranquilizó. Está durmiendo.

—Me alegra. Es un chico muy preparado y fuerte. Y tú habrás sabido tranquilizarlo mientras lo atravesaban juntos.

Liu, que apenas lograba mantener la calma, de pronto soltó un largo suspiro. Apoyó los codos en la mesa, presionó las sienes y murmuró con voz inquieta, cada vez más rápida.

—Tomó el inhibidor de balance sin fallar un solo día, y aun así estalló el celo. Incluso con el inhibidor sharp no sirvió de nada. Entonces esto no se puede prevenir. ¿Y si vuelve a pasar cuando yo no esté...?

—Liu Weikun. Mantén la calma. Si tú te alteras, ¿qué será de Yeehyeon?

—......

—Por lo que veo, es muy probable que se trate de un episodio repentino provocado por el aumento del intercambio de feromonas entre ustedes tras el matrimonio. El vínculo entre ambos se habrá vuelto así de estrecho.

—¿Cree que sea eso?

—Dijiste que, aun estando en espacios distintos, sentiste que algo le había ocurrido a Yeehyeon. Su celo también debió ser estimulado por ti, y cuando a Yeehyeon le llegó el celo, tus feromonas reaccionaron a las suyas. No estaban tan lejos uno del otro, ¿verdad?

—De la casa al atelier apenas hay unos metros. Pero aun estando separados en espacios distintos, ¿es posible que yo me vea afectado por sus feromonas?

—Eso significa que tus feromonas ya están ligadas a las de él.

Ligadas.

Un fenómeno extraño que aparece en alfas que han intercambiado feromonas de forma continua y suficiente con un mismo omega. Solo reaccionan a las feromonas de su omega y su instinto de protección se intensifica para aumentar la probabilidad reproductiva. Al menos, así se conocía.

Sin embargo, en la era moderna, donde tanto alfas como omegas toman inhibidores, la ligadura era casi una leyenda, igual que la existencia de los ghost.

—Quizá, por ser Diamond Dust y ghost, el vínculo y la dependencia feromonal entre ustedes sea mucho más fuerte. Si más adelante Yeehyeon queda embarazado, probablemente se intensifique aún más.

—Que mis feromonas queden ligadas a las suyas no me importa. Más bien lo celebro. Lo que me preocupa es solo...

—No te angusties tanto pensando que algo parecido le pasará a Yeehyeon cuando tú no estés. El Diamond Dust es estable mientras no esté con un ghost. Hasta ahora siempre ha sido así. Limítense a observar con cuidado durante una o dos semanas como mínimo.

—Sí, eso haremos.

—Además, una vez que se muden a Bali, casi no estarán separados, ¿no?

Con la broma de Marcus, Liu por fin logró relajarse un poco. Exhaló un largo suspiro de alivio y dio unos cuantos tragos más a la cerveza.

—Liu Weikun.

—Sí.

—Felicidades por haber pasado tu primer rut con la persona que amas.

Marcus era alguien que conocía tan bien como los propios padres de Liu cuánto había sufrido desde la adolescencia por las feromonas y por el hecho de ser un Ghost y un alfa. Por eso, sus felicitaciones llegaron con un significado y una profundidad especiales.

El rut que tanto había despreciado y tratado de evitar.

El haber podido atravesarlo sin problemas fue porque la otra persona había sido Seo Yeehyeon.

Mirando de frente, desde el lugar donde estaba sentado, la obra de Yeehyeon titulada Colorful Ghost, Liu esbozó una leve sonrisa.

—Es gracias a Yeehyeon.

—Nos veremos en la exposición individual de Yeehyeon. Para Helen y para mí, Bali también será la primera vez, así que estamos muy emocionados. Y también quiero ver a Yeehyeon.

A la exposición individual de Yeehyeon, que se celebraría dentro de dos meses, planeaban asistir personalmente los padres de Liu, Marcus y Helen. También el equipo de Phantom Seoul cerraría la galería durante una semana para viajar hasta allí. Querían ver la primera exposición individual de Yeehyeon en Bali y también visitar la casa de recién casados de la pareja. Sería su primer reencuentro tras varios meses desde la boda.

—Yeehyeon también los está esperando mucho. Por favor, vengan.

—Hasta entonces, cuidémonos bien y volvamos a encontrarnos.

La seguridad y la salud de Yeehyeon. Eso era, por encima de todo, lo que Liu más deseaba.

■ ■ ■

Con un gran bolso de viaje en la mano, Liu salió del dormitorio. Al caminar por el pasillo, colocó el bolso sobre la maleta que había dejado junto a la entrada.

Un par de trajes, un par de conjuntos casuales más cómodos, tres o cuatro pares de zapatos, ropa de casa a modo de pijama y otros objetos básicos. Al terminar de empacar, el volumen no era poco. Era el equipaje para un viaje de negocios de cinco noches y seis días a Hong Kong.

Yeehyeon, que había terminado de manera rápida de ordenar después del desayuno en la cocina, se acercó a Liu.

—¿Ya está todo listo?"

—Mm, creo que sí.

—Justo a tiempo. Ah, por cierto, ¿llevaste los inhibidores?"

Mientras miraba el reloj de la pared, Yeehyeon recordó algo y volvió a dirigirle la mirada a Liu.

—Por si acaso, los guardé en varios lugares.

—Bien hecho.

Desde que, un mes atrás, Yeehyeon había tenido un celo repentino, ambos estaban prestando aún más atención a las feromonas. Como Golden Alfa, Liu básicamente no necesitaba inhibidores frente a omegas que no fueran Yeehyeon. Aun así, para prevenir cualquier situación imprevista, en este viaje había preparado una cantidad suficiente de inhibidores.

Durante los últimos meses, Liu había puesto mucho empeño en preparar este viaje de negocios.

Era la primera vez que participaban, bajo el nombre de Phantom Bali, en una feria de arte de escala internacional, así que, por supuesto, era un evento importante a nivel empresarial. Pero lo que realmente capturó la atención de Liu fue un motivo más profundo y espiritual.

Desde que llegó a Bali, Liu había descubierto a varios artistas locales, la mayoría de ellos completamente desconocidos. Algunos incluso se negaban a debutar, y Liu pasó meses dedicándose a persuadirlos. Su pasión y sinceridad dieron resultado.

La feria de arte era la oportunidad de mostrar finalmente al mundo las obras de aquellos artistas que él mismo había descubierto.

Y además, había algo más. Era, por fin, la primera feria que Liu Weikun afrontaba oficialmente como galerista del artista Seo Yeehyeon. Esa emoción lo impulsó a volcarse aún más en su trabajo.

Liu, sin duda, estaba disfrutando de este evento.

Excepto por una cosa: tener que irse de viaje y dejar solo a Yeehyeon.

—¿Y si no voy?"

Permaneciendo indeciso sin poder alejarse de la entrada, frunció la nariz con una expresión poco convencida y le preguntó a Yeehyeon. En realidad, era una pregunta que había repetido desde hacía una semana. Incluso esa misma mañana, apenas despertó, se lo había dicho mientras miraba el rostro de Yeehyeon en la cama.

—¿Otra vez con eso?"

—Yuni puede arreglárselas sola, ¿no? Conoce el trabajo práctico de la galería mejor que yo.

—Entonces mi noona estaría demasiado cansada.

—Si voy de viaje, el que se cansa soy yo. ¿Está bien que yo sea el que sufra?"

Liu tomó las mejillas de Yeehyeon con ambas manos y lo miró a los ojos. Su expresión, llena de pena y arrepentimiento, estaba dirigida a él. Era una mirada que parecía esperar una orden para no irse y quedarse a su lado.

Yeehyeon sujetó las muñecas de Liu y, como si lo calmara, dijo:

—Es una feria que preparaste con ilusión. Hay que aguantar un poco lo difícil.

—No es eso. Lo que digo es que me duele estar separado de ti.

Liu apretó un poco más las manos que cubrían su rostro. Lo suficiente como para que las mejillas y los labios de Yeehyeon se deformaran de forma graciosa. A pesar de la expresión seria de Liu, Yeehyeon no pudo evitar soltar una pequeña risa.

—¿Por qué te ríes? Yo estoy siendo serio.

—No me reí por eso.

—¿Entonces?"

Mientras acariciaba suavemente los brazos de Liu de arriba abajo, Yeehyeon habló con voz apacible, con la mirada baja hacia la barbilla de él.

—Es que... me da la sensación de que de verdad parecemos recién casados.

Ante el esfuerzo de Yeehyeon por transmitir su sinceridad, aunque estuviera avergonzado, Liu se quedó en silencio. Lo miró sin decir nada, con una ternura evidente en los ojos, y luego lo atrajo lentamente para abrazarlo con fuerza. Pecho con pecho, mejilla con mejilla, oreja con oreja, calor con calor, respiración con respiración. Era un abrazo que, por más veces que se repitiera, nunca cansaba.

Yeehyeon también apoyó la punta del mentón en el hombro de Liu y rodeó su espalda con los brazos.

—Lo siento por no poder ir contigo.

—La preparación de tu exposición individual es más importante. Perdón por no poder quedarme a tu lado.

—Es trabajo. No me lo tomo a mal..."

—Sí, lo sé.

—Y además, mis cuadros... tienes que encargarte tú, ¿no?"

—Eso sí que no puedo dejarlo de lado como galerista.

En un principio, Yeehyeon también iba a acompañarlo en este viaje. Sin embargo, como los preparativos para la exposición individual del mes siguiente no avanzaban según lo planeado, su acompañamiento se canceló. El trabajo en sí iba bien, pero el problema era la velocidad.

Tal vez por ese estrés, últimamente el estado de Yeehyeon no era muy bueno. Le costaba dormir profundamente por las noches y se despertaba con frecuencia. Incluso la noche anterior se había levantado dos veces para ir al baño. En esos momentos, Liu lo abrazaba y le acariciaba la espalda hasta que volvía a quedarse dormido.

Aunque no era de mostrar abiertamente su malestar, Liu podía notar que Yeehyeon estaba bastante sensible. Por eso mismo, le resultaba aún más imposible insistir en que lo acompañara.

—Mi noona me va a regañar. Vámonos ya.

Después de echar un vistazo al reloj de pared, Yeehyeon sonrió y presionó los labios contra la mejilla de Liu. Solo entonces Liu logró, con dificultad, soltar a su pareja de entre sus brazos.

Ambos salieron por la puerta principal cargando entre los dos la maleta con ruedas y la bolsa de viaje.

En el cielo de Bali, donde la temporada de lluvias acababa de comenzar, flotaban nubes de un gris claro. Era una época de transición, como un cambio de estación entre la seca y la lluviosa. Aún no era la temporada de lluvias en pleno, así que rara vez llovía todo el día, pero era innegable que últimamente las precipitaciones se habían vuelto más frecuentes.

—¡Director! ¡Salgamos rápido antes de que empiece a llover!

Desde fuera del portón, Yuni les gritó en esa dirección.

Un vehículo tipo van de color negro esperaba frente al portón, en el terreno vacío junto a la galería. Era el transporte reservado para llevar a Liu, Yuni, Michelle y otros dos empleados al aeropuerto.

—¿Que llueva importa tanto?

Dijo Liu con indiferencia mientras salía por el portón. El conductor, que estaba cargando el equipaje de los que habían llegado antes, se acercó enseguida para tomar la bolsa de viaje de Liu.

Las obras y los equipos para la feria de arte ya se habían enviado como carga con antelación, así que solo necesitaban llevar sus objetos personales. Todos vestían de manera cómoda. Por eso, más que un viaje de trabajo, parecía un grupo de personas saliendo de viaje.

—Hay aviso de chubascos fuertes. Si se larga a llover, el tráfico se pone terrible.

Respondió Yuni de forma breve, se despidió de Yeehyeon y subió primero al vehículo.

El conductor aún estaba terminando de cargar el equipaje. Todavía había tiempo para una despedida más.

Liu tomó la mano de Yeehyeon con una mano y con la otra le acarició la mejilla.

—Si pasa cualquier cosa, avisa de inmediato a los vecinos de alrededor.

—¿Qué podría pasar?

—Es la primera vez que te quedas aquí solo. Cuando uno está solo, hasta las cosas pequeñas pueden descolocarte.

—Si por casualidad pasa algo, no voy a hacerme el tonto y avisaré enseguida a los vecinos.

—Y a mí también.

—Sí, también a Kun.

—Si no me dices nada pensando que me voy a preocupar...

—Lo sé. Eso sería preocupar más, ¿verdad?

Todo eran respuestas correctas. Liu tuvo que admitir que no había nada de qué preocuparse. Relajó el gesto, sonrió y abrió los brazos hacia Yeehyeon.

—Ven. Abracémonos una última vez.

Rodeando la cintura de Yeehyeon cuando este se acercó, Liu apoyó la espalda con un golpe suave contra la puerta del asiento del copiloto de la van. Disfrutando del calor de Yeehyeon contra su abdomen, besó su entrecejo y el puente de la nariz, y luego bajó un poco para darle un beso corto en el labio superior.

Bzzz.

La ventana de la segunda fila bajó y apareció el rostro de Yuni, con una expresión amarga. Apoyando el brazo en el borde de la ventana, golpeó la carrocería con la palma y dijo:

—Oigan, recién casados. Con moderación, por favor.

Yeehyeon intentó empujar el pecho de Liu para salir de sus brazos, pero el intento fracasó.

Liu frotó su nariz contra la de Yeehyeon y, sin mirar a Yuni, le respondió:

—Todavía están cargando el equipaje.

—Si se refiere al conductor, ya terminó de cargar y está sentado al volante.

—......

Solo entonces Liu recorrió el interior del vehículo con la mirada. Tal como dijo Yuni, la van estaba lista para salir.

Frunciendo el ceño pese a que no había sol, Liu le dijo a Yeehyeon con una voz cargada de amargura:

—Ya me tengo que ir.

—Sí, que te vaya bien.

Ya sentado en el asiento del copiloto, Liu bajó la ventana y agitó la mano. Yeehyeon también levantó la mano mientras daba un paso atrás para que la van pudiera moverse con facilidad. Luego la siguió despacio con la mirada mientras retrocedía para salir del terreno.

Al incorporarse a la carretera, la van avanzó sin demora. Unos treinta metros más adelante, en el primer cruce, se detuvo por el semáforo. Yeehyeon, de pie frente a la galería, observaba la parte trasera del vehículo con las manos metidas en los bolsillos traseros de sus jeans.

De pronto, un brazo largo salió por la ventana del copiloto y comenzó a agitarse. Era Liu. Yeehyeon negó con la cabeza entre risas suaves.

Pronto el semáforo cambió y la van desapareció de su vista. Yeehyeon se frotó la nuca y se dio la vuelta despacio.

Desde que se habían casado, no había pasado ni un solo día separados durante varios meses. Era imposible que esta despedida no le provocara ningún sentimiento a Yeehyeon. Pero gracias a que Liu había expresado primero su pena y su disgusto de forma exagerada, las emociones de Yeehyeon no se desbordaron. Gracias a Liu, que se quejaba abiertamente diciendo que no quería irse, sus propios sentimientos se volvían más ligeros y terminaba riéndose. Como siempre había sido.

Habían vivido incontables despedidas enviando a Liu de París de vuelta a Seúl. Ahora ambos llevaban un anillo en el dedo anular de la mano izquierda y eran cónyuges legales. Confiaba en que cinco noches y seis días separados no los debilitarían.

『Tanto mental como físicamente, cuando las cosas se ponen difíciles, es mejor intentar mantener patrones lo más similares posibles a los de siempre.』

Desde la época de París, ese había sido el consejo de Liu que Yeehyeon repetía como una consigna cada vez que sentía que podía venirse abajo. No se detenía a pensar en otras cosas. Se limitaba a hacer, en silencio, lo que podía hacer ese día. En esa casa donde había comenzado su vida matrimonial con él, bastaba con mantenerse firme en su lugar, como siempre.

Tras entrar por el portón principal y asegurarse de cerrar bien, Yeehyeon se dirigió de inmediato al atelier.

Preparó el trabajo siguiendo su rutina habitual. La labor del día siempre comenzaba sentándose en la mesa junto a la ventana para soltar la mano con un dibujo a lápiz. Era su manera personal de recuperar la emoción y la concentración del trabajo del día anterior y continuar.

Mientras dibujaba la silla vacía colocada frente a él, Yeehyeon, de vez en cuando, se mordía con fuerza el labio inferior o sacudía la muñeca. También cambiaba la postura en la silla.

Era una señal de que algo no estaba saliendo como quería.

Sintió el ambiente extrañamente bochornoso y revisó la temperatura del aire acondicionado. Era la misma de siempre.

Claro, días así también existían. El trabajo no podía fluir bien todos los días. Aun así, si perseveraba una o dos horas más con el dibujo, a veces llegaba el momento en que la mano se soltaba. Pensaba seguir moviendo la mano en silencio, esperando ese instante.

Pero hoy no parecía fácil. De pronto, sintió cómo la energía se le escapaba desde lo más profundo del cuerpo, y un escalofrío le recorrió la espalda. El sudor se acumuló en las sienes. No era una buena señal.

No era solo un día en que el trabajo no avanzaba; parecía que su cuerpo no estaba bien.

Yeehyeon dejó el lápiz.

Le había dicho que no se preocuparía por él, y apenas se iba, ya estaba en ese estado.

En circunstancias normales, habría ignorado señales de ese nivel. Habría tomado algún medicamento y forzado el trabajo. Pero le pesaba la promesa que le había hecho a Liu de no exigirse y no preocuparlo. Supiera o no, no quería hacer nada que pudiera inquietarlo o entristecerlo.

Ploc, ploc.

El sonido de gruesas gotas de lluvia cayendo una tras otra se transformó enseguida en un chubasco que, con un shaaah, volvió borroso el mundo tras la ventana. Fue cuestión de segundos.

Yeehyeon cerró el cuaderno de bocetos. Tomó el paraguas que siempre estaba listo en el atelier y regresó a la casa.

La casa sin Liu estaba en silencio. Como originalmente Yeehyeon también iba a acompañarlo a Hong Kong, había dado vacaciones a la empleada doméstica ajustándose a las fechas. Durante cinco días y seis noches, Yeehyeon estaría completamente solo.

En la cocina tomó una pastilla para el resfriado y fue directo al dormitorio. Pensó que, tras dormir profundamente, se sentiría mejor. Para cuando Liu llegara a Hong Kong, ya habría recuperado el estado y podría contestar el teléfono con una voz normal.

Se dirigió al vestidor para cambiarse al pijama. Se quitó la camiseta y la arrojó al cesto de la ropa sucia, y al darse la vuelta para buscar el pijama—

En ese momento, de pronto, un aroma detuvo a Yeehyeon.

Incluso olvidando por un instante que no se sentía bien, se acercó a la fuente de esa fragancia, como si algo invisible lo guiara.

El vestidor había sido el lugar donde, junto a Liu, habían tenido su primera experiencia intensa. Al no ser la cama donde solían estar juntos, lo vivido allí había quedado grabado con más fuerza en su memoria.

Ansiando el sexo con él, y al mismo tiempo sufriendo por ese deseo incesante, Yeehyeon había huido hasta aquí. Pero no sirvió de nada.

«¿Hansel y Gretel?»

Liu había dicho eso, inclinando la cabeza de lado mientras permanecía en cuclillas, después de apartar de un empujón las camisas colgadas en el perchero.

Yeehyeon apretó y soltó los puños repetidas veces, con una sensación de hormigueo en las manos.

En la primera y en la segunda barra del perchero colgaban, apretadas, las camisas de Liu. Ahora, cinco de ellas faltaban. Porque él se las había llevado.

Mientras acariciaba una camisa blanca y limpia, tomó la manga y la acercó a su nariz. Fue un gesto inconsciente.

Y entonces—

De golpe.

Una gran cantidad de lubricación brotó entre sus piernas, como si se derramara sin control.

Afuera, el chubasco danzaba como olas.

 ■ ■ ■

Sala de espera junto a la puerta de embarque del aeropuerto Ngurah Rai.

De pie junto a la ventana, Liu tenía las manos metidas en los bolsillos del pantalón y observaba la rampa donde aguardaban los aviones y, más allá, la pista. Sobre el suelo mojado y brillante caía una llovizna más débil, ya sin la fuerza de antes.

No había pasado mucho desde que salió de casa cuando comenzó el aguacero, y tal como Yuni había predicho, al descender desde Ubud y acercarse al centro, el tráfico se volvió pesado. Aun así, habían salido con suficiente anticipación, por lo que llegaron al aeropuerto sin problemas.

Temió que el vuelo se retrasara, pero aunque no sabía cómo estaría en otras regiones, en Denpasar, donde estaba el aeropuerto, por suerte la lluvia había amainado. No hubo retraso.

Tras descansar un poco en la sala VIP, el grupo de Liu se dirigía hacia la puerta de embarque conforme a la hora indicada.

Los empleados, animados por el viaje de trabajo al extranjero, charlaban alegremente en los asientos de atrás. Hablaban sobre restaurantes famosos de Hong Kong, bares con buen ambiente y clubes. De vez en cuando también mencionaban las grandes galerías que participarían en la feria. Excepto Yuni, todos —incluido Michelle— visitaban Hong Kong por primera vez, así que parecía que la expectativa era grande. Escuchando esas conversaciones a medias, Liu esbozó una leve sonrisa.

Había recordado la vez que visitó Hong Kong junto a Yeehyeon.

El interior era fresco por el aire acondicionado, y bastaba dar un paso fuera de la puerta para sentir el calor húmedo del verano hongkonés.

La tensión tensa y vibrante que había existido entre Yeehyeon y él, cuando aún no eran pareja; las miradas que se cruzaban, se desviaban y volvían a enredarse de forma pegajosa, conscientes el uno del otro. Celos y alivio, fragilidad y excitación, anhelo y ternura. Y, al final, una atracción imposible de negar.

Y luego, el impacto.

El impacto provocado por la aparición de alguien incapaz de controlar por sí mismo el nudo y el changing.

En apenas unos pocos días de estancia en Hong Kong, la existencia llamada Seo Yeehyeon lo había sacudido por completo. Hasta el punto de que casi podía llamarse destrucción.

Aún hoy podía recordar con total claridad a Yeehyeon, con veintidós años, mareado por el primer cigarrillo que fumaba en las calles de Soho.

«Señor Conejo».

Fue también el momento en que Yeehyeon lo llamó así por primera vez.

Era una ciudad tan especial para ambos que resultaba aún más decepcionante que, en este viaje a Hong Kong, Yeehyeon no pudiera acompañarlo. Aunque no lo expresaban abiertamente, incluso sus padres parecían muy apenados por no poder verlo. Al fin y al cabo, pensó Liu riendo para sí mientras se sacudía ligeramente los hombros, ellos quieren a Yeehyeon incluso más que a mí.

Sin embargo, había otra razón, la verdadera, por la que separarse de Yeehyeon le resultaba especialmente difícil.

Desde aquel celo repentino del mes pasado, Yeehyeon no había mostrado ningún síntoma particular. Incluso había acudido a una clínica en la cercana Singapur para hacerse un diagnóstico, pero tampoco allí encontraron nada extraño en su "Diamond Dust". El resultado fue claro: Yeehyeon era un omega 100% estable.

Aun así, Liu no podía tranquilizarse del todo.

No era solo por el dulce sentimentalismo de no querer separarse de su pareja en plena luna de miel. Seguía sin poder sacudirse por completo lo ocurrido entonces, ni la ansiedad que aquello había dejado.

Los ojos gris azulados de Liu, fijos en la lejana pista, se desviaron levemente hacia la derecha. En el reflejo del ventanal apareció Yuni acercándose por detrás. Al ponerse a su lado, ella bajó la voz y preguntó:

—Director, ¿le pasa algo?

—¿Que qué me pasa? ¿A qué te refieres?

—Desde hace rato no ha dicho nada, y hasta en la sala VIP estaba como aparte. ¿Ha surgido algún problema con la feria? Si es algo que deba saber...

—Ah... mmm... no.

Negando con la cabeza con una sonrisa amarga, Liu añadió con torpeza:

—Es por Yeehyeon.

—Ah, pensé que era algo más grave.

Recién entonces Yuni aflojó la expresión, visiblemente aliviada.

—Si hay una sola persona en este mundo de la que no hay que preocuparse, es Seo Yeehyeon. Usted sabe que es alguien que se cuida bien solo. No se preocupe tanto.

—No, no es ese tipo de sobreprotección de siempre.

—¿Entonces?

Tras dudar un momento, Liu pensó que con Yuni no había nada que ocultar y se decidió a hablar.

—¿Has oído hablar de la "impronta"?

—He oído algo.

—¿Sí?

Como pensaba que era un tema que los betas no solían conocer, le sorprendió que Yuni asintiera de inmediato.

—Hubo un tiempo en que las películas y dramas con ese tema estuvieron muy de moda, ¿no? Creo que Yoon Juho incluso protagonizó uno hace años...

Entrecerró los ojos, intentando recordar el título, pero pronto se rindió y se encogió de hombros.

—En fin, dicen que hoy en día ni siquiera los matrimonios usan mucho las feromonas. Porque si te improntas y luego te divorcias, es un desastre... ¿no?

—......

La expresión de Yuni, que hasta entonces había seguido hablando sin darle demasiada importancia, se volvió poco a poco seria. Bajó aún más la voz, como si temiera que alguien los oyera.

—¿Está ansioso por estar separado de Yeehyeon? ¿Por esa impronta?

—No estoy seguro, pero creo que podría ser eso.

De otro modo, no se explicaba una ansiedad tan intensa y particular. No era una simple preocupación. Por mucho trauma que hubiera, Liu era quien mejor sabía —como decía Yuni— que Yeehyeon era una persona capaz y no alguien por quien hubiera que preocuparse.

—Vaya... ¿eso era algo que podía pasar de verdad?

—En esta época es muy raro, eso sí.

—Ya sabe, en las películas de Hollywood, cuando se alejan de su omega les sale una fuerza sobrehumana, arrancan barrotes y escapan...

—Eso es exageración cinematográfica.

Liu no pudo evitar reír ante esas fantasías tan propias de una beta sobre alfas y omegas.

Toc. Yuni apoyó la mano en el hombro de Liu y dijo con expresión seria:

—Además, se vuelven súper violentos. Director, no puede hacer eso en un viaje de negocios. Todos son clientes.

—No digas tonterías.

Aunque la reprendió, gracias a la broma de Yuni Liu logró relajarse un poco. Como si ese fuera su objetivo, ella sonrió ampliamente y añadió unas palabras de consuelo:

—Es la primera vez que se separan por tanto tiempo desde que se casaron. Tal vez por eso se siente así.

—Sí, puede ser.

La impronta no es un fenómeno explicado científicamente. Al igual que muchas cosas relacionadas con las feromonas, sigue siendo un misterio. Incluso se han publicado numerosos estudios que sostienen que no es más que un fenómeno psicológico, no un efecto físico o químico.

Pero ¿y si se trataba del Diamond Dust y Ghost?

Siempre podían existir excepciones. Como el inexplicable celo anterior de Yeehyeon.

Por los altavoces se anunció el inicio del embarque prioritario para pasajeros de clase business, personas mayores, embarazadas y con movilidad reducida. Liu y los suyos recogieron el equipaje de mano y se dirigieron a la puerta.

Antes del despegue, ya sentado en su asiento, Liu habló por última vez con Yeehyeon. Tras oír su voz diciéndole que tuviera un buen vuelo y que lo llamara al llegar, se sintió un poco más tranquilo.

Con el ánimo algo más ligero, puso el teléfono en modo avión.

Sin tener la menor idea de qué noticias recibiría de Yeehyeon tras las 4 horas y 40 minutos de vuelo.

■ ■ ■

Yeehyeon se quedó rígido en el lugar durante un momento. No sabía qué hacer.

El flujo que se había derramado había empapado la ropa interior y, dentro del pantalón, corría por los muslos.

El aroma apenas perceptible que emanaba de la camisa de Liu le hizo añorar un poco su piel y su temperatura corporal. Quizá también sentía un leve latido en el bajo vientre y entre las piernas. Pero que con un deseo sexual de ese nivel se produjera tal cantidad de fluido...

Plaf. Antes incluso de terminar esa excusa consigo mismo, volvió a derramarse otra vez, empapándolo todo. Era aún más de lo que había salido cuando estalló el celo.

¿Será que...?

La posibilidad que cruzó por la mente de Yeehyeon en ese instante fue el embarazo.

Yeehyeon había estudiado de forma constante el cuerpo de los alfa y los omega, especialmente el de los omega. Gracias a eso, incluso cuando llegó su primer celo, pudo recuperarse del pánico con relativa rapidez.

Pero el estado actual era distinto al celo. No era aquella sensación de temblor en brazos y piernas, del deseo que se disparaba y lo hacía querer únicamente a Liu.

Despertarse incluso mientras dormía por ganas frecuentes de orinar y la hipersensibilidad eran síntomas generales del embarazo. Además, aunque no estuviera en celo, la secreción repentina y abundante de flujo junto con una mayor facilidad para que se despertara el deseo sexual eran síntomas tempranos del embarazo en los omega.

Pero... ¿cómo?

Si tanto Kun como yo siempre hemos tomado los anticonceptivos con tanto cuidado.

Aunque sabía con la cabeza que el embarazo era imposible, el corazón empezó a latir con fuerza. También se le aceleró la respiración.

Era una expectativa innegable. La expectativa de que quizá estuviera embarazado, de que tal vez el bebé de Liu y suyo hubiera llegado. Aunque sabía que era un pensamiento absurdo, Yeehyeon no podía deshacerse de esa esperanza.

Sentía que no podría tranquilizarse de ninguna manera sin comprobarlo de inmediato.

Primero fue al baño para ocuparse del flujo. Mientras se lavaba, intentó pensar con la mayor calma posible.

Lo primero que le vino a la mente fue Morae.

¿Debería pedirle a su noona que le comprara una prueba de embarazo?

Pero ¿y si de verdad estaba embarazado? Las probabilidades eran mínimas, pero aun así, si por si acaso, por si acaso, por si acaso lo estuviera...

Entonces quería decírselo primero a Liu. Incluso el hecho de que existiera la posibilidad y de que fuera a hacerse una prueba, quería que Liu fuera el primero en saberlo en todo el mundo.

Cuando terminó de ducharse, Yeehyeon tomó una decisión.

Por si volvía a salir flujo, dobló una toalla de mano, del tamaño de un pañuelo, y la metió dentro de la ropa interior. Aunque nadie podía saberlo y era un ritual completamente privado, aquello estimulaba bastante la vergüenza sexual. No una sensación desagradable, sino una vergüenza cercana al pudor. Pero no había otra opción. Si mientras salía volvía a derramarse, sería un problema grave.

La tormenta seguía cayendo a cántaros.

Con la gorra calada hasta abajo, Yeehyeon tomó uno de los autos estacionados en el garaje y salió de casa. Le corría el sudor frío y sentía un leve escalofrío, pero ni siquiera fue consciente de ello por la excitación y la expectativa.

Se dirigió a una farmacia ubicada a unos veinte minutos en auto, en un lugar donde no conocieran bien a Liu Weikun y a Seo Yeehyeon de Phantom Bali.

Era un local más parecido a una drugstore que a una farmacia común de Corea. Quizá por la lluvia, el lugar estaba excesivamente vacío. Como Yeehyeon era el único cliente, las miradas de los jóvenes empleados, aburridos, se concentraron al unísono en él. Era una situación bastante incómoda para alguien que había ido a comprar una prueba de embarazo.

—¿Está buscando algo? ¿Puedo ayudarlo?

Un empleado que parecía amable se acercó y le habló.

—B-busco una... eh... una prueba de embarazo.

Yeehyeon respondió aclarando la voz con un carraspeo. Al pronunciar la palabra "embarazo", sintió una resistencia en las cuerdas vocales. No era fácil decirlo.

En la mirada del empleado apareció de inmediato la curiosidad. ¿Sería un beta que compraba la prueba para su novia o esposa, o un omega masculino que la usaría él mismo? Esa era la pregunta implícita en sus ojos. Como si mirándolo fijamente pudiera obtener la respuesta, no apartaba la vista de Yeehyeon.

—Sí. Están por allí. Al frente de la pared donde están colgados los cepillos de dientes.

—Gracias.

Yeehyeon inclinó ligeramente la cabeza en señal de agradecimiento y se apresuró a alejarse.

La toalla de mano que había metido en la ropa interior se rozaba y se frotaba contra la entrepierna, llamándole la atención a cada paso. Tenía la sensación de que alguien podría darse cuenta solo con ver su forma de caminar de que llevaba una toalla dentro del calzoncillo, así que no dejaba de bajar la visera de la gorra.

Encontró fácilmente las pruebas en el estante que le habían indicado. Tomó distintos productos de varias marcas y los fue echando al azar en la canastilla. Había leído muchas veces que, a menos que se hicieran exámenes formales en un hospital, no era seguro con una o dos pruebas caseras.

Cuando colocó en la caja la pequeña canasta llena con más de diez pruebas, esta vez tuvo que soportar la mirada curiosa del empleado de la caja.

No percibía malicia en esas miradas, pero sí una curiosidad incómoda. Aun así, en ese momento podía pasar por alto ese tipo de cosas. No sentía que nada fuera importante excepto comprobar si estaba embarazado o no.

Salió de la tienda con una bolsa que contenía doce pruebas de embarazo.

Incluso en ese breve instante de cerrar el paraguas y subir al asiento del conductor, la lluvia era tan intensa que la gorra y la ropa se le empaparon.

Colocó la bolsa en el asiento del copiloto y, cada vez que se detenía en un semáforo, la miraba de reojo.

Y, de forma que él mismo consideró descarada, apoyó suavemente la mano derecha sobre la parte baja del abdomen. Entonces se le escapó una risa hueca y absurda.

Lo sabía perfectamente. No había forma de que estuviera embarazado. Si ambos habían tomado los anticonceptivos con tanto cuidado, ¿cómo iba a ser posible?

Tal vez era mejor que Liu no estuviera ahora. Podía hacerse la prueba solo, confirmar que no era nada y guardarlo como un secreto. Y si dentro de unos años realmente llegaban a tener un bebé, entonces sí podría contárselo a Liu.

Mientras observaba la lluvia que caía como una cortina en cuanto el limpiaparabrisas la apartaba, Yeehyeon mordisqueó con ansiedad su labio inferior.

■ ■ ■

Aunque ya había estacionado el coche en el garaje de casa, Yeehyeon permaneció un rato sentado en el asiento del conductor.

Estaba desesperado por comprobarlo de inmediato, pero al llegar a casa sintió que todavía no estaba preparado mentalmente.

Preparado para confirmar que no estaba embarazado.

Sentado sin moverse, en medio del sonido de la lluvia que lo cubría todo, escuchó en silencio la música que se reproducía.

"Stay In Love", de Aaron Kellim.

Una canción que Liu le había mostrado.

Los recuerdos ligados a esa música dibujaron una sonrisa en los labios de Yeehyeon.

Había sido un domingo cualquiera, cuando aún no llevaba ni un mes desde que se habían mudado a Bali. Se había despertado un poco más tarde de lo habitual y, al abrir los ojos, Liu no estaba a su lado. Sin cambiarse siquiera el pijama, Yeehyeon salió del dormitorio a buscarlo.

El dulce aroma de la masa de los panqueques le hizo cosquillas en la nariz, y por todas las ventanas del salón y la cocina entraban el aire fresco y la luz del sol de una mañana tardía de domingo. Desde el altavoz bluetooth de la cocina sonaba esa canción, y Liu, de pie frente a la encimera, tarareaba mientras preparaba los panqueques.

Yeehyeon se quedó de pie en la entrada de la cocina, observando su espalda durante un largo rato. Hasta que la canción terminó.

Liu ponía la masa en la sartén, le daba forma con la espátula, improvisaba con un tarareo las partes de la letra que no conocía y, de vez en cuando, se frotaba la pantorrilla izquierda con el empeine del pie derecho, disfrutando plenamente de la mañana de domingo.

Fue en ese momento cuando Yeehyeon, tras aproximadamente un mes de adaptación, pudo aceptar aquel lugar como su verdadero hogar.

El lugar donde Liu, tarareando una melodía un domingo por la mañana, le hacía panqueques para él. No importaba dónde estuvieran en el mundo: ese lugar era su casa. Y ese hombre era su compañero. Fue un recuerdo que sintió profundamente, hasta el alma.

Se acercó en silencio y lo abrazó por la espalda con fuerza. Apoyó la mejilla en su camiseta fina y sintió el calor de su cuerpo, el movimiento de sus músculos, la certeza de que estaba vivo.

—¿Dormiste bien?

—Dormí muy bien.

—Dormías como un bebé. Te estuve mirando un buen rato y ni te enteraste.

—Dijimos que ya no ibas a mirarme mientras dormía.

—¿Cinco panqueques son suficientes, no?

Al recordar cómo Liu había desviado la conversación haciéndose el distraído, Yeehyeon sonrió entre dientes.

Que fuera bueno que Liu no estuviera aquí ahora era mentira.

En este momento, deseaba que él estuviera a su lado. Aunque solo fuera para confirmar que no estaba embarazado.

Esperó a que la canción terminara, apagó el reproductor y bajó del coche. Recién entonces sintió que tenía un poco más de valor para aceptar el resultado.

Con el sobre en la mano, se dirigió al baño del dormitorio principal.

Leyó con atención las instrucciones del test impresas en el paquete. Incluso soltó una risa tonta al pensar que, gracias a la estructura de sus órganos reproductivos, tal vez la prueba fuera un poco más sencilla que para una beta femenina o una omega femenina.

Tal como indicaban las instrucciones, dejó que el bastoncillo absorbiera la orina y luego colocó el test sobre una pequeña bandeja que había preparado de antemano, en el borde de la bañera.

Programó un temporizador de tres minutos en el celular y empezó a pasearse por el baño.

Intentó distraerse leyendo noticias, revisando las vidas cotidianas de sus amigos en redes sociales, cualquier cosa para concentrar la mente en otro lado, pero todo fue en vano.

Liu estaría justo en ese momento volando hacia Hong Kong. Aún faltaban más de dos horas para que llegara.

Bip, bip.

Con la alarma del temporizador, los pasos inquietos de Yeehyeon se detuvieron en seco. Giró bruscamente la cabeza hacia la bandeja que estaba a unos pasos de distancia. Se mordió el labio hasta casi destrozarlo con la mano. El corazón le latía desbocado.

Si sabía que no podía ser, ¿por qué estaba tan nervioso?

Incapaz de caminar derecho, avanzó de lado, paso a paso, y sus ojos se fueron agrandando poco a poco.

—¿Eh... eh... eh?

Antes incluso de tomar el test, Yeehyeon retrocedió instintivamente. Aun así, no apartó la vista de la bandeja.

Debajo de las letras T y C, dos líneas rojas aparecían con absoluta claridad.

Estaba embarazado.

Un escalofrío recorrió varias veces su mejilla derecha, su costado y su muslo. Al final, hasta sintió que el cabello se le erizaba.

No sabía cuántos minutos había permanecido ahí, inmóvil, tapándose la boca.

Shhhhh. Tras un largo rato en el que no oyó ningún sonido del mundo, el ruido de la lluvia se filtró en los oídos de Yeehyeon. Sonaba como un estruendo que le dejaba los tímpanos entumecidos.

Ahora, en cambio, empezó a moverse con mayor calma.

Con un solo test no bastaba para estar completamente seguro del embarazo. Revolvió dentro del sobre que había dejado sobre la repisa del baño y sacó un producto de otra marca, distinto al que había usado antes. Aunque la marca era diferente, el modo de uso era prácticamente el mismo.

Se lavó bien las manos otra vez, sacó el paquete y repitió el procedimiento. Le preocupaba haber orinado hacía poco, pero por suerte pudo usar el test sin problemas.

El resultado volvió a ser dos líneas rojas.

—No puede ser. De verdad, esto no tiene sentido.

En el fondo había tenido expectativas, pero sabía que era algo imposible. Por eso, al enfrentarse a ese resultado, más que alegría sintió desconcierto.

Quería hacerse al menos dos pruebas más. Sonaba absurdo, pero necesitaba más orina.

Yeehyeon fue a la cocina para beber más agua y abrió el armario para sacar un vaso nuevo.

—Ah.

Apenas rozó la puerta del armario, pero el pecho le dolió de forma extraña. Inclinando un poco el torso, se llevó la mano al pecho y lo apretó. No sentía que hubiera aumentado de tamaño ni ningún cambio evidente de volumen. Sin embargo, tal vez era sugestión, pero le pareció que estaba un poco más firme de lo habitual.

¿De verdad? ¿De verdad era cierto?

El corazón volvió a acelerársele. Llenó el vaso hasta el borde y se dirigió a la sala. Se sentó en el sofá, respiró hondo y bebió el agua despacio. El interior estaba en penumbra por la lluvia, pero no le dieron ganas de encender la luz.

Sentado en la sala oscura, miró en silencio al frente.

Sobre el mueble estaban exhibidos recuerdos preciados con Liu, con su familia y con sus amigos. Y en la pared detrás colgaba un lienzo de tamaño pequeño. Era el cuadro que su padre le había regalado en la boda con Liu.

Un acantilado en una colina al sur del mar del Este.

Su padre solía subir solo a ese lugar y sentarse distraído en un banco, contemplando el mar.

También fue ahí donde Yeehyeon rompió el silencio por primera vez, donde rompió la distancia y confesó que estaba convirtiéndose en omega.

Su padre pintó aquel paisaje: un cielo limpio, un mar brillante y dos hombres sentados juntos en el banco.

Era un cuadro muy parecido al que Yeehyeon recordaba de la época en que toda la familia era feliz y su padre solía pintar. Una silueta y una paleta de colores cálidas y afectuosas. Un estilo que solo su padre podía lograr, como globos flotando suavemente hacia el cielo.

Yeehyeon apoyó con cuidado la mano sobre su bajo vientre y esbozó una sonrisa suave. El fuerte palpitar del pecho parecía haberse calmado.

Esperó alrededor de una hora más para sentir suficientes ganas de orinar y poder hacerse otra prueba.

La tercera y la cuarta también mostraron, sin lugar a dudas, dos líneas rojas intensas.

Después, Yeehyeon se metió dentro del armario del vestidor donde había tenido el celo con Liu. Aunque las camisas recién lavadas no podían oler realmente a él, psicológicamente no lo sentía así. Acurrucado entre las camisas de Liu, esperó una hora más, hasta que el avión de él aterrizó en Hong Kong.

 ■ ■ ■

A diferencia del momento en que salió de Bali, el cielo de Hong Kong estaba despejado y claro. A lo lejos se distinguían los rascacielos densamente apiñados de la península de Kowloon y de la isla de Hong Kong. Por fin empezó a sentirse que había llegado a Hong Kong.

Cuando el avión aterrizó y se desplazaban hacia la terminal, se anunció por los altavoces que ya se podía encender el celular. Liu desactivó de inmediato el modo avión.

Drrrk, drrrk, drrrk.

Entre los mensajes habituales que se enviaban automáticamente al cambiar de país y los mensajes de las empresas colaboradoras relacionadas con la feria, apareció uno de Yeehyeon.

『¿El vuelo fue bien? Cuando bajes en la puerta y puedas hablar a solas, llámame un momento. No es nada para preocuparse, así que no te asustes :)』

Aunque el mensaje añadía que no era algo de qué preocuparse, Liu se puso un poco inquieto. Recibir un mensaje así de Yeehyeon ya era, de por sí, algo poco común.

El avión se acopló a la puerta y los pasajeros comenzaron a desembarcar en orden.

En cuanto salió del pasillo de conexión, Liu sacó el celular y se volvió hacia Yuni, que venía detrás.

—Ve tú primero y pasa inmigración. Te alcanzo enseguida.

—¿Por qué? ¿Dejó algo en el avión?

—No, Yeehyeon me pidió que lo llamara un momento.

—Está bien. Lo espero en reclamo de equipaje.

—Ok.

Yuni, que sabía bien que Yeehyeon no pediría una llamada por algo trivial, no preguntó más y se adelantó guiando al resto del personal.

Para no estorbar a los demás pasajeros, Liu se hizo a un lado del pasillo, hacia la zona de las ventanas. Desde allí se veían los movimientos ajetreados de los equipos de tierra que atendían otros aviones ya aterrizados. Dejó el pesado bolso de Boston en el suelo y marcó para llamar a Bali.

—¿Llegaste bien?

Por suerte, la voz de Yeehyeon al otro lado de la línea no sonaba distinta a lo habitual.

—Sí, acabo de bajar del avión y me detuve un momento camino a inmigración. ¿Pasa algo?

—¿Y los demás? ¿Yuni noona, Michelle...?

—Les dije que se adelantaran. Estoy solo.

—Kun, nosotros...

El tono de Yeehyeon, que hasta entonces había sido normal, cambió de repente. En un instante, todo el cuerpo de Liu se puso en alerta. Fue puro instinto.

—Nuestro bebé...

Liu no alcanzó a oír bien la palabra "bebé". Solo percibió que la voz de Yeehyeon se volvía borrosa y su respiración se desordenaba.

—Yeehyeon, ¿qué pasa? ¿Estás llorando? ¿Qué ocurrió?

Para escuchar aunque fuera un poco mejor su respiración, Liu se tapó un oído y se pegó más a la ventana.

—Kun...

—Dime.

—Ahora... somos papás.

—.........

Liu guardó silencio unos treinta segundos. Treinta segundos que se sintieron más largos que treinta minutos.

Tras él, los pasajeros que seguían desembarcando, emocionados por el inicio del viaje o aliviados por haber vuelto a casa, pasaban hablando animadamente en indonesio, cantonés o inglés. En el largo pasillo donde todos avanzaban hacia el mismo destino, solo un hombre grande, que sobresalía una o dos cabezas por encima del resto, permanecía detenido.

Para comprender de verdad el significado de lo que acababa de oír, Liu tuvo que luchar con algo dentro de sí. Las palabras de Yeehyeon eran un "milagro" difícil de asimilar.

—¿Yeehyeon? ¿Seo Yeehyeon?

Con esfuerzo, logró mover los labios y llamarlo.

—Creo que escuché mal. ¿Puedes explicarlo despacio?

—Después de que Kun se fue, casi de inmediato empecé a sentirme mal. Estaba en el atelier y me fui a casa...

De pronto se me soltó mucho líquido, y como se sentía distinto a lo normal, sospeché de un embarazo. Aunque pensaba que no podía ser, sentí que tenía que comprobarlo. Fui a la farmacia y me hice la prueba con cinco test. Todos dieron positivo.

—Yeehyeon le contó todo eso a Liu tratando de mantenerse lo más sereno posible.

—Pero... ¿cómo... cómo puede ser esto...?

Mientras escuchaba, Liu caminaba de un lado a otro junto a la ventana, se apoyaba las manos en la cintura o se frotaba la cara. Parecía un empresario lidiando con una llamada de trabajo especialmente complicada.

—Kun, ¿esto es de verdad, no? Me hice cinco pruebas... no puede estar mal, ¿cierto? Nuestro bebé... sí existe, ¿verdad?

Yeehyeon, que hasta entonces había mantenido el equilibrio con dificultad, buscaba una confirmación en Liu. Recién entonces Liu reaccionó por completo.

—Yeehyeon.

Su tono era calmado y firme, como si estuviera sujetándole con fuerza los hombros y mirándolo a los ojos.

—Voy a volver ahora mismo. Por ahora no te esfuerces en nada y quédate acostado descansando, ¿sí?

Liu tomó el bolso de Boston y empezó a caminar con paso decidido, abriéndose paso entre la gente que se había adelantado.

—¿Ahora... vas a volver?

—Tomaré el vuelo más rápido que tenga asiento. Y si no hay pasajes, iré incluso en un avión privado. En cuanto tenga el horario, te llamo otra vez. Tú, pase lo que pase, descansa y mantente tranquilo. ¿De acuerdo? ¿Puedes hacerlo, Seo Yeehyeon?

—Kun, Kun. Espera un momento.

Yeehyeon detuvo a Liu, que aceleraba el paso con sus largas piernas.

—¿Qué pasa?

—No hace falta llegar a tanto. Cuando Kun vuelva, vamos juntos al hospital.

—No puedo. Si estás esperando a nuestro bebé, en un momento así tengo que estar contigo.

—De verdad estoy bien. Te llamé porque quería decírtelo pronto, no para que regresaras. Termina bien la feria y vuelve. Luego vamos juntos al hospital. Hagámoslo así, nosotros.

—La feria empieza mañana, y puedo ir ahora y volver acá otra vez mañana.

—Kun, no hace falta tanto...

El paso apresurado de Liu se fue ralentizando de pronto.

Yeehyeon estaba esperando un bebé.

En teoría era algo imposible, pero desde que caminaban juntos hasta aquí habían vivido una y otra vez cosas que no podían ocurrir. Por eso, Liu fue aceptándolo poco a poco como realidad.

El celo imposible de Yeehyeon y el hijo que, a pesar de haberse atiborrado de anticonceptivos, habían terminado concibiendo.

—Yeehyeon.

Detenido solo entre la multitud que pasaba, Liu se dejó llevar en silencio por la emoción que le subía al pecho y lo llamó.

—Sí.

—Tú estás esperando a nuestro bebé.

—.........

—Que en un momento como este te dejara solo para obtener cualquier otra cosa, yo... no quiero vivir una vida así. No te pedí matrimonio para vivir de ese modo.

Liu murmuró en voz baja, como si susurrara palabras de amor, negando lentamente con la cabeza.

Al otro lado del teléfono, Yeehyeon se tomó un momento antes de cambiar de parecer.

—De acuerdo. Entonces revisa los vuelos y llámame de nuevo. Te esperaré.

—Sí, lo haré. Qué bueno eres, nuestro Seo Yeehyeon. De verdad eres bueno, valiente... increíble...

La risa de Yeehyeon llegó hasta los oídos de Liu.

—Ah... no puedo colgar.

Liu volvió a apresurar el paso. Más rápido que antes, casi corriendo.

—Ven pronto. La verdad es que... yo también quiero estar contigo.

—Yeehyeon.

—Sí.

—Seo Yeehyeon.

—Estoy aquí.

La risa baja de Yeehyeon volvió a hacerle cosquillas en el oído a Liu.

Yeehyeon estaba embarazado, o quizá lo estaba. Su cerebro aún no lograba procesar del todo ese hecho, pero su pecho se le hinchaba, no podía dejar de sonreír y tenía ganas de saltar por los aires.

—¡Seo Yeehyeooonn!

Liu gritó el nombre de Yeehyeon como si quisiera que todo el mundo lo oyera. Era la primera vez en su vida que hacía algo así, él que había sido educado para respetar siempre las normas y los modales públicos.

La gente murmuró y se volvió a mirarlo. No importaba. Tenía ganas de agarrar a cada uno y gritarlo cuanto quisiera.

Que Seo Yeehyeon, su compañero, estaba esperando a su bebé.

—¿Cómo... cómo puedes estar embarazado de nuestro bebé? ¿Cómo puedes hacer algo tan increíble? ¿Eh?

Cuando la sorpresa y el impacto se apaciguaron, una intensa sensación de realidad y excitación se apoderó de Liu. El interior gris y apagado del aeropuerto le parecía ahora lleno de colores. Sentía tanta energía que creía que podría llegar a Bali incluso nadando.

—Me dan ganas de comerte a besos, Seo Yeehyeon, de verdad.

Mientras se dirigía al fast track para pasar más rápido el control de inmigración, Liu tuvo que soltar un largo suspiro. Sentía que, si no lo hacía, algo que le llenaba el pecho hasta rebosar no podría salir.

—¿Lo ves?

De pronto, notó un deje juguetón en la voz de Yeehyeon.

—¿Eh?

—Al oír que hay un bebé, estás feliz, ¿verdad?

—¿Qué dices? Claro que estoy feliz. Tanto que ni siquiera quiero expresarlo solo con la palabra "feliz".

—Eso es prueba de que en el fondo sí querías un bebé.

Recién entonces Liu entendió a qué se refería Yeehyeon.

—Si de verdad no hubieras querido un bebé, no habrías reaccionado así.

Aquel día en que habían llegado el celo y el rut. Liu le había bromeado a Yeehyeon diciendo que había tomado mal los anticonceptivos. Yeehyeon ahora le devolvía exactamente aquellas palabras.

Ante el ingenioso contraataque de su compañero, Liu no tuvo más remedio que admitir con gusto y sin reservas sus verdaderos sentimientos.

—Sí. La verdad es que lo deseaba.

—...

—Nuestro bebé.

—Sí, nuestro bebé.

Al otro lado del teléfono, Yeehyeon repitió las palabras de Liu. Sonaban como un amor nuevo, uno que nunca antes había existido en el mundo. Esta vez, los ojos de Liu se llenaron de lágrimas.

■ ■ ■

Yeehyeon dejó en su plato el palillo vacío en el que había estado ensartado el satay de pollo¹. Era el último de los cinco que Liu había separado previamente para él en su plato personal.

—Dijiste que ya se te había pasado el malestar, y me alegra ver que ahora comes bien, Yeehyeon.

Im Morae, sentada frente a él, lo observaba con atención y habló con una voz cálida. Parecía a punto de aplaudirle por haber terminado la comida.

Seo Yeehan también secundó sus palabras.

—Es verdad. Cuando estabas peor, no podías comer absolutamente nada.

—No es que no pudiera comer nada.

—¿Ah, no?

—Al menos podía comer gachas de huevo.

—Ah, ¿las gachas de huevo que te hizo tu esposo?

Ante la pequeña protesta de Yeehyeon, Seo Yeehan levantó las cejas, burlándose ligeramente.

Al inicio del embarazo, Yeehyeon sufrió náuseas bastante severas. Él, que antes comía bien cualquier cosa sin importar si era comida coreana, tradicional de Bali, francesa o italiana, se había vuelto extremadamente selectivo.

Desde antes, cada vez que Yeehyeon se sentía mal, lo único que lograba comer eran las gachas de huevo que Liu le preparaba.

Por eso, Liu había intentado enriquecerlas un poco más para que fueran nutritivas. Probó a añadirles ingredientes variados: trufa de la mejor calidad que sus padres habían enviado desde Hong Kong para Yeehyeon, o abalón finamente picado, e incluso queso derretido.

Pero cada vez ocurría lo mismo: en cuanto Yeehyeon llevaba una cucharada a la boca, corría directo al baño. El bebé solo aceptaba las gachas de huevo más básicas y tradicionales.

«Nuestro Didi tiene un paladar muy exigente, ¿eh? Si solo le puse un poquito... ¿cómo se dio cuenta? ¿Mm?»

Liu solía decir eso mientras acariciaba el vientre aún plano de Yeehyeon, intentando ocultar lo desanimado que se sentía.

Las náuseas tan intensas desaparecieron como por arte de magia al entrar en el cuarto mes de embarazo. Gracias a eso, pudieron reunirse por fin para una cena con amigos después de mucho tiempo.

Yuni y Michelle, Leo con sus padres, e Im Morae junto a Seo Yeehan dejaron a Parang con una niñera y fueron hasta Ubud.

—De verdad pensé que las náuseas de Yeehyeon no se le iban a pasar nunca. Me daba muchísima pena.

Yuni, que iba todos los días a la galería y había observado de cerca a Yeehyeon, lo miró con ojos llenos de compasión y cariño.

—Era tan sensible a los olores que ni siquiera podía salir de la habitación.

Liu, que ocupaba el asiento justo al lado de Yeehyeon, habló mientras le acariciaba con cuidado el cabello a su pareja. La silla en la que estaba sentado, en el extremo de la mesa, estaba girada unos treinta grados, completamente orientada hacia Yeehyeon.

—Y pensar que no soportaba ni el olor de la comida... y un día se despertó por la mañana y, nada más abrir los ojos, dijo que quería comer bulgogi.

—Debiste de haber sido muy feliz, ¿no?

Liu asintió en dirección a Seo Yeehan.

—Sentí que se me salían las lágrimas.

Cuando terminó de comer el último, Baek Yuni se limpió las manos con la servilleta y se encogió de hombros.

—Creo que el director debe tener algo así como un misterio del cuerpo humano: con solo ver que a Yeehyeon le entra algo en la boca, ya se queda lleno.

Todos rieron ante su comentario, y al mismo tiempo, todos estuvieron de acuerdo.

—Me alegra que las náuseas de Yeehyeon hayan mejorado y poder verlo así.

—Sí, aunque vivimos a solo cinco minutos, es la primera vez en lo que va del año que veo la cara de Yeehyeon.

Los padres de Leo, que se habían vuelto cercanos al abrir un restaurante en la zona, también se alegraron de que Yeehyeon estuviera por fin libre de las náuseas.

Im Morae sonrió con dulzura hacia Yeehyeon y, como si se le acabara de ocurrir, comentó:

—Ah, por cierto, me fijé antes... ¿ya se te nota un poquito la barriga, no?

—Es adorable.

El rostro de Liu, que colocó con cuidado la mano sobre el vientre de Yeehyeon, rebosaba felicidad.

—Claro que sí.

—Miren esa cara, como si toda la felicidad del mundo fuera suya.

Las bromas cariñosas de sus amigos cayeron una tras otra sobre Liu.

Seo Yeehan entrecerró los ojos, mirando al vacío mientras rebuscaba en su memoria, y luego ladeó la cabeza.

—Yeehyeon todavía tiene veintiséis años, ¿no? Y ni siquiera llevaba medio año casado cuando alguien dijo, muy tajante, que era demasiado pronto para tener un bebé... ¿quién fue...? ¿De dónde salió eso?

Liu asintió, como admitiendo su culpa, y levantó la mano izquierda.

—Sí, fui yo. Yo dije eso.

—Y luego, en cuanto supiste del embarazo, se te subió la sonrisa hasta las orejas...

—¿Y qué tal lo de ocultarlo durante un mes entero, incluso después de saber que estaba embarazado?

—Encima ni siquiera nos lo contaste primero, ¡nos enteramos porque te pillamos!

Liu, que había volado de inmediato de Hong Kong a Bali al enterarse del embarazo, tampoco se lo había contado a Yuni ni a los demás empleados cuando regresó a Hong Kong al día siguiente. Ellos solo sabían que Yeehyeon no se encontraba bien.

A nadie —ni a sus padres en Hong Kong, ni a la familia de Yeehyeon en Donghae, ni a sus amigos— Liu le dijo nada. Durante un mes entero, guardó esa felicidad solo para sí.

Sentía que una felicidad tan grande podía despertar envidias.

Era una felicidad tan valiosa que ni siquiera se atrevía a mencionarla a la ligera.

No era una felicidad para llevarla encima y presumirla, sino una para guardarla en lo más profundo de un cajón, sacarla a escondidas en mitad de la noche y contemplarla con satisfacción. Igual que hacía Yeehyeon con el collar de diamantes que Liu le había regalado cuando le propuso matrimonio.

Pero precisamente por ser una felicidad tan grande, al final era inevitable que saliera a la luz.

Ocurrió porque Liu reaccionó de forma exagerada al encontrar a Yeehyeon en la galería, ayudando a mover obras antes de una exposición individual.

—Nunca lo había visto ponerse tan aterrador, director. Yeehyeon no es un empleado de la galería, es un artista afiliado. ¿Por qué le hace hacer ese tipo de trabajos?

Yuni, que se terminó el poco vino que le quedaba, dejó la copa sobre la mesa y añadió:

—Menos mal que luego supe que era porque Yeehyeon estaba embarazado. Si no, de verdad, yo habría renunciado en ese mismo momento.

Aunque no hubieran visto la escena, todos decían que podían imaginársela perfectamente y aportaban algún comentario sobre lo sobreprotector que era Liu.

Como si no le importara ser el blanco de las bromas, Liu aceptó el papel con una actitud generosa. Cuando se trataba de Yeehyeon y del bebé, por muchas burlas que recibiera, nada podía empañar su felicidad. Además, las bromas de quienes estaban reunidos allí se basaban en un afecto sólido. No había razón para sentirse incómodo.

Parecía que la comida había terminado por completo.

Hacía rato que todos habían dejado de tocar los platos y el vino estaba casi acabado.

Los dueños de casa, Yeehyeon y Liu, intercambiaron una mirada. Parecía que era hora de sacar el postre.

Yeehyeon se levantó primero y Liu lo siguió enseguida. Entonces Seo Yeehan, como si hubiera estado esperando ese momento, señaló a Liu.

—¡Míralo, míralo! ¡En cuanto Yeehyeon se levanta, ahí va otra vez siguiéndolo de cerca!

Liu se dio la vuelta y, en tono de amenaza juguetona, replicó:

—Vamos a sacar el postre. El pastel de zanahoria que le gusta a tu esposa.

—¿El pastel de zanahoria solo le gusta a Morae? Aquí no hay nadie que no sepa que Yeehyeon se despierta incluso dormido si se trata del pastel de zanahoria de Omia.

Era verdad. Liu fingió no darle importancia, se encogió de hombros y apuró el paso tras Yeehyeon hacia la cocina.

—No hay una persona a la que esa onomatopeya de "corretear" le quede menos que a él.

Ante el comentario de alguien, estalló una risa alegre a sus espaldas. Era un bullicio que hacía tiempo no se oía en esa casa.

El comedor con la mesa grande y la cocina estaban separados por cierta distancia, pero aun así las bromas y risas de los invitados llegaban nítidas hasta la cocina. Gracias a eso, Liu e Yeehyeon no dejaban de sonreír mientras preparaban el postre.

Yeehyeon colocó un gran pastel entero sobre el pedestal, y Liu sacó del armario platos de postre según el número de invitados. Al acercarse a la encimera con los platos en la mano, Liu acarició el hombro de Yeehyeon y preguntó con ternura:

—¿Te da sueño? ¿No estás muy cansado?

—Un poco de sueño sí, pero todavía estoy bien. Hace tiempo que no nos reunimos todos, es divertido. Quiero quedarme un rato más.

—Me alegra oír eso.

Liu lo atrajo suavemente por el hombro y besó la sien de su pareja. Luego, con una expresión ligeramente excitada, le preguntó:

—Entonces, ¿sacamos también "eso"?

Yeehyeon asintió con una sonrisa, y Liu fue a la despensa conectada a la cocina y regresó con un bulto. Era una bolsa que contenía varias cajitas de papel.

—¿Y cuándo van a hacer el anuncio? ¡Me muero de curiosidad!

Desde el comedor, alguien gritó en broma hacia los anfitriones.

Mientras pasaban las cajas a una gran bandeja, Liu e Yeehyeon se miraron y sonrieron.

Cuando Liu apareció llevando el pastel y los platos, y Yeehyeon la bandeja con las cajas, la atención de los invitados se concentró de inmediato.

—Oh, ¿qué es eso?

—¿Un regalo?

La reacción no fue mala.

Una caja color crema, adornada con una cinta del mismo tono, fue colocada frente a cada invitado. El blanco crema era el color que los dos anfitriones habían elegido para sus trajes de boda.

Algunos levantaron la caja y la sacudieron, otros la alzaron hacia la luz para mirarla. El único invitado pequeño, Leo, fue el primero en desatar la cinta y abrirla.

—¡Es un globo! ¡Papá, es un globo!

En cuanto Leo gritó emocionado, Liu se dirigió de inmediato al padre del niño:

—Hay que pincharlo con un alfiler, así que cuida que Leo tenga cuidado.

Siguiendo a Leo, los demás invitados también abrieron sus cajas.

Dentro había un pequeño globo y, adherido a la caja, un diminuto alfiler para reventarlo. Los primeros en comprender para qué servía todo fueron Im Morae y Seo Yeehan, ya que ellos también habían organizado una fiesta de revelación de género² para la gestante subrogada de Parang.

—Dijeron que no iban a hacer una revelación de género aparte, ¿cuándo prepararon esto?

—Porque dijimos que nosotros les organizaríamos la fiesta.

—No, no es algo tan formal.

Yeehyeon, de pie junto a Liu frente a la mesa, sonrió levemente. Seguir siendo el centro de atención le resultaba todavía un poco vergonzoso.

—¿Nos invitaron a cenar y durante el día estuvieron haciendo esto los dos?

—De verdad son adorables, qué ternura.

Los demás invitados también sostenían las cajas y se divertían como niños.

—¿Qué es? ¿Cómo se hace?

A Yuni, que no tenía idea de cómo solían ser estas revelaciones, Michelle se lo explicó amablemente desde su lado:

—Aquí lo dice en la caja. Si es niña, morado; si es niño, amarillo.

El padre de Leo, que tenía al niño sentado sobre las piernas, también le explicó al pequeño que miraba el globo con curiosidad:

—Leo, es sobre el bebé de Kun y de Yeehyeon. Si sale papel morado del globo, será una hermanita; si sale amarillo, un hermanito.

Apoyando ambas manos en el borde de la mesa y inclinándose hacia delante, Liu se puso a la altura de los ojos de Leo y le preguntó:

—Leo, ¿te gustaría que saliera morado o amarillo?

—¡Morado!

El niño levantó los brazos en alto y respondió sin dudar.

—¿Morado? ¿Por qué?

—Porque Parang y yo somos niños, así que creo que sería divertido tener también una hermanita para jugar.

Al escuchar la respuesta de Leo, Liu y Yeehyeon intercambiaron en silencio una mirada y una sonrisa que solo ellos pudieron entender.

—Leo, cuando diga uno, dos, tres, todos los reventamos juntos, ¿sí?

Uno, dos, tres.

¡Bang, bangbang, bang!

Alguien no logró pinchar el globo de una sola vez y el aire se escapó con un pssssh. Sin embargo, la mayoría de los globos estallaron casi al mismo tiempo, con apenas una diferencia de segundos.

Por un instante, el comedor quedó en silencio.

Lo que se esparció sobre la mesa y el suelo al estallar los globos fue confeti morado.

—Yeehyeon, ¿es una niña?

La primera en romper el silencio fue Im Morae, con la voz emocionada. Yeehyeon asintió sonriendo.

—Sí, noona. Nuestro Didi es una niña.

—¡Qué sorpresa! ¡Seguro que será una bebé preciosísima!

Im Morae se levantó de su asiento y se acercó a Yeehyeon. No fue la única: los demás invitados también se pusieron de pie, felicitando y bendiciendo a los dos anfitriones con abrazos y besos en la mejilla.

—Liu Weikun, futuro papá loco por su hija... ya se puede imaginar, ¿no?

Seo Yeehan le dio un golpecito en el brazo a Liu mientras bromeaba, y los demás invitados añadieron comentarios.

—¿No vas a cargarla todo el día sin dejarla caminar?

—¿Y cómo vas a hacer para dejarla casarse, si te va a dar tanta pena?

Liu se encogió de hombros y frunció ligeramente la nariz.

—¿Ya están hablando de casarla? ¿Y todos los pasos intermedios qué?

Yuni y Michelle juntaron el confeti que había caído sobre la mesa y lo lanzaron sobre las cabezas de Liu y Yeehyeon. Mientras Liu le quitaba un pedacito de papel que se había quedado pegado en la cara a Yeehyeon, bromeó con los invitados.

—Bueno, ahora que ya sabemos el sexo de nuestra Didi, váyanse todos a casa. Yeehyeon está cansado.

—¡Pero si recién probé un bocado de pastel! ¿Ya nos estás echando?

Seo Yeehan levantó el tenedor con expresión de queja. Baek Yuni, mientras servía pastel en un plato, continuó la idea.

—Dicen que si el marido decepciona a su pareja durante el embarazo, eso se recuerda toda la vida. Pero cuando le pregunté a Yeehyeon, me dijo que no se sentía ni un poquito decepcionado.

—Normal. Con lo dedicado que es.

—¿Pero nosotros no tenemos derecho a sentirnos decepcionados? Desde que Yeehyeon quedó embarazado, nos trata con demasiada frialdad.

La luz de la luna se derramaba a través del gran ventanal junto a la mesa. El confeti morado esparcido alrededor brillaba bajo esa luz, como si estuviera vivo.

Notita:

Les puse como hermanito y hermanita como forma de cariño pero en realidad dice hermanito (Nam-dongsaeng) y hermanita (Yeo-dongsaeng)

■■■

Después de acompañar a los invitados hasta la puerta principal y regresar, ya pasaban de las once de la noche. Hacía bastante tiempo que Yeehyeon no se mantenía despierto hasta tan tarde.

En cuanto cerraron la puerta y se quedaron solos, Liu rodeó suavemente la cintura de Yeehyeon y le acarició el cabello. Su rostro mostraba un leve cansancio.

—¿Estás cansado?

—Un poco.

—Ve primero a ducharte y descansa.

—¿Y tú, Kun?

—Solo llevaré los platos a la cocina y voy. Será mejor que Seo Yeehyeon se acueste pronto.

Aunque la limpieza completa la haría la asistente doméstica al día siguiente, Liu tenía la costumbre de al menos llevar los platos por su cuenta.

—Yo también ayudo.

—Habíamos dicho que no te disculparías por cosas así.

Yeehyeon, que había estado rozando el brazo de Liu, dudó un momento y luego asintió.

—Entonces... te lo dejo a ti.

Liu observó la espalda de Yeehyeon mientras caminaba por el pasillo hacia el dormitorio. Soltó un suave suspiro y se dirigió al comedor.

La mesa donde habían comido y bebido siete personas, incluido Leo, estaba bastante desordenada. Tras llevar los platos y limpiar de forma superficial el confeti del suelo y la mesa, había pasado más tiempo del que esperaba.

Apagó las luces del comedor y la cocina, comprobó una vez más la puerta de entrada y cerró bien las cortinas del ventanal del salón. Justo antes de adentrarse en el pasillo, apagó también la luz del salón.

Cuando todo quedó a oscuras, la tenue luz que se filtraba desde el fondo del pasillo se sintió sorprendentemente brillante.

Desde la puerta entreabierta del dormitorio se escapaba la cálida luz de una lámpara de pie. Esa luz, como una señal de que Yeehyeon lo estaba esperando, hizo que Liu sonriera.

Tal como había imaginado, Yeehyeon se había quedado dormido.

Estaba recostado contra la cabecera, con una almohada acomodada detrás de la espalda.

Había intentado mantenerse despierto para esperarlo.

Liu bajó primero la intensidad de la luz. Luego se sentó en el sillón junto a la cama y observó por un momento el rostro dormido de Yeehyeon.

El bullicio de hacía apenas un rato parecía algo lejano, casi como un recuerdo del pasado. En la habitación solo se escuchaba la respiración tranquila y regular de Yeehyeon.

De manera inconsciente, Yeehyeon tenía la mano izquierda apoyada sobre el abdomen, como protegiéndolo. Su vientre empezaba ya a notarse ligeramente. Liu colocó con cuidado su propia mano izquierda sobre la de él.

Bajo esas manos superpuestas, su bebé respiraba sano y salvo.

A veces, Liu no podía creer que una persona pudiera brindarle tanta felicidad a otra. ¿De verdad estaba haciendo a Seo Yeehyeon tan feliz como él lo hacía a él?

Probablemente no. Seguramente no. No creía que pudiera llegar a ser una felicidad de tal magnitud.

Pero una cosa sí era segura: su determinación de amar a Yeehyeon con todo lo que tenía, con su cuerpo, su corazón y toda su vida. Tal como le había prometido algún día: proteger con todo su ser las decisiones y esperanzas de Yeehyeon. Y ahora no solo a Yeehyeon, sino también al bebé. A ese ser milagroso que Yeehyeon estaba gestando en su interior, sacrificándose y soportándolo todo.

Seo Yeehan tenía razón cuando dijo que tener un bebé no significaba el fin del período de recién casados.

Porque la vida junto a Yeehyeon sería, todos los días, una luna de miel.

Los anillos idénticos en sus manos entrelazadas brillaban suavemente como la luz de la luna.

Tal como él mismo había criticado con dureza, ni siquiera los diamantes eran eternos. Pero esa luz, la luz que emanaba de su diamond dust, sabía que no se marchitaría.

Por siempre. O, al menos, durante un tiempo tan largo que rozaría la eternidad: una luz destinada a iluminar a ambos como uno solo.

FIN - Historia Extra

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