Capítulo 91
Era extraño que no se hubiera dado cuenta hasta ahora. Había tenido problemas antes con su anaconda, que se negaba a bajar. Si seguía así, de verdad no viviría mucho.
Todo es porque Koi es demasiado lindo.
Esta vez Ashley culpó a Koi. Todo su intenso deseo era culpa suya. La voz interior estuvo de acuerdo al instante.
Así es, es culpa de Koi.
Sí, Koi es el que está siendo irrazonable. Me hace masturbarme por una hora sin siquiera tocar mi anaconda.
De nuevo, hubo unidad dentro de él. Y en voz baja, el diablo susurró.
Entonces enciérralo.
—Para, para.
—¿Eh?
Koi, que había estado caminando con cuidado a su lado, se sobresaltó y levantó la vista al oír las repentinas palabras de Ashley. Uy. Nervioso, este lo miró y sonrió con la suavidad de siempre.
—Te devuelvo el uniforme más tarde... Está un poco... mojado.
Añadió a regañadientes, y Koi, que lo había estado mirando sin entender, asintió con algo de retraso.
—Está bien, no importa.
Era la sala de duchas, así que por supuesto que iba a estar mojado.
Koi lo pensó vagamente y lo dejó pasar. No podía imaginarse a Ashley haciendo algo con el uniforme. Lo importante ahora era que no se sentía bien. Parecía tener problemas para caminar, su estado debía ser realmente malo.
Deberíamos volver para que descanse.
Pensó Koi, observando con cuidado su semblante. Mientras tanto, la mente de Ashley estaba llena de todo tipo de pensamientos sucios.
Sin darse cuenta de su agitación interior, Koi se relajó visiblemente al ver el auto estacionado. Ashley, que había lanzado con desgano las dos bolsas que llevaba al asiento trasero, se enderezó y dijo:
—Tu bicicleta siempre está ahí, ¿verdad?
—¿Eh? ¡No, está bien!
Koi lo detuvo apresuradamente.
—Vámonos así hoy. Nadie se va a llevar mi bici.
Que Ashley descansara era más importante. Pero este, que estaba apoyado contra el Cayenne mirando a Koi, frunció el ceño y apoyó el mentón en su brazo.
—¿Cómo vas a llegar a la escuela mañana? ¿Caminando?
—Eh...
Frente a un problema inesperado, Koi se quedó sin palabras por un momento. Cierto, ¿cómo llegaría? ¿Cuánto tardaría a pie? Ya había ido caminando antes, cuando su bicicleta había tenido problemas, así que no era imposible.
Entonces tendría que levantarme 30 minutos, no, una hora antes.
Solo de pensar en madrugar después de tanto tiempo ya lo ponía tenso. Darse cuenta de esto lo hizo sentir extraño. Las personas son criaturas de costumbre, ya se había acostumbrado a la bici nueva.
La que le había dado Ariel era un producto mucho mejor que la anterior. Así que el rendimiento era bueno, tardaba menos en llegar a la escuela y era menos pesado para su cuerpo.
Bueno, total, es solo por un día.
Resignado, levantó la vista y se encontró con los ojos de Ashley, que seguía apoyado contra el auto observándolo. ¿Estaba esperando una respuesta? Koi recordó lo que él había dicho antes y respondió con sinceridad:
—Puedo caminar, ya lo he hecho varias veces.
Ashley se quedó callado un momento ante su expresión decidida. ¿Qué estaría pensando? Ni siquiera podía adivinarlo, así que solo lo observó, y luego soltó un suspiro suave y sonrió con ironía.
—En ese caso, Koi, deberías pedirle a tu novio que venga a buscarte.
—Ah...
Koi hizo un sonido de sorpresa al finalmente entender. Ashley volvió a sonreír, encontrándolo adorable.
—¿Vas a caminar toda esa distancia? Vas a colapsar apenas llegues a la escuela.
¿Por qué no se le había ocurrido usar a su novio, que tenía auto?
Ashley conocía la respuesta. Era porque Koi era nuevo en esto de tener pareja y aún no se acostumbraba. Pensó que esa era la razón, pero la siguiente respuesta de Koi fue distinta.
—Pero tú eres más importante.
Koi bajó la cabeza y continuó en voz baja, dirigiéndose a un Ashley sorprendido.
—Quería que descansaras cuanto antes.
Las orejas de Koi estaban rojas bajo la luz de la calle. Ashley se quedó mirándolo en blanco por un momento.
¿Cómo puede Koi decir solo cosas que juegan así con mi corazón?
Volvió a enamorarse de él. Cada instante sentía que caía más profundo que antes.
—Koi, si sigues haciendo eso, de verdad podría terminar encerrándote.
Koi lo miró, desconcertado por esas palabras susurradas con un suspiro. Al ver esto, Ashley le hizo un gesto para que subiera al auto, como diciendo que ya era suficiente. Koi, se avergonzó un poco tarde y se apresuró a subir al asiento del copiloto. Ashley, que se acomodó sin problema en el asiento del conductor, encendió el motor y preguntó.
—¿Quieres ir a cenar? Es tarde, pero ¿no tienes hambre?
—Eh, ¿eh?
Tartamudeando ante la propuesta inesperada, Koi dudó un momento antes de hablar con cautela.
—¿No íbamos a ir a tu casa...?
—¿Qué?
Esta vez fue Ashley quien preguntó. Volteó a mirar el rostro de Koi y pronto puso una expresión traviesa.
—¿Quieres ir a mi casa? Qué directo eres, Koi.
—¿Eh?
Koi parpadeó, sin entender al principio a qué se refería, pero luego cayó en la cuenta y sacudió la cabeza frenéticamente.
—N-no, no es eso, ¡no quise decir eso!
—Mi novio es tan caliente.
—¡No quise decir eso!
La voz de Koi subió de tono, alterada.
—Te dije antes que estás cansado...
Ashley lo interrumpió con un beso antes de que pudiera decir más. Koi, que se quedó sin saber qué iba a decir después de que le robaran los labios de repente, solo parpadeó, y Ashley, al levantar la cabeza, sonrió.
—Probablemente no sea buena idea ir a mi casa hoy. Si estamos solos, siento que de verdad podría propasarme contigo.
En cualquier otro momento lo habría tomado como una broma, pero hoy el ambiente definitivamente no era así. Pensando en lo que había pasado en la sala de duchas, era bastante plausible, y Koi dudó un instante.
Si le digo a Ash que vayamos a su casa ahora, eso es exactamente lo que va a pasar después.
Esta vez no podría negarse. Ashley respetaba los deseos de Koi, pero este no podía garantizar que fuera capaz de rechazarlo una y otra vez.
Sobre todo, Koi sabía que Ashley lo deseaba. Aun así, se contenía. Hasta que Koi estuviera listo. No quería provocarlo por simple curiosidad. Koi asintió con obediencia.
—Está bien, entiendo. Entonces vamos a donde sea. Me da igual cualquier cosa.
Añadió, decidido a no provocarlo más de lo necesario.
—Comamos lo que tú quieras.
...Si supieras que eres tú, no podrías decir eso.
Ashley se quedó mirando fijamente el rostro de Koi. ¿Había aprendido a leer mentes? ¿Cómo podía decir solo cosas que le sacudían el corazón de esa manera?
Era natural. La mente de Ashley estaba llena de pensamientos sobre hacer esto y aquello con Koi. Si este decía que las rocas del mar eran hermosas, Ashley se lo imaginaba tendido desnudo sobre ellas.
Menos mal que Koi no puede oler.
El auto ahora estaba lleno del aroma de las feromonas de Ashley. Así de excitado estaba. Sin remedio, se dirigió al restaurante que su padre había elegido. Había reservado la mejor mesa durante un año entero y nunca lo había visitado ni una sola vez. Padre hacía eso en cualquier lugar donde creyera que le gustaría a su pareja, así que había muchos sitios así.
Aunque en realidad no sabe si le gustaba o no.
Ese hombre egoísta también se preocupaba por su pareja a su manera. Si él decidía que las cosas eran así, entonces así eran. A Ashley también lo habían malinterpretado de esa forma varias veces, así que podía entender un poco los sentimientos del otro.
Tal vez sería feliz en cualquier parte del mundo, siempre que su padre no estuviera ahí.
Pronto sintió amargura después de pensar hasta ese punto.
Por supuesto, no existe tal lugar en el mundo.
Había escapado de su padre, pero nunca lo lograría del todo hasta morir. Ni siquiera en la muerte lo dejaría ir.
El pensamiento del rostro frío de Dominique Miller lo hizo sentir incómodo mientras se dirigía al restaurante que jamás este había visitado.
***
—Muchas gracias por hoy, Ash.
Koi le agradeció mientras estacionaba el auto en la calle donde siempre lo dejaba después de cenar. Ashley lo sujetó justo cuando estaba por bajarse del asiento del copiloto y preguntó con el ceño fruncido.
—¿De verdad no puedo llevarte hasta tu casa? Estamos saliendo.
—Eh...
Sus palabras eran tan razonables, pero a Koi le costaba aceptarlas. Negó con la cabeza, con expresión afligida.
—Eso, eso no está bien.
Antes era porque no quería mostrar lo humilde que era su casa, pero ahora se había sumado otra razón. No sabía qué pasaría si su padre, que le había advertido que no se viera con Ashley, los veía juntos. No le importaba que lo golpearan a él, pero temía que Ashley saliera lastimado.
—Lo siento, Ash. Pero quiero ir solo.
—Haa...
Ashley no pudo decir nada más ante el nuevo rechazo y simplemente suspiró. Al ver esto, Koi dudó y abrió la boca.
—Eh, Ash. Tengo un favor que pedirte.
—¿Qué es?
Sentía que en ese momento podría concederle cualquier cosa. Era la primera vez que Koi pedía un "favor" con sus propias palabras. Preguntó con cautela, con el rostro muy nervioso, a Ashley, que enseguida agudizó el oído.
—Eh, nosotros, lo de salir juntos...
—Sí.
Koi tragó saliva con fuerza una vez y a duras penas logró hablar.
—Por ahora ¿podemos mantenerlo en secreto?
Capítulo 92:
—...¿Qué?
Ashley dudó de sus oídos por un momento. En un breve instante, los eventos del día desfilaron por su cabeza como un panorama.
Enojarse por el uniforme de porrista de Koi, que este le diera dos dólares, el partido que apenas ganaron por un pelo, besarlo y confesarse frente a todos, y finalmente que Koi reconociera sus sentimientos y empezaran a salir.
Aunque borrara la hora entera de masturbación desenfrenada al final, habían pasado tantas cosas, ¿y le estaba diciendo que fingieran que nunca sucedió?
¿Acababan de cenar juntos y venían tomados de la mano todo el camino hasta aquí?
Ashley, que había estado sosteniendo el volante con una mano y la de Koi con la otra mientras manejaba, se quedó de pronto atónito.
¿Qué acabo de escuchar?
—...¿Me estás diciendo que terminemos? ¿Antes de siquiera empezar?
—N-no, ¡no es eso lo que quiero decir!
Koi negó con la cabeza frenéticamente.
—Estamos saliendo. Eso es cierto, pero mantenerlo en secreto... hagamos...
—¿Por qué?
Preguntó Ashley, atrapando el final de las palabras que se apagaban en boca de Koi.
La reacción de Ashley fue tan natural que Koi lo entendió. Si Ashley le hubiera hecho esa misma propuesta a él, se habría sentido deprimido.
Pero no había otra opción. Si su padre se enteraba de que estaban saliendo, ni siquiera quería imaginar lo que pasaría después.
Si decía la verdad, Ashley sin duda se molestaría.
¿Qué tan miserable se sentiría si la familia de la persona con la que salía lo rechazara? Claro que Ashley reaccionaría con enojo antes que con tristeza. Koi temía que pudiera terminar con él por eso, y tampoco quería disgustarlo. Más que nada, temía que saliera lastimado.
Ashley era un chico tan maravilloso y perfecto, y Koi no soportaba la idea de que su padre dijera cosas horribles de él solo por estar saliendo con Koi.
No quiero que traten a Ash de esa manera.
Pensó Koi, y luego volvió a hablar.
—Es que... creo que sería mejor hacerlo así.
—¿Por qué?
—Bueno...
La conversación seguía repitiéndose sin avanzar. Finalmente, Ashley intentó romper el círculo primero.
—¿Cómo piensas mantenerlo en secreto? Te besé y me confesé frente a todos esos chicos.
—Eso... eso es...
Koi se apresuró a interrumpirlo.
—Nadie va a pensar que es real.
Ashley frunció el ceño y volvió a preguntar.
—¿Por qué no?
—Eso es, porque...
Koi dudó, y finalmente respondió.
—Soy yo ¿no es cierto?
El ceño de Ashley se frunció aún más. Koi continuó rápidamente.
—No estoy siendo despectivo conmigo mismo, pero piénsalo con realismo. Nadie creería que te gusto. Tampoco lo habrían creído antes.
Claro que antes sí lo habrían creído, pero ahora no. Más que nadie, era Ashley quien se estaba impacientando, no Koi.
Y Ashley no sentía ninguna vergüenza de que le gustara Koi.
Al contrario, quería escribir que era su novio en un cartel publicitario y ponerlo por toda la autopista. Por eso no lograba entender por qué Koi actuaba así. Pensó que finalmente se habían comprendido el uno al otro ¿pero se había equivocado?
—No importa lo que piensen los demás. Lo que importa es cómo te sientes tú.
El hecho de que Koi sintiera algo por Ashley no había cambiado. Entonces ¿por qué hacía esto?
¿Será que...?
Ashley entrecerró los ojos.
—Sé honesto, Koi ¿Te da vergüenza tenerme como novio?
Koi se sobresaltó tanto ante la pregunta inesperada que lo negó de inmediato.
—¿Qué? ¡Claro que no!
—¿Entonces por qué?
—No es que me avergüence de que seas mi novio... es solo que...
Koi luchó por encontrar las palabras correctas, y a duras penas logró hablar.
—Es que... no estoy listo ¿Puedes darme un poco de tiempo?
Ashley, todavía con el ceño fruncido, preguntó:
—¿Listo para qué?
—Bueno...
Koi solo bajó la cabeza y murmuró, incapaz de hablar con claridad. Estaba ocultando algo. Ashley se dio cuenta. El día había sido perfecto.
Hasta ese momento. Debía haber una buena razón para arruinar el final de esta manera.
Si no es una razón lo bastante buena, de verdad voy a hacerlo.
No dejaría pasar esto. Había sido tan considerado hasta ahora. ¿Y esto es lo que recibía a cambio? ¿Qué? ¿Ocultar su relación?
—Dime ¿Cuál es la razón? Si mientes o intentas disimularlo, no lo voy a tolerar.
Ashley dio su advertencia final y luego guardó silencio.
Koi sentía que estaba atrapado en una situación imposible. Temía la reacción que tendría si decía la verdad. Pero si lo disimulaba o mentía, Ashley igual se enojaría. Al final, bajó la cabeza y confesó en voz baja.
—Mi padre...
—¿Qué?
Koi no levantó la cabeza mientras confesaba entre lágrimas.
—Mi padre me dijo que no te viera.
Esta vez Ashley no reaccionó de inmediato.
Ashley había tenido varias novias, pero era la primera vez que un tutor lo desaprobaba y le pedía que rompiera con su pareja.
—...¿Qué?
Cuando Ashley volvió a preguntar tras una pausa, Koi empezó a sollozar.
—Mi padre dijo... qué tal si me manifiesto por culpa de tus feromonas... Dijo que de ninguna manera puedo verte. Si me descubre, me va a castigar severamente.
Finalmente, Koi se secó las lágrimas con el dorso de la mano y continuó.
—Lo siento, Ash. A mí también me gustas... de verdad, de verdad me gustas, pero mi papá es... realmente aterrador. No sé qué hará cuando se enoje. Si, si nuestra relación sale a la luz y llega a sus oídos...
Recién entonces Ashley comprendió lo que Koi le estaba diciendo.
No puede ser, no debería ser, de ninguna manera debería ser, pensó mientras luchaba por hablar.
—...Koi... ese hombre... ¿Te golpea?
Koi jadeó sorprendido. Ashley lo tomó de los hombros sin dudarlo.
—Koi, mírame ¿Es verdad? ¿Es por eso? ¿Tienes miedo de que ese hombre te golpee?
Koi dudó, y luego levantó la cabeza con cautela. Ashley se quedó paralizado al ver su expresión.
Hasta ahora, Ashley había despreciado a su propio padre y lo consideraba basura. Pero ni siquiera ese hombre lo había golpeado jamás.
Claro que no habría tenido motivo para recurrir a la violencia. Conocía y había usado incontables formas de destruir a alguien de manera mucho más cruel.
Pero justamente por eso a Ashley le costaba creer que alguien estuviera siendo golpeado.
Claro que sabía que existían padres así. Pero enfrentarlo en la realidad era algo distinto. Sobre todo porque se trataba del padre de Koi.
—Estoy bien.
Dijo Koi con voz temblorosa.
—Mi padre solo es peligroso cuando está borracho. Y hace tiempo que no me pega... Me preocupas tú.
Las lágrimas volvieron a asomarse en los ojos de Koi.
—Tenía miedo de que si descubrías que mi padre te odia, tú también terminaras odiándome a mí. Por eso no podía decírtelo.
Ashley pareció entender las palabras que Koi se había tragado. Recién entonces se arrepintió de haber insistido y presionado tanto.
¿Por qué no había dejado el tema cuando Koi no quería responder? No preguntar también era una forma de consideración.
Había andado por ahí proclamándolo como su novio, y ni siquiera había hecho algo tan básico como eso.
Ashley sintió una culpa abrumadora. Al mismo tiempo, la culpa y la lástima por Koi crecieron dentro de él, y su mano, que había estado aferrada a su hombro, perdió fuerza.
—No hay forma de que yo pudiera odiarte jamás.
Cuando habló en un tono mucho más suave, Koi volvió a bajar la cabeza. Las lágrimas caían directo hacia abajo.
—Eres todo lo que tengo ¿Qué voy a hacer si dejas de quererme?
Los sollozos resonaron dentro del auto. Ashley solo lo observó por un momento. Tenía que hacer algo.
Sentía la cabeza dándole vueltas, entre la rabia hacia el padre de Koi y la lástima y el cariño que sentía por este.
—...Bien, entonces.
Ashley finalmente habló tras un largo silencio.
—Hagamos como que tú me dejaste a mí.
—¿Qué?
Koi estaba tan sorprendido por las inesperadas palabras que levantó la cabeza de golpe. Ashley lee limpió las lágrimas del rostro y sonrió con amargura.
—Me confesé, y eso no lo puedo retirar. Nadie va a creer que no estamos saliendo si lo digo. Así que esta es la mejor opción. Digamos que soy el único al que le gustas.
—Eso es una locura.
Koi negó con la cabeza frenéticamente ¿Quién en el mundo se creería eso? ¿Que Connor Niles dejó a Ashley Miller? Antes creería que Connor Niles le dio una patada en el trasero a un león.
—Pero, Koi. Hay una condición.
Ashley habló con expresión seria a Koi, quien seguía negando con la cabeza.
Capítulo 93
—E-está bien.
Koi dejó de negar con la cabeza y fijó la mirada en Ashley. Este lo miró directo a los ojos y le insistió.
—Si tu padre te amenaza por cualquier motivo, avísame de inmediato y ven a mi casa. ¿Entendido? Yo me encargo del resto.
No podía ceder en esto, pasara lo que pasara. Ashley necesitaba una respuesta firme de Koi, sin excusas.
—¿Eh? —Ante la insistencia de Ashley, Koi parpadeó por un momento, dudó, y luego asintió.
—Está bien.
Koi no pudo evitar repetir la promesa bajo la mirada intensa de Ashley.
—Lo haré.
—Bien.
Recién entonces Ashley asintió y su expresión se relajó. Sentía alivio de que Koi hubiera aceptado. Koi también lo pensaba así, pero no podía estar de acuerdo con la solución de Ashley.
—Ash, pero eso de decir que yo te dejé...
—Koi.
Ashley lo interrumpió mientras este hablaba con cuidado.
—Ya está decidido, no hay otra forma. Si no te gusta, entonces propón una alternativa.
Koi pareció pensarlo un momento, y luego se le iluminaron los ojos.
—¿Y si tú me dejaste a mí?
—Yo me confesé ¿recuerdas?
Koi se quedó sin palabras ante la respuesta inmediata. Ashley se rio entre dientes y dijo:
—Si me confesé y después te dejo, sería una verdadera basura ¿no crees? Eso sería todavía peor, ¿verdad?
—Eh...
Pensándolo bien, era cierto. El rostro de Koi se puso rojo y se disculpó en voz baja:
—"Perdón".
A Ashley le pareció tan adorable que volvió a besarlo en los labios. Cuando se apartó con suavidad de aquel roce tierno, Koi lo miró con ojos aturdidos.
Ashley sonrió y se lamió los labios apenas.
Koi tembló de pies a cabeza y cerró los ojos. En el caso de Ariel, él había sido el culpable, así que corregirlo habría sido ridículo, por eso lo había dejado pasar sin más, pero ahora que tenía que andar diciéndole a la gente que lo habíaN dejado, le parecía bastante poco decoroso. Pero viendo el rostro de Koi en ese momento, valía la pena.
¿Sabes, Koi? Solo hago esto por ti.
Después de morderle los labios juguetonamente, Ashley preguntó con expresión seria esta vez.
—Koi, ¿alguna vez pensaste en denunciar a tu padre?
La expresión aturdida de Koi volvió de golpe a la realidad. Pareció pensarlo un momento, y luego negó con la cabeza.
—Entonces terminaría en un hogar de menores.
No podría seguir estudiando, ni podría ir a la universidad. Más que nada, no quería separarse de Ashley.
Ashley pudo entender sus razones, así que no podía presionarlo más.
La idea de poner a la persona más preciada del mundo en una situación tan precaria le partió el corazón a Ashley.
Si fuéramos adultos, te tomaría de la mano y huiría contigo ahora mismo.
Pero por más que fingiera lo contrario, Ashley no dejaba de ser un simple estudiante de secundaria. Solo tenía la suerte de tener un padre rico, pero la riqueza y el poder no le pertenecían a él.
Por eso, esto era lo único que podía hacer.
Solo decirle que lo llamara y fuera a su casa.
Ashley se dio cuenta de lo impotente que era y cayó en un profundo desprecio hacia sí mismo.
—Lo siento, Koi. Por no poder protegerte.
Koi lo negó de inmediato al oírlo murmurar con desesperanza.
—No.
Lo miró con la más absoluta sinceridad.
—Eres todo lo que necesito.
Aunque la situación no era la más adecuada, Ashley se rio. Susurró con una sonrisa de autodesprecio.
—También eres lo único que necesito.
Esta vez, Koi cerró los ojos antes de que sus labios se tocaran.
Ashley intentó meter la lengua en su boca mientras presionaba sus labios contra los de él, pero volvió a fallar. No tuvo más remedio que levantar la cabeza y limpiarle la saliva de los labios con el pulgar mientras preguntaba.
—Koi ¿la razón por la que no puedes oler es por tu padre? ...Me refiero...
Koi negó con la cabeza ante la elección cuidadosa de palabras de Ashley.
—No, no es porque mi padre me golpeó.
—Entonces...
Ashley se contuvo de seguir preguntando. No indagaría a menos que Koi hablara primero. Tal vez esa era la herida más profunda de Koi.
Si Ashley no se hubiera manifestado, y si no hubiera decidido quedarse a su lado, Koi quizás habría mantenido oculto ese hecho hasta ahora.
Decidido a no cometer el mismo error de antes, Ashley lo dejó estar.
—Deberíamos volver ya, Koi.
Dijo con una voz algo más calmada y contenida.
—Si se hace más tarde, mi padre se va a dar cuenta. ...Ahora mismo estás cubierto con el olor de mis feromonas.
—¿D-de verdad?
Koi se puso nervioso y se llevó el brazo a la nariz. Olfateó por reflejo, y luego bajó el brazo de nuevo al notar que no podía oler nada.
—Bueno, entonces... me voy.
—Está bien.
Koi le echó un último vistazo a Ashley antes de abrir la puerta del auto. Ashley salió del asiento del conductor, siguiéndolo mientras este bajaba del lado del copiloto. Se plantó frente a Koi, que se había detenido en la vereda con expresión confundida.
—Esta vez, seré yo quien te observe a ti.
Siempre había sido tarea de Koi ver el auto de Ashley desaparecer en la distancia. Pero esta vez era distinto. Koi dudó un momento ante las palabras de Ashley, y luego asintió.
—Está bien.
Ashley lo observaría irse. El pensamiento le llenó el pecho, y su rostro se iluminó sin poder evitarlo.
—Entonces, Ash.
—Nos vemos, Koi.
Ashley levantó una mano y la agitó con suavidad. Koi sonrió ampliamente y se dio la vuelta.
Se dio cuenta por primera vez de lo reconfortante que era tener a alguien cuidando de él.
Solo saber que Ashley seguía ahí de pie hacía que sus pasos se sintieran más ligeros que nunca.
Caminó unos pasos y volteó a ver si Ashley seguía en el mismo lugar.
Su rostro sonriente parecía decir: "No te preocupes". Koi volvió a girarse, solo para mirar atrás de nuevo unos pasos después.
Al observarlo, Ashley recordó un video que había visto una vez. Mostraba la liberación de un animal salvaje herido. Era exactamente igual.
Sonrió, pensando en la cría que seguía mirando hacia atrás a la persona que la había cuidado. Entonces Koi se detuvo otra vez y se giró para mirarlo de frente. Esta vez también, Ashley le sonrió, como diciendo: "Ve tranquilo, estás a salvo".
Pero esta vez fue distinto. Koi pareció dudar un momento, y de repente dio media vuelta. Corrió hacia Ashley con todas sus fuerzas. Este, sorprendido, se enderezó desde donde había estado apoyado contra el auto.
—Por qué...
Abrió la boca para preguntar qué pasaba, pero antes de que pudiera hablar, Koi llegó hasta él y saltó, rodeándole el cuello con los brazos y besándolo en los labios.
Ashley se mostró inusualmente desconcertado. Jamás había imaginado una situación así. ¿Koi besándolo primero? ¿Y corriendo de vuelta con todo para lanzarse sobre él?
Sintió que su cerebro se apagaba por primera vez en su vida, y simplemente se quedó mirándolo con los ojos muy abiertos. Koi presionó sus labios con firmeza contra los de Ashley, y luego dio un paso atrás.
Cuando sus pies tocaron el suelo, sus brazos se aflojaron, y quedaron frente a frente en silencio.
El rostro de Koi enrojeció rápidamente. Al darse cuenta de lo que había hecho, se giró de golpe e intentó salir corriendo.
En ese momento, Ashley lo tomó del brazo y lo atrajo de vuelta. Koi cayó entre sus brazos, y Ashley volvió a besarlo.
Ah.
Koi arqueó la espalda cuando Ashley se inclinó hacia él, y sus labios se entreabrieron sin querer. Ashley aprovechó el momento.
—...Ugh.
Un gemido escapó entre sus labios unidos. La lengua de Ashley invadió su boca, acariciando y lamiendo la suya con brusquedad.
Koi cerró los ojos con fuerza, frunciendo el ceño y tensando todo el cuerpo. La sensación resbaladiza de la saliva mezclándose en su boca lo hizo perder la razón por completo.
Respiraciones agitadas escapaban de él, y sus hombros y su pecho subían y bajaban.
Ashley acarició su lengua con la propia, y luego bajó la mano para agarrarle una nalga. Koi se tensó al instante.
Si Ashley no lo hubiera estado sosteniendo con firmeza por la cintura, se habría desplomado.
—Te amo, Koi.
Susurró Ashley, con los labios cerca del labio inferior de Koi. Su aliento estaba tan caliente y febril como el de Koi.
Koi dudó, y luego llevó con cuidado sus manos temblorosas hasta la nuca de Ashley.
—¡Ugh...!
En el momento en que Koi le rodeó el cuello con los brazos, Ashley de repente apretó el agarre en su cintura, atrayéndolo hacia sí.
Volvió a empujar la lengua dentro de la boca de Koi, que se había abierto para ahogar un gemido. Sus lenguas se enredaron, y sus labios encajaron a la perfección.
Presionando todo el cuerpo contra el de Ashley, Koi se perdió en el beso.
Esto es, de verdad, un beso.
En su aturdimiento, apenas alcanzó a notar cuánto se había estado conteniendo Ashley, y que, si quisiera, podría devorarlo entero.
El pensamiento le mandó un escalofrío de miedo por la columna a Koi, pero al mismo tiempo, sintió una emoción de anticipación en el pecho.
Capítulo 94
Haa, haa.
Koi volvió a la casa rodante completamente sin aliento. Se había demorado demasiado, repitiendo el beso una y otra vez porque no quería irse.
Postergándolo hasta el último momento posible, finalmente logró arrastrar los pies y alejarse de Ashley, al fin había tomado la decisión. Su padre se enteraría si seguían así. Algún día se lo diría él mismo, pero no ahora.
—Koi, te acompaño hasta tu casa.
Koi se horrorizó ante las palabras de Ashley mientras este se alejaba del auto y avanzaba hacia él a grandes pasos, y negó con la cabeza.
—N-no, voy solo ¡puedo ir solo!
—No quiero despedirme —admitió Ashley con sinceridad. Quería caminar junto a Koi hasta la puerta de su casa, alargar el momento antes de separarse. Claro que Koi sentía lo mismo, pero la realidad no era tan dulce.
—Me da vergüenza —confesó Koi con dificultad.
—Mi casa es realmente pobre. No quiero que la veas.
Habiendo por fin confesado eso, Koi se armó de valor y lo miró.
—Voy a ir solo. Esta vez de verdad.
Koi reprimió con desesperación las ganas de volver a lanzarse sobre Ashley y se dio la vuelta de golpe. Esta vez no miró atrás, corriendo tan rápido como pudo.
Cuando por fin llegó a casa, sintió alivio al comprobar que su padre todavía no había regresado.
Entró a la casa rodante a oscuras y se apresuró a la ducha. En el pequeño cubículo, apenas suficiente para una persona, se paró bajo el chorro de agua, se quitó la ropa y empezó a lavarla. Se enjabonó las manos y frotó la camisa, luego lavó el pantalón y la ropa interior de la misma manera, antes de finalmente lavarse a sí mismo.
Aunque ya se había duchado en la escuela, se enjabonó todo el cuerpo dos veces y volvió a lavarse el cabello.
Justo cuando cerraba el agua, escuchó el sonido de la puerta al abrirse, seguido de pasos. Su padre había vuelto.
Koi contuvo la respiración y se quedó quieto, escuchando con atención. Si su padre estaba borracho, era mejor no dejarse ver.
Se dio cuenta tarde de que había entrado con tanta prisa que no había traído toalla ni ropa para cambiarse.
Miró alrededor con pánico, pero entonces escuchó pasos afuera, que se detuvieron cerca. Koi contuvo la respiración y agudizó el oído, atento a cualquier sonido.
Se olvidó de respirar. El corazón le latía con fuerza. El miedo le congeló todo el cuerpo. En ese momento, Koi cerró los ojos con fuerza y llamó a Ashley por su nombre desde el fondo de su corazón.
Ayúdame, Ash.
—...Ejem.
Justo cuando repetía el nombre en su mente, escuchó a su padre carraspear afuera de la delgada puerta de la ducha. Koi se sobresaltó y volvió a quedarse paralizado. Tras un momento, su padre habló.
—Koi ¿te estás duchando?
Al oír la voz de su padre, Koi se detuvo en seco. Estaba pasmado ante la situación inesperada. Su padre esperó su respuesta, y luego volvió a llamarlo.
—¿Koi?
—S-sí, sí, así es.
Tartamudeando confundido, respondió apresuradamente, apretando contra el pecho la ropa que había lavado a medias, y abrió la puerta de la ducha.
Su padre estaba de pie a poca distancia de la puerta, esperándolo. Frunció el ceño al verlo empapado.
—¿Estás bien, Koi?
—S-sí.
Koi dio la misma respuesta otra vez, y luego añadió rápidamente:
—E-estoy bien. D-dúchate tú, ya terminé...
Pasó apresurado junto a él, tomó una toalla del cajón y se secó rápido. Sintiendo frío, se puso a toda prisa una camisa vieja y unos shorts que usaba para dormir.
Luego tomó la ropa mojada y salió afuera. Solo después de colgarla en el tendedero improvisado logró finalmente sentirse un poco más tranquilo.
No creo que haya estado bebiendo...
Koi dudó, y luego miró hacia atrás, hacia la casa rodante que acababa de dejar. Adentro, donde titilaba la luz tenue, podía ver la sombra de su padre moviéndose.
Tragó saliva con fuerza, pero no tenía otra opción. Movió los pies a regañadientes y se dirigió adentro.
Con la luz tenue, pudo ver a su padre de pie ahí un momento, y luego dirigirse hacia la ducha.
Ahora es mi oportunidad.
Koi entró rápido a la casa rodante y fue directo a su cama, tapándose con la manta hasta la cabeza. El corazón le seguía latiendo con fuerza.
El sonido del agua de la ducha era ensordecedor.
Su padre no tardó mucho en salir. Se detuvo un momento al ver a Koi acurrucado en la cama, pero no dijo nada.
Solo se quedó ahí parado en silencio, observando. Koi volvió a sentirse inquieto ante ese silencio ominoso.
...Haa.
De repente, escuchó a su padre suspirar.
Luego oyó pasos, seguidos de un tintineo.
Había pensado que su padre no estaba bebiendo esa noche, pero parecía que había ido directo por una botella apenas llegó a casa.
Pero eso tampoco duró mucho. Su padre, que siempre terminaba borracho e inconsciente, se levantó después de tomar solo dos vasos de licor.
Recién cuando fue a su cama y se acostó, Koi por fin logró relajarse.
—¿Estás bien, Koi?
La voz de su padre resonaba en su mente. Era tan extraño que le hiciera esa pregunta.
Para él, Koi era como el aire. Era lo mismo que ser invisible, y las únicas veces que interactuaba con Koi eran cuando estaba borracho y violento.
Así que Koi siempre trataba de pasar desapercibido y vivía como si no existiera. Solo quería una cosa.
Crecer y volverse independiente. La universidad era una de las formas de lograr esa independencia. Si sacaba buenas notas, podría conseguir becas y otros beneficios.
Si sacaba buenas notas, claro.
El recuerdo de su desastroso examen de admisión a la universidad lo hizo suspirar suavemente. Está bien, puedo rendirlo de nuevo. He estado ahorrando dinero, ¿no?
Claro que todo ese dinero era para su fondo de independencia. No alcanzaba ni de cerca para la matrícula universitaria, pero sería suficiente para pagar el alquiler de una casa destartalada. O podría comprarse un auto. Incluso uno viejo y golpeado le permitiría vivir en él e ir al trabajo.
Entonces nunca más tendré que ver a mi padre.
Ya no tendría que irse a dormir con miedo así por mucho más tiempo. Cerró los ojos con fuerza e intentó quedarse dormido. Pero apenas cerró los ojos, sus pensamientos se fueron a otro lado.
Llamé el nombre de Ash.
Su corazón empezó a latir con cautela.
Al recordar el nombre que había llamado sin darse cuenta, con miedo, en la ducha, el pecho se le agitó y se quedó sin aliento.
Antes no había nadie a quien llamar en momentos como ese.
Recordando el pasado, cuando solo podía esperar con impotencia a que terminaran los golpes de su padre, esta situación se sentía como un sueño. Ahora tengo a alguien a quien puedo llamar.
Ash, Ash, Ash.
Cuanto más repetía el nombre, más rápido le latía el corazón y más ganas tenía de verlo.
No ha pasado tanto tiempo desde que nos despedimos, pero ya lo extraño así de mucho.
¿Es por esto que las personas enamoradas viven juntas?
Koi sintió que se le enrojecía el rostro y se hizo un ovillo. Sentía como si todo su cuerpo vibrara al ritmo de su pulso.
Cuando me gradúe ¿podré vivir con Ash?
***
Tengo que casarme.
De pie bajo el chorro de agua, Ashley estaba perdido en sus pensamientos con expresión seria.
Después de despedirse de Koi, había vuelto solo a casa y se había ido directo a la ducha, pero no podía dejar de pensar en una cosa.
Debería proponerle matrimonio a Koi. Es la única forma de que podamos estar juntos sin separarnos.
También era la única forma en que podía protegerlo. Si se casaban, no tendría que preocuparse por si encerrarlo o no. El significado de un anillo de bodas es, después de todo, atar.
Koi será completamente mío.
Solo con pensarlo se sentía bien. También le gustaba la idea de estar rescatándolo legalmente de un entorno tan peligroso, pero, sobre todo, le gustaba saber que ya no tendrían que separarse.
Estaremos juntos de la mañana a la noche.
Pensar de esa manera le mandó una descarga de placer por la mente, tan intensa que se sintió casi como una corriente eléctrica.
Ashley cerró los ojos, dejando que el agua le cayera encima, incapaz de contener la sonrisa que le estiraba los labios.
Qué institución tan perfecta era el matrimonio.
Aprobaba por completo este invento humano. Y como él mismo era humano, pensaba aprovecharlo al máximo.
Sin darse cuenta, Ashley empezó a quedarse dormido, con la mente saltando entre diseños de anillos de bodas y destinos de luna de miel, hasta terminar imaginando su vejez en una acogedora casa de dos pisos en el campo, cada uno con un perro y un gato.
—Hmm hmm hmm, hmm hmm hmm hmm.
Koi despertó tarareando, moviendo la cabeza al ritmo de la melodía mientras se alistaba para ir a la escuela.
Descubría por primera vez que las mañanas podían ser así de emocionantes y agradables. Cada tarea cotidiana, desde lavarse la cara hasta vestirse y preparar la mochila, lo llenaba de una alegría mareante.
Sus pasos eran ligeros, y no podía dejar de sonreír.
Se miró en el espejo. Tenía las mejillas sonrojadas, lo que lo hizo ruborizarse de vergüenza, pero no le disgustaba. Se apresuró a salir de la casa, pero de repente su padre lo llamó desde atrás.
—Koi.
En un instante, toda la felicidad que sentía se esfumó. Koi cayó en la cuenta de algo que había olvidado: su padre todavía estaba dormido en la cama.
Se quedó paralizado, y luego dudó antes de girarse lentamente. Su padre, medio incorporado, lo estaba mirando. Un silencio sofocante se instaló entre ellos.
Capítulo 95
Su corazón latía con fuerza por el miedo. Era la primera vez que su padre despertaba y lo llamaba a esa hora.
Normalmente, su padre estaba desmayado por la borrachera o, si no, lo ignoraba, fingía estar dormido, o se iba directo al trabajo.
Entonces ¿por qué, de repente?
Incapaz de decir nada, solo se quedó mirando mientras su padre, ahora sentado en la cama, le devolvía la mirada. Koi no podía imaginar qué estaba a punto de decir. Al ver a su hijo tan tenso, su padre volvió a cerrar la boca. Claramente tenía algo que decir, pero no lo dijo. Koi no pudo soportar la tensión.
—Yo, se, se me hace tarde... ¡Ya me voy!
Soltó las palabras de golpe y huyó. Su padre observó en silencio cómo su hijo salía a tropezones de la casa rodante con un portazo.
Huff, huff.
Corrió hasta alejarse bastante de la casa rodante, y luego se detuvo y miró atrás. La zona estaba en silencio, y su padre no se veía por ningún lado.
No lo había seguido. Uf, Koi por fin dejó salir un suspiro tembloroso.
¿Qué había estado a punto de decir su padre?
La pregunta le vino a la mente, pero si alguien le pidiera volver y quedarse ahí parado hasta que hablara, Koi se negaría rotundamente.
Después de observar la casa rodante en silencio por un momento, Koi se dio la vuelta y empezó a caminar hacia la escuela. De repente, sonó su teléfono. Preguntándose quién podría ser tan temprano, su rostro se iluminó al ver quién llamaba.
Ashley lo esperaba al costado de la calle donde se habían despedido el día anterior. Apoyado contra su auto, tarareando suavemente, vio a Koi correr hacia él y sonrió.
—¡Ash!
Gritó Koi, con el rostro radiante. Encantado, con las mejillas encendidas, Ashley le devolvió la sonrisa y abrió los brazos de par en par. Koi dudó un instante. Sus piernas, que habían estado corriendo a toda velocidad, parecieron frenar, pero enseguida volvieron a moverse rápido, y Ashley esperó con calma a que se lanzara a sus brazos.
—¡Ash...!
Llamándolo por su nombre con alegría, Koi saltó al abrazo de Ashley. Este lo sostuvo con fuerza, hundiendo la nariz en su cuello y captando de inmediato un aroma tenue de su piel. Ashley inhaló profundo, saboreando la fragancia de Koi. Este, también abrazándolo con fuerza, jadeó buscando aire y cerró los ojos.
—Te extrañé.
Susurró Ashley. Koi sintió un escalofrío recorrerle la espalda ante el calor de su aliento en el cuello y abrió la boca para hablar.
—Soñé contigo.
—¿En serio?
La voz de Ashley estaba llena de risa ¿Qué podría ser más agradable que saber que tu novio soñó contigo? Una sonrisa satisfecha se formó naturalmente en su rostro, pero entonces Koi dijo:
—Sí, pero no fue un sueño muy bueno.
Ashley no reaccionó de inmediato. Tras un momento, levantó la cabeza y lo miró desde arriba.
—...¿Por qué?
Koi dudó al ver el ceño fruncido de Ashley, y luego bajó la cabeza y susurró:
—Verte en persona es mucho mejor.
La expresión de Ashley se fue suavizando poco a poco, y una sonrisa radiante se extendió por su rostro. Incapaz de resistirse, inclinó la cabeza, y el aplicado estudiante levantó la vista con timidez.
Sus labios se encontraron con suavidad, y Ashley le succionó despacio el labio inferior antes de volver a presionar y entrelazar sus lenguas. Koi siguió con esmero el beso profundo que había aprendido el día anterior. Ashley no pudo evitar sentir ternura ante la torpeza con que frotaba la lengua, y lo abrazó más fuerte.
—...Ugh.
Koi dejó escapar un pequeño quejido entre besos. Definitivamente no era un quejido de placer. Iba a terminar rompiéndole los huesos si no tenía cuidado.
Ashley pensó en la contextura de Koi, menos de la mitad de la suya, y aflojó el agarre a regañadientes.
Adorable Koi, te amo.
Mientras volvía a besarlo, Ashley se contuvo de apretarlo con ambos brazos, y en su lugar bajó una mano para agarrarle el trasero. Koi se estremeció, pero se mantuvo en silencio y concentrado en el beso.
Koi llevaba jeans ese día. La textura áspera de la tela no era muy agradable, y Ashley apenas logró contenerse de meter la mano dentro del pantalón de Koi para acariciarle la piel desnuda.
Si llegaba más lejos, no llegarían a la escuela.
Aun después de haberse liberado tanto el día anterior, la sangre ya volvía a acumulársele en la parte baja del cuerpo. Se suponía que la esperanza de vida de los alfas extremos era más larga que el promedio, pero a este ritmo, podría convertirse en el primero en morir joven, y pasar a ser objeto de nuevos estudios. Ashley luchó por contenerse y a duras penas logró romper el beso. Su mano seguía apoyada en el trasero de Koi, pero incluso eso ya era un acto considerable de moderación.
Tranquilo, Ashley Miller. No apresures las cosas.
Imaginando su futuro como una vieja pareja criando perros y gatos en una casa de campo, apenas logró contener sus impulsos. No podía morir joven bajo ningún concepto si quería vivir ese sueño.
—¿Vamos, Koi?
Preguntó Ashley, y Koi asintió antes de responder.
—Sí.
Su mirada seguía nublada mientras lo miraba. Koi de verdad amaba besar a Ashley. Sabiendo eso con tanta claridad, Ashley le dio otro beso rápido en los labios.
Durante todo el camino a la escuela, Ashley sostuvo el volante con una mano y la de Koi con la otra, apretándola con firmeza.
De vez en cuando, cuando se detenían en un semáforo o bajaban la velocidad, apretaba sus dedos entrelazados, los movía inquieto y jugaba con su mano.
Koi sentía que esa mano sostenida en su palma grande y fuerte era su mundo entero, y cada vez le costaba mantener la respiración estable.
Pero el dulce momento pasó demasiado rápido. Ashley se orilló a un costado de la calle, no muy lejos de la escuela, suspiró suavemente y habló.
—Aquí nadie nos va a ver.
—Sí.
Koi asintió y se preparó para bajar. No quería separarse, pero no había remedio. Después de todo, había sido idea suya mantenerlo en secreto.
Pensando en lo que había pasado esa mañana, definitivamente era lo correcto. No sabía qué había estado a punto de decir su padre, pero seguro no sería bueno si esto salía a la luz.
Era por el bien de Ash.
No le importaba salir lastimado él, pero la idea de que Ashley resultara herido por culpa de su padre le resultaba insoportable. Ashley no merecía ese tipo de trato. Lo estaba poniendo en un peligro innecesario solo por salir con Koi.
Koi sintió culpa y trató de soltarle la mano con suavidad. Pero de repente, Ashley la sujetó con fuerza y lo atrajo hacia sí. Le besó el dorso de la mano, sin dejar de entrelazar sus dedos, y lo miró. Una vez más, el corazón de Koi empezó a latir desbocado.
—¿Está bien si te saludo en la escuela, verdad?
—S-sí.
Sería extraño actuar distante de repente. Eso al menos debía estar bien, ¿no? Koi decidió darse un pequeño premio. Sería demasiado doloroso si ni siquiera pudiera hacer eso.
Al ver la expresión de Koi, Ashley sonrió con dulzura.
—No te preocupes, recuerdo lo que dijiste, así que no va a pasar nada malo.
—Sí.
Si Ashley lo decía, debía ser cierto. Koi podía creer cualquier cosa que le dijera. Ashley estiró la otra mano y lo acercó, sujetándolo por la nuca. Koi cerró los ojos primero y esperó su beso. Este duró un poco más que el anterior.
Después de que la lengua de Ashley recorriera y lamiera con suavidad el interior de su boca, Koi abrió los ojos con una sensación de arrepentimiento. Ashley sonreía mientras le limpiaba la saliva de los labios.
—Entonces, nos vemos pronto.
—Sí.
Koi asintió de nuevo y abrió la puerta del copiloto a regañadientes. No se soltaron las manos hasta el último momento. Se inclinó todo lo que pudo hacia afuera, sosteniéndole la mano el mayor tiempo posible, y al enderezarse, sus dedos finalmente se separaron. Obligado a cerrar la puerta, miró dentro del auto y vio a Ashley observándolo con una sonrisa irónica. Koi dijo "nos vemos pronto" una vez más y cerró la puerta.
Ashley, que había dejado a Koi en un camino apartado a unos 10 minutos a pie de la escuela, se marchó primero.
Probablemente para lidiar con la atención que se les vendría encima antes de que le tocara a Koi. Este sintió una gratitud y una culpa infinitas por esa consideración mientras se dirigía despacio hacia la escuela.
Ashley Miller había sido rechazado "de nuevo".
El rumor se esparció como pólvora. Incluso más rápido que el rumor de que Ashley Miller se había confesado y había besado a un chico después del partido de hockey sobre hielo el día anterior.
Capítulo 96
El rumor se esparció tan rápido que algunas personas se enteraron de que lo habían rechazado incluso antes de escuchar que Ashley se había confesado y había besado a Koi. Como resultado, toda la escuela hablaba de Ashley.
—¿Lo rechazaron otra vez? ¿A Ashley Miller?
—¿Seguro que no es otro Miller?
—Lo dejó Ariel y ahora esto, no puede ser.
—Escuché que le pidió a un chico que saliera con él, obvio que lo rechazó.
—Debe haber quedado muy traumado después de que Ariel lo dejara.
—Qué desilusión.
—La verdad es que se ha vuelto medio aburrido.
—Sí, yo pensaba que era tan genial.
—Qué decepción.
Ashley y los demás chicos del equipo de hockey sobre hielo observaron en silencio a las chicas alejarse, murmurando entre ellas. Bill fue el primero en hablar.
—Ash, ¿no crees que necesitas explicar esta situación?
Ante su pregunta, todas las miradas se dirigieron a Ashley. Este esbozó una sonrisa irónica y puso cara de incomodidad.
—Me confesé y me rechazaron, eso es todo.
Los demás chicos se miraron entre sí, y luego uno de ellos ya no pudo contenerse.
—No, digo ¿por qué te confesaste a Koi en primer lugar?
—Sí ¿Cómo puedes hacer eso con otro chico?
Como la mayoría de la gente, no podían aceptar que dos personas del mismo género, que no fueran alfa u omega, pudieran gustarse entre sí. O tal vez era porque la otra persona era Ashley Miller. Recordando que Koi había reaccionado igual al principio, esta era probablemente la reacción más común.
La razón por la que Ashley había podido aceptar sus sentimientos con tanta facilidad era porque su entorno era distinto al de ellos ¿Lo habrían aceptado de otra manera si sus padres hubieran sido de un tipo distinto a beta? Ashley pensó en esa pregunta sin respuesta y la descartó rápidamente.
—Simplemente pasó. No puedes controlar a quién quieres.
—Eso es cierto.
Bill estuvo de acuerdo, y luego se quedó pensando junto con los demás chicos. No tardó mucho, y pronto sonrió como siempre y habló.
—Bueno, a nosotros no nos importa quién te guste.
—Sí. Eres nuestro amigo.
—A mí tampoco.
—A mí tampoco.
Los chicos, que siempre habían tenido el mejor trabajo en equipo, se unieron una vez más para apoyar a Ashley. Este sonrió, sintiéndose agradecido por sus amigos.
—Gracias.
—¿Por qué? No es nada.
Uno de los chicos, algo avergonzado, se rascó la nariz, y luego frunció el ceño.
—Pero ¿por qué te rechazó Koi?
Al escuchar eso, otro chico habló.
—Cierto ¿por qué te rechazó? O sea, no es tan común que dos chicos beta salgan juntos, pero tampoco es algo inaudito.
—Hay un montón de chicos que estarían felices de salir contigo, aunque fueras hombre.
—Sí ¿Quién no querría salir con Ash?
Ashley esbozó una sonrisa irónica mientras veía a sus amigos asentir de acuerdo. Se sentía culpable por mentirles y engañarlos, pero no tenía otra opción. Era por el bien de Koi.
Siempre podía invitarlos a todos a la boda como compensación.
Decidió disculparse con ellos a su manera y respondió con naturalidad:
—Koi no entiende eso de que dos chicos se gusten y salgan juntos.
—Uf.
—Wow ¿en serio?
—Koi, no pensé que fueras tan mojigato.
Un coro de quejas estalló por todos lados. Les resultaba increíble que Ashley Miller, el ídolo del equipo de hockey sobre hielo, hubiera sido rechazado dos veces seguidas. Ashley dijo con calma.
—Supongo que simplemente no me esforcé lo suficiente.
Sus amigos, que habían estado ocupados criticando a Koi, se quedaron callados. Ashley se acomodó la mochila y continuó:
—Solo necesito esforzarme más. Así que está bien.
Su reacción inesperadamente serena dejó a sus amigos desconcertados, y se miraron entre sí, sin saber si hablaba en serio o no. Ashley habló primero:
—Bueno, me voy. Tengo otra clase.
—Ah, eh, bueno.
—Nos vemos.
—Chau.
Sus amigos respondieron rápido, observando a Ashley alejarse. Solo después de que desapareció de su vista relajaron los hombros y empezaron a expresar sus pensamientos.
—Qué demonios le pasó a ese tipo…
Al chico que suspiró hondo, el amigo a su lado le preguntó:
—¿Cómo que "le pasa"? ¿Te refieres a que a Koi no le gustan los chicos? ¿O a que a Ash le guste un chico?
—Ambas cosas, supongo.
Otro chico se sumó. Pronto todos estuvieron de acuerdo.
—La verdad, debe haber sido incómodo para Koi también.
—Sí, seguramente pensaba que eran solo amigos, y de repente Ash le dijo que le gustaba.
—Tenía la sensación de que Ash estaba interesado en Koi. Lo dijo antes, que era lindo.
—Nosotros dijimos que era lindo, Ash no lo dijo, ¿o sí?
—Sí que alargaba mucho la palabra "lindo", eso sí.
Todos asintieron, dándose cuenta al mismo tiempo de lo mismo.
¿Podría haberle gustado desde entonces?
Pasó un momento de silencio antes de que alguien murmurara con un suspiro:
—Todavía no puedo creerlo, Ash gustando de un chico.
De acuerdo con él, otro agregó:
—Debe haber quedado muy afectado después de romper con Ariel.
—¿Deberíamos tratar de que vuelva con Ariel?
Preguntó uno de los chicos, preocupado, pero otro lo detuvo.
—Oye, los sentimientos de Ariel también son importantes. Y no deberíamos meternos en las relaciones ajenas.
Habiendo vivido con una madre obsesionada con las telenovelas, sabía eso con toda certeza. Todos estuvieron de acuerdo con el consejo inusualmente estricto de su amigo, diciendo: "Está bien, está bien".
—Aun así, deberíamos apoyar a Ash.
—Sí, es nuestro amigo.
—¿Entonces quién va a apoyar a Koi?
Todos se quedaron pensando ante la pregunta de alguien, pero pronto uno de ellos encontró una solución.
—Koi dejó clara su decisión, así que deberíamos respetar eso. Apoyemos lo que sea que haga Ash.
—Sí, mientras no sea un delito ni nada así.
—No va a secuestrar y encerrar a Koi ni nada de eso ¿verdad?
Todos estallaron en risas ante sus palabras, afirmando con firmeza que Ashley Miller jamás haría algo así.
***
—Ugh…
Incapaz de contener el gemido que se le escapaba, Koi cerró los ojos con fuerza. Ashley levantó la cabeza y esta vez presionó los labios contra los suyos.
Koi no lograba recobrar la razón con los besos continuos.
Entre clase y clase, no podían resistirse a tener breves momentos para esconderse y besarse y tocarse. Estaban desesperados por esos instantes fugaces, y luego uno de los profesores canceló la clase. Koi recibió el mensaje de Ashley y se escabulló hacia la parte trasera de un edificio apartado, evitando las miradas ajenas. Ashley lo tomó de inmediato y lo cubrió de besos.
—Haa…
Logrando apenas romper el beso, Koi soltó el aire que había estado conteniendo y apoyó la cabeza contra el pecho de Ashley. No podía mantenerse en pie sin apoyar todo el cuerpo contra él. Las manos de Ashley seguían acariciándole el trasero, pero ya se estaba acostumbrando.
Así que así es, se tocan el trasero cuando se besan.
Eso era todo lo que pensaba ¿Debería tocarle el trasero a Ashley también…? Pensó vagamente, pero su cuerpo no se movía como quería.
Todavía necesitaba más valor para llegar tan lejos. Koi se quedó apoyado en silencio contra él, dejando que Ashley lo tocara por todas partes.
Había algo más importante que eso.
—Los chicos han estado hablando de ti todo el día…
Ashley respondió con indiferencia "Ah ¿en serio?" a las palabras aún aturdidas de Koi. Lo importante para él ahora era cómo podía tocar más a Koi entre sus brazos, todo lo que quisiera. Bajó la cabeza para besarlo de nuevo, pero Koi lo esquivó con sutileza y dijo.
—¿No te molesta? Todos hablan de ti como si supieran todo.
—La verdad no, no le doy mucha importancia.
Ashley solo miraba los labios de Koi ¿Debería meter la mano en su pantalón? Sus jeans están sueltos, así que creo que puedo. Al ver eso, Koi murmuró, avergonzado:
—Es cierto que te pedí que hicieras esto, pero aun así…
Se sentía mal al ver a Ashley fingiendo estar bien por su culpa. Tal vez de verdad estaba bien. A Ashley no le importaría lo que dijeran los demás chicos, pero Koi lo sentía distinto.
—Eres un chico tan genial y bueno, y me da rabia que digan esas cosas.
En realidad, Ashley quería gritar que no era así. Qué maravilloso novio era ¿aguantar esos malos rumores por él? Al verlo morderse el labio con frustración, Ashley dijo.
—Solo tú necesitas saber que soy genial y bueno.
Koi dudó antes de levantar la mirada con cautela. Ashley le robó un beso de los labios como si hubiera estado esperando eso, y luego sonrió.
—Me basta con ser genial y bueno para ti.
Por supuesto. No había nadie tan genial como Ashley para Koi, nunca lo habría. El corazón de Koi se llenó, y a duras penas logró abrir la boca. Aun así, le costó mucho valor poner en la punta de la lengua las palabras que se le habían subido a la garganta.
—Tú me gu-gustas, Ash.
Ante la tímida confesión que apenas logró escapar, Ashley sonrió y deslizó la mano dentro de su pantalón, agarrándole el trasero.
Capítulo 97
Koi gritó en voz aguda al sentir la mano que se aferraba a su piel desnuda. Rápidamente se cubrió la boca con ambas manos y miró a Ashley con los ojos muy abiertos. Como preguntándole qué estaba haciendo. Pero a Ashley no le importó, y metió ambas manos, acariciando las dos nalgas de Koi mientras se lamentaba.
—Ah, no quiero que terminemos.
Se acercaba la siguiente clase. El rostro de Koi se puso rojo, y no sabía qué hacer, mirando hacia abajo el trasero que Ashley le estaba manoseando. Estaba de acuerdo con sus palabras, pero no se le ocurría nada que decir porque estaba demasiado consciente de su trasero. Ashley frunció el ceño ante la reacción de Koi y preguntó.
—Koi ¿a ti no te molesta para nada?
—¡Aah!
Koi volvió a gritar cuando Ashley le apretó el trasero con fuerza, como castigándolo. Haa, haa, incapaz de controlar su respiración naturalmente acelerada, Koi tembló y sintió mareo, respondiendo con vacilación.
—Yo, no, no me des-desagrada tampoco.
—¿Verdad?
Ashley soltó la mano que había estado sujetando su trasero. Pero eso no significaba que lo dejara ir. En cambio, lo acarició con suavidad y murmuró, suspirando sobre su cabeza:
—Ojalá pudiéramos estar juntos para siempre.
—Y-yo también.
Esta vez, Koi respondió sin dudar. Trató de concentrarse en las palabras de Ashley, esforzándose por apartar la atención de su trasero.
—Yo también quiero estar juntos para siempre sin separarnos.
Ashley lo miró desde arriba cuando lo dijo sin tartamudear.
—¿De verdad?
Koi asintió ante su rostro iluminado.
—Sí, de verdad.
Koi también se arrepentía de haber roto. No sabía cuán vacío y solo se había sentido después de la separación el día anterior. Ashley sentía lo mismo, así que ganó algo de valor.
—Eh, he estado pensando en algo…
Ashley detuvo las manos y lo miró desde arriba mientras Koi hablaba con cautela. Aun así, este intentó apartar la atención de las dos manos que seguían en su trasero y continuó,
—Eh… cuando nos graduemos…
Los ojos de Ashley brillaron.
—Koi ¿estabas pensando en lo mismo?
—¿Eh? Ah…
Koi respondió distraído y luego abrió los ojos de par en par.
—¿T-tú también?
Ashley sonrió radiante y respondió.
—Por supuesto.
—Ya veo.
El corazón de Ashley sintió que iba a estallar al mirar el rostro de Koi, brillando de una alegría abrumadora. Estábamos pensando en lo mismo. Tal como esperaba, estamos enamorados, así que nuestros corazones están conectados.
—Koi.
—Ash.
Los dos dijeron las siguientes palabras casi al mismo tiempo.
—Casémonos.
—Vivamos juntos.
Los dos, que habían soltado sus palabras en un instante, se seguían mirando con el rostro sonriente.
—¿Eh?
—…¿Qué?
Fue entonces cuando se dieron cuenta de que algo andaba mal. Koi parpadeó sin entender, y Ashley frunció el ceño mientras se quedaban mirándose fijamente. Sus expresiones cambiaron al comprender, con retraso, las palabras del otro.
—¿M-m-m-matrimonio?
Koi, que se había puesto rojo intenso en un instante, tartamudeó y dio un salto. El rostro de Ashley se contrajo aún más al ver eso.
Pero Koi no estaba en condiciones de preocuparse por eso ahora mismo. Estaba tan sorprendido por la bomba que casi retrocedió sin darse cuenta, pero Ashley le agarró el trasero de inmediato, así que no lo logró.
—¿Por qué? ¿No quieres casarte conmigo?
Preguntó Ashley en tono acusador. Todavía atrapado entre sus brazos, Koi negó con la cabeza, confundido.
—N-no es eso.
—¡Todavía somos estudiantes de secundaria!
Koi no lograba controlar los latidos desbocados de su corazón y añadió apresuradamente,
—El matrimonio es demasiado pronto.
Antes de que pudiera terminar de hablar, Ashley le sujetó las nalgas y gruñó con brusquedad.
—¿Demasiado pronto? ¿Estás diciendo que no te vas a casar conmigo?
—No, no, no es eso.
Koi negó con la cabeza frenéticamente. No era lo que quería decir, y se apresuró a ordenar sus pensamientos y ponerlos en palabras.
—Eh, yo, no digo que no vaya a hacerlo, pero es muy repentino, así que, primero, vivamos juntos primero…
—Entonces ¿estás diciendo que romperías conmigo si las cosas salen mal? Koi, ¿de verdad hablas en serio?
—No, no, no es eso.
Koi estaba acorralado. Dijera lo que dijera, Ashley encontraba una brecha y atacaba. Así que esta era la habilidad del as del equipo de hockey sobre hielo de Buffalo High School. Koi cayó en la cuenta y tragó saliva con fuerza.
No había escapatoria. Koi no tenía ninguna intención de romper con Ashley, y tampoco le desagradaba la idea de casarse. Simplemente no lo había pensado. Cuando confesó eso con honestidad, Ashley ordenó con el rostro tenso.
—Entonces piénsalo. Ahora mismo.
—Eh…
—Koi, responde rápido. ¿Te casarás conmigo o no?
—¡Aah, sí lo haré!
Abrumado por su insistencia, Koi terminó gritando con urgencia. Ashley se quedó mirando fijamente el rostro de Koi. Este asintió apresurado y volvió a decir.
—Me casaré, me casaré contigo.
—Koi.
Recién entonces el rostro de Ashley se relajó, y una sonrisa radiante se extendió por él. La mano que había dejado su trasero abrazó el cuerpo de Koi y lo sostuvo con fuerza, sin dejar ningún espacio entre ellos.
—Eres mío, para siempre.
—Sí, haa.
Koi respondió aturdido. Todavía no podía creer que hubiera aceptado casarse. Pero lo que resultaba aún más increíble era el hecho de que Ashley se le hubiera propuesto.
—¿De verdad quieres vivir conmigo? ¿Para siempre?
Ashley, que había levantado la cabeza ante la pregunta cautelosa de Koi, frunció el ceño y preguntó.
—Claro ¿tú no?
Su expresión era seria. Ashley estaba siendo más sincero que nunca. En el momento en que Koi comprendió eso, su pulso se aceleró poco a poco, y pronto sintió que todo el cuerpo le iba a estallar.
—Yo también.
Respondió Koi, con la voz temblorosa.
—Yo también quiero vivir contigo… para siempre.
La última palabra fue tan abrumadora que casi no pudo pronunciarla. Al oír eso, Ashley sonrió ampliamente e inclinó la cabeza para besar a Koi. Este cerró los ojos, entreabrió los labios con naturalidad, y le rodeó el cuello con los brazos.
—Te amo, Ash.
Sus dedos hormiguearon por la emoción abrumadora. Presionó todo el cuerpo contra Ashley y repitió las mismas palabras una y otra vez.
—Te amo. Te amo, Ash.
Se acercaba la hora de clase, pero a ninguno de los dos le importaba. Las campanas de boda ya sonaban en sus oídos. Ashley lamió y succionó la boca de Koi, reafirmando el voto que había hecho incontables veces. Jamás soltaría ese pequeño cuerpo entre sus brazos hasta el día de su muerte.
—¡Buffalo!
Ante el grito entusiasta de Ariel, las porristas siguieron con un rugido, alineándose en perfecto orden. Koi aplaudía con entusiasmo, animándolas mientras se movían al compás de la música con total sincronía.
"El equipo de porristas completó con éxito su apoyo en el partido de Homecoming sin ninguna lesión."
El rumor se esparció de boca en boca, y no pasó mucho tiempo antes de que empezaran a llegar solicitudes de nuevas integrantes.
Por supuesto, el papel de Koi terminó apenas llegaron las nuevas integrantes. Pero el equipo de porristas, incluida Ariel, no parecía dispuesto a dejarlo ir.
—En cambio, hay algo más que puedes hacer.
Le asignaron a Koi una misión distinta, no como porrista, sino como asistente del equipo. Era trabajo sencillo, como organizar los accesorios de las porras o preparar la música, pero alguien tenía que hacerlo, y prefirieron elegir a una "hermana" conocida en vez de reclutar a alguien nuevo.
Era algo bueno también para Koi. Si continuaba con la actividad hasta el final del semestre, podría completar sus créditos sin problemas.
De hecho, podrían haberle pedido esto fácilmente a cualquier otra persona. Pero lo eligieron a él. Debían conocer la situación de Koi y estaban siendo considerados.
Koi aceptó su gentileza con gusto, y después de clases, ayudaba con dedicación durante las sesiones de práctica cada vez que tenía tiempo.
—Aquí, agua.
Mientras repartía las botellas de agua fría una por una, las chicas, agotadas de practicar, recuperaban el aliento y las aceptaban.
—Gracias, Koi.
—Ah, esto sí que ayuda.
Koi sonrió, sintiéndose orgulloso al escuchar los sonidos refrescantes que venían de todas direcciones. La fiesta de Homecoming había terminado, y la temporada estaba en pleno apogeo. Buffalo High School volvía a ser un fuerte candidato al campeonato este año.
Porque todos se habían esforzado especialmente este año.
El rostro de Ashley le vino a la mente a Koi de forma natural. Les estaba yendo bien desde entonces. Tan bien que casi resultaba inquietante.
Cuando terminaba la práctica de las porristas, la práctica del equipo de hockey sobre hielo terminaba poco después. Koi acababa de limpiar a tiempo y se apresuraba hacia el auto de Ashley.
—¡Ash!
Ante el grito de Koi, Ashley, que había estado apoyado contra el auto esperándolo, se enderezó y sonrió con brillo. Koi saltó a sus brazos abiertos sin dudar. Gotas de agua le caían del cabello, recién salido de la ducha. Podía imaginarse a Ashley corriendo a ducharse y luego apresurándose a verlo.
—Podrías haberte secado el pelo.
—Se va a secar pronto.
Dijo Ashley, y besó suavemente los labios de Koi. Este sonrió feliz y aceptó el beso.
Soy feliz.
—Vamos.
Dijo Ashley, levantando la cabeza. Koi asintió, con el rostro radiante, y subió al auto de Ashley. Poco después, Ashley encendió el motor y, como si fuera natural, tomó la mano de Koi con una de las suyas. La felicidad cotidiana se había instalado entre ellos de esa manera.
Nota Lucy: Aaawww son tan adorables, estoy derritiéndome de ternura. Siento que necesitaré insulina :3
Capítulo 98
—¿Prohibido competir?
La voz de Ashley se elevó sin querer ante el aviso repentino. El entrenador suspiró con expresión seria y continuó.
—Cambiaron las regulaciones en algunos estados. Los alfas u omegas que han Manifestado no pueden competir en partidos, sean juveniles o profesionales.
—¿Por qué, tan de repente?
El rostro de alguien le cruzó la mente a Ashley mientras a duras penas lograba hablar. El entrenador tomó otro respiro profundo y le ofreció palabras de consuelo.
—De todos modos, así están las cosas, y lo siento. Te voy a extrañar mucho, pero…
Ashley se quedó en silencio un momento antes de finalmente abrir la boca.
—Entonces, ¿desde cuándo?
El entrenador dudó antes de responder.
—Desde el próximo año.
Se acercaba el Día de Acción de Gracias. Después no habría partidos hasta el año nuevo. Y luego vendrían las finales de temporada, pero quedar excluido de los partidos después de haber llegado tan lejos.
—…Haa.
Ashley respiró hondo para contener la ira que crecía dentro de él. No podía descargarla contra el inocente entrenador. Buffalo no sería el único equipo perjudicado por este cambio en las regulaciones.
—…Entiendo. Entonces el próximo partido será el último para mí.
—Bueno… sobre eso.
El entrenador se rascó encima de la ceja y dijo.
—Ya encontré a alguien para reemplazarte, y necesita tiempo para adaptarse al equipo, así que… va a jugar desde el próximo partido. Sería demasiado ponerlo directo en las finales.
Ashley se quedó sin palabras y solo se quedó mirando el rostro del entrenador. Que lo sacaran así, tan de repente. Los equipos de hockey sobre hielo de secundaria no eran profesionales, apenas estaban cerca de ser un pasatiempo. Pero él había estado jugando con todo el corazón hasta ahora. La rutina que había continuado con naturalidad después de clases había desaparecido de la noche a la mañana.
Los rostros de sus amigos, con quienes había jugado juntos, le pasaron por delante de los ojos, y se cubrió el rostro con una mano. Un torrente de emociones lo invadió, pero todas carecían de sentido. Ashley respiró hondo y bajó la mano despacio.
—…Bueno, no hay nada que pueda hacer.
—…Lo siento.
El entrenador bajó la cabeza y se disculpó. También sería difícil para él. El as del equipo se iba en plena temporada. Ashley no lo molestó más y dio un paso atrás.
—Gracias por todo.
Mientras Ashley se despedía, el entrenador se puso de pie y extendió una mano. Ashley se la estrechó brevemente y salió de la oficina.
Con razón no había práctica hoy.
Sintió amargura al pensar en sus amigos, que se habían ido a casa antes, entusiasmados. Cuando le pidieron que se quedara solo, pensó vagamente que el entrenador querría hablarle sobre el partido. Pero de repente, lo habían sacado. ¿Alguien más se había esperado esto?
La respuesta llegó pronto. La expresión de Ashley se ensombreció al revisar quién llamaba cuando sonó su celular.
—¿Tuviste una buena charla con el entrenador?
Ashley se quedó callado un momento antes de abrir la boca ante la voz protocolar del otro lado.
—…¿Fue adre? ¿Él cambió las regulaciones?
La secretaria de su padre respondió con indiferencia.
—Ibas a dejarlo el próximo año de todos modos, ¿no?
Pero ¿por qué tomarse la molestia de cambiar las regulaciones solo para "hacerlo dejar el juego"?
Sabía la respuesta. Ese hombre solo quería jugar con la vida de Ashley a su antojo.
Como para demostrar que lo tenía en sus manos.
—¿Debería haberle enviado flores por el Día del Padre?
Ashley soltó una risa sarcástica, pero ella respondió con calma de todos modos.
—Si te resulta más reconfortante pensarlo así, entonces digamos que es correcto.
Ashley resistió el impulso de gritar y en cambio apretó el puño. Ella solo hacía el trabajo de su padre. La persona a la que gritarle y con quien enojarse era su padre. Claro que Ashley no haría eso. Porque no había nada más innecesario que verlo por eso. En cambio, contuvo sus emociones y abrió la boca con la mayor calma posible.
—De todos modos, dile a mi padre felicidades, porque se salió con la suya. Ya sé por qué no esperó hasta el final de la temporada.
—Entendido ¿Necesita algo más?
Ante la respuesta mecánica, Ashley preguntó con sarcasmo.
—¿Devolverme al equipo de hockey sobre hielo?
—Eso no es posible, como usted sabe.
Después de negarse sin más, preguntó:
—"¿Algo más?".
Ashley sabía que ella solo estaba cumpliendo con su trabajo, aunque pareciera que se burlaba de él.
—No.
—Entendido. Entonces, con permiso.
La llamada terminó primero, y Ashley se quedó mirando su celular un momento antes de guardárselo en el bolsillo del pantalón. El eco de sus pasos en el largo pasillo sonaba, de alguna manera, patético.
—¡Ash!
Como de costumbre, cuando terminó la práctica del equipo de porristas, Koi llegó corriendo, sin aliento. Ashley, que había estado apoyado contra el auto esperándolo, abrió los brazos de par en par, y Koi saltó a ellos como si fuera lo más natural. Como los polos opuestos de un imán atrayéndose, los dos se pegaron con fuerza.
—Te extrañé.
Susurró Ashley. Koi lo abrazó con todas sus fuerzas y frotó la mejilla contra su pecho ancho.
—Yo también.
Ashley sonrió y frotó el rostro contra la parte superior de su cabeza. Quería quedarse así para siempre. Pero si no se iban pronto, alguien podría encontrarlos.
—¿Esperaste mucho? Dijiste que hoy no había práctica. Podrías haberte ido antes.
Dijo Koi, apresurándose al asiento del copiloto y esperando a que Ashley se sentara en el del conductor. Sintiéndose culpable y apenado por hacerlo esperar, Ashley encendió el motor y respondió.
—No esperé mucho. El entrenador dijo que tenía algo que decirme.
'¿Será sobre el partido?', pensó, pero Ashley abrió la boca.
—No puedo jugar desde el próximo partido.
—¿Qué? ¿Por qué?
Koi dudó de sus oídos ante esas palabras dichas con tanta naturalidad. Sabía cuánto amaba Ashley el hockey sobre hielo. Brillaba con más fuerza y se llenaba de felicidad cada vez que jugaba un partido. Pero ahora ya no podría volver a verlo así.
—¿Por qué apareció de repente una regulación así Hasta ahora estaba bien.
—Bueno…
Ashley se demoró en responder, como si estuviera revisando el semáforo.
—Tampoco lo sé.
—Eso es demasiado, de verdad.
Murmuró Koi, genuinamente molesto. Era una regulación realmente ridícula ¿Cuánto podía afectar al partido el ser alfa u omega como para no poder jugar?
—Esto es discriminación.
Koi estalló en enojo, algo poco habitual en él. Normalmente dejaba pasar las cosas incluso cuando lo trataban injustamente, pero no podía soportarlo cuando se trataba de Ashley. Esto era demasiado injusto.
—Ash ¿no puedes demandar? Es ridículo que no dejen jugar a alguien en un partido solo porque se manifestó.
Ashley se rio por primera vez desde que había recibido esa terrible noticia del entrenador.
—Puedo, pero.
No pudo evitar sonreír ante Koi, enojado en su defensa, y continuó en voz suave.
—Si hubiera esperado hasta que salieran los resultados, tendría más de cuarenta cuando me graduara de secundaria.
—Ah…
Koi volvió a desanimarse ante las palabras de Ashley. El corazón de este se sintió algo más aliviado gracias a Koi, pero quería seguir viéndolo esforzarse por consolarlo, así que no dijo nada. Entonces, Koi, que había estado pensando, de repente giró la cabeza y preguntó.
—¿Quieres tocarme el trasero?
—¡Puah-jajaja!
Soltó una carcajada y casi pisó el freno. Koi, sorprendido, preguntó apresurado.
—¿E-estás bien?
Ashley redujo la velocidad del auto para evitar un accidente, pero la sonrisa en su rostro no se desvaneció en absoluto.
—¿Tocarte el trasero me hará sentir mejor?
Koi observó su expresión con cautela ante esa voz que aún sonreía.
—Ah, ¿no es así?
Claro que lo haría sentir mejor, pensó Ashley, pero había una forma todavía mejor.
—¿Qué tal si tú tocas mi anaconda?
Koi no pudo decir nada. Al verlo solo abrir mucho los ojos, como a punto de llorar, Ashley agregó en tono ligero.
—Es broma.
Diciendo eso, Ashley soltó la mano de Koi y en su lugar la puso en su cintura. Koi levantó levemente una nalga para que le resultara más fácil tocarla, y Ashley le masajeó despacio el trasero, que le encajaba a la perfección en una mano.
—¿Cómo, te sientes?
—Bien.
Respondió Ashley a la pregunta cautelosa. La verdad era que había querido orillar el auto y besar a Koi, pero no estaría bien rechazar su propuesta, sobre todo porque había sido idea suya. Podría besarlo en otro momento.
Mientras tanto, Koi pensaba en algo completamente distinto. Ya se había acostumbrado a que Ashley le tocara el trasero, y creyó que podía manejar eso, pero el repentino ataque de la anaconda lo había desconcertado por un momento. ¿Por qué se había olvidado de eso? Ashley solo se estaba conteniendo.
Tal vez eso lo consolaría más en este momento…
Justo cuando ese pensamiento le cruzó la mente, Ashley habló.
—Koi.
—¿Sí?
Koi respondió rápido, y Ashley continuó, todavía mirando al frente.
—¿Quieres venir a mi casa por el Día de Acción de Gracias?
Nota Lucy: Ay no puedo con estos dos jajaja ... Ash se lo quiere puro comer, le tiene unas ganas y Koi todo inocente, se deja querer xD
Capítulo 99
—¿Ir el Día de Acción de Gracias?
Koi repitió las palabras de Ashley, tomado por sorpresa. Ashley se rio entre dientes y agregó:
—Sí, a menos que tengas otros planes.
—Ah, no. Claro que no.
Koi habló demasiado rápido y, avergonzado, bajó la cabeza.
—Sabes que eres mi único amigo…
—¿Amigo?
Ashley se aferró a la palabra de inmediato, y Koi se corrigió apresurado.
—Novio. Digo, novio.
Solo entonces Ashley sonrió, volviendo la mirada al camino.
Pasaron la fila de autos que esperaban en el portón principal y entraron por el portón exclusivo para residentes. Mientras Ashley conducía hacia la mansión, preguntó:
—¿Qué hacemos para el Día de Acción de Gracias? ¿Algo que quieras comer?
—Eh…
Koi dudó, y luego habló con cautela.
—¿Podríamos, comer pavo?
—Claro.
Ashley aceptó de inmediato, y luego se rio entre dientes.
—¿No es medio asqueroso?
—Eh…
No lo sabía en realidad. Koi solo lo había visto en fotos y videos; nunca lo había probado.
—Bueno, hay que comer pavo en el Día de Acción de Gracias, ¿no?
—¿Como el pastel en un cumpleaños? Bien, entendido.
Ashley volvió a reírse entre dientes, pero Koi no respondió. Tampoco había experimentado eso del "pastel en un cumpleaños".
¿Qué pensará Ash cuando sepa todo sobre mí…?
El pensamiento le vino de repente a Koi, pero rápidamente negó con la cabeza. Ash no juzgaría a alguien por eso. Le había dicho que le gustaba, como, un millón de veces.
Es de mala educación dudar de Ash.
Decidido a ser más positivo, Koi reunió valor y habló.
—La verdad nunca he comido pavo antes.
—¿En serio?
Sorprendentemente, Ashley no le dio demasiada importancia.
—Probablemente nunca más vas a querer comerlo después de esto.
Ashley miró de reojo a Koi con una sonrisa, y luego volvió la vista al camino, dejando a Koi momentáneamente sin palabras. Pronto una sonrisa también se extendió por el rostro de Koi, y dijo, lleno de emoción:
—¿De verdad?
—Sí, después no vengas a llorarme.
—Para nada.
Koi soltó una risita. Ashley volvió a mirarlo de reojo, todavía sonriendo mientras miraba al frente.
Koi nunca ha comido pavo antes.
Sintió otra oleada de ternura hacia él, pero rápidamente fue reemplazada por otra emoción. Solo tendría que darle más experiencias. Compartiría con él todas sus primeras veces.
—¿Deberíamos conseguir un pastel también?
Koi asintió de inmediato ante la pregunta de Ashley.
—Sí, me gusta el pastel de chocolate.
—Bien, entonces así será.
Ashley volvió a aceptar de inmediato. Le encantaba ver sonreír a Koi. Haría cualquier cosa para hacerlo sonreír y verlo feliz.
Cualquier cosa.
—Gracias de nuevo por hoy, Ash.
Koi le agradeció como siempre mientras Ashley lo dejaba en la calle.
—Gracias por invitarme al Día de Acción de Gracias.
Koi habló antes de que pudieran despedirse con un beso, y Ashley sonrió. Koi levantó los brazos para abrazarlo, pero Ashley, todavía sosteniéndolo, habló primero.
—¿Quieres quedarte a dormir?
—¿Eh?
Los ojos de Koi se abrieron de par en par ante la pregunta inesperada, pero Ashley solo sonrió y dijo:
—Podemos ver películas toda la noche y pasar el rato. ¿Qué dices?
Claro que este era otro evento que Ashley había planeado. Quería hacer inolvidable el primer Día de Acción de Gracias de Koi. Este, sin saber lo que pensaba Ashley, solo parpadeó sin entender por un momento antes de asentir con cautela.
Ashley volvió a sonreír y lo besó con ternura, y Koi cerró los ojos y respondió con ganas.
—Nos vemos.
—Maneja con cuidado.
Se despidieron a regañadientes, resistiendo el impulso de quedarse juntos. Se besaron dos veces más antes de finalmente separarse. Como siempre, Koi salió corriendo sin mirar atrás. Si se daba vuelta aunque fuera una vez, querría correr de regreso hacia Ashley.
Por fin recuperó el aliento al llegar a casa. Como siempre, se duchó rápido antes de que su padre volviera, lavó y colgó su ropa, y luego se dejó caer en la cama.
Solo entonces pudo calmar el corazón desbocado y empezar a pensar. Pero al repasar los sucesos del día, el corazón volvió a agitársele.
Día de Acción de Gracias.
Koi no lograba conciliar el sueño con facilidad y se removía en la cama. Era la primera vez que pasaba un día festivo con alguien. Creía recordar haber estado con toda su familia cuando era muy pequeño. Pero había sido hacía tanto tiempo que apenas le quedaban recuerdos para llamarlo una "experiencia".
Con Ash.
Cuanto más lo pensaba, más se emocionaba, y el corazón le latía con fuerza. Pero eso no era todo.
—¿Quieres quedarte a dormir?
La voz de Ashley resonaba con claridad en sus oídos.
Eso debe significar…
No se le ocurría nada más. Ya llevaban dos meses saliendo. Todo lo que Ashley había hecho hasta ahora era besarlo y tocarle el trasero.
Sabía que llegaría el momento en que tendría que tomar una decisión.
Koi no lograba controlar el revoltijo en su estómago y volvió a darse vuelta.
Tal vez Ash está tratando de llevar las cosas al siguiente nivel esta vez.
Era una teoría bastante plausible. Koi sabía que Ashley se había estado conteniendo demasiado. Además, ya habían prometido casarse, ¿no? No tenía sentido alargar las cosas con solo besos. No habían jurado permanecer vírgenes hasta el matrimonio, y ¿de verdad había necesidad de esperar hasta ser adultos?
Además, Koi ya había comprobado con sus propios ojos lo saludable que era Ashley como adolescente.
Incluso tocar la anaconda…
Koi tragó saliva con fuerza y se sujetó el corazón desbocado. Si lo amas, no deberías tener miedo. Ash se ha estado conteniendo por mí todo este tiempo. Ahora yo también necesito ser valiente.
—Haa…
Koi respiró con voz temblorosa y finalmente se decidió. El Día de Acción de Gracias era justo la próxima semana. Tenía que apurarse. Asintió, decidido.
Mañana compraré condones.
Al día siguiente era sábado. Con mascarilla y una sudadera con capucha, Koi fue en bicicleta al pueblo vecino y entró a la tienda que había explorado antes.
El artículo que quería comprar estaba justo frente al mostrador de la caja, nada menos. No tenía el valor de elegirlo frente a otras personas, así que Koi dio varias vueltas por la tienda. Por supuesto, le pareció sospechoso a todo el mundo.
—Oye, chico ¿qué intentas comprar?
Una sombra enorme de repente le bloqueó el paso, y Koi jadeó y trastabilló hacia atrás. Un empleado de la tienda lo miraba con expresión amenazante desde arriba.
—B-bueno, eh, verá usted.
Koi tartamudeó sin darse cuenta. Vio el reloj de pared detrás del empleado. El tiempo había volado, y su turno de trabajo estaba a punto de comenzar. Tenía que comprarlos y volver.
Tragó saliva con fuerza, pero no le salió ningún sonido. El empleado parecía a punto de llamar a la policía en cualquier momento. No podía permitir que eso pasara. Si lo descubrían tratando de comprar condones y terminaba en la comisaría, sería humillante, y su padre podría golpearlo como a un perro.
¡Di algo, di algo, di algo!
—B-bueno, eh, digo.
—¿Qué?
El empleado volvió a gruñir. La mente de Koi giró todavía más rápido, y su visión se nubló. Tengo que decirlo, tengo que decirlo, ¡dilo ya!
Justo entonces, la campanilla sobre la puerta tintineó, y Koi, presa del pánico, soltó de golpe:
—¡Por favor, condóneme!
—¿Qué?
El cliente que acababa de entrar a la tienda y el empleado fruncieron el ceño al mismo tiempo. El rostro de Koi se puso pálido, y sus ojos se abrieron como platos.
—¡Jajajajaja!
El empleado se agarró el estómago y golpeó el mostrador, riendo. Koi permanecía de pie frente a la vitrina de condones, con el rostro rojo intenso, sudando copiosamente.
El cliente que acababa de entrar era un anciano de cabello blanco, que estaba parado junto a Koi, explicando amablemente cada producto.
—Este es sabor a fresa. La textura es muy buena, y es un producto bien hecho. A mí no me gustó el de banana. Los que tienen relieve puedes probarlos después. Los básicos son los mejores para principiantes. Así es con todo…
—Señor Ferguson, no hace falta que se lo explique con tanto detalle.
Dijo el empleado, secándose las lágrimas. Koi solo mantenía la cabeza baja y murmuraba: "Sí, sí". El anciano preguntó con amabilidad:
—Entonces, ¿cuál te gusta más?
La verdad no sabía nada sobre el tema. No se había imaginado que existieran tantos tipos distintos. Solo había pensado que necesitaba comprar uno grande. Koi recordó lo que había aprendido en la clase de educación sexual y preguntó:
—Eh, bueno… lo más importante es el tamaño correcto, ¿verdad?
—Por supuesto. No seas tímido, solo elige uno. Está bien, usar condones es algo muy responsable de hacer. Tienes que darle tranquilidad a tu novia.
El señor Ferguson le dio unas palmadas en el hombro a Koi. Su aliento le dio algo de valor. Recordando sus amables explicaciones, Koi miró los condones en exhibición y finalmente tomó una decisión.
—Oh, bien. Elegiste uno bueno.
El señor Ferguson felicitó a Koi por elegir el condón sabor a fresa. Este ganó algo de confianza y le preguntó al empleado:
—¿Es esta la talla más grande?
El empleado le echó un vistazo rápido a la entrepierna de Koi y respondió:
—Con eso debería bastar, ¿no crees?
Claro que sí. Si Koi fuera el que lo iba a usar, sería suficiente. Pero esa no era la realidad.
—Eh, bueno…
Koi tragó saliva con fuerza y abrió la boca. Le tomó una cantidad enorme de valor decir las siguientes palabras.
—…¿Tienen condones lo bastante grandes para una anaconda?
De repente, se hizo el silencio, y las miradas de ambos hombres se posaron en el frente del pantalón de Koi. Koi sintió un impulso abrumador de salir corriendo de la tienda y esconderse en algún lugar donde nadie pudiera encontrarlo.
Nota Lucy: Ay trágame tierra jajaja ... No puedo más de la risa. Miren a nuestro Koi, sin miedo al éxito xD
Capítulo 100
Su rostro se negaba a enfriarse incluso mientras trabajaba en su turno de medio tiempo. Koi comprendió por primera vez lo vergonzoso que era comprar condones. Claro que nunca antes había tenido la oportunidad de comprarlos, así que era natural.
Ash probablemente ha tenido mucha experiencia con esto, ¿no?
—Ah.
Habiendo llegado hasta ese pensamiento, Koi cayó en la cuenta de algo con retraso.
¿No tendría Ash condones ya?
—¡Claro que sí!
Gritó sin darse cuenta y se jaló el cabello. Ashley había tenido varias novias antes de Koi. Claro que tendría experiencia, y si ese era el caso, los condones eran una herramienta esencial. No había forma de que alguien tan considerado como Ashley hiciera algo sin condones para empezar.
—No, pero un hombre debería ser el que se prepare primero.
Koi repitió el consejo que el señor Ferguson le había dado cuando compró los condones. ¿Y si Ash no tenía ninguno? Ya sabes, siempre existe ese gafe de no tenerlos cuando de verdad se necesitan.
Y además, ¿no sería un poco raro usar conmigo los condones que compró para usar con otras chicas?
Apareció un destello de esperanza. Pero al momento siguiente, frunció el ceño y murmuró:
—Pero, ¿no sería eso mejor que pasar vergüenza?
Ugh, volvió a gritar y se agarró la cabeza. Sin importar qué excusa pusiera, seguía siendo una tontería. Fue una suerte que hubiera ido al pueblo vecino; si los hubiera comprado aquí, como había planeado en un principio…
La cámara de seguridad apuntaba directo al mostrador de la caja, así que habría mostrado exactamente lo que Koi estaba pagando. Casi los compra en la tienda donde trabajaba, pero cambió de opinión y se levantó temprano para ir al pueblo vecino, y estaba realmente contento de haberlo hecho.
Esa era una decisión por la que quería felicitarse a sí mismo.
De todos modos, no está de más estar preparado.
Koi se consoló, llevando la mano al bolsillo del pantalón. La sensación de la pequeña caja abultada le hizo enrojecer el rostro y el corazón le volvió a latir con fuerza.
Esto es. Por fin lo voy a hacer.
No lograba calmarse con ese pensamiento. Se agitaba y se removía inquieto, cuando de repente sonó su celular. Revisó quién llamaba; era el dueño de la tienda.
—¿H-hola?
Contestó apresurado, y una voz cortante llegó del otro lado.
—¿Qué haces ahí parado? Solo te distraes.
Debía haberlo estado observando por la cámara de seguridad. Sin darse cuenta, Koi levantó la vista hacia la cámara, y luego apartó la mirada rápido.
—N-nada… solo estirándome. ¿Q-qué pasa?
Tartamudeó, y el dueño continuó con tono indiferente.
—Sobre este Día de Acción de Gracias. Vas a trabajar, ¿verdad?
—¿Eh?
Koi preguntó sin pensar, y el dueño insistió de nuevo.
—No tienes mucho más que hacer. Claro que vas a trabajar, ¿no? ¿Eh?
No estaba exactamente equivocado. Koi siempre trabajaba medio tiempo en fechas así, así que era natural que asumiera que esta vez también lo haría.
Pero este año era distinto.
—Yo… tengo planes.
—¿Qué? ¿Planes?
El dueño se quedó callado ante las palabras de Koi y preguntó de nuevo. Al ver el evidente desconcierto, Koi sacó pecho y respondió.
—Sí, me invitaron a la casa de un amigo.
Casa del novio, en realidad.
Agregó Koi para sus adentros, con el rostro enrojeciéndose por sí solo. Sonrió sin darse cuenta, y el dueño, que se había quedado en silencio un momento, tartamudeó.
—¿A-así que no vas a trabajar ese día? ¿En serio?
—Sí, voy a tomarme el día libre.
El dueño guardó silencio un rato. El silencio lo puso nervioso, y luego preguntó con voz reacia.
—…¿Ni siquiera si te pago más?
Koi se sorprendió ante la oferta inesperada. Nunca había recibido ni un centavo extra por trabajar horas adicionales, así que esta era la primera vez.
—Eh…
Koi dudó por un momento, pero pronto se armó de valor. Ashley era más importante que el dinero. La balanza se inclinaba con tanta claridad que Koi puso firmeza en su voz y dijo:
—Está bien, voy a tomarme el día libre.
—Haa…
El dueño soltó un suspiro profundo, y luego escupió con voz aguda.
—Eres realmente egoísta y desagradecido.
Maldijo y colgó. Koi se quedó mirando su celular con desánimo, pero luego cambió de parecer. Bueno, no importa. Ahora hay algo más importante.
Acarició el condón en su bolsillo una vez más, reconfortándose. Solo piensa en las cosas buenas. Hay muchas cosas divertidas que esperar.
Solo piensa en Ash.
Con solo pensar en él, las comisuras de sus labios se le levantaban y le traían paz al corazón. Planeaba avisarle a su padre con anticipación que se quedaría a dormir en casa de un amigo.
Últimamente, su padre se había vuelto más amable que antes. Eso no quería decir que se mostrara cariñoso ni nada por el estilo, pero bebía menos, y cuando se cruzaba con Koi, le preguntaba, aunque con tono brusco, si había comido, o cómo le había ido el día. Claro que Koi todavía le tenía miedo, así que solo respondía con cosas cortas como "Sí", "No" o "Estoy bien", y se quedaba callado, así que las conversaciones no duraban mucho. Pero incluso eso era una gran paz para él.
Todo gracias a Ash.
Desde que empezó a salir con él, solo habían pasado cosas buenas. Debía ser un regalo de Dios para Koi. Koi sonrió ampliamente y revisó los días que faltaban en el calendario de su celular.
Ya casi llega.
Se apretó el celular contra el pecho y respiró hondo. Era el Día de Acción de Gracias más emocionante y esperado que había tenido en toda su vida.
Hasta que Ashley lo llamó de forma inesperada.
***
—¿Te vas a tu casa?
Koi estaba tan sorprendido por la noticia repentina que gritó sin darse cuenta. Escuchó un suspiro profundo del otro lado del teléfono.
—Lo siento, Koi. Debías estar muy ilusionado con esto.
—E-está bien.
Koi lo consoló rápidamente.
—Deberías pasar el Día de Acción de Gracias con tu familia. Está bien, estoy bien. De verdad.
—Haaa…
Otro suspiro, como si le hirviera algo por dentro, escapó de los labios de Ashley. La idea de dejar a Koi solo con ese padre suyo lo hacía sentir que se estaba volviendo loco. Sobre todo porque debía haber estado tan emocionado.
Más que nada, sentía asco de sí mismo por haberse ilusionado primero, solo para cancelarlo después.
Pero no podía desafiar a su padre. Tenía que enfrentar la frustración que había sentido tantas veces desde que empezó a salir con Koi.
Todavía soy menor de edad.
Ashley no tuvo más remedio que aceptar la sensación de impotencia que lo invadió al darse cuenta de que no tenía poder ni derechos. Si desobedecía las órdenes de su padre, no sabía qué haría este. Probablemente lo había sacado del equipo para demostrárselo.
Para alardear de su poder y aplastarlo antes de que pudiera siquiera resistirse.
El efecto era innegable. Ashley había perdido por completo la voluntad de oponerse a él. Por otro lado, también pensó que debería simplemente intentar apaciguarlo hasta la graduación. Una vez que fuera adulto, podría hacer lo que quisiera. Aunque significara renunciar a la universidad, tenía que graduarse de secundaria. Por el bien de Koi.
—Lo siento, Koi.
Mientras se calmaba a sí mismo, volvió a disculparse, y Koi repitió una vez más: "Está bien". No podía perdonarse por hacer que Koi se sintiera aún más solo en un día como el Día de Acción de Gracias. Pero a quien más odiaba seguía siendo a ese hombre.
—Koi, es solo por este año. Estemos juntos cada año a partir del próximo.
—…Está bien.
Koi respondió pronto.
—Voy a esperarlo con ganas.
—Sí.
Ashley asintió y cambió de tema.
—No tienes ningún plan para el Día de Acción de Gracias, ¿verdad? Me lo prometiste.
—Eh… sí.
Koi dudó y accedió. Si hubiera sabido que esto pasaría, habría dicho que trabajaría medio tiempo… El arrepentimiento lo invadió con retraso, pesándole en el corazón. Ashley, notando el ánimo, preguntó.
—¿Qué pasa?
—¿Eh? Ah, bueno…
Koi dudó, y luego respondió tan animado como pudo.
—El encargado del trabajo me pidió que trabajara el Día de Acción de Gracias, pero lo rechacé. Está bien, por una vez me tomaré un descanso…
Trató de sonar lo más despreocupado posible, y Ashley, que se había quedado callado un momento, de repente propuso.
—Entonces, ¿por qué no trabajas en mi casa?
—¿Eh? ¿Tu casa?
Preguntó Koi sorprendido, y Ashley continuó: "Sí".
—Hay varios feriados a partir del Día de Acción de Gracias. La gente suele estar fuera. ¿Qué tal si trabajas en su lugar? No es tan difícil, solo quitar los residuos que flotan en la superficie de la piscina o limpiar una habitación designada cada día.
Koi imaginó por un momento limpiar toda la enorme mansión y sintió que se mareaba, pero pronto recuperó la compostura.
—¿Una habitación por día?
—Sí. Puedes hacer eso, ¿no?
—Eh…
Claro que podía. Pero era demasiado fácil, ese era el problema.
—¿Eso siquiera cuenta como un trabajo de medio tiempo…?
Preguntó Koi con cautela, y Ashley respondió de inmediato.
—Claro que sí. No quiero que la casa esté llena de polvo cuando vuelva.
Claro, eso tenía sentido. Pensando en la enorme mansión que siempre relucía gracias a la cantidad de gente que la limpiaba todos los días, sus palabras eran perfectamente razonables.
—Eh, entonces… ¿cuándo vuelves?
Volvió a preguntar Koi, y Ashley se quedó callado un momento. Hizo una pausa como si estuviera revisando algo, y luego respondió.
—Dijeron que serán unos diez días.
—Diez días…
Murmuró Koi sin darse cuenta, y luego se aclaró la garganta rápido.
—Eh, entonces, ¿a dónde vas? Si es a la casa de tu familia…
Tras un suspiro, Ashley respondió.
—Voy a la costa este.
