Capítulo 27: Sin ocultar nada

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Liu, que se había movido para situarse a su lado, le rodeó los hombros como si lo estuviera sosteniendo. Siguiendo su guía, Yeehyeon caminó agarrado al borde de su abrigo. Apenas dieron unos pasos cuando él se detuvo frente a un típico edificio antiguo de apartamentos en París. Al introducir la contraseña en el panel instalado en la pared, al lado de la gran puerta doble, la entrada se abrió. Subieron a un ascensor estrecho, en el que parecía caber apenas dos o tres personas, rumbo al sexto piso.

Aun con los hombros rozándose y las manos entrelazadas, ninguno de los dos se atrevió a mirar al otro; solo miraban al frente.

Liu salió en el sexto piso, sacó una llave del bolsillo de su abrigo y abrió una de las tres puertas. Desde el interior del apartamento de al lado se escuchaban risas mezcladas con música.

Una vez dentro, Liu cerró la puerta y giró suavemente a Yeehyeon para enfrentarlo. Las lágrimas ya habían dejado de caer, pero cuanto más consciente se hacía de que la persona frente a él era realmente él, sus emociones se agitaban incluso más que en el primer momento. Ahora solo quería verlo, escucharlo y tocarlo… quería seguir confirmando que estaba allí.

Como revisando con cuidado el vacío que había dejado un año y algo de separación, los ojos azules de Liu recorrieron meticulosamente su rostro. Apretó los labios, como buscando qué decir, pero incapaz de encontrar palabras adecuadas mordió su labio inferior. Luego se acercó un poco más y rodeó los hombros de Yeehyeon con su brazo.

Yeehyeon metió los brazos bajo la abertura del abrigo y abrazó su cintura a través de la camisa. Enterró la nariz y los labios en su hombro y frotó la mejilla contra su cuello.

Fuera del sexo, casi nunca había sido tan directo con el contacto físico. Qué tonto. ¿Por qué lo había reprimido?

Se abrazaron durante un largo rato. No parecía hacer falta nada más. Apoyado de espaldas contra la puerta, Liu bajaba de vez en cuando la cabeza para dejar un beso en su cabello, su frente o su sien.

De vez en cuando el ruido del departamento vecino, quizás una fiesta navideña adelantada entre amigos, se filtraba a través de la pared.

Con suavidad, Liu le acarició el cabello y ladeó la cabeza para mirarlo desde arriba.

—¿Ya te calmaste un poco?

Era su voz.

—… di algo más. —murmuró Yeehyeon.

—¿…Eh?

—Lo que sea… quiero escucharte más.

Con el rostro aún hundido en su hombro, habló casi suplicando. Antes, siempre había intentado comportarse con madurez frente a él, pero ahora… después de atravesar más de un año, quería un poco de compensación por este momento.

Tal vez porque su petición era difícil —pedirle que hablara de lo que fuera solo para oír su voz—, Liu pensó un instante mientras acariciaba con el pulgar la punta de su hombro. De pronto, comenzó a cantar en voz baja.

Era la primera vez que lo escuchaba cantar. Yeehyeon se separó un poco y le levantó la cara. Liu, apoyado con la parte trasera de la cabeza en la puerta, bajó la mirada hacia él y dejó de cantar.

—¿Qué canción es?

—Hmm… se llama Fica Tudo Bem. No sé mucho del cantante. Solo que la cantan a dúo un hombre y una mujer brasileños.

—¿Es portugués?

Él asintió.

—Creo que significa algo así como “Todo va a estar bien”.

—¿Puedes hablar portugués?

Esta vez negó con la cabeza, sonriendo. Cada una de sus reacciones se sentía nueva, preciosa, imposible de dejar pasar. Sus ojos, que lo miraban de reojo con una leve sonrisa casi imperceptible en los labios, parecían más los de alguien a punto de despedirse que los de alguien que acababa de reencontrarse.

La sombra en su mirada era algo que no podía disiparse solo por volver a verse. Y lo mismo pasaba con el peso acumulado en Yeehyeon. No tenía prisa.

Volvió a apoyarse en su pecho y colocó la barbilla en su hombro.

—¿Me cantas más?

Liu tenía una voz suave, como un silbido que amenazaba con quebrarse. Yeehyeon cerró los ojos mientras él seguía la melodía, tarareando donde no recordaba la letra.

Aun cuando terminó la canción, permanecieron mucho rato en silencio, pegados el uno al otro, como si temieran arruinar algo importante con cualquier movimiento.

—¿Es… perfume lo que huelo? —preguntó él con cautela.

—……

Yeehyeon se separó un poco y levantó el brazo para olerlo por reflejo.

—En la tienda… la dependienta me dijo que… quizá podría probarlo un poco…

No había hecho nada malo, pero al excusarse de esa forma le dio risa. Bajó el brazo y soltó una pequeña carcajada.

—Sí. Es el mismo que tú usabas… así que lo compré.

En la oscuridad, apenas iluminados por las luces de la calle y el edificio de enfrente, los ojos de Liu parecían llenarse de emoción. Se incorporó de la puerta y tomó su mano con suavidad. Yeehyeon devolvió el gesto, apretando también, y por fin se dignó a mirar a su alrededor.

—Pero… ¿este lugar… qué es?

Ante la pregunta, Liu mordió su labio inferior, como si le costara responder. Se pasó la mano por la cara y, con expresión tensa, habló.

—Es un sitio al que vengo a quedarme a veces.

—¿…Aquí?

A simple vista, el lugar era un estudio pequeño, sin nada más que lo que se veía. Un ambiente largo con seis ventanas al frente, probablemente bien iluminado de día. Estaba ordenado, pero distaba mucho de ser amplio o cómodo.

A la derecha de la entrada había una cama baja de estilo zen y un pequeño armario de solo tres compartimientos. A la izquierda, una mesa que parecía servir tanto de escritorio como de comedor. Eso era todo el mobiliario. Al fondo, un pasillo angosto llevaba a la cocina y al baño. Era apenas un poco más grande que la habitación de “The Hands” donde se quedaba Yeehyeon.

No habían salido tanto tiempo, y no conocía a detalle su situación económica. Pero no era lógico pensar que, por no poder costear un hotel en París (con su fama de caro), hubiera terminado comprando un estudio en el distrito 19, lejos del centro.

—¿Desde… cuándo? —preguntó Yeehyeon, mirando la cama deshecha, el portátil y los documentos sobre la mesa, y la chaqueta colgada en la silla: rastros de él por todas partes.

—Desde… otoño de este año. Antes de eso ya llevaba tiempo buscando si salía algo decente por esta zona, pero no aparecía nada que me gustara…

Dudó un momento y añadió:

—Aquí… no se ve The Hands.

Pensaba que había venido porque el avión llegó antes de lo esperado. Pero no tenía sentido: si así fuera, ¿por qué no había ido directamente a The Hands en vez de vagar por el callejón? Si el “guapo que a veces aparece en el café junto al canal” del que hablaba Ben era Liu, entonces esta no era la primera vez que rondaba por esos alrededores.

—Ah…

Quizá interpretó el susurro de Yeehyeon como algo negativo, porque de inmediato acortó la distancia y lo agarró del brazo con firmeza.

—Lo sé, es una trampa. Pero al principio solo… quería sentir aunque fuera que estabas cerca…

Yeehyeon negó con la cabeza. No quería hablar de quién tuvo más culpa o más responsabilidad. Si alguien ya ha reconocido su error y se arrepiente de verdad, repetirle “fue tu culpa” es innecesario.

Apoyó las manos en sus hombros y los masajeó suavemente.

—Lo importante es que nos reencontramos ahora.

La fuerza en el agarre de Liu aflojó. Inclinó la cabeza levemente, soltando el aire con cuidado.

—Los primeros meses… ni siquiera podía bajar al sótano.

—……

—Hasta pensé en mudarme a un hotel… o a otra casa.

Su tono era calmado. No lo decía para quejarse o reclamar cuánto había sufrido.

—Y cuando pasaron esos meses… prácticamente vivía en el sótano.

Yeehyeon se mordió los labios. Movió la mano que tenía sobre su hombro y rodeó su cuello.

—Dicen que quien se queda lo pasa peor que quien se va… Que los lugares donde viviste juntos, la gente que conocieron juntos… Tener que seguir viviendo en un sitio donde todo sigue igual… quizás es más difícil que añorar a alguien desde un lugar vacío.

Él negó con la cabeza. Ambos ya sabían que ese tiempo tenía significado, y que no solo uno había cargado con el dolor.

—Lo pasaste… muy mal, ¿verdad?

Él cerró los ojos lentamente y volvió a abrirlos, negando esta vez con más fuerza.

—Yo… uso una habitación en el cuarto piso. Y en la de al lado hay un chico que vino de Hong Kong.

—……

—Me mostró un poco de interés…

Yeehyeon continuó, viendo los ojos de él temblar, incapaces de ocultar la ansiedad.

—Le dije que tenía novio. Sentí que tenía que marcar límites.

—……

—Dime… ¿mentí?

Cuando se reencontraron, sintieron que no hacía falta explicación alguna. Pero al mismo tiempo, quedaban dentro los huecos ardientes, el dolor punzante del momento en que habían tenido que enfrentar la distancia, y aún temían el rechazo y la herida.

Él negó con la cabeza con el rostro profundamente desfigurado para contener las emociones que amenazaban con desbordarse.

Sus grandes manos se alzaron de pronto para tomarle el rostro, y se lanzó a juntar sus labios. Giró la cabeza para cambiar el ángulo y lo besó con violencia, mordiendo y soltando los labios antes de apoyarse frente a él, frente con frente, tratando de recuperar el aliento. Luego continuó con besos suaves, las superficies de sus labios rozándose y deslizándose.

Yeehyeon movió la mano hacia el borde de su hombro. Bajó la mano por el brazo doblado de Liu, que aún sostenía su mejilla. Los dedos de él se enredaron entre su cabello, profundizando el beso. En el instante en que las mucosas húmedas se tocaron, ambos dejaron escapar un gemido desde el fondo de la garganta.

No apartaron la mirada el uno del otro. Como siempre que se besaban.

Un beso que al principio apenas rozaba los labios como un susurro se volvió cada vez más profundo. Cuando la lengua de él se abrió paso, Yeehyeon la recibió presionándola suavemente con el paladar y con su propia lengua, aferrándose con fuerza al brazo de él.

Después de tanta abstinencia, el objeto de su amor estaba frente a él. Solo eso bastaba para que su cuerpo entero ardiera al instante. Un cuerpo joven y sano no podía satisfacerse solo con mirar y escuchar esa voz dulce.

Durante ese tiempo pasado, aunque la vida parecía vacía, llegaban momentos en que sentía hambre, y aunque pasara horas dando vueltas, al final terminaba durmiéndose. A medida que su vida se estabilizó, también el apetito, el sueño y el deseo sexual volvieron a su sitio.

Ese tiempo no había sido solo un sacrificio espiritual elevado. Su día a día había sido… real.

Recordaba la forma en que él besaba, el peso con el que presionaba su espalda y su pecho, las curvas de su cuerpo bajo sus manos, la sacudida de su pesado miembro, la erección firme, la sensación de abrirse por dentro cuando él lo penetraba, y el latido casi monstruoso del nudo hinchándose y contrayéndose como si llevara un enorme corazón dentro del cuerpo.

Pensando en eso, se había masturbado muchas veces.

Y no lo consideraba sucio. Haber sentido deseo no significaba querer acostarse con cualquiera que pasara cerca.

Con su lengua presionó y frotó la carne húmeda de la lengua de Liu, que se movía suave sobre la suya. Él soltó la mejilla de Yeehyeon y empujó su abrigo hacia afuera. Yeehyeon colaboró para sacar los brazos. Luego él también empujó la chaqueta de Liu por encima de sus hombros. Liu llegó a agacharse, besándolo varias veces seguidas, obligándolo a retroceder.

Mientras recibía esos besos arrolladores, Yeehyeon intentaba desabotonarle la camisa, sus manos apresuradas. Mientras Yeehyeon abría los dos primeros botones, Liu, casi arrancando los de abajo, subió por el torso y lo agarró del cuello y la cintura para acercarlo bruscamente. Los labios se unieron profundamente.

—Hhhngh…

Entre los pliegues abiertos de la camisa escapó una fragancia. No era muy intensa, pero lo que le rozó bajo la nariz era sin duda ese aroma. Ya no era una alucinación.

Al darse cuenta, sintió desde el centro del cuerpo un latido casi inquietante que lo empujaba hacia él.

Tras dejar el abrigo y luego la camisa en el suelo, Liu quedó desnudo de torso. Yeehyeon solo quería frotar su piel contra la de él. Levantó su propio suéter y camiseta a la vez, y Liu le ayudó a quitárselos.

Como personas desesperadas buscando algo, movieron los brazos alrededor de las espaldas del otro, acariciando todo lo que podían tocar.

Mordiendo su labio inferior, Liu bajó la mirada con los ojos tan húmedos como sus labios, contemplando a Yeehyeon.

—Ha… ngh.

Un fuerte succión repentina hizo que Yeehyeon sintiera que era absorbido hacia el interior de él, y un mareo lo sacudió. El dolor punzante, la imagen de una gota roja extendiéndose desde los labios…

Cuando se tocaba dentro de la ropa interior, se mordía los labios entre los dedos al estar recostado de lado, pero ni así podía reproducir esa mezcla de dolor y excitación.

—Mm… ngh… mgh…

Lo abrazó por el cuello, se alzó sobre las puntas de los pies y le devolvió el beso con fervor. Enredó los dedos en su cabello, frotó la oreja, arañó con las yemas el cuello tenso por la excitación y su pecho abierto.

La fragancia, más densa ahora, aflojaba su mente y al mismo tiempo tensaba su cuerpo entero. No era un perfume que cualquiera pudiera comprar en una tienda de lujo y trasladar fácilmente a su habitación, a su muñeca o a su cuello.

Ese aroma que lo había hecho retroceder instintivamente antes del sexo, que había roto la idea fija de que el sexo apasionado era vulgar, que lo liberó de prejuicios que ni sabía que tenía, y sacó un yo desconocido… habían sido los feromonas de él.

Y no podía negar el placer, la codicia y la fuerte excitación sexual que eso le provocaba.

La promesa que él le había hecho: que nadie más sabría nunca de ese aroma.

Si fuese solo cuestión de justicia —si yo no lo conozco, nadie más lo conoce— sería una simple ecuanimidad. Pero no: esto era posesión, un orgullo infantil. No era sagrado ni puro. Le daba igual.

Yeehyeon sostuvo su mejilla, lo empujó un poco hacia atrás y, mirándolo a los ojos, le dio un beso suave.

—¿Cómo es?

—……

—Ahora también… ¿están saliendo mis feromonas?

Los ojos de Awi, que solo miraban los labios de Yeehyeon mientras se mordía el labio inferior como si le pidiera que lo besara de una vez, se dirigieron por fin a los ojos de Yeehyeon. Su entrecejo se frunció y su mirada se afiló.

—…Qué… qué significa eso…

No pudo completar la frase, ni cerrar la boca.

—Usted puede sentir mis feromonas, ¿cierto, director?

Awi giró el cuerpo en un movimiento brusco, apoyó una mano en su cintura y se frotó con fuerza la parte inferior del rostro. Su respiración, alborotada por el beso, no se calmaba, y su torso desnudo subía y bajaba con rapidez.

—¿Fue Choi Inwoo? ¿O… Jeong Sein?

Yeehyeon negó con la cabeza.

—Yo también lo vi. El diario.

—…….

Liu lo miró sorprendido, aún más que cuando le dijo que lo había escuchado de Choi Inwoo o de Shushu.

Luego, con una expresión que decía que ya entendía lo que había pasado, bajó la mirada y caminó hacia la mesa. Tomó de un trago el poco whisky que quedaba en el vaso junto al portátil. Hizo una mueca por lo fuerte del alcohol y volvió hacia Yeehyeon, agarrándolo de ambos brazos. Su mirada, al ponerse frente a él, era firme.

—No tienes ni un ápice de culpa por el changing.

Sabía exactamente qué era lo que Yeehyeon temía.

—A menos que hubieras seguido acostándote conmigo sabiendo todo sobre las feromonas entre un Ghost y un Diamond Dust… tú no sabías absolutamente nada.

Yeehyeon también sabía por qué él había callado todo sobre ese diario, sobre el Diamond Dust.

—El changing es solo culpa mía.

—Lo sé.

—…….

Awi estaba confundido. Había creído que Yeehyeon lo había seguido sin saber nada sobre el Diamond Dust ni sobre sus feromonas, pero Yeehyeon no tenía motivos para dudar, ni quería hacerlo más.

—En más de un año, ¿no cree que hemos tenido tiempo suficiente para pensar en todo eso? Nosotros… ¿tenemos que volver a hablar de eso?

Las manos de Liu, que sostenían los brazos de Yeehyeon, vacilaron y se retiraron lentamente.

Si no había venido por los cuadros que le envió, seguramente no esperaba que su encuentro de hoy terminara de esta manera.

La conmoción del reencuentro, sumada a la emoción de que Yeehyeon no lo rechazara fríamente y en cambio se entregara a él tan naturalmente… empezaba a desvanecerse, dejando ver rastros de dolor en él.

—Pero tú aún… no has recibido una disculpa suficiente, ni una compensación suficiente.

Yeehyeon soltó una risa corta. No porque se burlara.

—¿Cree que yo esperaba algo así?

Se acercó y puso una mano en su hombro, agitándolo ligeramente. Durante ese año, había abierto cada cajón del pasado y evaluado todas las posibilidades. El resultado ya estaba decidido. No era el diario lo que había cambiado esa conclusión.

—Para mi padre, que perdió a mi madre, y para mí… un seguro de vida o un dinero de conciliación jamás podrían ser una “compensación suficiente”. Ni siquiera si el conductor que causó el accidente se arrodillara y llorara pidiendo perdón. Es más, aunque esa persona se quitara la vida, para nosotros no tendría ningún significado.

Yeehyeon bajó la mirada y se mordió el labio inferior, luego deslizó la mano de su hombro para tomar suavemente las manos de Liu.

—Todo eso… no es más que una reparación tardía después de que algo ya ocurrió. Mientras no se pueda retroceder el tiempo, no existe tal cosa como una disculpa o una compensación “suficiente”.

Mirando las manos de Liu, en las que las venas sobresalían más que de costumbre, Yeehyeon abrió una parte del pasado que había mantenido cerrada.

—Lo pensé mucho. Tenía dos caminos: vivir sumergido en la desesperación de haber sido sacrificado y traicionado, exigiendo “disculpas” y “compensación” como pago… sosteniéndome con el resentimiento hacia usted; o aceptar su arrepentimiento y volver a tener esperanza en ese consuelo profundo y en esa comprensión que usted y yo nos dimos, y que podemos darnos de nuevo.

Liu apretó las manos de Yeehyeon con fuerza y luego las soltó. Subió por su brazo, lo acarició hasta llegar al hombro, al cuello, cubrió su oreja y levantó su rostro suavemente.

—Así como no cambia el hecho de que me hizo un changing, tampoco cambia que tú fuiste quien me devolvió la capacidad de pintar. Yo… estoy aquí, no por otra cosa, sino por mi propia felicidad.

Los ojos de Yeehyeon, que hablaba con calma, empezaban a humedecerse. Liu se acercó y lo abrazó. Aunque quisiera darle todas las disculpas y todas las compensaciones del mundo, sabía que esas palabras no tenían valor en ese momento.

—Te lo dije aquella vez. Aunque no me aceptaras, igual iba a entregarme a ti.

—…….

Sintiendo el corazón que latía contra su pecho, la respiración en su oído y la sinceridad en sus palabras, Yeehyeon lo abrazó por la espalda.

—Me perdones o no, incluso si yo no hubiera cometido el pecado de no haberte hecho el changing… igual pertenezco a ti.

Al cerrar los ojos, las lágrimas cayeron y empaparon el hombro de Liu. Se abrazaron con fuerza. Consolaron el tiempo vacío que ambos habían soportado. Se besaron en el hombro y en el cuello.

—Entonces… ¿mis feromonas qué tal? ¿Huelen bien?

Se separó un poco y, limpiándose las lágrimas como fuera, sonrió. Liu sostuvo la parte trasera de su cabeza, frunciendo el rostro mientras mordía con fuerza su labio inferior y asentía.

—¿Como rosas de mayo?

Al oír la referencia —que aludía a la frase del diario donde el dueño hablaba del aroma de Erich—, él soltó su labio y sonrió. Luego inclinó la cabeza y lo besó varias veces, en pequeños besos rápidos.

—Si el olor a rosas me hiciera querer hacer estas cosas… ¿no sería raro?

Yeehyeon rió y le acarició la mejilla. Los labios se unieron otra vez en un beso profundo y ferviente.

—Es una fragancia absoluta… una que hace que pierda el autocontrol que construí siendo un Golden, y me convierte en un Regular sin ninguna defensa.

La explicación sonaba tan grandiosa que Yeehyeon rió por lo bajo y apartó la mirada, soltando su mejilla. Pero sus ojos, que habían caído hacia el pecho de Liu, regresaron inmediatamente a los suyos. Recordó algo parecido que había escuchado una vez.

—Entonces… eso era lo que significaba.

—…….

Esta vez fue Liu quien sonrió con amargura mientras acariciaba el hombro desnudo de Yeehyeon.

En Chicago. Cuando le había propuesto matrimonio, y él había respondido diciendo que lo amaba.

Aquel momento en que Liu, pegado completamente a su espalda, metía los dedos dentro de su cuerpo para estimularlo, excitado al punto de perderse, también había dicho algo semejante.

Pero aquello no tenía que ver con un olor corporal.

Eran las feromonas del Diamond Dust, que solo los Ghost podían percibir y reaccionar a ellos.

Él sabía bien qué clase de reacción provocaba en Yeehyeon cuando este olía su aroma. Cómo tocaba la parte más profunda y sellada de sí mismo, donde nunca había llegado ningún tipo de estímulo; despertando un instinto primitivo que lo empujaba a decir y hacer cosas fuera de su comportamiento habitual, una tentación dulce e intensa.

Al pensar que Liu también podía estar reaccionando a sus propios feromonas, se le secó la boca. La imaginación, y una súbita expectativa, desordenaron su respiración.

Mientras intercambiaban palabras íntimas y desordenadas, Alpha miraba a Yeehyeon con un rostro que parecía decir que nunca había escuchado una confesión de amor tan sublime. O era un rostro que se culpaba hasta la médula por la soledad que Yeehyeon había tenido que soportar en esa ciudad desconocida.

Liu presionó sus labios ardientes sobre los labios de Yeehyeon, a su alrededor y sobre sus mejillas.

—No hubo un día en que no imaginara el dolor o la soledad que sentirías… Cómo es posible que el que te hirió, sea yo…”

—¡Ugh, hukk. Haa-uh!

Liu negó con la cabeza con el rostro distorsionado, elevando su cintura hacia arriba, como si fuera a montar completamente el cuerpo de Yeehyeon. Él ya estaba fuera de los límites de la vida cotidiana y la cordura.

—Aunque estábamos tan lejos, y aunque te perdí por eso, yo… seguía sintiéndome loco por el deseo de entrar en ti y hacer un nudo. Lo siento… lo siento, Yeehyeon-ah…”

Esta vez, fue una repetición de la palabra "lo siento". Disculpándose casi aullando, como alguien que ha perdido lo más preciado y se ha vuelto loco, no detuvo el movimiento de su parte inferior que hurgaba en Yeehyeon.

Pegando su torso a Yeehyeon y moviendo solo la cintura, era como un jinete experimentado. Cada vez que su pene, que se había retirado siguiendo el movimiento de su cintura, descendía y golpeaba a Yeehyeon junto con el hundimiento de su cintura, el colchón se sacudía sobre el armazón. Incluso eso se sentía como parte del ruido del coito, hasta tal punto que la mente de Yeehyeon ya estaba más de medio dispersa.

—Lo siento, yo… yo, realmente lo haré bien…”

Era una voz que susurraba casi derrumbándose.

Al pensarlo, le había escuchado decir "lo siento" y "realmente lo haré bien" varias veces cada vez que se acostaban. Ahora sabía por qué él, que siempre había sido tan bueno con él, se disculpaba tanto.

Yeehyeon acarició sus anchos hombros brillantes de sudor y le rodeó el cuello con los brazos. Envolvió sus piernas alrededor de su cintura, que no se había detenido durante toda la conversación. Al cruzar sus tobillos cerca del coxis de él y apretar el espacio entre sus rodillas, él dejó escapar un gemido como un animal con una herida profunda.

—Yeehyeon-ah… Seo Yeehyeon… Seo Yeehyeon…”

A pesar de que Yeehyeon estaba frente a él y dentro de él, él se movía llamando a Yeehyeon, como alguien consumido por la añoranza. Su rostro empapado en sudor estaba completamente distorsionado, sin que se pudiera distinguir si estaba temblando de placer o aullando de tristeza.

—Estoy aquí… Mírame.

Yeehyeon tiró de la parte posterior de su cabeza para que lo mirara. Sus ojos nublados parpadearon varias veces, tratando de enfocar. Incluso sus abundantes pestañas estaban brillantes y húmedas. Como si quisiera ver su rostro más de cerca, él le acarició con esmero el cabello pegado a la frente.

—Uuugh, uh… haa…”

Con la sensación de que la ingle de Liu se pegaba completamente bajo sus nalgas, Yeehyeon mordió sus labios y frotó la parte posterior de su cabeza contra la sábana. Por fin, todo él estaba dentro de Yeehyeon.

La cintura, que había estado penetrando con fuerza de adelante hacia atrás, se movió en un círculo. Intencionalmente, rascaba la zona alrededor del punto de contacto con su vello púbico áspero, haciéndolo más pegajoso. Girando la cintura lentamente y observando cuidadosamente la reacción de Yeehyeon, era como una bestia al acecho de una oportunidad para la captura.

Sus muslos, que estaban arrodillados en forma de V, como si rodearan la parte exterior de las nalgas de Yeehyeon, se acercaron más, empujando las nalgas de Yeehyeon hacia arriba.

—Huh… haa.

La cintura de Yeehyeon se elevó en el aire, aplicando estímulo a la zona conectada. La entrada, estirada al máximo, transmitía el estímulo al ser arrastrada hacia arriba o hacia abajo con el más mínimo cambio de dirección de él. Una parte que normalmente pasaba desapercibida, estaba funcionando hipersensiblemente como una zona sexual en ese momento.

Liu parecía atrapar y devorar cada pequeña reacción de Yeehyeon en su campo de visión, como si fueran una presa suculenta.

Inclinó su cuerpo y puso una mano sobre el hombro de Yeehyeon, mientras lo abrazaba por la espalda, hacia adelante. Yeehyeon se humedeció los labios con la lengua y tragó saliva seca.

Sujetándolo firmemente para que su cuerpo no fuera empujado hacia arriba, él comenzó a embestir violentamente. La imagen del líquido de amor acumulado en lo profundo de su interior y el líquido preseminal de él salpicando por todas partes apareció vívidamente en la mente de Yeehyeon.

—¡Huk! Haaah, ugh! Uhhh!

El cuerpo de Yeehyeon, completamente inmovilizado, se retorcía debajo de él. Su fuerza no se desperdiciaba en absoluto, sino que se vertía directamente en Yeehyeon, ya que lo sujetaba desde arriba y lo embestía desde abajo al mismo tiempo. Se sentía como si un trozo de hierro, calentado en un horno, golpeara su interior sin piedad.

Aunque el interior estaba completamente húmedo y no había sequedad, se sentía caliente como si saltaran chispas en el lugar donde su pene rozaba cada vez que había fricción.

—Aaah, Ku… Kun… hukk!

—¿Qué pasa, Yeehyeon-ah…? ¿Es difícil? ¿Te duele?

—Ha… ha-uh, hu… huuu…”

Yeehyeon se mordió el labio inferior y negó con la cabeza. La penetración, que pareció debilitarse un poco, volvió a golpear su interior con más fuerza que antes. Como sus nalgas estaban levantadas apoyadas en sus muslos, sus dos piernas estaban dobladas naturalmente hacia su pecho, y sus pantorrillas pataleaban inútilmente cada vez que la base de su pene topaba con la entrada.

Cada vez que sus manos resbalaban por el sudor, él reajustaba el abrazo alrededor del hombro de Yeehyeon. No había margen para dispersar su fuerza. Claramente era difícil solo jadear, pero la entrada se retorcía por sí misma, agarrando y soltando lo de él.

Liu hundió su frente en el hombro de Yeehyeon, dejando escapar un gemido extraño, como si estuviera siendo estrangulado. Todos los músculos de sus anchos hombros y espalda estaban tensos y brillantes.

Cuando retiró lentamente todo su cuerpo, el fluido que había llenado su cuerpo se escurrió. La picazón de la superficie de su pene y la parte sobresaliente del glande rascando la pared interior al salir hizo que su cintura se sintiera como si fuera a desmoronarse. Sus muslos tuvieron un espasmo.

—¡Ngh! ¡Huk!

Liu, que se había retirado dejando solo el glande, usó la fuerza de todo su cuerpo, no solo de su cintura, para penetrar hasta la base de una sola vez. Yeehyeon ni siquiera pudo gritar, solo se aferró a su espalda y contuvo la respiración.

Fue un golpe fuerte que resonó desde las puntas de sus dedos y pies hasta su cabeza, al retirarse y luego penetrar de golpe. Él se inclinó sobre el pecho de Yeehyeon y repitió la acción varias veces.

Haaaah… Fuu…

Parpadeando lentamente y con los labios entreabiertos, él levantó la cabeza. Gimió, saboreando el placer de estar rodeado por Yeehyeon, y sacudió la cintura con movimientos cortos.

—Es la sensación de mojar el pene y luego sacarlo de un conducto estrecho donde tu feromona está hirviendo…

Parecía que no solo su pene estaba caliente.

Mirando a Yeehyeon a través de los cabellos pegados a su rostro por el sudor, arrugó la nariz y sonrió. En la oscuridad a contraluz, su sonrisa blanca, revelada en medio de un sexo frenético, era extraña.

—Señor Seo Yeehyeon.

Liu, llamándolo en tono juguetón con su voz ronca, hizo que Yeehyeon se tomara un respiro y le acariciara el cabello con ternura.

—Todavía eres… bueno en el sexo.

La repentina e inesperada alabanza lo hizo reír levemente por lo absurdo.

—A pesar de todo… No creo que sea… el caso.

—¿Qué es ser bueno en el sexo? Si vuelves loco a tu pareja… eso… es hacerlo bien. ¿No es así?

Inmediatamente después de terminar de hablar, lo besó brevemente cerca de su oído y susurró: “Lo siento.”

—¡Haa-uh, hu. Huk… Ahhh!

Antes de que pudiera siquiera darse cuenta del significado de la disculpa repentina, en el momento de descuido en el que pensó que el sexo iba a calmarse, su respiración fue cortada como si una mano brusca le hubiera apretado la nuca.

—Siento que… me estoy volviendo loco en este momento.

No era solo una expresión simbólica; los ojos de Liu estaban completamente desenfocados al decir eso, como si una parte de su mente hubiera sido empujada a un área anormal.

—Así que Seo Yeehyeon, tú eres… muy, bueno… en el sexo.

A diferencia de todos los nudos anteriores, no hubo advertencia.

El pulso del órgano sexual latiendo dentro de su vientre y la expansión de las feromonas que se propagaban como una ola al ritmo de ese pulso, le robaron el enfoque de los ojos a Yeehyeon de un solo golpe.

Durante el nudo, el pene no necesitaba la repetición de la inserción de sacar y volver a meter. No, el acto de frotar hacia adelante y hacia atrás era imposible, ya que estaba completamente pegado a la membrana mucosa, como si estuviera adherido.

El órgano sexual se hinchaba y desinflaba rápidamente por sí solo, estimulando y golpeando frenéticamente la pared interior de una manera completamente diferente a la fricción por frotamiento. Era un placer que solo un Alfa podía dar.

Él levantó el cuerpo de Yeehyeon sin soltar el abrazo. Al sentarse Yeehyeon sobre sus muslos arrodillados, sus pechos se tocaron.

—¡Ugh, huuuh, hu… haah!

Yeehyeon tembló y agitó sus extremidades debido a la presión adicional de su propio peso dentro de él. La humedad se acumuló en sus ojos y sus labios se abrieron solos.

—Va a… a explotar… mi vientre… rápido… no.

Liu acarició el rostro balbuceante de Yeehyeon, que estaba aterrorizado. Como si fuera una receta para el miedo, metió la lengua en la boca de Yeehyeon, permitiéndole inhalar las feromonas. Él, que había dudado en penetrar y había intentado frotar su pene entre sus muslos, ahora estaba completamente consumido por las feromonas. Un Alfa que había llegado a este punto nunca podía detenerse. Esa era la razón por la que había intentado evitar la penetración misma.

—¿Lo has olvidado… porque ha pasado mucho tiempo? Seo Yeehyeon, puedes hacer esto varias veces en una noche…”

En lugar de poder retirarse e insertarse, ya que su órgano sexual estaba completamente encajado, él movió sus muslos, haciendo vibrar el cuerpo de Yeehyeon que estaba sentado sobre ellos.

—Huuuuh, hu… haah, uh… huk…”

La respiración de Yeehyeon, que apenas lograba recuperar, temblaba.

—Ambos nos volvimos completamente locos… y lo hicimos una y otra vez hasta la mañana, gateando por toda la habitación…”

A la vibración transmitida a través de sus muslos se sumó el latido del nudo que golpeaba su interior. Yeehyeon no era plenamente consciente de lo que él estaba diciendo. Si no fuera por el brazo de Liu rodeando su espalda, sentiría que su cintura colapsaría y caería hacia atrás.

Cada vez que el pene y el glande de Liu se expandían y golpeaban la membrana mucosa con un thump, un escalofrío y una palpitación que le hacían sentir que iba a eyacular se apoderaban de todo su cuerpo. Sentía que sus feromonas, ardientes y rojas, recorrían sus vasos sanguíneos a una velocidad peligrosamente rápida.

Yeehyeon jadeó, sin poder cerrar los labios, y sacudió la cabeza.

—No, esto… esto es la primera vez…”

—¿La primera vez? ¿Qué es la primera vez?

Él lamió las gotas de sudor que habían escurrido de la sien de Yeehyeon, bajando por la mandíbula hasta su cuello, y luego subió. Acercó los labios a su oído y bajó la voz como si susurrara un secreto.

—¿Es la primera vez que sientes… como un omega?

—…¡Ugh!

Yeehyeon no pudo evitar reaccionar a la palabra "omega". Involuntariamente, su pared interna se retorció y lo apretó. La sensación ascendente del orgasmo disparó su cuerpo hacia lo alto.

Retorciendo el hombro de Liu, Yeehyeon abrió la mandíbula sin poder emitir un sonido. El placer de la parte de atrás lo invadió tan intensamente una y otra vez que ni siquiera se dio cuenta de que su pene estaba eyaculando.

Liu, que había estado mirando a Yeehyeon con el rostro extasiado, como lamiéndolo, eyaculó a continuación. El semen salió a borbotones con una presión tan fuerte que sintió un escozor en la membrana mucosa.

La eyaculación al final del nudo era la feromona en sí misma. El aroma vibrante y erótico picaba en la nariz. El aroma, que no era desagradable por muy intenso que fuera, y que paralizaba todas las restricciones que le harían dudar ante el acto promiscuo de separar las piernas y mover las nalgas, hacía que el momento del clímax fuera aún más extasiante.

Liu, que abrazó a Yeehyeon con fuerza, agitó la cintura sin detenerse hasta que la larga eyaculación disminuyó. La presión de la acumulación de semen en su interior, que él creía completamente lleno por su pene, y la sensación de plenitud como si su vientre se estuviera hinchando, eran más obscenas de lo que recordaba. Incluso la sensación de la entrada rozándose, abriéndose y tensándose cada vez que él movía la cintura para empujar su cuerpo hacia arriba era diferente a la de antes.

—Voy a… voy a venirme otra vez… ¡Hah, haak!

Él le atrapó el labio inferior, que Yeehyeon había mordido con fuerza. Se esforzaron por tragarse el uno al otro, alternando su labio superior e inferior con los de él, como encajando un puzle.

Abajo, un líquido viscoso goteaba alrededor de su órgano sexual al ritmo al que el nudo disminuía. El rostro de Yeehyeon se distorsionó por la extraña sensación de que un fluido corporal goteaba por un orificio que no era su pene.

—¡Huk… Nghh!

Sin darle tiempo a saborear la sensación, él agarró ambas caderas de Yeehyeon y salió de repente.

La fricción al salir fue tremenda, proporcional a la enorme presión que había ejercido en el interior. Literalmente, sintió que su parte inferior se iba a desprender. Yeehyeon llegó incluso a golpear su hombro con el puño. Era por el placer escalofriante.

Liu inmediatamente agarró la cintura de Yeehyeon y lo levantó. Los muslos de Yeehyeon temblaban mientras se apoyaba en sus rodillas. El ano, que había estado completamente obstruido por el órgano sexual de grosor implacable hasta hacía un momento, se abría y cerraba sin poderse sellar del todo. Incluso sin verlo, se sentía su contracción y relajación obscenas.

—No puedo aguantar… Uh, ngh…

—Agárrate a mí.

Liu puso las manos de Yeehyeon sobre sus hombros y le sostuvo la cintura con más firmeza. Ante la novedad de una masa de fluidos corporales derramándose entre sus piernas, Yeehyeon no pudo moverse, solo jadeaba apoyándose sobre él como si lo estuviera aplastando.

Liu no apartaba la mirada de la zona entre las piernas de Yeehyeon. Dejó escapar una palabrota con voz ronca, reprimida por la excitación. Yeehyeon, como si estuviera comprobando una escena aterradora, mantuvo la cabeza quieta y bajó la mirada con cautela.

El líquido translúcido, mezclado con el semen de ambos y el líquido de amor, no solo goteaba por el interior de sus muslos. Caía directamente en línea recta desde la abertura anal, formando un charco en la sábana.

—Uuugh, huhh…

Yeehyeon curvó los dedos que agarraban su hombro y clavó las uñas en su piel. Cada vez que los muslos y las nalgas de Yeehyeon se crispaban y convulsionaban, el ano expulsaba a borbotones las secreciones que había tragado en exceso. Aunque sentía una vaga vergüenza a través del entumecimiento de las feromonas, al igual que Liu, Yeehyeon no podía apartar la mirada de aquella escena obscena de excreción.

La mano de Liu, que subió lentamente recorriendo el interior del muslo, jugueteó con la carne hinchada alrededor de la entrada por donde se escapaba el líquido. Luego, ahuecó la mano para recogerlo. Con las turbias secreciones que habían fluido del cuerpo de Yeehyeon, frotó su propio miembro. (Nota: “Ahuecar” significa formar una pequeña concavidad con la mano, como cuando haces una “cucharita” con la palma para recoger líquido.)

El pene, palpitante, con el remanente del nudo que aún no se había calmado, era como su corazón expulsado fuera del cuerpo. Yeehyeon sintió el impulso de volver a meterlo dentro de sí. Al igual que su pene, que no se había encogido en absoluto a pesar de haber terminado un nudo, su propio deseo sexual parecía ser inagotable.

Yeehyeon se pasó la lengua por la boca seca y abrió la boca con dificultad.

—Si se sale así… ¿entonces no sirve… de nada?

Liu, que estaba absorto en la zona entre las piernas de Yeehyeon, alzó la cabeza e inclinó el rostro para mirar ante la pregunta que contenía un pronombre ambiguo. Se distinguían claramente las venas rojas en el blanco de sus ojos. Aún recuperando el aliento sin calmarse, Yeehyeon añadió con cautela:

—¿Está bien que salga todo? ¿O no tiene… nada que ver?

—.....

Solo entonces Liu se dio cuenta de lo que preocupaba a Yeehyeon y frunció el ceño con fuerza. Se levantó sobre las rodillas de un salto y se abalanzó sobre los labios de Yeehyeon.

—Mmm, mm. Hmm.

Como una bestia que ha hundido su rostro en la carne fragante de su presa después de un hambre extrema, invadió los labios de Yeehyeon de todas las maneras posibles. Sus dos manos, que agarraban las nalgas de las que escurría agua con feromonas disueltas, parecían querer retorcerlas por completo para exprimir todo el líquido que contenían.

—¿Te preocupa eso?

Liu suspiró pesadamente y frotó su rostro contra el hombro de Yeehyeon. Continuó con una voz de sufrimiento:

—Qué voy a hacer contigo… Ven conmigo, Seo Yeehyeon. O me quedaré aquí. No necesito nada. Simplemente seré… un tonto que solo te conoce a ti. Quédate conmigo, ¿eh?

Las feromonas que empapaban y volvían a empapar el olfato de Yeehyeon como olas que no cesan, y su divagación como de alguien ebrio, atestiguaban su excitación que se había disparado más allá de cierto punto.

Liu giró rápidamente la cintura de Yeehyeon. Se puso justo detrás de él, lo abrazó por la cintura y lo empujó hacia adelante, casi levantándolo. Agarró las muñecas de Yeehyeon y las llevó hacia el cabecero de la cama donde se apoyaba la almohada.

—Agárrate fuerte.

A diferencia de la cama de su casa en Seúl, parecía ser un fino tablón de madera contrachapada de aspecto endeble. Cuando Yeehyeon agarró el borde del cabecero a tientas, él se colocó inmediatamente entre sus piernas.

Al girarse, notó que él sintió su mirada, y movió solo los ojos para encontrarse con los de Yeehyeon. Sin cambiar su expresión, su mano, que había estado palpando la hendidura de sus nalgas, subió por su cintura y presionó suavemente su espalda. Al inclinar el torso de forma incómoda, las nalgas se levantaron naturalmente hacia atrás. La imaginación de que su orificio abierto, sus testículos y su pene colgando boca abajo estaban completamente expuestos a él hizo que sus hombros y cintura se retorcieran.

—Uuugh… Uh. Ugh.

Una masa pesada con el glande resbaladizo se deslizó suavemente en el estrecho hueco, donde aún quedaban restos húmedos del primer nudo. Aunque la penetración fue fácil, la sensación de opresión no fue sencilla. Además, a diferencia del primero de hacía un momento, la pared interior estaba muy sensible.

Solo con que el grueso bulto se deslizara y llenara el interior, haciendo que el glande se abriera, Yeehyeon tuvo que temblar y hacer fuerza con las manos que sujetaban el cabecero de la cama.

—¡Ugh, uhh!

El cuerpo del pene y el glande hinchado se deslizaron rascando el interior, se detuvieron cerca de la entrada, y luego volvieron a golpear su interior con una estocada profunda de una sola vez. Esa acción se repitió rápidamente. Aunque hacía fuerza con los brazos como si estuviera empujando el cabecero, su cuerpo seguía inclinándose hacia adelante. A medida que la velocidad de la embestida aumentaba, sus rodillas se deslizaban hacia adelante, arrugando la sábana.

—Hah, haah, hu… huuu.

Liu, con el pecho pegado a la espalda de Yeehyeon y la cara asomando por encima de su hombro, observaba atentamente cada reacción de Yeehyeon. Cuando Yeehyeon se mordió el labio inferior para tratar de bajar el gemido, él extendió el brazo, le tiró del labio y le hizo morder su propio dedo en su lugar.

—Ugh, mm. Mm. Hmm!

Al fruncir los labios, el dedo medio y el índice superpuestos frotaban furiosamente su lengua. Una penetración rápida y pegajosa ocurría simultáneamente tanto abajo como arriba.

La habitación de al lado, donde a veces se oían risas a borbotones, también había estado en silencio desde algún momento. Tal vez se habían dado cuenta del origen del ruido sordo y habían detenido la fiesta, concentrando toda su atención en esta habitación. Aun así, no había forma de detener esto.

Los dedos de él, que habían estado tocando la tierna membrana mucosa dentro de su boca, salieron, dejando un rastro de saliva sobre la almohada y la sábana. Los restos escurrían por su barbilla, pero no tenía tiempo de limpiarlos.

Su respiración jadeante, justo al lado de su oído, era alarmante. Él levantó el torso, agarró el muslo izquierdo de Yeehyeon de adentro hacia afuera, y levantó la pierna.

—Quédate conmigo. Seo Yeehyeon. ¿Eh?

Debido a la postura con una pierna levantada, la dirección del pene cambió en su interior. En ese estado, él hinchó su órgano sexual de repente.

—Aah-uh, hu. Ugh!

El segundo nudo se vertió en la pared interior, que había sido frotada, golpeada, empapada y luego derretida suavemente.

Yeehyeon se derrumbó sobre el cabecero, gimiendo su nombre como una súplica. Aun así, él no soltó su pierna. Levantó su pierna izquierda, la puso bajo el muslo de Yeehyeon y apretó el punto de contacto aún más. Yeehyeon soltó la mano que sujetaba el cabecero, se deslizó y golpeó y desgarró la almohada.

Con las nalgas más levantadas debido a su torso inclinado, su nudo latía dentro de él, y con una pierna levantada como un perro orinando, el líquido de feromonas goteaba continuamente del ano completamente abierto hacia el exterior, como la saliva que un perro podría derramar.

Se sentía como si se estuviera volviendo loco. Hundió el rostro en la almohada para ocultar un lamento que era completamente diferente a sus gemidos habituales, como si estuviera llorando a gritos.

—Respóndeme…

Aunque exigía una respuesta, él, que lo sujetaba firmemente para que la cintura de Yeehyeon no se desplomara y movía la cintura en medio del placer del nudo, parecía no escuchar nada en absoluto.

—Solo tú puedes… romper mi control, y darle color a mi vida de ghost. Si no eres tú, yo…

Su segunda eyaculación comenzó antes de que pudiera terminar la frase.

Yeehyeon movió las nalgas involuntariamente ante el ardor que golpeaba su vientre y giró la cabeza sobre la almohada. Miró a Liu con la mitad de su rostro cubierto por la almohada de funda blanca. Su expresión, al mirarlo, era tan ferviente, a diferencia de su cintura y piernas que se agitaban frenéticamente absortas en el acto sexual, que quiso decirle algo. Pero parecía imposible mientras él sacudía todo su cuerpo por dentro y por fuera.

Antes de entregarse por completo a las feromonas que aumentaban su concentración, solo pudo susurrar "te amo". No estaba seguro de si él lo había oído.

■ ■ ■

El lugar donde abrió los ojos no era su habitación, aquella con un fregadero frente a la cama y un escritorio viejo colocado bajo las dos ventanas a sus pies.

Yeehyeon parpadeó mientras revisaba la escena que entraba en su campo de visión. Necesitó un poco de tiempo para comprender dónde estaba y cómo había acabado acostado allí.

Parecía que ya era de día, pero el cielo que podía verse por encima de la hilera de ventanas seguía bajo y oscuro, igual que el día anterior. No parecía estar nevando.

—Ah…

Su conciencia, aún entumecida, por fin recordó que anoche, bajo la nieve, se había reencontrado con él. Su corazón volvió a latir como si regresara a ese instante. Después, los recuerdos de lo ocurrido emergieron de golpe a la superficie.

El apartamento tipo estudio cerca de “The Hands” donde él venía a quedarse de vez en cuando.

A medida que la consciencia recuperaba sus funciones, las huellas físicas de la noche anterior se activaron en su cuerpo y le arrancaron un gemido adolorido. Le pesaba la parte inferior del cuerpo. En especial, el interior de las nalgas le ardía como si estuvieran amoratadas.

Se sentía un poco caliente debido a cuánto habían frotado y al golpeteo del nudo, pero a pesar de haber tenido sexo durante tanto tiempo con algo tan grueso y duro dentro, no tenía ningún desgarro ni herida. Era algo casi imposible en términos habituales, y ahora ya sabía que era por esa inexplicable interacción entre Ghost y D.D.

Mientras pensaba en lo ignorante que había sido antes respecto a las diferencias entre alfas y betas, y sobre el sexo entre ellos, sintió la presencia de un cuerpo cálido pegado a su espalda y una respiración profunda y regular.

Ahora que lo pensaba, un brazo pesado y completamente relajado reposaba sobre su costado, abrazándole el vientre de manera suelta.

Él realmente había vuelto. Y eso, incluso antes de recibir el cuadro.

No, quizá más bien era él quien se había quedado esperando en ese mismo lugar, y ahora Yeehyeon había regresado al suyo.

Permaneció acostado, sintiendo el peso de su brazo y aquella respiración tranquila. Un grupo de niños pasó corriendo por el callejón entre risas y gritos llenos de emoción. Aunque la nieve había parado, durante la noche se había acumulado bastante, y quizá estaban recorriendo el barrio buscando nieve fresca, aquella que nadie había pisado aún.

Mientras Yeehyeon escuchaba cómo aquellas voces alegres se alejaban, con mucho cuidado se giró. Quería verle la cara.

Él dormía abrazado a su cuerpo envuelto del todo por la sábana, pero él mismo estaba desnudo. La calefacción por radiador tenía sus límites. Las ventanas ocupaban casi toda una pared y como se habían quedado dormidos sin cerrar las cortinas anoche, el aire de la habitación no era precisamente cálido. Aun así, él parecía no sentir frío en absoluto.

Quería cubrirlo un poco con la sábana, pero temió despertarlo.

Había varias almohadas en la cama, pero aun así habían decidido compartir una sola, como si nada más importara. No recordaba bien cómo habían terminado acostándose así; había huecos en su memoria, a pesar de que no habían bebido. Como entre las piernas y el interior de los muslos no se sentía pegajoso, seguramente se había duchado… o más bien él lo había limpiado con una toalla húmeda. Lo segundo parecía más probable.

El último recuerdo claro que tenía era de él mismo colgando lánguidamente en sus brazos, sin siquiera la fuerza para mover un dedo, mientras recibía la cuarta o quinta penetración, temblando sin control.

Él dormía de lado, con un brazo doblado bajo la sien, de frente a Yeehyeon. Sus labios estaban apretados y el ceño, fruncido. Quizá por eso parecía tan agotado. Tenía la piel ampliamente azulada desde debajo de la nariz y la mandíbula hasta la parte alta del cuello.

Yeehyeon, que solo lo observaba en silencio desde un ángulo donde el codo de él rozaba apenas sus flequillos, logró sacar la mano de entre la sábana en la que estaba envuelto por completo. Con las yemas de los dedos acarició con cuidado la barba corta y áspera que le había crecido durante la noche.

Como ni siquiera se estremeció, supuso que debía de estar profundamente dormido. Se entretuvo un buen rato con aquella sensación punzante, y luego observó su rostro. A diferencia de antes, sus largas y abundantes pestañas temblaban levemente de vez en cuando.

—No estás dormido, ¿verdad?

Aunque lo preguntó a propósito en voz bajísima, no pudo ocultar lo rota que estaba su garganta.

—…¿Fui tan obvio?

Su voz también estaba ronca y trabada, reflejo de lo largo e intenso que había sido el encuentro de la noche anterior.

Yeehyeon se rió, y él, todavía con los ojos cerrados, sonrió y lo abrazó fuerte tirando de él.

—¿No tienes frío?

—Gracias a alguien que estuvo bien caliente toda la noche. Para nada.

Él respondió con firmeza mientras acariciaba el hombro que estaba abrazando, su nariz rozando el cuello de Yeehyeon.

—¿Por qué no me miras?

—Es que… me da un poco de miedo.

—¿Qué cosa?

Que él dijera que algo le daba miedo le pareció tan extraño que Yeehyeon levantó el rostro hundido en su cuello y lo miró sonriendo.

—……

Él no respondía de inmediato. Aquel hombre fuerte, de un cuerpo grande, con poder económico y social suficiente para protegerse sin necesitar a nadie… Yeehyeon creía entender qué era lo que le daba miedo.

Que sus ojos, cuyos colores habían cambiado, provocaran aunque fuera un instante de vacilación. Que llegara a ver aunque fuera por un segundo en él una sombra de desprecio o rechazo. Él se encogía intentando ocultarse.

Yeehyeon rozó con la nariz la punta de su barbilla.

— Dijimos que no íbamos a ocultarnos nada, ¿recuerdas?

— ……

Las espesas pestañas de él temblaron. Parpadeó un par de veces y, bajo los párpados que se elevaron lentamente, seguía estando el mismo Liu que lo miraba.

— Tus labios… volvieron a hincharse. Y el borde de tus ojos está un poco rojo.

Él tocó los labios y los ojos de Yeehyeon, jugueteando suavemente.

Como si los días en los que se unían casi a diario con locura hubieran sido apenas hace unos días, usó la palabra “otra vez” borrando por completo la distancia del tiempo.

— ¿Puedes ver hasta eso?

Él rió bajo, con un leve estremecimiento de los hombros. Luego tiró de su espalda, volviendo a hundir el rostro de Yeehyeon en su hombro.

— Porque estás tan cerca.

Yeehyeon sabía que no quería poner su rostro frente al suyo porque no quería que viera sus ojos. Pero aun así, empujó suavemente su pecho y levantó su rostro. Sostuvo su barbilla y tiró un poco hacia abajo.

Al mirarlo de cerca, se dio cuenta de que lo extraño no era la pupila, sino el cambio de color en el iris. La pupila, creada para no absorber luz, seguía siendo negra. Pero el iris, descolorido hasta casi un blanco inexplicable y dilatado de forma anormal, cubría casi por completo la pupila.

Como si reaccionara al movimiento del músculo del iris —que en lugares brillantes contrae la pupila y en lugares oscuros la dilata—, su pupila estaba distorsionada por el iris expandido. Cada parpadeo la hacía verse un poco más grande o más pequeña, pero sin duda no era un estado normal.

El azul que solía tener casi había desaparecido, y quedaba un gris pálido cercano al blanco. Pero las finas vetas y patrones propios de cada iris seguían allí, haciendo que brillara como un prisma que refracta la luz o como mármol tallado con precisión. No era un blanco artificial como una pieza plástica. Tampoco daba la sensación siniestra de un fantasma.

Yeehyeon aclaró la garganta varias veces para suavizar su voz quebrada.

— No sé qué diría la gente si lo viera. Pero a mis ojos… es hermoso.

— ……

— No lo ocultes. Es bonito.

— ……

— Parece una bola de nieve.

Él no dijo nada. Solo miró a Yeehyeon con una expresión complicada, como si la ternura, la emoción y una leve tristeza se le hubieran atorado en la garganta.

Tal como había dicho que no tenía frío, su mano cálida y llena de calor cubrió la mejilla de Yeehyeon. La palma grande cubrió toda su mejilla, pasó por su oreja y acarició lentamente entre su cabello.

— Mientras tú me veas así, está bien. Aunque el mundo me llame ghost, o incluso si olvidan por completo que algo como yo existe… ya no importa.

Con un tono tranquilo, como si hace mucho hubiera decidido eso y ya no fuera algo dramático para él, Liu apartó el flequillo de Yeehyeon y presionó un largo beso en su frente. La forma en que le acariciaba el cabello era tan relajante que Yeehyeon cerró los ojos con calma.

— Mi cabello… ¿ha crecido mucho?

— ¿Hmm?

— A veces Yuni noona me lo cortaba, y también fui a la peluquería… pero aun así, comparado con el año pasado…

Yeehyeon interrumpió sus palabras y levantó el rostro para mirarlo.

— Oye… ¿cuándo fue la última vez que viniste aquí?

Liu apartó la mirada, esta vez por otra razón. Entonces suspiró resignado y confesó.

— ¿Hace… dos semanas?

— Si lo viste hace dos semanas, no puedes decir que me creció mucho el cabello.

Ahora entendía la reacción extraña que él había tenido antes. Yeehyeon soltó una risita y volvió a apoyar la frente en sus labios.

— No siempre podía verte cuando venía.

La voz grave y ronca continuó, baja.

— Si tenía suerte podía verte saliendo o entrando, pero había un límite a lo cerca que podía acercarme.

— ¿Quieres decir que… viniste hasta aquí y simplemente te fuiste sin verme?

Él rió levemente, como si no fuera gran cosa, y apretó con fuerza los hombros de Yeehyeon abrazándolo.

—Aunque no pudiera verte, con solo saber que estabas cerca, ya valía la pena.

Yeehyeon no pudo sonreír. No porque el tiempo y el dinero que él había invertido fueran prueba de su amor, sino porque, si invertía los papeles y lo imaginaba en su cabeza, podía comprender muy bien lo que Liu debió sentir… y por eso, en vez de reaccionar, se quedó sin palabras.

Sacó un brazo por encima de la sábana y lo apoyó en su costado, presionando suavemente los labios contra su hombro. Liu giró la cintura para pegar más su cuerpo al de Yeehyeon y apretó la mano que lo abrazaba por el hombro.

Permanecieron así bastante rato. Como si, al fin, al final de una noche larga y apasionada, pudieran saborear adecuadamente el hecho de haberse reencontrado.

Y al cabo de un buen rato, Liu separó a Yeehyeon de su pecho.

—Debes tener hambre. Te tuve demasiado tiempo sin comer y molestándote.

Su voz era un poco más alta, como si quisiera ocultar el temblor de sus emociones.

—Estoy bien…

—Aquí no cocino casi nada, así que no es gran cosa, pero te prepararé algo sencillo.

Yeehyeon agarró la muñeca de Liu cuando él intentó levantarse y lo miró hacia arriba.

—En vez de eso… dame café. Quiero tomar café.

Él lo miró unos segundos, con una expresión casi descontenta frente a la idea de darle solo café, pero finalmente asintió y apretó su mano antes de soltarla. Luego sacó ropa interior nueva del armario junto a la cama, se la puso y bajó del colchón para dirigirse a la cocina.

Boxers negros, ceñidos, que cubrían apenas medio palmo de sus muslos. Su gusto por la ropa interior seguía igual. En ese detalle trivial, Yeehyeon volvió a sentir su corazón acelerarse al darse cuenta de que, sí, era realmente Liu quien tenía delante.

Fuera por amor, o por las feromonas, o por ambas cosas… incluso después de más de un año separados, estar frente a él hacía imposible rechazarlo. Si Liu hubiera venido antes para rogarle amor, Yeehyeon sabía que sin tiempo suficiente para pensar habría sucumbido de inmediato a la añoranza.

Era una suerte que se reencontraran ahora, que él hubiera llegado después de intentar comprender sus sentimientos.

En poco tiempo el aroma fresco del café llenó la habitación. Solo con olerlo, Yeehyeon sintió su mente aclararse un poco.

Mientras observaba a Liu, de pie en la cocina estrecha —más pequeña incluso que la minicocina del estudio subterráneo de su casa en Seúl— preparando café en ropa interior, Yeehyeon se apoyó en la almohada, luchando contra el peso del cansancio.

Tal vez era impresión suya, pero las acciones de Liu parecían más lentas de lo normal. Aun así, dentro de su territorio familiar, lo veía desenvolverse sin dificultad.

Con un suspiro de alivio, Yeehyeon desvió la mirada. La ropa que ambos habían tirado al suelo la noche anterior estaba perfectamente doblada y ordenada sobre la mesa.

Pensar en Liu, con la vista aún borrosa, limpiándole el cuerpo con una toalla húmeda y arreglando la ropa en la penumbra azulada mientras él dormía… le apretó el corazón.

Recordó que en Hong Kong había sido igual. La primera vez que lo había penetrado, la primera vez que Liu había hecho su cambio sin haberlo previsto, él también había dejado toda la ropa de Yeehyeon impecablemente doblada antes de irse del hotel, mucho antes de que despertara.

Aquella mañana, por qué había tenido que marcharse, y por qué usaba gafas oscuras cuando regresó…

Ahora por fin podía unir las piezas.

Volvió a mirar la espalda de Liu, que preparaba el café con la misma dedicación con la que se cuece una medicina herbal.

—¿Cuándo me dormí?

Liu enderezó la tetera con agua caliente y lo miró por encima del hombro.

—Mmm… después del tercer nudo. Estaba acariciándote la espalda y cuando subí para besarte, ya estabas dormido.

—Ah… lo siento.

Él volvió a mirarlo por encima del hombro con una sonrisa suave y dejó la tetera en la repisa. Luego trajo dos tazas hacia la cama, lanzando miradas furtivas al torso desnudo de Yeehyeon bajo las sábanas.

—Era nuestra primera vez en mucho tiempo, pero te hice esforzarte demasiado… el que debe disculparse soy yo.

Siguiendo su mirada, Yeehyeon bajó los ojos. Su pecho, abdomen y costados estaban llenos de mordidas y chupetones. Tomó la taza que Liu le ofrecía y, fingiendo cambiar de postura, levantó las rodillas para cubrirse un poco.

Liu tampoco mencionó las marcas ni revivió la pasión de la noche con bromas. Solo se sentó a los pies de la cama y tomó su café como si no las hubiera visto.

Aunque hacía mucho que no estaban juntos, habían compartido el cuerpo incontables veces, y no era la primera vez que se mostraban totalmente desinhibidos… aun así, el ambiente había quedado tan torpe y tímido como la mañana después de la primera vez de una pareja.

Por suerte tenían algo que beber, así que ambos se concentraron en el café. O al menos fingieron hacerlo.

Liu, mirando un punto indefinido del suelo con expresión pensativa, fue quien rompió primero el silencio.

—Anoche… lo que dijiste.

Él giró lentamente la cabeza hacia Yeehyeon. El color aún extraño de sus ojos, al cruzarse con los suyos, hacía que Yeehyeon se estremeciera, no por rechazo, sino por belleza.

Liu tomó aire hondo, inflando pecho y hombros, como alguien que está a punto de decir algo difícil, y lo soltó despacio.

—¿Puedo… entenderlo como que estás dispuesto a aceptarme otra vez?

Sentado con los pies sobre el marco bajo del colchón y los brazos relajados sobre las rodillas, Liu parecía medio cómodo. Pero en la mano que sostenía la taza los tendones sobresalían marcadamente.

Yeehyeon apoyó su taza sobre las rodillas cubiertas por la sábana y acarició la superficie con los dedos, mordiendo su labio inferior. Luego miró directamente los ojos blanqueados de Liu, prueba visible del cambio que él mismo había provocado en su cuerpo.

El calor de su pene, la sensación de ser abierto por su fuerza, el flujo incesante de semen… aún seguía sintiéndolos dentro como un eco. Saber que sus huellas también estaban marcadas en el cuerpo de Liu despertó en Yeehyeon un sutil pero intenso deseo de posesión.

Cuando Yeehyeon asintió con cautela, la tensión se liberó de los hombros y el pecho del otro. Pero no del todo.

A menos que hubiera venido por el cuadro que Yeehyeon envió a Seúl, para Liu el encuentro de anoche había sido completamente inesperado. Tampoco sabía qué proceso había llevado a Yeehyeon a tomar esta decisión hoy.

Yeehyeon también tenía muchas cosas que preguntar. Pero ninguna era algo que pudiera resolverse con unas pocas palabras ahora mismo. Eran cicatrices que tendrían que desvanecer lentamente con tiempo. Aunque sintieran algo de inquietud, prisa o sed de más, eso no significaba que su relación fuera a tambalearse.

Liu tomó suavemente el tobillo de Yeehyeon sobre la sábana, y tras mover los labios varias veces sin lograr hablar, finalmente dijo:

—Después de esto… ¿salimos a comer un desayuno de verdad? Y… ¿podríamos pasar también la tarde juntos?

Yeehyeon respondió con vacilación:

—Ah… yo también quiero, pero… me gustaría mantener mis horas de trabajo diarias. Soy estricto con eso.

Liu asintió enseguida, sonriendo, pero al llevarse la taza a los labios parecía intentar ocultar cierta decepción. No por poner el trabajo antes que él, sino por la simple tristeza de no poder pasar todo el tiempo juntos. Precisamente por eso, para no decepcionarlo dos veces seguidas, Yeehyeon prefirió dejar las cosas claras desde ahora.

—Y esta noche… tengo una fiesta pequeña. Fui invitado.

La fiesta anticipada de Navidad organizada por “Despertar tardío” justo era hoy.

—Probablemente… tendré que quedarme ahí hasta las diez.

La pupila grisácea de Liu, que estaba contrayéndose y expandiéndose inquieta, leyó la disculpa en el rostro de Yeehyeon y se calmó poco a poco. La mano que sostenía su tobillo subió hasta la pantorrilla, masajeándola suavemente.

—Entonces… ¿voy por ti cuando esté terminando?

Yeehyeon dudó un momento y luego asintió. Él también quería pasar todo el tiempo posible juntos. Solo esperaba que Liu no lo malinterpretara.

—¿Cuándo vuelves a Seúl?

Liu masajeaba la pantorrilla con la mano izquierda mientras bebía café con la derecha. Frunció el ceño y levantó la mirada hacia Yeehyeon por encima del borde de la taza inclinada.

—Pensaba quedarme aquí. ¿No quedamos en eso anoche?

—……

Sí, recordaba que él había dicho algo así.

Que se quedaría. Que estarían juntos.

Pero ambos estaban completamente intoxicados por las feromonas…

Mientras Yeehyeon desviaba la mirada pensando, cayó en cuenta —con retraso— de que había sido una broma de Liu, y dejó escapar una pequeña risa. A veces seguía siendo difícil seguir su humor.

—Creo que Yuni ya te habrá contado, pero… el estudio está en obras ahora mismo. La directora Han me dio vacaciones, así que tengo como una semana libre… volveré el 27.

Si regresaba el 27, les quedaban unos cinco días.

—Yeehyeon añadió en voz baja—: En Navidad… podemos estar juntos.

—¿No estás cambiando tus planes por mí?

Yeehyeon negó con la cabeza moviendo la taza ligeramente.

—Una Navidad… tampoco es tanto.

Decía que quería pasar tiempo juntos, mostraba lo mucho que deseaba seguir a su lado y la pena que le daba no poder estar tanto como quería… pero aun así, Liu era incluso más cuidadoso. Parecía preguntarse una y otra vez si tenía derecho a pedirle compartir tiempo.

A Yeehyeon le sabía mal verlo así, pero también sabía que soltar dos o tres frases del tipo “se te perdona” no iba a borrar el peso de un pasado que solo Liu podía resolver por sí mismo.

De pronto, al oír una tenue risa, Yeehyeon levantó la cabeza.

—Parece un sueño.

Liu lo miraba como si realmente tuviera un sueño frente a los ojos, tanto en su expresión como en su voz.

—El hecho de que estemos aquí fijando planes para vernos otra vez… que después de pasar la noche juntos despierte abrazándote y empiece así el día… todo esto parece un sueño que alguien podría romper de un momento a otro.

Dejó la taza sobre el marco de la cama, se inclinó hacia él y apoyó el rostro en las rodillas levantadas de Yeehyeon.

Yeehyeon le acarició el cabello con suavidad. Liu levantó poco a poco la cabeza y apoyó la barbilla sobre sus rodillas, mirándolo directo a los ojos.

Pese a lo claras que eran, como si el pigmento se hubiera desteñido, sus pupilas transmitían emoción. Los ojos con los que lo observaba brillaban como un campo nevado bajo el sol.

—Pero sea quien sea… no pienso dejar que lo rompa.

Ante aquella declaración cargada de determinación, a Yeehyeon se le secó la boca. Se cubrió el rostro con el dorso de la mano para apartar la mirada. Liu tomó su muñeca, la bajó y entrelazó los dedos con fuerza; cuando Yeehyeon volvió a mirarlo, él lo observaba con el ceño fruncido, serio.

Presionando sus manos entrelazadas contra el colchón, Liu se inclinó sobre las rodillas de Yeehyeon. El beso, que apenas presionó la superficie de sus labios como si no supiera usar la lengua, se sintió como un primer beso torpe.

Mientras apretaba la taza para evitar que se derramara el café, Yeehyeon pensó:

No fue la primera vez que tuvieron sexo, pero sí la primera mañana que compartían después. Sentía que recordaría esta mañana por muchísimo tiempo, quizá para toda la vida.

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