El sedán acababa de salir de la autopista del aeropuerto y cruzaba el puente Banghwa, entrando por fin en la autopista Gangbyeonbuk-ro.
A lo lejos, con el río Han de por medio, apareció la silueta de los edificios de Yeouido. Había estado fuera por apenas una semana, un poco menos incluso, pero el paisaje tras la ventana del auto se veía distinto.
Para Liu, desde pequeño, viajar había sido parte de su vida cotidiana. Pero cada vez que dejaba una ciudad para volver a la suya, esa ligera desintonía—más molesta que el propio desfase horario—siempre le hacía ruido.
Esa sensación de que, en su ausencia, alguien había cambiado en secreto una parte de la ciudad. Tan minúsculo y sutil el cambio que apenas podía percibirse, pero suficiente para hacer que la ciudad ya no fuera aquella que él recordaba como familiar. Como volver a casa después de salir y sentir que alguien la había revisado sin permiso… esa persistente molestia.
Observando sin expresión el grupo de edificios que se acercaba, Liu Weikun pasó una mano por su cabello y lo apretó en su puño. Le nació una extraña obstinación por encontrar la metáfora exacta para esa sensación tan rara que lo acompañaba desde niño.
Se frotó la barbilla áspera, la barba crecida después de más de veinte horas de vuelo contando la escala en el aeropuerto JFK de Nueva York, frunciendo ligeramente el ceño.
Como… la sensación de ver a un antiguo amante: alguien con quien habías compartido tanto, a quien habías amado de forma casi dolorosa, pero que ahora era un completo extraño. Alguien que una vez te perteneció de un modo inseparable, y que ahora ya no tenía la más mínima influencia en tu vida.
Se dio cuenta de lo exagerada que sonaba aquella comparación tan grandilocuente, y soltó una pequeña risa irónica mientras liberaba su cabello. Ni siquiera había tenido jamás un amor tan largo y profundo.
Buscó un cigarrillo en el bolsillo de su chaqueta, pero al voltear vio a Yeehyeon dormido, hundido en el asiento. Entonces volvió a guardar el cigarrillo y dirigió de nuevo la mirada hacia la ventana.
Ya no podía seguir pensando que solo un amor de años podía crear un vínculo tan imposible de romper.
「Lo único que pude encontrar sobre la existencia que describiste de él fue esto.」
Eso había dicho Marcus cuando le entregó un diario tan viejo que llamarlo “deteriorado” era quedarse corto; parecía más bien un artefacto del siglo XIX.
En los dos meses desde que Liu le había hablado por teléfono de Yeehyeon por primera vez, Marcus había hecho lo posible por reunir aunque fuera un mínimo de información. En parte por su curiosidad académica, pero también porque era la primera vez que veía a Liu tan confundido, tan desesperado, pidiéndole ayuda con tanta urgencia. Sabía que Liu estaba realmente metido en un problema serio, y quería ayudarlo como fuera.
Marcus era un excéntrico famoso entre los grandes anticuarios europeos: un fanático devoto de los “ghost”, esas figuras legendarias que el mercado ignoraba. Por esa reputación, cada vez que aparecía algún objeto mínimamente relacionado con un ghost, los comerciantes solían contactarlo primero.
Esta vez, un vendedor de Viena le había dejado aquel diario por apenas 1,000 euros—un precio muy razonable. Era una pieza de gran valor para Marcus y para Liu, pero para los comerciantes que consideraban al “ghost” una fantasía de unos pocos maniáticos, no era más que una novela anónima demasiado vieja para valer algo.
Marcus suponía que ese diario pertenecía a un ancestro de Liu. La familia materna de su padre, un linaje noble que había caído en desgracia por luchas políticas, había utilizado a uno de los “ghost” de la familia como un método para recuperar fortuna y prestigio en la segunda mitad del siglo XIX. Las fechas en el diario coincidían con ese periodo.
Después de que desapareciera por completo el ambiente medieval que consideraba a alfas y omegas como demonios o aberraciones, las cortes europeas empezaron a adorarlos. Para lograr matrimonios estratégicos, era común encontrar familias nobles que querían convertir a sus hijos o hijas en omegas.
Aunque la versión oficial de su familia insistía en que habían recuperado su poder gracias a su visión política y a su capacidad para relacionarse con las casas reales de Europa, la verdad era otra: habían construido sus conexiones y riqueza utilizando otra forma de prostitución—convertir a betas en omegas a través de relaciones sexuales.
Hoy en día la familia ya había recuperado completamente su estatus y, aunque surgiera otro ghost, no tendrían por qué —vender su cuerpo” como antes. Pero la habilidad de convertir a un beta en omega seguía siendo un objeto de deseo clandestino entre ciertos círculos de la élite más degenerada, un símbolo perfecto de poder y control.
A Yeehyeon solo podía decirle que aquello era para protegerlo de quienes buscaban un heredero omega excepcional. Pero la verdad es que los padres de Liu se habían divorciado para poder proteger al propio Liu, por ser un ghost.
Para la gente común, los —ghost” no eran más que leyendas que aparecían en programas tipo “Misterio o verdad”, pero para la familia materna de su padre, los ghost eran algo real, un motivo de orgullo secreto. Creían que sus descendientes podían seguir naciendo con esa condición, y cuando Liu fue declarado alfa, sus padres acudieron a Marcus buscando la certeza de que él no era un ghost.
El resultado fue exactamente lo contrario. Era como ganar la lotería tres veces seguidas y luego sobrevivir tres veces consecutivas a la muerte, para finalmente morir por un simple tétanos. Liu había acertado la probabilidad casi inexistente: era un ghost.
Si aquel diario era realmente de su ancestro, y si lo que Marcus resumió era cierto, entonces quizá no podía culpar a sus padres por haber tomado medidas tan extremas.
El diario, incompleto, relataba de forma dispersa los sucesos de un año. El autor, enviado a la convulsionada Austria para servir a su familia, terminaba enamorándose poderosamente del sirviente beta del hombre que debía convertir en omega.
Un noble inglés, llegado en secreto para un trato prohibido, y un plebeyo beta de la clase baja: por su diferencia de estatus, aquella relación era imposible. Además, el objetivo de la “conversión” era el amo del sirviente, no el sirviente mismo.
Pero ambos, impulsados quizá por las feromonas, ardieron de deseo. Incluso sabiendo que, si descubrían que el ghost estaba intentando convertir al sirviente en lugar del contratista, ambos serían ejecutados, fueron incapaces de detenerse.
Si la derrota de Austria ante Prusia no hubiese sumido al país en tal caos que volviera insignificante su misión, y si no hubiera sido expulsado apresuradamente como un estorbo, el autor habría muerto en Austria junto a su “Diamond Dust”, su “Didi (DD)”, como él mismo lo llamaba.
El fenómeno de cristales de hielo brillando bajo el sol, del que Yeehyeon había hablado, ni siquiera tenía nombre en aquella época. Y aunque lo hubiera tenido, no era por eso que el autor llamó así a su amante.
「Si el diario es cierto, mientras tú estés a su lado, es imposible resistir el vínculo que sus feromonas crearán entre ustedes. Y si ya lo amas emocionalmente, si ya te sientes atraído por él como persona… entonces es aún más inevitable.」
Recordando la preocupación en el rostro de Marcus, Liu volvió a mirar a Yeehyeon. El rostro de este, dormido, se veía sereno. Y cuando veía a Yeehyeon transformarse en omega por su causa, Liu sentía al mismo tiempo una euforia inmensa, como si todas sus células vibraran… y un dolor punzante que le apretaba el corazón como si exprimiera la sangre.
El dolor podía soportarlo todo. Mientras Yeehyeon no lo rechazara, mientras no lo perdiera.
—Hm….
Exhalando un suspiro parecido al gemido de un animal herido de muerte, Liu extendió el brazo hacia la mejilla de Yeehyeon. Quería sentir un poco más el calor y el tacto de su amante, que aún estaba a su lado y decía que lo amaba.
Pero justo antes de que su mano tocara aquella mejilla, Liu percibió la vibración del teléfono en el bolsillo de sus pantalones y se detuvo. El remitente era Shushu.
—[¿Ya llegaste?]
Apenas conectó la llamada, la primera frase llegó, agresiva como esperaba.
—[Tenemos algo de lo que hablar en persona. Estás cansado, pero saca un tiempo. En vez de que vengas tú, yo iré a tu casa.]
—¿No es algo que pueda esperar hasta mañana? Ahora mismo… estoy demasiado agotado.
Liu apoyó el codo en la ventana, masajeó entre las cejas y bajó la cabeza.
—[No quise arruinarte el humor, por eso esperé mientras disfrutabas del viaje en Boston. Igual, has descansado suficiente viniendo en primera clase. Solo será un momento.]
La voz al otro lado del teléfono estaba firme, como si hubiera estado esperando este momento con determinación. Liu sabía que no era un asunto del que pudiera escapar negándose, así que respondió con rigidez.
—Entonces veámonos afuera. No quiero… molestar a nadie.
Shushu no preguntó a quién no quería molestar. Parecía que ni siquiera le interesaba.
Justo cuando terminó la llamada y pensaba volver la mirada cansada hacia la ventana, una voz cautelosa se escuchó desde el asiento de al lado.
—¿Era una llamada importante?
Había intentado ser silencioso para no despertarlo, pero al final lo había hecho. Liu recompuso la expresión y giró la cabeza. Yeehyeon, con el rostro rígido, lo miraba fijamente.
—Era Shushu. Parece que estaba esperando a que volviera.
—Acaso… ¿se enteró de algo…?
Viendo cómo en los ojos de su amante la preocupación se hacía más profunda, Liu negó suavemente.
—No creo. A estas alturas, Hong Seonyu no sería tan tonto como para contárselo a Shushu creyendo que así conseguiría algo de mí. Y además, si lo hiciera, lo único que ganaría es que Shushu lo culpara otra vez.
Mientras Yeehyeon parecía aliviado por un instante, Liu extendió la mano a su hombro y lo masajeó de forma tranquilizadora, cambiando de tema.
—Voy a contratar gente para preparar las cosas que tenemos que llevar a Nueva York, así que tú no te preocupes por nada. Solo concéntrate en tus dibujos. Creo que hiciste muchos bocetos en este viaje.
Yeehyeon acarició el brazo de Liu sobre su hombro y mostró una débil sonrisa. Su expresión reflejaba que aún no asimilaba que en dos semanas abandonarían aquella ciudad.
—En cuanto al trabajo… Tendré que avisarle antes a la directora Han, no tengo opción. ¿Y con Baek Yuni y Kwon Juhan qué vas a hacer?
—Quería decírselo yo mismo…
—Entonces cenemos todos juntos este viernes. Le pediré a la directora Han que no les diga nada hasta ese día.
—¿Invitamos también a Inwoo?
Ante ese nombre, Liu vaciló, se humedeció el labio inferior con la lengua y desvió la mirada. Luego, mientras sacaba el cigarrillo que había aguantado sin fumar mientras Yeehyeon dormía, respondió con un tono ligero:
—Ah… ese tipo solo va a incitar a Baek Yuni y a Kwon Juhan para que se lancen encima. Mejor hablo con él aparte otro día. Primero resolvamos lo del grupo de Phantom.
Mientras Yeehyeon asentía, Liu sonrió con el cigarrillo entre los labios. Sentía que fingir calma y ligereza frente a él se volvía cada vez más difícil, y apretó con fuerza la cajetilla de tabaco en su mano. Aunque la ciudad parecía casi igual que antes de su partida, había algo indudable que había cambiado. A sus espaldas, en el oeste de la ciudad, el sol del otoño —inusualmente corto— empezaba a inclinarse.
■ ■ ■
Sentado en el asiento más alejado de la entrada y junto a la ventana, Liu observaba la llovizna otoñal caer afuera. En los cinco días que había estado fuera, la temperatura en Seúl había bajado considerablemente. Los árboles del jardín del hotel ya lucían colores plenamente otoñales.
Los cambios de estación siempre eran repentinos. Del verano al otoño, aún más. Hasta el día anterior, la temperatura superaba los 30 grados como si septiembre no significara nada, pero de la noche a la mañana hacía falta ponerse un gabán ligero. Y antes de poder disfrutar de las hojas rojas o del cielo despejado, el invierno llegaba en un abrir y cerrar de ojos.
Y esta vez, incluso antes de que ese breve otoño se profundizara, él dejaría la ciudad. No había imaginado que se marcharía en una época así, de esta forma, pero poco importaba. Mientras pudiera huir de allí con él a salvo, el destino tampoco tenía que ser necesariamente Nueva York. Lo demás, ya lo pensaría después. Estaba dispuesto a soportar cualquier pérdida material o de tiempo.
Con los brazos apoyados en los reposabrazos del sofá cúbico y las manos entrelazadas con soltura sobre la rodilla cruzada, Liu extendió el brazo hacia el vaso de whisky con hielo que tenía enfrente, cuando alguien se acercó sin hacer ruido sobre la alfombra oscura y se detuvo frente a la mesa.
— A Seonyu, ayúdalo a conseguir una exhibición individual en Phantom.
—…….
Al alzar la cabeza, vio a Shushu con el rostro tenso. Liu apartó la mirada y tomó el vaso.
—Siéntate.
Shushu pidió otro vaso on the rocks al camarero que se acercó a tomar el pedido, y luego se sirvió él mismo el whisky que Liu estaba bebiendo, vaciando la mitad antes de que el hielo llegara siquiera a diluirse. Para alguien como Shushu, que no disfrutaba de los licores fuertes, era algo inusual, pero Liu no reaccionó.
—¿Acaso Hong Seonyu te llamó mientras yo estaba en Boston para arrastrarse contigo?
Como parecía que el otro no tenía intención de alargar los preámbulos, Liu también pronunció de inmediato el nombre Hong Seonyu.
No era un giro inesperado. En la biblioteca del hotel de Chicago, cuando Hong Seonyu le había “pedido” una exposición individual en Seúl, parecía dispuesto a venderle el alma al diablo. Y si estaba tan desesperado como para buscarlo a él, no era difícil imaginar que después iría con Shushu.
Aun ante las palabras agresivas de Liu, Shushu, sumido en sus pensamientos, siguió con la boca apretada, mirando el vaso como si quisiera atravesarlo.
—La galería donde está ahora lo está perjudicando. Lo están excluyendo consecutivamente de las exposiciones y, encima, interfieren en sus obras exigiendo revisiones una y otra vez desde la fase de conceptualización. Eso es una intromisión insultante que vulnera la creatividad del artista, y prácticamente es una presión para que se vaya por su cuenta.
Hmm… Liu soltó un largo suspiro sin abrir la boca. Se presionó los párpados con la palma, como si quisiera masajearlos, pero no le resultaba fácil controlar sus emociones.
La trayectoria de Hong Seonyu era completamente previsible, pero no esperaba que Shushu reaccionara así. En su mente, que se había hundido con pesadez, las emociones comenzaban a burbujear, queriendo volcarse hacia afuera. No quería hacerlo. No cuando ya se encontraba peligrosamente cargado emocionalmente.
El lounge bar, con un techo alto que equivalía al de un tercer piso, tenía varias ventanas rectangulares que reforzaban una atmósfera clásica. Tocando sin intención la larga cortina de satén que caía desde lo alto de los ventanales, Liu se esforzó por enfriar la cabeza.
—¿Sabes siquiera por qué ese tipo terminó recibiendo tal trato? ¿Lo sabes y aun así me dices esto?
Shushu no respondió. Pero solo con verlo apartar la mirada después de observarlo un momento era suficiente para saber que sí lo sabía. Que conocía toda la historia, y aun así le pedía que ayudara a Hong Seonyu.
Liu retiró la mano de la cortina, soltó una risa incrédula y negó con la cabeza.
—Así que lo sabes y aun así dices estas cosas. ¿Y para qué? ¿Phantom es una organización de caridad? No, espera. Ni una ONG ayudaría a alguien que se vendió para triunfar. Aunque pasemos por alto que él mismo arruinó su vida, dime… ¿cómo puedes siquiera pronunciar la idea de ayudarlo? ¿Eres algún tipo de santo o qué?
Como si se arrepintiera del arrebato que no había podido contener, Liu se mordió el labio inferior hasta blanquearlo y buscó de nuevo el vaso.
—Fuiste tú quien dijo que, para que una obra sea realmente reconocida, no basta con la obra en sí, que es indispensable un buen manejo que la muestre con atractivo. No todos los creadores tienen la suerte de encontrarse con un galerista que los atienda con integridad.
Liu, que miraba la punta de su zapato desde su posición recostada en el sofá, giró la mirada, torva, hacia Shushu.
—Yo creo que Hong Seonyu recibió siempre una valoración excesivamente generosa, y solo por eso ya tuvo más suerte de la que merecía. Gracias a que le ofreció el trasero al viejo dueño de la galería.
—…….
—Jung Sein, aunque el papel de la galería sea importante para dar a conocer una obra, no todos entregan el cuerpo para recibir reconocimiento.
Hong Seonyu había sido amante del dueño de la galería. Seguramente era uno de los varios jovencitos que aquel anciano adinerado mantenía. Aunque fingía estar en sus veinte según la edad estadounidense, en edad coreana rondaba ya los treinta. No tenía interés en saber, ni necesidad de saber, por qué el viejo lo había sacado de su lista de juguetes.
Si hubiera tenido verdadero talento, incluso si el anciano ya no encontrara atractivo su cuerpo, otras galerías hubieran estado interesadas en trabajar con él. Pero nadie quería fichar a un artista vanidoso cuyo cuadro, que no valía ni 5,000 dólares, había sido inflado con palabras rimbombantes y estrategias de marketing para venderlo en 15,000. Para Liu no era lo mismo un marketing que crea oportunidades para un reconocimiento legítimo que uno diseñado para sacar provecho de compradores ingenuos inflando el valor.
Cerca del piano, la gente se movió un poco con ajetreo y luego comenzó un espectáculo de jazz en vivo. La música era suave, lo suficiente para no estorbar la conversación. Los demás clientes parecían disfrutar de la noche otoñal bajo la lluvia. Para ellos dos, en cambio, la melodía no llegaba a ninguna parte.
Tras observar fijamente a Liu durante un largo rato, los labios de Shushu se movieron varias veces, como si quisiera hablar pero no se decidiera.
—Seonyu… se obsesionó con el éxito de forma casi patológica porque…
Sin saber que Liu ya conocía gran parte de aquello, Shushu empezó a hablar con cautela sobre el pasado y la familia de Hong Seonyu. Y Liu tuvo que soportar cómo esas palabras tocaban dolorosamente la culpa que llevaba dentro desde hacía años.
Además, mientras lo escuchaba, se dio cuenta con sorpresa de que Shushu y Hong Seonyu quizá habían compartido más conversaciones y… tal vez una conexión más profunda de lo que él había imaginado. El fracaso empresarial del padre ya lo conocía; pero la manera en que aquello había torcido aún más la enfermiza obsesión de Seonyu por triunfar era un epílogo que ni conocía ni había tenido interés en conocer.
Lo que Shushu describía era una comprensión que solo se obtiene cuando uno revela su propio abismo interior y el otro lo escucha con paciencia y sin juicios. Una comprensión que solo existe entre personas con una intimidad comparable a la de los amantes, no entre simples conocidos.
Fuera cual fuera el motivo inicial de su acercamiento… quizá Hong Seonyu no había tratado a Shushu únicamente con fingimiento y actuación. Tal vez los más de tres años que habían pasado juntos no habían sido solo una farsa dolorosa y miserable.
Pero Liu no quería pensar eso. No quería, de ninguna manera, llegar a comprender a Hong Seonyu.
—No creo que eso sea una excusa suficiente para haber usado su cuerpo para conseguir éxito.
Cuando Shushu terminó su historia, Liu apresuró una conclusión, como alguien que quiere ignorar una posibilidad incómoda. Al ver el rostro de Shushu endurecerse con decepción y resentimiento, Liu repitió para sí que era por su bien. Y remató:
—Y es todavía más obvio que no es una excusa para lo que te hizo a ti.
—…….
—Si pienso en lo que ese tipo te hizo… No entiendo cómo puedes venir con esto. ¿Todavía le tienes cariño? ¿No me digas que aún lo amas?
—¿Y crees que solo el amor de un genio y su muchacho prodigio es lo único que tiene valor?
Shushu no lo dijo con burla ni con emoción; su voz no tenía ninguna fuerza, como si hablara desde la pura razón. Pero el contenido fue suficiente para rasgar a Liu.
Él humedeció su labio inferior con la lengua y lo miró fríamente.
—……¿Qué viene eso al caso?
A diferencia de Liu, que reaccionaba con agresividad, Shushu continuó con serenidad, como si ya previera su reacción.
—No solo el amor donde ambos se acercan con la misma dirección y la misma profundidad permanece como amor.
La mirada de Liu se volvió aún más torcida. Después de un breve silencio, Shushu continuó:
—Si Yeehyeon te diera la espalda primero… ¿crees que por eso podrías apagar tus sentimientos de inmediato? ¿Que podrías estamparle la etiqueta de traidor y renombrar tus emociones sin más?
—…….
No pudo responder.
No pudo decir nada, pero su cabeza hervía. Quería gritar que aquello no era lo mismo, que las dos situaciones no se podían comparar. Pero, de pronto… ya no estaba tan seguro. No sabía si realmente eran tan distintas.
Se humedeció el labio inferior, luego lo mordió. Desvió la mirada hacia la ventana y soltó un suspiro pesado antes de vaciar de un trago el vaso.
Shushu hablaba de una traición hipotética por parte de Yeehyeon, pero en la relación entre Liu Weikun y Seo Yeehyeon, el verdadero “traidor” había sido él.
Quería justificarse diciendo que aquello no era comparable a lo que Hong Seonyu le había hecho a Shushu, pero desde la segunda vez que que hizo chanquin había cambiado con él —una noche que ya no podía pasar por un simple accidente—, sabía perfectamente que había otra parte de sí mismo que lo miraba con desprecio.
Y, cuando pensó en cómo Yeehyeon recibiría su traición, simplemente… no pudo responder a Shushu.
—Que me insulte, que me grite, que me humille, que me eche en cara lo que quiera… incluso que me golpee y me destroce hasta que se le pase el enfado… —pensaba Liu—. Si al final puede perdonarme la traición… Si todavía puedo tener esperanza en esas palabras que un día dijo, que me amaba…
Porque el que esperaba eso… era el propio Liu.
—Lo del pasado, y lo del presente, no es que crea que Seonyu lo hizo bien —dijo Liu—. Mucho menos quiero justificarlo. Pero… estrictamente hablando, tampoco cometió un delito ni nada ilegal.
—¿Y tú crees que eso es un argumento…?
—Pero eso es desde la perspectiva de Seonyu, en lo que tenía conmigo. Lo que no cambia es que, independientemente de qué pensara él para quedarse a mi lado, yo sí lo amé. Que el amor del otro hacia mí estuviera mezclado de mentiras no significa que mi amor también tuviera que ser falso, ¿no?
—Ha…
Lo único que pudo hacer fue cubrirse la cara con la palma y tragarse un suspiro. Aquella línea tan clara que antes separaba el bien del mal en todo lo relacionado con Hong Seonyu empezaba a volverse borrosa, y aquello le resultaba insoportable. Para Liu, gastar energía en asuntos relacionados con Seonyu era demasiado. Apenas podía con sus propios problemas. Su resistencia emocional estaba tan delgada que ya no soportaría ni una pluma más.
—Claro, en ese entonces —murmuró Liu, presionando los párpados con los dedos.
—En ese entonces, él se acercó con intención de engañarte, así que era natural que tú cayeras. Lo acepto. Pero ¿ahora quieres aceptar que vuelva a usarte a ti o a mí una vez más? ¿Y si no se detiene en esta ocasión? ¿No crees que es perfectamente capaz? ¿De verdad quieres que ese tipo vuelva a manipular tu vida?
El pasado—perder no solo a su pareja sino también verse obligado a renunciar a la danza; el tiempo devastador que tuvo que atravesar hasta volver a levantarse detrás de una cámara—…
¿Todo eso se había vuelto tan difuso dentro de él?
Liu negó con la cabeza mientras miraba a Shushu.
—Como amigo, no es que no entienda que tengas sentimientos de rechazo hacia él. Y sí, es cierto que recibió valoraciones excesivas gracias a métodos poco limpios. Por eso, ahora… lo único que quiero es ayudar a que pueda empezar de nuevo, aunque sea bajo evaluaciones duras, pero legítimas.
—…….
—Si no quieres ayudar tú, lo resolveré yo. Por suerte, conocí a un galerista serio, así que estoy en posición de darle al menos ese tipo de apoyo.
¿Siempre había sido Shushu alguien tan obstinado?
¿Dónde quedó el artista sensible, emocional y dubitativo?
O quizás, pensó Liu, tal vez ya se había dado cuenta.
Las fotografías que Shushu tomaba últimamente daban pequeñas pistas: ya no era un “víctima impotente de la crueldad de la vida” que se escondía, huía y colapsaba.
Cuando Shushu apuró su copa, dio las gracias por haberle hecho un hueco a pesar del cansancio y el jet lag, y empezó a levantarse, Liu le cerró el paso con sus palabras.
Que Shushu se hubiera hecho fuerte, que hubiera escapado… no significaba que pudiera permitir que él mismo se ofreciera de nuevo como “víctima”.
—No hagas esfuerzos inútiles. Puedo lograr que Hong Seonyu no venda ni un solo dibujo en todo el mundo del arte coreano.
—Pensé que gracias al señor Yeehyeon habías cambiado un poco… pero supongo que solo te volviste otra persona cuando estabas con él.
—……
—Sé que no te gusta la forma en que hago esto. Sé que a tus ojos es una tontería, y que te preocupa. Pero… esta es mi tontería. Y así es como yo amo. ¿No tengo al menos el derecho de vivir mi vida de forma tonta?
Shushu se levantó como alguien que no tenía ningún apego a ese lugar.
Salió de la mesa, pisó la alfombra mullida y se alejó sin hacer ruido.
Liu no lo miró. Desvió la mirada hacia la ventana donde la lluvia golpeaba el vidrio. Su silueta se reflejaba en la oscuridad como si fuese un espectro suspendido.
Un hombre exhausto y acorralado, que aun así estaba dispuesto a tirarlo todo con tal de no soltar lo único que tenía en las manos.
No importaba a dónde mirara ni qué enfrentara: no podía liberarse del espectro que se le parecía demasiado, el ghost real que habitaba dentro de él.
Ese Ghost codicioso dentro de sí.
◆ ◆ ◆
Durante todo ese rato, Juhan había escuchado en silencio las palabras que iban y venían sobre la mesa. Entonces, tras beberse la cerveza de un trago y dejar la botella con mala cara, habló:
—¿Qué están diciendo?
No sonaba enfadado; más bien era la expresión de alguien que no acababa de comprender.
Liu, sentado justo enfrente, se limitó a llevarse la copa a los labios y beber vino, huyendo así de la pregunta.
—Es una broma, ¿cierto? ¿Cómo va a dejar todo su trabajo aquí en dos semanas y largarse a Nueva York?
Soltó una risa corta, incrédula, y miró alrededor de la mesa a cada uno de los presentes. Cuando se dio cuenta de que nadie lo miraba a los ojos, su rostro se endureció.
—¿En serio? ¿Todos sabían menos yo?
—Yo me enteré recién cuando fui de viaje.
—¿Y aun así te quedaste callada?
Ante la reacción brusca de Juhan, Yuni también levantó la cabeza para fulminarlo con la mirada. El ambiente entre los dos se tensó de inmediato, y la directora Han, sentada al lado, apoyó suavemente una mano sobre el hombro de Juhan para presionarlo hacia abajo.
—Juhan, no te dejes llevar por las emociones. No es algo para reaccionar así. Hicimos esta reunión porque era un tema para hablar formalmente, y Yuni también recién está escuchando los detalles ahora.
—……
Aunque cerró la boca, su expresión seguía siendo desafiante. Sus ojos vagaban, como si lo hubieran lanzado al centro de una tormenta sin aviso. Liu, que había estado observando la mano de Juhan aferrada a la botella tan fuerte que se le marcaban los nudillos, acarició el tallo de su copa antes de hablar con una voz un poco quebrada.
—Antes del viaje a Chicago, tanto el equipo de viajes como el equipo de la exposición conjunta estaban llenos de trabajo. Si lo decíamos entonces, solo iba a ponerlos más nerviosos y no iban a poder concentrarse. Por eso lo dejamos para después del viaje. Espero que entiendas al menos el momento en que decidimos contarlo.
—Que lo digan ahora, bueno, puedo aceptarlo. Pero ¿que en dos semanas ya se van a Nueva York…? Es demasiado repentino. Dos semanas es—
—¿Dos semanas es muy poco para aceptar la despedida y prepararte para ella?
—……
Liu había captado directamente el ángulo personal desde el que Juhan veía la situación. Apretó su copa como si fuera a romperla y mordió su labio antes de continuar con un tono lo más suave que pudo.
—La sinceridad y la constancia no lo son todo. Si no tienes el juicio y el coraje para agarrar una oportunidad cuando llega, el Phantom de ahora no existiría.
—……
Juhan dejó de quejarse, pero en su rostro no era capaz de ocultar la confusión ni la herida. Parecía un niño al que sus padres acaban de anunciar que van a divorciarse. Liu empujó el plato hacia adelante y se inclinó un poco, apoyando los brazos sobre la mesa.
—No es que esté dejando la empresa para hacer otra cosa. Phantom se está expandiendo. No es algo por lo que deban sentirse mal. Cuando todo esté estable allá, podré darles oportunidades nuevas también. En vez de empezar desde cero en otra galería, pueden venir a trabajar al Phantom de Nueva York. ¿Eso no los emociona?
—……
A pesar de que Liu intentaba aligerar el ambiente, la expresión de Juhan no se suavizaba. Entonces Liu giró hacia Yuni.
—Oye, Baek Yuni. Te voy a llamar rápido a Nueva York, ¿por qué pones esa cara?
Ella también estaba rígida, igual que Juhan, aunque parecía perdida en sus propios pensamientos.
—Tengo algo que decir.
Al oír la tensión en su voz, todos dirigieron la mirada hacia ella. Fijando los ojos en su plato vacío, Yuni habló con un tono estable pero tembloroso.
—El director preparó esta reunión y habló sobre la sucursal de Nueva York… Si me quedaba callada ahora, sentiría que estoy traicionando su confianza. Por eso quiero decirlo.
Levantó la cabeza y los miró a todos.
—Estoy pensando en irme a París.
Liu llevó la copa a los labios. Aunque habían abierto un buen vino para la ocasión, no podía sentirle el sabor. Miró el rojo oscuro que se movía en su copa y dijo:
—¿The Hands?
Su voz no sonaba sorprendida, sino más bien como quien confirma algo que ya sabía. Yuni lo miró con los ojos ligeramente abiertos, pero enseguida pareció entender que no tenía por qué sorprenderse de que él lo supiera. Asintió.
—Me lo ofrecieron cuando estuve en Chicago. No era mi intención que coincidiera con todo esto de Nueva York… y no es que eso me haya hecho tomar la decisión tampoco.
Sonrió amargamente, como si ni ella entendiera por qué estaba dando explicaciones.
Luego, para la directora Han y Juhan —quienes no sabían nada—, explicó la situación con una voz firme pero cansada. En realidad no había mucho que explicar: era simple.
—Nadie va a pensar que aceptar esa oferta sea una traición a Phantom —dijo la directora Han.
—¡Directora Han!
Juhan le agarró el hombro con fuerza, alzando la voz, pero al encontrarse con su mirada tranquila, no pudo seguir protestando.
—Es una oferta que recibiste gracias al trabajo que hiciste y el talento que puliste. Y nosotros sabemos bien que siempre quisiste trabajar en una ciudad donde el arte se moviera con más dinamismo. Además, si es una organización global que no depende de la identidad de un único país o ciudad… no podrías pedir una oportunidad mejor.
—……
La directora Han tomó suavemente el brazo de Yuni y la miró a los ojos, que temblaban visiblemente.
—Has estado preparándote para esto todo este tiempo. ¿Por qué dudas ahora que finalmente te hicieron una oferta de un lugar tan bueno? Ya cumpliste con Phantom. Hiciste más que suficiente.
Aunque Yuni asintió, su mirada seguía llena de culpa y confusión.
—¡Director, diga algo! —explotó Juhan.
Aquello lo tenía mucho más alterado que el anuncio de que Liu y Yeehyeon se irían a Nueva York en dos semanas. Todos en la mesa sabían muy bien lo que habían significado Juhan y Yuni el uno para el otro, y cómo esos dos, rechazados por sus propias familias, habían aprendido a apoyarse mutuamente.
No era difícil imaginar por qué a Yuni le había costado tanto decirle esto a él primero. Ahora estaba alterado y dolido, pero con el tiempo, seguramente, Juhan entendería.
—Es la vida de Baek Yuni. ¿Qué esperas que diga? —respondió Liu con frialdad, apagando a propósito el fuego de Juhan.
—Si usted dice que abandona Phantom, ¡por eso Yuni también quiere irse! ¡Es su responsabilidad, así que arréglelo!
Ante la acusación feroz de Juhan, Yuni finalmente levantó la voz.
—¡Kwon Juhan! ¿Qué estás diciendo? ¿De verdad crees que yo tomaría una decisión así solo por rebeldía? No decidí esto por eso. Y no pienso que el director esté abandonando Phantom.
—¿Ah, sí? Pues para mí, tanto él como tú están abandonando Phantom. Qué pena, pero así lo veo.
Apretando los dientes y mirándolos con rabia, Juhan empujó la silla con violencia, se levantó y tomó la chaqueta que había dejado colgada.
—¿Para esto estuve años siguiéndolos como un perro, para recibir anuncios ya decididos? Si al final todos iban a insistir en que su vida es solo de ellos y de nadie más… ¿por qué no lo dejaron claro desde el principio, manteniéndolo todo estrictamente como una relación profesional? Si iba a ser así, ¿por qué fingieron todos estos años ser amigos… ser como una familia?
Nadie pudo darle una réplica convincente. La reacción de Juhan era inmadura y emocional, sí, pero al menos los que estaban ahí —los mismos que habían construido esta relación con él— no podían juzgarlo con frialdad ni decirle que dejara de comportarse como un niño.
Frente al grito sincero de un chico que quería creer que la vida se compartía con gente querida… ninguno pudo adoptar la voz adulta que afirma que al final la vida es de cada uno, como si esa amarga conclusión fuera una lección de madurez.
Cuando Juhan tomó su teléfono de la mesa y se dio la vuelta para marcharse, Liu le habló con una voz baja y tensa.
—Llévate los regalos del viaje.
Juhan miró de reojo la bolsa de compras debajo de la mesa —llena de pequeños recuerdos de viaje repartidos antes de la cena— pero, en vez de cogerla, miró fijamente a Yeehyeon, sentado al lado de Liu, y dijo con firmeza, casi advirtiendo:
—Te lo dije, ¿no? Que cuando decidiera irme, él jamás me detendría. Será amable y atento, sí, pero nunca deja que nadie entre hasta lo más profundo, y tampoco abre la puerta para dejar entrar a nadie.
—……
—Piénsalo bien tú también.
Con la frialdad que brotaba de la herida recién abierta, Juhan abandonó el restaurante sin mirar atrás. Solo cuando se oyó desde la entrada el golpe deliberado de la puerta al cerrarse, Liu dejó escapar un suspiro y se levantó.
Sintiendo la mirada de Yeehyeon siguiéndolo, Liu le dedicó una sonrisa torpe y rígida, y le apretó el hombro una vez antes de soltarlo. Lo hizo con la intención de tranquilizarlo, pero los ojos que lo miraban seguían llenos de preocupación.
Liu tomó su cigarrillo y el encendedor y se dirigió hacia la ventana. Se apoyó en el marco entreabierto y encendió el cigarrillo.
Miró la escena reflejada en el vidrio, donde se veían como en un espejo los tres dentro de la habitación, aspiró más profundo y exhaló aún más bajo. El recuerdo de hace apenas unos meses, riendo y haciendo barbacoa juntos en el jardín, parecía ahora una mentira. Chasqueó la lengua con una sonrisa amarga y metió la mano libre en el bolsillo.
En el reflejo oscuro del cristal, la imagen de Yeehyeon mirando hacia él de vez en cuando parecía una ilusión imposible de atrapar. La figura aparecía en el vidrio, pero al voltear la cabeza, en el espacio real no estaba allí…
Pensando en lo poco que le iban ese tipo de imaginaciones tan sentimentales, Liu soltó una risa brusca y apoyó la frente contra el vidrio.
En el silencio en el que nadie se atrevía a intervenir, de pronto se oyó la puerta de la entrada abrirse y cerrarse. Todos dirigieron la mirada hacia el comedor conectado con la sala, con la esperanza de que Juhan hubiera vuelto.
—Kwon Juhan salió hecho una furia, ¿qué le pasa?
Pero quien apareció, encogiéndose de hombros, fue Choi Inwoo.
—¿Y tú qué?
Liu apagó el cigarrillo sin haberlo fumado ni a la mitad y adoptó un tono agresivo de inmediato. No era el momento adecuado para visitas.
—Estaba por tocar el timbre y justo Juhan salió corriendo. Así que entré, ¿qué?
—Aquí nadie te llamó.
—Solo escuché que habían vuelto al país y a mí no me dijeron nada, así que vine por curiosidad, ¿algún problema?
Inwoo soltó una pequeña risa provocadora, mirando a Liu que se le acercaba frunciendo el ceño como si fuera a empujarlo de un momento a otro. Luego miró por encima de su hombro a los otros tres y negó con la cabeza.
—Hmm… Parece que sí hay problemas. No es la Phantom llena de amor y felicidad que conocía.
La directora Han, que estaba apoyada sobre la mesa con los codos y cubriéndose la boca con los puños, se levantó de su asiento.
—Me voy. Yuni, levántate. Te llevaré.
Recogió su gabardina y su portafolio, soltó un suspiro pesado y dijo con tono decidido:
—Si el director Liu dice que Phantom es suyo, no puedo refutarlo. Pero… que los chicos estén dolidos y decepcionados es algo que él tiene que aceptar. Aunque seguiré adelante porque es su decisión como propietario y dice que debe hacerse, como alguien que trajo Phantom hasta aquí junto con ustedes… tampoco es que yo pueda decir que lo entiendo del todo.
—No lo considero ‘mío’. Si no me hubieras acompañado desde Hong Kong, Phantom ni siquiera existiría.
Desde detrás de la directora Han, Liu despeinó su flequillo con una pasada brusca de mano.
—Sí, no dudo de que realmente creas eso. Pero en esencia, y también sobre el papel, Phantom te pertenece. Si hubieras tomado más tiempo, mostrando respeto y preparando todo bien, nadie habría salido herido. Todavía no termino de entender por qué tenías que apresurar tanto algo que se podría haber hecho sin este dolor… Tú nunca fuiste alguien con tanta ambición por el éxito o la influencia. A menos que… tal vez yo no conocía tantas cosas de ti como pensé.
Tras decir eso, la directora Han miró un momento a Yeehyeon. Seguramente había confirmado hoy, al oír que el director planeaba llevarse a Yeehyeon a Nueva York sin haber debutado oficialmente, que entre los dos había algo más.
Culpable por haber ocultado su relación, Yeehyeon bajó la mirada. Pero la de Han no era una mirada de reproche, sino de preocupación. Liu, que mantenía sus ojos fijos en Yeehyeon inclinado, murmuró con una voz agotada, como si ya no le quedara veneno alguno:
—Nunca se puede conocer a alguien por completo… Y sí, como dijo Kwon Juhan, soy alguien incapaz de dejar entrar a nadie realmente.
Ese día en particular, el rostro pálido de Yeehyeon se volvió hacia él, despacio. Viendo esa carita que confiaba en él, que lo quería con un corazón joven y lleno de heridas, Liu sintió cómo se hundía lentamente en un abismo sin redención posible.
—Si ese es el caso… incluso si hubiera cosas que no le conté a nadie aquí… supongo que no sería algo tan sorprendente.
Con una mirada turbia y una voz apagada, lo dijo como si se resignara. Luego apartó bruscamente a Inwoo del hombro y volvió hacia la ventana buscando un cigarrillo.
La voz de la directora Han les alcanzó desde atrás.
—Espero que no empiece con que si mezcló el trabajo con lo personal o lo que sea. Esto es el resultado de que el Director Liu nunca haya tratado a los chicos solo como empleados.
Antes de seguir a la directora Han para marcharse, Yuni apoyó una mano sobre el hombro de Yeehyeon, y él apretó su mano en silencio.
Hasta que el sonido de los dos saliendo del restaurante, cruzando la sala de estar y desapareciendo por la puerta no se apagó, nadie volvió a abrir la boca. Bajo la mesa solo quedó la bolsa con los souvenirs que habían traído.
—¿Esto no es sushi de Kyubey? Qué pena.
Inwoo se dejó caer en la silla donde había estado la directora Han y recorrió la mesa con la mirada.
Aunque habían pedido un lujoso omakase especialmente preparado por un local que no ofrecía comida para llevar, todos apenas habían tocado los platos, y la comida quedaba casi intacta.
—Déjalo. Está bien así.
Al ver que Yeehyeon se levantaba para recoger, Liu lo detuvo con una voz baja. Yeehyeon, mirando a Liu y a Inwoo alternativamente, dejó el plato en silencio y se frotó los brazos.
—Entonces… bajaré un rato.
Liu, al escuchar que quería bajar, suspiró aliviado y estaba por apagar el cigarrillo en el cenicero cuando Inwoo llamó a Yeehyeon justo cuando estaba saliendo del comedor.
—Señor Yeehyeon, ¿cómo se siente? ¿No empeoró durante el viaje?
—No… gracias a usted…
Ignorando el ambiente tenso, Inwoo le habló con total naturalidad, y Yeehyeon respondió rígido con expresión incómoda.
Liu, que estaba por apagar el cigarrillo, volvió a llevarlo a los labios y lo aspiró profundamente. Su mano apretó el marco de la ventana con tal fuerza que se le marcaron los tendones.
—Sabe que los problemas nerviosos son más difíciles de curar, ¿cierto? Si vuelve a perder el apetito o a sentir náuseas, venga al hospital cuando quiera. Aunque no esté en mi horario, si es usted, lo atenderé en persona. Los temas médicos déjemelos a mí, ¿sí?
—Sí… muchas gracias.
Haciendo como si no notara lo incómodo que estaba Yeehyeon, Inwoo se giró y bebió un sorbo del vino que alguien había dejado a medias sobre la mesa.
—Mientras ustedes estaban de viaje, hubo un incidente importante en nuestro hospital. Después de eso, comprendí que uno nunca sabe qué puede pasar y cuándo.
Con la copa en la mano, Inwoo volvió a girarse, apoyándose en el respaldo de la silla, y alzó una ceja con una sonrisa insinuante.
—Tenga cuidado siempre, señor Yeehyeon. Nunca está de más ser precavido.
—……
Aunque no lograba entender qué intención oculta había detrás de las palabras de Inwoo, Yeehyeon asintió. Luego miró a Liu junto a la ventana.
Aun traicionado sin saberlo, y preocupado por él con ese brillo cálido en los ojos… al ver eso, soltó un gemido silencioso por dentro. Apretó el cigarrillo contra el cenicero sin cuidado y fue hacia él con paso rápido.
—Estás cansado, ¿verdad? Baja a descansar un rato.
Liu lo abrazó por los hombros y lo guió fuera del comedor. Lo único que tenía en mente era alejarlo cuanto antes de Inwoo.
Yeehyeon, al mirar de reojo la espalda de Inwoo en la mesa, dudó, como si no quisiera dejarlos solos.
—Vamos a tomar un trago o dos. Justo hoy tengo ganas de emborracharme un poco, así que me viene bien.
Para fingir que no le afectaba la visita de Inwoo —para actuar incluso como si fuera algo positivo— Liu necesitó una cantidad absurda de energía. Inwoo asintió con cuidado, como si entendiera ese deseo de emborracharse. Liu le tocó la nuca, jugueteó con su cabello largo y le murmuró que subiera a dormir. Luego le dio un beso corto frente a las escaleras que llevaban al estudio de abajo.
Yeehyeon parecía seguir preocupado, porque mientras bajaba por la baranda lo miró varias veces. Liu se apoyó en la pared con los brazos cruzados e hizo un gesto exagerado como si se limpiara lágrimas para hacerlo reír, y por fin Yeehyeon sonrió, aunque apenas.
En cuanto desapareció de su vista, él borró la sonrisa y cruzó la sala de estar con paso rápido hacia el comedor. Agarró a Inwoo del cuello de la camisa y lo levantó de un tirón. La copa que Inwoo sostenía cayó y el vino rojo oscuro se derramó por la mesa, pero no le importó.
—¿Qué demonios estás haciendo?
—¿Qué?
Inwoo ni siquiera intentó apartar su mano; solo levantó la barbilla.
—Parece que te divierte esta situación, ¿no?
—……
—Claro, debe ser divertido. ¿Cómo no te iba a entretener verme así, todo inquieto?
Él apretó aún más su camisa, como si quisiera estrangularlo tanto como Inwoo lo había asfixiado antes con sus provocaciones. Su mirada brillaba con una mezcla enferma de miedo y locura.
—Pero escucha, Choi Inwoo. Si por accidente o a propósito haces que Yeehyeon lo descubra todo y todo se venga abajo… ahí sí que no te va a parecer tan divertido. ¿Entendido?
Lo soltó de golpe y lo empujó. Inwoo tambaleó hacia atrás. Él regresó a la mesa arrastrando los pies y bebió directamente de la botella.
—Escuché los rumores de la sucursal de Nueva York.
—……
Él se limpió la boca con el dorso de la mano y miró a Inwoo. Inwoo parecía alguien dispuesto a hacer cualquier cosa.
—Para ser la “gran sorpresa” que tenías preparada después de volver de Chicago para contarle todo a Yeehyeon… es bastante espectacular, ¿no te parece?
Vio cómo el entrecejo de Inwoo se movía, y este esbozó una risa seca.
—No soy un artista tan famoso como Shushu, pero sigo siendo parte de Phantom. Y soy amigo de la directora Han, aunque no tanto como tú… ¿O era un secreto especial?
En realidad, cómo se había enterado Inwoo no importaba. Él levantó de nuevo la botella y siguió bebiendo.
Inwoo tomó un buen montón de servilletas del centro de la mesa y las dejó caer sobre el vino derramado.
—Todos dicen que es raro que tengas tanta prisa por abrir la sucursal de Nueva York, que quizá pase algo. Pero creo que sé por qué. Y no, no estoy preocupado por ti… sino por otra persona.
Liu golpeó la botella vacía contra la mesa. La sujetó por el cuello, soltando una carcajada burlona, como si le pareciera ridículo que alguien más se preocupara por Yeehyeon.
—Tuvimos un paciente que intentó suicidarse.
—……
Él se giró. Inwoo se dejó caer en la silla, pasándose la mano por la cara varias veces.
—Nuestro hospital siempre manda a los pacientes más graves a hospitales grandes. Somos un “hospital general” solo de nombre, ya sabes… Pero aquella vez no había tiempo para eso; estaba demasiado crítico.
Ya no hablaba con burla ni para provocarlo. Liu se giró del todo. Con el rostro enrojecido, Inwoo parecía inquieto.
—Había bebido insecticida.
—……
—Era uno usado para jardinería doméstica, no era de los más fuertes. Pero había tomado demasiado. Por suerte, su madre lo encontró enseguida y lo trajeron rápido, así que logramos salvarlo… Hacía tiempo que no recordaba tan claramente que soy médico.
Forzó una sonrisa, pero sus ojos seguían llenos de miedo.
—El acefato no es de los pesticidas más letales, pero beber tanta cantidad fue el problema. Tuvimos que administrarle más de 3,000 cc de líquido para lavar el estómago. Le bajó la temperatura tanto que empezó a temblar sin parar.
Las venas en la mano con que Liu sostenía la botella se marcaron con fuerza. Inwoo no habría ido a buscarlo justo hoy solo para desahogarse del “gran incidente” que ocurrió en el hospital mientras él estaba de viaje.
—Era una chica de veinticuatro años. De la edad de Baek Yuni o Kwon Juhan. Aún joven para casarse, creo yo, pero por lo visto iba a casarse dentro de un mes.
—…….
—Con un beta. Hombre.
El ceño de Liu se frunció y sus ojos chispearon con una llama azulada. Dejó la botella, se pasó la mano por el pelo y acabó despeinándoselo mientras gritaba hacia Inwoo.
—¡Mierda, ¿y qué se supone que haga con eso?!
Aunque no levantó la voz, más bien parecía que la tragaba hacia dentro, era sin duda un grito desesperado.
Liu devolvió la mirada con la misma intensidad, como si fuera a quemar los ojos de Inwoo, que lo miraba fijamente desde abajo.
—Es joven para casarse… pero demasiado mayor para manifestarse como alfa.
—…….
Aun parado en el mismo sitio, la respiración de Liu estaba tan alterada que sus anchos hombros subían y bajaban.
Inwoo levantó una comisura de los labios, deformándola con burla y desprecio.
—De verdad… nunca sabes lo que puede pasar.
—No tiene nada que ver con nosotros.
Mientras Liu le daba la espalda y se negaba a enfrentarse a la situación, Inwoo se puso en pie de golpe y le lanzó un reproche lleno de rencor.
—¿Sabes qué sentí al ver a esa paciente? ¡¿Por qué carajo tengo yo que quedarme sin aire por culpa de la mierda que tú provocaste?!
Liu caminó hacia la cocina oscura, sin encender las luces. Sacó una cerveza en lata de la nevera y bebió más de la mitad ahí mismo, como si tuviera una sed dolorosa. Luego tiró la lata sobre la isla que usaba como mesa y se apoyó en el borde, agachando la cabeza.
—Pensaste que si lo llevabas a un lugar donde no conociera a nadie, donde pudiera contártelo todo… habría menos probabilidades de que te abandonara, ¿no?
Inwoo frunció el rostro, esforzándose por no alzar la voz. Liu giró la cabeza y se pasó la lengua por el labio inferior.
—Invertiste una cantidad enorme de dinero y heriste a los de Phantom solo para abrir una galería en Nueva York por ti, ¿y pretendes dejarlo todo tirado y abandonarlo? ¿De verdad quieres cargarle esa responsabilidad a Yeehyeon?
—…….
—Sea cual sea la razón por la que quieres llevártelo a Nueva York, parece que no tienes la menor intención de cumplir la promesa que me hiciste. Y si eso pasa, ¿qué soy yo por haberte ayudado en toda esta mierda creyéndote? ¿Un maldito perro?
Liu escuchó el ataque sin responder, se terminó la cerveza y aplastó la lata con la mano.
—No me importa lo que pienses. Si para Seo Yeehyeon eres un perro o una basura, eso me importa incluso menos.
Hacia Inwoo, que soltó una risa incrédula, voló un confesión sin adornos, brutalmente honesta, con un filo azul helado en la mirada.
—Sí. La única cosa que tengo en la cabeza ahora mismo es sacar a Seo Yeehyeon de aquí lo antes posible. Llevarlo a un lugar donde solo me tenga a mí, no… a un lugar donde yo tampoco tenga ya nada más que a Seo Yeehyeon, donde pueda suplicarle perdón de la forma más miserable y desesperada posible.
—…….
—¿Qué otro método me queda? ¿Aquí, después de todo esto, crees que hay una forma elegante o moral de arreglarlo?
Tras soltar las palabras como una tormenta, de repente cerró la boca. Miró durante un buen rato la lata completamente aplastada, luego la tiró al cubo de basura con un insulto ahogado.
—El derecho a estar a su lado de manera justa y digna… eso lo perdí la noche en que Seo Yeehyeon me estaba esperando frente a esta casa. Lo tiré a la basura con mis propias manos.
Inwoo lo escuchó hablar de aquella “noche” que él ni conocía ni podía comprender. Para entonces, Liu ya no hablaba para su interlocutor. Sonaba como rendición… o como una excusa dirigida a Yeehyeon, que no estaba presente.
Inwoo observó la enorme silueta de Liu, quieto en medio de la oscuridad de la cocina, y avanzó despacio hacia él. Cruzó el marco de la puerta plegable que separaba comedor y cocina, donde la sombra era más densa.
Quedó frente a Liu al otro lado de la encimera y apoyó las manos en el borde del mármol, inclinándose hacia adelante.
—De todas formas, aunque Seo Yeehyeon se convierta al cien por ciento en un omega, no sabe absolutamente nada sobre alfas y omegas. Lo que sabe en teoría no sirve para nada.
Su voz ya no provocaba a Liu de forma emocional; parecía haber decidido dejar de hostigarlo. De hecho, ahora su tono era más suave, casi como si intentara calmarlo.
—El instinto de Ghost te arrastró con fuerza hacia él, y el instinto de alfa despertó en tí un impulso desesperado de convertirme en uno con él… Pero por mucho que digas esas cosas… él no puede entenderlo. No puede aceptarlo. Aunque su cuerpo se haya convertido en el de un omega, ha vivido toda su vida como beta, su mente sigue siendo beta. ¿Y no sabes que, incluso después de veinte años viviendo como alfa, un beta jamás puede comprender el poder real de las feromonas?
Liu, que había permanecido en silencio de perfil, giró la cabeza y lo fulminó con la mirada.
Tal vez las palabras de Inwoo no estuvieran equivocadas.
Aunque muchos alfas y omegas se hubieran abierto paso hasta la élite social, el mundo seguía girando en torno a los betas. En ámbitos más abiertos como el arte o el entretenimiento había cierta diferencia, pero a menos que fueran golden —capaces de controlar sus feromonas hasta el punto de ser indistinguibles de un beta para los betas—, la presencia de alfas y omegas en la política era extremadamente baja. En cualquier sociedad ocurría lo mismo.
En películas, dramas y anuncios, solo se exageraban los aspectos románticos de las feromonas. Incluso si la empresa pertenecía a un alfa u omega, el marketing debía centrarse en el poder adquisitivo del cliente principal: los betas.
Alfas y omegas incapaces de controlar sus impulsos sexuales. Seres menos evolucionados que usaban las feromonas para mantener vidas sexuales animales y desordenadas. Factores de riesgo, prácticamente equivalentes a portadores legales de drogas…
Fuera de las películas románticas, la imagen que tenían los betas comunes de alfas y omegas era exactamente esa. Y Liu había vivido toda su vida en ese mundo, así que sabía perfectamente lo imposible que era hacer que un beta entendiera la fuerza real, ni romántica ni peligrosa, del funcionamiento de las feromonas.
Pero por la misma razón, Inwoo nunca podría entender el poder con el que el Ghost lo arrastraba hacia su “Diamond Dust”, hacia Yeehyeon. Mucho menos podría comprender las palabras de Marcus cuando dijo: “Si además te atrae su encanto humano y lo amas emocionalmente, entonces es aún más imposible resistirse”.
Ni un beta, ni un alfa u omega regular, ni siquiera un golden perfecto.
Nadie podría entenderlo.
Como golden, Liu había construido una muralla gruesa y sólida, pero esa persona la atravesaba como un fantasma…
No existía ciencia en el mundo que pudiera detener la llegada del otoño tras el verano, ni impedir la salida del sol al final de la noche o el incendio rojizo del ocaso al final del día. Una existencia imposible de ignorar, imposible de resistir.
Inclinando el torso sobre la encimera y apoyando los dos brazos, Liu se restregó la cara con una mano, y dijo con una voz cargada de cansancio:
—Seo Yeehyeon no es simplemente un beta.
—¿Entonces qué es?
—….
Liu no respondió, pero su mirada dirigida hacia Inwoo lo decía todo. No era que no supiera la respuesta, sino que simplemente no iba a decirla.
—Haz que se haga un examen completo para ver cuánto ha avanzado. Si de verdad solo ha cambiado un veinte por ciento, aún pueden detenerlo. Puede parar ahora y volver a su vida como si nada hubiera pasado.
Liu soltó una risa nasal mientras se estremecían sus hombros. Se cruzó de brazos apoyado en la encimera y miró a Inwoo con una expresión torva.
—¿Volver? ¿A dónde?
Sus ojos parecían descoloridos por el agotamiento. Sus rasgos, profundos, estaban fruncidos como si miraran directamente un sol abrasador. Al encontrarse con la mirada turbia de Liu —privada de su azul vital y cubierta de una ceniza gris flotante—, Inwoo habló en voz baja:
—Tú mismo dijiste que es imposible que controles tus impulsos estando al lado de Seo Yeehyeon. Supongo que te referías a volver a antes de conocerlo.
Liu se enderezó y dio unos pasos hacia atrás, alejándose de la débil luz que entraba desde el comedor y retrocediendo hacia una oscuridad más profunda. Movió la cabeza, apenas perceptiblemente, en negación.
■ ■ ■
Unos años antes, un joven artista había acaparado la atención del mundo del arte coreano. A mediados de sus veinte (o, según la forma coreana de contar la edad, entrando apenas a finales de esa década), debutó de manera espléndida en Nueva York, la vanguardia del arte contemporáneo, firmando un contrato exclusivo con una galería que tenía una base sólida y una reputación considerable.
Su obra, que ponía su identidad de hombre beta gay en el centro mismo del discurso, se describía como cruda hasta un nivel que hacía mucho que el resistente mundo del arte no calificaba algo como “audaz”, acostumbrado como estaba a altos grados de sexualidad.
Después de debutar exitosamente en Nueva York, era natural que recibiera un aluvión de ofertas desde su país natal. Sin embargo, rechazó todas las propuestas de exhibición que le hicieron las galerías coreanas.
Alegó que su agenda estaba demasiado llena para reorganizarla, pero su actitud dejaba entrever otra realidad: una clara falta de motivos para regresar a Seúl, un terreno árido para el arte, o a Corea, un país atrasado en ese ámbito, cuando él ya había triunfado en Nueva York.
En realidad, el “Prólogo del editor” de esta edición lo tenía terminado con bastante antelación. Pero hace unos días, a través de una fuente confiable, me enteré de que el mismo artista de años atrás estaba buscando una galería donde abrir una individual en Seúl, y justo antes de mandar todo a imprenta decidí reescribir el texto.
No sabia cómo habrá logrado sacudirse aquella soberbia inflada y reunir la humildad suficiente para regresar a esta “tierra baldía del arte” llamada Seúl, pero mientras las galerías a las que rechazó sigan funcionando —y mientras ellas recuerden lo que él hizo—, es evidente que su regreso al país enfrentará no pocos obstáculos. Al menos, una exposición en una gran galería influyente —que es lo que desea ahora y lo que antes rechazó— será imposible.
Llevo el tiempo suficiente en esta industria como para haberme acostumbrado a la idea de que el atractivo o la calidad de una obra no siempre coinciden con la personalidad del artista. Pero, igual que cualquier actividad del mundo, el arte también es una colaboración entre personas. Con la esperanza de que él, y todos los artistas de esta tierra, entiendan eso de una vez, decidí reescribir este prólogo.
Y quizá también porque soy, lamentablemente, un tipo capaz de alegrarse —más que lamentarse— al ver cómo un artista arrogante se derrumba, agacha la cabeza y viene a buscar un rincón donde estirar las piernas.
¿Su obra, de la que no se puede hablar sin mencionar sexo? Tal vez porque lo expulsaron de Nueva York, ya no parece “audaz”, ni mucho menos “cruda”. En fin, le deseo suerte.
(Notita de traducción: Este es el prologo de editor escrito por Liu Weikun)
■ ■ ■
Había sido publicada justo ayer y llegó esta mañana junto con otras revistas que recibe por suscripción. No era una revista pretenciosa ni obsesionada con la tradición; más bien mantenía una visión flexible, por eso era una de las favoritas tanto de Liu como de Yeehyeon. Como siempre, Yeehyeon empezó a leer con atención el “Prólogo del editor”, pero al poco tiempo dejó la revista abierta sobre sus rodillas y respiró hondo.
En el texto no aparecía ni una sola vez el nombre Hong Seonyu, ni SEONEW. Aun así, cuanto más leía, más seguro estaba de que ese artículo lo apuntaba directamente a él.
Y si eso era cierto… si la “fuente confiable” que mencionaba el texto era Liu… eso significaba que ahora él también estaba pendiente de la posibilidad de que Hong Seonyu trasladara sus actividades a Corea. Que incluso estaba preocupándose por la posibilidad de que se acercara más a Shushu.
Recordó el rostro cansado de Liu, que estos días llegaba de madrugada por reunirse sin parar con artistas, clientes y contactos importantes para anunciar personalmente la expansión de Phantom a Nueva York. Mientras pensaba en él, Yeehyeon miró el reloj colgado en la pared.
Estaba a punto de tomar su teléfono cuando escuchó, muy débil, el sonido de un auto entrando al estacionamiento. Cerró la revista y la dejó sobre la mesa. Su ansiedad lo empujó a abrir él mismo la puerta antes de que Liu marcara la contraseña.
—.....
A través de la rendija, empujada hacia afuera, vio el rostro de Liu retroceder sorprendido justo cuando iba a marcar.
—Da gusto pensar que estabas esperándome —dijo Liu con una sonrisa juguetona.
Yeehyeon lo miró de arriba abajo mientras se hacía a un lado para que entrara. Le dio un beso breve y, mientras observaba su espalda al entrar al estudio, se acercó con cautela.
—Supe lo que pasó. Esta tarde… hubo un accidente.
—Ah…
Liu dejaba su maletín y la chaqueta en la butaca frente al sofá cuando sus movimientos se volvieron lentos. Murmuró “esa tonta, le dije que no te dijera nada”, pasándose la mano por las cejas, y enseguida se irguió con una expresión más ligera.
—¿Entonces también te contó que no fue nada? Apenas si puede llamarse accidente. Yo estaba girando a la izquierda para entrar a la vía, y el otro coche estaba detenido esperando su turno para hacer un retorno. Los dos íbamos a muy baja velocidad. Yo estoy bien, el otro está bien. Nadie salió herido…
Después apoyó una mano sobre el hombro de Yeehyeon y bajó la cabeza para mirarlo de cerca.
—Así que cambia esa cara, ¿sí?
Mientras Liu intentaba tranquilizarlo, asegurando que había sido tan leve que ni siquiera se disparó el airbag, Yeehyeon examinó su rostro minuciosamente —como él solía hacer con él— buscando cualquier rastro de molestia o dolor que pudiera estar ocultando.
—Aun así… deberías ir al hospital. Con accidentes de tráfico hay que tener cuidado, incluso si no hay heridas visibles…
Tras conseguir que Liu aceptara ir a hacerse un chequeo, Yeehyeon acarició el brazo que tenía apoyado sobre su hombro. Sintiendo el calor de su piel bajo la manga arremangada, mordió y soltó su labio inferior repetidas veces, como alguien que intenta reunir coraje para decir algo difícil.
—Y… hasta que te vayas, quiero que te muevas siempre con el chofer.
Tal como esperaba, Liu frunció el ceño con desagrado y desvió la mirada. Yeehyeon le sujetó la muñeca con fuerza.
—Has estado con demasiadas cosas encima… demasiado trabajo, demasiado cansancio… es peligroso que conduzcas tú.
—.....
—Si Awi o el chofer no pueden acompañarme, no saldré. Así que no te preocupes por mí… solo prométeme que vas a hacerlo… por favor.
Le rodeó la cintura, insistiendo de un modo poco habitual en él. Liu lo miró en silencio durante un buen rato. Luego pasó la mano de su hombro a su cuello y lo masajeó suavemente, tirando de él para abrazarlo.
—Ya no me queda nadie más que piense en mí como tú, Seo Yeehyeon.
Su voz sonaba hueca, como si escapara de un interior vacío. Yeehyeon lo rodeó por la espalda y lo acarició para consolarlo.
—Sabes que no es verdad.
—.....
Mientras acariciaba el cuello de Yeehyeon, Liu dejó que su mirada se moviera lentamente por la habitación. Pasó por los lienzos apoyados contra la pared y se detuvo en un pequeño marco sobre el sofá. Era una obra que Suki Kim había regalado a Yeehyeon en Hong Kong.
Cuando se confirmó que Liu era un Ghost, el divorcio de sus padres avanzó rápidamente, y durante los dos años siguientes vivió con Ellen y Marcus. En ese tiempo, Suki Kim había dejado de pintar.
Liu sabía que sus padres cargaban con una culpa pesada por el hecho de que él fuera un Ghost. Nunca lo expresaron abiertamente frente a él, pero las emociones de los padres siempre terminan filtrándose hacia los hijos.
Era una culpa similar a la que sienten muchos padres con un hijo enfermo. La sensación de que todo es culpa suya.
Pero esa culpa, sin intención, enfermó la propia identidad de Liu como Ghost.
¿Estoy enfermo? ¿Esto es una enfermedad? ¿Soy un portador que amenaza a los demás? ¿Por eso mis padres se sienten culpables?
El problema no era solo la familia paterna. Aquello que alteraba la naturaleza del cuerpo humano podía parecer un “poder especial”, pero para quienes convivían con el afectado era, sobre todo, miedo. Un rechazo instintivo.
Tanto si revelaba que era un Ghost como si lo ocultaba, Liu quedaba aislado incluso dentro del sistema alfa-omega.
Tal vez por esa culpa hacia su hijo, ella sintió que debía sacrificar algo. Durante los dos años que vivieron en Boston, después de obtener la custodia legal de Liu, se dedicó por completo a él. Ni su padre —quien mejor entendía lo que significaba el arte para ella— ni nadie a su alrededor pudo convencerla de volver a pintar.
Tinta de color, líneas, espacios en blanco. Una figura que, a primera vista, parecía un dibujo infantil, simple, casi ingenuo, pero que contenía una fuerza imposible de apartar la mirada. Como los grandes artistas capaces de enfrentarse desnudos a sí mismos y exhibir esa verdad al mundo sin adornos.
Liu recordaba que esa obra marcó el momento en que ella volvió a dejar que la pintura entrara en su vida. Después de dos años sin pintar, comprendió —no con la mente, sino con el tiempo y el cuerpo— que no podía existir sin ello. Ni como madre, ni como Suki Kim, ni como ella misma.
Y ahora esa pieza tan decisiva estaba colgada allí, propiedad de Yeehyeon, el artista de Aislamiento, su pareja y víctima del changing. Al ver esa escena, a Liu se le escapó una sonrisa silenciosamente amarga mientras acariciaba el cabello de Yeehyeon.
Sentía como si, después de un largo viaje, hubiera regresado al punto de partida, con todo su cuerpo y mente agotados hasta quedar en blanco.
Las puntas del cabello de Yeehyeon le rozaban los labios, haciéndole cosquillas. Acarició su mejilla con ellos, aclaró la voz y lo soltó de su abrazo.
—Sobre los materiales que hay que enviar a Bali… creo que podrás recibirlos en dos o tres días. Marcus está poniendo mucho empeño, así que cuando vayamos a Nueva York creo que también deberíamos pasar por Boston para agradecerle en persona.
Acompañó la broma con un par de apretones en los hombros de Yeehyeon, que se había alejado un poco. Pero Yeehyeon no devolvió la sonrisa. Seguía observando su rostro con cautela, como intentando leer cómo estaba. Evitando esos ojos, Liu se frotó la mandíbula inferior y se dirigió hacia la cocina. En realidad, llamarlo “cocina” era exagerado: sólo tenía lo necesario para lavar un par de tazas y cocinar unos fideos instantáneos. Como en cualquier estudio, había un refrigerador empotrado junto al fregadero. Lo abrió, sacó una cerveza y, sin mirar a Yeehyeon, le preguntó si tenía algo en mente. Yeehyeon negó con la cabeza.
Había algo que él ocultaba. Y Liu sabía que su propio cansancio reciente no se debía únicamente a la agenda apretada y a algunos roces con la gente a su alrededor. Sentía que la mirada cuidadosa y perceptiva de Yeehyeon acabaría detectándolo todo, y por eso no se atrevió a darse la vuelta. Se quedó frente al refrigerador, bebiendo en silencio.
Unos dedos suaves hasta hacer cosquillas se posaron sobre su hombro. Allí donde Yeehyeon no podía verlo, los ojos de Liu temblaron levemente. En los últimos días, cada vez que Yeehyeon lo miraba en silencio o lo llamaba con voz baja, él sentía una caída vertiginosa en el pecho.
—Director.
—……
—Eso no es tan urgente, así que… puedo prepararlo con calma una vez que estemos en Nueva York.
Liu apoyó suavemente su propia mano sobre la de Yeehyeon, que seguía en su hombro. Apretó con la punta de los dedos y se giró para mirarlo. Sólo ese pequeño gesto requería valor.
Miró el rostro de Yeehyeon, preocupado por él, mientras él mismo seguía aislado de información que debería haber recibido desde el principio. Liu se humedeció el labio inferior con la lengua.
Podría haber empujado las cosas con mucha más desvergüenza. Podría. Cuando se fue a Chicago, creía firmemente que sería capaz de ignorar toda culpa hasta que ambos pisaran tierra neoyorquina. Todo era para tenerlo a él.
Pero quizá la coraza alrededor de su conciencia no era tan gruesa como esperaba… o quizá lo que lo desgastaba era no poder predecir cómo reaccionaría Yeehyeon cuando llegara el momento de decir la verdad. Últimamente, ni siquiera podía dormir por lo agudo de sus nervios, por más exhausto que estuviera.
Dejó la cerveza sobre la estrecha encimera junto al fregadero y tomó ambas manos de Yeehyeon, abriéndole los brazos antes de atraerlo hacia sí. Entre manos entrelazadas, empujándolo y tirando como si jugaran a medir fuerzas, Liu logró por fin hacer que Yeehyeon se relajara un poco y sonriera. Mirando esa expresión súbitamente suave, Liu le besó los labios y la mejilla.
Yeehyeon no era alguien que pronunciara “te amo” dejándose llevar por emociones o sensaciones todavía frágiles.
Pero lo que él amaba era a Liu Weikun que no lo había sometido al changing. En el momento en que supiera la verdad, para Seo Yeehyeon, Liu Weikun dejaría de ser la misma persona que él conocía.
Cada vez que era consciente de eso, sentía que la cuerda que lo sostenía por debajo de los pies se volvía tan fina como un hilo.
Había empezado a fumar más, y también a beber más. Le dijo a Yeehyeon que el accidente de tránsito había sido una tontería para tranquilizarlo, y —en cuanto al tamaño del accidente— era verdad. Pero también había sido un error evidente, uno que él jamás habría cometido en condiciones normales.
El problema era que, tal como una vez la culpa de sus padres lo había enfermado siendo un “ghost”, ahora su propia ansiedad estaba extendiendo cenizas grisáceas hacia Yeehyeon.
Cada vez que lo besaba, que lo abrazaba, que alcanzaba un clímax como alfa —algo que nunca antes había sentido a través de otra persona— una parte de él temía que fuera la última vez. Y al mismo tiempo… sentía el impulso de desviarse del camino, soltarlo todo, confesárselo por completo y ofrecerle el cuello, dispuesto a ser juzgado y castigado por él.
—¿Por qué no has pintado últimamente?
—¿Eh?
Liu señaló con la barbilla los lienzos boca abajo detrás de Yeehyeon.
—Parece que no avanzas.
—…….
Yeehyeon apretó los labios y bajó la mirada.
—Cuando llegaste aquí te morías de ganas de ponerte a pintar.
—Es que… he estado un poco disperso. Pero sigo haciendo dibujos, no he parado del todo.
Liu volvió al sofá, rebuscó en su chaqueta y sacó la cajetilla de cigarros. Encendió uno y aspiró hondo, exhalando hacia algún punto del suelo. Los pies de Yeehyeon, en sus pantuflas de piel, entraron en su campo de visión.
—¿Quieres irte?
—¿Eh?
—A París.
—…….
Yeehyeon lo miró un instante, dudando si había oído bien. El perfil de Liu, iluminado por la tenue luz y envuelto en humo, no dejaba ver ninguna intención ni emoción.
Cómo lo había sabido, cuándo, por qué preguntaba… daba igual. Había muchas preguntas rondando su mente, pero ninguna era importante. Desde el momento en que Liu supo que Yuni había recibido una oferta de “The Hands”, no era raro que también supiera que se la habían hecho a Yeehyeon.
En lugar de perder el tiempo con preguntas inútiles, Yeehyeon se acercó más y negó rotundamente con la cabeza.
—No.
—…….
Los ojos de Liu, que hoy parecían especialmente claros, se enfocaron lentamente en los suyos. Le preguntaba si quería irse, pero en ese mismo silencio lo estaba pidiendo: que no se fuera.
—Ya tengo contrato con un galerista muy competente.
Liu soltó una risa suave. Yeehyeon le quitó el cigarrillo de los dedos, lo rodeó por la cintura y, elevando la mirada, dio una calada profunda. Cuando exhaló con torpeza, los dedos largos y rectos de Liu rozaron lentamente sus labios, aún más secos que de costumbre.
Le devolvió el cigarrillo a los labios y, enganchándose del nudo flojo de la corbata de Liu, tiró de él hacia sí. Con los dedos desabrochó los botones restantes de la camisa —el primero ya estaba abierto— y posó los labios en la base firme del cuello.
Metió las manos bajo la camisa y acarició la piel desnuda, dejando besos por la nuca y los lados del cuello. Para verlo mejor, Liu inclinó profundamente la cabeza. Le acarició el cabello, lo besó en la coronilla y murmuró con voz pesada:
—Los dos necesitamos un corte de pelo.
—…….
—No creo que tenga tiempo… quizá deberíamos aguantar un poco y, cuando estemos en Nueva York, ir juntos.
Yeehyeon, con los labios rozando la barba áspera por el largo día, empujó la camisa por los hombros de Liu y asintió.
Las mangas se dieron vuelta cuando la camisa cayó al suelo detrás de él. Liu, ahora con el torso al descubierto, levantó la camiseta de Yeehyeon y lo besó. Al quitársela, la lanzó hacia el sofá. El cabello de Yeehyeon quedó despeinado al pasar por el cuello de la prenda, y Liu lo sacudió suavemente mientras se reía.
Observó ese rostro que le devolvía la sonrisa. Dejó que la mano descendiera desde el cabello hasta el cuello, luego por los hombros, los brazos y las muñecas, acariciando cada tramo antes de entrelazar sus dedos con los de él. La mano de Yeehyeon, tibia y ligeramente sudada, contrastaba con la suya, seca.
Lo llevó hacia el dormitorio. Liu cerró la puerta, apagando la luz del estudio. En la penumbra, las sábanas blancas de la cama reflejaban suavemente la claridad. En otro momento habría bromeado diciendo que parecía un cuarto con un propósito evidente, pero ahora ni siquiera le pasó por la cabeza.
Sentado al borde de la cama alta, tocó con suavidad la mejilla de Yeehyeon, dejándose guiar por la luz tenue que entraba desde la ventana. Todo sonido alrededor parecía haber sido absorbido por la oscuridad, como una tumba silenciosa. Sólo la mirada de Yeehyeon, fija en él, y el calor de su piel tenían vida.
Yeehyeon, que antes apenas podía manejar el placer que Liu le daba, se inclinó primero esta vez. Cerró los ojos sobre los labios de Liu y él respondió abriendo los suyos.
Al separarse, los labios, resecos, se quedaron un instante pegados antes de soltarse con lentitud. En la quietud casi sepulcral de la habitación, el sonido húmedo de los besos parecía más fuerte de lo habitual.
Liu hundió los dedos en el cabello de Yeehyeon, inclinándole la cabeza y besándolo hondo. En el silencio seco, el roce húmedo de sus labios empezó a filtrarse cada vez más.
Entre pequeños besos repetidos, ya sin pantalones, se subieron a la cama. Se recostaron de lado, ligeramente inclinados uno contra el otro, acariciándose la piel desnuda.
Sin dejar de besarse, con las manos deslizaron la ropa interior del otro. Con la palma de la mano envolvieron el pene, estimulando suavemente desde la base hacia afuera para inducir la erección. Los cuerpos, que reaccionaban a las feromonas del otro más rápido que antes, se calentaron en un instante.
—.....
—.....
En medio del silencio y la oscuridad, Liu presionó el hombro de Yeehyeon hacia abajo. Yeehyeon sabía lo que significaba. Después de mirar fijamente a los ojos de Liu por un momento, Yeehyeon cambió la posición de su cabeza y se acostó. La ropa interior que colgaba a medias se despojó por completo, y los dos sin dudarlo hundieron sus labios entre las piernas del otro.
En ese lapso, el pene de Liu ya se había endurecido. Solo con ver su forma distintiva y respirar su aroma sexual, Yeehyeon sintió que su interior se aceleraba y su respiración se alteraba. Lo abrazó, aferrando sus nalgas firmes, y llenó su boca con el glande suave. Mientras estaba acostado de lado, palpó la curva del abdomen tenso bajo la piel lisa y su pierna derecha doblada, acariciando con la punta de los dedos el vello púbico, disfrutando de todo su hermoso cuerpo con su propio cuerpo.
—Haa, hng... Hngh...
Los dedos de Liu, que succionaban y presionaban hábilmente el pene de Yeehyeon, se deslizaron por la hendidura de las nalgas, frotando circularmente la entrada anal. Yeehyeon soltó el glande y abrazó el cuerpo de Liu con más fuerza, como si se estuviera colgando. La lenta rotación de los dedos que penetraban suavemente y dilataban la entrada hizo que su cadera se torciera. Frotó su rostro contra el pene duro, que ya estaba secretando un espeso líquido preseminal, sacó la lengua y lamió el pesado tronco.
Las manos que se acariciaban y mimaban mutuamente, más que un acto obsceno estimulado por la pasión, se acercaban más a la desesperación por palpar y sentir con las manos algo que no se podía ver con los ojos. Parecía un intento de encontrar en el cuerpo del otro una estimulación capaz de cubrir y paralizar una ansiedad cuyo origen se desconocía.
Confirmar y ser confirmado. Que todavía estaban el uno al lado del otro.
En cada lugar donde el olor a piel del otro se hacía más intenso, hundieron los labios por un largo rato, inhalando el aroma mientras exponían lentamente su propio fondo. A pesar de acercar sus partes íntimas a la nariz del otro y permitir que fueran succionadas oralmente, parecían tan desinhibidos que daban la impresión de no tener en cuenta el concepto de sexo. Era como un beso de labio a labio. Abrieron las piernas y bajaron las caderas, balanceándose para entrar más profundamente en la boca del otro.
Liu retiró los dedos del ano húmedo de Yeehyeon y se levantó. Su pene ahora latía, completamente cubierto de líquido preseminal. Cambió de posición para la inserción, ubicándose entre las piernas de Yeehyeon y presionó su pecho para que se acostara boca arriba.
Aunque el momento de la inserción era más rápido de lo habitual, todos sus músculos estaban tensos por reprimir el impulso de entrar en el interior de Yeehyeon. El cuerpo húmedo de Yeehyeon también estaba listo para recibirlo. Liu sintió claramente la densa feromona de Yeehyeon que lo envolvía con tanta intensidad, como si fuera a atraerlo y tragarlo, y se abandonó por completo a esa fuerza, cerrando los ojos y temblando levemente, como si se rindiera.
Desde la primera vez que entró en ese cuerpo, el control del golden había estado fuera de sí, pero a medida que aumentaba el número de veces que unían sus cuerpos y a medida que él se acercaba más al omega, la densidad de las feromonas emitidas por Yeehyeon se hacía más espesa, tanto que no podía discernir si él lo estaba convirtiendo en omega o si Yeehyeon lo estaba convirtiendo a él en alfa.
Era exactamente como la expresión escrita en su diario... ser arrastrado sin fuerzas, como si estuviera atado por ambas muñecas al carro tirado por seis fuertes caballos.
Miró a Yeehyeon, que yacía desordenado, e introdujo sus rodillas bajo sus muslos, abriéndose paso. Inclinó la parte superior de su cuerpo, apartó su cabello, succionó su grueso labio inferior, lo sostuvo entre sus labios y lo chupó con un hormigueo.
Yeehyeon, que gemía dulcemente y envolvía y acariciaba la mejilla de Liu, detuvo la mano de Liu que alineaba el glande con la entrada anal.
—Yo… estaré, encima.
—.....
Liu frunció el ceño, dudando si había oído mal. Y pronto, negó con la cabeza incrédulo y se rió en voz baja.
—¿Es por el accidente que tuve hoy?
—.....
—Te digo que estoy perfectamente bien.
Yeehyeon empujó el pecho de Liu, que intentaba penetrar en su ano.
—No es solo por eso... Simplemente, quiero hacerlo. ¿No quieres?
—De ninguna manera. No es eso, pero…”
Empujando el hombro vacilante de Liu, Yeehyeon se levantó. Envolvió el rostro de Liu, besó sus labios y mejillas, y le susurró al oído.
—Lo haré como aquella primera vez... en Hong Kong.
—.....
Si Yeehyeon lo deseaba, no había razón para rechazarlo. Liu se retiró y lo abrazó por la cintura, atrayéndolo. Yeehyeon se arrodilló sobre los muslos de Liu, le pasó un brazo por el cuello, y con la otra mano sujetó el tronco de su pene, bajando lentamente las caderas.
Mientras acariciaba su espalda lisa y seca, y palpaba la curva de sus nalgas, tomando su carne entre las manos y amasando su volumen sensual, Liu abrió los labios y hundió la frente en su pecho, por la asfixiante presión de ser absorbido y estrujado dentro del cuerpo de Yeehyeon.
Para resistir el impulso de embestir con la cadera, penetrar de golpe y sacudirlo violentamente, mordió su piel en el pecho y el cuello. Metió el pezón pequeño y duro en su boca y lo succionó hasta que sus mejillas se hundieron, haciendo que el interior de Yeehyeon se contrajera y atrajera el pene más profundamente.
Ante la plenitud sofocante que los llenaba ajustadamente y la presión de ser estrujados y exprimidos, ambos gemían, se abrazaban y frotaban sus pieles desnudas. En lugar de Yeehyeon, que había dejado de bajar la cadera justo antes de llegar a la base, fue Liu quien comenzó a empujarlo hacia arriba.
No rápido, sino llenando completamente el interior de Yeehyeon para que sus partes más vulnerables y sensibles se tocaran por completo. Incluso la inserción, que procedía con gemidos silenciosos que parecían exclamaciones y movimientos lentos, se sentía como un proceso para confirmar al otro a través del punto de contacto. Eran cautelosos y meticulosos, como si no quisieran perderse ni la más mínima sensación.
Ante el movimiento descarado del pene que salía y luego volvía a entrar, impulsando todo el cuerpo, Yeehyeon abrazó el cuello de Liu, inclinó la cabeza y dejó escapar un aliento tembloroso. El sonido húmedo del coito, donde el tronco del pene y la membrana mucosa se frotaban y expulsaban fluidos corporales, parecía adherirse pegajosamente sobre la piel sudorosa.
Siguiendo el movimiento de Liu, Yeehyeon balanceó lentamente sus caderas hacia adelante y hacia atrás para aumentar la intensidad de la estimulación, mientras le daba un beso cerca de la oreja.
—Hazlo...
Yeehyeon no dijo qué quería, pero Liu no necesitaba un objeto.
Mordiendo la clavícula de Yeehyeon, que pedía el nudo (notting), Liu lo abrazó con más fuerza por su esbelta cintura. Ante el placer de la inserción que se intensificaba un poco más, Yeehyeon abrazó la cabeza de Liu y mordió su labio inferior.
—Aquella vez... en Hong Kong. Perdiste el control e hiciste el notting, ¿verdad? Awi no se dió cuenta.
—.....
Yeehyeon recordaba a Liu, que repetía una y otra vez que lo sentía, y luego sacaba su pene a la fuerza, aún no completamente flácido, para limpiar el semen de su ano. El Liu de ahora también lo miraba con ojos llenos de una clara vacuidad, como un niño indefenso y vulnerable.
Yeehyeon arqueó su espalda y cintura para estimular a Liu dentro de su cuerpo mientras le acariciaba el cabello.
—¿Fue la primera vez que te pasó algo así?
En la oscuridad, Liu asintió lentamente. Yeehyeon acarició sus anchos hombros, que se habían vuelto dóciles como un animal herido que gime, y lo besó. El hombre grande frente a él era indescriptiblemente adorable.
—Hazlo. Como aquella vez...
Si el notting anterior había sido una experiencia de perder la razón en medio de un intenso ardor como si el cuerpo se incendiara, esta vez el pulso del notting que golpeaba la membrana mucosa y resonaba en todo su cuerpo se sintió con tanta claridad que era como si estuviera dentro del corazón de Liu.
Con una aterradora sensación de unidad, como si su propia sangre circulara por el corazón de Liu, Yeehyeon llegó al clímax varias veces sin eyacular. Se abrazaron, mezclaron sus lenguas y compartieron sus aromas hasta que el eco del placer se desvaneció por completo. Sentían que ya no quedaba nada más por compartir.
■■■■
De pie frente al armario, Yeehyeon volvió a ajustar el agarre sobre su teléfono. Estaba intentando convencer a Liu, que insistía en devolver al conductor justo a la hora acordada.
—Hyung dijo que vendría en su coche a recogerme, de verdad no tiene por qué preocuparse.
[Hmm… ¿Kwon Juhan va a recogerte? Y eso que hacía como si no fuera a dirigirle la palabra nunca más.]
—Le guste o no… dentro de una semana tendremos que separarnos…
La mano de Yeehyeon, que estaba sacando del cajón una camiseta de algodón suave que usaba como pijama, se fue ralentizando. Al mismo tiempo, su voz también se apagó. Haber elegido quedarse con alguien no significaba que las despedidas con los demás no le afectaran en absoluto.
[Aún es joven, así que a veces se enciende rápido, pero aunque tenga tantos agujeros en el cuerpo como un colador, no es un tipo cruel. Era obvio que no le iba a durar mucho.]
Recordando la voz hosca con la que Juhan, haciéndose el duro, había terminado llamándolo para preguntarle a qué hora debía pasar a recogerlo, Yeehyeon sonrió en silencio.
En Phantom, al parecer Juhan seguía tratándolo fríamente a Liu, pero con Yuni ya había logrado aflojar un poco. Según explicó la misma Yuni, después de que ambos se emborracharan juntos hasta la madrugada tres veces en una semana, desnudando mutuamente lo peor de sus personalidades, mordiéndose, peleando y llorando, por fin habían llegado a un 80% de reconciliación.
Gracias a que esos dos recuperaron la armonía en ese nivel, ese día —el único día libre de la semana— los tres podían reunirse en el officetel de Juhan.
Para reforzar el personal, Phantom no contrató novatos esta vez, sino que fichó a un profesional con experiencia que ya trabajaba como director en otra galería. Aunque se mudara a Nueva York, Liu no iba a desentenderse de la gestión de Phantom Seúl. Phantom seguía siendo la Phantom de Liu Weikun. Aun así, era indispensable que él mismo se reuniera con los artistas de la casa, socios y clientes principales para informarles de la situación. Por eso, incluso hoy domingo tenía varias reuniones agendadas, pero los empleados por fin podían tener un día libre.
Exceptuando el viaje de trabajo en el que había estado fuera con Liu, esta era la primera noche fuera de casa desde que comenzó a vivir allí.
[Diviértanse. Pero no se abracen los tres llorando como si jamás fueran a volver a verse.]
En Nueva York, en París o en Seúl… siempre que tenga tiempo, te dejaré verlos varias veces al año.
Ante la promesa añadida de Liu, Yeehyeon simplemente sonrió débilmente sin responder, cerró con cuidado el cajón del armario y se dio la vuelta.
Sabía que era sincero. Sabía que esa era su forma de ser afectuoso. Para él, ese tipo de amabilidad ni siquiera representaba un gasto que pudiera afectarle. Pero también había cosas que uno debía resolver con sus propias fuerzas, cosas a las que no debía apoyarse en la amabilidad de otro. Pensando en ello, Yeehyeon caminó hacia el sofá.
Liu, Yuni… y también Morae y Yeehan. Él había tomado una decisión a costa de soportar la decepción de los demás y de la culpa que podría sentir. Solo cuando aceptara también las consecuencias negativas de esa elección, solo entonces podría decir que su vida era auténticamente suya.
Dejó sobre la mesa del sofá las cosas que había sacado del armario y se llevó una mano a la cintura. Luego, para soportar la vergüenza de lo que estaba a punto de decir, se pasó la mano por las cejas.
—Director… ¿no será usted el que no puede dormir sin mí?
[…]
Era una frase que había dicho solo para intentar hacer que él sonriera un poco, imaginando cómo estaría matando el cansancio con un cigarrillo o un sorbo de café cada tanto. Pero no hubo respuesta. ¿Acaso lo había sorprendido con algo tan fuera de lo común que lo dejó incómodo? Avergonzado, se frotó la cara, que se calentaba, y terminó de meter a toda prisa el pijama y la ropa interior en la mochila.
—Ah… mm… Era una broma. No fue muy graciosa, ¿verdad?
[No… no es eso. Solo me dejaste sin palabras porque diste justo en el punto.]
Yeehyeon detuvo la mano y enderezó la espalda. Tocando la asa de cuero de la mochila, afinó el oído para no perder ni el sonido más pequeño a través del teléfono.
—Si no va a dormir… ¿quiere que vuelva aunque sea tarde?
[Sí. Haz eso.]
[…]
Como Liu últimamente se veía como alguien al borde del límite, no le gustaba dejarlo solo en casa. Así que no era una oferta dicha al aire. Pero no esperaba que la respuesta llegara así de inmediato, como si hubiera estado esperando esa frase. Esta vez fue Yeehyeon el que calló, y tras unos segundos de silencio, escuchó la risa suave del otro lado.
Después del sonido de pasos y luego del de alguien dejándose caer en una silla, él habló con una voz más relajada.
[Es una broma. Me sentiré algo solo, sí, pero tengo cosas que hacer antes de irme.]
—Mañana… volveré temprano.
[Aunque vuelvas tarde está bien. Solo vuelve conmigo. Ya te tuve todo para mí hasta ahora, un día no es nada.]
Riendo ante el tono de falsa despreocupación de Liu, terminó la llamada. Liu tenía razón. Aunque mentalmente estaba cargado de responsabilidades y físicamente agotado, no era alguien que mostrara eso para quejarse. Por eso, con su estado reciente, dejarlo solo le inquietaba, pero tampoco quería tratar a la ligera su despedida con Yuni y Juhan.
Después de meter todo lo necesario para pasar la noche en la mochila, subió al segundo piso para preparar también los souvenirs del viaje a Boston que nadie había llevado la semana anterior. Había cuatro bolsas alineadas junto al comedor, incluida una para Inwoo. Pensando en pasar a entregarle la suya mañana de camino a casa, estaba por recogerlas cuando sonó el timbre del videófono.
No se le ocurría nadie que pudiera venir sin avisar, y menos aún a una hora en la que Liu no estaba en casa. Se giró hacia la pantalla del panel del salón. Era Shushu.
—Artista, hola. ¿Le abro el garaje?
[Yeehyeon-ssi… No. Está bien. Lo dejé enfrente de la casa.]
Su rostro y su tono en la pantalla estaban algo tensos. Al imaginar algunas posibilidades, Yeehyeon sintió cómo los pulmones se le encogían. Humedeció sus labios resecos con la lengua, abrió la puerta principal y salió a recibirlo.
Por suerte, Shushu, que subía los escalones desde la entrada del jardín, no tenía una expresión tan mala como temía. Incluso le dedicó una sonrisa suave.
—Parece que él no está contigo.
—No.
—¿Puedo entrar y esperar?
Yeehyeon lo condujo hacia el salón mientras Shushu se quitaba las gafas de sol. Aunque seguramente él conocía esta casa tanto como él mismo, le resultaba extraño recibirlo como si fuera un anfitrión. Pero, dejando de lado su relación con Liu, él estaba viviendo allí, así que la atención a los invitados era su responsabilidad.
Shushu pidió cerveza y hielo en lugar de café o jugo, y cuando Yeehyeon regresó con la bandeja, él estaba mirando Aislamiento, ya de nuevo colgada en su lugar.
—Estaré bien solo. Voy a estar tan cómodo como si fuera mi casa, así que no tienes que preocuparte por mí.
Lo dijo con tono juguetón mientras tomaba la bandeja, pero para Yeehyeon eso parecía descortés. Además, tampoco tenía nada urgente que hacer. Faltaban unas dos horas para que Juhan viniera por él y ya tenía todo listo.
—Aunque claro, si Yeehyeon-ssi se queda conmigo, mucho mejor.
Shushu sonrió al verlo dudar, como entendiendo que para Yeehyeon era más cómodo quedarse allí que dejarlo solo.
Vertió la cerveza en un vaso con hielo y le entregó la mitad restante de la botella. Yeehyeon tomó asiento en el sillón individual frente a él.
No eran íntimos, así que Shushu no le resultaba completamente cómodo, pero después de conocerlo bien en Chicago, sabía que no era difícil lidiar con él, así que tampoco estaba nervioso.
Con el tintineo del hielo al beber, Shushu habló con su voz suave y agradable, tan característica:
—Yeehyeon-ssi parece alguien que creció en un hogar estable, recibiendo mucho amor.
Era una observación inesperada, porque Shushu no era alguien que soliera hacer suposiciones a la ligera sobre el trasfondo de otras personas, ni siquiera en un sentido positivo. Aun así, no sonaba como un comentario lanzado sin pensar.
—Al principio, como eras tan callado e introvertido, me parecía que tenías una coraza muy gruesa… pero basta observarte un poco para darse cuenta de que eres alguien con un centro muy firme. No porque temas caer mal, ni por un deseo vanidoso de ser “una buena persona”, sino porque… simplemente tienes un corazón que de verdad sabe pensar en los demás.
—Cuando era joven, yo también sufrí bastante por no saber ver bien a la gente —añadió Shushu con una risa autocrítica. Aquella risa hizo que Yeehyeon no pudiera evitar pensar en Hong Seonyu.
—Weikun también lo dijo. Que por fin había encontrado a alguien en quien podía confiar y que por eso estaba pensando en llevarte a Phantom.
Al decirlo, Shushu le echó a Yeehyeon una mirada de reojo y sonrió suavemente.
En Chicago, Shushu solía llamar a Liu por “Awi”. El hecho de que ahora usara “Weikun” provocó en Yeehyeon una leve incomodidad. Para calmar la garganta, dio un trago más de cerveza.
—Como ya sabrás, Liu Weikun no es el tipo que baja la guardia fácilmente con desconocidos. Y para él, Phantom es… su amante, su amigo, su hijo… algo así. Por eso siempre ha sido especialmente estricto a la hora de meter gente en Phantom. Ahora mismo está más relajado porque no tiene alternativa: está contratando novatos, añadiendo directores, y todo eso.
Shushu apretó los labios con una expresión amarga, alzando apenas las cejas, y bebió unos sorbos de la cerveza ya aclarada por el hielo derretido.
Si se trataba de la firmeza de Liu frente a los demás, Yeehyeon era, probablemente, uno de quienes la había experimentado con más intensidad.
Aunque hubiera un malentendido, él no se tomaba la molestia de explicarse; aunque mostrara consideración o amabilidad, no intentaba que se notara. Aquella noche en el bar español, cuando habían bebido vino juntos… La propuesta de trabajar formalmente en Phantom que en su momento no comprendió bien… ahora sabía que, para Liu Weikun, era la máxima señal de reconocimiento del valor de alguien.
—La primera vez que nos vimos, Yeehyeon-ssi… creo que fue el día que inauguré mi exposición individual… —dijo Shushu entrecerrando los ojos para reconstruir el recuerdo. Yeehyeon asintió. Parecía que Shushu había recordado algo gracioso, porque sonrió débilmente.
—No sé si te acuerdas, pero tú habías empezado oficialmente a trabajar hacía poco. Y como yo soy muy tímido, Weikun te pidió que me cedieras espacio un momento.
—Lo recuerdo.
—La forma en que lo dijo fue un poco… ya sabes. No es que diga cosas que crucen demasiado la línea, pero no tiene tacto. No es que no sepa cómo hablar: es que ni siquiera se le ocurre ponerse un envoltorio. Aunque el otro se vea incómodo, no se disculpa; aunque lo malinterpreten, no se explica. Porque piensa que los que dicen “gracias” y “perdón” demasiado rápido no son de fiar.
Quizá su carácter se formó así porque, desde niño, estuvo rodeado de gente aduladora —comentó Shushu, mirando un punto indeterminado en el aire.
Y era cierto. En aquel entonces, su comentario no había sido para excluirlo, sino simplemente parte del trabajo. Conociendo mejor ahora la sensibilidad de Shushu, a Yeehyeon le resultaba fácil comprenderlo.
Pero, aunque Yeehyeon normalmente no se habría sentido afectado por palabras como aquellas, lo que le había conmocionado emocionalmente aquella vez no fue la franqueza de Liu. Era porque ya entonces lo tenía muy presente… y cuando uno está consciente de alguien, todo lo que proviene de esa persona se siente mucho más intenso. Ahora podía comprenderlo.
Yeehyeon pasó el pulgar por las gotas del cuello de la botella y dijo:
—Aquel día, el director me pidió disculpas.
—……
Shushu frunció el ceño como si no pudiera creerlo, pero enseguida negó con la cabeza y rió, como lamentando que Liu no estuviera allí para molestarlo con eso.
Recordó el objetivo de la cámara de Liu, que se había metido entre ambos como si fuera a desmontarlo por completo durante la sesión de fotos de Old Future.
En medio de esa tensión que casi no le dejaba respirar, aquella frase dicha en una voz tan baja que solo él pudo oírla…
Ahora sabía que aquello había sido una torpe disculpa. Liu no habría abierto la boca si no lo hubiera dicho de verdad. Muchas cosas que en ese entonces no comprendía, ahora le resultaban claras. Cuanto más conocía a Liu, más distintos se veían incluso los recuerdos pasados, y eso era una sensación nueva.
—A veces pienso que la gente tiene razón cuando dice que lo que está destinado a suceder, sucede igual. Que alguien que nunca había dejado a nadie acercarse así, de pronto encontrara a un “comprendedor” como Yeehyeon-ssi… Yo diría que, si lo único que le faltaba era una soledad inevitable, entonces ahora ya lo tiene todo. Así que, ¿no debería reconocer que el mundo es injusto, al menos en su caso?
No sonaba como palabras dichas solo para hacerlo sentir bien. Más bien como un murmullo dirigido a sí mismo.
—Weikun no tiene casi nada en su vida de lo que arrepentirse. Y no solo por lo económico: nació con muchos talentos, es muy estricto consigo mismo, jamás descuida su esfuerzo, así que prácticamente no tiene experiencias de fracaso. Al menos que yo sepa.
Eso no significaba que su vida hubiera sido “fácil”, pero sí que había logrado casi todo lo que deseaba.
—Por eso tiende a no comprender las partes torpes y tercas de las personas. Nunca ha deseado a alguien ni ha amado a nadie, así que… es natural que no entienda lo que es perder el ritmo propio y dejarse llevar por emociones causadas por otro.
Yeehyeon creía entender lo que Shushu estaba diciendo. Aunque Liu no le había contado con detalle lo que había pasado tras su regreso a Seúl, podía imaginar que la relación rota entre Shushu, Hong Seonyu y Liu había vuelto a mezclarse en el presente.
Shushu probablemente esperaba que Liu comprendiera esas emociones torpes y tozudas que te arrebatan tu propio ritmo. Pero parecía que esa expectativa estaba inclinándose hacia la decepción.
Mientras Yeehyeon bebía en silencio, sospechando que ese era el motivo por el cual Shushu había venido a ver a Liu ese día, su mirada se detuvo en la revista junto a él.
Era lo único que Shushu llevaba en la mano cuando bajó del auto. Cuando entraron a casa no lo reconoció porque estaba enrollada, pero era la misma revista de la que Yeehyeon había leído la “reseña del editor” hacía unos días… y lo había hecho pensar en Hong Seonyu.
Aunque acababa de beber, la boca se le secó, así que inclinó de nuevo la botella, pero la cerveza que había compartido con Shushu ya se había terminado.
—Por eso… si algún día Weikun encuentra a alguien a quien de verdad desee, quiero que también experimente esa relación que no se deja controlar, que te hace sufrir, que te hace perder la compostura mientras ambos muestran lo peor del otro… esas emociones torpes y pegajosas que no pueden borrarse de un día para otro… Quería que él también las tuviera al menos una vez. Porque eso no se entiende escuchándolo: hay que vivirlo.
Murmurando aquello, Shushu terminó la cerveza, dejando solo el hielo en el vaso. Luego, con una expresión algo avergonzada, le sonrió a Yeehyeon.
—Al saber que Weikun estaba de verdad concentrado en Yeehyeon-ssi… en realidad tenía muchas expectativas.
—……
—Esperaba que Yeehyeon-ssi lo hiciera sufrir durante un buen rato, que lo desesperara aun sabiendo que era imprudente, que lo dejara sin dormir por las noches… y que luego… consumido por el deseo de ser comprendido tal cual es, se lo mostrara todo y dejara su juicio en manos del otro, temblando de miedo… Quería que experimentara, a través de Yeehyeon, todas esas cosas que Liu Weikun siempre consideró tontas y ridículas en sí mismo.
Tras decir eso, Shushu inclinó el vaso y se echó a la boca uno o dos pedazos de hielo derretido. Mientras observaba el rostro sombrío de Shushu —como si se sintiera atrapado en un espacio demasiado estrecho—, Yeehyeon jugueteó con la botella de cerveza y se armó de valor para hablar.
—No sé cómo será el director… pero creo que yo sí pasé por eso.
—……
—Creo que experimenté todas esas emociones de las que hablaste… a través del director.
Shushu lo miró en silencio durante un largo rato. Y luego, dejando el vaso sobre la mesa, esbozó una débil sonrisa.
—Creo que ya sé por qué tenía que ser Yeehyeon.
—……
—No es algo de lo que pueda presumir, pero soy realmente malo relacionándome con la gente. Aun así, frente a Yeehyeon siempre me sentí tranquilo. En Chicago también fue así, y ahora… estoy hablando sin parar, como si mi timidez fuera una mentira. Entiendo por qué para Liu Weikun solo podía ser Yeehyeon. Precisamente porque es Yeehyeon… él pudo llenar la única carencia de Awi, esa soledad demasiado prolongada.
Que alguien tan cercano a Liu dijera eso, era un alivio. Pero aun así, Yeehyeon no estaba seguro. No tenía la confianza suficiente. Y cuanto más pensaba en el Liu de estos días, cargando tantos problemas y resistiendo como podía, menos podía creérselo.
Incluso aquello que Shushu había mencionado antes —la única carencia de Liu—, Yeehyeon ni siquiera era capaz de identificarlo con claridad. No había logrado llegar por completo al corazón del otro. Solo podía intuir, vagamente, que estaba relacionado con lo que había descubierto en Boston sobre el entorno de Liu.
—Es algo muy grande… y como Yeehyeon aún es joven, pensé que quizá… había tomado una decisión impulsado por los sentimientos, estando demasiado metido emocionalmente en la relación… Pero creo que fue una preocupación innecesaria.
Shushu sonrió con alivio, pero para Yeehyeon tanto sus palabras como su sonrisa eran incomprensibles.
—Estoy seguro de que entendiste bien la situación de Awi, su larga soledad, y que también pensaste con cuidado en todos los cambios que vendrán… Y que después de todo eso, decidiste convertirte en omega, ¿no es así, Yeehyeon?
—……
Yeehyeon masticó sus palabras una y otra vez. Pero por más que pensara, no lograba entender nada.
—…¿Perdón?
Tras tanto esfuerzo inútil, lo único que pudo hacer fue preguntarle de nuevo.
—Porque ser un “ghost”, hasta ahora, era una marca clara que hacía que Awi no pudiera evitar separarse de los demás. Una marca que solo él podía ver. Pero si al menos la única persona más importante para él lo aceptaba…
—No… no, yo… no entiendo nada de lo que está diciendo…
Sintiendo que una confusión oscura y rápida se le venía encima como nubes de tormenta, Yeehyeon negó con fuerza, como si quisiera sacudírsela. Estaba seguro de que, aunque siguiera escuchando, no sería capaz de procesar nada.
La expresión desapareció gradualmente del rostro de Shushu. Y, como alguien que acaba de escuchar algo imposible de creer, parpadeó varias veces con una risa tensa.
—Yeehyeon… ¿qué pasa?
—……
—No me digas que… ¿no estás entendiendo nada de lo que estoy diciendo?
Los músculos bajo los ojos y en las mejillas de Shushu temblaron levemente mientras preguntaba con cuidado.
—En Chicago… el último día… los ojos de Awi estaban claramente…
Sus palabras quedaron cortadas, sin llegar a formar una frase completa. Su mirada vagó por el aire, perdida, antes de regresar apresuradamente a Yeehyeon.
—Yeehyeon, ese día por la mañana estabas con Awi, ¿cierto?
Shushu hablaba del día antes de irse de Chicago. Liu y Shushu habían asistido al almuerzo de Chloe Kent, mientras que Yuni e Yeehyeon habían salido a hacer turismo ellos dos solos. Yeehyeon trató de recordar la mañana de ese día. Pero todo estaba revuelto, como un montón de papeles desordenados del que no lograba rescatar nada útil.
—Ese día. ¿No viste el color de ojos de Liu Weikun?
—¿El color… de los ojos?
—Si estuviste con él hasta la mañana, y no solo ese día… ¿De verdad no viste el color de sus ojos?
—Ese día estaba muy cansado…
Quien realmente no sabía nada era Yeehyeon mismo. Ni siquiera ahora sabía qué era exactamente lo que no sabía. Y aun así, Shushu parecía ser quien se quedaba sin aire. Su rostro, ya de por sí pálido, se veía aún más descolorido.
«Debiste decidir convertirte en omega.»
Aquella frase incomprensible resonaba en el pecho de Yeehyeon como un tambor lejano y ominoso.
Era como sostener una bomba que explotaría si dejaban de mirarse. Sin parpadear, fijaron sus miradas el uno en el otro.
—Cómo… cómo puede ser…
Shushu murmuró eso casi sin mover los labios, como un ventrílocuo, y tragó saliva con dificultad, como si llevara agujas en la boca.
—Yeehyeon.
—……
—Ve al hospital.
