Capítulo 16-18 | Extra N°2

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Capítulo 16

Pasaron unas dos semanas desde que regresaron de la villa. En ese tiempo, los médicos confirmaron que Chase no tenía ninguna secuela y Josh por fin se hizo un espacio para contactar a sus amigos. Ed y Tommy, que habían estado muertos de la preocupación, empezaron a gritarle de inmediato y no dejaban de repetir lo aliviados que estaban de que se encontrara bien. A Josh le costó bastante evitar responder a sus preguntas con lujo de detalles; de todas formas, les dio una explicación vaga, cerró la llamada con la promesa vacía de reunirse en algún momento y colgó.

Su regreso al equipo de seguridad aún estaba en el aire. Cuando Mark llamó por fin, le dijo que Chase tendría que asistir a varios eventos promocionales por el estreno de la película durante un tiempo, así que le extendieron la licencia una vez más.

—Se habla de que vuelvas el próximo mes.

El día que Chase iba a visitarlos, la madre de Josh se levantó desde muy temprano y empezó a andar de un lado a otro como loca. A pesar de haber contratado un servicio de limpieza el día anterior para dejar todo impecable, al amanecer ya estaba pasando la aspiradora otra vez, sacudiendo el polvo y corriendo por toda la casa. Despertado por el ruido de sus pasos y el zumbido de las máquinas, Josh soltó un bostezo, bajó las escaleras y se quedó helado. Su madre revoloteaba por la cocina, sacando ingredientes del refrigerador a toda prisa y desplegándolos por toda la mesa.

Mark terminó la llamada con unas palabras de ánimo. Antes de volver a trabajar al lado de Chase, Josh también tenía que definir cómo manejarían sus horarios de ahí en adelante, dada la relación que tenían. Lo primero que hizo fue fijar un día para que Chase conociera a su madre.

—Mamá, no hace falta que te esmeres tanto.

Josh le había repetido hasta el cansancio el día anterior que Chase no comía mucho, pero era evidente que ella tenía otros planes.

—Aun así, tengo que preparar al menos esto. ¡Ay, estoy tan ocupada! Por cierto, ¿podrías subir el tapiz del garaje? Cuélgalo en esa pared. Y la pintura descascarada de la puerta trasera, ¿la arreglamos? Josh, ¿no te lo mencioné? Corta el césped también y riega los maseteros de las flores.

Sin poder resistirse a sus exigencias, Josh se puso a trabajar por toda la casa. Comprobó que la pintura que habían aplicado el día anterior estuviera completamente seca, cortó el césped, regó el jardín y sacó el tapiz que su madre tenía guardado, le sacó el polvo y lo colgó en la pared. Entre una tarea y otra, no se olvidó de jugar con Peter cuando el niño se despertó.

—¿Qué me pongo? Debí haber ido de compras ayer. Es nuestro primer encuentro, ¿estará bien esto? Josh, dejé varios conjuntos sobre la cama, echa un vistazo y dime cuál debería ponerme. Bueno, supongo que cualquier cosa me queda bien.

Josh intentó responderle con total sinceridad, pero ella no le escuchó ni una palabra.

—Josh, sube rápido.

Ante su orden tajante, no le quedó más remedio que subir al segundo piso e ir a su dormitorio. Había tres conjuntos desplegados sobre la cama. Recordando la afición de su madre por el azul, tomó uno, pero luego notó que el vestido amarillo de al lado también se veía bien.

—¿Este será más alegre?

Dudó un momento y se dio por vencido. Esto era un trabajo para Emma. Rascándose la cabeza, le tomó fotos a cada conjunto y se las mandó por mensaje. Tras unos minutos de incertidumbre, llegó la respuesta:

[El amarillo.]

Con esa sola palabra terminó el mensaje de Emma. Josh frunció el ceño y miró el dos piezas que había elegido. Convencido a medias, lo tomó y bajó las escaleras. Su madre, ocupada ordenando la sala, levantó la vista y le brillaron los ojos.

—¡Ay, tú también pensaste en ese! Me pondré ese hoy. De verdad eres mi hijo, Josh.

Le plantó un beso cariñoso en la mejilla, le arrebató la ropa y volvió a su habitación a toda prisa. Josh abrió y cerró las manos vacías con torpeza y movió los hombros para desentumecerse.

—Espera un momento, Peter.

Como Peter estaba jugando con el control remoto, Josh encendió la televisión. Solo tenía la intención de poner algún programa sencillo de persecuciones policiales. Al cambiar de canal, se topó con un reportaje inesperado.

[Chase Miller le da otra paliza a un paparazzi.]

Ante la fluida voz del presentador, Josh se congeló. En la pantalla, que parecía estar fija en ese segmento, el presentador y un invitado no dejaban de hablar.

—Con la película de Chase Miller a punto de estrenarse, este tipo de escándalos no le benefician en nada. ¿Afectará a la taquilla?

—Depende de la gravedad. Las críticas fueron muy positivas. Pero ¿ese paparazzi está loco? De todas las estrellas a las que puede acosar, ¿escoge a Chase Miller? ¿Acaso busca morir?

El invitado eligió deliberadamente palabras provocadoras y exageradas. Siguieron enumerando todas las ocasiones en las que Chase Miller supuestamente había tratado de forma brutal a los paparazzi, y se enfrascaron en un debate estéril sobre qué tanto de su vida privada debían revelar las estrellas, si a los paparazzi se les debía ver solo como villanos, y demás tonterías. Ver aquello hizo que a Josh se le erizara la piel. Si Peter no hubiera estado jugando con un carrito a sus pies, habría empezado a soltar groserías.

“Dejen de decir tonterías y muestren las imágenes de una vez.”

Apretando el puño y conteniendo la rabia a duras penas, Josh por fin se enderezó cuando apareció el tan esperado video.

No había forma de saber cómo había empezado. Todo lo que mostraba el video era a un paparazzi empujándole la cámara a Chase en la cara, a Chase arrebatándosela, a la seguridad intentando intervenir y a Chase ignorándolos a todos mientras le daba una paliza al paparazzi hasta destrozar la cámara. Luego pateó al hombre caído y, en un momento dado, lo agarró del cuello. Estaba todo ahí, sin filtro alguno.

Mirando la pantalla atónito, Josh se apresuró a cargar a Peter en brazos. Ajeno a todo, Peter hizo rodar el carrito por el hombro de Josh haciendo ruidos de motor. Josh le dio unas palmaditas en la espalda por inercia, totalmente ido. Pero qué demonios...

—¿Qué demonios es eso?

En algún momento su madre había bajado y soltó un grito ahogado. Turbado, Josh intentó cambiar de canal, pero ya era demasiado tarde. Su madre se le quedó viendo a la pantalla, murmurando «Santo cielo, santo cielo» una y otra vez. La televisión no dejaba de repetir el mismo fragmento en bucle. Josh solo podía sudar de pánico.

Por fin, la pantalla volvió a cambiar hacia el presentador.

—Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que vimos a Chase Miller tan enfurecido. Dicen que el paparazzi tendrá doce semanas de incapacidad, ¿verdad?

El invitado retomó el hilo:

—Hacía tiempo que no veíamos a un paparazzi tan insensato.

El invitado parecía solidarizarse un poco más con el paparazzi, pero la presentadora no.

—Si eres una estrella ¿No forma parte del trabajo perder algo de privacidad? Creo que Chase Miller fue demasiado lejos. Esperemos que esto no afecte a la película.

Josh entendió pronto por qué ella era tan negativa respecto a Chase.

—Soy una gran fan de la obra original.

En otras palabras, era fan del Dr. Flame, el personaje que interpreta Chase, un Flamer. El invitado pareció captarlo y dijo con interés:

—Con la actuación de Chase Miller no hay nada más que decir. Tengo muchas ganas de ver esta película.

Pero la presentadora se mantuvo seria y terminó diciendo:

—La actuación y el carácter no siempre van de la mano.

Sonrió como si fuera una broma y pasó al siguiente tema, pero cualquiera se daba cuenta de que no estaba jugando. La madre de Josh sacudió la cabeza mientras miraba.

—Por muy molestos que sean los paparazzi, eso es demasiado. Da miedo. Debiste haber cambiado de canal para que Peter no viera eso.

Josh respondió sin muchas ganas:

—Lo tengo cargado así.

Justo en ese momento, Peter, encaramado en los brazos de Josh, hizo rodar su carrito por la espalda de su papá. Al ver al niño imitar el ruido de un motor, su madre se encogió de hombros.

—Bueno, entonces está bien. Aun así, qué tipo.

Sacudiendo la cabeza otra vez, miró el reloj y soltó un grito ahogado.

—¿Ya es tan tarde? Tenemos que prepararnos. Josh ¿Qué haces ahí parado? Ve a lavarte y a cambiarte. Después de todo, va a venir a nuestra casa. De paso baña a Peter.

A ella se le había olvidado comprarse ropa el día anterior, pero no se le había olvidado comprarle ropa nueva a Peter. Cuando Josh fue a su habitación, allí estaba sobre la cama, preparada de antemano.

—Todo saldrá bien... seguro. —Sintió una puntada de ansiedad mientras desvestía a Peter y se dirigía al baño. Su madre no sabía mucho de celebridades; lo más probable era que no lo reconociera. Eso fue lo que se dijo a sí mismo mientras bañaba a Peter a toda prisa.

Solo quedaba como una hora para que Chase llegara.

✤✤✤✤✤✤

—¿Por qué estás tan inquieto? Me pones nerviosa de verte nada más.

Acomodando los platos que había preparado temprano, su madre frunció el ceño y lo regañó. Josh solo pudo poner una sonrisa torpe.

El tiempo siguió corriendo. El momento de la llegada de Chase se acercaba.

El ruido de un motor aproximándose resonó en el ambiente. Josh corrió hacia la ventana y vio un auto conocido detenerse despacio frente a la casa. Era Emma.

—Vaya ¿Qué le pasó a la casa?

Apenas pisó la sala, a Emma se le abrieron los ojos de par en par. Se había tomado el día libre específicamente para conocer a la pareja de Josh. Vestida inusualmente con un traje elegante, pasó al lado de Josh y le susurró:

—Es Chanel.

Josh había pensado que no hacía falta llegar a tanto, pero luego recordó que las dos piezas que ella había elegido para su madre llevaba el mismo logo. Echándose el cabello rubio hacia atrás, Emma declaró:

—Toda mujer debería tener al menos un conjunto Chanel para ocasiones como esta.

—¿Qué ocasiones? —preguntó Josh, genuinamente desconcertado.

—Para marcar territorio. Las primeras impresiones lo son todo.

Cruzándose de brazos en posición de combate, murmuró para sí misma:

—Voy a ver qué tan increíble es ese hombre por el que te volviste loco.

En casa siempre la llamaban "calabaza" o le decían que no era bonita; esta vez Emma venía lista para pelear. Una vez, cuando Josh la molestó como de costumbre, ella se había enojado de verdad, y Josh le había dicho, por primera y última vez:

—A nadie le parece bonita su propia sangre.

Era verdad, pero Emma nunca lo olvidó. Josh todavía no se atrevía a decir que su hermana era bonita, pero sabía que no le faltaba nada. En sus tiempos de escuela, se había agotado de espantar a las moscas que le revoloteaban alrededor.

—Por cierto ¿Qué tal el trabajo estos días, Emma?

Ante su pregunta, Emma se relajó, volvió a ser la de siempre y empezó a quejarse.

—Contratamos a un empleado nuevo y es un desastre total. Por más que le enseño, no deja de cometer errores, específicamente en las tareas que yo le asigno, como si lo hiciera a propósito para fastidiarme. Todo lo demás lo hace bien, así que cuando me quejo, los demás dicen: «Cualquiera comete errores ¿Por qué solo en mis tareas?».

Viendo cómo echaba humo, Josh preguntó:

—¿Y qué tal está su aspecto?

—Parece un gorila.

Su veredicto único y brutal hizo que Josh suspirara para sus adentros. De verdad odias a los musculosos.

—Emma, creo que...

Estaba a punto de hablar cuando otro grupo de motores resonó afuera, varios esta vez.

—¿Ya llegó?

Habiendo terminado de arreglarse, su madre se les unió con voz ilusionada. Josh miró por la ventana. Una hilera de sedanes negros se estaba estacionando, no había duda. Emma parpadeó sorprendida.

—Pero qué... Josh ¿con cuántas personas estás saliendo para que haya tanto auto?

—Con una sola —respondió Josh rápidamente, avergonzado. Emma no dejaba de mirar la fila de autos.

—¿Entonces por qué vienen tantos? ¿Su familia es muy numerosa?

—No, no es eso. —Ya no había forma de esquivarlo. Chase bajaría del auto en cualquier momento—. Este... bueno... —Josh se aclaró la garganta, a punto de empezar, cuando su madre habló de repente.

—Esos autos me recuerdan a las noticias de hace rato. Ese actor, golpeando a la gente en la calle de esa forma. Daba miedo hasta por la televisión.

Josh se sobresaltó, pero Emma ya lo sabía y respondió con frialdad:

—Ah, ¿Chase Miller? Es un desastre, ese tipo.

—Emma —exclamó Josh antes de darse cuenta. Su madre y su hermana lo miraron parpadeando, extrañadas. No tenía nada más que decir—. Peter puede oírte —murmuró torpemente. Su madre, sin entender a qué venía eso, estuvo de acuerdo de inmediato.

—Es verdad, cuida ese lenguaje delante del niño. —Y luego añadió las palabras que Josh menos quería escuchar—: ¿Y si Peter crece y se vuelve violento como ese actor?

—Ese Chase Miller sí que dice palabrotas como un marinero —asintió Emma. Con las dos así, Josh ya no sabía qué hacer. Lo único que le quedaba era dejárselo al destino. Sonó el timbre.

—Parece que ya llegó —dijo Emma, alejándose de la ventana. Su madre se giró también, y Josh por fin se despegó de allí y las siguió.

El sonido claro del timbre resonó una vez más. Tras un rápido chequeo mutuo, Emma y su madre respiraron hondo y se giraron hacia la puerta.

—Bienvenido.

Abriéndola con una sonrisa cálida, la madre de Josh saludó al hombre de complexión robusta y gafas oscuras que estaba parado allí.

—Hola, soy Jacqueline. Lo estábamos esperando.

Le ofreció la mano para saludarlo, pero el hombre no la tomó. Josh lo conocía, era el jefe de seguridad de Chase. El hombre miró más allá de ella, vio a Josh, se detuvo un segundo y luego habló con un tono inexpresivo e ininteligible:

—¿Es esta la residencia Bailey?

—Sí, así es.

Retirando la mano con torpeza, ella se estiró para mirar detrás de él. Aparecieron más hombres, y pronto el frente de la casa se llenó de sujetos vestidos con trajes negros.

—He visto esto muchas veces —murmuró Emma al lado de Josh—. Cada vez que nuestro presidente aparece, se ve exactamente así.

Josh tragó saliva. Emma no pasó por alto el gesto y lo miró de inmediato.

—¿Con quién demonios estás saliendo, Josh? —preguntó, con la sospecha marcada en la voz.

Fue en ese momento cuando apareció él.

—Ah.

A Emma se le escapó un sonido extraño cuando el hombre se erguía tras bajar del auto. En esa sola sílaba se mezclaban la sorpresa, la duda, la inquietud y la ansiedad. Miró rápidamente a Josh y luego volvió a fijar la vista en la puerta. Imposible.

El hombre, sosteniendo un enorme ramo de flores, caminó a pasos largos hacia la casa donde lo esperaban. El cabello rubio y brillante, las gafas oscuras y, en una oreja, una marca claramente visible.

Emma no dejaba de mirar entre Josh y el hombre sin podérselo creer. Su madre, confundida, parpadeó a medida que él se acercaba. Dejando atrás a los hombres de traje, subió los escalones y se detuvo en el umbral frente a ellas.

—Hola, mucho gusto.

Se quitó las gafas de sol, le entregó el ramo de flores a la madre de Josh y sonrió radiante. Sus iris centelleaban con un profundo tono violeta.

—Soy Chase Miller.

Por un momento, tanto Emma como su madre se olvidaron de respirar.

✤✤✤✤✤✤

El vecindario estaba tranquilo. Aunque había una docena de hombres vestidos de negro agrupados frente a una casa bajo el suave sol de la tarde, nada cambiaba demasiado. En esa tarde perezosa en la que hasta el aire parecía flotar, se sentaron alrededor de la mesa del comedor.

El silencio no era diferente al de cualquier otro día, salvo porque se sentía distinto debido a la presencia de un hombre fuera de lugar entre ellos. El silencio pacífico que normalmente resultaba reconfortante era ahora opresivamente pesado.

El plan era sencillo. Darle la bienvenida al invitado, intercambiar saludos, comer, tomar café y charlar, y luego despedirse. Después, la familia compartiría sus impresiones sobre la pareja de Josh. Eso era todo.

Ella intentó seguir el plan, pero cada vez que miraba a Chase, la misma escena le retumbaba en la cabeza: él dándole una paliza a un paparazzi con una cámara.

«Es una basura», había dicho Emma, y su madre estuvo de acuerdo en ese momento. Incluso Josh no podía evitar recordarlo ahora.

Decidida a mantener las cosas en marcha, la madre de Josh forzó una sonrisa, lo saludó y lo llevó a la mesa. Ahora todos estaban sentados en un silencio de sepulcral.

Solo Chase permanecía tranquilo. Aceptó un tazón de ensalada de papa que le pasó la madre de Josh y se lo entregó a Josh, quien repitió el movimiento y se lo pasó a Emma. Los platos hicieron un recorrido silencioso por la mesa y volvieron a su lugar.

Durante un rato, solo se escuchó el tintineo de los cubiertos. Incluso Peter, que solía ser ruidoso, se pegó a Josh y se quedó quieto, aunque no podía evitar lanzar miradas furtivas a Chase.

Por fin, la madre de Josh tosió levemente y habló.

—Escuché que eres actor ¿Verdad?

—Sí —respondió Chase con fluidez—. Actúo desde que era joven. No sé si lo recordará, pero...

Cuando mencionó el nombre del producto, a ella se le abrieron los ojos de par en par.

—¡ La barra de chocolate!

Él asintió. —Era yo.

—Pero si eras una niña en ese entonces... —dijo ella, turbada.

Sonriendo, Chase explicó: —Era un concepto, un papel de travestismo. Hay una escena similar en la nueva película también.

—¿Hiciste un comercial de barras de chocolate? —preguntó ella. Chase soltó una carcajada, la primera vez que lo veían hacerlo. Incluso Emma y Josh se le quedaron viendo.

—No, no un comercial, mi personaje se viste de mujer en la película. Por mi estatura, la mayoría de las tomas son sentado —bromeó, y luego añadió con suavidad—: Si le parece bien, ¿le gustaría acompañarme a la premiere?

—¿Cómo? Las entradas deben estar agotadas —intervino Josh.

—Tengo un cine en casa. Sería maravilloso si Peter también viene.

—Ah, es verdad —recordó Josh. Al lado de la casa principal, la propiedad de Chase tenía varios edificios más; uno de ellos era un cine. Nunca lo había visto en uso, pero mientras estuvo de servicio había admirado el equipo de última generación y la pantalla gigante.

—Hace tiempo que no voy al cine ¿Las entradas se compran por internet hoy en día? —preguntó la madre de Josh, curiosa. Josh estaba a punto de prometer llevarla a un cine de verdad en algún momento, pero Chase se le adelantó.

—Hay una taquilla, puesto de golosinas y todo lo demás. Pueden venir y disfrutarlo como en un cine de verdad.

—¿Dentro de tu casa? —soltó Emma de golpe, y luego cerró la boca inmediatamente. Chase asintió con una sonrisa.

—Intenté que fuera lo más parecido posible a uno real. Desde comprar las entradas en la taquilla, lo que sea que tenga un cine, lo podemos hacer. No se sentirá muy diferente.

Ese día, pondría a gente en la taquilla y crearía la experiencia completa. Tal vez hasta contrataría a unos cuantos espectadores. Imaginándolo, Josh levantó la vista y se encontró con los ojos de Chase. Incluso Josh, que estaba seguro de haberse cansado de esa cara, se sintió deslumbrado por la sonrisa de Chase. Su madre no fue la excepción, y Peter se quedó congelado con el tenedor en el aire.

Solo Emma mantuvo el juicio en su sitio.

✤✤✤✤✤✤

Tras una comida amena, la madre de Josh le dijo a su hijo que le mostrara la casa a Chase mientras ella preparaba café y servía algunos postres. Emma la ayudó, observando el estado de ánimo de su madre. A diferencia de antes, ahora tarareaba una melodía.

—Las galletas ya deben estar frías. Ponlas en un plato —dijo.

Emma traspasó las galletas recién horneadas de la bandeja, y luego murmuró lo suficientemente alto para que la oyera:

—Es famoso por tener mal carácter. No sé por qué está tan amable hoy.

Fingiendo no notar su intención, la madre de Josh respondió: —Depende de con quién esté. Tu padre en realidad tampoco tenía el mejor carácter.

—Ni hablar.

—Es verdad. No me di cuenta hasta después de casarnos. Me trataba tan bien que me dejé engañar.

Emma puso cara de pocos amigos.

—Tú misma lo dijiste, mamá. Vimos ese video de él dándole una paliza a un paparazzi y lo insultamos juntas.

Con cara de sorpresa, ella se rió y le restó importancia. —Estoy segura de que había una razón. Los paparazzi también son un problema. No puedes ir tomándole fotos a la gente así nada más, las personas tienen derecho a la privacidad.

—Mamá —exclamó Emma, exasperada. Perdiendo el interés, su madre cambió de tema.

—Lleva la bandeja afuera si ya terminaste. Josh ya debe estar bajando. Se me olvidó decirle que le enseñara los álbumes de fotos, bueno, ya se le ocurrirá a él.

Emma suspiró.

—Esta es la habitación de Peter —dijo Josh mientras abría la puerta al final del pasillo. Chase entró con cuidado. Encaramado en los hombros de Josh, Peter se acomodó al entrar a su cuarto.

—Toma asiento. —Josh le ofreció la silla al lado de la cama y fue hacia el estante de libros infantil. Trajo un álbum de fotos—. Estas son de cuando acababa de nacer, esta otra es en el hospital —dijo, pasando las páginas. La primera vez que sostuvo a Peter, su primer viaje al parque, el primer gateo de Peter, todo estaba allí. Chase escuchaba cada palabra y miraba cada foto como si quisiera grabársela en la retina, apenas atreviéndose a respirar por miedo a perderse de algo.

—Jason —dijo Peter de repente desde los hombros de Josh, señalando una foto de sí mismo sosteniendo su peluche de perrito favorito. Josh hizo una pausa y luego respondió—: Jason.

Peter se quedó en silencio. No se movió. Solo se le quedó viendo a la foto. El pecho de Chase se volvió pesado. Como intuyéndolo, Josh dijo con ligereza: —No es tu culpa. —Luego pasó la página. Peter dudó, pero no hizo berrinche. Josh continuó—: Te compraremos un peluche de perrito nuevo la próxima vez. Se me olvidó. ¿O tal vez un tigre?

Le plantó un beso en la mejilla al niño. Peter miró el álbum y respondió: —Pero, me gustan los perros.

—A Peter le gustan los perros —repitió Josh, pero ni él ni Chase pudieron responder nada más allá de eso.

—Ejem —dijo Josh tras una pausa—. Peter, tengo algo importante que decirte.

Peter lo miró. Josh lo bajó al suelo. Chase se imaginaba lo que se venía, pero sabía que era mejor no adelantarse, así que esperó con una mezcla de nervios y emoción. Mirando a Peter a los ojos, Josh empezó:

—Peter, ya conoces a esta persona, ¿te acuerdas?

Siguiendo las palabras de Josh, Peter levantó la cabeza. La mirada de Chase se encontró con la del niño. Chase se dio cuenta demasiado tarde de que se le había puesto la cara seria. Peter se sobresaltó y se escondió detrás de la espalda de Josh.

—No pasa nada —gesticuló Josh con la boca antes de que Chase se desanimara—. Le gustas.

Josh le había dicho lo mismo la primera vez que Peter conoció a Chase; también esa vez, Peter se escondió en los brazos de Josh. Josh conocía bien a Peter, pero ¿de verdad le gustaba? Chase sintió cómo se le iba la confianza por el piso.

Viendo su desilusión, Josh volvió a dirigirse al niño.

—¿Te acuerdas de cuando nos vimos antes? Él te salvó. —Josh jugó su última carta—: El día que perdiste a Jason.

Peter reaccionó por fin. Levantó la cabeza ligeramente.

—Así es —asintió Josh—. Es este hombre. El héroe que te salvó.

Avergonzado por la palabra héroe, Chase se aclaró la garganta. Peter parecía confundido, miró a Chase y luego le puso mala cara a Josh.

—Mentiroso.

—No es mentira.

—Sí lo es. Su cabello es diferente.

Solo entonces Josh se dio cuenta de por qué Peter estaba tan desconfiado. Durante aquel incidente, Chase se había teñido el cabello de negro para un papel. Ahora había vuelto a su rubio natural. Con razón el niño estaba confundido. El muro que tanto les había costado derribar había vuelto a levantarse.

—Debí habérmelo dejado teñido...

—No. A mí me gusta tu cabello rubio —dijo Josh de inmediato. Chase puso una sonrisa amarga y volvió a mirar a Peter. Josh pensó un momento. Aunque no lo reconociera como el héroe, Peter definitivamente sentía debilidad por él. Josh conocía las señales. La forma en que Peter no dejaba de intentar acurrucarse en él era exactamente como se había comportado el día que conocieron a Ryu, y la primera vez en el parque de atracciones.

—Cierto —dijo Josh, despegando a Peter de su pecho. El niño se revolvió para volver a agarrarse, pero Josh le sostuvo la mirada—. Peter, sé sincero ¿te gusta Chase?

—¿Este hombre? —Josh indicó con la barbilla. Peter se giró, sus miradas se cruzaron y Peter empezó a revolverse a más no poder.

—¡Ah, ah!

—Está bien, está bien. —Ahora estaba claro. Sosteniendo a Peter, Josh miró a Chase y le dijo—: Sí, es porque eres bonito.

Chase se quedó con la boca abierta. Josh añadió con total seriedad: —Cuando ve una cara que le gusta, siempre hace esto. Ha pasado unas cuantas veces antes de ti. Créeme. —Y luego a Peter—: ¿A que sí? Di la verdad.

—Peter... —lo animó, y por fin el niño levantó su carita sonrojada y miró a Chase.

—Bonito —susurró, y volvió a sepultarse en el hombro de Josh. Josh le lanzó una mirada triunfante a Chase.

—Entonces... ¿le gusto? —preguntó Chase, sin podérselo creer del todo.

Josh no le respondió directamente. —Peter, responde.

—Ch... —empezó Peter, pero un toque en la puerta los interrumpió y Emma asomó la cabeza.

—¿Qué hacen ahí? Vengan a tomar café.

Josh se levantó con Peter en brazos; Chase se puso de pie también. Al verlos salir juntos, la madre de Josh exclamó: —Qué bonita imagen. ¿A que sí, Emma?

Josh solo puso una sonrisa avergonzada. No comprobó la expresión de Chase. Emma, tomando asiento, dijo sin comprometerse mucho: —Bueno, no se veía mal.

Aun así, Peter solo respondió cuando dijeron su nombre varias veces, pero tanto Josh como Chase vieron claramente el pequeño asentimiento final. Chase soltó un suspiro de alivio. Josh le desordenó el cabello redondo al niño con una mirada que decía: «¿Ves?». Chase solo podía mirarlos embobado.

—Debí haber tomado una foto —suspiró la madre de Josh mientras se sentaba. Cuando Josh y Chase se acomodaron, volvió a hablar—: Peter es adorable, ¿verdad? —Sus ojos no se despegaban de la parte trasera de la cabeza del niño mientras continuaba, incapaz de ocultar su cariño—: No se imaginan lo felices que nos hace. Es tan dulce. Incluso cuando Josh pasa mucho tiempo fuera por trabajo, es muy paciente.

Acariciando al niño, murmuró: —Ojalá hubiera podido verlo crecer.

—Sí —dijo Chase tras un segundo—, eso habría sido maravilloso.

Todas las miradas se giraron hacia él. Él no dejaba de mirar a Peter. Quería estirar la mano y tocarlo, sus dedos golpeaban sin rumbo sobre su muslo, pero no se atrevía. Incluso Emma sintió una pizca de empatía; la madre de Josh tomó rápidamente un sorbo de café y miró hacia otro lado. Aclarándose la garganta, preguntó:

—¿Cómo se conocieron Josh y tú? Cuando dijo que traería al papá de Peter, nos quedamos en shock. ¿Verdad, Emma?

—Lo estuvimos —asintió Emma—. Y pensar que eras tú de entre todas las personas, nunca nos lo imaginamos. —Arrastró las palabras con un énfasis mordaz, pero nadie le siguió el juego. La madre de Josh se rió levemente y esperó. Josh respondió:

—Nos conocimos por el trabajo, como les dije.

—¿Ves? Te dije que suena diferente cuando él lo dice —lo reprendió ella con dulzura.

—Es lo mismo —añadió Chase—. Él destacaba demasiado como para olvidarlo; como guardaespaldas, era demasiado guapo.

—Lo sabía —dijo la madre de Josh con una sonrisa radiante—. Josh es la viva imagen de su padre. Nos enamoramos a primera vista. Dicen que las almas gemelas se reconocen al instante.

Los miró con cariño a ambos. —A ustedes les pasó lo mismo. Se reconocieron, pero no era el momento adecuado. Y aun así terminaron juntos.

—Final feliz —murmuró Emma, poco impresionada. El cambio repentino de opinión de su madre le molestaba. En su mente, la debilidad de Josh y Peter por las caras bonitas definitivamente venía de su madre.

—Por cierto —dijo Emma—, todo internet está ardiendo ¿Qué pasó con ese paparazzi?

—Emma —dijeron Josh y su madre al mismo tiempo, pero la expresión de Chase no cambió. Sosteniéndole la mirada afilada, Emma no dio un paso atrás. Chase, sin embargo, estaba pensando en algo completamente diferente, recordando cómo había juzgado mal a Emma y a la madre de Josh antes. Con razón Josh se había desesperado tanto; de verdad se parecían mucho, pensó.

—Sobre ese paparazzi —empezó Chase, mirando a Emma a los ojos. Todos se concentraron en él—. Llevaba un tiempo siguiéndome. Le advertí, pero no quiso escuchar. Ese día era importante para mí, así que estaba con los nervios de punta. Me bloqueó el paso y no dejaba de disparar el obturador. Le dije que se quitara y se negó. Luego me provocó y me dijo que lo golpeara.

—Así que le di lo que quería —concluyó. Ante eso, la madre de Josh se cubrió la boca y soltó un grito ahogado.

—Ya veo. —Y luego, con empatía—: La violencia está mal, pero a veces es inevitable. Las noticias no son justas; solo muestran un lado de la historia.

Emma no dijo nada más y le dio un sorbo a su café que se enfriaba. La madre de Josh añadió unas palabras sobre lo manipuladores que podían ser los medios de comunicación y luego cambió de tema. Tras un poco más de charla amena, Josh se levantó para ir a acostar al adormilado Peter.

—¿Quieres venir? —preguntó. Chase se levantó de inmediato. Josh acunó a Peter con un brazo de forma natural y le tendió la mano libre a Chase. Su madre vio a los dos subir las escaleras tomados de la mano con una expresión de satisfacción. Quedándose sola, dejó ir un suspiro lleno de paz.

—Me alegra tanto que Josh haya encontrado a un buen hombre. Y que sea el papá de Peter. Es perfecto.

—Te parece un buen hombre, ¿eh? Nueve de cada diez personas dicen que es una basura —se quejó Emma. A su madre se le abrieron los ojos de par en par.

—¿Basura? Eso es muy duro, Emma. Parece encantador.

Emma sintió el impulso de enumerar cada cosa escandalosa que Chase había dicho o hecho, en el rodaje, en su vida privada, incluso en la alfombra roja, pero era demasiado. Solo de pensarlo se cansaba. Al final solo pudo decir: —Una cara bonita no hace a una buena persona, mamá.

—La cara es el espejo del alma —le respondió su madre.

✤✤✤✤✤✤

Josh acostó con cuidado a Peter en su cuna y se enderezó. A su lado, Chase miraba fijamente al niño dormido. Incluso ahora no se atrevía a estirar la mano, temeroso de ser rechazado.

—Chase —dijo Josh con voz suave. Tardo unos segundos para que Chase pudiera desviar los ojos. Josh le hizo una propuesta—: ¿Quieres pasar un día entero a solas con Peter?

—¿Qué?

—Si quieres ganártelo, pasar tiempo juntos es lo mejor. Te aceptará como su papá de forma natural. Pensé que reconocería tu cara de antes, pero volvimos al punto de partida.

—Podría volverme a teñir el cabello —ofreció Chase.

—No —dijo Josh con firmeza. Luego, más dulce—: No puedes tenerlo teñido para siempre. Cuando empieces el próximo proyecto, quién sabe de qué color lo tendrás. Tiene que acostumbrarse a ti tal como eres.

Chase sabía que Josh tenía razón, pero no podía evitar la impaciencia que sentía al recordar la forma en que Peter no dejaba de esconderse.

—Ojalá pudiera recordarlo —murmuró, mirando a Peter—. Desde el principio. Si tan solo recordara aquel día.

Si lo hubiera hecho, tal vez Chase habría podido quedarse al lado de Josh durante el embarazo y ver cada escena de ese álbum. Cuando Josh lo pasó mal, cuando entró a cirugía, cuando el bebé se despertaba llorando por la noche, él habría corrido a ayudar.

Si eso hubiera pasado, no me estaría dando la espalda ahora mismo.

La expresión de Chase mientras miraba a Peter era desoladora. Josh no necesitaba palabras para saber lo que estaba pensando, y la culpa era inevitable. Él le había robado esa oportunidad a Chase, aunque nunca se imaginó que las cosas saldrían así.

—Está bien, Chase —dijo Josh—. Podemos empezar ahora. Peter se acostumbrará a ti muy rápido. Serás un gran papá.

Chase no respondió. Tomó la mano de Josh y le besó la palma. Eso fue suficiente para Josh. Salieron en silencio de la habitación y, al hacerlo, se le ocurrió una pregunta.

—Por cierto ¿Cuál era ese día tan importante que mencionaste?

Chase parpadeó. Josh le aclaró: —El día que te peleaste con el paparazzi. ¿Y acaso no te puso una demanda? Dijeron que quedó muy malherido.

—Mi abogado se encargará de eso —dijo Chase.

—Entendido. —Josh aceptó eso encogiéndose de hombros, y luego volvió a preguntar—: ¿Entonces qué día era?

La curiosidad lo carcomía ¿Por qué Chase había estado tan tenso después de una racha relativamente tranquila? Chase lo miró de reojo y dijo: —Es un secreto.

Sonrió y empezó a bajar las escaleras. Quedándose atrás, Josh abrió las manos frustrado, pero Chase no dijo más. A mitad de camino, Chase se detuvo y miró hacia arriba.

Josh pensó que le respondería, pero no. —¿Cuándo puedo pasar tiempo con Peter? —preguntó Chase con naturalidad, ocultando la tensión tras sus palabras. Sabiendo que no obtendría su respuesta, Josh se dio por vencido.

—Bueno, tu agenda es lo primero. Estás más ocupado que Peter, ¿no?

—¿Acaso él no tiene agenda? —bromeó Chase.

—Mmm. —Viendo la travesura en sus ojos violetas, Josh le siguió el juego—. Si te doy una fecha, puedes despejar el día, ¿verdad?

—Por favor —suspiró Chase, como una plegaria. Josh soltó una carcajada. Chase sonrió, ladeó la cabeza y Josh cerró los ojos para recibir su beso. Chase se apoyó contra la pared. Josh se inclinó hacia él. En el rincón apartado al final de las escaleras, compartieron un beso íntimo y secreto. A través de la puerta abierta de la cocina, el tenue sonido de unos campanillas de viento flotaba con la brisa.

Nota Lucy:  Aw que bonito, esta parejita me da mil años de vida... Los amo :3


Capítulo 17

—Josh ¿Cuánto tiempo ha pasado? ¿Has estado bien?

—Oye, tu cara se ve mucho mejor. Se siente bien estar fuera de servicio, ¿eh? ¿Se siente bien?

—Jo, de verdad me alegra mucho verte. Te extrañé.

Después de Seth, Henry armó un escándalo ruidoso, actuando con familiaridad, pero de inmediato se dio la vuelta ante lo que dijo Isaac, quien los saludó a continuación.

Ese imbécil despistado.

Chasqueando la lengua para sus adentros, Seth fingió no darse cuenta y mantuvo su atención en Josh. Josh había pasado por el lugar donde se alojaba el equipo. Tras saludar a cada uno por turno, tomó la palabra.

—¿Todos bien? Me alegra que el trabajo haya terminado sin ningún incidente grave.

—Sí, bueno, hubo ese incidente reciente...

Cuando Seth dejó la frase en el aire, Isaac habló a la ligera, como si no fuera nada:

—Eso no fue nada. Para los estándares del nivel C, estuvo bastante tranquilo.

—Cierto.

—Así es.

Seth y Henry coincidieron por turnos. Josh solo pudo soltar una risita.

Laura les había notificado el día anterior que el contrato había terminado. En la práctica, Josh había recibido la orden de irse a casa en lugar de reincorporarse, lo que venía siendo lo mismo. Como era de esperarse, todos parecían estar empacando; el lugar era un desastre. Justo en ese momento, Mark regresó al alojamiento y divisó a Josh.

—¡Josh! ¡Tú!

Mark abrió los brazos de par en par y lo envolvió en un abrazo, sobándole la espalda con fuerza antes de soltarlo otra vez.

—La has pasado difícil, ¿verdad? Ya todo terminó, volvamos a casa.

Con ambas manos sobre los hombros de Josh y la cara llena de confianza, le habló, pero Josh no fue capaz de asentir. En su lugar, puso un gesto torpe, y todos los presentes presintieron que algo andaba mal.

—¿Qué pasa, tienes asuntos pendientes?

Como era de esperarse, Seth, siempre astuto, intervino al instante. Isaac lo miró, confundido.

—¿Asuntos pendientes?

Seth, que estaba acostumbrado a este tipo de cosas, añadió una explicación:

—Si no reacciona ante la idea de volver, suena a que hay algo aquí que le impide irse, ¿no?

Al igual que los demás, a Josh no le quedó más remedio que ceder. Sorprendido de nuevo por la agudeza de Seth, asintió con la cabeza.

—Sí. De hecho, eso es parte de lo que necesito hablar con ustedes.

Una leve tensión recorrió el ambiente relajado. Henry sacó su teléfono para buscar la nota donde había anotado los términos de una apuesta; Isaac miró a Peter con el rostro rígido; Mark se preparó mentalmente para no sorprenderse por nada de lo que saliera de la boca de Josh. Mientras tanto, Seth, curioso por saber si su suposición era correcta, observaba los labios de Josh. Por fin, Josh habló:

—Sobre el trabajo de aquí en adelante, el plan es aceptar misiones en equipo en la medida de lo posible. A menos que sea un caso muy, muy especial, nadie se quedará fuera.

—Ah. Entonces estamos bien.

Mark se relajó al decirlo, pero los demás sintieron algo distinto. Seth le lanzó a Mark una rara mirada de reojo por interrumpir a Josh, y luego presionó a Josh:

—¿Y? Eso no es todo lo que tienes que decir, ¿verdad?

—Por supuesto que no. Aquí viene lo importante.

La tensión volvió a apoderarse de ellos. Josh se aclaró la garganta y luego dijo:

—La verdad es que, este... me voy a casar.

Había esperado gritos de sorpresa por todos lados, pero en su lugar ocurrió todo lo contrario: un silencio de tumba. Ni siquiera el sonido de la respiración. Ante esos ojos desorbitados y bocas abiertas, Josh se rascó la cabeza con torpeza.

—Oigan, tampoco es para tanto...

Esa frase funcionó como una señal; todos salieron de su estupor y reaccionaron de forma mucho más intensa de lo que Josh había imaginado.

—¿Casarte? ¡No digas pendejadas! ¿Casarte?

—¿Escuché bien? Ay, Josh ¿Qué me acabas de decir?

—¿Te vas a casar, Josh? Ni siquiera sabía que estabas saliendo con alguien ¿y ahora te casas?

—Estás bromeando, ¿verdad? ¿Esto es una broma para un programa de cámara oculta? Vi uno de esos programas donde le hacen bromas a la gente común...

—Ahí emboscan a peatones al azar y montan una escena. ¿Quién le haría una broma con cámara oculta a Josh?

Incluso en medio del caos, solo Seth replicó con una corrección tajante. Mark parpadeó confundido, pero aun así protestó:

—¿Tal vez están probando cómo reaccionaría la gente de su entorno en una situación como esta? Y por qué no habrían de conocer a Josh... Josh es...

—Un guardaespaldas. El as de nuestro equipo.

—Eso, nuestro as. Josh es prácticamente de la familia. Pero si te casas ¿Qué pasa con nosotros? ¿Tenemos que mudarnos todos aquí también? ¿O simplemente aceptamos trabajos y nos encontramos donde sea? Josh ¿Qué clase de rayo es este?

Mark, y luego todos los demás, parecieron entrar en pánico y empezaron a soltar lo primero que se les venía a la mente. Henry gritaba que el mundo se iba a acabar mañana, que se iría a Las Vegas a gastarse todo su sueldo, que siempre había querido un hámster de mascota pero que de todos modos nunca nada le salía bien; Isaac se le quedó viendo a la nada, luego empezó a recitar una oración de repente, perdió el hilo, se agarró la cabeza y empezó a murmurar un francés incomprensible. En medio del caos, los únicos tranquilos en la superficie eran Seth y Josh. Observando el frenesí de los demás en silencio, Seth giró la mirada hacia Josh como diciendo: ¿Pero qué demonios está pasando?

Josh esperó hasta que los demás mostraron señales de calmarse, y luego se aclaró la garganta para llamar su atención. La habitación se quedó en absoluto silencio al instante.

—No sé por qué se sorprenden tanto.

—¡Cómo no nos vamos a sorprender, si tú, de entre todas las personas, te vas a casar!

—¿De verdad te vas a casar? ¿Acaso fuiste a Las Vegas en tu tiempo libre, te emborrachaste y cometiste un error?

—Si fue eso, seguro que lo puedes anular, ¿no? ¿Cuánto tiempo ha pasado? Si lo tramitas dentro del plazo...

A medida que las preguntas llovían, una ola de irritación empezó a crecer dentro de Josh.

—¿Por qué demonios, apenas digo que me voy a casar, todos saltan directo al divorcio?

No pudo evitar soltar el manotazo, y ellos se detuvieron a mitad de la frase. Al ver su reacción, Josh se arrepintió, pero tampoco pensaba que estuviera equivocado. Aunque fuera la primera vez que lo oían, cada vez que anunciaba su matrimonio, recibía la misma respuesta. Era imposible no hartarse.

Soltó un suspiro, se calmó y continuó:

—No fue un error, y no se trata de cualquier persona. Soy yo el que se casa, Mark.

Josh lo afirmó con frialdad, y antes de que pudieran empezar a gritar de nuevo, se apresuró a añadir:

—Mi pareja es el papá de Peter.

—¡Espera! ¿Qué acabas de decir?

—¿De verdad esto no es una cámara oculta? ¿Dónde está la cámara? Búsquenla.

Los gritos volvieron a estallar por todos lados. Incluso Seth, aparentemente tomado por sorpresa, abrió los ojos de par en par.

—Aguanta un segundo, Josh. No te estoy siguiendo. —Le tendió la palma de la mano como pidiéndole pausa—. ¿Te vas a casar con el papá de Peter? ¿O sea que ustedes dos se han estado viendo a nuestras espaldas? ¿Desde cuándo?

Henry estuvo a punto de gritar: «¡¿Desde cuándo, exactamente?!», pero apenas logró contenerse. Al menos tenía el sentido común suficiente para leer el ambiente. Apretando los labios, esperó la respuesta de Josh. Seth, aclarándose la garganta de forma inusual, continuó:

—¿Pasó algo mientras te obligaron a tomarte ese tiempo libre? Perdona si suena grosero, pero francamente, eres mi candidato número uno para "la persona menos probable en casarse". Y ahora eres el primero de todos mis candidatos en anunciarlo. ¿Qué pasó? ¿Y el papá de Peter es un hombre? ¿Fue un reencuentro con un alfa? Perdona por tantas preguntas, es solo que estoy muy confundido.

Josh se encontró envidiando la capacidad de Seth para formular sus preguntas de forma tan serena y directa, y también pensando que sería agradable ser así. Cuando Seth terminó, los demás esperaron en silencio la respuesta de Josh. Tenían mucho que decir, pero esas eran las preguntas clave. Josh suspiró y empezó. Todos observaban su boca; Josh, sintiendo la presión, solo pudo soltar una risa amarga.

—¿No hay... otra opción?

Intentó hacer una broma, pero solo obtuvo un frío: «Habla. Ahora», por parte de Seth.

Los demás tenían la misma cara. A Josh no le quedó más remedio que repasar su lista preparada, respondiendo punto por punto.

—Conocí al papá de Peter cuando vinimos a California la vez pasada. Cada quien tomó su camino y nos olvidamos el uno del otro, y luego nos volvimos a encontrar cuando vine aquí para este trabajo.

—¿Siempre te gustó, Josh?

—Cállate, Isaac.

Aprestando los dientes, Henry lo cortó. Josh lo mantuvo lo más profesional posible:

—Las cosas simplemente... conectaron. Decidimos casarnos. Se lo voy a explicar todo a Peter pronto. También planeo mudarme aquí, pero si sale trabajo, me uniré desde donde esté. No voy a renunciar.

Ahora venía la mina más grande. Los demás estaban confundidos, pero parecían estar aceptándolo; eso fue antes de que Josh sacara la bomba que tenía guardada. Pero incluso antes de que pudiera hacerlo, ocurrió algo inesperado. Seth miró a Henry y dijo:

—Muy bien. Yo gano. Paga.

—...Maldita sea.

Maldiciendo, Henry hurgó en su bolsillo, sacó un billete arrugado y se lo entregó en la mano extendida a Seth. Dejando al desconcertado Josh en suspenso, Mark solo se rió; Isaac únicamente agachó la cabeza. ¿Pero qué demonios...?

—Josh, para serte sincero, llevamos un tiempo pensando que tu comportamiento ha estado raro.

Seth, revisando el billete, habló en su tono tranquilo habitual. Viendo el desconcierto de Josh ante el nuevo tema, continuó con total naturalidad:

—Isaac fue el primero en decir que habías estado actuando raro últimamente...

Seth desvió los ojos hacia Isaac y luego volvió a mirar a Josh.

—Todos empezamos a adivinar la razón e hicimos una pequeña apuesta por diversión. Como puedes ver, gracias a ti, me acabo de ganar un dinero.

Sonrió y meneó el billete entre dos dedos. Josh, estupefacto, miró a su alrededor; Isaac, con cara de avergonzado, asintió.

—Pensé que estabas enfermo y que nos lo estabas ocultando mientras ibas al hospital.

—Ni de chiste...

Josh empezó a hablar, pero Henry saltó rápido:

—¡Exacto! Este idiota hasta adivinó como un idiota.

Sin perder nunca la oportunidad de molestar a Isaac, el dardo de Henry hizo que Mark soltara una carcajada detrás de él.

—¿Sabes qué adivinó Henry? Que te habías metido al juego.

Henry se mantuvo desafiante:

—El juego no es una suposición tan estúpida como "está yendo en secreto al hospital", Mark.

—El estúpido eres tú —le espetó Henry a Isaac otra vez de remate, y Josh giró la mirada hacia Seth.

—¿Y tú apostaste a que estaba saliendo con alguien?

—Sí.

Seth sonrió, una sonrisa confiada que decía que sabía que tendría razón. Josh le devolvió la sonrisa y le advirtió dulcemente:

—Un día de estos te van a secuestrar en la calle y vas a desaparecer sin dejar rastro, Seth.

—¿A mí? ¿Por qué?

Por ser demasiado listo, pero esta vez Seth no entendió la razón. Josh lo dejó pasar y cambió de tema.

—En fin, me alegra que todos lo entiendan. Si llegaba al caso, estaba listo para que me despidieran.

—No, jamás. Eso no va a pasar. No te preocupes por eso, Josh.

Mark agitó las manos rápidamente, negándolo. Con la sonrisa más amable que jamás había puesto, añadió:

—Quédate todo el tiempo que quieras. Nuestra empresa siempre tendrá las puertas abiertas para ti.

—Gracias, Mark.

Se estrecharon las manos con tranquila confianza. Viéndolos, Isaac habló sin pensar:

—Pero Josh ¿Quién es?

Josh titubeó, y Mark, como si se le acabara de ocurrir, continuó:

—Cierto, ¿Dónde va a ser la boda? ¿Deberíamos ir pidiendo los esmóquines?

Sonando emocionado de solo pensar en ser padrino de boda, la voz de Mark subió un tono. Josh, que no había pensado tan lejos, se dio cuenta tarde de que necesitaría padrinos.

—Sí, voy a averiguar qué necesitamos y les aviso. Si están dispuestos, me gustaría pedirles que sean mis padrinos.

Josh miró al equipo como queriendo decir que se refería a todos ellos. Seth asintió como si fuera obvio, e Isaac murmuró un pequeño: «Sí». Henry no necesitó decir nada: sus ojos brillantes y sus mejillas sonrojadas fueron respuesta suficiente.

—¿Quién va a atrapar el ramo?

Ante la pregunta de Henry, Josh frunció el ceño sin pensar.

—¿El ramo?

—¿Acaso hace falta uno? Recuerda que él también es papá.

—Ah.

Henry se desinfló al instante. Josh pensó, no por primera vez, que Henry era mucho más romántico de lo que aparentaba. Con sus facciones finas, un ramo le sentaría bien. Mientras pensaba en eso, Mark habló:

—Hay mucho que preparar para una boda. Si tienes preguntas, dime a mí, yo ya pasé por eso. ¿Debería llamar a Janet? De hecho, estaba pensando en traer a toda la familia aquí de vacaciones.

Entre la tarifa original y el bono por la extensión, habían ganado mucho más de lo esperado. Incluso habían estado barajando la idea de que podían darse el lujo de no hacer nada durante un año. Mark había decidido tomarse unas largas vacaciones con su familia; Isaac planeaba visitar Canadá; Seth dijo que pensaría qué hacer a continuación. Por supuesto, estas conversaciones ocurrieron cuando Henry no estaba cerca. Sin saber que ya se habían realizado todos los pagos, Henry echaba chispas ante las palabras de Mark.

—¿Por qué sueltas el pago a cuentagotas? Cuando tienes dinero más que suficiente.

Mark se hizo el desentendido mientras Henry se desahogaba. Era la única forma de evitar que Henry se gastara todo en el juego o se emborrachara en cuanto el dinero cayera a su cuenta. Los demás estuvieron de acuerdo. Como resultado, Henry era el único que no tenía planes de vacaciones. Aun así, como tenía la costumbre de quemar el dinero en cuanto lo tenía, no dudaba de que los demás, al ser diligentes, tuvieran ahorros, por lo que no sospechaba de sus charlas sobre las vacaciones.

¿Cómo puede ser tan ingenuo y aun así apostar?

Josh miró a Henry con una mezcla de lástima y desconcierto; todos tenían el mismo pensamiento. Mark cambió de tema con naturalidad.

—Entonces buscaré un lugar para que se quede mi familia. Avísame el calendario cuando esté fijado, Josh. Isaac ¿Tienes que posponer tu viaje a casa?

—No es urgente, así que está bien.

Isaac respondió en su tono apacible habitual. «De acuerdo», dijo Mark, y luego añadió en tono de broma:

—Por cierto ¿Quién es? No es alguien a quien conozcamos... ¿verdad?

—Es alguien a quien todos conocen.

Ante la respuesta de Josh, la atmósfera, que apenas se estaba calmando, volvió a dispararse.

—¿Qué? ¿Alguien a quien conocemos?

—¿Entonces un empleado?

—No, dijo que lo conoció la última vez en California. Probablemente no sea del equipo de filmación.

Después de que Isaac, sorprendido, hablara, Henry añadió su idea, y Seth sacudió la cabeza con frialdad. Todos intentaron recordar cuándo había estado Josh en California por última vez. Tal vez no había sido por trabajo, en cuyo caso el abanico de candidatos era enorme.

—¿Cuántos años tiene Peter?

Basarse en la edad del niño era un enfoque bastante razonable. Mark lo dijo, y Josh pensó: Bueno, tener tres hijos debe afinar el cerebro de esa manera. Mientras lanzaban suposiciones de un lado a otro, Josh estaba a punto de darles la respuesta cuando...

—Paren ahí.

Presintiéndolo como un fantasma, Henry lo cortó por un pelo.

—No lo digas. Espera.

Mientras Josh dudaba, Henry empezó a sacar billetes de su bolsillo.

—Apuesta. Todos entran.

A diferencia de la última vez, todos, llenos de curiosidad, sacaron dinero. Seth estaba a punto de poner su parte cuando Henry le agarró la muñeca de repente.

—Tú no, Seth. Tú apostaste la vez pasada.

—¿Qué?

Henry le lanzó una sonrisa maliciosa al atónito Seth.

—Todos recordamos a quién elegiste ¿Verdad?

—Por supuesto.

—Sí, yo me acuerdo.

Mark asintió, Isaac le hizo eco. Seth, que había elegido a la persona menos probable por el bien de sus compañeros, estaba indignado.

—Bien. Pero si tengo razón, el pozo se duplica, no lo olviden.

Aprestando los dientes, Seth les advirtió; Mark, Isaac e incluso Henry soltaron carcajadas alegres.

—Hecho.

—Bien, si tienes razón.

—Ya, suficiente. ¿Quién es? ¿Quién?

Henry juntó los votos. Tras pensarlo detenidamente, Mark dio una suposición vaga: «Un alfa que conoció en vacaciones», e Isaac habló con seriedad:

—Había un alfa entre el personal que entraba y salía de la mansión de C en ese entonces. Creo que estaba del lado de la coordinación. La mayoría del personal de C renunció, solo unos pocos se quedaron, y ese tipo todavía está allí. Apuesto mi dinero por él.

Isaac, sorpresivamente observador y con buena memoria para las personas, expuso su razonamiento en detalle. En contraste, Henry —que tenía cero intuición— lo pensó bien y luego dijo algo descabellado:

—Dijo "papá" para despistarnos. ¡La pareja de Josh es una mujer!

Los demás se rieron, pero solo Isaac se sintió tentado. —¿Ah, en serio? —Abrió mucho los ojos y se sobó la barbilla con seriedad—. Pensándolo bien, Josh siempre está rodeado de mujeres.

Observándolo, los demás, excepto Henry, tuvieron el mismo pensamiento: Con los oídos tan blandos, por supuesto que Henry le saca dinero todo el tiempo.

—Muy bien, hora del resultado. Dinos, Josh. Estamos listos.

Henry, sonrojado y entusiasmado, lo apresuró. Viendo lo mucho que estaba disfrutando esto, Josh pensó que si esto los hacía felices, era suficiente, aunque no durara mucho. Habló en un tono parejo.

—El papá de Peter es...

El silencio más largo y pesado del día se apoderó del lugar. Como un fotograma pausado, nadie se movió; solo se le quedaron viendo a Josh. Solo reaccionaron cuando ya no pudieron aguantar más la respiración y Henry finalmente soltó un silbido ahogado.

—Espera ¿Escuché bien?

Miró hacia atrás mientras hablaba, pero los demás no estaban mucho mejor.

—No sé, he estado oyendo mal últimamente.

Ante las palabras de Isaac, Mark asintió también.

—Hubo muchas explosiones en el rodaje. Si el zumbido no para, puedes perder la audición. Todos deberíamos ir al hospital mientras estamos de descanso.

Incluso Seth le siguió el juego:

—Ah, con razón. A mí también se me han estado yendo palabras últimamente. Debería hacerme revisar.

—¿Qué hospitales hay cerca?

Cambiaron rápidamente de tema hacia los hospitales y se pusieron a charlar acaloradamente. Para un extraño, podría haber parecido una conversación normal, pero Josh, que había vivido y trabajado con ellos durante años, lo sabía: todos estaban huyendo de la realidad.

—Entiendo por qué hacen esto, pero no escucharon mal.

Josh rompió su ilusión, fríamente. Sus compañeros, con las caras poniéndose pálidas mientras lo miraban de nuevo, recibieron un recordatorio brutal.

—El papá de Peter es C.

—Chase Miller.

Con esa última línea, ya no había ningún lugar adonde huir. Viendo sus caras blancas y espantadas, Josh miró hacia otro lado, avergonzado.

—Isaac.

Sin quitarle la vista de encima a Josh, Seth sacó el dinero de la apuesta que acababa de tomar y se lo tendió a Isaac.

—Parece que ganaste. Josh de verdad está muy enfermo.

Isaac desvió la mirada del dinero en la mano de Seth hacia Josh, con la incredulidad aún grabada en el rostro.

—Así son las cosas.

Josh se rascó la cabeza, torpe. Henry, que se había quedado sin palabras, explotó de repente.

—¿Cómo que "así son las cosas"? ¿Qué quieres decir con que "así son las cosas"?

Con eso, abrió de un tirón la maleta que había empacado, buscó una memoria USB y se la puso enfrente.

—¡Esto, Mark, ¿te acuerdas?! ¿No te acuerdas de cómo le diste una paliza a Chase Miller? ¡He visto esto una y otra vez! ¡Lo subí a la nube por si lo perdía e incluso compré tres memorias USB más para guardarlo! Para poder disfrutar de esa escena gloriosa por el resto de mi vida...

—Espera ¿de qué estás hablando?

Mark intervino, con la cara seria de repente. Henry se dio cuenta demasiado tarde: Ah, mierda, pero el daño ya estaba hecho. Mark lo miró fijamente, con voz dura.

—Revisar el material en el sitio es una cosa ¿pero copiarlo para uso personal? ¿Y subirlo a la nube? Dejé pasar el asunto pensando que te cansarías y lo borrarías tú mismo, ¿pero esto te parece remotamente correcto? ¿Mi empleado robando datos de un cliente?

Para Mark, que valoraba la seguridad por encima de todo y se sentía orgulloso de ello, esto era imperdonable. Henry lo sabía también; no había excusa.

—No, Mark, eso no es...

—¿No es qué? Henry ¿Cómo pudiste hacer eso? ¿Eh? Hay un límite para lo que te puedes burlar de mí.

Mark estaba furioso, algo muy raro en él. Al final, Henry se disculpó una y otra vez, y luego, bajo la mirada de Mark, borró los datos de la nube y le entregó todas las copias de las memorias USB.

—Escuché que eran cuatro memorias USB.

Mark le repitió fríamente a Henry sus propias palabras.

—Dijiste que compraste tres más ¿no? Eso significa que queda una más. Entrégalas todas, antes de que me enoje de verdad.

Presionado de nuevo, Henry finalmente entregó la última memoria USB oculta. Alterado por el matrimonio de Josh, luego por la confiscación de su tesoro y por la reprimenda, el ánimo de Henry se fue al piso.

Desplomándose en el sofá, a punto de llorar, despertó la simpatía de todos. Sí, era imprudente y adicto al juego, pero no era del tipo que robaba material o traicionaba a sus clientes, Mark lo sabía. De lo contrario, aun sabiendo sobre su descuidada vida privada, Mark no habría trabajado con él durante años.

Pero las reglas eran las reglas. Incluso las pequeñas infracciones tenían que tratarse con firmeza. El propio Mark destruyó las memorias USB y luego pisoteó los pedazos bajo sus pies. Los demás observaban en silencio.

—No vuelvas a hacer nada parecido jamás.

Mark barrió los restos dentro de una bolsa con cierre. Los quemaría más tarde.

Otro pesado silencio se apoderó de la habitación. Todos, por sus propias razones, se quedaron sentados con su mal humor sin decir nada. De repente, Isaac recordó algo.

—Espera, ¿no dijiste que visitaste su casa la última vez? Solo te llevaste al equipo de seguridad habitual y nos dejaste a nosotros en espera. Pensamos que era porque te habían quitado de la escolta.

—Y sentimos lástima por ti. Somos unos idiotas.

Seth replicó de inmediato. Buen punto: no había forma de que Chase Miller tuviera un gesto tan considerado con un empleado. Josh respondió con la verdad:

—Ese día, conocí a Danny y a su hermano menor y me presenté.

Mark dejó ir un suspiro de incredulidad. Silencio otra vez. Sus mentes parecían haberse quedado en blanco.

Viendo el ambiente, Josh se aclaró la garganta. Los demás lo miraron; él les puso una sonrisa torpe.

—Entonces me voy. Dejaré mis cosas por ahora y volveré por ellas más tarde...

Seguía hablando, pero nadie escuchaba una palabra. Josh les estrechó la mano uno por uno y se fue. Lo último que dijo fue: «Estaré en contacto».

Cuando la puerta se cerró, los que quedaron adentro finalmente volvieron un poco en sí. Henry se levantó con un suspiro, sacó dinero de su bolsillo y se lo tendió a Seth.

—¿Qué?

Seth puso cara de confundido. Henry, con el rostro sombrío, dijo:

—Ganaste.

Seth se dio cuenta de que había salido victorioso. Isaac hizo lo mismo, entregándole su dinero, y luego Mark. El dinero se amontonó en las manos de Seth; nunca se había sentido tan sucio por ganar una apuesta.

—Mark, Henry, Isaac.

Los llamó con voz baja.

—Vamos a tomar. Yo invito.

Nadie lo dudó; salieron del alojamiento. Era temprano, pero a quién le importaba. No tenían la menor confianza de poder superar este impacto sin emborracharse por completo.

—Mark ¿de verdad tenemos que ser los padrinos?

Antes de encender el auto, Seth preguntó. A Mark se le cayó la cara al recordar la escena. Henry empezó a gritar otra vez:

—¿Por qué abriste la boca y provocaste esto sin que te lo pidieran? ¡Josh ni siquiera había pensado en los padrinos! Ahora que sabemos quién es ¿quieres que nos quedemos allí parados en esmoquin? ¿Tengo que ver a ese bastardo loco incluso después de que termine el contrato? ¿Eh? ¡¿Eh?!

Gritó a todo pulmón, pataleando. Mark no tenía nada con qué calmarlo. «Yo tampoco lo sabía», murmuró, pero eso solo avivó la furia de Henry. Nadie defendió a Mark. Antes se habían empatizado con su postura; ahora ni eso quedaba. Isaac, en el asiento del copiloto, miraba tercamente por la ventana sin decir una palabra mientras Seth conducía con expresión fría. Henry no dejó de aullar en todo el camino.

Con los papeles invertidos respecto a antes, Mark solo podía agachar la cabeza mientras Henry lo despedazaba, y Henry no paró hasta que llegaron al bar.


Capítulo 18

Al ser coreano-Estadounidense se lo puso bastante difícil. Pasaron varios días más antes de que Chase pudiera ver a Peter de nuevo. Mientras tanto, se esforzó al máximo con una agenda apretada, haciendo todo lo posible por despejar un día entero. Cuando por fin logró reservar un día libre para Peter, empezó a planear cómo aprovecharlo como era debido.

Cuando le pidió consejo a Laura, que tenía un hijo de una edad similar, ella miró instintivamente por la ventana. El mundo no parecía estarse derrumbando. Confundida pero sincera, le dio sus recomendaciones. Y, al fin, llegó el día.

—Chase ¿Qué te pasa en los ojos?

Josh, que había ido a la mansión de Chase según lo acordado, abrió mucho los ojos en cuanto lo vio y le examinó el rostro desde distintos ángulos. Avergonzado, Chase respondió:

—No es nada, solo que no he dormido mucho.

—No parece "solo un poco".

Sus dos ojos, inyectados en sangre y rojos, hablaban claramente de falta de sueño y cansancio. Bromeando al principio, Josh añadió al poco tiempo con voz baja y seria:

—No te apresures. Hay mucho tiempo.

Tras decir eso, miró hacia abajo. Peter, como de costumbre, estaba aferrado a la pierna de Josh.

Hablando con dulzura, Josh tomó a Peter por los hombros y lo empujó suavemente hacia adelante.

Hoy, Peter llevaba el sombrero de paja tipo boater que su madre le había comprado el día anterior, junto con una camisa de marinero y pantalones cortos. Cuando se había mirado al espejo esa mañana, se había emocionado diciendo que se parecía a un héroe de dibujos animados que había visto recientemente en la televisión. Lo único que realmente compartía con ese héroe era el sombrero de paja, pero Peter se veía tan adorable que Josh estuvo de acuerdo con él una y otra vez.

—¿Lindo, verdad?

Presentando con orgullo al niño ante Chase, Josh colmó las mejillas de Peter a besos. Acostumbrado a esto, Peter se retorció, soltando risitas por las cosquillas, pero sin resistirse a las demostraciones abiertas de afecto de Josh. Chase simplemente los observaba en silencio. Tras un último beso estampado en los labios del pequeño, Josh levantó la cabeza. Su mirada se encontró de inmediato con la de Chase.

—Peter —empezó Josh—. Saluda, ¿recuerdas? Él es el Sr. Chase Miller. Lo conociste la vez pasada.

Peter levantó la vista, pero la cara de Chase estaba demasiado alta, y el sombrero del niño era tan grande que al alzar la cabeza se le fue hacia adelante cubriéndole la nariz. Sonriendo, Josh le echó el sombrero hacia atrás para ampliarle la visión. Chase se arrodilló entonces frente a Peter.

—Hola, Peter ¿Has estado bien?

La voz de Chase era más suave de lo habitual, aunque temblaba ligeramente. Josh notó sus nervios, pero fingió no darse cuenta. En su lugar, despegó con cuidado a Peter mientras el niño intentaba aferrarse a él de nuevo y habló con la mayor naturalidad posible.

—Peter, papá tiene que ir a trabajar hoy ¿Podrías pasar el día con el Sr. Miller?

—¿Ah?

El niño se giró hacia Josh, sorprendido. Sus ojos bien abiertos, claramente no preparados para esto, se llenaron de confusión y ansiedad.

—Te dije que iríamos a Disneylandia.

Josh le susurró una rápida excusa a Chase y luego volvió a hablarle a Peter.

—Resulta que Disneylandia está cerrado hoy, así que iremos a un parque de atracciones diferente. Papá va a revisar cuál ¿Podrías esperar con el Sr. Miller mientras tanto? ¿Puedes hacer eso?

—Este...

Peter parpadeó varias veces, incapaz de responder de inmediato. Inquieto con las manos y balanceándose, mostraba su ansiedad a la vista de todos. Chase se tragó una oleada de pánico. Si perdiera esta oportunidad, tal vez nunca arreglaría su relación con Peter. Chase no quería perder ni un solo día sin él.

Justo en ese momento, la mirada de Peter se posó en Chase. En cuanto sus ojos se cruzaron, el niño dio un brinco y rodeó a Josh con los brazos. Chase sintió que un suspiro le salía del pecho; así que era el mismo patrón de siempre, cuando de pronto las palabras de Josh le vinieron a la mente:

«No te preocupes. Le vas a gustar. Porque...»

Chase no había escuchado el resto. Pero, de alguna manera, sintió que sabía lo que habría dicho.

Vamos a probar.

Tragó saliva y habló:

—Peter.

Al dulce llamado de su nombre, Chase vio cómo la espalda del niño daba un respingo de sorpresa. Luchando contra el impulso de darle un abrazo, Chase continuó suavemente:

—Hoy es mi día libre, pero no tengo con quién jugar ¿Me harías compañía?

Animado con amabilidad, el niño dudó un momento y luego giró la cabeza con cuidado. Cuando sus ojos se volvieron a encontrar, Chase no desaprovechó el momento y sonrió. Sabía exactamente cómo sonreír para hacer que los ojos de Josh se curvaran y se fijaran en él; si estaba en lo cierto, Peter reaccionaría de la misma manera. Y tenía razón.

—Este...

Peter se le quedó viendo a Chase con el rostro embobado de la admiración, exactamente la misma expresión que Josh ponía a veces. En el instante en que Chase vio a Peter mirándolo así, su ansiedad desapareció y una gran confianza se instaló en su lugar. Levantando la cabeza, incapaz de ocultar su amplia sonrisa, los ojos de Chase se encontraron con los de Josh, que lo contemplaba con la misma expresión de Peter. Al ver a los dos, al grande y al pequeño, igualmente hechizados, Chase no pudo evitar soltar una carcajada. Ante el sonido, Peter parpadeó y soltó lentamente las manos del pantalón de Josh. Sin embargo, su mirada permaneció clavada en Chase. Notando el cambio un segundo tarde, Josh se apresuró a hablar:

—Entonces, Peter ¿estaría bien quedarte aquí con el Sr. Miller?

Peter respondió, y solo entonces volvió a mirar a Josh. Viendo cómo sus mejillas redondas se sonrojaban, Josh no pudo contenerse y lo llenó de besos otra vez.

✤✤✤✤✤✤

—A-Aquí.

Al oír el tintineo de la campana, Mark levantó la vista y agitó la mano. Josh se dirigió directamente hacia la mesa donde estaban los demás. Una mesera lo siguió, dejó un menú plastificado de una sola página y le dedicó una brillante sonrisa. Josh le devolvió la sonrisa por costumbre. Una vez que ella se retiró, Henry tomó la palabra:

—Maldito embaucador ¿Cuántas veces tengo que decirte que te pongas el anillo, eh?

Josh siempre se había reído de eso, pero ahora era momento de escuchar. Recordando cómo Chase se había puesto celoso y molesto tras oír que había hablado con Laura, Josh decidió que debía frenar su hábito de sonreírle a otras personas. Pero su resolución se desmoronó rápidamente: cuando la mesera volvió a tomar la orden y se dio la vuelta sonriendo, él volvió a sonreírle de vuelta.

Aah...

El autorreproche lo golpeó de golpe y suspiró, luego sacudió la cabeza. «He sido así toda mi vida. No va a ser fácil de corregir».

¿Acaso es este un hábito que necesita corrección?

Era la primera vez que se lo cuestionaba; sonreír al hacer contacto visual con alguien le salía de forma natural.

—Bueno, Henry no anda sonriendo cada vez que cruza mirada con alguien, así que...

Su mirada perdida se cruzó con la de Henry justo cuando este le daba un enorme mordisco a su sándwich. Sin una sola sonrisa, Henry levantó el dedo anular de su mano libre. Josh solo soltó una risita y miró hacia otro lado.

—¿Cómo han estado todos? Escuché que ya se mudaron del hotel.

Ante la pregunta de Josh, Mark le dio un sorbo a su café y respondió:

—Nos mudamos a un motel primero. Ya no podíamos seguir quedándonos allí.

—Podríamos habernos quedado y nadie se habría dado cuenta —gruñó Henry, e Isaac le señaló:

—Los de seguridad se habrían dado cuenta. Hacen patrullaje.

Henry le dio una patada fuerte a Isaac en la espinilla por debajo de la mesa sin decir una sola palabra. Seth miró a Isaac encogerse soltando un siseo y se sumó a la charla:

—En fin, la familia de Mark ya viene en camino y nosotros no tenemos nada programado todavía. Estoy pensando en tomarme un descanso. Tal vez viajar.

Sentado frente a una guía de viajes de Cuba, Seth siguió la mirada de Josh y añadió como si nada:

—Para comprar puros.

—Tú ni siquiera fumas puros —dijo Josh, y Seth respondió con indiferencia:

—Por eso mismo, para poderme fumar uno en Cuba.

Era un plan bastante vago. Josh concluyó que en realidad no había planeado nada. Seth cambió rápidamente de tema:

—¿Y tú qué tal? ¿Todo bien?

—Debe haber mucho que preparar. Si necesitas ayuda... —empezó Mark, pero se aclaró la garganta cuando Henry le lanzó una mirada asesina. Isaac, sentándose erguido por fin, preguntó:

—Lo del casamiento ha estado tranquilo. ¿Cuándo es el anuncio?

—No estoy seguro —dijo Josh, y Seth continuó:

—¿Ya se lo dijiste a Peter? ¿Cómo lo tomó?

Todos se pusieron atentos ante eso. Los muchachos adoraban a Peter, a quien Josh había criado prácticamente solo, como si fuera su sobrino. Josh respondió abiertamente:

—Solo le he contado un poco. Pensé que sería mejor cuando se volvieran más cercanos.

—¿Cercanos? ¿Con ese tipo? Ah... —Isaac se tapó la boca de inmediato, y Josh continuó como si no lo hubiera escuchado:

—Sí. Todavía le tiene desconfianza.

—¿Y los dejaste solos? ¿A Peter con él? —soltó Mark de golpe. Conociendo de sobra el mal carácter de Chase, no podían evitar sentirse inquietos.

—Él sabe que el niño es suyo ¿Verdad?

Ante la pregunta escéptica de Henry, Josh asintió. Captando la idea, Isaac lo reprendió con ligereza:

—Por favor ¿Qué clase de padre le pegaría a su propio hijo?

—¿Acaso hay padres que no lo hacen? —replicó Henry de inmediato, sin un ápice de sarcasmo. Realmente creía que los padres golpeaban a sus hijos. Josh no lo corrigió en ese momento, pero pensó que si Henry alguna vez decía que quería casarse y tener hijos, tendrían que hablar muy seriamente. Y no era el único que pensaba así. Hojeando el folleto sin motivo alguno, Seth dijo:

—Todavía no me lo puedo creer. Que el angelical Peter sea hijo de ese demonio. —Miró a Josh y añadió—: Vi un artículo del Reino Unido sobre un omega que se quedó embarazado y dio a luz sin un alfa.

—¿De verdad le crees a los tabloides británicos? —se burló Henry, pero Josh respondió con toda naturalidad:

—Peter, sabe que yo soy omega y que C es un alfa.

Seth levantó rápidamente una mano para detenerlo.

—No hace falta que entres en detalles de que ustedes dos se acostaron.

Ante su objeción, Josh se calló. El silencio volvió a caer sobre la mesa, y luego Mark habló:

—Janet traerá a los niños la próxima semana. Planeamos pasar una semana en la playa. ¿Y ustedes?

Continuaron hablando sobre qué playa era mejor para qué cosa, qué tenía de bueno un sitio y qué no tanto otro, si debían buscar más información y demás. Escuchando a medias e interviniendo de vez en cuando, Josh pensó para sus adentros: 

«Espero que estén bien».

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