Capítulo 11
La mansión estaba llena de un ambiente pesado. De acuerdo a lo que dijo Seth, en cuanto escuchó sobre la llegada de Grayson, Chase lanzó una silla. Por suerte, no la arrojó hacia Seth.
Mientras llevaba a Grayson a la estancia, Josh experimentaba emociones contradictorias: sentía curiosidad por cómo reaccionaría Chase, pero si las palabras de Seth eran reales, entonces Chase debía estar de muy mal humor... Hasta se le ocurrió salir corriendo.
TOC, TOC.
Luego de tocar suavemente, abrió la puerta del salón. Un olor dulce lo rodeó de inmediato. Su mente se confundió por un instante, pero logró recuperar el control rápidamente. Mordió el caramelo que traía en la boca con fuerza, haciendo un ruido seco, y eso lo ayudó a reaccionar.
Chase estaba en el sillón esperando a Grayson. Traía puesta una camisa rosa claro con un par de botones abiertos y un pantalón de lino blanco. Casi sin querer, Josh suspiró impresionado. Tal como Grayson hace un rato, Chase también llevaba lentes de sol. La única diferencia era que antes estaban afuera y ahora permanecían bajo techo.
—Chase, ¡cuánto tiempo sin vernos, querido hermano!
Grayson abrió los brazos para darle un abrazo. Como era de esperarse, Chase no lo dejó.
—¿Con qué cara vienes a acercarte, infeliz bastardo?
Chase levantó la pierna de inmediato y le dio una patada en el estómago a Grayson, quien venía hacia él. De seguro fue un golpe fuerte, pero Grayson solo se fue hacia atrás tambaleándose mientras decía «Uy» como si nada.
Josh abrió los ojos muy sorprendido. Por lo que sabía, Chase tenía bastante fuerza, de modo que esa reacción tan leve lo asombró. «¿Será que este sujeto tiene un cuerpo muy duro, o será que Chase perdió fuerzas?»
Sin embargo, la resistencia de Grayson no se quedaba ahí. Aunque parecía irse de lado, movió la mano rápido y le quitó los lentes de sol a Chase. No hubo tiempo de evitarlo. Chase tampoco pudo esquivar su mano; simplemente terminó sorprendido.
Con la luz del sol entrando, la cara de Chase quedó a la vista de todos. Al instante, Grayson le agarró los cachetes con ambas manos y dio un grito agudo, como una cantante de ópera.
—¡Dios mío! ¿Qué le ocurrió a lo único bueno de mi hermano: su rostro?
En ese momento, Josh se quedó helado. Chase también quedó paralizado. En medio de un silencio que daba miedo, solo Grayson continuaba quejándose igual que el actor de una obra triste.
—Te lo advertí, ¿no? Te lo dije claro: algún día esto pasaría. Oh, todo acabó. Mi hermano arruinó su vida.
—¡¿Quién demonios dijo que se acabó, idiota?! —gritó Chase, tirando un puñetazo. Sin embargo, falló el golpe.
Grayson pudo esquivarlo por muy poco y movió la cabeza.
—Siempre te aconsejé que no te lanzaras a lo loco, que miraras bien al rival primero. De verdad, lo único que te sirve es la cara. Eres tan menso... No entiendo cómo le haces para aprenderte los guiones.
—¡Te voy a matar...!
Chase se levantó del sillón y tiró otro golpe. Josh no sabía si intervenir. Pensó que si Chase iba perdiendo, ahí sí intervendría. Se puso alerta, pero Grayson esquivó el golpe de nuevo por poco y le dijo algo en voz baja a Chase.
—Te aconsejé que estuvieras en paz, Chase. ¿O es que quieres que te lleven de vuelta a la casa?
Su tono era tan suave como el olor a feromonas. Grave y pausado, como si le acariciara el oído.
No obstante, al escuchar aquellas palabras, la cara de Chase se puso más dura que nunca. Josh jamás lo había visto poner un rostro así. Un difunto tendría mejor color. Con la cara blanca como si hubiera visto a un aparecido, Chase se le quedó viendo a Grayson.
Parecía que ni respirar podía. Aun así, Grayson sonrió de la misma forma que cuando se vieron al inicio.
—Veo que no eres tan tonto, hermanito.
Si los viera alguien sin saber la historia, pensaría que eran hermanos muy unidos. Pero para Josh, ese fue el momento más aterrador. Grayson había dejado mudo a Chase por completo, y aun así mantenía una sonrisa natural.
«Alguien como él podría quitarle la vida a cualquiera sin problema. Ni siquiera necesitaría usar la fuerza.»
Bastaría con decir un par de cosas.
A Josh le dio un escalofrío en la espalda. No llevaba ni una hora ahí y sentía que ya había visto el verdadero rostro detrás de la máscara de ese hombre. Estando aún paralizado, Grayson giró la cabeza hacia él de repente. Al cruzar las miradas de sorpresa, Josh dio un brinco. Grayson, usando la misma sonrisa de antes, le comentó:
—¿Nos dejas a solas un rato? Es que hay asuntos que solo se hablan entre familia.
Después bajó la vista hacia Chase.
—Ahora que Chase parece listo para prestarme atención.
Grayson puso la mano de forma suave sobre el hombro de Chase. Entonces pasó algo increíble. Chase, en total silencio, volvió a sentarse en el sillón.
Josh parpadeó confundido. Esa actitud tan obediente... parecía la de un perro bien entrenado. Y esa escena era, justo, lo que menos cuadraba con el Chase Miller que Josh conocía.
El silencio volvió al lugar. Grayson se acomodó frente a Chase y regresó la vista hacia Josh. Como si le preguntara qué hacía ahí todavía.
Josh se quedó parado un instante, mirando a Chase. Por alguna razón, sentía que no debía dejarlo solo. ¿Estaba bien irse realmente? Sin saber por qué, en ese segundo vio a Pete reflejado en el rostro de Chase.
En una ocasión, Josh perdió a Pete en un parque. No pasaron ni diez minutos, pero sintió que tocaba el fondo del infierno; le dio un pánico tan grande que pensó que se volvía loco. Regresó por donde venía gritando el nombre de Pete sin parar, y al hallarlo parado justo donde lo dejó, lo abrazó tan fuerte que estuvo a nada de llorar del alivio.
Obviamente, si ahora abrazaba y consolaba a Chase como a Pete, lo más seguro era que terminara sin algún diente. Josh no quería ponerse dientes falsos siendo joven. Aparte, cuando el propio afectado no decía nada, no había motivo para que Josh se quedara en la estancia.
—...Si requiere algo, avíseme. Esperaré afuera.
Eso fue todo lo que pudo decir. Aguardó un segundo, pero Chase continuó sin responder nada, con el mismo rostro serio. Sin más remedio, Josh se dio la vuelta y abandonó el salón. La última vista que tuvo de los dos seguía siendo muy incómoda. Cerró la puerta sintiendo algo raro e indefinido.
Adentro todo estaba en silencio. Ninguno parecía querer hablar primero. Grayson, que sonreía bastante hace un rato, mantenía la misma sonrisa mientras observaba fijo a su hermano. Claro está que Chase no sonreía para nada.
—¿Qué te ocurrió en la cara? No me digas que te pusiste pesado y un escolta te acomodó una golpiza —preguntó Grayson, soltando risitas como si fuera gracioso.
Chase apretó los dientes, aguantando con ganas la intención de darle una patada.
—¿A qué viniste?
—Entonces es cierto. Qué decepción, Chase. Que ni sepas defenderte... Por eso te aconsejaba entrenar bien, que usaras esteroides o por lo menos proteína.
A pesar de verse con bastantes músculos, Grayson miró el cuerpo más delgado de Chase y suspiró.
—Es un milagro que no tengas huesos rotos.
—Grayson...
Los nudillos de la mano cerrada de Chase se pusieron blancos. Sabiendo lo fuerte que pegaba, Grayson dejó de molestarlo y cambió la plática.
—Ya toca que te desestreses, ¿no? Hay una fiesta. Vamos.
—No iré.
—¿Ah, no?
Ante la respuesta seca, Grayson apretó los ojos.
—¿Te conté? Alex Junior tuvo crías el mes pasado.
En ese instante, la cara de Chase se puso rígida. Grayson continuó hablando sin perder la sonrisa.
—Para ser precisos, se hizo papá. Resulta que la perra andaba loca por Alex. Dicen que, igual que Alex I, este también salió hábil... Ah, pero a ti no te gustan los perros, ¿verdad? ¿Prefieres las aves? Aunque al lado de los perros, las aves no sirven de nada. Qué gustos tan raros tienes.
Chase no respondió. Únicamente lo miraba, temblando un poco, con el rostro blanco del todo. Ni pestañear podía. Grayson añadió de forma muy normal:
—¿Hallaste al tipo de esa ocasión? Obvio no.
—...
—Chase. —El tono de Grayson se volvió más dulce todavía, cargado de una calma peligrosa—. Si no quieres que pasemos de nuevo por lo mismo, debes quitarte las feromonas.
El latido del corazón de Chase sonaba fuerte en sus propios oídos. Mientras su hermano lo observaba, conteniendo la respiración agitada y mordiéndose los labios, Grayson le dijo al oído:
—¿Y bien? ¿Te dieron ganas de ir a la fiesta?
CLICK.
Al escuchar que abrían la puerta, Josh levantó la cabeza por instinto. El que salió fue Grayson.
—Vaya, sí estabas esperando —comentó Grayson como sorprendido.
Atrás de Grayson apareció Chase. Josh lo revisó rápido de arriba abajo, pero no parecía haber nada raro. Salvo por su rostro blanco, aún sin color. Capaz notando su mirada, Grayson habló.
—Chase saldrá conmigo. No hace falta seguridad, ¿verdad?
Por esas palabras inesperadas, Josh volvió a mirar a Chase. Pero este le dio la espalda sin voltear a verlo. Josh le habló rápido.
—¡Señor Miller!
Chase se detuvo un segundo y volteó. Al ver su cara de enfado, a Josh le costó hablar.
—De todos modos necesita que lo cuiden. ¿Quiere que aliste el coche?
—...No hace falta.
—Señor Miller.
—¡Ya dije que no! ¡Déjame en paz, no te metas en lo que no te incumbe! —gritó Chase de forma agresiva.
Josh ya no logró convencerlo de nada. Dando la vuelta entre groserías, Chase se alejó a pasos rápidos hasta perderse de vista.
Grayson, que miraba hacia donde se fue Chase igual que Josh, echó un silbido corto. Josh lo miró de lado y Grayson le sonrió despacio antes de hablar normal.
—Solo subió a cambiarse antes de bajar. Sin ese sujeto cerca, ustedes pueden estar más tranquilos, ¿a poco no?
Josh guardó silencio. Grayson soltó una risa como si entendiera todo.
—Por más que trato de educarlo, no se le quita lo impulsivo. Una disculpa.
A pesar de que pidió disculpas, Josh no notó nada de verdad en sus palabras. Era una frase ensayada como la sonrisa que traía pegada; daba la impresión de que decía lo que le tocaba decir.
Sin nada que decir, Josh solo lo miró en silencio, pero de la nada Grayson entrecerró los ojos.
—Vaya.
Sin darle espacio para reaccionar, Grayson lo agarró del cuello y lo acercó. Antes de que Josh hiciera algo, él ya había metido la nariz en su cuello para oler profundo. Josh, confundido, se quedó quieto. Grayson olió un par de veces más, moviendo la nariz a los lados, hasta que levantó la cabeza.
—¿Qué eres tú?
Ante ese tono bajo, Josh tardó en hablar. Solo tras comprender a qué se refería, pudo contestar.
—...Soy Beta.
Contestó lo que siempre decía. Grayson dijo «¿Ah, sí?» y ladeó la cabeza. Como el olor a feromonas era bajo y aparte usaba medicamentos, lo más seguro era que no notaba nada.
Josh trataba de calmarse, pero por dentro andaba inquieto. Lo miró fijo, tratando de verse tranquilo, y entonces Grayson le soltó el cuello para agarrarle la barbilla.
—Qué raro.
Tomándole la barbilla de modo pesado, Grayson le movió la cara a los lados, juntando las cejas por primera vez.
—¿Últimamente los Betas han estado expuestos a radiación o qué? ¿Por qué ya no se ven como Betas?
Josh no dijo nada y le quitó la mano de un golpe seco. Grayson soltó un «Ay», haciendo como que le dolió, y se rió con descaro.
—Dicen que el abogado que peleó con Nathaniel también es Beta. Ustedes son del este, ¿no? ¿Viste las fotos? Qué cara la suya para ser Beta. ¿Qué pasa por el este?
Hasta se puso a silbar y a decir chistes, pero Josh no se rió. Únicamente lo veía en silencio, y eso hizo que Grayson apretara los ojos.
—¿En serio eres Beta?
—Con su permiso, me retiro.
Josh buscó evitar un problema innecesario y se dispuso a irse. Pero Grayson no lo dejó.
—Espera.
Con esa palabra lo frenó. Josh, sin opciones, se quedó parado y volvió a mirarlo, esperando a ver qué decía.
De repente, un olor dulce llenó el lugar. Los ojos de Grayson cambiaron a color dorado. Era la segunda vez que Josh veía cómo le cambiaban los ojos a un Alfa dominante. Ya sabía qué significaba: Grayson soltaba feromonas. Pero Josh no reaccionó para nada.
—Parece que sí.
Luego de soltar feromonas a lo tonto, Grayson levantó los hombros y sonrió.
—Aunque tomes remedios, no deberías ser incapaz de sentir el olor. Y tampoco reaccionas a las feromonas.
Grayson se llevó una mano a la barbilla y se la sobó, pensando, mientras decía «Hmm».
—Un Omega dominante o si no...
El modo en que dejó la frase a la mitad causaba una duda fea. Josh tragó saliva sin querer, y justo en ese instante, otra voz se metió de golpe.
—¿Un Omega dominante por aquí? Dicen que es difícil cruzarse con uno en toda la vida.
Al girar la cara, Josh vio a Isaac, que traía cara de pocos amigos. Grayson también volteó a verlo y, sonriendo, le dijo:
—¿Mi hermano ya bajó?
Cambiando la plática como si nada, hizo la pregunta. Isaac contestó seco:
—Sí, se fue en el auto en el que vinieron.
—Oh, gracias.
Otra vez dio las gracias con una educación que no se sentía real, y después se dio la vuelta.
Mientras veía a Grayson irse acompañado de Isaac, Josh sintió un escalofrío tardío. «¿Qué habría pasado si no tuviera la marca?» Se tocó el pecho, donde el corazón le latía rápido. Sin duda, lo habrían descubierto.
Por primera vez, dio gracias por la marca que Chase le dejó. Mientras tuviera esa marca, no había forma de que el olor de otro Alfa lo afectara. A menos que otro Alfa intentara ponerle una marca nueva.
«Pero si Chase soltara sus feromonas sobre mí, entraría en celo de inmediato.»
Un nuevo escalofrío le bajó por la espalda. Solo ahí Josh notó que la mano con la que se tocaba la frente le temblaba un poco.
Luego de calmarse un poco, Josh caminó a la sala de pantallas y se encontró con Mark. Viendo que no andaba bien, Mark le preguntó con duda:
—¿Qué pasó? ¿Tuviste problemas con el sujeto de hace rato? Isaac andaba diciendo cosas raras.
—¿Cosas raras?
Josh contestó confundido, y Mark le respondió rápido:
—Dijo que ese menso intentó jugarte sucio. ¿A quién se le ocurre soltar feromonas frente a un Beta? ¿Y si por mala suerte te afecta de más? Es que estos Alfas dominantes...
Movió la lengua y sacudió la cabeza, como si le diera asco de solo pensarlo. Josh, tras callarse un momento, preguntó:
—¿Ya se fueron? ¿Los dos?
—Sí, hace rato —contestó Mark sin darle importancia—. Supongo que sabes a dónde iban, ¿no? A la fiesta esa de feromonas.
Claro que lo sabía. Pero no era eso lo que Josh quería averiguar.
—¿Y la seguridad?
Mark repitió sin darle peso lo que Grayson dijo antes.
—Su hermano dijo que no hacía falta, y el mismo C hizo un berrinche diciendo que no fuéramos. ¿Qué podíamos hacer? Solo les pusimos rastreadores y los dejamos ir.
—Haah... —Josh soltó un suspiro largo.
«Si pasa algo, nos van a echar la culpa otra vez.»
De repente pensó que a lo mejor Chase lo hacía a propósito para molestarlos. Si su pasatiempo era fregar a los demás, encajaba perfecto. Y Chase era, sin duda, de los que hacían cosas así.
«...Pero al menos anda con Grayson.»
No sabía si eso calmaba o si era peor. En teoría, debería darle tranquilidad, pero se sentía más inquieto. Ese hermano de Chase que apenas conocía no le daba nada de confianza. Era raro ver a alguien tan oscuro por dentro, y además, ni trataba de disimularlo.
Chase parecía odiarlo bastante.
Obvio que, siendo Chase, había miles de cosas que detestaba, pero Grayson Miller era, seguro, de los que más odiaba. Entonces, ¿por qué lo obedeció tan fácil? Parecía un conejo asustado ante una serpiente.
«¿Chase Miller, un conejo?»
A Josh le dio una sorpresa tan grande que apenas la procesaba, y fue cuando Mark dijo:
—El problema va a ser cuando regresen. Ojalá vuelva de buen humor.
Con el suspiro largo de Mark, Josh tampoco dijo nada. Tras tener relaciones, la mayoría se siente mejor, pero con Chase era imposible saber cómo iba a reaccionar. Solo quedaba esperar que, por lo menos esta vez, fuera como cualquier otro.
Había oído que marcar a alguien le frena las feromonas y baja el riesgo. Pero eso solo servía si el que deja la marca ayuda seguido. Lo básico era quedarse al lado y darle tranquilidad. ¿Quién se iba a quedar cerca de ese sujeto? Es más, ¿existía alguien capaz de marcarlo?
Josh movió la cabeza diciendo que no.
Por más que le diera vueltas, ese carácter feo era un problema grande para Chase. Pero claro, con su forma de ser, parecía incapaz de pensar que estaba mal.
De la nada recordó la sonrisa de Grayson y la voz baja diciéndole cosas al oído.
«¿Qué demonios pasó en esa casa?»
Un escalofrío le recorrió la espalda.
Capítulo 12
Chase regresó pasada la medianoche. El equipo de seguridad, que esperaba con nerviosismo, se preparó en cuanto vio por el rastreador que se dirigía de nuevo hacia la mansión. A diferencia de cuando se fue, esta vez regresó en un sedán elegante y sobrio.
—¡Señor Miller!
Apenas el auto se detuvo frente a la entrada, Mark se apresuró a abrir la puerta y lo llamó. Al mismo tiempo, incluso Josh que estaba a cierta distancia pudo percibir de golpe el aroma a feromonas. Sin darse cuenta, mordió con fuerza el caramelo que tenía en la boca hasta hacerlo crujir.
Chase, visible desde el interior del auto, estaba completamente ebrio y fuera de sí. Ni siquiera podía abrir los ojos, y murmuraba cosas ininteligibles, claramente bajo los efectos de alguna sustancia. El hombre que bajó del asiento del conductor, con el rostro inexpresivo, lo confirmó.
—Consumió bastante en la fiesta, así que prácticamente no está consciente. Dejen que duerma un par de días y se recuperará. Mientras tanto, por favor cuídenlo bien.
Era algo casi habitual que los Alfas dominantes consumieran drogas o éxtasis en fiestas de ese tipo. Aun así, ver a Chase en ese estado dejaba a Josh con sentimientos encontrados. Probablemente, por la última expresión de su rostro que aún tenía grabada en la memoria.
—¿Qué tipo de sustancia tomó?... ¿No le hará daño al cuerpo? —preguntó con cautela, lo que hizo que todos lo miraran. Josh se apresuró a añadir: —Por si llega a ocurrir algo, habría que llamar al 911 de inmediato.
Mark chasqueó la lengua, y el hombre que había traído a Chase respondió:
—No hay forma de que pase algo por esto. Como sabrán, los Alfas dominantes no se ven afectados tan fácilmente por drogas o alcohol... Es cierto que tomó más de la cuenta en comparación con otros, pero estará bien. Siempre consume más o menos esta cantidad. Al parecer, tiene esa costumbre incluso fuera de las fiestas.
Dicho eso, subió de nuevo al auto y se fue sin más.
Los que quedaron allí levantaron a Chase rápidamente y lo llevaron a su habitación. Josh también los siguió.
El aire en la habitación de Chase era frío. Como si fuera un cuarto abandonado, la atmósfera vacía hizo que Josh se detuviera en seco. En la pared donde antes colgaba un cuadro de Warhol ya no había nada. Toda la decoración lujosa había desaparecido, y lo único que quedaba era la cama y una mesa de noche. Josh sabía mejor que nadie qué había pasado con todas aquellas cosas.
—Uf.
Mark dejó a Chase sobre la cama y estiró la espalda. Isaac y Seth lo acomodaron en el centro del colchón.
El aroma a feromonas lo impregnaba todo. Josh notó de inmediato una diferencia sutil pero clara. El olor de Chase estaba completamente mezclado con el de otro Alfa dominante. Sin embargo, parecía que solo Josh lo percibía.
—Parece que había muchos Alfas dominantes en la fiesta.
Comentó con sutileza, a lo que Mark respondió con indiferencia:
—Bueno, sí. Era ese tipo de fiesta, al fin y al cabo.
—El olor es insoportable —murmuró Isaac para sí mismo, negando con la cabeza.
Seth también se frotó las sienes, como si le doliera la cabeza. Todos se quejaban de que venía demasiado impregnado de feromonas, pero nadie distinguía de dónde venía cada aroma. Solo Josh pudo diferenciar entre el de Chase y el de alguien más.
«¿Será por la marca...?»
Josh se llevó inconscientemente la mano a la oreja, donde tenía el auricular que ocultaba el cartílago marcado.
Todos rodeaban la cama, observando a Chase tumbado allí. Su camisa estaba completamente arrugada y desabrochada, y ni siquiera la había metido dentro del pantalón. Al menos tenía los pantalones puestos correctamente. Josh sintió el impulso de alisar con los dedos su revuelto cabello rubio. Por suerte, antes de que se dejara llevar por ese impulso, Mark habló.
—No parece que vaya a pasar nada, ¿nos vamos?
Tomando esa frase como señal, todos comenzaron a moverse. Josh, que había sido el último en entrar, fue también el último en salir. Al volverse por última vez, vio a Chase dando vueltas entre las sábanas, murmurando palabras que no lograba entender.
***
Notó que algo no estaba bien con él unas dos horas después. Durante su turno, mientras observaba los monitores del circuito cerrado que mostraban distintos puntos de la mansión, Josh se detuvo de pronto al ver la imagen del dormitorio de Chase.
Parecía que aún no había recuperado la conciencia. Estaba claro que seguía bajo los efectos de la droga, pero aun así, algo en él se veía inquieto. No dejaba de revolverse en la cama, y su forma de moverse no parecía normal.
Josh dudó por un momento. En ese estado, no había mucho que pudiera hacer por él. Además, probablemente estaba liberando feromonas sin control, fuera de sí, y si se acercaba sin pensar, podía ocurrir algo grave. Estando además bajo los efectos de la droga, su condición seguramente sería aún más inestable.
Meterse de cabeza en un peligro evidente era algo que solo haría un idiota. Josh observó atentamente la pantalla mientras luchaba con sus pensamientos.
«¿Qué importaba si un adulto tenía una pesadilla?» Ya se le pasaría.
Pero en el momento en que vio a Chase retorcerse sobre la cama, encogido como si sufriera, Josh no pudo evitar que le viniera a la mente la imagen de un niño pequeño extendiéndole la mano. Recordó aquel rostro lloroso que solía tener cuando tenía pesadillas.
{—Daddy.}
Pete.
Josh comenzó a tamborilear los dedos contra el apoyabrazos, inquieto. En el monitor, Chase seguía sacudiéndose, con claros signos de estar peor que antes.
Un quejido, escapó de su garganta. Ya no podía seguir conteniéndose.
«¡Maldito imbécil!»
Maldiciéndose a sí mismo, Josh se levantó de golpe y salió corriendo.
***
—¡...!
Incluso antes de abrir la puerta, el pasillo ya estaba impregnado de feromonas. Josh, sintiendo que podía marearse, se reajustó la mascarilla. Era un modelo de última generación que bloqueaba casi el 98 % del aroma... pero maldita sea, ese 2 % restante aún lograba agitarle el cerebro sin piedad.
Intentando ignorar el olor tanto como podía, Josh abrió la puerta. En ese instante, la masa de feromonas que se había acumulado dentro de la habitación se derramó de golpe.
Por un momento, su mente se nubló, y tuvo que retroceder tambaleándose. Le tomó un rato recomponerse. Y reunir el valor suficiente para entrar a esa habitación fue todavía más difícil.
Chase seguía acostado sobre la cama, tal como lo había dejado. Sin embargo, había estado moviéndose tanto que las sábanas estaban completamente arrugadas, y una esquina colgaba incluso fuera del colchón. La camisa tenía algunos botones desabrochados y otros directamente arrancados, dejando su torso al descubierto. A estas alturas, uno se preguntaba por qué siquiera seguía teniendo la camisa puesta.
—...
Chase murmuró algo y volvió a revolverse. Al hacerlo, su rostro giró hacia Josh, quien se detuvo en seco.
—Ah... —Josh dejó escapar un suspiro sin darse cuenta.
Su rostro, bañado en sudor frío y agitado por la respiración entrecortada, era de una belleza angelical... pero con un matiz tan sensual que resultaba perturbador.
Verlo allí, tan indefenso, tendido sobre la cama y mirándolo de esa forma, despertaba algo cruel en su interior. Y ese impulso sádico lo dejó desconcertado. Que sintiera algo así precisamente hacia Chase Miller le parecía absurdo, pero no podía negar lo que sentía. Entre culpa y confusión, el corazón se le agitó.
—Haa, haa. Haa, haa.
La respiración de Chase sonaba especialmente fuerte. Josh también sintió que su propia temperatura subía. Su aliento se volvió más pesado, y de pronto sintió cómo su miembro se endurecía y cómo la parte trasera comenzaba a humedecerse. Si apenas un 1 % más de su razón se desvanecía, probablemente habría terminado montándose sobre él.
Pero Josh resistió con desesperación. No era el momento ni estaba bien hacerlo. Lo primero era despertarlo. Chase parecía perdido en una pesadilla. Lo demostraban sus labios, que se movían apenas
—Ah, maldición, esos malditos labios.
Josh ya no podía pensar con claridad. Para no perder la cabeza, se dio una bofetada con toda su fuerza.
—¡Ay, joder!
No pudo evitar soltar una maldición. ¿Podía haber otro idiota más grande que él? Frotándose la mejilla ardiente, se acercó a la cama.
Chase seguía igual. Otra vez torció el rostro, murmurando algo. Con cada respiración, los músculos marcados de su pecho subían y bajaban con brusquedad. Josh tragó saliva ruidosamente.
—Señor Miller, despierte. Señor Miller.
Lo sostuvo por los hombros y lo sacudió suavemente, pero no dio señales de despertar. Aunque los Alfas dominantes no solían verse tan afectados por el alcohol o las drogas, le sorprendía ver que Chase había llegado a ese punto. Había protegido a otras celebridades antes, pero nunca había visto a nadie intoxicado de ese modo. Si se tratara de un humano corriente, ya estaría muerto.
—Ngh... ah...
Chase murmuró algo. «¿Estará soñando?», pensó Josh, ladeando la cabeza. Dudó por un instante, pero finalmente acercó el oído... y entonces logró entender sus palabras.
—No... basta... por favor...
Josh se quedó paralizado. «¿Qué... fue lo que acabo de oír? ¿Chase Miller diciendo eso? ¿Estaré escuchando mal?»
Mientras él se desconcertaba, Chase siguió murmurando:
—Por favor, lo siento. Fue mi culpa... Haré lo que me digas, lo que quieras. Por favor... por favor...
Sin duda, estaba teniendo una pesadilla. Y no una cualquiera, sino una horrible. Pero no terminó ahí. Sudando frío, Chase continuó suplicando sin parar.
—Perdóname, yo... yo lo hice mal. ¡Déjame vivir, no me hagas esto! ¡Basta, Nathaniel, Stacy... por favor, ayúdame! ¡Detente, por favor, no, por favor...!
Klynn:
Sálganse de la web, quiero estar sola.
—¡Señor Miller!
Josh lo llamó con urgencia. Pensaba que tenía que despertar a Chase de inmediato, incluso si eso significaba que lo golpearía otra vez. Fue entonces cuando Chase gritó como si estuviera desesperado.
—¡Por favor, quita a ese perro...!
—¡Chase, despierta! —gritó Josh.
Tenía que sacarlo de esa pesadilla a toda costa. Estaba dispuesto a hacer lo que fuera necesario. Incluso pensó en abofetearlo, y justo cuando levantó la mano, Chase abrió los ojos de golpe.
Sus ojos, que normalmente eran violetas, habían cambiado a un tono dorado. Ya antes los había tenido así frente a Josh.
Aquel día en que lo dejó embarazado de Pete, derramaba feromonas por todo el cuerpo mientras se hundía en él hasta lo más profundo.
Al recordar eso, Josh sintió cómo se le encendía el interior y casi se desploma. En el siguiente instante, ocurrió justo lo que temía: Chase se levantó de repente y se lanzó sobre él.
—¡...!
El ataque fue tan repentino que Josh no pudo reaccionar y rodó por el suelo junto a Chase. Sin siquiera tener oportunidad de levantarse, Chase quedó encima de él y su mascarilla salió volando. Antes de que pudiera emitir sonido alguno con la boca entreabierta, sus labios se juntaron.
«No está en su sano juicio.»
Josh lo sabía. En ese momento, Chase no estaba en sus cabales. Y estaba seguro de que, cuando amaneciera, no recordaría nada. Tal como había ocurrido aquel día.
«Entonces, ¿qué importaba si lo dejaba pasar?»
El demonio dentro de Josh susurró. Quería abrazar a ese hombre de inmediato, dejarlo entrar en su cuerpo, a tal punto que todo su ser se paralizaba.
Si podía tener sexo con Chase en ese instante, vendería incluso su alma. No, de hecho, pensaba que el alma era demasiado barata en comparación. «¡Ah, si tan solo pudiera hacerlo ahora!»
Pero una sola experiencia había sido más que suficiente. Josh sabía mejor que nadie cuáles podían ser las consecuencias de caer en la tentación una sola vez. Y además... ¿con la misma persona? Por muy idiota que fuera, eso no tenía justificación.
Mientras tanto, apartó con todas sus fuerzas las manos que le levantaban la camisa y recorrían su cuerpo. Giró el rostro para esquivar los labios que volvían a buscarlo y, empujando con fuerza su hombro, lo abofeteó con la otra mano.
Un sonido sordo, PUK, resonó con fuerza. Josh rezó para que con eso Chase recobrara el juicio. Si no se detenía ni así, no tendría más opción que volver a golpearlo.
—¡Reaccione, señor Miller! —gritó Josh con todas sus fuerzas.
Aunque, en realidad, no podía hacerle ningún daño estando en el suelo, con Chase encima de él, mirándolo desde arriba.
Ni siquiera él estaba seguro de que eso fuera a funcionar. Y como era de esperarse, Chase volvió a lanzarse sobre él. «Esto es peligroso». Una alarma sonó en su cabeza, pero era demasiado débil. Cuando sus labios chocaron de forma violenta, Josh abandonó todo intento de detenerlo. No podía pensar con claridad. Ese aroma lo estaba volviendo loco.
Lo rodeó del cuello y se entregó a un beso profundo, con la lengua enredándose. Respiraciones agitadas se mezclaban en su boca. En medio de esa neblina mental, Josh se dio cuenta vagamente de cuánto tiempo había pasado desde la última vez que besó así.
«¿Cuándo fue su último beso?»
Recordó los años que había dedicado a criar a Pete, sin siquiera ir a una cita. Y dejó de pensar. Aunque ese beso con Chase fuera el último de su vida, ¿qué importaba ya?
Cuando Chase le levantó bruscamente la camisa y empezó a acariciar su piel desnuda, Josh simplemente vació su mente. También deseaba tocarlo. Quería que entrara en él como aquella vez y lo destrozara por dentro. Que lo llenara por completo, que lo derramara todo.
«—Ah... eyacula dentro de mí.»
Josh no sabía si lo había dicho en voz alta o si solo lo pensó. En ese momento, lo único que le importaba era ese beso.
La rodilla de Chase se interpuso entre sus piernas, obligándolo a abrirse más. Josh sintió cómo se empapaba por completo allí abajo. Mientras respiraba agitadamente dentro de la boca del otro, sus manos se deslizaban por su cuerpo sin control. Chase le mordió los labios con fiereza, provocando un grito ahogado. No fue por el dolor.
Sintió la erección de Chase presionando desde abajo. El movimiento que frotaba su entrepierna era descaradamente intencional. Pronto, sabía Josh, le arrancaría los pantalones y lo invadiría con violencia. Y ese momento estaba a punto de llegar.
Fue entonces, justo cuando la mezcla de miedo y expectativa por sentir ese miembro grueso atravesarlo lo envolvía por completo, que un recuerdo cruzó su mente como un rayo, y Josh se detuvo.
Si Chase volvía a entrar en él, Josh no podría rechazarlo tampoco esta vez. Es más, tal vez temblaría de placer al sentir cómo lo llenaba hasta el fondo del vientre. Josh ya sabía cuál sería el resultado después de eso.
«Quedaría embarazado.»
Sorprendentemente, el miedo y la excitación se entrecruzaron en igual medida. Tras un momento de vacilación, Josh terminó por rendirse del todo. ¿Acaso el resultado podría compararse con el placer de ese instante? No, no podía renunciar a eso.
Cerró los ojos y lo atrajo hacia sí con fuerza. El beso aún continuaba cuando Josh lo incitó a frotarse contra su entrepierna.
Pero justo cuando empezó a moverse para quitarse los pantalones, inesperadamente, Chase se quedó quieto. Josh, desconcertado, abrió los ojos y se separó de sus labios.
—¿Chase?
Lo llamó con cautela, y él dejó caer la cabeza sobre su hombro. Josh, sin entender qué ocurría, se quedó recostado un momento mientras recuperaba el aliento. Tardó unos segundos en darse cuenta de que Chase había vuelto a perder el conocimiento. Josh parpadeó, atónito.
«¿En serio se quedó dormido después de dejarme así?»
—¡Este...!
Abrumado por la frustración y la ira, apretó los puños sin darse cuenta. Estuvo a punto de golpearlo en serio, y solo gracias a una extrema fuerza de voluntad logró contenerse.
«Mejor así. Por poco vuelvo a quedar embarazado.»
Trató de consolarse empujando esa realidad como excusa, pero aun así, la rabia seguía ardiendo en su interior. Al final, terminó golpeando la cabeza de Chase con la fuerza justa. Lamentablemente, Chase no despertó.
Josh, sin palabras, lo miró en silencio durante un rato.
—...Haa.
Tras un suspiro de agotamiento, se incorporó con dificultad y salió de debajo de él. Abrazándolo por detrás, lo arrastró hasta la cama. Luego, para calmar su propia excitación, salió apresuradamente del dormitorio y se dirigió al baño conectado con la sala de monitores.
«¡Maldito seas, jodido, hijo de puta Chase Miller!»
Mientras se masturbaba con desesperación, lanzó toda clase de insultos al hombre que se había quedado dormido en el peor momento posible. El problema era que, con solo pensar en él, su erección volvía a endurecerse en su mano. Y eso solo lograba enfurecer aún más a Josh.
Después de terminar con una masturbación mecánica y casi automática, Josh se lavó rápidamente la cara, los brazos y las zonas descubiertas en el lavabo para quitarse el rastro de feromonas. Solo entonces empezó a recuperar un poco la compostura.
Se dejó caer en una silla, abrumado por una sensación de vacío, pero todavía quedaba algo por hacer: eliminar las grabaciones. Retrocedió el metraje hasta el momento en que las cámaras captaron el dormitorio y borró esa parte del registro.
Nadie notaría la ausencia de esas imágenes. A menos que ocurriera algo fuera de lo común, nadie revisaría ese tramo de grabación jamás.
Siguió vigilando hasta el amanecer, pero por suerte Chase ya no parecía tener más pesadillas. No volvió a revolverse ni a murmurar en sueños. Josh, observándolo desde la distancia, solo pudo sentir un amargo vacío.
«¿Qué demonios fue todo esto?»
Lo que más le dolía era haber sido arrastrado otra vez. Sabía perfectamente cómo era ese hombre.
Lo justificó diciendo que todo fue por las feromonas. Aunque, en el fondo, Josh sabía que no era solo eso. Pero incluso si realmente lo deseaba desde el fondo de su corazón... ¿qué más daba? Esta relación no tenía ningún futuro. Para ese hombre, Josh no significaba absolutamente nada.
Con otro profundo suspiro, se frotó los ojos cansados. A lo lejos, el sol comenzaba a salir.
Josh pidió un día libre a Mark unas horas más tarde.
Capítulo 13
—¡Daddy!
Apenas lo vio, el niño corrió hacia él y se le aferró con fuerza, negándose a soltarse.
«Ah... mi ángel.»
Josh sintió cómo todo el cansancio y el estrés se desvanecían al instante mientras lo abrazaba con fuerza. Pete le restregaba los labios por toda la cara, dejando saliva por aquí y por allá, pero no le importaba en lo más mínimo. Josh, lleno de amor, le llenó las mejillas, los labios y la frente de besos, y con el niño en un brazo, entró en la casa.
—Josh, qué bueno que llegaste.
Su madre lo saludó con entusiasmo, dándole un beso en cada mejilla.
—Emma dijo que hoy llegaría tarde. Parece que tiene una cita —comentó, mientras iba y venía con energía por la cocina.
—¿Le ayudo con algo?
Al olfatear el dulce aroma del pay, Josh aspiró con la nariz, y su madre lo reprendió suavemente.
—¡Ya te dije que no hagas eso! Van a pensar que te tengo muerto de hambre. Si tienes hambre, te preparo algo. ¿Y esas gafas de sol? ¿Por qué no te las quitas?
Josh, que ya no podía seguir ocultándolo, obedeció y se quitó las gafas. Al levantar el rostro y dejar a la vista los moretones, su madre abrió los ojos como platos.
—¡Dios mío! ¿Qué te pasó? ¿En qué trabajo andas ahora que te tienen así? ¡No me digas que volviste al ejército!
Ante la avalancha de preguntas, Josh sonrió con incomodidad.
—No, nada de eso. Solo estoy trabajando como guardaespaldas de una celebridad... Suena más escandaloso de lo que es, en realidad.
—Daddy, ¿te duele?
Pete le tocó suavemente el ojo morado y preguntó, con esos inocentes ojos verdes, idénticos a los de Josh, parpadeando con ternura. El corazón le dio un vuelco.
—No, para nada.
Josh no pudo contener la ternura y volvió a cubrirlo de besos. Pete se echó a reír y se sacudió, entre risitas. Y justo sobre esa carita sonriente, la imagen de Chase se sobrepuso con naturalidad. De pronto, Josh se dio cuenta de cuánto se parecía a él.
Su madre era Beta, pero su abuela había sido Omega, y una vez le explicó que probablemente esa herencia había saltado una generación hasta él. Tal vez por eso sus feromonas eran tan débiles. En su familia, él era el único Omega; los demás eran Betas. Aunque en realidad, aparte de su madre y su hermana, ya no quedaba mucha familia. Por eso, la mayoría asumía que Josh también era Beta.
Josh observó el rostro de Pete con atención. Aún tan inocente, este niño podría manifestarse como Alfa dominante, como Chase, o ser Omega como él, o simplemente vivir toda su vida como un Beta. Fuera lo que fuera, si llegaba a manifestarse, lo sabrían antes de que cumpliera veinte años. Después de esa edad, las mutaciones eran muy poco comunes.
No saber en qué se convertiría le causaba más miedo que expectativa. Solo pensar que ese niño adorable pudiera crecer y parecerse a Chase le provocaba escalofríos.
«Por favor... que solo se le parezca en lo físico.»
Sin darse cuenta, Pete ya se le había trepado encima, y montado sobre sus hombros jugaba con su cabello. Josh, asegurándolo bien por las piernas para que no se cayera, lo sostuvo firme mientras su madre lo observaba desde la cocina con el cuello estirado.
—¡Cuidado que Pete no se golpee la cabeza! Con tu altura, si además lo llevas montado...
—Sí, lo sé —respondió Josh con tranquilidad, antes de darle un beso en la pantorrilla regordeta.
—Y dime, ¿cuántos días tienes de vacaciones?
—Dos —respondió él—. Regreso mañana por la noche.
—¿Solo una noche?
Su madre frunció el ceño, visiblemente decepcionada, aunque enseguida volvió a mirar a Pete, que seguía aferrado como si no quisiera separarse nunca. Ya se imaginaba lo difícil que sería mañana por la noche. A esa edad, era normal. Negó con la cabeza y de pronto sus ojos se iluminaron, como si recordara algo.
—Ah, cierto, tengo que ir a recoger unos medicamentos... ¿Puedes ir tú? De paso, ¿me traes algunas cosas del mercado? Aún falta como una hora para que el pay esté listo, así que pueden ir tú y Pete juntos.
Josh asintió al recibir la lista de compras. Con cuidado, bajó a Pete de sus hombros y lo abrazó por delante, pero el niño enseguida intentó volver a treparse.
Josh no dejó que Pete hiciera lo que quería hasta que salieron del local. Cuando al fin lo soltó, el niño se le subió de inmediato por los hombros y volvió a montarse a caballito.
—¡Kyajaja!
Pete, encantado, se balanceaba de un lado a otro, soltando esa risita tan propia de los niños. Cuando vivían en Boston, Josh solía llevarlo montado a pasear por las calles. Esta vez, había estacionado el auto a propósito en un aparcamiento a una cuadra de la farmacia, y por primera vez desde que se mudaron, volvió a caminar con él a hombros.
Durante el camino, las miradas no se hicieron esperar: personas en autos, gente paseando con perros... todos se giraban a verlos. Pete, con su campo de visión más alto, se emocionó aún más al ver a la gente pasar por debajo.
—Daddy, tu cabeza.
Le daba golpecitos juguetones con sus manitas en la cabeza, o se restregaba contra su cara, buscando atención. Pete estaba más mimado de lo usual, y eso hizo que Josh se sintiera culpable. Pensó que quizá lo había hecho sentir solo. Aunque el niño no paraba de tocarle la cabeza, Josh no dijo nada y lo dejó hacer. No tardaron mucho en llegar a la farmacia.
—Pete, bájate un momento.
Antes de que pudiera sorprenderse, Josh lo bajó rápidamente en brazos y entraron. Mientras compraba los medicamentos de su madre y tachaba algunos artículos de la lista, Pete no se apartó en ningún momento de su brazo, sentado cómodamente sobre él.
No tardó mucho en encontrar todo lo de la lista y ponerlo en la cesta. Cuando estaba pasando los artículos por el escáner, uno de ellos no se registraba bien. Luego de varios intentos, una empleada se acercó para ayudarlo con una sonrisa.
—Qué niño tan lindo.
Lo dijo mirándolo con calidez, claramente interesada. Josh, incapaz de ocultar su lado blando, besó la cabeza de Pete que descansaba sobre su brazo.
—¿Verdad que sí?
—Sí, cuando crezca será tan guapo como su papá.
—Gracias.
Josh metió los billetes en la máquina y recogió el cambio.
—Que estés bien, Hannah.
Al decir su nombre en voz alta, según el cartel de su gafete, el rostro de la empleada se iluminó por completo. Justo cuando Josh se dio la vuelta para salir, se detuvo al ver una cara familiar.
—Emma. —Sonrió al reconocer a su hermana y se acercó—. Escuché que llegarías tarde. ¿Qué haces aquí?
—Cancelaron mi cita. Mamá me pidió que comprara algunas cosas, pero... ya veo que tú te adelantaste.
Al ver la bolsa que él llevaba, Emma le dio un leve codazo en las costillas.
—Deja de coquetear con todas, canalla. Con esa cara llena de moretones, ¿todavía te dan ganas?
—¿Qué hice ahora?
Josh protestó, pero Emma no se lo creyó.
—¿Y qué te cuesta decir la verdad? Ya tienes una marca. Si alguien supiera que eres Omega, los Alfas ni se atreverían a meterse contigo. Seguro que si las mujeres se enteraran, se te acercarían muchas menos. ¿O acaso eso es lo que disfrutas, eh, sinvergüenza?
—Sinvergüenza, sinvergüenza.
—Eso no se dice.
Josh reprendió suavemente a Pete, que repetía lo que escuchaba, y le lanzó a Emma una mirada de advertencia.
—Cuidado con lo que dices delante del niño. No es que lo oculte, solo que no hay necesidad de ir diciéndolo. También me dificulta el trabajo.
Había puesto a Pete a caballito justamente para evitar que escuchara cosas indebidas. El niño volvió a jugar con su cabello. Caminando uno al lado del otro, Emma retomó la conversación.
—¿Y el trabajo qué tal? Dicen que te pagan una barbaridad. Aunque cuando eso pasa, es porque el trabajo es un infierno.
Lo decía por los moretones en su rostro. Josh respondió con indiferencia:
—Lo justo por lo que me pagan. Auch.
—Pete, tu papá va a quedarse calvo —Emma reprendió al niño con una risa y luego continuó hablando—. Al menos tienes suerte de estar cerca. Si pudieras venir cada vez que descansas, sería genial.
«Aunque... ¿quién sabe cuándo volverá a tener un día libre?»
Mientras Josh pensaba eso, Emma volvió a hablar:
—Mamá me preguntó el otro día... si estás saliendo con alguien últimamente.
—¿Y entonces?
—Le dije que no sabía. Porque es la verdad.
—Claro... —respondió él, sin dejar de caminar.
Emma lo miró de reojo y preguntó:
—¿No es difícil criar a un niño solo? ¿No tienes a nadie que te hayan querido presentar, o algún compañero de trabajo que valga la pena? Dijiste que, salvo un casado, todos son Alfas, ¿no?
—No se sale con alguien del trabajo.
Josh la reprendió con fingida severidad, y Emma chasqueó la lengua con fastidio.
—Por lo general, los romances empiezan en el trabajo, ¿sabes? Bueno, tú qué vas a saber si nunca has tenido una relación seria. Eres de los que no frenan a quien se acerca, pero tampoco se esfuerzan por retener a quien se va. Es un milagro que hayas tenido un hijo siquiera.
Emma lo había dicho sin pensar, y en cuanto notó a Pete, bajó la mirada. El niño seguía jugando con el cabello de Josh, completamente ajeno a la conversación.
—Oye... lo de Pete... el papá, quiero decir... ¿de verdad no has tenido contacto con él? ¿De verdad es cierto?
—¿Por qué?
—¿Cómo que por qué...? —Emma lo miró como si fuera obvio—. Josh, tú siempre has sido súper cuidadoso. No creo que te hayas acostado con cualquiera y que el embarazo fuera un accidente. Debía de ser alguien que conocías. Es muy raro que nunca más haya dado señales de vida.
—No soy tan meticuloso como crees.
—Pues no parece cosa tuya. Tú siempre has manejado bien tus ciclos, ¿no?
Y sí, lo había hecho. Solo hubo un accidente, una única vez. De hecho, ese ciclo ni siquiera estaba previsto. Si no hubiera sido por "ese" hombre, el ciclo jamás se habría desatado de esa forma.
Josh se quedó pensando por un momento, pero enseguida lo invadió la culpa. Porque esa "casualidad" había sido su mayor suerte en la vida. Gracias a eso, había llegado Pete, su tesoro más preciado.
Marcó la línea con firmeza:
—Simplemente ya no hay razón para verlo. No quiero arreglar nada con él. Y perdón que te lo recuerde, Emma, pero antes de manifestarme, yo era el quarterback más popular de toda la preparatoria.
—¿Por un año?
—Sí, y en ese año tuve muchas novias. Tú lo sabes. Incluso justo antes de tener a Pete.
Emma puso los ojos en blanco, fastidiada. Sabía perfectamente que Josh, hasta conocer a Chase Miller, no había pasado ni un solo día sin novia.
—¿Quién lo diría? Si hasta te besabas con una en la mañana y salías con otra en la tarde.
—Me separé de una durante el almuerzo, y me declararon su amor al salir de clase. Corrijo los hechos.
Pero Emma no parecía muy convencida. Resopló y giró la cabeza, antes de seguir hablando:
—Aunque bueno, cortaste todos tus vínculos de repente y un día apareciste con Pete en brazos. Justo me preguntaba cuánto más te ibas a hacer el santo. ¿Por qué no te buscas otra novia? Hay muchas que dicen que no les importaría que fueras Omega.
No podía decir en voz alta que, desde que conoció a Chase Miller, el resto del mundo le parecía como calabazas viejas de Halloween. Y justo cuando pensaba que por fin lo estaba superando... había vuelto al punto de partida. Así que respondió con indiferencia:
—Hasta que Pete no sea un poco más grande, tengo que mantenerme tranquilo.
Emma parpadeó.
—¿De verdad tienes intención de salir con una mujer?
—¿Y por qué no? —Josh sonrió levemente—. Con una mujer no hay riesgo de embarazo, y para pasar un buen rato, no está nada mal. Mientras no interfiera con el trabajo, salir con una Omega tampoco suena mal. Siempre que ella piense igual, claro.
—¿Y no te has planteado salir con otro Alfa... o con un Beta? ¿No será que todavía no puedes olvidar al papá de Pete?
La pregunta de Emma fue cuidadosa. Josh se tomó una breve pausa antes de responder:
—No tengo intención de tener otro hijo.
La única vez que se acostó con un hombre siendo Omega, fue con "él". Y también sería la última. Josh no tenía planes de volver a estar con un hombre. En realidad, siempre se había sentido más atraído por las mujeres. Así había sido en el pasado, y así seguía siendo incluso ahora.
Excepto por Chase Miller.
Tan pronto como lo recordó, el entrecejo de Josh se frunció con fuerza. Tenía que ser "él" el único hombre con quien se había acostado.
Justo en ese momento, Pete se echó a reír desde arriba, moviéndose con alegría. Ante su ternura, el rostro de Josh se relajó de nuevo. Lo bajó con naturalidad y lo sostuvo en brazos, mirándolo de frente. Al ver su carita, no pudo evitar sonreír.
Pero mientras lo observaba con esa sonrisa, Josh se quedó inmóvil por un instante. En el rostro de ese niño al que tanto amaba, había aparecido de repente la imagen de ese hombre al que no quería volver a ver.
Una expresión confusa se dibujó por un momento en su rostro. Emma lo miró, intrigada, pero Josh desvió la mirada y sostuvo a Pete en un brazo, mirando hacia el frente. «Una vez que termine este trabajo, no volveré nunca más a California.» Se repitió esa promesa una vez más.
Y aun así, lo que volvió a su mente fue aquella imagen: Chase, con los ojos llenos de lágrimas, mirándolo desde abajo. Su respiración débil, casi temblorosa, volvió a resonar con claridad en sus oídos.
Nadie sabía lo que había pasado aquella noche. Solo Josh. Un recuerdo más que solo él llevaba consigo. Cuando llegó a ese punto en sus pensamientos, Emma rompió el silencio:
—Cuando Pete sea mayor... ¿no crees que va a preguntarte por su papá?
—Seguramente —murmuró Josh, sin emoción.
Existen muchas familias con un solo padre. Pete terminaría por aceptarlo con naturalidad. «Y ese hombre puede seguir viviendo su vida en libertad, como hasta ahora.»
Frunció el ceño sin darse cuenta. No notó que aquello que siempre había considerado normal... ahora empezaba a incomodarlo. Y no quería profundizar más en por qué.
Sin embargo, por mucho que intentara borrarlo, la imagen de Chase con esa expresión de miedo, con los ojos inundados de lágrimas, no dejaba de darle vueltas en la cabeza.
Ni siquiera el beso que lo había incendiado por dentro lograba desvanecerse.
Capítulo 14
—¡Vaya, pero si tienes mejor cara!
El primero en hablarle a Josh tras regresar de sus vacaciones fue Henry. Él también se veía con mejor semblante que la última vez que se vieron.
—Parece que copió esa escena y la ve a cada rato —le susurró Seth con discreción.
En resumen, le encantaba ver una y otra vez la pelea entre Josh y Chase. Prueba de ello era que, aunque solía estar de mal humor, ese día Henry no dejaba de sonreír mientras le daba unas palmadas en el hombro a Josh.
—Ir a casa te sentó bien, ¿no? ¿Y el niño? ¿Se la pasó bien? ¿Cuándo lo traes? Le voy a comprar algo rico.
Aquel Henry que una vez gritó como loco y llamó "delincuente en potencia" a un niño por colarse en una fila del parque, solía detestar a los niños. Y ahora le pedía que trajera a Pete, así que definitivamente estaba de muy buen humor. Por supuesto, Josh no tenía ninguna intención de hacerlo.
—Sí, bueno... gracias —respondió con indiferencia, y se adentró en la mansión.
Se disponía a buscar a Mark cuando, a lo lejos, vio a Isaac acercándose corriendo.
—¡Josh! ¿Tuviste un buen viaje?
Josh lo esperó mientras corría hacia él con ese rostro sonrojado por el esfuerzo, y le contestó mirándolo desde arriba:
—Sí, ¿y tú? ¿Todo bien por aquí?
—Claro, como siempre. ¿Pudiste descansar bien en casa?
Josh soltó una sonrisa amarga ante la pregunta tan casual.
—¿Descansar? Qué va. Me la pasé reparando cosas. En dos días no hice más que arreglar la casa. De milagro no terminé desmontando el inodoro. Y el césped... ¿por qué crece tan rápido? A veces pienso en arrancarlo todo y poner cemento.
—Vaya... si los vecinos te denuncian, te vas a meter en líos —respondió Isaac entre risas. Luego, dudando un momento, añadió en voz más baja—: ...Te extrañé.
—Ah, claro. ¿Y Mark?
Josh desvió el tema sin pensar demasiado. Isaac pareció desconcertado por un instante, pero fingiendo naturalidad, señaló hacia un lado.
Klynn: Todxs alguna vez fuimos Isaac.
—En el comedor. Está almorzando.
—Gracias, nos vemos luego —se despidió brevemente y se alejó.
Isaac se quedó un momento en el mismo lugar, como si tuviera algo más que decir, pero luego se dio la vuelta.
«¿Le pasará algo?»
Josh se quedó pensativo ante la actitud inusual de Isaac, pero rápidamente siguió su camino. Subió al segundo piso y, de repente, una escena a través de la ventana captó su atención.
Desde allí se veía la piscina. La misma en la que Chase casi lo mata. Al recordar ese día, un escalofrío recorrió su espalda. La silla en la que Chase se había tumbado aquel día estaba vacía.
Fue entonces cuando se dio cuenta: sin notarlo, lo estaba buscando.
«¿Estará descansando en su habitación...?»
***
{—Haa, haa. Haa. Haa.}
La respiración agitada del hombre bajo él zumbaba en sus oídos. Su pecho firme subía y bajaba con fuerza, y los pequeños pezones estaban completamente erectos. Cuando pasó los labios por los pezones endurecidos, el hombre dejó escapar un gemido ronco.
{—Ah, ha... ah.}
El estremecimiento que recorría su cuerpo provocó una vibración en sus zonas unidas. Incapaz de resistir la sensación, volvió a eyacular. Ya había corrido varias veces dentro del hombre, y aun así su pene no mostraba señales de detenerse. Su miembro, tan erecto como los pezones, llegaba hasta el ombligo del otro. Cuando el hombre intentó tocarse, le sujetó la mano y la presionó contra la cama mientras lo embestía desde abajo.
{—¡Ah!}
El otro gritó en un gemido agudo. Pero él sabía que no era por dolor. La prueba era ese rostro bien definido, enrojecido, jadeando mientras sus ojos se entrecerraban en éxtasis. Lo miró de frente y comenzó a moverse con rapidez, embistiendo con fuerza.
PAF, PAF, PAF, PAF.
El sonido violento de la carne chocando resonó sin cesar. Las firmes nalgas del otro se apretaban con fuerza, tragándolo por completo. Las paredes internas se pegaban a su pene como si estuvieran hechas a su medida. De su boca comenzaron a salir gemidos descontrolados.
{—Haa, ha, ah, haa, ah.}
{—Ugh, ngh, uh, ah.}
Los gemidos y respiraciones de ambos se entrelazaban, mezclándose húmedamente en su carne. Quería llegar aún más profundo. Desesperado, empezó a embestir con fuerza.
Quería hundirse hasta la base, empaparlo por dentro. No, quería marinar hasta sus venas con su semen. Que cada vez que respirara, al cerrar o abrir los ojos, ese hombre percibiera su aroma. Que quedara completamente impregnado de él.
{—Ah, haa, ah... ngh.}
No se contuvo y dejó escapar gemidos intensos. Solo imaginarlo bastaba para hacerle perder la cabeza de placer.
{—Todo es mío.}
{—...¡Ugh!}
Incluso habiéndolo empalado hasta la raíz, no era suficiente. Lo presionó con fuerza y frotó con violencia, haciendo que la carne sensible se estremeciera al ser rozada por el vello púbico. El otro terminó por perder la razón.
{—Ha... ah...}
Con voz ronca y deshecha entre suspiros, el hombre tembló débilmente. Después de quién sabía cuántas eyaculaciones, tenía el vientre y otras partes del cuerpo completamente manchadas de blanco. Al verlo derramar su semen sin propósito alguno, él volvió a embestir, hundiéndose una vez más sin dejar nada fuera. Clavó su pene hasta la base y lo dejó fijo dentro del cuerpo del otro.
{—...¡Ugh!}
El gemido del otro cambió. En el rostro nublado por el placer, por primera vez apareció un atisbo de dolor. Sorprendido, el hombre lo tomó por los hombros e intentó apartarlo. Pero él no hizo caso y volvió a hinchar la punta con más fuerza.
«Voy a meterlo todo.»
Entre jadeos pesados, apretó los dientes. Iba a dejarlo todo dentro de ese hombre. No permitiría que se perdiera ni una gota. Quería llenarlo, hacerlo rebosar, hasta que él le perteneciera por completo.
{—Ah, duele, ngh...}
El otro gimió de dolor. De su boca entreabierta y sin aliento caía saliva. Él sacó la lengua y la lamió, atrapándola con los labios en un beso profundo. Igual que abajo, sus labios se unieron con fuerza, sellando cualquier espacio. Y con eso, los gemidos adoloridos del otro se apagaron sin fuerza.
Incluso en medio de todo eso, seguía eyaculando. Había derramado una cantidad descomunal, pero no se escapaba nada. Con la punta hinchada bloqueando toda salida, vertía su semen hasta llenar por completo el interior del otro.
Hasta que quedara embarazado.
Cuando al fin sus labios se separaron, el hombre estaba completamente ido, atrapado entre el dolor y los feromonas que le recorrían todo el cuerpo. Al volver a besarlo en esos labios entreabiertos que jadeaban sin control, se dio cuenta.
«¿Alguna vez me había sentido tan lleno?»
Jamás. Siempre había estado vacío. Ninguna sed había sido calmada. Pero ahora, en este momento, era perfecto. No, se había vuelto perfecto. Gracias a este hombre.
«Es mío.»
Lo abrazó con fuerza, apretando todo su cuerpo contra él sin dejar espacio entre los dos. Si perdía a este hombre, volvería a quedar vacío.
{—Queda embarazado.}
Lo susurró entre jadeos, acariciando con los labios la oreja del hombre, una de las pocas zonas sin músculo en ese cuerpo firme cubierto de elegancia. Y como si fuera un conjuro, lo repitió una y otra vez.
{—Queda embarazado. Ten a mi hijo.}
{—Ngh, ugh...}
Perdido entre dolor y placer, el hombre parecía completamente fuera de sí. Con los labios, frotó suavemente el borde de su oreja antes de pronunciar:
{—Eres completamente mío.}
¡CRAC!, mordió con los dientes el cartílago de la oreja. El cuerpo del otro se contrajo violentamente de dolor. Lo abrazó con tanta fuerza que no pudo moverse, y siguió mordiéndolo sin piedad. La sangre le empapó la boca, y él, intoxicado por los feromonas del otro, también se sintió aturdido.
«Ahora sí, eres totalmente mío.»
Y tras dejar su marca definitiva en lo que ya era de su propiedad, se dejó llevar por la satisfacción y cayó dormido. Con su cuerpo aún profundamente enterrado en el interior del otro.
Era perfecto. Hasta que volviera a abrir los ojos.
***
♬♪♪♬♬♩.......
El familiar sonido del timbre despertó una parte de la conciencia de Chase. Frunció el ceño y, con un leve gemido, se dio la vuelta en la cama. Justo cuando el timbre pareció cesar, una nueva voz se dejó oír.
[—¿Señor Miller? ¿Está despierto? ¿Hola, me escucha? Señor Miller, ¿está ahí?]
La voz de su mánager sonaba a través del contestador automático. Chase mantuvo los ojos cerrados sin responder, solo dejó escapar un gruñido molesto y apagado. Al percatarse de que había algún tipo de reacción, el mánager no perdió tiempo y fue directo al grano.
[—Conseguí una copia adicional de la novela original de la película en la que va a trabajar. Pronto se la llevaré personalmente. ¿Ya leyó la que le mandé antes? Sé que es bastante, pero sería mejor leer toda la serie completa. Así podrá entender bien a los personajes... En especial este libro, fue realmente difícil de conseguir. Puede ignorar los otros si quiere, pero este tiene que leerlo sí o sí. Prácticamente todo sobre el Doctor Flame está ahí. Seguro que al menos ha oído hablar de la saga, es muy famosa, pero no es lo mismo conocerla que interpretar uno de sus personajes. Tiene que estudiarlo a fondo. Es una serie antigua y con una base de fans muy sólida, así que hay que tener cuidado. Pero si se trata de usted, señor Miller, sé que lo hará bien. El propio señor Pittman le ofreció el papel, después de todo... Sé que ya se lo he dicho, pero la verdad es que el atentado que sufrió el señor Pittman fue porque nosotros seguimos posponiendo la firma del contrato, ¿recuerda? Usted seguía dando largas y, bueno... en fin, a lo que quiero llegar es que, mientras interprete el papel de manera impecable, todo lo que ocurrió durante la etapa de negociación será cosa del pasado...]
El mánager seguía hablando, pero Chase no escuchaba ni la mitad. Solo respiraba con calma en silencio. Su mánager, acostumbrado a ese tipo de reacción, concluyó la llamada rápidamente.
[—Bueno, señor Miller, si necesita algo más, comuníquese conmigo. Pasaré en la tarde.]
Finalmente la llamada terminó, y el silencio llenó la habitación. Chase parpadeó lentamente. Aún sentía un leve mareo, pero no era insoportable. Permaneció un rato tumbado antes de incorporarse con lentitud.
—Haa...
Soltó un suspiro profundo y permaneció sentado, encorvado, por un momento.
«¿Qué día es hoy?»
Trató de recordar, pero por supuesto no tenía idea. Después de un rut, podía pasar desde un día hasta tres, dependiendo del caso. Y en su caso, tomando medicación, era aún más impredecible.
HUU... Se frotó la frente con una mano y volvió a suspirar, cuando frunció el ceño de repente. Tenía la sensación de haber soñado algo, pero no podía recordarlo. Su mente estaba nublada, como si se moviera entre la niebla.
Permaneció un momento así, hasta que de pronto revisó su cuerpo y la cama de forma apresurada. Pasó la mano por las sábanas, olfateó, se levantó y revisó distintas partes de su cuerpo. Solo cuando terminó, dejó caer los hombros con alivio.
—Haa...
Cuando la tensión se disipó, de pronto sintió hambre. Al mirar el reloj, notó que ya casi era la hora del almuerzo.
«Necesito comer algo.»
Chase logró reunir ese pensamiento en su mente aún agotada. Con una mano en la frente, tomó el teléfono con la otra y marcó un número interno, pero aunque dejó sonar casi diez veces, nadie respondió.
«¿Malditos imbéciles, por qué no contestan el teléfono?»
Chasqueando la lengua con fastidio, colgó y salió de la habitación. A medida que avanzaba por el largo pasillo, comenzó a hervirle la sangre.
¿Para qué diablos contrató guardaespaldas en primer lugar? No eran más que idiotas que se pasaban el día sentados mirando las cámaras de seguridad, tomando cerveza y viendo estúpidos partidos deportivos. Llenar la casa de inútiles como esos no servía para nada.
«Míralos, estos imbéciles...»
Chase apretó los dientes parado en la entrada de la cocina. Tal como lo imaginaba, el exceso de personal estaba ahí, perdiendo el tiempo. Y para colmo, bebiendo café tranquilamente.
Apoyado contra el marco con paneles de madera, Chase frunció el ceño con fuerza mientras clavaba la mirada en la nuca de Josh.
***
—Haah.
Josh dejó escapar un suspiro mientras contemplaba el jardín. Había terminado de comer de forma bastante simple y recién acababa de moler granos para prepararse una taza de café caliente. Aún quedaba algo de tiempo antes del cambio de turno. Mientras se llevaba la taza a los labios, pensó: «No está mal tener una mañana tan tranquila de vez en cuando. ¿Debería llamar a Pete?»
Aunque lo había visto el día anterior, el pecho se le apretó de pronto por la nostalgia. Con solo escuchar su voz, sería suficiente. Con esa intención, buscó su celular apresuradamente. Pero entonces—
—Oye.
La voz fría que escuchó de repente hizo que Josh girara la cabeza por reflejo. En el momento en que vio al hombre apoyado contra el panelado, no pudo evitar sorprenderse de nuevo. Chase estaba allí, mirándolo fijamente.
La situación, completamente inesperada, lo dejó parpadeando sin saber cómo reaccionar. Se incorporó a medias con torpeza, tratando de encontrar algo que decir, pero nada le venía a la mente. Aquella cabeza, que hasta hace un segundo estaba llena de pensamientos sobre Pete, se vio de golpe invadida por otra cosa.
El silencio se volvió tenso. Por alguna razón, Chase no decía ni una palabra; simplemente lo miraba. Finalmente, tras un largo momento, Josh logró forzarse a hablar, extrayendo con dificultad las palabras.
—...¿Se le ofrece algo?
En lugar de responder, Chase bajó lentamente la mirada y recorrió con ella el cuerpo de Josh, de pies a cabeza: sus largas extremidades, su silueta delgada, musculosa, sin un solo gramo de grasa. Inconscientemente, frunció el ceño.
«¿Por qué un hombre con ese rostro está trabajando como guardaespaldas? Más bien parece alguien que necesita uno.»
—¿...?
Al notar su mirada penetrante, Josh ladeó ligeramente la cabeza, desconcertado. A Chase tampoco le agradó esa reacción. Pero cuando finalmente abrió la boca, lo que salió fue muy distinto a lo que tenía pensado.
—¿Por qué nadie contesta el maldito teléfono?
Lanzó el insulto para sí mismo, sabiendo perfectamente que eso era todo lo que tenía para decir.
«¿Cómo voy a preguntarle: "Con esa cara, por qué haces de guardaespaldas"?»
Chase quiso morderse la lengua.
—Ah...
Josh soltó una breve exclamación, como si finalmente entendiera. A Chase tampoco le gustó esa respuesta, pero Josh, sin sospechar nada, cayó en la cuenta de inmediato.
«Así que por eso bajó hasta aquí.»
Agradecido de que al menos ya sabía la razón, y con una excusa para hablar, Josh se apresuró a intervenir.
—Parece que no lo escuchamos. ¿Qué necesita?
Con el ceño aún fruncido, Chase respondió:
—Comida.
—¿Perdón?
Josh repitió por reflejo la pregunta y enseguida se dio cuenta del error. En cualquier momento podía volar un puñetazo, pero por alguna razón, Chase no se movió. Solo lo miraba fijamente con los ojos inyectados en sangre.
—Dije que quiero comer, ¿no hablas español*? ¿No entiendes? ¿Es que tienes las orejas de adorno?
*N/T: Originalmente decía inglés.
Ante el sarcasmo que no podía faltar, Josh frunció el ceño, pero se contuvo. Al fin y al cabo, él no era más que un empleado.
—Lo prepararé de inmediato —respondió con la mayor neutralidad posible y se dio la vuelta.
Aunque Josh abrió la puerta del refrigerador y comenzó a preparar la comida, Chase no se movió; seguía de pie, inmóvil, observándolo.
Ignorando su mirada, como si no se diera cuenta, Josh sacó uno de los platos precocinados como de costumbre y estuvo a punto de meterlo al microondas cuando se detuvo. Solo hacía falta ajustar el tiempo y presionar un botón, y todo estaría listo. Pero lo que lo hizo dudar fue, absurdamente, la presencia de frijoles verdes en el plato.
«A ese tipo tampoco le gustan los frijoles.»
Al recordar los platos donde siempre quedaban los frijoles intactos, pensó enseguida en Pete. «¿Por qué tenía que parecerse justo en eso?», se lamentó internamente, aunque sabía que no cambiaría nada.
—...¿Qué haces? —preguntó Chase. Esta vez, con una expresión sinceramente confundida.
Josh no respondió; se limitó a buscar rápidamente entre los ingredientes del refrigerador, los sacó sin dudar y cerró la puerta de golpe. Cuando se volvió hacia Chase, no quedaba rastro de molestia en su rostro.
—Estoy preparando la comida, por supuesto.
Chase alzó una ceja con desconfianza al ver su sonrisa tan tranquila.
—No estarás pensando en envenenarme, ¿verdad?
—¿Qué dijo?
Josh, sin poder evitarlo, repitió la pregunta con incredulidad. Pero Chase hablaba totalmente en serio. Josh soltó una breve risa seca.
—Si hubiera querido envenenarlo, ya lo habría hecho. ¿Acaso no podría haberlo hecho con la comida precocinada también?
—Tal vez solo estaba esperando el momento ideal para hacerlo con mis propias manos.
Chase seguía sin confiar en él. Josh, por toda respuesta, le dedicó una amplia y resplandeciente sonrisa. Al verla, Chase se quedó sin palabras y su mirada se quedó fija en él. Josh estiró un brazo con elegancia, dibujando un gesto teatral, e hizo una ligera reverencia.
—Qué honor tan grande que me conceda semejante oportunidad, joven amo. ¿Prefiere que unte el veneno en el filete o que lo frote en el tenedor? Elija lo que más le plazca. Lo haré con gusto.
Aunque claramente era una burla, no resultaba para nada ofensivo. Cualquiera en su lugar se habría echado a reír. Incluso Chase se sintió desconcertado, avergonzado más bien, sin saber cómo reaccionar.
«¿Qué rayos le pasa a este tipo?»
Mientras lo observaba parpadear, se dio cuenta de que, pese a sus palabras, Josh estaba sonriendo con absoluta sinceridad. Al identificar el motivo por el que su rabia se desinflaba, Chase no pudo evitar abrir la boca con incredulidad.
«¿Que tiene mejor carácter que yo? ¿Este maldito idiota ni siquiera sabe cuál es su lugar?»
Josh, aún con una sonrisa, le dio la espalda.
«Antes que sospechar si hay veneno en cada plato, sería más eficiente tragarse el orgullo.» Pensó, sin decirlo en voz alta.
Mientras asaba la carne, preparaba la salsa y cocía las verduras, Chase no se movió ni un centímetro de su lugar. Josh sabía perfectamente que su mirada seguía clavada en su espalda, pero la ignoró por completo.
Cuando tenía a Pete sentado sobre los hombros, era difícil cocinar, así que muchas veces lo sentaba en una silla y le ajustaba el cinturón de seguridad. Entonces el niño lo seguía con la mirada, deseoso, sin perderlo de vista ni un segundo. Evitar la mirada insistente de un niño era realmente difícil. Comparado con eso, la de un adulto arrogante no era nada.
Pensar en aquel niño babeando con la boca entreabierta mientras lo observaba, lo hizo sonreír sin querer. Y justo cuando se le escapó esa sonrisa, Chase soltó de pronto:
—¿Qué te causa gracia?
«Ups», Josh se congeló. Chase no tardó en encontrarle una excusa para reclamar, pero por suerte había una cláusula que lo respaldaba. Así que se apegó a ella y lo ignoró.
—Tú —volvió a hablar Chase, con una risa crispada, como si estuviera a punto de estallar—. ¿Me estás ignorando, verdad?
Josh dudó por un instante. Tal como iban las cosas, rompiera o no la cláusula, probablemente terminaría recibiendo una golpiza. El nuevo contrato estipulaba que debía evitarse la violencia, pero dudaba seriamente de que se cumpliera. Al final, quien salía perdiendo si lo golpeaban era él. Y después de todo, no tenía ganas de volver a experimentar los dolorosos puñetazos de Chase. Así que, decidido, respondió:
—Hay una cláusula que indica que no debo responder si me habla. Solo estoy cumpliendo el contrato.
Y, tal como esperaba, lo único que recibió a cambio fueron insultos y sarcasmos.
—¿Quién te dijo que lo hicieras cada vez? ¿No tienes ni un poco de sentido común? Si necesitas algo, ¡deberías decirlo, idiota! ¿No tienes nada en la cabeza?
Chase hablaba más de lo habitual, señal de que estaba realmente molesto. Pero, como siempre, ni una sola palabra de las que decía era agradable de oír.
Josh tuvo que respirar hondo para no dejarse llevar por la rabia. Por un momento, pensó que sería mejor golpearlo y acabar en la cárcel. Pero justo entonces, la imagen de Pete le vino a la mente, y no tuvo más opción que aguantarse. En su lugar, respondió con una sonrisa profesional:
—Disculpe. Lo tendré en cuenta para la próxima.
Chase no dijo nada. Solo lo miraba fijamente. La tensión era tan pesada que Josh, sin más remedio, soltó una mentira.
—Simplemente recordé un programa de comedia que vi hace poco. No tiene mayor importancia.
Por miedo a que empezara a buscarle otra excusa para pelear, cambió rápidamente de tema.
—¿Qué le gustaría tomar? ¿Agua, agua con gas, o prefiere que le prepare algo?
—Oye.
—Sí, señor —respondió Josh de inmediato, esta vez.
Chase, apretando los dientes, escupió:
—Cállate.
Josh cerró la boca como le habían ordenado y comenzó a preparar la mesa lo más rápido posible. Colocó los manteles individuales, las servilletas dobladas con cuidado, los cubiertos y luego sirvió el plato principal que había terminado de preparar.
Mientras Josh colocaba con precisión el plato frente al asiento, Chase no dejaba de observarlo. Josh lo ignoró y se dirigió a la vinera contra la pared, de donde sacó una botella, retiró el corcho, olió ligeramente el aroma del vino y sirvió una copa. Luego se retiró con una sonrisa, esta vez genuina.
—Buen provecho, señor Miller.
Chase lo miró en silencio por unos segundos. Josh le devolvió la sonrisa. Fue solo entonces que Chase se movió por fin.
Con apenas unos pasos cruzó el espacioso comedor hasta la mesa. Estaba a punto de sentarse cuando Josh, como si de pronto recordara algo, abrió los ojos con fingida sorpresa.
Mientras Chase fruncía el ceño, Josh se giró rápidamente y regresó con una pequeña sartén. Y justo delante de él, con una gran sonrisa, vertió el contenido sobre el filete.
Eran habichuelas verdes perfectamente salteadas.
Chase no dijo nada. Solo miraba el plato. Pasaron unos segundos antes de que su mirada se deslizara lentamente hacia Josh, quien le sonrió con toda naturalidad.
—Olvidé ponerle el veneno.
El rostro de Chase se fue endureciendo poco a poco. Pero Josh, sin inmutarse, añadió:
—Buen provecho. Tal vez con el veneno se le pase ese mal carácter.
—...
—Junto con usted, por supuesto.
Josh entonces retiró la silla como haría en una cita con una novia, igual que había hecho en el pasado. Nadie con quien hubiera salido antes tenía una cara tan bonita ni un temperamento tan horrible.
Mientras pensaba eso, esperó a que Chase tomara asiento, con el corazón latiendo con fuerza sin saber cómo reaccionaría.
Chase bajó la vista al plato. Lo único visible eran las montañas de habichuelas; la carne estaba completamente cubierta. Josh pensó que tal vez arrojaría el plato. Pero de pronto, Chase se movió. Rodeó la mesa y se dirigió a la silla que Josh había preparado para él. Parecía que iba a sentarse sin más. Josh sintió una leve decepción cuando, de repente, Chase le agarró el brazo.
—¿...?
Sorprendido por la inesperada acción, Josh alzó la vista instintivamente. Chase, con el ceño fruncido, lo miraba fijamente. Sus miradas se cruzaron una vez más. Esta vez, a una distancia muy corta.
Los ojos violetas de Chase, ligeramente opacos, se clavaron en los suyos. Por un instante, ambos se observaron en silencio. Josh tragó saliva. Sabía muy bien quién era ese hombre que tenía enfrente. También sabía que debía apartarse, fingir que no pasaba nada. Que para Chase, él no era absolutamente nada.
Pero, lamentablemente, su cuerpo no se movía. Sin siquiera respirar, Josh solo podía mirar a Chase, como si estuviera hechizado, completamente absorto.
Estaba convencido de que se había vuelto loco. «¿De verdad ese rostro pertenecía a un ser humano?»
—Haa...
Chase soltó un suspiro, y al mismo tiempo, a los oídos de Josh pareció llegarle un lejano eco de una dulce canción de chocolate, ya casi olvidada. La pequeña rubia encantadora ya había crecido y ahora estaba justo frente a él. Soñaba con besarla cada noche. En ese entonces, ella era más pequeña y dulce que él, y vivía su torpe primer amor con la inocencia de un niño.
La niña ya no estaba, pero su corazón seguía latiendo con fuerza, como si de pronto hubiera regresado a ser ese pequeño. Las largas pestañas de Chase subieron y bajaron lentamente. Sus ojos violeta, desenfocados, desaparecieron por un segundo y luego volvieron a aparecer.
—Tú... —susurró Chase con una voz tan dulce como su rostro—. ¿De verdad quieres morir?
Sonreía. Como si realmente estuviera por estrangularlo, sus dedos apretaron con más fuerza la muñeca de Josh. Los dedos empezaron a entumecerse y el brazo a temblar, pero Josh no podía apartar la vista de él. Con esfuerzo, respondió:
—No.
—¿Entonces qué es esto? ¿Acaso estás desesperado por morir?
La voz de Chase se volvió más baja, cargada de un fastidio que estaba a punto de estallar. En ese momento, Josh pensó que, de verdad, lo iba a matar. En medio de esa tensión, se le escapó un chiste.
—Si es en la cama, probablemente estaría encantado de morir así.
—...
Pero al ver la expresión de Chase, Josh supo de inmediato que, lamentablemente, esa vez su broma no había funcionado. No iba a morir en la cama, sino en la cocina. Rápidamente, empezó a repasar en su mente todos los utensilios del lugar.
«¿Meto la cabeza en el horno? ¿O mejor un cuchillo? No... no irá a meterme en el refrigerador, ¿verdad?»
—Tú... —Chase apretó los dientes y empezó a temblar ligeramente. En cuanto levantó la mano, Josh cerró los ojos por reflejo. Si solo se trataba de un golpe, sería hasta un alivio.
Pero...
Nada ocurrió.
Contó hasta diez en su cabeza y, al ver que el golpe no llegaba, no tuvo más remedio que abrir los ojos. Chase lo observaba desde arriba. Su mano seguía suspendida en el aire, inmóvil.
Josh parpadeó, confundido.
«¿Qué le pasa a este tipo?»
Chase, con el ceño fruncido, simplemente le examinaba el rostro en silencio. Josh vaciló. Abrió la boca para decir algo, pero no logró emitir ningún sonido.
Estaban tan cerca que podían sentir el aliento del otro. Ninguno desvió la mirada ni dio un paso atrás. Sin saber cuál era la intención del otro, Josh solo se quedó allí, enfrentando su mirada.
Chase, que había permanecido inmóvil, inclinó lentamente la cabeza. Pero Josh ni siquiera se dio cuenta. Solo cuando escuchó un leve SNIF, un profundo respiro, su cuerpo se tensó. Chase lo estaba oliendo.
Y entonces, la mente de Josh se quedó en blanco. Debería apartarse, pero su cuerpo no respondía. Además, si reaccionaba de forma exagerada, podría despertar sospechas.
«¿Tomé la medicina hoy? ¿O fue ayer? ¿Aún no la tomé?»
No lograba recordarlo con claridad.
«Está bien, mi aroma es débil de por sí...»
Intentó tranquilizarse. Incluso cuando se saltaba las dosis, nadie se daba cuenta. Él mismo se olvidaba de que era un Omega mientras no estuviera en celo. No había forma de que lo descubriera.
—Señor Miller... —Josh, esforzándose por parecer tranquilo, habló con voz suave—, ¿podría retirarme ya?
Chase no respondió. Se quedó quieto como una estatua. Josh sentía que el corazón se le iba a salir del pecho. Chase seguía en silencio, con el ceño fruncido. No había forma de saber en qué estaba pensando.
Cuando Chase soltó repentinamente la muñeca de Josh, este no pudo evitar tambalearse hacia atrás. Chase frunció el ceño de forma repentina. Al notar que parecía a punto de decir algo, Josh se apresuró a esbozar una sonrisa.
—Entonces, me retiro, señor Miller.
Y sin esperar respuesta, desapareció con prisa, casi como si huyera.
Chase, que había quedado solo, permaneció un momento inmóvil mirando en la dirección por la que Josh se había ido. Su entrecejo seguía sin relajarse.
Un retazo de aquel sueño olvidado seguía revoloteando frente a sus ojos. Frustrado, se pasó una mano por el cabello con gesto irritado.
«Debo de estar confundido... No puede ser que se parezca a él.»
Capítulo 15
—¿Una carta de amenaza?
En medio de la reunión, Mark mostró el papel con el rostro endurecido. El original había sido entregado a las autoridades, así que solo les quedaba una copia. El contenido de la tosca carta amenazante, hecha con recortes de revistas, no era muy extenso.
[¡Que caiga el juicio de Dios sobre el Alfa dominante!]
Josh le dio la vuelta al papel por ambos lados antes de pasárselo a Seth. Luego Seth se lo pasó a Henry, y Henry a Isaac. Tras revisar el papel uno por uno, Mark rompió el silencio.
—Normalmente filtramos todas las cartas de fans y las bromas de los antifans que llegan a la oficina, pero esto es distinto.
—No tiene dirección en el sobre.
Ante el comentario de Josh, Mark asintió con la cabeza.
—Alguien la dejó directamente en el buzón. Pero no aparece en ninguna cámara de seguridad. ¿Cómo es posible?
Seth murmuró con rostro serio.
—Entre todas las personas que visitan este lugar, ¿quién pudo...?
Todos callaron, al parecer con la misma idea en mente. Mark continuó hablando.
—Actualmente, todas las personas que entran y salen de la mansión llevan al menos un año trabajando aquí. Las agencias aseguraron que fueron contratadas tras verificar sus antecedentes... Aun así, será mejor tenerlos a todos en observación por si acaso.
—¿Será cosa de alguna organización religiosa?
Ante la pregunta de Isaac, Mark negó con la cabeza.
—No podemos llegar a esa conclusión solo con esto. Podría ser un disfraz, o uno de los involucrados podría estar ligado a ese grupo. Dejando eso de lado, lo que más nos urge ahora es superar la fiesta que se viene sin problemas.
—¿Fiesta?
En cuanto Mark mencionó el tema, Seth repitió sorprendido. Pero en seguida exclamó un "ah" al darse cuenta. Todos lo miraron con compasión cuando se tomó la cabeza con gesto de angustia.
Se trataba de una fiesta para promocionar una película próxima a comenzar su rodaje, a la que Chase asistiría. Como su papel era casi protagónico, era lógico que estuviera invitado.
«¿Y tenía que llegar justo ahora una carta de amenaza?»
Josh suspiró en silencio. Además, últimamente había atentados frecuentes contra los Alfas dominantes. Keith Pittman, propietario de la productora y Alfa dominante, también había sido víctima de uno. Dado su nivel de fama, era casi esperable que fuera blanco de ataques. Pero en el caso de Chase Miller, el riesgo era aún mayor.
Mientras Chase permanecía en casa, todos disfrutaban de tranquilidad. Pero eso se había acabado. Mark habló con semblante serio.
—Primero, discutamos qué hacer durante la fiesta. El lugar será la mansión del señor Pittman y...
Todos guardaron silencio y prestaron atención a sus palabras. Al final de su explicación, Mark añadió:
—Todos trajeron su frac*, ¿verdad? Preparen bien su ropa. Si alguien no tiene, mañana alquilamos todos juntos. ¿De acuerdo? A ver, ¿quién no tiene?
*N/T: El frac es un traje de gala masculino muy formal, caracterizado por una chaqueta corta al frente y con cola larga atrás. Se usa en eventos elegantes como galas o recepciones oficiales.
Levantó la mano y miró a todos. Nadie levantó la suya. Mark entonces dijo, decepcionado:
—¿Maldita sea, solo yo?
Maldijo por lo bajo, y Henry le respondió con fastidio:
—¿Frac, en serio? ¿Por qué tenemos que ir disfrazados de pavos reales también nosotros? ¿No basta con los trajes normales de trabajo?
—Nos dijeron que fuéramos bien vestidos, así que no hay opción —contestó Mark de forma indiferente.
Entonces, Josh e Isaac cruzaron miradas. Él sonrió.
—A Josh le queda bien el frac. Lo estoy esperando con ansias.
—A Josh le queda bien hasta no llevar nada.
Ante el comentario apático de Seth, todos lo miraron. Antes de que Josh pudiera responder, Isaac preguntó con el rostro endurecido:
—¿Cómo sabes eso?
Henry frunció el ceño con disgusto y se echó hacia atrás como si algo lo repeliera. Seth, desconcertado, respondió rápidamente:
—¿Qué? ¿Por qué me miran así? ¡Si todos fuimos de vacaciones juntos a Miami!
—Ah.
—Ajá.
Todos, al recordar de pronto aquel momento, giraron la cabeza con indiferencia. Isaac miró a Josh con el rostro mucho más relajado.
—Es cierto. Habíamos ido a surfear en ese entonces.
Con una expresión nostálgica al rememorar, Josh asintió.
—Sí, fue divertido.
En ese tiempo, aún no se habían unido a P.I.T, así que habían pasado bastante tiempo juntos, incluyendo vacaciones. Para Josh, fue una época de buenos recuerdos, pero Henry no opinaba lo mismo.
—¿Y eso fue hace cuánto ya? No vuelvo a ir contigo, maldito. En cada lugar que íbamos, te llevabas detrás a todas las chicas... y a los chicos también.
—Es que Josh no solo es guapo, también tiene buen cuerpo. Es inevitable —soltó Isaac de forma repentina, como si fuera una broma—. Aunque es un poco bajo de estatura.
—Gracias —replicó Josh con sarcasmo.
Seth se rió y lo apoyó.
—Sí, ese es el único defecto de Josh.
«Estos idiotas.» Josh no dudó y le dio un pequeño golpe a Seth en la parte de atrás de la cabeza, con cuidado para no hacerle daño. Seth lo miró con fingido reproche y luego agregó, en tono juguetón:
—Gracias a él, también nosotros tuvimos muchas citas. A mí me gustaba salir con Josh. Las chicas eran quienes nos hablaban primero, así que no teníamos que esforzarnos en ligar.
—Eso sí era una ventaja. Si yo no estuviera casado ahora...
Isaac miró enseguida a Mark. Justo había intervenido para dar su opinión, pero enseguida tosió con incomodidad.
—Creo que será mejor que llame a casa.
Mark se marchó rápidamente, y Josh, al apartar la mirada de su espalda, notó que el rostro de Henry reflejaba un visible malestar. Estaba mirando a Isaac con una expresión de enfado. «¿Dije algo que pudiera haber molestado a Henry?» Josh trató de recordar, pero no le vino nada a la mente.
Al observar con cuidado, se dio cuenta de que Henry parecía dispuesto a armar una pelea con Isaac. «¿Debería quedarme para intervenir si es necesario?» Se lo pensó por un momento, pero se dio cuenta de que no valía la pena. Para su sorpresa, Henry simplemente se levantó sin decir nada y se marchó. Claro que no se fue sin lanzarle una última frase a Josh:
—Te toca la sala de monitores.
—Entendido —respondió Josh con simpleza, y añadió con una sonrisa—. Que descanses, Henry.
Henry lo miró en silencio. Como la mayoría de los Alfas, su rostro atractivo mostraba una expresión difícil de leer. Un momento después, Henry soltó una breve maldición antes de girarse y salir. Josh también se levantó, justo cuando cruzó la mirada con Isaac.
—¿...Tienes algo que decirme?
De pronto recordó que Isaac parecía estar a punto de decirle algo antes. Isaac abrió la boca, pero en lugar de responderle, desvió la mirada hacia Seth, quien estaba revisando nuevamente el plan de seguridad que habían preparado antes. Entonces volvió a mirar a Josh y le sonrió como de costumbre.
—Nada, lo hablamos después.
—...Está bien.
«¿Era algo personal?»
No tenía sentido insistir, así que Josh se dio la vuelta y se dirigió a la sala de monitores.
—Hm.
Mientras revisaba las pantallas una por una, se detuvo de pronto. La cámara que apuntaba al dormitorio de Chase no funcionaba bien. Al reportarlo a Mark, este le respondió como si ya lo supiera.
[—Está rara desde hace días. Vi que incluso la grabación se había cortado... Estaba pensando que deberíamos hacerle una revisión. El otro día, Laura me dijo que deberíamos quitar esa cámara de la habitación. Desde su punto de vista, es una invasión demasiado directa a la privacidad. Para ella debe ser muy inquietante. Si por algún motivo llegara a filtrarse... Ya sé que entre nosotros no habría nadie capaz de eso, pero desde su posición, no puede confiar completamente.]
Josh comprendió que cuando Mark hablaba de la grabación cortada, probablemente se refería al día en que él mismo la había borrado a propósito. Fingiendo no saber nada, respondió con tranquilidad:
—Tiene razón Laura. De todos modos, hay otras cámaras. No es necesario tener una en el dormitorio...
[—Bueno, en fin, por eso no la he arreglado. Estaba pensando en simplemente apagarla. Me da algo de inseguridad eliminarla por completo...]
Sin llegar a una conclusión definitiva, Mark colgó la llamada. Josh se quedó observando la pantalla en silencio. Tal como había dicho Mark, la cámara del dormitorio parpadeaba de vez en cuando, y la calidad de imagen no era muy buena.
Mientras pensaba en ello, justo en ese momento, Chase apareció saliendo del baño.
Estaba completamente desnudo. Por un instante, Josh se quedó completamente embobado. A pesar de lo mala que era la imagen, el físico perfecto de Chase y su rostro eran claramente distinguibles.
Con el cabello aún húmedo, se quitó la toalla y la arrojó descuidadamente al pie de la cama antes de sentarse. Permaneció inmóvil por un momento, como sumido en sus pensamientos, y de repente levantó la cabeza. Josh, sin quererlo, sintió como si sus ojos se hubieran cruzado a través de la cámara, aunque sabía que era imposible.
Chase abrió los labios. Cuando su boca se movió, como si murmurara algo, la pantalla se apagó de golpe.
—¿Qué...?
Josh se levantó de golpe, exclamando sin darse cuenta. Parpadeó varias veces, pero la imagen seguía completamente en negro. Miraba alternativamente la pantalla y la puerta, en una breve lucha interna.
«¿Debería correr hasta allá? No irá a pasar algo como la vez anterior, ¿verdad? Espera... aquella vez fue durante un celo. Ahora no hay ninguna señal de eso. Solo salió de la ducha, lo sabes.»
Aun así... justo cuando se giró para salir, la imagen volvió de repente, tal como había desaparecido. Josh se detuvo en seco y volvió a mirar.
En la pantalla, Chase ya estaba acostado en la cama. Su cuerpo estaba cubierto por una delgada sábana.
—...Ha. —Josh soltó un suspiro contenido y se dejó caer pesadamente en la silla.
«...¿Qué se supone que debo hacer?»
No podía simplemente pedir que apagaran la cámara después de haber recibido una carta de amenazas. Pero tener que ver eso cada vez era una forma de tortura.
Con culpa y autodesprecio, se frotó el rostro con fuerza. Finalmente, Josh le pidió a Mark que lo asignara a la seguridad exterior durante un tiempo. Así reduciría las probabilidades de ser arrastrado por el aroma de feromonas, lo cual era una gran ventaja. Aunque su cuerpo terminaría más cansado.
Y pasaron unos días hasta que, por fin, amaneció el día de la fiesta de Keith Pittman. Desde temprano, la tensión se sentía en toda la mansión. Era como si hubieran pasado toda una semana preparando solo este día.
Mucha gente iba y venía en la mansión. Expertos en corte, coloristas, masajistas... Todo tipo de especialistas se encargaban de arreglar a Chase de pies a cabeza, dejándolo como un pavo real.
—Ni siquiera los famosos tienen que pasar por esto —comentó Isaac, negando con la cabeza como si solo verlo ya lo agotara.
Josh pensaba lo mismo, aunque por una razón diferente.
«¿No sería suficiente con hacer menos? Ese hombre podría ir a la fiesta recién despertado y aun así todos lo adorarían. Y si lo arreglan encima de eso...»
Cuando Chase apareció finalmente, con el cabello teñido y toda la preparación completa gracias a los especialistas, todos pensaron lo mismo.
Los zombies se van a duplicar.
—Prepárense para lo peor esta noche.
Mark habló con rostro tenso, advirtiendo al grupo. Nadie se atrevió a bromear. Todos, excepto Seth, se armaron incluso con sus armas de fuego, subieron al auto con rostros serios y pronto abandonaron la mansión.
***
Aunque era una fiesta de promoción para la película, probablemente Keith Pittman decidió celebrarla en su propia mansión por motivos de seguridad. Según se decía, para este día su equipo de seguridad había contratado temporalmente a un gran número de nuevos escoltas. En el auto camino a la mansión donde se celebraría el evento, Josh pensaba en Keith Pittman.
Un magnate de fama mundial, generador de escándalos amado por los medios, un Alfa dominante y una celebridad.
Pero lo más importante era que él era el jefe de Emma. Antes y ahora, Pittman siempre había sido un hombre peligroso. Y eso resultaba aún más inquietante para un hermano mayor con una hermana bonita.
Cuando Keith Knight Pittman compró su primera empresa de entretenimiento y se metió al negocio, muchos pensaron que lo hacía para convertirse él mismo en artista, que había intentado montar su propia agencia y había invertido mal. Otros decían que lo hacía para poder elegir a su antojo los papeles de sus futuras producciones.
Pero por supuesto, todos estaban equivocados. Nunca había aparecido frente a una cámara. Y eso que, como la mayoría de los Alfa dominantes, tenía una apariencia espectacular.
De todos los rumores que circularon en su momento, el único que seguía persistiendo era el que decía que había comprado la empresa solo para poder elegir fácilmente a sus parejas según su gusto. Aunque a los Alfa dominantes se les suele conceder cierto tipo de indulgencia, su vida libertina siempre terminaba por hartar al público general.
Y Keith Knight Pittman no era una excepción. Bastaba entrar a una tienda de cualquier gasolinera para encontrar su rostro en la portada de un periódico, acompañado por alguna despampanante belleza. Por eso, la mayoría podía afirmar con seguridad que lo reconocerían al instante si se lo cruzaban por la calle. Claro, que algo así ocurriera era tan improbable como ganar la lotería.
Fue por eso que, cuando Josh escuchó por primera vez que Emma había conseguido trabajo como su secretaria, no pudo evitar decir algo desagradable, a pesar de que creía que una hermana adulta debía hacerse cargo de sus propias decisiones.
{—¿No tenías otro lugar al que ir?}
Emma, notando claramente su disgusto, respondió con sarcasmo.
{—Si sabes de uno mejor que ese, ¿por qué no me lo presentas tú, Josh?}
No, no conocía ninguno mejor. Por culpa de la caótica vida amorosa de Pittman, Josh pasó varios meses preocupado, temiendo que Emma pudiera salir lastimada. No era como en la secundaria, cuando podía asustar a los idiotas que la seguían por los pasillos. Esta vez, ni siquiera estaba cerca para protegerla.
La única cosa que le daba algo de consuelo era que el llamativo aspecto de Pittman estaba a años luz del tipo de hombre que solía gustarle a Emma. Por desgracia, ella tenía un gusto terrible. Josh siempre pensaba que había chicos mucho más guapos y exitosos, pero Emma parecía tener la extraña habilidad de fijarse en los más nerds, flacuchos y enclenques entre la multitud.
Incluso le había presentado a uno de sus compañeros del equipo, un corredor muy popular, y Emma lo rechazó para luego confesarle su amor al cerebrito más impopular de la escuela... y encima fue rechazada. Josh, furioso, fue a buscar al chico junto con sus amigos para darle una lección, pero lo único que consiguió fue que Emma lo regañara aún más.
Aunque Keith Knight Pittman no era en absoluto el tipo de Emma, Josh no podía confiarse. «¿Y si, de repente, le daban ganas de cambiar de gusto y se fijaba en él?» Afortunadamente, hasta ahora no había señales de eso. Seguramente seguía enamorada del tipo más "tiernito" del grupo, como siempre.
Pero justo cuando Josh pensaba que podía relajarse, recordó algo que Emma le había dicho la última vez que hablaron:
{—El romance siempre florece en el lugar de trabajo.}
Se le heló el rostro de inmediato. «¿Acaso había alguien que le gustara...? ¿Y si ese alguien era Pittman?»
Josh empezó a sentir una ansiedad inexplicable, pero en ese momento no había nada que pudiera hacer. Por suerte, Pittman parecía tener una regla: no tocar a sus empleadas. Emma había trabajado en su empresa durante años sin ningún problema, y no era probable que desarrollara sentimientos amorosos de la nada.
Pero esas cosas no dependen del tiempo...
Le vinieron a la mente recuerdos como escenas de película sobre los romances fallidos de Emma. Siempre era ella quien se enamoraba primero, y siempre terminaba mal. Josh no podía entender cómo le pasaban esas cosas.
Emma era, sin lugar a dudas, una mujer hermosa. Incluso siendo su hermano, podía admitirlo con total objetividad. Durante la escuela, Josh solía pasar su tiempo libre ahuyentando a todos los idiotas que intentaban acercársele. Emma lo odiaba por eso, pero él se lo tomaba en serio. No podía quedarse de brazos cruzados viendo a cualquier vago intentar coquetear con su hermana. Y eso no cambiaba solo porque el tipo en cuestión fuera un Alfa dominante y multimillonario como Keith Knight Pittman.
Por si acaso, Josh había averiguado discretamente cómo funcionaban las cosas. Al parecer, cada vez que Pittman buscaba una compañera, la jefa del equipo de secretarias se encargaba de preparar una especie de portafolio con candidatas. Luego, él elegía a una. Afortunadamente, esa jefa parecía tener muy clara la línea entre trabajo y vida privada, y no se habían reportado incidentes. Emma tampoco había sido incluida nunca como candidata.
Con los años, Josh empezó a relajarse. Casi había olvidado todo ese asunto. Emma apenas hablaba de su trabajo, y Josh nunca imaginó que acabaría viendo a Pittman cara a cara.
Tampoco le había contado a su familia lo que hacía actualmente. Después de todo, todo lo relacionado con Chase Miller era información clasificada. Por suerte, al tantear el terreno, Josh supo que Emma no asistiría a la fiesta de hoy. Al parecer, ese tipo de eventos solía cubrirlos el jefe de equipo, lo que le dio un poco de tranquilidad. No se podía bajar la guardia en una fiesta de Alfas dominantes.
Emma seguramente ya estaría en casa descansando. Al contrario de él, que iba rumbo al trabajo, Josh pensó con alivio: "Mejor así."
—¿Alguna vez viste a Pittman en persona?
De pronto, Isaac, que iba sentado a su lado, le habló. Josh negó con la cabeza.
—No, nunca.
Isaac murmuró mientras miraba fijamente al frente con expresión neutral:
—¿Tendrá también ese tipo un carácter de mierda?
Josh le respondió con otra pregunta.
—¿Acaso existe algún Alfa dominante que no tenga mal carácter?
Isaac se quedó en silencio. Ya no hablaron más hasta que llegaron a su destino.
Capítulo 16
En la fiesta celebrada en la mansión de Pittman, desde temprano ya había una multitud de periodistas y curiosos que se habían congregado para ver el evento. Más allá del gran portón de hierro se desplegaba un mundo exclusivo para unos pocos, aunque solo una mínima parte del espacio era accesible al público general. Esa zona estaba claramente delimitada por sogas de seguridad.
—¡Aaaaaaahhh...!
Apenas Josh abrió la puerta del auto y bajó, estallaron gritos tan intensos que se asemejaban a alaridos. El rugido de la multitud era tal que a Josh se le erizó la piel al recordar a la horda de zombies corriendo hacia Chase.
No muy lejos, podía verse a la actriz coprotagonista caminando mientras saludaba con la mano. Josh y los demás rodearon enseguida el auto donde venía Chase. Tras examinar rápidamente el área, Mark abrió la puerta del vehículo. Y por fin, Chase Miller hizo su aparición.
—¡...!
Por un instante, el mundo pareció quedarse en completo silencio. Incluso Josh se quedó paralizado. A pesar de llevar un auricular en una oreja, el estruendo era tan fuerte que sus oídos se entumecieron. Pero cuando Chase apareció ante su vista, Josh perdió por completo la noción.
Ese día, Chase se había teñido el cabello de negro para ajustarse a su nuevo personaje. Su piel blanca resaltaba aún más contra ese color oscuro, haciéndolo ver pálido, y sus labios rojos acentuaban aún más su expresión habitual de fragilidad. Cuando se llevó los dedos al rostro para apartarse un mechón de cabello que caía levemente sobre su frente, no solo el público contuvo el aliento: incluso Josh, que lo había visto en la mansión, se quedó sin aire.
—Qué cabrón tan guapo, joder...
La voz de Henry, que murmuró detrás de él, lo devolvió a la realidad. Fue una expresión grosera, pero no podía estar más de acuerdo. Cualquiera que viera en persona a Chase Miller pensaría lo mismo. Incluso Josh, que lo veía casi todos los días y ya estaba harto de su temperamento insoportable, estaba tan embobado como los demás.
El rubio brillante de Chase esa noche era reemplazado por un negro intenso como la noche. Su nuevo corte, más corto, resaltaba la elegancia natural de su estructura ósea.
En el fondo, Josh pensaba que incluso con la cabeza rapada seguiría siendo impactantemente bello. Pero esa noche, en lugar de raparse, Chase llevaba el cabello negro perfectamente peinado y un esmoquin de etiqueta que acentuaba su figura alta y estilizada. Estaba impecable, como si fuera a asistir a la ceremonia de los premios Óscar.
Tal como se esperaba, los flashes de las cámaras estallaron por todos lados y la gente no paraba de gritar su nombre. Chase, con una expresión completamente indiferente, agitó la mano de manera desganada. Como si le fastidiara hasta el alma. Desde atrás, Henry murmuró entre dientes:
—Hipócrita de mierda.
Josh pensó que, en parte, tenía razón.
De todas partes, la gente se abalanzaba sin descanso. Los guardias de seguridad se esforzaban al máximo por contenerlos. Como ya había habido varios incidentes anteriores, el número de escoltas presentes era inmenso, y las medidas de control eran estrictas en extremo.
FUU...
Josh por fin pudo soltar un suspiro de alivio solo después de haber atravesado la multitud y entrar a la mansión donde se celebraba la fiesta. A donde mirara, solo veía actores de la película, miembros del staff o figuras prominentes de la sociedad que habían sido invitadas. Incluso Isaac, que normalmente no mostraba interés por los famosos, parecía momentáneamente embobado. Mark también quedó aturdido por un instante, pero enseguida recuperó la compostura y animó a su equipo.
—A trabajar. Manténganse bien atentos. Todos saben lo que deben hacer, ¿verdad?
—Sí, Mark.
Todos respondieron uno por uno.
Josh desvió la mirada y comenzó a revisar los alrededores. Apenas divisó al mayordomo que recibía a los invitados, le hizo una señal a Mark y se alejó del grupo. Según lo acordado, su tarea era vigilar el entorno.
Henry e Isaac observaban a Chase desde una distancia prudente, listos para actuar si ocurría algo. Seth se había quedado dentro de la mansión.
Aunque ya tenían información previa sobre los invitados principales, no conocían a todos sus acompañantes, guardaespaldas o miembros del personal, por lo que no podían bajar la guardia. La labor de Josh era identificar cualquier movimiento sospechoso en los alrededores.
Dado que la mayoría de los presentes eran personas de alto perfil, y Pittman seguramente había reforzado la seguridad más de lo habitual, no parecía probable que ocurriera algo fuera de lo común. Pero tras haber recibido una carta de amenazas, no había lugar para confiarse. Josh también mantenía un ojo sobre los demás guardias que patrullaban la zona, por si acaso.
Mientras observaba rápidamente a su alrededor, Josh se detuvo de pronto al detectar a un hombre en su campo de visión. No necesitaba comprobar el color violeta de sus ojos para saberlo. Ese hombre, sin duda, era un Alfa dominante.
«Keith Pittman.»
Josh pensó en silencio. Había visto su rostro incontables veces en los medios, pero esta era la primera vez que lo veía en persona.
Pittman era tan alto como había imaginado. Su cuerpo, oculto bajo un traje impecablemente entallado, era perfecto. Josh, que siempre había considerado exageradas las críticas de la prensa por no verlo actuar en pantalla, finalmente lo comprendía. Ese hombre, aunque solo respirara en un rincón del encuadre, causaría sensación.
Fue entonces cuando Josh notó algo: no percibía ningún rastro del aroma de feromonas que debería tener un Alfa dominante. Al mismo tiempo, su mirada se detuvo en una de sus orejas, donde había una marca visible.
—¿Pittman está casado? —susurró.
Mark le respondió en voz baja:
—¿No lo sabías? Dicen que alguien le dejó la marca sin permiso y desapareció. Están como locos tratando de encontrar al culpable.
Josh, sorprendido, escuchó mientras Mark añadía con desdén:
—Parece que estaba en celo y no era consciente de lo que pasaba. Ni siquiera recuerda quién fue. Pero como sabes, cuando se trata de un Alfa, si le dejan una marca, ya está. Si no encuentra a ese Omega, va a tener que vivir solo toda su vida. ¿Quién iba a imaginar que alguien como Pittman quedaría atado a alguien a quien ni siquiera recuerda? Por eso hay que tener cuidado con cómo se comporta uno.
Aunque en su caso era lo contrario, las palabras de Mark no le parecían tan ajenas.
«Al menos yo sé quién es la persona.»
Por primera vez, Josh sintió compasión por un Alfa dominante. Mientras tuviera esa marca, Keith Pittman no podría oler el aroma de ninguna otra persona. Solo el del Omega que lo había marcado.
En cosas como estas, era evidente que los Alfas tenían desventajas frente a los Omegas. Desde el momento en que se deja una marca, tu vida queda hipotecada. Josh pensaba eso mientras tocaba con los dedos la zona cercana a su propia oreja, sobre el auricular.
«Ambos estábamos marcados, pero al menos yo puedo seguir adelante con otra persona... y él no.»
Fue entonces cuando le vino a la mente el rostro de Pete y Josh no pudo evitar sentir lástima por Keith.
«Si ese día hubiera perdido el control y dejado la marca... y no hubiera sido Chase, sino yo...»
—Dicen que si llega a encontrarlo, lo va a matar —añadió de pronto Mark, como si leyera sus pensamientos.
Josh cambió de idea de inmediato: «menos mal que fui yo el marcado.»
Una vez que se confirmó que Chase había entrado al salón principal, Mark dio la orden para que cada uno se ubicara en su posición. Josh, tal como ya se había decidido, comenzó a patrullar por los alrededores de la mansión. Desde fuera, los gritos del público aún no cesaban.
***
—... Ya veo, es la primera vez que veo algo así.
—De verdad que son violetas. Qué curioso.
Junto a los murmullos, Chase sintió las miradas furtivas clavándose en él. Frunció ligeramente el ceño y los ignoró. Aquel tipo de susurros y miradas inquisitivas lo habían acompañado toda su vida. Y probablemente, lo harían hasta el día en que muriera. Tal vez incluso después de muerto seguiría siendo blanco de chismes y burlas.
El simple hecho de ser un Alfa dominante hacía que la gente lo observara como si se tratara de una especie rara. Y de hecho, lo era. De entre la multitud que asistía a esa fiesta, los únicos Alfa dominantes eran Pittman y él. La única diferencia era que no estaban encerrados en una jaula.
Por un momento, Chase recordó al hombre que lo miraba con tanta devoción cada vez, y frunció aún más el ceño. Hacía ya mucho que sabía que todos lo deseaban únicamente por su rostro. Además, ese hombre nunca lo negó.
«Descarado de mierda.»
Bebió el champán de golpe, con molestia. Lo que más le fastidiaba era darse cuenta de que estaba pensando en él. El hecho de que Josh, en los últimos días, hubiera evitado su mirada con una habilidad casi absurda, no hacía más que agravar su mal humor.
«No habrá renunciado sin avisar, ¿verdad?»
Chase se quedó congelado al recordar que hacía días no veía ni la sombra de Josh.
«¿Por qué demonios estoy pensando en ese tipo ahora? ¿Qué importa si se fue o no? Seguramente es solo porque la fiesta es aburridísima.»
Eso pensó. Debería buscar algo entretenido, aunque no era como si en ese lugar fuera a encontrarlo. Los Alfa dominantes solían ser objeto de miradas, pero en el caso de Chase, eso se daba de forma aún más marcada y descarada. Aun así, no quería agotarse lidiando con la gente en una fiesta a la que asistía por obligación. Tal vez por eso, la mayoría optaba por observarlo desde lejos sin acercarse.
La mejor defensa que Chase podía usar era ignorarlos. Bastaba con hacer tiempo y saludar a Keith Pittman antes de irse. Como siempre.
Pero en todo lugar, siempre hay alguien demasiado sociable.
—Cuánto tiempo sin verte, Chase. ¿Has estado bien?
Se quedó mirándola en silencio por un momento. Sin duda, no recordaba quién era. La mujer sonrió y se presentó:
—Soy Naomi Parker. Vamos a trabajar juntos en este proyecto. Un placer.
Chase estrechó su mano blanca brevemente, por pura cortesía, y luego la soltó de inmediato.
«Lárgate ya.»
Lo pensó en silencio mientras la miraba con expresión seria, pero a Naomi no pareció afectarle. Al contrario, lo observó de arriba abajo con descaro, como si le resultara fascinante, y luego volvió a clavar la mirada en su rostro.
—Grayson andaba diciendo que el papel no te quedaba, pero la verdad es que te queda bastante bien. ¿Por qué se quejaba tanto, entonces? ¿Le dio vergüenza porque eres su hermano?
Chase no se sorprendió al oír el nombre de su hermano en boca de una actriz con la que ni siquiera tenía confianza. Mirándola mientras soltaba una risita, respondió con desgano:
—Lo decía en serio.
—¿De verdad? ¿Por qué? Si estás increíble —dijo Naomi, parpadeando de forma exagerada.
Chase no respondió, simplemente llevó la copa de champán a los labios. Estaba seguro de que Grayson se había acostado con aquella mujer. No era algo raro, por eso Chase no reaccionó con mayor interés. Él solía adornarse diciendo que era "un lobo solitario en busca del amor verdadero", pero a ojos de Chase, no era más que un mujeriego aburrido soltando estupideces.
«Ni siquiera sabe lo que es un sentimiento.»
No necesitaba preguntarle a Naomi para saber qué clase de cosas había dicho Grayson sobre su papel. Si se tratara de otra persona, tal vez podría pensarse que actuaba exagerado por vergüenza. Pero en el caso de Grayson, no había duda: realmente lo detestaba con pasión. Y Chase estaba cansado de tener un hermano así.
Ante su falta de reacción, Naomi sonrió con incomodidad y cambió de tema.
—¿Leíste la historia? Tiene muchas entregas, así que no la terminé toda, pero me sorprendió. ¿Chase haciendo de Doctor Flame? Aunque también he escuchado comentarios sobre mi papel...
Como actriz conocida por sus escándalos amorosos, era evidente que estaba algo incómoda con el rol que le habían asignado, ya que iba en contra de su imagen pública.
—Parece que los dos tendremos que esforzarnos, ¿no crees?
Aunque sonreía, sus ojos vacilaron con una leve inquietud. A pesar de ser una estrella de renombre, también parecía estar preocupada. Pero Chase solo la miró con el ceño fruncido.
La actitud casi muda de Chase hizo que Naomi se sintiera incómoda por otro motivo. «¿Podría actuar bien al lado de alguien así?»
Había visto varias películas de Chase, así que sabía que era un buen actor. Pero también era posible que todo se debiera a una buena edición, y que en realidad fuera difícil trabajar con él. La duda comenzó a crecer.
«¿Y si necesitaba cientos de tomas para rescatar apenas unas cuantas decentes?»
—¿Sabes al menos qué papeles tenemos tú y yo?
Su tono tenía un dejo de sospecha, pero antes de que Chase pudiera responder, otra voz se interpuso.
—Claro que lo sabe. Firmó el contrato, ¿no?
Naomi se giró con sorpresa, y al reconocer el rostro familiar, su expresión se iluminó. Estaba aliviada de haber escapado de esa situación incómoda, y se notaba. Pero a Chase no le importó. Estaba acostumbrado a ese tipo de escena.
—Keith.
Lo saludó con genuina alegría. De hecho, ya se estaba arrepintiendo de haber iniciado conversación con Chase.
—Cuánto tiempo. Gracias por darme el papel. No esperaba que me lo ofrecieran.
Sonrió y le agradeció, a lo que Keith Pittman respondió con rostro impasible, como si ya supiera todo.
—Solo pensé que te quedaba bien.
—Nadie más lo pensó así —respondió Naomi, en tono juguetón.
Keith contestó sin emoción:
—Entonces tendrás que demostrar quién tiene razón: ellos o yo.
—Vaya.
Naomi soltó una risa cristalina. Lejos de la imagen de estrella sexy de Hollywood, su risa sonaba casi infantil. Con una expresión mucho más relajada, miró alrededor de Keith y parpadeó.
—¿Y tu pareja? Creí haberla visto hace un rato... ¿O me equivoqué?
No podía creer que él hubiera venido solo a la fiesta. Pero Keith no parecía tener intención de contestar. Sacó su cigarrera, encendió un cigarro y lo llevó a los labios. No sabía dónde estaba su pareja, o simplemente no le importaba.
Al pensar que su pregunta había sido tonta, Naomi se arrepintió. Justo entonces, divisó al director de la película en el borde de su campo visual. Se despidió rápidamente y se alejó.
El murmullo constante del ambiente no cesaba, aunque más bajo. Pero ellos no dijeron nada. Simplemente se miraron en silencio. Fue Keith quien habló primero.
—Grayson ha estado viniendo todos estos días a quejarse como un niño.
No fue una sorpresa para Chase, que simplemente esbozó una sonrisa cínica. Sin embargo, le interesaba saber cómo reaccionaría Keith. Este encendió su cigarro con destreza, y tras una larga calada, exhaló el humo.
—Si realmente no quieres hacerlo, no tienes por qué obligarte. Aunque claro... tendrías que pagar la multa.
El tono era completamente carente de emoción. Por supuesto, Keith hablaba en serio, y Chase también.
—No tengo intención de pagar una penalización.
—Está bien.
Y con eso, se acabó el tema. Keith no dijo nada más. Se hizo un breve silencio, y llevó el cigarro de nuevo a los labios.
—No debe de ser fácil vivir siendo el hermano de Grayson —murmuró Keith como si hablara consigo mismo.
Chase soltó una breve risa.
—Si tú fueras mi hermano, tal vez habría sido un poco más llevadero.
No se sabía si hablaba en serio o en broma. Keith no reaccionó en lo más mínimo y mantuvo su rostro inexpresivo. El humo blanco cruzó el aire. Con unos golpecitos, Keith sacudió la ceniza del cigarro atrapado entre sus dedos largos.
—Mis hermanos seguramente no estarían de acuerdo contigo.
«Si tuvieran que aguantar a Grayson como hermano por un solo día, estarían agradecidos de tener a Keith en su lugar». Eso pensó Chase con indiferencia.
Justo cuando Keith dejó caer la ceniza sobre el cenicero que cargaba un camarero que pasaba por ahí, su mirada se fijó en una dirección. El cigarro colgaba de sus dedos mientras una larga estela de humo se elevaba.
Por alguna razón, se quedó completamente inmóvil, mirando en una sola dirección, como si estuviera congelado. Y antes de que pudiera decir nada, simplemente se dio media vuelta y desapareció.
Chase, que se quedó solo tras su repentina partida, encendió su cigarro y se mantuvo de pie unos momentos más.
Las voces de las personas hablando flotaban por el aire, zumbando cerca de sus oídos. Probó un poco más de champán, pero como era de esperarse, no se embriagó. Ya sabía que, si realmente quería emborracharse, tendría que beberse todo el champán de la fiesta.
Risas y charlas vacías se entremezclaban en el ambiente, pero él seguía estando solo. Exhaló un largo suspiro. Con el cigarro en la boca, parpadeó con la mirada vacía. De repente, deseó con fuerza una ráfaga de aire fresco.
Cuando se giró para salir del salón, una mujer que no conocía se interpuso en su camino. Chase frunció el ceño instintivamente, y ella le sonrió antes de hablarle:
—Hola, señor Miller. ¿Puedo llamarlo Chase?
Chase la miró con el ceño fruncido. Igual iba a llamarlo como le diera la gana, dijera lo que dijera.
—Es un placer conocerte, Chase. Soy Veronica Lee. Vamos a trabajar juntos en esta película. Puedes llamarme Becky.
Tal como era de esperarse, ella se presentó enseguida con tono amistoso y le dio su apodo. Pero Chase seguía con el rostro inexpresivo, sin mostrar ninguna reacción. En su cabeza, solo pensaba en cómo salir de ese salón cuanto antes.
Ante su indiferencia, cualquiera se habría sentido incómodo, pero Becky no se inmutó. Con una sonrisa constante, continuó hablando.
—Tenía muchas ganas de conocerte, de verdad. Es la primera vez que veo a un Alfa dominante. Hoy vi también al señor Pittman, pero tú eres... simplemente hermoso.
Su rostro irradiaba una adoración sincera. No era la primera vez que alguien lo elogiaba así de forma directa, pero tampoco era algo que ocurriera con frecuencia. Chase entrecerró los ojos, intentando leer sus intenciones. Pero, como siempre, era lo mismo: simple curiosidad ante un ser exótico o, tal vez, la intención de relacionarse con un actor de alto perfil. O las dos cosas.
—Cuando escuché que Chase iba a actuar en esta película, le rogué al director que me diera un papel. Quería trabajar contigo, era mi sueño. Soy una gran fan tuya, Chase. Muchísimo.
Su voz entusiasta no era diferente a la de una fan obsesiva. Tomó dos copas de champán de la bandeja de un camarero que pasaba y le ofreció una a Chase, como si quisiera brindar.
Chase la aceptó y se la bebió de un solo trago. «Con esto debería bastar», pensó. Pero cuando se movió para marcharse, ella volvió a acercarse.
—¿Podríamos hablar sobre la película? Soy fan tuya, pero también del personaje Doctor Flame. Me gustaría saber qué opinas sobre él.
Mientras hablaba, Becky le tomó del brazo. De repente, la distancia entre ambos se acortó, y Chase notó un aroma que le rozó la nariz sin que se diera cuenta.
Era el aroma de un Omega.
Chase se detuvo y la miró. Observó por un momento los ojos brillantes de Becky, que lo miraban con el rostro ligeramente sonrojado. Por primera vez, habló.
—...¿Eres Omega?
—Sí —respondió con timidez. Un leve rubor se encendía en sus mejillas, y su aroma a feromonas se volvía más intenso. Becky lo estaba seduciendo abiertamente.
Pero no era todo. Desde atrás, Chase percibió otro aroma de Omega.
Por primera vez, se desconcertó.
«¿Había tantos Omegas en esta fiesta? Keith no le había dicho nada al respecto...»
«Ah.»
Lo comprendió. Pittman no podía percibir el aroma de ninguna otra feromona. Así que no tenía forma de caer en tentaciones, a menos que no se tratara del Omega que le dejó la marca.
«Pero yo sí.»
Chase sintió el sudor frío recorriéndole la espalda y apretó los labios. Becky se acercó aún más y lo abrazó del brazo.
—Chase...
—¡Aléjate!
De repente, gritó mientras se zafaba de su agarre. Las miradas sorprendidas se volvieron todas hacia ellos al mismo tiempo. Pero Chase, jadeando, con los ojos inyectados en sangre, solo podía mirar a Becky con furia.
—Lárgate. Me da igual si eres mi fan o lo que sea, no te me pegues. Me repugna. ¡Me dan asco los Omegas!
En ese instante, el rostro de Becky se sonrojó por completo. Las conversaciones triviales que se escuchaban a su alrededor se detuvieron de golpe y varias personas los miraron de reojo. Pero Chase, tras fulminarla una vez más con la mirada, no dijo nada más y se marchó.
«Estoy harto.»
Rechinó los dientes mientras se alejaba, dejando atrás los eternos susurros que lo perseguían.
«Estoy harto de todo esto. De todo.»
Salió al exterior, pero el mareo no desaparecía. Fue entonces cuando Chase se dio cuenta de que había cometido un error.
«Debí haberme marchado de inmediato.»
Se arrepintió, pero ya era demasiado tarde. Tomó la siguiente mejor opción. Con el estómago revuelto, conteniéndose apenas, buscó su cajetilla de cigarrillos. El olor a feromonas que aún se le quedaba impregnado en la nariz lo tenía completamente alterado.
«Maldición... Tenía que ser Omega.»
Crujió los dientes con fuerza, pero lo único que podía hacer era contener la respiración y encenderse un cigarro con desesperación. Su plan era contrarrestar el efecto de las feromonas con nicotina.
FUU...
Inhaló profundamente el humo y lo contuvo en sus pulmones antes de soltarlo con lentitud. Repitió el proceso varias veces hasta que el aroma a feromonas comenzó a disiparse.
Aunque tal vez solo era que su olfato ya se había embotado. Al haber inhalado con tanta ansiedad, el mareo se intensificó y su cabeza comenzó a girar. Era lo peor.
—...Mierda. ¡Maldita sea!
Chase terminó soltando una maldición y se frotó los ojos con el dorso de la mano. Estaba tan enfurecido que no podía soportarlo. Si alguien se le hubiera cruzado en ese instante, habría querido golpearlo hasta dejarlo irreconocible.
CRAC.
Entonces, un sonido ajeno a las hojas le llegó al oído.
Y ahí estaba: el hombre que había visto en su sueño.
Joshua Bailey.
Chase lo miró, con los ojos abiertos de par en par, y murmuró su nombre en silencio.
