Haewon se despeinó frente al reflejo en la puerta de cristal de la sala de recitales. Su fino cabello se dispersó y cayó sobre su frente.
Hace unos días se había cortado el pelo, pero no estaba satisfecho con el estilo. Con una mano metida descuidadamente en el bolsillo de su pantalón del uniforme, se pasó los dedos por el cabello una y otra vez, sacudiéndolo. El peso del estuche del violín colgado del hombro se sentía especialmente notable ese día. Era verano y la correa del hombro estaba húmeda de sudor, pegajosa y desagradable.
Echando un vistazo al vestíbulo, donde los estudiantes de la escuela de arte y los asistentes se mezclaban y deambulaban, la expresión de Haewon sugería que quería escapar mientras volvía a fijar la mirada en la puerta de cristal.
Era el recital de bienvenida de un estudiante de último año que se había ido a estudiar al Reino Unido tras graduarse de la escuela de arte. Todos los alumnos del departamento de música habían sido movilizados. Siempre que un exalumno graduado daba un recital de bienvenida, era tarea de los de cursos inferiores llenar los asientos, y eso contaba como una clase oficial fuera del campus para las evaluaciones de desempeño. Esta era ya la tercera visita de Haewon a esa sala de recitales solo en ese año, un lugar frecuentado por los mayores.
Mientras contemplaba su reflejo en la puerta de cristal con expresión hosca y se alborotaba el cabello sin cuidado, el instructor del departamento de piano, que dirigía la clase fuera del campus ese día, se le acercó. El instructor le dedicó a Haewon una sonrisa afectuosa y le puso una mano en la nuca.
Haewon miró al hombre reflejado con nitidez en el cristal. Era una cabeza más alto que él y tenía un aspecto intelectual que estaba a otro nivel en comparación con los estudiantes más jóvenes que veía todos los días.
¿Tendría él ese tipo de aura cuando fuera universitario?
Haewon solía pensar así al mirar al instructor.
—Les dijeron que hicieran fila y entraran ¿Qué haces aquí?
—......
Tal como había dicho el instructor, los estudiantes con uniforme de verano iban entrando a la sala de conciertos uno por uno, siguiendo a la persona de en frente.
Haewon había escuchado la actuación del estudiante de último año que daba el recital ese día. Sinceramente, no era ni tan buena como la interpretación de una alumna de tercer año que había ganado un premio en un concurso hacía unos meses. Si el mayor tuviera verdadero talento, no estaría dando un recital de bienvenida, sino que habría regresado a Corea con la noticia de haber ganado un concurso europeo de prestigio.
Escuchar interpretaciones tan mediocres rebajaba la calidad de la propia interpretación de Haewon. Durante estas sesiones de evaluación de desempeño en las que tenía que entregar una reseña, Haewon se sentaba apático con los auriculares puestos, escuchando una música totalmente distinta y dejando pasar el tiempo.
No le apetecía hacer evaluaciones de desempeño tan absurdas y, como era natural, no tenía ninguna gana de entrar. Era una pérdida de tiempo monumental.
Al mirar al instructor, Haewon no respondió ni dijo nada. La mano de este le acarició con sutileza la nuca y el cuello. Un calor tenue emanaba de su tacto.
—Entra rápido. Solo quedan diez minutos.
—¿Cómo tengo el pelo?
Encontrándose con los ojos del instructor a través del cristal que reflejaba con claridad a ambos, Haewon habló mientras aquel seguía acariciándole la cabeza como si acariciara a un cachorro. El instructor observó el reflejo de Haewon en el vidrio. Sus ojos estudiaron con atención el rostro del chico y el cabello que se acababa de cortar.
—¿Es por cómo se te levanta aquí atrás? Está bien. Se ve genial.
—No me gusta.
Por alguna razón, los cumplidos rutinarios de «está bien» y «se ve genial» le resultaban irritantes. Su padre había dicho que se veía fresco y agradable, y la empleada doméstica que estaba prolijamente cortado, pero Haewon seguía sin estar satisfecho.
Hay días en los que hasta las canciones más dulces suenan desagradables, y hoy era uno de esos días en los que cualquier elogio lo molestaba y lo hacía protestar. Salir significaba enfrentarse a un calor sofocante. Era el comienzo de la temporada calurosa y húmeda que Haewon tanto aborrecía.
Necesitaba otra cosa. Algo intenso y emocionante, algo lo suficientemente poderoso como para quemar de un solo golpe la irritación de su mente.
—Voy un momento al baño. Hace demasiado calor, así que voy a mojarme el cabello.
Frotándose el cuello pegajoso de sudor, Haewon caminó hacia el letrero del baño en la sala de conciertos. La mirada del instructor se aferró a su piel con tanta pegajosidad como el aire del verano.
—Hyung, es aquí.
Woojin, con las mangas de la camisa remangadas un par de veces, miró el reloj en su muñeca. Había aparcado el auto lejos. Hacía tanto calor que le sudaba el cuerpo con solo caminar. Aunque ya era de noche, el ambiente no se refrescaba, lo que anunciaba el inicio del calor estival en todo su apogeo.
Haeyoung, que había llegado primero a la sala de conciertos, vio a Woojin y lo saludó con la mano y una sonrisa encantada extendida por todo el rostro.
¿Por qué no había esperado dentro del vestíbulo, donde el aire acondicionado estaba fresco? A pesar del clima bochornoso, Haeyoung estaba de pie junto a la puerta de cristal. Woojin sabía muy bien que lo hacía por el tonto deseo de verlo aunque fuera un minuto o un segundo antes.
Sus labios se curvaron en una sonrisa meticulosamente calculada, encantadora y amable. Era una sonrisa capaz de disipar hasta la irritación del clima caluroso.
Haeyoung, que se había especializado en piano en la escuela de arte, había declarado de repente en su segundo año de secundaria que iría a la facultad de medicina.
Para Haeyoung, que solo se había dedicado a la música, prepararse para el examen de admisión a la universidad no fue fácil, ni siquiera con determinación. Le tomó un año repetir el examen para entrar en medicina, y ahora cursaba el segundo año del programa principal de la carrera. Woojin acababa de ingresar en el Instituto de Investigación y Formación Judicial y estaba ocupado. Para Haeyoung también, seguir el ritmo de unos estudios abrumadores significaba que verse así era la primera vez en meses.
Tras haberse comunicado únicamente por teléfono sin llegar a verse, Haeyoung le había preguntado con cautela si Woojin podría acompañarlo al recital de bienvenida de un exalumno, diciendo que no podía perdérselo ya que era de alguien cercano.
A Woojin no le apetecía perder el tiempo en algo improductivo, pero para llevar a cabo sus planes tenía que hacer ciertos sacrificios. Había sido Haeyoung quien cambió de especialidad y entró en medicina por su culpa. Woojin confirmó a través de la expresión de Haeyoung que estaba ejecutando sus metas con éxito.
Mientras Haeyoung saludaba con la mano, su camisa sin mangas ondeaba con la brisa de la tarde. Woojin subió los pequeños escalones.
—¿Llevas mucho tiempo esperando?
—Acabo de llegar también. No te estoy interrumpiendo en tus estudios ¿verdad? Dijiste que tenías exámenes próximos.
—A veces también necesito descansar ¿Entramos?
—Oh, hay mucha gente ahora, así que tal vez luego... quedémonos aquí un rato.
Agarrando la camisa de Woojin cuando este intentó entrar, Haeyoung habló en un tono casi suplicante. Woojin miró su reloj de pulsera por costumbre, un hábito de larga data de dividir el tiempo en minutos.
Haeyoung se aferró al dobladillo de la camisa de Woojin cerca de la cintura, y este, pareciendo no darse cuenta, sacó una cajetilla de tabaco del bolsillo y se puso un cigarrillo en la boca.
—¿Es duro el instituto de formación?
—No realmente.
—Estudiar es difícil para mí. No creo que sea lo mío.
—No te detuve cuando dijiste que querías hacerlo, pero no tienes que esforzarte tanto. También me gusta cómo tocas el piano. Es muy hermoso.
Su voz suave ofreció un elogio, pero —en realidad, Haeyoung— solo esbozó una débil sonrisa, con los ojos teñidos de soledad, sin asentir ni negar.
hacía tiempo que se había dado cuenta de que Woojin no sentía ninguna emoción por sus interpretaciones. El único consuelo era que a Woojin no solo le aburría su forma de tocar el piano, sino que era indiferente a la música en sí, incapaz de sentir agitación emocional alguna.
Por eso Haeyoung eligió la practicidad por encima del piano y se fue a medicina. Quería ser alguien valioso para Woojin. Quería satisfacer sus necesidades. Quería poseer las cualidades que hicieran que Woojin lo eligiera sin dudarlo. Quería ser el hombre que estuviera a la altura de Woojin.
—Pero... tu papá, tu mamá y tus hermanos fueron a medicina.
—Yo no. Haz lo que creas.
—El deseo de toda la vida de tu papá era que fueras a medicina. Ya que tú no fuiste, yo se lo cumpliré.
—......
Woojin miró a Haeyoung con curiosidad, dando una calada al cigarrillo que tenía en la boca. Su pecho se hinchó al inhalar.
Al girar la cabeza para exhalar una bocanada de humo, sus ojos recayeron de forma natural en un alumno con uniforme de verano que estaba de pie dentro del cristal.
El chico fruncía el ceño y se tocaba el cabello con irritación reflejado en el vidrio, claramente insatisfecho con algo.
Tras haber soltado sus pensamientos sin que nadie se lo pidiera, Haeyoung se sonrojó y levantó la vista de los zapatos de Woojin. Este miraba fijamente hacia alguna parte con el cigarrillo en los labios. Siguiendo la línea de su mirada, Haeyoung giró los ojos.
Era el uniforme de la escuela de arte a la que Haeyoung había querido ir pero en la que no había sido admitido.
Había empezado a tocar el piano a los cuatro o cinco años porque su madre se lo había impuesto.
Las habilidades pianísticas de Haeyoung ni mejoraban ni empeoraban; siempre se mantenían en el mismo lugar. La musicalidad era algo innato, no algo que pudiera desarrollarse con un esfuerzo ordinario.
Había montones de genios que sobresalían y sentían pasión por la música. Para Haeyoung, que tocaba porque alguien se lo había ordenado, había límites para mantenerse a su nivel.
Tras no lograr entrar en la escuela de arte que deseaba y matricularse en otra a la que su madre lo empujó, Haeyoung se preparó para los exámenes de acceso a la universidad a medias antes de decidir cambiar de rumbo.
Al atravesar la pubertad, el sentido del yo de Haeyoung no residía en su interior, sino en Woojin.
Mirando embelesado el perfil de Woojin mientras fumaba, la mirada de Haeyoung se demoró en él. Sus ojos profundos estuvieron fijos en el estudiante al otro lado del cristal durante un buen rato.
—Esa es la escuela a la que querías ir ¿verdad?
—...Sí, esa es.
Frente a Woojin, que se fijaba metas y las cumplía, no había nada más vergonzoso que suspender el examen de admisión a la secundaria, y mucho menos el de la universidad.
A Woojin no le interesaban las artes y no sabía mucho del tema, pero entrar en aquella escuela de arte se consideraba difícil incluso para Haeyoung, que contaba con todo tipo de apoyo. En secreto, deseaba que Woojin reconociera el enorme desafío, pero su personalidad le impedía poner excusas, así que se limitó a bajar la cabeza avergonzada, como si lo hubieran reprendido.
Woojin estaba mirando al estudiante al otro lado del cristal y al profesor que estaba a su lado, tocando el cabello bien cortado del muchacho.
—Deberíamos entrar ya.
Ante la sugerencia de apagar el cigarrillo, Woojin lo aplastó en una papelera cercana. Haeyoung abrió su bolso y buscó a tientas las entradas. Woojin le arrebató una.
—Entra tú primero. Te alcanzo enseguida.
Antes de que Haeyoung pudiera responder, Woojin cruzó la puerta giratoria hacia la sala de recitales. Al ver su espalda fría mientras se dirigía hacia los baños, Haeyoung dejó escapar un suspiro de resignación y avanzó pesadamente.
Sonó la campana que anunciaba el comienzo de la actuación. Se escuchaba la voz de un miembro del personal pidiendo que completaran el acceso.
Alguien estaba de pie frente a unos baños más adelante en el pasillo, no los grandes del vestíbulo. Woojin caminó hacia allí.
El hombre que sujetaba el pomo de la puerta del baño y miraba a su alrededor se cruzó con la mirada de Woojin y apartó la vista a toda prisa, como si fuera culpable de algo. No abría la puerta ni soltaba el pomo, y se mantenía en una postura extraña. Se quedó de espaldas a Woojin, como esperando a que pasara de largo.
En lugar de pasar, Woojin se detuvo a sus espaldas. Al notar que los pasos de Woojin se detenían, el hombre se dio la vuelta.
Sus ojos, aunque no actuaban, se percibían marcadamente amenazantes. Tenían una cualidad penetrante, como si presionaran la cabeza de alguien.
—...Hay otro baño por allá. Este lo está usando un estudiante de nuestra escuela ahora mismo. ¿Te importaría usar el otro?
El hombre señaló con la barbilla hacia el baño grande del vestíbulo. Woojin lo miró fijamente, luego bajó la vista hacia la mano que aferraba el pomo de la puerta antes de volver a clavar los ojos en su rostro.
El hombre no parecía percatarse de lo extraño que resultaba estar de pie sujetando el tirador de un baño que afirmaba estar siendo utilizado por un estudiante. Para cualquiera, aquello parecía un comportamiento inapropiado.
—Incluso si el estudiante dio su consentimiento, una relación inapropiada entre un menor y un profesor es un delito claro.
—...¿Qué?
—Incluso una relación consentida puede ser castigada.
—¿De... de qué estás hablando...?
El rostro del hombre se puso rojo al instante. Soltó el pomo de la puerta. Asustado como si se hubiera quemado, dio unos pasos hacia atrás.
Woojin lo miró con una mirada aguda y observadora.
—Especialmente en un baño público como este.
—......
—Es impensable.
—Debe de haber algún malentendido. El estudiante no se siente bien, por eso lo estoy esperando. ¿Qué clase de tonterías estás diciendo? ¿Estás loco?
—¿Escuchamos la declaración del estudiante?
—¡¿Qué clase de lunático de remate es este?!
El hombre soltó maldiciones como si estuviera exasperado.
Aun así, dudó, echando un vistazo a Woojin, pero este no se inmutó. El hombre golpeó la puerta del baño con el puño y gritó con voz forzada:
—¡Moon Haewon! Sal cuando estés listo. Yo me voy adelantando.
Alzando la voz para hablar con alguien al otro lado de la puerta, miró a Woojin, que seguía de pie firme, con una expresión extraña y temerosa antes de girarse a toda prisa. Su figura desconcertada desapareció doblando la esquina.
Woojin exhaló un suspiro contenido y abrió la puerta del baño. Estaba vacío. Parecía un lugar que el personal de la sala de conciertos utilizaba ocasionalmente.
Se paró frente a un urinario. Desabrochándose el pantalón, sacó su miembro de aspecto pesado. Apuntando a la porcelana blanca, orinó. El sonido del chorro resonó de forma inquietante en el interior silencioso. Al terminar, subió la cremallera y se dio la vuelta.
Woojin caminó hasta el lavabo y abrió el grifo. Con una actitud cercana a la obsesión por la limpieza, se echó jabón en las manos y las restregó meticulosamente bajo el chorro de agua. Unas gotas salpicaron su reloj de pulsera negro.
De pie frente al espejo del lavabo brillantemente iluminado, Haewon, que se estaba mojando el pelo y el cuello con agua fría, miró a Woojin a través del reflejo.
Tras haberse lavado las manos con aire serio, Woojin estiró su largo brazo para coger dos hojas de papel de secado del dispensador situado junto a Haewon.
Haewon, cuyo cuello de la camisa había cambiado de color al mojarse, se sobresaltó y se giró para mirarlo. El movimiento de Woojin, acortando la distancia en un instante, se sintió agresivo.
Mientras se secaba las manos mojadas, Woojin ajustó su aspecto en el espejo y dijo:
—Estudia duro. El deber de un estudiante es estudiar.
—......
Su voz, inusualmente baja, murmuró sin emoción. Arrojando el papel mojado a la papelera, Woojin salió del baño.
Haewon se quedó mirando estupefacto la salida por donde había desaparecido, murmurando incrédulo:
—¿Qué le pasa a ese viejo amargado...?
Había escuchado vagamente el sonido de su marcha entre sueños... pero, en algún momento, una mano grande, presumiblemente la de Woojin, tocó el hombro de Haewon con suavidad, trayendo consigo el frío del exterior.
—Haewon.
—...Mhm.
—¿Dónde está mi pase?
—...Mhm.
¿Por qué me preguntas a mí?
Estaba seguro de que había dicho eso, pero de sus labios pesados de sueño solo salió un murmullo que no era ni un queja ni un reproche.
—¿Dónde está mi tarjeta de identificación? Tengo prisa.
—...De qué hablas de repente.
Su mano agarró con fuerza el hombro de Haewon, casi haciéndole daño. Solo entonces Haewon levantó la cabeza de la ropa de cama, murmurando sobre qué pasaba a esas horas de la madrugada.
Woojin estaba de pie junto a la cama, mirando a Haewon desde arriba. Parecía haber olvidado su tarjeta de identificación, haber salido, haberse dado cuenta en el aparcamiento y haber regresado. Haewon miró de reojo el reloj en la mesilla de noche. Eran las seis y media de la mañana.
Su día comenzaba revisando los informes de varias agencias de inteligencia que llegaban cada madrugada, seleccionando solo lo que el secretario jefe o el VIP necesitaba saber. Cuando era fiscal, pasar la noche en blanco era común, pero en la Oficina del Secretario Senior para Asuntos Civiles, donde pasar la noche sin dormir no era frecuente, los informes matutinos lo mantenían ocupado.
Como resultado, su hora de partida era considerablemente más temprana, y por lo general, Haewon dormía a pierna suelta durante su salida, despertándose tarde.
A las seis y media de la mañana, tenía que abandonar el apartamento para no llegar tarde. El minutero corría hacia las seis y treinta y cinco. Era el amanecer.
Frotándose los ojos hinchados con el dorso de la mano, Haewon preguntó con voz ronca:
—No sé dónde está ¿Dónde la pusiste?
—Dámela rápido.
—Últimamente estás olvidando muchas cosas ¿Qué pasa, te estás poniendo viejo?
—Dámela ya.
Su voz mantenía un tono uniforme.
—¿El qué?
—Haewon.
—Dame café. No, quiero dormir más ¿Quieres dormir conmigo? Ven aquí. Durmamos. Es demasiado temprano. El sol ni siquiera ha salido.
Volviéndose a recostar, Haewon se removió, dando golpecitos en el lugar cálido impregnado del calor de su cuerpo y mirándolo hacia arriba. No había ni rastro de cambio en su expresión.
El colchón, cuyo precio equivalía al de un coche mediano, era tan cómodo como una nube, y la ropa de cama, calentada por sus cuerpos desnudos frotándose durante toda la noche, resultaba acogedora con un calor y un aroma agradables.
—No juegues y dámela.
—No seas así, ven aquí. Ir a trabajar tan temprano es ilegal.
—Moon Haewon.
Frunció el ceño.
Hace unos días había sido su teléfono el que estaba escondido, y hoy era la tarjeta de identificación.
La tarjeta de acceso servía para entrar en las principales instalaciones de seguridad nacional. Perderla no solo acarreaba una reprimenda; exigía presentar un informe, y los incidentes repetidos podían llevar a la dimisión. Woojin no quería presentar un informe por un motivo tan trivial.
Además, tener un registro así en su evaluación de desempeño era una deshonra. Cuando Woojin decía que no quería manchar su expediente inmaculado, Haewon se burlaba del ya indultado recordándole: «Viejo, eres un criminal. ¿Por qué le importa la evaluación de desempeño a un criminal?», haciendo que su ira inexistente hirviera.
—Tú acuéstate aquí. Tengo algo que decir.
—Haa.
Por mucho que mirara con fiereza o frunciera el ceño, Haewon no parpadeaba. Sonriendo con coquetería como si lo estuviera tentando, Haewon lo instó a tumbarse. Woojin dejó escapar un suspiro profundo desde lo más hondo y se pasó una mano por el cabello.
No se trataba de querer jugar o quedarse juntos.
No había nadie para preparar café o el desayuno, así que estaba actuando así. La princesa del palacio imperial, al despertar con el sol de la mañana, quería café recién hecho y un sándwich club preparado por alguien, servido en la cama. Quería disfrutar de una mañana perezosa y tranquila. Con Woojin.
Era la forma que tenía Haewon de protestar por el madrugador de Woojin que debía ir a trabajar. Ni con un cuchillo en la garganta le entregaría la tarjeta de acceso. Haewon era terco y tenía un don para sacar de quicio a la gente.
Hoy era el día de la reunión semanal. Ni siquiera Woojin podía hacer esperar al VIP.
Echando un vistazo al apartamento, Woojin caminó hacia alguna parte. Haewon, recostado perezosamente en la cama observándolo, dio un brinco al ver que Woojin cogía el estuche de su violín apoyado contra la pared.
—¿Qué estás haciendo?
Preguntó con brusquedad, pero Woojin no respondió y caminó hasta la ventana, abriéndola de par en par. La brisa matutina del amanecer irrumpió con fuerza.
Sacó el Guadagnini hacia el aire libre. El apartamento estaba en la planta 22, y el violín de Haewon era un Giuseppe Guadagnini de 1796 fabricado en Cremona, una antigüedad invaluable cuyo precio no paraba de subir.
Aterrorizado, Haewon se medio incorporó, se dio cuenta de que estaba desnudo y volvió a sentarse de golpe, buscando a tientas la ropa entre la ropa de cama.
—¡Espera! Espera, espera. Vale. Te la daré. Te la daré.
—Tráela aquí.
—No estoy vestido. Ven tú primero.
—Ven aquí desnudo.
—Ni hablar. Me da vergüenza.
—...¿Vergüenza?
La palabra pareció encender algo, y los ojos de Woojin brillaron con interés.
—Sí, vergüenza.
—Dices que te da vergüenza.
—Cierra la ventana primero. ¿Y si se cae el violín? ¿Sabes cuánto vale? El precio ni siquiera importa. No se puede comprar con dinero.
Hablaba con la mayor suavidad posible, como intentando calmarlo, pero el rostro de Woojin era tan inflexible como la terquedad de Haewon.
—Voy a llegar tarde. Date prisa y tráela.
Mirando el reloj en su muñeca, Woojin soltó el estuche del violín que había estado sosteniendo. El violín se deslizó en el aire con un silbido.
—¡Ay...!
Haewon se asustó tanto que ni siquiera pudo gritar; se quedó congelado con ambos brazos extendidos, incapaz de alcanzarlo.
La correa del estuche del Guadagnini quedó enganchada en su muñeca, colgando peligrosamente en el aire desde el piso 22. Era una vista peligrosa y angustiosa.
—¡Maldito bastardo! ¡Pensé que de verdad se iba a caer!
—Date prisa y tráela. Al violín de nuestro Haewon le falta un minuto para hacerse añicos.
—Maldito bastardo. Lunático de remate. Sabes que estás loco ¿verdad?
—Haewon.
No estaba claro si la voz baja que pronunciaba el nombre de Haewon lo urgía a traer rápido la tarjeta de identificación, le advertía que no lo llamara así o admitía que estaba loco pero le pedía que no se lo restregara en la cara. Era una última advertencia, un último empujón.
Murmurando maldiciones, Haewon hurgó entre las sábanas para encontrar su pijama y se lo puso; luego salió de la cama y, refunfuñando, recuperó la tarjeta de identificación escondida en algún lugar de la estantería.
Woojin, que por naturaleza desconfiaba de los demás, vio la tarjeta en la mano de Haewon pero siguió agitando el estuche del violín que colgaba peligrosamente fuera de la ventana. Cada vez que el violín se balanceaba, los ojos y el cuerpo de Haewon se encogían al unísono.
—No hagas eso, te dije que no hicieras eso. ¡No!
—Trae el pase aquí.
Murmurando, Haewon extendió el pase hacia adelante.
—Mételo en el bolsillo interior de mi chaqueta.
—Dame el violín ya.
—Mételo dentro.
Mirándolo con furia, Haewon metió la tarjeta de identificación en el bolsillo interior de la chaqueta de Woojin. Aun así, Woojin no mostró señales de retirar la mano extendida hacia el exterior.
—Ya te la di. Devuélveme el violín de una vez.
—Te has portado mal, así que dame un beso en la mejilla.
—......
—Date prisa. Voy muy tarde.
Mirando fijamente y con fiereza al insoportable hombre, Haewon agarró la camisa de Woojin como si fuera el cuello y, en lugar de un casto beso en la mejilla, estampó sus labios contra los de Woojin con tanta fuerza que le dolió en los dientes delanteros.
El cuerpo de Woojin se tambaleó con un gemido y el violín de fuera osciló, lo que hizo que los brazos de Haewon se envolvieran con fuerza alrededor de la cintura de Woojin, como para evitar que cayera.
Con el brazo extendido por la ventana, Woojin miró hacia abajo a la cabeza aferrada con fuerza a él.
—Suéltame, si haces eso se caerá. Ya te besé. Ahora devuélvelo.
Woojin retiró el brazo hacia el interior. Tan pronto como el Guadagnini estuvo de vuelta en el apartamento, Haewon se lo arrebató de la mano. Sosteniendo el estuche con mimo, los ojos de Haewon lo fulminaron como si fuera un enemigo mortal.
—Si de verdad se hubiera caído, no volvería a verte nunca más.
—¿El violín es más importante que yo?
—Más importante.
No hubo la menor vacilación en su respuesta.
—Eso duele ¿Cómo va a ser más importante que yo?
—No vuelvas a hacer eso. Ni siquiera bromees con eso. ¡No me amenaces con mi violín! ¡No me vas a comprar uno nuevo!
—Entonces escucha cuando alguien te dice algo. Al menos haz el intento de escuchar.
La mano de Woojin dio unos golpecitos suaves en la mejilla de Haewon. Este sacudió la cabeza, protestando con rudeza para que no lo tocara.
—Lárgate de aquí. Si tanto te gusta tu trabajo, vete a hacer eso. No vuelvas.
—Fuiste tú quien me dijo que trabajara ¡Me empujaste a ello y ahora actúas así en lugar de apoyarme?
—Apoyo las pelotas ¿Por qué no te vas a buscar gachas de arroz a un pozo seco?
—Sabes que ese dicho no tiene nada que ver con esta situación ¿verdad?
—¿Acaso una persona en su sano juicio buscaría gachas en un pozo?
Respondiendo con desdén, Haewon abrazó el violín con fuerza y se dio la vuelta. Sentado en el sofá, lo sostuvo como para impedir que Woojin volviera a quitárselo, mirándolo con ojos feroces y urgiéndolo a marchar.
Woojin dejó escapar un suspiro leve y se acercó a Haewon. Le levantó el rostro hosco tomándolo de las mejillas.
—Ya volveré. Duerme más.
—¿Cómo voy a dormir ahora? Mi violín casi se hace añicos.
Woojin presionó sus labios contra la boca enfurruñada de Haewon como para callarlo. Mordisqueó y lamió con suavidad la carne blanda. Cuando intentó apartarse tras el beso, la mano de Haewon se aferró a su nuca, tirando de él hacia abajo.
La lengua de Haewon se deslizó dentro de su boca. Chupando y entrelazándose con hondura, lo besó con tanta intensidad que los sonidos húmedos llenaron el aire.
—¡Mm...!
Woojin agarró la mano que se aferraba a su nuca, intentando apartarla. Cuanto más lo intentaba, más profundo se hacía el beso de Haewon. Woojin, que había estado tratando de liberarse, cambió de repente de estrategia y correspondió al beso de forma activa. Haewon lo empujó, rompiendo el contacto. La lengua que había estado provocando la boca de Woojin se deslizó hacia fuera.
Curvó los labios, saboreando todavía a Haewon. Sabía a Haewon, con un toque de loción y un aroma dulce parecido a un perfume.
Lamiéndose los labios, Woojin dijo con suavidad:
—No uses tus trucos por la mañana. Eso es hacer trampa.
—¿Qué trucos? Solo di un beso normal. Esta es mi forma.
—Por favor, no te pongas mañoso por la mañana.
—No me puse mañoso.
—Duerme más. Me voy.
—Vete o no te vayas.
Acariciando con ternura la mejilla hosca de Haewon, Woojin se puso en pie con una sonrisa y se dio la vuelta.
Haewon, aferrado al estuche del violín, observó la espalda de Woojin mientras este abandonaba el apartamento. Woojin salió sin mostrar el menor atisbo de apego.
Pronto, la puerta se cerró y los alrededores quedaron en silencio.
—No te vayas. Quiero quedarme contigo.
Su murmullo hizo que el entorno desolado se sintiera aún más vacío. Haewon abrazó el estuche del violín como si fuera el propio Woojin.
—Quiero quedarme más tiempo contigo.
Habían estado juntos toda la noche, pero al despertar y ver que Woojin no estaba, sintió decepción. Más allá de la decepción, se sentía solo y vacío. Últimamente no podían compartir las mañanas, lo que hacía que la presencia de Woojin fuera especialmente valiosa a esa hora. Odiaba despertarse con una alarma molesta en lugar de las caricias de Woojin.
Abrazando el estuche con aire lastimero, Haewon cerró los ojos. Al relajarse la tensión, el sopor se apoderó de él. Su cabeza se inclinó, descansando sobre el estuche.
—...No debí decirle que consiguiera un trabajo.
Como un borracho cabeceando en el metro, Haewon se quedó dormido abrazando el violín en una postura incómoda. Un ruido extraño lo despertó.
Woojin estaba allí, mirándolo desde arriba, habiendo regresado en algún momento.
—¿Por qué duermes sentado?
—...Porque te extraño, hyung.
—¿Me extrañas y por eso duermes sentado?
—Sí.
Dejó escapar un suspiro exasperado. Haewon conocía su lucha. Ya había olvidado que Woojin lo había amenazado con arrojar su violín por la ventana. Verlo regresar se le hacía entrañable y bienvenido. Haewon, lejos de ser un ángel, esbozó una sonrisa angelical.
—¿Por qué has vuelto? Date prisa y vete. Vas a llegar tarde.
A pesar de sus palabras, los ojos de Haewon se mantuvieron fijos en él. Ese día extrañaba especialmente a Woojin y quería contemplarlo un rato más.
Mirando a Haewon en silencio, Woojin se quitó la chaqueta. La arrojó descuidadamente al suelo y se aflojó la corbata. Los ojos de Haewon se abrieron de par en par. Ya no había escapatoria, Sin duda llegaría tarde.
Haewon sintió que estaba cometiendo una falta grave contra la nación. Incluso si no podía ser patriótico, estaba perjudicando la gobernanza del país.
—Hyung, de verdad vas a llegar tarde.
—Está bien. Cambiaré el orden.
—Lo siento. No volveré a tocar tu tarjeta de identificación. No lo haré.
—Sí, no lo vuelvas a hacer.
Los labios de Woojin se curvaron en una sonrisa mientras se acercaba. Apartando el violín, recostó a Haewon en el sofá y se subió encima, dominándolo. Bajó la cabeza y sus labios chocaron.
Haewon agarró la camisa de Woojin, intentando levantarlo, diciéndole que no lo hiciera. Sus lenguas calientes se rozaron, lamiendo el paladar y profundizando el beso. Haewon no tuvo más remedio que abrir más la boca. Envolvió sus brazos alrededor de los hombros de Woojin. A Haewon ya no le importaba si Woojin llegaba tarde o no.
En el pasado, Woojin habría cortado la situación de tajo y se habría marchado. Volver porque no podía dejar de pensar en Haewon jamás habría ocurrido.
No es que Woojin se hubiera vuelto flexible. Sus prioridades simplemente habían cambiado. Haewon era su primera, segunda, tercera y cuarta prioridad.
Para Woojin, Moon Haewon era la prioridad y todo lo demás. Lo demás era secundario y trivial. Nada más importaba.
Desabotonándose la camisa y quitándosela, Woojin bajó los pantalones de pijama de Haewon. La camisa de este ya estaba enrollada hasta el pecho.
Agarrando los glúteos calientes de Haewon con ambas manos, los apretó con fuerza como si fuera a reventarlos. Haewon, besándolo mientras se aferraba a su cuello, frunció el ceño.
—Haa... ah, ugh, duele.
Una queja mezclada con un gemido se escapó de sus labios cálidos.
—Me hiciste quedarme para esto.
Separando las piernas de Haewon y apoyando su peso, Woojin presionó su parte inferior cerca, frotándose lentamente. La tela de sus pantalones de vestir rozó la piel desnuda de Haewon.
Haciendo una mueca, Haewon miró hacia abajo a lo que no podía ver. Presionó sus labios contra las largas y densas pestañas de Haewon. Besó sus ojos, su nariz, sus mejillas y sus sienes, succionando con sonidos cosquilleantes.
—Tócalo con la mano.
Una voz baja, como las cuerdas profundas de un Guarneri, sonó cerca de su oreja, enviando escalofríos por la columna de Haewon. Temblando, Haewon bajó la mano y agarró suavemente la entrepierna de Woojin. El contorno de la carne ya dura y abultada, inclinada hacia la izquierda, era vívido. Acariciando lentamente desde la base, su firme agarre hizo que la respiración de Woojin se acelerara.
Intensas y activas caricias recorrieron a Haewon. Empujó ligeramente a Woojin, diciéndole que se lo tomara con calma.
—Haa, si te excitas por la mañana ¿Cómo vas a trabajar?
—Dijiste que te daba vergüenza estar desnudo.
—...¿Te excitas por algo tan trivial?
—Últimamente, me estimulan las cosas más pequeñas.
—Decías que no te importaba satisfacer tus deseos, pero ahora estás lleno de mentiras.
—Tú eres quien convirtió a alguien desinteresado en esto.
Lo habían hecho más de tres veces anoche. Dos veces adentro, la última descarga afuera. Haewon todavía podía sentir vívidamente el líquido caliente goteando por la parte interna de sus muslos.
Incapaz de entrar en Haewon de nuevo después de dos rondas, Woojin había derramado su deseo sobre la piel desnuda de Haewon, retorciéndose. Su miembro latía vívidamente, listo para hacerlo de nuevo. Frotándose contra la piel sensible de Haewon, Woojin dejó escapar un suspiro de arrepentimiento.
Durante sus encuentros, solía ser inexpresivo hasta un punto desconcertante. Incluso al empujar a Haewon hacia arriba, mantenía un control preciso, sin permitir nunca que su respiración se volviera errática.
Un hombre que rara vez mostraba su interior, incluso cuando sus cuerpos desnudos se entrelazaban, ahora mostraba abiertamente su deseo sin ocultarlo.
Cuando jadeaba como un animal durante el clímax, el corazón de Haewon temblaba delicadamente. Verlo así hacía que el rostro de Haewon se sonrojara y su respiración se acelerara.
Era inexplicable por qué se sentía tan emocionante, por qué una escena tan ordinaria parecía tan inocente y pura.
La única vez que Woojin, este hombre, parecía puro era cuando estaba completamente desnudo ante Haewon.
Frente a Haewon, era un muchacho, un joven, un hombre que solo pensaba en el amor y lo anhelaba. Ninguna impureza o suciedad podía interferir.
Como la luz del sol brillando transparentemente a través de densas hojas... era deslumbrante.
Haewon tocó su pureza, desabrochándole el cinturón y bajándole la cremallera de los pantalones. Sacó la carne ardiente y palpitante.
La gran mano, que tocaba apresuradamente el rostro y el cabello de Haewon, agarró tanto el miembro de Haewon, ya erecto y goteando, como el suyo propio. A medida que su parte inferior se presionaba más, el vello áspero rozaba la piel de Haewon, causando un dolor tierno.
—Ah... ah, ahh.
Besando los labios que gemían, Haewon se aferró a su cuello como si fuera a estrangularlo. Sus caderas temblaron ligeramente. Su piel se calentó, y hasta el más leve toque envió un placer similar al dolor recorriendo su cuerpo como electricidad.
Devolvió el mordisco a la lengua que succionaba fríamente la suya. Su garganta tragó con avidez el aliento y la saliva de Woojin.
Sus cuerpos entrelazados y el pesado peso presionando su pecho se movieron juntos.
La mano de Woojin acarició rápidamente su piel. Haewon sintió que iba a volverse loco bajo el tacto áspero. Un dolor cosquilleante se extendió por sus labios y su parte inferior, brotando como un sarpullido por todo su cuerpo.
Liberando un brazo de su cuello, Haewon añadió su mano a la de Woojin. Acariciaron juntos. A Woojin le encantaban las manos de Haewon.
—Toca más. Haa, Haewon, toca mi verga.
—Ahh, está caliente. Está tan caliente que siento que mi cerebro se derrite.
—Hn, Haewon. Haewon. Moon Haewon, ah.
Maldita sea, murmuró en voz baja, con el cuerpo rígido. Siguiendo la mirada sonrojada de Haewon, lágrimas fisiológicas de placer insoportable brotaron.
Haewon tuvo un clímax, acurrucado cálidamente en su abrazo, besando los labios de Woojin. Los músculos de la espalda arqueada y los brazos de Woojin temblaban, sus líneas claramente definidas. Simultáneamente, la liberación de Woojin empapó el pecho y el estómago de Haewon, resbalando lentamente por su piel.
Sus respiraciones contenidas estallaron ferozmente.
—Haa, haa, haa...
Su pecho empapado de sudor se presionó contra Haewon. Haewon frotó su mejilla caliente contra su cuello.
Su mente estaba en blanco. El calor corporal de Woojin, su aroma, la compleja definición muscular y su estructura robusta eran placenteros. Incluso si Haewon no lo amaba, su físico bien entrenado era impresionante en sí mismo y, como afirmaba Taeshin, poseía una bella estética.
Woojin hacía ejercicio en el gimnasio de la Casa Azul durante los descansos. Entrenaba con los policías responsables de la seguridad de la Casa Azul en el salón de artes marciales.
Cuando mencionó casualmente que los cuerpos de los oficiales eran como crustáceos, Haewon había dicho que quería ver un cuerpo así, lo que desató una sutil competencia que hizo que el físico de Woojin fuera aún mejor.
A Haewon le gustaba. Realmente le gustaba. De algún modo, sentimientos tan intensos extrañamente lo hacían sentirse miserable.
Haewon se sentía miserable porque le gustaba demasiado. El impulso infantil de confesar su amor se extendió por su cuerpo como la piel de gallina. Tenía escalofríos porque le gustaba.
Podía ir al apartamento de Woojin incontables veces para decir que debían terminar, que debían romper. Nevara, lloviera o ambas cosas, podía esperar durante horas, empapado, por Woojin.
Para arruinar a Woojin, que lo usaba y jugaba con él sin amor ni emoción, Haewon podía verter gasolina en un fuego ardiente y lanzarse dentro. Podía destrozar el hermoso cuerpo de Woojin, alabado por los expertos, y reír histéricamente mientras lloraba.
Haewon aprendió a través de Woojin que uno podía amar y odiar a alguien simultáneamente. La emoción cruda a veces era desconcertante. Jamás se había enfrentado a tal crisis en su vida. Al final, nunca había vivido verdaderamente como un ser humano.
Una mano grande y sudorosa palmeó su mejilla aturdida, haciéndolo mirar hacia arriba. Haewon lo miró, encontrándose con sus ojos.
Woojin miró las mejillas sonrojadas y rosadas de Haewon con una intensidad aterradoramente vívida. Sus ojos vacilantes y húmedos albergaban una tristeza indescriptible.
Haewon había madurado aún más. Proporcionalmente, se había vuelto más hermoso, con un aroma más dulce y suave. Un cambio al que era difícil resistirse y al que no quería resistirse, como un dolor punzante, era evidente. Las grietas y ansiedades de Woojin siempre comenzaban con Haewon.
—Le dije al gerente Lee Jinsoo. Él te recogerá por la mañana.
—Te dije que no. Puedo conducir.
—No te quejes. Si no te gusta, infórmame cada dos horas.
—Eso es muy molesto.
—Si es molesto, simplemente haz lo que te dicen.
No tenía sentido discutir con alguien que lo vigilaba abiertamente. Haewon dio un asentimiento a regañadientes y disgustado, dejando luego que se saliera con la suya. Entonces, como si recordara algo, preguntó:
—Volverás temprano hoy, ¿verdad?
—¿Hoy? Oh... ¿es el día en que transmiten la grabación de hace unas semanas?
Haewon había aparecido en un programa de música clásica hacía unas semanas. Era natural que Woojin lo recordara, pero saber la fecha exacta de emisión hizo que Haewon se sintiera agradecido y feliz. Una sonrisa incontrolable se extendió por su rostro.
—Veámoslo juntos. Se transmite a las siete y media.
—¿Debería pasarte a buscar a la sala de conciertos?
—Dijiste que el gerente vendría.
—Te recogeré por la tarde.
Haewon asintió ante su amable oferta.
Levantando al lánguido Haewon para que se sentara, Woojin trajo una toalla húmeda. Limpió los fluidos corporales del cuerpo de Haewon y se aseó él mismo.
Mientras se ponía la camisa, la corbata y la chaqueta que había descartado como una piel mudada en el suelo, Haewon regresó a la cama y se dejó caer.
Habiendo terminado de prepararse para salir, Woojin trajo unos auriculares. Puso la música favorita de Haewon, ajustó el volumen para que no fuera ni muy alto ni muy bajo, y cuidadosamente se los colocó sobre las orejas a Haewon.
Besó el hombro y los omóplatos de Haewon mientras yacía boca abajo. Dejó un beso persistente en la piel desnuda de Haewon.
La sensación de los labios presionando contra su espalda y hombros se desvaneció. La balada de Chopin que fluía a través de los auriculares ahogó el sonido de la partida de Woojin.
Haewon apoyó la mejilla en sus brazos cruzados. Parpadeando aturdido, miró el lugar a su lado donde Woojin se había acostado toda la noche antes de caer en un sueño ligero.
Debido a la estricta restricción vehicular de la Casa Azul, Woojin, que conducía al trabajo todos los días, tenía que usar un estacionamiento privado más alejado en lugar del estacionamiento cercano de la Casa Azul.
Ya tarde, el estacionamiento lo retrasó aún más y se apresuró hacia la Puerta Yeonpung. Pasando la entrada del personal, se dirigió al Edificio Yeomin 2, donde se encontraba la Oficina del Secretario Senior de Asuntos Civiles.
La Oficina del Secretario Senior de Asuntos Civiles constaba del Secretario Senior de Asuntos Civiles, el Secretario de Asuntos Civiles que supervisaba todas las operaciones, el Secretario Anticorrupción que manejaba la mala conducta de los fiscales, el Secretario de Disciplina Pública que gestionaba las auditorías internas y el Secretario de Asuntos Jurídicos que manejaba los asuntos legales del presidente.
Woojin fue nombrado funcionario público comisionado especialmente, sirviendo como Secretario Anticorrupción encargado de la mala conducta de los fiscales.
A pesar de ser un exfiscal, iba en contra de la voluntad de la fiscalía, y su primer acto al asumir el cargo fue forzar discretamente la renuncia de un candidato a fiscal de alto rango recomendado por el Fiscal General.
Al llegar a la oficina, un oficial administrativo hizo una reverencia a modo de saludo. El oficial miró hacia alguna parte, y la mirada de Woojin, al devolver el saludo, lo siguió.
El Secretario Senior Kwon caminaba hacia Woojin. Woojin también lo saludó.
—Buenos días, señor.
—Eres meticuloso con el trabajo ¿Así que por qué eres tan descuidado con la puntualidad? ¿Por qué llegas tarde hoy?
—Hubo un pequeño accidente automovilístico.
—Dijiste que llegaste tarde la semana pasada por un accidente automovilístico también.
El Secretario Senior Kwon replicó con incredulidad ante la mentira suave y descarada. Sin cambiar su expresión, Woojin respondió.
—Oh ¿lo hice? Entonces digamos que hoy fue porque el auto frente a mí tuvo un accidente y bloqueó el camino.
—Vaya, mira a este tipo.
El Secretario Senior Kwon estaba atónito. Llamó a Woojin, que se dirigía a su oficina como si nada hubiera pasado, desconcertado por la mentira poco convincente.
—Secretario Hyun, si no estás ocupado ¿qué tal una taza de té?
Al entrar en su oficina, el Secretario Senior Kwon señaló hacia la mesa de recepción. Woojin se sentó en el sofá, desabrochándose la chaqueta para ponerse cómodo.
—El Viceministro de Economía y Finanzas lleva solo seis meses en el cargo. Si lo reemplazamos ahora, habrá críticas de que hay un problema con el sistema de verificación de personal de la Casa Azul. Es perfecto para que la gente critique. Estoy pensando que podría ser mejor manejarlo durante la reorganización regular del personal ¿Cuál es tu opinión?
—¿Aún no lo has reportado?
—Todavía no. Se lo mencioné al Jefe de Gabinete.
El Secretario Senior Kwon sirvió té él mismo, lo colocó en la mesa frente a Woojin y se sentó en el asiento principal.
—Esta es inteligencia del Servicio Nacional de Impuestos. Incluso si silenciamos a las partes involucradas, los medios eventualmente se enterarán, y aunque renuncie con alguna excusa, saldrá a la luz tarde o temprano. No te quedes cruzado de brazos, muévete rápido. El problema de solicitud indebida que reporté ayer ha sido transferido a la oficina de auditoría del Ministerio de Ciencia y TIC.
—Escuché que el líder del equipo de investigación especial descartó un informe. ¿Lo has investigado?
—Todavía no hay información confirmada, y la parte involucrada está bajo acción disciplinaria, suspendida por un mes. Lo veré directamente para comprobar si hay pruebas o fundamentos y lo reportaré por separado.
—¿No es difícil ya que el líder del equipo es tu superior?
—No, en realidad no. Mi superior es muy cooperativo.
Ante el tono despreocupado de Woojin, el Secretario Senior Kwon soltó una carcajada cordial. Bebió el té humeante, mirando al hombre llamativamente guapo.
Sin duda, era diferente de la imagen esperada. En lugar de ser pulido, era brusco; aunque se esperaba que fuera educado, su discurso formal era más directo que el informal.
Si Kwon hubiera sido solo un jefe ordinario, tal actitud habría sido más que ofensiva. Pero para Kwon, que había lidiado con políticos calculadores, el comportamiento completamente despreocupado de Woojin se sintió como una brisa refrescante.
La fiscalía era una organización profundamente arraigada en el principio de obediencia absoluta a los superiores, con el Fiscal General en la cima. Era difícil creer que alguien con esa actitud se hubiera ganado la profunda confianza como fiscal hasta que renunció. Si no fuera por ese incidente, podría haber ascendido a una posición más influyente que la actual, pasando por roles clave y rápidos ascensos. Desde su perspectiva, unirse a la Casa Azul ni siquiera sería un ascenso. Aun así, Woojin había renunciado voluntariamente a su carrera como fiscal.
—De todos modos, nunca había conocido a un lunático como tú.
Woojin, bebiendo té, miró al Secretario Senior Kwon con los labios aún en la taza. Al encontrarse con sus ojos, Kwon sintió una punzada repentina. Una de las cejas de Woojin estaba ferozmente fruncida, como si hubiera escuchado el insulto más ofensivo, mientras dejaba la taza de té.
—...¿Lunático? Eso es un poco fuerte.
Kwon agitó las manos, diciendo que no era eso lo que quería decir.
—No, no lo decía en ese sentido. Quería decir que eres bueno en tu trabajo. Tu enfoque directo y sin rodeos es audaz; eso es lo que quise decir.
—Oh, a eso te referías. No tengo mucho sentido del humor.
Incluso ante la explicación de Kwon, Woojin respondió secamente, como diciendo algo que no sentía.
—Si te ofendí, me disculpo.
—No, está bien. No te preocupes por eso.
—Debes haber escuchado eso mucho cuando dejaste de ser fiscal ¿verdad? Lunático, loco, cosas así.
Kwon se preguntó en privado si por eso Woojin era sensible a tales comentarios.
—Sí, algo así.
Woojin dio un asentimiento tibio.
—No es una elección que tomaría una persona cuerda. Solo tú podrías hacerlo.
—Tomaré eso como un cumplido también.
—Sí, es un cumplido.
El ceño fruncido por tomarse el comentario de "lunático" literalmente se suavizó como si nunca hubiera estado allí.
Woojin bebió calmadamente su té. Kwon levantó su taza de té también. Un breve silencio pendía entre ellos, revisitando la palabra "lunático".
Controlar a la altiva fiscalía hasta este punto era difícil incluso para los fiscales de alto rango. No era porque Woojin tuviera alguna habilidad extraordinaria. La fiscalía, al darse cuenta de que sus acciones temerarias y tipo bulldozer trascendían el sentido común, cooperaba por sí sola.
Sabían mejor que Kwon que si Woojin se proponía algo, no era del tipo que caía solo.
Especialmente en el equipo de investigación especial del Secretario Anticorrupción, a pesar de las repetidas advertencias de Kwon sobre conducta indebida, controlar las malas prácticas persistentes de la administración anterior era difícil sin antecedentes fiscales. Pero desde que llegó Woojin, tales problemas desaparecieron como por arte de magia.
Incluso sin compartir la autoridad de personal, la cooperación de la fiscalía con la Casa Azul no tenía precedentes desde el inicio de la administración. Contratar a Woojin fue una apuesta, pero el alto riesgo vino con grandes recompensas.
—Por cierto, ¿sabes que ya casi es hora de la divulgación pública de los bienes de los funcionarios, verdad?
—Ya he enviado mi informe.
Los altos funcionarios de la Casa Azul deben informar los cambios en sus bienes, los cuales se divulgan al público a través de la Gaceta del Gobierno. Los bienes de Woojin pronto también podrían verse.
Estaba listo para ascender como un fiscal capaz, pero su sentido de la justicia aparentemente loco lo llevó a atarse a criminales y pararse en el tribunal. Aparte de eso, ambos partidos políticos estaban desesperados por reclutarlo debido a sus apariencia superior y su origen único.
Eso no era todo. Los rumores de una relación a largo plazo con la hija de un chaebol estaban respaldados por su riqueza.
Kwon había vivido creyendo que formaba parte de la élite elegida, nacido de buenos padres y con una buena educación. Pero conocer a Woojin le hizo comprender, tarde, que el mundo había elegido a alguien más, y que esta tierra no era justa.
¿Estaba bien que alguien fuera así de perfecto? Woojin tenía demasiado. Con ambición, podía lograr cualquier cosa si se lo proponía.
Eso preocupaba a Kwon. El éxito era importante, pero esperaba que Woojin creciera en una dirección positiva.
—Tal vez deberías vender algunas de tus acciones.
—Todas fueron adquiridas legalmente. No debería haber ningún problema.
—Tener demasiado es el problema. Debes considerar el sentimiento público ¿Sabías que estás en el segundo lugar en el ranking de bienes entre los congresistas y funcionarios públicos combinados?
—¿Solo segundo?
Preguntó Woojin, sonando incrédulo, como si asumiera que sería el primero. Escuchar que era segundo parecía herir su orgullo.
—Solo segundo... ja. Sí, solo segundo. El mercado de valores ha estado a la baja. El CEO de Hankyung está en la cárcel, ya sabes.
Kim Junggeun estaba en prisión, y Woojin había soltado su participación. Con la expansión comercial del Grupo Hankyung estancada, el precio de sus acciones se había desplomado a un tercio de su valor desde que Woojin se alejó. Como accionista principal, la riqueza de Woojin se redujo en consecuencia. Si no hubiera sido así, su reacción incrédula le habría asegurado fácilmente el primer lugar.
—De todos modos, habrá habladurías y llegarán tentaciones. Lo manejarás bien, pero aferrarte a tus principios aquí puede no ser fácil. Esta posición atrae muchas solicitudes. Debes mantenerte alerta y administrar tu entorno a fondo. No planeas renunciar después de esto ¿verdad? Tienes un largo camino por recorrer.
—No necesitas preocuparte por eso.
—Bien, me alegra oír eso. Vete ya.
—Me retiro.
Incluso ante la abierta oferta de apoyo, Woojin no mostró ninguna emoción en particular, haciendo una reverencia al Secretario Senior Kwon antes de dar media vuelta.
—Ugh...
Pasándose una mano por su cabello desordenado, Haewon levantó la parte superior de su cuerpo de la cama. Al revisar su teléfono en la mesa auxiliar, pasaba un poco de las ocho de la mañana.
Tan pronto como se levantó, Haewon encendió habitualmente la televisión.
Sintonizando un canal de noticias, miró fijamente la pantalla. Después de demorarse más de diez minutos, finalmente salió de la cama. La noche anterior había sido agotadora, y la ronda de la mañana dejó sus extremidades con una sensación pesada.
Haewon fue al baño, dejando que las actualizaciones de noticias mundiales del presentador pasaran por sus oídos.
Después de una ducha caliente, se sintió renovado. Secando su cabello mojado con una toalla, se apresuró hacia el televisor. Fijando sus ojos en la pantalla, se secó el cabello, sorbió café y masticó un trozo de pan. Haewon no apartó los ojos de las noticias en toda la mañana.
Se cambió de ropa y se peinó toscamente el cabello revuelto, terminando sus preparativos para salir. Era hora de irse. Mirando sombríamente las noticias, Haewon apagó el televisor decepcionado cuando comenzó el pronóstico del tiempo.
No había visto a Woojin ayer ni antes de ayer. El viernes pasado, apareció brevemente junto al portavoz de la Casa Azul antes de desaparecer. Woojin no había estado en las noticias desde entonces.
Ver a Woojin en la televisión hacía que la mente de Haewon se quedara en blanco, mirando la pantalla de manera aturdida.
El rostro inexpresivo, imposible de leer, los labios firmemente cerrados que no pronunciarían una sola palabra amable, y los ojos oscuros que podían asfixiar a alguien se sentían tan diferentes de la persona que veía en casa que era difícil creer que fueran el mismo.
Haewon sabía que Woojin solo cambiaba por él. Confirmar eso a través de la imagen desconocida en las noticias era satisfactorio.
Así que comenzaba su día encendiendo el canal de noticias tan pronto como se despertaba. Cada vez que detectaba al frío desconocido Woojin en la pantalla, el corazón de Haewon latía con fuerza como el de un adolescente enamorado.
Ese hombre, de pie en silencio con los labios apretados, estaba acostado a su lado anoche. Desnudo, agarrando el cuello de Haewon mientras negaba con la cabeza en señal de rechazo, derramaba besos apasionados, como si quisiera tragarse su lengua, una y otra vez.
Ese hombre, el obsesivo fanático del control que no soportaba un horario alterado, iba casualmente tarde al trabajo por su culpa.
Con el tiempo de viaje de Woojin mucho más temprano, Haewon, que se demoraba en la cama todo lo posible, rara vez lo veía por la mañana o bebía el café que él preparaba. Es por eso que escondió el teléfono de Woojin varias veces y su tarjeta de identificación hoy.
Listo para irse, Haewon se colgó el violín al hombro y abrió la puerta. El gerente, Lee Jinsoo, estaba esperando afuera.
—Buenos días. Aquí tienes tu café.
—Si estás aquí, no te limites a esperar—toca el timbre. Y ya tomé café.
Sin un horario especial, Haewon solía viajar solo. El gerente lo acompañaba solo para transmisiones o actuaciones personales que requerían el apoyo de la compañía.
Hoy, solo había práctica de orquesta. Sin embargo, últimamente, Jinsoo se paraba frente al apartamento todas las mañanas con café no solicitado, esperando a Haewon.
—Vamos, toma otro. Lo traje con buenas intenciones.
—¿Cuánto te está pagando Woojin hyung?
Tomando el café a regañadientes mientras Jinsoo insistía, preguntó Haewon mientras se dirigía al ascensor. Jinsoo lo siguió, respondiendo.
—¿Por qué sigues preguntando por mi pago? Te dije antes que es grosero preguntar sobre los ingresos de alguien.
El comportamiento de Haewon a menudo metía a Jinsoo en situaciones incómodas. Si se trataba solo de comentarios incómodos, podía dejarlos pasar, pero el hábito de Haewon de soltar pensamientos sin filtrar a extraños había dejado a Jinsoo mortificado más de una vez.
Así que comenzó a advertir a Haewon que no dijera tales cosas, advirtiendo que le traería problemas. Se convirtió en un hábito señalar cuándo Haewon era grosero, ignorante o decía cosas que otros se guardaban para sí mismos, prestando especial atención a cuidar sus palabras. Era en parte la directiva de la agencia, pero sobre todo la iniciativa propia de Jinsoo.
—Le diré a tu jefe que estás haciendo trabajos de medio tiempo en otro lado y haciendo cosas turbias.
—Mi jefe ya sabe que tengo un trabajo secundario.
—.......
Haewon hizo una pausa a mitad del sorbo, mirándolo de reojo.
—Solo piénsame como si fuera invisible, como el aire, un objeto.
—No puedo, y... ja, se siente espeluznante, como si me estuvieran vigilando.
Quizás debido al malestar persistente de cuando Woojin lo hacía vigilar, Haewon se sentía incómodo últimamente, sintiendo que alguien lo observaba cada vez que salía.
—Es más fácil pensar en ello como el destino de las figuras públicas.
Tragando el café amargo, Haewon dejó escapar un suspiro pesado. Subieron al ascensor y se dirigieron al estacionamiento del sótano.
—No esperes fuera de mi puerta. Llámame cuando estés en el estacionamiento y bajaré.
—No se puede hacer. Me dijeron que te recogiera en la puerta.
—No voy a salir; es solo moverse dentro del edificio ¿Qué podría pasar para que estés siendo tan exagerado?
—Aún así, si algo pasa, me van a regañar por todos lados.
—.......
Haewon dejó escapar un largo suspiro, dejándolo salirse con la suya.
Pensó que a esta edad viviría de forma más independiente, incluso más solo. Nunca imaginó que estaría sobreprotegido como un niño dejado junto al agua.
Cuando Haewon se quejaba o miraba con silenciosa presión, Jinsoo decía que él era el sostén de la familia, con dos hermanos estudiantes jóvenes, una madre con una enfermedad crónica y un padre que estaba vivo el mes pasado con apendicitis aguda pero de alguna manera había estado muerto durante años, haciendo la vida muy difícil.
Haewon estaba profundamente molesto y quería preguntar cuántos padres tenía, pero se detuvo justo antes de decir nada.
No había cambiado notablemente para los demás, pero Haewon sentía que se había vuelto más flexible y generoso en todo. Su corazón se había vuelto más amplio.
Haewon nunca había querido nada en la vida. No tenía ambiciones. Simplemente vivía según venía. No imprudentemente, sino sin apego ni significado, simplemente porque estaba vivo.
Pero ahora no. Ahora tenía a alguien a quien amaba, alguien esperándole en casa. Ya no estaba solo, esa sola presencia hacía que su corazón se sintiera lleno y rico.
Todos eran exagerados. El gerente era exagerado, y la persona más exagerada era otra, pero aún así exagerada.
A medida que Haewon aparecía en las transmisiones, regalos y cartas de admiradores llegaban a su agencia. Al principio, eran cosas normales como chocolates, galletas o suplementos de salud.
Luego, un día, llegaron fotos de Haewon saliendo de su apartamento, regresando a casa o yendo a la tienda de conveniencia del edificio en pijama, junto con cartas de admiradores que profesaban amor y ardiente devoción.
Era un apartamento al que solo los residentes podían acceder, y a pesar de apariciones ocasionales en televisión, la mayoría de las personas sin interés en la música clásica no sabrían quién era. Todos veían el acto obsesivo de rastrear su hogar como una advertencia criminal.
Debido a una persona particularmente exagerada, el gerente tenía que informar sobre la seguridad de Haewon cada dos horas. A veces, los momentos imprudentes de Haewon —como mostrar una sonrisa podrida y un dedo medio a la cámara de un teléfono— eran enviados a esa persona, con la compensación adecuada, por supuesto.
Si tenía curiosidad, podía simplemente llamar y preguntar dónde estaba Haewon o qué estaba haciendo. En su lugar, el hombre elegía el método enrevesado de obtener informes a través de un tercero. Habiéndolo hecho toda su vida, debíale resultar cómodo.
Sentado en la parte trasera del auto del gerente, Haewon miraba fijamente por la ventana la calle que retrocedía. Los árboles de la calle primaveral tenían pequeños brotes de color verde claro ahora notablemente abundantes. Bajando la ventanilla, el aire primaveral entró de golpe.
Jinsoo miró cautelosamente al repentinamente silencioso Haewon a través del espejo retrovisor. Al no poder decirle la verdad debido a la agencia y a las estrictas órdenes de Woojin, Jinsoo se sentía frustrado, especialmente porque a Haewon le desagradaba sentirse vigilado.
No era algo que valiera la pena saber. Con su personalidad, no se quedaría callado. Era mejor que no lo supiera. Pensó Jinsoo, concentrándose en el camino.
Al llegar a la Sala de Conciertos Hankyung, se dirigieron a la sala de ensayo de la orquesta.
Como asistente del concertino de primeros violines, Haewon se sentó junto al concertino. Jinsoo se paró detrás del piano de cola, filmando a Haewon afinando las cuerdas de su violín con su teléfono. Envió la foto al número de Woojin, agregando un mensaje de que habían llegado a salvo a la sala de conciertos.
∞ ∞ ∞
—Secretario, todos los documentos han sido triturados y la copia de seguridad está guardada de forma segura en la nube.
—Buen trabajo. Me iré ahora.
Woojin solo podía salir de la oficina cuando el tiempo era ajustado. Los días ocupados trabajaba los fines de semana, pero los días más tranquilos era posible salir a la hora, lo cual era afortunado.
Perderse a Haewon por la mañana era bastante malo, pero perdérselo por la tarde empujaría los lindos caprichos de Haewon más allá del punto tolerable.
En comparación con sus días de fiscal, este trabajo era menos gravoso. Por supuesto, sus días de fiscal —cuando investigaba ilegalmente, hacía listas y causaba estragos sin que se lo pidieran— eran naturalmente más agotadores.
Al subir a su auto y encender el motor, sintió el zumbido y la suave vibración. Su teléfono sonó. No era Haewon, sino su madre. Tras un momento de vacilación, Woojin contestó.
—Sí.
—¿Dónde estás? ¿Vas a casa?
—Sí.
—Ven a la casa. Tu padre quiere verte.
—Tengo un compromiso previo.
—Cancélalo y ven a casa. Tu padre escuchó algo y está de mal humor. Quiere verte. Es la primera vez que dice eso ¿De verdad vas a cortar lazos con él?
—No soy yo quien está cortando los lazos.
Woojin salió del estacionamiento. Su auto se unió al flujo del tráfico.
Las llamadas prolongadas con sus padres no tenían sentido, y a Woojin ya no le importaba cómo lo veían. No estaba trabajando en la Casa Azul para escucharles —a él, a quien trataban como a un monstruo— decir que estaba bien o en lo correcto.
—Te lo ruego. De lo contrario, llamaré a Haewon. Seguiré haciendo lo que odias. No me hagas parecer irracional.
—.......
—Woojin.
—Haz lo que te plazca. Voy a colgar.
No tenía necesidad de engañar a su madre ni de buscar validación de que estaba más cerca de lo normal que de lo anormal. Ser reconocido por Haewon, que lo amaba tal como era, era suficiente. Que Haewon lo tratara como a una persona era suficiente.
La imagen de Haewon, enrojecido con las mejillas rojas bajo él esta mañana, parpadeaba en su mente. Su delicada piel se sonrosaba fácilmente cuando lo besaban o succionaban. Woojin dejaba diligentemente sus marcas donde Haewon no podía ver.
Quería apresurarse y recoger a Haewon. Esos ojos que una vez lo miraron con desprecio, como si fuera basura, ahora lo miraban con algo que agitaba su corazón sin emociones.
Ya fuera afecto, admiración o atracción sexual, Woojin no estaba seguro. Solo sabía una cosa con claridad: ese sentimiento se profundizaba con el tiempo. Quería apreciarlo. El amor de Haewon lo volvía humano, y esa estabilidad era su único salvavidas.
Sosteniendo el volante con la mano izquierda, Woojin jugaba con su teléfono con la otra. Justo cuando iba a llamar a Haewon, recibió una llamada de él. Contestó rápidamente.
—Sí, Haewon.
—Hyung, creo que tengo que ir a la casa de mi papá ¿Estás viniendo para acá?
—Voy en camino. ¿Por qué a la casa de tu padre?
—De repente me llamó. Su chofer y mi gerente están peleando como locos ¿Qué le dijiste a mi gerente?
—Le dije que si alguien te toca, le cortaré uno de los dedos en su lugar.
—.......
—Era una broma.
Incluso después de decir que era una broma, Haewon no respondió. Un corto e inquisitivo silencio siguió.
—Le pasaré el teléfono al gerente. Dice que solo puede entregarme a ti ¿Soy un objeto? No me escucha en absoluto. Es como si estuviera decidido a no hacerlo. Ya que el chofer de mi papá está aquí, dile que me deje ir.
Haewon le entregó el teléfono a alguien. La voz urgente de Jinsoo se oyó a través de la línea.
—¿Señor? Soy Lee Jinsoo. ¿Qué debo hacer? Haewon dice que se va con alguien que conoce, pero no puedo confiar en eso. No me escucha. Por favor, ayuda.
Jinsoo explicó acerca de alguien que había ido a buscar a Haewon.
—Está bien. Entréguale a Haewon y vete a casa. Sí, buen trabajo. ¿Puedes poner a Haewon al teléfono?
El teléfono volvió a la mano de Haewon. Se escuchó suavemente una respiración tenue.
—¿Por qué tu papá de repente quiere que estés en casa?
—No lo sé. No tengo idea de qué está pasando, pero está furioso. Dice que me va a matar.
—¿Qué hiciste?
—¿Cómo iba a saberlo sin verlo? Hace un rato estaba orgulloso de que me gane la vida por mi cuenta, pero ahora de repente está enloqueciendo. En fin, te veo en casa más tarde.
Woojin se detuvo en un semáforo. El tenue aroma del perfume de Haewon perduraba en el auto que se había detenido con suavidad. Mirando fijamente el asiento del pasajero vacío donde solía sentarse Haewon, dijo:
—Se supone que íbamos a ver la transmisión juntos.
—Podemos verla en repetición. Te llamaré cuando termine.
Haewon colgó primero y Woojin finalmente bajó el teléfono. Apenas lo había colocado en la consola cuando volvió a sonar. No era Haewon, sino su madre. No había razón para evitar su llamada.
—Te dije que tengo un compromiso previo.
—¿Sabes cuántos años han pasado desde la última vez que tu padre quiso hablar contigo?
—......
—Quiere que cenemos juntos, así que ven aquí. No lo volveré a pedir.
Woojin suspiró. En lugar de dirigirse al departamento de Haewon, giró el volante hacia la casa de su familia.
—Te haré este favor, así que hazme uno tú también.
—¿Qué?
—Borra el número de Haewon. Promete que nunca volverás a contactarlo. Entonces iré.
—¿Acaso me voy a comer a Haewon? No eres el único al que le gusta. A mí también me gusta. Soy su fan.
Su madre protestó diciendo que era una demanda irrazonable.
— Prométeme eso e iré.
Woojin bajó el tono, ligeramente irritado, diciéndole que no dijera tonterías.
—Solo ven. Hablaremos cuando llegues ¿sí?
—Bien.
Colgó y arrojó el teléfono sobre el asiento del pasajero vacío.
El camino estaba bloqueado. La mentira de la mañana sobre un accidente automovilístico que bloqueaba la calle se hizo realidad por la tarde. Atrapado entre los autos alineados, los dedos de Woojin golpeteaban impacientes contra el volante. Incapaz de ocultar su inquietud, estiró el cuello para echar un vistazo a los autos que avanzaban a paso de tortuga, pasándose una mano por el cabello.
Al fin logró abrirse paso entre el tráfico, llegó a la casa de su familia y estacionó apresurado. Al salir, caminó a zancadas grandes por el jardín, casi corriendo, hacia la casa brillantemente iluminada.
—¿Llegas ahora?
Choi Hyunmi, habiendo visto por la ventana el auto de Woojin entrar en la entrada para vehículos, lo esperaba en el vestíbulo.
Woojin se puso las pantuflas de casa y se dirigió rápidamente a la sala de estar. Pensando que iba a irrumpir para enfrentarse a su padre, ella lo siguió de prisa. Pero Woojin no se dirigía al estudio.
Tomó el control remoto de la mesa de la sala y encendió el gran televisor montado en la pared.
—¿Qué, hay alguna noticia que necesites ver? ¿Pasó algo? ¿Va a renunciar el Secretario Senior de Asuntos Civiles?
—No. Está a punto de empezar la transmisión de Haewon. Hoy es el Wednesday Arts Stage. Ja, por poco me lo pierdo.
Woojin dejó escapar un suspiro de alivio, cambió al canal que transmitía el Wednesday Arts Stage y se sentó en el sofá.
Por suerte, no había llegado tarde. Verlo en repetición estaba bien, pero ver a Haewon en vivo se sentía mucho más valioso.
Apoyando los codos en las rodillas y la barbilla en las manos, Woojin miraba la pantalla con tanta seriedad como si estuviera escuchando la noticia de una dimisión. No parecía que estuviera allí para disfrutar de la música.
—Oh, ¿Haewon está en pantalla? ¿Qué está tocando?
—Madre.
Woojin, molesto por el alboroto de Choi Hyunmi a su lado, se llevó un dedo a los labios, indicándole que guardara silencio.
—...Oh, lo siento.
Luciendo un poco avergonzada, Choi Hyunmi se rascó el cuello y se sentó junto a él, mirando fijamente el televisor.
Ella miraba de reojo a su hijo.
Él estaba concentrado, con un rostro y una mirada de absoluta gravedad, completamente absorto a pesar de que Haewon aún no aparecía, como si fuera a ser absorbido por la pantalla.
La grabación parecía haberse hecho en un estudio sin público, una sala pequeña que apenas calificaba como escenario, con solo un piano de cola y unas cuantas sillas.
Pronto, una pianista de mayor edad, Haewon con su violín y un violonchelista salieron y tomaron sus asientos.
Haewon vestía un jersey negro ajustado y pantalones gris oscuro. Su piel, de por sí clara, brillaba aún más blanca. Una iluminación cálida iluminaba su frente redondeada, cayendo en cascada sobre sus hombros.
—Oh, Dios mío.
Su madre dejó escapar un breve jadeo. Los labios de Woojin se curvaron en una sonrisa seca.
Incluso ante los ojos de su madre, la apariencia de Haewon parecía inspirar asombro.
¿Qué tan trivial es la belleza interior? Algún presentador había dicho eso mientras elogiaba el físico de alguien, y ver a Haewon actuar en el escenario hizo que Woojin lo comprendiera, sacudiendo su creencia de que la apariencia era solo un cascarón. Su sentido estético estaba, después de todo, alineado con el de los humanos comunes.
—Actuar con semejante maestra... Haewon debe ser un violinista más grande de lo que pensaba.
—¿Qué, es famosa?
—¿No la conoces?
—No.
Por supuesto que no, era la primera vez que la veía, añadía la expresión de Woojin. Su madre dijo algo sobre ella. Él ni siquiera la escuchó con medio oído, desviando la mirada. Había pensado que su jadeo era por la impresionante apariencia de Haewon, pero probablemente era de sorpresa ante la pianista de renombre mundial con la que estaba tocando.
¿Era porque lo estaba viendo en pantalla?
El físico de Haewon destacaba de nuevo. Sus largas extremidades y sus hombros rectos tenían una línea claramente masculina.
Trío con piano en si bemol mayor, op. 97 «Archiduque» de Beethoven
El título apareció y desapareció en la parte inferior de la pantalla. La pianista presionó las teclas y el violonchelo superpuso su sonido. Haewon colocó el violín sobre su hombro, cruzando miradas con sus colaboradores. Como una canción redonda, Haewon deslizó su arco. El piano y las cuerdas, intercambiados sin el menor indicio de error, sonaban como una conversación entre pájaros.
El ligero movimiento de su mano al tensar el arco sonaba menos a una melodía emotiva y más a una armonía rebosante de intelecto.
Woojin agarró el control remoto y subió el volumen. La melodía clara y algo melancólica llenó la sala de estar. Inmerso por completo en Haewon en la pantalla, nada más existía para Woojin.
Presionando el violín con la barbilla, Haewon tocó con más cuidado que nunca.
—Está tan absorto que parece que va a llorar ¿Cómo puede estar tan lleno de emoción?
Hablaba Choi Hyunmi, como si estuviera hechizada por Haewon. Woojin simplemente lo miraba sin hacer comentarios. No era una pieza triste, pero el rostro de Haewon, intentando capturar la emoción, parecía genuinamente apesadumbrado.
La emoción que llenaba su pequeño rostro era una tristeza frágil, y el arco que crecía con el sonido era una lágrima enorme. Sus ojos brillantes bajo las luces parecían húmedos.
Choi Hyunmi miró a Woojin, cuya mirada estaba fija en Haewon. Estaba pensando en algo. No calculando ni observando, sino apreciando.
—Antes parecía tan alegre... pero Haewon es muy serio cuando actúa. Como otra persona, ¿verdad?
Curiosa por los sentimientos de Woojin hacia esa interpretación tan rica en emociones, Choi Hyunmi sondeó sutilmente. Woojin permaneció en silencio hasta que terminó la actuación.
A medida que se perdían en la música, ninguno de los dos habló. La pieza, de más de treinta minutos, terminó y la pantalla cambió. Con solo una pieza interpretada, Haewon no volvería a aparecer. Woojin apagó el televisor.
La habitación quedó en silencio. Permaneció callado un rato, persistiendo en el resplandor residual de la actuación. Choi Hyunmi se volvió hacia él, que seguía sentado sin moverse.
—¿Qué te pareció? Una pieza hermosa, ¿verdad?
—No realmente.
Respondió Woojin secamente. No le gustaban las melodías que apelaban a las emociones.
—¿Eh? ¿Por qué? Es hermosa. ¿No te pareció hermosa?
La incomodidad de la intromisión y la observación de su madre ya era secundaria. Llevaba mucho tiempo sin importarle lo que ella opinara.
—¿Sabes en qué piensa Haewon para capturar esa emoción?
—¿En qué piensa?
—Se imagina terminando conmigo. Dice que eso le ayuda a sumergirse a la perfección.
—......
—Pensar en Haewon imaginando eso... es difícil de soportar ¿Por qué piensa así?
Como un niño inmaduro ignorante de las emociones, Woojin preguntó como si suplicara una respuesta. Choi Hyunmi se quedó sin palabras.
—...¿Porque es triste?
—¿Se imagina eso para sentir tristeza?
Preguntó Woojin; no, le exigió a su madre.
—Probablemente le ayuda a sumergirse más. Se siente real.
—Odio esa premisa. Le he advertido varias veces que no lo haga porque es perturbador, pero dice que no puede. Dice que es la vía más rápida, pero simplemente no puedo entenderlo...
Incapaz y sin querer aceptar la premisa, el tono de Woojin se tornó irritado. Al verlo, Choi Hyunmi sonrió con los labios.
Su sonrisa agrió aún más sus anhelos de humor. Susurraban en un idioma que solo ellos conocían, con palabras que solo ellos entendían. Sin hablar nunca, captaban pistas diminutas, empatizaban e incluso leían sentimientos no expresados.
Esperando una respuesta satisfactoria, las cejas de Woojin se endurecieron mientras la miraba fijamente con insistencia. Al encontrarse con su mirada, Choi Hyunmi dijo:
—Haewon es un profesional en el amor.
—......
—Tú eres un tonto.
—¿...Qué?
—Eres un tonto despistado.
—¿Qué significa eso?
—Solo entiende esto: Haewon dice eso porque le gustas.
—¿Se imagina que terminamos porque le gusto?
—Entiende solo eso. Lo dice porque le gustas. Sabía que harías que reaccionaras así, que te enojarías y te pondrías furioso.
—......
Su madre tenía razón. Cuando Haewon decía cosas así, Woojin no podía ocultar su inquietud. A veces se enojaba. La idea de terminar, sucediera o no, era incondicionalmente insoportable.
Significaba que Haewon lo decía para provocarlo. Incapaz de comprenderlo, Choi Hyunmi se lo explicó con calma.
—El amor también se demuestra con acciones. Dicen que no se puede ocultar ni una tos ni el amor.
—...Ojalá lo dijera claramente, que lo cuantificara.
—Lo hace, ¿no? Lo dice en estrellas o algo así.
Cuando Woojin le pedía que expresara sentimientos abstractos, Haewon pensaba tanto en ello y, al ser incapaz de hacerlo de forma sencilla, optaba por cuantificarlo. Como medir el dolor del 1 al 10, cuantificaba su afecto en números.
Ese era su acuerdo, pero Woojin dijo, exasperado:
—Un día es cien, otro día es menos mil, luego es dos.
—......
—Dos.
—......
—¿Tiene eso algún sentido?
Sería mejor que no lo cuantificara. Era aún más confuso, dijo Woojin con un breve suspiro.
¿Cuándo se había quejado de la ignorancia, de la locuacidad o de ser una molestia? A pesar de su torpeza con las emociones, Woojin estaba verdaderamente enamorado.
Choi Hyunmi sintió su áspera sinceridad. Hasta donde ella sabía, esta era la primera vez que le gustaba alguien. Su relación con Haeyoung había sido por contrato, por lo que pensó que él nunca conocería tales sentimientos.
Pero Woojin había llegado a amar a alguien. No importaba que fuera un hombre. Haewon, que despertó sus emociones y lo hizo humano, era valioso y una bendición para ella.
Choi Hyunmi rompió a reír al ver a Woojin reflexionando seriamente sobre dos estrellas.
—Vamos a cenar. Tu padre está esperando.
Como si fuera una molestia, Woojin se puso de pie con expresión rígida.
—Te viste en las noticias. Tu padre estaba complacido. Un congresista de la oposición menor que se operó con él preguntó por ti. Te ven con buenos ojos.
—......
Él la escuchó con la mirada desinteresada.
El equipo de investigación especial del Secretario Anticorrupción vigilaba a los altos funcionarios, no solo a los ministros o altos cargos, sino a todos los servidores públicos.
Los designados políticos no podían evitar estar conscientes de las intenciones del equipo anticorrupción y sentían curiosidad natural por las investigaciones y qué información de inteligencia existía.
Woojin recibía muchos contactos de ese tipo a través de varios canales. Cuando los ignoraba, las solicitudes parecían llegar a través de sus padres.
A pesar de no tener planes de entrar en política debido a su desdén por los políticos, estaba agotado por el alboroto circundante. Estaba satisfecho con su trabajo actual. En la Oficina del Secretario Senior de Asuntos Civiles, la mayoría de los colegas eran abogados, lo cual era difícil para Woojin, a quien les tenía un desagrado patológico, pero el trabajo en sí le sentaba bien, similar a lo que había hecho antes. Tenía cuidado de evitar la exposición en los medios.
—No atiendas ninguna solicitud ni hagas promesas. No quiero volver a oír hablar de esto.
Era el tono que usaría con un compañero de trabajo, no con su madre, pero ella no se mostró ofendida.
—Tendré cuidado. Me aseguraré de que tu padre también lo sepa.
Comprendiendo su significado, Choi Hyunmi asintió.
Ella conocía los esfuerzos de su madre por remendar la profunda brecha entre Woojin y su padre, que eran peores que extraños.
Hubo un tiempo en que él intentó demostrarle a su padre —que lo llamaba monstruo— que no lo era, demostrar que tenía razón.
Ahora no lo negaba, pero ya no le importaba.
Aparte de ver brevemente a su padre en la boda de su hermano años atrás, encontrarse cara a cara era un recuerdo lejano. Al verlo después de tanto tiempo, Woojin no sintió emoción ni tensión.
Mientras su madre iba a la cocina con la ayudante a preparar la cena, Woojin se quedó de pie ante la puerta del estudio.
Toc, toc. Abrió la puerta. Al encontrarse con la mirada de su padre, Woojin hizo una reverencia breve y fría.
A menos que fuera una ocasión especial, no se habían hablado en más de una década. Su padre estaba sentado en el escritorio del estudio, leyendo.
El gran estudio, lleno de libros de todo tipo a la altura de los vastos pasatiempos de su padre, iba desde textos profesionales hasta más.
De niño, Woojin pensaba que todos los libros del mundo estaban allí. El estudio de su padre era su zona de juegos. Sus hermanos eran todos brillantes, pero el intelecto de Woojin brilló con más fuerza en la preparatoria. Al carecer de emoción, su intelecto llenaba el vacío, destacando en todo lo que hacía o aprendía.
La única forma en que se protegió del rechazo del mundo fue leyendo y aprendiendo de los libros sobre la naturaleza humana.
Leyó muchos libros en este estudio. Fueron esos libros los que le enseñaron a resistir la injusticia. Woojin creía que podía controlar la injusticia, demostrando que no se equivocaba al hacerlo.
El familiar olor a papel y tinta flotaba en el aire. Su padre, sentado en el escritorio, levantó la vista hacia él.
—Siéntate. El techo no se va a caer.
—......
Woojin se sentó en la silla frente al escritorio, mirándolo fijamente.
Para ganarse la aprobación de su padre, se había enfrentado a todo desesperadamente. Pasar tanto tiempo en este estudio probablemente era por la misma razón.
Quería demostrar que era el único hijo que leía todos estos libros recopilados. Destacaba en lo académico, buscando la validación de su linaje y de que no era anormal. Conocer a Woojin le enseñó que el reconocimiento entre las personas no dependía solo de los logros o los resultados.
Tras cargar con la culpa de todos los delitos y cumplir condena, su padre finalmente reconoció a Woojin como persona, como de su propia sangre, como si se diera cuenta de que algo había cambiado.
Se miraron en silencio hasta que su padre dejó caer algo sobre el escritorio con un ruido sordo. Era una hoja impresa. Woojin extendió la mano para alcanzarla.
—Parece que se trata de ti.
<¿El violinista estrella E, gay? Su pareja es un «alto funcionario»
Ha corrido el rumor de que la pareja sentimental del violinista E, cuyo extraordinario talento y apariencia han ganado recientemente una popularidad similar a la de una celebridad, es sorpresivamente un hombre. Se dice que nadie en la agencia de E desconoce este «romance entre hombres», siendo el protagonista D, un alto funcionario de la Casa Azul. A medida que la popularidad de E crece, atrayendo ofertas publicitarias, su agencia supuestamente se debate en el caos para gestionar los rumores. Los periodistas, conscientes de la posición de D, se muestran reacios a informar sobre la noticia.>
Con una ceja arqueada con agudeza, Woojin leyó el impreso. Sin inmutarse ni mostrar sorpresa, lo volvió a colocar sobre el escritorio.
—¿Se trata de ti?
—Parece que sí. D no está claro, pero E es demasiado obvio.
Recordó la frase «extraordinario talento y apariencia, ganando recientemente una popularidad similar a la de una celebridad». El ceño de su padre se frunció profundamente, a juego con la expresión impasible de Woojin.
—¿Es un muchacho?
—Sí.
—Tu declaración de culpabilidad completa en el primer juicio... ¿fue por él?
Woojin no respondió. Su padre se recostó profundamente en el sillón de cuero, perdido en sus pensamientos.
—¿Te dijo que admitieras los cargos y fueras a prisión?
—¿Quién va a prisión porque alguien se lo diga?
Estaba diciendo tonterías.
—¿Tomaste esa decisión? ¿Lo pensaste bien?
—Fue la mejor opción.
Su padre, como un científico escéptico, examinó el rostro de Woojin con incredulidad. Claramente inconsciente de que su observación de tipo experimental ponía de los nervios a Woojin.
—Me gustaría conocer a ese muchacho.
—Como puedes ver, cada vez es más popular y está muy ocupado. No tiene tiempo para conocerte.
—¿Te preocupa que le haga algo? No te preocupes, solo tráelo. Déjame verlo.
—......
Al igual que su madre, su padre también creía que Woojin, al gustarle alguien y hacer sacrificios, estaba actuando como una persona normal, y que fuera un hombre o ir a la cárcel era mejor que ser un monstruo. Si hubieran pensado que Woojin estaba cuerdo, no habrían dicho tales cosas. Habrían reaccionado diciéndole que rompiera con él o que lo resolviera de inmediato.
Como padre, le parecía conmovedor que alguien hubiera vuelto a Woojin más humano, hasta el punto de que los prejuicios no importaban. Probablemente era la misma razón por la que a su madre le gustaba Haewon.
—Me gustaría que cenemos juntos y hablemos.
—¿De qué tienes curiosidad? ¿Tienes curiosidad por él? O...
—......
—¿Tienes curiosidad por saber si de verdad tengo una relación normal con alguien?
—Ambas.
Su padre lo admitió con honestidad.
—No hay necesidad de que confirmes ninguna de las dos. Es mi vida privada, así que mantengámoslo en términos razonables. Me retiro ahora.
Woojin se puso de pie antes de que su padre pudiera decir algo más.
Vio a su madre y a la ayudante preparando la cena afanosamente en la cocina, pero salió de la casa sin decir una palabra.
Rechazando la oferta del chofer de llevar su violín, Haewon ajustó la correa para el hombro del estuche y se dirigió a la casa de su familia. El jardín sin iluminación, quizás porque las flores aún no habían florecido, se sentía desolado.
Abrió la puerta principal y entró.
Dejando el estuche del violín en su lugar habitual, Haewon miró a su padre y a su madrastra, que estaban sentados en el sofá de la sala. Ahora que lo pensaba, la ama de llaves no estaba por ningún lado. Habiendo conocido a Haewon desde que era un niño, ella siempre lo saludaba calurosamente como si aún fuera estudiante, a pesar de que se había graduado hacía años.
—¿Dónde está el ama de llaves?
—La mandé a casa temprano.
Las zapatillas de Haewon arrastraban mientras caminaba hacia el sofá de la sala. El ama de llaves no aparecía por ningún lado, ni tampoco Haejung.
—¿Dónde está Haejung?
—Está en un campamento de inglés ¿No hay saludo?
—Hola, madrastra.
Como si el saludo fuera gran cosa, como si deseara tanto escucharlo, Haewon lo dijo con rigidez, pronunciando cada palabra. Su madrastra asintió, devolviéndole el saludo. Haewon se burló con incredulidad y se sentó en el sofá.
—¿Para qué me llamaste? No ¿por qué me arrastraste hasta aquí?
No había sido una llamada; aquello había sido una obligación.
Le exigió saber qué tipo de situación justificaba enviar a un subordinado a su lugar de trabajo para insistir en que fuera. Solo entonces miró adecuadamente el rostro de su padre, que estaba ceniciento. La única otra vez que había visto el rostro de su padre tan sombrío fue cuando se enteró del diagnóstico de la madre biológica de Haewon.
Su padre siempre era optimista y nunca se tomaba los problemas en serio. El secreto de su juventud eterna no era su ojo avizor, sino su inmadurez a pesar de la edad.
—¿Qué pasa? No me digas que estás enfermo ¿Fracasó el negocio? ¿Va a cerrar la compañía?
—Tú, vete adentro.
Su padre le habló a su madrastra. Normalmente ella le habría contestado de mal modo, pero obedientemente se puso de pie y se fue al dormitorio. Su estado de ánimo era así de serio.
En la gran sala de estar, solo se quedaron Haewon y su padre.
Un pesado silencio se prolongó. Sentado allí, sin tener idea de nada, el corazón de Haewon de repente dio un vuelco.
—¿Cuánto tiempo queda? ¿Seis meses?
—......
—¿Cuatro, tres meses? ¿Tres meses?
Aunque no era particularmente afectuoso con su padre, seguía siendo su padre. Los temblorosos dedos de Haewon se curvaron hacia adentro.
—Qué tonterías dices. Me hago un chequeo médico completo todos los años. El año pasado dejé de fumar y de beber. Mi tiro de salida con el conductor todavía supera las tres yardas. Sabes que incluso los profesionales luchan por alcanzar las trescientas.
—Entonces ¿Qué es?
Preguntó irritado por qué su padre estaba sentado allí con tanta seriedad, asustándolo sin motivo.
Mirando fijamente a Haewon, su padre, con los labios bien cerrados, abrió un cajón de la mesa situada junto al sofá y arrojó unos documentos hacia adelante.
Sospechando de la extraña reacción de su padre, Haewon recogió los papeles con el ceño fruncido. Al leer los chismes sobre E y D, sus ojos se abrieron de par en par.
—......
Un escalofrío le recorrió el cuello. Sintió como si le resbalara hielo por la columna vertebral. Intentó mantener la calma, pero no pudo ocultar la palidez de su rostro.
Los ojos de su padre, que brillaban con intensidad y lo observaban como si ya supiera la verdad, hicieron que sus labios, fuertemente cerrados, parecieran pesados.
Haewon dejó los papeles con brusquedad y se volvió hacia su padre.
—¿Qué es esto?
—Eso es lo que quiero preguntar ¿Qué es esto?
—¿Estás diciendo que este violinista popular del que hablan soy yo? ¿Qué estoy saliendo con un alto funcionario? ¿Un hombre?
—......
Cuando Haewon protestó indignado, los ojos suspicaces de su padre vacilaron un momento. Sus ojos prácticamente gritaban: ¿Me arrastraste hasta aquí por esta tontería? ¿Enviaste a alguien a mi lugar de trabajo? Haewon estaba decidido a negarlo.
Moon Woosik, sin perderse ni un solo detalle, mantuvo su mirada fija en Haewon y levantó su teléfono para hacer una llamada.
—Gerente Kang, venga a la casa. Traiga los materiales que le pedí hace unos días.
Su padre habló con arrogancia, como si convocara a un sirviente, y colgó. Dejó el teléfono junto a los papeles que Haewon había arrojado.
Haewon miró fijamente el teléfono como si fuera una bomba. El gerente Kang, un exatleta nacional de yudo y detective veterano de más de veinte años, había sido fichado por su padre y ahora servía como su solucionador de problemas en la empresa.
Él se encargaba de las tareas sucias —sobornos, amenazas, acuerdos bajo la mesa— para el negocio de defensa de su padre, que requería de alguien así.
Los ojos de Haewon parpadeaban con rapidez, como las alas de un colibrí. Le exigió saber de qué se trataba todo aquello, pero no se le daba bien mentir. Se le secó la boca. La garganta se le movía mientras tragaba saliva una y otra vez.
Al ver esto, Moon Woosik comprendió que sus sospechas eran ciertas y gimió por dentro.
Haewon era un hijo del que podía sentirse orgulloso en cualquier parte. Llamado prodigio desde la infancia, un experto había dicho que su oído absoluto significaba que debía dedicarse a la música. Habiendo heredado solo lo mejor de su madre y de su padre, tenía un rostro tan hermoso que daba gusto mirarlo, y su talento no tenía comparación en el país.
Ahora convertido en un solista con meses de reservas, era el primer violín asistente principal de la Orquesta Sinfónica Hankyung, la mejor de Asia. Sus conciertos colgaban el cartel de no hay entradas y sus apariciones en televisión lo habían vuelto muy conocido. Era una celebridad. Todos lo alababan. Era un hijo mayor encomiable que se ganaba la vida por sí mismo.
Moon Woosik pensó que Haewon por fin estaba brillando. Haría cualquier cosa por él. La madre de Haejung tal vez se sintiera dolida, pero el afecto que sentía por la tierna Haejung y por su hijo mayor Haewon estaba en otro nivel.
Cuando Haewon perdió a su madre, se volvió apático y letárgico, pareciendo a veces un muñeco viviente. A diferencia de Haejung, que traía alegría, Haewon siempre despertaba sentimientos de ternura. Era el dedo adolorido entre sus hijos.
A pesar de su potencial, hubo un tiempo en que Moon Woosik temió que Haewon hubiera abandonado el violín, pero ahora por fin se lo estaba tomando en serio. Además, contaba con el respaldo de su padre.
¿Pero salir con un hombre? Absolutamente no. Era inaceptable. No podía suceder.
Negándolo mientras no lograba ocultar su ansiedad, la expresión de Haewon le recordó a Moon Woosik al niño que había visto años atrás. Era el mismo rostro que cuando su madre estaba enferma.
El pequeño niño que temblaba con el miedo de perder a su madre se proyectaba sobre el rostro del Haewon ya adulto. En aquel entonces, Moon Woosik no había sido un padre adecuado. Sabía que Haewon se lo reprochaba.
Su determinación flaqueó. Al creer que estaba por encima de todos, pero ver a Haewon ansioso y mintiendo para ocultar algo —por culpa de un hombre—, se le encogió el corazón de padre.
Si de verdad se amaban... ¿no era acaso una persona amando a otra?
Habiendo visto a bastantes homosexuales en la sucursal de San Francisco, Moon Woosik, para ser un hombre de mediana edad en este país conservador, no sentía un rechazo particular.
Ver al egoísta Haewon tan ansioso por alguien le hacía preguntarse si se trataba de amor de verdad. Haewon no era del tipo que se preocupaba o cuidaba de los demás.
No. Absolutamente no. No puede pasar. Es inaceptable.
Moon Woosik negaba con la cabeza cada vez que su determinación flaqueaba.
Haewon miraba con inquietud a su padre, que de pronto negaba con la cabeza mientras estaba sumido en sus pensamientos.
—Tengo que irme ¿Llamas a alguien y ni siquiera me das de comer? Dame de comer antes de interrogarme ¿A qué hora es la cena?
—No cambies de tema y quédate quieto. El gerente Kang llegará pronto.
—¿Para qué lo llamas? Esto no tiene nada que ver conmigo. ¿Acaso hay uno o solo dos violinistas en Corea? Hay más de treinta solo en nuestra orquesta. ¿Cuántos habrá a nivel nacional?
—Sabes que estás hablando demasiado.
—......
—Siéntate callado. Ya tengo la cabeza echa un lío.
Se agarraba la frente como si le doliera la cabeza.
Haewon cerró la boca ante el tono exasperado de su padre.
Su padre, que había tenido amoríos, engendrado un medio hermano y no había hecho nada admirable, no tenía derecho a decirle que se callara. Pero Haewon no podía replicarle. Aquello no era solo entre su padre y él. Woojin estaba involucrado.
Como sugerían los chismes, Woojin era un alto funcionario de la Casa Azul, y los problemas no terminaban solo en él. En un lugar como la Casa Azul, donde perder una credencial de identificación requería un informe, verse expuesto como parte de un escándalo así podría costarle el puesto a Woojin.
Ya había perdido su empleo como fiscal por culpa de Haewon y había cumplido condena para enmendar las cosas, y Haewon no podía permitir que su carrera terminara por algo tan trivial.
Inconscientemente, Haewon entrelazó las manos, arrancándose la piel cerca de las uñas, con una pierna temblando tanto que Moon Woosik podía sentir la vibración en el suelo.
Tras esperar un poco más, a pesar de que Haewon deseaba que sufriera un accidente y muriera en el camino, apareció el gerente Kang. Haewon solo lo había visto una vez cuando era niño, y seguía siendo un gigante intimidante.
El gerente Kang se acercó al padre y al hijo que se enfrentaban en el sofá de la sala. Llevaba una carpeta en la mano. Los ojos de Haewon temblaron con violencia mientras la miraban.
—Gerente Kang, háblame de ese tipo.
Dijo Moon Woosik con tono grave. Incapaz de creerlo, negándose a creerlo, ya le había ordenado al gerente Kang que investigara a Woojin. Kang abrió la carpeta sin vacilar y habló.
—Se llama Hyun Woojin, tiene treinta y siete años. Actualmente trabaja como Secretario Anticorrupción en la Oficina del Secretario Senior de Asuntos Civiles de la Casa Azul. Es seis años mayor que Haewon.
—No me importa cuántos años le lleve a Haewon.
—Disculpe.
El Secretario Anticorrupción estaba justo por debajo de un viceministro.
Típicamente reclutado de entre la fiscalía, a los treinta y siete años era un nombramiento extraordinario. El secretario anterior había sido juez durante más de veinte años antes de ser nombrado. De entre los tres equipos de investigación de la Oficina del Secretario Senior de Asuntos Civiles, la oficina del Secretario Anticorrupción ejercía la mayor influencia.
—...No es un alto funcionario cualquiera.
—Esta es la primera vez que investigo con tanta cautela.
—Continúa.
Moon Woosik, con expresión sombría, cerró los ojos.
—Se graduó de la facultad de derecho de la Universidad Nacional de Seúl, aprobó el examen de barra durante sus estudios y se graduó segundo de su clase en el Instituto de Investigación y Formación Judicial. Sus calificaciones eran de primera, pero el primer puesto fue para el segundo hijo del entonces Ministro de Justicia, y algunos afirman que eso fue cuestionable.
—¿Quieres decir que él era el primero?
Miró a Kang de manera cínica.
—Eso parece.
—...Bueno, tendría que ser así de bueno para siquiera acercarse a Haewon. Gasté una fortuna enviando a Haewon a la Universidad Nacional de Seúl.
Clases particulares con profesores de renombre, tónicos herbales caros, la contratación de un costoso coordinador de admisiones e incluso antes del Guadagnini, el instrumento de Haewon costaba una fortuna.
Moon Woosik recordó haber usado todos los medios que el dinero podía comprar para meter a Haewon en la Universidad Nacional de Seúl. Solo alguien como él podía mantener a un hijo artista; incluso las familias moderadamente adineradas no podían soportar el costo del arte.
—No llegó ahí con dinero, pero la facultad de derecho y las calificaciones altas significan que es inteligente. Sus credenciales pasan la prueba. ¡No! Ya sabes a lo que me refiero, ¿verdad? ¡No!
Sin previo aviso, señaló a Haewon con el dedo, gritando, y también le gritó a Kang. Kang asintió una vez sin responder.
—Tras ser nombrado fiscal, trabajó en las fiscalías de los distritos Este y Oeste, y luego en las divisiones criminal y especial del Distrito Central. Desempeñó funciones clave, liderando casos que probablemente reconozcas incluso ahora. Conocido como un experto en investigaciones especiales, era implacable y se hizo un nombre en esa área. Incluso los miembros más duros del equipo de investigación eran como masilla en sus manos. Algunos le llevaban varios años.
—¿Quién preguntó por su fama?
Cuando Kang añadió sutilmente su opinión, Moon Woosik le gritó.
A Kang parecía gustarle Woojin. Intentando pintar una imagen positiva para el desaprobador padre, seguía añadiendo detalles, y Moon Woosik lo miró fulminantemente al notarlo.
Haewon, fingiendo que no le importaba, se animó con la nueva información sobre Woojin. Sabía que Woojin no era común, pero escucharlo a través de las evaluaciones de otros, como en las noticias, lo hacía parecer tan diferente del hombre que Haewon conocía. Su corazón se aceleró. Quería llamar a Woojin y preguntarle: ¿De verdad eres tú?, pero apenas pudo contenerse.
A diferencia de su padre, que miraba mal a Kang para que no añadiera opiniones personales, Haewon lo miraba con expectación, queriendo saber más.
—Se le conocía como el rostro de la fiscalía, un talento apuesto preparado para ser Fiscal General.
Sí, por supuesto. El rostro de la fiscalía, el fiscal senior Choi había dicho lo mismo.
Haewon estaba de acuerdo con respecto a la apariencia de Woojin. Todavía recordaba vívidamente el día en que se conocieron, el impresionante contacto visual en los vestidores de la piscina. Haewon nunca le había echado miradas furtivas a nadie, pero en aquel entonces, cada vez que sus ojos se cruzaban, se sentía como si lo hubieran atrapado robando miradas, con el corazón oprimido.
—Mmm... Vi su rostro en esas noticias. Es decente, pero Haewon es mucho más apuesto. ¡No! ¡Dije claramente que no lo apruebo! Gerente Kang, ¿por qué sigues diciendo estupideces que me ponen de mal humor?
Murmurando para sí mismo, influenciado por las palabras de Kang, Moon Woosik volvió a gritar: No.
—Pero hace dos años, fue acusado de vigilancia e investigación ilegales. Probablemente se enteró, señor, pero acaparó los titulares por derribar a los que investigaba sacrificándose a sí mismo e yendo a prisión. ¿Recuerda las noticias? El fiscal general superior y el presidente honorario de K1 también cayeron.
—¿Ese tipo que fue a prisión? ¿Es él?
Preguntó, sorprendido. Moon Woosik conocía ese caso. Para atrapar a figuras intocables, se necesitaba tal sacrificio, y lo recordaba como un caso conmovedor de un fiscal justo.
¿Ese tipo era él?
—Sí, es él. Liberado bajo indulto especial el invierno pasado, ahora es el Secretario Anticorrupción que supervisa la fiscalía. Es la opción principal para ambos partidos.
—...No. No importa cuán apuesto o exitoso sea, no.
Moon Woosik negó con la cabeza, murmurando que no. Los medios habían sido implacables con Woojin, por lo que incluso él, desinteresado de las noticias, no se lo había podido perder.
Al escuchar a Kang, Haewon sintió de nuevo cuán impresionante era Woojin. Era claramente excepcional. Conocerlo de cerca sacaba a relucir comentarios de «loco», y el hombre que pasaba todo el día cavilando sobre las dos estrellas que le daba Haewon, era el mismo que describía Kang.
A Haewon le encantaba aferrarse a la espalda de Woojin mientras este lavaba los platos, acariciándolo. Le encantaba la espalda de Woojin. Su espalda, cálida y ancha, había conmovido el corazón de Haewon desde el primer momento. Alta e imponente, se alzaba como un árbol robusto que lo protegía de Lee Jin-young, confiable y responsable. Frotar su rostro contra esa ancha espalda mientras lo tocaba le derretía el cuerpo y aliviaba el estrés del día.
—¿En lo personal? ¿Cómo es en lo personal? ¿Hay algo sobre su vida privada? ¿Algo turbio?
—......
Kang miró de reojo a Haewon, como si esa parte también hubiera sido investigada. Woojin tenía bastantes partes turbias. Haewon se puso rígido, suplicando con los ojos que no informara de más, pero Kang miró los papeles sin hacerle caso.
—Su padre es director de un hospital universitario y su madre es pediatra en el mismo hospital. Toda su familia, tanto por parte materna como paterna, son médicos.
—¿Su padre es director de un hospital? Fiscal y médico... toda una familia. Tener un fiscal o un médico en la familia hace la vida más fácil. El dinero por sí solo no lo resuelve todo. Cuando me investigaron, aprendí que los abogados no bastan. Tenemos dinero, así que tener un médico como pariente político vendría bien. Especialmente cuando uno enferma, necesitas contactos hospitalarios.
—"El secretario Hyun es un importante accionista del Grupo Hankyung, con más riqueza que usted, señor."
—"¿Qué? ¿Más que yo? ¿Este tipo?"
—"¿Hyung?"
Haewon se sorprendió al escuchar la noticia y le preguntó a Kang, visiblemente conmocionado. Había notado la riqueza de Woojin gracias a su ático, pero este le había dicho que la había perdido casi toda en multas. Cuando Haewon le pedía que se marchara durante las peleas, Woojin suplicaba compasión, fingiendo ser una víctima y diciendo que no tenía adónde ir.
Al recordar cuando Woojin le preguntó si sabía cuánto valía, el corazón de Haewon se aceleró. No debió haberlo presionado para que buscara trabajo. Debió haberle dicho que se quedara en casa. Sus labios no dejaban de temblar.
—"Sí. Un importante accionista del Grupo Hankyung. Era consejero externo, pero renunció para unirse a la Casa Azul. En su momento, estuvo prometido con la hija del director del Grupo Hankyung."
—"¿Comprometido? ¿Se casó?"
Exigió explicaciones, conmocionado, si era cierto.
—¡¿Ese maldito bastardo, comprometido y con alguien con quien casarse, yendo tras mi hijo?!
Sus ojos penetrantes se fijaron en Kang. Kang respondió con voz tranquilizadora.
—"Su prometida falleció hace mucho tiempo. No se sabe nada de su vida personal desde entonces."
—"¡¿Ahora?!"
Al preguntarle a Kang, pero mirando fijamente a Haewon con dureza, Moon Woosik dio a entender que ya sabía de su relación.
Haewon dejó escapar un leve suspiro. Era menos incómodo que lidiar con Choi Hyunmi, quien sabía que él tenía una relación especial con su hijo.
—"Es tal como lo cuentan los rumores. Su agencia lo sabe, y también los periodistas, pero no pueden tocar al secretario Hyun. Tiene información comprometedora sobre figuras de alto rango de su época como fiscal: escándalos, vídeos. Es una bomba de relojería, así que lo mantienen en secreto."
Objetivamente, era tan perfecto que salir con él era un honor para la familia Moon.
Haewon dejó de escuchar el discurso de su padre, dándose cuenta una vez más de que esa relación no le aportaba ningún beneficio a Woojin.
—"Si se corre la voz, todo el mundo se entera ¿Eso es mantenerlo en secreto? Deja de publicar en Instagram también."
—"No soy yo; lo gestiona el gerente."
La agencia creó una cuenta oficial y el representante publicó las actualizaciones y fotos de Haewon. Sus seguidores, que supuestamente superaban los cien mil, habían crecido hasta alcanzar decenas de miles.
La gente lo buscaba, curiosa por conocer sus novedades.
¿Ya lo sabían?
Cuando ese pensamiento cruzó por la mente de Haewon, en ese momento no se sintieron como fans, sino como enemigos.
Había algo de verdad en las palabras de su padre. Si tales rumores circulaban, significaba que todos los que debían saberlo ya lo sabían. La sospecha racional de su padre le heló la sangre.
—Parece que la insistencia de un periodista provocó una fuerte reacción del secretario Hyun, lo que los enfureció. Todo indica que filtraron la información deliberadamente para perjudicarnos.
—¿Hyung sabe esto?
Haewon, atónitO, preguntó en respuesta a las palabras del gerente Kang.
—"Por supuesto."
—"......"
El dedo que había estado rascándose histéricamente la piel con la uña se detuvo. El temblor de su pierna también cesó. Haewon miró el dedo enrojecido y herido.
—Traigan a ese tipo aquí.
—Déjalo en paz. Yo me encargaré.
—"Haewon."
—Deja de meterte. Si conozco a un hombre o a una mujer, es asunto mío. ¿Acaso me he entrometido alguna vez en que hayas formado dos hogares o me hayas engañado teniendo a Gaoling? Me has hecho daño a mí, a Haejeong, e incluso a tu nueva esposa, pero yo nunca he hecho daño a nadie.
El tono de Haewon y cada palabra que pronunciaba lo herían profundamente. Como padre, no tenía palabras para expresarse, aunque tuviera diez bocas.
Moon Woosik cerró los ojos con fuerza y luego los abrió con tristeza. El reproche de Haewon estaba completamente justificado, pero el mundo no era tan simple. Y él no estaba allí para discutir sobre la culpa.
—Escucha a tu padre. Ahora mismo estás recibiendo atención y reconocimiento. Si esto sale a la luz, si se sabe que eres tú, toda tu carrera se acabará."
—No toco el violín para obtener la aprobación de los demás. Lo hago porque me encanta. No hay nada que arruinar.
Aunque comprendía la preocupación de su padre, Haewon habló con dureza. Convencer a su padre era lo último que le preocupaba. Su inquietud por Woojin crecía como la marea.
No solo su nombre era conocido. Woojin acababa de entrar en el mundo de la política. Estaba haciendo lo que le apasionaba y en lo que destacaba. El miedo y la angustia de que todo pudiera derrumbarse, de que pudiera suceder por su culpa, aceleraron el corazón de Haewon.
La primera vez, lo arruinó todo por dolor, creyendo que lo habían utilizado sin amarlo. Pero esta vez, no habría justificación.
En realidad, la situación se descontroló porque Woojin reaccionó con vehemencia ante un reportero, temiendo que Haewon pudiera resultar herido. Incluso le pagó al mánager para que, con el pretexto de vigilarlo, lo protegiera.
Él ya lo sabía todo.
—Padre, haz algo para detenerlo. Son periodistas, así que reúnete con ellos y soluciona el problema de alguna manera.
La voz de Haewon se suavizó. Sonaba como si tuviera la garganta tensa y temblorosa.
Moon Woosik, que había estado mirando fijamente la mesa con el periódico de chismes, levantó de repente la mirada para encontrarse con la de Haewon.
—Por cierto, ¿ese fiscal bastardo al que fui citado está antes que este tipo?"
—"......"
—En aquel entonces no estaba en mis cabales y no lo recuerdo con claridad, pero ¿es él?
Moon Woosik, sumido en sus pensamientos, le preguntó a Haewon, y al ver que esta no respondía, miró al gerente Kang. El gerente Kang asintió brevemente. Golpeó con el puño el reposabrazos en el que se había estado apoyando.
—¿Ese bastardo arrogante era él? ¡Haewon, tráelo aquí ahora mismo! ¡Arrastra a ese tipo delante de mí!
—Él fue quien consiguió que te liberaran. Si estás tan seguro de que estás limpio, llama tú mismo a Hyung.
Había dicho que obligaría a Haewon a gatear a cuatro patas. Con su padre y su madrastra involucrados, no había otra opción. No le quedaba más remedio que rogarle y suplicarle.
Quizás era una excusa. Si no hubiera sido así, no habría empezado nada con él. El recuerdo de esperarlo interminablemente frente a su estudio-hotel era como un recuerdo entrañable.
—¿Hyung? ¡Esto es homosexualidad descarada! No lo voy a tolerar, ni aunque me caiga tierra en los ojos. Vete a Suiza ahora mismo. Ve al mejor hotel del tío Jangseok, quédate allí, diviértete y vuelve cuando las cosas se calmen. No voy a dejar que ese fiscal bastardo se salga con la suya, y también aplastaré a todos esos periodistas bastardos.
Cada vez que su padre gritaba, un fuerte dolor de cabeza palpitaba en las sienes de Haewon. Haewon se presionaba las sienes con firmeza.
—No, espera, el tipo para el que me pediste que consiguieras un trabajo la última vez, es él, ¿verdad? ¿El fiscal que quería un puesto de jefe de equipo con un sueldo de mil millones de wones, ese descarado?
—"......"
—¿Desde entonces? ¿Has estado haciendo estas cosas homosexuales desde entonces?
La voz de Moon Woosik temblaba de rabia.
—Desde que tenía diecisiete años.
Ante la respuesta audaz, parecía que iba a echar espuma por la boca, agarrándose la nuca. Al ver a su padre, estupefacto y golpeándose el pecho con el puño, el gerente Kang se apresuró a traer un vaso de agua fría. Se lo bebió de un trago y gritó.
—¡Maldito maricón!
—Sírveme un vaso a mí también.
Haewon, fingiendo taparse los oídos, preguntó con tono cansado. El gerente Kang trajo otro vaso de agua fría. Haewon se lo bebió de un trago.
Deseaba que todo fuera un sueño. Haewon dejó el vaso vacío y se cubrió el rostro con ambas manos, como atrapado en una pesadilla horrible. Se frotó la cara repetidamente. La piel seca le raspaba dolorosamente las palmas, pero no conseguía aliviar su malestar.
—Bloquéalo con dinero. Gerente Kang, ya sea que los sobornes, los encierres en algún lugar y los asustes, o los golpees, detenlo de alguna manera.
Si Hyung se mete en problemas esta vez también... por mi culpa, si algo vuelve a suceder por mi culpa...
Woojin tenía una carrera brillante, una que incluso su padre, vehementemente opuesto a la homosexualidad, admiraba. Y fue Haewon quien la destrozó, enviándolo a prisión. No esperaba que Woojin reaccionara con tanta intensidad. No imaginaba que lo echaría todo a perder por su culpa. Aun así, Haewon desconocía los verdaderos sentimientos de Woojin.
—O, si eso no funciona, di que es mentira. Di que no hay nada entre Hyung y yo. Demándalos por difamación. Llama al abogado Park. Demanda a todos esos sinvergüenzas ahora mismo. Di que no es cierto, que no estamos involucrados, y aclara esto.
Su voz, confusa, suplicaba. Incluso durante el examen de ingreso a Yewon, no había pestañeado, desempeñándose a la perfección frente a esos profesores tan estrictos.
Ver a Haewon entrar en pánico y divagar, desconcertado y frenético, fue algo inédito, incluso para su padre.
—Hay un nombre en la revista de chismes, ¿y qué? ¿De qué los vas a demandar?
—¡Asegúrate de que no le pase nada a Hyung, padre! ¿No puedes hacer ni siquiera eso?
—¿Por qué debería importarme ese tipo? Ya tengo bastantes problemas cuidando de mi propio hijo. Ese tipo, que tiene trapos sucios de todos los altos mandos, se las arreglará solo.
—"......"
"Así que deja de verlo. No solo tú saldrás humilladO. Ese tipo tiene un futuro brillante, pero también se arruinará a sí mismo."
—"......"
—Será gracias a ti. Él es mucho más joven, uno de los secretarios principales ¿Acaso ese puesto lo consigue cualquiera? Es un cargo clave, incluso entre los puestos más importantes de la Casa Azul.
Moon Woosik comprendió al instante la preocupación de Haewon. Indagó en su ansiedad. El egoísta Haewon, que solo pensaba en sí mismo, temía que alguien saliera lastimado por su culpa. Su amor, al parecer, era genuino.
Haewon, que perdió a su madre siendo muy joven y nunca se apoyó en nadie, se había encerrado en sí mismo y nunca había mostrado sus verdaderos sentimientos, especialmente a su padre. Pero ahora, temblaba, temeroso de que algo pudiera sucederle a aquel hombre por su culpa.
Moon Woosik sintió un sabor amargo en la boca.
—Si tienes algún contrato, llamaré al abogado Park para que los cancele todos, así que no salgas al aire por un tiempo y haz lo que te digo. Ve al hotel del tío Jangseok y descansa. Te gustó Suiza, ¿verdad? Pronto se calmará todo.
—"......"
—Incluso algo tan común como una residencia falsa se ve envuelto en escándalos en la prensa y la televisión si sale a la luz. La homosexualidad no es un delito, pero en este país no está socialmente aceptada. Incluso yo, que he visto a hombres besándose en las calles de San Francisco, me estremezco al pensar que tú hagas eso. Eres artista, así que quizás para ti no haya problema. Pero él es el secretario principal.
—"......"
—Termina con eso ahora.
—"......"
—Si de verdad lo amas, ¿eh? Haewon. Si de verdad amas a alguien, a veces dejarlo ir... ese tipo de valentía también es necesaria.
Era como verlo por primera vez desde que era niño. Haewon, que solo había escuchado sin decir palabra, tenía lágrimas en los ojos que le caían por las mejillas. Moon Woosik se llevó la mano a la frente, recostándose en el sofá y dejando escapar un gemido de dolor.
Introdujo la tarjeta llave en la oscura habitación del hotel. Las luces se encendieron con intensidad.
El hotel vacío tenía un aire inusualmente desolador. Si regresaba al hotel-oficina, vería los muebles que Woojin había dispuesto, los enseres domésticos cuidadosamente colocados por sus manos y al propio Woojin. Aunque las mañanas fueran demasiado ajetreadas para verlo, las tardes siempre las pasaban juntos.
Comer la cena que Woojin había preparado, esconder la cara en la espalda de Woojin mientras él lavaba los platos, abrazarlo y charlar sobre esto y aquello, bromear...
Haewon estaba solo en el tiempo que solía pasar con alguien.
Haewon, molesto por la carga que suponen las relaciones profundas, las había evitado. Sentirse solo le resultaba natural, y si había alguien cerca, le molestaba, así que prefería mantenerse alejado. Pero estar solo en ese momento era como ser arrojado a un mundo extraño y distante, abrumado por un silencio inquietante.
Haewon apoyó su violín contra la pared. Se quitó los zapatos, se puso las pantuflas y sonó su teléfono.
Colgó su abrigo en la percha y sacó el teléfono del bolsillo. Como era de esperar, era Woojin.
Se quedó mirando fijamente el nombre de Woojin en la pantalla hasta que se cortó la llamada.
Haewon tenía sus propios pensamientos y planes. Con gente colándose en departamento para tomar fotos a escondidas, ser descubierto con Woojin sería como echar gasolina al fuego de los chismes.
Por ahora, lo mejor parecía ser mantenerse alejado de él. Como dijo su padre, podía irse a Suiza o fingir que se iba a algún lugar lejano mientras presionaba a su padre y al gerente Kang para que solucionaran este lío.
Woojin ya lo sabía, y Haewon tenía que resolverlo antes de que hiciera alguna locura. No quería provocarlo.
Aún lo recordaba vívidamente. La imagen de Woojin aquel día en el hotel, empuñando una pluma estilográfica goteando sangre como si fuera un arma, blandiendo mecánicamente un tubo de acero, con la intención de destrozar un cuerpo ya tendido, parecido a una rana, hasta dejarlo irreconocible.
No estaba fuera de sí ni desquiciado cuando lo hizo. Ese era su estado normal y racional.
Las acciones de Woojin no fueron impulsivas. No se mostró sorprendido ni arrepentido por el caos que había provocado. Observó la escena con calma, como si hubiera anticipado tal destrucción, encontró el violín de Haewon y se lo echó al hombro.
Incluso en medio de aquel caos sangriento, le entregó las llaves del coche a Haewon, que aún temblaba. Comprobó si Haewon sabía conducir, le dijo que fuera a casa de su padre y lo consoló y lo sostuvo mientras se desplomaba.
Todavía llevaba la misma pluma estilográfica Montblanc, la que usaba para sacar ojos y reventar tímpanos, en el bolsillo interior de su chaqueta, sacándola instintivamente para escribir cuando lo necesitaba. Era del mismo color, con ese tono azulado.
Cada vez que Haewon recordaba que llevaba un Montblanc en el bolsillo, se estremecía como si tocara algo repulsivo, pero Woojin lo usaba sin reparo alguno.
Para Woojin, la desesperación y la crueldad eran simplemente un fenómeno o un objeto, como la pluma estilográfica que usaba con tanta naturalidad. Era el tipo de persona que repetiría el mismo acto sin dudarlo si lo considerara necesario.
Si Woojin, que ya sabía esto y que su padre se oponía, se enteraba...
Haewon ni siquiera quería imaginárselo. Un escalofrío le recorrió el cuerpo.
No podía hacer nada de inmediato, pero necesitaba tiempo para pensar. Ser fotografiado sería un problema, así que mantenerse separados era la mejor opción por ahora. Si Woojin supiera que Haewon estaba preocupado, intentaría solucionarlo. Si se enterara de que su padre se oponía rotundamente a su relación, también intentaría solucionar eso.
Eso era precisamente lo que Haewon temía. No quería que Woojin intentara arreglar las cosas.
Con el tiempo, los rumores se desvanecerían, y si Haewon se mantenía fuera de la vista pública, la historia caería en el olvido.
Haewon decidió pedirle a su padre que se encargara de los periodistas y viajar a Europa.
Como si lo estuviera reprendiendo por su decisión su teléfono volvió a sonar.
Haewon se estremeció, con el corazón latiéndole con fuerza.
Se quedó mirando el teléfono que sonaba durante un rato antes de contestar finalmente.
—Sí.
—¿Por qué no estás aquí?
Woojin preguntó bruscamente.
—Oh, eh, mi padre está muy enfermo. Me quedaré en casa de mi familia esta noche.
—¿Te quedas allí?
—Mi padre es un dramático. Se comporta como si se estuviera muriendo, dice que no debería ir a ningún lado, que me arrepentiré si muere, así que tengo que quedarme aquí esta noche.
No era su intención, pero Haewon mintió. En realidad, había salido furioso de la casa familiar, jurando no volver a ver jamás a su padre. Sin ningún otro lugar adonde ir, terminó en el hotel.
Woojin permaneció en silencio. Haewon estaba junto a la ventana, contemplando el paisaje nocturno de la ciudad, mirando hacia abajo con ansiedad. Se mordisqueaba la piel junto a la uña con los dientes delanteros, la misma piel que había estado mordisqueando durante la conversación con su padre.
—¿Está realmente mal? Le pediré a mi madre que pida una revisión médica de inmediato.
—No, solo está fingiendo. A veces lo hace. Mi padre tiene un lado infantil.
Haewon le restó importancia con un gesto, aunque Woojin no pudo verlo, luego se dio cuenta de que su tono era inusualmente exagerado y se calló.
—Si solo está fingiendo ¿Qué haces ahí? Deberías venir aquí.
—Me quedar+e aquí esta noche."
El silencio de Woojin se prolongó. Finalmente, su voz, ahora más baja, se hizo oír.
—De acuerdo. Entendido.
—Sí... buenas noches."
No hubo respuesta. Haewon colgó primero. Se quedó mirando en silencio la pantalla oscura e inerte. Su rostro, lleno de preocupación, se reflejaba en ella.
Un profundo suspiro escapó de sus labios. Haewon se desplomó sobre la ropa de cama blanca.
—Tengo hambre...
No había comido nada. Su estómago vacío rugía. Ya fuera por el hambre o por otra cosa, sus pensamientos se sumían en la tristeza y el pesimismo.
—Al menos podría haberme dado de comer antes de regañarme.
Refunfuñando sobre su padre, Haewon pidió servicio de habitaciones y se duchó.
El agua caliente disipó el cansancio de su cuerpo como si lo derritiera. Sintiendo una sensación de frescura, salió del baño y se puso una bata sobre su cuerpo húmedo. Se secó el cabello con una toalla y abrió el refrigerador.
Tomó un sorbo de agua con gas y luego se giró al oír el timbre. El servicio de habitaciones debía de haber llegado.
—Sí, un momento.
Mientras forcejeaba con el nudo de la bata, Haewon abrió la puerta tarde y se quedó paralizado.
Un hombre permanecía allí de pie, con las manos en los bolsillos, mirando distraídamente al suelo.
Al abrirse la puerta, levantó la cabeza.
—"......"
—Me dijiste que no te mintiera ¿pero mientes con tanta naturalidad?
Él sonreía, con una sonrisa sincera en los labios, pero sus ojos no mostraban ninguna sonrisa.
Estaba furioso.
El rostro de Haewon se tensó por el pánico.
Los ojos oscuros de Woojin, como la lengua húmeda de una serpiente, recorrieron meticulosamente a Haewon de pies a cabeza, deteniéndose en la bata de baño desabrochada, para luego volver a alzar la vista lentamente.
Por un instante, Haewon se sintió atrapado en su mirada.
—¿Cómo supiste que estaba aquí?
—¿Eso es importante?
—Dijiste que no pusiste nada en mi teléfono ¿Acaso alguien me siguió otra vez? Dijiste que solo fue el gerente, nadie más ¿Mentiste?
—No hay nadie más. Nunca he mentido.
Woojin dijo que estaba cumpliendo su promesa.
Se quedaron uno frente al otro, con la puerta aún abierta. De repente, sonó el timbre del ascensor, seguido del ruido de las ruedas de un carrito. Antes de que Haewon pudiera girarse, Woojin echó un vistazo. Un empleado del hotel traía la comida en un carrito.
—¿Pediste servicio de habitaciones, verdad?
El empleado, tras revisar la cuenta y el número de habitación, miró a Woojin a los ojos y preguntó con voz tímida. La mirada de Woojin se fijó en la porción individual que había en la bandeja.
—¿Puedes traer otro igual?
El personal, intimidado por el aura imponente de Woojin, su tono frío y su rostro inexpresivo, asintió rápidamente, casi abandonando la bandeja, él se alejó apresuradamente.
Woojin agarró el asa de la bandeja y la giró.
—Qué oportuno. Yo también tengo hambre.
—"......"
Si la comida hubiera sido para dos en vez de para uno, si hubiera habido dos platos principales en vez de uno, la pluma estilográfica que llevaba en la chaqueta podría haber sido clavada en la garganta de alguien.
Mientras Woojin empujaba la bandeja hacia adentro, Haewon se hizo a un lado. La puerta se cerró.
Apartó la bandeja y entró, escudriñando la modesta habitación del hotel como si la estuviera registrando. Apartó de golpe las cortinas transparentes de color beige, abrió la puerta del baño e incluso el armario, revisando cada rincón donde nadie pudiera esconderse. Tras confirmar que no había nadie, regresó con Haewon.
—¿Qué estás haciendo?
Aunque Haewon fue quien mintió, cuestionó duramente las acciones de Woojin.
—A veces olvido cuánto le gusta a nuestro Haewon abrir las piernas.
—¿Qué?
—Tengo hambre. Comamos.
Sacó la bandeja de la esquina y dejó la vajilla. Su mirada le indicó a Haewon que se acercara. Haewon, inmóvil, fulminó con la mirada a Woojin.
—¿Qué quieres decir con eso?
—"¿Por qué?"
—¿Qué quieres decir con que me gusta abrir las piernas?
—¿No lo sabes?
—¿Estás dudando de mí?
—No, nunca he dudado de ti ¿Qué te hace pensar eso?
Miró a Haewon, que se mordía el labio avergonzado, con una expresión de auténtica confusión.
Su limitación radicaba en que solo podía expresar su malestar de esta manera, y para él, revisar cada espacio donde alguien pudiera estar escondido era un comportamiento racional.
Woojin no se dio cuenta de que esas palabras herían a Haewon.
—Comer en la habitación de un hotel después de tanto tiempo me recuerda a cuando Haewon solía tocarme el pene.
—"......"
—Hiciste que correrme en los pantalones, porque de repente te me fuiste encima. No me esperaba que me agarraras así de la nada. —... —¿Te acuerdas, Haewon?
Tú eres esa clase de persona.
Los ojos de Woojin le hablaban con total tranquilidad.
No lo decía para insultarlo ni para burlarse sospechando de él; para su forma de ver las cosas, esa situación y esas preguntas eran una simple causa y efecto de cómo eran las cosas entre ellos.
—¿Cómo te enteraste que estaba aquí?
—¿Por qué importa eso?
—Importa, prometiste que no pondrías a nadie a seguirme. Prometiste que no mentirías. Dijiste que nunca volverías a hacerlo.
—Así que a mí no se me permite ¿pero a ti sí?
—...
Estaba señalando que Haewon era el único que había sido atrapado mintiendo. Era una acusación justa, pero Haewon no era una persona tan lógica como él.
—¿Rrasteaste mi teléfono?
—No hago esa clase de cosas.
—Entonces ¿me pusiste un localizador?
—Ya dije que no.
—¿Cómo lo supiste?
—Ja...
Woojin soltó un suspiro pesado, como si estuviera cansado de esa discusión repetitiva, y se levantó del sofá. Al acercarse, Haewon retrocedió por instinto.
Sin darse cuenta, su espalda chocó contra la ventana de piso a techo. La sensación dura y fría del vidrio le recorrió la columna a través de la delgada bata de baño.
Arinconado y sin escapatoria, levantó la vista hacia Woojin.
—No intentes asustarme. Hagas lo que hagas, no tengo miedo.
—¿Qué te he hecho ahora mismo?
Preguntó Woojin con tono endurecido, dando a entender que solo lo estaba mirando, así que ¿cuál era el problema?
Haewon comprendió de nuevo que Woojin solía hacer un esfuerzo por parecer afectuoso. Ni siquiera era su verdadero ser el que mostraba, solo un vistazo de su naturaleza interior sobre la superficie; sin embargo, después de apenas unos minutos de enfrentarlo, a Haewon se le puso la espalda rígida y la nuca se le tensó de ansiedad.
La mirada fija en él, los ojos que lo miraban desde arriba, no solo lo estaban presionando. Cuanto más lo acorralaba Woojin, más desafiante se volvía la mirada de Haewon en respuesta.
—¿Cómo supiste que estaba aquí?
—¿Crees que dejaría ese violín de mil millones de wones, perfecto para que cualquiera se lo robará, sin ninguna precaución?
Los ojos filosos como navajas de Woojin se clavaron en el estuche del violín recargado contra la pared y luego volvieron a Haewon.
—¿Qué precauciones?
—Por naturaleza soy un tipo meticuloso. Nuestro Haewon, al que todo lo demás le da igual, cuida ese violín como si fuera su vida ¿Qué pasa si le hubiera pasado algo? ¿Cómo podría soportar verte llorar?
—¿Qué... qué quieres decir? ¿Qué le hiciste a mi violín?
—Le puse un localizador por si alguien se lo robaba, para poder borrar a toda su familia. Jamás tuve la intención de usarlo para rastrearte a ti, y nunca lo hice.
—...
—Hasta que mentiste.
La mirada penetrante de Woojin, acercándose de forma amenazante, golpeó el cuerpo de Haewon como un golpe doloroso.
—¿Por qué pondrías algo así sin mi permiso?
—Para llevarme el crédito cuando estés llorando a mares por un violín perdido. Te lo encontraría.
—...
—Odio verte llorar. Me duele justo aquí.
La mano de Woojin se señaló el pecho.
Ya fuera que Haewon hiciera un berrinche, llorara de tristeza o mostrara la más mínima pizca de lágrimas, Woojin se quedaba perdido. Haewon lo sabía muy bien. Cuando se le llenaban los ojos de lágrimas, la mirada de Woojin titubeaba confundido e intentaba tocarlo y calmarlo. Woojin había dicho que cuando Haewon lloraba, se sentía impotente. Impotente por no poder hacer nada, impotente por no saber qué hacer.
Y luego le dolía justo ahí.
Dijo que cuando Haewon lloraba, sentía como si algo le apuñalara el pecho. Aun así, era el mismo tipo que acababa de lastimarlo diciéndole que le gustaba abrir las piernas. Ese era Hyun Woojin. Un hombre capaz de aterrorizar y emocionar al mismo tiempo, provocando una tensión extrema y relajación a la vez. Este era el hombre al que Haewon amaba.
—Está pasando de nuevo ahora mismo. Me está doliendo justo aquí.
—¿Aquí?
Haewon puso su mano en el pecho de Woojin. Woojin asintió, confirmando el dolor. Tenía el ceño fruncido con fuerza y sus ojos desprendían un reproche áspero, como si le preguntara por qué Haewon le causaba un dolor tan frustrante.
—¿Te duele mucho?
—No lo sé. Duele más porque tienes cara de que vas a ponerte a llorar.
Haewon frotó el pecho de Woojin como si consolara a un niño con dolor de estómago.
El filo frío en la mirada de Woojin al mirar a Haewon, y la dureza en la mirada desafiante de Haewon, se fueron suavizando y desvaneciendo poco a poco con cada caricia de la mano de Haewon.
—Podría perder mi violín, claro, pero no soy un niño ¿Por qué lloraría por eso?
—Estoy intentando evitar que eso pase.
—Si lo pierdes, simplemente me comprarías un Guarneri ¿verdad? Uno de trescientos años.
Había escuchado de camino para acá que Woojin tenía más dinero que su padre. El padre de Haewon era considerado bastante rico, así que si Woojin lo superaba, significaba que estaba muy lejos de ser alguien común.
—No te pongas a jugar. Todavía no me has explicado por qué mentiste.
—Si pierdo mi violín ¿me comprarías uno nuevo, verdad?
A pesar de hacer enojar a Woojin, Haewon fingió no darse cuenta, con los ojos brillantes. Había algo inquietante en esa mirada. Woojin hizo una mueca frunciendo una ceja.
—Te lo compraré. Si pasa eso, te conseguiré lo que quieras, así que dime por qué mentiste ¿Por qué dejaste una casa perfectamente buena para venirte a un hotel?
Interrogó a Haewon.
Woojin solo podía estar tranquilo si sabía todo sobre Haewon. Necesitaba información. Al carecer de intuición y sensibilidad emocional, se sentía ansioso si no tenía datos objetivos.
Haewon agarró la chaqueta de Woojin con ambas manos. El traje negro quedó hecho un manojo arrugado.
—Solo quería estar solo.
—...
¿Qué clase de tontería es esa? El ceño ya de por sí fruncido de Woojin se arrugó aún más.
—Soy músico. Estar solo es importante. Necesito reflexionar, pensar en la profundidad de mi música y, como intérprete... a veces necesito tiempo a solas.
—¿Entonces por qué no lo dijiste así de claro?
El tono que antes sonaba amenazante se ablandó. Estaba diciendo que, si ese era el caso, habría intentado comprenderlo, incluso si tenía que forzarse a hacerlo.
—¿Es por lo de las dos estrellas de hace unos días?
—¿...Eh?
¿De qué hablaba ahora de estrellas de la nada? Haewon levantó la vista con los ojos llenos de desconcierto.
—Dijiste dos estrellas. Que te gustaba tanto como dos estrellas. ¿Esto tiene conexión con eso? ¿Acaso entré a la fuerza sin leer el ambiente?
—...
Era una broma.
Lo había estado molestando porque Woojin se ponía demasiado serio con el número de estrellas. Si Haewon decía cien, Woojin sonreía; si decía menos mil, lo ignoraba. Pero cuando Haewon daba un número ambiguo pero extrañamente realista como dos o nueve, Woojin se ponía serio.
—El día anterior fueron cien y no pasó nada, pero luego dos estrellas al día siguiente... ¿qué significa eso? ¿Tiene relación con querer estar a solas? ¿Estabas enojado porque no usé condón?
—...
—Háblame. Necesito que me digas.
¿Por qué quería estar solo? ¿Habían cambiado sus sentimientos? Preguntó Woojin, ansioso e inquieto. Al ver los ojos de Haewon, que parecían a punto de llorar, se quedó congelado de la confusión.
Haewon tomó la firme determinación de resolver esto antes de que Woojin hiciera algo para mancharse las manos.
Lo protegeré. A este hombre tan adorable, a esta persona tan preciada, lo voy a proteger. No importa si me arruino yo, pero no dejaré que nadie más lo arruine a él. No lo permitiré. No dejaré que destruyan la carrera de este hombre. Con esa promesa en mente, Haewon se quedó mirándolo en silencio, hasta que sonó el timbre.
Woojin volteó la cabeza. Al parecer había llegado el servicio a la habitación que había pedido antes.
Woojin tomó la comida y la puso sobre la mesa. Agarró de la muñeca a Haewon, que estaba recargado contra la pared de cristal, lo acercó a la mesa y lo sentó antes de tomar asiento a su lado. Puso el plato frío frente a él y el fresco frente a Haewon.
—Odio comer solo. Me comeré esto y me iré. Si quieres estar solo, te dejaré estarlo esta noche. Me quedaré en la habitación de al lado.
—...
—¿De acuerdo?
Estaba esforzándose al máximo por entender a Haewon. Incluso si no lo comprendía del todo, lo estaba intentando, con cuidado de no presionarlo ni agobiarlo.
—Lo pensaré.
—¿Pensar en qué?
—Sobre tú conteniendo lo mucho que te gusto.
—¿A qué te refieres?
—Orinar.
—...¿Qué?
Woojin, que iba a agarrar un trozo de ensalada, se volvió hacia Haewon con cara de incredulidad, como si hubiera escuchado mal.
—En mi trasero... dijiste que querías hacer eso.
—...
No había contexto, ni lógica. Salió de la nada. Completamente incomprensible. Woojin no le encontraba ningún sentido a Moon Haewon.
—Sin venirte adentro. Venirte en mi trasero es asqueroso, pero intentaré tolerarlo.
—¿Esto tiene algo que ver con las dos estrellas? Por más que lo pienso, no logro conectar los puntos.
Woojin interpretaba la descarada expresión de deseo de Haewon como una medida de su afecto. Por esa razón, Haewon tendía a expresar su anhelo de manera directa en lugar de mediante emociones sutiles.
Había límites para describir el amor con palabras, y Woojin no las entendería de todos modos. Solo siendo físicamente directo y mirándolo sin rodeos podía Woojin captar el más leve indicio de emoción que las palabras no lograban transmitir.
Esto es lo mucho que te amo.
—Conecta los puntos. Sí conecta. Dos estrellas es mucho.
Mientras decía cosas hermosas con la boca, la mano de Haewon, que había estado presionando con firmeza el muslo de Woojin, se deslizaba con disimulo hacia su entrepierna.
La mirada de Woojin bajó al espacio entre sus muslos abiertos. La mano de Haewon apretó con fuerza su muslo izquierdo, presionando la carne blanda antes de que se endureciera.
Miró el rostro despejado de Haewon. Recién salido de la ducha, se veía limpio y puro, un rostro que sacudía los valores de Woojin, vistiendo únicamente una bata de baño al abrir la puerta del hotel.
Algo se encendió dentro de él, tirando de la nuca hacia atrás. Si el servicio de habitación hubiera sido para dos, quizás habría roto esa ventana y tirado a alguien al vacío.
Haewon dijo que quería estar solo, lo acusó de ponerle a alguien a seguirlo, se quejó de que dos estrellas no eran suficientes y ahora estaba poniendo su mano descaradamente en la entrepierna de Woojin, provocándolo como si jugara con él.
Y encima decía que estaba bien venirse. Algo que había jurado que jamás haría, ni aunque le pusieran un cuchillo en el cuello, de repente lo permitía con cara de ángel. Estaba consintiendo algo que le disgustaba solo por el bien de Woojin. Haewon de verdad lo amaba. La información que buscaba ya estaba reunida.
Al darse cuenta de esto, el alivio lo invadió, pero se le cerró la garganta. A Woojin se le cortó la respiración. Metió los dedos en su corbata y tiró de ella con rudeza.
—No estoy poseído por ningún fantasma que se muera por hacer eso, y tampoco me apetece especialmente ahora mismo.
Woojin caló las intenciones de Haewon, pero no quería ceder con facilidad. La sensación al comprobar que Haewon le había mentido y descubrir que estaba en el hotel había sido una incomodidad nauseabunda.
—Dijiste que te cuesta controlar tu deseo cuando estás conmigo.
—Eso fue al principio.
—¿Ahora no?
—Comamos ¿Sí?
Haewon, que odiaba comer solo, había pedido servicio a la habitación para comer acompañado. Tenía hambre. Woojin agarró la mano de Haewon, que se movía de forma sugerente sobre su entrepierna, la apartó de un empujón y le puso un tenedor en su lugar.
—¿Ahora no?
—¡Comamos y veamos la repetición de la transmisión de hoy!
—¡Pregunto si ya no es así!
Haewon levantó el tenedor como si fuera a apuñalar a Woojin si no decía la verdad, agarrándolo del cuello de la camisa con brusquedad.
—Ja...
Woojin soltó un suspiro profundo, arrastrado por Haewon. Miró con incertidumbre la punta metálica a punto de clavarse en su ojo y dijo:
—Sigue siendo así.
—¿Cuánto?
—Mucho.
—¿Cuánto es mucho? Dame un número.
—Cien.
—...Debiste haber dicho eso antes.
Haewon por fin soltó el cuello de Woojin y pinchó un trozo de pan con el tenedor.
—Ah, claro. El escenario de arte de los miércoles. Se supone que íbamos a verlo juntos.
A pesar de haber amenazado con clavarle un tenedor en el ojo a alguien, Haewon masticaba el pan y hablaba con voz alegre.
—Vi la transmisión en vivo.
Respondió Woojin con indiferencia, arreglándose la ropa desarreglada.
Tras terminar de cenar, Woojin encendió la televisión. Buscó el video de la transmisión, lo reprodujo, dejó el control remoto sobre la mesa y pasó un brazo por los hombros de Haewon, acercándolo hacia él.
Apoyando la cara en el hombro de Woojin y abrazándole la cintura, Haewon no se limitó a recargar su peso: se subió encima de Woojin, aferrándose como chicle. El aroma intenso de la piel de Woojin, mezclado con su propia fragancia corporal, flotaba tenuemente. A Haewon le encantaba ese olor y frotó su rostro contra la camisa de Woojin. Ya acostumbrado a eso, Woojin acarició por instinto la nuca de Haewon.
—Ahí viene.
Haewon volteó la cabeza mientras estaba recargado en Woojin. En la pantalla grande aparecieron juntos la pianista Kim Heekyung, la colaboradora de Haewon, y el violonchelista principal de la orquesta.
—¿Esa mujer es una pianista famosa?
—¿No la conoces? Es Kim Heekyung. ¿No la ubicas?
—Es la primera vez que la veo.
—Nunca creí que me tocaría colaborar con Kim Heekyung. Supongo que me estoy volviendo famoso.
Haewon no podía describir lo emocionado que se había sentido cuando recibió la oferta de colaboración. Incluso si solo era una pieza para el especial de Kim Heekyung, era un honor.
Aunque fuera indiferente a la mayoría de las cosas, no había descuidado su violín, y sentía que estaba recibiendo su recompensa. Luego Haewon soltó un gemido interno. A esto se refería su padre.
Justo cuando estaba ganando reconocimiento y la gente por fin valoraba su talento, podía perderlo todo. El miedo de Haewon no era solo terminar con Woojin.
Si su nombre salía a la luz y el escándalo estallaba, jamás volvería a ser elegido por un maestro como Kim Heekyung. Hasta lo podrían echar de la sinfonía.
—Debe ser buena. No elogias a cualquiera fácilmente.
Le dijo Woojin a Haewon, cuyo rostro se ensombreció de repente al pensar en eso.
—Llamar «buena» a una maestra es una forma muy rara de decirlo, ¿sabes?
—Para mis oídos ignorantes, tú eres el maestro.
—No digas cursilerías así en público. Me moriría de la vergüenza.
Haewon le dio una palmadita juguetona en la mejilla a Woojin, sin demasiada fuerza, mientras seguía pegado a él.
La actuación comenzó. La mirada de Woojin se fijó en la pantalla, absorto, observando la interpretación de Haewon mientras se sentaban cerca.
Haewon levantó la cabeza del hombro de Woojin y se quedó mirándolo. Inconsciente de la mirada de Haewon, Woojin se concentró en la actuación que ya había visto antes. Sus ojos, llenos de un color profundo, contemplaban la escena como si miraran una visión idealizada. Haewon, observando su rostro en silencio, lo agarró de las mejillas y lo obligó a voltearse hacia él.
—Estás escuchando la música.
—Te la tocaré en vivo para ti.
—¿No estás viendo?
—Luego, la veré luego.
Haewon silenció los labios de Woojin a mitad de la frase. Chupó la carne blanda, humedeciéndola con la lengua y enredándose profundamente. Agarró con más fuerza las mejillas de Woojin.
Las manos de Woojin deshicieron el nudo de la bata de baño de Haewon, despegándola de sus hombros. Ayudando un poco, Haewon sacó un brazo y luego el otro.
Semidesnudo, Haewon se montó en las piernas de Woojin. Unos brazos fuertes rodearon su cintura, apretando su torso con fuerza. Un gemido escapó de los labios de Haewon cuando las manos de Woojin recorrieron su columna y sus omóplatos.
—Ah, me excito... viéndome tocar el violín, ¿eh? Dije que eso no es normal, ugh.
Haewon, que había dicho que quería estar solo y había dado dos estrellas, ahora bloqueaba los labios sarcásticos de Woojin, le agarraba el cabello y tiraba de él hacia atrás. La barbilla de Woojin se inclinó hacia arriba. Haewon, elevándose sobre sus rodillas, lo besó desde arriba, presionando con fuerza. La excitación envolvió todo su cuerpo.
Sus lenguas mojadas se enredaron entre sí, desesperadas por lamer más. Al separarse sus labios acalorados, las respiraciones ásperas salieron como una cascada.
—Hah, hah...
Haewon sostuvo el rostro de Woojin con ambas manos, mirándolo fijamente. Woojin, con los ojos aturdidos, preguntó en voz baja.
—¿Te excitas escuchando tu propia interpretación?
—...¿Qué quieres decir?
—¿Tú también te excitas?
—¿Cada vez que escuchas mi interpretación te imaginas haciendo esto?
—¿No es por eso que estás haciendo esto?
—Qué tontería.
Si no, ¿por qué Haewon se le estaba tirando encima? Preguntó Woojin, intrigado. Su mano se deslizó bajo la bata de baño, acariciando la parte posterior del muslo de Haewon para luego agarrarle el trasero. El cuerpo de Haewon dio un respingo, siendo jalado más cerca.
La mano de Woojin, volviéndose cálida, jugueteó con el pliegue. Presionó con firmeza el perineo de Haewon con un dedo. Los muslos, apoyados sobre las rodillas, temblaron. Unos dedos obscenos tantearon entre sus piernas.
—Ahh... qué vulgar. Qué estupidez...
—Mientras escuchaba música elegante, probablemente haya imaginado cada cosa vulgar posible. Lo he visto más de cien veces.
—Pervertido, eres un pervertido.
—Sí, soy un pervertido.
Woojin, clavando su intensa mirada en los labios enrojecidos de Haewon, bajó la cabeza hacia su hombro y lo besó. Sus labios descendieron despacio por el pecho de Haewon hasta morderle el pezón. El cuerpo de Haewon se encogió por el sobresalto. Woojin jugueteó con la carne protuberante usando los labios, succionando toda la areola.
—Ah, ah...
La sensación cosquilleante de la suave succión se desvaneció pronto y, conforme su respiración se volvía más agitada, sus labios también se endurecieron.
—Ah, duele, también, ugh, no chupes tan duro.
Apenas Haewon le advirtió que no fuera brusco, Woojin le dio un mordisco en el pezón.
—¡Duele...! ¡Hyung, duele, ugh!
Haewon golpeó con fuerza los hombros de Woojin, pero este no cedió. Chupó y mordió el pecho de Haewon —con el que tocaba el violín— con tanta fuerza que arrancó gemidos de dolor, como si estuviera recreando alguna fantasía perversa.
Los sonidos húmedos de la carne frotándose y succionando resonaron más fuerte que la melodía del violín en los oídos de Haewon. Gemidos agudos y respiraciones jadeantes se mezclaban con las notas de Beethoven.
Haewon rodeó con fuerza la nuca de Woojin con ambos brazos. Gemidos cortados y ahogados se dispersaron mientras su respiración se interrumpía. Woojin succionaba la piel con tanta furia, como si intentara devorar algo que ni siquiera estaba ahí, con la garganta apretada por la intensidad.
—Ah, ugh, aunque chupes así... no va a salir nada. ¡Hyung, Woojin hyung, por favor, ah!
Sus forcejeos para detener la brusquedad fueron inútiles. Su pecho subía y bajaba, y su espalda se arqueaba. Por más que golpeaba, empujaba o se aferraba a esa cabeza ardiente, no lograba apartar los labios que se aferraban con tanta ferocidad.
En medio de los ruidos frenéticos y húmedos, estallaron las respiraciones jadeantes de Woojin. Una vez que se prendía de su presa, era como si su mandíbula fuera capaz de triturar hueso, negándose a permitir cualquier intrusión con caricias resueltas.
Incluso cuando la intensidad de las mordidas y chupadas se suavizó, seguía sintiendo como si la punta de agujas afiladas se clavaran en su carne.
Una lengua suave y gruesa se frotó contra sus nervios hipersensibles. Haewon detuvo los intentos de forcejeo para alejarlo.
—Ah, hnn, ngh...
—Haa, toda la noche, Haewon. Hnn, quiero chupar de esto toda la noche.
—Para... deja de chuparme el pecho.
Ante su ruego de que parara, Woojin cerró los ojos y movió los labios con aún más intensidad. La jugosa carne mordía su pezón, mientras su lengua presionaba y frotaba con rapidez. Entre las piernas temblorosas de Haewon, su miembro erecto goteaba con ansiedad. La mano de Woojin aferraba el bulto que empujaba contra la bata de baño al mismo tiempo que le mordía el pezón. Devoraba los puntos sensibles de Haewon tanto con la mano como con la boca.
La temperatura corporal tan caliente nubló su vista como una fiebre hirviente.
—¡Hnn, haa, ahh, ah!
Respiraciones incontrolables lo hicieron estremecer, clavándose hondo en su cerebro como un pico e incendiando el placer. Sintió que se ponía mojado abajo. Mientras Woojin apretaba y acariciaba la carne pegajosa y húmeda, las caderas de Haewon se contrajeron con fuerza, dando pequeños tirones.
El aliento caliente de Woojin se estrelló contra su pecho. Miraba a Haewon, gimiendo y perdido en la sensación, con los ojos entrecerrados mientras lo observaba. Abrió los labios, mordiendo el pezón enrojecido entre sus dientes.
—¡Ahh! ¡Hnn...!
Ya fuera por dolor o por placer, Haewon por fin rompió a llorar. Las lágrimas rodaron por sus mejillas, deteniéndose en la punta de su barbilla antes de caer goteando sobre su garganta.
Las lágrimas rozaron la mejilla de Woojin, presionada contra el pecho de Haewon. Mezclados con la saliva, los sonidos húmedos de la succión se volvieron más espesos.
Tomó la carne mojada profundamente dentro de su boca. A medida que su lengua aplastaba la punta erecta, el bajo cuerpo de Haewon dio un respingo y luego se quedó rígido, convulsionando.
El semen salpicó la camisa de Woojin y los pantalones negros de su traje.
—Haa, haa, ahh...
Los brazos de Haewon, que agarraban los hombros de Woojin con tanta fuerza que le dolían los dedos, temblaban. Woojin miraba fijamente a Haewon, que lloraba y alcanzaba el clímax.
Sus ojos, recuperando la claridad poco a poco, bajaron la vista hacia la ropa arruinada de Woojin. Entre la bata de baño abierta, el deseo crudo brotó con fuerza. Haewon se cubrió la parte baja con la bata y se volvió a poner la parte de arriba torpemente. Se desplomó sobre las piernas de Woojin, completamente exhausto.
—...Creo que no puedo moverme a la habitación de al lado así.
Haewon frotó despacio su cuerpo ya relajado tras el orgasmo contra el muslo de Woojin.
Woojin, observando en silencio esos movimientos rítmicos y sutiles, levantó la mano para acariciar la mejilla mojada de Haewon.
—Qué pervertido. ¿Cómo se supone que deje solo a un cuerpo tan vulgar?
—Hnn, ugh... hazlo. Hazlo. Allá abajo, métete en mí.
Haewon puso su mano sobre la de Woojin, que le acariciaba la cara, y la arrastró hacia abajo hasta su pecho hinchado y empapado de saliva. La mano de Woojin le pellizcó el pezón, retorciéndolo ligeramente.
—¡Ngh...!
—¿Te gusta cuando te toco?
—Dime más. Quiero escuchar tu voz. Más, dime más.
Sentado sobre las piernas de Woojin y temblando, Haewon le suplicaba que lo tocara y lo estimulara con sus manos, con su voz y con todo su cuerpo.
—Haewon, solo necesitas ser así frente a mí. Ya sea que estés destilando lujuria o frotándote sin control, por mí está bien.
Las caricias en su pezón se volvieron más lascivas. La sensación allá abajo se intensificó. La voz ronca del hombre golpeaba su piel como caricias fervientes.
—No te escapes de mi alcance. Solo cumple esa promesa. Entonces te sostendré de la manera más depravada en este mundo.
—Ah, ah... ahh.
Las manos de Haewon aferraron la ropa de Woojin. Presionó sus caderas temblorosas contra los firmes muslos de Woojin, moviéndose con frenesí. Incluso el roce más leve enviaba escalofríos de placer a través de su carne ya gastada. Tan solo la voz de Woojin sentía que podía hacerlo colapsar.
Woojin se inclinó hacia adelante, con su respiración jadeante muy cerca. Su nariz rozó la de Haewon mientras inhalaba su aliento. El aroma de su aliento y su piel inundó la garganta de Haewon con cada inhalación, ajeno y desconocido, como si conociera a un extraño por primera vez.
—¡Ahh, hnn, ngh...!
—Voy a follarte hasta que se te desgarre el agujero. Voy a llenarte con tanto semen que va a desbordarse, demasiado para que puedas soportarlo.
—¡Ah, ugh! Hazlo. Hazlo... ahh, hyung, Woojin hyung.
La voz de Woojin se sintió como una cuerda firme que ataba su cuerpo. Respirar era difícil. Su cabeza sentía que iba a estallar, con el corazón latiendo con tanta fuerza que parecía a punto de romperle el pecho.
—Haewon, nunca has probado mi semen, ¿verdad?
—¡Mhm!
Su cuerpo retorciéndose abajo se congeló. Aferrándose a la ropa de Woojin con tanta fuerza que sus nudillos se pusieron blancos, Haewon se estremeció a través de otro orgasmo.
—Ahh... ah, haa, haa, hah.
El calor abrasador que había consumido su cuerpo se calmó, dejando tanto la mente como el cuerpo frágiles. Haewon aflojó despacio su agarre, soltando a Woojin. Levantando su cabeza despeinada, se encontró con la mirada penetrante de Woojin.
—¿Intentamos lo que acabo de decir?
Woojin agarró a Haewon del cabello, estampando su cabeza contra la almohada. Levantó la parte baja de su cuerpo, que se desvanecía, elevando sus caderas, y dejó caer su peso con brusquedad, arrancándole un gemido.
Haewon, enterrado en la ropa de cama, tembló con violencia. Mientras Woojin tiraba de su cabello para levantarlo, respiraciones ahogadas salieron de golpe.
—¡Hah, hah, haa...!
—¿Por qué lloras? ¿Eh? Haewon, no llores. Todavía ni siquiera he, empezado bien, ¿sí?
La carne hinchada de Haewon apresó el miembro palpitante de Woojin, negándose a soltarlo. Su pecho y su espalda, brillantes por el sudor, se agitaban con respiraciones irregulares.
Ya fuera que Haewon llorara de alegría, de tristeza o de dolor, Woojin se confundía cada vez que él lloraba durante el sexo. No sabía qué hacer. Si se sentía bien, debía empujar con más fuerza; si era tristeza, debía consolarlo; si era dolor, debía detenerse. Pero Haewon nunca le decía por qué estaba llorando.
—¡Ugh, ngh! Hnn, hnh.
—¿Se siente bien? ¿Eh? Haewon ¿se siente bien?
Las mejillas de Haewon se enrojecieron, incapaz de respirar bien. El sonido de la carne chocando se hizo más fuerte. Woojin habló sobre sus partes unidas y húmedas. Haewon se encogió cuando el fluido resbaladizo lo tocó, tensando su piel.
—Voy a follarte hasta que no puedas respirar. ¿Entendido? Así que dime. ¿Es bueno o malo? ¡Dime...!
Woojin se inclinó, presionando su pecho contra la espalda húmeda de Haewon. A medida que empujaba con más rapidez, los gritos de Haewon se profundizaron. Sus pesados testículos golpeaban contra las caderas de Haewon, produciendo un sonido húmedo y estridente.
—Hnn, me... me estoy volviendo loco. Me voy a... ahh, volver loco.
—¿Se siente bien? Dime. Hnn, tienes que decírmelo.
—Ngh, es bueno. Ahh, no. ¡No!
Haewon se aferró al antebrazo de Woojin, apoyado contra la cama, aterrorizado de que la fuerza lo hiciera volar. Su piel resbaladiza por el sudor se pegaba con fuerza.
Incluso cuando Haewon hablaba, era difícil entenderle. Descifrar el lenguaje de Haewon era lo más difícil para Woojin. Se dio por vencido. Woojin había llegado a su límite. Palabras sin filtro salieron de su boca. No se había dado cuenta antes de que el sexo podía destrozar la razón de forma tan absoluta.
No podía perder la cabeza por la mera lujuria. Necesitaba conocer los verdaderos sentimientos de Haewon: por qué quería estar solo, por qué había mentido. Tenía que averiguarlo ahora. Pero el interior caliente de Haewon estaba erosionando su juicio, haciendo que Woojin actuara sin ser él mismo.
Mierda, maldijo Woojin, agarrando el cabello de Haewon y tirando de él hacia arriba para besarlo. Chupó sus labios con rudeza, metiendo la lengua para lamer sus membranas mucosas. Chupó sus lenguas entrelazadas como si quisiera arrancarlas.
Su parte baja se puso más caliente, su mente quedó en blanco. Ignorando los gritos de Haewon, Woojin gimió como una bestia y se desplomó sobre él. Con sus cuerpos completamente unidos, se vació profundamente dentro de Haewon.
—¡Hnn...!
La carne enterrada en lo más profundo se contrajo sutilmente. Woojin se derrumbó, su espalda empapada en sudor temblaba mientras exhalaba respiraciones pesadas.
—Haa, haa, haa...
El placer que había electrizado su cuerpo se desvaneció, y después de un rato, Woojin, todavía dentro de él, se apoyó de lado.
La pálida y desnuda espalda de Haewon quedó a la vista. Su cuello mostraba marcas brutales de contusiones, con su cabello mojado pegado en enredos. El aspecto completamente devastado de Haewon era casi demasiado sensual.
Woojin salió de la pegajosa y húmeda conexión. Al retirarse lentamente, un fluido espeso y viscoso se derramó, escurriendo por los muslos internos de Haewon.
A Haewon no le gustaba el sexo brusco. Odiaba que lo dominaran a la fuerza. Cuando Woojin exigía juego rudo, Haewon se negaba con terquedad, pero no era desagrado; era miedo. A pesar de sus actitudes atrevidas, Haewon tenía un lado inocente y sutilmente rígido que a veces enternecía el corazón de Woojin.
La mano de Woojin acarició con cuidado el hombro tembloroso de Haewon. Giró el cuerpo boca abajo de Haewon para dejarlo boca arriba. Sus ojos empapados en lágrimas temblaban.
—Hnn... hnh, ugh.
Su garganta se esforzaba por sofocar los sollozos.
Woojin no había querido ser tan brusco. Si Haewon no lo hubiera provocado, no lo habría lastimado tanto. Woojin sentía repulsión por su comportamiento cada vez más incontrolable frente a Haewon. Había pasado tanto tiempo aprendiendo paciencia y autocontrol, pero con Haewon, calmar su lujuria ni siquiera era una tarea sencilla.
Había planeado abrazar a Haewon con suavidad, interrogarlo sobre por qué quería estar solo y por qué había mentido, y hacer que confesara todo. Pero todos esos planes se fueron a la basura. En lugar de hacer que Haewon confesara, lo había aplastado hasta el punto en que Haewon podría cerrarse por completo, dejando a Woojin sin defensa. Aunque disfrutaba del sexo rudo que dejaba a su pareja aturdida, se esforzaba tanto por ser cuidadoso con Haewon para evitar ser odiado.
Tiró del borde de la bata de baño descartada para secar el rostro mojado de Haewon. Haewon calmó poco a poco su respiración agitada. Intentando evitar el contacto visual, Woojin le agarró la mejilla, decidido a mirarlo a los ojos.
—Mírame a la cara.
—...
—¿Estás bien?
—...No estoy bien.
Su voz, desprovista de energía, ni siquiera sonaba como una queja.
—Eso te pasa por provocarme ¿Crees que controlar el deseo es fácil?
—Dijiste que la paciencia era tu especialidad.
—Creí que se me daba bien.
Alcanzó la botella de agua que Haewon había dejado medio consumida. Dejó que Haewon bebiera primero, luego se terminó el resto.
Colocó la botella vacía en la mesa auxiliar y miró con preocupación hacia abajo a Haewon, quien parecía hacer muecas con cada movimiento.
—Si te dejo hacer lo que quieras, voy a terminar hecho pedazos. Puede que no viva mucho.
—No digas tonterías así.
Una vez, la tenue respiración de Haewon tras desmayarse había hecho que el corazón de Woojin se detuviera. Desde entonces, se había reprimido de tener un sexo demasiado brusco.
Woojin deslizó su brazo bajo la cabeza de Haewon a modo de almohada y apartó su cabello enredado. Abrazó el cuerpo somnoliento de Haewon. Haewon enterró su rostro en el cuello de Woojin, murmurando.
—Quiero irme de gira de conciertos.
—¿Eh?
Sus labios estaban presionados contra el cuello de Woojin, haciendo que sus palabras no se entendieran bien. Soltando el abrazo apretado, Woojin miró a Haewon. Evitando su mirada, Haewon fijó sus ojos vagamente en la clavícula de Woojin y dijo:
—Quiero irme de gira de conciertos a Europa. En realidad... Kim Heekyung me ofreció una gira europea.
Kim Heekyung jamás había hecho una oferta así. Solo había mencionado casualmente que su sinergia era buena y que esperaba futuras colaboraciones, un comentario educado. Haewon lo había adornado. Si entraba al oficentel con Woojin, las fotos terminarían en los tabloides de chismes. Solo necesitaba ganar algo de tiempo para arreglar esto.
—Es algo que siempre he querido hacer. Está en mi lista de deseos.
—...
—Tienes que concentrarte en tu trabajo, pero no puedes por mi culpa.
—No estoy fallando ni descuidando mi trabajo por culpa de nadie.
—Déjame ir.
—...
—Es solo por un tiempo. Dos meses, tal vez tres a lo sumo. Una oportunidad de tocar con una maestra como ella tal vez no vuelva a presentarse.
—¿Tanto tiempo? Si el horario ya está fijado, puedes ir y volver rápido ¿No puedes ensayar en Corea?
—Toma más de un día viajar de ida y vuelta ¿Cómo podría?
Para un intérprete, donde la condición física es primordial, era físicamente imposible, y Woojin lo sabía muy bien. Ni siquiera dejaría que Haewon tocara nada antes de un concierto. Haewon no entrenaba con tanta diligencia por nada.
—Tu mánager no mencionó nada de eso.
Haewon se había olvidado del mánager que informaba de cada uno de sus movimientos a Woojin. Se apresuró a añadir.
—Todavía no se lo he dicho a la agencia. Fue una oferta repentina de su parte y necesitaba tiempo para pensarlo.
—...¿Así que por eso querías estar solo hoy?
—Sí.
Exactamente, por eso. Por eso quería estar solo. Haewon asintió. Su corazón se encogió, temeroso de que la mirada de Woojin pudiera ver a través de su mentira.
—Entonces vámonos juntos.
—...¿Qué?
—Vámonos juntos.
Haewon se incorporó temblando. Woojin también se sentó.
—¿Qué clase de tontería es esa?
—Seré tu mánager durante tu gira.
—¿Y tu trabajo?
—Voy a renunciar.
Su tono era demasiado ligero y despreocupado. Eso enfureció a Haewon.
—Hyun Woojin ¿Tú estás loco de remate?
—No uses palabras como «loco». Es una mala palabra. Y tampoco me digas «tú».
Hablaba como si estuviera regañando a un niño.
—¿Renunciarías a tu trabajo para irte de gira conmigo? Eso es de locos ¿Cómo más lo llamarías?
Lo único que necesitaban era mantenerse separados hasta que el problema se resolviera, pero Woojin seguía soltando cosas exasperantes. Haewon estaba tan frustrado que quería golpearse el pecho.
—Nunca he estado cuerdo. Y mi prioridad no es el trabajo; eres tú. Nada más importa.
Lo dijo con calma. No necesitaba lidiar con lo peor para demostrar que no era basura humana. La existencia de Moon Haewon hacía eso posible. Su obsesión por Haewon —porque le gustaba, lo amaba, lo quería— era secundaria.
Sin Haewon para afirmar su existencia, Woojin volvería a ser un monstruo, un carnicero, una serpiente devorando carne humana. Haewon era el único que lo hacía humano, y por eso no podía dejarlo ir.
—No quiero escuchar eso. ¿Por qué crees que me gustas? Eres más genial cuando estás trabajando. ¿Sabes lo cansado que es ver noticias aburridas todo el día, sin poder moverme de mi asiento, esperando echarte un vistazo?
—...
—Aunque sea solo un momento, cuando te veo, es cuando soy más feliz. Me gusta que estés en esa posición. No te vuelvas alguien insignificante.
Haewon hablaba con sinceridad. No le habría gustado Woojin si hubiera sido alguien común. No se habría sentido atraído por él desde el principio. Aunque estuviera retorcido de ciertas formas, era intransigente en su trabajo.
—Entonces toca aquí. Tres meses, cuatro meses, ni siquiera está fijado. No puedo estar separado de ti tanto tiempo. Ya no puedo contenerme.
Sin Haewon, ningún logro en el trabajo se sentiría gratificante. Woojin odiaba tanto estar físicamente separado de Haewon que prefería renunciar a su trabajo antes que soportarlo.
—Traeré a Kim Heekyung aquí, cueste lo que cueste. Hazlo en Corea.
—...Eso no es, ese no es el punto.
—A mí también me encanta verte actuar. Conseguiré a esa maestra para que no me vuelva insignificante. Hazlo en Corea.
—No nos estamos comunicando.
—Estoy cediendo, así que tú también cede. Solo necesitamos encontrar un punto medio.
—A eso no me refiero.
Los labios de Woojin se posaron en el hombro de Haewon, murmurando contra su piel desnuda.
—Haré todo por ti. Lo que quieras.
—...
∞ ∞ ∞
Mientras revisaba un informe, Woojin echó un vistazo a su teléfono que vibraba. Era Jung Homyeong. Se puso de pie y salió. Fue a los árboles detrás del Yeomingwan, donde nadie iba, y respondió a la llamada.
—Sí, soy yo.
—Te envié los datos que pediste la última vez por Telegram.
—¿Investigaste bien?
—Sería más preciso y de mejor calidad si lo investigaras tú mismo, sunbae.
Woojin tenía acceso a los datos del sistema de fiscalía e incluso a la inteligencia de seguridad nacional, pero como los registros se llevaban meticulosamente, no podía solicitar ni consultar nada a la ligera. Ninguna agencia gubernamental llevaba registros tan minuciosamente como la Casa Azul. Eso hacía que las cosas fueran sorprendentemente engorrosas.
Recientemente, incluso había recibido una llamada de advertencia del jefe de gabinete. Planeaba mantener un perfil bajo por un tiempo.
—No es un asunto oficial. Es personal.
—¿Para qué quieres a los reporteros?
—Gracias por tu trabajo. Colgaré.
Escuchó un «Cuídate» antes de que la voz de Jung Homyeong se cortara. Woojin se sentó en un banco y volvió a llevarse el teléfono al oído.
—Mánager, soy yo.
—Ah, disculpa. Justo iba a mandarte un mensaje. No lo he olvidado.
Olvidando el informe que se supone debía hacer cada dos horas, Lee Jinsoo se apresuró a dar excusas como si lo persiguiera alguien.
—La cuenta de redes sociales de Haewon ha desaparecido ¿Está pasando algo?
—Bueno, Haewon insistió en borrar todo... Dijo que no le gustaban las fotos. Así que la puse en privado.
—¿No se supone que la administraba la empresa?
El dueño de la cuenta apenas la miraba, pero Woojin la había estado siguiendo diligentemente. Cada vez que el número de seguidores aumentaba, sentía una mezcla de inquietud y alivio al ver que su juicio era correcto.
—Normalmente no le importa, pero hoy de repente dijo que no le gustaba. De todos modos, casi nunca la actualizamos, así que solo la puse en privado ¿La vuelvo a abrir?
Woojin soltó un tarareo pensativo, deteniéndose por un momento.
—¿Era por eso que llamabas?
—No. Eso no es. Tengo un favor aparte.
—Dime con confianza.
Lee Jinsoo, generosamente apoyado por Woojin, aceptó de inmediato.
—Esa persona que tocó con Haewon en el escenario de arte de los miércoles hace poco, eh... ¿Kim Kyunghee? ¿Kim Heekyung? La pianista.
—¿La maestra Kim Heekyung?
—Sí, ella. Quiero organizar un contrato de presentación con ella. ¿Puedes averiguarlo? No te preocupes por el costo. Arma un programa para que pueda colaborar con Haewon. Paga lo que pida.
—...Eso no es algo que yo pueda manejar.
Era un proyecto demasiado grande para Lee Jinsoo, que solo era un mánager de gira.
—¿Entonces quién puede manejarlo?
—Tendrías que hablarlo directamente con el CEO.
—No tengo el contacto del CEO. Por favor, arréglame una reunión con él entonces. Estaría bien después del horario de oficina.
—Lo averiguaré y te aviso.
Cuando Lee Jinsoo respondió alegremente y estaba a punto de colgar, Woojin añadió.
—¿Qué... qué está haciendo Haewon?
—Ah, sobre eso... justo iba a mencionártelo. Haewon ha estado de muy mal humor estos últimos días. Sinceramente, tuve que rogarle para que viniera a la orquesta hoy porque dijo que no iba a ir. Me preguntaba si había pasado algo y pensaba preguntarte a ti, secretario.
—¿Hubo algo así?
—Borró su cuenta de Instagram y pidió cancelar los eventos programados... Es solo mi suposición, pero creo que vio esa revista de chismes.
—...
Ah.
Con que era eso.
Woojin se frotó la cara secamente. Suspiró de manera inaudible para que Lee Jinsoo no lo escuchara.
Ese día, cuando le mintió diciendo que necesitaba tiempo a solas para pensar, esa plática sobre querer irse de gira de conciertos por tres o cuatro meses... Con que por eso era.
Haewon se sentía culpable, culpándose a sí mismo por la decisión de Woojin de renunciar a su puesto de fiscal.
Lo bueno era que la actitud de Haewon sobre las dos estrellas y el querer estar a solas no tenían relación.
Pensándolo bien, fue ese día en que su padre, furioso, envió el artículo y arrastró a Haewon a la casa familiar.
Así que su padre también se había enterado.
El padre de Woojin, ocupado dirigiendo un hospital y todavía operando, se había enterado, así que no había forma de que el padre de Haewon, un hombre de negocios, no lo supiera.
Cada vez más personas se estaban enterando. El jefe Kwon parecía saberlo también. No parecía pensar que se tratara de Woojin, y los chismes se estaban ignorando por ahora. Pero pronto se esparcirían dentro de la Casa Azul. Era culpa de Woojin por no haberlo manejado con rapidez.
—Llegaré tarde hoy, ¿así que puedes asegurarte de que Haewon cene? Quédate con él hasta que llegue. Y por favor, consígueme el contacto del CEO.
Lee Jinsoo accedió de inmediato, y Woojin le dio las gracias antes de terminar la llamada.
Moon Woosik, que estaba recortando un artículo de noticias culturales sobre la pianista Kim Heekyung y Haewon tocando el violín, respondió al intercomunicador de su secretaria.
—Asistente Lee ¿Qué pasa?
—Señor, tiene una visita.
—¿Quién? ¿Había alguna cita hoy?
Alineando con cuidado el periódico recortado ordenadamente en el espacio en blanco al fondo de un álbum de recortes, buscó pegamento y se lo aplicó al reverso mientras preguntaba.
—Eh... Alguien del gobierno...
—¿Del gobierno?
—De la República de Corea... La Casa Azul...
—¿Qué...? ¿La Casa Azul? ¡¿La Casa Azul?!
Su mano resbaló, y el trozo de periódico quedó pegado en el lugar equivocado en lugar de donde ya lo tenía calculado. Se levantó de un salto.
—¿Se llama Hyun Woojin por casualidad?
—¿Lo conoce? Sí, es él. ¿Lo dejo pasar?
—¡No lo dejes dar ni un solo paso adentro! Llama a seguridad y échalo. ¡Échalo ahora mismo! ¡No, llama al mánager Kang! ¡Trae al mánager Kang aquí inmediatamente!
—Entendido.
La secretaria colgó el intercomunicador rápidamente. Asustado, Moon Woosik caminaba de un lado a otro frenéticamente, sin saber qué hacer, y luego corrió hacia la puerta de la oficina para pegar la oreja.
—...
No se escuchaba nada a través de la gruesa puerta.
Inquieto, recorrió la oficina sin rumbo. Pateó una pelota de golf extraviada en el suelo para quitarla del camino y arrastró el tapete de golf de interior desde el escritorio para esconderlo detrás del sofá.
—¿Ese maldito me traicionó? ¿Vino a vengarse de mí por decirles que terminaran? ¡Haewon, pequeño mocoso! Todavía no estoy listo para esto. Ugh, me voy a volver loco. Esto no es algo de lo que deba esconderme. ¡Ese maldito crío!
Al darse cuenta tardíamente de que no debía estar escondiéndose con tanta ansiedad, Moon Woosik presionó el intercomunicador para llamar a su secretaria.
—Asistente Lee, ¿estás ahí?
—Sí, señor.
La asistente Lee levantó el receptor y respondió. A juzgar por su voz tensa, la persona que se supone debía irse claramente seguía allí.
—¿Aún no lo has echado?
—Llamé a seguridad. Le dije que se fuera, pero... sigue aquí.
La asistente Lee habló con voz diminuta.
—Mmm ¿llamaste al mánager Kang?
—Dijo que viene en camino. Está abajo.
—Bien. Cuando llegue el mánager Kang, hazlos pasar con ese tipo.
Con el mánager Kang, exatleta nacional de judo y detective, por ahí, no correría peligro. Moon Woosik dio la orden con un tono más calmado.
Colgó el intercomunicador, se sentó en la cabecera del sofá de recepción, se apretó la corbata floja y se arregló la apariencia. Apoyó los brazos en los reposabrazos, inflando los hombros para parecer más grande. Poco después, sonó un golpe y la puerta se abrió ligeramente cuando entró la asistente Lee.
—El mánager Kang ha llegado ¿Hago pasar al invitado con él?
—Sí, diles que pasen.
Ella abrió la puerta cortésmente. El mánager Kang entró primero, seguido por Woojin. Woojin hizo una reverencia a Moon Woosik.
—Mucho gusto. Soy Hyun Woojin.
—¿Es nuestra primera vez viéndonos?
—Ah...
Moon Woosik miró con fiereza a Woojin, quien recordaba el pasado con sequedad. Como diciendo: «¿No recuerdas ese incidente? ¿Estás fingiendo demencia?», lo reprendió con los ojos.
—Nos hemos visto antes. Pido disculpas por aquel incidente.
Su expresión no mostraba remordimiento, lo que hizo que Moon Woosik se pusiera tenso.
—Encerrar a gente inocente y exprimirla hasta dejarla polvo... eso es lo que más desprecio.
—No era completamente inocente. No era gran cosa ni un delito mayor, así que lo dejé pasar.
—...
—Por el bien de Haewon.
—Mánager Kang, ven aquí. Asistente Lee, tráeme un vaso de agua fría, lleno de hielo hasta el borde.
La secretaria, observando con ansiedad el intercambio, salió corriendo. El mánager Kang se movió al lado de Moon Woosik, plantándose como un guardaespaldas. Con aquel hombre grandote a su lado, la expresión de Moon Woosik cobró más confianza.
Al ver que Woojin se disponía a sentarse en el sofá, Moon Woosik habló de inmediato.
—Tú, quédate ahí. No te acerques.
Woojin se detuvo y se quedó quieto.
Moon Woosik lo observaba con calma. Era alto y se veía mejor en persona. Si Moon Woosik tuviera una hija en edad de casarse, querría a alguien así de yerno, pero por desgracia, Haewon era su hijo; y no cualquier hijo, sino su primogénito, el único heredero de cuatro generaciones, nacido de su primer amor.
Tras escrutarlo, Moon Woosik habló.
—Sobre ustedes dos.
—Mi madre lo supo mucho antes de que empezara a circular el chismes.
—...¿A qué viene eso de la nada?
—Ella adora a Haewon. A veces le cocina sus comidas favoritas. La última vez le compró ropa diciendo que le quedaría bien. En nuestra familia, Haewon... es muy querido.
—¿Crees que voy a estar feliz y a ponerme a bailar porque tu familia adore a Haewon? ¿Crees que no conozco las maquinaciones de tu familia para echarle mano? Que Haewon se haya escapado de casa diciendo que no me volverá a ver nunca... ¡eso fue obra tuya, ¿verdad?!
Parecía que Haewon había amenazado con no volver a ver a su padre nunca más. Mientras Woojin chasqueaba la lengua por dentro, la asistente Lee regresó y colocó un vaso lleno de agua con hielo en la mesa de centro antes de retirarse.
Moon Woosik se tragó el agua de un golpe. Al terminar, masticó el hielo ruidosamente, como si quisiera triturar a Woojin de la misma manera.
—Escuché que estabas muy enojado.
—Tú no puedes hacerte cargo de la vida de Haewon.
—...
—No importa si tienes éxito o no. Haewon perdió a su madre de niño y creció con carencias afectivas. Lo único que sabe hacer es tocar el violín. Es mi hijo, pero a diferencia de ti, no conoce cómo funciona el mundo.
—...
—Por fin está empezando a brillar, y tú lo estás arruinando de esta manera. Imagínate si esa revista de chismes hubiera dicho su nombre. ¿Crees que Haewon podría salir en televisión y tocar el violín otra vez? ¿Crees que podría volver a tocar con alguien tan famoso?
Moon Woosik le extendió el recorte de periódico que había preparado para pegar en su álbum. La mirada abatida de Woojin se fijó en el espacio vacío donde faltaba un pedazo.
—Es lo mismo para ti. Si un alto funcionario del gobierno se ve envuelto en un escándalo así, tu carrera se acabó.
—No me importa.
—¿Qué?
Moon Woosik frunció el ceño ante la respuesta de Woojin.
—No me importa lo que me pase.
—¿Estás diciendo que Haewon es más importante?
—Sí.
No había rastro de engaño en el comportamiento constantemente serio de Woojin. Aunque Moon Woosik lo miraba con disgusto, por dentro estaba agradecido por esa actitud.
Había pensado que Haewon era solo un ingenuo, pero parecía que tenía buen ojo para la gente y había elegido bien, pensó Moon Woosik con cierto pesar mientras miraba a Woojin. Por mucho que chasqueara los labios, Woojin era un hombre.
—Ven a sentarte aquí.
—...
A pesar de la invitación, Woojin no se movió. Bien, quédate ahí parado y escucha, continuó Moon Woosik.
—...Mi hijo es más importante para mí que tú. Creo que sientes lo mismo. Y si ese es el caso, si eres el mayor y tienes algo de sentido común, termínalo. Termina con Haewon. Yo me encargaré de los chismes. Tú sigue tu camino y deja que Haewon siga el suyo. Pienso que ese es el verdadero amor.
Moon Woosik miró de reojo al mánager Kang, quien asintió como si hubiera sido un discurso excelente.
—Pienso lo mismo.
Woojin levantó sus ojos caídos para encontrarse con los de Moon Woosik. Su rostro inalterable y sin expresión demostraba que no le afectaba la exigencia de romper, como si un insecto pudiera abalanzarse sobre él y no se inmutara.
—¿Qué es lo mismo? ¿De qué estás hablando?
—Lo que importa es Haewon. Nada más. Eso es lo mismo para ti padre.
—¡¿Por qué me llamas «padre»?!
Incluso si Woojin rogara de rodillas, no sería suficiente, pero esa cara tan descarada y su tono impositivo lo hacían enfurecer de verdad. Moon Woosik hervía de rabia. Estaba listo para decirle al mánager Kang —el exatleta nacional de judo— que tirara a ese tipo a un rincón si decía una sola palabra más.
—Me encargaré de los reporteros, así que no provoques problemas innecesarios. A eso vine a decir.
—¿Qué? ¿Mantenerte al margen? ¿No armar líos?
—Quiero decir que no hagas las cosas más grandes.
—¡Oye! ¡Soy el padre de Moon Haewon! ¿Crees que voy a dejarte pasar esta insolencia? ¡Puede que tu familia adore a Haewon, pero yo definitivamente no!
—Él ni siquiera me hace caso. ¿Por qué te haría caso Haewon a ti? ¿A quién le hace caso? Lo apruebes o no, al único que no le importa es a Haewon, no a mí.
Woojin le volteó la tortilla, regañándolo por no conocer a su propio hijo. Era una verdad innegable que dejó a Moon Woosik sin palabras, como un mudo que hubiera tragado miel.
—No molestes a Haewon usando mi nombre como excusa. No hables de sacrificio ni de hacer lo mejor para él. Me enteré por el CEO de la agencia que hoy te vas a reunir con los reporteros.
Moon Woosik había planeado reunirse con ellos en un bar esta noche. Había preparado suficiente dinero en efectivo. Tenía que arrojarles billetes a la cara y convertirlo en un rumor sin fundamento de alguna manera.
—Estás decidido... decidido a arruinarle la vida a Haewon, ¿verdad?
—Haewon fue quien me mandó a la cárcel.
—...
—Si insistes en sopesar las ganancias y pérdidas de este encuentro, yo soy el que ha salido perdiendo.
Estaba soltando tonterías con esa boca descarada. Moon Woosik se sintió genuinamente ofendido.
—¿Qué se supone que significa eso? ¿Estás diciendo que Haewon está por debajo de ti? ¿Eso es lo que quieres decir? ¡Haewon es el co-principal de la Orquesta Hankyung y toca con Kim Heekyung, una violinista de talla mundial! ¡Pronto será uno de los grandes!
Estalló Moon Woosik. Objetivamente, parecía que Haewon era inferior. Los padres de Woojin eran respetados, y él mismo tenía riqueza y poder.
Por muy rico que fuera Moon Woosik, no podía compararse. Ahora que lo pensaba, ¿no era la ex prometida de Woojin la hija de algún chaebol?
Haewon era su hijo, pero aun mirándolo con generosidad, no alcanzaba ese nivel. No era que le faltara algo... su personalidad era el defecto.
—Y aun así soy yo el que está aferrado a Haewon.
—...
—No hay ninguna ganancia para mí, pero estoy aferrado a él. Lo siento, pero si interfieres, tendré que tomar mis propias medidas.
—...¿Medidas? ¿Qué clase de medidas?
El tono calmado inyectó un pico repentino de tensión. Moon Woosik, que no había hecho nada malo, sintió una punzada de culpa.
—Usaré todos los medios a mi disposición para asegurarme de que no tengas tiempo de meterte en esto.
—...
No especificó qué haría, pero Moon Woosik habría apostado toda su fortuna a que no sería nada bueno. Había una locura constante y silenciosa en la mirada firme de Woojin.
Se decía que era un experto en destrozar a la gente una vez que se aferraba a ella, un profesional en ese campo, reconocido por el estado por ello.
No era una amenaza ni una grosería, pero todo el ser de Woojin, sus ojos tranquilos, se sentían como una afilada hoja azul presionando en silencio la nuca de Moon Woosik. Su habilidad para intimidar no era ordinaria.
—Soy el padre de Haewon.
—Lo sé.
—Si Haewon supiera que me amenazaste, ¿estaría feliz?
—¿Amenazar? Quería decir que me encargaré de esto para que tú, un padre ocupado, no tengas que hacerlo.
—¿De qué te vas a encargar exactamente?
—De las cosas que te preocupan, padre.
—Entonces, ¿por qué sigues llamándome «padre»? ¿Quién es tu padre?
—Bueno...
Woojin se detuvo, como si lo hubieran tomado por sorpresa. ¿Acaso la gente en los dramas de fin de semana no lo llamaba así? ¿Era este un caso diferente? ¿Había otro término? Su mente comenzó a enredarse.
—Si te ofendió, lo corregiré. Señor Moon Woosik.
—...
—Me reuniré con los reporteros. Te haré saber el resultado más tarde. Me retiro.
∞ ∞ ∞
La entrada de un club exclusivo para socios estaba tranquila en un día laborable. Woojin estacionó en un lote casi vacío y bajó. La brisa primaveral y fría rozó su cuello.
Entró, guiado por un miembro del personal hacia una habitación privada diseñada como una cámara secreta. El empleado tocó en su nombre. Cuando llegó una respuesta desde el interior, abrió la puerta.
—Que disfrute su estancia.
Tres o cuatro reporteros y el CEO de la agencia de Haewon estaban sentados juntos. Sus rostros estaban enrojecidos, lo que sugería que ya se habían tomado una ronda de tragos.
—¿Oh? Hola. No pensé que realmente vendrías, secretario. Mucho gusto. Soy Lee Jinhwan, del Donghae Ilbo. Pedí una entrevista a través del oficial de prensa. Me conoces, ¿verdad?
—Sí, lo conozco.
Ligeramente ebrio, uno de los reporteros tambaleó hacia Woojin, ofreciéndole un apretón de manos. Se zangoloteaba, incapaz de mantenerse derecho.
Woojin se quedó mirando la mano extendida sin moverse. El reportero, como si se lo esperara, retiró la mano sin ofenderse.
—Cubro entretenimiento, así que he visto mucho de esto. Pero un ex fiscal, un alto funcionario de la Casa Azul, revolcándose con un hombre... eso es una novedad. Además, estás acaparando mucha atención en la política ahora mismo. Esto hace una buena historia. Se vende bien. A la gente le encantan las cosas sensacionalistas.
—No hagamos esto. Siéntense todos. Secretario, usted también. Estamos aquí para tomarnos un trago y arreglar las cosas ¿verdad?
El CEO de la agencia, intentando aligerar el ambiente, sonrió y sentó al reportero. Sirvió tragos, calmando a los irritados comunicadores.
Woojin se sentó frente a ellos. Algunos reporteros, advertidos por este último, se sentaron juntos, esbozando una sonrisa astuta. Sus ojos brillaban con la expectativa de dinero, una exclusiva intocable o algún puesto como recompensa natural.
Era una injusticia que Woojin ni toleraba ni toleraría. Pensar que se atreverían a montar semejante número contra Haewon, precisamente contra él —Woojin, que sabía exactamente qué clase de persona era—, hizo que casi sintiera lástima por esos idiotas.
Podía destruirlos por completo, o podía dejarlos marchar con la vida intacta. Si optaba por dejarlos vivir, se aseguraría de que supieran exactamente quién les había perdonado la vida, manteniendo sus correas firmemente en sus manos para utilizarlas más adelante. Si no, no dejaría rastro. Se aseguraría de que jamás volvieran a abrir la boca. Esa era la clase de poder que Woojin perseguía.
Woojin sacó un sobre del bolsillo interior de su chaqueta. Sacó el contenido y lo fue pasando, uno por uno.
—Tienen prisa. ¿A qué viene repartir cosas así nada más llegar?
Un reportero sonrió con suficiencia mientras tomaba los documentos. Las expresiones divertidas en sus rostros se congelaron, como si les hubieran arrojado agua helada al leer el contenido.
Woojin los miró de reojo y desenroscó la tapa de una botella de agua que estaba sin abrir. Tomó un sorbo y dejó el envase de plástico sobre la mesa. Ni un solo suspiro se atrevió a escapárseles hasta que él terminó.
Curioso por el revuelo, el CEO de la agencia echó un vistazo a los documentos del reportero que tenía al lado. El periodista lo empujó con brusquedad, arrugando el papel en un segundo.
—¡¿Qué diablos es esto?!
—¿Por qué creen que la gente le teme a una investigación de la fiscalía?
Continuó Woojin, mirando la desordenada escena de tragos con desdén.
—No se acaba cuando cae una sola persona.
—...
—Sus familias políticas tienen muchos problemas. Su suegro, los amigos de su suegro, su hermano, la esposa de su hermano, los amigos de ella, los amigos de sus amigos... Los seres humanos son criaturas sociales ¿no es así?
—...
—Esto no termina con un descenso de categoría o la pérdida del empleo. Puede arrastrarse por los suelos. Por eso la gente maldice a la fiscalía coreana. No dejan que las cosas terminen. En el momento en que decido arruinarlos, borrarlos del mapa, así es como operan las instituciones judiciales y de poder. Hasta que ya no puedan soportarlo más.
—...¡Qué diablos, tienes que llegar tan lejos! ¿Acaso nombramos a alguien? ¿Dimos alguna pista sobre quién era? ¡Son solo chismes! ¡Nadie cree en esas tonterías! ¡Son solo chismes!
Un reportero gritó frustrado, con la voz quebrada. Una botella de licor cayó al suelo, rompiéndose con un estruendo estridente. Woojin pateó ligeramente un pedazo de vidrio que rodaba junto a sus pies.
—Tampoco quiero hacer esto.
—...
—Averigüen cómo darle la vuelta para que parezca una tontería. Se les da bien ese tipo de cosas.
Woojin se puso de pie, mirando fijamente y uno por uno sus rostros pálidos.
—CEO, hablemos un momento.
Hizo un gesto para que el desconcertado director de la agencia lo siguiera y salió de la habitación el primero.
Curioso por saber qué les había entregado para provocar semejante reacción, el CEO dudaba en mirar por miedo a meterse en problemas. Salió de prisa, huyendo del cuarto que se había convertido en una zona de ejecución.
Al ver a Woojin en el estacionamiento exterior, se acercó a toda velocidad.
—Secretario.
Woojin, que fumaba un cigarrillo entre los dedos, se giró para mirarlo.
—Haz que la pianista Kim Heekyung toque con Haewon.
—¿La maestra Kim Heekyung? ¿La que tocó con Haewon hace poco?
Fue una orden directa, pero el CEO no tuvo tiempo de sentirse ofendido.
—Sí, esa mujer.
—Está ocupada con su agenda académica, así que actuar podría ser difícil. Enseña en una academia de música alemana.
Era una propuesta repentina. No había garantía de que la pianista de fama mundial aceptara, y era poco probable que se presentara durante este periodo siendo profesora.
—Y si Kim Heekyung colabora con un violinista, lo haría como acompañante, algo que probablemente no haría. La última vez, el piano fue el centro de atención.
—Diseña el programa en torno a Haewon. No te preocupes por el dinero. Ofrece mil millones de wones por pieza. Una cifra así debería hacer que diga que sí. No entiendo del sector, así que negocia un trato justo.
El CEO se quedó atónito ante la mención tan casual de los mil millones de wones.
—De acuerdo, lo investigaré.
—Me gustaría que Haewon fuera de negro ese día. Un patrocinador puede hacer ese tipo de peticiones ¿verdad?
El atuendo dependería del clima o del estado de ánimo —los artistas masculinos tienen opciones limitadas—, así que no era gran cosa, pero Woojin lo sugirió con la máxima seriedad, como si fuera lo más importante del mundo.
—Por supuesto que puedes pedirlo, dependiendo de la situación. Pero si Haewon se niega, no hay nada que podamos hacer.
—Por eso te lo pido. El negro le queda bien a Haewon.
El CEO no pudo sostenerle la mirada y desvió los ojos con incomodidad.
Al escuchar pasos detrás, la mirada de Woojin cruzó por encima del hombro del director.
—Deberías irte. Contáctame cuando se decida algo.
Woojin volvió a llevarse el cigarrillo a los labios.
—Entonces me retiro. Muchas gracias por su ayuda de hoy.
—Vete.
Woojin le dio un leve empujón en el brazo, indicándole que dejara de hablar y se marchara. Al darse la vuelta, el CEO vio a un reportero que se acercaba con un aura amenazante, como si estuviera listo para apuñalar a Woojin.
Lanzándole una mirada a Woojin, el CEO se apresuró hacia su auto. Por suerte, no había bebido.
Al dirigir una agencia de artistas clásicos, no una dedicada a lidiar con escándalos constantes de celebridades, no estaba acostumbrado a aquello. Salió conduciendo como si estuviera huyendo.
Woojin dio una calada profunda, con las mejillas hundiéndose. El reportero se acercó respirando con dificultad.
—Tampoco me gusta cómo se extienden los chismes. Con el tiempo la gente pierde el interés y se olvida.
El reportero advirtió que sería más fácil darles lo que querían y enterrar el asunto, en lugar de armar revuelo sin ningún beneficio.
—Probablemente.
La ligera respuesta de Woojin suavizó la respiración agresiva del reportero en comparación con la intensidad que traía antes.
Solo habían ido a tomar un trago y a establecer contactos con un alto funcionario. No se esperaban semejante amenaza.
Woojin exhaló humo blanco de cigarrillo directamente en la cara del reportero. El hombre tosió y dio un paso atrás.
Woojin se movió bajo el edificio, evitando que un auto cruzara el estacionamiento. El reportero lo siguió. Woojin le ofreció un cigarrillo. De pie en una esquina oscura y sombreada, fumaron.
—¿Cómo dijiste que te llamabas?
—Park Jungmin. Herb Post.
—Nada que te comprometa ¿eh? Tú y los que te rodean deben de vivir muy limpiamente.
—Ese tipo de amenazas baratas no funcionan conmigo.
Park sonrió con suficiencia, devolviéndole el humo a la cara a Woojin; la bruma gris envolvió el ambiente y se disipó.
Woojin lo miró y soltó una breve risa. Sonriendo como si fueran cómplices, de repente Woojin agarró la cabeza de Park como si fuera un balón de rugby. Park exhaló de golpe, con los ojos muy abiertos.
Con fuerza bruta, estrelló la cabeza de Park contra la pared de cemento. Un golpe sordo resonó cuando el cráneo chocó contra el muro, destrozándose.
—¡Ugh!
La visión de Park se volvió negra. Parpadeó, pero todo seguía oscuro. El leve olor a cigarrillo flotaba en el aire. Una voz baja murmuró cerca de su oído, pero no pudo escucharla.
Aunque el impacto había sido en la nuca, algo brotó de su nariz: un líquido tibio y espeso. El aroma metálico de la sangre llenó el ambiente.
—Aprendí mucho del último incidente.
—Ugh...
—He aceptado humildemente que estoy loco. Lo negué durante mucho tiempo.
—Qué... qué estás... ¡ugh!
A medida que los sentidos de Park volvían poco a poco, la mano que sujetaba su cabeza volvió a estamparla contra la pared. Con un golpe seco, sintió como si la parte trasera de su cabeza se desgarrara, y un líquido rojo oscuro salpicó la pared gris.
—¿Qué hago? De verdad quiero matarte aquí mismo.
—Estás... loco. ¿Crees que te vas a... salir con la suya... ugh?
—Diremos que nos metimos en una pelea borrachos. Ambos en un estado de debilidad, homicidio involuntario accidental... no hay sentencia más fácil de manipular...
—¡Ugh!
—Se me da bien esto.
—Se... Secretario... por favor, perdóname, por favor.
—Cierra la boca y salva tu vida, ¿o prefieres que te haga desaparecer sin dejar rastro?
—Perdóname... perdóname. Por favor... por favor.
—Es bonito, ¿verdad?
—Quién... quién eres... ¡agh!
Woojin tiró del cabello de Park, haciendo que sus piernas patalearan sin tocar el suelo, como si estuviera suspendido. El dolor le desgarraba el cuero cabelludo.
—Además toca maravillosamente. Quiero que siga apareciendo en la televisión, tocando su violín, como si no hubiera pasado nada. Como si nada fuera a pasar.
—...¡Ugh!
—¿Harás que eso suceda, reportero? ¡¿Eh?!
Woojin volvió a golpear su cabeza contra el muro. El cuello de la camisa de Park quedó manchado de sangre roja.
—Harás que suceda ¿verdad?
—¡Sí, sí... sí, sí!
—Bien. Lo entiendes, así que es más fácil para los dos.
—¡Ugh!
—Dile a tus colegas. Crítiquenme todo lo que quieran, pero a él no.
—Ugh... está bien, entendido.
—A él no ¿Entendido? Si le pasa algo, aunque sea un pelo, no podré controlarme. Me da miedo lo que pueda hacer.
—¡Ugh!
—¿Lo entiendes, verdad?
—¡Sí, sí! ¡Lo entiendo! ¡Lo entiendo!
—Bien. Parece que de verdad lo entiendes.
Woojin sonrió y soltó el cabello de Park. Las rodillas de Park cedieron, resbalando por la pared hasta desplomarse en el suelo.
Woojin lo miró hacia abajo, luego se giró hacia las bulliciosas luces de la ciudad y terminó su cigarrillo.
Se acercaba la 1 a.m.
Woojin llegó al estacionamiento. El mánager Lee Jinsoo estaba esperando junto al auto de Haewon. Woojin estacionó al lado y se bajó.
—Lamento haberte tenido aquí hasta tan tarde. Gracias por tu trabajo.
—No hay problema en absoluto.
Lee Jinsoo negó con la cabeza. Woojin sacó su billetera del bolsillo trasero, sacó todo el dinero en efectivo sin contarlo y se lo entregó. A Lee Jinsoo le encantaba ese hábito tan descuidado de su parte.
—Gracias, como siempre, por su atención.
Lee Jinsoo hizo una reverencia, intentando tomar el dinero. La boca se le torció de alegría antes siquiera de agarrarlo, emocionado por los ingresos extra.
Antes de que Lee Jinsoo pudiera arrebatarlo, la mano de Woojin se congeló en el aire. Lee Jinsoo lo miró.
—Hace bastante frío esta noche.
—Refresca por la noche. La primavera aún no ha llegado del todo.
—¿No crees que Haewon bebe demasiado café helado?
Lee Jinsoo suspiró. Ya lo habían regañado por eso antes.
—Bueno... le digo que no lo beba si es posible. Pero, como sabe, Haewon no me hace caso, ni a mí ni a nadie en absoluto.
—Gestionar agendas no es lo único que hace un mánager. Las bebidas frías bajan la temperatura corporal rápidamente y debilitan las inmunidades. Especialmente con este clima, es perfecto para pescar algo. La condición física y mental de un artista también es responsabilidad tuya.
—Lo detendré, aunque tenga que tirarme encima de él.
—Por favor, hazlo.
Al darse cuenta de que Woojin quería un compromiso firme, Lee Jinsoo se comprometió diligentemente.
Woojin por fin movió la mano, poniendo el dinero en la de Lee Jinsoo. Este ensanchó una gran sonrisa, pero su expresión se congeló al ver lo que parecía sangre seca en la mano de Woojin. Era inconfundiblemente sangre.
—¿Pasa algo?
—¿Eh? No, nada. Eh, secretario. ¿Qué debemos hacer con los regalos que envían a la oficina? ¿Los tiramos como la última vez?
Lee Jinsoo titubeó mientras abría la cajuela del auto. Estaba llena de bolsas de compras y paquetes de regalo.
A medida que Haewon ganaba atención mediática, los fans enviaban obsequios y cartas a la agencia. La mayoría eran desechados por Woojin antes de llegar a Haewon.
Antes no le importaba, estaba demasiado ocupado como para prestarle atención. Pero tras encontrar algo perturbador y seco dentro de un obsequio, él y Lee Jinsoo acordaron no entregárselos directamente a Haewon.
Era natural que los insectos revolotearan alrededor de un rostro perfecto para los chismes, y el mundo estaba lleno de demasiados lunáticos.
Woojin abrió de un tirón un paquete azul claro. Este fan, que enviaba regalos con frecuencia, estaba muy bien versado en música clásica. La carta utilizaba un lenguaje sofisticado, repasando la reciente actuación de Haewon con agudas perspectivas, elogiando su musicalidad y técnica, y sugiriendo piezas para que tocara; una carta de fan perfecta.
Sujetándola con pinzas como si fuera basura, Woojin le dio la vuelta al papel. A diferencia del contenido de la carta, ideal para el admirador de un violinista, la parte posterior tenía múltiples fotos de Haewon sacadas de una revista de música.
Aquel pervertido no era un fan de la música de Haewon, sino que estaba obsesionado con otra cosa. Las fotos no eran de Haewon por completo, sino de partes específicas: su cuello, sus dedos sobre el diapasón, sus ojos abatidos, los lóbulos de sus orejas; partes que a Woojin le gustaban especialmente y que solía besar.
Los regalos, pensados para que Haewon los usara, eran artículos que tocaban el cuerpo: un termo personalizado, un pañuelo de lujo con las iniciales de Haewon y ropa interior para las zonas íntimas.
Woojin abrió la tapa del termo y miró dentro. Su entrecejo se frunció ligeramente. Incapaz de ocultar su asco, empujó con brusquedad la ropa interior y la carta de vuelta a la caja.
—Qué maldito enfermo.
—¿...Disculpe?
—¿Quién sabe qué lunático se frotó la verga con esto? Todo lo que toca la piel es antihigiénico. Especialmente la comida: absolutamente no ¿Entendido?
—...Entendido.
Era una lástima por los artículos de lujo, pero no había otra opción. El personal solía repartir los regalos no reclamados de Haewon, pero uno de ellos enfermó tras comer algo. Desde entonces, los regalos de comida ni siquiera se abrían. Era desafortunado que los obsequios de fans bondadosos terminaran en la basura por culpa de un lunático.
—Me largo entonces.
—Cuídese.
Mientras el mánager se marchaba, Woojin se guardó la dirección del paquete para rastrearlo.
Tendido en la cama con la intención de dormir, Haewon no podía dejar de deslizarse por las fotos de Woojin en su teléfono.
A veces Woojin decía que no podía dormir, luciendo tan exhausto como si fuera a derrumbarse por el cansancio, murmurando cosas incomprensibles. Ahora, dormía profundamente, ajeno al mundo.
Dormía tan profundamente que a Haewon le daba sueño verlo. Su cabello negro estaba despeinado y su rostro mostraba una expresión tan tranquila como la luz del sol por la tarde. Sin embargo, por alguna razón, tenía un puño fuertemente cerrado.
Woojin siempre se quedaba dormido con una camiseta ligera, pero despertaba sin ella, habiéndosela quitado de alguna manera durante la noche.
Habiendo esculpido su cuerpo en la prisión al no tener nada más que hacer, no destacaba con ropa, pero revelaba un físico imponente al desnudo. Haewon quería tocar sus robustos hombros.
Haciendo zoom en el rostro dormido de Woojin y fingiendo tocarle la nariz, Haewon escuchó el sonido del seguro de la puerta y apagó rápidamente el teléfono, fingiendo estar dormido.
Haewon estaba en plena guerra fría con él.
Enojado porque Woojin no lo dejaba ir de gira de conciertos, Haewon no le dirigía la palabra. Un momento antes, lo había oído preguntándole al mánager qué estaba haciendo.
Haewon fingió el movimiento de tocar el violín con un arco imaginario, esforzándose por oír a Lee Jinsoo, pero fue en vano.
Planeaba mantenerse en silencio hasta que Woojin aceptara el viaje a Europa. Su padre había dicho que se encargaría de los chismes. Si Haewon mantenía un perfil bajo, todo pasaría.
Acostado dándole la espalda a Woojin, Haewon aguardaba sus pasos.
Al entrar al oficentel, Woojin guardó silencio, tal vez observándolo dormir. Tras un largo silencio, se movió con suavidad.
Se cambió, se duchó y secó su cabello mojado con una toalla. Una suave luz de la mesa del comedor parpadeó mientras hacía algo.
Haewon, que seguía fingiendo dormir, escuchaba sin moverse.
De repente, su pecho dolió.
Eran casi las 2 a.m. y Woojin seguía ocupado sin dormir. Apenas dormía de por sí. Pensar en el viejo Woojin, sufriendo por la falta de sueño, hizo que el pecho de Haewon se apretara con un dolor vago, a pesar de que eso no estuviera pasando ahora mismo.
Quería llamar al ocupado Woojin para que descansara, pero se quedó quieto. La afirmación de Woojin de que dejaría su trabajo por Haewon no era conmovedora ni impresionante. Esta vez, Haewon le haría comprender cuánto le repugnaba esa actitud.
Evitaría que Woojin lo tocara. Si se subía a la cama, Haewon lo echaría a patadas.
Una parte de él sentía dolor por el exhausto Woojin, mientras que otra calculaba cuándo darle la patada.
Al cabo de un rato, todas las luces, excepto el suave resplandor de la mesa del comedor, se apagaron. La habitación quedó a oscuras, débilmente iluminada por las luces de la ciudad a través de la ventana.
El fresco aroma del gel de baño flotó en el aire. Woojin levantó las sábanas y se recostó junto a Haewon. Haewon puso rígida su espalda de manera desafiante.
No me toques. Tócame y te mato. Apretó los brazos cruzados con fuerza.
Sintió la mirada de Woojin, cosquilleando en esa zona.
Si Haewon no estaba allí, Woojin no podía dormir, así que le permitiría recostarse a su lado. De lo contrario, Woojin le tomaría la mano bajo la cama, en un cálculo patético para despertar la compasión de Haewon.
Creyendo que Haewon estaba dormido, la respiración de Woojin se quebró cerca de su cuello. Unos labios húmedos rozaron su nuca. El sonido de la respiración de Woojin, frotándose a lo largo de su cuello, llenó los oídos de Haewon. No se movió. Si Woojin iba más lejos, de verdad lo patearía.
Lamiéndole la nuca, mordisqueando el lóbulo de su oreja, Woojin succionó con suavidad. El encanto de la luz de la luna seguía deshilachando la resolución de Haewon. Una mezcla de disgusto y escalofríos extraños se apoderó de él.
Un brazo pesado, agobiante al caer encima, se enrolló alrededor de su cintura. Haewon entrecerró los ojos mientras la mano de Woojin desabrochaba sus pijamas uno por uno.
—Saca las manos de ahí.
—Quiero dormir.
—¿Tienes sexo porque quieres dormir?
Preguntó Haewon con una voz cortante y filosa, como si ni siquiera recordara las veces que lo había tocado mientras prometía ayudarlo a dormir. Había sido Haewon quien había arruinado los hábitos de Woojin de esa manera.
Woojin no podía dormir sin Haewon a su lado, y ni siquiera cuando estaba allí lograba caer en un sueño profundo sin tocarlo o abrazarlo. Quedarse dormido mientras respiraba el aroma de la piel de Haewon era su mayor placer.
—Las hormonas bioquímicas liberadas durante la eyaculación están relacionadas con el sueño.
—¿Qué?
Haewon, sin siquiera girarse, frunció el ceño ante el tono repentino de conferencia de Woojin.
—Cuando alcanzas el orgasmo, la actividad cerebral se desacelera y se liberan oxitocina, serotonina y prolactina. Estas hormonas inducen inmediatamente fatiga y somnolencia.
—¿Qué?
—No son solo hormonas. Desde una perspectiva evolutiva, existe la teoría de que el sueño es la forma más eficaz de recuperar la energía gastada tras el coito. Una recuperación rápida permite una mayor actividad sexual, lo que en última instancia conduce a la preservación de la especie. Por eso el cuerpo humano ha evolucionado para sentir una intensa somnolencia después del sexo.
—¿Crees que quiero escuchar tu conferencia de teoría evolutiva en este momento?
—Preguntaste si tengo sexo para dormir. Digo que no se trata solo de querer dormir, hay una razón válida para ello.
—¿Y qué, estás diciendo que necesitas hormonas para dormir?
Woojin se dio cuenta de que había cometido un error al notar la tensa atmósfera que emanaba de Haewon.
El sexo con Haewon no podía explicarse únicamente mediante hormonas o la teoría de la evolución. Ocurría con demasiada frecuencia y duraba demasiado tiempo. Había algo más allá de las necesidades fisiológicas.
Woojin empezó a dar una explicación, pero se detuvo. Se sentía como una bestia. Sinceramente, quería marcar a Haewon con sus secreciones, con sus fluidos corporales, e incluso hacer que los retuviera dentro: el deseo más intenso que superaba a las hormonas y a la evolución. No era diferente de un perro levantando la pata para marcar su territorio con orina.
Woojin quería marcar a Haewon como su territorio. Anhelaba la sensación de poseer por completo la mente y el cuerpo de Haewon, sin dejar un solo espacio, a través de las relaciones sexuales. Por eso deseaba el sexo.
Se prometió a sí mismo que no dejaría escapar al pervertido que le había enviado a Haewon esos sospechosos regalos de ropa interior.
—Eso no es todo.
—...
—Porque te amo. Te amo.
—No cambies de tema. No voy a caer en eso.
—Haewon. Estoy cansado.
—Yo también estoy cansado.
—¿No puedes ayudarme a dormir?
—...
Woojin envolvió sus brazos alrededor del frío Haewon desde atrás, enterrando profundamente su rostro en el espacio entre su hombro y su cuello.
Como si demostrara sus palabras, presionó la parte baja de su cuerpo contra él. El abultamiento duro y completamente erecto se frotaba con fuerza contra la delgada ropa de Haewon. Haewon se encogió como si una mano fría le hubiera rozado la espalda, y Woojin se presionó aún más, frotándose contra él.
—Escuché tu actuación en bucle durante el día en la oficina ¿Sabes lo difícil que fue contenerme? Dame un respiro.
—He visto a mucha gente que no escucha mis actuaciones con los oídos, sino que las mastica con otra cosa, pero un fenómeno... no, un pervertido como tú es el primero.
—Dijiste que me dejarías hacer lo que quisiera. Dijiste que te gusta que sea yo mismo.
—Ese es el problema.
¿Por qué algo bueno iba a ser un problema? Las palabras de Haewon eran difíciles de entender para Woojin.
—¿Por qué es un problema? Si te gusto, simplemente te gusto.
—El problema es que no odio a este pervertido asqueroso. Eres un pervertido y un enfermo... y eso hace que me tiemble todo el cuerpo.
—¿Me estás insultando o me estás confesando algo? Dilo para que pueda entender.
—Me gustas... Cuando actúas así, me haces temblar.
—Yo también tiemblo cuando te toco, cuando te miro. A veces me duele aquí ¿Eso es normal, verdad? ¿Todo el mundo siente eso cuando le gusta alguien?
Haewon creyó que se refería a su pecho cuando dijo que le dolía. Pero el lugar que Woojin aseguraba que le dolía era su zona baja y tensa, su miembro erecto. Haewon solo asintió.
Sí, eso también podía doler. Cuando te gusta alguien demasiado, cuando tiemblas por lo mucho que te gusta, es perfectamente normal que esa parte duela.
Todo el esfuerzo para evitar que Woojin lo tocara había sido en vano. Haewon no pudo resistir las tácticas de Woojin. Parecía que era él a quien le gustaba más el otro.
Woojin abrazó girando a Haewon como si lo estuviera conteniendo, bajando ligeramente los pantalones de su pijama. El calor se irradiaba de sus cuerpos al rozarse, calentando las sábanas.
Deslizándose sobre la piel pegajosa, Woojin bajó sus propios pantalones hasta las caderas y deslizó su carne dura entre los glúteos de Haewon.
—...Haa, no lo metas. Limpiar después es un fastidio.
Ante la petición de Haewon, Woojin exhaló un suspiro reacio y asintió levemente. Empujó su miembro húmedo profundamente entre los muslos de Haewon, balanceándose. Los muslos internos se sentían tensos. Sus cuerpos inferiores, presionados fuertemente, se retorcían juntos. La carne rozándose parecía a punto de estallar.
Mientras Woojin embestía con más fuerza sus caderas, el cuerpo inferior de Haewon también comenzó a calentarse. Haewon echó los brazos hacia atrás, agarrando el cabello de Woojin. Los labios de Woojin rozaron la mejilla de Haewon, su mandíbula, cualquier lugar que pudiera alcanzar.
En medio de una emoción mareante y acalorada, Haewon se giró para encontrarse con la mirada de Woojin. Woojin se inclinó, uniendo sus labios. Se chupaban el uno al otro frenéticamente, rozando sus bocas. Haewon agarró con más fuerza la nuca de Woojin.
—Haa, ahh, ah... Déjame ir. La gira de conciertos... haa, déjame ir.
—...
—¿Hm?
Haewon sabía exactamente cuándo sacar el tema. Cuando el caparazón de Woojin se ablandaba, incapaz de ocultar sus instintos, exponiendo su núcleo vulnerable —desprotegido, incapaz de rechazar o defenderse de cualquier filo—, Haewon aprovechaba el momento para golpear.
—Quiero ir. Ahh... Quiero... ah. Te amo, Woojin hyung. Más, hazlo más. ¿Hm? Déjame ir.
Los retorcimientos de Haewon se volvieron más feroces, derramando las palabras que a Woojin le encantaba escuchar. El cabello firmemente sujeto tiró de su cuero cabelludo, causándole dolor.
Woojin miró a Haewon. Sus ojos titubearon. Sus labios sonrojados se abrieron. El dulce aliento de Haewon se montó sobre el de Woojin, filtrándose dulcemente en sus huesos palpitantes.
—¿Estás escuchando?
—Estoy escuchando.
—Déjame ir. Haa, quiero ir. ¿Hm?
—¿A dónde quieres ir? ¿Quieres ir? ¿Dejarte ir?
Mientras la polla entre sus muslos se movía de manera urgente y desordenada, la de Haewon se frotaba al mismo ritmo. La estimulación se intensificó, y Haewon asintió con la cabeza en un estado brumoso.
—Allí no, a Europa... ¿hm? Déjame ir.
—Haa, no digas eso. Ni lo sueñes. No voy a dejarte ir a ninguna parte.
—Bastardo. ¿Acaso necesito tu permiso para ir? ¡Voy a ir! ¡Voy a ir, ah...!
Woojin embistió sus caderas con más velocidad. Su respiración era agitada, como si fuera a desfallecer. La cama estaba caliente. A pesar de los pequeños movimientos, sus cuerpos acalorados se frotaban intensamente, sudando. Los antebrazos de Woojin, que lo sujetaban, se sentían resbaladizos contra su piel.
—No puedes irte. No puedes ir a ninguna parte. A ninguna... sin mi permiso, nunca.
—Bastardo... ah, bastardo... Hyun Woojin, maldito bastardo.
—Yo me encargaré. No te preocupes. Me encargaré de todo.
—¡No...! Ah, no, solo por un tiempo, déjame irme un momento... ahh.
Haewon negó con la cabeza, exhalando su aliento caliente. No estaba claro si estaba rechazando el abrumador placer o la palabra «me encargaré».
—Los mataré a todos. ¿Hm? Voy a... todo lo que se interponga en el camino, ugh.
—No. No... no hagas eso. No.
—Los mataré. Quiero matarlos. Déjame matarlos.
—No, ahh, no.
Su frenética negación con la cabeza rechazaba las palabras de Woojin, sus acciones, todo aquel movimiento. Woojin lamió la mejilla de Haewon y le mordió el cuello. Abrazó con fuerza su cuerpo calentado, como si quisiera hacerlo estallar. Los tendones de sus muñecas resaltaban marcadamente.
Encerrando a Haewon en sus brazos, embistió sus caderas con fervor. El cuerpo de Haewon se sacudió. La sensación sexual llegó al clímax. La mandíbula de Haewon se inclinó hacia atrás, arqueando su cintura mientras Woojin presionaba dentro.
—¡Ahh, ¡ah! Hyung, Woojin hyung, ah, por favor, ahh...! ¡No, no hagas eso!
—Haa, Haewon. Tú... ugh, dices demasiados «no».
—¡No, ah...!
Sus cuerpos entrelazados se pusieron rígidos simultáneamente. Mientras Haewon eyaculaba, sus dedos se aferraron al cabello de Woojin, mordiéndole el cuello como un vampiro y temblando violentamente.
—Haa, haa, haa...
Mientras el placer recorría su cuerpo, los jadeos estallaron.
Woojin, calmando su respiración agitada, besó a Haewon sobre la piel empapada de sudor.
Los ojos nublados de Haewon lo miraron hacia arriba. Aflojó su agarre firme. El cabello de Woojin sobresalía desordenadamente.
Woojin estiró el brazo para alcanzar los pañuelos en la mesa de noche, llevándolos a la cama caliente. Limpió bruscamente el fluido derramado y subió la ropa interior y los pantalones de Haewon.
Mientras arrojaba el pañuelo arrugado a la basura, Haewon se giró temblorosamente para mirar a Woojin, recostándose.
Woojin pasó los dedos por el cabello enredado y empapado de sudor de Haewon, dejando que la tenue luz de la luna revelara su rostro con claridad.
En lugar de la mirada lánguida posterior al orgasmo, una aguda inteligencia brillaba en los ojos de Haewon.
—No.
Dijo Haewon con firmeza.
—Tienes demasiados «no».
Respondió Woojin, como si se rindiera. Era la resignación de que no podía rechazar las peticiones de Haewon.
—Prometiste que no harías nada malo. Dijiste que no lastimarías a nadie.
—...
—Si haces eso, te odiaré. Nunca volveré a verte.
—¿Nunca volverás a verme?
—Nunca.
—Di solo lo que puedas cumplir.
Su tono, que recordaba a un violín Guarneri, era escalofriantemente duro y frío. Las manos de Haewon ahuecaron suavemente las mejillas tensas de Woojin. El ceño rígido de Woojin miraba fijamente a Haewon de manera penetrante.
—Así que promete que no harás nada.
—...
—Promételo.
—Está bien. Pero tampoco hables de mantenernos separados o de irte a esa insincera gira de conciertos.
—...Tengo miedo de no poder perdonarme a mí mismo si te causo problemas.
Haewon hablaba con sinceridad. Sus ojos se fijaron en el hombro desnudo de Woojin, marcado con una fea cicatriz dejada por una piedra destinada a matarlo. Sus delicados dedos trazaron la tenue cicatriz. Oscuras sombras cayeron bajo sus pestañas bajadas.
—Quiero... que te vaya bien.
—A mí me va bien.
—Así que no hagas nada malo.
Haewon esbozó una sonrisa cansada ante las palabras de Woojin.
El orgasmo relaja el cuerpo y la mente. Las hormonas liberadas durante el sexo inducen el sueño, provocando una intensa somnolencia después.
Los ojos de Haewon parpadearon.
Desde una perspectiva evolutiva, la eyaculación consume una energía significativa. Incluyendo los preliminares, la quema de calorías es similar a caminar a 5 km/h, pero el pico emocional se asemeja a una sobrecarga de estrés, causando un fuerte agotamiento después de la eyaculación. El sueño es la forma más eficiente de recuperarse. Es por eso que una fatiga intensa y somnolencia golpean después del sexo. Es el cuerpo humano y la ley de la naturaleza.
Woojin observó a Haewon, rendido ante el sueño, con ojos claros y firmes durante un largo rato.
∞ ∞ ∞
No podía seguir pidiendo baja por enfermedad solo porque le dolía. Su padre, que prometió encargarse de los chismes, ahora le decía irresponsablemente que lo resolviera él mismo, diciendo que jamás lo aprobaría: tonterías inútiles. El mánager Kang ni siquiera respondía a las llamadas de Haewon. Tenía que solucionarlo antes de que Woojin intentara «arreglar» las cosas a su manera.
Esa noche, la voz de Woojin —rogando por matar, queriendo matar, suplicando que lo dejaran matar, exigiendo ejecutar a todos— seguía resonando en los oídos de Haewon, volviéndolo loco de ansiedad.
Haewon se despertó más temprano de lo habitual, interceptando a Woojin antes de que saliera a trabajar. Se prometieron con el meñique que no haría nada. Woojin prometió, con los dedos entrelazados, que no haría absolutamente nada de ahí en adelante. La condición de «de ahí en adelante» se sentía inquietante, pero la promesa calmó un poco la mente de Haewon.
Ignorando los chismes, al igual que Woojin mantenía su rutina, Haewon tenía que hacer lo mismo.
Primero, rompería sus ahorros para pagar en secreto al mánager Kang para alimentar a los reporteros. No, espera. Romper los ahorros antes del vencimiento desperdiciaría todos los beneficios y esfuerzos, así que los conservaría. Tal vez pediría un préstamo poniendo su oficina- departamento como garantía. No, no, los préstamos no debían tomarse a la ligera.
¿Qué tal si volvía a grabar aquel comercial de antes? Obtener el anticipo y el saldo por adelantado traería un dinero decente. Lo usaría para pagar a los reporteros y, con lo que sobrara, reemplazaría el sofá. También le compraría un escritorio a Woojin. Su espalda, encorvada trabajando sobre la mesa del comedor, se veía demasiado lastimosa.
Haciendo planes con prisa, Haewon se preparó para salir. Tomando su violín y abriendo la puerta, Lee Jinsoo, que esperaba afuera, le entregó un café.
—Toca el timbre si ya estás aquí. Te dije que esperaras adentro. Estás actuando deliberadamente lastimoso para ganar compasión ¿verdad?
—Si parezco lastimoso, es un alivio. No puedo entrar ni aunque quiera. El secretario Woojin ha recalcado repetidamente desde siempre que no debo entrar a la casa ¿Crees que disfruto estar aquí afuera parado como un perro guardián?
Lee Jinsoo respondió a la ligera, sin alterarse, antes de darse cuenta de que Woojin realmente lo trataba como a un perro guardián y dejar escapar un «ah». Dolía un poco, pero la generosa compensación de Woojin le hacía olvidarlo.
—Que digas eso hace que me sienta peor.
Se quejó Haewon, diciendo que se sentía culpable por hacerlo sufrir.
Una persona común se sentiría apenada y agradecida por los problemas ocasionados. Moon Haewon definitivamente no era un tipo común.
Con razón salía con un hombre que volvía con las manos manchadas de sangre, haciendo quién sabe qué cosas.
Por muy guapo o rico que fuera, Lee Jinsoo pasaría de alguien así.
—De verdad lamento haberte hecho sentir incómodo, Haewon. Pero me compensan con dinero, así que no te preocupes.
—Le diré que te dé más.
—Te lo agradecería.
Aceptando sin vacilar, el mánager presionó el botón de bajada del ascensor para Haewon.
—¿Puedes echar un vistazo? ¿Es bueno este ángulo para la toma?
—No envíes nada de forma extraña.
—Gracias a ti, mis habilidades fotográficas están mejorando.
Lee Jinsoo le tomó una foto a Haewon con la cámara de su teléfono.
Habría funcionado mejor como celebridad que como violinista.
Habría sido mucho más popular y famoso que ahora.
Haewon era un sujeto digno de ser fotografiado.
Al trabajar en una agencia de gestión, Lee Jinsoo veía a actores y modelos a menudo, por lo que sus estándares de belleza eran altos. Haewon siempre despertaba una nueva admiración con su llamativo aspecto. Woojin, que trabajaba en el gobierno, también era guapo, pero las facciones delicadas y finamente esculpidas de Haewon eran más cautivadoras. Hyun Woojin era casi demasiado inexpresivo.
Lee Jinsoo le envió la foto de Haewon a Woojin mientras abordaban el ascensor recién llegado.
—¿El secretario también envía fotos a menudo?
—¿Hyung? ¿Por qué haría eso?
—¿Ustedes no se envían fotos ni videollamadas?
—Nunca lo hemos hecho.
—El secretario también es guapo. Probablemente se vería genial en pantalla.
—Lo es. El hyung Woojin ha estado en las noticias un par de veces ¿No los has visto?
—No veo las noticias.
Haewon sacó su teléfono, mostrando la captura de pantalla de un clip de noticias. Lee Jinsoo se inclinó para mirar.
—Parece una persona diferente. Tan frío.
El verdadero tenía un poco más de humanidad.
—Es mejor en persona ¿verdad? ¿Mucho mejor?
—Es más imponente en persona.
Ante el acuerdo de Lee Jinsoo, los labios de Haewon se curvaron en una sonrisa orgullosa, contemplando con afecto al Woojin en pantalla con unos ojos que decían: «Esto es mío».
En la sala de ensayos de la sinfónica, los miembros que habían llegado temprano estaban afinando sus instrumentos. En medio de la disonancia familiar, algunos bebían café y charlaban.
Cuando Haewon entró, un director —que antes era invitado pero que ahora era permanente este año— lo siguió, dándole golpecitos en el hombro a modo de saludo.
Haewon respondió con un seco «Buenos días» y se sentó, colocando su estuche de violín en el suelo y abriendo la cremallera.
—Haewon, estabas enfermo pero viniste hoy ¿Quieres un café?
Un chelista, sosteniendo un café de franquicia —probablemente comprado para el grupo—, se acercó y se sentó a su lado.
—Tomé uno en el camino.
—¿Te enteraste de la noticia?
Haewon se congeló a mitad de movimiento, alcanzando su instrumento.
Dijeron que todos los que necesitaban saber ya lo sabían ¿Todos lo sabían?
Ugh, tomarse la baja por enfermedad fue un error. Debió hacerse el tonto y actuar con normalidad. No debió haber borrado sus redes sociales. Ya habían descubierto quiénes eran D y E. Sus acciones conspicuas lo habían delatado.
—...¿Qué noticia?
Preguntó Haewon con voz encogida.
—La maestra Kim Heekyung.
—...Ah.
Eso no. Menos mal. Relajando sus hombros tensos y volviendo a su tono habitual de indiferencia, Haewon sacó su violín.
—¿Por qué lo de la maestra Kim Heekyung? Escuché que se regresa a Alemania pronto.
—Va a actuar en Corea. Escuché que está negociando un contrato con una agencia ¿No has oído nada? Tocaste con ella en el Miércoles de Arte Escénico la última vez.
Preguntó el chelista, rebosante de expectación.
—¿Como solista?
—No tengo idea de dónde, pero ofrecieron una garantía enorme.
—Ella no mencionó nada en ese entonces. Dijo que se iba directo a Alemania.
—La venta de entradas va a ser brutal, ¿verdad? Oye, tú has colaborado con ella. ¿Podrías, no sé, fingir que no sabes y conseguir algunos asientos? Mi mamá es una gran fan de Kim Heekyung. Tres entradas serían suficientes para mí.
Desde el momento en que el chelista le entregó el café y comenzó a actuar con familiaridad por la mañana, Haewon había percibido algo.
—No tengo su información de contacto.
—Ah... ¿de verdad?
Sin molestarse en ocultar su decepción, el chelista recuperó el café que le había traído a Haewon y se alejó discretamente.
Haewon colocó el violín en su regazo y sacó el arco de la orquesta, girando el tornillo. Aplicó resina al tensado pelo del arco.
Kim Heekyung había rechazado cortésmente una propuesta de programa especial de un productor, citando su agenda académica en Alemania. Haewon había estado cerca y lo había escuchado sin querer. Como pianista de renombre mundial con atractivo comercial, conseguir entradas para su actuación probablemente sería difícil.
¿Debería preguntarle al CEO de la agencia?
Pensando en esto, Haewon se detuvo mientras aplicaba la resina y miró de reojo el estuche en el suelo.
—...
Ahora que lo pensaba, lo había olvidado, pero el comentario de Woojin sobre colocar un localizador en el estuche del violín vino de repente a su mente.
Haewon dejó el violín y el arco en el asiento de al lado, se agachó frente al estuche y comenzó a rebuscar en él.
—¿Necesitas que te preste una cuerda? Tengo algunas Dominant.
Una mujer desde el asiento trasero preguntó amablemente mientras Haewon registraba el estuche.
—Estoy bien.
Haewon tenía varias cuerdas de repuesto él mismo.
¿Dónde diablos puso el localizador? ¿Cuándo lo había colocado?
Haewon no podía creerlo. Aunque era ligero, su estuche de violín estaba hecho de Kevlar —un material utilizado en vehículos blindados y chalecos antibalas militares—, protegiendo el instrumento del calor y el frío mientras también bloqueaba las señales GPS.
Entonces ¿Dónde lo había colocado? ¿No bloquea el GPS?
Lo que comenzó como una curiosa búsqueda se convirtió en obsesión cuando un pensamiento repentino lo atrapó.
Inconsciente de las extrañas miradas de quienes lo rodeaban, Haewon sacó frenéticamente todo del estuche. La hora del ensayo se acercaba y el gesto del director lo obligó a detener su búsqueda.
—¿Qué pasa? ¿Se metió un bicho ahí dentro?
Una violista, mirando a Haewon con ojos asustados, preguntó como si estuviera lista para agarrar su instrumento y huir.
—No, no es eso. Mhm.
Avergonzado, Haewon ordenó el arco, lo guardó y volvió a sentarse. Colocó el violín en su hombro, girando las clavijas para afinar las cuerdas. Siguiendo la señal del oboe, la orquesta comenzó a afinar.
—El jefe Min no es quien tiene la autoridad sobre los nombramientos del personal de la fiscalía. No deberías hablar como si tuviera el poder de designar.
—¿Crees que no sé que te pusieron ahí para acabar con Park Hyung-soo? El VIP debió tener a alguien preseleccionado ¿Me equivoco?
—¿Estoy sentado aquí para pelear contigo, por el fiscal general?
Los puestos de Fiscal Jefe de la Oficina de Altos Fiscales y Fiscal Adjunto en la Fiscalía Suprema habían estado vacíos durante un mes. El fiscal general, al visitar la residencia del jefe de gabinete para resolver el asunto, reveló marcadamente su malestar. Aunque estaba dirigiendo su enojo hacia Woojin, el jefe Kwon sabía que estaba destinado a que alguien más lo escuchara.
—Dijiste que Yoo Sang-ho tampoco servirá. Esto es un abuso de poder ¿Por qué no me entregas simplemente una lista?
El general, que conocía a Woojin como un subordinado, habló deliberadamente de manera informal.
—Comparado con la administración anterior, todavía estamos garantizando la neutralidad de la fiscalía. El objetivo de la Casa Azul es normalizar la organización del personal de la fiscalía. Digo esto por lealtad para evitar que nuestros colegas pasen vergüenza, así que por favor tómalo en serio.
Woojin le habló en un tono frío. El fiscal general bajó la mirada hacia la mano de Woojin. La pluma estilográfica azul entre sus dedos, apoyada sobre los documentos, lo había estado irritando. En lugar de quedarse quieto, Woojin seguía girando la pluma entre sus dedos como si estuviera haciendo un truco.
—¿Es esto una normalización organizacional? Es interferencia interna.
—Yoo Sang-ho, como fiscal jefe, ha construido descaradamente su propia facción, manteniendo a su gente en departamentos clave durante más de cinco años, ignorando los principios de rotación. Eso no es algo de una sola vez. También ha dejado a fiscales disidentes varados en oficinas regionales durante años. ¿Debería listar también su mala conducta personal? Tenemos tanta inteligencia que ni siquiera podemos organizarla. Si Yoo Sang-ho es promovido a Fiscal Jefe de la Oficina de Altos Fiscales, muchos fiscales renunciarán.
—...
—El fiscal adjunto actúa como el representante del general en emergencias. No presentes a alguien que simplemente seguirá tus órdenes; danos una lista de personas que puedan hacer el trabajo correctamente.
La pluma estilográfica, girando como un truco, golpeó el documento con fuerza. Era una declaración arrogante, como si estuviera dando una conferencia. El fiscal general, estuvo a punto de replicar, pero suspiró cansado bajo la mirada firme de Woojin.
Era un dolor de cabeza que Woojin supiera tanto sobre asuntos internos, pero el fiscal general no podía sacudirse la sensación de que Woojin tenía información sucia sobre él, como un ladrón con la conciencia culpable.
No alzó más la voz. No quería provocar a Woojin. Hyun Woojin era un hombre impredecible.
Si hubiera sido el ministro o el jefe Kwon poniendo obstáculos, habría presionado más, pero con Woojin en ese asiento, el fiscal general estaba atrapado, obligado a seguir su línea. No había margen de maniobra.
—Incluyendo este asunto ¿Qué tal si lo manejamos todo de una vez durante la reestructuración regular del personal? Si tú y el ministro pueden ser flexibles, cooperaremos tanto como sea posible.
El jefe Kwon, intentando suavizar la atmósfera helada, concluyó la reunión diplomáticamente.
Al salir de la residencia del jefe de gabinete, Woojin regresó al Salón Yeomin.
Sobre el escritorio de Woojin en la Oficina de la Secretaría Anticorrupción, había más de diez expedientes —cada uno de más de doscientas páginas, incluyendo anexos— se acumulaban: cuestionarios preliminares para candidatos a altos funcionarios públicos e informes del líder del equipo de inspección especial. No estaban allí antes de la reunión. Mientras hojeaba la repentina pila de documentos de verificación, un oficial administrativo, leyendo su expresión, habló sin que se lo pidieran.
—Estos vinieron de la Oficina del Jefe de Personal. Dijeron que podría asegurar decenas de miles de votos más en las elecciones generales; probablemente recomendado por el líder del partido gobernante. El secretario Kim fue verificado, tuvo problemas, fue auditado y fue devuelto a su departamento original.
—...
Eso significaba que no cualquiera podía tocar esto.
El equipo de inspección especial de la Oficina del Secretario Anticorrupción monitoreaba a los altos funcionarios. En comparación con la Oficina del Secretario de Asuntos Civiles, que supervisaba a los familiares del presidente y al personal de la Casa Azul, o la Oficina del Secretario de Disciplina Pública, esta ejercía la mayor influencia. Entregarle esto a Woojin significaba que incluían personal espinoso. El jefe Kwon debió haber dado instrucciones de pasar los casos difíciles a Woojin.
—Para los detalles, el jefe dijo que enviaría instrucciones a través de Telegram, pidiendo organizar los datos sin procesar antes de recopilar inteligencia.
—Dile al líder del equipo de inspección y al scretario que vengan mañana a la Casa Azul.
—Entendido. Oh, por cierto, el personal de la oficina del jefe compartió bocadillos ¿Comiste alguno?
—No. Estoy bien.
—Compraron caros para las invitaciones de boda ¿Quieres que te guarde un pedazo?
—No. No como eso.
Revisando un mensaje de Lee Jinsoo, Woojin respondió con indiferencia, desinteresado.
—Entonces saldremos un momento.
Unos cuantos miembros del personal, calculando el estado de ánimo de Woojin, se fueron. Su conversación susurrada llegó a los oídos de Woojin.
Al escuchar la palabra «chismes», Woojin levantó la vista de su teléfono, observando sus figuras que se retiraban.
Woojin también salió, entrando a una sala de reuniones donde se habían dispuesto los refrigerios. Pasteles artesanales, macarrones y café —cuidadosamente preparados para compartir invitaciones de boda— estaban sobre la mesa.
El personal de la Oficina del Jefe de Asuntos Civiles charlaba ociosamente, disfrutando de un raro descanso por la tarde. Los funcionarios de carrera de los exámenes administrativos y aquellos como Woojin, que se convirtieron en funcionarios por casualidad, se dividieron naturalmente en grupos.
—Secretario Hyun, aquí está mi invitación.
—Felicitaciones por tu boda.
Un secretario le entregó a Woojin una invitación adornada con una cinta blanca.
—Preparamos algunos bocadillos, así que disfrútenlos.
—Gracias.
Woojin tomó un pequeño plato con un trozo de pastel y un tenedor, acercándose a los funcionarios que no eran de carrera.
—¿Dónde está Minsoo?
Cuando el jefe Kwon no estaba cerca, el personal llamaba al secretario de Asuntos Civiles «Minsoo», al secretario de Disciplina Pública «Gong-bi», al secretario Anticorrupción «Ban-bi», y a los secretarios Legal y de Asuntos Civiles «Beop-bi» y «Min-bi».
Woojin, que rara vez hablaba con ellos, inició una conversación, lo que sorprendió al personal, que ansiosamente compartió el paradero de Minsoo sin que se lo pidieran.
Uniéndose a ellos de manera natural, Woojin sacó casualmente el tema de los chismes.
—Escuché a Minsoo mencionar algunos chismes ¿Han oído algo?
—¿Qué, en serio? ¿Minsoo también lo sabe? Pensé que solo nosotros. Secretario, ¿sabe algo?
—Escuché que es un funcionario de carrera que trabaja localmente, no en la sede central.
—Dijeron que es la Casa Azul ¿no?
Los funcionarios de carrera civiles eran llamados «neul-gong», y mientras Woojin fingía recordarlo, los administradores plantearon preguntas, charlando emocionados. Woojin escuchó sin parpadear.
—¿Cuál es su rango?
—Hay una nueva versión de esos chismes ¿No los han visto todos?
Woojin dijo sutilmente.
—Vaya, envíamelo.
Woojin sacó su teléfono y reenvió el mensaje que había recibido ayer por la mañana.
<¿Romance entre personas del mismo sexo de un violinista estrella? Resulta que es «fabricado»: un desastre impulsado por informes demasiado entusiastas>
El reciente revuelo sobre el «escándalo del mismo sexo» del violinista estrella E ha sido revelado como una fabricación maliciosa, causando revuelo. Se dice que la supuesta pareja, un alto funcionario de la Casa Azul D, es un amigo cercano de E desde la infancia. D expresó su consternación ante el «rumor indignante» y protestó enérgicamente ante el medio de comunicación. La fuente del rumor fabricado, un reportero acreditado en la Casa Azul, supuestamente guardaba rencor después de repetidos rechazos de solicitudes de entrevista por parte de D. Este reportero ya era conocido por prácticas turbias, como aceptar sobornos bajo el pretexto de informar, y había recibido advertencias de la industria.
Mientras tanto, el violinista E, conocido por su aspecto apuesto y andrógino, tiene admiradores tanto entre mujeres como entre hombres. Recientemente, ha estado angustiado por un acosador malicioso que envía «regalos peligrosos» como bebidas mezcladas con afrodisíacos o pañuelos manchados con fluidos corporales.>
—Vaya, la Casa Azul otra vez. Eso significa la sede central.
—Podría no ser la Casa Azul. Los chismes no son 100% precisos.
—Si Gong-bi ve esto, será un caos. Qué locura, intentaron drogarlo con afrodisíacos. Oh, por Dios, qué enfermo. ¿El reportero esparció mentiras sabiendo eso?
Un administrador, sin saber que Woojin estaba a su lado, le dio una palmada en el antebrazo mientras miraba la pantalla del teléfono de otro miembro del personal.
—Incluso si no es verdad, rumores como este pueden limitar los ascensos. Es solo un amigo, pero alguien esparció mentiras para arruinarlo. D debe estar jodidamente enojado.
—Realmente furioso.
Woojin estuvo de acuerdo.
—¿Verdad? Tú también lo crees, secretario. Los reporteros como ese deberían perder sus pases de prensa. Tratan a los funcionarios públicos como su boleto de comida. Cada problema, nos culpan a nosotros.
—Envíamelo a mí también.
Los administradores pasaron el mensaje. Los chismes se extendieron rápidamente.
Woojin, comiendo pastel, se acercó al miembro del personal comprometido. Estaba charlando silenciosamente con alguien, pero se dio la vuelta ante la presencia de Woojin, saludándolo de nuevo.
—¿A dónde van de luna de miel?
Preguntando por cortesía a pesar de no tener un interés real, Woojin observaba cómo se creaban y difundían los rumores.
—Cancún, México.
Su voz estaba llena de emoción.
—Toma más de un día llegar allí. ¿No te cansarás de estar sentada en un avión?
—Mi prometido no quería lidiar con escalas, pero creo que será divertido y no aburrido con ambos.
—¿Prometido...?
—Mi futuro esposo.
—Oh.
Si acortaban «Minsoo», era natural abreviar incluso términos cortos.
Un itinerario de vuelo agotador de más de veinte horas no se sentiría como una prueba de resistencia con alguien a quien amas. La emoción de la futura novia le recordó a Woojin, a Haewon, quien había estado extasiado durante un corto viaje a Bangkok, incapaz de contener su alegría.
A pesar del caos en su mente por los problemas en curso, la felicidad de Haewon —su pureza desprotegida— era tan entrañable que calentaba incluso las emociones entumecidas de Woojin.
La confianza de Haewon al revelarlo todo sin ocultar nada había hecho que la traición doliera más. Solo después de pagar un alto precio por esa traición, Woojin pudo ver ese lado de Haewon nuevamente.
—¿Cuánto tiempo llevan saliendo?
Sorprendida por la inesperada pregunta de Woojin, la empleada dudó.
—En realidad, solo tres meses.
Respondió ella, un poco avergonzada.
—Trabajo rápido.
Woojin y Haewon se conocían desde hacía unos tres años. El primer año lo pasó engañando a Haewon. El siguiente, estuvieron separados. Justo cuando había entendido la ruptura, no había terminado. Volvieron a empezar, sumando tres años. Comparado con tres meses, era mucho tiempo, pero para Woojin se sentía terriblemente corto.
No terminaba de comprenderlo. Se preguntaba cómo alguien podía estar seguro después de tres meses de que quería pasar toda una vida juntos.
—¿Es bonito casarse?
A pesar de la respuesta obvia, ella no pudo responder de inmediato. Al anunciar oficialmente su matrimonio compartiendo invitaciones, había esperado pura alegría, pero encontró que sus sentimientos eran complejos.
—No lo sé. Es bonito pero también da miedo. Hay una sensación de alivio, como resolver la tarea de la vida. Conocí a mi alma gemela, más o menos. Sí, es bonito.
A pesar de sus preocupaciones, al final dijo que era feliz.
—¿Cuánto tienes que querer a alguien para querer casarte con él? Objetivamente.
—¿Pregunta por alguien con quien está saliendo?
Woojin llevaba un anillo en su dedo anular izquierdo y a menudo se le veía saliendo para tomar llamadas largas, por lo que la mayor parte del personal sabía que estaba viendo a alguien.
—Cuando decides casarte, ¿no es porque te gusta? ¿Cuánto tienes que quererlo? Si uno es lo más bajo y doce lo más alto ¿Cuánto se necesita para querer casarse?
—Mmm...
No era una pregunta con una respuesta fácil. No entendía por qué Woojin, con quien nunca había tenido una conversación real, de repente estaba haciendo preguntas tan filosóficas y difíciles.
Ella pensó por un momento. No era lo suficientemente joven como para soltar «diez», y el matrimonio era la realidad.
—Tal vez... seis.
—¿Qué?
—Seis.
Después de pensarlo cuidadosamente, asintió, confirmando que seis se sentía bien.
—...Dijiste alma gemela. ¿Solo seis? ¿Eso es todo lo que se necesita para querer casarse?
Woojin, incapaz de comprenderlo, volvió a preguntar. Su mirada intensa, como si cuestionara su sinceridad, exigía una respuesta.
—Seis está bien. ¿Siete? No, siete, siete.
—¿No doce?
—Parece sorprendentemente ingenuo para ser secretario ¿Quién se casa solo por amor? Consideras todo: condiciones, entorno, valores. De eso se trata el matrimonio.
—...
Tenía razón. Woojin sabía eso mejor que nadie. Por eso había estado comprometido con Ha-young. Cuando ella, al percibir su verdadera naturaleza, canceló el compromiso, él no lo aceptó. Descartó su afirmación de que no podían casarse por absurda. El matrimonio con ella era solo un paso en su plan.
Como la empleada que lo llamó ingenuo por cuantificar el amor, las emociones —el amor— no eran un factor. Ha-young lo sabía y quería salir de ahí.
Sin embargo, ahí estaba él, pensando absurdamente que se necesitaría al menos un diez, o más, para querer casarse.
Woojin amaba y quería a Haewon más que eso, pero no estaba seguro del matrimonio. Honestamente, le faltaba confianza. Esta ignorancia de las emociones podría lastimar a Haewon, o algún día, Haewon podría dejar de amar al monstruo que era.
Si Haewon no fuera músico, tal vez no sentiría este autodesprecio.
El trabajo de Haewon era expresar emociones a través del violín. Woojin, sin tener idea en ese ámbito, no podía ofrecer ayuda. Incluso si volviera a nacer, nunca entendería el mundo musical de Haewon.
No podía entenderlo, y mucho menos empatizar o inspirarlo. No era solo que se protegiera de que el profesor Park Jong-hoon expusiera sus secretos o que bloqueara su relación por posesividad.
Park podía darle a Haewon lo que Woojin no podía.
Woojin estaba aterrorizado por los intercambios musicales que nunca entendería, las conexiones emocionales que podrían compartir.
Sabía racionalmente que no podía ser el alma gemela de Haewon.
—El matrimonio es la realidad ¿No?
—Sí, lo es.
Su tono a la defensiva se encontró con el reconocimiento tibio de Woojin, como si estuviera decepcionado.
Había visto el matrimonio como un simple contrato, una formalidad, una herramienta para lograr metas más fácilmente. Pero al reflexionar, nada ataba con más seguridad.
—Tener un hijo sería lo mejor...
—¿Qué?
La empleada le dirigió una mirada extraña ante su murmullo. Woojin le preguntó por qué lo miraba fijamente.
—¿Qué dijo?
—No dije nada. De todos modos, felicitaciones. Vivan bien.
Woojin se despidió de ella, confirmó que el mensaje se había extendido y salió de la sala de reuniones.
[La voluntad del padre Moon Woo-sik se revelará pronto. Si Moon Haewon vuelve a arruinarlo, todo irá a Hae-jung.]
—...
A Haewon no le importaba si todo iba a Hae-jung, pero la ira surgió.
Mirando fijamente el mensaje de texto de su padre, el ceño de Haewon se frunció. Lee Jinsoo, discutiendo de nuevo con el conductor de su padre, se mantenía firme, diciendo que entregaría a Haewon solo con el permiso de Woojin.
Al principio, Haewon trató de entenderlo como seguridad debido a un fan que se había colado en el edificio, un lugar exclusivo para residentes, para tomar fotos. Pero era excesivo. Se sentía como si estuviera bajo amenaza de asesinato.
—Hablaré primero con el secretario.
Haewon arrebató el teléfono que Lee Jinsoo había sacado.
—¿Qué te pasa?
—¿De qué hablas?
—Ese fan que se coló en el office-hotel... no fue solo para tomar fotos ¿verdad?
—...
Lee Jinsoo no era muy ingenioso. Ante la mirada amenazante de Haewon con teléfono en mano, que le exigía la verdad o atenerse a las consecuencias, le faltó la espontaneidad para persuadirlo. Bajó la mirada al suelo.
—¿Qué está pasando? ¿Sucede algo?
—No es que esté pasando algo exactamente.
—Entonces ¿por qué estás exagerando de esta manera?
No parecía que Lee Jinsoo estuviera siendo extra diligente solo porque Woojin le pagara por debajo de la mesa, ni aparentaba actuar por miedo a Woojin.
—La vez pasada, le dijiste al personal que se comiera los regalos que recibió Haewon porque tú no ibas a hacerlo.
—¿Y qué con eso?
—La verdad es que había algo malo en ellos. Algo no muy bueno.
—¿...Veneno?
—Bueno, no exactamente veneno, pero... se usa en animales, y de todos modos, es materia mala. Eun-young se enfermó por comerlo y tuvo que ser hospitalizada. Y ese paquete que dijiste que desapareció la vez pasada... probablemente también sea obra de esa persona.
¡Mi paquete!
Haewon recordó el paquete que el repartidor dijo que había dejado en la puerta del departamento pero que había desaparecido. La empresa de mensajería le preguntó qué contenía para compensarlo, pero él le restó importancia, diciendo que no valía mucho y que lo olvidara. ¡Mi paquete!
—Es un delito, ¿y lo dejaste pasar todo este tiempo?
Preguntó Haewon, estupefacto.
Entonces, algo cruzó por su mente.
—¿Woojin hyung también sabe de esto?
—Por supuesto que lo sabe. Me dijo que no te dijera, porque no quería que te preocuparas. Probablemente lo esté investigando.
—¿Investigando? ¿Investigando qué...?
—Dijo que se aseguraría de que ya no puedan funcionar en sociedad. Enterrarlos, quiero decir, dijo que los enterraría.
Lee Jinsoo se rascó la nuca, disculpándose por no haberlo dicho antes. Haewon le devolvió el teléfono.
—Hablaré con hyung. Puedes irte, mánager.
—Me dijo que le informara de todo. Me meteré en problemas.
—Está bien. Lo llamaré de inmediato. Vete. Gracias por tu trabajo.
Incluso después de varias garantías, Lee Jinsoo dudó, pero cuando Haewon lanzó su mirada más severa, finalmente se marchó.
Haewon se sentó en la parte trasera del auto del chofer de su padre y llamó a Woojin.
—Sí, Haewon.
—¿Por qué no me dijiste? Alguien puso algo raro en los regalos.
Un pequeño suspiro se escuchó a través del teléfono.
—No era algo que fuera a matar a nadie. No te lo dije porque no era gran cosa.
—Un miembro del personal se enfermó y fue hospitalizado por eso ¿Y eso no es gran cosa? ¿Y si me lo hubiera comido?
Haewon, molesto por el tono desdeñoso de Woojin, lo presionó.
—¿Si te lo hubieras comido?
—Sí, si me lo hubiera comido.
—Si nuestro Haewon se lo hubiera comido... Mhm.
¿Estaba perdido en sus pensamientos o no estaba escuchando bien por el trabajo? La respuesta de Woojin se sintió a medias. No podía estar tan relajado ante una situación sin precedentes.
—¿Qué habría pasado si me lo hubiera comido? ¿Qué hizo ese miembro del personal para merecer esto?
—No te lo comiste. Si lo hubieras hecho y te hubieras enfermado, te habría cuidado toda la noche. No te preocupes.
—Mi paquete también fue robado por ese bastardo.
—Parecía que sí.
—¿Parecía que sí...? Robaron mi paquete, alteraron la comida, y podría haber sido secuestrado, ¿y dices «parecía que sí»? ¿Qué te pasa? ¿En qué estás tan despreocupado estos días, viejo? ¿Quieres que te sacuda un poco?
—¿Secuestrado? No digas tonterías. ¿Dónde estás?
—No te importa. Encuentra mi paquete.
—Dijiste que no era importante.
—Es importante, así que encuentra mi paquete.
—¿Dónde estás? No parece que el violín se dirija al departamento.
Haewon, que había estado exigiendo obstinadamente su paquete, miró de reojo el estuche del violín en el asiento a su lado. Quería burlarse y molestar a Woojin sobre su destino, pero el violín se lo impedía.
—Papá dice que va a revelar su testamento.
—Eso es bastante temprano. Pensé que viviría otros treinta años fácilmente ¿Cuántas llamadas esquivaste?
—Cien.
—Buen chico.
—Está ofreciendo una herencia. No hay razón para rechazarla.
—No sabía que a nuestro Haewon le gustaba tanto el dinero.
Dijo con interés.
—Me gustan las cuentas de ahorro.
—¿Quieres que el hyung te abra una cuenta de ahorro?
—Estoy bien, así que no te metas. Solo encuentra mi paquete.
—Tengo que encontrarlo. Es tu orden.
La expresión de Haewon se suavizó mientras miraba el paisaje urbano que oscurecía. Trazando la ventana del auto con el dedo, escuchó la respiración de Woojin al otro lado de la línea.
—Terminaré rápido y regresaré. Cenemos juntos.
—¿Quieres que pase por ti? ¿En la casa de Moon Woosik?
—Suena bien. Tomaré mi parte y saldré. Ven por mi.
—De acuerdo. Nos vemos más tarde.
—Sí... um.
—Habla.
Su voz baja le hizo cosquillas en el cuello a Haewon. La voz de Woojin era agradable en persona, pero aún mejor por teléfono. Haewon quería grabarla solo para escucharla.
El mejor cambio en Woojin era que nunca colgaba primero. Esperaba hasta que Haewon terminaba la llamada. Incluso si Haewon la alargaba sin hablar, Woojin no colgaba. La llamada solo terminaba cuando Haewon lo hacía.
—¿Estuviste ocupado hoy?
—No demasiado. Aunque estoy a punto de ponerme ocupado. Tengo algunas cosas que investigar.
—¿Viste al presidente?
—Nuestro administrador de la oficina ha estado en la Casa Azul durante cuatro años y solo lo he visto dos veces, creo. No tengo muchas razones para informes cara a cara. No lo veo todos los días.
—Es una locura. Pensar que trabajas con alguien que sale en la televisión.
—¿En serio? Yo estoy teniendo sexo con alguien que también sale en la televisión ¿Eso no es una locura?
—No estás en la oficina, ¿verdad?
Había oído que había un par de miembros del personal asistiendo a Woojin en la Oficina del Secretario Anticorrupción. Haewon preguntó, alarmado. Había dicho que era imprudente, pero esto iba más allá de la imprudencia. La prisión le había hecho perder toda precaución.
—Sexo, sexo, sexo.
Repitió Woojin en un tono seco pero claro.
—Maldito loco.
No había forma de que la llamada pudiera ser escuchada, pero Haewon miró de reojo al chofer.
—Ojalá esa bonita cara solo dijera palabras bonitas.
—Estás loco, en serio. Para ya.
—No hay nadie aquí. Todos se fueron.
Uff... Haewon se frotó el pecho, que se había sobresaltado. Woojin probablemente se estaba riendo, divertido de molestarlo.
—Hazlo con moderación y sal de trabajar. No me hagas esperar. Odio esperar.
—No digas cosas así. Ya estoy reprimiendo lo mucho que te extraño.
Tal vez sonaba como un bache solo para él, pero Woojin soltó un suspiro irritado, diciéndole que se detuviera.
De repente, Haewon lo extrañaba tanto que casi se le saltaban las lágrimas.
—Bien. Colgaré.
—No hagas enojar a Moon Woosik. Al menos finge que lo escuchas. Sé amable.
—...Sí. Adiós.
Colgando primero, Haewon se volvió hacia la ventana.
"Me está diciendo que rompa con hyung ¿Cómo puedo escuchar eso?"
Si Woojin se enteraba, intentaría «encargarse» de su padre también. Haewon sacudió la cabeza, apartando los malos pensamientos que se deslizaban.
—Aquí tienes los chismes de la firma de valores de esta mañana.
El mánager Kang le entregó una hoja impresa a Moon Woosik. Con expresión disgustada, Moon Woosik la revisó cuidadosamente y preguntó:
—¿Está realmente resuelto?
—Parece bien resuelto.
—¿Les pagó? Pregunta cuánto costó. Lo cubriré todo. Odio estar en deuda, especialmente con ese tipo.
—No parece ser dinero.
—¿Entonces?
—...
—¿Acaso golpeó a alguien?
—El secretario Hyun dijo que es mejor que no lo sepas.
Recordando el tono insidioso de Woojin en su llamada anterior sobre esto, Kang le instó a no preguntar más.
—¿Es real o falso ese afrodisíaco y ese regalo asqueroso y ridículo?
—Es real.
—¿Hay pervertidos así? ¿Entre los fans de nuestro Haewon?
Hizo una mueca como si tocara un reptil repugnante.
—Había cosas peores ¿Debería investigarlo?
Moon Woosik se estremeció y sacudió la cabeza ante la indiferente pregunta de Kang.
—Olvídalo. No quiero oír más ¿Qué clase de ex fiscal es, que no puede atrapar a un acechador así? Actuando como si fuera el único que se preocupa.
Refunfuñó con resentimiento.
—Ofrecimos encargarnos, pero dijo que lo dejáramos. Él mismo se haría cargo.
—¿De qué está tan seguro?
—Así es como habla él.
—Ese maldito criminal. ¡Todo en él me molesta! ¡Nuestro Haewon es el único heredero de cuatro generaciones! Solo espera. Me aseguraré de que rompa con ese tipo hoy, aunque tenga que destrozarlo.
Mientras despotricaba sobre aplastarlo, la llegada de Haewon fue anunciada por el sonido de su charla con el ama de llaves en la sala de estar. Moon Woosik rápidamente hizo girones la hoja de chismes, la arrojó a la basura y salió del estudio.
—Hola ¿llegaste?
—¿Cuánto me vas a dar?
—...
Miró con reproche a Haewon, quien preguntó por dinero antes de siquiera sentarse en el sofá.
Pensar que este tipo es mi hijo, nacido de mi primer amor, que comió sopa de algas después de dar a luz.
Dicen que criar hijos es lo más difícil de controlar, y eso era la absoluta verdad.
—Si dices una tontería, llamaré a un abogado. No, llamaré a un ex fiscal.
—¿Un pez gordo, eh? Eres un pez gordo. ¿Es así como le hablas a tu padre?
—No me des ni un won más ni menos, solo repártelo equitativamente. No quiero más que Hae-jung ni menos. ¿Dónde está el otro heredero?
Haewon se sentó en el sofá, mirando a su alrededor y preguntando tardíamente. Hae-jung y su madrastra no por ninguna parte. Moon Woosik suspiró pesadamente y tomó el asiento principal.
—El otro heredero se fue a la casa de su abuela porque está enferma. Le dije que descansara unos días.
—No hay otro heredero, ¿así que para qué revelar un testamento? Deberías reunir a todos para anunciarlo.
—Muy bien. La razón por la que te llamé hoy fue el testamento, ¿verdad? He decidido donar toda mi riqueza a la sociedad.
—...
—Darles dinero de bolsillo a los niños arruina sus vidas. Incluso Bill Gates lo dona todo y les da a sus hijos solo un poco. Noblesse oblige, ¿has oído hablar de eso?
—Un poco, eran diez mil millones escuché. Entonces dónalo todo y dame diez mil millones...Señora, solo una bebida, por favor. Me voy pronto.
Haewon le sonrió al ama de llaves, quien preguntó sobre la cena, diciendo que estaba bien.
—¿Diez mil millones es un poco? De todos modos, he decidido donarlo todo.
—¿Eso es todo? Señora, tampoco necesito la bebida. Me voy.
Haewon se puso de pie, llamando al ama de llaves que se dirigía a la cocina. Los ojos de Moon Woosik se abrieron de par en par con incredulidad.
—Háblame la próxima vez por teléfono.
—¡¿Acaso me contestas las llamadas?!
—Entonces mándame un mensaje. Deja de enviar choferes.
—¡No te daré ni un solo centavo!
—Como quieras.
Su de acuerdo despreocupado fue inesperado. ¿De verdad te vas? ¿Te vas a ir de verdad? Moon Woosik gritó mientras Haewon se movía para irse.
—¡Oye! ¡No estoy bromeando! ¡Hablo en serio!
—No te metas con Gaoling y dale a Hae-jung su parte.
—¿Cuándo terminó Gaoling? ¡¿De qué siglo estás hablando con eso de Gaoling?!
—Me voy.
—¡Moon Haewon! ¡Detente ahora mismo!
—Ah, espera. ¿De verdad no vas a encargarte de los chismes? Entonces préstame al mánager Kang.
—...Oh, eso.
—¿Lo resolviste? ¿Hablaste con los reporteros?
—Está bien resuelto.
Haewon, que había llegado a la entrada, se detuvo y se dio la vuelta. Sentándose de nuevo, miró con sospecha a su padre, quien afirmaba que estaba resuelto en un tono incierto.
—¿De verdad está resuelto?
—Dije que está resuelto. Kang, tráelo. Ah, lo rompí. Imprime otro.
Ante la orden de Moon Woosik, Kang fue al estudio. Haewon lo miró de reojo, luego a su padre.
—¿Cómo lo resolviste? Te aseguraste de que no afectara al hyung, ¿verdad?
—¿Sabes lo duro que trabajé para solucionar esto?
Su padre evitó el contacto visual, atribuyéndose el mérito. Kang regresó con la copia impresa y se la entregó a Haewon.
—Mierda ¿era un afrodisíaco? ¡Bastardo asqueroso! ¡Y robó mi paquete!
Haewon se enfureció más por el afrodisíaco y el pañuelo manchado de semen que por los chismes en sí. Recordó la voz despreocupada de Woojin por teléfono, esquivando cuando le preguntó qué habría pasado si se lo hubiera comido. Había dicho alegremente que lo cuidaría toda la noche si se enfermaba, fingiendo no saber mientras lo sabía perfectamente.
—¿Ves? Te dije que está resuelto.
—Hasta me comí algunas galletas.
La resolución era una cosa, pero al recordar haberse comido un par de galletas de regalo, Haewon de repente sintió náuseas y arcadas.
Fuera quien fuera, no lo dejaría ir si lo atrapaba. Incluso si no sabía quién, si Woojin no los enterraba, Haewon lo haría.
Moon Woosik se puso sombrío. Ya era bastante malo que su único heredero estuviera saliendo con un hombre, ¿pero que algún fan enviara afrodisíacos y cosas impensables? Era su culpa por haber hecho a Haewon demasiado perfecto. No quería saber más. Quería permanecer ignorante de ese mundo.
—Múdate. Esa oficina-hotel es demasiado peligrosa. Te buscaré un nuevo lugar.
—Me quedaré ahí. Al hyung le gusta.
—No me digas eso, por favor. Si es así, te conseguiré un guardaespaldas. O asignaré a Kang.
—El hyung Woojin ya puso a alguien en eso.
—Ugh, deja de llamarlo hyung Woojin. Ni siquiera menciones su nombre.
No, absolutamente no. Como si viera bichos arrastrarse sobre sus pies, Moon Woosik agitó las manos con asco.
—Solo era un rumor, así que el hyung Woojin está bien, ¿verdad? ¿Sin problemas con su trabajo, verdad?
—En esta situación, ¿te preocupas por él? Cuando alguien te envió ese tipo de... ugh.
Tan asqueado como Haewon, Moon Woosik sintió arcadas al recordar las palabras. Sus vívidas náuseas hicieron que el estómago de Haewon también se revolviera, y se cubrió la boca, gimiendo.
Padre e hijo tuvieron arcadas por turnos. Finalmente calmándose, Moon Woosik se frotó el pecho como si hubiera comido algo malo.
—¿Sabes cuánto luché para resolver esto? ¡Tu padre, yo, Moon Woosik! ¡El gran director ejecutivo Moon! Fui con esos tipos, me arrodillé y les rogué. Supliqué que salvaran a mi hijo. ¡Mi hijo! ¡Para salvar a Moon Haewon!
—...
Imaginándolo, Moon Woosik exageró su autocompasión, profundizando las arrugas en su frente.
—Haewon, por ti, haría cualquier cosa. Inclinarse ante esos tipos no es nada. Por favor, solo escúchame.
De repente pareciendo diez años mayor, su padre suplicó con sinceridad. Haewon, mirándolo fijamente, se desanimó, como si lo hubieran regañado. Imaginar a su padre arrodillándose y rogando, a pesar de que le desagradaba, pesaba fuertemente en su corazón.
Mirando sus pies, Haewon habló suavemente.
—...Lo siento.
—...¿Eh?
—Lo siento. Y... gracias.
—...
Moon Woosik jadeó, aferrándose a los reposabrazos y mirando a Kang en estado de shock.
¡Es la primera vez que escucho eso!
Su mirada emocional parecía decirlo, y Kang ofreció orgullosas felicitaciones con un asentimiento.
—Gracias por resolver esto.
Haewon levantó la cabeza. Por mucho que le resentía y le desagradara su padre, no pudo evitar sentirse apenado y agradecido al saber que su padre se había arrodillado y suplicado ante alguien por su bien.
Además, era un asunto que involucraba a Woojin. Tal vez su padre ni siquiera había querido resolverlo. Y aun así lo hizo. Porque Haewon era su hijo. Era un alivio que fuera su padre.
—Bueno, es solo algo que un padre haría naturalmente.
—Papá...
—¿Sí?
—Sí, papá.
—Dijiste que nunca volverías a llamarme así, ni aunque te murieras.
—«Padre» se sentía demasiado formal e incómodo.
—Apenas me llamabas Padre. Lo evitabas, solo diciendo «oyé» o «tú» porque no querías —refunfuñó Woosik. Haewon de hecho rara vez lo había llamado Padre. Era deliberado. Era una pequeña rebelión, negándose a reconocerlo como su padre.
¿Podía un conflicto y una animosidad tan arraigados derretirse tan suavemente, como la nieve bajo el sol de primavera? Este debía ser el premio de criar a un hijo.
Significaba más para él que Haewon lo reconociera como su padre y lo mirara con afecto que ver a Haewon triunfar como músico. Cien veces más.
—Un hombre adulto de más de treinta años llamándome papá, ¿eh?
—Papá.
—Tch. ¿Por qué sigues llamándome papá?
Moon Woosik hizo un puchero con los labios, pero miró disimuladamente a Haewon, animándolo a hablar.
—El hyung Woojin puede no ser una buena persona para los demás... pero para mí, es una buena persona.
—...
—Es el tipo de persona que se cortaría su propia muñeca para proteger mis manos. No importa lo mal que me porte, él lo acepta todo. Sabes lo insufrible que puedo ser, papá.
Si había un defecto en el por lo demás perfecto Haewon, era, como él mismo admitía, su actitud. Haewon no tenía tacto. Incluso su padre lo reconocía, y la paciencia del tipo que lo aguantaba sin quejarse parecía casi notable.
Moon Woosik, que sabía muy bien que lo malcriado de Haewon era en parte su culpa, más de una vez casi había levantado la mano por frustración.
—Sin el hyung, no lo lograría. Sin él... ni siquiera querría tocar el violín. Pensar en el hyung Woojin me dan ganas de seguir tocando.
Moon Woosik había notado un cambio en el enfoque musical de Haewon. Antes, había sido un pasatiempo que hacía solo. Incluso había intentado entender la actitud despreocupada de Haewon, pensando que estaba bien disfrutar de un pasatiempo sin perseguir grandes logros, solo siendo un freelance —o más bien, holgazaneando—.
Haewon, que solía tocar a medias para evitar llamar la atención, se había tomado en serio el violín por alguna razón. Una vez que se propuso, su posición en la orquesta subió, y ahora su habilidad estaba siendo reconocida.
La Sinfónica de Hankyung no era el tipo de orquesta mediocre que simplemente pondría a alguien como Haewon, sin un historial de competencias notable, en el puesto de concertino asistente.
Esa razón era él.
—La madre del hyung Woojin... es amable conmigo. Espero que tú también puedas ser amable con él, papá, aunque no te caiga bien.
—Tía.
Fingiendo no escuchar, había estado oyendo calladamente a Haewon cuando este llamó al ama de llaves que trabajaba en la cocina. Ella se apresuró a salir.
—Sí, joven señor.
—Tenemos un invitado, así que prepara la mesa extravagantemente.
—¿Un invitado, de repente? No tenemos muchos ingredientes.
El ama de llaves, desconcertada, hizo un inventario mental de la nevera.
—Con lo que tenemos, prepara un banquete digno de Jinsoo. Demuestra tus habilidades.
—Oh, señor, ¿cómo me sale con esto de repente? Está bien, lo haré.
El ama de llaves regresó apresurada a la cocina, refunfuñando por la repentina carga de trabajo.
—Necesito un cigarrillo. Mánager Kang ¿Tienes uno?
Buscando un cigarrillo que aseguraba haber dejado, Woosik huyó al estudio. Haewon observó la figura retirada de su padre con una expresión nostálgica.
El auto de Woojin se deslizó hasta detenerse frente a la casa familiar de Haewon. Bajó del vehículo y miró hacia arriba, contemplando el imponente muro. Era tan alto que parecía una fortaleza, ocultando por completo el interior.
La brisa nocturna se sentía inusualmente templada. Lanzó su chaqueta al interior del auto, sacó un cigarrillo y lo encendió. Al inhalar, el rescoldo brilló tenuemente.
Exhalando una larga columna de humo, Woojin sostuvo su teléfono, a punto de llamar a Haewon, cuando un cerrojo pesado resonó y la enorme puerta se abrió.
—¿Eh? ¿Ya llegaste? Justo iba saliendo, pensando que ya era hora de que aparecieras.
Era Haewon, empujando la puerta para abrirla. Woojin, con el cigarrillo entre los labios, habló:
—Ve a despedirte y sal. Vámonos.
—Cenemos primero.
—¿Cenar?
—Sí, necesitamos comer. Papá dijo que me quedara a cenar.
—¿Papá?
Frunció el ceño con curiosidad, dando una calada. Exhaló, manteniendo cierta distancia para que el humo no alcanzara a Haewon.
—Sí, papá. Mi papá.
—La palabra «papá» en sí misma se siente como algo que no he oído en veinte años.
El término cotidiano se sintió extrañamente poco familiar. Especialmente viniendo de la boca de Haewon. Una suave brisa primaveral rozó las mejillas sonrojadas de Haewon.
Woojin enganchó un dedo en su corbata, aflojándola, y tiró el cigarrillo al suelo. Su zapato aplastó el débil rescoldo.
—¿Cena, eh? ¿De qué se trata eso?
—¿De qué se trata qué? Solo quédate a cenar.
—¿Me estás diciendo eso a mí?
Woojin miró hacia arriba, hacia Haewon, que estaba de pie sobre los escalones junto a la puerta.
—¿Con quién más hablaría? Aquí no hay nadie más que tú.
—¿De qué va esto?
—En realidad, ya lo sabía.
—¿Sabías qué?
—Ese boletín de chismes.
—...
—Tú también lo sabías, ¿verdad?
—¿Cómo no iba a saberlo?
La información era su trabajo y su poder. Haewon exhaló un suspiro, como si se lo hubiera esperado.
—¿Por qué no me dijiste nada?
—Porque iba a encargarme de ello. Solo tienes que dejar que el hyung se encargue de las cosas.
—¿Mi papá se encargó de todo?
—...¿Qué?
Una de las cejas de Woojin se disparó hacia arriba. Haewon habló como un estudiante de primaria presumiendo de un padre que todos tienen.
—Dijo que se reunió con los reporteros. Afirma que se arrodilló y rogó, pero creo que simplemente les pagó.
—...¿Es eso cierto?
—Sí, lo comprobé. Salió otro artículo diciendo que todo eran rumores.
Fue un alivio que todo hubiera pasado sin incidentes. La voz emocionada de Haewon era inusualmente animada.
—Gracias.
—¿Por qué?
—A mi papá. Hasta ayer, era la persona que más odiaba en el mundo. Lastimó a mi mamá, la dejó herida y actuó como si fuera el bueno... ¿Alguna vez te conté sobre la muerte de mi mamá?
—No en detalle.
—Se enfermó y falleció mientras yo me preparaba para estudiar en el extranjero. En ese momento, mi papá estaba teniendo una aventura...
Su rostro decayó al recordarlo. Los ojos de Woojin se fijaron en Haewon con más intensidad que nunca, como si intentara memorizar el momento al no poder comprender del todo la emoción.
—Era tan hermosa... pero se fue consumiendo, y yo no podía soportar verlo. Me obligué a presenciarlo, pero mi padre tenía demasiado miedo para mirar. No pude perdonarlo por eso. Hubo momentos en los que quise matarlo.
Si no hubiera sido por esa imagen inquietante de ella desvaneciéndose, Haewon podría haber roto los lazos por completo. Al soltar los apegos mundanos, Haewon también había frenado su odio y resentimiento hacia su padre.
Una expresión indescriptible se torció dolorosamente. Woojin solo observó.
Si no podía entenderlo, lo memorizaría.
—Pero por mi culpa, casi sales lastimado, y papá lo arregló... Me sentí muy mal. Pero hoy, de verdad me sentí agradecido. Se sintió como un verdadero papá.
Las lágrimas y una sonrisa coexistían. ¿Cómo podía sonreír con los ojos húmedos? ¿Acaso las lágrimas y las sonrisas no eran opuestas? ¿Se podía llorar incluso cuando se era feliz? Woojin intentó descifrar a Haewon.
—Así que el señor Moon Woosik se encargó de ello.
—¿El señor Moon Woosik? Papá se molestaría si escuchara eso.
—¿La señora Choi Hyunmi estaría complacida?
—...Ah, es verdad.
—Ella también se molestaría, ¿eh?
—Ambos lo harían.
—Entonces, ¿cómo debería llamarlo? Tampoco le gustó «Padre».
—...
Cuando Haewon lo miró con curiosidad, como si se preguntara cuándo había intentado algo así, Woojin cambió rápidamente de tema.
—Como sea que lo llame, no le va a gustar. Antes también me citaron por su culpa.
—Si eres inocente, no te habrían arrastrado. No es todo tu culpa, así que no te preocupes demasiado. Entremos.
—¿Con las manos vacías? ¿De la nada? ¿Así?
Haewon agarró del brazo a Woojin, tirando de él hacia adentro. Woojin se afianzó, resistiéndose.
—No es una visita planeada, solo es cena ¿Qué gran cosa es?
—No, eso es... no es como me enseñaron. No es educado.
Woojin se quitó de encima el brazo de Haewon y dio un paso atrás. Miró hacia abajo, a su camisa desaliñada y su corbata floja.
Se apresuró a recuperar la chaqueta que había arrojado en el auto y se la puso. Tiró hacia abajo de las mangas enrolladas, se ajustó la corbata y arregló su apariencia. Mirando a su alrededor, no vio nada: ni tiendas, nada.
Woojin de repente se alejó a zancadas hacia alguna parte. Haewon corrió tras él.
—¿A dónde vas?
—A buscar un cajero automático.
—¿Qué?
—¿Cómo voy a ir con las manos vacías? Al menos necesito llevar un sobre.
—¿Qué has estado viendo? Eso no es necesario. ¿Crees que mi padre simplemente lo aceptaría?
—¿Es raro porque soy tu novio, o simplemente es extraño llevar un sobre en esta situación?
—Ambos son raros.
—¿De verdad está bien ir con las manos vacías?
—...Hyung, ¿estás nervioso? Tus manos están sudorosas.
La palma que sujetaba la suya estaba húmeda. Woojin miró hacia abajo, a su mano. Efectivamente, estaba pegajosa.
Woojin no estaba nervioso. Cuando había ido a la empresa de su padre antes, no era para saludarlo como algo de Haewon, sino para advertirle que no escalara las cosas. Eso fue después de enterarse por el director de la agencia de que el padre de Haewon había pedido los contactos de los reporteros.
—Qué adorable.
Qué era adorable, qué era divertido... Haewon se echó a reír. Al ver a Woojin ponerse rígido, volvió a reír. Debió ser así cuando se revisaba nerviosamente el cabello en el espejo antes de conocer a la señora Choi Hyunmi.
Lo había tachado de deshumano, diciendo que ningún humano podía actuar así.
Sin siquiera saber qué había hecho mal, solo diciendo que haría lo que Haewon quisiera, listo para destrozar todo lo construido con ambición, para destruirse a sí mismo hasta la nada y suplicar perdón. Se destruiría a sí mismo si eso significaba ser perdonado, sin saber siquiera cómo.
—Entremos.
—No puedo entrar con las manos vacías.
—Entonces, ¿qué vas a traer?
Pensó mucho y luego exclamó: «¡Ah!».
—Hanwoo. Necesitamos hanwoo.
—Dije que eso no es necesario. Vamos, la comida se está enfriando.
—Espera. Seré rápido. No, le diré a Jung-gum que compre algo. Espera.
Realmente sacó su teléfono, como si fuera en serio.
—¿Jung-gum trabaja para ti ahora? Y no hagas que tu subordinado corra recados así. Te maldecirá.
—Nunca le he oído decir eso.
—Claro que no lo haría frente a ti. Señor, por favor.
Al ver a Haewon insistir tanto, parecía que ir con las manos vacías no era una gran infracción de etiqueta. Dudando, Woojin dejó que Haewon lo guiara a través de la puerta.
Los aspersores giraban sobre árboles y césped perfectamente recortados, dispersando frescas gotas plateadas. Woojin y Haewon caminaron entre ellas.
El cuello de Woojin se sentía rígido. No estaba nervioso, simplemente no sabía qué hacer al no haber experimentado esto nunca. Se había reunido con Kim Jung-geun por trabajo, nunca por otra razón, sin pensar jamás en causar una buena impresión o querer agradar. El impulso desconocido de posponer esta cena hasta estar completamente preparado (para qué, no lo sabía) se sentía extraño.
—Papá, el hyung Woojin está aquí.
Haewon abrió el camino, con Woojin detrás de él con torpeza. Haewon lo condujo a la sala de estar. Arrastrado a regañadientes, Woojin fue.
Woosik, sentado en un lugar destacado en el sofá, los miró de reojo antes de apartar la vista bruscamente.
—Siéntate aquí. Saluda a mi papá.
Haewon obligó a Woojin a sentarse a su lado. Antes de sentarse, Woojin hizo una reverencia a Woosik.
—Hola. Permítame presentarme formalmente.
Woojin sacó una tarjeta de presentación de su chaqueta y se la entregó a Woosik, quien la aceptó con expresión reacia.
—Bueno, primera vez que nos vemos. Qué bueno verte.
—...¿Perdón?
—Dije, primera vez que nos vemos. Qué bueno verte. Pasa.
—...
¿Este tipo es un poco denso? Woosik lo miró con leve desagrado, frunciendo ligeramente el ceño. Woojin miró fijamente, luego se dio cuenta tardíamente de algo, bajó la mirada y saludó de nuevo.
—Sí, mucho gusto. Soy Hyun Woojin.
—Haewon dijo que aún no ha cenado, así que le dije que te unieras ya que estás aquí.
—Gracias.
—Pasemos al comedor. Mánager Kang, acompáñanos.
Antes de que Woojin pudiera siquiera sentarse, el movimiento abrupto de Woosik para ir a comer dejó a Haewon sintiéndose menospreciado. En lugar de sentarse e intercambiar saludos cálidos, su padre parecía no querer relacionarse con Woojin, mostrando su desaprobación sin rodeos mientras se dirigía a la cocina.
Woojin se quedó de pie con torpeza, como un saco de papas prestado.
—Vamos a comer.
—...
Guiados por la mano de Haewon, se dirigieron a la cocina. La mesa estaba repleta de una variedad de deliciosos platos. El ama de llaves, cargando guarniciones, miró de reojo a Woojin.
—Bastante apuesto. ¿Un amigo de la escuela de Haewon?
—Tía, ya te puedes ir a casa.
Cuando el ama de llaves mostró curiosidad, Woosik intervino abruptamente.
—¿Qué? ¿Quién va a limpiar todo esto?
Ella miró la mesa repleta de comida y el mostrador desorganizado.
—El mánager Kang se encargará.
—¿El mánager Kang va a lavar los platos?
—¿Por qué nuestra tía está tan habladora últimamente? ¿Le he estado pagando con demasiada regularidad?
Irritado porque ella no seguía simplemente las órdenes, Woosik desahogó su frustración.
—Oh, señor... Mi sueldo ha estado congelado durante cinco años, pero está bien, me iré. Buen provecho.
El ama de llaves se secó las manos mojadas en su delantal, dándole al mánager Kang una mirada de disculpa.
Cuando ella se fue, Woosik señaló con la barbilla los asientos vacíos para Haewon y Woojin, que estaban de pie allí.
—Siéntense todos. Deben tener hambre.
Cuando Woojin se movió para sentarse, Haewon rápidamente lo agarró del brazo e intercambió asientos, señalando la silla a su lado. Woojin, observando con un mal sabor de boca, tomó sus palillos.
—Comamos todos.
—Buen provecho.
Woojin tomó su cuchara. Haewon lo imitó, fijando naturalmente su mirada en él. Ver a Woojin sentado en la mesa de su familia se sentía extraño y fascinante. Su padre miró a Woojin con desaprobación, y aunque Woojin no lo demostraba, estaba interiormente tenso, con movimientos rígidos.
—Haewon, come mucho. Necesitas fuerza para tocar. Nuestro hijo mayor, ¿sigues haciendo ejercicio diligentemente?
—Sí.
Cuando Haewon respondió bruscamente, como diciendo que no le hablara, Woosik chasqueó la lengua, como si dijera que ya había olvidado el favor.
—Otra vez siendo grosero con tu padre.
—Ah, es verdad, lo arreglaste. Voy a jugar tenis tres veces por semana.
—Ese jugador que está en el top 100, ¿verdad?
—Sí, es un buen entrenador.
Haewon respondió con prontitud. Woosik asintió, instándolo a comer bien.
Woosik miró de soslayo a Woojin, que comía en silencio.
¿Puede alguien ser tan poco agradable? No importa cuán apuesto o rico fuera, lo incorrecto era incorrecto. Pero dado que su hijo lo quería tanto, no podía mostrar abiertamente su desaprobación. Tragando su creciente irritación, su respiración salió en duros soplidos.
—Me enteré por Haewon que te reuniste con los reporteros y resolviste las cosas. Gracias por tu atención.
Woojin levantó la vista de repente, encontrándose con su mirada mientras hablaba. Woosik se atragantó con la comida. Mientras tosía, el mánager Kang sirvió rápidamente un vaso de agua y se lo entregó. Después de beber medio vaso y dejarlo, Woosik le lanzó a Woojin una mirada significativa.
—También escuché que te arrodillaste para resolverlo. No sé cómo expresar mi gratitud.
Haewon, preocupado de que Woojin pudiera disculparse por no haber ofrecido un sobre con dinero, lo agarró rápidamente del brazo para hacerlo callar. Inconsciente del contexto bajo la mesa, Woosik respondió con un casual «Oh, bueno, claro».
—Es el asunto de mi hijo, así que no podía dejárselo a alguien más. Lo manejé bien, así que no te preocupes por eso.
—Sí.
—No lo hice por ti. Lo hice porque mi hijo estaba preocupado, así que no tuve opción.
—Sí.
—Come mucho.
—Gracias.
En la atmósfera incómoda, solo se escuchaba el ocasional tintineo de los platos. Terminaron una comida que se sintió casi mecánica. El pecho de Haewon se sentía apretado. Había pensado que Woojin era el nervioso, con las palmas sudorosas, pero era el propio Haewon quien estaba al límite. Quería que Woojin causara una buena impresión a su padre. Woojin, sin embargo, no parecía particularmente intimidado por él.
Después de la comida, Woosik habló en un tono severo y autoritario.
—Mánager Kang, ¿podría traernos un poco de té?
—¿Cuál le gustaría?
—Tomaré té de ginseng. ¿Haewon?
—Estoy bien. Hyung, ¿qué quieres?
—Yo también tomaré té de ginseng.
—No tienes que hacer eso. Bebe lo que te guste. No hay necesidad de seguir a papá.
—No, me gusta el té de ginseng.
Su padre era alguien que bebía té de toronja macerado en azúcar y miel. Solo estaba fingiendo sofisticación al elegir té de ginseng, a pesar de su gusto infantil. Woojin pronto se daría cuenta de lo tonto que era intentar igualar las preferencias de su padre después de pasar un poco más de tiempo con él.
—Mánager Kang, lleva el té al estudio. Tú, ven a hablar conmigo un momento.
«Papá, lo hice bien, ¿verdad?» Justo hace unos momentos, había estado diciendo eso, pero ahora su padre bajaba el tono de su voz, levantándose de la mesa como si fuera una persona diferente. Mientras se dirigía al estudio, Woojin se levantó rápidamente también.
Observando sus figuras que se retiraban, Haewon le preguntó al mánager Kang, que estaba preparando el té:
—¿Por qué actúa así papá?
—Así son los papás.
Mientras Haewon presionaba su oreja contra la puerta del estudio para escuchar a hurtadillas, Woojin se sentó frente a Woosik.
—Toma un poco de té.
Woosik tomó un sorbo del té de ginseng, luego dejó que goteara de vuelta en la taza. Estaba amargamente fuerte. Sutilmente dejó la taza y observó en silencio a Woojin, que estaba sorbiendo su té como si lo saboreara.
—Gracias por invitarme a cenar esta noche.
—A Haewon le gustas tanto, ¿Qué podía hacer? Cuando mi hijo le tiene tanto cariño a alguien...
Woosik, inseguro de cómo las cosas habían llegado a esto, lució una expresión aún más amarga, exacerbada por el persistente amargor del té de ginseng.
—Sobre lo que dijo antes, de resolver las cosas con los reporteros, en realidad tengo algo que decir.
Woojin, que había estado profundamente sumido en sus pensamientos, habló solemnemente.
—Gracias por seguirme el juego antes. Haewon y yo siempre hemos tenido una relación tensa. Empeoró después de que su madrastra entró en escena. Ese chico me odiaba mucho. Pero cuando dije que resolví tu problema, cambió por completo, llamándome papá, papá. No sé si estar feliz o triste por eso...
Woosik reflexionó sobre el pasado. Todavía no podía creer que una reconciliación tan dramática con su hijo hubiera ocurrido debido al novio de este.
—Me gustaría que le dijeras la verdad a Haewon.
—¿Qué? ¿Decirle la verdad de qué? ¿Estás intentando tomar el crédito ahora en serio? ¿Qué clase de tipo descarado eres?
—A Haewon le disgusta la mentira. Quiero decirle la verdad.
—¿Cómo es eso una mentira? ¿No sabes lo que es una mentira piadosa? ¡Nuestra relación de padre e hijo finalmente se ha reconciliado después de veinte años, y tú quieres arruinarlo? ¿Crees que Haewon se quedará callado si se entera? ¡Volverá a llamarme de «tú», como si fuera su enemigo!
Ni siquiera lo llamaría Padre, y mucho menos Papá. Al imaginar a Haewon mirándolo fijamente como a un enemigo, Woosik se estremeció.
Woojin soltó un suspiro bajo.
—Entonces prométeme una cosa.
—¿Qué promesa?
—Si Haewon descubre la verdad, prométeme que asumirás toda la responsabilidad.
—¿De qué serviría que Haewon lo supiera? Solo deja que se quede en que yo lo manejé. Si vas a ayudar, ayuda generosamente. No seas mezquino e intentes robar el crédito.
—Si sale a la luz más tarde, por favor deja claro que yo no quería mentir y que tú me obligaste.
—Bien, eso es suficiente.
Woojin, aparentemente sin interés en llevarse el crédito, no añadió nada más, satisfecho con eso.
Mirando fijamente a Woojin, Woosik ladeó la cabeza y preguntó:
—Espera... ¿Alguna vez le has mentido a Haewon? ¿Te han cachado en una mentira?
No pudo evitar sentirse sospechoso ante la insistencia de Woojin en no cooperar porque era una mentira.
Woojin no respondió de inmediato, sino que levantó su taza de té para humedecer sus labios, como si tuviera la garganta seca.
—¿Lo has estado engañando?
—...
—¿Qué clase de imbécil eres? ¡Oye, termina con Haewon ahora mismo! ¡Cómo te atreves, con nuestro preciado y único hijo!
Woosik, asumiendo que el silencio de Woojin y el odio de Haewon hacia las mentiras provenían de una infidelidad, se puso de pie, señalando acusadoramente.
¡Haría cualquier cosa para mantenerlos separados, incluso si Haewon estaba locamente enamorado, y este sujeto podrido claramente lo había estado engañando, rompiéndole el corazón a Haewon!
—Si preguntas si le he entregado mi corazón a alguien más, eso nunca ha sucedido.
—¡Entonces qué es! ¡Si no es eso, qué es!
Al escuchar la voz retumbante de su padre desde adentro, Haewon, que tenía la oreja pegada a la puerta, la abrió de par en par.
—¿Por qué le gritas al hyung?
—¡¿Qué es esta mentira que dice que no puede decirte?!
Woojin redirigió su pregunta a Haewon, cambiando el blanco de su frustración. Los ojos de Haewon se volvieron hacia Woojin, quien estaba sentado en silencio con los labios sellados.
—¿De qué está hablando de repente?
—No, no es eso. Solo estábamos hablando y la conversación se dio así.
Woosik se rascó la nuca, evitando la mirada de Haewon.
—¿De qué estaban hablando?
—Solo de esto y aquello, algunas cosas de la empresa. Cuando haces negocios, a veces tienes que mentir, pasa.
Buscó a tientas una explicación.
—Tómalo solo como eso. Sal afuera. Haewon, muéstrale la casa. Muéstrale tu antigua habitación también, ¿de acuerdo?
Como si los estuviera echando para que fueran a jugar, agitó las manos despectivamente. Haewon agarró del brazo a Woojin, quien se puso de pie e hizo una reverencia cortésmente, y lo condujo hacia afuera.
— ¿De qué trataba eso con papá?
—Solo charla de negocios.
—No aceptes sobornos. Especialmente no de mi papá.
El padre de Haewon era el director de un contratista de defensa con muchos tratos gubernamentales. Malinterpretando la situación, Haewon le advirtió severamente que no se metiera.
—Lo has malinterpretado.
—¿Quieres ver mi habitación? La que usé hasta la preparatoria sigue igual.
—...Claro.
Guiado por la mano de Haewon, Woojin subió las escaleras hasta el segundo piso. Una sutil fragancia flotaba desde la escalera de madera bien cuidada. Era una casa elegante y clásica. Probablemente decorada por la madre biológica de Haewon. De alguna manera se parecía a Haewon.
La habitación de Haewon estaba detrás de la primera puerta en el pasillo.
Haewon abrió la puerta. La luz de las lámparas del jardín se filtraba a través de la gran ventana. Era una habitación acogedora y espaciosa. Cuando encendió la luz, el interior, previamente ensombrecido, quedó a la vista.
Un escritorio, una cama, un armario, un piano, dos atriles en una esquina y un violín pequeño en el sofá. Era la mitad del tamaño del que Haewon usaba ahora.
Los ojos de Woojin se posaron en el violín pequeño.
—Mi hermana dijo que quería probar el violín, así que saqué el que usé de niño. Toqué este hasta el tercer grado.
Colocando cuidadosamente el diminuto violín de un cuarto de tamaño en su hombro, Haewon punteó las cuerdas para afinarlo. Luego tomó el arco y tocó el Cantabile de Paganini.
Cada vez que Haewon tocaba esta pieza, le calentaba el corazón a Woojin, haciéndolo sentir a gusto. Tocada en un violín parecido a un juguete con un arco corto, se sentía aún más entrañable. Tuvo el impulso de morder juguetonamente a Haewon, pero se contuvo con elegancia.
A pesar de su tamaño, el sonido del violín no era un juguete. Haewon probablemente podría tocar igual de bien con un violín reducido a una sola cuerda.
Navegando por el estrecho diapasón con dedos hábiles, Haewon finalmente dio una nota falsa y dejó el violín.
—Es demasiado pequeño ahora.
Devolvió el violín a su lugar.
Woojin miró alrededor de la habitación. Olía a Haewon. Todo lo que Woojin deseaba, perseguía, y la historia y el pasado que Haewon no había compartido estaban todos aquí. Todo lo que en última instancia deseaba estaba en esta habitación. Inspiró profundamente el aire.
Su mirada se posó en el piano. Era un viejo piano marrón, con el barniz descascarado y un color algo anticuado.
—¿También tocas el piano?
—No muy bien, pero me defiendo un poco. Mi mamá me enseñó cuando era pequeño. Es su piano.
La madre biológica de Haewon había sido estudiante de piano en un colegio de música. Haewon aún podía recordar vívidamente cómo ella tocaba en este viejo piano si cerraba los ojos.
La espalda de su madre, sentada al piano, era la imagen que veía con más frecuencia. El piano había sido querido y mantenido desde entonces. Incluso se molestaba cuando Haewon lo tocaba, así de precioso era.
—Yo también aprendí piano cuando era niño.
—¿Tú? —preguntó Haewon con incredulidad.
Encontrándose con su mirada escéptica, Woojin se sentó al piano con una burla. Levantó la tapa y retiró la cubierta sobre las teclas.
Mirando las teclas blancas y negras como si estuviera calculando algo, colocó sus dedos sobre ellas.
Haewon se deslizó rápidamente a su lado, sentándose cerca. Woojin, que acababa de encontrar su concentración, miró de reojo a Haewon, quien lo interrumpió, antes de devolver su mirada a las teclas.
Sus largos dedos, que podrían haber tocado brillantemente, comenzaron a presionar las teclas mecánicamente. Era una interpretación honesta y sin adornos, sin técnica llamativa, pero usaba el pedal apropiadamente y no perdía los ritmos con puntillo.
Como músico, Haewon pudo decir después de unos pocos compases que la habilidad de Woojin no era solo el nivel promedio que aprenden los niños.
Haewon no pudo ocultar su sorpresa mientras lo veía tocar.
Había esperado una pieza básica que todos tocan. Era una pieza inesperada y una habilidad inesperada.
O no recordaba las partes posteriores o las recordaba mal, pero Woojin tocaba repetidamente la melodía del aria principal. A pesar de la melodía ligera, su postura rígida hacía parecer que estaba actuando deliberadamente sin experiencia, dando la impresión de una profunda concentración.
Tropezó con el final y terminó. Sus largos y nudosos dedos presionaron las teclas pesadamente antes de levantarse.
—...¿Quién eres en realidad?
Ante la pregunta de Haewon, Woojin, mirando torpemente sus manos sobre las teclas, giró la cabeza.
—El novio de Moon Haewon.
—¿Por qué no me dijiste que sabías tocar el piano?
—¿Tengo que reportar cada habilidad básica?
—¿Cuándo fue la última vez que tocaste, y estás tocando de memoria?
—Probablemente la secundaria. Catorce años, tal vez trece.
—¿Sabes el título?
—¿Cantata 208 de Bach?
Cuando a Woojin le diagnosticaron trastorno de la personalidad antisocial, su madre se negó a aceptarlo. A pesar de ser médico, dudaba de los resultados. Después de que otro hospital confirmó el diagnóstico, los primeros lugares a los que la llevó fueron un zoológico y una academia de piano.
El piano era como una calculadora: ingresas los números correctos, obtienes el resultado, por lo que no era difícil de aprender.
Woojin se acercó al piano como a las matemáticas. Contrario a las esperanzas de su madre, no ayudó emocionalmente ni alivió el estrés. Considerándolo una pérdida de tiempo, se detuvo.
Para su último recital, memorizó la partitura a la perfección. Andante a 70 de tempo, adagio a 60, largo a 50, memorizando cada silencio e incluso los hábitos menores de la maestra. Para Woojin, el piano era como código binario.
La maestra sugirió una pieza diferente, pero Woojin insistió en esta. No sentía conexión emocional con ninguna música, y las recomendaciones de la maestra requerían actuar emociones que no sentía.
Esta pieza era tranquila y simple. Solo memorizar la partitura y tocar mecánicamente, sin necesidad de expresar emociones o forzar nada, lo cual lo hacía sentirse cómodo.
No recordaba si obtuvo un premio de participación u otra cosa, pero recibió un premio otorgado a todos los participantes. Al ver el aplauso emocional de su madre, se dio cuenta de que podía engañar a cualquiera si podía engañarla a ella, pero lograr un objetivo tan pequeño por tanto esfuerzo no era particularmente alegre ni satisfactorio.
«Las ovejas pueden pastar seguras».
La pieza que tocó Woojin era una de las cantatas de caza de Bach, conocida por su título en inglés, «Sheep May Safely Graze».
Parecía desalineada con él, pero extrañamente adecuada. Ahora que lo pensaba, Woojin prefería piezas delicadas y tranquilas. Su apariencia era como Las cuatro estaciones de Vivaldi, Verano, tercer movimiento, pero su gusto musical eran las Variaciones Goldberg de Bach. Sus gustos eran polos opuestos.
—Ese es el título.
Las ovejas pueden pastar seguras... La sensación de tocar la partitura sin expresar emoción, la comodidad de no tener que fingir, de alguna manera se parecía a Haewon. Se sentía a gusto al lado de Haewon.
—Tócala otra vez.
—Es todo lo que sé. Es la única que memoricé.
—Entonces toca esa otra vez.
—De ninguna manera.
—Yo toco el violín para ti cuando lo pides.
—Ese es tu trabajo. No el mío.
Woojin no sintió nada mientras tocaba. La limitada sensación de las ovejas pastando pacíficamente solo se le aclaró años después. No quería que Haewon viera sus defectos, que lo viera como defectuoso.
Se levantó sin dudar y caminó hacia el escritorio. Haewon, decepcionado, miró su espalda, luego levantó la cubierta de las teclas y cerró la tapa del piano.
Los ojos de Woojin recorrieron el escritorio y la estantería. Haewon había dicho que vivió aquí hasta la preparatoria, y las partituras desgastadas y los libros de texto permanecían intactos. El libro de texto de matemáticas parecía apenas abierto, prístino más allá de las primeras páginas.
Perdido en algún recuerdo mientras miraba los libros, Woojin se detuvo. Se agachó, examinando de cerca un pequeño marco escondido dentro del escritorio.
—...
—¿Qué?
—Me llevaré esto.
Sin esperar una respuesta, Woojin recogió el marco, retiró la foto y la deslizó en el bolsillo de su chaqueta.
—¿Qué es?
—Una foto.
—¿Qué foto? Dámela aquí. Te daré una mejor.
—Me gusta esta.
—¿Qué es? Déjame ver.
Haewon, que había olvidado que siquiera había un marco en el escritorio, metió la mano en el bolsillo de Woojin para agarrar la foto.
Woojin agarró rápidamente ambas muñecas de Haewon. Se convirtió en una lucha improvisada. Con un agarre firme, negándose a soltar, Woojin mantuvo sujeto a Haewon mientras este, jadeando, se rindió y lo miró hacia arriba.
—Eso es robo.
—El deber de un estudiante es estudiar.
—¿De dónde sacas eso de repente?
—No estás estudiando y solo andas jugando con tonterías.
—Hablando como un viejo cascarrabias otra vez. Como si alguien dudara de que lo eres.
—...
Cuando lo llamaban viejo cascarrabias, Woojin solía insistir en que no lo era, pero esta vez no discutió de vuelta, limitándose a sostener la mirada de Haewon. Su vista se perdió en la distancia, como si recordara algo.
Haewon, que había estado forcejeando contra él, se vio atrapado devolviéndole la mirada, preso de los ojos fijos de Woojin. Woojin inclinó la cabeza. Haewon apartó rápidamente el rostro para esquivar un beso. Los labios de Woojin pasaron tan cerca de la sien de Haewon que este pudo sentir su calidez.
Woojin susurró:
—Quiero vivir aquí. Todo lo que quiero está aquí.
—...
—¿Nos mudamos aquí juntos?
Este lugar guardaba el pasado y la historia de Haewon. El corazón de Woojin se aceleró. Latía con tanta fuerza que podía escucharse.
No creía en el destino ni en las coincidencias, pero sabía vagamente que Haewon no era una conexión que él hubiera forzado a existir. El propio Haewon parecía no recordarlo, pero eso no importaba.
Él y Haewon habían estado unidos por algún hilo desde hacía mucho tiempo, y era inevitable que terminaran así.
Se alegraba de no haber dejado pasar lo único que ocurre una sola vez en la vida. Su elección de apostarlo todo por Haewon había sido la correcta. Fue un alivio que inundó su corazón.
—¿Estás loco? ¿Qué hay de papá y la madrastra?
—Viviremos con ellos.
—Ni bromees con eso. Me da escalofríos.
Estremeciéndose ante el pensamiento, Haewon no pudo sostenerle la mirada a Woojin. Giró levemente su muñeca, quejándose de que le dolía mientras seguía retenido. La mirada intensa y acalorada de Woojin hacía imposible mantener el contacto visual.
—Haewon.
—¿...Sí?
—Nosotros.
—...Sí.
—¿Nos casamos?
—...
Su corazón dio un vuelco pesado, hundiéndose.
Woojin soltó las muñecas de Haewon y tomó sus manos, entrelazando sus dedos con suavidad. La calidez de Woojin, mucho mayor que la suya, se esparció lánguidamente por el cuerpo de Haewon a través del contacto de sus palmas.
Haewon no podía cerrar ni abrir los ojos. Con la mirada torpemente desviada, escuchó en silencio la voz temblorosa de Woojin, que decía cosas incomprensibles junto a su oreja.
—¿No quieres?
—No lo sé. Nunca lo había pensado.
Estaba impactado y desconcertado. Un sentimiento parecido a la tristeza brotó en su interior. Intentando no revelar su interior tembloroso, Haewon se aclaró la garganta.
La forma de ser de Woojin con quienes decían amarlo era tratar sus personalidades como algo desechable, reemplazándolas por otras cuando se desgastaban.
Choi Hyunmi había dicho que Woojin ni siquiera podía concebir el deseo de vivir con alguien. Ese anhelo no existía en él. Debido a su condición, jamás podría comprender tales emociones.
—Quiero... casarme.
—...
—¿Lo dije muy de repente? ¿O es algo que no debería decir?
—...
—Tal vez sea demasiado anormal... No quieres, ¿verdad?
—Maldito loco.
No tenía nada que ver con eso, espetó Haewon, fulminándome con la mirada.
—No digas cosas que te menosprecien.
—Entonces ¿por qué no quieres?
—No dije que no quisiera.
—No respondiste.
—¿Crees que le diría simplemente «De acuerdo, hagámoslo ahora mismo» a alguien que se declara de la nada de esa manera?
Los ojos de Woojin no mostraban rastro de dolor ni rechazo. Era como si lo único que llenara su mente fuera ese único pensamiento, mirando a Haewon con ojos puros e inmaculados.
Esos ojos estaban sondeando las profundidades del corazón de Haewon, un lugar que ni él mismo comprendía del todo. Haewon sabía que Woojin quería una respuesta en ese instante y no lo dejaría ir hasta obtenerla.
—¿Me tocarás el piano?
—Solo conozco esa pieza.
—Aunque sea solo esa.
—La tocaré.
—...¿Me dejarás tocarte la verga cuando cocines?
—Por supuesto.
—¿Te desvestirás solo frente a mí?
—Naturalmente.
—Te mantendrás fiel ¿verdad?
—Si algo pasa, viviré en celibato.
—¿Vas a vivir pensando solo en mí sin hacerlo? ¿Eso no libera alguna hormona o algo así? ¿Algo relacionado con el sueño?
—Viviré sin eso. Simplemente no dormiré.
—¿Vivir sin dormir para siempre? ¿Cómo sobrevivirías?
—Entonces déjame vivir. Puedes mantenerme con vida, ¿verdad? Me mantendrás con vida, ¿no es así?
Preguntó Woojin, casi suplicante.
Poseer el pasado y el presente de Haewon no era suficiente. Necesitaba asegurar ese lazo con un nudo más fuerte. Para lograrlo, tenía que reclamar el futuro de Haewon como suyo. Solo así podría sentirse seguro. Solo así podría preservar esta felicidad y estabilidad simples para siempre.
Si podía ser dueño absoluto de Haewon mediante documentos legales, no importaría cuántas estrellas le diera: dos un día, cien otro. No necesitaría eliminar al supuesto alma gemela de Haewon en algún lugar de la Tierra.
Haewon no podía abandonarlo, sin importar qué. No podía irse. Ese era el poder de un contrato, del papeleo. Una propiedad tan perfecta no tenía rival. Sin Haewon, Woojin tal vez permanecería incompleto, inacabado para siempre.
El matrimonio completaría ese vínculo, impecable y sin fisuras. El solo pensamiento sumía a Woojin en éxtasis.
Hizo su mejor esfuerzo para seducir a Haewon.
Bajó la voz hasta el tono que a Haewon le encantaba. Presionó sus labios ligeramente cálidos contra la oreja sensible de Haewon, dejando que su aliento persistiera. A Haewon le encantaba el calor de su cuerpo, así que sostuvo y acarició suavemente los dedos de Haewon.
—¿Sabes qué es lo bueno de ser mi cónyuge?
—¿Qué es lo bueno?
—Puedes tener legalmente la mitad de mi riqueza.
—...¿De verdad?
—Estoy en el segundo puesto de riqueza entre funcionarios públicos.
—...¿En serio? ¿No dijiste que estabas arruinado?
Haewon no podía pensar con claridad. Respondía y hacía preguntas mientras Woojin hablaba, pero las palabras no terminaban de calar hondo.
¿Por qué lo tocaba de forma tan sensual, susurrando de manera tan seductiva? Si no estuvieran en la casa de su familia, Haewon podría haberlo derribado sobre la cama en ese mismo momento. Fácilmente habría podido hacerlo.
Era una tortura contenerse. Haewon se removió para liberar sus manos, y los labios que habían estado peligrosamente cerca de su oreja rozaron su piel antes de retirarse. La piel de gallina brotó al contacto de sus carnes, un escalofrío recorriéndolo como una fiebre.
—¿Te casarías conmigo?
—...¿Debería? Si lo hago, ¿serás verdaderamente mío, verdad?
—Sí. Si nos casamos, puedes tenerme.
Haewon enderezó la cabeza y se encontró con los ojos de Woojin. Liberando sus manos, rodeó los hombros de Woojin con sus brazos, elevando ligeramente los talones para inclinar su peso contra él, cerrando la distancia en un abrazo estrecho.
Sentía como si su alma estuviera siendo succionada hacia las profundidades oscuras y vastas de los ojos de Woojin.
—Entonces casémonos.
—...
—Si vas a ser mío, si eso es posible, hagámoslo.
Woojin rodeó la cintura de Haewon con sus brazos, pegando sus cuerpos por completo. El ritmo palpitante de sus corazones fluía vívidamente a través de la calidez compartida. Sus fuertes brazos sostuvieron a Haewon con tanta fuerza que era difícil respirar.
Asintiendo en silencio como respuesta, Woojin fue atraído hacia un abrazo feroz mientras Haewon unía sus labios en un beso.
∞ ∞ ∞
—Ha pasado un tiempo, fiscal. Oh, ya no es fiscal, ¿verdad? Felicitaciones por el ascenso.
Kim Seokho, de la Unidad de Delitos Violentos, extendió la mano para saludar cuando Woojin bajó del auto. Abrochándose la chaqueta, Woojin estrechó su mano firmemente. La gruesa mano de Kim apretó y soltó.
—Debe estar ocupado con sus deberes oficiales, pero le agradezco que haya manejado esto tan rápido.
—¿De quién es la denuncia si no de usted? Tenía que ser la prioridad ¿Subimos?
Ante el asentimiento de Kim, dos investigadores que esperaban en una camioneta negra de la unidad descendieron. Se encontraban en un complejo de apartamentos en el centro de la ciudad.
Cuatro hombres imponentes se movieron juntos, abordando el ascensor. Kim presionó el botón. Bajaron en el piso 14. Parados frente a la puerta justo afuera del ascensor, Kim tocó el timbre.
—¿Quién es?
Se oyó la voz de un hombre al otro lado.
Mirando a su alrededor, Kim elevó ligeramente la voz.
—Inspección de gas.
—No hay nadie en casa ahora mismo ¿Pueden volver más tarde?
Como si no fuera considerado un humano, el hombre de adentro les dijo que se fueran. En lugar de decir «¿Acaso no eres una persona?», Kim hizo una pregunta protocolaria.
—Si no podemos inspeccionar hoy, hay una multa. ¿Está bien?
—Oh... Entonces pasen.
A juzgar por su ignorancia sobre cómo funcionan las inspecciones de gas, su voz era lo único de adulto que tenía.
El hombre abrió la puerta con un suspiro molesto, claramente irritado. A través de la rendija de la puerta medio abierta se veían cuatro hombres que jamás pasarían por inspectores de gas. Su rostro palideció al comprender la situación, e intentó cerrar la puerta de golpe. Kim tiró del pomo y el hombre tropezó hacia adelante por la fuerza.
—¡Oigan, qué demonios!
Casi cayendo, forcejeó cuando Kim le torció rápidamente el brazo, inmovilizándolo contra la pared con un golpe seco, con el pecho apretado contra ella.
—¡Ugh...! ¿Qué es esto? ¿Qué están haciendo? ¡Suéltenme! ¡Maldita sea! ¡Dije que me suelten!
—¡Quédate quieto! ¿Cómo se llamaba, Choi Woojin, allanamiento de morada, hurto agravado y qué más? ¿Fiscal?
Woojin, observando desde atrás, añadió:
—Violación de la Ley de Control de Narcóticos.
—Lo estamos arrestando por eso.
—¡Suéltenme! ¿De qué están hablando?
—¿Ningún registro de haber enviado una bebida mezclada con estimulantes al violinista Moon Haewon? ¿Nunca te metiste a su estudio a robar cosas? ¡Estúpido, debiste haber elegido mejor a tu objetivo de acoso!
Mientras el hombre forcejeaba, Kim lo someterá con fuerza, inmovilizándolo por completo. Era una fuerza abrumadora.
—¡Maldita sea, yo no hice eso!
—Choi Woojin, ¿te importa si echamos un vistazo rápido adentro?
Mientras Woojin metía el pie en la puerta medio cerrada y la empujaba para abrirla, Choi Woojin gritó aterrorizado, suplicándole que se detuviera.
Ignorando sus súplicas, Woojin entró. Pasando por una sala de estar limpia y ordenada, abrió la primera puerta que vio. No era la habitación de Choi Woojin, quien acababa de convertirse en universitario. Kim y un investigador lo arrastraron adentro.
—¡Suelten! ¡Dije que me suelten!
—Quédate quieto antes de que te pongamos las esposas y te arrastremos afuera.
—¡No! ¡Oye! ¡No abras eso! ¡Estúpido!
Gritó desesperadamente Choi Woojin. Kim, manteniendo su rostro a distancia, se quejó de que le zumbaban los oídos.
Cuando Woojin abrió otra puerta, Choi Woojin volvió a gritar. La habitación parecía la de cualquier estudiante universitario típico. Recogió una computadora portátil y registró los cajones del escritorio, sacando una caja de zapatos Nike escondida en la esquina.
Se sentía sucio con solo mirarla. Desde el momento en que este chico se atrevió a perseguir a Haewon, Woojin había sentido que estaba podrido.
—Doce años menor, eh —murmuró Woojin con frialdad y desdén.
Varias fotos de Haewon y artículos que ni siquiera sabía que había perdido estaban allí, incluido un vaso desechable que Haewon había usado.
—Bien podría asegurarme de que pierdas tu capacidad reproductiva.
Su agarre aplastó el vaso vacío y lo arrojó a la basura.
Ante la evidencia clara, Choi Woojin gimió de desesperación.
—Choi Woojin, ¿dónde está el paquete?
—¿De... de qué estás hablando?
Sus ojos parpadearon desviándose y luego volviendo. Woojin siguió su mirada hasta la cama. Rebuscando debajo, encontró una caja de entrega plana con la dirección del estudio de Haewon todavía adherida, sin abrir.
—Parece suficiente evidencia. Llévenselo.
—Nos marchamos entonces. Cuídese, señor.
—¡Oye, déjame llamar a mi mamá! ¡Déjame usar el teléfono! ¡Señor, por favor!
—Todo un chico problemático.
Woojin se acercó a Choi Woojin, quien lo había llamado «señor», con una expresión helada y amenazante.
—De acuerdo, ¡la cagué! ¡Solo... solo me gustaba Haewon-hyung! ¡Incluso comimos juntos una vez! Gustarle a alguien no es un delito, ¿o sí?
—Lo es.
—¿Qué?
—Es un delito.
—¡No, espera! ¡Señor! ¡Señor!
—Sargento, entierre a Choi Woojin vivo... no, en secreto. No, no.
Encontrando absurda su propia elección de palabras, Woojin sacudió la cabeza y soltó una risa para sí mismo antes de continuar.
—Presenten los cargos y manéjenlo lo más rápido posible.
Kim asintió, arrastrando al forcejeante Choi Woojin. Woojin le entregó la caja de zapatos y la computadora portátil a otro investigador, tomando solo la caja de entrega al salir del apartamento.
Woojin, con las mangas enrolladas hasta los codos, estaba preparando la cena. Tan pronto como Haewon dejó su violín, rodeó la cintura de Woojin con sus brazos, frotando su rostro contra su espalda.
Era la espalda ancha del hombre que Haewon amaba. La camisa se sentía suave contra su mejilla.
—¿Cuándo llegaste, cariño? Dijiste que llegarías tarde.
—Hace un momento. Lávate las manos. La cena está lista.
Ante la palabra «cariño», Woojin esbozó una sonrisa burlona. Sonreía tontamente ante cualquier cosa que dijera Haewon. A veces se reía después de una pausa, como si sopesara algo, luciendo como un villano tramando un plan.
—Nah, demasiado fastidio.
—¿Sabes cuántas bacterias hay en tus manos? La penicilina no cambió el paradigma de la humanidad; el jabón lo hizo.
—Mis manos están limpias. No tienen nada.
Como para demostrar su punto, Woojin abrió el grifo y se lavó las manos de nuevo, ya limpiadas varias veces mientras manipulaba ingredientes. El agua salpicó ruidosamente sobre su reloj de pulsera. Debía usar uno resistente al agua porque se lavaba las manos muy a menudo.
—Vamos.
Instó con tono de adulto, pero Haewon no aflojó su agarre en la espalda de Woojin. Mientras Woojin picaba y revolvía algo afanosamente en la estufa, Haewon se aferró a él, siguiendo sus movimientos.
—Dijiste que cuando estás cocinando, tu verga es mía.
—Sí, es tuya.
—No la he tocado en todo el día. Necesito tocar la verga de mi cariño ahora.
Como si fuera a traer buena suerte, Haewon deslizó su mano hacia los pantalones de Woojin, agarrando y levantando. El peso pesado era palpable. Era un alivio que no tuviera una edad en la que se le parara al mínimo toque. Mantener eso entre sus piernas sin que se notara no era pequeña hazaña.
Mientras Haewon amasaba, comenzó a tomar forma y crecer. Su toque juguetón se volvió más serio. Al sentirlo hincharse, Haewon se emocionó. Controlando su respiración desigual, exhaló cuidadosamente, acariciando con entusiasmo la carne reblandecida hasta endurecerla. Haewon se concentró intensamente, emitiendo respiraciones suaves y jadeantes.
Woojin, por su parte, estaba calmadamente concentrado en cocinar.
—Oye, ¿eso se siente bien?
—...
—¿No se siente bien?
—Se siente como si me estuvieran acosando.
Respondió Woojin tras pensarlo un momento.
Honestamente, le parecía molesto. Quería concentrarse en cocinar. Tenía un paladar refinado. La comida para llevar no le sentaba bien, y la cocina de otros nunca lo satisfacía. No podía cenar en restaurantes de cinco estrellas en cada comida, ni tenía el tiempo o el ocio. Cocinar él mismo era más eficiente.
Quería hacer algo delicioso para Haewon, pero la mano molesta lo distraía, y quería quitársela de encima.
—Si te están acosando ¿por qué sigue creciendo? ¿Acaso no lo estás disfrutando?
— Tócala después de cenar. Lávate las manos. La cena está lista.
—Mis manos están limpias, ya lo dije.
—Haewon.
—Guau, guau, guau.
Ladrando como un perro, Haewon presionó sus labios contra la espalda de Woojin, imitando el ladrido de un can.
Woojin, que había estado cortando cebollas uniformemente en la tabla de picar, se detuvo.
Cuando Woojin regañaba, Haewon ladraba así para decirle que se callara, queriendo decir «deja de parlotear».
No era solo que lo provocara; era que Woojin, quien lo había llevado a la locura, ocasionalmente sacaba a colación ese momento en el que había agarrado el cabello de Haewon y lo había hecho gemir de dolor, sin previo aviso ni advertencia.
—...
Woojin se giró para mirar a Haewon, que estaba aferrado a su espalda. Haewon levantó los ojos para encontrarse con su mirada.
Los ojos oscuros y sin brillo de Woojin miraban fijamente a Haewon. No eran los ojos de un humano, sino los de un mundo vasto y oscuro donde ningún animal podía respirar y ninguna planta podía echar raíces. Cada vez que Haewon miraba esos ojos sin emociones, sentía que su mente era tragada, como si alguien lo estuviera ahogando.
—Te dije que no ladraras.
—Guau, guau.
—Haewon.
Woojin sostenía un cuchillo de cocina. Los ojos de Haewon bajaron de golpe. Estaba agarrando el cuchillo con su mano derecha. El bulto en los pantalones de Woojin que Haewon había estado tocando no se hinchó por la excitación, sino que se endureció como piedra.
—Parece que eso realmente te enfada. No se está poniendo más grande.
—No ladres.
—No desentierres ese recuerdo, no le prendas fuego al líquido inflamable que tambalea al borde del peligro, no te lo advertiré de nuevo,
Su tono seco llevaba el peso de una advertencia final. Sus ojos eran tan afilados como una hoja cortando piel tierna sobre papel. Su voz contenía una amenaza innata y apenas disimulada que golpeó a Haewon como un látigo.
—La verga de viejo.
—...
—Me gusta la verga del abuelo.
—Moon Haewon.
—Sí.
—Basta.
—...Iré a lavarme las manos.
Evitando la mirada de Woojin, Haewon retiró lentamente su mano de la parte baja del cuerpo de Woojin y se dirigió al baño.
Abrió deliberadamente el grifo a la máxima presión, haciendo un fuerte sonido de salpicaduras mientras se lavaba las manos. Al mismo tiempo, observaba atentamente la silueta de Woojin a través de la puerta abierta del baño, solo con su espalda a la vista.
Woojin no se movió. No continuó cortando las cebollas ni limpió; simplemente se quedó allí parado. Tras un largo silencio, reanudó lentamente el corte de las cebollas.
Haewon exhaló un suspiro de alivio, como si hubiera escapado por poco de la muerte.
Saliendo del baño, Haewon se acercó a Woojin, quien estaba poniendo la mesa para la cena.
—...Me lavé bien las manos.
—...
Sin una sola palabra de elogio, Woojin colocó un plato sobre la mesa. Haewon se sentó en una silla, observando a Woojin preparar la cena sin mover un dedo.
Woojin se sentó junto a Haewon. Tan pronto como se acomodó, Haewon arrastró su silla más cerca con un chirrido.
—¿Estás enojado?
—...
—Cariño, amor, viejito, señor, hyung.
—...
Haewon extendió la mano y reanudó las caricias en la entrepierna de Woojin. Woojin, sosteniendo un tenedor, bajó la vista hacia su regazo y la mano traviesa de Haewon.
—Hazlo con moderación.
—Dijiste que la tocara después de lavarme las manos.
—Basta.
—...
Su tono severo era casi aterrador. Parecía genuinamente enojado. Haewon, midiendo el estado de ánimo de Woojin, retiró la mano. Con una expresión taciturna y sin apetito, tomó su tenedor y picoteó la cena que Woojin había preparado. Comieron en silencio, con la atmósfera de la mesa fría.
El recuerdo de perder el control y lastimar a Haewon seguía siendo una mancha sucia en la mente de Woojin. La parte de sí mismo que había ocultado desesperadamente, sin querer nunca que nadie la viera —especialmente Haewon—, había quedado expuesta. Haewon la había visto. Los ojos que miraban a Woojin, empapados de ese miedo vicioso, sostenían la identidad que tanto había luchado por negar. En ese momento, Woojin era una serpiente, un monstruo que aterrorizaba a todos. Esa era su verdadera y definitiva esencia.
—Quiero beber vino.
Perdido en esos pensamientos, Haewon murmuró para sí mismo. Woojin, como si de repente fuera consciente de la presencia de Haewon, giró la cabeza.
Haewon lo estaba mirando con ojos preocupados. Ojos que lo habían visto todo y sin embargo permanecían sin cambios.
—Quiero vino ¿Quieres tomar un poco?
Repitió Haewon.
¿Ya no daba miedo? ¿O nunca había dado miedo para empezar?
En aquel entonces, Haewon había intentado desesperadamente escapar del agarre de Woojin. Como si tocarlo fuera a encender una llama de azufre o transmitirle una enfermedad vil que lo hiciera escupir sangre, Haewon se había estremecido con un miedo intenso.
Sin embargo, habiendo visto ese lado suyo, Haewon seguía ladrándole, apenas en su sano juicio.
—Lo traeré.
Dejando escapar un suspiro pesado, Woojin se puso de pie. Eligió una botella de vino del rincón oscuro del estante. Sosteniendo dos copas entre sus dedos, regresó a la mesa.
Se sentó y abrió la botella con un sacacorchos. Agitó la botella un par de veces para dejarla respirar. Vertió vino en la copa de Haewon y llenó la suya hasta la mitad.
Haewon, con los labios fruncidos, observó los movimientos precisos y refinados de Woojin como si estuviera observando a un sommelier.
Woojin no parecía estar de humor para chocar las copas, así que Haewon agitó su vino y bebió solo. Tomó un sorbo y se lo tragó de golpe.
Woojin bebió su vino también. A medida que el tintineo de los cubiertos se reanudaba, Haewon le habló a Woojin, que comía en silencio.
—Está delicioso. Va muy bien con la comida.
—Sí.
—¿Por qué eres tan bueno cocinando?
Intentando romper el hielo, el esfuerzo de Haewon era admirable. Aunque su estado de ánimo estaba bajo y no quería hablar, Woojin respondió.
—Me volví bueno haciéndolo. Tú deberías intentarlo también.
—Estabas ocupado estudiando ¿Cuándo tuviste tiempo de aprender a cocinar?
Haewon comía comida instantánea, a domicilio, incluso las hamburguesas que Woojin llamaba baratas, sin quejarse. Mientras pasara sin problema y le diera energía, no le importaba.
—Cuando estaba en la escuela, alguien arruinaba mi almuerzo. Después de eso, la comida hecha por otros se sentía sucia, difícil de comer. Volvió mis gustos quisquillosos. Cocinar yo mismo era mejor, así que empecé. Pensé que si iba a hacerlo, lo aprendería bien.
—¿Qué le ponían a tu almuerzo? Espera, ¿te hacían bullying?
—...
Woojin, a punto de dar un bocado, se detuvo y miró a Haewon. Dejó su comida, habiéndosele quitado el apetito.
—Te hacían bullying. Los niños se metían con tu comida y te acosaban.
—...
—Oh, mi cariño aprendió a cocinar porque le hacían bullying. Ahí fue cuando tus gustos se volvieron quisquillosos. Mmm, pero antes te vi comiendo samgyeopsal con soju. ¿Estás seguro de que tus gustos son quisquillosos?
Molesto por que Haewon repitiera la palabra indeseada tres veces, Woojin soltó una risa incrédula.
—Cuando Moon Haewon me da en la boca ¿Cómo no va a saber bien?
Woojin se quitó el tema de encima con una risa.
El incidente no lo había marcado, pero tampoco era un recuerdo agradable, dadas las muchas pruebas a las que se había enfrentado.
La escuela no podía arreglar mágicamente la socialización que se había perdido de niño. Estar en un grupo hacía que fuera más difícil adaptarse. Imitar a alguien con un trasfondo e inteligencia similares facilitaba la vida organizativa, pero en sus primeros días de escuela, muchos niños lo evitaban sutilmente o lo rechazaban abiertamente.
Los niños le temían a Woojin por ser diferente, aunque no podían precisar por qué, lo que los hacía temerle más. El bullying era su intento de disipar ese miedo.
Le mezclarían tierra en el almuerzo o le rociarían virutas de borrador. Eso era lo más leve. En la secundaria, las cosas empeoraron. Por eso Woojin aprendió artes marciales, judo, cualquier cosa que pudiera.
La selección natural en la evolución es solo otro término para la supervivencia del más apto. Para sobrevivir a situaciones extremas, los días escolares de Woojin fueron casi una batalla. Solo quería superarse, pero la gente a su alrededor salía lastimada. Algunos lo culpaban.
«Los mataste», decían.
—¿Y tú...? Haewon, ¿cómo fue para ti?
—¿En la escuela?
Cortando ese hilo de pensamientos, Woojin preguntó abruptamente.
—Yo solo... iba a la escuela. No sufría de bullying. Simplemente no me gustaban los niños porque eran demasiado infantiles.
Él mismo era un niño, pero encontraba a los de su edad inmaduros y molestos, odiando ser parte de su grupo. Woojin había empezado a cocinar en serio y a aprender artes marciales por entonces, mientras que Haewon desarrolló preferencia por los chicos mayores.
—Ah, ¿no te gustaban porque eran infantiles?
—Todos y cada uno tenían algún tipo de problema de inteligencia.
—Mmm.
Woojin esbozó una sonrisa sutil y significativa, incitando a Haewon a preguntar el motivo con una mirada.
—Nuestro Haewon debió de ser muy maduro en comparación con los otros niños.
—Era un poco así. Medio adulto.
—Ah, con razón.
—¿Qué pasa con tanto «ah» y «con razón»?
Preguntó Haewon con irritación, preguntándose con qué estaría de acuerdo Woojin, como si recordara alguna diversión privada.
—Sedujiste a profesores y entrenadores ¿es eso?
—Yo no hice eso. Mentí en ese entonces para ponerte celoso.
Para poner celoso a Woojin, que no mostraba ningún interés, Haewon, a los diecisiete años, se había jactado de seducir a un profesor de piano, afirmando que había sido su primer beso y exagerando algunas verdades.
—Un crío que apenas ha crecido y no estudia.
—Yo sí estudiaba ¿Por qué sigues olvidando que fuimos a la misma universidad?
—Si no hubiera sido por mí en ese entonces...
—...¿Qué quieres decir?
Un chico con un uniforme de verano limpio y blanco, con el cabello y el cuello húmedos por agua fresca.
Era verano. Woojin recordaba lo caluroso que era ese día. Tal vez sus mejillas sonrojadas se enfriaron con agua. Haewon, empapado, había mirado a Woojin con ojos recelosos.
Recordando a Haewon en el lavabo del baño ese día, Woojin lo quedó mirando. La expresión de Haewon se volvió desconcertada bajo su mirada clara.
Había sido hace más de una década. Woojin y Haewon se habían conocido entonces. Normalmente, habría pasado de largo, sin importarle. Solo mucho más tarde Woojin se dio cuenta de por qué había sido innecesariamente entrometido.
—¿Todavía quieres tocar?
—¿Eh?
Los ojos de Woojin, al encontrarse con la mirada confusa de Haewon, bajaron a su regazo. Haewon lo siguió, mirando entre las piernas abiertas de Woojin. Sin dudarlo, extendió la mano. Al sentir que el humor de Woojin se había suavizado, Haewon se volvió hablador.
—Se siente bien tocar. Es mío, ¿verdad? Cuando toco lo mío, sigue creciendo. Es como hacerse rico, como una cuenta de ahorros que crece.
—Si nuestro Haewon quiere mantenerse fiel, tengo que poner de mi parte.
Mientras Haewon bajaba la mano, Woojin le dio un bocado de comida. El agarre se hizo más fuerte, haciendo que Woojin se moviera de manera inconsciente.
Dándole un bocado a Haewon y comiendo uno él mismo, Woojin llegó a su límite y exhaló un suspiro frustrado.
—Haa... Sube aquí.
—¿Eh? ¿Dónde?
—Siéntate en mi regazo.
Haewon se puso de pie sin dudarlo para sentarse en el regazo de Woojin. Woojin lo detuvo.
—Quítatelo.
—...¿Qué?
—Tus pantalones.
—¿Mientras cenamos...?
—Sí, mientras cenamos.
Haewon se puso de pie torpemente. Los ojos de Woojin lo instaron suavemente a darse prisa.
—Pervertido.
—Lo sé. Soy un pervertido.
Mientras Haewon dudaba con las manos en el cinturón, Woojin extendió la mano como para desvestirlo. Haewon bajó los brazos, de pie como si cediera ante Woojin.
Mirando a Haewon, Woojin desabrochó lentamente su cinturón. La bragueta bajó con un zumbido. Enganchando sus dedos en la ropa interior de Haewon, la tiró hacia abajo junto con los pantalones, revelando caderas y piernas pálidas. Su mirada penetrante recorrió el cuerpo de Haewon.
Cada vez que los ojos afiebrados de Woojin lo escaneaban, Haewon sentía como si lo estuvieran devorando descaradamente con la mirada. La sensación cruda de su piel expuesta no se debía al aire, sino al peso de la mirada de alguien.
—Ven aquí.
Woojin señaló su regazo. Haewon dudó, pero se sentó en sus muslos.
Se acomodó incómodamente en el regazo de Woojin, como si estuviera sentado en una silla. La mano de Woojin se estiró desde atrás para tomar los cubiertos de la mesa.
Le dio a Haewon un bocado. Haewon abrió la boca, saboreando la comida ahora fría y los cubiertos fríos con la lengua.
No era la primera vez que se sentía sobre el bulto de Woojin, pero con Woojin vestido y Haewon semidesnudo, se sentía extrañamente desconocido.
Woojin le dio un bocado a Haewon, luego a sí mismo, continuando la comida. Compartían un solo utensilio, pasándolo entre sus bocas. La sensación del bulto creciente de Woojin debajo de él era notablemente distractora.
—¿Debería bajar?
La postura era incómoda e incosteable. Haewon quería bajarse. Comer era difícil; algo de comida se derramó, otra se manchó desordenadamente alrededor de su boca. Un trozo de cebolla salteada cayó sobre su pierna desnuda. La mano de Woojin lo sacudió.
—Quiero bajarme.
—...Quédate quieto.
Una voz reprimida salió desde atrás. Haewon, a punto de levantarse, se congeló.
—Es incómodo. Quiero bajar.
—Solo quédate. Te daré de comer.
Woojin recogió comida cargada de salsa y se la dio. Haewon intentó comer correctamente pero luchó. Como un niño con babero, la salsa roja goteaba por su barbilla, sobre sus piernas y el suelo.
Haewon miró el desorden debajo. Otro bocado llegó, pero no pudo comerlo. La salsa goteó entre sus piernas, sobre sus muslos internos, manchando la ropa de Woojin.
—Te estás derramando como un niño.
Los dedos de Woojin limpiaron la salsa del muslo de Haewon, empujándola hacia adentro en lugar de limpiarla. Llevó la salsa a la boca de Haewon. Haewon chupó sus dedos, lamiendo la salsa agridulce y tragando. El sonido húmedo de la succión era marcadamente lascivo.
Woojin limpió la salsa restante y la saliva en el muslo de Haewon. Sus dedos manchados de salsa agarraron el vino de la mesa. El alcohol no le hacía efecto, por mucho que bebiera. Inclinó la copa hacia la boca de Haewon.
En lugar de darle de comer, era como si lo estuviera vertiendo. El vino rojo que Haewon no pudo tragar empapó su ropa y goteó. La mano de Woojin se deslizó bajo su camisa, acariciando su estómago y subiendo hasta su pecho.
La constante succión de Woojin había vuelto sensibles los pezones de Haewon, a veces dolorosamente cuando la ropa los rozaba. Dedos pegajosos y cubiertos de salsa tocaron su pezón. La columna de Haewon se estremeció tenuemente.
—Uhh...
Woojin rodeó la cintura de Haewon con un brazo, levantándolo ligeramente. Con la otra mano, desabrochó su cinturón y abrió la bragueta de sus pantalones, sacando su erección tensa.
Haewon agarró el antebrazo firme de Woojin. Acomodó su miembro hacia arriba. No había espacio para entrar, por lo que Haewon tuvo que volver a sentarse.
—Haa...
Woojin exhaló un suspiro ahogado. Cada vez que exhalaba, el cuerpo de Haewon se elevaba tenuemente y se hundía pesadamente.
Woojin intentó empujar hacia adentro. La parte baja del cuerpo de Haewon se contrajo, sus caderas retorciéndose como si exprimieran el miembro de Woojin.
Woojin agarró el aceite de oliva usado para la ensalada. Haewon, asustado, sacudió la cabeza, incapaz de decir que no lo quería sobre su piel, pero Woojin lo ignoró.
Estabilizó su respiración desigual. Se sentía como si estuviera vertiendo el aceite resbaladizo sobre la piel. Sus pantalones se arruinarían, probablemente volviéndose inútiles. Recubriendo la punta roma de su miembro con aceite, bajó lentamente las caderas de Haewon.
—...Ah, ah, aah, ugh...
Haewon se mordió el labio. Sus dientes temblaron contra la carne roja. Woojin soltó un gemido doloroso. El aceite hizo que la entrada fuera demasiado suave. La masiva intrusión empujó contra los órganos de Haewon, obligándolo a jadear y tragar su aliento. Sus pulmones se sentían constreñidos, su pecho apretado.
Una vez completamente adentro, las caderas de Haewon se asentaron por completo en la pelvis de Woojin. Estaba inmovilizado, incapaz de moverse, como un pez ensartado.
—Ugh...
—Haa, necesitamos comer. Haewon. Termina... la cena.
Woojin parecía sentir un dolor considerable por la presión. Recogió comida y se la dio a Haewon. Haewon, con la espalda rígida, obligó a abrir su boca.
La mitad de la comida no entró y se derramó. La salsa de tomate roja manchó sus labios y goteó por su barbilla. Haewon masticó lo que entró en su boca. Su garganta se movió al tragar una albóndiga. Agarrando los firmes muslos de Woojin, movió lentamente sus caderas. El espasmo del miembro de Woojin dentro de él era vívido.
—¿Sabe bien? Haa, ¿por qué sigues derramando? ¿Es nuestro Haewon un bebé?
—Ugh, uhh... Es... muy profundo.
El miembro de Woojin alcanzó un punto que podría causar daño interno. Se sentía como si una barra de hierro pudiera partir su parte baja del cuerpo, una sensación escalofriante. Asustado por la sensación extraña, Haewon apoyó los dedos de los pies para evitar hundirse más bajo su peso.
Sus piernas y brazos temblorosos apenas lo sostenían. Al mismo tiempo, su cuerpo se retorcía sutilmente, buscando el punto de placer.
Las manos de Woojin agarraron las caderas de Haewon, deslizándose lentamente hacia sus muslos. Levantó ligeramente el cuerpo de Haewon y luego lo bajó. Su miembro insertado se agitaba dentro de Haewon.
—¡Uhh!
Labios calientes mordieron el lóbulo de la oreja suave y regordeta de Haewon. El sonido húmedo resonó fuertemente. Las extremidades de Haewon temblaron, estremeciéndose.
—¿Quieres más? ¿Mmh? ¿Hambriento de más? Haa, ¿estás muriendo de hambre?
—Ugh, ah, no. Aah, ah.
Haewon, perdiendo las palabras por un momento, sacudió la cabeza frenéticamente. El brazo de Woojin levantó su peso y lo bajó abruptamente. Su carne se presionó junta, y el miembro ardiente de Woojin se enterró en el interior de Haewon.
—¡Argh!
Un escalofrío recorrió el cuero cabelludo de Haewon. Woojin lo levantó y bajó repetidamente. El ritmo se aceleró, la intensidad creció. Presionando a Haewon desde arriba, Woojin arqueó sus caderas hacia adentro desde abajo, conduciendo más profundo. Sus respiraciones invisibles se volvieron cada vez más irregulares.
—Haa, maldita sea. Deberías haber... visto esto.
Haewon no podía decir de qué estaba murmurando. Aferrándose a los muslos de Woojin, Haewon movió sus caderas en sintonía con las manos de Woojin. La fuerza acelerada empujó su cuerpo, su corazón latiendo furiosamente como si fuera a estallar.
—Mi verga, haa, Haewon ¿sabe así de bien? Tragándola con tantas ansias.
—Uhh... ugh, ugh, es buena. Tan buena. ¡Ah, ah!
—¿Quieres más? ¿Mmh? Haewon. Mírame. Mira mi cara.
Agarrando la mandíbula de Haewon dolorosamente, casi aplastándola, Woojin obligó a girar su cabeza mientras Haewon se sentaba en su pelvis, moviéndose. Los ojos de Haewon estaban rojos y húmedos.
Haewon levantó su mirada borrosa para mirarlo. La carne de abajo, agarrando el miembro de Woojin, temblaba salvajemente.
—Mira mi cara.
—...Ugh, ugh.
—Mira quién te está jodiendo ¿Quién es? Yo ¿verdad?
—Ugh, ugh, Woojin-hyung. Woojin... hyung.
Su cuello forzadamente girado dolía con rigidez. Haewon habló, casi sollozando.
—¿Cómo me llamaste antes? Llámame otra vez.
—Señor... viejo... ugh, ¡hyung...!
—Haa, eso no ¿Cómo me llamaste antes? Lo que derritió mis oídos, mmh? ¡Maldita sea, qué, ugh, cómo me llamaste!
—...¡Uhh!
Su miembro embistió bruscamente, exigiendo una respuesta. Sus caderas se movieron más rápido. Una emoción desenfrenada los envolvió a ambos. Mientras Haewon presionaba desde arriba, Woojin se elevaba hacia arriba con movimientos lascivos.
—Llámame otra vez. Haa, otra vez, ugh, llámame otra vez.
—¡Señor...!
—Haa ¿por qué no puedes simplemente, mmh, decirlo de una sola vez, ugh, nunca!
Agarrando ambas muñecas bruscamente y tirando de Haewon hacia abajo, el calor de Woojin se hundió tan profundamente que levantó cada cabello en el cuerpo de Haewon.
—¡Haa! ¡Aah, cariño, cariño...! ¡Cariño! ¡Augh!
—¿Soy tu cariño? ¿Mmh? Haa, Haewon ¿Soy tu cariño?
En el pico de su excitación, Woojin rodeó la cintura de Haewon con ambos brazos. Como para evitar que escapara, lo sostuvo firmemente, apoyando su barbilla en el hombro de Haewon, besando su mejilla y succionando y lamiendo frenéticamente por todas partes, buscando sus labios inalcanzables. La salsa de tomate se manchó desordenadamente en los labios y mejillas de Woojin.
Sosteniendo a Haewon inmóvil, como si lo clavara en su lugar, Woojin comenzó a embestir con movimientos afiebrados. Sus caderas golpearon rápidamente. La parte baja del cuerpo de Haewon se balanceaba con su ritmo intenso. Los ojos de Haewon se nublaron, distantes.
—Ajá, ugh, ugh, no puedo respirar. No puedo... respirar.
—Haa, mi verga siente que va a estallar. Ugh, Haewon, dilo. Di que me amas.
—Ugh, u... Yo, te amo. Amo... ah... Te amo.
Los brazos de Woojin aplastaron el torso de Haewon, y abajo, su miembro se hundió empinadamente, robándole el aliento.
Jadeando «te amo» en gemidos rotos y agudos, la visión de Haewon se nubló por la falta de aliento. El placer surgió a través de su cuerpo. Sus paredes internas se contrajeron, agarrando el miembro profundamente incrustado de Woojin. Sus muslos se apretaron, los dedos de los pies se encogieron. Su cuerpo tembló incontrolablemente con éxtasis físico.
El rostro de Woojin se contrajo. Las venas se abultaron en su frente, su rostro enrojeció.
—¡Grr...!
Woojin y Haewon se aferraron el uno al otro, culminando como uno solo. Sus sentidos estaban demasiado agudizados. Los ojos de Woojin se nublaron, brillando con una bruma de ensueño.
Sosteniendo a Haewon firmemente, incrustándose adentro, Woojin derramó su semilla caliente y sin filtrar. Su cuerpo ardía como si estuviera en llamas. Su cabeza sentía que podría explotar.
—Haa, haa, haa...
Exhaló el aliento que había estado reteniendo. A medida que los brazos de Woojin se aflojaban, Haewon se desmoronó lánguidamente, jadeando fuertemente.
—¡Haa! Haa, hah, haa.
La lengua de Woojin lamió el sudor que goteaba en el cuello de Haewon. La humedad clara de esa noche de verano todavía se aferraba al cuerpo de Haewon. Cerrando los ojos, Woojin lo saboreó.
Levantó la mejilla aturdida de Haewon.
—¿Cansado?
Haewon negó con la cabeza. Woojin continuó aplicando champú en el cabello cubierto de espuma de Haewon.
—Te enjuagaré. Cierra los ojos.
Haewon se cubrió la cara con ambas manos como un niño. El agua caliente se vertió sobre su cabeza desde el cabezal de la ducha. Se rindió al lavado de Woojin, sintiéndose tan relajado en cuerpo y mente que podría quedarse dormido.
El aceite de oliva no se quitaba fácilmente, incluso después de múltiples enjabonados. Woojin se arrodilló y limpió cuidadosamente entre las piernas de Haewon.
—Odiarías si lo hiciéramos de nuevo aquí ¿verdad?
Woojin, sosteniendo el cabezal de la ducha cerca de la espalda y los hombros enjabonados de Haewon, preguntó en voz baja. Haewon, apartando el cabello mojado, se volvió hacia él. En medio del vello púbico espeso y oscurecido, el miembro de Woojin estaba erecto, sus venas y tendones abultados grotescamente, cediendo ligeramente bajo su peso.
Haewon podía soportar todo sobre Woojin excepto su insaciable resistencia. El Hyun Woojin que una vez usó la moderación como armadura, volviendo loco a Haewon, era un recuerdo lejano.
En momentos como este, usar sus manos funcionaba. Por suerte, a Woojin le encantaban las manos de Haewon.
Haewon se volvió hacia él, acercándose lo suficiente para oler el aroma fresco y húmedo. Su miembro, completamente erecto, era casi demasiado para agarrar con ambas manos. Era desalentador. Haewon presionó sus labios contra la clavícula de Woojin, lamiendo la piel mojada mientras lo acariciaba.
Woojin apoyó la frente en el hombro de Haewon, de pie en silencio. Cada estimulación hizo que sus cejas se contrajeran, sentidas a través de sus hombros que se tocaban.
Apoyando sus cabezas en los hombros del otro, Haewon lo acarició delicadamente.
—Tú... haa, nunca podrías permanecer célibe para siempre.
—No sin ti. No me excito de otra manera.
Murmuró en voz baja.
—Así que hazte responsable.
—...
Woojin era el que estaba siendo tocado, pero Haewon sintió que todo su cuerpo le dolía.
—Haa, solo un poco... un poco más.
La voz de Woojin se quebró. Su respiración áspera contra la oreja de Haewon intensificó su propia excitación.
—...¿Se siente bien?
—Ugh, u... bien. Tus manos... haa, Haewon.
La piel mojada y el líquido preseminal hicieron que las manos de Haewon se volvieran pegajosas, aumentando la intimidad. Las caderas de Woojin se contrajeron. Haewon, con los ojos fijos en el vaporoso vidrio de la ducha, se movió rápidamente.
La carne de Woojin palpitaba como un ser vivo. Su cuerpo se puso rígido contra el de Haewon. Agarrando firmemente y acariciando hasta la punta pronunciada, los músculos abdominales tensos de Woojin se movieron de repente.
—¡Uhh... Haa, haa, haa...!
El cuerpo de Woojin se estremeció, expulsando el aliento. Fluido caliente y viscoso brotó sobre el estómago y los muslos de Haewon, cubriendo sus manos y deslizándose por su piel.
—Aah, maldita sea. ¡Ugh, ugh...!
No era solo semen; en un momento de pérdida de control, el cuerpo de Woojin, como una bestia, orinó, empapando las manos y la parte inferior del cuerpo de Haewon.
Haewon, todavía agarrándolo, aceptó sin expresión el chorro caliente. El miembro de Woojin se contrajo, el chorro fuerte debilitándose y deteniéndose.
Un aroma agudo, primario y animal llenó el aire.
Intentando contenerse pero fallando, los ojos inyectados en sangre de Woojin escanearon sin rodeos a Haewon, de pie allí cubierto en su liberación.
—...¿Acabas de... orinarme encima?
El pecho de Woojin se agitó. Haewon, todavía aferrándose a él, miró incrédulo, atónito.
—Dijiste que me harías venir.
—¡Eso es, eso es después de que esté preparado, después...!
—Hay cosas peores por venir.
—¡Tú, idiota... idiota de mierda!
—Todo el mundo tiene fetiches. No actúes como si te diera asco.
—¡No estoy actuando, maldita sea!
—Mantenerlo agarrado me hace excitarme aún más.
Gimiendo, Woojin agarró la barbilla de Haewon, quien estaba perdido sosteniendo su miembro, y lo besó rudamente.
Después de limpiar al furioso Haewon, que estaba gritando sobre matarlo, Woojin terminó la ducha con una apariencia renovada. Cada vez que Haewon gritaba amenazas, Woojin lo besaba ferozmente, mordiendo sus labios hasta que Haewon, exhausto, olvidaba su enojo y rodeaba el cuello de Woojin con sus brazos.
Haewon, en bata de baño, se sentó en el sofá y encendió las noticias. Woojin, acercándose desapercibido, secó el cabello mojado de Haewon con una toalla. Woojin no era del tipo cariñoso, pero alrededor de Haewon, tendía instintivamente a él. Haewon abrazó su cintura, apoyando su mejilla en el estómago de Woojin.
—No has salido últimamente.
—Solo los portavoces o los oficiales de relaciones públicas son grabados. No hay reporteros donde trabajo.
—Solías salir.
—Tienes al real frente a ti. Concéntrate en mí.
Haewon hizo un puchero.
Con el verdadero Woojin frente a él, Haewon escucharía su voz grabada a través de audífonos, ignorando al real que hablaba a su lado, o se quedaría despierto hasta tarde viendo clips de noticias de televisión sobre Woojin, descuidando al real que esperaba su toque. Eso hacía que Woojin se sintiera patético.
Mirando fijamente a Haewon, quien lo ignoraba por las noticias, Woojin agarró el control remoto y apagó el televisor. Haewon finalmente inclinó la cabeza hacia él.
—Demasiado ruido.
—¿Cómo se siente estar celoso de ti mismo?
—No lo entiendo.
Woojin genuinamente no lo entendía. Haewon lo miró, quitándose la toalla que secaba su cabello. Los dedos de Woojin barrieron su cabello despeinado, y un limpio aroma a jabón flotó.
Haewon se dio cuenta entonces: Woojin siempre se lavaba las manos antes de tocarlo. Sus manos siempre olían a jabón fresco cuando tocaban la mejilla de Haewon. No por limpieza, sino porque apreciaba a Haewon.
—¿Por qué miras fijo?
—...
¿Cómo no iba a amar a este hombre?
Haewon arrojó sus brazos alrededor del cuello de Woojin. Dudando brevemente, Woojin le dio palmaditas como calmando a un cachorro que pedía afecto.
—No te haré limpiar, así que no te asustes.
—...
Haewon aflojó su fuerte agarre. Miró a Woojin con mal humor.
—Cambia tu ropa.
Woojin despeinó el cabello de Haewon, volviéndose para limpiar la cocina, un desorden por su pasión anterior. La silla y la mesa estaban torcidas.
Barrió la comida derramada y tapó el vino sin terminar, colocándolo en el estante.
A Woojin le gustaban las cosas ordenadas en su lugar. Era bueno que a uno de ellos le gustara limpiar. Si a ambos les gustara, chocarían por los métodos; si a ninguno le gustara, vivirían en la suciedad, respirando bacterias.
Woojin y Haewon eran polos opuestos, sus fortalezas y debilidades perfectamente equilibradas.
—¿Eh? ¿Mi paquete? ¿Cómo lo encontraste?
Haewon, descansando en pijama en la cama, desplazándose por su teléfono, vio la caja de entrega en el piso y se levantó de un salto.
—Oh, eso.
—¿De dónde salió? ¿No había sido robado?
—Lo recuperé.
—¿Atrapaste al tipo?
—Sí. Enterrado vivo... haa, lo acusé.
Sus palabras seguían escapando sin filtrar. La aceptación de Haewon hacía que Woojin fuera menos cauteloso. Luchaba por usar palabras normales, su honestidad desprotegida derramándose.
—¿Qué pediste que estabas tan desesperado por encontrar?
Woojin, habiendo terminado de limpiar, se acercó a Haewon.
—Regalo de bodas.
—...
Woojin miró fijamente el anillo de pareja multimillonario en el dedo de Haewon.
—¿Compraste mi regalo de bodas en línea?
—Sí.
¿Por qué preguntar lo obvio? ¿No ves la etiqueta? ¿Eres analfabeto? Haewon fulminó con la mirada.
—Iba a pedir otra cosa como regalo de bodas.
—Eso de antes no, espero.
—¿Y si fuera...?
La ceja de Woojin se arqueó con interés.
—Olvídalo. Ningún otro regalo. Toma lo que se te da y sé agradecido.
Cuando Haewon chasqueó, Woojin estiró la mano hacia la caja. Haewon la escondió rápidamente detrás de su espalda.
—Dijiste que tomara lo que se da.
—¿Cuál es mi regalo de bodas?
—Elegiré algo en línea.
Dejando caer el interés en la caja, Woojin respondió a la pregunta descarada de Haewon, dando un paso atrás.
—Tengo una petición en lugar de un regalo.
—Solo pide un regalo.
—¿Qué harás el viernes por la noche?
—Irme a casa a darle de cenar a mi bebé.
—Eso no, otra cosa.
—¿Entonces mi bebé puede cocinarle la cena al abuelo?
—Reúnete conmigo afuera.
—¿Afuera? Claro, comamos afuera por un cambio. Estoy cansado de cocinar todos los días.
Woojin, soltando la idea del regalo, se apoyó contra el cabecero y sacó documentos de trabajo. Eran preguntas de preentrevista que no había revisado completamente. Después de verificar declaraciones, necesitaría realizar entrevistas privadas. No prepararse con anticipación conducía a un trabajo apresurado y errores.
Woojin era obsesivo con la perfección en el trabajo, no debido a la limpieza sino, porque amaba controlar las situaciones. Para él, eso era el trabajo.
Haewon, sentado cerca en ropa de dormir cómoda, miró los documentos.
—Confidencial.
Woojin se volvió, advirtiéndole, presionando los papeles contra su pecho. Haewon, apenas vislumbrando la mitad del texto, no pudo leerlo.
—Reunámonos afuera el viernes por la noche.
—Entendido.
Ignorando los documentos, Haewon añadió.
—Usa mi regalo de bodas.
—...
Woojin, subrayando con un bolígrafo, se volvió hacia la bonita sonrisa de Haewon.
—Ahora no quiero.
—Es un regalo de bodas ¿No lo aceptarás?
—Nop.
—¿El regalo de tu cariño?
—...Qué es.
Woojin se puso serio. Se abalanzó sobre la caja que Haewon había dejado a un lado. Haewon lo bloqueó con su cuerpo.
—¡Confidencial!
—¿Por qué me pones nervioso?
—Viernes, siete y media, úsalo y reúnete conmigo para cenar. En nuestro restaurante habitual.
—No tengo idea de lo que es, pero si es ridículo, no me lo pondré.
Habló fríamente, pero obviamente era absurdo.
—No te lo pongas, y no nos casaremos.
—El papeleo ya está hecho.
Woojin resopló desdeñosamente, como si fuera demasiado tarde para eso.
—¿Qué papeleo?
—Un contrato de que Moon Haewon me pertenece mientras respire. Por supuesto, yo soy tuyo también. Notariado y asegurado. Romperlo costará más que dinero.
—¿Qué es eso? ¿Eso es matrimonio?
—Oh, debí haber agregado una cláusula de que la propiedad se mantiene incluso si dejas de respirar.
Woojin se dio cuenta tardíamente de su descuido.
—¡¿Quién decidió eso?!
—Dijiste que nos casáramos.
—¡Dije cásate conmigo, no lo notarices! ¿Cuándo hiciste todo eso?
—Al día siguiente.
—¿Eso es todo? ¿Eso es todo? ¿Ninguna luna de miel? ¿Nada?
No esperaba una gran ceremonia, pero pensó que al menos viajarían a algún lugar elegante ¿No era un día para celebrar?
—¿Querías tomarte de las manos y hacer una marcha nupcial? Eso es solo formalidad.
—¿Entonces no vamos a hacer nada?
—Llevábamos en nuestra luna de miel desde hacía mucho tiempo. Lo único que no estaba en orden era el papeleo. Yo solo confío en los documentos. Los documentos no mienten —dijo Woojin con una sonrisa burlona cargada de sarcasmo.
—¿Qué? ¿Te propusiste matrimonio solo para atarme con trámites? No porque quisieras casarte conmigo.
—Haewon.
Deteniendo todo lo que estaba haciendo, Woojin sostuvo las mejillas de Haewon con ambas manos, como si estuviera maravillado. Las mejillas de Haewon se aplastaron bajo su agarre, y sus labios carnosos hicieron un puchero.
—...¿Por qué me miras así?
—Haa, qué alivio. Pensé que nuestro Haewon era un idiota, pero no lo eres. De verdad fuiste a la misma universidad que yo. Creí que las escuelas de música aceptaban a cualquiera que fuera bueno tocando, sin importar lo tonto que fuera.
—Cancela el matrimonio. Cancélalo ahora mismo. Voy a romper los documentos. También cancelaré el trámite notarial.
—No hagas eso. ¿Quieres llevar a la bancarrota al señor Moon Woosik? Demandarme es lo más estúpido que podrías hacer.
Bajó la mirada hacia los documentos y le dio unas palmaditas en el trasero a Haewon para indicarle que era hora de dormir. Haewon le mordió el antebrazo con fuerza.
∞ ∞ ∞
El viernes por la tarde a las siete y media, el restaurante que solían visitar estaba reservado con anticipación, asegurando su mesa habitual. Haewon, guiado por el mesero, se sentó en una mesa iluminada por la luz parpadeante de una vela.
—Estoy esperando a alguien. Pediremos juntos más tarde.
—Avíseme cuando esté listo.
El mesero sirvió agua y se retiró. Haewon volvió a mirar su reloj.
Le había mandado un mensaje a Woojin diciendo que contrataría a un abogado de divorcios si no se ponía el regalo de bodas. Después de una larga pausa, Woojin respondió con un simple [Bien]. Fue un ruego desesperado para que se detuviera.
Haewon se imaginó el rostro de Woojin al abrir el regalo. Quizás lo había arrojado a un lado o, estupefacto, lo había tirado a la basura. No haber presenciado esa expresión de asombro y disgusto en persona iba a ser un arrepentimiento para toda la vida. Debió haberlo obligado a probárselo en casa. Una ola de amargo arrepentimiento lo golpeó.
Puso su teléfono sobre la mesa y escribió un mensaje.
[Ya llegué. ¿Debería pedir? ¿Quieres algo en especial?]
Mientras tecleaba diligentemente, una sombra cayó sobre él. Haewon, tocando la pantalla del teléfono, levantó la vista.
—...
—...
Un uniforme de policía negro y brillante llamó su atención. Haewon miró más arriba.
Era Woojin.
Tenía el ceño fruncido, claramente disgustado por tener que ponerse algo en contra de su voluntad.
Woojin se estiraba el cuello de la camisa con torpeza, como si llevara la ropa de otra persona. El uniforme le quedaba un poco ajustado. Solo quería pasar la cena, quitárselo de encima y acabar con aquello.
Para poseer el pasado, presente y futuro de Haewon, Woojin tenía que soportar cosas que no le gustaban, y estaba preparado para ese nivel de sacrificio.
Si un acto tan trivial podía sostener el deseo que Haewon sentía por él, podía tolerar cualquier humillación.
El mero hecho de estar frente a Hae-won con esa ropa fue una humillación severa para Woo-jin, que era seis años mayor, pero lo soportó. Él era alguien que incluso había sobrevivido a la cárcel.
Se convenció a sí mismo de que era un acto indispensable para poseer por completo a Moon Haewon ¿Acaso Haewon no había soportado que lo orinara encima?
Se quedó mirando a Haewon, enviándole una señal de que no se quejara ya que se lo había puesto, y que se fueran de una vez, pero los ojos atónitos de Haewon estaban fijos en él, inquebrantables.
Woojin sonrió por dentro. Como esperaba, Haewon recompensaba el esfuerzo más de lo previsto, y la reacción ante esa pequeña humillación superaba con creces cualquier expectativa. Los ojos y la expresión de Haewon irradiaban un afecto abrumador.
Era el rostro de Haewon que Woojin más amaba y extrañaba.
Esos ojos adoradores mirándolo fijamente.
La mirada ferviente de un chico ahogado en amor. Haewon, con los ojos brillantes como si se estuviera enamorando de él de nuevo, habló:
—Oficial, ¿qué pasa? ¿Hice algo malo?
Woojin entornó los ojos y murmuró:
—¿Qué?
—¿Viene a arrestarme?
—...
Una profunda irritación brotó en el interior de Woojin.
No tenía opción. Para adueñarse del pasado, presente y futuro de Haewon, tenía que soportar algo de vergüenza y humillación, mantener vivo el deseo de Haewon con esfuerzo, y si aquello formaba parte del trato, lo soportaría. Repitiéndose esto a sí mismo, Woojin reprimió su creciente enojo y dijo:
—Sí, vine a detener a Moon Haewon. Vámonos.
—¿Qué hice mal?
—Usted... ha hecho muchas cosas mal.
Eso era sincero ¿Preguntar qué había hecho mal con esa actitud? Sus ojos ardían de ira.
—¿Me van a arrestar en el acto?
—Si eso es lo que quieres, haré que suceda.
Su oscuro uniforme de policía atraía la mirada de todos.
—¿Es usted un policía malo?
—No puedo decir que sea bueno.
—Me gustan los policías malos. De los que dicen groserías.
—¿Quieres escuchar groserías?
—...Sí, muchas. Y azótame también.
—Levántate entonces.
Haewon tomó su chaqueta y su teléfono, y se puso de pie rápidamente. Woojin lo agarró del brazo como si lo estuviera esposando. El fuerte agarre hizo que Haewon tropezara. Los curiosos murmuraban, pensando que de verdad lo estaban arrestando.
—Señor ¿se encuentra bien? ¿Qué pasa?
Un mesero conocido se apresuró a llegar, mirando a Woojin con desconfianza.
—Me van a llevar detenido, así que volveré en otro momento.
—¿Qué? ¿Por qué tan de repente? ¿Está bien?
—Oficial, apúrese y lléveseme.
Woojin avanzó a grandes zancadas, tirando de la muñeca de Haewon. Haewon lo siguió, arrastrado. Salieron del restaurante hacia el estacionamiento. Los faros del auto de Woojin parpadearon en una esquina.
—Sube.
—Te queda muy bien.
—Sube.
—De verdad. Parece de verdad.
—Date prisa, Moon Haewon.
Woojin presionó la cabeza de Haewon, obligándolo a entrar al auto. Dando la vuelta hacia el asiento del conductor, dio un portazo, tiró su gorra en la parte trasera, se pasó una mano por el cabello y miró de reojo a Haewon, que lo seguía con la mirada.
—Sabía que te quedaría bien... pero de verdad te queda.
Haewon, maravillado, tocó el brazo y el hombro de Woojin, que llevaba el uniforme. No parecía un disfraz barato de cosplay.
Había comprado la talla más grande, pero la camisa le quedaba un poco ajustada, aunque le sentaba sorprendentemente bien.
Viendo lo bien que le quedaba el uniforme, ser un funcionario público con sueldo fijo era verdaderamente tu vocación.
—Oficial, me he estado portando mal. Castígueme.
—¿Qué cosa mala hiciste?
—Me metí con un funcionario público muy guapo.
—La premisa es molesta, pero no hay opción ¿Ponerte a jugar con algún funcionario guapo en lugar de conmigo? Estás fuera de tus casillas. Te espera un buen castigo esta noche.
El entusiasmo de Haewon hacía que seguirle el juego fuera menos desagradable. Haewon miraba a Woojin como Pigmalión al ver cobrar vida a su estatua, Galatea.
Woojin encendió el auto y se incorporó en el tráfico.
—Ufg, llegó la primavera y todos los calenturientos están invadiendo el río Han.
—Les dije que nada de tiendas de campaña, así que ahora lo hacen en los carros.
Un oficial de patrulla, encargado de atender las quejas por muestras públicas de afecto en el parque, señaló un auto estacionado bajo un puente apartado.
—Qué ¿creen que nadie los ve? El carro ya está temblando. Hay niños y ancianos por aquí, qué descarados.
El oficial, pasando en bicicleta junto a unos niños que se reían, chasqueó la lengua. Se acercó al auto negro y golpeó la ventana del conductor.
El auto en movimiento se congeló, como si le hubieran echado agua helada.
Las ventanas polarizadas oscurecían el interior, pero las siluetas se movían tenuemente.
—Oigan, no pueden hacer eso aquí.
Espetó el oficial, a punto de decirles que se movieran. La ventana bajó con un zumbido.
La parte superior del cuerpo en el asiento del conductor vestía un uniforme de policía con cuatro capullos de rosa de Sarón en el hombro.
—Oh, mis disculpas.
El oficial hizo un saludo militar nervioso, poniéndose firmes. Woojin, apartándose el cabello desordenado, lo miró.
—Buen trabajo.
—Estamos haciendo redadas en el parque debido a las quejas. Lo siento, sargento.
—No, el que lo siente soy yo. Déjalo pasar solo por esta vez.
—No hay necesidad de eso. Sigan... haciendo lo suyo. Digo, preferiblemente no aquí.
—...
—Me voy.
Woojin hizo una seña de agradecimiento por hacerse de la vista gorda. Subió la ventana. Los oficiales vacilantes, con menor rango, se dieron la vuelta.
Woojin observó sus figuras que se alejaban por el retrovisor. Una vez que desaparecieron, miró hacia el frente.
Haewon, bajo la chaqueta que Woojin se había quitado a la rápida en el asiento del pasajero, se asomó, desconcertado.
—...¿Ya se fueron?
—Se fueron.
—Dios, qué susto me dio. Pensé que nos atraparían por indecencia pública.
—Eso no es lo importante. A mí me podrían atrapar por usurpación de funciones.
Empezó a quitarse el uniforme con una mano mientras encendía el auto con la otra. Haewon lo detuvo rápidamente.
—Quédatelo puesto.
—¿Quieres meterme en problemas?
—Póntelo toda la noche. Yo te lo quitaré, sargento.
—Hazlo con moderación ¿Cómo vas a lidiar con esto después?
—Castígame con él puesto. Duro.
—...
Su mano frotó su mandíbula y su mejilla ásperamente, preocupado. Los ojos húmedos de Haewon parecían listos para abalanzarse sobre él.
—Me vas a matar.
—Castígame. Duro.
—Bien, lo haré. Lo haré, así que... ya basta.
—Quiero que el sargento me castigue. No te lo quites. Te voy a desvestir. Todo, y te voy a devorar.
—Haa, Haewon, por favor.
La abrumadora reacción de Haewon fue más de lo esperado. Woojin se sostuvo la frente, empujándolo hacia atrás. Los brazos de Haewon se agitaban, intentando tocarlo, pero sin poder alcanzarlo.
∞ ∞ ∞
Era un día vibrante de primavera con una vegetación exuberante. El director de la agencia, sentado en la terraza exterior de una cafetería viendo pasar los autos, se iluminó cuando un vehículo familiar se estacionó.
Haewon, con gafas de sol, salió acompañado del mánager Lee Jinsoo.
—¡Haewon! ¡Jinsoo!
El director lo saludó con entusiasmo, bajando la voz. Los asientos al aire libre del restaurante, adornados con árboles en flor, disfrutaban de una cálida luz solar.
Haewon subió los escalones de la cafetería, se dejó caer frente al director sin saludar y se quitó las gafas de sol, sintiéndolas sofocantes.
Su cabello castaño brillante caía desordenadamente sobre su frente. Al ver el rostro de Haewon bajo la luz del sol, el director se arrepintió de que una reciente oferta comercial, de haber sido aceptada, habría sido un éxito rotundo.
Como no necesitaba dinero, a Haewon le faltaba motivación para trabajar. Parecía indiferente, como si todo fuera asunto de los demás, perezoso en todos los aspectos.
Cuando firmaron por primera vez, Haewon exigió de la nada que lo hicieran famoso.
El director pensó que era otro chico bonito y hueco que aspiraba a vivir con facilidad como una celebridad, no un violinista trabajador.
Sin embargo, Haewon era un violinista sorpresivamente talentoso, su anonimato resultaba desconcertante, y mostraba una dedicación inesperada hacia sus interpretaciones.
Según Lee Jinsoo, en los días sin salidas, Haewon practicaba durante horas, saltándose comidas. Incluso sin compromisos con la orquesta, iba solo a la sala de prácticas todos los días y tomaba lecciones regulares con un profesor de música.
Practicaba de tres a cuatro horas diarias, un fanático de los ensayos que rara vez soltaba su violín.
Hyun Woojin le había pedido a Lee Jinsoo que se asegurara de que Haewon comiera, ya que a menudo se le olvidaba durante las prácticas.
Las huellas dactilares de la mano izquierda de Haewon estaban tan gastadas de presionar las cuerdas que el reconocimiento de huellas dactilares no funcionaba. Valoraba su instrumento, sin dejar que nadie lo tocara ni lo cargara por él.
Su rigor con el violín sorprendió tanto al director como a Lee Jinsoo, una de las razones por las que Jinsoo lo manejaba a pesar de su difícil personalidad.
—Haewon ¿has estado bien?
—Sí.
Su respuesta cortante a la cálida pregunta era desagradable. Menos mal que destacaba en su arte, o el director habría roto el contrato por tanta grosería.
Haewon entrecerró los ojos, ladeando la cabeza. La luz del sol se filtraba a través de las hojas verdes, destellando en sus ojos.
—Está haciendo calor. El verano de verdad se acerca.
—Un latte helado.
—Ah ¿qué vas a tomar tú, Jinsoo?
Preguntó el director a Lee Jinsoo, sentado cerca.
Jinsoo suspiró y se volvió hacia Haewon.
—Nada de lattes helados.
—¿No escuchaste a tu jefe decir que el verano ya llegó? ¿Soy el único con calor?
—Sea verano o invierno, te he dicho que las bebidas frías dañan tu sistema inmunológico.
—¿Quién preguntó por mi sistema inmunológico? Quiero un latte helado.
—No. Jefe, un americano helado para mí, té verde caliente para Haewon.
Jinsoo interrumpió a Haewon, enfatizando la palabra "caliente". El director, mirando a Haewon, hizo el pedido. Haewon, acostumbrado a la actitud de Jinsoo, se encogió aún más en su silla, gesticulando su calor en señal de protesta.
—Aguántalo. Está sufriendo el síndrome de abstinencia por dejar el café helado.
Señaló Jinsoo.
Haewon se quedó mirando a Jinsoo, quien sorbía su café helado con un satisfecho «Ah, refrescante», mientras el vapor se elevaba del té verde de Haewon. El director bebió café caliente para calmar a Haewon.
—¿Para qué querías vernos?
Preguntó Haewon, ignorando su té. Algo vino a su mente y añadió.
—Ah.
—Kim Heekyung va a tocar en Corea ¿verdad?
—Por supuesto.
—Consígueme dos entradas.
—¿Qué?
El director se quedó mirando a Haewon, desconcertado.
—Entradas ¿Acaso no tienes contactos?
¿Acaso era una petición tan grande? Haewon no tenía confianza en conseguir entradas. Había escuchado que el concierto del último ganador del Concurso Chopin se había agotado en cinco segundos. El de Kim Heekyung iba a ser una masacre.
La mirada incrédula del director hizo que Haewon se sintiera incómodo.
—¿Estás jugando conmigo?
—No, hablo en serio. Si no puedes, olvídalo.
¿Para qué reaccionar así y hacerlo pasar vergüenza? Haewon murmuró por lo bajo.
—¿De verdad no lo sabes?
—¿Saber qué?
—En serio... ¿no lo sabes?
—Pensé que, como estás en la industria, podrías conseguir entradas antes de la venta general. No sabía que era tan difícil. Otras agencias me habrían dejado elegir los asientos, pero aquí no. ¿Por qué todo es tan imposible aquí, cuando me haces hacer tantas cosas?
Burlándose abiertamente de la capacidad del director, Haewon miró de reojo a Jinsoo, quien le hizo un gesto con la mano, indicándole que no servía de nada mirarlo.
—Te llamé precisamente por el concierto de Kim Heekyung.
—¿Conseguiste entradas?
—No estoy seguro de deber decirlo...
El director se mordió el labio, preocupado. Conocía muy bien la relación entre Haewon y Woojin.
Después de los rumores en los tabloides, había hablado con Woojin varias veces y se había reunido con él.
El concierto de Kim Heekyung en Corea estaba financiado en su totalidad por Hyun Woojin. Le había ofrecido una garantía irresistible para hacerlo realidad.
¿Algún tipo de evento para amantes?
El director dudó. Woojin no se lo había dicho a Haewon, así que no era su lugar revelarlo. Verse atrapado en medio de su gran romance no era nada agradable.
—En realidad, has sido elegido como su coparticipante.
—...¿Qué?
—Por eso te pedimos que despejaras tu agenda del mes que viene. Tomó tiempo concretarlo con Kim Heekyung y la Orquesta Sinfónica de Hankyung.
Estaba planeado pensando en Haewon, pero el director no dio más detalles.
—¿Conmigo?
—Puedes hacerlo ¿verdad?
—¿La profesora Kim Heekyung va a tocar conmigo?
—Ya lo has hecho antes.
—Eso fue...
En aquel entonces, él era solo un violinista en una colaboración de piano, alguien reemplazable. Esta vez era diferente: ella había elegido a Haewon como el solista para su concierto principal. Una oferta inesperada. Haewon parpadeó, en shock.
—La profesora... ¿Kim Heekyung me va a acompañar? Pero si está el concertino adjunto.
La sección de primeros violines de la Orquesta Sinfónica de Hankyung tenía dos concertinos adjuntos graduados en Juilliard, que también eran profesores universitarios, y tres principales, ninguno con menos talento. Haewon, recién ascendido a asistente principal, se quedaba atrás en experiencia. Sus apariciones en televisión habían elevado su perfil, y estaba seguro de que sus habilidades estaban a la altura de las del concertino adjunto, pero saltarse la jerarquía y el protocolo no debería haberle otorgado ese papel.
—La primera mitad será un recital contigo y la profesora Kim, y el resto un concierto para piano. Estamos cerrando los detalles con la Orquesta Sinfónica de Hankyung. Ella recordó haber tocado contigo la última vez y te eligió específicamente como solista.
El director lo observó con ansiedad, temiendo que Haewon no aceptara. Haewon, un poco aturdido, ladeó la cabeza.
—¿La directora Seo Okhwa regresó a Corea?
—¿Quién es esa?
—Olvídalo.
—¿Lo harás, verdad?
—A menos que tenga un agujero en la cabeza, tengo que hacerlo.
—¿Entonces procedemos según lo planeado?
Dando un sorbo al té verde que ya se había medio enfriado, Haewon ni saltó de alegría ni se angustió bajo el peso de la responsabilidad. Lo aceptó con ligereza, como si estuviera dando una respuesta obvia a una pregunta obvia.
Ahora quedaba claro: Haewon no solo era indiferente a los asuntos de los demás, sino también a los suyos propios.
Algo decepcionado por su floja respuesta, el director de la agencia mentalmente se apuntó ponerse en contacto con Woojin.
∞ ∞ ∞
Tras terminar una entrevista privada con un juez de la Corte Suprema nominado para un cargo ministerial, Woojin salió de las cámaras del juez. Afuera, en el edificio de la Corte Suprema, había un caos total. Parecía que hoy se dictaría un fallo importante. La plaza estaba abarrotada de grupos cívicos con pancartas y reporteros. Después de más de cuatro horas entrevistando al candidato, Woojin no se había percatado del revuelo exterior.
Evitando la multitud, se desvió del bullicioso ascensor del vestíbulo central hacia la parte trasera del edificio, que conducía directamente al estacionamiento.
Las puertas del ascensor se estaban cerrando.
—Espera.
Woojin se apresuró y detuvo las puertas justo a tiempo. Las puertas medio cerradas volvieron a abrirse deslizándose.
—Gracias.
Al entrar, saludó con la cabeza a los demás que ya iban en el ascensor.
Cuando Woojin levantó la vista, el hombre que tenía en frente se encogió. Los labios de Woojin se curvaron suavemente, como si hubiera estado esperando aquel encuentro, sin mostrar la menor sorpresa.
Era Lee Seokjoong, esperando su veredicto final. Al reconocer a Woojin, su rostro se descoloró al instante.
—¿Todo ese caos afuera es por tu culpa?
—...Tch.
Apretando los puños, atados con cuerdas de escolta, con tanta fuerza que los dedos parecieron crujirle, Lee Seokjoong apretó los dientes y soltó una maldición.
—Si has pecado, admite tus culpas y sal de la detención. ¿Te gusta tanto la celda de aislamiento que sigues haciendo de las tuyas? ¿No te sientes solo estando tú solo?
—Lárgate, maldito loco.
Lee Seokjoong, que había arrastrado su caso a través de las tres instancias, seguía siendo un detenido preventivo. Giró la cabeza, intentando ignorar a Woojin. Las manos de Woojin agarraron de repente ambas mejillas de Lee Seokjoong. Sorprendido, los ojos de Lee Seokjoong se abrieron de par en par.
Lee Seokjoong se estremecía, intentando apartarse del contacto de Woojin. Como una rana congelada frente a una serpiente, no podía moverse. Cuando la mano de Woojin acarició su mejilla, Lee Seokjoong finalmente dejó escapar una mirada asesina, como si estuviera listo para cortar a Woojin en pedazos.
—¡Suéltame! ¡Quítame las manos de encima! ¿Qué están haciendo todos ustedes?!
Les gritó a la policía judicial y a su abogado.
Ellos vacilaron, instando a Woojin a detenerse mientras sostenía el rostro de Lee Seokjoong, casi como si estuviera a punto de besarlo.
Woojin no cedió ante sus intentos de intervenir. Como si solo él y Lee Seokjoong existieran en ese espacio, ignoró todo lo demás.
Lee Seokjoong se estremeció bajo la mirada penetrante de Woojin.
La gran mano de Woojin acarició su rostro con una intención escalofriante. Lee Seokjoong, sacudiendo la cabeza para escapar, empujó a Woojin con el hombro. Sus cuerpos se tambalearon y chocaron contra la pared del ascensor con un golpe sordo.
Con las muñecas atadas, Lee Seokjoong tropezó, incapaz de mantener el equilibrio. Woojin, como un caballero cortés, le rodeó la cintura con un brazo para estabilizarlo.
—¡No me toques! ¡Maldito loco!
Temblando de repugnancia, Lee Seokjoong intentó alejarlo, pero sus manos atadas limitaban sus movimientos.
Mirando a Woojin con los ojos inyectados en sangre, Lee Seokjoong recibió una mirada compasiva de Woojin, quien le dio unas palmaditas ligeras en la mejilla.
—Tranquilo. ¿Quién crees que seré cuando salgas, si actúas de forma tan irritante?
—...
Los ojos de Lee Seokjoong se contrajeron, como si lo hubieran amenazado de muerte. Toda su expresión se torció de dolor.
—¿Pensaste que había terminado?
—...Maldita sea, maldito bastardo.
—¿Dije que dejaría que terminara?
—¡Maldita sea! ¡Maldito cabrón! ¡Agárrenlo! ¡Agarren a este tipo!
Gritó Lee Seokjoong como si estuviera convulsionando.
La policía judicial y el abogado, en lugar de agarrar a Woojin, detuvieron a Lee Seokjoong. Woojin dio un paso atrás, observando al hombre frenético como un simple espectador.
Las puertas del ascensor se abrieron. Lee Seokjoong forcejeaba como un perro con correa abalanzándose sobre una carne inalcanzable. La policía lo arrastró hacia atrás por la fuerza.
—Espera un segundo.
Lee Seokjoong, agitando los brazos salvajemente, y los oficiales que lo retenían se detuvieron, jadeando.
Woojin se acercó. Los ojos de Lee Seokjoong, inyectados en sangre por la ruptura de vasos sanguíneos, lo miraron fijamente con fiereza.
—Me quedaría contigo, pero tengo una cita importante, así que me iré. Veré el veredicto en las noticias.
—¡Lárgate, bastardo!
—Responde bien a las preguntas del juez. Llámame cuando salgas. Nos tomaremos un trago.
—...
—Quién sabe cuándo será eso.
—...Ugh, ¡maldita sea, bastardo, te mataré! ¡Te mataré! ¡Hyun Woojin, maldito loco!
Woojin asintió hacia la esforzada policía judicial, reconociendo su esfuerzo, y se alejó, dejando atrás los gritos ensordecedores de Lee Seokjoong.
En el camerino del solista, Haewon, inspeccionando su violín, bajó el arco al escuchar unos el sonido de golpes en la puerta.
—Sí.
La puerta se abrió con un chasquido y un miembro del personal de la agencia entró portando un traje negro cubierto con fundas de plástico.
—Tu ropa para la función. El jefe la trajo antes. Sin corbata, manteniéndolo informal.
El empleado colgó el traje en el pequeño armario para evitar arrugas. Al girar, tropezó con una cesta de flores en el suelo.
La habitación rebosaba de cestas de flores. Empujó la que estorbaba hacia una esquina, pero seguían ocupando demasiado espacio. Preguntó:
—¿Debería despejar las flores?
—No, así está bien.
Respondió Haewon apresuradamente.
Alguna vez había exigido histéricamente que quitaran las flores, pero hoy las miraba como si fueran tesoros preciosos. Seguía revisando una tarjeta metida en el interior.
—¿Qué dice para que no dejes de mirar?
—Es confidencial.
Haewon colocó la pequeña tarjeta en el estuche de su violín.
—¿Dónde está Jinsoo?
—Vino alguien y salió a recibirlo.
—¿Quién?
¿Su padre? ¿O acaso Woojin ya había llegado?
Faltaba una hora para la función y Woojin había prometido llegar a tiempo a pesar del trabajo.
—No escuché quién era. Están en el estacionamiento, así que volverá pronto. Estaré afuera si me necesitas.
—De acuerdo.
El personal salió y la habitación quedó en silencio.
Asumiendo que se trataba de su padre, su madrastra y Haejeong, Haewon reanudó sus ensayos con naturalidad, acomodándose el violín en el hombro.
Para aflojar sus dedos tensos, tocó escalas y repitió el inicio de la pieza de hoy. La melodía del violín llenó suavemente la habitación.
Otro golpe interrumpió. Sin bajar el arco, Haewon dijo que pasaran.
Mientras pasaba el arco con agilidad, sus ojos se dirigieron al espejo y se abrieron de par en par.
Era Choi Hyunmi. Haewon bajó rápidamente el violín y se giró.
—Hola.
—Disculpa ¿estabas practicando? ¿Debería volver más tarde?
—No, pase. No pasa nada.
Dejando el violín sobre su estuche, Haewon ordenó la habitación, que ya estaba impecable.
—Pasa tú también.
Le indicó Choi Hyunmi a alguien detrás de ella.
La mirada curiosa de Haewon siguió a la mujer y al hombre que entraba.
—No sabía que habría tantas flores y traje más. Felicidades, Haewon. Querido, saluda. Este es Moon Haewon.
En medio de aquel mar de flores, ella sostenía otro ramo. Tomándolo por reflejo, Haewon se quedó mirando al hombre de mediana edad, claramente el padre de Woojin.
—Por fin nos conocemos. Soy el padre de Woojin.
—...Oh, hola. Encantado de conocerlo. Soy Moon Haewon.
Haewon hizo una reverencia. Su cuello volvió a ponerse rígido y su boca se secó por los nervios. El invitado que Jinsoo había ido a recibir debían ser los padres de Woojin.
—Le pedí a Woojin muchas veces que me dejara conocerte, pero él tenía que traerte. Perdón por aparecer sin avisar.
El doctor Hyun, el padre de Woojin, extendió la mano. Haewon se quedó mirándola un instante antes de estrecharla lentamente.
Efectivamente, era su padre. Su mano era cálida.
—¿Woojin aún no llega?
Preguntó Choi Hyunmi.
—Tiene trabajo, pero dijo que vendría a la hora ¿Quieren sentarse?
Señalando el sofá, Haewon tambaleó, nervioso. El doctor Hyun y Choi Hyunmi se negaron.
—No, nos iremos. Tienes que prepararte. Perdón por irrumpir así.
—No hay problema.
Haewon apartó la mirada, avergonzado por la insistente y curiosa mirada del doctor Hyun.
—¿Por qué te quedas mirándolo tanto?
Choi Hyunmi le dio un codazo al doctor Hyun en las costillas.
—Es fascinante. Todos esos rasgos en un rostro tan pequeño.
—Ya basta. Te dije que es mejor que la mayoría de las celebridades.
—No sabía que a nuestro Woojin le gustaban esos rostros.
—Lo sacó de ti.
Choi Hyunmi le dio un manotazo en el brazo al doctor Hyun.
—¿Quieres cenar con Woojin algún día? Tiene miedo de que te hagamos algo. Te esconde, nunca te muestra.
—Disculpe. Hablaré con él y les avisaré.
—No hay que tener miedo. No te vamos a comer.
—No es eso. Como nunca lo mencionó, no lo sabía.
Si su madre lo sabía, su padre naturalmente también.
El padre de Haewon contactaba directamente a Woojin cuando Haewon lo ignoraba, a menudo citándolo y obligando a Haewon a visitar su hogar con frecuencia. Choi Hyunmi, al no poder comunicarse con Woojin, había apuntado rápidamente hacia Haewon.
—Estamos quitándote el tiempo. Querido, vámonos.
Choi Hyunmi tiró de la solapa del doctor Hyun.
—Gracias por venir.
—Los agradecidos somos nosotros. Que tengas una excelente presentación.
Haewon hizo una reverencia, dándoles las gracias. El doctor Hyun lo miró con palabras que se quedaron en el tintero. Mientras Choi Hyunmi se marchaba, él preguntó:
—¿Nuestro Woojin te trata bien?
—...¿Disculpe?
—Tengo curiosidad... de cómo te trata Woojin, cómo es él contigo.
—...
—Quiero decir, me interesan sus relaciones. Sé que es algo personal, pero para mí es importante. Me gustaría que me lo dijeras.
—Salimos normalmente, nos va bien.
—¿Normalmente? ¿Cómo? ¿Te trata bien?
Volvió a preguntar el doctor Hyun con genuina curiosidad.
Más allá de la grosería, Haewon sintió lástima. Woojin debió de haber vivido bajo un escrutinio constante en casa, siempre puesto a prueba para ser «normal».
La presión por demostrar su valía pudo haberlo llevado a tales extremos. Perseguir ciegamente metas para probar su valor y destruir su entorno para validarse a sí mismo.
Si hubiera sido aceptado y amado tal como era, nadie habría salido lastimado.
—Me trata bien. ¿Estas flores? Todas son de él. No me gustan las flores, pero dijo que en un día como hoy debería estar rodeado de belleza. Aunque le dije que no, envió muchísimas.
—...
Los ojos del doctor Hyun recorrieron las docenas de cestas de flores que llenaban la habitación.
—Woojin nunca cuelga antes que yo. Espera. Si me gusta un vino que a él no, se lo bebe de todos modos. Nunca me he perdido, pero siempre pasa por mí. En el auto, me toma de la mano.
La amabilidad de Woojin alguna vez fue un medio para un fin. Para algunos, era un veneno devorador, como latigazos sobre una herida.
El doctor Hyun, que sabía esto mejor que nadie, escuchó con una expresión confundida.
—Te lo contaría todo, pero no hay tiempo. Gracias... por haberlo traído al mundo.
Su voz sincera transmitía gratitud.
El doctor Hyun se quedó mirando a Haewon, sumido en sus pensamientos. Su rostro, perplejo pero incrédulo, se suavizó en una tenue sonrisa.
—Ya veo. Así son las cosas.
—...
—No dejes a nuestro Woojin. Sin importar sus errores, déjalos pasar. Es su forma de intentarlo, porque te quiere. Por favor, compréndelo. Cuídalo.
Agarrando la mano de Haewon, el doctor Hyun suplicó con sinceridad, al igual que Choi Hyunmi.
—¿Todavía existe la habitación de la infancia de Woojin?
Preguntó Haewon, golpeado por una ocurrencia.
—¿Su habitación? Sigue ahí. La mantenemos limpia por si los chicos vienen de visita.
Respondió el doctor Hyun, extrañado pero honesto.
—¿Podemos ir de visita algún día? Necesito recoger algo.
—Claro, cuando quieras.
Sin saber de qué se trataba, el doctor Hyun aceptó calurosamente.
Hasta que Choi Hyunmi regresó para arrastrarlo hacia afuera, el doctor Hyun sostuvo la mano de Haewon, transmitiéndole una gratitud no expresada.
Haewon cambió. No solía ponerse nervioso antes de actuar, pero saber que los padres de Woojin estaban allí le trajo presión.
Al verse en el espejo, sus ojos se desviaron hacia el monitor que mostraba al público. Los asientos estaban llenos.
Esperando que Woojin pasara a saludar, Haewon no recibió ninguna llamada. Pensó en llamarlo, pero se detuvo. Una vez había esperado todo el día la llamada de Woojin antes de una actuación. Woojin no apareció, le mintió sobre haber asistido y lo engañó.
No volvería a hacer eso, no si estaba en su sano juicio, pero Haewon se sentía inquieto.
Para espantar la ansiedad, la presión y los nervios, Haewon respiró hondo y exhaló.
—Cinco minutos —anunció un miembro del personal tocando la puerta. Haewon tomó su violín, el arco y un pañuelo para la mentonera.
Al salir del camerino, se dirigió al área tras bambalinas. En las escaleras hacia el escenario, la pianista Kim Heekyung, con un vestido blanco, esperaba.
—Tu cara, pareces nervioso.
Ella le hizo una seña para que se acercara.
—La persona a la que espero... aún no llega.
La tensión en su rostro rígido no provenía de los nervios, sino de la leve inquietud de que tal vez él no apareciera.
—¿Alguien viene?
—Si no viene esta vez, de verdad lo mataré.
—Mátalo después de la función. Concéntrate en esto ahora.
—Lo siento.
Haewon se disculpó por causar preocupación con sus palabras innecesarias. Kim Heekyung esbozó una sonrisa elegante, levantó ligeramente el dobladillo de su vestido ante la señal del personal y dio un paso al frente. Haewon respiró hondo, llenando sus pulmones, y la siguió.
En el escenario, un gran piano se alzaba, pareciendo inusualmente grande ese día. Los focos de luz cayeron sobre su frente, acompañados por una ola de aplausos. Las palmas fervientes de las dos mil butacas golpearon los paneles acústicos y regresaron hacia Haewon como olas rompiendo en la orilla.
Kim Heekyung tomó la mano de Haewon y se inclinó ante el público. Haewon también hizo una reverencia educada. Los ruidosos aplausos, dándoles la bienvenida y animándolos, seguían estallando.
Si no aparece, si llega tarde con alguna excusa, esto realmente habrá terminado ¿Prioridades, eh? ¿Soy más importante que el trabajo? Ese imbécil. Debí haberlo sabido cuando envió esas ridículas cestas de flores. No lo perdonaré. Absolutamente no. Si de verdad no viene, Hyun Woojin, no estás solo en el corredor de la muerte: te van a fusilar en el acto. Voy a exterminar a toda tu descendencia. Hyun Woojin, pedazo de... pedazo de... pedazo de...No quiero verte. No necesito verte. Me importa un bledo si no estás aquí.
Su mente bullía de innumerables pensamientos. Una marea de emociones abrumadoras lo golpeó. Ira, resentimiento y un anhelo doloroso por Woojin llenaban su pecho. Haewon quería verlo en ese preciso instante. Deseaba desesperada, insoportablemente verlo. Su corazón rebosaba de añoranza y tristeza, subiendo como el agua.
Si Woojin no está mirando, esta actuación no tiene sentido. No tiene ningún objeto hacerlo. Si no escucha, Haewon jamás podrá convertirse en nada.
La función estaba por comenzar. Haewon tragó saliva con dificultad. No había temblado ni siquiera durante su examen de ingreso a Yewon, pero allí estaba, aterrorizado como un niño perdido solo porque Woojin no asistía.
Kim Heekyung se sentó al piano, ajustó su banquillo y miró brevemente las teclas. Haewon colocó un pañuelo en la mentonera del violín.
Tenía que mantener la calma. Expulsó la abrumadora presencia de Woojin de su cabeza.
Acomodó el violín entre su hombro y su barbilla. Levantando el arco, afinó a partir de las notas que ella tocó. Su mano sudorosa, al aferrar el arco, se frotó contra sus pantalones para secarse.
Los ojos de Haewon escanearon rápidamente la primera fila. Un asiento VIP lucía alarmantemente vacío.
Miró a Kim Heekyung, cruzando miradas con ella. Su aguda mirada le preguntaba qué estaba haciendo.
Concéntrate. Tienes que concentrarte. Hyun Woojin es solo un tonto obsesionado con las estrellas, un psicópata, un imbécil deficiente, así que no te preocupes por él ¿Crees que me importaría alguien como tú?
Haewon, con la mirada despejada, indicó que estaba listo.
Kim Heekyung, con los dedos ligeramente apoyados sobre las teclas, inhaló, y Haewon respiró a su mismo ritmo. Justo antes de que ella presionara las teclas, Haewon se detuvo.
Ahí estaba Woojin, avanzando a grandes zancadas con confianza, como el mismísimo protagonista, pero tarde.
Al notar la vacilación de Haewon, Kim Heekyung se detuvo y se giró hacia él.
Woojin ocupó el asiento VIP vacío. Sus miradas se cruzaron. Él hizo una ligera mueca, como si estuviera disculpándose.
Maldito bastardo. Idiota, estuve esperando. ¿Por qué ahora? Te condenaré a muerte. Ahora mismo. Divorcio. Se acabó.
Mientras los ojos de Haewon le lanzaban toda clase de maldiciones, Woojin hizo un gesto tranquilizador en el aire con la mano.
Ya basta y empieza. Estoy aquí ¿no? ¿Acaso no vas a tocar?
Mirándolo con furia asesina, Haewon apartó rápidamente la mirada y le hizo una señal a Kim Heekyung. Con movimientos serios y profundos, ella presionó las teclas.
La expresión de Haewon, al deslizar ferozmente el arco, quedó instantáneamente absorta en la melodía, transformándolo por completo.
Bajo los intensos focos, incluso los movimientos más leves provocaban sudor. Tras tocar durante más de treinta minutos, su cuerpo estaba pegajoso de transpiración.
Se lavó la cara en el lavabo situado en la esquina del camerino. Había dado muchas actuaciones y recibido numerosas ovaciones, pero nunca una tan estruendosa. El sonido resonaba en sus oídos como un zumbido persistente.
Una extraña fatiga lo invadió, haciendo que hasta el más leve movimiento de un dedo se sintiera imposible. Sus brazos, aferrados al lavabo, temblaban tenuemente.
Ante el sonido que tocaban la puerta, Haewon no respondió. Si hubiera tenido la energía, se habría derrumbado en el sofá para descansar un momento. Entonces podría lidiar con los saludos o el aceptar los pedidos de volver a tocar . Habiéndolo dado todo, no le quedaban fuerzas. Sentía que se había reducido a cenizas.
Quería hacerlo bien. No porque los padres de Woojin estuvieran allí ni por la confianza acrecentada de tocar junto a Kim Heekyung.
Debía de ser por la mirada de Woojin observándolo tocar la Partita de Bach en la villa de Yangpyeong.
Hoy, Haewon comprendió por primera vez cómo lo había mirado Woojin. Lo vio por primera vez.
Aquellos ojos distantes desde abajo sujetaban a Haewon como una llave de estrangulamiento. Durante la deslumbrante cadencia, sus rodillas cedieron, mareándolo.
Había estado observándolo con esos ojos todo el tiempo.
Un cortejo ferviente que encendía su rostro, una pasión sin aliento que trascendía el tiempo y el espacio, un deseo desesperado de romperle el cuello si no podía poseerlo.
Desde el principio, esos ojos lo habían estado vigilando.
Desde entonces, desde la villa, hasta ahora. Inquebrantables.
A pesar de lavarse con agua fría, Haewon miraba fijamente sus mejillas enrojecidas en el espejo.
Volvieron a llamar a la puerta.
—Un segundo. Espetó Haewon con irritación. Aún aferrado al lavabo y recuperando el aliento, la puerta se abrió con un clic.
Alzó la vista. Reflejado en el espejo del camerino estaba Woojin. Tras echar un vistazo afuera, se giró para encontrarse con los ojos de Haewon en el reflejo. Su mano presionó el pequeño botón metálico del pestillo mientras cerraba la puerta.
—La función no ha terminado.
El cuello de Haewon, empapado de sudor y agua, brillaba. Ignorando la advertencia, Woojin avanzó a grandes zancadas, lo atrajo hacia un abrazo feroz y lo besó en el cuello.
Haewon observó la escena en el espejo. Los labios calientes de Woojin y su aliento afiebrado estallaron como si estuvieran listos para devorarlo. Sus manos, aferradas al lavabo, se tensaron hasta que sus nudillos se pusieron blancos.
Los labios de Woojin lamieron su piel resbaladiza de sudor, mientras sus brazos envolvían a Haewon.
—Ugh, no... ahora no.
Su voz temblorosa intentaba apartar los brazos que lo aprisionaban.
Antes de que terminara, se oyó un golpe fuerte y seco en la puerta.
— ¡Están pidiendo otra melodía! ¡Moon Haewon, sal!
La voz del personal, llamándolo a los gritos, no tardó en alcanzar también a Kim Heekyung.
—Haa...
—Estás loco. Tengo que salir.
Haewon no podía zafarse del férreo agarre de Woojin. Ya exhausto, apenas logró empujarlo, pero al girarse, Woojin le sujetó la nuca y unió sus labios con fuerza. El brazo tambaleante de Haewon tiró al suelo el estuche del violín.
Empujados por Woojin, sus cuerpos se derrumbaron sobre el sofá. Una botella de agua vacía y varios objetos sobre la mesa tintinearon al caer al suelo.
—Haa, uhh...
La lengua de Woojin, explorando y mordiendo, consumió a Haewon. Sus labios se fundieron en un choque cerrado. Haewon succionó la saliva de Woojin como si fuera miel dulce, lamiendo frenéticamente como si fuera el único néctar capaz de calmar el hambre de su cuerpo fatigado. El aroma de Woojin y la rica fragancia floral flotaban en el aire. El aire cerca de su nariz era dulce.
—¡Moon Haewon!
El personal lo instaba a apresurarse. Haewon apartó a duras penas el calor sofocante de Woojin. Los ojos de Woojin estaban salvajes, despojados de toda moderación, como si estuviera drogado y medio loco.
—...
—...
—¡Haewon!
Devuelto a la realidad por el llamado agudo desde el exterior, Haewon, aturdido por la mirada de Woojin, agarró su violín y su arco. Salió corriendo con el rostro encendido y una marca roja muy viva del beso de Woojin grabada en su cuello.
—Haa...
A solas en la habitación, Woojin se pasó una mano por el cabello revuelto y se dejó caer pesadamente en el sofá.
Sus ojos recorrieron lentamente el suelo.
Woojin recogió un pañuelo caído. El suave aroma a sudor de Haewon flotaba tenuemente en él. Al inhalar su fragancia afiebrada, un dolor agudo le estrujó el corazón.
Se colocó el pañuelo sobre el rostro, frotándolo como si fuera el propio Haewon. Aspiró su perfume profundamente. Su pecho se hinchó.
Alguien entró por la puerta medio abierta del camerino. Era el empleado encargado del vestuario de Haewon.
—...¿Quién es usted? No debería estar aquí.
—Ah, lo siento.
Guardando con indiferencia el pañuelo en el bolsillo de su pantalón, Woojin salió. El empleado, mirándolo con sospecha, inspeccionó el desordenado camerino, preguntándose qué había ocurrido.
—¿Un miembro del personal?
Recogió rápidamente la botella de agua tirada, enderezó el estuche del violín y revisó que no faltara nada.
La bolsa y el teléfono de Haewon en el armario estaban intactos y nada parecía extraviado.
Al terminar de ordenar a grandes rasgos, se detuvo. Debajo del sofá estaba la pequeña tarjeta que Haewon había calificado de confidencial. Arrodillándose, la recogió.
A punto de volver a colocarla en el estuche del violín, echó un vistazo a la habitación vacía.
—...
Sus ojos curiosos dudaron ante la tarjeta, pero decidió no abrirla. La dejó pulidamente dentro del estuche y salió. La puerta se cerró con un clic.
La tarjeta, firmemente cerrada, se abrió ligeramente.
En su interior estaba escrito un único y breve mensaje:
"Déjame besarte el cuello cuando todo termine".
