Aproximadamente a treinta kilómetros del centro de Roma.
En una exclusiva zona residencial conocida como el Beverly Hills de Roma, se alzaba una mansión de tres plantas que llamaba poderosamente la atención.
Con columnas de terracota y muros de piedra de textura áspera que parecían desafiar al paso del tiempo, encarnando la estética de la antigua Roma, pero dotada al mismo tiempo de la elegancia propia de la arquitectura moderna, la residencia lograba un delicado equilibrio entre lo clásico y lo contemporáneo.
Tras cruzar la puerta principal y adentrarse en la propiedad, unos olivos y cedros meticulosamente cuidados proyectaban su sombra, mientras que el espléndido jardín de flores y el vergel, cuyos aromas y colores mutaban con cada estación, constituían el mayor orgullo del lugar.
Sin embargo, aquel rincón habitualmente impregnado de una elegancia sosegada se encontraba hoy inusualmente bullicioso. Todo se debía al joven amo, que había regresado a casa antes de lo previsto.
—¿Dónde está Tony?
Sin apenas dignarse a mirar a los sirvientes que habían acudido raudos a recibirlo a la entrada, aceleró el paso en busca del mayordomo, el encargado de supervisar toda la mansión.
Los empleados, extrañados ante su inusual prisa, intercambiaron miradas confusas hasta que uno de ellos se atrevió a hablar:
—Está en el estudio de la tercera planta. Subió hace un momento para ventilarlo un poco...
Hacían falta pocas explicaciones. Al estudio del joven amo, situado en la tercera planta, solo tenía acceso un reducido grupo de empleados autorizados.
Sin decir una palabra, atravesó el amplio vestíbulo y subió las escaleras de dos en dos, casi corriendo. Los sirvientes, que lo seguían de forma casi inconsciente con la intención de quitarle el abrigo o prepararle algo, se detuvieron en seco al oírle:
—No me sigan.
Soltó otra orden tajante nada más alcanzar el último rellano.
Dejando atrás a quienes se habían quedado clavados en el sitio, el hombre dio media vuelta agitando el aire a su paso.
—Parece... enfadado, ¿no?
—¿Habrá cometido Antonio algún error?
Los allí presentes comenzaron a devanarse los sesos demasiado tarde, pero ya no quedaba nadie que pudiera darles una respuesta.
¡Bang! La puerta de nogal, empujada con violencia, se estrelló contra la pared con un ruido seco.
El hombre de unos sesenta años, que acababa de terminar de quitarle el polvo con ligereza a un escritorio que ya estaba impecable, se giró con sorpresa y luego se apresuró a dar unos pasos con el rostro aún más estupefacto.
—¿Joven amo? ¿Por qué está aquí a estas horas...? ¿Ha cambiado su agenda?
A pesar de la pregunta, su estimado «joven amo» solo lucía un ceño fruncido en su atractivo rostro.
A excepción de su infancia, hacía muchísimo tiempo que no le veía una expresión tan irritada. Sabiendo que no era el mejor momento, lo miró con una vaga nostalgia, como si contemplara a su propio nieto convertido ya en todo un hombre.
En ese instante, una voz grave brotó entre sus labios tensos:
—¿Qué significa esto?
—¿Perdón?
Era absurdo poner en duda las palabras del amo, pero aquella pregunta carecía de sentido aparente.
Mientras Tony fruncía el ceño, el semblante del joven se ensombreció aún más antes de estallar en un rugido:
—¡Una propuesta de matrimonio! ¿Se puede saber qué pasa? ¡Me enteré de que han estado publicando anuncios por toda Italia buscando a alguien para casarme!
—...Ah.
Por fin comprendía por qué su querido joven amo, Marteo Averto, había regresado a casa a esas horas. No obstante, el motivo de tal exabrupto seguía sin quedarle claro.
—Por favor, tome asiento primero. ¿Le apetece que le prepare una infusión de manzanilla o toronjil para calmar los ánimos?
—¡Antonio!
Marteo, apartando de un manotazo el brazo que intentaba guiarlo hacia el sofá, lo llamó por su nombre de pila en lugar de su habitual apodo, como queriendo dejar claro: «¿Acaso este es momento para ponernos a tomar té?».
El mayordomo, frunciendo levemente el ceño ante la atmósfera cargada de tensión, exhaló un suspiro y se atrevía por fin a plantear la pregunta de antes.
—¿No fue esto algo que usted mismo me encomendó, joven amo? ¿Acaso no lo recuerda?
—¿Qué?
—Cuando le sugerí que ya era hora de ir pensando en el matrimonio y en la sucesión, usted me dijo con total claridad: «Haz lo que creas conveniente», ¿o me equivoco?
Pensar que confiaría tanto en mí... Me conmovió de verdad...
Su pecho, ensanchado con orgullo, rebosaba satisfacción. Sin embargo, en ese momento, lo único que consiguió fue que a Marteo le empezara a latir la cabeza con fuerza.
Por supuesto que lo recordaba. La charla de aquel día y las palabras exactas que había pronunciado.
Jamás se le habría pasado por la cabeza que su orden de «haz lo que creas conveniente» fuera interpretada de una forma tan radical.
Su imponente cuerpo, con las manos aferradas a la frente, se derrumbó con un golpe sordo sobre el sofá.
—¿Acaso estás intentando hacerme la cama porque te quieres jubilar o algo así?
—¿Qué dice? ¡A menos que Dios decida llamarme antes de tiempo, pienso encargarme de cuidar al hijo del joven amo, y también al hijo de ese hijo!
Seguía sin entender nada. Estaba a su lado, habiéndole guardado una lealtad inquebrantable desde su más frágil infancia, pero en ese preciso instante Marteo tenía unas ganas inmensas de golpearlo. Apretó los dientes con fuerza.
—¡Con «haz lo que creas conveniente» me refería a que lo gestionaría yo mismo! ¡No a que fueras a meter las narices!
—... ¿Sí?
—¿Cuántas de esas malditas propuestas llegaste a mandar? ¡No me digas que las enviaste a todas las aves de este maldito país!
Ah... Al ver la expresión de su señor, Tony por fin cayó en la cuenta de su error con bastante dificultad. Aun así, el desconcierto le duró poco y enderezó la postura que había flaqueado un instante antes.
—Disculpe, joven amo. Incluso si lo hubiera hecho usted mismo, la situación no habría cambiado demasiado, ¿o me equivoca?
—¿Qué dices?
—¿Acaso no es cierto? Si de todos modos iba a casarse, tenía que elegir a un individuo adecuado, de una familia apropiada. Pero usted dejó bien claro a la familia principal que no debían entrometerse en el asunto del matrimonio... y la señora tampoco pensaba intervenir. Al final, los preparativos de emparejamiento y las recepciones posteriores me las habría encargado a mí, ¿me equivoca?
—¿Y pretendes hacerme creer que has hecho un buen trabajo?
—Por supuesto, reconozco que hubo un pequeño fallo en la comunicación. Si desea recortar mi sueldo... lo aceptaré con tristeza, pero con total humildad.
Marteo no salía de su asombro al verle arquear las cejas con aires de mártir. Por supuesto, Tony tampoco le faltaba del todo a la razón.
Evaluar las especies compatibles con la familia, la viabilidad de la descendencia y los antecedentes de la otra parte requería inexcusablemente la ayuda de un mayordomo experto.
Aun así, había un pequeño gran detalle erróneo. Desde el principio, él no tenía la menor intención de «considerar» nada de eso.
¿Cómo se supone que debía explicarle algo así? Justo cuando Marteo volvía a llevarse las manos a la cabeza, Tony se aclaró la garganta y abrió la boca con cautela:
—Y... ya que estamos con el tema, hay algo más que me gustaría corregir.
—¡¿Qué otra cosa?!
—Usted me preguntó si envié las propuestas por toda Italia... pero ¿acaso no somos morphers? La nacionalidad no es más que un detalle menor ante eso.
—¿De qué estás hablando...?
—Si es una propuesta de matrimonio para el joven amo, ¿por qué iba a limitarla solo a Italia? Aprovechando el viaje, también las mandé a Francia, Suiza y España.
Los ojos de Marteo se abrieron de par en par.
Es increíble. Incluso cuando la caga, ¿tiene que hacerlo a lo grande?
Pero era demasiado pronto para escandalizarse. Ah, ahí estaba otra vez, frotándose la barbilla.
—Y... hay un lugar más. Uno que además está relacionado con los negocios del joven amo...
En cuanto remató la frase con total naturalidad:
—...¿Qué? ¿A dónde más la mandaste?
Marteo, que había vuelto a gritar, se levantó de un salto del sofá.
Con las pupilas reducidas a un simple punto y las manos estiradas hacia adelante como si fuera a agarrarle del cuello, parecía exactamente un águila a punto de abalanzarse sobre su presa.
A Tony se le encogió el corazón al tamaño de un guisante. Temiendo que aquellas afiladas garras le atravesaran el pecho en cualquier segundo, cerró los ojos con fuerza por pura reacción.
Sin embargo... por fortuna, aquella acometida feroz no pasó a mayores. Tras un largo rato en el que solo se respiraba un silencio sepulcral, Tony se atrevió a abrir un ojo con timidez.
—¿J-Joven amo?
Marteo, detenido justo delante de él, se mordía los labios con la mirada brillante. Si al principio era furia y después molestia, aquello empezaba a parecerse demasiado a la ansiedad.
Era lógico que le resultara desconcertante presenciar los cambios tan drásticos de humor en su amo, quien por lo general siempre se mostraba tan racional y maduro para su edad.
Indiferente a lo que el anciano pudiera sentir, Marteo abrió y cerró los puños con fuerza antes de soltar de golpe una pregunta con voz ronca:
—Entonces... la respuesta.
—¿Sí?
—¡Te han dado alguna respuesta!
El sujeto de la frase no era del todo claro, pero en esa situación el significado de «ellos» solo podía ser uno. Tony se humedeció los resecos labios a toda prisa.
—Aún no hay una confirmación oficial... pero, bueno, tampoco es que tengan motivos lógicos para rechazarla.
Era una convicción propia de alguien que llevaba sirviendo a los Averto durante generaciones. No obstante, no era momento de tranquilizarse con una respuesta tan optimista.
Dos horas atrás, un socio comercial le había comentado de pasada que la dichosa propuesta de matrimonio circulaba de una forma muy peculiar, preguntándole si de verdad pensaba casarse.
Visto desde fuera, aquello parecía más un acto de arrogancia caritativa que una petición formal.
Con un dolor de cabeza insoportable, Marteo comenzó a dar vueltas de un lado a otro en la habitación, tal y como haría un águila buscando una presa.
Tras hacerlo durante unos instantes, se detuvo en seco y pronunció una orden categórica:
—Haz una llamada.
—¿A dónde...? No me diga que... ¿piensa llamar a esa casa?
—Diles que iré a visitarlos pronto. Ya lo hablaremos en persona entonces.
—E-Espere un momento. Eso... no querrá decir que piensa ir usted mismo, ¿verdad?
¡Eso daría la impresión de que estamos desesperados! El rostro de Tony reflejaba un rechazo absoluto, pero Marteo no pensaba retractarse.
Nadie en el mundo era capaz de doblegar su cabezonería cuando se ponía así.
—...Ajustaré la agenda.
—...
—Diremos que su visita se debe a la apertura de una nueva sucursal.
A Tony no le quedó más remedio que tragarse un suspiro, ideando una coartada mínimamente creíble antes de hacer una profunda reverencia. Con eso al menos confiaba en capear el temporal.
Mas aquella pacífica ilusión se desmoronó al día siguiente.
En el codiciado estudio del tercer planta que pertenecía a su joven amo. Sobre la mesa del despacho al que había entrado para hacer una limpieza rápida como todos los días, se hallaba una nota pulcra.
La frase escrita con la pluma favorita de Marteo constaba de una sola línea:
Vacaciones.
No me busques en un tiempo.
Una semana después de la cena familiar en la casa principal.
Pasaron otros dos días más hasta que Yeon-ho volvió a recibir una llamada de Seo-jin.
—...Diga.
A diferencia de Yeon-ho, que seguía arrastrando las palabras con somnolencia, el tono de Seo-jin sonaba hoy tan afilado como siempre.
「¿Qué haces? ¿Sigues en la cama?」
Miró la hora frunciendo el ceño. Las siete de la mañana. Una hora totalmente injusta para que vinieran a echarle en cara que era un vago.
「No me digas. ¿Por qué te levantas siempre tan tarde? ¿Acaso no eres un gallo? ¿No te duele el cuello de tanto dormir?」
Toda la modorra que se aferraba a los bordes de sus pensamientos se evaporó al instante. Yeon-ho se frotó los párpados con frustración y apretó los dientes.
—Entérate bien de una vez. El del ánima es el gallo, no yo.
「Bah. Da igual, es lo mismo.」
Ambos argumentos tenían su parte de razón y de absurdo.
Por lo general, los morphers conservaban ciertos rasgos inherentes a su naturaleza animal.
Por ejemplo, aquellos cuyo ánima pertenecía a la familia de los cánidos solían ser extremadamente sociables, mientras que los de estirpe reptiliana sufrían horrores con el frío.
Bajo esa misma lógica, Yeon-ho, cuyo espíritu era un gallo de pelea, no debería pasarse el día durmiendo.
¿Acaso cantar a pleno pulmón cada amanecer no era la esencia misma de un gallo?
Sin embargo, los seres humanos también poseían libre albedrío.
De hecho, hasta bien entrada su adolescencia, Yeon-ho solía despertarse fresco como una lechuga cada madrugada. Y al abrir los ojos a esas horas, impulsado por una especie de instinto primario, la luz del alba filtrándose por la ventana solía dejarlo profundamente pensativo.
«Tampoco es que tenga un despertador biológico instalado en las tripas...»
Fue entonces cuando tomó una decisión:
«¡Muy bien. Intentaré acostarme lo más tarde posible! Si mi cuerpo está agotado, no podrá obligarme a madrugar, ¿no?»
El esfuerzo dio sus frutos. Ahora, con más de treinta años a sus espaldas, Yeon-ho inauguraba las mañanas a un ritmo bastante pausado. Y claro, por culpa de eso, su hermana terminaba reprochándole que actuara como un «gallo perezoso».
—No vengas a buscar bronca desde primera hora de la mañana. ¿Para qué llamas?
「¿Lo has pensado ya?」
—¿Pensar el qué?
「Lo de los Averto. ¿Cómo vas a solucionar el embrollo del matrimonio?」
No debería haberle contestado si se trataba de una tontería así.
Pero era superior a sus fuerzas. Al igual que muchos animales, los gallos tenían la capacidad de percibir un rango de frecuencias mucho más amplio que el de los humanos, además de ser sumamente sensibles a las vibraciones.
Eso significaba que le era imposible ignorar el zumbido constante del teléfono justo al lado de su almohada para seguir durmiendo.
Yeon-ho, incorporándose por fin por completo en la cama, estiró los músculos, salió del dormitorio y caminó directo hacia la cocina. Abrió el refrigerador en busca de agua.
Un hábito automático que realizaba sin pensar nada más levantarse. Había intentado burlar sus mañanas a base de fuerza de voluntad... pero aquello era indudablemente instinto de gallo puro y duro.
Rehidratar el cuerpo era una necesidad elemental de supervivencia.
Mientras calmaba la sed, la voz de Seo-jin sonó al otro lado de la línea: —¿Me estás escuchando? —Yeon-ho arrojó con desgana el vaso vacío en el fregadero y le devolvió una respuesta agria:
—¿Y qué quieres que haga? ¿Cómo voy a resolver algo así a mi antojo? Si digo que quiero casarme, ¿crees que me van a decir que sí de inmediato?
Seo-jin guardó silencio ante aquel argumento tan tajante. Aunque los Averto habían mandado la propuesta, tal y como él había sospechado, aquello no era algo que fuera a concretarse de la noche a la mañana.
«A lo mejor se la mandaron a todo el mundo y se olvidaron de nosotros.»
Más allá de sus propias ilusiones optimistas, Yeon-ho también cerró la boca. Al cabo de unos segundos, Seo-jin retomó la compostura:
「Estás mitad en lo cierto y mitad equivocado. Aunque no acepten al instante, lo que es seguro es que quieren vernos. Han vuelto a contactar con nosotros.」
—¿Contactar?
「Me enteré de que el tercer hijo de esa familia va a venir a Corea el mes próximo.」
Los pasos que lo alejaban de la cocina en dirección a la sala se detuvieron en seco.
—¿Qué...? No me digas que viene expresamente a verme a mí.
「Vaya, vaya. Diciendo "a mí", ¿así que ya das por hecho que el objetivo del matrimonio eres tú?」
Mierda, metí la pata. Y Seo-jin no dejó pasar la oportunidad. Con una risita burlona, su tono cambió:
「Por desgracia, no viene exactamente a verte "a ti", sino que tiene unos asuntos de negocios que atender por aquí. Aunque dijo que le gustaría aprovechar el viaje para conocerte en persona.」
—Vaya. Qué considerado por su parte. ¡Primero mandan semejante cartita y ahora vienen con que "de paso" aprovechan?
—No te pongas tan cínico. Pase lo que pase, hacer contactos con esa familia nunca está de más, ¿no crees? Aunque, por supuesto... lo ideal sería emparentar del todo.
—¿Quién ha dicho que vaya a reunirme con él? Ni siquiera estás pensando en la persona a la que le va a tocar cargar con el muerto.
「Yo no sé nada. Estrictamente hablando, eso es lo que deberías decir tú.」
—¿Qué?
—Tú mismo lo dijiste antes. Sinceramente, ¿hay alguna garantía de que vayas a gustarle? ¿De verdad crees que se va a enamorar perdidamente de ti a primera vista? Vaya, Do Yeon-ho, ¡qué seguridad tienes en ti mismo!
—¿Me has llamado solo para tocar las narices? ¿Esa es tu forma de convencer a alguien?
—Investigué un poco sobre ellos, y los miembros de esa familia no son moco de pavo. A ti te gustan los tíos guapos, ¿no? A lo mejor terminas babeando por él.
Aquello ya no era una discusión, ¡era puro troleo!
Un comentario que echó más leña al fuego de su mente ya de por sí revuelta. Sin pensárselo dos veces, Yeon-ho colgó la llamada de golpe y arrojó el aparato contra el sofá.
Tal y como Seo-hee había pronosticado con seguridad, Yeon-ho se había olvidado por completo de la existencia de los Averto durante toda la semana. Pero el águila negra que volvía a rondar su cabeza al escuchar ese nombre seguía revolviéndole las tripas.
«¿Que de paso? ¡Pues va aviado si se cree que estoy haciendo cola para sacarme un número!»
La propuesta de matrimonio enviada de forma unilateral y su posterior contestación. Cuanto más lo meditaba, más prepotente le parecía todo.
¿Por qué se creía tanto por el simple hecho de ser un águila? No dejaba de tener un pico y dos alas como cualquier otro.
«¡Pues no Pienso reunirme con él ni harto de vino!»
Alimentado por prejuicios infundados y una cabezonería monumental, su firme resolución no admitía dudas.
—¿Eh? Pero bueno, miren quién está aquí. ¿No es el director ejecutivo, al que es más difícil verle el pelo que al propio presidente?
Un hombre que entraba a la oficina con un café en una mano a las diez en la mañana bromeaba con una expresión de genuina sorpresa.
Yeon-ho, que se hallaba instalado en el despacho de la presidencia con más comodidad que el dueño legítimo, giró lentamente la cabeza.
—Llegas tarde.
El horario habitual de entrada eran las nueve. Sin embargo, nadie se atrevería a afearle una hora de retraso al pez gordo de la empresa. Seung-won, tras comprobar en el reloj que acababa de marcar las diez y un minuto, soltó una carcajada sarcástica:
—El que suele faltar al trabajo como si fuera su casa eres tú. ¿Y tienes valor para decir eso?
Aunque ostentaban los cargos de director general y director ejecutivo, ambos eran prácticamente cofundadores de la compañía y llevaban más de diez años trabajando codo con codo.
Mientras Seung-won se dejaba caer con naturalidad en el sofá de enfrente, Yeon-ho alargó la mano hacia el café que había dejado sobre la mesa y frunció el ceño ligeramente.
—Hueles a alcohol...
—¿Ah? ¿Todavía? Si ya pasé por la sauna.
—En vez de eso, tendrías que haberte cambiado de ropa primero. No me digas que te pasaste toda la noche de juerga y te fuiste directo a la sauna.
Ahora que lo miraba detenidamente, el traje de Seung-won presentaba sutiles arrugas a pesar de su rostro aseado. Y la corbata brillaba por su ausencia.
Aunque la empresa no tenía un código de vestimenta estricto, el fuerte tufo a alcohol hizo que Yeon-ho volviera a contraer el ceño.
—¿Cuánto demonios bebiste para acabar así?
—¿Cuándo me pongo a contar copas? Lo importante es: ¿a qué se debe este milagro? ¿Viniendo a la oficina puntual a estas horas?
—Por nada. Tenía un asunto que me obligó a levantarme temprano.
Sentía curiosidad por saber qué clase de asunto era, pero por la cara que ponía, no parecía dispuesto a darle explicaciones. Seung-won le arrebató el café que Yeon-ho había apartado, le quitó la tapa y dio un trago largo al líquido humeante.
—Uf, creo que ahora me siento un poco mejor.
—¿Con eso te basta? ¿No deberías tomarte algo para la resaca en condiciones?
—No me apetece. Ya he tragado demasiado de una forma u otra, así que tengo el estómago revuelto.
Había ido en balde. Se había presentado en la oficina con la idea de desayunar con Seung-won esa mañana al haberse despertado temprano...
Mascullando por lo bajo su plan arruinado, Yeon-ho soltó un reproche cortante:
—¿Con quién estuviste bebiendo?
—Con el director de Yeollim. Casi me da un infarto intentando lidiar con él hasta el amanecer.
El nombre de Lee Ho-rim cruzó su mente de inmediato, incluso antes de visualizar la cara de pánico del director al escuchar la respuesta.
—¿Por lo de Lee Ho-rim?
El escándalo sobre la paternidad secreta de Lee Ho-rim había inundado la sección de espectáculos recientemente. Era, por nombre y por méritos propios, la gallina de los huevos de oro de Yeollim. Cuando el actor anunció de repente su retirada temporal, el director de la agencia se había querido morir... y la situación actual debía de ser mil veces peor.
Seo-jin —o más bien Seung-won—, tras dar un par de sorbos más, dejó la taza sobre la mesa y empezó a buscar a tientas un cigarrillo en los bolsillos.
—Ni me lo recuerdes. Ha perdido un peso increíble en cuestión de días. El director Kim ni siquiera estaba al tanto.
—¿Del embarazo y el parto?
—De ambas cosas.
—...
—Por suerte no hay ningún proyecto en marcha de inmediato, pero con los anuncios publicitarios es otra historia. Escuché que en varios sitios ya le exigen penalizaciones económicas. A ver, ¿cómo iba a imaginarse el director Kim que Lee Ho-rim le saldría con esto? ¡Si ni siquiera es mujer!
—Si firmó un contrato con un morpher, debería haber previsto ese tipo de riesgos. ¿Acaso no sabía que su actor era un morpher?
Seo-jin... no, Seung-won le dio una calada profunda al cigarrillo encendido y se encogió de hombros.
—Por lo visto, él mismo no lo reveló. Supongo que el director dio por hecho que era una persona normal y corriente.
Al formalizar un contrato, se intercambiaban infinidad de documentos. Entre ellos, siempre había expedientes que acreditaban el género biológico específico.
El término oficial para referirse a los morphers solía ser «polimorfo» o derivados similares. Al igual que el director Kim, muchos preferían no indagar demasiado por tratarse de un asunto privado.
—Demasiado blando.
Al oír aquel comentario despectivo, Seung-won dirigió una mirada de reojo a Yeon-ho y abrió la boca con dudas:
—No me digas que... ¿tú impusiste esa norma estricta por esto mismo?
—¿Qué cosa?
—Que revisemos con lupa todos los documentos de género, sean morphers o no.
Era una de las reglas de oro que habían establecido al fundar la agencia: evitar en la medida de lo posible contratos con morphers o extremar las precauciones.
Gracias a eso, la cantidad de talentos a los que habían tenido que decirles que no... Seung-won aún lo lamentaba en secreto.
Salvo contadas excepciones, los morphers solían poseer un físico muy superior al de la media humana. Debido a sus características genéticas, a menudo desarrollaban habilidades únicas, convirtiéndolos en reclamos perfectos para la industria del entretenimiento.
Por esa razón, la gran mayoría de las agencias promocionaban a bombo y platillo el estatus de sus talentos desde el día de su debut.
Yendo un paso más allá, Yeon-ho miró a Seung-won de reojo con una sonrisa torcida.
—¿Sigues suspirando por los morphers después de ver el desastre del director Kim?
—Si hablamos de beneficios económicos, no hay estrategia de marketing que supere a un morpher. Solo se critica lo que en el fondo despierta interés.
—...
—A propósito, ese grupo de chicas que debutó con TY hace poco. Una de las integrantes también es un morpher. Una liebre... ¿o conejo? En fin, gracias a eso la promoción fue sobre ruedas. Escuché que ya firmó un contrato para un anuncio de bebidas energéticas.
—Vaya. ¿Quieres ver a un conejo tragándose un jugo de verduras a regañadientes?
—No me jodas. Solo digo que, desde la perspectiva de la empresa, no tiene nada de malo.
—Si vas detrás del marketing, puedes acabar como el director de Yeollim: arruinado en un segundo. Si de verdad se lo proponen, burlar el control de la agencia es pan comido para ellos. ¿Estás preparado para lidiar con algo así?
Seo-won ladeó la cabeza con incomprensión, lo que provocó que Yeon-ho resoplara con desdén y sacara su teléfono móvil. Tras buscar un momento en la pantalla, se la tendió a su socio.
Se trataba de una publicación en redes sociales de una persona bastante conocida; concretamente, un actor bastante popular.
El feed contenía varias fotos cotidianas en compañía de su perro de raza pequeña. Seung-won, deslizando el dedo sin mucho entusiasmo, volvió a levantar la vista hacia Yeon-ho.
—Es Ji Chang-soo. ¿Qué pasa con él?
—Mira bien la foto. ¿Te parece una simple foto con una mascota?
—...¿Eh?
—Eso no es un perro. Es el propio Ji Chang-soo transformado.
—P... ¿Pero qué dices?
Los ojos de Seung-won se abrieron de par en par ante semejante revelación. Ni siquiera se molestó en buscar un cenicero y apagó la colilla directamente contra el suelo desnudo, arrebatándole el teléfono de las manos con ambas manos.
[Paseo de hoy. Chicos, intenten salir a caminar de noche. El clima está agradable.]
[Delicioso. Ñam ñam. Esta comida aprueba el examen.]
[La pequeña felicidad de correr por el campo. ¿Acaso la libertad es algo especial?]
[¡La vida de perro es la mejor~]
La mirada de Seung-won recorría las líneas de arriba abajo a toda velocidad. Las frases aparentemente inofensivas que acompañaban cada foto de perros cobraban ahora un matiz totalmente distinto. Cuando Yeon-ho le arrebató el teléfono de vuelta, el socio se quedó con la boca abierta, tragando saliva con dificultad.
—...¿De verdad? ¿Esto es en serio Ji Chang-soo?
—Si no me crees, compruébalo con su agencia. Ah, aunque a lo mejor ni ellos mismos lo saben.
—¿Cómo te enteraste? ¿No se supone que los morphers no pueden reconocerse entre sí una vez transformados?
—Me lo crucé una vez en un restaurante. Estaba tan borracho como tú hoy, incapaz de controlar sus feromonas, y las iba soltando por todas partes. Por su pinta, parecía que iba a terminar a gatas de regreso a casa.
—...
—Así que no te fíes de nadie tan a ligera. Nunca sabes lo que esconden bajo la piel.
Seo-won volvió a mirar la pantalla del teléfono de Yeon-ho, que ya estaba apagada. Luego, humedeciéndose los labios secos, preguntó con torpeza:
—Por casualidad... ¿hay más aparte de Ji Chang-soo? ¿Chicos que trabajen ocultando su verdadera identidad?
—Bueno. Tengo fichado a uno que me produce sospechas.
—¿Quién?
Seo-won se inclinó hacia adelante sobre la mesa. El persistente tufo a alcohol, mezclado con el aroma a café y tabaco, seguía flotando en el ambiente.
Aunque los gallos tenían un sentido del olfato menos desarrollado que los humanos, por desgracia para él, la mitad de la genética de Yeon-ho era humana. Frunciendo el ceño, se apartó recostándose de nuevo en el sofá antes de pronunciar un nombre:
—Jo In-young.
—¿Jo In-young? ¿Te refieres a la actriz de C&G?
—Grabó un anuncio de aspiradoras hace poco. Y sale un gato.
—...¿Y eso qué?
—Piénsalo. ¿Crees que un gato normal y corriente se quedaría quieto colaborando en un rodaje durante tanto tiempo? ¿Y menos con una aspiradora en marcha al lado? Además, ¿no se parecen físicamente? A lo mejor son parientes. Y si lo son, existe la posibilidad de que ella también sea un morpher.
—...
—Por no hablar de que la vi saltando en un programa de variedades hace tiempo, y esa altura... en fin, es un poco sospechosa.
A Seung-won se le marcaron arrugas verticales en la frente. Yeon-ho, al ver su reacción, añadió con indiferencia:
—En fin. Es solo una corazonada, tampoco lo aseguro al cien por cien.
Pero sobraba la aclaración. Porque Seung-won, tras quedarse callado unos segundos, soltó algo inesperado:
—No... a lo mejor tienes razón.
—...¿Eh?
—¿Recuerdas que tuve oportunidad de cenar con el equipo de producción de Changbyeol? Salió el tema de Jo In-young en la charla y comentaron algo de ese anuncio. Pero resulta que el gato se grabó por separado.
—¿Por separado?
—En principio tenían un gato asegurado para el rodaje, pero como el animal no cooperaba en absoluto, se retrasó todo tanto que decidieron rodar las escenas de ella primero. Fue entonces cuando Jo In-young sugirió que, como su gato era muy obediente, podían traerlo después para grabar el plano de ella montada en la aspiradora...
—...
—...
—Economía colaborativa en estado puro. Cobró su tarifa de modelo más la del animal de compañía. Va a hacerse rica.
Yeon-ho fue el primero en emitir un juicio cínico entre los dos, que guardaron silencio un instante. Por su parte, los sentimientos de Seung-won eran bastante complejos.
Pensándolo bien, los argumentos de Yeon-ho no iban desencaminados. Tratándose de especies pequeñas como roedores, era fácil despistar al mánager, pero intentar controlar a una especie grande era misión imposible.
Sobre todo, si a mitad de un rodaje liberaban su ánima y montaban un número, ¿cómo demonios iban a saber los demás si pertenecía o no a su agencia?
Cuanto más le daba vueltas, mayor era su desconfianza. Mirando fijamente a Yeon-ho, bajó la voz:
—Oye... te lo pregunto por si acaso, pero tú nunca habrás hecho algo así, ¿verdad?
—¿Hacer el qué?
—Ya sabes. Como Ji Chang-soo o Jo In-young, eso de soltar tu ánima y andar por ahí rondando en secreto...
—Pero ¿qué estupideces dices? ¿Cómo puedes pensar algo así de mí?
—Total, una vez que te transformas, nadie te reconoce, ¿no?
—¿Ah, sí? ¡Depende totalmente de la especie! Imagínate a un gallo de pelea paseándose tan tranquilo por pleno centro de Seúl. ¡Lejos de pasar desapercibido, me harían fotos al instante! ¿Me ves cara de estar tan loco como para convertirme en el espectáculo de los demás?
—Ah...
Tenía razón. Una cosa era ver una paloma común o un gorrión. Pero ver a un gallo trotando por la acera... Al dueño de un asador de pollos le daría un vuelco el corazón de la alegría.
Seo-won reculó avergonzado por el comentario que acababa de soltar. Aun así, la forma en que lo miraba seguía siendo extraña, lo que hizo que Yeon-ho volviera a fruncir el ceño con irritación.
«¡Maldita la hora en que le conté que era un morpher! ¿Y si este imbécil también fue con el cuento de que soy un morpher a espaldas mías?»
Por norma general, Yeon-ho jamás revelaba su verdadera naturaleza. Y mucho menos el hecho de que su ánima fuera un ave de corral.
Pero siempre había excepciones. Yoon Seung-won, a quien había conocido como compañero universitario a los veinte años y con quien ahora compartía negocios, era una de ellas.
Seo-won, al enterarse por casualidad del instituto en el que había estudiado Yeon-ho, le soltó de la nada: «¿Ah, pero tú eras un morpher?». Ese había sido el detonante.
Aunque no siempre era así, de la misma manera que existían internados exclusivos para varones o mujeres por razones obvias, los centros educativos a los que asistían las personas normales y los morphers solían estar separados.
Durante la adolescencia, etapa en la que las feromonas eran inestables, el riesgo de sufrir accidentes desafortunados era demasiado alto.
El instituto del que se había graduado Yeon-ho tenía fama de aceptar únicamente a morphers. Y al enterarse de que la familia de Yeon-ho era propietaria de Gyelim Foods, su condición quedó al descubierto por pura deducción.
A Seung-won le había impresionado más enterarse de eso que el hecho de descubrir que su amigo era un animal mitológico.
«Con razón... Resulta que venías de familia rica...»
Y ahora, sin embargo, lo miraba como si fuera un bicho raro.
Con el orgullo herido, Yeon-ho se levantó de un salto de su asiento.
—En fin, déjate de tonterías y ponte a trabajar de una vez.
—¿Te vas? Oye. E-Espera un momento. Todavía no he terminado de hablar contigo.
—¿Qué más quieres?
Yeon-ho le dedicó una mirada glacial a Seung-won, que intentaba retenerlo con prisas.
«Vaya. Mírale los ojos. Más que un gallo parece una bestia salvaje...»
Seo-won, tragándose el pensamiento de que acabaría picoteado si seguía incordiando, se aclaró la garganta a toda prisa, esbozando una sonrisa fingida:
—No es eso... Oye, ¿qué planes tienes para el viernes? Estarás libre, ¿no?
Una pregunta que jamás debería hacérsele a alguien que ostentaba el cargo de director ejecutivo. Lo normal era que tuviera la agenda a reventar.
Pero al fundar la empresa, Yeon-ho había dejado las cosas claras: «Yo pongo el capital inicial. Del trabajo duro te encargas tú, hyung. Yo pienso dedicarme a vivir la buena vida todo lo que pueda».
Y Yeon-ho llevaba cumpliendo a rajatabla esa promesa desde hacía varios años. Por eso mismo a su socio le había extrañado tanto verlo en la oficina a primera hora de la mañana.
Sea como fuere, se trataba de una oportunidad caída del cielo que no pensaba desaprovechar.
—De todas formas pensaba llamarte más tarde... Si tienes un hueco el viernes, date una vuelta por Paju. No, más te vale pasarte por ahí aunque no tengas tiempo.
—¿De qué hablas? ¿Qué demonios se te ha perdido ahora en Paju?
—¿Cómo que qué se me ha perdido? ¡Si ese día es la inauguración del rodaje de 'Next Icon'! ¡No me digas que te has olvidado de que somos los principales inversores de la producción!
—...Ah.
Una exclamación ambigua que dejaba en el aire si en verdad se había olvidado o no. Al instante, el rostro de Yeon-ho se ensombreció.
—Para eso hay personal encargado.
—¿Me estás insinuando acaso que el personal encargado soy yo?
—...
—¡Por Dios! ¿No te das cuenta? Todo el mundo a mi alrededor me pregunta si ya he presentado la renuncia. Tengo el título de CEO, ¡pero en la práctica actúo como un esclavo de la compañía! ¡Desde las reuniones hasta las prácticas, y encima tengo que servir café en lugar del mismísimo director ejecutivo! Mírame ahora mismo. ¡Si ni siquiera he tenido tiempo de pasar por casa a cambiarme de ropa!
—...
—¡Se supone que es una coproducción, pero tú solo diste la cara el primer día! ¡Preséntate allí al menos para disimular que supervisas algo!
—¿Yo solo...?
—Yo tengo otra reunión ese mismo día.
—Si voy cuando termine...
—¡Do Yeon-ho! ¡Soy un ser humano! ¡Un humano corriente y miserable con límites físicos muy claros! ¿Acaso tengo dos o tres cuerpos? ¡Si vas a seguir así, rompamos la sociedad de una vez! ¡Rómpela, ve a buscar un buey o un caballo morpher y ponlo en el asiento de CEO, que seguro que ellos tienen más resistencia!
El grito con el que remató la frase debió de resonar hasta en el techo. Seung-won solía ser un tipo pacífico, pero cuando se ponía así, lo mejor era ceder terreno.
«Vine a desayunar y terminé cargando con más trabajo...»
¡Definitivamente, hablar de los morphers nunca traía nada bueno! La cara de Yeon-ho, entre resignada y autocrítica, se desfiguró por completo.
Al contrario de lo que había planeado en un principio, Yeon-ho se vio obligado a saltarse no solo el desayuno, sino también el almuerzo. Los empleados, al descubrir al esquivo director ejecutivo rondando por la oficina tras tanto tiempo ausente, le abalanzaron una montaña de pendientes que llevaban retrasando con la esperanza de pillarlo desprevenido.
—Director, ¿tiene un segundo ahora mismo? Necesito consultarle un asunto urgente sobre So Min-woo.
—Director, respecto al proyecto que mencioné la última vez, ¿cree que podremos conseguir el visto bueno esta semana? El CEO me dijo que procediera en cuanto recibiera su autorización directa...
¿Habría sido mejor ser un director de adorno sin ninguna capacidad real? Aunque el trabajo duro no iba con su personalidad, Yeon-ho demostraba ser un jefe excepcionalmente competente.
Desde la estrategia comercial a gran escala hasta la gestión financiera, presupuestaria, pasando por el networking con socios, la asignación de personal según las propuestas de planificación y la respuesta ante crisis. Aunque no le gustara hacerlo, no había nada que se le diera mal.
Entre ellos, su juicio era particularmente sobresaliente. Los dramas que Yeon-ho elegía eran éxitos de categoría media como mínimo, y las personas en las que Yeon-ho se fijaba daban a conocer su nombre, al menos.
¿Su ojo para el talento era mejor que el del director ejecutivo? Por eso Yeon-ho, que se escurría del trabajo por aquí y por allá, resultaba todavía más irritante.
De todos modos, por los motivos antes mencionados, los empleados retuvieron a Yeon-ho sin que pudiera oponer resistencia y tuvo así que quedarse atascado en la oficina, perdiendo la oportunidad de escapar.
Pasaron varias horas de esa manera. Incluso después de lidiar únicamente con los asuntos urgentes, al comprobar la hora se dio cuenta de que la hora del almuerzo había quedado atrás hacía mucho. Mientras tanto, ni una sola persona preguntó si no iba a comer.
«En verdad... ¿es este el karma que he acumulado?»
Yeon-ho, echando un vistazo a la oficina donde ahora había menos gente, asintió. Una de las virtudes de Yeon-ho era precisamente saber leer bien las situaciones.
Tras observar el panorama un momento, Yeon-ho agarró por fin su teléfono. Luego, con paso de cangrejo, se levantó con cuidado de su asiento.
—¿Eh? ¿A dónde ha ido el director ejecutivo? ¿Alguien ha visto al director ejecutivo?
Oyó que alguien lo llamaba justo antes de cruzar el pasillo y subirse al ascensor, pero... fingió no escuchar.
Hoy también se sigue acumulando el karma a paso firme. Pero tengo que ir de viaje de negocios el viernes, así que con esto basta por hoy, ¿verdad?
Clic, clic. La mano de Yeon-ho pulsó con rapidez el botón de cierre.
El Audi gris oscuro de Yeon-ho, tras abandonar el estacionamiento de la empresa, cruzó la barrera y se adentró en la vía de acceso. Aunque se había levantado temprano y aún no había probado bocado, se sentía mucho mejor que antes con el simple hecho de haber logrado escapar del lugar de trabajo.
Como era de esperar, salir del trabajo es mejor que ir a trabajar. Pero la alegría de ir tarareando no duró mucho.
«...¿Eh?»
Siguiendo los pasos de Seung-won y los empleados, alguien inesperado volvió a cortarle el paso. Yeon-ho, pisando el freno por reflejo, frunció el ceño.
A un metro de distancia. Unas masas grises amontonadas justo en medio de la vía de acceso picoteaban el suelo con diligencia. Era una bandada de palomas.
Como suele ocurrir con las palomas de ciudad, continuaban picoteando despreocupadas a pesar de tener el coche tan cerca.
¿Qué se han creído estas cosas?
Tocó el claxon brevemente, pero fue un intento inútil.
¿Qué demonios estarán comiendo para ponerse así? Seguro que... no es vómito, ¿verdad?
Con un escalofrío, apartó el pie del freno. Pero incluso cuando la distancia se redujo lentamente, seguía sin apartarse ninguna.
Si tenía mala suerte, alguna de las más lentas podía quedar aplastada bajo las ruedas. De esas que priorizan correr antes que volar, ¿no?
—En fin... con razón a ustedes les llaman palomas gallináceas...
Involuntariamente chasqueó la lengua y le asaltó una fuerte sensación de realidad.
¿Por qué vuelve a salir el término gallina por aquí...?
Aquella expresión, que casi parecía un nombre científico, no era una excepción en el caso de Yeon-ho.
Se sentía con un sabor amargo en la boca en muchos sentidos. Se frotó la barbilla y al final cambió la marcha a estacionamiento. Cuando abrió la puerta del coche y puso un pie afuera, unas cuantas palomas que habían estado picoteando el suelo con alegría por fin vacilaron. Pero ¿acaso iban a tenerle miedo a una persona si ni siquiera le temían al metal?
—Oigan, ¿no van a largarse de aquí?
A pesar de sus gritos y de los insistentes gestos agitando las manos para espantarlas, solo se dispersaron un instante. Volvieron a juntarse frente al coche tal cual.
Hmph. ¿De verdad crees que puedes ahuyentarnos haciendo eso? ¡Humano patético!
El hecho de que ni una sola pluma de sus axilas se dignara a abrirse parecía una burla directa hacia Yeon-ho.
«No. A estas alturas, ¿es que acaso tienen las alas atrofiadas?»
Fue en ese instante cuando entornó los ojos con profunda sospecha.
¡Zumba! De repente, unas cuantas aves de la bandada detuvieron sus cabezazos. Y, en menos de unos segundos, todas las demás se inmovilizaron al unísono.
Difería por completo de la actitud que habían mostrado cuando Yeon-ho salió del coche. Si antes, al notar la presencia humana, era más bien un «¿Qué estorbo es este?», ahora...
El incidente ocurrió en un abrir y cerrar de ojos mientras sus pensamientos continuaban.
¡Aleteo! ¡Aleteo, aleteo, aleteo!
Las que no se habían movido sin importar lo que hiciera agitaron sus alas al unísono y se elevaron hacia el cielo.
—¡Ugh!
Por reflejo, se cubrió la cabeza ante el batir de una docena de alas que pasaron rozándolo por los pelos. Aun así, su mirada siguió de forma natural la trayectoria de las aves.
Había estado burlándose de ellas pensando que tenían las alas atrofiadas... Las que se dispersaron en un instante, a las que costaba seguir con los ojos, se escondieron a toda prisa en algún rincón del edificio y acabaron desapareciendo de su vista.
«¿Qué diablos pasa? ¿Por qué se comportan así esas cosas?»
Fue justo cuando Yeon-ho, boquiabierto, parpadeaba desconcertado. Algo centelleó en lo alto del cielo por donde había desaparecido la bandada de palomas.
«......¿Eh?»
Sus ojos, que ya estaban abiertos de par en par, se dilataron aún más.
A diferencia de las palomas, que aleteaban haciendo ruido, unas alas elegantes se extendían horizontalmente como si dominaran el cielo. Con todo, aquel vuelo digno y firme denotaba que no pertenecía a una especie común.
«...¿Un ave rapaz?»
Yeon-ho, tras deducir la clasificación mínima, llegó incluso a ponerse ambas manos sobre la frente. La única ave rapaz que se podía ver con relativa frecuencia en la ciudad era el cernícalo, pero... aquello era demasiado grande para eso.
Por encima de todo, a diferencia de la agilidad veloz del cernícalo, la que sobrevolaba en círculos aprovechando el viento realizaba un vuelo mucho más majestuoso y estable, incluso al volver a mirarla.
—No me digas que es... ¿un miembro de la familia de las águilas?
No alcanzaba a distinguir la especie exacta por la distancia, si era un águila marina coliancha o un águila real, pero en cualquier caso, si aquello era un águila, la reacción de las palomas cobraba sentido.
Un depredador aparecía de repente en el pacífico mundo de las aves...
Por lo general, su presa habitual no son otras aves, pero cuando tienen hambre la historia cambia. Algunas águilas son lo suficientemente despiadadas como para ir tras ejemplares más grandes que ellas.
En resumen, si las cosas salían mal estabas muerto, así que ¿cómo iba a plantarle cara una paloma? Lo único que podía hacer era huir con las plumas de la cola colgando...
Yeon-ho recibió ayuda de manera involuntaria. Aun así, resultaba extraño.
—Vaya. ¿Qué pinta un águila de la nada?
Si fuera un ave migratoria, podría haberse desviado por accidente de su ruta, pero las águilas suelen ser aves residentes. Y dejarse ver en un cielo tan céntrico era prácticamente inaudito.
Aun así, seguía dando vueltas sobre su cabeza. Tampoco parecía tener una intención clara de perseguir a las palomas...
«¿Habrá alguna que se haya desorientado?»
Soltó una risita ante el pensamiento. Aunque no fueran aves migratorias que recorren millones de kilómetros cada vez, las aves suelen poseer una capacidad de orientación excelente.
Las águilas, inigualables a la hora de cazar presas, ni qué decirlo.
......Pero nunca se sabe.
Hay especies que son aves pero no pueden volar, así que ¿por qué no iba a haber excepciones?
«Vaya, tu vida debe de ser un poco cansada.»
Yeon-ho, que se quedó mirando el cielo un momento más, meneó la cabeza y volvió a subirse al coche.
Entonces ocurrió otro hecho curioso. El águila, que había estado dando vueltas en el mismo sitio como si no supiera muy bien hacia dónde ir, cambió de dirección de repente.
Mientras se concentraba en conducir, los ojos de Yeon-ho se desviaban de vez en cuando hacia la ventanilla.
Tal vez fuera solo su imaginación, pero sentía como si el águila lo estuviera siguiendo.
«¿Estándome imaginando cosas...?»
Yeon-ho frunció el ceño y volvió a alzar la vista hacia el águila, que volaba en una dirección muy similar a la suya. Al poco rato, un semáforo en el que no había reparado cambió a rojo.
¡Vaya! Pisó el freno de golpe. El corazón le dio un vuelco cuando el coche apenas logró cruzar la línea de parada.
A pesar de todo, sus ojos seguían fijos en el cielo a través de la ventanilla. De pronto, se quedó inmóvil.
«Eh. ¿A dónde se ha ido?»
El águila había desaparecido en alguna parte.
♥ ♥ ♥
—Siguiente noticia. A medida que los delitos de acoso continúan emergiendo como un grave problema social, aumentan los casos que requieren mayor atención. La reportera ○○○ informa.
—El día 8, el señor Jeong, residente del distrito ○○, visitó la comisaría de policía. El señor Jeong, que denunció daños por acoso, acusó al señor Kim, un compañero de la misma empresa. El señor Kim se ha estado acercando audazmente al señor Jeong durante varios meses, merodeando a su alrededor e incluso entrando en su casa. Un detalle de particular importancia es el hecho de que el señor Kim era el llamado Morfeo, un gen activador de doble género.
Sorprendido, Yeon-ho, que estaba terminando de abotonarse la camisa, desvió la mirada hacia el televisor —que había dejado encendido sin prestarle mucha atención— al escuchar esa familiar serie de palabras.
—Rara vez, las características DASG del señor Kim, que se expresaron recientemente, parecen haber continuado el acoso transformándose en un ratón de campo utilizando su ánima. El señor Kim sigue poniendo excusas de que solo estaba probando su capacidad de transformación, es decir, la morfosis, pero...
La pantalla, que había mostrado a un reportero explicando los contornos del incidente, mostraba ahora al perpetrador, el señor Kim. Yeon-ho cogió el control remoto y subió un poco más el volumen.
—Realmente no tenía intención de acosar. Viví durante décadas pensando que era una persona normal... Tras ser diagnosticado en el hospital, me pregunté si...
El hombre, cuyo rostro estaba pixelado y su voz alterada en aras de proteger los derechos de los criminales, continuaba balbuceando excusas patéticas. Los ojos de Yeon-ho, ya de por sí torcidos, se contrajeron sin piedad.
—Já. ¿Ese idiota está deshonrando a todos los Morfeo?
La capacidad de transformación de los Morfeo ha aportado logros sobresalientes en diversos campos como la medicina, la ciencia y la patología desde el pasado, pero todo tiene siempre dos caras.
Ha habido bastantes casos de cometer o participar en delitos utilizando su ánima, como ahora.
Por tal motivo, los Morfeo reciben una educación rigurosa sobre valores y ética desde una edad temprana.
Por supuesto, aquellos cuyo ánima se expresa tardíamente y de forma excepcional, como el señor Kim, a menudo no logran establecer dichos valores.
«Tsh. No ha pasado tanto desde el caso de Lee Ho-rim. Habrá mucho revuelo sobre los Morfeo durante un tiempo. ¡Espero que le den una condena severa!»
Yeon-ho, mezclando su desagrado humano con sentimientos personales, fulminó con la mirada la pantalla una vez más antes de apagar el televisor.
Sin embargo, la mano que terminaba de arreglar su ropa dejó de moverse poco después.
«Acoso, eh......»
Ahora que lo pensaba, había algo que también le estaba molestando.
¿Durante los últimos días, la atmósfera a su alrededor se sentía extrañamente diferente? Definitivamente era un lugar donde no había nadie, pero de forma extraña sentía una mirada o... se le erizaba la columna de repente.......
Lo había descartado pensando que no se sentía bien, pero tras ver las noticias, experimentó una inquietud extraña.
Justo antes de coger las llaves del coche y salir de casa, Yeon-ho miró hacia atrás, al teclado de la puerta de entrada.
─La contraseña todavía no ha sido cambiada.
Las palabras de Seong-min vinieron a su mente. Su mano titubeante acabó abriendo la tapa del teclado y presionando el botón de reinicio.
«No, por si acaso...»
Solo después de reorganizar el número de seis dígitos, los pasos de Yeon-ho volvieron a apresurarse, satisfechos.
Viernes, a las 12 en punto; era un día con trabajo fuera de la oficina.
♥ ♥ ♥
Desde la mansión en Gangnam hasta el set de los estudios en Paju hay aproximadamente una hora y media.
El Audi de Yeon-ho, que disfrutaba de las amplias carreteras periféricas por primera vez en mucho tiempo, entró en el espacio abierto del lugar de rodaje, adaptado como estacionamiento.
El plató, que bullía con los preparativos de filmación, tenía camiones grandes con los laterales abiertos aparcados en fila.
El personal descargaba con ajetreo diversos equipos —desde iluminación, cámaras y steadicams hasta accesorios y vestuario necesarios para el rodaje—, conectando cables al plató o revisándolos.
Yeon-ho, agitando una mano para espantar el polvo de la escena, interceptó a un miembro del personal que empujaba un carrito.
—Disculpa. ¿Puedo hacerte una pregunta?
El empleado, que sudaba a chorros como si fuera pleno verano a pesar de ser apenas abril, exclamó un «Ah...» con voz desconcertada en cuanto cruzaron miradas. Luego, como por reflejo automático, habló deprisa.
—Puede esperar dentro del set. Tome un número por allí y vaya a la sección A.
—......?
Yeon-ho, sin comprender, ladeó la cabeza y volvió a agarrarla del brazo cuando ella se disponía a marchar a toda prisa.
—Disculpa, no me refiero a eso, sino que he venido a ver a la PD... ¿A dónde debo ir?
—¿P...D?
—La PD Choi Jeong-yun. ¿Aún no ha llegado?
Tras observarlo de nuevo con detenimiento, los ojos de la empleada se abrieron de par en par con sorpresa.
—¿Es usted miembro del personal? ¿No es un concursante?
Por fin comprendió el malentendido. Por supuesto, no era uno desagradable. Yeon-ho curvó las comisuras de los labios como si quisiera presumir.
—Soy Do Yeon-ho, de Doit.
Puede que no conocieran su nombre, pero sí a Doit; la agencia que había invertido en la producción de este programa. Al verle la cara, debieron de pensar que era un participante... Parecía que lo tomaban por un directivo de la empresa. Su rostro se ruborizó por completo y continuó deprisa:
—La PD está dentro del plató. Seguramente estará preparando los ensayos. Si entra ahí, la verá enseguida.
—Gracias.
Quizá sintiéndose aún más avergonzada por el saludo tan frío, inclinó la cabeza y desapareció rápidamente empujando el carrito.
Yeon-ho, tapándose la boca con la mano contra la polvareda que volvía a levantarse, caminó despacio, esquivando equipos y operarios una vez que el aire se hubo calmado un poco.
Fue entonces.
¡Cras, cras!
Un alboroto repentino estalló sobre su cabeza. Una bandada de pájaros, una masa oscura, revoloteaba en el aire. No solo Yeon-ho, sino también el personal que se afanaba de un lado para otro levantó la vista hacia el cielo ante el aviso urgente.
—¿Qué pasa? ¿Qué cuervos montan semejante escándalo desde el primer día de rodaje?
Como alguien murmuró, eran cuervos agitando las alas y graznando. Pero la expresión «mala suerte» no era la correcta.
Cuando los cuervos, con un fuerte sentido de la territorialidad, arman semejante alboroto, significa que ha aparecido un intruso. Y uno muy amenazante para ellos...
Los que tenían mala suerte en ese momento eran los cuervos.
Yeon-ho movió los ojos con rapidez para escanear el lado opuesto de donde provenía el vuelo y lo descubrió: un ave gigantesca sobrevolaba en círculos a la tensa bandada de cuervos.
Su forma de volar le resultó familiar.
«¿Qué es eso? ¿Otra águila?»
Ya le había pasado con las palomas días atrás, y era la segunda vez que presenciaba una escena tan inusual.
«No. ¿Se habrá vuelto viral el santuario de aves? ¿Por qué vuelan águilas por la ciudad así como así?»
Comparado con el área metropolitana de Seúl, Paju quedaba a las afueras, pero aun así no reunía las condiciones idóneas para que las águilas proliferaran.
—No me digas que es... ¿un Morfeo?
Las palabras se le escaparon de la boca sin querer. Pero enseguida sacudió la cabeza. Los Morfeo con forma de ave no abundaban, y además contaban con alianzas o redes independientes muy rápidas.
Hasta donde Yeon-ho sabía, no había nadie por la zona que anduviera volando de esa manera a estas alturas. A lo sumo, ¿alguien holgazaneando por ahí?
«Bueno... ni yo podría volar así...»
Tragándose sus amargos pensamientos, Yeon-ho dio la espalda al bullicio de los graznidos y entró sin vacilar al plató.
El escenario montado en el interior del gran edificio prefabricado estaba tan ajetreado como el exterior.
El escenario principal consistía en una estructura metálica cubierta de cristal reforzado, sobre la cual se apiñaban densamente los focos. Los técnicos, que revisaban diversos aparatos individualmente, realizaban movimientos precisos y ágiles a pesar del caos.
—Muevan la cámara 20 centímetros a la izquierda. Ajusten el micrófono un poco más arriba. Asegúrense de que el sonido no haga eco en el escenario.
La persona que coordinaba todo aquello y daba instrucciones rápidas era una joven de cabello corto. Yeon-ho se acercó raudo a aquella espalda tan familiar, a la que ni siquiera le hacía falta buscar.
—PD Choi.
Al acercarse y tocarle el hombro, ella giró la cabeza con rapidez. Con los ojos muy abiertos, se quitó el auricular de un oído. Lo siguiente que recibió fue un saludo agudo y sarcástico:
—Vaya, vaya. ¿A quién tenemos aquí? ¿No es el director Do, que se digna a aparecer por fin?
Igual que le había pasado con Seung-won días atrás, la aparición de Yeon-ho en el plató provocó una reacción de lo más inesperada. Como era de esperar, Yeon-ho soltó una risita.
—¿Cómo has estado?
Hablaba en un tono informal y relajado. Ella lo fulminó con la mirada una vez más y también le tuté.
—Pregúntatelo tú. Pensé que te habías muerto porque no te había visto en todo este tiempo... ¿Así que estabas vivo?
Una PD de una cadena de televisión y un director de una agencia de entretenimiento. Además de su relación profesional, los dos compartían otro lazo.
Incluyendo a Seung-won, el socio comercial de Yeon-ho, los tres habían ido a la misma universidad. Seung-won era su superior, pero ellos dos, que se habían conocido a través de él, iban en la misma clase.
El personal de alrededor miraba de reojo a ambos mientras hablaban sin formalidades.
—Me voy un momento.
Jeong-yun dejó la escena a cargo del asistente de dirección de manera natural y tiró del brazo de Yeon-ho. Solo tras rodear la parte trasera del plató, protegida por una pared exterior de madera, volvió a clavarle los ojos.
—¿Qué te ha tomado tanto tiempo? Tu compañero se deja la piel trabajando y está a punto de cruzar el río sin retorno, ¿y tú te das la gran vida?
—Luego vendrá un camión de aperitivos. Con café y snacks.
—Tsh. Pretendes arreglarlo solo con eso.
—Te he pedido el almuerzo por separado. Te gusta el pyunbaekjib, ¿verdad?
Jeong-yun, que iba a replicarle algo más, se quedó paralizada al oír aquello. Vaya que sabía adelantarse a las jugadas. Pero su corazoncito ofendido ya se había calmado en más de la mitad.
Jeong-yun le dio un golpe suave en el hombro a Yeon-ho.
—Fue el oppa Seung-won quien lo encargó, ¿no?
—¿Lo pagué yo?
—Hmph, seguro que lo vas a pasar a gastos de la empresa.
—¿Cómo van los preparativos? ¿Ningún otro problema?
—Si tenías tanta curiosidad, tendrías que haber venido antes. El dinero de tu empresa también está metido aquí, ¿sabes?
—Es verdad. Dicho de otro modo, pone nervioso que el que puso el dinero ande por ahí holgazaneando.
La excusa era perfecta. Jeong-yun hizo un puchero y bajó la mirada a su reloj de pulsera.
—Ensayo en una hora. Te quedarás a verlo, ¿verdad?
—Mmm...
Yeon-ho mostró una reacción tibia. Había planeado fingir que trabajaba un rato y huir en cuanto pudiera, ya que estaba fuera por gestiones...
Jeong-yun, al notarlo, suspiró.
—El oppa Seung-won es demasiado blando. ¿Cómo se le ocurre asociarse con alguien como tú...? Ah~ Al menos deberías cuidar a las celebridades afiliadas, ya que pasas de los asuntos del plató. Veo que algunos de tus chicos están por aquí.
Next Icon era un programa de telerrealidad de supervivencia que reunía a actores, cantantes, modelos y rostros famosos que aún no habían alcanzado la fama, junto a novatos absolutos, para elegir a una estrella.
Tal como había dicho, los pupilos de Doit también participaban en el programa. Entre ellos se encontraba alguien a quien Yeon-ho conocía especialmente bien.
Lee Seong-min. Aquel a quien había patrocinado hasta hacía pocas semanas. Yeon-ho, recordando su rostro, miró a su alrededor y bajó la voz:
—¿Cómo están los chicos?
—¿Cómo van a estar?
—Hoy eliminan a la mitad, ¿verdad?
—Te las apañas para no olvidar el formato.
—¿Crees que tienen potencial?
—¿Eso suena a que me pides que los eduques? ¡Eso claramente es un favor personal!
—Cuantos más, mejor.
Yeon-ho sonrió sin negarlo. Aunque hablaba con aspereza, la sangre tira al monte. Como compañera de universidad y representante de la agencia inversora, era inevitable que les prestara más atención. Jeong-yun hizo un puchero.
—Bueno. Parecen útiles. ¿Especialmente Lee Seong-min? Tiene pinta de que aguantará bastante. Su estilo es bueno y su personalidad es flexible.
Como era de esperar. En este mundillo hay que ser un poco descarado. En ese aspecto, Seong-min, cuya ambición lo había llevado a utilizar a Yeon-ho, encajaba a la perfección.
¿Llegará al menos al top 5?
Yeon-ho, sopesando su propio criterio, desvió la mirada hacia aquella zona.
—¿Los concursantes están en la sección A?
—Qué. ¿De verdad vas a ir a verlos?
Jeong-yun puso los ojos en blanco con fingida sorpresa, a pesar de haber sido ella la primera en sugerirle que cuidara de los chicos de la agencia. Al poco rato, torció el gesto.
—¿Es por esto?
Jeong-yun levantó su dedo meñique y lo agitó. Las preferencias sexuales de Yeon-ho se conocían desde la universidad; por supuesto, también corrían rumores desde que había entrado en la industria.
—Nos vemos luego.
Sin añadir nada más, Yeon-ho le dio un leve toque en el hombro a Jeong-yun y echó a andar.
Ahí estaban: desde ejercicios vocales sacados desde el diafragma hasta estiramientos que retorcían el cuerpo de mil formas. Alrededor de un centenar de concursantes, agrupados y cuchicheando mientras esperaban el rodaje principal, no lograban disimular la emoción y la tensión.
Yeon-ho iba analizando con la mirada quién servía y quiénes serían los rivales de sus chicos, cuando sus ojos se cruzaron con los de Seong-min.
—¡Director...!
Seong-min, que estuvo a punto de gritar a pleno pulmón sin darse cuenta, cerró la boca de golpe y se acercó a Yeon-ho a grandes zancadas.
Solo tras retirarse a un rincón apartado, tal como había hecho Jeong-yun antes, Seong-min esbozó una brillante sonrisa.
—Vaya. ¿Qué pasa por aquí? ¿Cuándo ha llegado? No había avisado de que vendría hoy.
—¿Acaso tengo que rendirte cuentas de todo lo que hago?
—Oiga. Debería habérmelo dicho antes. ¿No habrá venido a verme? Habrá venido porque estaba preocupado por mí, ¿verdad?
Sus aspiraciones eran bastante ambiciosas. Yeon-ho soltó un bufido y examinó a Seong-min de arriba abajo. Este, atildado con un traje impecable, bajó la mirada y aplaudió con suavidad.
—Es verdad, me compró esto antes. ¿Se acuerda?
¿Lo había hecho? Parecía que sí, pero a la vez parecía que no.
—Puse empeño en arreglarme. No habrá nadie hoy vestido tan bien como yo, ¿o sí?
El maquillaje base corría a cargo del equipo de estilismo, pero el vestuario corría por cuenta propia. Aunque había casos en los que la agencia los preparaba, la indumentaria de los concursantes variaba mucho, ya que los independientes debían apañárselas solos.
En semejante situación, ¿un traje de lujo sería un beneficio o un perjuicio? No convenía pasar desapercibido, pero ir demasiado llamativo tampoco era lo ideal...
Estaba reflexionando sobre ello internamente cuando...
¡Zas! De repente, una extraña sensación de frío recorrió su espalda baja. Aunque no era raro que se filtrara una corriente de aire exterior en un plató montado en un espacio abierto, aquello poseía una naturaleza completamente diferente.
No era desagradable, pero tampoco cómoda. No transmitía hostilidad, sino una persistencia sutil... la presencia de alguien más.
¿Qué es esto? Yeon-ho frunció el ceño de inmediato y escrutó los alrededores, dejando atrás a un Seong-min que seguía presumiendo de atuendo.
Entonces, en el instante siguiente, un «ah...» escapó de sus labios sin previo aviso y sus ojos se clavaron en un solo punto.
¿Será un participante del programa? Un hombre alto de pie al otro lado lo observaba fijamente.
Su imponente estatura resultaba abrumadora a pesar de la considerable distancia. Unos hombros trazados en ángulo recto, la marcada musculatura que la ropa no lograba ocultar y unas extremidades proporcionales dejaban claro que no era coreano ni de broma.
Pero lo más sorprendente era su rostro, tan llamativo como su físico, dotado de una simetría y un equilibrio increíbles.
Incluso cuando los rasgos de una persona corriente son pulcros, suele haber un mínimo desequilibrio... desde la distancia entre los ojos hasta el ángulo de la nariz o el grosor de los labios. Sin embargo, su belleza combinaba lo mejor de Oriente y Occidente, pareciendo esculpida a mano.
«¿De qué país será? Parece mestizo.»
«Con esa estatura, ¿aspira a ser modelo? No... pero sus facciones son demasiado perfectas para eso, ¿no?»
La desconfianza inicial se evaporó, y Yeon-ho se quedó contemplando al hombre con muda admiración.
—¿Director? ¿Me está escuchando?
Seong-min lo agarró del brazo. Yeon-ho, que se había olvidado por completo de su existencia durante unos segundos, parpadeó desconcertado, mientras Seong-min cruzaba los brazos haciendo un puchero.
—¿En qué tanto piensa? Aunque lo nuestro haya terminado, me pondría triste si me trata así.
La actitud no era de su agrado, pero el tono encerraba un coqueteo atrevido y extraño. Yeon-ho recobró la compostura y apartó a Seong-min de un empujón disimulado.
—Suéltame. ¿Dónde te crees que estás?
—Tsh. Entonces, ¿a dónde estaba mirando? ¿Acaso vio a alguien mejor que yo?
Por lo que decía, Seong-min no parecía haberse percatado en absoluto de la presencia de aquel sujeto. Incluso miró a su alrededor con curiosidad. ¿Habrían escuchado su conversación? Yeon-ho, dándose cuenta de su descuido, desvió la mirada al instante.
...Sin embargo,
—Qué raro. ¿No hay nadie?
Tal como dijo Seong-min, el hombre se había desvanecido sin dejar rastro en ese breve lapso. Yeon-ho enarcó una ceja, recorrió el espacio con la mirada una vez más y avanzó a grandes pasos.
«Sería un problema si empiezan los rumores...»
Al doblar otra esquina tras salir del pasillo lateral, vio a los concursantes reunidos todavía en grupos de tres o cinco. Pero el hombre tampoco estaba por allí.
¿Habrá ido al baño? El personal... ¿seguro que no?
—¿Hay otra sala de espera además de esta?
—¿Tal vez por allá? Pero, ¿por qué lo pregunta?
Sin inmutarse por la advertencia, Seong-min se acercó demasiado al hombro de Yeon-ho, ladeando la cabeza con curiosidad. Yeon-ho volvió a evaluarlo de arriba abajo.
Hace un momento había pensado que un modelito tan llamativo jugaría en su contra... Qué inocente había sido por su parte. Yeon-ho torció los labios.
—Tú, ve a que te repasen el maquillaje. Y diles que te arreglen otra vez el pelo.
—¿Eh?
—Haz tu mejor esfuerzo, todo el que puedas.
Aunque consiguiera colarse en el top 5... dudaba mucho que pudiera alzarse con el primer puesto.
♥ ♥ ♥
Había asuntos que atender y, puesto que ya había viajado hasta Paju, pensó en quedarse al menos a ver la primera toma antes de irse... pero, como solía pasar en los rodajes en exteriores, los imprevistos se sucedían uno tras otro.
Una de las grúas jimmy jib que había estado funcionando a la perfección falló de repente. Los técnicos, sudando de lo lindo mientras forcejeaban con el brazo mecánico que se había quedado bloqueado, apenas lograron solucionar el problema cuando recibieron la noticia de que el presentador principal llegaría tarde.
Se excusaron con un problema en el vehículo, pero olía a pretexto barato.
—¡Ese maldito debió de irse de copas otra vez!
Mientras Jeong-yun rechinaba los dientes, Yeon-ho conocía de sobra la nefasta fama del actor, conocido en la industria por su afición a la bebida.
«¿Qué hago...?»
Sin darse cuenta, el reloj marcaba las 4 de la tarde. Si no se ponía en marcha pronto, le tocaría comérse de lleno el tráfico de la hora punta rumbo a Seúl.
«De nada sirve que me quede aquí plantado esperando a que llegue antes solo por su culpa...»
En su balanza personal pesaban más las responsabilidades del cargo frente a la dulce promesa de un viernes por la tarde. La decisión no tardó en inclinarse. Yeon-ho le dio un toque amistoso en el hombro a Jeong-yun —quien continuaba echando chispas al teléfono sin respuesta— y le hizo señas de que se marchaba.
—¿Eh? —Jeong-yun arqueó una ceja e intentó retenerlo, pero con una sincronización providencial, una voz lánguida sonó al otro lado del auricular—: PD-nim...
Con expresión feroz pero adoptando una dulzura exagerada en la voz, Jeong-yun se apresuró a contestar: —¿Hae-jun-ssi? ¿Dónde estás ahora?
Aunque su puño aferraba el aparato con tanta fuerza que los nudillos se le ponían blancos y se le marcaban las venas, su tono no delataba nada de eso.
«Definitivamente, ser PD no es trabajo fácil... Aguanta ahí, empleada.»
Aprovechando la distracción, Yeon-ho se despidió con un ambivalente «buen trabajo» y salió escopetado.
Las carreteras de circunvalación estaban despejadas, pero en cuanto cruzó la frontera hacia Seúl, el tráfico se densificó de golpe.
¿Será que tardaré más en volver a casa que lo que me tomó ir de Seúl a Paju?
El aburrimiento se reflejaba en el rostro de Yeon-ho enquanto repiqueteaba con los dedos en el volante al ritmo del avance moroso de los coches.
Diez minutos más tarde, sonó el teléfono. La llamada era de Seung-won.
Pensó en colgarle, pero al menos le serviría para espantar el aburrimiento charlando un rato. Al descolgar, la voz de Seung-won se precipitó a través del manos libres.
—¿Dónde estás?
—¿Dónde va a ser? En el rodaje.
—No mientas. ¿A que acabo de colgar con la PD Choi?
......Tsh. Esa bruja. No pudo aguantarse las ganas de delatarlo.
Aunque su mentira había quedado al descubierto, Do Yeon-ho seguía siendo Do Yeon-ho. Replicó sin inmutarse:
—Si ya sabes dónde estoy, ¿para qué preguntas?
—Como sea. Todavía no estás en casa, ¿verdad? Vente para acá. Estamos en el Royal.
El Royal era uno de los locales nocturnos que Seung-won solía frecuentar por motivos de trabajo. Había mencionado que tenía una reunión hoy, así que aquello debía de ser la continuación.
El remordimiento por haber contestado la llamada lo invadió al instante. Pese al tráfico todavía denso, soltó otra mentira descarada:
—Estoy en la puerta de mi casa. Justo a punto de marcar la contraseña.
—No me cuentes milongas. A estas horas sigues atascado en la autopista Olímpica. Y aunque estuvieras en casa, no tienes nada mejor que hacer.
—¿Ah, no?
—Parece que lo tuyo con Lee Seong-min ya se acabó. Como todavía no tienes un nuevo protegido, ¿qué gracia tiene irse a casa? Déjate de jueguitos de escurrir el bulto y ven para acá. Hay alguien aquí que quiere verte.
—...¿Alguien que quiere verme?
Dejando de lado el hecho de que se metía en su vida privada, lo segundo le generaba intriga. Pero Seung-won omitió cualquier aclaración limitándose a un «Ya lo sabrás cuando llegues». En su lugar, remató con una amenaza:
—¿Son las 6 de la tarde? Ni se te ocurra desertar del trabajo antes de tiempo. Como lo hagas, te rechazo la nota de gastos.
Seguramente se refería al camión de aperitivos que había pagado para el plató.
Qué tío. ¿Hasta qué punto podía ser tan mezquino con el dinero?
Arrugó el entrecejo, pero su mente ya estaba echando cuentas.
De todos modos, Jamsil me queda más cerca que casa... Da igual si voy directo o si paso por allí.
«Esta vez le voy a meter horas extras a la factura de gastos por el disgusto.»
Tal como decía él mismo, si hablamos de mezquindades, ambos estaban hechos el uno para el otro.
♥ ♥ ♥
Un chaleco con estampado llamativo y una pajarita roja. El camarero, que había llegado al reservorio del fondo del pasillo unos pasos por delante de Yeon-ho, dio unos nudillos en la puerta. Sin embargo, a través del grueso aislamiento solo se filtraba el sonido de una máquina de karaoke; no hubo respuesta para que pasaran.
El camarero alzó el puño de nuevo para llamar otra vez. Yeon-ho lo detuvo con un gesto, le indicó que se retirara y abrió la puerta él mismo de un empujón.
Las paredes estaban revestidas de terciopelo morado y un enorme sofá en forma de U ocupaba gran parte de la estancia. Varios aperitivos y botellas de licor medio vacías yacían esparcritas sobre la mesa de mármol. En el centro de todo aquello, cantando a pleno pulmón con el micrófono en la mano, no estaba otro que Seung-won.
«También está este otro. Pobre alma en pena...»
Justo cuando entornaba los ojos ante el espectáculo de verlo entregado a la bebida como había predicho, Seung-won reparó en su presencia.
—¿Llegaste?
El chillido agudo del micrófono resonó al saludarlo con el mismo volumen con el que venía cantando. Yeon-ho, sin perder tiempo en cortesías, buscó el control remoto y apagó el aparato. Al cesar el eco que rebotaba contra las paredes, Seung-won soltó una queja:
—Ah, ¿por qué? Justo iba la parte culminante.
Viendo cómo reaccionaba, quedaba claro que no tenía sentido sentir pena por él en absoluto. ¿Acaso se lo estaba pasando en grande?
Iba a soltarle un reproche, estupefacto, cuando...
—Has llegado. Y antes de lo que pensaba.
Alguien sentado al otro extremo del sofá lo saludó con total naturalidad.
Como hasta ese momento se había estado frotando los ojos tras apartarse de una de las acompañantes, no había podido distinguirle el rostro. Al escuchar aquella voz conocida, Yeon-ho giró la cabeza con rapidez hacia el hablante. Y entonces, por primera vez, su entrecejo se contrajo de forma abierta.
Quien alzaba su vaso a modo de saludo burlón hacia Yeon-ho era el hijo de la directiva de Jeil Dairy. Conocía de sobra al segundo hijo de aquel conglomerado alimentario especializado en productos lácteos.
—No me digas que el que quería verme era este tipo...
Ignorando al sujeto en cuestión —Seok-jun, quien actuaba con una confianza exagerada—, Yeon-ho miró fijamente a Seung-won. Este, con una sonrisa socarrona que aún no se le borraba de los labios, asintió con la cabeza.
—......?
—Tu postura es buena.
En realidad, decir que su postura era buena se quedaba corto. Incluso al apartar la silla, ese cuerpo grande se movió sin ningún movimiento brusco ni ruido en absoluto.
¿Acaso es modelo? Pero pensándolo bien, incluso entre los modelos, Seong-min tendía a tener movimientos más ligeros y ruidosos.
Esperando una respuesta, por primera vez, el hombre esbozó una leve sonrisa.
—Gracias por el halago.
¿Perdón?
Primero ante la sonrisa que se extendía por su rostro, y de nuevo ante la compuesta respuesta, los ojos de Yeon-ho se estrecharon. Fuera intencionado o no, fue una hábil evasión verbal que evitó responder sin hacer que el otro se sintiera mal.
Pero aun así... al ver sus labios curvados hacia arriba, no se atrevía a preguntar por qué estaba ocultando la respuesta. En su lugar, se agitó una ligera picardía, con ganas de sacudir esa cara sonriente.
Apartando la mirada, Yeon-ho fingió dejarlo pasar con gracia, alargó la mano hacia la máquina de café y volvió a mover los labios.
—Pero... ¿por qué hiciste eso ayer?
—......?
—Viendo cómo fue, ¿no dormimos juntos? Dijiste que te retuve. Era una comida preparada para ti, ¿pero ni siquiera pudiste probar bocado cuando te la dieron?
Usar expresiones vulgares iba más allá de una broma, rozando la maldad. Incluso se había quitado la ropa de abrigo y desabrochado el cinturón... pero no había el más mínimo rastro más allá de eso. Eso le hacía preguntarse si era tan poco atractivo.
Pero la esperanza de ver un poco de vergüenza no duró mucho. El ceño extrañamente fruncido por un momento fue breve. Porque el hombre dio una respuesta inesperada.
—Comer con prisa va en contra de la estética.
—...¿Qué?
—Tampoco es la etiqueta adecuada para cenar.
Fue Yeon-ho quien abrió los ojos de par en par. Y al poco tiempo, incluso rompió a reír.
—¡Ja, jaja... ¡Jajaja!
Solo entonces, mientras Yeon-ho se sostenía el estómago, el hombre mostró un rostro avergonzado.
Je, je, je. Tras soltar risarcidas carcajadas durante un rato, Yeon-ho finalmente se secó los ojos.
—¿Estética? Tú, ¿acaso tienes un personaje?
—......
—¿Quieres un poco de café?
Do Yeon-ho es igualmente alguien con un carácter muy definido. Hacer una pregunta tan ordinaria después de reírse a carcajadas como si estuviera molestando a alguien.
No habré cometido ningún error, ¿no? ¿Qué pasó realmente ayer? No hubo una confirmación superficial, y ni siquiera parecía querer escuchar la respuesta, limitándose a hacer la pregunta por pura formalidad.
Yeon-ho, tomando una cápsula de café del dispensador en la encimera de la cocina, abrió la puerta del congelador y volvió a mirarlo.
—¿Americano helado?
¿Eh... helado?
—¿Cuántos cubos de hielo le pongo?
Entendió la pregunta solo después de que fue formulada.
Americano helado.
Sin pensarlo dos veces, lo cortó.
—Estoy bien.
A diferencia de sus palabras, su expresión estaba lejos de estar bien. La forma en que miraba el hielo amontonándose en el vaso alto denotaba un desagrado abierto. Yeon-ho ladeó la cabeza.
—¿Lo prefieres caliente? Entonces solo lo prepararé.
Los ojos del hombre se dirigieron una vez más a la máquina esperando ser utilizada. La máquina de café, hoy en día casi una necesidad diaria para la gente moderna, era, sin embargo, un pecado para el hombre en su mera existencia.
«¿Cómo puede alguien beber café hecho con ese tipo de máquina? ¿Y encima ponerle hielo?»
Intentó elegir sus palabras con cuidado, pero se rindió.
—Yo... no me gusta el café.
Ah, Yeon-ho puso cara de haberlo comprendido. Bueno, sí. Viendo su rostro, parecía cinco o seis años menor que él. Claro. Probablemente aún no sepa que en el mundo hay cosas más amargas que el café.
—Debes ser joven...
Murmuró como para que Yeon-ho lo oyera, y el hombre frunció el ceño. A pesar de todo, siguió rebuscando en el refrigerador. Aun así, todavía no soltaba el rencor que sentía.
—Entonces, ¿qué quieres beber? ¿Leche?
El rostro, joven pero lo suficientemente varonil, se arrugó como Dios manda esta vez.
♥ ♥ ♥
Delante de Yeon-ho había un americano helado lleno de hielo, y delante del hombre, agua con gas en lugar de leche.
En lugar de concentrarse en su propia bebida, sus ojos taciturnos se posaban en Yeon-ho, que sorbía el americano helado, con mucha más frecuencia.
De verdad debe odiar el café, pensó Yeon-ho, lanzándole una ojeada al hombre. Solo cuando su vaso estaba medio vacío abrió la boca.
—No te escuché bien ayer, pero ¿de verdad te eliminaron de eso?
—...¿?
Next Icon. Participaste en eso, ¿verdad?
El programa, donde todos los participantes entran en una situación de convivencia grupal al mismo tiempo que las grabaciones, tenía un formato que eliminaba a cerca de la mitad de ellos el primer día, tal como había dicho antes.
Pero incluso después de haberse despejado, seguía sin poder creer que el tipo frente a él, con su hermoso rostro, hubiera sido eliminado desde el principio.
¿Por qué lo eliminaron? ¿Fue realmente por ser extranjero? ¿O lo relegó el poder de su agencia?
Había algunas posibilidades, pero ninguna era muy convincente. El hombre no dijo gran cosa, como si sintiera lo mismo.
Pues sí. ¿De qué sirve hablar de algo que ya pasó? Renunció a obtener una respuesta y cambió de tema.
—Viendo cómo eres, pareces mestizo. ¿De qué etnias eres? Hablas bien coreano, ¿así que has vivido aquí toda tu vida?
Afortunadamente, el hombre abrió la boca esta vez.
—Para ser exactos, mi madre es de ascendencia mixta coreana. Aprendí el idioma cuando viví aquí.
—¿Así que ahora no vives en Corea?
—......
—Tal vez... ¿viniste a Corea para convertirte en celebridad?
—......
El silencio suele significar un sí. ¿Cuándo subió tanto el estatus de la industria del entretenimiento coreana?
Yeon-ho, recopilando información de las palabras sin respuesta, volvió a examinar el rostro del hombre. Al cabo de un rato, inclinó la cabeza.
—Por qué, ¿hay algo malo?
—No... son solo tus ojos. Al verlos en un lugar iluminado, ¿el color diferente se nota más?
—......!
—Es la primera vez que veo heterocromía.
Los rasgos de apariencia única son ventajosos para las celebridades. Especialmente los hermosos ojos que parecen un eclipse anular tienen un valor altísimo. Por supuesto, el ojo opuesto rojizo también es atractivo.
Yeon-ho acercó más su cabeza al rostro del hombre como para observarlo mejor. Fue entonces cuando él, que había estado parpadeando con una pausa, abrió lentamente la boca.
—...¿Es tu primera vez?
—¿Eh?
—¿Nunca antes habías visto heterocromía?
—No es común, ¿verdad?
Afirmó Yeon-ho con naturalidad. El hombre, que parecía tener algo más que decir, cerró la boca enseguida.
—Ya veo.
Su expresión, acompañada de una respuesta tan breve, no parecía buena.
¿Habrá pensado que lo estaba evaluando? No. ¿Cómo va a molestarse un tipo que quiere ser celebridad hasta este punto? ¿Debería decir que fue un halago?
Lo sopesó por un momento, pero pensándolo bien, él era el jefe y el otro chico el subordinado, así que no había necesidad de andar complaciendo su estado de ánimo.
—Escucha. Creo que es mejor dejar las cosas claras ahora. ¿Hasta dónde piensas llegar conmigo?
—¿Hasta... dónde?
—Viendo que te desmayaste en mi casa toda la noche así, parece que ya te has decidido. Pero aún tengo que confirmarlo. Ayer estaba un poco borracho también...
—......
—La razón por la que te acercaste a mí es por un patrocinador, ¿verdad?
—......
—¿No? ¿O simplemente quieres irte?
—No, no es eso.
—Bien. No andemos con rodeos. Ya que me seguiste, debes haber investigado sobre mí hasta cierto punto.
—......
—Incluso si tengo una relación de patrocinio contigo, es diferente a salir en plan romántico. ¿Entiendes al menos eso?
—......
—Primero, nuestra relación durará unos seis meses.
—¿Seis meses...?
—Máximo seis meses. Es tiempo suficiente para que disfrutemos el uno del otro. Si lo alargamos y se extienden los rumores, tampoco será bueno para ti.
—......
—Por supuesto, durante este periodo te apoyaré con lo que necesites. Lo mucho que crezcas dependerá de tu habilidad, pero al menos te será más fácil aprovechar oportunidades. Solo tienes que pagar el precio. Cuando termine, nos separaremos limpiamente sin aferrarnos el uno al otro. ¿Alguna objeción?
Tal como dijo, era un arreglo rápido y limpio. El hombre, con los ojos ligeramente ensombrecidos, sopesó las palabras que Yeon-ho había soltado y luego habló de la parte que más le preocupaba.
—El precio... ¿sigue siendo mi cuerpo?
—Entonces, ¿debería colgarte en la pared y admirarte? Desde el momento en que me filmaste, tu preferencia sexual son los hombres, ¿verdad?
—......
—Ahora que lo pienso, ¿cuál es tu posición? ¿Activo o pasivo?
Yeon-ho, que había profundizado en los detalles ya que estaba en ello, contó con los dedos.
—Creo que un hombre debe ser una de dos cosas: o genial o delicioso.
Por supuesto, de cualquier modo, tenía que ajustarse a su gusto. La condición añadida significaba que no había margen para el compromiso.
El hombre se aclaró la garganta y devolvió la pregunta con cautela.
—...Entonces. ¿Cuál eres tú?
—¿Yo? Obviamente soy... el genial.
Entonces... ¿eso significa que tengo que ser el pasivo?
Sus pupilas se estrecharon bruscamente por un momento. Pero el instante no duró mucho.
Como si le leyera la mente, Yeon-ho, sonriendo con seducción, presionó su pie descalzo contra la entrepierna del hombre. Las palabras que fluyeron como un susurro vinieron a continuación.
—El gusto... necesita un activo.
Comprendió el significado de inmediato. Los ojos del hombre se estrecharon en un sentido diferente al anterior ante el pie que seguía presionando con intención.
Su mano alcanzó inconscientemente el tobillo de Yeon-ho. Pero tan pronto como las yemas de sus dedos rozaron su piel, el pie se retiró rápidamente.
Ah... Un suspiro de pesar escapó de sus labios, y Yeon-ho, que había examinado su expresión al detalle, curvó las comisuras de su boca de forma burlona.
—¿Entiendes bien?
Su cabeza se movió antes de que pudiera hablar. Ante el asentimiento limpio, Yeon-ho levantó la barbilla como si estuviera satisfecho.
—Bien. Entonces, a partir de ahora, llámame Director. No me digas «tú» como hiciste hace un rato.
—......
—¿Por qué? ¿Quieres llamarme «hyung» en su lugar?
Las cejas del hombre setwitcharon mientras seguía persiguiendo el peso y el calor de Yeon-ho que aún permanecían en su parte baja.
Por alguna razón, parecía odiar la palabra «hyung» más que la palabra «Director». Y eso que pensaba que le estaba haciendo un favor...
No tenía intención de decir tanto. Yeon-ho, sosteniendo la taza de café casi derretida, se levantó de su asiento. Entonces, ¡ah!, se giró hacia el hombre de nuevo.
—Ah, es verdad. Ahora que lo pienso, todavía no he escuchado tu nombre.
¿Nombre...?
—¿Cómo debería llamarte?
Podía pasar por alto el hecho de que no quisiera llamarlo «hyung», pero el hombre no abrió la boca fácilmente esta vez tampoco.
—¿Qué pasa? ¿No tienes nombre?
Al cabo de un rato, ante la insistencia repetida, apenas movió los labios como si no pudiera evitarlo.
—Anto...
—¿Anto?
—Tony... nio...
—¿Antonio?
Había estado demorándolo tanto que pensó que sería un nombre extraño, pero no era así. Yeon-ho, rodando la pronunciación en la punta de la lengua, volvió a preguntar.
—¿Cuál es tu nombre completo? ¿Cuál es tu apellido?
—Es largo... Probablemente no tendrás que llamarme por mi apellido de todos modos.
Pues sí. En las culturas extranjeras, el nombre completo solo se usa al ser formal. Puede resultar distante entre personas cercanas.
Yeon-ho, convencido, asintió en lugar de presionarlo. Un débil atisbo de alivio cruzó el rostro del hombre.
Sin embargo,
—Entonces, ¿puedo llamarte Tony?
—...¿Perdón?
—Antonio también es un poco largo. «Tony» es simple, ¿verdad?
Su rostro se endureció rápidamente de nuevo ante las palabras que siguieron. Yeon-ho, que no se había dado cuenta, simplemente le dio una palmada en el hombro al hombre.
—Debería ir a asearme. Tony, puedes usar el baño si quieres. Hay un cepillo de dientes nuevo en el gabinete.
Los pasos de Yeon-ho, arrojando el vaso vacío al fregadero y dirigiéndose hacia el dormitorio, eran muy ligeros. Por otro lado, el hombre, que había desaparecido por completo de su vista, suspiró profundamente y se cubrió la frente.
«¿Por qué se me tuvo que venir eso a la cabeza...»
El rostro de «Tony» era terriblemente amargo.
♥ ♥ ♥
Tal como había dicho Yeon-ho, había muchos cepillos de dientes nuevos sin abrir amontonados en el baño de la sala de estar.
Era demasiado para ser solo unos cuantos de sobra que hubiera comprado... Lo mismo pasaba con las toallas y varios limpiadores. Las lociones para después del afeitado incluso estaban categorizadas por tipos.
«¿Mucha gente viene a esta casa a asearse?»
A medida que el pensamiento cruzaba su mente, sintió un gran desagrado. Miró fijamente los diversos artículos alineados en la balda, terminó de cepillarse los dientes bruscamente y regresó a la sala de estar.
Sintió una vibración dentro de su bolsillo. Podía contar con los dedos de una mano la gente que sabría el número de su nuevo teléfono móvil, que acababa de estrenar.
Miró hacia el dormitorio donde Yeon-ho había desaparecido. Escuchando con atención, aún podía oír el sonido del agua corriendo. Sería difícil que el teléfono sonara así cuando estaba con Yeon-ho.
Al final, presionó el botón de llamada, pero no se llevó el auricular al oído de inmediato. Como era de esperar, una voz desesperada brotó del altavoz en 0.01 segundos.
「¡Joven amo~!」
Se alegró de no habérselo puesto en la oreja.
Tras una tos mezclada con el sonido de alguien gritando algo una vez más, agarró el teléfono que había estado sosteniendo lejos.
—Ciao. Por el sonido de tu voz, vivirás cómodamente otros cien años.
Ante la familiar sarcasmo, el bufido de la otra persona se hizo más fuerte. Podía imaginar fácilmente la expresión mezquina del otro, que debía estar enrojecida. La persona al otro lado del teléfono volvió a alzar la voz.
「¡Por qué contestas al teléfono recién ahora! ¿Sabes lo preocupado que estaba, pensando que te podría haber pasado algo?」
—¿Cómo encontraste mi número?
「Puede ignorar solo a mí, joven amo. ¡Tengo esa capacidad! Más que eso, no cambies de tema. ¡¿En qué diablos estás pensando al irte de la casa... Si tienes alguna queja sobre mí, deberías decir algo. ¡Huir de casa a esta edad!」
—Debería haberlo escrito. No es huir de casa, es unas vacaciones.
「¡Mamma Mia! ¿Qué clase de vacaciones te llevan hasta Corea? ¿Y qué hay de la empresa? ¡¿Y solo dejaste un maldito mensaje de texto para el señor Federico?!」
Ahora que conocía el número, habría sido más fácil conocer el destino que eso. Pero incluso ante las palabras que mencionaban a su secretario, la expresión del hombre no cambió mucho.
Tanto por unos días de paz tranquila. Solo sintió un sentimiento amargo.
Cuando el hombre no dijo nada, la voz excitada volvió apenas a la normalidad al cabo de unos segundos.
「¿Qué pasó realmente? Si de verdad necesitabas un descanso, deberías haberlo programado adecuadamente.」
—Así se dio. ¿Está todo bien?
「¡Qué va a estar bien cuando el joven amo ha huido de casa!」
—Te dije que son vacaciones.
Un gemido resonó ante las palabras inflexibles.
「Lo del señor Federico es una cosa, pero también he recibido una llamada de la familia principal. Quieren que vuelvas a casa en algún momento de la próxima semana.」
—Probablemente sea un asunto trivial de todos modos. Ocúpate de ello. Ah, esta vez «ocúpate de ello» significa que te ocupes tú.
「¡Joven amo!」
—Más que eso, ¿qué hay de lo que te encargué que hicieras en aquel entonces? ¿Contactaste con esa casa?
「.......」
—¿Todavía no?
「¡Lo hice! Respondieron positivamente.」
—Bueno... no me pareció muy positivo a mí.
—¿Perdón?
—No, de todos modos, esa casa no estaba disgustada, ¿verdad?
「¿No te lo dije? La historia es historia. La dignidad es dignidad. ¿Qué clase de nombre es Averto?」
El cognomen (apellido) que no le había dicho por ser demasiado largo.
Su voz, como si él mismo fuera Averto, rebosaba orgullo.
El verdadero dueño de ese nombre, no, Marteo Averto, que había estado fingiendo ser Tony hasta hace un momento, esbozó una sonrisa amarga. La otra persona, incapaz de adivinar su expresión, volvía a bufar.
「¿Tal vez por eso fuiste hasta Corea, porque estabas ansioso por eso? Incluso te dije que coordinaría las fechas. ¡Deberías haberme enviado a mí en su lugar!」
¿Debería ir recorriendo todos los países que enviaban propuestas? Su voz estaba teñida de ansiedad. Pero no tenía la menor intención de hacer eso, ni un poquito.
Marteo miró una vez más hacia el dormitorio donde estaba Yeon-ho.
¿Cómo se pusieron así las cosas? Esa no era mi intención...
Los recuerdos de ayer acudieron a su mente involuntariamente.
La expresión de Do Yeon-ho, que había sido desconocida como si estuviera mirando a un extraño, tanto cuando chocaron en el set como por la noche cuando lo puso a prueba de nuevo por si acaso...
La voz que había dicho que odiaba a los Morfeo, especialmente al tipo aviar, y las palabras de que era su primera vez viendo heterocromía, todavía resonaban en sus oídos.
Como tal, no había opción. Si decía la verdad, seguramente sería rechazado antes de empezar.
Marteo torció las comisuras de la boca con amargura.
—Tienes que proteger la casa. Y hay cosas que debes hacer.
¿Cosas... que hacer? Ante el sonido vacilante, Marteo continuó sin alargarlo.
—¿Hay algún lugar donde mi foto haya sido subida oficialmente?
「¿Por qué eso......?」
—Contacta con todos los lugares donde puedas conseguir fotos y retira los datos. Incluso si hay recortes de paparazzi, bájalos todos.
Nunca le había gustado estar expuesto a los medios, pero aun así, esta era la primera vez que daba una orden así.
Unas vacaciones repentinas y una petición absurda. ¿En qué diablos estaba pensando?
Pero una vez pronunciadas las palabras, era deber del mayordomo cumplirlas.
「Me encargaré de ello y me pondré en contacto contigo de nuevo. Así que, por favor, ¡al menos contesta al teléfono a tiempo!」
—Ya veremos. Ah, y una cosa más.
「¿Qué pasa ahora?」
Ya estaba nervioso por qué clase de cosa extraña le ordenaría hacer. Marteo, frotándose la frente lentamente ante la persona a la que ni siquiera podía ver, se aclaró la garganta por una vez.
—...Le robé una de sus cosas, Tony.
—¿Perdón?
—Dejémoslo en que compensa la reducción de sueldo. Entonces, adiós.
「¡Espera, solo un momento, joven amo! Qué... ¿Qué robaste? No será mi reloj de oro, ¿verdad? ¿O el LP de Ondmedrun que salió por el 30 aniversario?」
¡¿Qué diablos te llevaste~?!
El principio y el final tenían un volumen similar. A pesar de todo, Marteo colgó el teléfono de inmediato.
Sabía que el sonido del agua se había detenido en el dormitorio, al que había estado prestando mucha atención incluso mientras hablaba con el «verdadero Tony».
Al mismo tiempo que guardaba el teléfono en el compartimento, Yeon-ho, vistiendo una bata de baño, entró en la sala de estar. Cuando sus miradas se cruzaron, Yeon-ho arqueó una ceja.
—¿Qué pasa? ¿Seguías en eso?
—......?
—No. Creí escuchar voces. Pensé que estabas al teléfono.
—Fue un número equivocado.
—¿Es así?
Yeon-ho, que pensó que no mentiría sobre algo así, cambió de tema fácilmente.
—Ah, es verdad. Más que eso, ¿cómo es tu agenda hoy? ¿Tienes planeado algo para la tarde?
—No.
Marteo soltó la respuesta de inmediato sin siquiera preguntar por qué.
—Entonces salgamos a comer. De todos modos, es nuestro primer día oficial. Pero hay un lugar en el que necesito pasar brevemente antes de eso.
Una vez más, sin ninguna objeción, Marteo asintió con la cabeza al instante.
«¿Es como un perro?»
Si era un Morfeo, ¿su Ánima no sería un perro de caza fiel?
Más allá del pensamiento absurdo, Yeon-ho sonrió para sus adentros sin darse cuenta.
♥ ♥ ♥
El lugar en el que tenía que parar era uno que Marteo también conocía.
[Royal]
Yeon-ho se encogió de hombros ante Marteo, que miraba hacia arriba el letrero de la sala VIP cerrada.
—Dejé mi coche allí ayer.
En el estacionamiento del salón, que no abría por la mañana, el Audi de Yeon-ho, que se le había vuelto familiar en los últimos días, estaba sentado solo tal como había dicho.
Yeon-ho, que había sacado la llave y encendido el coche, continuó asintiendo.
—Sube. No hay muchos lugares para comer por aquí, ya que es principalmente negocio nocturno, así que tenemos que alejarnos un poco.
Al subir al asiento del copiloto, Yeon-ho, cambiando de marcha con destreza, entró lentamente en el callejón.
Aunque ni siquiera era por la tarde aún, los letreros que sobresalían aquí y allá afuera para promocionar los locales resultaban bastante molestos.
«¿Cuántos de estos hay? Debería denunciarlo en la oficina del distrito».
De hecho, era demasiado fastidioso hacerlo aunque le pagaran, pero el camino desordenado, lleno de rastros de la noche anterior, le hizo pensar así involuntariamente.
Fue después de haber atravesado un callejón así durante un rato. El coche de Yeon-ho, que ya iba lento, se detuvo en seco.
¿Alguien le habría dado una patada en un estupor de borrachera? El letrero de uno de los locales estaba boca abajo en la vía. Es más, el problema no era solo el letrero. En el lado opuesto, un sedán grande que ocupaba mucho espacio estaba estacionado allí.
¿Cadillac Celestiq?
Los ojos de Yeon-ho se estrecharon al identificar el modelo. Si hubiera sido abandonado frente a un bar, habría pensado que había otro humano como él... El lugar donde el coche estaba aparcado era un centro de máquinas de ganchito que los niños frecuentaban.
—¿Qué es esto? ¿Qué imbécil aparcó su coche en un sitio así?
Justo cuando estaba mascullando una queja inconscientemente, oyó una pequeña tos a su lado.
—Debía de haber... circunstancias.
—¿Qué circunstancias?
—Tal vez tenía algo urgente que hacer...
—¿Como una necesidad repentina de cagar?
—......
Hablaba en serio, pero por alguna razón, la expresión de Marteo se volvió incómoda durante un buen rato. Luego, con un suspiro, abrió la puerta del coche.
—Iré a limpiarlo.
—Sí. Armaré un escándalo si se raya.
El que armaría un escándalo era claramente el dueño del coche. Los ojos de Marteo se nublaron una vez más. Aun así, la duda no duró mucho.
Porque el antebrazo de Marteo, mientras levantaba el letrero sin esfuerzo y lo metía dentro, importaba más que eso.
«Maldita sea, ¿tiene fuerza? También será útil por la noche».
Una pequeña exclamación escapó de los labios de Yeon-ho mientras observaba. Mientras tanto, Marteo se sacudió las manos y regresó al coche.
Habiendo asegurado finalmente el espacio, quitó el pie del freno.
Marteo echó un vistazo al Cadillac que se alejaba lentamente, y entonces sus ojos captaron otra cosa. Yeon-ho, que también miró por el espejo retrovisor, esbozó una sonrisa burlona.
—¿Te gustan los coches?
—......?
—Parecías interesado.
—...Solo. Es raro que a un hombre no le gusten.
—Entonces debes saber conducir. ¿Por casualidad solicitaste una licencia de conducir internacional?
—Por qué iba a...
—Si no tienes coche, puedes conducir el mío. Tengo uno ahí aparcado en casa. Aunque no es un Cadillac.
—¿Conducir el coche de Do Yeon-ho, dices?
Se supone que debía llamarlo Director, pero fue Do Yeon-ho. Aun así, los asuntos menores podían esperar. Yeon-ho asintió con naturalidad.
—Mientras dure la relación. Bueno, si te portas bien, tal vez incluso te lo regale.
—......
Esperaba que se pusiera feliz, pero incluso después de añadir eso, su rostro no se iluminó. ¿Fue porque vio el Cadillac? Incluso Yeon-ho se sintió un poco incómodo.
—¿Le haces esos favores a otras personas también?
Una voz baja soltó una pregunta inesperada. Los ojos de Yeon-ho se abrieron de par en par, y Marteo giró su cuerpo hacia adelante, repitiendo en tono seco.
—Olvídalo. No necesito un coche.
—......?
Claramente tenía buenas intenciones, pero algo se sentía mal. Si la otra persona actuaba así, incluso un buen corazón se agriaría de forma natural. Tras unos segundos de estar estupefacto, la risa brotó por fin de los labios de Yeon-ho.
—Parece que estás malinterpretando algo. No hago esto porque me importes tú.
—......
—Odio esperar. Necesito que vengas corriendo cada vez que te llame. ¿Puedes hacer eso sin coche? Te lo dije, no estamos saliendo.
—......
—Si no te gusta, olvídalo.
La conversación, enfriada rápidamente, terminó ahí.
«Pensé que era como un perro... pero no es un perro de caza, más bien un mastín».
Sus pensamientos se corrigieron una vez.
♥ ♥ ♥
Tras dejar el callejón donde se encontraba el salón, pasaron otros 15 minutos. A lo largo del trayecto hacia el siguiente destino, apenas hubo conversación entre ellos.
Y sorprendentemente, fue Yeon-ho quien se sintió incómodo con este ambiente.
No era la primera vez que los jóvenes se comportaban de forma inmadura... Quizás había sido demasiado frío desde el principio.
Con esos sentimientos en mente, eligió pasta para el menú. Como había estado bebiendo la noche anterior, estaba desesperado por una sopa para la resaca, pero la apariencia de un hombre destacaría demasiado en un restaurante de sopas para la resaca.
Además, ¿con qué se complace más a los chavales que con pizza o pasta?
Pero esta ambiciosa elección parecía haber vuelto a salir mal.
Desde el momento en que entraron en el restaurante de fusión decorado con la bandera italiana, la expresión del hombre, que había parecido incómoda, alcanzó su punto máximo cuando abrió el menú.
«¿Rosé... mezclan crema con tomate? ¿Y qué es la pizza hawaiana?»
Yeon-ho notó la extrañeza en sus ojos temblorosos y ladeó la cabeza.
—¿Qué pasa? ¿No te gusta la pasta?
—...No.
No, pero ¿a qué viene esa expresión? Justo cuando iba a preguntar de nuevo, se acercó el camarero.
—¿Están listos para ordenar?
Los ojos de Marteo escanearon el confuso menú una vez más, y Yeon-ho habló con presteza.
—Un rosé, una ensalada caprese, cualquier tipo de refresco para beber y una pizza Margherita. ...¿Qué quieres comer?
El hecho de que el rosé, por el cual se había mostrado tan horrorizado, saliera primero, hizo que Marteo perdiera las ganas de luchar.
Si había algún consuelo, era que no había pedido la pizza hawaiana.
Sin mirar más, cerró el menú y apenas movió los labios.
—...Carbonara.
El camarero, que había estado robando miradas constantemente a los dos hombres llamativos, lamentó el final anticipado del pedido y se retiró.
La comida salió más rápido de lo esperado. Al igual que con el café, Marteo mantuvo sus ojos en el rosé de Yeon-ho mucho más que en su propia pasta, hasta que oyó: «¿No vas a comer?», y apenas levantó su tenedor. Incluso sus pequeños gestos eran elegantes, y la forma en que manejaba los cubiertos era impecable.
Hice bien en venir aquí en lugar de a un sitio de sopas para la resaca. Yeon-ho, sintiendo que incluso el desagrado persistente había sido completamente lavado por aquel caramelo visual, se sintió complacido.
Marteo, que se había tragado un bocado de carbonara enrollado en su tenedor, dejó de masticar. Luego, con los ojos entrecerrados, comenzó a remover el contenido de su plato de una manera que no había hecho antes.
—¿Qué pasa? ¿Algo va mal?
Confundido, preguntó Yeon-ho, y Marteo detuvo su mano a duras penas.
—Parece que... tiene crema batida.
—¿Crema batida? ¿Por qué crema batida?
—Pedí... carbonara.
—¿Y?
Tenía una cara que no lo entendía. Por supuesto, Marteo tampoco podía entenderlo.
¿Por qué hay crema batida en la carbonara? Además, la carne no era guanciale sino tocino comprado en el supermercado. No importara cómo se mirara, esto no era carbonara.
Fue entonces cuando ocurrió. Yeon-ho, que se había detenido, comenzó a dispararle al hombre una mirada mucho más sospechosa que antes.
—Oye, ¿no dijiste que tu madre era de ascendencia mixta coreana?
—......?
—Entonces, ¿qué hay de tu padre? ¿Podría ser tu padre... italiano?
—......!
—Ahora que lo pienso, ni siquiera he escuchado de dónde eres.
Si Tony hubiera visto esto, se habría horrorizado, exclamando: «¡Joven amo, qué clase de modales son esos!» Marteo, que aún tenía comida en la boca, tragó saliva con fuerza.
La sensación resbaladiza era terrible, pero tenía que soportarla. Con la boca vacía, Marteo devanó rápidamente su cerebro.
—Escoci... a.
—¿Escocia?
No era una mentira total. Uno de los hábitats del águila real eran las Tierras Altas de Escocia.
—Mmm. Pensé... Supongo que la pasta con crema tampoco es buena allí.
El significado detrás de «pensé» y «tampoco allí» era obvio sin preguntar. Marteo recompuso su expresión una vez más.
A Do Yeon-ho, que jamás criaría a un Morfeo y especialmente odiaba a los pájaros, no se le podía dar información que le recordara a Averto.
Con la mitad de la verdad y la otra mitad oculta, Marteo levantó su tenedor desafiante de nuevo y se obligó a tragar la pasta.
Pero a pesar de sus mejores esfuerzos, otra crisis llegó cuando masticó la pizza Margherita.
Esto era verdaderamente difícil de soportar.
No todas las verduras verdes son iguales. Lo que se había usado en lugar de albahaca era... ni más ni menos que espinaca.
No podía haber un insulto mayor.
Ya fuera que estuviera comiendo o siendo torturado, la comida —durante la cual se tragó maldiciones junto con los alimentos varias veces— estaba llegando a su fin.
Yeon-ho, que había estado observando en silencio a Marteo enjuagarse el sabor restante de la boca con agua fría, abrió la boca de repente.
—Por casualidad. ¿Eres, tal vez, de una familia acomodada?
—...¿Perdón?
—No, es solo que tus modales en la mesa y toda tu vibra, pareces bien criado. Además...
¿Además?
—¿Ese no es un reloj Audemars Piguet?
Los ojos de Yeon-ho cayeron sobre la mano de Marteo. Hasta ahora, su rostro había sido tan abrumador que todo lo demás había pasado desapercibido, pero había estado usando sus manos durante toda la comida, por lo que su muñeca no pudo evitar llamar su atención.
Además, siempre estaba viendo celebridades, y el propio Yeon-ho estaba en un entorno donde no le faltaba dinero.
Marteo, que casi esconde su mano de Yeon-ho, quien estaba examinando cuidadosamente la esfera y el bisel del reloj, mantuvo la compostura a duras penas.
—Es falso.
—¿Falso? Se ve bastante elaborado para ser falso...
—Hoy en día, la calidad de las réplicas es alta.
—¿Entonces qué hay de la ropa?
El reloj era una cosa, pero ¿qué hay de la ropa? La diferencia entre lo falso y lo real era evidente en la textura de la tela.
Yeon-ho, que no podía aceptarlo fácilmente porque su atuendo lucía mucho más plausible que el traje que le había comprado a Seong-min, frunció el ceño aún más.
Como para bloquear adecuadamente la sospecha, palabras que Marteo nunca había usado en su vida fluyeron de su boca una vez más.
—Lo alquilé en una tienda de alquiler. Si pudiera permitirme comprar algo así, no necesitaría buscar un patrocinador.
Es verdad. Si el reloj y la ropa fueran reales, superarían fácilmente el precio de un coche. ¿Por qué alguien así estaría haciendo esto?
Justo cuando Yeon-ho asentía, ocurrió.
—¿Puedo preguntarte algo también?
Marteo enderezó su postura. Yeon-ho también se encontró con su mirada, como preguntando qué le intrigaba.
Por lo general, aquellos que habían sido patrocinados preguntaban qué clase de reuniones tendrían lugar, o cuándo podrían conseguir trabajo. Ese tipo de cosas.
Estaba a mitad de camino organizando mentalmente los planes, asumiendo que saldría algo similar.
—Morfeo... ¿por qué odias a los pájaros?
Una pregunta inesperada cortó el aire. Cuando solo parpadeó ante la inesperada cuestión, Marteo añadió palabras con cuidado.
—Desde un punto de vista social, preferirían ser admirados. Especialmente los pájaros, ya que su número es relativamente pequeño.
—......
Incluso después de las siguientes palabras, Yeon-ho seguía sin responder. En su lugar, dirigió su mirada hacia la ventana. La cabeza de Marteo también lo siguió inconscientemente.
Cuando se dio cuenta de que lo que sus ojos escrutaban era el cielo más allá del edificio, Yeon-ho abrió la boca por fin.
—Porque. La forma en que actúan como si no hubiera nadie por encima de ellos es molesta.
—......
—Las águilas son lo peor de todo. ¿No lo sabes? Lo arrogantes y egoístas que son. Rey de los pájaros, mis narices.
—......
—Pero, ¿por qué preguntas esto de repente?
—No. No es nada. ...Vámonos si ya terminaste de comer.
Marteo, negando con la cabeza rápidamente, cambió de conversación y recogió la cuenta. Fue en este momento cuando una risita se extendió por el rostro de Yeon-ho, que había estado hosco ante la extraña pregunta. Yeon-ho agarró la mano de Marteo.
—Oye. ¿Alguna vez dejaría que pagaras mi comida? Dámela. Invito yo.
Incluso le arrebató la cuenta y dio un gran paso, dejando atrás las palabras: «Vamos, date prisa».
Sin embargo, en lugar de seguirlo, Marteo miró sin saberlo su mano vacía.
No era solo que le hubieran quitado la cuenta sin precedentes, sino que la piel donde los dedos de Yeon-ho se habían apretado se sentía caliente.
Sentía como si le hubieran atrapado el corazón.
—¿Estás cansado?
Le preguntó Marteo a Yeon-ho, quien bostezó ligeramente al salir del restaurante.
Había estado bebiendo ayer, se despertó temprano sin querer esta mañana, y tras conducir un corto trayecto y comer, le entraba sueño.
Cuando no lo negó, Marteo miró inmediatamente hacia el coche.
—Lo mejor sería que fueras a casa a descansar.
—...¿Y tú? Dijiste que no tenías planes hoy.
—Tengo que ir a casa también.
Su actitud indiferente, que no se aferraba a nada, era elogiable, pero por otro lado, esa actitud tan fría lo hacía sentirse un poco ofendido.
¿Acaso de verdad solo lo veía como una «conexión»? No. Incluso si solo lo viera como una conexión, ¿no intentaría normalmente acercarse más en un momento así?
Pero habría sido embarazoso insistir en que estaba bien cuando la otra persona le decía que se fuera a casa primero. Tras un breve momento de contemplación, Yeon-ho cambió sus palabras.
—¿Dónde vives? Te llevaré.
—Está bien.
—......
—No soy un niño.
Otra negativa. Sin embargo, el sutil énfasis en las palabras añadidas hizo que, en su lugar, se sintiera como un niño. Yeon-ho soltó una carcajada.
—¿Acaso tienes orgullo?
—...¿Perdón?
—No quieres que te dé un coche, no quieres que te lleve, ¿por qué sigues diciendo que está bien?
—......
—Aprovechar una oportunidad cuando se presenta también es una habilidad. Para sobrevivir en esta industria, hay que saber cómo desechar el orgullo.
—¿Do Yeon-ho también hace eso? ¿Desechas cosas como el orgullo cuando trabajas?
—¿Yo?
Yo... le arrojé alcohol a un socio comercial.
De repente, pensó en el desgraciado que había conocido en Royal ayer. No sabía si lo había preguntado a sabiendas, pero Yeon-ho se aclaró la garganta ante las palabras que pinchaban sutilmente su conciencia y entrecerró ligeramente los ojos.
—¿Soy igual que tú? Y corrige eso también. Responder a una pregunta con otra pregunta.
—¿Eso también es una virtud para sobrevivir en esta industria?
Le había dicho que no lo hiciera, pero lo volvió a hacer. Sin embargo, no pudo evitar reírse ante la actitud de no dejar pasar ni una sola palabra de todos modos.
Yeon-ho redujo intencionalmente la distancia hasta su apuesto rostro.
—No... es solo mi preferencia.
Con una voz lánguida, su dulce aliento llegó hasta los labios de Marteo.
Su cincelada mandíbula sobresalía ligeramente. Para cualquiera era obvio que no se debía a que estuviera displeasured.
Yeon-ho, que había mantenido la distancia, abrió los ojos con una sonrisa y rápidamente apartó el cuerpo esta vez.
Ya que actuaba como si no le doliera separarse de él, se merecía al menos esta travesura.
—Entra. Me pondré en contacto contigo.
Giró hacia el coche, dejando atrás a Marteo, que se había quedado de pie en silencio.
Justo cuando estaba a punto de girar el volante, el gran cuerpo, que se había quedado quieto en su sitio hasta que encendió el motor, se acercó de repente al coche.
La figura, que bloqueaba por completo la ventanilla del conductor, dio unos golpes en el cristal.
¿Qué es esto? ¿Había cambiado de opinión ahora? Yeon-ho, que ocultó su diversión, bajó lentamente la ventanilla. Marteo también se inclinó despacio para coincidir con su altura.
—¿Qué... ?
—Recordé algo que no pude decir antes.
—......?
—Me... gustan los aves.
—¿Qué?
Era un comentario completamente irrelevante que hacer después de detener a alguien que estaba a punto de irse. Pero pronto, recordó la conversación que habían tenido mientras comían. Yeon-ho soltó un bufido sarcástico.
Qué variedad de excusas para retener a alguien. Pero no había necesidad de no seguirle el juego. Yeon-ho le guiñó un ojo como para presumir.
—Ya veo. ¿Qué clase de ave te gusta?
—......
—Dijiste que te gustan las aves. ¿Qué clase de ave es la que más te gusta?
Había empezado él primero, pero ¿acaso no lo había pensado tanto? Eso era todo lo que se le había ocurrido.
Pero se equivocaba. Como si se hubiera tomado su tiempo a propósito, su apuesto rostro, que había curvado las comisuras de los labios por un momento, se inclinó más cerca de su cara, tal como lo había hecho Yeon-ho antes.
Sintió como un aliento cosquilleante rozaba sus labios junto con la respuesta susurrada.
—Pollo... Lo que más me gusta es el pollo.
Los ojos de Yeon-ho se abrieron de par en par sin que pudiera evitarlo. Fue más bien él quien se había quedado sin respuesta.
Marteo, que había estado mirando fijamente a Yeon-ho desde arriba durante un buen rato, dejó caer su sonrisa y retrocedió con soltura detrás del coche.
—Entonces no te duermas y entra con cuidado.
La mirada de Yeon-ho se aferró frenéticamente a su espalda mientras este se daba la vuelta lentamente y se alejaba caminando. Luego, con una exclamación que brotó de inmediato, enterró la frente en el volante.
—Qué tipo tan...
No había de qué preocuparse. Su sueño había desaparecido por completo.
