—Entonces, ¿Qué sucedió con el hombre que vino aquel día y dejó el fajo de billetes?
Preguntó el dueño de la tienda apoyándose ligeramente en el hombro de Lee-hyun. Al instante, todas las cabezas alrededor de la mesa se levantaron como si fueran unas suricatas. Las miradas fijas en el rostro de Lee-hyun rebosaban de curiosidad, como si hubieran estado esperando ese momento durante mucho tiempo.
Lee-hyun, que miraba la comida para llevar y los aperitivos simples sobre la mesa, dejó los palillos y tomó su vaso. Ante la atención repentina, sonrió con timidez; Hae-won, sentado a su lado, intervino en tono de reproche:
—Ay, jefe... ¿por qué saca ese tema en la fiesta de despedida de Lee-hyun?
—¿Qué tiene de malo? Todos ustedes se morían de ganas por saberlo. No finjan.
—¡Pero no es lo mismo preguntar directamente que esperar a que él quiera contarlo!
Al ver a Hae-won y al dueño discutir, la comisura de los labios de Lee-hyun se levantó un poco. Otro de los empleados de medio tiempo, sentado enfrente, se reía mirándolos, aunque también le echaba miradas de reojo a Lee-hyun.
Lee-hyun bajó despacio el vaso que sostenía contra los labios y lo dejó sobre la mesa. Ante ese gesto, los dos que discutían giraron la cabeza hacia él al mismo tiempo. Con varios pares de ojos clavados en él, Lee-hyun bajó la mirada y habló.
—...Decidimos intentarlo.
—¡Ooooh!
Apenas terminó de hablar, el jefe soltó un gemido de admiración y aplaudió. Tenía una sonrisa de satisfacción de oreja a oreja mientras sacudía la cabeza.
—Oye, Lee-hyun. Te lo dije siempre, ¿no? No importa si un hombre es guapo o tiene buen cuerpo, lo primero es su capacidad. Pero ese tipo es guapo, parece que tiene buen físico y, encima, ¿tiene dinero? Mira, Lee-hyun, oportunidades así no vienen seguido. Agárralo fuerte.
—Jefe, ¿de verdad dice eso después de lo que vimos? ¿No vio cómo los hombres de traje negro se inclinaban noventa grados ante él? Por su forma de hablar y su aura, está claro que no tiene un trabajo normal. ¿De qué está hablando?
—¿Y qué si no tiene un trabajo normal? ¿Acaso nuestro trabajo lo es? Lo importante es que soltó cinco millones de una por Lee-hyun. ¿No es así? ¿Eh?
El dueño abrió mucho los ojos y le dio un codazo al que tenía al lado buscando apoyo. El empleado sonrió incómodo y, en lugar de responder, agarró la botella de alcohol.
Era una reunión para despedir a Lee-hyun, que dejaba el trabajo antes de las vacaciones. Como ya había pasado un buen rato, todos estaban un poco pasados de copas. El dueño, con las mejillas y la nariz rojas, bromeó haciéndole una llave al empleado que no le daba la razón, presumiendo que ahí su palabra era ley. Lee-hyun se reía mirándolos hasta que sus ojos se cruzaron con los de Hae-won.
Hae-won lo miraba con expresión preocupada. Como lo único que Seung-hyeok había hecho al aparecer en el local fue soltar dinero con una actitud autoritaria y prepotente, era natural que Hae-won tuviera mala imagen de él. Miró con fastidio al dueño y se giró por completo hacia Lee-hyun.
—Lee-hyun, ¿de verdad sabes qué clase de persona es antes de salir con él? ¿No te está... amenazando o algo así?
Le resultó gracioso que mencionara la palabra amenaza. Lee-hyun soltó una risita, pero Hae-won seguía serio.
—Si pasa algo así, decime. Tengo un conocido que trabaja en la unidad de delitos violentos, si le digo a ese hyung...
—No es nada de eso.
—...¿No?
—Es el chico que me gusta desde la secundaria.
Lee-hyun intervino rápido al ver que la cara de Hae-won se ensombrecía. En su rostro había una sonrisa serena que nunca le habían visto. Al notarlo, Hae-won se quedó sin palabras y el dueño soltó de repente:
—Vaya, Lee-hyun, de verdad que te gusta mucho ese tipo.
—...¿Perdón?
—Es la primera vez que te veo sonreír así, muchacho.
Avergonzado por el comentario, Lee-hyun se frotó la nuca y desvió la mirada. El ambiente se volvió tierno en un instante. Hae-won, tratando de cambiar el aire, agarró la botella y llenó los vasos de todos.
—Ya, ya, suficiente. Llenen sus vasos. Mañana empiezan las vacaciones y hoy es el último día de Lee-hyun, sería una pena despedirlo sobrios.
—Es cierto, Kwon Lee-hyun. Te dejo ir solo porque vas a retomar tus estudios, si no, me sentiría muy dolido, ¿eh?
Lee-hyun levantó su vaso de highball con limón mientras veía al dueño abrazar por los hombros al otro empleado como si fuera él mismo. Solo sentía gratitud hacia todos. Cuando brindaron, susurró un "gracias". Las sonrisas se extendieron por sus caras y pronto el sonido cristalino de los vasos chocando resonó en el lugar.
—...Hyung, Hae-won hyung.
Murmuró Lee-hyun con voz pastosa mientras sacudía suavemente el hombro de Hae-won, que estaba desplomado sobre la mesa. El dueño, que cabeceaba enfrente, abrió los ojos de golpe y agitó la mano.
—Oye, Lee-hyun, déjalo, no lo despiertes. Ya se va a levantar solo cuando se le pase un poco la borrachera. Ándate tú.
—Pero...
La mesa era un desastre de botellas vacías y platos; Hae-won y el otro chico estaban profundamente dormidos. Como el dueño también luchaba contra el sueño, le daba reparo irse así. Pensó que, por muy tomado que estuviera, debía ayudar a recoger, pero el jefe lo detuvo agarrándolo suavemente de la muñeca.
—Eeh... que te dije que está bien. Yo despierto a los chicos y los mando a casa, así que no te preocupes y ándate ya. Es tarde.
Ante la insistencia del dueño, Lee-hyun no pudo hacerse el terco. Soltó el plato y tomó el abrigo del respaldo de la silla. Al levantarse de golpe después de tanto tiempo sentado, el alcohol le subió de golpe. Tambaleándose un poco, se puso el abrigo sobre el suéter e hizo una reverencia hacia el dueño.
—Jefe, entonces me retiro primero... Muchas gracias por todo este tiempo.
—Sí, sí. Anda con cuidado. La próxima vez vienes a visitarnos con tu pareja. Te doy muchos servicios gratis.
—Siiií.
Por el alcohol, arrastraba las palabras y se le escapaba la risa. Se despidió una vez más y, al salir del bar, el aire helado, tan distinto al de adentro, le rozó la cara. Lee-hyun bajó las escaleras escribiendo un mensaje.
[La charla se alargo y acabe un pocco tarde. Acavo de salir, ¿necesitas algoo?]
Ni se le ocurrió corregir las faltas y mandó el mensaje, que quedó fijado a la derecha de la pantalla. Lee-hyun se detuvo a mitad de la escalera y se quedó mirando fijo hasta que el número "1" al lado del mensaje desapareció.
El "1" desapareció al rato, pero la respuesta esperada no llegaba. Lee-hyun miró la pantalla un buen rato y solo cuando sintió las yemas de los dedos congeladas guardó el celular y volvió a caminar.
—¿Qué...? ¿Por qué me ignora...?
Murmuró con un puchero. Al llegar a la planta baja, se abrochó rápido el abrigo ante la ráfaga de viento. No tenía frío por el calor del alcohol, pero el viento se colaba con fuerza. Se ajustó la bufanda, metió las manos en los bolsillos y caminó encogido, con la vista fija en el suelo.
Pero, tras unos pasos, unas zapatillas blancas entraron en su campo de visión. "Hay alguien afuera a esta hora", pensó distraído. Justo cuando iba a pasar de largo, una voz agradable le llegó a los oídos.
—Dijiste que terminabas a las dos, saliste bien temprano.
Al reconocer la voz familiar, levantó la cabeza de golpe y vio a Seung-hyeok apoyado en la pared del edificio de enfrente. Sorprendido, miró el reloj y vio que eran casi las dos y media. Pensando que quizá lo había estado esperando afuera con ese frío, se acercó rápido.
—¿Me estabas esperando? ¿Desde cuándo?
Seung-hyeok, en lugar de responder, sacó algo del bolsillo y se lo puso en la mano a Lee-hyun. Era un calentador de manos que irradiaba un calor intenso. Lee-hyun miró su mano y después a él. Seung-hyeok ignoró su mirada, le tomó la otra mano, la metió en el bolsillo de su propio abrigo y empezó a caminar.
—Vamos. Tengo el coche estacionado abajo.
La mano entrelazada dentro del bolsillo estrecho era grande y cálida. Aunque no hablaron mucho, el simple hecho de saber que Seung-hyeok lo había estado esperando hizo que su cara se relajara y sus labios quisieran sonreír.
—¿Estuviste mucho tiempo afuera?
Lee-hyun siguió insistiendo, pero él solo caminaba sin dar una respuesta clara. Lee-hyun, sintiendo un cosquilleo cerca del corazón, movió los dedos dentro del bolsillo y habló:
—El jefe dijo que la próxima vez vayamos a visitarlo, que nos va a dar muchos servicios gratis.
—Va a estar lleno de tipos gay, ¿para qué vamos a volver ahí? Ni hablar.
—...Dijo que fuera contigo. Les hablé de ti a los hyungs.
Ante eso, Seung-hyeok ladeó la cabeza y miró a Lee-hyun arqueando una ceja.
—¿Y qué les dijiste?
—...Solo... que eres el chico que me gusta desde la secundaria.
Apenas su voz baja resonó en el callejón, la comisura de los labios de Seung-hyeok se levantó con ironía. Lee-hyun sintió cómo la mano que sostenía dentro del bolsillo del abrigo se apretaba con fuerza. Al notar la mirada de Seung-hyeok, Lee-hyun lo miró de frente; él volvió la vista rápido hacia adelante y siguió caminando.
—Bien hecho.
—......
—Pero aun así, no vamos a ir ahí.
No era la primera vez que estaba en una relación, pero no entendía por qué todo se sentía tan insoportablemente tierno. Lee-hyun, usando el alcohol como excusa, se pegó a él medio paso. Cada vez que sus hombros firmes chocaban, el corazón le latía con fuerza justo encima de la boca del estómago.
Apenas subió al coche, Lee-hyun, que había estado cabeceando todo el camino, abrió la puerta de su casa medio dormido. Aguantando las ganas de tirarse directo a la cama, entró al baño; al sentir el agua caliente, su cuerpo, ya pesado, se volvió aún más lánguido.
Al terminar de ducharse y salir del baño, vio a Seung-hyeok apoyado en el cabecero de la cama mirando el celular, y a Horangi hecho una bola durmiendo a sus pies. Quizá porque la casa era chica o la cama estrecha, notó una vez más lo grande que era el cuerpo de Seung-hyeok.
Ya habían pasado varios días viviendo juntos en esa casa, pero todavía no terminaba de asimilar que Gu Seung-hyeok estuviera ahí. Mientras lo miraba embobado desde la puerta del baño, Seung-hyeok sintió su mirada y levantó la vista.
—¿Qué haces ahí parado?
—Ah... nada.
Lee-hyun evitó su mirada balbuceando una excusa, se secó el pelo con la toalla y puso la mano sobre el interruptor de la luz. Era bastante tarde y le preocupaba que Seung-hyeok no hubiera podido dormir todavía por su culpa.
—Voy a apagar la luz.
—¿Vas a dormir así?
Lee-hyun pensó que él también podría quedarse dormido en cuestión de minutos si apagaba la luz y se acostaba, así que la pregunta de Seung-hyeok lo desconcertó. Bajó la vista para revisar su ropa cómoda y volvió a mirarlo, encontrándose con que él tenía el ceño fruncido.
Sin encontrar el motivo del gesto, Lee-hyun parpadeó despacio. Ante eso, Seung-hyeok chasqueó la lengua y se levantó.
—Sientate.
Solo cuando vio que Seung-hyeok sacaba el secador del cajón, Lee-hyun entendió lo que quería decir. Al tocarse las puntas del pelo, notó que aún estaban empapadas. Murmuró un "estoy bien..." casi inaudible, pero Seung-hyeok frunció el ceño y señaló con la barbilla el borde de la cama donde estaba sentado.
Sin otra opción, se sentó frente a él y pronto el sonido del secador llenó la habitación mientras un aire cálido le acariciaba el pelo. Lee-hyun se abrazó las rodillas y, mientras se tocaba el tobillo, susurró:
—Podrías haberte ido a dormir...
Se sentía raramente avergonzado de que alguien le secara el pelo, pero Seung-hyeok lo hacía con naturalidad, pasando los dedos entre las hebras para que el aire llegara a todas partes. Después de un momento de tensión por la sensación desconocida, el toque suave y la temperatura cálida hicieron que la cabeza empezara a caerle de sueño otra vez.
Sin poder vencer el sueño que lo invadía, Lee-hyun cabeceó sentado hasta que, apenas se detuvo el sonido del secador y las manos de Seung-hyeok se apartaron de su pelo, dejó caer la frente contra la cama. Pensó que se iba a quedar dormido así, pero desde el fondo de su conciencia escuchó un chasquido de lengua. Enseguida, sintió unas manos bajo las axilas que le levantaron el cuerpo con ligereza.
Después de acomodar bien a Lee-hyun en la cama, Seung-hyeok deslizó con familiaridad el brazo bajo su cuello y tiró de la manta para cubrirlo hasta la garganta.
—Duerme.
Sin embargo, Lee-hyun sintió que se despejaba un poco por la mano que le palmeaba suavemente el pecho. Se le aceleraron los latidos y sintió un cosquilleo en la punta de cada dedo.
Desde que Seung-hyeok se enteró de que no podía dormir bien sin ansiolíticos ni alcohol, empezó a mostrar gestos cariñosos que, aunque poco habituales en él, a Lee-hyun le resultaban gratos. Quería quedarse dormido, pero al mismo tiempo quería prolongar ese momento. Después de dudarlo un segundo, usó el alcohol como excusa para ponerse mimoso y se acurrucó en su pecho cálido.
—...Cuando te vi antes parado frente al local, me sentí raro.
Las palabras de Lee-hyun resonaron mientras le rodeaba la cintura firme a Seung-hyeok con los brazos y apoyaba la frente en su pecho. Seung-hyeok respondió con calma:
—¿Por qué?
—No sé. Simplemente me resultó raro que alguien me estuviera esperando.
Al oír eso, Seung-hyeok le acarició suavemente el dorso de la mano con el índice. El sonido seco del roce entre sus pieles llenó la habitación casi imperceptible. Ese gesto tan simple se sintió como un consuelo. Lee-hyun, sintiendo que algo le quemaba en el pecho, habló despacio.
—Una vez, hace tiempo, volvía a casa en colectivo después de terminar el trabajo y de repente empezó a llover muchísimo. En la parada de mi casa bajamos una chica con uniforme escolar y yo, y ninguno de los dos tenía paraguas.
—......
—En esa época vivía en una habitación en la azotea, así que tenía que subir bastante por los callejones, y no había ninguna tienda cerca. No nos quedó otra que sentarnos los dos en un banco a esperar que dejara de llover, y al rato apareció una señora con un paraguas grande a buscarla.
A pesar de saber que lo que estaba contando era un tipo de queja mimosa que nunca le había hecho a nadie, Lee-hyun aprovechó la ebriedad para susurrar:
—La chica se fue con su mamá y yo me quedé solo sentado en la parada. ¿Sabes qué pensé en ese momento?
—...¿Qué?
—Ah. Que de ahí en más, aunque el pronóstico no dijera que iba a llover, tenía que llevar siempre un paraguas.
—......
—Porque yo no tengo a nadie que me esté esperando para salir a buscarme con un paraguas.
Cuando Lee-hyun cerró la boca, el silencio que contenía el aliento se volvió más pesado. Se quedó escuchando el zumbido del motor de la heladera y después volvió a hablar.
—Cuando lo pienso ahora, me parece triste que mi reacción no fuera envidiar a la chica o guardarles rencor a mis padres, sino resignarme por costumbre, sin más.
—......
—Apenas tenía veinte años, era muy joven.
Cuando su voz suave se detuvo, Seung-hyeok se apartó un poco y le sujetó los hombros con suavidad. Al abrirse espacio entre sus cuerpos, pudo verle el rostro. Seung-hyeok, mirándolo con ojos indescifrables, presionó los labios contra la frente blanca de Lee-hyun antes de separarlos. A Lee-hyun le pareció muy propio de Gu Seung-hyeok consolarlo con acciones en vez de con palabras, y sin querer soltó una risita.
No quería que el ambiente se pusiera demasiado pesado por sus palabras dichas bajo el sentimiento de la madrugada. Lee-hyun volvió a acurrucarse en los brazos de Seung-hyeok y comentó con ligereza para cambiar de tema:
—Eso fue cuando trabajaba en la pizzería. Desde que dejé ese trabajo, no volví a probar pizza. Me harté.
Sintió que el cuerpo de Seung-hyeok se tensaba. Lee-hyun también debió acordarse de lo mismo, porque soltó una risa entrecortada.
—Por eso, cuando me dijiste que comiera pizza en Nexus, de verdad me cayó fatal.
Ante el reproche juguetón, Seung-hyeok levantó la comisura de los labios y respondió:
—Fui un desgraciado.
Lee-hyun se rio ante el tono monótono, apartó la frente del pecho de Seung-hyeok y miró hacia arriba. Sus ojos se cruzaron de cerca y vio su propio rostro reflejado en las pupilas negras del otro. Sus caras se fueron acercando hasta que las puntas de sus narices se rozaron y se quedaron ahí. En esa posición, Seung-hyeok habló:
—Este desgraciado te va a besar ahora. ¿Me das permiso?
Pum, pum.
El pulso le latía bajo el cuello y las puntas de las orejas se le calentaron. Lee-hyun no apartó la vista de Seung-hyeok y respondió:
—Sí.
Apenas terminó de responder, Seung-hyeok le unió los labios a los de Lee-hyun como si quisiera devorarlos, abriendo una pequeña brecha para enredar las lenguas.
Por el calor de estar bajo la manta, su lengua, más caliente de lo normal, recorrió suavemente cada rincón de su boca. Después de explorar el paladar, el interior de las mejillas y bajo la lengua, Seung-hyeok incorporó la parte de arriba del cuerpo y apoyó la mano al lado del hombro de Lee-hyun.
Lee-hyun también hundió la nuca en la almohada y levantó la barbilla mientras subía los brazos para rodearle el cuello a Seung-hyeok, pero en ese instante, un visitante inesperado rompió de golpe el ambiente caldeado.
¡Miau!
Al oír el sonido inesperado, Lee-hyun giró la cabeza sorprendido; Horangi, que dormía hecho una bola en su casita de la esquina, se había subido al borde de la cama. Con miedo de darle una patada al gato, Lee-hyun le empujó rápido el pecho a Seung-hyeok y se incorporó. Entonces, Horangi, como si hubiera estado esperando, se subió a los muslos de Lee-hyun y se enroscó a descansar. Al ver eso, Seung-hyeok abrió la boca, incrédulo.
—...Ja.
Lee-hyun giró la cabeza al oír la risa frustrada y vio a Seung-hyeok echándose el flequillo hacia atrás mientras arqueaba una ceja. No paraba de soltar risas irónicas ante lo absurdo de la situación.
Como era un monoambiente y no había habitaciones separadas, no era la primera vez que Horangi interrumpía el ambiente, así que Lee-hyun se mordió los labios con timidez y le acarició suavemente el lomo al gato.
El gato empezó a ronronear, enroscado como un cruasán, como si el regazo de Lee-hyun fuera el lugar más cómodo del mundo. Seung-hyeok, mirando la escena, finalmente habló:
—Entonces... ¿Cuándo vamos a ir a ver el departamento que te di?
—No puedo aceptar lo que me diste.
En el rincón de una cafetería de cadena donde sonaba un New Age suave, Lee-hyun soltó esa respuesta tras un silencio largo, recostado en el sofá con una mesa baja de por medio. Se había tomado su tiempo para decirlo y lo hizo fingiendo que no era la gran cosa, pero del otro lado no llegó respuesta.
Sin otra opción, estiró la mano hacia la taza de americano caliente y levantó la vista, cruzándose con los ojos de Seung-hyeok. Este tenía el ceño fruncido, como si no entendiera de qué le hablaba.
—¿Qué cosa?
—...Los edificios y las libretas de ahorro que pusiste a mi nombre. No los puedo aceptar, así que devuélvelos.
Parecía ser, después de todo, la respuesta a lo que le había preguntado días atrás sobre cuándo iban a ir a ver el departamento. La tensión en el entrecejo de Seung-hyeok se relajó. Dejó el celular sobre la mesa y se inclinó hacia adelante, clavándole una mirada tan fija que Lee-hyun se sintió incómodo sin razón, aunque no tuviera nada que ocultar. Lee-hyun desvió la vista y agregó como si se estuviera justificando:
—Para empezar, no hice las cosas esperando algo a cambio; las hice porque quise. No tengo nada que cobrarte a ti ni nada que compensarme.
Si hubiera sido una cantidad realista, tal vez habría sentido codicia, pero una suma como dos mil millones se sentía más como plata de un videojuego que como algo real. Sabía que decirle que no iba a aceptar sus regalos lo llevaría a otra pelea con Seung-hyeok, pero aun así, no podía aceptar todo sin más.
Pensó que lo había explicado lo bastante bien como para que él entendiera, y levantó la vista para mirarlo, pero la expresión de Seung-hyeok era rara. Mientras Lee-hyun lo observaba tratando de descifrar qué significaba, él levantó una comisura y habló:
—Había apartado mucho más para ti, pero llegué a un acuerdo conmigo mismo en ese punto porque pensé que te ibas a desmayar si te lo daba todo.
—¿Qué?
—Y yo que me preguntaba qué me iba a decir con esa cara tan solemne. Habría sido un problema si te lo entregaba todo de golpe, tonto.
Lee-hyun había pensado de antemano cómo actuar si él trataba de convencerlo o si se hacía el que no había oído, pero esa reacción inesperada lo dejó sin palabras. Su actitud, tan natural que resultaba desconcertante, hizo que Lee-hyun lo mirara con recelo, pero Seung-hyeok simplemente se recostó en el sofá con total despreocupación.
—Lee-hyun, parece que te olvidas de algo.
—......
—Si me devuelves eso tal cual, vas a tener que pagar una barbaridad de impuesto por donación.
—¿Qué?
Lee-hyun se quedó boquiabierto, sin poder creer que Seung-hyeok estuviera hablando de impuestos. Antes de que pudiera reaccionar, Seung-hyeok siguió:
—Calculando por arriba, son unos seiscientos millones. ¿De verdad vas a tirarle al Estado la plata que tanto me costó ganar?
—...¿Seiscientos millones?
Había mil cosas para cuestionarle, empezando por que no era precisamente "plata limpia", pero la cifra astronómica del impuesto hizo que a Lee-hyun se le abrieran mucho los ojos. No había pensado para nada en los impuestos por donación, y por un momento se le puso la mente en blanco. Solo quería devolver lo recibido, pero le pesaba que una cantidad de plata que ni siquiera era suya fuera a desaparecer así.
Al ver esto, Seung-hyeok endureció el gesto para contener la risa, pero Lee-hyun lo interpretó de otra forma y no pudo ocultar su angustia. Seung-hyeok no dejó pasar esa agitación y habló en tono persuasivo:
—Ya dejé ese mundo. Tengo que vivir cumpliendo la ley.
—......
—No te digo que lo gastes ahora para vivir como un rey; solo tenlo ahí como si no existiera. Si de verdad te sentís tan presionado, más adelante busco una forma.
Por supuesto, Seung-hyeok no tenía la más mínima intención de hacerlo, pero ante esas palabras, la expresión de Lee-hyun se tiñó rápido de alivio. Mientras Seung-hyeok contenía una sonrisa al ver ese rostro tan transparente, el celular de Lee-hyun sobre la mesa vibró con una luz.
[Lee-hyun, justo estoy cerca de tu casa, ¿nos vemos después de tanto tiempo? Estaría bueno tomar algo juntos.]
Era un hyung con el que había pasado algunas noches. Apenas vio el nombre del remitente y el contenido, sintió que el corazón se le caía al piso. Lee-hyun agarró el celular por instinto, sin tiempo para pensar que ese movimiento repentino resultaba aún más sospechoso.
Lee-hyun miró de reojo a Seung-hyeok, pero su expresión era la de siempre, así que no podía saber si había visto el mensaje o no. Seung-hyeok simplemente entrelazó las manos y se tronó los dedos mientras se recostaba con indiferencia. Lee-hyun guardó el celular en el bolsillo tratando de mantener la calma, como si no pasara nada. Fue entonces cuando Seung-hyeok chasqueó la lengua y habló:
—Pero nos tenemos que mudar.
—......
—No puedes vivir en un lugar donde entra y sale cualquiera.
Lo vio... Lee-hyun desvió la mirada con cara de derrota y manoseó la taza. Después respondió con voz casi inaudible:
—...Lo voy a pensar.
Sin mirar a Seung-hyeok a los ojos, Lee-hyun recogió apurado las tazas de la mesa.
—Si ya terminaste, ¿nos vamos? Ya es la hora de la película.
Sintió la mirada de Seung-hyeok clavada en el rostro. Lee-hyun se levantó y se esforzó por sonreír con naturalidad.
Al salir del cine, el cielo ya estaba completamente oscuro. La zona comercial donde estaba el cine rebosaba de gente, quizá por lo cerca que estaba el Seollal. Grupos de estudiantes jóvenes y gente bastante ebria a pesar de ser temprano pasaban a su lado. Mientras caminaba al ritmo de Seung-hyeok entre la multitud, oyó de repente un grito de sorpresa: "¡¿Ah?!"
—¿Lee-hyun hyung?
Lee-hyun giró la cabeza por instinto al oír su nombre. Lo que vio fue a alguien parado frente a una parrilla, corriendo hacia él.
—¡Eh, Kim Jae-woo! ¡Oye, ¿a dónde vas?!
Dejando atrás las miradas confundidas de sus acompañantes, el chico que se acercaba tambaleándose era un junior dos años menor que Lee-hyun, que lo seguía mucho en la universidad. Lee-hyun nunca esperó encontrarlo ahí; entre el servicio militar de Jae-woo y el descanso académico de Lee-hyun, hacía años que no se veían, así que se le agrandaron los ojos.
—Ah, Jae-woo, cuánto tiem-
Lee-hyun también se alegró de verlo e iba a saludar con una sonrisa, pero no pudo terminar la frase y se quedó paralizado. Jae-woo se le tiró encima de un salto y lo abrazó fuerte.
Apenas sintió el fuerte olor a alcohol, se acordó tarde de que este chico, cuando se emborrachaba, tenía la costumbre de pegarse a la gente y abrazarla. Pero para cuando se dio cuenta, el gesto de Seung-hyeok ya se había torcido.
Lee-hyun, angustiado, trató de apartarlo, pero Jae-woo enterró la cara en su hombro y empezó a quejarse moviendo la cabeza:
—Hyung, de verdad, cuánto tiempo. ¿Estuvo bien? Me enteré de que vas a retomar las clases este semestre y me dio mucha bronca. ¿Cómo es que no me contactó ni una vez? ¿Eh?
Como para demostrar de dónde sacan la fuerza los borrachos, sus brazos lo rodeaban con una fuerza increíble. El esfuerzo de Lee-hyun por empujarlo fue inútil. Al ver que Jae-woo lo abrazaba con más fuerza, Lee-hyun no tuvo más remedio que mirar de reojo a Seung-hyeok mientras forcejeaba.
—Hyuuung, de verdad lo extrañé. ¿Usted no me extrañó?
—¿Eh? Ah, sí... pero Jae-woo, suéltame un poco...
—¡Dígame rápido que usted también me extrañó, ¿sí?!
—Ah, sí, sí... yo también te extrañé.
Recién entonces Jae-woo se separó del abrazo con una risita satisfecha. Parecía contento de verlo, pero Lee-hyun la estaba pasando fatal por mostrarse así frente a Seung-hyeok. Además, se acordó del mensaje de antes en la cafetería y temió que él malinterpretara las cosas.
—Si retomas las clases este semestre, vas a cursar las materias de especialidad con mi año, ¿no? ¿Quiere que coordinemos el horario? Yo tengo información de materias fáciles-
—Sí, sí... pero Jae-woo, perdón, me tengo que ir ya...
—¿Ah?
Jae-woo, que se reía con los ojos entrecerrados, recién notó la presencia de Seung-hyeok y retrocedió un paso con un "¡oh!". Después hizo varias reverencias exageradas.
—Ah, estaba con un amigo. Bueno, hyung, lo llamo después. Nos vemos entonces... ¡Vamos a comer antes de que empiece el semestre, ¿dale?!
—Bueno, bueno.
Lee-hyun retiró el brazo para evitar que Jae-woo volviera a agarrarle la mano, lo que hizo que el cuerpo robusto del menor se tambaleara. Los acompañantes de Jae-woo se acercaron rápido y se lo llevaron. Lee-hyun se quedó ahí parado como si hubiera pasado un huracán y, reaccionando un segundo tarde, agarró la muñeca de Seung-hyeok.
—...Vámonos rápido.
Como el cine no quedaba lejos de casa, llegaron pronto al callejón. Lee-hyun levantó la cabeza para mirarle el rostro a Seung-hyeok, pero su expresión impasible no revelaba ninguna emoción. Sin embargo, que no dijera nada sobre lo que había pasado era aún más inquietante. Lee-hyun lo observó mientras él marcaba el código en el teclado de la entrada y balbuceó tarde:
—El de antes es solo un junior con el que me llevaba bien en la universidad. Se enteró de que vuelvo a estudiar y, ¡uup...!
Pero antes de terminar la frase, Seung-hyeok lo agarró del brazo y lo tiró hacia el interior de la casa.
—Mmgh...
De inmediato, la espalda le chocó contra el mueble de los zapatos y sus labios fueron devorados. El beso, que no le daba respiro, era tan brusco que parecía reflejar sus sentimientos. Cuando Lee-hyun, con el cuello echado hacia atrás, se aferró a los brazos de Seung-hyeok para aguantar, este separó un poco los labios. Después, a una distancia donde las narices se rozaban, clavó la mirada en los ojos de Lee-hyun y soltó:
—Lee-hyun, ¿por qué tienes tantos hombres alrededor, eh?
—No es... eso, ah...
—¿Tengo que tener celos hasta de tu pasado?
Sus ojos, tan cerca, brillaban con intensidad. Seung-hyeok miró a Lee-hyun, que respiraba agitado con el pecho subiendo y bajando, y de repente le metió los brazos bajo los muslos y lo levantó.
—Rodéame el cuello con los brazos.
Ante el cambio repentino de altura, Lee-hyun se asustó y, sin darse cuenta, se colgó de su cuello. Seung-hyeok lo levantó como si no pesara nada, caminó hacia el sofá chico y lo recostó ahí. Cuando Lee-hyun intentó incorporarse apoyando los brazos, Seung-hyeok le bajó los pantalones y la ropa interior de un tirón.
—¡Oye, oye...!
Lee-hyun pataleó, pero no podía con la fuerza de Seung-hyeok. Este de inmediato le presionó la corva para levantarle la cadera y empezó a jugar con el pulgar sobre la entrada expuesta.
—Ese imbécil con permanente que trabajaba en Nexus...
La sensación de que lo acariciaran sobre los pliegues cerrados le provocó escalofríos por la espalda. Pero el dedo, que parecía que iba a entrar en cualquier momento, solo le rodeaba la zona una y otra vez.
—El tipo del mensaje de antes al que llamas hyung.
Seung-hyeok habló con calma mientras presionaba con fuerza el dedo que le masajeaba la entrada. Sintió con claridad cómo el orificio reseco se abría apenas lo suficiente para tragar un dedo. Ante el forcejeo de Lee-hyun, Seung-hyeok escupió sobre el dedo y la entrada.
—El junior cercano de la universidad...
—...Ah.
—¿Hay alguien más?
Sintió cómo el orificio, que ya se había tragado dos falanges del pulgar, palpitaba en contra de su voluntad. Cada vez que pasaba, la cara se le calentaba. Lee-hyun se aferró al respaldo del sofá y sacudió la cabeza enterrando la cara entre los brazos, a lo que Seung-hyeok agregó:
—Ah, queda uno más. Ese amigo de pelo castaño tan maleducado.
—Él es solo un amigo... muy cercano y al que le estoy, ah, agradecido.
Sus sentidos estaban enfocados abajo y no podía oír bien lo que decía Seung-hyeok, pero podía notar que estaba imaginando cosas absurdas. Cuando Lee-hyun balbuceó eso, Seung-hyeok soltó una risa irónica.
—Entonces admitís que con los otros sí pasó algo.
—¡Ah...!
Seung-hyeok retiró el dedo de golpe, haciendo que Lee-hyun contuviera el aliento y tensara el cuerpo. Lo miró y después pasó la lengua por dentro de la mejilla como si estuviera pensando en algo. Poco después, presionó con más fuerza la corva de Lee-hyun, doblándole el cuerpo.
—¡Gu Seung-hyeok, ¿qué, qué haces...?!
Lee-hyun, presintiendo algo, forcejeó, pero Seung-hyeok le sujetó las dos piernas con una mano para fijarlas y bajó la cabeza despacio. Pronto, algo caliente y húmedo le tocó la entrada. Ante el forcejeo de Lee-hyun, Seung-hyeok soltó una risita, como si le resultara gracioso. Sintió ese aliento caliente directo entre las nalgas y se le erizó la piel.
—Oye, está sucio. No lo, ah...
La sensación de que le recorriera cada uno de los pliegues de la entrada fue mareante. Seung-hyeok entrelazó los dedos con los de Lee-hyun, que había tensado todo el cuerpo, como si quisiera calmarlo.
—Ahhh...
Seung-hyeok sacó la lengua y le lamió el orificio contraído a Lee-hyun como un perro, para después juntar la punta de la lengua y empujarla hacia adentro. Algo caliente y resbaladizo se abrió paso con flexibilidad por la rendija estrecha.
Como nadie se había comportado así con él en la cama antes, Lee-hyun se sentía raro cada vez que Seung-hyeok lo hacía. Seung-hyeok le acarició los muslos tensos para relajarlos mientras le recorría las paredes internas con la lengua.
Cada vez que el tabique firme de su nariz le rozaba la zona, el cuerpo le daba sacudidas involuntarias. Sentía cómo le temblaban las piernas levantadas y se le encogían los dedos de los pies, pero no tenía forma de pararlo. Así que Lee-hyun apretó con fuerza los dedos entrelazados con Seung-hyeok como si fueran su único apoyo.
—Ah... Gu Seung-hyeok, ya está... levántate. ¿Eh?
Cada vez que separaba los labios, la sensación del aire tocando la zona humedecida por la saliva era rara. Intentó levantar la cabeza para pararlo, pero al verlo con la cara enterrada entre las nalgas, sintió un tirón en el bajo vientre. No sabía desde cuándo, pero su pene ya estaba firme y con gotas de fluido en la punta. Lee-hyun hundió la nuca en el sofá y soltó un gemido agudo.
Cuando Lee-hyun dejó de forcejear, Seung-hyeok levantó la cabeza y se limpió los labios húmedos con el dorso de la mano. Lo miró un momento, jadeando con el rostro cubierto por los brazos, y volvió a meter los dedos en la entrada, ya relajada y suave.
A diferencia de antes, cuando apenas aceptaba el pulgar, ahora el orificio se abrió con suavidad incluso cuando le metió los dedos índice y mayor al mismo tiempo. Seung-hyeok giró los dedos explorando las paredes internas y volvió a bajar la cabeza despacio. Le lamió la entrada, que se abría ajustada por los dedos, para dilatarla aún más.
Pasó un buen rato antes de que Seung-hyeok le sacara los dedos a Lee-hyun. Este, agotado incluso antes de la penetración real, jadeaba pesado en el sofá. Seung-hyeok le rozó con la punta del dedo el pene, que estaba erecto hasta el ombligo soltando fluido, y con rostro inexpresivo se bajó los pantalones para sacar el suyo.
—Gu Seung-hyeok, espera, espera... vamos a la cama, ¿eh?
Fue lo que Lee-hyun soltó rápido al sentir el glande caliente contra la entrada, palpitando y húmeda. Pero en el momento en que Lee-hyun apoyó los brazos para incorporarse, Seung-hyeok le empujó la cadera con fuerza.
—¡Ah...!
Aunque las paredes internas habían sido preparadas con la lengua y los dedos, la sensación de que entrara el pene grueso fue distinta. Antes de que pudiera acostumbrarse, el orificio se estiró al límite y la corona del glande le raspó el interior sensible. Cuando Lee-hyun arqueó la espalda conteniendo el aliento, las manos grandes de Seung-hyeok le sujetaron la pelvis con firmeza. Pronto empezó un movimiento de cadera nada delicado.
—¿Quieres que me revuelque... ffu... en el mismo sitio donde no sé con qué clase de tipo...?
—¡Ah...! ¡Ah! ¡Ahhh...!
—¿...ni cuántas veces te habrás acostado? ¿Eh? Lee-hyun.
En cada pausa de la frase, el pene le golpeaba con fuerza el interior. Lee-hyun jadeaba con dificultad mientras hablaba, con la vista nublada a pesar de tener los ojos cerrados.
—A casa... nunca los dejé, ah, entrar...
—¿Entonces quieres decir que afuera de casa sí te acostaste con ellos con entusiasmo?
—¡Ah...! ¡Gu Seung-hyeok, ahh, por favor...!
Como no había un lubricante decente más allá de lo preparado con los dedos, sentía con claridad cómo las paredes internas se pegaban y despegaban del pene. Cada vez que él lo sacaba casi hasta el borde para después empujarlo con fuerza hacia adentro, sus paredes internas daban espasmos. Seung-hyeok también debía sentirlo, porque soltaba insultos en voz baja con el ceño fruncido cada vez que embestía.
La sensación de tener la próstata aplastada hizo que todo el calor se concentrara en el pene. Sintiendo que podía correrse con solo un poco más, bajó la mano, pero Seung-hyeok le soltó las piernas para agarrarle los brazos, subírselos sobre la cabeza y presionarlos contra el sofá. Después, con la otra mano, le rodeó el pene y soltó bajito:
—No me digas Gu Seung-hyeok. Decime Seung-hyeok-ah.
—¡Ah, ahhh...! ¡Ah...!
Después de recorrerle el pene con la mano, Seung-hyeok le presionó con fuerza la uretra con el pulgar para bloquearla. Al mismo tiempo, no dejó de embestir con la cadera. Al no poder liberar el placer acumulado, sintió que el bajo vientre le iba a estallar. Seung-hyeok insistió:
—¿Eh? Seung-hyeok-ah.
—Seung... ah, Seung-hyeok-ah...
—Sí, hyung.
Los ojos de Seung-hyeok brillaron al oír la voz de Lee-hyun rozando el llanto. Empezó a embestir de forma aún más despiadada, pegando su frente a la de Lee-hyun con la mirada fija en él.
—Ah... Dices que ahora solo me tienes a mí.
—Ah, ahhh, solo, solo te tengo a ti, ah, a ti...
—Sí, yo también solo te tengo a ti, ahh.
Tras esas palabras, el pene se le clavó con violencia. Al retirar de golpe la mano que le bloqueaba la eyaculación, la sensación de clímax llegó sin aviso. Mientras la vista le parpadeaba en blanco y negro, solo el sonido de la carne chocando ruidosamente le llenaba los oídos.
—Ah, ah... ¡Seung, Seung-hyeok-ah, ah...!
Cuando Lee-hyun le gritó su nombre con voz llorosa, Seung-hyeok contrajo el rostro y echó la cabeza hacia atrás. Enseguida sintió que el pene adentro le palpitaba y una sensación de calor se extendía. Seung-hyeok se movió despacio de adelante hacia atrás como si quisiera cubrir todo el interior de Lee-hyun con su semen, y después retiró la cadera. Al mismo tiempo, Lee-hyun sintió el líquido caliente escurriendo entre las nalgas maltratadas.
—Ah... ah, ahhh...
Lee-hyun jadeaba con el pecho agitado y finalmente abrió los ojos para mirar a Seung-hyeok. Su rostro parecía más relajado que antes. En el momento en que soltó un suspiro de alivio pensando que él se había calmado, Seung-hyeok le metió los brazos entre las piernas y el cuello para cargarlo.
—Lee-hyun, ¿por qué pones esa cara?
—......
—Si esto recién empieza.
Una expresión de derrota cruzó el rostro de Lee-hyun por un instante. Pero Seung-hyeok se limitó a sonreír y caminó hacia la cama. Lee-hyun, incapaz de mover ni un dedo por el agotamiento, se dejó llevar en sus brazos y tragó saliva al sentir la suavidad de la manta contra la espalda.
El presentimiento de que le esperaba una noche muy larga le cruzó por la mente.
Se despertó cuando el sol ya estaba alto, bien pasado el mediodía, después de haber perdido el conocimiento justo cuando amanecía. Tenía el cuerpo limpio, como si él mismo se hubiera encargado de asearlo mientras dormía. Lee-hyun, sintiendo agujetas en cada músculo por haber sido atormentado por Seung-hyeok toda la noche, apenas logró incorporarse cuando Seung-hyeok, apoyado en el cabecero a su lado, habló:
—¿Quieres agua?
—...Sí.
Su voz, medio ronca, le salió vergonzosamente quebrada. Recién después de humedecerse la garganta con la botella que le tendió, sintió que volvía a la vida. Lee-hyun se frotó los ojos hinchados con el dorso de la mano y giró la cabeza para mirar a Seung-hyeok.
—¿Y la comida de Horangi?
El chiquito, que solía saltar a la cama y armar escándalo si no lo alimentaban cada mañana, hoy estaba raramente callado. Ante su pregunta, Seung-hyeok señaló con la mirada hacia la zona de sus piernas.
—Le di de comer a la mañana.
Horangi, que no le había dado confianza a Seung-hyeok a pesar de llevar una semana en la casa, estaba echado tranquilo apoyando el lomo contra la espinilla de Seung-hyeok. Parecía que esa era la razón por la que él no se había levantado de la cama a pesar de estar despierto.
—Costó mucho llegar a este nivel de cercanía.
—......
—¿Cómo puede parecerse tanto a ti hasta en eso?
Lee-hyun se sintió raramente cohibido ante el comentario de que la cautela de Horangi se parecía a la suya. Cuando Lee-hyun le acarició la cabeza y el cuello al gato, este soltó un ronroneo suave. Seung-hyeok le dijo a Lee-hyun, que seguía sentado acariciando al animal:
—Lávate y prepárate las cosas. Ya hay muebles y utensilios, así que empaca solo lo necesario y llamo a alguien para que traslade el resto.
Parecía ser la continuación de lo que hablaron ayer. Nunca imaginó que iba a cambiar de casa de forma tan repentina, pero como ya no podía echarse atrás, Lee-hyun asintió, dócil.
Después de meter en una bolsa algo de ropa interior, mudas para usar enseguida y las cosas de Horangi, llegaron a un enorme complejo de departamentos de uso mixto con un estacionamiento que bajaba hasta el cuarto subsuelo. Parecido al edificio donde vivía Seung-hyeok antes, había guardias de traje negro desde la entrada. Al subir en el ascensor siguiendo a Seung-hyeok, llegaron a un pasillo donde solo había dos viviendas. Lee-hyun entró despacio tras la puerta que Seung-hyeok abrió de par en par.
—...Guau.
Lo primero que le llamó la atención fue la vista del río Han y sus puentes extendiéndose tras los ventanales de la sala. Los autitos que circulaban por la carretera parecían miniaturas. Seung-hyeok, que había entrado primero, dejó el equipaje de Lee-hyun en la habitación al final del pasillo y comentó:
—Este es el dormitorio principal. Enfrente está tu estudio. Al lado, mi oficina. Si no te gustan los muebles, decime y los cambiamos.
La casa, grande y limpia, era incomparablemente más cómoda que las habitaciones de azotea o los monoambientes por los que Lee-hyun había andado. Lo primero que pensó fue que Horangi ahora podría vivir en un entorno mucho más seguro y mejor. Además, la sala era tan amplia y luminosa que le pareció buena idea poner un rascador grande.
Lee-hyun dejó el transportín en un rincón de la sala y abrió la puerta. Horangi, que había estado maullando todo el camino, salió con la cola erguida y alerta. Mientras Lee-hyun miraba la escena con orgullo, Seung-hyeok se acercó a su lado.
—...Gracias.
Más que el hecho de tener una casa nueva, sentía con más fuerza que se había mudado a la casa de Seung-hyeok, pero de cualquier manera, era bueno dejar atrás una casa vieja y con filtraciones de aire frío. Al susurrar eso, Seung-hyeok sonrió de lado y cargó a Lee-hyun en los brazos.
—Entonces, dame un beso.
Lee-hyun, que por instinto le rodeó la cintura con las piernas, lo miró desde su nueva altura y le unió la frente con la suya. Después bajó la cabeza y le presionó los labios varias veces, ligero, antes de separarse. Una sonrisa se le dibujó a Seung-hyeok en la cara. Ante su gesto de inclinar la cabeza para besarlo profundo, Lee-hyun también levantó las comisuras.
Terminó de desempacar lo básico y, al salir, encontró a Seung-hyeok sentado en el sofá mirando algo en una tablet. Al acercarse, Seung-hyeok estiró la mano, le tomó la de Lee-hyun y lo hizo sentarse a su lado.
—¿Qué haces?
—Cosas de la empresa. Hay algo que me pidieron revisar urgente.
Poco después de que se confirmaran los cargos de tráfico de drogas e instigación al asesinato contra Gu Jin-hyeok, salieron a la luz las diversas irregularidades del presidente Gu In-ho y de la junta directiva, lo que hizo que las acciones de Taeseong se desplomaran. Para cubrir las pérdidas, se iniciaron procesos de separación y venta de varias filiales, lo que terminó en la fragmentación del grupo Taeseong en varios pedazos.
Lee-hyun recordaba haber escuchado una vez en un programa de radio de economía que el hecho de que información tan precisa y pruebas de corrupción llegaran a manos de la fiscalía se debía, probablemente, a la denuncia de un informante interno.
No fue descabellado pensar en Seung-hyeok apenas oyó eso; de hecho, Seung-hyeok compró la agencia de entretenimiento que se desprendió de Taeseong y, como si hubiera estado esperando el momento, arrancó un nuevo negocio. Últimamente, aunque trataba de disimularlo, recibía llamadas de trabajo seguido y se movía de un lado a otro; parecía que todo era por eso.
—¿Es urgente?
—No. ¿Por qué?
Ante la pregunta casual de Lee-hyun, Seung-hyeok apagó de inmediato la pantalla de la tablet y levantó la vista. Lee-hyun, que no esperaba una reacción tan instantánea, sintió un cosquilleo en el estómago, desvió la mirada y respondió:
—Por nada. Solo... feliz año nuevo.
Seung-hyeok se preguntó a qué venía eso ahora que el año ya había empezado hacía rato, pero enseguida se fijó en el calendario y se acordó de que hoy eran las vacaciones de Seollal. Como ninguno de los dos tenía a dónde ir en las fiestas, no le habían dado importancia.
Era evidente que, así como el presidente Gu no solía celebrar especialmente el año nuevo lunar, Lee-hyun, que había cortado lazos con su familia, tampoco habría pasado los últimos años festejando como corresponde. Después de pensarlo un momento, Seung-hyeok dejó la tablet a un lado y se levantó.
—Ponte algo de ropa, vamos al supermercado.
—¿Al supermercado?
—Es Seollal. Aunque sea, hagamos el simulacro de festejar.
"¿Querrá cocinar sopa de pastel de arroz?", pensó Lee-hyun. Ante esa idea tan tierna y poco propia de él, soltó una carcajada sin querer. Sin embargo, la propuesta no le pareció mala, así que asintió y abrió el placard.
Al llegar al súper grande cercano y estacionar, subieron a la escalera mecánica que bajaba al subsuelo. Seung-hyeok sostenía el mango del carrito. Lee-hyun se puso a su lado, mirando el interior del local repleto de gente.
—Hay mucha gente.
Como para demostrar que eran fiestas, había cajas de regalo apiladas por todas partes y se oían las voces de los empleados promocionando productos.
Sintiendo que debía comprar lo necesario y salir rápido de ese ambiente ruidoso, Lee-hyun guio a Seung-hyeok hacia la sección de carnicería. Seung-hyeok soltó una risita al verlo dudar entre varios cortes de carne parecidos frente a la vitrina antes de elegir uno.
Después de elegir la carne, mientras metían pasteles de arroz y huevos en el carrito, vieron que en un puesto de degustación cerca estaban cocinando mandu. Después de pensarlo un momento, Lee-hyun le agarró la muñeca a Seung-hyeok y fue hacia ahí.
—Si compran los mandu ahora, les damos un paquete extra. Se pueden hacer al vapor o fritos. Prueben uno.
Seung-hyeok miró con cara desconcertada el pedazo de mandu servido en un vasito de papel. Sin embargo, al ver a Lee-hyun soplando el relleno a su lado para comerlo, soltó una risita y le tendió el suyo a Lee-hyun.
—¿Está rico? Compra uno si quieres.
—Mmm...
Mientras Lee-hyun se acariciaba la barbilla pensativo, la empleada que hacía la promoción comentó con una sonrisa:
—Nuestros mandu son riquísimos. Si se los llevan ahora, les regalo un paquete chico extra. Llévenselos, llévenselos. ¿Eh?
Lee-hyun pensó en la heladera de la casa, que seguramente estaría vacía, y finalmente asintió. La empleada sonrió amplio y sacó un paquete chico de mandu de regalo del congelador de al lado.
—¿Son amigos ustedes dos? ¿Vinieron a hacer las compras juntos?
Ante la pregunta amable que le hicieron mientras pegaba el regalo al producto principal con cinta, Lee-hyun se quedó sin palabras un instante y entreabrió los labios. Habría sido mejor responder con naturalidad que sí, pero se retrasó un poco al ser consciente de que Seung-hyeok escuchaba justo al lado. Justo cuando estaba por confirmar vagamente para salir del paso, Seung-hyeok habló:
—No, somos pareja.
Sorprendido por la respuesta inesperada, Lee-hyun abrió mucho los ojos y giró la cabeza para mirarlo. Pero Seung-hyeok solo se encogió de hombros con naturalidad, como preguntando qué pasaba. Al oír eso, la empleada soltó una risita pensando que Seung-hyeok bromeaba.
—Bueno, es verdad que hoy en día las parejas de chico y chico o de chica y chica están de moda. Hacen muy linda pareja.
Ante ese comentario, Seung-hyeok sonrió con aire satisfecho. Recibió el paquete de mandu congelados y, con descaro, agarró otro pedazo de mandu de degustación para dárselo a Lee-hyun. Este, mirando el rostro de Seung-hyeok que parecía inexplicablemente de buen humor, murmuró aturdido:
—Me diste un susto.
—¿Por qué? No dije nada que no sea verdad.
—Aun así...
Lee-hyun no encontró palabras para agregar y dejó la frase en el aire. Entonces, Seung-hyeok le rodeó los hombros con el brazo y le susurró al oído:
—Kwon Lee-hyun. No tengo ninguna intención de esconderte.
Un escalofrío le recorrió la espalda a Lee-hyun ante esa voz grave rozándole la oreja. Tras decir esto, Seung-hyeok le sacó el brazo de los hombros y volvió hacia el carrito. Lee-hyun se quedó solo un momento, mirando la espalda de Seung-hyeok y apretando los puños con fuerza para aguantar esa sensación de hormigueo que le llegaba hasta la punta de los dedos.
A pesar de que el plan inicial era solo comprar ingredientes para la sopa de pastel de arroz, al volver, las manos de Seung-hyeok y Lee-hyun estaban llenas de bolsas cargadas con todo tipo de cosas, porque también habían comprado artículos de uso diario para la casa. Seung-hyeok dejó las bolsas junto a la mesa de la cocina y, mientras se lavaba las manos, le preguntó a Lee-hyun:
—¿Sabes cocinar sopa de pastel de arroz?
—Sí.
Ante la respuesta dócil de Lee-hyun, Seung-hyeok frunció el entrecejo.
—¿También se la cocinaste a tus otros novios?
Parecía que todavía se acordaba de lo que Lee-hyun le dijo el día que cocinó sopa de algas en su casa vieja. Arrepintiéndose de haber dicho eso en su momento, Lee-hyun respondió rápido:
—No. Llevo mucho tiempo viviendo solo, casi todo el mundo sabe hacer eso.
Sin embargo, Seung-hyeok seguía con expresión rara. Lee-hyun agregó apurado para cambiar de tema:
—¿Y tú qué comías cuando vivías solo?
—A veces la persona que venía a limpiar me dejaba algo preparado, pero normalmente comía cualquier cosa por ahí.
Acordándose de la heladera de la casa de Seung-hyeok, donde no había ni rastro de sobras de comida, Lee-hyun pensó que era lógico. Asintió y sacó la tabla de cortar del placard.
—Espera. Ponte el delantal para cocinar. Lo compramos antes.
Ante la interrupción repentina de Seung-hyeok, Lee-hyun se acordó del delantal liso que compraron en el súper. No solía usar delantal a menos que estuviera trabajando, así que pensó que no lo necesitaba, pero Seung-hyeok había insistido en comprarlo. Seung-hyeok sacó el delantal nuevo de entre las bolsas y se acercó a Lee-hyun.
—Ven acá.
El delantal se sujetaba al cuello con una cinta y se anudaba con un lazo por la espalda. No era difícil pasar los brazos y hacer el lazo, así que podía ponérselo solo perfectamente. Sin embargo, Seung-hyeok se puso deliberadamente frente a Lee-hyun, le pasó la cinta por el cuello y lo hizo girarse.
—Está bien. Puedo atarlo yo.
—Quédate quieto. Déjame crear un poco de ambiente.
Mientras anudaba las cintas del delantal con sus manos grandes, Seung-hyeok notó de golpe que la cintura de Lee-hyun era demasiado fina y frunció el entrecejo. Al terminar el lazo y rodearle la cintura con las dos manos, apenas sobraba espacio. Lee-hyun giró la cabeza y le retiró despacio las manos a Seung-hyeok, que se habían quedado rodeándole la cintura.
—¿Qué pasa?
No hacía falta preguntarle a Lee-hyun, que se veía notablemente más flaco que cuando se conocieron unos meses atrás. Como el motivo de que Lee-hyun hubiera pasado por dificultades y bajado de peso era el propio Seung-hyeok, no tenía cara para preguntar. Por eso, a diferencia de su cabeza confundida, Seung-hyeok mantuvo el rostro inexpresivo mientras manoseaba las puntas del lazo.
—No es nada.
La mirada curiosa de Lee-hyun se posó en Seung-hyeok, pero se apartó poco después. Lee-hyun volvió a lavarse las manos bajo la canilla y señaló con la barbilla hacia el otro lado de la cocina:
—Anda a la sala y hace tus cosas. Te llamo cuando esté listo.
Sin embargo, en lugar de salir de la cocina, Seung-hyeok sacó otro delantal de la bolsa y se acercó a Lee-hyun. Ante su mirada fija, Seung-hyeok habló:
—No es que te esté explotando, pero ¿Qué gano yo quedándome sentado solo?
—¿Eh?
—Úsame de ayudante.
Al ver a Seung-hyeok lavándose las manos a su lado, Lee-hyun apretó los labios de inmediato.
La sopa de pastel de arroz solo era hervir caldo de hueso comprado con carne, pastel de arroz y cebolla de verdeo, así que no había nada en lo que de verdad necesitara ayuda. En una tarea que iba a tardar diez minutos, no hacía falta que dos personas estuvieran en la cocina.
Pero al ver a Seung-hyeok ahí parado, esperando a ver qué tenía que hacer después de lavarse las manos, a Lee-hyun se le calentó el corazón y tuvo que esforzarse para no sonreír.
Hacer juntos algo que uno puede hacer solo, aunque no sea necesario. En eso consistía el amor, y ahora ellos estaban en una relación en la que podían darse ese gusto.
—...Entonces tú haces la guarnición de huevo.
—¿Cómo se hace?
—Primero trae los huevos y separa las yemas de las claras.
Lee-hyun cortó la carne en pedazos chicos junto a Seung-hyeok, que traía los huevos de la heladera. Seung-hyeok estaba rompiendo los huevos sobre un bol con cierta torpeza. A pesar de estar simplemente parados uno al lado del otro en la cocina grande haciendo sus tareas, a Lee-hyun se le escapaban risitas todo el tiempo.
La idea absurda de que parecían un matrimonio le flotaba en la cabeza. Sin embargo, poco después, como si el destino lo retara por distraerse mientras usaba el cuchillo, la hoja le rozó la punta del dedo mientras cortaba carne.
—...Ah.
Seung-hyeok giró la cabeza al instante al oír el sonido leve. Al ver a Lee-hyun dejando el cuchillo sobre la tabla y mirándose el dedo, se acercó a grandes pasos.
—¿Tienes curitas?
A Lee-hyun le dio vergüenza haberse cortado después de hablar como si supiera cocinar frente a Seung-hyeok. Por suerte, la herida no era profunda. Lee-hyun trató de sonar natural, pero Seung-hyeok, con cara muy seria, le revisó el dedo del que salían gotas de sangre y trajo rápido el botiquín de algún lado.
—¿Te duele?
El trato de Seung-hyeok mientras le lavaba la mano con agua y le ponía desinfectante y pomada era inusualmente cuidadoso. Lee-hyun se sintió aún más apenado por la reacción de Seung-hyeok, que había traído hasta el botiquín por un corte simple. Así que, haciéndose el que no era nada, cerró y abrió la mano con la curita puesta y volvió a la cocina, pero Seung-hyeok lo atrajo agarrándole el lazo de atrás del delantal.
—Oye, sientate.
—¿Qué?
—Lo hago yo, así que sientate. No te mojes la mano.
Aunque era una herida insignificante y le había puesto una curita impermeable para que no importara mojarla, Seung-hyeok fue firme. Directamente le sacó el delantal a Lee-hyun y se puso él frente a la tabla de cortar. Como Seung-hyeok fue tan tajante, no sirvió de nada que Lee-hyun dijera que solo iba a terminar lo que estaba haciendo.
—Dijiste que no sabías cocinar bien.
—¿No es solo cortar, echar y hervir?
Dicho esto, Seung-hyeok empezó a cortar el resto de la carne que Lee-hyun había sacado.
—...No lo hagas así, un poco más chico.
—¿Así?
Pero no lo hacía nada bien. Lee-hyun, parado a su lado, se impacientó al ver cómo cortaba y, después de jugar con los dedos, terminó poniendo la mano sobre la de Seung-hyeok para guiar el cuchillo.
—No cortes así, tienes que cortar de esta forma.
Después de cortar la carne unas cuantas veces guiando la mano de Seung-hyeok, sintió algo raro al tener su mano sobre esa mano grande y con las venas marcadas. Cuando trató de soltarse y apartarse, Seung-hyeok le entrelazó los dedos con la mano que no sujetaba el cuchillo.
—Me gusta esto. Sigue haciéndolo así.
Dicho esto, Seung-hyeok le atrajo el brazo a Lee-hyun y lo encerró directo frente a su pecho. Lee-hyun sintió la presencia atrás de la espalda y todo el cuerpo se le tensó. Después de dudar un momento, volvió a poner la mano sobre la de Seung-hyeok y empezaron a cortar con cuidado.
Seung-hyeok terminó de cortar la carne y la cebolla de verdeo, e incluso de cocinar la guarnición de huevo, manteniendo a Lee-hyun encerrado en su abrazo. Cuando finalmente echó todos los ingredientes a la olla y ajustó el fuego, lo soltó, y Lee-hyun, que había estado inquieto todo el tiempo en su regazo, se quejó:
—...Para eso, mejor lo hacía yo solo.
Seung-hyeok solo soltó risitas en lugar de responder. Pronto la cocina se llenó de un olor rico. Seung-hyeok le dijo a Lee-hyun que se sentara a la mesa y trajo un bol grande lleno de la sopa de pastel de arroz terminada.
—...Oye, no puedo comerme todo esto.
—Come lo que puedas y deja el resto. Bajaste demasiado de peso.
Aun así, el plato que le tendió Seung-hyeok era casi del tamaño de un bol de fideos fríos. Lee-hyun lo miró con cara de espanto, pero Seung-hyeok se sentó con total naturalidad.
La sopa estaba rica, pero terminar la cantidad que Seung-hyeok le sirvió era imposible. Cuando Lee-hyun comió la mitad y dejó la cuchara, él agarró el plato y terminó el resto. Hasta esa sencillez de comer sus sobras sin darle importancia le gustaba. Estaba perdidamente enamorado.
Después de comer y lavarse los dientes, se sentaron en el sofá y el cansancio empezó a aparecer. Lee-hyun se esforzaba con sus uñas cortas para pelar las mandarinas que habían comprado, cuando Seung-hyeok, sentado a su lado, pelaba rápido una y le pasaba los gajos.
Murmuró un agradecimiento y se metió la mandarina en la boca; el sabor agridulce se le extendió de inmediato por la lengua. Apenas terminaba la mandarina que tenía, Seung-hyeok le ponía una nueva ya pelada en la mano.
Era un día de vacaciones tranquilo, con el estómago lleno y nada urgente que hacer. Al recostarse en el respaldo del sofá e inclinar la cabeza, vio a Seung-hyeok tendiéndole otra mandarina pelada. Lee-hyun negó con la cabeza y él recogió la fuente de mandarinas. Lee-hyun le murmuró suave:
—¿Qué hacemos ahora?
—Es verdad. ¿Qué quieres hacer?
A diferencia de su voz calmada, Seung-hyeok ya estaba encima del cuerpo de Lee-hyun. Inclinó la cabeza y se agachó para besarlo. Quizá por las mandarinas que acababan de comer, cada vez que sus lenguas se rozaban, sentía un sabor dulce. Fue en ese momento cuando la mano de Seung-hyeok se deslizaba despacio bajo la ropa de Lee-hyun.
Zzz, zzz.
Lo que sonaba fuerte era la vibración del celular de Seung-hyeok sobre la mesa de la sala. Seung-hyeok lo ignoró y siguió acariciando la cintura de Lee-hyun con los dedos, pero Lee-hyun giró la cabeza y lo empujó por los hombros.
—Te están llamando.
—No hace falta que atienda.
—...Quién sabe de dónde es la llamada. Atiende pronto.
Como Lee-hyun insistió en apartarlo, Seung-hyeok frunció el entrecejo y se separó. Lee-hyun lo miró con los ojos entreabiertos, sin poder creer que su cuerpo se hubiera encendido en tan poco tiempo, pero el rostro de Seung-hyeok se contrajo aún más al ver quién llamaba.
—¿Qué pasa?
Se oía una voz hablando del otro lado del teléfono, pero no se distinguía bien. Solo podía suponer que era una llamada de trabajo por cómo Seung-hyeok se levantaba con el ceño fruncido. Lee-hyun se sentó derecho y agarró otra mandarina de la fuente.
Seung-hyeok volvió después de terminar la llamada en la terraza con mala cara. Al notar que Lee-hyun lo miraba fijo, se frotó las cejas y habló:
—Perdón, surgió un problema en la empresa. Me tengo que ir.
Como ya sabía que su empresa andaba ocupada con el nuevo negocio, no fue una noticia sorprendente. Solo que una pequeña decepción por haber perdido las vacaciones que pensaban pasar juntos le cruzó fugaz por el rostro inexpresivo.
Al notar esa pequeña turbación, Seung-hyeok frunció el entrecejo con aire de disculpa, se inclinó y le besó la frente a Lee-hyun.
—Creo que la semana que viene voy a estar más libre, ¿quieres que vayamos de viaje?
—¿De viaje?
—Sí. Tengo una casa en Gangwon-do; en invierno, el bosque nevado y el cielo de noche valen la pena.
Ese lugar también era una de las propiedades que Seung-hyeok había puesto a nombre de Lee-hyun, pero él lo ocultó y siguió hablando con naturalidad:
—Hacemos un asado, caminamos, miramos las estrellas y volvemos.
Lee-hyun sonrió un poco y asintió imaginando el paisaje tranquilo de la casa en su cabeza.
—Ya me voy, vete a dormir primero.
Seung-hyeok se preparó para salir con paso rápido mientras se arreglaba la ropa. "No sé qué será, pero algo grave debe haber estallado en la empresa", pensó Lee-hyun mientras le clavaba la uña a la cáscara de la mandarina.
Pasó una semana desde que Seung-hyeok vive metido en la oficina, sin distinguir el día de la noche. Entre que volvía a casa de madrugada solo a dormir y se iba antes de que él abriera los ojos, Lee-hyun ni siquiera se acordaba cuándo había sido la última vez que se miraron a la cara como corresponde.
Quizá por eso, el pedido de Seung-hyeok de que le llevara unos papeles que se había olvidado en la oficina le resultó más grato que nunca. Lee-hyun buscó los papeles indicados en el despacho de Seung-hyeok y salió de casa.
Al bajar del colectivo en la dirección que le dio, apareció un edificio impecable de unos siete pisos. Le dio una sensación nueva ver una estructura tan digna, tan distinta de la oficina ruinosa de Gawon-dong. Por la naturaleza de una agencia de entretenimiento, entrar no era fácil, pero siguió al personal que él había avisado de antemano y accedió adentro, decorado con esmero.
Después de despedirse del empleado que le indicó que fuera a la oficina del representante en el último piso, Lee-hyun subió al ascensor y apretó el botón del piso de arriba. Cuando el ascensor se detuvo tras subir rápido y se abrieron las puertas, su mirada se fue por instinto hacia la joven que estaba parada ahí.
—...Ah.
—¿Eh?
Al cruzar miradas, la mujer abrió mucho los ojos al reconocer a Lee-hyun. Él también puso cara de sorpresa al darse cuenta de que era la mujer con la que había pasado el rato en la fiesta de inauguración de Gu Jin-hyeok.
—¿Cómo era tu nombre...? ¿Kwon... Kwon Lee-hyun?
La mujer pronunció su nombre entrecerrando una ceja, como buscando en un recuerdo viejo. Lee-hyun, que no sabía el nombre de ella ni entonces ni ahora, solo pudo entreabrir los labios sin responder. El hombre al lado de la mujer, con pinta de mánager, le preguntó extrañado:
—¿Lo conoces?
—Sí, un poco. Oppa, espera un momento. Hablo con él y bajo. Anda tú primero.
—No te distraigas y anda directo al estacionamiento subterráneo.
—Entendido.
Lee-hyun hizo una pequeña reverencia hacia el hombre que lo miraba con desconfianza. Enseguida oyó la voz de la mujer a su lado.
—Vaya, Lee-hyun, no esperaba verte en un lugar así. ¿Trabajas acá?
—No. Solo tengo un asunto que resolver.
—Aquel día dijiste que ibas al baño y desapareciste de repente, no sabes qué aburrido fue. ¿Pasó algo?
Habían pasado muchas cosas, desde que Gu Jin-hyeok lo arrastrara al segundo piso hasta tener sexo con Gu Seung-hyeok, pero no podía contar nada de eso. Lee-hyun se limitó a responder con una sonrisa apenas perceptible, a lo que ella agregó:
—Ah. Bueno, ¿no quieres hablar de eso? Está bien. No es tan importante.
—...Sí.
—Pero tengo curiosidad por algo. Aquella vez me dijiste que no me metiera en la fiesta que organizaba el jefe de sección Gu Seung-hyeok... bueno, ahora es el representante. Me dijiste que no me metiera en su fiesta.
A diferencia de Lee-hyun, a la mujer parecía divertirle mucho este encuentro casual. Se inclinó hacia el rostro de Lee-hyun y susurró como contándole un gran secreto:
—Eso... ¿Tú ya sabías que las cosas iban a terminar así?
Parecía estar hablando de los famosos que fueron pescados consumiendo drogas en la fiesta que organizó Gu Seung-hyeok. Como Lee-hyun tampoco sabía que iba a terminar de esa forma, negó con la cabeza.
—No. No fue por eso. Simplemente no me pareció que fuera a ser una buena reunión.
—Qué más da. Lo importante es que gracias a ti no me vi metida en ese lío.
—No creo que haya sido gracias a mí.
No sabía si ella habría querido asistir de haber sabido que era un lugar donde la gente, drogada y borracha, participaba en orgías grupales, pero para Lee-hyun, decir eso era lo máximo que podía hacer.
Sin embargo, la mujer parecía convencida de que Lee-hyun era quien la había salvado de un escándalo de drogas. Viendo que no servía de nada negar más esa buena voluntad tan transparente, Lee-hyun asintió en silencio y ella sacó el celular.
—La próxima vez que tengas tiempo, te invito a comer. Me alegra verte y te agradezco... por todo un poco.
¿Eh? ¿No era amabilidad, sino interés? Justo cuando Lee-hyun se acariciaba la nuca y se disponía a rechazar la propuesta con educación, oyó una voz arrogante a sus espaldas.
—¿Buena estampa, no?
Se dio vuelta de inmediato al oír esa voz y se encontró con los ojos de Gu Seung-hyeok, apoyado contra la pared con las piernas cruzadas. La mujer pareció sorprenderse por la intervención repentina de Seung-hyeok. Abrió mucho los ojos y miró alternativamente a Lee-hyun y a él.
—Lee-hyun, ¿conocías al representante Gu? ¿No dijiste aquella vez que no?
Ante la pregunta susurrada acompañada de un codazo leve, Lee-hyun no pudo responder y apretó los labios. Fue porque vio cómo el entrecejo de Seung-hyeok se contraía en el momento en que el brazo de la mujer lo tocó. Seung-hyeok se despegó de la pared, caminó hacia ellos y se detuvo frente a Lee-hyun y la mujer. Después le rodeó los hombros a Lee-hyun con el brazo e inclinó la cabeza.
—Señorita Park Ji-min, ¿todavía no se fue?
—Ah, justo ahora ya salía.
La mujer pareció darse cuenta de algo al ver a Seung-hyeok rodeándole el hombro a Lee-hyun con tanta familiaridad y a este último ahí parado dócilmente. Retiró rápido la mano que parecía que le iba a dar el celular a Lee-hyun en cualquier momento y sonrió con naturalidad.
—Lee-hyun, en fin, gracias por lo de aquella vez. Como no creo que volvamos a vernos "personalmente" nunca más, me despido ahora. Los dejo hablar, yo me voy.
A Seung-hyeok pareció encantarle esa frase que remarcaba "personalmente" y "nunca más". Su mirada, mientras la veía alejarse rápido hacia el ascensor, se veía inusualmente satisfecha. Seung-hyeok atrajo el hombro de Lee-hyun hacia sí y murmuró bajito:
—Me gusta esa chica, es rápida para captar las cosas.
El rostro de Seung-hyeok, a quien no veía hacía días, se notaba más afilado, prueba de lo ocupado que había estado. Lee-hyun le tendió los papeles, pero él ni siquiera los miró y los dobló de cualquier manera.
—¿No eran papeles urgentes?
—No.
—¿Y entonces por qué me pediste que los trajera?
—Como excusa para comer juntos.
—...Ja.
Lee-hyun soltó una carcajada sin querer ante la actitud tan descarada de Seung-hyeok, pero no pudo evitar sonreír.
—¿Tienes tiempo para comer?
—Tengo tiempo para comer y hasta para tomar un café.
Seung-hyeok le agarró la muñeca a Lee-hyun y se subieron al ascensor de al lado que acababa de abrirse.
Seung-hyeok lo llevó a un restaurante a poca distancia de la empresa. A pesar de que Lee-hyun insistió en que no iba a poder comer tanto, él pidió mucha comida diciéndole que solo probara y dejara el resto, así que al salir del local estaba bastante lleno. Por suerte, había un parque grande justo enfrente. Siguiendo a Seung-hyeok, que propuso caminar un poco antes de volver, el aire frío y fresco le rozó la punta de la nariz.
En el parque había mucha gente: oficinistas que salían a descansar después del almuerzo, gente paseando perros, padres con cochecitos de bebé. Dejando atrás a los que pasaban a su lado, Lee-hyun disfrutó de ese momento de caminar sin rumbo, giró la cabeza y se cruzó con la mirada de Seung-hyeok.
—¿Qué?
—Nada.
"Solo que me gusta esto". Después de tragarse esas palabras y volver la vista al frente, sintió calor en la mano. Él le entrelazó los dedos con los de Lee-hyun, apretándolos con fuerza, y metió las dos manos unidas en su propio bolsillo.
—Hacía un tiempo parecido cuando nos conocimos.
Lee-hyun se acordó de aquel parque de principios de primavera, tan frío como el invierno, de hace nueve años. El frío que subía desde el banco donde estaba sentado, las horas que mataba sin usar el celular porque se le congelaban las manos. Y al Gu Seung-hyeok que vio por primera vez entonces.
—¿Te acuerda?
—Me acuerdo.
Lee-hyun relajó la mano unida a la de él y giró el cuerpo. Al levantar la vista hacia Seung-hyeok, este soltó una risita, sacó un paquete de tabaco del bolsillo y se lo tendió.
—En el parque.
Después de confirmar el cartel de zona de fumadores al lado de Seung-hyeok, Lee-hyun estiró la mano hacia el paquete del que asomaba un cigarrillo. Seung-hyeok se puso uno rápido en los labios, lo prendió y acercó el encendedor prendido a la cara de Lee-hyun.
—De verdad pensé que eras un estudiante de secundaria en ese momento.
—......
—No sé si me resultó gracioso o tierno verte con esa cara de niño esforzándote por parecer rudo mientras fulminabas el cigarrillo con la mirada.
Oír de boca de otro cómo era él en aquel entonces, cuando vivía irritable por culpa de Chan-yang, le dio un poco de vergüenza. Lee-hyun fumó en silencio un rato hasta que descubrió, entre los árboles nevados de enfrente, una magnolia blanca que había florecido un poco antes de tiempo.
—...Flores.
Seung-hyeok giró la cabeza siguiendo la mirada de Lee-hyun. Se quedó mirando la flor blanca colgada en la copa del árbol mientras largaba una bocanada larga de humo. Después de un silencio breve, sacudió la ceniza con rostro pensativo y habló:
—Hace mucho pensé que te parecías a esa flor. Blanco, limpio.
—......
—Pero ahora me pareces más una hierba que una flor.
—...¿Hierba?
—No una flor que florece y se marchita en una estación, sino una hierba que se queda verde siempre.
Seung-hyeok apagó el cigarrillo presionándolo contra el cenicero de al lado y agregó con naturalidad:
—Tú eres una persona demasiado grande como para compararte con una flor que solo se consume por su belleza visual.
—......
—Kwon Lee-hyun, hiciste un buen trabajo. Por sobrevivir hasta ahora.
—...Gracias.
Era algo que nunca había escuchado. Mientras él apagaba el cigarrillo como si nada, Lee-hyun sintió que algo le subía por la garganta. Tenía la cabeza baja y se mordía los labios con fuerza cuando, de repente, él le tomó la mano izquierda.
—¿Qué es esto...?
Seung-hyeok le subió la manga larga que le cubría la muñeca a Lee-hyun y sacó un reloj metálico de su estuche para ponérselo. El reloj, negro y elegante, le quedaba perfecto, como si le hubiera ajustado el talle de antemano. Lee-hyun giró el brazo mirando el reloj y, al ver que las marcas alargadas de la muñeca quedaban tapadas por la correa, entendió de inmediato por qué se lo regalaba. Oyó la voz de Seung-hyeok:
—Esto no es una compensación por el pasado, sino una promesa para el futuro.
—......
—Voy a estar a tu lado durante todo el tiempo que venga.
Al levantar la vista despacio, se encontró con el rostro de Seung-hyeok, serio y sin rastro de broma. Enseguida, sus labios bien formados se abrieron y continuó:
—¿Me das permiso?
Ante esas palabras que sonaban casi como una propuesta de matrimonio, el corazón de Lee-hyun empezó a latir con fuerza, pum, pum. Apretó el otro puño con miedo a que él notara sus latidos. Lee-hyun sostuvo la mirada firme de Seung-hyeok, entreabrió los labios y finalmente logró responder:
—Gu Seung-hyeok. Yo ya te di todo.
—......
—Así que... ya no tienes que pedirme permiso para nada.
"Porque todas tus estaciones y todos tus momentos van a ser la respuesta correcta para mí".
Algo cayó del cielo y se le posó en el puente de la nariz. Al limpiárselo con la mano, notó una humedad transparente. En medio de los copos de nieve que empezaban a dispersarse, Lee-hyun le tomó la mano a Seung-hyeok y lo atrajo hacia sí. Al unir los labios con los cuerpos pegados, la comisura de Seung-hyeok se levantó.
Seung-hyeok, que no se había olvidado de su promesa de ir a la casa, salió con el coche desde temprano a la mañana.
—...Qué lindo.
Más allá de la ruta serpenteante, la cordillera se extendía completamente teñida de blanco. Como si fuera poco, desde ayer a la tarde había empezado a caer una nevada fuerte, así que ya era casi mediodía cuando terminaron de cruzar hacia Gangwon-do. Lee-hyun, que acababa de comprar calamares a la parrilla en el área de servicio donde apenas habían parado para comer algo, soltó un suspiro de admiración sin querer ante el paisaje nevado. En ese momento, Seung-hyeok se acercó y dijo:
—¿No tienes frío? Deberíamos ir saliendo ya.
—Estoy cansado de manejar. Quedémonos un poco más.
Seung-hyeok, pareciendo más molesto con la ropa fina de Lee-hyun que con su respuesta, lo recorrió de arriba abajo con la mirada mientras fruncía el entrecejo. Sin embargo, en lugar de responder, lo agarró por los hombros para girarlo hacia él y le envolvió la bufanda alrededor del cuello tan apretada que la cara le quedó medio hundida en ella.
—...¿Cómo voy a comer esto así?
Ante la protesta de Lee-hyun levantando el calamar con cara de pocos amigos, Seung-hyeok soltó una risita. Lee-hyun también terminó riendo sin ganas al imaginarse la pinta tan ridícula que debía tener.
Después de dejar atrás el área de servicio, pasaron por el centro de Hwacheon para comprar lo necesario antes de entrar a la casa. Compraron carne para el asado de la noche, comida para mañana, alcohol y snacks en un súper chico. Cuando llegaron a la casa, metida en lo profundo de una montaña, ya era tarde. Al bajar del coche, Lee-hyun soltó una exclamación apenas audible ante la vista.
—Guau...
La casa de un solo piso, en medio de un bosque de abedules rectos, era de estilo moderno con ventanales enormes al frente y techos altos. El diseño de adentro, que se veía desde afuera, era simple y lujoso, resaltando un ambiente minimalista. Lee-hyun siguió a Seung-hyeok adentro cargando las compras y se quedó mirando el paisaje del bosque nevado que se veía a través de los vidrios.
—¿Cómo conociste este lugar?
—Se la compré a un arquitecto que soborné mientras trabajaba con Gu Jin-hyeok. ¿La quieres para ti?
Ante ese comentario tan descarado, Lee-hyun lo miró de reojo. Después salió hacia el jacuzzi exterior que conectaba con la terraza del dormitorio y metió la punta de los dedos en el agua humeante.
—El agua está caliente.
Seung-hyeok, que ya había terminado de ordenar las cosas, salió atrás de él y lo rodeó por los hombros desde atrás, como dándole un abrazo. Enseguida, un beso ligero le aterrizó en la nuca, provocándole un escalofrío. Seung-hyeok, con los labios pegados aún al hombro, susurró:
—Entramos después.
—......
—Ahora tengo un poco de apuro.
Seung-hyeok no perdió el momento en que Lee-hyun giró la cabeza para mirarlo. Inclinó el cuello y le devoró los labios; tal como había dicho, sus movimientos eran más urgentes de lo normal. Cuando la lengua le entró y empezó a frotarle la punta de la lengua y el paladar, Lee-hyun sintió el cuello rígido por la postura. En cuanto Lee-hyun se dio vuelta y apoyó las manos en el pecho de Seung-hyeok, este le rodeó la parte de atrás de los muslos y lo levantó en vilo de un solo movimiento.
Solo el roce de sus dedos acariciándole la parte de atrás de las rodillas hizo que a Lee-hyun se le erizara la piel. Al entrar a la habitación y dejarlo sobre la cama, Seung-hyeok separó los labios y le presionó los hombros. Subiéndose sobre él mientras Lee-hyun quedaba medio recostado, Seung-hyeok se sacó la camisa y la tiró lejos sin dejar de estar arrodillado.
La cicatriz larga del lado izquierdo de su cintura le llamó la atención a Lee-hyun. Aunque ya estaba cerrada y solo quedaba la marca, verla le oprimía el corazón. Lee-hyun le acarició la herida con el rostro un poco tenso. Seung-hyeok, para consolarlo, le tomó la mano y le entrelazó los dedos.
Desde abajo, el cuerpo de Seung-hyeok se veía aún más grande y sólido. Quizá era por las sombras que proyectaba al estar de espaldas a la luz, pero la razón psicológica también pesaba. Cuando Lee-hyun tragó saliva y levantó la vista hacia él, Seung-hyeok sonrió de lado.
—¿Qué pasa? No es nada nuevo.
Tal como decía, era una reacción tardía. Solo que, al estar rodeado por el bosque blanco tras los ventanales laterales, sentía como si estuvieran al aire libre. A pesar de haber oído que toda la zona era propiedad privada y no iba a haber nadie, se sentía tenso, como si alguien pudiera estar mirando. Al verlo así, Seung-hyeok bajó la cabeza y le pegó los labios a la línea de la mandíbula.
Seung-hyeok empezó por la oreja y bajó por la mandíbula hasta llegar a los labios, mientras le desabrochaba la camisa a Lee-hyun. Al mismo tiempo, se abría paso entre los muslos de Lee-hyun con las rodillas. No dudó al desvestirlo y Lee-hyun pronto quedó solo en ropa interior. En cambio, Seung-hyeok solo se había sacado la parte de arriba.
—...Sácatelo tu también.
Cuando Lee-hyun le rodeó la nuca cálida con los dos brazos y murmuró eso, las comisuras de Seung-hyeok se levantaron. En lugar de bajarse los pantalones, bajó la cabeza y le besó la nuez de Adán a Lee-hyun.
Sintió un escalofrío cuando los labios le tocaron la piel desnuda. Pero Seung-hyeok no se detuvo ahí; fue dejando besos mientras bajaba hasta morderle uno de los pezones rosados. La sensación de la lengua húmeda empapando y succionando el pezón le provocó una descarga eléctrica por la espalda. Lee-hyun soltó un gemido excitado sin querer.
—Haah...
La mano de Seung-hyeok, que le acariciaba la piel desnuda siguiendo la línea de la cintura, bajó y le rozó suavemente la banda del calzoncillo. Evitando el centro, que ya empezaba a ganar firmeza, el tacto del pulgar acariciando la piel sensible bajo la cadera resultaba obsceno. Mientras tanto, seguía presionando la areola con la lengua y mordisqueando el pezón, así que Lee-hyun sentía cómo le subía la temperatura del cuerpo por momentos.
A diferencia de lo que había dicho sobre tener apuro, la parsimonia de Seung-hyeok lo impacientaba. Sin otra opción, Lee-hyun le agarró el cinturón y lo atrajo con fuerza hacia sí. Sus penes, al hacer contacto, ya estaban rígidamente erectos.
Al empujar la pelvis hacia adelante para que su pene rozara el de Seung-hyeok, una risa entrecortada le escapó a él, con los labios todavía pegados a su pecho. Seung-hyeok le mordisqueó levemente con los dientes el pezón, hinchado de un rosa intenso, y levantó la vista para mirarle la cara.
—Hoy estás muy activo.
Con una sonrisa, le bajó el calzoncillo de un tirón mientras hacía que Lee-hyun le mordiera los dedos índice y mayor. Sujetando el pene endurecido de Lee-hyun con la otra mano, Seung-hyeok le acarició las venas del tronco con los dedos y dijo:
—Chúpalo.
Los dedos gruesos que le entraron en la boca le presionaron sin miramientos la lengua y el interior de las mejillas. Mientras tanto, la sensación de ser acariciado directo abajo le nubló la vista. Después de retirar la mano empapada de saliva, Seung-hyeok obligó a Lee-hyun a abrir las piernas y le empujó los dedos directo adentro.
—¡Ah...!
Las paredes internas, sin humedad, se le pegaron densas a los dedos. Era casi una costumbre de Seung-hyeok dilatarle el interior seco usando fluidos corporales en lugar de lubricante. Quizá por eso, Lee-hyun no podía controlar a voluntad las paredes internas, que se le aferraban viscosas al meter los dedos y se le contraían como tratando de retenerlos al sacarlos. Cuando Lee-hyun hundió la nuca en la almohada sin poder aguantar el estímulo, las caricias en el pene se volvieron más rápidas.
Seung-hyeok le sujetó el pene y lo agitó rápido, haciendo que el prepucio se moviera de arriba abajo. La excitación le subió de forma vertiginosa, haciendo que pudiera ignorar la sensación de invasión atrás. Se debía a la mano que le recorría el pene con urgencia, con el claro objetivo de hacerlo terminar rápido. Seung-hyeok le frotó con el pulgar el líquido preseminal acumulado en el meato y se lo extendió por el glande. El cuerpo de Lee-hyun dio un respingo.
Aunque lo acariciaba por delante, podía sentir cómo el orificio que le rodeaba los dedos palpitaba. Lee-hyun trató de arquear el cuerpo hacia arriba para contener la eyaculación, pero Seung-hyeok lo sujetó y no lo dejó. Lee-hyun solo podía temblar sin poder moverse ni un milímetro.
—¡Ah, ah!
Se le escaparon gemidos de entre los labios apretados. La espalda arqueada le temblaba y del frente del pene le goteaba un líquido transparente. Justo cuando pensó que no iba a poder aguantar más el calor punzante acumulado en el bajo vientre, la vista se le llenó de destellos blancos y el semen retenido le brotó a borbotones.
—Ah... hugh...
Seung-hyeok le retiró despacio los dedos que le hurgaban adentro y le restregó el semen acumulado sobre el ombligo. No conforme con eso, le presionó con la punta del dedo la uretra de la que seguía goteando semen. El placer que le envolvió todo el cuerpo hizo que los músculos de los muslos se le tensaran y relajaran una y otra vez.
Acariciándole despacio los testículos y el perineo por encima de eso, Seung-hyeok le metió un dedo más, como si recién ahora empezara lo de verdad, y le frotó las paredes internas todavía tensas.
—Espera, solo un momento...
A pesar de estar exhausto y lánguido, Lee-hyun agitó brazos y piernas ante la sensación de ser dilatado. Sin embargo, Seung-hyeok bajó el cuerpo, le presionó el torso y lo besó. Sus respiraciones desesperadas fueron devoradas por los labios de Seung-hyeok.
Las caricias para dilatarlo eran rudas pero cuidadosas a la vez. La espalda le dio un salto cuando él le presionó directo la zona hinchada de las paredes internas. Lee-hyun le rodeó la nuca a Seung-hyeok con los brazos y se aferró a él.
La excitación que le recorría la columna hizo que la frente se le volviera a erguir de inmediato. No podía evitarlo ante la insistencia de la mano que le buscaba y le frotaba la próstata. Lee-hyun, sintiendo cómo el orificio parecía palpitarle solo ahora que estaba totalmente dilatado, murmuró como sollozando:
—Para... hugh, para ya...
Seung-hyeok notó el sollozo que se le escapaba entre los labios unidos y levantó la cabeza despacio. Al verle el rostro completamente encendido y los ojos empañados por las lágrimas, sintió que la sangre volvía a agolparse en su pene, que hacía rato estaba aprisionado e incómodo dentro del calzoncillo.
Mirando a Lee-hyun, que solo jadeaba sin fuerzas, Seung-hyeok se desabrochó la hebilla del pantalón, se bajó la ropa interior y sacó el pene. Ya estaba tan erecto que le llegaba hasta el ombligo y goteaba líquido preseminal. Se lo acarició un par de veces sin mucho esmero y se ubicó entre las piernas de Lee-hyun, sujetándole la parte de atrás de las rodillas.
—Ah...
Ubicando la punta en el orificio brillante por el semen, Seung-hyeok levantó la vista un momento. Los ojos de Lee-hyun, que bajaba la cabeza para mirarlo, estaban llenos de una mezcla de miedo y expectativa. Ante esa imagen, Seung-hyeok perdió el control por un instante, hizo fuerza con la cintura y empujó el pene hacia adentro.
—¡Hauuugh...!
Cuando el pene largo y grueso entró sin dejar hueco en las paredes internas suavemente dilatadas, un escalofrío le recorrió la columna. El pene siguió entrando sin fin, superando lo que Lee-hyun pensó que iba a ser el límite. Ante el miedo instintivo, Lee-hyun agarró con fuerza las sábanas a los dos lados y trató de empujar el cuerpo hacia arriba, pero Seung-hyeok lo atrajo hacia sí con fuerza sujetándolo por las piernas. Al mismo tiempo, algo en lo profundo de las paredes internas fue aplastado por el pene.
—¡Hugh, ah...!
Se le arqueó la cintura rígida y le encogió los dedos de los pies. Seung-hyeok tiró del cuerpo de Lee-hyun, que parecía querer hundirse en las sábanas. Después bajó la cabeza y le besó varios puntos del cuerpo que le temblaba como si convulsionara. Sin embargo, ese movimiento hizo que la dirección del pene clavado adentro cambiara, rozándole distintas partes de las paredes internas.
—Espera un momento... hugh...
Lee-hyun apenas pudo articular palabra entre jadeos, pero Seung-hyeok solo pareció excitarse más con esa voz. Con la espalda erguida y presionándole las piernas a Lee-hyun, retiró el pene de golpe hasta que solo quedó la punta del glande.
—Mierda...
Pum. Enseguida, el pene embistió hasta la raíz, y Lee-hyun cerró los ojos conteniendo el aliento. De los labios le fluían gemidos que parecían llantos. Mientras tanto, Seung-hyeok volvió a retirar el pene y lo clavó con fuerza una vez más.
—Fuu...
—¡Ugh...! ¡Hauuugh...!
La imagen de Seung-hyeok mirándolo desde arriba, el paisaje alrededor que recordaba al exterior y la idea de que alguien pudiera estar mirando le intensificaban la excitación. Lee-hyun agarró con fuerza las sábanas. Entonces, Seung-hyeok bajó el cuerpo y le superpuso las manos sobre las de Lee-hyun.
Seung-hyeok tenía la intención de ir despacio al ver que Lee-hyun sufría más de lo normal hoy, pero las mejillas rojas y los ojos llorosos de Lee-hyun le avivaron el deseo. Le pusieron ganas de devorarlo hasta la punta de los pies con embestidas profundas.
Sonidos rudos de impactos resonaban, y sobre ellos se superponían los gemidos llorosos de Lee-hyun y la respiración contenida de Seung-hyeok. Él le presionaba con fuerza las piernas mientras le ponía potencia a los movimientos de cadera.
—¡Ah, uugh...!
El pene que le entraba y salía del interior era increíblemente rápido. El sonido de la pelvis de Seung-hyeok chocando contra sus nalgas era explícito. Lee-hyun se estremeció ante las embestidas que parecían atravesarle el cuerpo. Seung-hyeok lo agarró por los hombros para atraerlo hacia abajo mientras movía la cintura con violencia.
Sentía como si todo el cuerpo fuera una zona erógena. El calor le subía por cada punto donde la piel de Seung-hyeok le hacía contacto. Le dolía la parte de atrás de los muslos por la postura de tener la parte de abajo del cuerpo medio levantada y presionada, pero hasta eso parecía transformarse en placer.
—¡Hauu, hugh, ah!
—Fuu... tsk...
La sensación de que las venas le saltaban bajo la piel dominaba todo el cuerpo. La vista le parpadeaba y sentía punzadas en la nuca. Cuando Lee-hyun negó con la cabeza mientras gemía, Seung-hyeok le unió los labios. La lengua que le hurgaba en la boca era empujada por la fuerza de las embestidas de abajo, frotándole todo el tiempo el paladar y la zona de los dientes de arriba.
El placer acumulado capa sobre capa ya había superado el nivel que podía soportar. El pene de Lee-hyun llevaba rato goteando un líquido fino tras volver a erguirse, y Seung-hyeok también contenía la eyaculación apretando los dientes. Cada vez que él le aplastaba directo la próstata hinchada, Lee-hyun cerraba los ojos con fuerza y gemía. Ante esa imagen, Seung-hyeok masculló un insulto y empezó a embestir a una velocidad incomparablemente superior a la de antes.
—¡Ah, ah, aah! ¡Hugh, ahugh!
—Fuu, joder, de verdad, no puedo aguantar más, voy a terminar, ¿sí? ¿Eh? Lee-hyun.
—¡Uuh, sí, hauugh, uugh, sí...!
Mirando a Lee-hyun, que solo negaba con la cabeza sin entender bien lo que le decía, Seung-hyeok clavó la cintura profundo una vez más. Y en ese instante, como si se rompiera una represa, el semen blanquecino le brotó a borbotones del pene a Lee-hyun.
—Fuuh, ha...
Seung-hyeok también movió la cintura despacio con la cabeza echada hacia atrás. Después de sentir unos espasmos adentro, parecía que él también había terminado al mismo tiempo. Cada vez que él le rozaba las paredes internas con el pene, una descarga tardía se le extendía por todo el cuerpo. Los labios de Seung-hyeok volvieron a buscar los de Lee-hyun, que se tapaba los ojos con el brazo, totalmente exhausto.
—Ah...
Pasado ese momento que llegó como un rayo, el cuerpo se le sintió pesado como algodón empapado en agua. Después de oír a Seung-hyeok moverse, sintió una botella de agua sobre el dorso de la mano. Cuando Lee-hyun, incapaz de mover ni un dedo, negó con la cabeza, Seung-hyeok lo incorporó pasando el brazo por su espalda y le acercó la botella a la boca. La sensación del agua fría bajando por el esófago era tan clara que pareció recobrar el sentido.
—Vamos a lavarnos y a meternos en el agua.
Lee-hyun asintió en silencio. Seung-hyeok cargó a Lee-hyun de un solo movimiento y entró al baño integrado en el dormitorio.
El segundo encuentro, arrancado con la excusa de limpiar el semen acumulado adentro, terminó recién después de trasladarse al jacuzzi exterior. Lee-hyun, sentado y apoyado contra el pecho de Seung-hyeok como si estuviera acunado por él, jugaba distraído con el agua humeante.
—Qué bien se está.
—Es verdad.
Con solo girar un poco la cabeza, se encontraba con el bosque nevado. La nieve acumulada en las hojas afiladas de las coníferas se sacudía con el viento, esparciendo un polvo brillante, y el silencio era total, salvo por el canto ocasional de algún pájaro. Nunca imaginó que iba a llegar el día en que iba a contemplar una escena así metido en agua caliente; era algo impensable apenas unos meses atrás.
—Kwon Lee-hyun. ¿No tienes hambre?
Habían pasado tanto tiempo enredados apenas llegaron a la casa que la oscuridad ya lo envolvía todo. Tenía hambre, pero la sensación del cuerpo caliente bajo el agua y la cara fresca por el aire era tan placentera que quería disfrutar de ese momento un poco más. Cuando Lee-hyun murmuró que se quedaran un rato más, Seung-hyeok asintió y lo estrechó por los hombros.
Al estar en plena montaña y con el entorno a oscuras, el cielo de noche se veía más nítido que nunca. Las estrellas, esparcidas como granos de arena, formaban un paisaje difícil de ver en Seúl. Mientras Lee-hyun miraba absorto hacia arriba, la vista de Seung-hyeok también se elevó al cielo.
—Después de volver a encontrarnos, a veces pensaba en ti.
Seung-hyeok lo miró ante esas palabras que rompieron el silencio. Sin embargo, la mirada de Lee-hyun seguía fija en el cielo. Después de mover la nuez de Adán y titubear un momento, agregó:
—Pensaba que te había arruinado.
—......
—Pensaba que, si yo no hubiera existido, tu vida habría sido distinta a la de ahora.
En las pupilas de Lee-hyun se reflejaba el cielo cuajado de estrellas. Bajó la cabeza despacio para mirar a Seung-hyeok desde abajo. Después de dudar otra vez, susurró bajito, con una pizca de inseguridad:
—Gu Seung-hyeok, ¿todavía le tienes rencor al pasado que compartimos?
"Mi vida, que ya era una mierda, terminó hundiéndose en el fango por tu culpa. No vuelvas a aparecer ante mis ojos".
Ese susurro sobre el sonido del agua le trajo a la memoria la frase que él mismo había escupido en el pasado lejano. Seung-hyeok se acordó de la expresión que puso Lee-hyun al escuchar eso y, superponiéndola con su rostro actual, cerró y abrió los ojos despacio mientras lo miraba fijo.
—No. Lo que lamento son las palabras que te tiré en aquel entonces.
—......
—Si no fui una persona tan buena como esperaba, fue por mis propias decisiones y actos. No hubo culpa ni responsabilidad tuya en eso.
—......
—Al contrario, fuiste tú quien me dejó salir de ese pozo.
La razón por la que había desarmado a Taeseong y le había puesto fin a esa historia arraigada de violencia era, enteramente, Lee-hyun. Sin él, el propio Seung-hyeok jamás habría pensado en escapar de esa vida a la que ya estaba acostumbrado. En ese sentido, Lee-hyun le había regalado un mundo nuevo.
—Así que no vuelvas a pensar así, Kwon Lee-hyun.
Seung-hyeok murmuró mientras le pegaba los labios a la frente de Lee-hyun.
—Tú me salvaste, y para mí haberte conocido es la mayor suerte que voy a tener en la vida.
Ante la voz grave y firme de Seung-hyeok, el rostro tenso de Lee-hyun se relajó suave. Seung-hyeok tomó entre las suyas las manos de Lee-hyun, apretadas por los nervios, y lo hizo levantar la barbilla para inclinar su propia cabeza.
Pronto, sus labios se unieron y sus alientos se mezclaron. El vapor que subía del agua y sus respiraciones entrelazadas se dispersaron sin dejar rastro bajo el cielo negro iluminado por la luna.
Al volver de su viaje corto de dos días, Lee-hyun encontró varias cajas en un rincón de la casa con las pertenencias que todavía no había terminado de traer de su casa vieja. Decidido a aprovechar la mañana para ordenar y descartar lo que no necesitaba, se levantó de la cama y empezó a guardar con cuidado las cosas de su escritorio.
Entre materiales de clases pasadas, libros leídos una sola vez, cuadernos a medio usar y contratos viejos, sus dedos tropezaron con un volumen de tapa dura encuadernado en tela en el fondo de la caja. Al sacarlo, vio las letras grabadas en la tapa: "Álbum de Graduación de la Preparatoria".
Sintió una mezcla rara de nostalgia y calidez al pasar la yema de los dedos por la superficie, cuando de repente escuchó la voz de Seung-hyeok detrás. Al darse vuelta, lo vio sentado en el piso, apoyado contra el sofá, vestido solo con pantalones de chándal y el torso descubierto.
—Kwon Lee-hyun, ven aquí un momento.
Lee-hyun dudó un segundo, pero finalmente se acercó llevando el álbum en las manos.
—¿Qué pasa?
Al pararse frente a él, la mano grande de Seung-hyeok le recorrió suavemente la pantorrilla y el costado de la rodilla. Lee-hyun solo tenía puestos el calzoncillo y una camisa de Seung-hyeok, dejando las piernas totalmente expuestas. Detuvo la mano que parecía dispuesta a subirle por dentro del muslo y miró a Seung-hyeok, que soltó una risita y le señaló el lugar a su lado con un gesto de la barbilla.
—Siéntate acá.
Afuera de la ventana, los copos de nieve caían espesos, acumulándose en silencio, pero adentro de la casa la calefacción mantenía el ambiente cálido y acogedor. Al sentarse en el piso, la sensación de calor en las nalgas resultó placentera. Curioso, miró el rostro de Seung-hyeok, que le inclinó la pantalla del celular hacia él.
—Voy a comprar un coche. ¿Qué preferís, un SUV o un sedán?
—...¿Y el que tienes ahora?
—Lo voy a vender por temas de la titularidad corporativa.
En la pantalla aparecían dos coches de lujo de una marca famosa. Aunque le había dado una razón, Lee-hyun sospechó enseguida; no era la primera vez que Seung-hyeok trataba de ponerle algo caro entre las manos de esa manera. Mordiéndose el labio y mirando la cara de su pareja, preguntó:
—Ahora usas un sedán, así que un SUV no estaría mal. Pero, ¿Cuál te gusta más? Lo importante es que te guste a ti, no a mí.
—No, tu opinión es más importante.
Sacando la vista del celular, Seung-hyeok inclinó la cabeza y, al cruzarse con la mirada de Lee-hyun, le dedicó una sonrisa ladeada.
—Porque pienso cogerte de maravilla ahí adentro.
Lee-hyun sintió que la cara se le encendía ante una frase tan explícita. Al ver que se quedaba callado y lo miraba de reojo, Seung-hyeok soltó una carcajada y le puso la mano sobre el muslo blanco. Entonces reparó en lo que Lee-hyun tenía en las manos.
—¿Qué es eso?
—Ah.
Dándose cuenta de que todavía lo tenía, Lee-hyun le tendió el álbum. Se humedeció los labios con la lengua y dijo con cuidado:
—Mi álbum de graduación.
—......
—Quería mostrarte que, después de transferirme, me fue bastante bien.
Le resultaba delicado sacar temas del pasado a esta altura, pero era algo que quería contarle al menos una vez. Seung-hyeok miró el álbum y estiró la mano. Al recibirlo, pasó las páginas hasta que se detuvo en la sección del grupo de Lee-hyun. En la foto grupal, Lee-hyun aparecía con rostro inexpresivo junto a Eun-ho, que sonreía haciendo el signo de la victoria.
—Andabas pegado a este desde entonces.
Seung-hyeok murmuró mirando con desagrado a Eun-ho, que le rodeaba el hombro a Lee-hyun bajo un árbol frondoso. Lee-hyun se apuró a agregar:
—...No pienses cosas raras. Es solo un amigo. Además, tiene pareja desde hace mucho tiempo.
—¿Quién dijo algo?
Seung-hyeok respondió con desgano y siguió pasando las páginas. En la parte de arriba de la página de los retratos individuales estaba él, con un rostro mucho más joven mirando de frente a la cámara.
Ver esa foto le trajo recuerdos de cuando dejó su casa y vivía con su hermana mientras iba a la escuela; fue una sensación rara. Su mirada intensa, como si nunca pudiera bajar la guardia ni siquiera en un lugar donde no estaban ni Chan-yang ni Seung-hyeok, lo confirmaba. Seung-hyeok miró la foto en silencio y acarició la imagen con la yema del dedo.
—Eras muy joven.
Seung-hyeok guardó silencio un buen rato, como metido en sus pensamientos. Al verlo mirar así el álbum, Lee-hyun se acordó de que Seung-hyeok había dejado los estudios apenas salió del reformatorio. Probablemente él no tenía un álbum ni fotos de graduación.
De repente, Lee-hyun se acordó de la cámara de película vieja y los rollos extra que había encontrado al ordenar sus cosas. Se levantó y le tendió la mano a Seung-hyeok.
—Salgamos.
—¿A dónde?
—Afuera.
Seung-hyeok miró de reojo la nieve que caía a cántaros y se amontonaba en el suelo, alzando la vista hacia Lee-hyun con cara de extrañeza. Sin embargo, en lugar de dar más explicaciones, Lee-hyun trajo ropa y se la dio. Al ver a Lee-hyun vistiéndose rápido y sacando la cámara de la caja, Seung-hyeok finalmente entendió su intención.
—¿Quieres que salgamos a sacar unas fotos?
—Rápido.
Seung-hyeok soltó una carcajada incrédula ante lo repentino de la situación. No obstante, al ver la seriedad en el rostro de Lee-hyun, no tuvo más remedio que meter los brazos en la camisa.
Después de ponerse medias y guantes, salieron del edificio y los recibió un mundo cubierto de blanco. Incluso en el camino que alguien había barrido temprano a la mañana, ya se acumulaba una capa mullida de nieve. Lee-hyun tiró del brazo de Seung-hyeok, que caminaba con desgano, mientras buscaba con la mirada un lugar adecuado. Se detuvo ante un cantero donde la nieve se acumulaba sobre las ramas secas y se giró hacia él.
—Ponte ahí adelante.
—Yo paso. Dame eso y ponte tú. Yo te las saco.
—Rápido.
Lee-hyun se mostró raramente firme. Seung-hyeok se acarició las cejas resignado y, entendiendo que no iba a poder disuadirlo, se frotó la nuca y se ubicó en el lugar indicado.
—Mira acá.
Seung-hyeok evitó la mirada al principio, sintiéndose incómodo ante la cámara, pero finalmente apretó los labios y miró fijo al objetivo. A través del visor, Lee-hyun creyó ver al joven Gu Seung-hyeok de aquellos años. Pensando en el tiempo que empezaban a construir de nuevo, dejando atrás un pasado manchado de malentendidos y resentimientos, Lee-hyun apretó el disparador despacio. Click, el momento quedó registrado al instante.
Después de un par de disparos, Seung-hyeok se acercó a él estirando el brazo. Señaló con la barbilla el lugar donde él había estado y le dijo:
—Ahora te las saco yo, ponte ahí.
Lee-hyun dudó un segundo antes de entregarle la cámara y ubicarse frente al cantero. La nieve acumulada en las ramas secas se dispersó por una ráfaga repentina de viento. Seung-hyeok no perdió la oportunidad de capturar la imagen de su pelo sedoso ondeando mientras los cristalitos de nieve brillaban alrededor. Los dos sonrieron al mismo tiempo.
Siguieron sacando fotos en otros lugares hasta que Seung-hyeok bajó la mano diciendo que se había terminado el rollo. En ese momento, a Lee-hyun le agarraron ganas repentinas de jugar. Se quedó esperando a que Seung-hyeok se acercara y, cuando estuvo lo bastante cerca, se agachó y juntó un montón de nieve con las manos enguantadas. Enseguida se la tiró encima como si le estuviera arrojando agua. Por un instante, el aire se llenó de partículas blancas brillantes, como si estuvieran dentro de una bola de nieve.
—¿Con esas vienes?
Seung-hyeok soltó una carcajada al recibir la nieve en la cabeza y guardó la cámara en el bolsillo del abrigo. Después persiguió a Lee-hyun, que ya trataba de escapar, juntando nieve del suelo para tirársela.
Mientras corrían por la nieve resbaladiza tirándose bolas, forcejeando y entrelazando las manos midiendo fuerzas, a los dos les vino a la mente aquel juego en el agua a principios de primavera en la playa.
Lee-hyun, con una sonrisa de oreja a oreja, corrió por el campo nevado escapando de Seung-hyeok hasta que tropezó y terminó sentado en el suelo. Seung-hyeok llegó enseguida y se sentó a su lado en la misma postura, haciendo que Lee-hyun soltara una risa fuerte.
Tenía la punta de la nariz, las manos y las mejillas congeladas, pero sentía el interior ardiendo por la carrera; era una sensación que solo recordaba haber vivido de chico. Lee-hyun se echó hacia atrás riendo, tumbándose directo sobre la nieve.
Desde el cielo gris frente a sus ojos caían infinitos copos blancos. Lee-hyun tuvo la corazonada de que este momento irreal iba a durar para siempre. Pero entonces, Seung-hyeok, a su lado, le tomó la mano.
En el momento en que el calor del otro le llegó a la mano desnuda después de sacarse el guante, Lee-hyun entendió que esto también era solo un instante y que pronto iba a llegar la primavera. Sin embargo, ya no le tenía miedo al paso del tiempo.
Porque podía estar seguro de que, llegara la estación que llegara, él iba a estar a su lado.
—Gu Seung-hyeok.
Lee-hyun habló mientras seguía mirando al cielo. Después, observando los millones de copos que le caían sobre el rostro, susurró:
—Te amo.
Lo que recibió a cambio fue un beso más cálido que cualquier respuesta.
〈Temporada de Invierno〉 FIN
